SlideShare una empresa de Scribd logo
1 de 197
Descargar para leer sin conexión
JOHN B. WATSON
W
R.«í/7
E D I T O R I A L P A I D O S
WAT
Co r,
J. 15. W A T S O N
EL CONDUCTISMO
J. B. W A T S O N
y
W. M c D O U G A L L
LA BATALLA DEL CONDUCTISMO
Exposición y discusión
Prólogo de
Emilio Mira y López
C 0 L T 4
O
¡yy
% « Oí ^
Distribuidor exclusivo en todos los países
EDITORIAL MÉDICO QUIRÚRGICA
Diagonal Norte 615
B U E N O S A I R E S
Copyright de todas
las ediciones en castellano hx
EDITORIAL PAI DOS
Buenos Aires, 1945
Queda hecho el depósito qut
p r e v i e n e la ley N"? 11.723
IMPRESO EN LA ARGENTINA
( P R I N T E I ) IN ARGENTINA)
Se terminó de imprimir el
dia 12 de marzo de 1917 en la
Imprenta Ferrari linos.,
Bmc. Mitre 3355 - Buenos Aires
A
STANLEY RESOR
cuyo empeñoso interés en la
industria y en la ciencia me
ha dado la oportunidad
de escribir este libro.
,
Í N D I C E
Pág.
PRESENTACIÓN 13
PRÓLOGO DE EMILIO MIRA Y LÓPEZ 15
EL CONDUCTISAIO
Introducción 21
I. Qué es el cenducíismo. — La vieja y la nueva psicología en
oposición 25
II. Cómo estudiar la conducta humana. — Problemas, métodos,
técnicas y algunos de los resultados 43
III. El cuerpo humano. — De qué se compone, cómo está orga-
nizado y cómo funciona. Parte I. Las estructuras que hacen
posible la conducta 73
IV. El cuerpo humano. — De qué se compone, cómo está orga-
nizado y cómo funciona. Parte II. Papel de las glándulas
en la conducta diaria 103
V. ¿Existen los instintos humanos? — Parte I. Sobre el talento,
las tendencias y la herencia de los denominados rasgos
"mentales" 119
VI. ¿Existen los instintos humanos? — Parte II. Lo que nos
enseña el estudio del niño 141
VII. Emociones. — ¿Con cuáles emociones nacemos, cómo adqui-
rimos nuevas y perdemos las viejas? — Parte I. Examen
general de las emociones y algunos estudios .experimentales 169
VIII. Emociones. — ¿Con cuáles emociones nacemos, cómo adquiri- . •
• •
• •
mos nuevas y perdemos las viejas. — Parte II. Ulteriores ° ' >
V /'
experimentos y observaciones acerca de cómo adquirimos, •-- ~
conservamos y perdemos nuestra vida emocional •>".'••:• •vr--pf/?X'LETRA'
, ¿DÍCTELA «?
10 Í N D I C E
IX. Nuestros hábitos manuales. — Cómo se inician, cómo los
conservamos y cómo los eliminamos 227
X. Hablar y pensar. — Su correcta interpretación y el desbara-
tamiento de la ficción de la llamada vida "mental" 257
XI. ¿Pensamos siempre eon palabras? — ¿O pensamos con todo
nuestro cuerpo? 285
XII. La personalidad. — Presentación de la tesis de la persona-
lidad como producto de nuestros hábitos 303
LA BATALLA DEL CONDUCTISMO
EXPOSICIÓN Y DISCUSIÓN
El eonductismo. — La nota moderna en psicología, por /. B. Watson 341
Heclios fundamentales en psieología. — Examen del eonductismo,
por W. McDougal! 359
ÍNDICE DE TE.UAS 389
LISTA DE ILUSTRACIONES
Fig.
a Huevo fecundado de la estrella de mar
b Disposición de los genes en el sistema genético
c 'Estructura de los cromosomas
1 Dos tipos de células epiteliales
2 Glándula constituida por células epiteliales
3 Células de tejido conjuntivo
4 Parte de dos células musculares estriadas y las terminaciones
del nervio motor
5 Célula del músculo liso con una fibra nerviosa
0 Un tipo de neurona: la neuromotriz más simple
7 Diagrama de parte de una fibra nerviosa
8 Neurona sensitiva o aferente
9 Elementos epiteliales y nerviosos
10 Terminación de un nervio sensitivo en una célula del músculo
estriado
11 Esquema del tractus digestivo
12 Esquema de una sección transversal del estómago
13 Células epiteliales de secreción en el intestino
14 Esquema del arco reflejo corto ...
15 Cuadro de la corriente de actividad
16 Curva del progreso en el aprendizaje
17 Curva del aprendizaje de 10 individuos
18 Esquema ilustrativo del aprendizaje del golf
19 Esquema de la formación de los hábitos manuales
20 Esquema de hábito standard ,
21 Diagrama
22 Diagrama de la teoría conductista del pensar
23 Diagrama general de la personalidad
PRESENTACIÓN
La ya notable y larga ausencia de la escuela psicológica
conductista norteamericana en la bibliografía castellana, deman-
daba la perentoria edición de algún libro que la compensara.
Frente a ello se estimó lo más adecuado introducir la producción
literaria capital del propio creador de la escuela. Al entregar
ahora al lector hispanoparlante el libro fundamental de JOHN
B. WATSON, El Conductismo, suminístrase, en efecto, al par que
una primera traducción en nuestro idioma, la obra principal de
este movimiento. De esta suerte no sólo se da cumplida satis-
facción a los propósitos de presentar a una de las más altas
figuras de la psicología actual y de suministrar una clara y
segura propedéutica a la doctrina y técnica conductistas, sino
que, al propio tiempo, bríndase una de las obras destacadas en
la cultura contemporánea.
Sería ocioso encarecer la significación del autor, cuyo nom-
bre gira entre los de los más conocidos jerarcas de la psicología
profunda. Empero —entre otros por aquel motivo— la difusión
de su labor en los países de habla española es harto inferior a
la alcanzada por FREUD, ADLER O JUNG. De sus dimensiones
ofrece ajustada información el libro y la crítica que en el pre-
sente volumen cumplen el prologuista y las agudas acotaciones
de MCDOUGALL en La Batalla del Conductismo. No es éste,
pues, lugar para enjuiciarla. Sólo cabría llamar la atención
acerca de la procedencia de un examen concienzudo. Tres men-
ciones . Primero, debe repararse en que si bien las investigaciones
watsonianas de la vida emocional han dado lugar a objecciones
de incuestionable seriedad, no pocas —como acertadamente
apunta ROBER T. F. GREEGAN, profesor del Withman College—
suponen precisamente el uso de métodos que mucho deben al
propio WATSON.
14 P R E S E N T A C I Ó N
Ante la ligereza de ciertas valoraciones, cabe luego señalar
que la doctrina watsoniana ha sido analizada en forma cuida-
dosa por SANTAYANA y RUSSELL. En sus Fundamentos de
Filosofía, este último pensador revisa extensamente las teorías
del psicólogo norteamericano en cotejo con las cartesianas; y
agregúese que en torno a WATSON se han reunido personali-
dades como las de los.profesores universitarios K. C. TOLMAN,
K. S. LASHLEY, A. P. WEISS, J. PETERSON, W. S. HUNTER. . .
Por último, téngase en cuenta asimismo que el movimiento
de la psicología social actualmente en auge, al instalar como
una de sus premisas el fecundo concepto de la "aculturación"
—apoyado en la hipótesis watsoniana de condicionamiento—
realza y fortalece el papel del conductismo en los nuevos puntos
de vista en la ciencia psicológica, particularmente en lo tocante
a su postura ambientalista en la polémica "naturaleza-cultura".
Se ha dicho que "desde la introducción de los primeros
laboratorios y la publicación de los Principios de JAMES, nada
se le compara como medio de enfocar la discusión, de plantear
problemas, de estimular investigaciones, de excitar el entusias-
mo" (HEIDBREDER) . Muy grato sería para los editores de esta
versión que igualmente en los países de habla española sirviese
este volumen de oportunidad para un amplio examen de los
esenciales problemas que interesan a la psicología, a la edu-
cación y a las ciencias sociales. Ello contribuiría al conoci-
miento y a la formación del hombre.
Los EDITORES.
PROLOGO
T) UEDEN contarse con los dedos de una mano los libros de
A
Psicología que, escritos en el presente siglo, pueden com-
petir con éste en valentía y en claridad expositiva.
Más de una vez se ha dicho que el hombre de genio ne-
cesita tanto de su inteligencia —para descubrir su obra— como
de su carácter —para acreditarla e imponerla—. Esto es prin-
cipalmente cierto en el campo psicológico, pues toda nueva
concepción del mismo vulnera concepto y hiere sentimientos
arraigados tradicionalmente y considerados como artículos de
fe por una gran mayoría del género humano.
Por eso, si SIGMUND FREUD, al crear la denominada "geo-
logía de la Psique" y acometer la búsqueda del tuétano del
"aparato" psíquico, hasta llegar a los planos hormonales, hubo
de vencer una enorme resistencia y soportar críticas vitupe-
rantes (y vituperables), J. B. WATSON, al crear su "Conduc-
tismo" —en cierto modo opuesto totalmente a la visión freu-
diana— sufrió asimismo los embates de los misoneístas (que
son legión) hasta el punto de ser desposeído de su cátedra
universitaria, tan pronto como les dio un pretexto de incon-
ducta para ello.
Esto sucedió porque si bien, como queda apuntado, su
obra es antinómica de la de FREUD, puesto que agolpa toda
la "materia" de estudio psicológico en la misma superficie —
visible y corpórea— del sujeto, en vez de sumergirla en el
misterioso e insondable abismo de los virtuales espacios in-
J
K
16 J. B. W A T S O N
conscientes del universo personal, no es menos cierto que tanto
el dinámico autor norteamericano como el hermético y pesi-
mista genio austríaco han dejado maltrecha y casi inválida a
la llamada ''conciencia". Y esta palabra, representación eufó-
nica y sugestiva del dinamismo yoico, nos es cara, de tal suerte
que todo intento de atacarla nos inflige un serio impacto en
nuestro inconmensurable orgullo de hombres, más o menos
"sapiens".
Psicoanálisis y conductismo son, por cierto, escuelas psi-
cológicas que, a pesar de sus extraordinarias divergencias con-
ceptuales, metodológicas y propositivas, quedan incluidas en
el marco de las llamadas "doctrinas naturalistas" (entiéndase
materialistas, en la actual acepción del vocablo) contra las que
dirigen sus dardos las conjuntas fuerzas de las filosofías, las
religiones y la morales gazmoñas de muchos seudointelec-
tuales.
WATSON afirma con razón, en la introducción de este
libro suyo, que la tempestad provocada por su primera apa-
rición pública se debió fundamentalmente al hecho de que qui-
so aplicar al hombre el mismo criterio de investigación y las
mismas técnicas de estudio científico que habían resultado úti-
les para desentrañar los móviles y las pautas de conducta en
otros anímales. Tal actitud no podía ser más lógica, pero pre-
cisamente por ello se vio combatida, pues la Psicología se en-
cuentra, aún, sumamente impregnada de los prejuicios mágicos
y espiritualistas que adquirió durante los luengos siglos de su
íntimo contacto con la religión y la filosofía: en los pliegues
de las túnicas sacerdotales y en la selvática maraña de las me-
lenas y las barbas teóricoespeculantes anidan celosos gnomos
enemigos de la experimentación, del cálculo, de la objetividad
y de la serena e higiénica claridad del pensamiento científico.
E L C O N D U C T I S M O 17
Precisa confesar, no obstante, que WATSON mostró un
excesivo menosprecio inicial ante esa situación o "constela-
ción" ambiental, y tuvo un especial interés en formular su
antítesis a la psicología de W. JAMES y de TITCHENER (los dos
grandes jerarcas de esa ciencia en el novecientos) de un mo-
do crudo y dogmático, cual si apeteciese no solamente provo-
car la discusión, sino, casi, el escándalo. La acritud de su
postura y de sus expresiones ha sido rectificada, en cuanto
tenía de exagerada, en esta segunda edición de su obra fun-
damental, cuya traducción castellana estamos ahora presentan-
do al público latinoamericano. Sería erróneo, empero, suponer
que esa suavización supone una rectificación substancial de sus
ideas; para WATSON, todavía, el "pensamiento" no es otra
cosa más que un monólogo imptícito —hablarse a si mismo—
y la "personalidad" no pasa de ser el resultado final de nues-
tro sistema de hábitos.
No renuncia el conductismo al estudio de los fenómenos
de la vida mental íntima (implícita), pero los considera como
actos, es decir, como procesos dinámicos que contienen "au
raccourci" los mismos elementos neurohormomusculares que se
evidencian en las formas visibles de la conducta humana. En
este sentido puede afirmarse que WATSON no limita sino ex-
tiende el campo de estudio de la Psicología, en relación con
lo que éste delimitaba en la concepción de WUNDT, TITCHENER
y demás psicólogos prominentes en el novecientos. Afirmar,
pues, como algunos críticos superficiales han hecho, que el
conductismo se desinteresa de los datos inmediatos de la ex-
periencia consciente y atiende tan sólo a sus resultados finales,
es un error tan grosero como decir que el freudismo significa
meramente la glorificación del sexo.
La más palpable prueba de ese error nos la dan los efec-
tos del conductismo en el movimiento bibliográfico general de
18 J. B. W A T S O N
la psicología norteamericana. No solamente el propio WATSON,
sino una parte de sus discípulos, han aportado contribuciones
de singular interés a la comprensión de la dinámica del pen-
samiento y de las emociones. Puede, inclusive, afirmarse, que
gracias a él se han impulsado los estudios referentes a la vida
personal de los neonatos y al desarrollo de sus diversos equi-
pos de hábitos de ajuste y conducta. La Psicología infantil
actual debe más a la obra de WATSON y de FREUD, que a la
mayoría de sus sempiternos contradictores sistemáticos.
Por esto creemos que ha sido un gran acierto acercar al
lector de habla castellana la obra fundamental —casi podría-
mos decir la Biblia— del conductismo: en ella se define de
un modo claro, conciso y práctico, el fin al que aspira este gi-
gantesco movimiento renovador de la ciencia psicológica: no
solamente predecir, en un momento dado, qué respuesta corres-
ponde a un determinado estímulo o inferir qué estímulo deter-
minó tal respuesta, sino —lo que es mucho más importante—
llegar a fundar las bases experimentales de una nueva ética
humana, que esté a la altura de las posibilidades de realización
y sea algo más que un mero entretenimiento especulativo. Ello
es tanto más necesario cuanto que en los países hispanoame-
ricanos falta el arraigo de los métodos psicoexperimentales se-
rios, y por ello se propende a reaccionar demasiado rápida-
mente en Psicología con arreglo a la famosa ley del Todo o
Nada, tomando posturas "pour" o "contre", sin tener en cuen-
ta que en cada doctrina psicológica, por disparatada que pa-
rezca, existe algo aprovechable, y en cada doctrina psicológica,
por justa y brillante que resulte, existe, también, algo erróneo.
Hace más de 25 años dimos nuestro primer cursillo sobre
conductismo en el Instituto de Fisiología que dirigía el Profesor
Pi SUÑER, en Barcelona. De entonces acá han aparecido nue-
vas concepciones psicológicas y se han acumulado multitud de
E L C O N D U C T I S M O 10
nuevos hechos en esta ciencia. Sin embargo, creemos poder
mantener el mismo juicio con que entonces clausuramos nues-
tras lecciones: "la obra de WATSON, muy intimamente ligada
a la de los modernos psicólogos soviéticos, está destinada a ser
imprescindible en cualquier biblioteca de los futuros cultores
de la Psicología". Nuestra felicitación, pues, a la Editorial
Paidós, por brindarla al público de habla hispánica.
EMILIO MIRA Y LÓPEZ.
Ex Profesor de la Universidad
de Barcelona
Introducción
MIRANDO hacia atrás en la historia del movimiento conduc-
tista, desde su abierta iniciación en 1912, a primera vis-
ta parece difícil entender por qué el conductismo debió sopor-
tar tan implacable tempestad.
El conductismo —según intenté explicarlo en mis confe-
rencias en Columbia (1912) y en mis primeros escritos— pro-
poníase lo siguiente: aplicar al estudio experimental del hom-
bre iguales procedimientos y el mismo lenguaje descriptivo que
muchos investigadores habían empleado con éxito durante lar-
gos años en el examen de animales inferiores al hombre. Creía-
mos entonces, como creemos todavía, que el hombre es un
animal distinto de los demás únicamente en las formas de
comportarse.
Pienso que fué la enunciación de este convencimiento la
verdadera causa de aquella tormenta. Provocó una resistencia
muy semejante a la que suscitara la primera publicación del
"Origen de las especies" de DARWIN. LOS seres humanos no
gustan ser clasificados junto a los otros animales. Están dis-
puestos a admitir que lo son, pero también "algo más". Este
"algo más" es el culpable de todo el trastorno. Este "algo
más" involucra cuanto se cataloga como religión, vida futura,
moral, amor a los hijos, padres, patria, etc. El crudo hecho de
que el psicólogo, si quiere proceder científicamente, habrá de
describir la conducta del hombre en términos no diferentes de
los que utilizaría para la conducta de un buey destinado al
matadero, apartó del conductismo a muchos espíritus tímidos,
y aún hoy los mantiene alejados.
La resistencia no se debe, según sostienen algunos de mis
colegas, a la forma en que los conductistas presentaron sus
descubrimientos y convicciones. Hemos sido acusados de pro-
22 J. B. W A T S O N
pagandistas; de haber difundido nuestras conclusiones en la
prensa general en lugar de hacerlo en las publicaciones cien-
tíficas, investidas de mayor dignidad; de escribir como si na-
die hubiese contribuido nunca a la psicología; de ser bolche-
viques. Todas ellas son críticas apasionadas, reveladoras de
que el conductismo está pisando la pezuña de alguna vaca sa-
cra, que está amenazando el orden de las cosas establecido.
Admitirlo significa renunciar a viejas costumbres consagradas;
abandonar esa cómoda psicología introspectista que se ajusta a
los hábitos establecidos o que, si no, por lo menos usa tan
oscuro lenguaje que el lector no precisa molestarse.
¿Cuál fué la consecuencia de esa tempestad? En primer
término, indudablemente una nueva literatura: una literatura
crítica. Ella, en parte, ha sido personal: hasta injuriosa. En
cuanto a mí, jamás respondí a una crítica. Rara vez se ha
salido en defensa del conductismo. Los conductistas se halla-
ban harto ocupados en exponer los resultados de sus expe-
rimentos o de sus generalizaciones como para preocuparse de
contestarlas. Al rever esta literatura, inclinóme a pensar que de
habernos tomado el trabajo de la replica, nuestra ciencia habría
sido más claramente entendida, porque en las publicaciones psi-
cológicas se han deslizado algunos malentendidos realmente
pueriles y afirmaciones por completo inexactas acerca de nues-
tra posición.
Era natural que surgieran reparos. Muchos de los decanos
de la psicología disponían de bien instalados laboratorios y de
copiosa bibliografía psicológica introspectista. El conductismo
pedía nuevos laboratorios y aun nuevos términos con que ela-
borar sus exposiciones. Inclusive parecía amenazar la vida eco-
nómica de los profesores. Hasta los mozalbetes, discípulos de
algunos de los más viejos representantes de la escuela intros-
pectista, sintiéronse obligados a romper lanzas en defensa de
sus maestros. ROBACK, en su "Behaviorism and Psychology'>
(Conductismo y Psicología) nos ofrece un clásico ejemplo de
este último tipo de reacción. Además, en dicha obra está muy
próximo a quebrar con todas las normas de caballerosidad.
Pero, gracias a ello, y a pesar de que el conductismo no
logró un franco reconocimiento, ha ejercido profunda influencia
durante sus dieciocho años de vida. A fin de persuadirse de
E L C O N D U C T I S M O 23
esto, compárese, título por título, los artículos de nuestros dia-
rios pertenecientes a los tres lustros anteriores al advenimiento
del conductismo, con los de estos últimos quince a dieciocho
años. Cotéjese los libros escritos antes y después. No sólo
los tópicos, también el lenguaje se ha tornado conductista.
Hoy, ninguna universidad puede sustraerse a la enseñanza del
conductismo. En algunas se aceptan sus métodos e hipótesis;
en otras se enseñan con el evidente propósito de criticarlos.
Lo cierto es que la nueva generación de estudiantes reclama
que cuando menos se le suministre alguna orientación acerca
del conductismo. Para ella se escribió este libro.
He dedicado tiempo y esfuerzos considerables a esta úl-
tima edición. Ni yo ni el editor estábamos satisfechos con la
forma y el estilo de la primera. Había sido publicada apresu-
radamente, como serie de conferencias. En la presente, intenté
antes que nada mejorar el estilo suprimiendo todos los recursos
comunes en el disertante para mantener atento su auditorio. En
general, procuré eliminar las exageraciones propias de toda con-
ferencia. He agregado unas 100 páginas de material comple-
tamente nuevo; constituido por los resultados extraídos de pu-
blicaciones recientes y de las modificaciones en mi punto de
vista teórico. He quitado de 25 a 30 páginas de contenido an-
ticuado. Sin embargo, el punto de vista no ha cambiado de un
modo fundamental.
Me ha interesado profundamente el nuevo libro de JEN-
NINGS, "Bases biológicas de la naturaleza humana". Agradéz-
cole muy en especial la larga cita tomada de su excelente ex-
posición acerca de los genes. Una vez más, quiero significar
mi reconocimiento al Prof. K. S. LASHLEY, al doctor H. M.
JOHNSON, y a mi compañera de tareas, señorita ANNA JUEÑKER,
por la ayuda que me prestaron en ambas ediciones.
John B. Watson.
/. ¿Qué es el Conductismo?
LA VIEJA Y LA NUEVA PSICOLOGÍA EN OPOSICIÓN
Ejemplo de tales conceptos. Advenimiento del conductismo. Programa
del conductismo. Algunos problemas específicos del conductismo. Ex-
cluye esta orientación conductista algo propio de la psicología. Para
comprender al conductismo es necesario comenzar por la observación
de la gente. Definición de conductismo. ¿Qué es un estímulo? Cómo el
aprendizaje multiplica los estímulos. Qué entiende el conductismo por
respuesta. Clasificación general de la respuesta. ¿Es el conductismo una
mera orientación metodológica en el estudio de los problemas psicoló-
gicos o constituye un verdadero sistema de psicología?
Dos criterios distintos imperan aún en el pensamiento psi-
cológico norteamericano: la psicología introspectista o subje-
tivista y el conductismo o psicología objetiva *. Hasta el adve-
nimiento del conductismo, en 1912, la psicología introspectista
* En las útlimas décadas han coexistido otros dos puntos de vista más o
menos sobresalientes, pero transitorios —la llamada psicología funcional de DEWEY,
ANGELL y JUDD y la "Gestalt Psychologie" (Psicología de la forma) de WERTHEIMER,
KOFFKA y KoHLER. A mi juicio, ambos son, diríamos, hijos ilegítimos de la psicología
introspectista. La psicología funcional, que hoy se menciona rara vez, estuvo de
moda por sus abundantes digresiones en torno a las funciones mentales de adap-
tación fisiológica. Según ellos, la mente desempeña el papel de una especie de
"ángel de la guarda" adaptador. La filosofía que respalda esta teoría sabe mu-
chísimo a la buena y vieja filosofía cristiana de BERKELEY (acción recíproca o
fiscalizadora del cuerpo por la divinidad). La psicología de la Gestalt, divaga acerca
de la respuesta estructural (¡realmente innata!). Como teoría psicológica, no puede
progresar mucho. Es tan oscura como la forma en que KANT trata la imaginación,
teoría a la cual se asemeja un poco. El verdadero "quid" de todo ello ha sido
expresado mucho mejor y con mayor claridad por WiLLIAM JAMES en "Los Prin-
cipios" (capítulos acerca de la sensación y la percepción). Esos capítulos podrían
ser leídos con provecho por los apadrinadores de la Gestalt. Esta escuela sigue
siendo parte de la Psicología introspectista. Dicho sea de paso, una lectura comple-
mentaria, que puede interesar a todo estudiante de la Gestalt, la constituye el libro
de HOBHOUSE, "Mind in Evolution" (La mente en evolución).
26 J. B. W A T S O N
dominaba totalmente la vida psicológica de la universidad nor-
teamericana.
Los más destacados representantes de la psicología intros-
pectista en la primera década del siglo veinte, fueron E. B. TIT-
CHENER, de Cornell, y WILLIAM JAMES, de Harvard. La muerte
de JAMES en 1910 y la de TITCHENER en 1927, dejaron a la
psicología introspectista huérfana de un verdadero guía espiri-
tual. Si bien la psicología de TITCHENER difiere en muchos
puntos de la de WILLIAM JAMES, los supuestos fundamentales
son idénticos. En primer lugar, los dos eran de origen germá-
nico. En segundo, y esto es más importante, ambos proclama-
ban que es la consciencia la materia de estudio de la psicología.
El conductismo sostiene, por el contrario, que es la conducta
del ser humano el objeto de la psicología. Afirma que el con-
cepto de consciencia no es preciso, ni siquiera utilizable. Ha-
biendo recibido una formación experimentalista, el conductista
entiende, además, que la creencia de que existe la consciencia
remóntase a los antiguos días de la superstición y la magia.
No obstante su progreso, la gran masa del pueblo ni aun
hoy se ha distanciado mucho de la barbarie; quiere creer en la
magia. El salvaje se figura que los encantamientos pueden
traer lluvias, buenas cosechas, abundante caza; que un hechi-
cero vuduísta enemistado, es capaz de provocar la desgracia de
un individuo o de toda una tribu; que si un enemigo logra mu-
ñirse de un trozo de uña o de un mechón de cabello de otra
persona, podrá embrujarla y gobernarla. Siempre hay interés
y cosas nuevas en la magia. Casi todas las épocas poseyeron
su propia magia negra o blanca, y su propio mago. Moisés
tuvo su magia: transformó el agua en vino y revivió al muerto.
CouÉ tuvo su fórmula. La señora EDDY también.
La magia jamás perece. Con el decurso del tiempo, todas
estas innumerables leyendas, exentas de todo análisis, tejen la
tradición popular. La tradición se constituye en religiones. Las
religiones se enredan en las mallas políticas y económicas del
país. Luego se las esgrime como instrumentos. Se obliga al
pueblo a aceptar todas estas fantasías, que más tarde transmite
como evangelio a los hijos de sus hijos.
Es casi increíble hasta qué punto la mayoría de nosotros
está influida por un fondo salvaje. Pocos se libran de esa in-
E L C O N D U C T I S M O 27
fluencia. Al parecer, ni siquiera la enseñanza escolar suministra
un correctivo.- Por el contrario, parece asegurarla en mayor
grado todavía, a causa de que las escuelas están colmadas de
maestros con idéntico fondo. Inclusive muy destacados bió-
logos, físicos y químicos, saliendo de sus laboratorios, son fácil
presa de la tradición cristalizada en conceptos religiosos. Estos
conceptos —herencia de un temeroso pasado salvaje— han en-
torpecido grandemente el nacimiento y desarrollo de la psico-
logía científica.
EJEMPLO DE TALES CONCEPTOS
Ejemplo de uno de estos conceptos religiosos es el de que
todo individuo posee un alma, separada y distinta del cuerpo,
que realmente es parte del ser humano. Esta vieja doctrina
conduce al principio filosófico llamado "dualismo". Tal dogma
se encuentra en la psicología humana desde la más remota an-
tigüedad. Nadie ha palpado nunca un alma, o la ha visto en
un tubo de ensayo, o ha entrado de alguna manera en relación
con ella, como puede hacerlo con los otros objetos de su expe-
riencia diaria. A pesar de esto, dudar de su existencia involu-
cra convertirse en hereje y, en cierta época, hubiera podido lle-
var al reo inclusive a la muerte. Todavía hoy, quien desempeña
un cargo público, no osa discutir el punto.
Con el desarrollo de las ciencias físicas que sobrevino con
el Renacimiento, esta asfixiante nebulosa del alma pudo disi-
parse en cierta medida. Era dable pensar en la astronomía,
en los cuerpos celestes y sus movimientos, en la gravitación y
fenómenos similares, sin implicar el alma. Aunque los primeros
hombres de ciencia fueron, por lo general, devotos cristianos,
en sus tubos de ensayo empezaron a prescindir de ella.
Empero, la psicología y la filosofía, ocupándose de obje-
tos que consideraban inmateriales, encontraron muy difícil eludir
el lenguaje de la Iglesia; de ahí que el concepto de mente o
alma, como algo diverso del cuerpo, llegase en. lo esencial casi
intacto hasta las postrimerías del siglo diecinueve.
Es indiscutible que, en 1879, WUNDT, el verdadero padre
de la psicología experimental, quería una psicología científica.
Se desenvolvió en medio de una filosofía dualista del tipo más
28 J. B. W A T S O N
pronunciado. No pudo discriminar con claridad el camino de
la solución del problema mente-cuerpo. Su psicología, que ha
regido soberana hasta nuestros días, es necesariamente de tran-
sacción. Sustituyó el término alma por el de consciencia. La
consciencia no es tan completamente inobservable como el alma;
la observamos al atisbarla de improviso y, como quien diría, al
sorprenderla desprevenida (introspección).
WUNDT tuvo enorme cantidad de discípulos. De la misma
manera que ahora está en boga ir a Viena para estudiar psico-
análisis con FREUD, hacia 1890 era corriente estudiar en Leipzig
psicología experimental con WUNDT. De ahí regresaron los que
habrían de fundar los laboratorios de la Universidad de John
Hopkins, las Universidades de Pennsylvania, Columbia, Clark
y Cornell. Todos venían equipados para luchar con esa cosa
esquiva (casi tanto como el alma) llamada consciencia.
Para demostrar lo anticientífico del concepto básico de esta
gran escuela de psicología germano - americana, basta fijarse
un momento en la definición de psicología que formuló
WILLIAM JAMES: La Psicología es la descripción y explicación
de los estados de consciencia en cuanto tales. Partiendo de una
definición que supone lo que pretende demostrar, salva su di-
ficultad con un argumentum ad hominem. Consciencia; ¡oh sí,
todos deben saber lo que es esta "consciencia"! Somos cons-
cientes cuando experimentamos la sensación de rojo, una per-
cepción, un pensamiento, cuando queremos hacer algo.
Los restantes cultores de la introspección son igualmente
ilógicos. En otras palabras, no••.nos_di.cea_qué;.es_la.consciencia;
simplemente comienzan por introducir cosas en ella en_ calidad
de supuestos, y naturalmente, aFanalizarla luego, encuentran
lo que en ella pusieron. De esta suerte, en los análisis de la
consciencia realizados por ciertos psicólogos, hallamos elemen-
tos tales como las sensaciones y sus fantasmas, las imágenes.
En otros, no sólo encontramos sensaciones, sino también los
denominados elementos afectivos; y más aún, en otros, elemen-
tos tales como la voluntad, designado elemento conativo de la
consciencia. Vemos que por ahí algunos afirman la existencia
de cientos de sensaciones de un determinado tipo, en tanto los
de más allá sostienen que hay unas pocas... Y así adelante.
Se han impreso millares de páginas acerca del análisis mi-
E L C O N D U C T I S M O 29
nucioso de ese algo intangible llamado consciencia. ¿Y cómo
empezar a trabajar sobre ella? No analizándola como lo haría-
mos si se tratara de una composición química o del crecimiento
de una planta. No; éstas son cosas materiales. La cosa que
llamamos consciencia únicamente puede examinarse por intros-
pección: una ojeada a lo que acontece en nuestro interior.
Como resultado de este postulado principal —de que exis-
te una cosa que llamamos consciencia y de que podemos es-
tudiarla por introspección—, encontramos tantos análisis como
psicólogos. No existe modo de atacar experimentalmente, re-
solver los problemas psicológicos y establecer métodos nor-
mativos.
ADVENIMIENTO DEL CONDUCTISMO
En 1912, los psicólogos objetivistas arribaron a la conclu-
sión de que ya no podía satisfacerlos seguir trabajando con
las fórmulas de WUNDT. Sentían que los treinta años estériles
transcurridos desde el establecimiento de su laboratorio, habían
probado terminantemente que la llamada psicología introspec-
tista de Alemania se fundaba sobre hipótesis falsas; que ninguna
psicología que incluyese el problema religioso mente-cuerpo,
podría alcanzar jamás resultados verificables. Decidieron que
era preciso renunciar a la psicología o bien transformarla en
una ciencia natural. Veían cómo sus colegas científicos pro-
gresaban en la medicina, en la química, en la física. Todo des-
cubrimiento en esos campos revestía importancia capital; cada
nuevo elemento que se lograba aislar en un laboratorio podía
serlo asimismo en otro; cada nuevo elemento se incorporaba
en seguida a su ciencia. Basta como testimonio la mención de
la radiotelefonía, el radium, la insulina, la tiroxina. Elementos
