La formación del sistema solar comenzó a partir de una gran nebulosa de polvo y gas que se formó después de que una estrella cercana explotara como supernova. Dentro de la nebulosa, las perturbaciones en el movimiento rotatorio causadas por fuerzas internas y externas hicieron que el gas se condensara en el centro, formando el Sol y los planetas. Los planetas gigantes gaseosos se formaron más lejos debido a su composición.