Según Borja y Castells, la revolución tecnológica actual fomenta la individualización y fragmentación del trabajo, a diferencia de la revolución industrial. Las personas mejor cualificadas tendrán más facilidad para encontrar trabajo en el futuro, mientras que será más difícil para aquellos sin estudios. Además, las TIC han aumentado la sociabilidad de las personas facilitando la comunicación y educación, pero una falta de formación continua podría provocar exclusión ante los nuevos retos tecnológicos.