REPUBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA EDUCASION SUPERIOR
INSTITUTO UNIVERSITARIO DE LA FRONTERA
SAN CRISTOBAL ESTADO TACHIRA
Perspectivas Integradoras del Siglo
XXI
PARTICIPATE
LUDY MARQUEZ
C. I: 23545292
SAN CRISTÓBAL, FEBRERO 2015
El poder es cada vez más débil, más transitorio, más limitado en este ensayo
se desarrolla con base en la pregunta ¿de qué manera estas nuevas
características del poder están cambiando el mundo actual, tanto para los más
poderosos como para la mayoría de la población? Naím desarrolla su análisis
con base en dos funciones. El primero es lo que caracteriza como tres grandes
revoluciones: la revolución del más, referida al aumento de todo: niveles de
vida, educación, salud, países, esperanza de vida, información, relaciones con
otras personas, entre otros es decir se trata de cambios cuantitativos pero
también cualitativos que hacen que muchos de los factores que permitían
ejercer el poder dejen de ser eficaces; y en segundo plano la revolución de la
movilidad significa que todos estos cambios se expanden y circulan cada vez
más; más gente, dinero, productos, tecnología, información, estilos de vida ,
pero también transfieren ideas, aspiraciones, técnicas e incluso movimientos
religiosos y políticos que miran el poder y el orden establecido en sus lugares
de origen; finalmente, la revolución de la mentalidad, referida a los grandes
cambios en la forma de pensar, las expectativas y aspiraciones que
acompañan a las transformaciones antes propiamente mencionadas; Naím
denomina revolución de las expectativas crecientes a la distancia que existe
entre lo que la gente espera y lo que sus gobiernos pueden darle, y es
resultado de las revoluciones del más y de la movilidad. El segundo vector del
análisis es la fragmentación del poder que resulta en la confrontación entre los
gobernantes o los grandes poderes tradicionales y los múltiples micropoderes.
El poder de los micropoderes reside en su capacidad de vetar, contrarrestar,
combatir y limitar el margen de maniobra de los grandes actores, y tienen la
ventaja de que al ser más pequeños son más ágiles, además de que su
estructura es menos rígida que la de los grandes poderes. Su estrategia es el
desgaste, el sabotaje, el socavamiento y la obstaculización a los primeros.
Cuando vemos el poder que tiene un solo hombre Pero el autor (Naim) llama la
atención sobre dos consecuencias negativas de esta nueva distribución del
poder. Primeramente mente, estos micro poderes están en manos de actores
progresistas y bien intencionados que buscan el bien común, pero también de
grupos criminales, fanáticos y extremistas que persiguen solo sus propios
intereses. Aunado a ello, dado que todos tienen el poder suficiente para impedir
las iniciativas de los demás, es difícil imponer una línea de actuación y en
consecuencia las decisiones no se toman, se toman demasiado tarde o se
diluyen resultando ineficaces; Esto va en detrimento de la calidad de las
políticas públicas y de la capacidad de los gobiernos para satisfacer las
expectativas del electorado o resolver problemas urgentes Y con ello
contradice una opinión muy difundida que atribuye estas transformaciones a las
tecnologías de información y comunicación en sí mismas sostienen que para
que Internet pueda tener sus efectos sobre los procesos políticos y sociales se
requieren otras condiciones que están relacionadas con las transformaciones
demográficas y económicas, con los cambios políticos y con la ampliación de
las expectativas, los valores y las normas sociales. En su opinión, las
tecnologías de información y comunicación son solo herramientas que
requieren de usuarios con objetivos, dirección y motivación. Y aunque reconoce
que los ciberactivistas contribuyen a enriquecer el discurso político en todo el
mundo y a cambiar la manera como se obtiene, se usa y se pierde ese poder,
considera que es precisamente la difusión del poder la que les ofrece las
oportunidades para conseguirlo. A fin de cuentas, los partidos políticos siguen
siendo el principal vehículo para obtener el control del gobierno en una
democracia. Entre los indicadores a los que el autor recurre para demostrar
que cada vez más las minorías mandan –y de los cuales proporciona múltiples
ejemplos siempre debidamente documentados–, destacan los siguientes. Cada
vez menos gobiernos disfrutan de la mayoría en el Parlamento. Los jueces han
adquirido una fuerza política que cada vez más contesta el poder del
presidente y del Parlamento. En los conflictos armados los micro poderes
desafían el poder de las fuerzas armadas, incluso las más grandes y costosas
del mundo. Es un conflicto en el que un actor no estatal violento lucha contra
un Estado y en el que el enfrentamiento es militar, no solo en el estricto sentido
de las hostilidades armadas, sino también porque se desarrolla entre los
medios y la opinión pública, y porque cada bando se esfuerza tanto por socavar
las bases y la legitimidad del otro como por derrotarlo en el campo de batalla.