así aislados y métodos así formulados empezaron a servir de
inmediato en la realización humana.
En sus primeros esfuerzos por lograr uniformidad en el
objeto y métodos, el conductista comenzó por plantear el pro-
blema de la psicología, barriendo con todas las concepciones
medievales y desterrando de su vocabulario científico todos
los términos subjetivos, como sensación, percepción, imagen,
deseo, intención e inclusive pensamiento y emoción según los
define el subjetivismo.
30 J. B. W A T S O N
PROGRAMA DEL CONDUCTISMO
El conductista pregunta: ¿por qué no hacer de lo que
podemos observar el verdadero campo de la psicología? Limi-
témonos a lo observable, y formulemos leyes sólo relativas a
estas cosas. Ahora bien: ¿qué es lo que podemos observar?
Podemos observar la conducta —lo que, el organismo hace o
dice. Y apresurémonos a señalar que hablar es hacer, esto es,
comportarse. El hablar explícito o con nosotros mismos (pen-
sar) representa un tipo de conducta exactamente tan objetivo
como el béisbol.
La regla o cartabón que el conductista jamás pierde de
vista es: ¿puedo describir la conducta que veo, en términos
de "estímulo y respuesta"? Entendemos por estímulo cualquier
objeto externo o cualquier cambio en los tejidos mismos de-
bidos a la condición fisiológica del animal; tal como el que ob-
servamos cuando impedimos a un animal su actividad sexual,
le privamos de alimento, no le dejamos construir su nido. En-
tendemos por respuesta todo lo que el animal hace, como vol-
verse hacia o en dirección opuesta a la luz, saltar al oír un
sonido, o las actividades más altamente organizadas, por ejem-
plo: edificar un rascacielos, dibujar planos, tener familia, es-
cribir libros, etcétera.
ALGUNOS PROBLEMAS ESPECÍFICOS DEL CONDUCTISMO
Es dable advertir, pues, que el conductista trabaja como
cualquier otro hombre de ciencia. Su único objeto es reunir
hechos tocantes a la conducta —verificar sus datos—, someter-
los al examen de la lógica y de la matemática (los instrumentos
propios de todo científico). Lleva al recién nacido a su "nursery"
experimental y empieza a plantear problemas: ¿qué hace ahora
el niño? ¿Cuál es el estímulo que lo induce a comportarse así?
Encuentra que el estímulo de los cosquilieos en la mejilla pro-
voca la respuesta de hacerle volver la boca hacia el lado es-
timulado. El estímulo del pezón, la succión. El estímulo de
una vara sobre la palma de la mano, el cierre de la mano; y
si se levanta la vara, la suspensión de todo el cuerpo por ésta
y el brazo. Si estimulamos al niño haciendo pasar rápidamente
E L C O N D U C T I S M O 31
una sombra delante de sus ojos, no provocaremos su parpadeo
hasta que tenga sesenta y cinco días de vida. Si lo estimulamos
con una manzana, un caramelo o cualquier otro objeto, no
hará tentativa alguna de alcanzarlos hasta aproximadamente los
ciento veinte días de existencia. Si a un niño correctamente
criado, cualquiera sea su edad, lo estimulamos con serpientes,
peces, oscuridad, papel encendido, pájaros, gatos, perros, monos,
no conseguimos suscitar el tipo de respuesta que llamamos
"miedo" (y a la cual para ser objetivos podríamos designar
reacción X), que se manifiesta en detenimiento de la respira-
ción, rigidez de todo el cuerpo y desvío de la fuente de estímu-
lo: un correr o gatear para alejarse de ella. (Ver pág. 181).
Por otra parte, existen, con toda exactitud, dos estímulos
que indefectiblemente promueven la respuesta de miedo: un
sonido fuerte y la pérdida de base de sustentación.
Ahora bien, por la observación de niños criados fuera de
su "nursery", el conductista sabe que centenares de cosas des-
piertan respuestas de miedo. Surge pues esta cuestión científica:
si al nacer, únicamente dos estímulos provocan el miedo, ¿cómo
es posible que esas otras cosas logren producirlo? Adviértase
que la pregunta no es de índole especulativa. Cabe satisfacerla
mediante experimentos; los experimentos son susceptibles de
reiterarse, y si la observación original es correcta se obtendrán
iguales resultados en cualquier otro laboratorio. Con un sen-
cillo ensayo se lo puede comprobar.
Si se muestra una serpiente, un ratón o un perro a una
criatura que nunca haya visto estos objetos ni se la haya ate-
morizado de otra manera, empezará a tocarlo apretujando esta
o aquella parte. Repítase esta prueba durante diez días hasta
obtener una razonable seguridad de que la criatura se acer-
cará siempre al porro, que nunca huirá de él (reacción positiva),
y de que éste jamás provocará una respuesta de miedo. En
estas condiciones, se toma una barra de acero a espaldas del
niño y se golpea fuertemente. De inmediato aparecerán las
manifestaciones del miedo. Entonces, pruébese lo siguiente: en
el momento en que se le enseña el animal, y justamente cuando
empieza a aproximársele, golpéese de nuevo la barra del mismo
modo. Repítase el experimento tres o cuatro veces. Se mani-
festará un cambio novedoso e importante: ahora, el animal pro-
32 J. B. W A T S O N
voca la misma respuesta que la barra de acero — una respuesta
de miedo. En el conductismo denominamos este hecho respuesta
emocional condicionada — una forma de reflejo condicionado.
Nuestros estudios acerca de los reflejos condicionados nos
permiten explicar el temor de la criatura al perro sobre la base
de una ciencia completamente natural, sin apelar a la conscien-
cia ni a ninguno de los denominados procesos mentales. Un perro
se aproxima con rapidez al niño, le salta encima, lo derriba y al
mismo tiempo ladra fuertemente. A menudo, basta una com-
binación de esta índole para que la criatura huya del animal
apenas lo vea.
Hay muchos otros tipos de respuestas emocionales condi-
cionadas, como las que se relacionan con el amor, cuando la
madre, al acariciar a su niño, arrullarlo, estimular sus órganos
sexuales durante el baño, y mediante otras operaciones simila-
res, provoca el abrazo y el gorjeo como una respuesta original
no aprendida. Pronto esta reacción se torna condicionada. La
mera visión de la madre produce la misma clase de respuestas
que el contacto físico real. En la ira tenemos una serie de he-
chos análogos. El impedir los movimientos de los miembros
del niño, provoca la respuesta originaria no aprendida que lla-
mamos "ira". No tarda en ocurrir que la mera presencia de
una niñera que lo trate con brusquedad baste para suscitar un
acceso de cólera. Es dable comprobar, pues, cuan relativamen-
te simples son al principio nuestras respuestas emocionales, y
cuan terriblemente las complica pronto la vida del hogar.
El conductista tiene asimismo sus problemas en lo tocante
al adulto. ¿Qué métodos hemos de utilizar sistemáticamente a
fin de condicionar al adulto? ¿Por ejemplo, para enseñarle há-
bitos de trabajo, hábitos científicos? Ambas categorías, los ma-
nuales (técnica y habilidad) y los laríngeos (hábitos de hablar
y pensar) habrán de establecerse y relacionarse antes que se
complete el aprendizaje. Una vez formados estos hábitos de
trabajo, ¿con qué sistema de estímulos variables debemos ro-
dearlo si queremos mantener el nivel de eficiencia y su aumento
constante?
Además del problema de los hábitos profesionales, se plan-
tea el de su vida emocional. ¿Cuál es la parte que trasciende
su infancia? ¿Cuál estorba su adaptación actual? ¿Cómo po-
E L C O N D U C T I S M O 33
demos hacer para que la elimine? Es decir: ¿desacondicionarlo
cuando ello resulte necesario, o condicionarlo cuando el condi-
cionamiento Ío~ sea? En verdad, sabemos muy poco acerca de
la cantidad y calidad de los hábitos emocionales o, mejor, vis-
cerales (con este término entendemos que el estómago, los in-
testinos, la respiración y la circulación se condicionan —for-
man hábitos) que debieran crearse. Sabemos que existe gran
número y que son importantes.
Probablemente, la mayoría de los adultos de este mundo
nuestro, sufre vicisitudes en su vida familiar y en sus negocios
que se deben más a pobres e insuficientes hábitos viscerales
que a la falta de técnica y habilidad en sus actividades ma-
nuales y verbales. En el presente, uno de los relevantes proble-
mas en las grandes organizaciones es el de la adaptación de la
personalidad. Al ingresar en las organizaciones comerciales, los
jóvenes de ambos sexos tienen adecuada capacidad para des-
empeñar sus tareas, mas fracasan por no adaptarse a los demás.
¿EXCLUYE ESTA ORIENTACIÓN ALGO PROPIO DE LA PSICOLOGÍA?
Después de este breve examen de la orientación conduc-
tista en lo tocante a los problemas de la psicología, podría
decirse: "Bien, vale la pena estudiar la conducta humana de
esta manera, pero el estudio de la conducta no es toda la psi-
cología. Omite demasiado. ¿Acaso no tengo sensaciones, per-
cepciones, conceptos? ¿No olvido y recuerdo cosas e ima-
gino otras; no tengo imágenes visuales y auditivas de cosas
anteriormente vistas u oídas? ¿No veo y oigo cosas que nunca
he visto ni oído en la naturaleza? ¿No puedo estar atento o des-
atento, según la circunstancia? ¿Algunas cosas no despiertan en
mí placer, y disgusto otras? El conductismo pretende privarnos
de todo cuanto desde la más tierna infancia ha constituido para
nosotros un artículo de fe".
A causa de la formación en psicología introspectista, según
acontece con la mayoría, es lógico que se planteen estas con-
sideraciones y se encuentre difícil apartarse del antiguo voca-
bulario para empezar a delinear una nueva vida psicológica en
los términos del conductismo. El conductismo es vino nuevo y
no puede entrar en odres viejos. Momentáneamente convendrá
34 J. B. W A T S O N
apaciguar el natural antagonismo y aceptar el programa con-
ductista, por lo menos hasta compenetrarse con mayor pro-
fundidad de esta ciencia. Entonces notará que ha progresado
tanto en el conductismo que las preguntas que ahora formula
se contestarán por sí mismas, de una manera perfectamente
satisfactoria y científica. A continuación debemos agregar que si
el conductista le interroga qué entiende por los términos sub-
jetivos que empleamos habitualmente, caería en un mar
de contradicciones. Inclusive podría convencerle de que lo ig-
nora. Los aplicaba sin analizarlos; integraban su tradición social
y literaria.
PARA COMPRENDER EL CONDUCTISMO ES NECESARIO COMENZAR POR
LA OBSERVACIÓN DE LA GENTE
Este es el punto de partida fundamental del conductismo.
Muy pronto se descubrirá que la autoobservación, además de
no ser la manera más fácil y natural de estudiar psicología,
resulta simplemente imposible. Dentro de nosotros mismos sólo
podemos comprobar las formas más elementales de respuesta.
Por el contrario, cuando empezamos a estudiar lo que hace nues-
tro vecino, advertimos que rápidamente adquirimos experiencia
para clasificar su conducta y crear situaciones (presentar es-
tímulos) que lo harán comportarse de una manera previsible
para nosotros.
DEFINICIÓN DE CONDUCTISMO
En el presente, las definiciones no son tan populares como
lo fueron en otras épocas. La definición de cada ciencia, de la
física, por ejemplo, necesariamente tendría que incluir la de
todas las demás. Esto mismo vale respecto del conductismo.
Todo cuanto en la actualidad podemos hacer para definir una
ciencia es, casi, describir un círculo alrededor de aquel sector
de la ciencia natural que reclamamos de nuestro dominio.
El conductismo —según queda entendido a través de nues-
tra exposición preliminar—, es, pues, una ciencia natural que se
arroga todo el campo de las adaptaciones humanas. Su com-
pañera más íntima es la fisiología. En efecto, conforme avan-
E L C O N D U C T I S M O 35
cemos en este sentido, podríamos llegar a preguntarnos si es
posible diferenciar el conductismo de esa ciencia. En realidad,
sólo difiere de la fisiología en el ordenamiento de sus proble-
mas; no en sus principios fundamentales ni en su punto de
vista central. La fisiología se interesa especialmente en el fun-
cionamiento de las partes del animal: por ejemplo, el sistema
digestivo, circulatorio, nervioso, los sistemas secretorios, la me-
cánica de las reacciones nerviosas y musculares. En cambio,
aunque muy interesado en el funcionamiento de dichas partes,
al conductismo le importa intrínsecamente lo que el animal
—como un todo— hace desde la mañana hasta la noche y desde
la noche hasta la mañana.
El interés del conductista en las acciones humanas signi-
fica algo más que el del mero espectador: desea controlar las
reacciones del hombre, del mismo modo como en la física los
hombres de ciencia desean examinar y manejar otros fenómenos
naturales. Corresponde a la psicología conductista poder anti-
cipar y fiscalizar la actividad humana. A fin de conseguirlo,
debe reunir datos científicos mediante procedimientos experi-
mentales. Sólo entonces al conductista experto le será posible
inferir, dados los estímulos, cuál será la reacción; o, dada
la reacción, cuál ha sido la situación o estímulo que la ha
provocado.
Examinemos por un momento más de cerca estos dos tér-
minos: estímulo y respuesta.
¿QUE ES UN ESTIMULO?
Si, de improviso, dirijo al ojo una luz intensa, la pupila se
contraerá rápidamente. Si, de improviso, apagara toda la ilu-
minación de un cuarto en el que se encuentra una persona,
sus pupilas comenzarían a dilatarse. Si, de improviso, a sus
espaldas disparara un tiro de pistola, daría un sacudón y pro-
bablemente volvería la cabeza. Si, de improviso, se soltara
sulfito de hidrógeno en un ambiente cerrado, las personas que
estuviesen en él se apresurarían a taparse la nariz y acaso
también tratarían de huir. Si, de improviso, aumentara en forma
sensible la temperatura de un ambiente, quienes se encontraran
en él empezarían a desabrocharse el saco y a transpirar. Si,
36 J. B. W A T S O N
de improviso, la hiciera bajar de súbito, provocaría una reacción
diferente.
Además, en nuestro interior tenemos un campo igualmente
vasto en el que los estímulos pueden ejercer su efecto. Por
ejemplo, momentos antes de comer, los músculos del estómago
principian a contraerse y a dilatarse rítmicamente por la caren-
cia de alimento. En cuanto se lo ingiere, las contracciones cesan.
Tragando un pequeño globo y comunicándolo con un instru-
mento registrador, podemos determinar con facilidad la reacción
del estómago a la falta de alimento y la ausencia de reacción
en presencia del mismo. En el macho, de todos modos, la
presión de ciertos fluidos (semen) es susceptible de conducir
a la actividad sexual. En el caso de la hembra, la presencia
de ciertos cuerpos químicos también puede fácilmente provocar
una manifestación sexual explícita. Los músculos de nuestros
brazos, piernas y busto no sólo están sujetos a los estímulos
procedentes de la sangre; asimismo son estimulados por sus
propias reacciones, o sea: el músculo se encuentra en estado
de constante tensión; cualquier aumento de ésta, verbigracia,
al realizarse un movimiento, despierta un estímulo y motiva otra
reacción en ese músculo o en otro ubicado en alguna parte dis-
tante del cuerpo; cualquier disminución de dicha tensión, como
cuando el músculo se relaja, constituye análogamente un
estímulo.
Comprobamos, pues, que el organismo se halla de continuo
sometido a la acción de los estímulos —que llegan por la vista,
el oído, la nariz y la boca— los denominados objetos de nuestro
medio; al mismo tiempo, también el interior de nuestro cuerpo
se halla en cada instante sometido a la acción de estímulos
nacidos de los cambios en los tejidos mismos. ¡Por favor, no
se piense que en su interior el cuerpo es distinto o más mis-
terioso que en su exterior!
A través del proceso de la evolución humana los seres han
desarrollado órganos sensoriales — áreas especializadas como
los ojos, orejas, nariz, lengua, epidermis y conductos semi-
circulares * en las que determinados tipos de estímulos son su-
* En el capítulo III examinaremos cómo están constituidos los órganos sen-
soriales y cuál es su relación general con el resto del cuerpo.
E L C O N D U C T I S M O 37
mámente efectivos. A éstos, hay que agregar todo el sistema
muscular, los. músculos estriados (por ejemplo, los largos múscu-
los, rojos, de los brazos, piernas y busto) y lisos (por ejem-
plo, los que participan en la estructura hueca, semejante a un
tubo, del estómago, intestinos y vasos sanguíneos). Los múscu-
los no son, pues, órganos de reacción únicamente, sino también
sensoriales. Luego veremos que los dos últimos sistemas ejer-
cen enorme influencia en la conducta humana. Muchas de nues-
tras reacciones más íntimas y personales se deben a los estímu-
los creados por cambios en el tejido de nuestros músculos es-
triados y visceras.
COMO EL APRENDIZAJE MULTIPLICA LOS ESTÍMULOS
Uno de los problemas del conductismo es el que cabría
denominar "la multiplicación continua de los estímulos" a los
cuales responde el individuo. En verdad, esta cuestión es tan
compleja que, a primera vista, podríamos sentirnos tentados a
dudar de lo aseverado más arriba: que es posible prever la
reacción. Si se vigila el crecimiento y el desarrollo del ser
humano, se observará que si bien gran cantidad de estímulos
provoca reacciones en el recién nacido, muchos otros no des-
piertan ninguna. Sea como fuere, no determinan una reacción
igual a la que promueven más tarde. Por ejemplo, no se con-
sigue mucho enseñando a un infante un lápiz, un papel o la
partitura de una sinfonía de Beethoven. En otras palabras,
antes que ciertos estímulos puedan ejercer su influencia es
indispensable que se forme un hábito. Luego trataremos el
procedimiento mediante el cual nos es dable lograr que estí-
mulos comúnmente sin reacciones, las provoquen. El término
que de ordinario empleamos para describir este procedimiento
es "condicionamiento" (conditioning). En el capítulo II habla-
remos con mayor extensión de las "reacciones condicionadas".
Es el condicionamiento, desde la más tierna infancia, lo
que dificulta tanto al conductista poder anticipar cuál será una
determinada reacción. Por lo regular, la vista de un caballo
no suscita una reacción de miedo, y, sin embargo, en un grupo
de 30 a 40 personas casi siempre se encuentra alguna que
caminará una cuadra de más a fin de eludirlo. El estudio del
38 J. B. W A T S O N
conductismo nunca facultará a sus cultores para denunciar la
existencia de tal estado de cosas con sólo mirar a una persona.
No obstante, si el conductista advierte esta reacción, es muy
fácil para él señalar aproximadamente qué situación de la pri-
mera infancia del sujeto pudo provocar este tipo de reacción
poco frecuente en el adulto. A pesar de lo arduo que resulta
predecir en sus detalles cuáles serán las reacciones, insistimos,
en general, en la teoría de que nos es dado anunciar con ante-
lación qué hará nuestro vecino. Es la única base sobre la cual
nos es posible alternar con el prójimo.
¿QUE ENTIENDE EL. CONDUCTISMO POR RESPUESTA?
Hemos puesto ya de relieve que, desde el nacimiento
hasta la muerte, el organismo es atacado por estímulos en su
parte exterior y por estímulos engendrados en el cuerpo mismo.
Responde. Se mueve. La respuesta puede ser tan leve que
únicamente sea susceptible de observarla mediante instrumentos.
Podrá limitarse a un mero cambio en la respiración, o a un
aumento o disminución de la presión arterial. Acaso no suscite
más que un movimiento del ojo. Empero, las reacciones más
comúnmente observadas son los movimientos de todo el cuerpo,
de los brazos, piernas, tronco o combinaciones de todas las
partes movibles.
Por lo regular, aunque no siempre, la respuesta del orga-
nismo al estímulo trae aparejada una adaptación. Por adapta-
ción sólo entendemos que el organismo, al moverse, altera su
estado fisiológico de tal manera que el estímulo no provoca ya
reacciones. Este concepto acaso parezca un tanto complicado,
pero algunos ejemplos lo aclararán. En la persona hambrienta
las contracciones del estómago la estimulan a andar incesante-
mente de un lado a otro. Si mientras se mueve sin descanso,
divisa manzanas en un árbol, trepa a él de inmediato, las toma
y empieza a comerlas. Cuando esté harta, las contracciones
cesarán, y aunque a su alrededor cuelguen otras manzanas no
las tomará. Otro ejemplo: el aire frío me estimula. Me muevo
de un lado a otro hasta conseguir resguardarme del viento.
En campo abierto, quizá podría cavar un hoyo. Una vez gua-
recido, el viento ya no provoca en mí reacción alguna. Bajo
E L C O N D U C T I S M O 39
la excitación sexual, el macho puede hacer cualquier cosa para
capturar una "hembra complaciente. Satisfecha ya la actividad
sexual, el incansable movimiento de búsqueda concluye. La
hembra deja de estimular al macho.
A menudo se ha criticado al conductista el énfasis que
pone en la respuesta. A lo que parece, algunos psicólogos
creen que el conductista está exclusivamente interesado en re-
gistrar ínfimas respuestas musculares. Nada más erróneo. Insisto
en que al conductista le importa primordialmente la conducta
del nombre como un todo. Lo vigila de la mañana a la noche
en el desempeño de sus tareas diarias. Si está poniendo ladrillos,
desearía contar el número que es capaz de colocar en diferentes
condiciones; determinar hasta cuándo podría seguir sin ren-
dirse de cansancio; cuánto tiempo emplea para aprender su
tarea; la posibilidad de acrecentar su eficacia u obtener que
realice idéntica cantidad de trabajo en menor tiempo. En otras
palabras, la contestación que importa al conductista se sintetiza
en la sensata solución a este problema: ¿qué está haciendo y
por qué lo está haciendo? Tras esta enunciación, seguramente
nadie podrá desvirtuar el programa del conductista hasta el
punto de permitirse sostener que es un mero fisiólogo del
músculo.
El conductista afirma que todo estímulo efectivo tiene su
respuesta, y que ella es inmediata. Por estímulo efectivo enten-
demos el estímulo suficientemente fuerte para vencer la normal
resistencia al pase del impulso sensorial desde los órganos de
los sentidos a los músculos. En este punto es preciso no con-
fundirse por lo que suelen decir el psicólogo y el psicoanalista.
Si leemos sus exposiciones, cabría suponer que el estímulo
puede aplicarse hoy y provocar su efecto tal vez mañana, o
quizá en los próximos meses o años. El conductista no cree
en estas concepciones mitológicas. Es cierto que podrá presen-
tarse un estímulo verbal como éste: "Nos encontraremos mañana
a la una en el Ritz para almorzar". La contestación inmediata
es: "De acuerdo; no faltaré". Ahora bien, ¿qué sucede luego?
Es preferible no intentar aún avanzar sobre este punto difícil,
pero séanos permitido señalar que en nuestros hábitos ver-
bales existe un mecanismo en virtud del cual el estímulo se
4© J. B. W A T I O N
renueva de momento en momento hasta tanto ocurra la reac-
ción final: "ir al Ritz al día siguiente a la una".
CLASIFICACIÓN GENERAL DE LA RESPUESTA
Las dos clasificaciones sensatas de la respuesta son: "ex-
terna" o "interna" —o acaso sean mejores los términos "visi-
ble" * (explícita) e "implícita". Entendemos por respuestas
externas o explícitas los actos ordinarios del ser humano:
inclinarse para alzar una pelota de tenis, escribir una carta,
entrar en un auto y comenzar a manejar, cavar un hoyo en la
tierra, sentarse a preparar una conferencia, bailar, flirtear con
una mujer, hacerle el amor a la esposa. Para efectuar estas
observaciones no necesitamos instrumentos. Mas las respuestas
pueden hallarse completamente confinadas en los sistemas
musculares y glandulares del interior del cuerpo. Supongamos
un niño o una persona mayor con hambre que se encuentra
de pie, inmóvil delante de una vidriera repleta de confituras.
La primera observación de quien lo mire, podrá ser: "¡No
hace nada!" o, "simplemente mira las confituras". Un instru-
mento demostraría que sus glándulas salivales secretan, que su
estómago se -contrae y dilata rítmicamente, y que se están
produciendo notables cambios en la presión arterial —que las
glándulas endocrinas están vertiendo sustancias en el torrente
sanguíneo. Las respuestas internas o implícitas son arduas de
observar, no porque ellas sean esencialmente distintas de las
exteriores o explícitas, sino sólo a causa de que están ocultas
a la mirada.
Otra clasificación general es la de respuestas aprendidas
y no aprendidas. He mencionado antes el hecho de que la serie
de estímulos ante los cuales reaccionamos aumenta incesante-
mente. Merced a su estudio, el conductista ha descubierto que
la mayoría de los actos que vemos cumplir al adulto son real-
mente aprendidos. Solíamos pensar que muchos de ellos eran
"instintivos", es decir, "no aprendidos" — pero ahora nos en-
contramos a punto de desechar la palabra "instinto". Sin em-
bargo, llevamos a cabo muchas cosas sin necesidad de apren-
"Overt" en el original (T.J.
E L C O N D U C T I S M O 41
derlas: transpirar, respirar, hacer que nuestro corazón palpite,
que nuestra digestión se efectúe, que nuestros ojos se dirijan
a una fuente de luz, que las pupilas se contraigan, manifestar
miedo ante un sonido fuerte. Conservemos, pues, como segunda
clasificación: "respuestas aprendidas" — suponiendo que in-
cluyen todos nuestros hábitos complicados y todas nuestras
respuestas condicionadas; y respuestas "no aprendidas", en-
tendiendo por ellas cuantas ya realizamos en la primera in-
fancia antes que el proceso de condicionamiento y la formación
de hábitos predominen.
Otra manera, puramente lógica, de clasificar las respuestas
es la de caracterizarlas por el órgano sensorial que las origina.
Así, verbigracia, tenemos una respuesta visual no aprendida
— por ejemplo, el pequeño que al nacer dirige la vista a una
fuente luminosa. Opuesta a ella, una respuesta visual aprendida:
la respuesta a una pieza musical impresa o a una palabra.
Podría, además, darse una respuesta kinestésica * no aprendida:
el infante que reacciona llorando a causa de haber tenido un
brazo torcido durante un largo rato. Estaríamos frente a una
respuesta kinestésica aprendida si manipulamos un objeto de-
licado en la oscuridad, o caminamos por un laberinto. Asimismo,
podemos tener una respuesta visceral no aprendida: el llanto
provocado en una criatura de tres días por las contracciones
del estómago debidas a falta de alimento. Comparémosla con
la respuesta visceral aprendida o condicionada: la visión de
pasteles en la vidriera de una confitería que le hace agua la
boca a un estudiante hambriento.
Esta digresión acerca del estímulo y la respuesta sumi-
nistra una idea del material con que hemos de trabajar en
psicología conductista y porqué ésta se propone como meta
el que dado el estimulo, poder predecir la respuesta o, viendo
qué reacción tiene lugar, injerir cuál es el estímulo que la
ha provocado.
* Entendemos por kinestésico el sentido muscular. Nuestros músculos están pro-
vistos de terminaciones nerviosas, las cuales son estimuladas al moverse aquéllos.
Por consiguiente, es el movimiento del propio músculo el estímulo del sentido
muscular o kinestésico.
42 J. B. W A T S O N
¿ES EL CONDUCTISMO UNA MERA ORIENTACIÓN METODOLÓGICA EN EL
ESTUDIO DE LOS PROBLEMAS PSICOLÓGICOS O CONSTITUYE UN
VERDADERO SISTEMA DE PSICOLOGÍA?
Si —puesto que no halla un testimonio objetivo de su
existencia— la psicología dejase de lado los términos "mente"
y "consciencia", ¿qué sería de la filosofía y de las llamadas
ciencias sociales que actualmente se asientan sobre esos con-
ceptos? Casi a diario se interroga en este sentido al conductista;
a veces en forma de amistosa averiguación, otras, no tan cor-
dialmente. Cuando el conductismo luchaba por su sobrevivencia,
temía contestar dicha pregunta. Sus concepciones eran sobra-
damente novedosas; sus campos harto vírgenes para permitirse
siquiera pensar que algún día podría erguirse y decir a la
filosofía y a las ciencias sociales que también ellas debían
revisar sus premisas. Por ello, cuando así se le preguntaba,
la única réplica de que disponía el conductista era ésta: "Ahora
no puedo preocuparme de tales cuestiones. El conductismo es
en la actualidad una vía satisfactoria para arribar a la solución
de problemas psicológicos". En el presente, el conductismo está
fuertemente atrincherado. Encuentra que su modo de encarar
el estudio de los problemas psicológicos, así como el de la
formulación de sus resultados se tornan cada vez más adecuados.
Acaso nunca pretenda constituir un sistema. Realmente,
en todos los campos científicos los sistemas son anacrónicos.
Reunimos nuestros hechos de observación, y de tiempo en tiem-
po, seleccionamos un grupo y extraemos ciertas conclusiones
generales. En unos pocos años, al acumular nuevos hechos de
experiencia con mejores métodos, también habrá que modificar
estas conclusiones generales de ensayo. Todo campo científico
—la zoología, la fisiología, la química y la física— se encuentra
en estado de flujo. La técnica experimental, la recolección de
hechos por esta técnica y la tentativa de consolidarlos en una
teoría o en una hipótesis, describen nuestro procedimiento
científico. Juzgado sobre esta base, el conductismo constituye
una verdadera ciencia natural.
//. Cómo Estudiar la Conducta Humana
PROBLEMAS, MÉTODOS, TÉCNICA Y ALGUNOS
DE LOS RESULTADOS
Análisis de problemas psicológicos. Observación bajo control experi-
mental. Naturaleza general1
de los problemas psicológicos y sus soluciones.
Sustitución o condicionamiento de estímulos. Sustitución de la respuesta.
¿Podemos establecer respuestas totalmente nuevas? Método del reflejo
condicionado. Sustitución del estímulo en las reacciones glandulares.
Respuestas glandulares diferenciales. Sustitución del estímulo en las reac-
ciones salivales humanas. ¿Pueden condicionarse otras glándulas? Sus-
titución de estímulos en reacciones motoras de los músculos estriados y
lisos. Sustitución en el campo de las reacciones de la totalidad corporal.
(Reacciones emocionales condicionadas). Resumen de los experimentos
sobre sustitución del estímulo. Otros métodos de experimentación. El
llamado test "mental" como método conductista. Experimentación social.
Lo que puede aprenderse de la observación realizada con sentido común.
ANÁLISIS DE PROBLEMAS PSICOLÓGICOS
¿Por qué la gente se comporta en la forma que lo hace?
¿Cómo yo, conductista, en nombre de la ciencia, puedo lograr
que los individuos se comporten hoy diferentemente de ayer?
¿Hasta qué punto nos es dable modificar la conducta por el
entrenamiento (condicionamiento)? Estos son algunos de los
principales problemas de la psicología conductista. Para alcanzar
estos objetivos científicos, el conductista, al igual que cualquier
otro hombre de ciencia, debe realizar observaciones.
En la observación psicológica hay diversos niveles. Todos
los días efectuamos observaciones casuales de trozos de con-
ducta. A menudo, no recurrimos a los experimentos para per-
feccionar la observación. En nuestras observaciones sobre la
vida diaria de los vecinos no es menester una técnica controlada
44 J. B. W ATSO N
mediante el empleo de instrumentos. Nuestras observaciones de
sus actos son siempre más o menos casuales.
Por ejemplo, tomemos una simple observación sin con-
trolar. Una madre duerme en una silla. Le hablamos, pero no se
obtiene respuesta. Hacemos que afuera en el patio el perro ladre
débilmente; tampoco se logra una respuesta. Entonces nos diri-
gimos al dormitorio del niño y provocamos su llanto. En seguida
la madre de un salto se incorpora de la silla y corre al cuarto
del niño.
Otro ejemplo parecido. Mi perro, un airedale, duerme a
mis pies. ¿Qué ocurre si hago crujir el diario? Sólo un cambio
en la respiración. ¿Si tiro al suelo un cuaderno? Otro cambio
en la respiración — un pulso acelerado y un leve movimiento
de la cola y de la pata. Me pongo de pie sin tocarlo: inme-
diatamente el perro se levanta de un salto, listo para jugar,
pelear o comer.
En ambos casos, a fin de descubrir cómo lograría que se
condujesen de cierta manera, empecé por utilizar estímulos
—objetos— que se encontraban en el ambiente de mis sujetos.
