1. Una zarza que ardía pero no se consumía llamó la atención de Moisés. Dios se le apareció en medio del fuego y lo llamó. 2. La zarza representa a los creyentes que arden con el fuego del Espíritu Santo sin consumirse, llamando así la atención de otros para que se acerquen a Dios. 3. Toda zarza sirve cuando Dios está en ella, ya que es Él quien obra a través de los creyentes, no ellos mismos.