El terrorismo, la guerra cibernética y la propaganda son instrumentos
habituales de la guerra de cuarta generación En estos días es fácil
equivocarse. La turbulencia geopolítica, las crisis económicas y las
convulsiones sociales se suceden a una velocidad que no da tiempo de pensar
con calma. En este ambiente tan revuelto, algunas de las ideas que han
ganado mucha popularidad están equivocadas. Estas son tres de ellas.
Vladimir Putin es el líder más poderoso del mundo. Por ahora. ¿Pero cuán
duradero es el enorme poder que hoy concentra? No mucho. La economía
rusa, que no venía bien aun antes del conflicto con Ucrania, se ha debilitado
aún mas debido a las severas sanciones impuestas por EE. UU. y Europa. El
valor del rublo ha caído a su menor nivel histórico, la fuga de capitales es
enorme (74 mil millones de dólares tan solo en el primer semestre), la inversión
se ha detenido y la actividad económica se contrajo. El Kremlin ha debido
echar mano a los fondos de pensión para mantener a flote grandes empresas
cuyas finanzas han colapsado al perder acceso a los mercados internacionales.
La producción de petróleo ha bajado y las nuevas inversiones de las que
depende la producción futura se han parado. Por otro lado, el machismo bélico
de Putin le ha dado nueva vida y mayor protagonismo a una organización que
él detesta y que estaba en vías de extinción: la Otán. Y esta semana se
confirmó el fracaso de Putin en detener el acercamiento de Ucrania a Europa al
ser ratificado por el parlamento de ese país y el de la Unión Europea un
acuerdo de asociación. Putin seguirá siendo un líder importante. Pero sus
políticas económicas, sus relaciones internacionales y su política doméstica
son insostenibles. Obama fracasó. La popularidad de Obama es la mitad de la
de Putin. Su renuencia a intervenir de manera mucho más agresiva en Siria,
Ucrania o contra el Estado Islámico le ha valido severas críticas. Su fracaso en
lograr el apoyo del Congreso para aprobar leyes indispensables ha hecho
común afirmar que es un novato que no sabe manejar el poder o que EE. UU.
Ya no es, o no sabe actuar, como una superpotencia. Esta afirmación con
frecuencia se basa en una sobreestimación del poder de los EE. UU. Y en la
creencia de que para que los problemas sean solucionados, o atenuados,
basta con que el presidente decida intervenir. Esto nunca fue cierto, aunque
antes el presidente americano gozaba de más libertad. Pero el mundo cambió,
y el poder ya no es lo que era. Aun el presidente de EE. UU. Tiene menos
poder que el que tenían sus predecesores. Desde esta perspectiva, Obama se
ha manejado mucho mejor de lo que le conceden quienes creen que su cargo
confiere poderes casi sobrehumanos. China es la próxima superpotencia del
planeta. Es inevitable que dentro de unos años China tenga la más grande
economía del mundo. Sus fuerzas armadas también están creciendo
rápidamente, así como su protagonismo internacional. Su capacidad para llevar
a cabo grandes obras de infraestructura es también incuestionable. Esto hace
que muchos supongan que será la nueva potencia hegemónica del siglo 21. Yo
no lo creo. Sabemos que existen dos Chinas: una industrializada, moderna, de
gran dinamismo económico. Pero también sabemos que hay una China pobre,
y con enormes necesidades insatisfechas de vivienda, salud, educación, agua,
electricidad, etc. El ingreso del 48 % de la población que vive en esta China
más pobre y rural es un tercio de lo que ganan sus compatriotas en las
ciudades. Sorprende, además, que, a pesar de sus éxitos, su gobierno muestra
una gran inseguridad. Gasta más en seguridad interna que en la defensa
externa, por ejemplo. Un tercio del territorio Chino, Tíbet y Xinjiang, vive en una
crónica ebullición política a la que Pekín responde con fuerte represión y
permanente intervención militar. Y los esfuerzos gubernamentales por controlar
la información, censurar internet y limitar el libre intercambio de ideas ya son
legendarios. Este ambiente inhibe la innovación, ingrediente indispensable para
que un país tenga éxito. Es obvio que China tendrá cada vez más peso en la
economía y la política del mundo. Pero no será la potencia dominante. En el
siglo 21, ningún país podrá jugar ese papel. Observando dichos escenarios, las
conclusiones podrían resumirse de la siguiente manera: se nos urge cambiar
nuestra forma de pensar el poder, para poder enfrentar una oleada de
innovaciones que empezará desde abajo, será caótica y lenta pero inevitable
los personajes con menos poder son los que lograran surgir muy por encima en
los poderes que ahora se están realizando los más débiles serán los más
fuertes

Prespectivas

  • 1.