La raza humana existe desde hace cientos de miles de
años; durante ese tiempo, hemos conseguido recoger gran
número de datos sobre el efecto que diversos estímulos pro-
ducen en la conducta humana. Mucho de este material se ha
reunido —con seguridad sin mediar análisis crítico— por
haberse observado la frecuente repetición de un mismo suceso.
Juntamos estas observaciones y obtuvimos ciertas conclusiones.
Buena parte de nuestros datos acerca de la forma en que los
seres humanos viven en sociedad, se han alcanzado de esa
manera: sin fiscalización experimental. Exactos o falsos, son los
únicos datos de que disponemos referentes a la sociedad. Por
ellos nos guiamos en el control de la conducta ajena.
Se aumenta los salarios de nuestros empleados; se les
ofrece bonificaciones y vivienda por un alquiler nominal que
les permita contraer matrimonio; se instalan baños, campos de
juego. Manipulamos estímulos constantemente, manejándolos en
acción combinada frente al ser humano a objeto de determinar
qué reacción provocarán; confiando que estará "de acuerdo con
el progreso", será "deseable", "buena". (Y, por "deseable",
"bueno", "de acuerdo con el progreso", la sociedad entiende,
E L C O N D U C T I S M O 45
en verdad, reacciones que no perturben su tradicional orden de
cosas (reconocido y estatuido).
Por otro lado, el observador provisto de sentido común,
suele operar en dirección contraria. El individuo está haciendo
algo —reaccionando—, comportándose. A fin de que sus mé-
todos resulten socialmente eficaces, para poder reproducir esta
reacción (y acaso asimismo en otro individuo), intenta el ob-
servador precisar qué situación ha causado esta particular
reacción.
OBSERVACIÓN BAJO CONTROL EXPERIMENTAL
En las observaciones hasta aquí elegidas, no ha entrado
cuestión alguna de experimentación o técnica. Observaciones y
conclusiones han carecido de precisión científica. Tomemos otro
ejemplo de conducta, de mayor complejidad — una conducta
sólo comprensible después de sometida al control experimental.
Observemos cualquier grupo de hombres y mujeres que bos-
tezan y luchan contra el sueño en una abigarrada sala de con-
ferencias. ¿Por qué se tornan soñolientos? ¿Será aburrida la
disertación? ¿O pobre la ventilación? La antigua teoría solía
expresarse más o menos así: "En una sala apiñada de público,
el oxígeno se consume rápidamente, produciendo la formación
de un exceso de bióxido de carbono en el aire que respiramos;
el bióxido de carbono es malo, provoca el bostezo, el sopor,
y, si aumenta mucho, hasta puede matarnos". Pero supon-
gamos que no hallamos satisfactoria esta explicación y empe-
cemos a hacer experimentos. Colocamos los sujetos en un am-
biente cerrado hasta que la tensión de C02 sea considera-
blemente superior a la de un teatro colmado de público: los
sujetos se ponen soñolientos. Luego bombeamos nuevo oxígeno
en el ambiente: siguen con sueño. Cuando damos movimiento a
un ventilador y cambiamos y refrescamos el aire, el sueño des-
aparece. Conclusión: bostezamos y sentimos sueño porque la
temperatura va en ascenso alrededor de nuestro .cuerpo — par-
ticularmente en los espacios de aire en reposo entre la piel y
la ropa; el aumento de tensión C02 si bien puede ser real,
nada tiene que ver con la reacción. El método científico nos
ha permitido no sólo identificar el estímulo causante de la
46 J. B. W A T S O N
reacción, sino también controlar con eficacia la reacción, remo-
viendo o modificando el estímulo.
NATURALEZA GENERAL DE LOS PROBLEMAS PSICOLÓGICOS
Y SUS SOLUCIONES
Cabe plantear todos nuestros problemas psicológicos y sus
respectivas soluciones en términos de estímulo y respuesta.
Empleemos la abreviación E para estímulo (stimulus) (o la
más compleja "situación") y R para respuesta. Podemos es-
quematizar nuestro problema de la manera siguiente:
E R
Dado (A determinar)
E R
(A determinar) (Dada)
El problema se resuelve cuando:
E R
Ha sido determinado Ha sido determinada
SUSTITUCIÓN O CONDICIONAMIENTO DE ESTÍMULOS
Hasta ahora hemos expuesto nuestro método muy senci-
llamente. Hicimos creer que el estímulo necesario para provocar
la reacción existe aparte, a manera de una entidad que sólo
aguarda ser descubierta y presentada al sujeto. Asimismo
hemos hablado como si la reacción fuese una cosa o entidad
siempre lista a manifestarse en cuanto se estimule debidamente
el organismo. Una simple observación demuestra que nuestro
enunciado era inexacto y requiere ser alterado. En el capítulo
inicial (pág. 36), se indicó cómo algunos estímulos, cuando
se aplican por primera vez, no parecen ejercer un efecto per-
ceptible y, con seguridad, carecen del efecto que suscitan des-
pués. Ilustremos este concepto volviendo a nuestra fórmula.
Tomemos, por ejemplo, una reacción establecida (no apren-
dida), de la cual conocemos el estímulo y la respuesta:
E R
Choque eléctrico Retiro de la mano
E L C O N D U C T I S M O 47
Por el momento, el simple estímulo visual de una luz roja no
provoca el retiro de la mano. Tampoco la luz roja puede causar
reacción alguna- (cualquier reacción que provoque se deberá
a un condicionamiento anterior). Pero, si muestro la luz roja
y luego, de inmediato o poco después, estimulo la mano de mi
sujeto con la corriente eléctrica y repito el procedimiento
suficiente número de veces, la luz roja provocará incontinenti
el retiro de la mano. La luz roja (E) se convierte ahora en un
estímulo sustituto: provocará R cuantas veces estimule al sujeto
en esta forma. Algo sucedió para que se produjera este cambio,
al cual —conforme se indicó—, se denomina condicionamiento
— la reacción permanece la misma, pero hemos aumentado el
número de estímulos susceptibles de despertarla. A fin de ex-
presar el nuevo estado de cosas, describimos este cambio
hablando (no muy propiamente) de estímulo condicionado.
Conviene recordar empero que cuando hablamos de estímulos
condicionados y de respuestas condicionadas, entendemos que
lo condicionado es el organismo todo.
Frente al estímulo condicionado tenemos el incondicionado.
Ciertos estímulos provocarán respuestas definidas desde el na-
cimiento. Presentemos unos pocos ejemplos de estímulos in-
condicionados:
E
Luz
Golpear el tendón ba-
jo la rodilla
Acido en la boca
Pinchar, quemar y
cortar la piel
R
Contracción de las pupilas
Desviación de los ojos
Salto de la pierna (re-
flejo patelar)
Secreción salival
Retiro del cuerpo,
llanto, gritos
Observaciones realizadas con niños prueban que si bien
existen miles de estímulos incondicionados, su número es rela-
tivamente escaso si se lo compara con el de los condicionados.
Los estímulos condicionados se cuentan por millares. Cada una
de las 15.000 palabras impresas y escritas ante las cuales el
individuo bien educado responde en forma organizada, consti-
tuye un caso de estímulo condicionado. Lo son igualmente cada
uno de los instrumentos que usamos en el trabajo; cada persona
48 J. B. W A T S O N
que provoca en nosotros una respuesta. Nunca se ha podido
precisar el número total de los estímulos condicionados e in-
condicionados a los cuales podemos responder.
No es posible apreciar en toda su importancia la susti-
tución o condicionamiento del estímulo: acrecienta enormemente
la cantidad de cosas que provocan respuestas. De acuerdo con
lo que hasta el presente sabemos (falta una real evidencia
experimental), nos es dable tomar cualquier estímulo que des-
encadena una reacción "standard" y sustituirlo por otro.
Volvamos por un instante a nuestra fórmula:
E R
Es obvio que si determinamos E, debemos establecer si es un
estímulo "I" (incondicionado) o "C" (condicionado). El ex-
perimento enseña, según hemos expuesto arriba, que la pre-
sencia de una gota de ácido en la boca provoca en el sujeto,
ya desde su nacimiento, secreción salival: es un ejemplo de
estímulo congénito o incondicionado. La visión de un humeante
pastel de cerezas, que también provoca la actividad de las
glándulas salivales, constituye un caso de estímulo visual con-
dicionado. El ruido de los leves pasos de la madre, que hace
cesar el llanto del hijo, lo es de estímulo auditivo condicionado.
SUSTITUCIÓN DE LA RESPUESTA
¿Podemos sustituir o condicionar una respuesta? El ex-
perimento nos muestra que el proceso de sustitución o condi-
cionamiento de una respuesta tiene lugar en todos los animales
toda la vida. Ayer un perrito provocó en un niño de dos
años de edad las respuestas siguientes: mimos, palabras cari-
ñosas, juegos y risas.
E R
Vista del perro Manipuleo, risas
Hoy el mismo animal provoca:
E R
Vista del perro Gritos, retiro del cuerpo
E L C O N D U C T I S M O 49
Algo ha sucedido. Ayer tarde, mientras jugaba, el perro lo
mordió demasiado fuerte — le desgarró la piel haciéndole
sangrar. Sabemos que:
E R
Cortar, quemar Retiro del cuerpo,
la piel gritos
En otras palabras, mientras el estímulo visual perro continúa
siendo sustancialmente el mismo, presentóse una reacción co-
rrespondiente a otro estímulo incondicionado (cortar, pinchar
la piel) *.
El condicionamiento de respuestas es tan importante como
el de los estímulos. Inclusive tiene mayor alcance social. Mu-
chos de nosotros estamos rodeados de situaciones fijas e
inmutables: verbigracia, el tipo de hogar donde vivimos, pa-
rientes a quienes debemos halagar y tratar gentilmente, esposas
"que no comprenden", apetitos sexuales ineludibles (el matri-
monio con una persona inválida o insana), deformaciones físicas
(estados permanentes de inferioridad), etc. Las reacciones a
los estímulos permanentes a menudo son abortivas, inadecuadas
para la adaptación; arruinan nuestra constitución y son sus-
ceptibles de convertirnos en psicópatas. El hecho de que dis-
tintas reacciones puedan condicionarse —a las que ADOLPH
MEYER define como reacciones sustituías— constituye una
verdadera esperanza, si no para la nuestra, para las genera-
ciones futuras. A este proceso suele denominárselo "sublima-
ción". No se ha precisado aún sobre bases fisiológicas si la
actividad condicionada, sustituida o sublimada, es tan adecuada
para la adaptación permanente como la incondicionada. A juzgar
por la corta duración de muchas de las "curas" psicoanalíticas,
cabría suponer que las reacciones sustituías, por lo menos
en el campo sexual, no se adecúan al organismo en forma
permanente.
* Desde el punto de vista del laboratorio, no existe realmente fundamental
diferencia entre un estimulo condicionado y una respuesta condicionada.
50 J. B. W A T S O N
¿PODEMOS ESTABLECER RESPUESTAS TOTALMENTE NUEVAS?
Ciertamente, desde la infancia no se vuelve a encontrar
nuevas vías nerviosas en la estructura cerebral. Las conexiones
nerviosas se hallan completamente establecidas al nacer. No
obstante, el número de las reacciones incondicionadas, no
aprendidas, es demasiado reducido como para tenerlo presente
en el caso del adulto. Sin embargo, permítasenos llamar la
atención acerca del hecho de que existen miles de respuestas
no aprendidas e incondicionadas, como los movimientos de los
dedos y de los brazos, de los ojos, de los dedos de los pies,
y de las piernas, que escapan por completo a la mirada del
observador no ejercitado. Estos son los elementos con los cuales
se integrarán nuestras respuestas organizadas, aprendidas,
evidentemente por el proceso de condicionamiento. Estas res-
puestas simples, incondicionadas, embriológicas, en virtud de
la presentación de estímulos apropiados (la sociedad lo hace
por nosotros), pueden agruparse e integrarse en respuestas
condicionadas complejas, o hábitos, como el tenis, la esgrima,
la fabricación de zapatos, las reacciones maternas, las religio-
sas, etc. Estas respuestas complejas son, por consiguiente,
integraciones. El organismo comienza su vida con más res-
puestas elementales de las que necesita. Por numerosos que
parezcan sus complicados actos organizados, se utilizan rela-
tivamente pocos de sus vastos recursos.
A fin de obtener ejemplos de grupos de respuestas con-
dicionadas, aunque difusas y muy dispersas, ante un estímulo,
que se transforman luego en un grupo limitado de respuestas
condicionadas (o hábitos), recurramos a la rata blanca. La
hemos dejado sin alimento durante 24 horas. Pusimos su ración
en una jaula experimental de alambre que se abre levantando
una tranca antigua de madera. La rata nunca se ha encontrado
en una situación semejante. Supongamos por hipótesis que
todas sus primeras reacciones son innatas y no aprendidas (lo
cual seguramente no es cierto). ¿Qué hace? Corre alrededor,
muerde los alambres, introduce el hocico entre las mallas, tira
hacia sí la comida, clava las uñas en la puerta móvil, levanta
la cabeza y husmea la jaula. Obsérvese que cada reacción
parcial necesaria a fin de solucionar el problema ha sido exhi-
E L C O N D U C T I S M O 51
bida muchas veces. Estas reacciones parciales están presentes
en su equipo de actos incondicionados o no aprendidos. Ellos
son: 1) caminar o correr hacia la puerta; 2) levantar la cabeza
—acto que si se realiza en determinado momento conseguirá
levantar la tranca; 3) tirar de la puerta con las uñas; 4) trepar
sobre el umbral en procura del alimento. De las numerosas
respuestas incondicionadas manifestadas por la rata, sólo cuatro
son necesarias — si le damos tiempo, logrará siempre acci-
dentalmente la solución. Mas, para resolver el problema con
eficacia, estas cuatro reacciones deben ser espaciadas y opor-
tunas, articuladas o integradas. Cuando la integración, articu-
lación o condicionamiento se completa, todas las otras respuestas,
excepto 1 - 2 - 3 - 4 , desaparecen. Hablaríamos correctamente si
dijéramos que tal respuesta 1 - 2 - 3 - 4 constituye una res-
puesta nueva y condicionada. Este proceso es lo que general-
mente denominamos formación del hábito.
La mayoría de nosotros ha estudiado la formación del
hábito; por lo menos, creemos saber mucho al respecto. Pero,
aunque estuviéramos al tanto de cuantos datos se han acumu-
lado, difícilmente podríamos elaborar una teoría consistente
acerca de cómo se forman los mismos. En este campo, intros-
pectistas y conductistas han trabajado en masse, diríamos, a
fin de establecer varias cuestiones de hecho: tales como los
factores que contribuyen a la rapidez en la formación y exac-
titud de los hábitos y a su permanencia; el efecto de formar
simultáneamente dos o más hábitos; su transferencia, etc. Em-
pero, ningún investigador ha planteado sus problemas expe-
rimentales de una manera que posibilitase construir con sus
datos una teoría-guía de la formación del hábito.
Tampoco ha sido resuelta todavía la relación entre lo que
de ordinario llamamos formación del hábito y el condiciona-
miento de los estímulos y las respuestas. Personalmente, pensa-
mos que hay pocas novedades en lo referente a la formación del
hábito, pero quizá estemos simplificando con exceso la cuestión.
Cuando enseñamos al animal o al ser humano a dirigirse hacia
una luz roja y no hacia una verde, a mantenerse en el camino
acertado y a no meterse en un callejón sin salida, o a abrir
una de las mencionadas jaulas experimentales, creemos que so-
lamente establecemos una respuesta condicionada — el estímulo
52 J. B. W A T S O N
permanece constante. Estamos trabajando con el propósito de
conseguir una reacción "nueva" o condicionada. Sin embargo,
en los casos en que existe una necesidad social o experimental
de mantener constante la reacción, pero de cambiar el estímulo,
según acontece cuando durante largo tiempo un individuo
experimenta reacciones amorosas por una mujer que no le
corresponde (arriesgando así toda su estructura vital), es me-
nester una sustitución de estímulo (una transferencia, según
definen los psicoanalistas). Si la sustitución se efectúa, tenemos
un ejemplo de estímulo condicionado.
Si bien nuestros estudios relativos a la formación del hábito
en ambos campos, humano y animal, han carecido de guía
teórica, gracias a ellos ha sido dable obtener abundante y va-
liosa información para la psicología. En efecto, cabe considerar
la prosecución de los trabajos tocantes a "la formación del
hábito", como la principal preocupación del psicólogo hasta la
muy reciente introducción de los métodos del reflejo condi-
cionado. Esta teoría provocó una revisión del problema total
y una reorganización de todo nuestro programa experimental.
Hemos de postergar para otro capítulo una más amplia
discusión de la "formación del hábito" propiamente dicha, y
continuar aquí con el trabajo experimental efectuado con los
"reflejos condicionados". Puede notarse que, en su mayor parte,
atañe realmente a las sustituciones del estímulo y no a las de
la reacción. Es más bien escaso el realizado sobre este último
punto. El trabajo práctico de los psiquiatras y de los analistas
ha sido en buena medida de igual carácter. La inhibición de la
respuesta (por condicionamiento) es otra cuestión de idéntica
importancia, pero a este respecto disponemos de pocos datos
experimentales sobre sujetos humanos.
MÉTODO DEL REFLEJO CONDICIONADO. SUSTITUCIÓN DEL ESTIMULO
EN LAS REACCIONES GLANDULARES
Los estudios de laboratorio acerca de la sustitución del
estímulo han progresado más en el campo animal que en el
campo humano. Puede que valga la pena revisar algunos de ellos.
Las investigaciones sobre reflejos condicionados se iniciaron
sobre perros, forma en la cual la exactitud experimental del
E L C O N D U C T I S M O 53
método puede apreciarse con mayor claridad. El psicólogo ruso
PAVLOV y sus discípulos, fueron los principales investigadores
en este terreno *.
Recuérdese por un momento que podemos reaccionar me-
diante dos diferentes tipos de tejidos: 1) nuestras glándulas, y
2) nuestros músculos, estriados y viscerales. (Ver pág. 36).
La salival es la glándula que usualmente se elige para las
experiencias. Según el Dr. G. V. ANREP, antiguo discípulo de
PAVLOV, dicha glándula es un órgano simple, no compuesto
como el sistema muscular. Por otra parte, es mucho más inde-
pendiente del cuerpo y su actividad puede graduarse con mayor
facilidad que la de los músculos.
Conforme se ha dicho, el estímulo primario o incondicio-
nado que provoca una reacción salival es algún alimento o
sustancia acida introducida en la boca:
E R
Alimento, ácido Flujo salival
El problema consiste ahora en tomar algún otro estímulo
que no provoque el flujo salival —en realidad no debe pro-
vocar en el perro ninguna reacción general marcada— y tratar
de conseguir que provoque la respuesta salival. El experimento
demuestra que los estímulos visuales, como, verbigracia, discos
coloreados, formas geométricas, ruidos y sonidos simples, con-
tactos de cuerpos, no son capaces de provocar respuestas sali-
vales. Sin embargo, todos ellos pueden condicionarse. Prime-
ramente se le practica al perro una sencilla incisión en forma
de fístula en el conducto de la parótida — o sea una pequeña
abertura que vaya de la glándula hasta la superficie externa
en la mejilla, y en esta salida se asegura un pequeño tubo.
Así, las gotas de saliva que provengan de la glándula, en
lugar de llegar a la boca pasan ahora por un tubo externo.
Se conecta este tubo con un aparato que automáticamente
registra el número de gotas que fluyen de la glándula. Se aisla
al animal del experimentador y de todo estímulo: auditivo,
* La reciente publicación de PAVLOV, "Lectures on Conditioned Reflexes" (Lec-
ciones sobre los reflejos condicionados), nos brinda una exposición completa del
trabajo cumplido en su laboratorio.
54 J. B. W A T SON
olfatorio, visual o cualquier otro no controlado por aquél. La
aplicación de ambos estímulos, incondicionado y condicionado,
se realiza en forma automática desde fuera del ambiente donde
se encuentra el animal. Su observación se lleva a cabo mediante
un periscopio.
Se ha comprobado que es factible sustituir a voluntad el
alimento o el ácido por cualquier otro estímulo y obtener la
respuesta salival siempre que apliquemos el estímulo (C) al
mismo tiempo que el alimento o el estímulo ácido (I); en rea-
lidad, asimismo podemos aplicar el estímulo C antes del es-
tímulo /. Empero, evidentemente, si el estímulo / es aplicado
primero, el condicionamiento no tiene lugar. Por ejemplo,
KRESTOVNIKOV experimentó durante un año administrando antes
el estímulo /; el estímulo C lo aplicaba sólo breves segundos
más tarde, sin poder establecer nunca la reacción. Cuando el
estímulo C precede al estímulo /, el condicionamiento se pro-
duce luego de 20 a 30 aplicaciones combinadas. El intervalo
de tiempo entre la administración de C y la de /, puede variar
desde pocos segundos hasta cinco o más minutos.
Supongamos que, en un señalado caso, buscamos condi-
cionar un estímulo táctil para que provoque una respuesta
salival. Estimulamos táctilmente al animal en un punto sobre
el muslo izquierdo durante 4 segundos, y luego de una pausa
de otros 4 ó 5 segundos, suministramos el estímulo incondi-
cionado, carne pulverizada y galleta para perros (I). Repetimos
la experiencia aproximadamente durante dos meses, reprodu-
ciendo el estímulo de cuatro a diez veces diarias, con un inter-
valo de 7 a 45 minutos después de cada aplicación. La susti-
tución del estímulo entonces se habrá completado y el estímulo
táctil (C) provocará el mismo número de gotas de saliva que
la carne pulverizada y la galleta para perros (I).
Mediante este sencillo procedimiento, hemos ampliado la
serie de estímulos ante los cuales el perro puede reaccionar
de una manera determinada. En vez de nuestra fórmula ante-
rior, ahora leeremos:
E R
Carne pulverizada y Por ejemplo, 60 gotas
galleta para perros de 0.01 cm3
en 30
Estímulo táctil sobre segundos
el muslo izquierdo
E L C O N D U C T I S M O 55
Por lo tanto, estamos ante un ejemplo de sustitución
completa del estímulo. La magnitud de la reacción que sigue
al estímulo condicionado es igual a la provocada por el incon-
dicionado, dentro de los límites del error experimental.
Aplicando este simple procedimiento, nos es dado probar
toda la serie de estímulos a los cuales responde un animal.
Verbigracia, supongamos ahora que tenemos un animal condi-
cionado de modo que la luz de cualquier amplitud de onda
provoque la respuesta salival. Luego de condicionarlo, intenta-
mos descubrir si es sensible a ondas de menor amplitud que
las que afectan al ojo humano. Empezamos con la luz verde
del espectro y seguimos acrecentando en forma gradual la am-
plitud de las ondas del estímulo luz, hasta tanto la reacción no
se produzca. Ello nos da la extensión del campo de sensibili-
dad del animal en la mayor amplitud de onda. Despertamos
otra vez la reacción ante la luz verde, y progresivamente vamos
acortando la longitud de onda, hasta que la reacción desaparez-
ca; esto nos permite establecer su capacidad de percepción en
las más cortas longitudes de onda. Cabe aplicar el mismo mé-
todo al aspecto auditivo. Ciertos investigadores han encon-
trado que el perro reacciona ante sonidos de mucho mayor fre-
cuencia de vibración que el ser humano. Sin embargo, el hom-
bre y el perro nunca han sido sometidos a un experimento en
idénticas condiciones.
RESPUESTAS GLANDULARES DIFERENCIALES
Con procedimientos ligeramente distintos nos es factible
establecer las llamadas respuestas diferenciales. Demos por su-
puesto que hemos condicionado al perro con un determinado
tono "A", hasta producir la respuesta salival en la misma for-
ma que la carne pulverizada. Cualquier otro tono "B" provo-
cará, desde un principio, una respuesta salival (irradiación).
¿No es posible cambiar y conformar el sistema de reacción del
perro de suerte que no reaccione frente al estímulo "B", sino
únicamente ante "A"? Sí, dentro de los límites de la habilidad
del perro para responder a diferencias de tono (lo cual es un
tanto dudoso). ANREP sostiene que existe la respuesta diferen-
cial a una mínima diversidad de tono. JOHNSON, experimentan-
56 J. B. W A T SON
do con otros métodos, no halla respuesta diferencial ante cam-
bios de tono. Cuando, por ejemplo, experimentamos con reac-
ciones diferenciales a estímulos sonoros, procedemos a "fijar"
o circunscribir el estímulo "A" más estrechamente, suministran-
do el alimento cada vez que vibra el tono "A", y suprimiéndolo
cuando vibra el "B". Muy pronto "A" provocará la secreción
salival completa, en tanto que "B" no provocará en absoluto
reacción alguna.
Este método es aplicable de igual modo en todo el campo
sensorial. Nos es dable contestar a las cuestiones: ¿Con cuánta
exactitud puede reaccionar el perro ante los ruidos, ante diver-
sas diferencias en la longitud de ondas, ante los olores?
Algunos de los hechos generales resumidos por ANREP,
en lo atinente al estudio de los reflejos salivales en los perros,
pueden enumerarse así:
1) Las respuestas condicionadas, como todos los
otros hábitos, son más o menos temporales e inesta-
bles. Después de un período en que no se hayan prac-
ticado, cesan, desaparecen. No obstante, pueden ser
prontamente restablecidas. En un caso observado, se
exploró el reflejo salival de un perro después de un lapso
de dos años. El reflejo condicionado subsistía, pero no
era invariable. Tras de reforzárselo, quedó completa-
mente restablecido.
2) El estímulo sustituto puede fijarse y especifi-
carse. Ningún otro estímulo de su categoría provoca-
rá, después, el mismo reflejo. Si se condiciona un pe-
rro con un metrónomo, ningún otro ruido suscitará
igual respuesta.
3) La magnitud de la respuesta depende de la in-
tensidad del estímulo. Auméntese el estímulo y se ob-
tendrá un aumento en la respuesta. Y, si un estímulo
continuado —un ruido o un tono— es interrumpido, tie-
ne idéntico efecto que el aumento del estímulo: aumen-
tará la intensidad de la respuesta.
4) Existe un marcado efecto adicional. Si se con-
diciona un perro al sonido y al color separadamente,
cuando se aplican los estímulos simultáneamente obser-
E L C O N D U C T I S M O 57
vamos un notable aumento en el número de las gotas
salivales secretadas.
5) Las respuestas condicionadas pueden extinguir-
se (PAVLOV sostiene que nunca desaparecen en forma
definitiva) . La falta del ejercicio las extingue. Lo mis-
mo ocurre mediante la repetición continuada del estí-
mulo. La "fatiga" no es la causa de su extinción; en
el caso del perro condicionado separadamente al sonido
y al color, si se suprime el estímulo óptico, el auditivo
provocará la respuesta en toda su intensidad.
SUSTITUCIÓN DEL ESTIMULO EN LAS REACCIONES SALIVALES HUMANAS
En la pág. 53 apunté que para experimentar con reaccio-
nes salivales sobre perros era menester recurrir a una sencilla
operación. Esto, naturalmente, no se puede hacer con los seres
humanos (salvo en caso de accidentes). Sin embargo, el doc-
tor K. S. LASHLEY ha perfeccionado un pequeño instrumento
que da igual resultado. Consiste en un pequeño disco de plata
de diámetro aproximado de una moneda de 5 centavos y de
un espesor de y8", acanalado en una cara, formando así dos
cámaras no comunicantes. Cada cámara está provista de un
tubito delgado de plata que sale de la misma. La cámara cen-
tral se coloca sobre la abertura minúscula donde la glándula
se asoma a la superficie interior de la mejilla. El tubo deri-
vado de esta cámara lleva a un pequeño aspirador que crea un
vacío parcial en ella. Esto sirve para que todo el disco se adhie-
ra fuertemente a la superficie interna de la mejilla. Todo el
aparato, llamado "sialómetro" (registrador de saliva), es mu-
cho más cómodo de lo que cabría imaginar por esta descripción.
Es posible comer y dormir con el aparato puesto.
Como en el perro, sustancias alimentarias o ácidos (I) pro-
vocan en el hombre una respuesta salival:
E R
Alimento, ácido Secreción de flujo
salival
Al igual que en los perros, los estímulos pueden sustituir-
se en los seres humanos. El estímulo visual de un cuenta-
58 J. B. W A T S O N
gotas no provocará el flujo salival desde un principio; pero,
si el sujeto observa cómo se coloca la pipeta en una solución
de ácido y luego se le aplica la solución sobre la lengua, la
vista de la pipeta pronto llegará a provocarlo. Ahora, tenemos:
E R
Alimento, ácido o Flujo salival
visión de la pipeta
De esta manera, hemos condicionado a nuestro sujeto. Aquí
también, hemos ampliado, en el terreno humano, la serie de
estímulos que provocan una reacción salival. Es evidente que
el condicionamiento de la glándula salival humana se produce
durante la vida en una escala considerable; buen ejemplo de
ello es el hacerse agua la boca del niño o del adulto a la vista
de manjares sabrosos. Mientras no se realicen pruebas experi-
mentales, no será dable observar estas reacciones condicionadas.
No se trata de "asociación de ideas": el sujeto no puede "in-
troinspeccionarse" acerca de ellas; tampoco puede decir si están
presentes o no. ¿Nos es permisible llamar la atención de ustedes
sobre el hecho de que esta glándula no se halla bajo el deno-
minado control "volitivo", o sea, que no es posible "querer"
hacerla secretar o "querer" detener su secreción?
¿PUEDEN CONDICIONARSE OTRAS GLÁNDULAS?
En virtud del trabajo realizado por PAVLOV y sus discípulos,
sabemos a ciencia cierta que las glándulas del estómago y otras
glándulas viscerales pueden condicionarse en la misma medida
que las salivales. Otros han demostrado que tales glándulas
pueden asimismo ser condicionadas en el ser humano. No con-
tamos con trabajo experimental alguno relativo a la sustitución
del estímulo en otras glándulas de secreción externa. Tenemos
motivos para creer que puede condicionarse la micción y el
orgasmo en el macho, pero a ello nos referiremos luego (pá-
gina 59), al tratar la probabilidad de reacciones musculares
condicionadas.
La otra glándula de secreción externa, fácilmente accesible
a la experimentación (pero, que nosotros sepamos, todavía sin
experimentarse) es la glándula lacrimal. Probablemente, mu-
E L C O N D U C T I S M O 59
chas lágrimas del infante, del fanático del teatro, del criminal
y del inválido' simulador sean típicos ejemplos de este condicio-
namiento. Las glándulas de la piel también pueden ofrecer in-
teresantes perspectivas experimentales.
Ignoramos si es posible condicionar las glándulas de se-
creción interna, la tiroides, las suprarrenales, la pineal y otras.
Pero las reacciones emocionales pueden condicionarse, lo cual
involucra el cuerpo entero. Si es así, evidentemente las glán-
dulas de secreción interna deben seguir la serie y desempeñar
su propio papel. Y tenemos pruebas suficientes para afirmarlo.
En las reacciones emocionales condicionadas, ambas glándulas,
suprarrenales y tiroides, parecen cambiar su ritmo funcional.
SUSTITUCIÓN DE ESTÍMULOS EN REACCIONES MOTORAS DE LOS
MÚSCULOS ESTRIADOS Y LISOS
Las reacciones de los músculos estriados. — BECHTEREW,
otro fisiólogo ruso, y sus discípulos, nos han enseñado que
los estímulos que provocan respuestas de los músculos estriados
de los brazos, piernas, busto y dedos, pueden ser sustituidos
de manera similar. Una de las formas más simples para obtener
una respuesta incondicionada mediante un estímulo incondi-
cionado, consiste en aplicar un estímulo cortante o contundente.
El choque eléctrico constituye igualmente un estímulo adecuado.
Nuestra fórmula originaria diría:
E R
Cortar, golpear, que- Retiro del brazo, pier-
mar, choque eléctrico na, dedo
Si el pie descansa sobre un disco eléctrico, será sacudido cada
vez que se dé paso a la corriente. Sobre un cilindro tiznado po-
demos registrar este movimiento de la pierna o del pie; y lo
mismo es factible hacer con cada administración de la corriente
eléctrica.
Según se ha demostrado, los objetos comunes, visuales y
auditivos, no suscitan este rápido reflejo del pie. El ruido de
un zumbador eléctrico, verbigracia, no provocará absolutamente
nada. Pero estimulemos al sujeto en forma simultánea con el
zumbador y con las sacudidas eléctricas, 24 ó 30 veces (más
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf
Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf

