Este poema fue escrito por Miguel Hernández mientras estaba en prisión. En él, expresa el amor que siente por su hijo pequeño a pesar de la distancia, y le pide que mantenga la alegría y la inocencia de la infancia a pesar de los tiempos difíciles de guerra. También habla de cómo su familia tuvo que sobrevivir comiendo cebollas durante su ausencia.