El documento discute cómo las desigualdades educativas persisten e incluso aumentan en América Latina a pesar del aumento en la inversión educativa y las reformas. Señala que el 80% de los logros de aprendizaje se explican por factores familiares y sólo el 20% por la escuela. Argumenta que es necesario dar prioridad a intervenciones tempranas antes de la escuela y a escuelas más efectivas para romper el determinismo impuesto por las condiciones sociales.