Más contenido relacionado

Similar a Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf

Actos de significado (Bruner).pdf
Actos de significado (Bruner).pdfActos de significado (Bruner).pdf
Actos de significado (Bruner).pdf
ssuser7c8a34
 
Levi-Strauss Antropologia estructural Mito-sociedad-Humanidades.pdf
Levi-Strauss Antropologia estructural Mito-sociedad-Humanidades.pdfLevi-Strauss Antropologia estructural Mito-sociedad-Humanidades.pdf
Levi-Strauss Antropologia estructural Mito-sociedad-Humanidades.pdf
Ixra2
 
Cuaderno digital de psicologia de segundo de bachillerato de ana quevedo molina
Cuaderno digital de psicologia de segundo de bachillerato de ana quevedo molina Cuaderno digital de psicologia de segundo de bachillerato de ana quevedo molina
Cuaderno digital de psicologia de segundo de bachillerato de ana quevedo molina
anita69f
 
Morse el espejo de próspero
Morse el espejo de prósperoMorse el espejo de próspero
Morse el espejo de próspero
estudiantescel
 
Informe Oral Plan Curricular"Redescubriendo" la Invasión
Informe Oral Plan Curricular"Redescubriendo" la InvasiónInforme Oral Plan Curricular"Redescubriendo" la Invasión
Informe Oral Plan Curricular"Redescubriendo" la Invasión
Edwin Torres Rodríguez
 
garcia-morente-manuel-lecciones-preliminares-de-filosofia.pdf
garcia-morente-manuel-lecciones-preliminares-de-filosofia.pdfgarcia-morente-manuel-lecciones-preliminares-de-filosofia.pdf
garcia-morente-manuel-lecciones-preliminares-de-filosofia.pdf
NuriaSenra
 
La abducción o lógica de la sorpresa de Jaime Nubiola
La abducción o lógica de la sorpresa de Jaime NubiolaLa abducción o lógica de la sorpresa de Jaime Nubiola
La abducción o lógica de la sorpresa de Jaime Nubiola
Colegio Santa Inés
 
Bourdieu, pierre, el sentido practico
Bourdieu, pierre, el sentido practicoBourdieu, pierre, el sentido practico
Bourdieu, pierre, el sentido practico
Ivan Felix
 

Similar a Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf (20)

Actos de significado (Bruner).pdf
Actos de significado (Bruner).pdfActos de significado (Bruner).pdf
Actos de significado (Bruner).pdf
 
Levi-Strauss Antropologia estructural Mito-sociedad-Humanidades.pdf
Levi-Strauss Antropologia estructural Mito-sociedad-Humanidades.pdfLevi-Strauss Antropologia estructural Mito-sociedad-Humanidades.pdf
Levi-Strauss Antropologia estructural Mito-sociedad-Humanidades.pdf
 
Cuaderno digital de psicologia de segundo de bachillerato de ana quevedo molina
Cuaderno digital de psicologia de segundo de bachillerato de ana quevedo molina Cuaderno digital de psicologia de segundo de bachillerato de ana quevedo molina
Cuaderno digital de psicologia de segundo de bachillerato de ana quevedo molina
 
Morse el espejo de próspero
Morse el espejo de prósperoMorse el espejo de próspero
Morse el espejo de próspero
 
FILOSOFÍA NAHUALT.pdf
FILOSOFÍA NAHUALT.pdfFILOSOFÍA NAHUALT.pdf
FILOSOFÍA NAHUALT.pdf
 
El ensayo
El ensayoEl ensayo
El ensayo
 
1913 el-hombre-mediocre
1913 el-hombre-mediocre1913 el-hombre-mediocre
1913 el-hombre-mediocre
 
Informe Oral Plan Curricular"Redescubriendo" la Invasión
Informe Oral Plan Curricular"Redescubriendo" la InvasiónInforme Oral Plan Curricular"Redescubriendo" la Invasión
Informe Oral Plan Curricular"Redescubriendo" la Invasión
 
En los confines de la parapsicología
En los confines de la parapsicologíaEn los confines de la parapsicología
En los confines de la parapsicología
 
Emilio-o-De-la-educación.pdf
Emilio-o-De-la-educación.pdfEmilio-o-De-la-educación.pdf
Emilio-o-De-la-educación.pdf
 
Damasio Antonio - En Busca De Spinoza.pdf
Damasio Antonio - En Busca De Spinoza.pdfDamasio Antonio - En Busca De Spinoza.pdf
Damasio Antonio - En Busca De Spinoza.pdf
 
garcia-morente-manuel-lecciones-preliminares-de-filosofia.pdf
garcia-morente-manuel-lecciones-preliminares-de-filosofia.pdfgarcia-morente-manuel-lecciones-preliminares-de-filosofia.pdf
garcia-morente-manuel-lecciones-preliminares-de-filosofia.pdf
 
B f skinner_sobre_el_conductismo
B f skinner_sobre_el_conductismoB f skinner_sobre_el_conductismo
B f skinner_sobre_el_conductismo
 
0d6969167df7b4fd8174eacff10fa0ueuedf.pdf
0d6969167df7b4fd8174eacff10fa0ueuedf.pdf0d6969167df7b4fd8174eacff10fa0ueuedf.pdf
0d6969167df7b4fd8174eacff10fa0ueuedf.pdf
 
Conductismo como ciencia
Conductismo como cienciaConductismo como ciencia
Conductismo como ciencia
 
B f skinner_sobre_el_conductismo
B f skinner_sobre_el_conductismoB f skinner_sobre_el_conductismo
B f skinner_sobre_el_conductismo
 
Burrhus Frederick Skinner sobre el conductismo
Burrhus Frederick Skinner   sobre el conductismoBurrhus Frederick Skinner   sobre el conductismo
Burrhus Frederick Skinner sobre el conductismo
 
La abducción o lógica de la sorpresa de Jaime Nubiola
La abducción o lógica de la sorpresa de Jaime NubiolaLa abducción o lógica de la sorpresa de Jaime Nubiola
La abducción o lógica de la sorpresa de Jaime Nubiola
 
GARDNER, HOWARD - La Nueva Ciencia de la Mente (Historia de la Revolución Cog...
GARDNER, HOWARD - La Nueva Ciencia de la Mente (Historia de la Revolución Cog...GARDNER, HOWARD - La Nueva Ciencia de la Mente (Historia de la Revolución Cog...
GARDNER, HOWARD - La Nueva Ciencia de la Mente (Historia de la Revolución Cog...
 
