La economía mexicana sufrió una bancarrota después de la independencia debido a la deuda de Iturbide y la desorganización fiscal. Varios proyectos trataron de resolver la crisis hacendaria, incluyendo la desamortización de bienes del clero y mayores impuestos. Aunque hubo algunos períodos de orden financiero bajo gobiernos como Bustamante, la crisis continuó en 1832. La economía mejoró gradualmente con el desarrollo de la minería, la industria, el comercio y la infraestructura,