Filosofía de
la Educación
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FILOSOFÍA DE LA EDUCACIÓN
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  1. 1. Filosofía de la Educación
  2. 2. FILOSOFÍA DE LA EDUCACIÓNFILOSOFÍA DE LA EDUCACIÓNFILOSOFÍA DE LA EDUCACIÓNFILOSOFÍA DE LA EDUCACIÓN
  3. 3. FILOSOFÍA DE LA EDUCACIÓN La presente compilación es propiedad de la Editorial. Ninguna parte de esta obra puede ser reproducida o trasmitida mediante ningún sistema o método electrónico o mecánico (incluyendo el fotocopiado, la grabación o cualquier sistema de recuperación y almacenamiento de información), sin consentimiento por escrito de la Editorial. Derechos Reservados ©©©© Universidad Santander Chihuahua 112 Nte. Col. Unidad Nacional. Cd. Madero, Tamaulipas, México. C.P. 89410 Teléfono: 833 210 10 89 Dirección en Internet: http://www.unisan.edu.mx Correo electrónico: editorial@unisan.edu.mx Primera Edición 1996. Primera Impresión 1996. Segunda Reimpresión 1997. Tercera Impresión 1998. Impreso en México. (Printed in Mexico). Dirección General del Derecho de Autor. Registro No. En Trámite. ISBN: 970-19-0063-4 Autor: Ing. Oscar Genaro Hernández Zúñiga
  4. 4. CONTENIDOCONTENIDOCONTENIDOCONTENIDO CONCEPTUALIZACION ...............................................................................................................................I UNIDAD I INTRODUCCIÓN.............................................................................................................1 UNIDAD II SÓCRATES.....................................................................................................................6 LA REMINISCENCIA.......................................................................................................7 UNIDAD III PLATÓN ........................................................................................................................16 LA REPÚBLICA .............................................................................................................17 El mito de la caverna ................................................................................................17 UNIDAD IV ARISTÓTELES..............................................................................................................22 METAFÍSICA .................................................................................................................23 La ciencia del ser......................................................................................................23 UNIDAD V ERNESTO RENÁN........................................................................................................26 VIDA DE JESÚS............................................................................................................27 Carácter esencial de la obra de Jesús .....................................................................27 UNIDAD VI GIOVANNI PAPINI ........................................................................................................34 HISTORIA DE CRISTO .................................................................................................35 Oración a Cristo........................................................................................................35 UNIDAD VII SAN AGUSTÍN ..............................................................................................................39 LAS CONFESIONES.....................................................................................................40 La memoria y su contenido ......................................................................................40 UNIDAD VIII SANTO TOMÁS DE AQUINO.......................................................................................42 SUMA TEOLÓGICA ......................................................................................................43 El alma se une al cuerpo como forma......................................................................43 UNIDAD IX DESIDERIO ERASMO DE ROTTERDAM ....................................................................47 ELOGIO DE LA LOCURA..............................................................................................48 LOS MAESTROS DE GRAMÁTICA..............................................................................49 LOS POETAS, LOS RETÓRICOS Y LOS AUTORES DE LIBROS..............................50 UNIDAD X SANTO TOMÁS MORO................................................................................................52 LA UTOPÍA....................................................................................................................53 El sabio y la política ..................................................................................................53 LA EXPLOTACIÓN DEL CAMPO..................................................................................53 LA POLÍTICA DE LOS PRINCIPES ..............................................................................54 CONTRA LA PROPIEDAD............................................................................................54
  5. 5. DESCRIPCIÓN DE UTOPÍA..........................................................................................55 SISTEMA DE EXPLOTACIÓN DE LA TIERRA.............................................................55 URBANISMO .................................................................................................................55 ECONOMÍA: LA DISTRIBUCIÓN ..................................................................................55 LOS METALES PRECIOSOS........................................................................................56 LA RELIGIÓN ................................................................................................................56 CONCLUSIÓN: CRÍTICA SOCIAL ................................................................................56 UNIDAD XI JUAN LUIS VIVES.........................................................................................................58 TRATADO DE LA ENSEÑANZA ...................................................................................59 UNIDAD XII FRANCOIS RABELAIS .................................................................................................67 GARGANTUA ................................................................................................................68 UNIDAD XIII JUAN AMÓS COMENIO ...............................................................................................74 DIDÁCTICA MAGNA .....................................................................................................75 UNIDAD XIV JUAN JACOBO ROUSSEAU........................................................................................85 EMILIO...........................................................................................................................86 De la educación ........................................................................................................86 SOFIA O LA MUJER......................................................................................................90 UNIDAD XV JUAN ENRIQUE PESTALOZZI.....................................................................................92 COMO GERTRUDIS ENSEÑA A SUS HIJOS ..............................................................93 TEORÍA DE LA INTUICIÓN...........................................................................................95 UNIDAD XVI AUGUSTO COMTE.....................................................................................................100 CURSO DE FILOSOFÍA POSITIVA.............................................................................101 La ley de los tres estados .......................................................................................101 LA CLASIFICACIÓN DE LAS CIENCIAS ....................................................................102 UNIDAD XVII CARLOS MARX ..........................................................................................................106 REFLEXIONES DE UN JOVEN DE BACHILLERATO ................................................107 ENTORNO A LA CRÍTICA DE LA FILOSOFÍA DE DERECHO HEGEL .....................110 UNIDAD XVIII LEÓN TOLSTOY.........................................................................................................111 UNIDAD XIX GEORGE KERSCHENSTEINER ................................................................................115 LA PRÁCTICA DE LA EDUCACIÓN ...........................................................................116 TEORÍA DE LA EDUCACIÓN......................................................................................117 Noción y base de la educación...............................................................................117 UNIDAD XX JOHN DEWEY.............................................................................................................119 LA ESCUELA TRADICIONAL......................................................................................120 LA ESCUELA DEWEY.................................................................................................121 ORIGEN DE LA TEORÍA.............................................................................................122 ORIENTACIÓN FILOSÓFICO GENERAL...................................................................122