Bourdieu, pierre, el sentido practico
Bourdieu, pierre, el sentido practicoBourdieu, pierre, el sentido practico
Bourdieu, pierre, el sentido practico
 

Último

*CODIGO- TRIBUTARIO - ECUADOR-FINAN .pdf
*CODIGO- TRIBUTARIO - ECUADOR-FINAN .pdf*CODIGO- TRIBUTARIO - ECUADOR-FINAN .pdf
*CODIGO- TRIBUTARIO - ECUADOR-FINAN .pdf
Mayu Eliz
 
Moral con citas CIC.pptx materia Teología
Moral con citas CIC.pptx materia TeologíaMoral con citas CIC.pptx materia Teología
Moral con citas CIC.pptx materia Teología
AraDiaz8
 
TEORÍA DE LA ARGUMENTACIÓN JURÍDICA 2024 (1).pdf
TEORÍA DE LA ARGUMENTACIÓN JURÍDICA 2024 (1).pdfTEORÍA DE LA ARGUMENTACIÓN JURÍDICA 2024 (1).pdf
TEORÍA DE LA ARGUMENTACIÓN JURÍDICA 2024 (1).pdf
DayanaAnzueto
 

Último (19)

Desarrollo económico de Malasia y Lecciones para el Peru[1].docx
Desarrollo económico de Malasia y Lecciones para el Peru[1].docxDesarrollo económico de Malasia y Lecciones para el Peru[1].docx
Desarrollo económico de Malasia y Lecciones para el Peru[1].docx
 
_ECONOMÍA TRADICIONAL, caracteristicas y fundamentos.pptx
_ECONOMÍA TRADICIONAL, caracteristicas y fundamentos.pptx_ECONOMÍA TRADICIONAL, caracteristicas y fundamentos.pptx
_ECONOMÍA TRADICIONAL, caracteristicas y fundamentos.pptx
 
Mapa conceptual proyectos sociales y proyectos socio productivos katyuska Ore...
Mapa conceptual proyectos sociales y proyectos socio productivos katyuska Ore...Mapa conceptual proyectos sociales y proyectos socio productivos katyuska Ore...
Mapa conceptual proyectos sociales y proyectos socio productivos katyuska Ore...
 
SARAbank para llenar 2018 SIMULADOR DE CAJA.pptx
SARAbank para llenar 2018 SIMULADOR DE CAJA.pptxSARAbank para llenar 2018 SIMULADOR DE CAJA.pptx
SARAbank para llenar 2018 SIMULADOR DE CAJA.pptx
 
exposiciòn contabilidad forense ciclo- I
exposiciòn contabilidad forense ciclo- Iexposiciòn contabilidad forense ciclo- I
exposiciòn contabilidad forense ciclo- I
 
PRESENTACIÓN - UNIDAD 2-SEMANA 5 MATEMATICAS.pptx
PRESENTACIÓN - UNIDAD 2-SEMANA 5 MATEMATICAS.pptxPRESENTACIÓN - UNIDAD 2-SEMANA 5 MATEMATICAS.pptx
PRESENTACIÓN - UNIDAD 2-SEMANA 5 MATEMATICAS.pptx
 
S9_Nuevo+format.doxnnmmmmemkekekkekennennenekk
S9_Nuevo+format.doxnnmmmmemkekekkekennennenekkS9_Nuevo+format.doxnnmmmmemkekekkekennennenekk
S9_Nuevo+format.doxnnmmmmemkekekkekennennenekk
 
EE.FF Estado de Resultados por función y naturaleza
EE.FF Estado de Resultados por función y naturalezaEE.FF Estado de Resultados por función y naturaleza
EE.FF Estado de Resultados por función y naturaleza
 
bono APS.pptx ministerio de salud minsa 2022
bono APS.pptx ministerio de salud minsa 2022bono APS.pptx ministerio de salud minsa 2022
bono APS.pptx ministerio de salud minsa 2022
 
INTERES COMPUESTO TALLER MATEMATICA FINANCIERA 1
INTERES COMPUESTO TALLER MATEMATICA FINANCIERA 1INTERES COMPUESTO TALLER MATEMATICA FINANCIERA 1
INTERES COMPUESTO TALLER MATEMATICA FINANCIERA 1
 
exposición de CONTABILIDAD TRIBUTARIA-ciclo I
exposición de CONTABILIDAD TRIBUTARIA-ciclo Iexposición de CONTABILIDAD TRIBUTARIA-ciclo I
exposición de CONTABILIDAD TRIBUTARIA-ciclo I
 
exposición CONTABILIDAD FINANCIERA ciclo 1.pptx
exposición  CONTABILIDAD FINANCIERA ciclo 1.pptxexposición  CONTABILIDAD FINANCIERA ciclo 1.pptx
exposición CONTABILIDAD FINANCIERA ciclo 1.pptx
 
La devaluación. Albanys Gabriela Vegas UFT
La devaluación. Albanys Gabriela Vegas UFTLa devaluación. Albanys Gabriela Vegas UFT
La devaluación. Albanys Gabriela Vegas UFT
 
Tarea Académica 2 INTEGRADOR NEGOCIOS.E
Tarea Académica 2  INTEGRADOR NEGOCIOS.ETarea Académica 2  INTEGRADOR NEGOCIOS.E
Tarea Académica 2 INTEGRADOR NEGOCIOS.E
 
*CODIGO- TRIBUTARIO - ECUADOR-FINAN .pdf
*CODIGO- TRIBUTARIO - ECUADOR-FINAN .pdf*CODIGO- TRIBUTARIO - ECUADOR-FINAN .pdf
*CODIGO- TRIBUTARIO - ECUADOR-FINAN .pdf
 
Moral con citas CIC.pptx materia Teología
Moral con citas CIC.pptx materia TeologíaMoral con citas CIC.pptx materia Teología
Moral con citas CIC.pptx materia Teología
 
TEORÍA DE LA ARGUMENTACIÓN JURÍDICA 2024 (1).pdf
TEORÍA DE LA ARGUMENTACIÓN JURÍDICA 2024 (1).pdfTEORÍA DE LA ARGUMENTACIÓN JURÍDICA 2024 (1).pdf
TEORÍA DE LA ARGUMENTACIÓN JURÍDICA 2024 (1).pdf
 
exposicion contabilidad gerencial ciclo I.pptx
exposicion contabilidad gerencial ciclo I.pptxexposicion contabilidad gerencial ciclo I.pptx
exposicion contabilidad gerencial ciclo I.pptx
 
Tema 1 Introducción a la Administración Financiera
Tema 1 Introducción a la Administración FinancieraTema 1 Introducción a la Administración Financiera
Tema 1 Introducción a la Administración Financiera
 

