Los sonidos se miden en decibeles (dB), y sonidos por encima de 75 dB son dañinos para el oído humano. Los sonidos entre 120-180 dB son dolorosos e incluso pueden causar la muerte. La Organización Mundial de la Salud recomienda un límite de 65 dB, pero en muchas ciudades el nivel promedio excede este límite. La exposición prolongada a sonidos fuertes puede causar daños permanentes en el oído.