El capítulo 5 de Daniel narra la fiesta idólatra del rey Belsasar, quien, desafiando a Dios, profanó los vasos sagrados de Jerusalén mientras Babilonia enfrentaba su inminente caída. A través de este evento, se enfatiza la arrogancia y la desobediencia del rey, que ignoró las lecciones del pasado y deshonró a Dios, lo que condujo al juicio divino que resultó en la caída de Babilonia. Este relato sirve como advertencia sobre la corrupción del espíritu humano y la importancia de la devoción a Dios frente a los placeres terrenales.