Watson, J. B. (1924). El conductismo .pdf

  • 1. JOHN B. WATSON W R.«í/7 E D I T O R I A L P A I D O S WAT Co r, J. 15. W A T S O N EL CONDUCTISMO J. B. W A T S O N y W. M c D O U G A L L LA BATALLA DEL CONDUCTISMO Exposición y discusión Prólogo de Emilio Mira y López C 0 L T 4 O ¡yy % « Oí ^ Distribuidor exclusivo en todos los países EDITORIAL MÉDICO QUIRÚRGICA Diagonal Norte 615 B U E N O S A I R E S
  • 2. Copyright de todas las ediciones en castellano hx EDITORIAL PAI DOS Buenos Aires, 1945 Queda hecho el depósito qut p r e v i e n e la ley N"? 11.723 IMPRESO EN LA ARGENTINA ( P R I N T E I ) IN ARGENTINA) Se terminó de imprimir el dia 12 de marzo de 1917 en la Imprenta Ferrari linos., Bmc. Mitre 3355 - Buenos Aires A STANLEY RESOR cuyo empeñoso interés en la industria y en la ciencia me ha dado la oportunidad de escribir este libro.
  • 3. , Í N D I C E Pág. PRESENTACIÓN 13 PRÓLOGO DE EMILIO MIRA Y LÓPEZ 15 EL CONDUCTISAIO Introducción 21 I. Qué es el cenducíismo. — La vieja y la nueva psicología en oposición 25 II. Cómo estudiar la conducta humana. — Problemas, métodos, técnicas y algunos de los resultados 43 III. El cuerpo humano. — De qué se compone, cómo está orga- nizado y cómo funciona. Parte I. Las estructuras que hacen posible la conducta 73 IV. El cuerpo humano. — De qué se compone, cómo está orga- nizado y cómo funciona. Parte II. Papel de las glándulas en la conducta diaria 103 V. ¿Existen los instintos humanos? — Parte I. Sobre el talento, las tendencias y la herencia de los denominados rasgos "mentales" 119 VI. ¿Existen los instintos humanos? — Parte II. Lo que nos enseña el estudio del niño 141 VII. Emociones. — ¿Con cuáles emociones nacemos, cómo adqui- rimos nuevas y perdemos las viejas? — Parte I. Examen general de las emociones y algunos estudios .experimentales 169 VIII. Emociones. — ¿Con cuáles emociones nacemos, cómo adquiri- . • • • • • mos nuevas y perdemos las viejas. — Parte II. Ulteriores ° ' > V /' experimentos y observaciones acerca de cómo adquirimos, •-- ~ conservamos y perdemos nuestra vida emocional •>".'••:• •vr--pf/?X'LETRA' , ¿DÍCTELA «?
  • 4. 10 Í N D I C E IX. Nuestros hábitos manuales. — Cómo se inician, cómo los conservamos y cómo los eliminamos 227 X. Hablar y pensar. — Su correcta interpretación y el desbara- tamiento de la ficción de la llamada vida "mental" 257 XI. ¿Pensamos siempre eon palabras? — ¿O pensamos con todo nuestro cuerpo? 285 XII. La personalidad. — Presentación de la tesis de la persona- lidad como producto de nuestros hábitos 303 LA BATALLA DEL CONDUCTISMO EXPOSICIÓN Y DISCUSIÓN El eonductismo. — La nota moderna en psicología, por /. B. Watson 341 Heclios fundamentales en psieología. — Examen del eonductismo, por W. McDougal! 359 ÍNDICE DE TE.UAS 389 LISTA DE ILUSTRACIONES Fig. a Huevo fecundado de la estrella de mar b Disposición de los genes en el sistema genético c 'Estructura de los cromosomas 1 Dos tipos de células epiteliales 2 Glándula constituida por células epiteliales 3 Células de tejido conjuntivo 4 Parte de dos células musculares estriadas y las terminaciones del nervio motor 5 Célula del músculo liso con una fibra nerviosa 0 Un tipo de neurona: la neuromotriz más simple 7 Diagrama de parte de una fibra nerviosa 8 Neurona sensitiva o aferente 9 Elementos epiteliales y nerviosos 10 Terminación de un nervio sensitivo en una célula del músculo estriado 11 Esquema del tractus digestivo 12 Esquema de una sección transversal del estómago 13 Células epiteliales de secreción en el intestino 14 Esquema del arco reflejo corto ... 15 Cuadro de la corriente de actividad 16 Curva del progreso en el aprendizaje 17 Curva del aprendizaje de 10 individuos 18 Esquema ilustrativo del aprendizaje del golf 19 Esquema de la formación de los hábitos manuales 20 Esquema de hábito standard , 21 Diagrama 22 Diagrama de la teoría conductista del pensar 23 Diagrama general de la personalidad
  • 5. PRESENTACIÓN La ya notable y larga ausencia de la escuela psicológica conductista norteamericana en la bibliografía castellana, deman- daba la perentoria edición de algún libro que la compensara. Frente a ello se estimó lo más adecuado introducir la producción literaria capital del propio creador de la escuela. Al entregar ahora al lector hispanoparlante el libro fundamental de JOHN B. WATSON, El Conductismo, suminístrase, en efecto, al par que una primera traducción en nuestro idioma, la obra principal de este movimiento. De esta suerte no sólo se da cumplida satis- facción a los propósitos de presentar a una de las más altas figuras de la psicología actual y de suministrar una clara y segura propedéutica a la doctrina y técnica conductistas, sino que, al propio tiempo, bríndase una de las obras destacadas en la cultura contemporánea. Sería ocioso encarecer la significación del autor, cuyo nom- bre gira entre los de los más conocidos jerarcas de la psicología profunda. Empero —entre otros por aquel motivo— la difusión de su labor en los países de habla española es harto inferior a la alcanzada por FREUD, ADLER O JUNG. De sus dimensiones ofrece ajustada información el libro y la crítica que en el pre- sente volumen cumplen el prologuista y las agudas acotaciones de MCDOUGALL en La Batalla del Conductismo. No es éste, pues, lugar para enjuiciarla. Sólo cabría llamar la atención acerca de la procedencia de un examen concienzudo. Tres men- ciones . Primero, debe repararse en que si bien las investigaciones watsonianas de la vida emocional han dado lugar a objecciones de incuestionable seriedad, no pocas —como acertadamente apunta ROBER T. F. GREEGAN, profesor del Withman College— suponen precisamente el uso de métodos que mucho deben al propio WATSON.
  • 6. 14 P R E S E N T A C I Ó N Ante la ligereza de ciertas valoraciones, cabe luego señalar que la doctrina watsoniana ha sido analizada en forma cuida- dosa por SANTAYANA y RUSSELL. En sus Fundamentos de Filosofía, este último pensador revisa extensamente las teorías del psicólogo norteamericano en cotejo con las cartesianas; y agregúese que en torno a WATSON se han reunido personali- dades como las de los.profesores universitarios K. C. TOLMAN, K. S. LASHLEY, A. P. WEISS, J. PETERSON, W. S. HUNTER. . . Por último, téngase en cuenta asimismo que el movimiento de la psicología social actualmente en auge, al instalar como una de sus premisas el fecundo concepto de la "aculturación" —apoyado en la hipótesis watsoniana de condicionamiento— realza y fortalece el papel del conductismo en los nuevos puntos de vista en la ciencia psicológica, particularmente en lo tocante a su postura ambientalista en la polémica "naturaleza-cultura". Se ha dicho que "desde la introducción de los primeros laboratorios y la publicación de los Principios de JAMES, nada se le compara como medio de enfocar la discusión, de plantear problemas, de estimular investigaciones, de excitar el entusias- mo" (HEIDBREDER) . Muy grato sería para los editores de esta versión que igualmente en los países de habla española sirviese este volumen de oportunidad para un amplio examen de los esenciales problemas que interesan a la psicología, a la edu- cación y a las ciencias sociales. Ello contribuiría al conoci- miento y a la formación del hombre. Los EDITORES. PROLOGO T) UEDEN contarse con los dedos de una mano los libros de A Psicología que, escritos en el presente siglo, pueden com- petir con éste en valentía y en claridad expositiva. Más de una vez se ha dicho que el hombre de genio ne- cesita tanto de su inteligencia —para descubrir su obra— como de su carácter —para acreditarla e imponerla—. Esto es prin- cipalmente cierto en el campo psicológico, pues toda nueva concepción del mismo vulnera concepto y hiere sentimientos arraigados tradicionalmente y considerados como artículos de fe por una gran mayoría del género humano. Por eso, si SIGMUND FREUD, al crear la denominada "geo- logía de la Psique" y acometer la búsqueda del tuétano del "aparato" psíquico, hasta llegar a los planos hormonales, hubo de vencer una enorme resistencia y soportar críticas vitupe- rantes (y vituperables), J. B. WATSON, al crear su "Conduc- tismo" —en cierto modo opuesto totalmente a la visión freu- diana— sufrió asimismo los embates de los misoneístas (que son legión) hasta el punto de ser desposeído de su cátedra universitaria, tan pronto como les dio un pretexto de incon- ducta para ello. Esto sucedió porque si bien, como queda apuntado, su obra es antinómica de la de FREUD, puesto que agolpa toda la "materia" de estudio psicológico en la misma superficie — visible y corpórea— del sujeto, en vez de sumergirla en el misterioso e insondable abismo de los virtuales espacios in- J K
  • 7. 16 J. B. W A T S O N conscientes del universo personal, no es menos cierto que tanto el dinámico autor norteamericano como el hermético y pesi- mista genio austríaco han dejado maltrecha y casi inválida a la llamada ''conciencia". Y esta palabra, representación eufó- nica y sugestiva del dinamismo yoico, nos es cara, de tal suerte que todo intento de atacarla nos inflige un serio impacto en nuestro inconmensurable orgullo de hombres, más o menos "sapiens". Psicoanálisis y conductismo son, por cierto, escuelas psi- cológicas que, a pesar de sus extraordinarias divergencias con- ceptuales, metodológicas y propositivas, quedan incluidas en el marco de las llamadas "doctrinas naturalistas" (entiéndase materialistas, en la actual acepción del vocablo) contra las que dirigen sus dardos las conjuntas fuerzas de las filosofías, las religiones y la morales gazmoñas de muchos seudointelec- tuales. WATSON afirma con razón, en la introducción de este libro suyo, que la tempestad provocada por su primera apa- rición pública se debió fundamentalmente al hecho de que qui- so aplicar al hombre el mismo criterio de investigación y las mismas técnicas de estudio científico que habían resultado úti- les para desentrañar los móviles y las pautas de conducta en otros anímales. Tal actitud no podía ser más lógica, pero pre- cisamente por ello se vio combatida, pues la Psicología se en- cuentra, aún, sumamente impregnada de los prejuicios mágicos y espiritualistas que adquirió durante los luengos siglos de su íntimo contacto con la religión y la filosofía: en los pliegues de las túnicas sacerdotales y en la selvática maraña de las me- lenas y las barbas teóricoespeculantes anidan celosos gnomos enemigos de la experimentación, del cálculo, de la objetividad y de la serena e higiénica claridad del pensamiento científico. E L C O N D U C T I S M O 17 Precisa confesar, no obstante, que WATSON mostró un excesivo menosprecio inicial ante esa situación o "constela- ción" ambiental, y tuvo un especial interés en formular su antítesis a la psicología de W. JAMES y de TITCHENER (los dos grandes jerarcas de esa ciencia en el novecientos) de un mo- do crudo y dogmático, cual si apeteciese no solamente provo- car la discusión, sino, casi, el escándalo. La acritud de su postura y de sus expresiones ha sido rectificada, en cuanto tenía de exagerada, en esta segunda edición de su obra fun- damental, cuya traducción castellana estamos ahora presentan- do al público latinoamericano. Sería erróneo, empero, suponer que esa suavización supone una rectificación substancial de sus ideas; para WATSON, todavía, el "pensamiento" no es otra cosa más que un monólogo imptícito —hablarse a si mismo— y la "personalidad" no pasa de ser el resultado final de nues- tro sistema de hábitos. No renuncia el conductismo al estudio de los fenómenos de la vida mental íntima (implícita), pero los considera como actos, es decir, como procesos dinámicos que contienen "au raccourci" los mismos elementos neurohormomusculares que se evidencian en las formas visibles de la conducta humana. En este sentido puede afirmarse que WATSON no limita sino ex- tiende el campo de estudio de la Psicología, en relación con lo que éste delimitaba en la concepción de WUNDT, TITCHENER y demás psicólogos prominentes en el novecientos. Afirmar, pues, como algunos críticos superficiales han hecho, que el conductismo se desinteresa de los datos inmediatos de la ex- periencia consciente y atiende tan sólo a sus resultados finales, es un error tan grosero como decir que el freudismo significa meramente la glorificación del sexo. La más palpable prueba de ese error nos la dan los efec- tos del conductismo en el movimiento bibliográfico general de
  • 8. 18 J. B. W A T S O N la psicología norteamericana. No solamente el propio WATSON, sino una parte de sus discípulos, han aportado contribuciones de singular interés a la comprensión de la dinámica del pen- samiento y de las emociones. Puede, inclusive, afirmarse, que gracias a él se han impulsado los estudios referentes a la vida personal de los neonatos y al desarrollo de sus diversos equi- pos de hábitos de ajuste y conducta. La Psicología infantil actual debe más a la obra de WATSON y de FREUD, que a la mayoría de sus sempiternos contradictores sistemáticos. Por esto creemos que ha sido un gran acierto acercar al lector de habla castellana la obra fundamental —casi podría- mos decir la Biblia— del conductismo: en ella se define de un modo claro, conciso y práctico, el fin al que aspira este gi- gantesco movimiento renovador de la ciencia psicológica: no solamente predecir, en un momento dado, qué respuesta corres- ponde a un determinado estímulo o inferir qué estímulo deter- minó tal respuesta, sino —lo que es mucho más importante— llegar a fundar las bases experimentales de una nueva ética humana, que esté a la altura de las posibilidades de realización y sea algo más que un mero entretenimiento especulativo. Ello es tanto más necesario cuanto que en los países hispanoame- ricanos falta el arraigo de los métodos psicoexperimentales se- rios, y por ello se propende a reaccionar demasiado rápida- mente en Psicología con arreglo a la famosa ley del Todo o Nada, tomando posturas "pour" o "contre", sin tener en cuen- ta que en cada doctrina psicológica, por disparatada que pa- rezca, existe algo aprovechable, y en cada doctrina psicológica, por justa y brillante que resulte, existe, también, algo erróneo. Hace más de 25 años dimos nuestro primer cursillo sobre conductismo en el Instituto de Fisiología que dirigía el Profesor Pi SUÑER, en Barcelona. De entonces acá han aparecido nue- vas concepciones psicológicas y se han acumulado multitud de E L C O N D U C T I S M O 10 nuevos hechos en esta ciencia. Sin embargo, creemos poder mantener el mismo juicio con que entonces clausuramos nues- tras lecciones: "la obra de WATSON, muy intimamente ligada a la de los modernos psicólogos soviéticos, está destinada a ser imprescindible en cualquier biblioteca de los futuros cultores de la Psicología". Nuestra felicitación, pues, a la Editorial Paidós, por brindarla al público de habla hispánica. EMILIO MIRA Y LÓPEZ. Ex Profesor de la Universidad de Barcelona
  • 9. Introducción MIRANDO hacia atrás en la historia del movimiento conduc- tista, desde su abierta iniciación en 1912, a primera vis- ta parece difícil entender por qué el conductismo debió sopor- tar tan implacable tempestad. El conductismo —según intenté explicarlo en mis confe- rencias en Columbia (1912) y en mis primeros escritos— pro- poníase lo siguiente: aplicar al estudio experimental del hom- bre iguales procedimientos y el mismo lenguaje descriptivo que muchos investigadores habían empleado con éxito durante lar- gos años en el examen de animales inferiores al hombre. Creía- mos entonces, como creemos todavía, que el hombre es un animal distinto de los demás únicamente en las formas de comportarse. Pienso que fué la enunciación de este convencimiento la verdadera causa de aquella tormenta. Provocó una resistencia muy semejante a la que suscitara la primera publicación del "Origen de las especies" de DARWIN. LOS seres humanos no gustan ser clasificados junto a los otros animales. Están dis- puestos a admitir que lo son, pero también "algo más". Este "algo más" es el culpable de todo el trastorno. Este "algo más" involucra cuanto se cataloga como religión, vida futura, moral, amor a los hijos, padres, patria, etc. El crudo hecho de que el psicólogo, si quiere proceder científicamente, habrá de describir la conducta del hombre en términos no diferentes de los que utilizaría para la conducta de un buey destinado al matadero, apartó del conductismo a muchos espíritus tímidos, y aún hoy los mantiene alejados. La resistencia no se debe, según sostienen algunos de mis colegas, a la forma en que los conductistas presentaron sus descubrimientos y convicciones. Hemos sido acusados de pro-
  • 10. 22 J. B. W A T S O N pagandistas; de haber difundido nuestras conclusiones en la prensa general en lugar de hacerlo en las publicaciones cien- tíficas, investidas de mayor dignidad; de escribir como si na- die hubiese contribuido nunca a la psicología; de ser bolche- viques. Todas ellas son críticas apasionadas, reveladoras de que el conductismo está pisando la pezuña de alguna vaca sa- cra, que está amenazando el orden de las cosas establecido. Admitirlo significa renunciar a viejas costumbres consagradas; abandonar esa cómoda psicología introspectista que se ajusta a los hábitos establecidos o que, si no, por lo menos usa tan oscuro lenguaje que el lector no precisa molestarse. ¿Cuál fué la consecuencia de esa tempestad? En primer término, indudablemente una nueva literatura: una literatura crítica. Ella, en parte, ha sido personal: hasta injuriosa. En cuanto a mí, jamás respondí a una crítica. Rara vez se ha salido en defensa del conductismo. Los conductistas se halla- ban harto ocupados en exponer los resultados de sus expe- rimentos o de sus generalizaciones como para preocuparse de contestarlas. Al rever esta literatura, inclinóme a pensar que de habernos tomado el trabajo de la replica, nuestra ciencia habría sido más claramente entendida, porque en las publicaciones psi- cológicas se han deslizado algunos malentendidos realmente pueriles y afirmaciones por completo inexactas acerca de nues- tra posición. Era natural que surgieran reparos. Muchos de los decanos de la psicología disponían de bien instalados laboratorios y de copiosa bibliografía psicológica introspectista. El conductismo pedía nuevos laboratorios y aun nuevos términos con que ela- borar sus exposiciones. Inclusive parecía amenazar la vida eco- nómica de los profesores. Hasta los mozalbetes, discípulos de algunos de los más viejos representantes de la escuela intros- pectista, sintiéronse obligados a romper lanzas en defensa de sus maestros. ROBACK, en su "Behaviorism and Psychology'> (Conductismo y Psicología) nos ofrece un clásico ejemplo de este último tipo de reacción. Además, en dicha obra está muy próximo a quebrar con todas las normas de caballerosidad. Pero, gracias a ello, y a pesar de que el conductismo no logró un franco reconocimiento, ha ejercido profunda influencia durante sus dieciocho años de vida. A fin de persuadirse de E L C O N D U C T I S M O 23 esto, compárese, título por título, los artículos de nuestros dia- rios pertenecientes a los tres lustros anteriores al advenimiento del conductismo, con los de estos últimos quince a dieciocho años. Cotéjese los libros escritos antes y después. No sólo los tópicos, también el lenguaje se ha tornado conductista. Hoy, ninguna universidad puede sustraerse a la enseñanza del conductismo. En algunas se aceptan sus métodos e hipótesis; en otras se enseñan con el evidente propósito de criticarlos. Lo cierto es que la nueva generación de estudiantes reclama que cuando menos se le suministre alguna orientación acerca del conductismo. Para ella se escribió este libro. He dedicado tiempo y esfuerzos considerables a esta úl- tima edición. Ni yo ni el editor estábamos satisfechos con la forma y el estilo de la primera. Había sido publicada apresu- radamente, como serie de conferencias. En la presente, intenté antes que nada mejorar el estilo suprimiendo todos los recursos comunes en el disertante para mantener atento su auditorio. En general, procuré eliminar las exageraciones propias de toda con- ferencia. He agregado unas 100 páginas de material comple- tamente nuevo; constituido por los resultados extraídos de pu- blicaciones recientes y de las modificaciones en mi punto de vista teórico. He quitado de 25 a 30 páginas de contenido an- ticuado. Sin embargo, el punto de vista no ha cambiado de un modo fundamental. Me ha interesado profundamente el nuevo libro de JEN- NINGS, "Bases biológicas de la naturaleza humana". Agradéz- cole muy en especial la larga cita tomada de su excelente ex- posición acerca de los genes. Una vez más, quiero significar mi reconocimiento al Prof. K. S. LASHLEY, al doctor H. M. JOHNSON, y a mi compañera de tareas, señorita ANNA JUEÑKER, por la ayuda que me prestaron en ambas ediciones. John B. Watson.
  • 11. /. ¿Qué es el Conductismo? LA VIEJA Y LA NUEVA PSICOLOGÍA EN OPOSICIÓN Ejemplo de tales conceptos. Advenimiento del conductismo. Programa del conductismo. Algunos problemas específicos del conductismo. Ex- cluye esta orientación conductista algo propio de la psicología. Para comprender al conductismo es necesario comenzar por la observación de la gente. Definición de conductismo. ¿Qué es un estímulo? Cómo el aprendizaje multiplica los estímulos. Qué entiende el conductismo por respuesta. Clasificación general de la respuesta. ¿Es el conductismo una mera orientación metodológica en el estudio de los problemas psicoló- gicos o constituye un verdadero sistema de psicología? Dos criterios distintos imperan aún en el pensamiento psi- cológico norteamericano: la psicología introspectista o subje- tivista y el conductismo o psicología objetiva *. Hasta el adve- nimiento del conductismo, en 1912, la psicología introspectista * En las útlimas décadas han coexistido otros dos puntos de vista más o menos sobresalientes, pero transitorios —la llamada psicología funcional de DEWEY, ANGELL y JUDD y la "Gestalt Psychologie" (Psicología de la forma) de WERTHEIMER, KOFFKA y KoHLER. A mi juicio, ambos son, diríamos, hijos ilegítimos de la psicología introspectista. La psicología funcional, que hoy se menciona rara vez, estuvo de moda por sus abundantes digresiones en torno a las funciones mentales de adap- tación fisiológica. Según ellos, la mente desempeña el papel de una especie de "ángel de la guarda" adaptador. La filosofía que respalda esta teoría sabe mu- chísimo a la buena y vieja filosofía cristiana de BERKELEY (acción recíproca o fiscalizadora del cuerpo por la divinidad). La psicología de la Gestalt, divaga acerca de la respuesta estructural (¡realmente innata!). Como teoría psicológica, no puede progresar mucho. Es tan oscura como la forma en que KANT trata la imaginación, teoría a la cual se asemeja un poco. El verdadero "quid" de todo ello ha sido expresado mucho mejor y con mayor claridad por WiLLIAM JAMES en "Los Prin- cipios" (capítulos acerca de la sensación y la percepción). Esos capítulos podrían ser leídos con provecho por los apadrinadores de la Gestalt. Esta escuela sigue siendo parte de la Psicología introspectista. Dicho sea de paso, una lectura comple- mentaria, que puede interesar a todo estudiante de la Gestalt, la constituye el libro de HOBHOUSE, "Mind in Evolution" (La mente en evolución).
  • 12. 26 J. B. W A T S O N dominaba totalmente la vida psicológica de la universidad nor- teamericana. Los más destacados representantes de la psicología intros- pectista en la primera década del siglo veinte, fueron E. B. TIT- CHENER, de Cornell, y WILLIAM JAMES, de Harvard. La muerte de JAMES en 1910 y la de TITCHENER en 1927, dejaron a la psicología introspectista huérfana de un verdadero guía espiri- tual. Si bien la psicología de TITCHENER difiere en muchos puntos de la de WILLIAM JAMES, los supuestos fundamentales son idénticos. En primer lugar, los dos eran de origen germá- nico. En segundo, y esto es más importante, ambos proclama- ban que es la consciencia la materia de estudio de la psicología. El conductismo sostiene, por el contrario, que es la conducta del ser humano el objeto de la psicología. Afirma que el con- cepto de consciencia no es preciso, ni siquiera utilizable. Ha- biendo recibido una formación experimentalista, el conductista entiende, además, que la creencia de que existe la consciencia remóntase a los antiguos días de la superstición y la magia. No obstante su progreso, la gran masa del pueblo ni aun hoy se ha distanciado mucho de la barbarie; quiere creer en la magia. El salvaje se figura que los encantamientos pueden traer lluvias, buenas cosechas, abundante caza; que un hechi- cero vuduísta enemistado, es capaz de provocar la desgracia de un individuo o de toda una tribu; que si un enemigo logra mu- ñirse de un trozo de uña o de un mechón de cabello de otra persona, podrá embrujarla y gobernarla. Siempre hay interés y cosas nuevas en la magia. Casi todas las épocas poseyeron su propia magia negra o blanca, y su propio mago. Moisés tuvo su magia: transformó el agua en vino y revivió al muerto. CouÉ tuvo su fórmula. La señora EDDY también. La magia jamás perece. Con el decurso del tiempo, todas estas innumerables leyendas, exentas de todo análisis, tejen la tradición popular. La tradición se constituye en religiones. Las religiones se enredan en las mallas políticas y económicas del país. Luego se las esgrime como instrumentos. Se obliga al pueblo a aceptar todas estas fantasías, que más tarde transmite como evangelio a los hijos de sus hijos. Es casi increíble hasta qué punto la mayoría de nosotros está influida por un fondo salvaje. Pocos se libran de esa in- E L C O N D U C T I S M O 27 fluencia. Al parecer, ni siquiera la enseñanza escolar suministra un correctivo.- Por el contrario, parece asegurarla en mayor grado todavía, a causa de que las escuelas están colmadas de maestros con idéntico fondo. Inclusive muy destacados bió- logos, físicos y químicos, saliendo de sus laboratorios, son fácil presa de la tradición cristalizada en conceptos religiosos. Estos conceptos —herencia de un temeroso pasado salvaje— han en- torpecido grandemente el nacimiento y desarrollo de la psico- logía científica. EJEMPLO DE TALES CONCEPTOS Ejemplo de uno de estos conceptos religiosos es el de que todo individuo posee un alma, separada y distinta del cuerpo, que realmente es parte del ser humano. Esta vieja doctrina conduce al principio filosófico llamado "dualismo". Tal dogma se encuentra en la psicología humana desde la más remota an- tigüedad. Nadie ha palpado nunca un alma, o la ha visto en un tubo de ensayo, o ha entrado de alguna manera en relación con ella, como puede hacerlo con los otros objetos de su expe- riencia diaria. A pesar de esto, dudar de su existencia involu- cra convertirse en hereje y, en cierta época, hubiera podido lle- var al reo inclusive a la muerte. Todavía hoy, quien desempeña un cargo público, no osa discutir el punto. Con el desarrollo de las ciencias físicas que sobrevino con el Renacimiento, esta asfixiante nebulosa del alma pudo disi- parse en cierta medida. Era dable pensar en la astronomía, en los cuerpos celestes y sus movimientos, en la gravitación y fenómenos similares, sin implicar el alma. Aunque los primeros hombres de ciencia fueron, por lo general, devotos cristianos, en sus tubos de ensayo empezaron a prescindir de ella. Empero, la psicología y la filosofía, ocupándose de obje- tos que consideraban inmateriales, encontraron muy difícil eludir el lenguaje de la Iglesia; de ahí que el concepto de mente o alma, como algo diverso del cuerpo, llegase en. lo esencial casi intacto hasta las postrimerías del siglo diecinueve. Es indiscutible que, en 1879, WUNDT, el verdadero padre de la psicología experimental, quería una psicología científica. Se desenvolvió en medio de una filosofía dualista del tipo más
  • 13. 28 J. B. W A T S O N pronunciado. No pudo discriminar con claridad el camino de la solución del problema mente-cuerpo. Su psicología, que ha regido soberana hasta nuestros días, es necesariamente de tran- sacción. Sustituyó el término alma por el de consciencia. La consciencia no es tan completamente inobservable como el alma; la observamos al atisbarla de improviso y, como quien diría, al sorprenderla desprevenida (introspección). WUNDT tuvo enorme cantidad de discípulos. De la misma manera que ahora está en boga ir a Viena para estudiar psico- análisis con FREUD, hacia 1890 era corriente estudiar en Leipzig psicología experimental con WUNDT. De ahí regresaron los que habrían de fundar los laboratorios de la Universidad de John Hopkins, las Universidades de Pennsylvania, Columbia, Clark y Cornell. Todos venían equipados para luchar con esa cosa esquiva (casi tanto como el alma) llamada consciencia. Para demostrar lo anticientífico del concepto básico de esta gran escuela de psicología germano - americana, basta fijarse un momento en la definición de psicología que formuló WILLIAM JAMES: La Psicología es la descripción y explicación de los estados de consciencia en cuanto tales. Partiendo de una definición que supone lo que pretende demostrar, salva su di- ficultad con un argumentum ad hominem. Consciencia; ¡oh sí, todos deben saber lo que es esta "consciencia"! Somos cons- cientes cuando experimentamos la sensación de rojo, una per- cepción, un pensamiento, cuando queremos hacer algo. Los restantes cultores de la introspección son igualmente ilógicos. En otras palabras, no••.nos_di.cea_qué;.es_la.consciencia; simplemente comienzan por introducir cosas en ella en_ calidad de supuestos, y naturalmente, aFanalizarla luego, encuentran lo que en ella pusieron. De esta suerte, en los análisis de la consciencia realizados por ciertos psicólogos, hallamos elemen- tos tales como las sensaciones y sus fantasmas, las imágenes. En otros, no sólo encontramos sensaciones, sino también los denominados elementos afectivos; y más aún, en otros, elemen- tos tales como la voluntad, designado elemento conativo de la consciencia. Vemos que por ahí algunos afirman la existencia de cientos de sensaciones de un determinado tipo, en tanto los de más allá sostienen que hay unas pocas... Y así adelante. Se han impreso millares de páginas acerca del análisis mi- E L C O N D U C T I S M O 29 nucioso de ese algo intangible llamado consciencia. ¿Y cómo empezar a trabajar sobre ella? No analizándola como lo haría- mos si se tratara de una composición química o del crecimiento de una planta. No; éstas son cosas materiales. La cosa que llamamos consciencia únicamente puede examinarse por intros- pección: una ojeada a lo que acontece en nuestro interior. Como resultado de este postulado principal —de que exis- te una cosa que llamamos consciencia y de que podemos es- tudiarla por introspección—, encontramos tantos análisis como psicólogos. No existe modo de atacar experimentalmente, re- solver los problemas psicológicos y establecer métodos nor- mativos. ADVENIMIENTO DEL CONDUCTISMO En 1912, los psicólogos objetivistas arribaron a la conclu- sión de que ya no podía satisfacerlos seguir trabajando con las fórmulas de WUNDT. Sentían que los treinta años estériles transcurridos desde el establecimiento de su laboratorio, habían probado terminantemente que la llamada psicología introspec- tista de Alemania se fundaba sobre hipótesis falsas; que ninguna psicología que incluyese el problema religioso mente-cuerpo, podría alcanzar jamás resultados verificables. Decidieron que era preciso renunciar a la psicología o bien transformarla en una ciencia natural. Veían cómo sus colegas científicos pro- gresaban en la medicina, en la química, en la física. Todo des- cubrimiento en esos campos revestía importancia capital; cada nuevo elemento que se lograba aislar en un laboratorio podía serlo asimismo en otro; cada nuevo elemento se incorporaba en seguida a su ciencia. Basta como testimonio la mención de la radiotelefonía, el radium, la insulina, la tiroxina. Elementos así aislados y métodos así formulados empezaron a servir de inmediato en la realización humana. En sus primeros esfuerzos por lograr uniformidad en el objeto y métodos, el conductista comenzó por plantear el pro- blema de la psicología, barriendo con todas las concepciones medievales y desterrando de su vocabulario científico todos los términos subjetivos, como sensación, percepción, imagen, deseo, intención e inclusive pensamiento y emoción según los define el subjetivismo.
