La escuela rural se veía triste porque sólo tenía edificios sin vida. Algunos alumnos tuvieron la idea de plantar árboles nativos en el patio para alegrarlo. Con permiso de un vecino, sacaron árboles con raíces para plantarlos. La plantación quedó hermosa y con el tiempo los árboles crecieron, llegando aves a hacer nidos y picaflores a las flores de los ciruelillos.