    REPUBLICA BOLIVARIANA DEVENEZUELA MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA EDUCASION SUPERIOR INSTITUTO UNIVERSITARIO DE LA FRONTERA SAN CRISTOBAL ESTADO TACHIRA Perspectivas Integradoras del Siglo XXI PARTICIPATE LUDY MARQUEZ C. I: 23545292 SAN CRISTÓBAL, FEBRERO 2015
  • 2.
    El poder escada vez más débil, más transitorio, más limitado en este ensayo se desarrolla con base en la pregunta ¿de qué manera estas nuevas características del poder están cambiando el mundo actual, tanto para los más poderosos como para la mayoría de la población? Naím desarrolla su análisis con base en dos funciones. El primero es lo que caracteriza como tres grandes revoluciones: la revolución del más, referida al aumento de todo: niveles de vida, educación, salud, países, esperanza de vida, información, relaciones con otras personas, entre otros es decir se trata de cambios cuantitativos pero también cualitativos que hacen que muchos de los factores que permitían ejercer el poder dejen de ser eficaces; y en segundo plano la revolución de la movilidad significa que todos estos cambios se expanden y circulan cada vez más; más gente, dinero, productos, tecnología, información, estilos de vida , pero también transfieren ideas, aspiraciones, técnicas e incluso movimientos religiosos y políticos que miran el poder y el orden establecido en sus lugares de origen; finalmente, la revolución de la mentalidad, referida a los grandes cambios en la forma de pensar, las expectativas y aspiraciones que acompañan a las transformaciones antes propiamente mencionadas; Naím denomina revolución de las expectativas crecientes a la distancia que existe entre lo que la gente espera y lo que sus gobiernos pueden darle, y es resultado de las revoluciones del más y de la movilidad. El segundo vector del análisis es la fragmentación del poder que resulta en la confrontación entre los gobernantes o los grandes poderes tradicionales y los múltiples micropoderes. El poder de los micropoderes reside en su capacidad de vetar, contrarrestar, combatir y limitar el margen de maniobra de los grandes actores, y tienen la ventaja de que al ser más pequeños son más ágiles, además de que su estructura es menos rígida que la de los grandes poderes. Su estrategia es el desgaste, el sabotaje, el socavamiento y la obstaculización a los primeros. Cuando vemos el poder que tiene un solo hombre Pero el autor (Naim) llama la atención sobre dos consecuencias negativas de esta nueva distribución del poder. Primeramente mente, estos micro poderes están en manos de actores progresistas y bien intencionados que buscan el bien común, pero también de grupos criminales, fanáticos y extremistas que persiguen solo sus propios intereses. Aunado a ello, dado que todos tienen el poder suficiente para impedir las iniciativas de los demás, es difícil imponer una línea de actuación y en consecuencia las decisiones no se toman, se toman demasiado tarde o se diluyen resultando ineficaces; Esto va en detrimento de la calidad de las políticas públicas y de la capacidad de los gobiernos para satisfacer las expectativas del electorado o resolver problemas urgentes Y con ello contradice una opinión muy difundida que atribuye estas transformaciones a las tecnologías de información y comunicación en sí mismas sostienen que para que Internet pueda tener sus efectos sobre los procesos políticos y sociales se requieren otras condiciones que están relacionadas con las transformaciones demográficas y económicas, con los cambios políticos y con la ampliación de
  • 3.