  • 14. 30 J. B. W A T S O N PROGRAMA DEL CONDUCTISMO El conductista pregunta: ¿por qué no hacer de lo que podemos observar el verdadero campo de la psicología? Limi- témonos a lo observable, y formulemos leyes sólo relativas a estas cosas. Ahora bien: ¿qué es lo que podemos observar? Podemos observar la conducta —lo que, el organismo hace o dice. Y apresurémonos a señalar que hablar es hacer, esto es, comportarse. El hablar explícito o con nosotros mismos (pen- sar) representa un tipo de conducta exactamente tan objetivo como el béisbol. La regla o cartabón que el conductista jamás pierde de vista es: ¿puedo describir la conducta que veo, en términos de "estímulo y respuesta"? Entendemos por estímulo cualquier objeto externo o cualquier cambio en los tejidos mismos de- bidos a la condición fisiológica del animal; tal como el que ob- servamos cuando impedimos a un animal su actividad sexual, le privamos de alimento, no le dejamos construir su nido. En- tendemos por respuesta todo lo que el animal hace, como vol- verse hacia o en dirección opuesta a la luz, saltar al oír un sonido, o las actividades más altamente organizadas, por ejem- plo: edificar un rascacielos, dibujar planos, tener familia, es- cribir libros, etcétera. ALGUNOS PROBLEMAS ESPECÍFICOS DEL CONDUCTISMO Es dable advertir, pues, que el conductista trabaja como cualquier otro hombre de ciencia. Su único objeto es reunir hechos tocantes a la conducta —verificar sus datos—, someter- los al examen de la lógica y de la matemática (los instrumentos propios de todo científico). Lleva al recién nacido a su "nursery" experimental y empieza a plantear problemas: ¿qué hace ahora el niño? ¿Cuál es el estímulo que lo induce a comportarse así? Encuentra que el estímulo de los cosquilieos en la mejilla pro- voca la respuesta de hacerle volver la boca hacia el lado es- timulado. El estímulo del pezón, la succión. El estímulo de una vara sobre la palma de la mano, el cierre de la mano; y si se levanta la vara, la suspensión de todo el cuerpo por ésta y el brazo. Si estimulamos al niño haciendo pasar rápidamente E L C O N D U C T I S M O 31 una sombra delante de sus ojos, no provocaremos su parpadeo hasta que tenga sesenta y cinco días de vida. Si lo estimulamos con una manzana, un caramelo o cualquier otro objeto, no hará tentativa alguna de alcanzarlos hasta aproximadamente los ciento veinte días de existencia. Si a un niño correctamente criado, cualquiera sea su edad, lo estimulamos con serpientes, peces, oscuridad, papel encendido, pájaros, gatos, perros, monos, no conseguimos suscitar el tipo de respuesta que llamamos "miedo" (y a la cual para ser objetivos podríamos designar reacción X), que se manifiesta en detenimiento de la respira- ción, rigidez de todo el cuerpo y desvío de la fuente de estímu- lo: un correr o gatear para alejarse de ella. (Ver pág. 181). Por otra parte, existen, con toda exactitud, dos estímulos que indefectiblemente promueven la respuesta de miedo: un sonido fuerte y la pérdida de base de sustentación. Ahora bien, por la observación de niños criados fuera de su "nursery", el conductista sabe que centenares de cosas des- piertan respuestas de miedo. Surge pues esta cuestión científica: si al nacer, únicamente dos estímulos provocan el miedo, ¿cómo es posible que esas otras cosas logren producirlo? Adviértase que la pregunta no es de índole especulativa. Cabe satisfacerla mediante experimentos; los experimentos son susceptibles de reiterarse, y si la observación original es correcta se obtendrán iguales resultados en cualquier otro laboratorio. Con un sen- cillo ensayo se lo puede comprobar. Si se muestra una serpiente, un ratón o un perro a una criatura que nunca haya visto estos objetos ni se la haya ate- morizado de otra manera, empezará a tocarlo apretujando esta o aquella parte. Repítase esta prueba durante diez días hasta obtener una razonable seguridad de que la criatura se acer- cará siempre al porro, que nunca huirá de él (reacción positiva), y de que éste jamás provocará una respuesta de miedo. En estas condiciones, se toma una barra de acero a espaldas del niño y se golpea fuertemente. De inmediato aparecerán las manifestaciones del miedo. Entonces, pruébese lo siguiente: en el momento en que se le enseña el animal, y justamente cuando empieza a aproximársele, golpéese de nuevo la barra del mismo modo. Repítase el experimento tres o cuatro veces. Se mani- festará un cambio novedoso e importante: ahora, el animal pro-
  • 15. 32 J. B. W A T S O N voca la misma respuesta que la barra de acero — una respuesta de miedo. En el conductismo denominamos este hecho respuesta emocional condicionada — una forma de reflejo condicionado. Nuestros estudios acerca de los reflejos condicionados nos permiten explicar el temor de la criatura al perro sobre la base de una ciencia completamente natural, sin apelar a la conscien- cia ni a ninguno de los denominados procesos mentales. Un perro se aproxima con rapidez al niño, le salta encima, lo derriba y al mismo tiempo ladra fuertemente. A menudo, basta una com- binación de esta índole para que la criatura huya del animal apenas lo vea. Hay muchos otros tipos de respuestas emocionales condi- cionadas, como las que se relacionan con el amor, cuando la madre, al acariciar a su niño, arrullarlo, estimular sus órganos sexuales durante el baño, y mediante otras operaciones simila- res, provoca el abrazo y el gorjeo como una respuesta original no aprendida. Pronto esta reacción se torna condicionada. La mera visión de la madre produce la misma clase de respuestas que el contacto físico real. En la ira tenemos una serie de he- chos análogos. El impedir los movimientos de los miembros del niño, provoca la respuesta originaria no aprendida que lla- mamos "ira". No tarda en ocurrir que la mera presencia de una niñera que lo trate con brusquedad baste para suscitar un acceso de cólera. Es dable comprobar, pues, cuan relativamen- te simples son al principio nuestras respuestas emocionales, y cuan terriblemente las complica pronto la vida del hogar. El conductista tiene asimismo sus problemas en lo tocante al adulto. ¿Qué métodos hemos de utilizar sistemáticamente a fin de condicionar al adulto? ¿Por ejemplo, para enseñarle há- bitos de trabajo, hábitos científicos? Ambas categorías, los ma- nuales (técnica y habilidad) y los laríngeos (hábitos de hablar y pensar) habrán de establecerse y relacionarse antes que se complete el aprendizaje. Una vez formados estos hábitos de trabajo, ¿con qué sistema de estímulos variables debemos ro- dearlo si queremos mantener el nivel de eficiencia y su aumento constante? Además del problema de los hábitos profesionales, se plan- tea el de su vida emocional. ¿Cuál es la parte que trasciende su infancia? ¿Cuál estorba su adaptación actual? ¿Cómo po- E L C O N D U C T I S M O 33 demos hacer para que la elimine? Es decir: ¿desacondicionarlo cuando ello resulte necesario, o condicionarlo cuando el condi- cionamiento Ío~ sea? En verdad, sabemos muy poco acerca de la cantidad y calidad de los hábitos emocionales o, mejor, vis- cerales (con este término entendemos que el estómago, los in- testinos, la respiración y la circulación se condicionan —for- man hábitos) que debieran crearse. Sabemos que existe gran número y que son importantes. Probablemente, la mayoría de los adultos de este mundo nuestro, sufre vicisitudes en su vida familiar y en sus negocios que se deben más a pobres e insuficientes hábitos viscerales que a la falta de técnica y habilidad en sus actividades ma- nuales y verbales. En el presente, uno de los relevantes proble- mas en las grandes organizaciones es el de la adaptación de la personalidad. Al ingresar en las organizaciones comerciales, los jóvenes de ambos sexos tienen adecuada capacidad para des- empeñar sus tareas, mas fracasan por no adaptarse a los demás. ¿EXCLUYE ESTA ORIENTACIÓN ALGO PROPIO DE LA PSICOLOGÍA? Después de este breve examen de la orientación conduc- tista en lo tocante a los problemas de la psicología, podría decirse: "Bien, vale la pena estudiar la conducta humana de esta manera, pero el estudio de la conducta no es toda la psi- cología. Omite demasiado. ¿Acaso no tengo sensaciones, per- cepciones, conceptos? ¿No olvido y recuerdo cosas e ima- gino otras; no tengo imágenes visuales y auditivas de cosas anteriormente vistas u oídas? ¿No veo y oigo cosas que nunca he visto ni oído en la naturaleza? ¿No puedo estar atento o des- atento, según la circunstancia? ¿Algunas cosas no despiertan en mí placer, y disgusto otras? El conductismo pretende privarnos de todo cuanto desde la más tierna infancia ha constituido para nosotros un artículo de fe". A causa de la formación en psicología introspectista, según acontece con la mayoría, es lógico que se planteen estas con- sideraciones y se encuentre difícil apartarse del antiguo voca- bulario para empezar a delinear una nueva vida psicológica en los términos del conductismo. El conductismo es vino nuevo y no puede entrar en odres viejos. Momentáneamente convendrá
  • 16. 34 J. B. W A T S O N apaciguar el natural antagonismo y aceptar el programa con- ductista, por lo menos hasta compenetrarse con mayor pro- fundidad de esta ciencia. Entonces notará que ha progresado tanto en el conductismo que las preguntas que ahora formula se contestarán por sí mismas, de una manera perfectamente satisfactoria y científica. A continuación debemos agregar que si el conductista le interroga qué entiende por los términos sub- jetivos que empleamos habitualmente, caería en un mar de contradicciones. Inclusive podría convencerle de que lo ig- nora. Los aplicaba sin analizarlos; integraban su tradición social y literaria. PARA COMPRENDER EL CONDUCTISMO ES NECESARIO COMENZAR POR LA OBSERVACIÓN DE LA GENTE Este es el punto de partida fundamental del conductismo. Muy pronto se descubrirá que la autoobservación, además de no ser la manera más fácil y natural de estudiar psicología, resulta simplemente imposible. Dentro de nosotros mismos sólo podemos comprobar las formas más elementales de respuesta. Por el contrario, cuando empezamos a estudiar lo que hace nues- tro vecino, advertimos que rápidamente adquirimos experiencia para clasificar su conducta y crear situaciones (presentar es- tímulos) que lo harán comportarse de una manera previsible para nosotros. DEFINICIÓN DE CONDUCTISMO En el presente, las definiciones no son tan populares como lo fueron en otras épocas. La definición de cada ciencia, de la física, por ejemplo, necesariamente tendría que incluir la de todas las demás. Esto mismo vale respecto del conductismo. Todo cuanto en la actualidad podemos hacer para definir una ciencia es, casi, describir un círculo alrededor de aquel sector de la ciencia natural que reclamamos de nuestro dominio. El conductismo —según queda entendido a través de nues- tra exposición preliminar—, es, pues, una ciencia natural que se arroga todo el campo de las adaptaciones humanas. Su com- pañera más íntima es la fisiología. En efecto, conforme avan- E L C O N D U C T I S M O 35 cemos en este sentido, podríamos llegar a preguntarnos si es posible diferenciar el conductismo de esa ciencia. En realidad, sólo difiere de la fisiología en el ordenamiento de sus proble- mas; no en sus principios fundamentales ni en su punto de vista central. La fisiología se interesa especialmente en el fun- cionamiento de las partes del animal: por ejemplo, el sistema digestivo, circulatorio, nervioso, los sistemas secretorios, la me- cánica de las reacciones nerviosas y musculares. En cambio, aunque muy interesado en el funcionamiento de dichas partes, al conductismo le importa intrínsecamente lo que el animal —como un todo— hace desde la mañana hasta la noche y desde la noche hasta la mañana. El interés del conductista en las acciones humanas signi- fica algo más que el del mero espectador: desea controlar las reacciones del hombre, del mismo modo como en la física los hombres de ciencia desean examinar y manejar otros fenómenos naturales. Corresponde a la psicología conductista poder anti- cipar y fiscalizar la actividad humana. A fin de conseguirlo, debe reunir datos científicos mediante procedimientos experi- mentales. Sólo entonces al conductista experto le será posible inferir, dados los estímulos, cuál será la reacción; o, dada la reacción, cuál ha sido la situación o estímulo que la ha provocado. Examinemos por un momento más de cerca estos dos tér- minos: estímulo y respuesta. ¿QUE ES UN ESTIMULO? Si, de improviso, dirijo al ojo una luz intensa, la pupila se contraerá rápidamente. Si, de improviso, apagara toda la ilu- minación de un cuarto en el que se encuentra una persona, sus pupilas comenzarían a dilatarse. Si, de improviso, a sus espaldas disparara un tiro de pistola, daría un sacudón y pro- bablemente volvería la cabeza. Si, de improviso, se soltara sulfito de hidrógeno en un ambiente cerrado, las personas que estuviesen en él se apresurarían a taparse la nariz y acaso también tratarían de huir. Si, de improviso, aumentara en forma sensible la temperatura de un ambiente, quienes se encontraran en él empezarían a desabrocharse el saco y a transpirar. Si,
  • 17. 36 J. B. W A T S O N de improviso, la hiciera bajar de súbito, provocaría una reacción diferente. Además, en nuestro interior tenemos un campo igualmente vasto en el que los estímulos pueden ejercer su efecto. Por ejemplo, momentos antes de comer, los músculos del estómago principian a contraerse y a dilatarse rítmicamente por la caren- cia de alimento. En cuanto se lo ingiere, las contracciones cesan. Tragando un pequeño globo y comunicándolo con un instru- mento registrador, podemos determinar con facilidad la reacción del estómago a la falta de alimento y la ausencia de reacción en presencia del mismo. En el macho, de todos modos, la presión de ciertos fluidos (semen) es susceptible de conducir a la actividad sexual. En el caso de la hembra, la presencia de ciertos cuerpos químicos también puede fácilmente provocar una manifestación sexual explícita. Los músculos de nuestros brazos, piernas y busto no sólo están sujetos a los estímulos procedentes de la sangre; asimismo son estimulados por sus propias reacciones, o sea: el músculo se encuentra en estado de constante tensión; cualquier aumento de ésta, verbigracia, al realizarse un movimiento, despierta un estímulo y motiva otra reacción en ese músculo o en otro ubicado en alguna parte dis- tante del cuerpo; cualquier disminución de dicha tensión, como cuando el músculo se relaja, constituye análogamente un estímulo. Comprobamos, pues, que el organismo se halla de continuo sometido a la acción de los estímulos —que llegan por la vista, el oído, la nariz y la boca— los denominados objetos de nuestro medio; al mismo tiempo, también el interior de nuestro cuerpo se halla en cada instante sometido a la acción de estímulos nacidos de los cambios en los tejidos mismos. ¡Por favor, no se piense que en su interior el cuerpo es distinto o más mis- terioso que en su exterior! A través del proceso de la evolución humana los seres han desarrollado órganos sensoriales — áreas especializadas como los ojos, orejas, nariz, lengua, epidermis y conductos semi- circulares * en las que determinados tipos de estímulos son su- * En el capítulo III examinaremos cómo están constituidos los órganos sen- soriales y cuál es su relación general con el resto del cuerpo. E L C O N D U C T I S M O 37 mámente efectivos. A éstos, hay que agregar todo el sistema muscular, los. músculos estriados (por ejemplo, los largos múscu- los, rojos, de los brazos, piernas y busto) y lisos (por ejem- plo, los que participan en la estructura hueca, semejante a un tubo, del estómago, intestinos y vasos sanguíneos). Los múscu- los no son, pues, órganos de reacción únicamente, sino también sensoriales. Luego veremos que los dos últimos sistemas ejer- cen enorme influencia en la conducta humana. Muchas de nues- tras reacciones más íntimas y personales se deben a los estímu- los creados por cambios en el tejido de nuestros músculos es- triados y visceras. COMO EL APRENDIZAJE MULTIPLICA LOS ESTÍMULOS Uno de los problemas del conductismo es el que cabría denominar "la multiplicación continua de los estímulos" a los cuales responde el individuo. En verdad, esta cuestión es tan compleja que, a primera vista, podríamos sentirnos tentados a dudar de lo aseverado más arriba: que es posible prever la reacción. Si se vigila el crecimiento y el desarrollo del ser humano, se observará que si bien gran cantidad de estímulos provoca reacciones en el recién nacido, muchos otros no des- piertan ninguna. Sea como fuere, no determinan una reacción igual a la que promueven más tarde. Por ejemplo, no se con- sigue mucho enseñando a un infante un lápiz, un papel o la partitura de una sinfonía de Beethoven. En otras palabras, antes que ciertos estímulos puedan ejercer su influencia es indispensable que se forme un hábito. Luego trataremos el procedimiento mediante el cual nos es dable lograr que estí- mulos comúnmente sin reacciones, las provoquen. El término que de ordinario empleamos para describir este procedimiento es "condicionamiento" (conditioning). En el capítulo II habla- remos con mayor extensión de las "reacciones condicionadas". Es el condicionamiento, desde la más tierna infancia, lo que dificulta tanto al conductista poder anticipar cuál será una determinada reacción. Por lo regular, la vista de un caballo no suscita una reacción de miedo, y, sin embargo, en un grupo de 30 a 40 personas casi siempre se encuentra alguna que caminará una cuadra de más a fin de eludirlo. El estudio del
  • 18. 38 J. B. W A T S O N conductismo nunca facultará a sus cultores para denunciar la existencia de tal estado de cosas con sólo mirar a una persona. No obstante, si el conductista advierte esta reacción, es muy fácil para él señalar aproximadamente qué situación de la pri- mera infancia del sujeto pudo provocar este tipo de reacción poco frecuente en el adulto. A pesar de lo arduo que resulta predecir en sus detalles cuáles serán las reacciones, insistimos, en general, en la teoría de que nos es dado anunciar con ante- lación qué hará nuestro vecino. Es la única base sobre la cual nos es posible alternar con el prójimo. ¿QUE ENTIENDE EL. CONDUCTISMO POR RESPUESTA? Hemos puesto ya de relieve que, desde el nacimiento hasta la muerte, el organismo es atacado por estímulos en su parte exterior y por estímulos engendrados en el cuerpo mismo. Responde. Se mueve. La respuesta puede ser tan leve que únicamente sea susceptible de observarla mediante instrumentos. Podrá limitarse a un mero cambio en la respiración, o a un aumento o disminución de la presión arterial. Acaso no suscite más que un movimiento del ojo. Empero, las reacciones más comúnmente observadas son los movimientos de todo el cuerpo, de los brazos, piernas, tronco o combinaciones de todas las partes movibles. Por lo regular, aunque no siempre, la respuesta del orga- nismo al estímulo trae aparejada una adaptación. Por adapta- ción sólo entendemos que el organismo, al moverse, altera su estado fisiológico de tal manera que el estímulo no provoca ya reacciones. Este concepto acaso parezca un tanto complicado, pero algunos ejemplos lo aclararán. En la persona hambrienta las contracciones del estómago la estimulan a andar incesante- mente de un lado a otro. Si mientras se mueve sin descanso, divisa manzanas en un árbol, trepa a él de inmediato, las toma y empieza a comerlas. Cuando esté harta, las contracciones cesarán, y aunque a su alrededor cuelguen otras manzanas no las tomará. Otro ejemplo: el aire frío me estimula. Me muevo de un lado a otro hasta conseguir resguardarme del viento. En campo abierto, quizá podría cavar un hoyo. Una vez gua- recido, el viento ya no provoca en mí reacción alguna. Bajo E L C O N D U C T I S M O 39 la excitación sexual, el macho puede hacer cualquier cosa para capturar una "hembra complaciente. Satisfecha ya la actividad sexual, el incansable movimiento de búsqueda concluye. La hembra deja de estimular al macho. A menudo se ha criticado al conductista el énfasis que pone en la respuesta. A lo que parece, algunos psicólogos creen que el conductista está exclusivamente interesado en re- gistrar ínfimas respuestas musculares. Nada más erróneo. Insisto en que al conductista le importa primordialmente la conducta del nombre como un todo. Lo vigila de la mañana a la noche en el desempeño de sus tareas diarias. Si está poniendo ladrillos, desearía contar el número que es capaz de colocar en diferentes condiciones; determinar hasta cuándo podría seguir sin ren- dirse de cansancio; cuánto tiempo emplea para aprender su tarea; la posibilidad de acrecentar su eficacia u obtener que realice idéntica cantidad de trabajo en menor tiempo. En otras palabras, la contestación que importa al conductista se sintetiza en la sensata solución a este problema: ¿qué está haciendo y por qué lo está haciendo? Tras esta enunciación, seguramente nadie podrá desvirtuar el programa del conductista hasta el punto de permitirse sostener que es un mero fisiólogo del músculo. El conductista afirma que todo estímulo efectivo tiene su respuesta, y que ella es inmediata. Por estímulo efectivo enten- demos el estímulo suficientemente fuerte para vencer la normal resistencia al pase del impulso sensorial desde los órganos de los sentidos a los músculos. En este punto es preciso no con- fundirse por lo que suelen decir el psicólogo y el psicoanalista. Si leemos sus exposiciones, cabría suponer que el estímulo puede aplicarse hoy y provocar su efecto tal vez mañana, o quizá en los próximos meses o años. El conductista no cree en estas concepciones mitológicas. Es cierto que podrá presen- tarse un estímulo verbal como éste: "Nos encontraremos mañana a la una en el Ritz para almorzar". La contestación inmediata es: "De acuerdo; no faltaré". Ahora bien, ¿qué sucede luego? Es preferible no intentar aún avanzar sobre este punto difícil, pero séanos permitido señalar que en nuestros hábitos ver- bales existe un mecanismo en virtud del cual el estímulo se
  • 19. 4© J. B. W A T I O N renueva de momento en momento hasta tanto ocurra la reac- ción final: "ir al Ritz al día siguiente a la una". CLASIFICACIÓN GENERAL DE LA RESPUESTA Las dos clasificaciones sensatas de la respuesta son: "ex- terna" o "interna" —o acaso sean mejores los términos "visi- ble" * (explícita) e "implícita". Entendemos por respuestas externas o explícitas los actos ordinarios del ser humano: inclinarse para alzar una pelota de tenis, escribir una carta, entrar en un auto y comenzar a manejar, cavar un hoyo en la tierra, sentarse a preparar una conferencia, bailar, flirtear con una mujer, hacerle el amor a la esposa. Para efectuar estas observaciones no necesitamos instrumentos. Mas las respuestas pueden hallarse completamente confinadas en los sistemas musculares y glandulares del interior del cuerpo. Supongamos un niño o una persona mayor con hambre que se encuentra de pie, inmóvil delante de una vidriera repleta de confituras. La primera observación de quien lo mire, podrá ser: "¡No hace nada!" o, "simplemente mira las confituras". Un instru- mento demostraría que sus glándulas salivales secretan, que su estómago se -contrae y dilata rítmicamente, y que se están produciendo notables cambios en la presión arterial —que las glándulas endocrinas están vertiendo sustancias en el torrente sanguíneo. Las respuestas internas o implícitas son arduas de observar, no porque ellas sean esencialmente distintas de las exteriores o explícitas, sino sólo a causa de que están ocultas a la mirada. Otra clasificación general es la de respuestas aprendidas y no aprendidas. He mencionado antes el hecho de que la serie de estímulos ante los cuales reaccionamos aumenta incesante- mente. Merced a su estudio, el conductista ha descubierto que la mayoría de los actos que vemos cumplir al adulto son real- mente aprendidos. Solíamos pensar que muchos de ellos eran "instintivos", es decir, "no aprendidos" — pero ahora nos en- contramos a punto de desechar la palabra "instinto". Sin em- bargo, llevamos a cabo muchas cosas sin necesidad de apren- "Overt" en el original (T.J. E L C O N D U C T I S M O 41 derlas: transpirar, respirar, hacer que nuestro corazón palpite, que nuestra digestión se efectúe, que nuestros ojos se dirijan a una fuente de luz, que las pupilas se contraigan, manifestar miedo ante un sonido fuerte. Conservemos, pues, como segunda clasificación: "respuestas aprendidas" — suponiendo que in- cluyen todos nuestros hábitos complicados y todas nuestras respuestas condicionadas; y respuestas "no aprendidas", en- tendiendo por ellas cuantas ya realizamos en la primera in- fancia antes que el proceso de condicionamiento y la formación de hábitos predominen. Otra manera, puramente lógica, de clasificar las respuestas es la de caracterizarlas por el órgano sensorial que las origina. Así, verbigracia, tenemos una respuesta visual no aprendida — por ejemplo, el pequeño que al nacer dirige la vista a una fuente luminosa. Opuesta a ella, una respuesta visual aprendida: la respuesta a una pieza musical impresa o a una palabra. Podría, además, darse una respuesta kinestésica * no aprendida: el infante que reacciona llorando a causa de haber tenido un brazo torcido durante un largo rato. Estaríamos frente a una respuesta kinestésica aprendida si manipulamos un objeto de- licado en la oscuridad, o caminamos por un laberinto. Asimismo, podemos tener una respuesta visceral no aprendida: el llanto provocado en una criatura de tres días por las contracciones del estómago debidas a falta de alimento. Comparémosla con la respuesta visceral aprendida o condicionada: la visión de pasteles en la vidriera de una confitería que le hace agua la boca a un estudiante hambriento. Esta digresión acerca del estímulo y la respuesta sumi- nistra una idea del material con que hemos de trabajar en psicología conductista y porqué ésta se propone como meta el que dado el estimulo, poder predecir la respuesta o, viendo qué reacción tiene lugar, injerir cuál es el estímulo que la ha provocado. * Entendemos por kinestésico el sentido muscular. Nuestros músculos están pro- vistos de terminaciones nerviosas, las cuales son estimuladas al moverse aquéllos. Por consiguiente, es el movimiento del propio músculo el estímulo del sentido muscular o kinestésico.
  • 20. 42 J. B. W A T S O N ¿ES EL CONDUCTISMO UNA MERA ORIENTACIÓN METODOLÓGICA EN EL ESTUDIO DE LOS PROBLEMAS PSICOLÓGICOS O CONSTITUYE UN VERDADERO SISTEMA DE PSICOLOGÍA? Si —puesto que no halla un testimonio objetivo de su existencia— la psicología dejase de lado los términos "mente" y "consciencia", ¿qué sería de la filosofía y de las llamadas ciencias sociales que actualmente se asientan sobre esos con- ceptos? Casi a diario se interroga en este sentido al conductista; a veces en forma de amistosa averiguación, otras, no tan cor- dialmente. Cuando el conductismo luchaba por su sobrevivencia, temía contestar dicha pregunta. Sus concepciones eran sobra- damente novedosas; sus campos harto vírgenes para permitirse siquiera pensar que algún día podría erguirse y decir a la filosofía y a las ciencias sociales que también ellas debían revisar sus premisas. Por ello, cuando así se le preguntaba, la única réplica de que disponía el conductista era ésta: "Ahora no puedo preocuparme de tales cuestiones. El conductismo es en la actualidad una vía satisfactoria para arribar a la solución de problemas psicológicos". En el presente, el conductismo está fuertemente atrincherado. Encuentra que su modo de encarar el estudio de los problemas psicológicos, así como el de la formulación de sus resultados se tornan cada vez más adecuados. Acaso nunca pretenda constituir un sistema. Realmente, en todos los campos científicos los sistemas son anacrónicos. Reunimos nuestros hechos de observación, y de tiempo en tiem- po, seleccionamos un grupo y extraemos ciertas conclusiones generales. En unos pocos años, al acumular nuevos hechos de experiencia con mejores métodos, también habrá que modificar estas conclusiones generales de ensayo. Todo campo científico —la zoología, la fisiología, la química y la física— se encuentra en estado de flujo. La técnica experimental, la recolección de hechos por esta técnica y la tentativa de consolidarlos en una teoría o en una hipótesis, describen nuestro procedimiento científico. Juzgado sobre esta base, el conductismo constituye una verdadera ciencia natural. //. Cómo Estudiar la Conducta Humana PROBLEMAS, MÉTODOS, TÉCNICA Y ALGUNOS DE LOS RESULTADOS Análisis de problemas psicológicos. Observación bajo control experi- mental. Naturaleza general1 de los problemas psicológicos y sus soluciones. Sustitución o condicionamiento de estímulos. Sustitución de la respuesta. ¿Podemos establecer respuestas totalmente nuevas? Método del reflejo condicionado. Sustitución del estímulo en las reacciones glandulares. Respuestas glandulares diferenciales. Sustitución del estímulo en las reac- ciones salivales humanas. ¿Pueden condicionarse otras glándulas? Sus- titución de estímulos en reacciones motoras de los músculos estriados y lisos. Sustitución en el campo de las reacciones de la totalidad corporal. (Reacciones emocionales condicionadas). Resumen de los experimentos sobre sustitución del estímulo. Otros métodos de experimentación. El llamado test "mental" como método conductista. Experimentación social. Lo que puede aprenderse de la observación realizada con sentido común. ANÁLISIS DE PROBLEMAS PSICOLÓGICOS ¿Por qué la gente se comporta en la forma que lo hace? ¿Cómo yo, conductista, en nombre de la ciencia, puedo lograr que los individuos se comporten hoy diferentemente de ayer? ¿Hasta qué punto nos es dable modificar la conducta por el entrenamiento (condicionamiento)? Estos son algunos de los principales problemas de la psicología conductista. Para alcanzar estos objetivos científicos, el conductista, al igual que cualquier otro hombre de ciencia, debe realizar observaciones. En la observación psicológica hay diversos niveles. Todos los días efectuamos observaciones casuales de trozos de con- ducta. A menudo, no recurrimos a los experimentos para per- feccionar la observación. En nuestras observaciones sobre la vida diaria de los vecinos no es menester una técnica controlada
