El salmo expresa la lamentación del resto fiel de Israel después de la destrucción de Jerusalén. Ahora se sienten avergonzados y ridiculizados por los paganos, a diferencia de las antiguas victorias de Dios por sus padres. Ruegan a Dios que no les esconda su rostro y los salve como a sus padres, confiando en que Dios iluminará sus corazones a través de Cristo.