Este cuento relata el viaje de un hombre cansado en un ascensor antiguo hasta el último piso. El ascensorista, que viste un uniforme gastado, habla con el pasajero y le cuenta que disfruta escuchar las historias de los pasajeros. Al llegar al último piso, el pasajero le da al ascensorista un reloj roto como recuerdo. El ascensorista le advierte que el timbre no funciona y que deberá golpear la puerta hasta que le abran.