    las expectativas, losvalores y las normas sociales. En su opinión, las tecnologías de información y comunicación son solo herramientas que requieren de usuarios con objetivos, dirección y motivación. Y aunque reconoce que los ciberactivistas contribuyen a enriquecer el discurso político en todo el mundo y a cambiar la manera como se obtiene, se usa y se pierde ese poder, considera que es precisamente la difusión del poder la que les ofrece las oportunidades para conseguirlo. A fin de cuentas, los partidos políticos siguen siendo el principal vehículo para obtener el control del gobierno en una democracia. Entre los indicadores a los que el autor recurre para demostrar que cada vez más las minorías mandan –y de los cuales proporciona múltiples ejemplos siempre debidamente documentados–, destacan los siguientes. Cada vez menos gobiernos disfrutan de la mayoría en el Parlamento. Los jueces han adquirido una fuerza política que cada vez más contesta el poder del presidente y del Parlamento. En los conflictos armados los micro poderes desafían el poder de las fuerzas armadas, incluso las más grandes y costosas del mundo. Es un conflicto en el que un actor no estatal violento lucha contra un Estado y en el que el enfrentamiento es militar, no solo en el estricto sentido de las hostilidades armadas, sino también porque se desarrolla entre los medios y la opinión pública, y porque cada bando se esfuerza tanto por socavar las bases y la legitimidad del otro como por derrotarlo en el campo de batalla. El terrorismo, la guerra cibernética y la propaganda son instrumentos habituales de la guerra de cuarta generación En estos días es fácil equivocarse. La turbulencia geopolítica, las crisis económicas y las convulsiones sociales se suceden a una velocidad que no da tiempo de pensar con calma. En este ambiente tan revuelto, algunas de las ideas que han ganado mucha popularidad están equivocadas. Estas son tres de ellas. Vladimir Putin es el líder más poderoso del mundo. Por ahora. ¿Pero cuán duradero es el enorme poder que hoy concentra? No mucho. La economía rusa, que no venía bien aun antes del conflicto con Ucrania, se ha debilitado aún mas debido a las severas sanciones impuestas por EE. UU. y Europa. El valor del rublo ha caído a su menor nivel histórico, la fuga de capitales es enorme (74 mil millones de dólares tan solo en el primer semestre), la inversión se ha detenido y la actividad económica se contrajo. El Kremlin ha debido echar mano a los fondos de pensión para mantener a flote grandes empresas cuyas finanzas han colapsado al perder acceso a los mercados internacionales. La producción de petróleo ha bajado y las nuevas inversiones de las que depende la producción futura se han parado. Por otro lado, el machismo bélico de Putin le ha dado nueva vida y mayor protagonismo a una organización que él detesta y que estaba en vías de extinción: la Otán. Y esta semana se confirmó el fracaso de Putin en detener el acercamiento de Ucrania a Europa al ser ratificado por el parlamento de ese país y el de la Unión Europea un acuerdo de asociación. Putin seguirá siendo un líder importante. Pero sus políticas económicas, sus relaciones internacionales y su política doméstica
  • 4.
    son insostenibles. Obamafracasó. La popularidad de Obama es la mitad de la de Putin. Su renuencia a intervenir de manera mucho más agresiva en Siria, Ucrania o contra el Estado Islámico le ha valido severas críticas. Su fracaso en lograr el apoyo del Congreso para aprobar leyes indispensables ha hecho común afirmar que es un novato que no sabe manejar el poder o que EE. UU. Ya no es, o no sabe actuar, como una superpotencia. Esta afirmación con frecuencia se basa en una sobreestimación del poder de los EE. UU. Y en la creencia de que para que los problemas sean solucionados, o atenuados, basta con que el presidente decida intervenir. Esto nunca fue cierto, aunque antes el presidente americano gozaba de más libertad. Pero el mundo cambió, y el poder ya no es lo que era. Aun el presidente de EE. UU. Tiene menos poder que el que tenían sus predecesores. Desde esta perspectiva, Obama se ha manejado mucho mejor de lo que le conceden quienes creen que su cargo confiere poderes casi sobrehumanos. China es la próxima superpotencia del planeta. Es inevitable que dentro de unos años China tenga la más grande economía del mundo. Sus fuerzas armadas también están creciendo rápidamente, así como su protagonismo internacional. Su capacidad para llevar a cabo grandes obras de infraestructura es también incuestionable. Esto hace que muchos supongan que será la nueva potencia hegemónica del siglo 21. Yo no lo creo. Sabemos que existen dos Chinas: una industrializada, moderna, de gran dinamismo económico. Pero también sabemos que hay una China pobre, y con enormes necesidades insatisfechas de vivienda, salud, educación, agua, electricidad, etc. El ingreso del 48 % de la población que vive en esta China más pobre y rural es un tercio de lo que ganan sus compatriotas en las ciudades. Sorprende, además, que, a pesar de sus éxitos, su gobierno muestra una gran inseguridad. Gasta más en seguridad interna que en la defensa externa, por ejemplo. Un tercio del territorio Chino, Tíbet y Xinjiang, vive en una crónica ebullición política a la que Pekín responde con fuerte represión y permanente intervención militar. Y los esfuerzos gubernamentales por controlar la información, censurar internet y limitar el libre intercambio de ideas ya son legendarios. Este ambiente inhibe la innovación, ingrediente indispensable para que un país tenga éxito. Es obvio que China tendrá cada vez más peso en la economía y la política del mundo. Pero no será la potencia dominante. En el siglo 21, ningún país podrá jugar ese papel. Observando dichos escenarios, las conclusiones podrían resumirse de la siguiente manera: se nos urge cambiar nuestra forma de pensar el poder, para poder enfrentar una oleada de innovaciones que empezará desde abajo, será caótica y lenta pero inevitable los personajes con menos poder son los que lograran surgir muy por encima en los poderes que ahora se están realizando los más débiles serán los más fuertes