  • 21. 44 J. B. W ATSO N mediante el empleo de instrumentos. Nuestras observaciones de sus actos son siempre más o menos casuales. Por ejemplo, tomemos una simple observación sin con- trolar. Una madre duerme en una silla. Le hablamos, pero no se obtiene respuesta. Hacemos que afuera en el patio el perro ladre débilmente; tampoco se logra una respuesta. Entonces nos diri- gimos al dormitorio del niño y provocamos su llanto. En seguida la madre de un salto se incorpora de la silla y corre al cuarto del niño. Otro ejemplo parecido. Mi perro, un airedale, duerme a mis pies. ¿Qué ocurre si hago crujir el diario? Sólo un cambio en la respiración. ¿Si tiro al suelo un cuaderno? Otro cambio en la respiración — un pulso acelerado y un leve movimiento de la cola y de la pata. Me pongo de pie sin tocarlo: inme- diatamente el perro se levanta de un salto, listo para jugar, pelear o comer. En ambos casos, a fin de descubrir cómo lograría que se condujesen de cierta manera, empecé por utilizar estímulos —objetos— que se encontraban en el ambiente de mis sujetos. La raza humana existe desde hace cientos de miles de años; durante ese tiempo, hemos conseguido recoger gran número de datos sobre el efecto que diversos estímulos pro- ducen en la conducta humana. Mucho de este material se ha reunido —con seguridad sin mediar análisis crítico— por haberse observado la frecuente repetición de un mismo suceso. Juntamos estas observaciones y obtuvimos ciertas conclusiones. Buena parte de nuestros datos acerca de la forma en que los seres humanos viven en sociedad, se han alcanzado de esa manera: sin fiscalización experimental. Exactos o falsos, son los únicos datos de que disponemos referentes a la sociedad. Por ellos nos guiamos en el control de la conducta ajena. Se aumenta los salarios de nuestros empleados; se les ofrece bonificaciones y vivienda por un alquiler nominal que les permita contraer matrimonio; se instalan baños, campos de juego. Manipulamos estímulos constantemente, manejándolos en acción combinada frente al ser humano a objeto de determinar qué reacción provocarán; confiando que estará "de acuerdo con el progreso", será "deseable", "buena". (Y, por "deseable", "bueno", "de acuerdo con el progreso", la sociedad entiende, E L C O N D U C T I S M O 45 en verdad, reacciones que no perturben su tradicional orden de cosas (reconocido y estatuido). Por otro lado, el observador provisto de sentido común, suele operar en dirección contraria. El individuo está haciendo algo —reaccionando—, comportándose. A fin de que sus mé- todos resulten socialmente eficaces, para poder reproducir esta reacción (y acaso asimismo en otro individuo), intenta el ob- servador precisar qué situación ha causado esta particular reacción. OBSERVACIÓN BAJO CONTROL EXPERIMENTAL En las observaciones hasta aquí elegidas, no ha entrado cuestión alguna de experimentación o técnica. Observaciones y conclusiones han carecido de precisión científica. Tomemos otro ejemplo de conducta, de mayor complejidad — una conducta sólo comprensible después de sometida al control experimental. Observemos cualquier grupo de hombres y mujeres que bos- tezan y luchan contra el sueño en una abigarrada sala de con- ferencias. ¿Por qué se tornan soñolientos? ¿Será aburrida la disertación? ¿O pobre la ventilación? La antigua teoría solía expresarse más o menos así: "En una sala apiñada de público, el oxígeno se consume rápidamente, produciendo la formación de un exceso de bióxido de carbono en el aire que respiramos; el bióxido de carbono es malo, provoca el bostezo, el sopor, y, si aumenta mucho, hasta puede matarnos". Pero supon- gamos que no hallamos satisfactoria esta explicación y empe- cemos a hacer experimentos. Colocamos los sujetos en un am- biente cerrado hasta que la tensión de C02 sea considera- blemente superior a la de un teatro colmado de público: los sujetos se ponen soñolientos. Luego bombeamos nuevo oxígeno en el ambiente: siguen con sueño. Cuando damos movimiento a un ventilador y cambiamos y refrescamos el aire, el sueño des- aparece. Conclusión: bostezamos y sentimos sueño porque la temperatura va en ascenso alrededor de nuestro .cuerpo — par- ticularmente en los espacios de aire en reposo entre la piel y la ropa; el aumento de tensión C02 si bien puede ser real, nada tiene que ver con la reacción. El método científico nos ha permitido no sólo identificar el estímulo causante de la
  • 22. 46 J. B. W A T S O N reacción, sino también controlar con eficacia la reacción, remo- viendo o modificando el estímulo. NATURALEZA GENERAL DE LOS PROBLEMAS PSICOLÓGICOS Y SUS SOLUCIONES Cabe plantear todos nuestros problemas psicológicos y sus respectivas soluciones en términos de estímulo y respuesta. Empleemos la abreviación E para estímulo (stimulus) (o la más compleja "situación") y R para respuesta. Podemos es- quematizar nuestro problema de la manera siguiente: E R Dado (A determinar) E R (A determinar) (Dada) El problema se resuelve cuando: E R Ha sido determinado Ha sido determinada SUSTITUCIÓN O CONDICIONAMIENTO DE ESTÍMULOS Hasta ahora hemos expuesto nuestro método muy senci- llamente. Hicimos creer que el estímulo necesario para provocar la reacción existe aparte, a manera de una entidad que sólo aguarda ser descubierta y presentada al sujeto. Asimismo hemos hablado como si la reacción fuese una cosa o entidad siempre lista a manifestarse en cuanto se estimule debidamente el organismo. Una simple observación demuestra que nuestro enunciado era inexacto y requiere ser alterado. En el capítulo inicial (pág. 36), se indicó cómo algunos estímulos, cuando se aplican por primera vez, no parecen ejercer un efecto per- ceptible y, con seguridad, carecen del efecto que suscitan des- pués. Ilustremos este concepto volviendo a nuestra fórmula. Tomemos, por ejemplo, una reacción establecida (no apren- dida), de la cual conocemos el estímulo y la respuesta: E R Choque eléctrico Retiro de la mano E L C O N D U C T I S M O 47 Por el momento, el simple estímulo visual de una luz roja no provoca el retiro de la mano. Tampoco la luz roja puede causar reacción alguna- (cualquier reacción que provoque se deberá a un condicionamiento anterior). Pero, si muestro la luz roja y luego, de inmediato o poco después, estimulo la mano de mi sujeto con la corriente eléctrica y repito el procedimiento suficiente número de veces, la luz roja provocará incontinenti el retiro de la mano. La luz roja (E) se convierte ahora en un estímulo sustituto: provocará R cuantas veces estimule al sujeto en esta forma. Algo sucedió para que se produjera este cambio, al cual —conforme se indicó—, se denomina condicionamiento — la reacción permanece la misma, pero hemos aumentado el número de estímulos susceptibles de despertarla. A fin de ex- presar el nuevo estado de cosas, describimos este cambio hablando (no muy propiamente) de estímulo condicionado. Conviene recordar empero que cuando hablamos de estímulos condicionados y de respuestas condicionadas, entendemos que lo condicionado es el organismo todo. Frente al estímulo condicionado tenemos el incondicionado. Ciertos estímulos provocarán respuestas definidas desde el na- cimiento. Presentemos unos pocos ejemplos de estímulos in- condicionados: E Luz Golpear el tendón ba- jo la rodilla Acido en la boca Pinchar, quemar y cortar la piel R Contracción de las pupilas Desviación de los ojos Salto de la pierna (re- flejo patelar) Secreción salival Retiro del cuerpo, llanto, gritos Observaciones realizadas con niños prueban que si bien existen miles de estímulos incondicionados, su número es rela- tivamente escaso si se lo compara con el de los condicionados. Los estímulos condicionados se cuentan por millares. Cada una de las 15.000 palabras impresas y escritas ante las cuales el individuo bien educado responde en forma organizada, consti- tuye un caso de estímulo condicionado. Lo son igualmente cada uno de los instrumentos que usamos en el trabajo; cada persona
  • 23. 48 J. B. W A T S O N que provoca en nosotros una respuesta. Nunca se ha podido precisar el número total de los estímulos condicionados e in- condicionados a los cuales podemos responder. No es posible apreciar en toda su importancia la susti- tución o condicionamiento del estímulo: acrecienta enormemente la cantidad de cosas que provocan respuestas. De acuerdo con lo que hasta el presente sabemos (falta una real evidencia experimental), nos es dable tomar cualquier estímulo que des- encadena una reacción "standard" y sustituirlo por otro. Volvamos por un instante a nuestra fórmula: E R Es obvio que si determinamos E, debemos establecer si es un estímulo "I" (incondicionado) o "C" (condicionado). El ex- perimento enseña, según hemos expuesto arriba, que la pre- sencia de una gota de ácido en la boca provoca en el sujeto, ya desde su nacimiento, secreción salival: es un ejemplo de estímulo congénito o incondicionado. La visión de un humeante pastel de cerezas, que también provoca la actividad de las glándulas salivales, constituye un caso de estímulo visual con- dicionado. El ruido de los leves pasos de la madre, que hace cesar el llanto del hijo, lo es de estímulo auditivo condicionado. SUSTITUCIÓN DE LA RESPUESTA ¿Podemos sustituir o condicionar una respuesta? El ex- perimento nos muestra que el proceso de sustitución o condi- cionamiento de una respuesta tiene lugar en todos los animales toda la vida. Ayer un perrito provocó en un niño de dos años de edad las respuestas siguientes: mimos, palabras cari- ñosas, juegos y risas. E R Vista del perro Manipuleo, risas Hoy el mismo animal provoca: E R Vista del perro Gritos, retiro del cuerpo E L C O N D U C T I S M O 49 Algo ha sucedido. Ayer tarde, mientras jugaba, el perro lo mordió demasiado fuerte — le desgarró la piel haciéndole sangrar. Sabemos que: E R Cortar, quemar Retiro del cuerpo, la piel gritos En otras palabras, mientras el estímulo visual perro continúa siendo sustancialmente el mismo, presentóse una reacción co- rrespondiente a otro estímulo incondicionado (cortar, pinchar la piel) *. El condicionamiento de respuestas es tan importante como el de los estímulos. Inclusive tiene mayor alcance social. Mu- chos de nosotros estamos rodeados de situaciones fijas e inmutables: verbigracia, el tipo de hogar donde vivimos, pa- rientes a quienes debemos halagar y tratar gentilmente, esposas "que no comprenden", apetitos sexuales ineludibles (el matri- monio con una persona inválida o insana), deformaciones físicas (estados permanentes de inferioridad), etc. Las reacciones a los estímulos permanentes a menudo son abortivas, inadecuadas para la adaptación; arruinan nuestra constitución y son sus- ceptibles de convertirnos en psicópatas. El hecho de que dis- tintas reacciones puedan condicionarse —a las que ADOLPH MEYER define como reacciones sustituías— constituye una verdadera esperanza, si no para la nuestra, para las genera- ciones futuras. A este proceso suele denominárselo "sublima- ción". No se ha precisado aún sobre bases fisiológicas si la actividad condicionada, sustituida o sublimada, es tan adecuada para la adaptación permanente como la incondicionada. A juzgar por la corta duración de muchas de las "curas" psicoanalíticas, cabría suponer que las reacciones sustituías, por lo menos en el campo sexual, no se adecúan al organismo en forma permanente. * Desde el punto de vista del laboratorio, no existe realmente fundamental diferencia entre un estimulo condicionado y una respuesta condicionada.
  • 24. 50 J. B. W A T S O N ¿PODEMOS ESTABLECER RESPUESTAS TOTALMENTE NUEVAS? Ciertamente, desde la infancia no se vuelve a encontrar nuevas vías nerviosas en la estructura cerebral. Las conexiones nerviosas se hallan completamente establecidas al nacer. No obstante, el número de las reacciones incondicionadas, no aprendidas, es demasiado reducido como para tenerlo presente en el caso del adulto. Sin embargo, permítasenos llamar la atención acerca del hecho de que existen miles de respuestas no aprendidas e incondicionadas, como los movimientos de los dedos y de los brazos, de los ojos, de los dedos de los pies, y de las piernas, que escapan por completo a la mirada del observador no ejercitado. Estos son los elementos con los cuales se integrarán nuestras respuestas organizadas, aprendidas, evidentemente por el proceso de condicionamiento. Estas res- puestas simples, incondicionadas, embriológicas, en virtud de la presentación de estímulos apropiados (la sociedad lo hace por nosotros), pueden agruparse e integrarse en respuestas condicionadas complejas, o hábitos, como el tenis, la esgrima, la fabricación de zapatos, las reacciones maternas, las religio- sas, etc. Estas respuestas complejas son, por consiguiente, integraciones. El organismo comienza su vida con más res- puestas elementales de las que necesita. Por numerosos que parezcan sus complicados actos organizados, se utilizan rela- tivamente pocos de sus vastos recursos. A fin de obtener ejemplos de grupos de respuestas con- dicionadas, aunque difusas y muy dispersas, ante un estímulo, que se transforman luego en un grupo limitado de respuestas condicionadas (o hábitos), recurramos a la rata blanca. La hemos dejado sin alimento durante 24 horas. Pusimos su ración en una jaula experimental de alambre que se abre levantando una tranca antigua de madera. La rata nunca se ha encontrado en una situación semejante. Supongamos por hipótesis que todas sus primeras reacciones son innatas y no aprendidas (lo cual seguramente no es cierto). ¿Qué hace? Corre alrededor, muerde los alambres, introduce el hocico entre las mallas, tira hacia sí la comida, clava las uñas en la puerta móvil, levanta la cabeza y husmea la jaula. Obsérvese que cada reacción parcial necesaria a fin de solucionar el problema ha sido exhi- E L C O N D U C T I S M O 51 bida muchas veces. Estas reacciones parciales están presentes en su equipo de actos incondicionados o no aprendidos. Ellos son: 1) caminar o correr hacia la puerta; 2) levantar la cabeza —acto que si se realiza en determinado momento conseguirá levantar la tranca; 3) tirar de la puerta con las uñas; 4) trepar sobre el umbral en procura del alimento. De las numerosas respuestas incondicionadas manifestadas por la rata, sólo cuatro son necesarias — si le damos tiempo, logrará siempre acci- dentalmente la solución. Mas, para resolver el problema con eficacia, estas cuatro reacciones deben ser espaciadas y opor- tunas, articuladas o integradas. Cuando la integración, articu- lación o condicionamiento se completa, todas las otras respuestas, excepto 1 - 2 - 3 - 4 , desaparecen. Hablaríamos correctamente si dijéramos que tal respuesta 1 - 2 - 3 - 4 constituye una res- puesta nueva y condicionada. Este proceso es lo que general- mente denominamos formación del hábito. La mayoría de nosotros ha estudiado la formación del hábito; por lo menos, creemos saber mucho al respecto. Pero, aunque estuviéramos al tanto de cuantos datos se han acumu- lado, difícilmente podríamos elaborar una teoría consistente acerca de cómo se forman los mismos. En este campo, intros- pectistas y conductistas han trabajado en masse, diríamos, a fin de establecer varias cuestiones de hecho: tales como los factores que contribuyen a la rapidez en la formación y exac- titud de los hábitos y a su permanencia; el efecto de formar simultáneamente dos o más hábitos; su transferencia, etc. Em- pero, ningún investigador ha planteado sus problemas expe- rimentales de una manera que posibilitase construir con sus datos una teoría-guía de la formación del hábito. Tampoco ha sido resuelta todavía la relación entre lo que de ordinario llamamos formación del hábito y el condiciona- miento de los estímulos y las respuestas. Personalmente, pensa- mos que hay pocas novedades en lo referente a la formación del hábito, pero quizá estemos simplificando con exceso la cuestión. Cuando enseñamos al animal o al ser humano a dirigirse hacia una luz roja y no hacia una verde, a mantenerse en el camino acertado y a no meterse en un callejón sin salida, o a abrir una de las mencionadas jaulas experimentales, creemos que so- lamente establecemos una respuesta condicionada — el estímulo
  • 25. 52 J. B. W A T S O N permanece constante. Estamos trabajando con el propósito de conseguir una reacción "nueva" o condicionada. Sin embargo, en los casos en que existe una necesidad social o experimental de mantener constante la reacción, pero de cambiar el estímulo, según acontece cuando durante largo tiempo un individuo experimenta reacciones amorosas por una mujer que no le corresponde (arriesgando así toda su estructura vital), es me- nester una sustitución de estímulo (una transferencia, según definen los psicoanalistas). Si la sustitución se efectúa, tenemos un ejemplo de estímulo condicionado. Si bien nuestros estudios relativos a la formación del hábito en ambos campos, humano y animal, han carecido de guía teórica, gracias a ellos ha sido dable obtener abundante y va- liosa información para la psicología. En efecto, cabe considerar la prosecución de los trabajos tocantes a "la formación del hábito", como la principal preocupación del psicólogo hasta la muy reciente introducción de los métodos del reflejo condi- cionado. Esta teoría provocó una revisión del problema total y una reorganización de todo nuestro programa experimental. Hemos de postergar para otro capítulo una más amplia discusión de la "formación del hábito" propiamente dicha, y continuar aquí con el trabajo experimental efectuado con los "reflejos condicionados". Puede notarse que, en su mayor parte, atañe realmente a las sustituciones del estímulo y no a las de la reacción. Es más bien escaso el realizado sobre este último punto. El trabajo práctico de los psiquiatras y de los analistas ha sido en buena medida de igual carácter. La inhibición de la respuesta (por condicionamiento) es otra cuestión de idéntica importancia, pero a este respecto disponemos de pocos datos experimentales sobre sujetos humanos. MÉTODO DEL REFLEJO CONDICIONADO. SUSTITUCIÓN DEL ESTIMULO EN LAS REACCIONES GLANDULARES Los estudios de laboratorio acerca de la sustitución del estímulo han progresado más en el campo animal que en el campo humano. Puede que valga la pena revisar algunos de ellos. Las investigaciones sobre reflejos condicionados se iniciaron sobre perros, forma en la cual la exactitud experimental del E L C O N D U C T I S M O 53 método puede apreciarse con mayor claridad. El psicólogo ruso PAVLOV y sus discípulos, fueron los principales investigadores en este terreno *. Recuérdese por un momento que podemos reaccionar me- diante dos diferentes tipos de tejidos: 1) nuestras glándulas, y 2) nuestros músculos, estriados y viscerales. (Ver pág. 36). La salival es la glándula que usualmente se elige para las experiencias. Según el Dr. G. V. ANREP, antiguo discípulo de PAVLOV, dicha glándula es un órgano simple, no compuesto como el sistema muscular. Por otra parte, es mucho más inde- pendiente del cuerpo y su actividad puede graduarse con mayor facilidad que la de los músculos. Conforme se ha dicho, el estímulo primario o incondicio- nado que provoca una reacción salival es algún alimento o sustancia acida introducida en la boca: E R Alimento, ácido Flujo salival El problema consiste ahora en tomar algún otro estímulo que no provoque el flujo salival —en realidad no debe pro- vocar en el perro ninguna reacción general marcada— y tratar de conseguir que provoque la respuesta salival. El experimento demuestra que los estímulos visuales, como, verbigracia, discos coloreados, formas geométricas, ruidos y sonidos simples, con- tactos de cuerpos, no son capaces de provocar respuestas sali- vales. Sin embargo, todos ellos pueden condicionarse. Prime- ramente se le practica al perro una sencilla incisión en forma de fístula en el conducto de la parótida — o sea una pequeña abertura que vaya de la glándula hasta la superficie externa en la mejilla, y en esta salida se asegura un pequeño tubo. Así, las gotas de saliva que provengan de la glándula, en lugar de llegar a la boca pasan ahora por un tubo externo. Se conecta este tubo con un aparato que automáticamente registra el número de gotas que fluyen de la glándula. Se aisla al animal del experimentador y de todo estímulo: auditivo, * La reciente publicación de PAVLOV, "Lectures on Conditioned Reflexes" (Lec- ciones sobre los reflejos condicionados), nos brinda una exposición completa del trabajo cumplido en su laboratorio.
  • 26. 54 J. B. W A T SON olfatorio, visual o cualquier otro no controlado por aquél. La aplicación de ambos estímulos, incondicionado y condicionado, se realiza en forma automática desde fuera del ambiente donde se encuentra el animal. Su observación se lleva a cabo mediante un periscopio. Se ha comprobado que es factible sustituir a voluntad el alimento o el ácido por cualquier otro estímulo y obtener la respuesta salival siempre que apliquemos el estímulo (C) al mismo tiempo que el alimento o el estímulo ácido (I); en rea- lidad, asimismo podemos aplicar el estímulo C antes del es- tímulo /. Empero, evidentemente, si el estímulo / es aplicado primero, el condicionamiento no tiene lugar. Por ejemplo, KRESTOVNIKOV experimentó durante un año administrando antes el estímulo /; el estímulo C lo aplicaba sólo breves segundos más tarde, sin poder establecer nunca la reacción. Cuando el estímulo C precede al estímulo /, el condicionamiento se pro- duce luego de 20 a 30 aplicaciones combinadas. El intervalo de tiempo entre la administración de C y la de /, puede variar desde pocos segundos hasta cinco o más minutos. Supongamos que, en un señalado caso, buscamos condi- cionar un estímulo táctil para que provoque una respuesta salival. Estimulamos táctilmente al animal en un punto sobre el muslo izquierdo durante 4 segundos, y luego de una pausa de otros 4 ó 5 segundos, suministramos el estímulo incondi- cionado, carne pulverizada y galleta para perros (I). Repetimos la experiencia aproximadamente durante dos meses, reprodu- ciendo el estímulo de cuatro a diez veces diarias, con un inter- valo de 7 a 45 minutos después de cada aplicación. La susti- tución del estímulo entonces se habrá completado y el estímulo táctil (C) provocará el mismo número de gotas de saliva que la carne pulverizada y la galleta para perros (I). Mediante este sencillo procedimiento, hemos ampliado la serie de estímulos ante los cuales el perro puede reaccionar de una manera determinada. En vez de nuestra fórmula ante- rior, ahora leeremos: E R Carne pulverizada y Por ejemplo, 60 gotas galleta para perros de 0.01 cm3 en 30 Estímulo táctil sobre segundos el muslo izquierdo E L C O N D U C T I S M O 55 Por lo tanto, estamos ante un ejemplo de sustitución completa del estímulo. La magnitud de la reacción que sigue al estímulo condicionado es igual a la provocada por el incon- dicionado, dentro de los límites del error experimental. Aplicando este simple procedimiento, nos es dado probar toda la serie de estímulos a los cuales responde un animal. Verbigracia, supongamos ahora que tenemos un animal condi- cionado de modo que la luz de cualquier amplitud de onda provoque la respuesta salival. Luego de condicionarlo, intenta- mos descubrir si es sensible a ondas de menor amplitud que las que afectan al ojo humano. Empezamos con la luz verde del espectro y seguimos acrecentando en forma gradual la am- plitud de las ondas del estímulo luz, hasta tanto la reacción no se produzca. Ello nos da la extensión del campo de sensibili- dad del animal en la mayor amplitud de onda. Despertamos otra vez la reacción ante la luz verde, y progresivamente vamos acortando la longitud de onda, hasta que la reacción desaparez- ca; esto nos permite establecer su capacidad de percepción en las más cortas longitudes de onda. Cabe aplicar el mismo mé- todo al aspecto auditivo. Ciertos investigadores han encon- trado que el perro reacciona ante sonidos de mucho mayor fre- cuencia de vibración que el ser humano. Sin embargo, el hom- bre y el perro nunca han sido sometidos a un experimento en idénticas condiciones. RESPUESTAS GLANDULARES DIFERENCIALES Con procedimientos ligeramente distintos nos es factible establecer las llamadas respuestas diferenciales. Demos por su- puesto que hemos condicionado al perro con un determinado tono "A", hasta producir la respuesta salival en la misma for- ma que la carne pulverizada. Cualquier otro tono "B" provo- cará, desde un principio, una respuesta salival (irradiación). ¿No es posible cambiar y conformar el sistema de reacción del perro de suerte que no reaccione frente al estímulo "B", sino únicamente ante "A"? Sí, dentro de los límites de la habilidad del perro para responder a diferencias de tono (lo cual es un tanto dudoso). ANREP sostiene que existe la respuesta diferen- cial a una mínima diversidad de tono. JOHNSON, experimentan-
  • 27. 56 J. B. W A T SON do con otros métodos, no halla respuesta diferencial ante cam- bios de tono. Cuando, por ejemplo, experimentamos con reac- ciones diferenciales a estímulos sonoros, procedemos a "fijar" o circunscribir el estímulo "A" más estrechamente, suministran- do el alimento cada vez que vibra el tono "A", y suprimiéndolo cuando vibra el "B". Muy pronto "A" provocará la secreción salival completa, en tanto que "B" no provocará en absoluto reacción alguna. Este método es aplicable de igual modo en todo el campo sensorial. Nos es dable contestar a las cuestiones: ¿Con cuánta exactitud puede reaccionar el perro ante los ruidos, ante diver- sas diferencias en la longitud de ondas, ante los olores? Algunos de los hechos generales resumidos por ANREP, en lo atinente al estudio de los reflejos salivales en los perros, pueden enumerarse así: 1) Las respuestas condicionadas, como todos los otros hábitos, son más o menos temporales e inesta- bles. Después de un período en que no se hayan prac- ticado, cesan, desaparecen. No obstante, pueden ser prontamente restablecidas. En un caso observado, se exploró el reflejo salival de un perro después de un lapso de dos años. El reflejo condicionado subsistía, pero no era invariable. Tras de reforzárselo, quedó completa- mente restablecido. 2) El estímulo sustituto puede fijarse y especifi- carse. Ningún otro estímulo de su categoría provoca- rá, después, el mismo reflejo. Si se condiciona un pe- rro con un metrónomo, ningún otro ruido suscitará igual respuesta. 3) La magnitud de la respuesta depende de la in- tensidad del estímulo. Auméntese el estímulo y se ob- tendrá un aumento en la respuesta. Y, si un estímulo continuado —un ruido o un tono— es interrumpido, tie- ne idéntico efecto que el aumento del estímulo: aumen- tará la intensidad de la respuesta. 4) Existe un marcado efecto adicional. Si se con- diciona un perro al sonido y al color separadamente, cuando se aplican los estímulos simultáneamente obser- E L C O N D U C T I S M O 57 vamos un notable aumento en el número de las gotas salivales secretadas. 5) Las respuestas condicionadas pueden extinguir- se (PAVLOV sostiene que nunca desaparecen en forma definitiva) . La falta del ejercicio las extingue. Lo mis- mo ocurre mediante la repetición continuada del estí- mulo. La "fatiga" no es la causa de su extinción; en el caso del perro condicionado separadamente al sonido y al color, si se suprime el estímulo óptico, el auditivo provocará la respuesta en toda su intensidad. SUSTITUCIÓN DEL ESTIMULO EN LAS REACCIONES SALIVALES HUMANAS En la pág. 53 apunté que para experimentar con reaccio- nes salivales sobre perros era menester recurrir a una sencilla operación. Esto, naturalmente, no se puede hacer con los seres humanos (salvo en caso de accidentes). Sin embargo, el doc- tor K. S. LASHLEY ha perfeccionado un pequeño instrumento que da igual resultado. Consiste en un pequeño disco de plata de diámetro aproximado de una moneda de 5 centavos y de un espesor de y8", acanalado en una cara, formando así dos cámaras no comunicantes. Cada cámara está provista de un tubito delgado de plata que sale de la misma. La cámara cen- tral se coloca sobre la abertura minúscula donde la glándula se asoma a la superficie interior de la mejilla. El tubo deri- vado de esta cámara lleva a un pequeño aspirador que crea un vacío parcial en ella. Esto sirve para que todo el disco se adhie- ra fuertemente a la superficie interna de la mejilla. Todo el aparato, llamado "sialómetro" (registrador de saliva), es mu- cho más cómodo de lo que cabría imaginar por esta descripción. Es posible comer y dormir con el aparato puesto. Como en el perro, sustancias alimentarias o ácidos (I) pro- vocan en el hombre una respuesta salival: E R Alimento, ácido Secreción de flujo salival Al igual que en los perros, los estímulos pueden sustituir- se en los seres humanos. El estímulo visual de un cuenta-
  • 28. 58 J. B. W A T S O N gotas no provocará el flujo salival desde un principio; pero, si el sujeto observa cómo se coloca la pipeta en una solución de ácido y luego se le aplica la solución sobre la lengua, la vista de la pipeta pronto llegará a provocarlo. Ahora, tenemos: E R Alimento, ácido o Flujo salival visión de la pipeta De esta manera, hemos condicionado a nuestro sujeto. Aquí también, hemos ampliado, en el terreno humano, la serie de estímulos que provocan una reacción salival. Es evidente que el condicionamiento de la glándula salival humana se produce durante la vida en una escala considerable; buen ejemplo de ello es el hacerse agua la boca del niño o del adulto a la vista de manjares sabrosos. Mientras no se realicen pruebas experi- mentales, no será dable observar estas reacciones condicionadas. No se trata de "asociación de ideas": el sujeto no puede "in- troinspeccionarse" acerca de ellas; tampoco puede decir si están presentes o no. ¿Nos es permisible llamar la atención de ustedes sobre el hecho de que esta glándula no se halla bajo el deno- minado control "volitivo", o sea, que no es posible "querer" hacerla secretar o "querer" detener su secreción? ¿PUEDEN CONDICIONARSE OTRAS GLÁNDULAS? En virtud del trabajo realizado por PAVLOV y sus discípulos, sabemos a ciencia cierta que las glándulas del estómago y otras glándulas viscerales pueden condicionarse en la misma medida que las salivales. Otros han demostrado que tales glándulas pueden asimismo ser condicionadas en el ser humano. No con- tamos con trabajo experimental alguno relativo a la sustitución del estímulo en otras glándulas de secreción externa. Tenemos motivos para creer que puede condicionarse la micción y el orgasmo en el macho, pero a ello nos referiremos luego (pá- gina 59), al tratar la probabilidad de reacciones musculares condicionadas. La otra glándula de secreción externa, fácilmente accesible a la experimentación (pero, que nosotros sepamos, todavía sin experimentarse) es la glándula lacrimal. Probablemente, mu- E L C O N D U C T I S M O 59 chas lágrimas del infante, del fanático del teatro, del criminal y del inválido' simulador sean típicos ejemplos de este condicio- namiento. Las glándulas de la piel también pueden ofrecer in- teresantes perspectivas experimentales. Ignoramos si es posible condicionar las glándulas de se- creción interna, la tiroides, las suprarrenales, la pineal y otras. Pero las reacciones emocionales pueden condicionarse, lo cual involucra el cuerpo entero. Si es así, evidentemente las glán- dulas de secreción interna deben seguir la serie y desempeñar su propio papel. Y tenemos pruebas suficientes para afirmarlo. En las reacciones emocionales condicionadas, ambas glándulas, suprarrenales y tiroides, parecen cambiar su ritmo funcional. SUSTITUCIÓN DE ESTÍMULOS EN REACCIONES MOTORAS DE LOS MÚSCULOS ESTRIADOS Y LISOS Las reacciones de los músculos estriados. — BECHTEREW, otro fisiólogo ruso, y sus discípulos, nos han enseñado que los estímulos que provocan respuestas de los músculos estriados de los brazos, piernas, busto y dedos, pueden ser sustituidos de manera similar. Una de las formas más simples para obtener una respuesta incondicionada mediante un estímulo incondi- cionado, consiste en aplicar un estímulo cortante o contundente. El choque eléctrico constituye igualmente un estímulo adecuado. Nuestra fórmula originaria diría: E R Cortar, golpear, que- Retiro del brazo, pier- mar, choque eléctrico na, dedo Si el pie descansa sobre un disco eléctrico, será sacudido cada vez que se dé paso a la corriente. Sobre un cilindro tiznado po- demos registrar este movimiento de la pierna o del pie; y lo mismo es factible hacer con cada administración de la corriente eléctrica. Según se ha demostrado, los objetos comunes, visuales y auditivos, no suscitan este rápido reflejo del pie. El ruido de un zumbador eléctrico, verbigracia, no provocará absolutamente nada. Pero estimulemos al sujeto en forma simultánea con el zumbador y con las sacudidas eléctricas, 24 ó 30 veces (más