La economía española del siglo XVI experimentó un crecimiento continuo, especialmente en Castilla, impulsada por el aumento de la población y el desarrollo del comercio con América. La agricultura creció en Castilla mientras decayó en Aragón. La sociedad estaba dividida entre los privilegiados - la nobleza y el alto clero que dominaban la economía - y el pueblo llano compuesto principalmente por campesinos y trabajadores urbanos.