  6. 6. UNIDAD XXI EMILE CHARTIER (ALAIN)........................................................................................124 EL HOMBRE................................................................................................................125 META DE LA EDUCACIÓN.........................................................................................125 EL NIÑO Y LO DIFÍCIL: EL MÉTODO SEVERO.........................................................127 UNIDAD XXII MARÍA MONTESSORI (1870-1952) ...........................................................................128 UNIDAD XXIII OVIDE DECROLY (1871-1932) ..................................................................................132 BIOGRAFÍA .................................................................................................................133 LA OBRA PEDAGÓGICA............................................................................................133 UNIDAD XXIV EDOUARD CLAPARÈDE (1873-1940).......................................................................136 LA PSICOLOGÍA DE LA INTELIGENCIA....................................................................138 UNIDAD XXV ALEXANDER SUTHERLAND NEILL .........................................................................140 LA CUESTIÓN ESCOLAR...........................................................................................141 UNIDAD XXVI ANTON SEMIONOVICH MAKARENKO.....................................................................145 UNA PEDAGOGÍA BOLCHEVIQUE............................................................................146 UNA POSICIÓN PEDAGÓGICA Y UN ESTILO PECULIARES ..................................146 EDUCAR PARA EL COMUNISMO..............................................................................149 UNIDAD XXVII CELESTIN FREINET...................................................................................................150 UNA EDUCACION PARA EL PUEBLO.......................................................................151 UNIDAD XXVIII JEAN PIAGET .............................................................................................................157 LA EDUCACIÓN POR LA ACCIÓN.............................................................................158 1.- Los logros de la educación................................................................................158 2.- Intereses, imposiciones, exámenes..................................................................162 3.- Transmitir el saber o facilitar su descubrimiento...............................................163 4.- La cooperación y el aprendizaje de la reciprocidad. .........................................164 UNIDAD XXIX LEV SENIENOVICH VYGOTSKY (1896-1934) ..........................................................168 UNIDAD XXX PAULO FREIRE ..........................................................................................................174 CONTEXTO HISTÓRICO Y PRETENSIONES...........................................................175 REFLEXIÓN EN TORNO AL HOMBRE......................................................................177 EL HOMBRE OPRIMIDO ............................................................................................179 UNIDAD XXXI IVÁN ILLICH................................................................................................................182 SU PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA EDUCACIONAL ........................................183 LA EDUCACIÓN EN EL SISTEMA SOCIAL ...............................................................185 UNIDAD XXXII GABINO BARREDA....................................................................................................187 FILOSOFÍA MEXICANA ..............................................................................................188
  7. 7. UNIDAD XXXIII FRANCISCO BULNES................................................................................................190 LIBRO: LAS GRANDES MENTIRAS DE NUESTRA HISTORIA.................................191 UNIDAD XXXIV JUSTO SIERRA...........................................................................................................194 SUMA FILOSOFÍA MEXICANA...................................................................................195 Antonio Ibargüengoitia Chico..................................................................................195 UNIDAD XXXV MANUEL GONZÁLEZ PRADA (1848-1918)...............................................................197 NUESTROS INDIOS....................................................................................................198 UNIDAD XXXVI JOSÉ MARTÍ (1853-1895) ..........................................................................................200 NUESTRA AMÉRICA ..................................................................................................201 UNIDAD XXXVII JOSÉ ENRIQUE RODO (1871-1917)..........................................................................203 ARIEL ..........................................................................................................................204 UNIDAD XXXVIII JOSÉ VASCONCELOS (RAZA CÓSMICA)................................................................206 UNIDAD XXXIX ANTONIO CASO .........................................................................................................210 MÉXICO APUNTAMIENTOS DE CULTURA PATRIA, 1943.......................................211 Los problemas nacionales ......................................................................................211 UNIDAD XL PEDRO ENRÍQUEZ UREÑA.......................................................................................213 LA UTOPÍA DE AMÉRICA...........................................................................................214 UNIDAD XLI ALFONSO REYES ......................................................................................................216 NOTAS SOBRE LA INTELIGENCIA AMERICANA .....................................................217 UNIDAD XLII SAMUEL RAMOS........................................................................................................219 EL PERFIL DEL HOMBRE Y LA CULTURA EN MÉXICO ..........................................220 Psicoanálisis del mexicano.....................................................................................220 UNIDAD XLIII JOSÉ CARLOS MARIATEGUI....................................................................................222 SIETE ENSAYOS DE INTERPRETACIÓN DE LA REALIDAD PERUANA.................223 BIBLIOGRAFÍA......................................................................................................................................... 225
  8. 8. IIII CONCEPTUALIZACIÓN No puede verse en la educación solamente una preparación para adquirir una cultura dada, un determinado estilo de vida. Educar es hacer un llamamiento, no sólo a la productividad inmediata, no sólo de los valores de la cultura presente, sino también y sobre todas las cosas a unos valores que se extienden más allá de las culturas, más allá de cualquier cultura. He aquí porque una verdadera pedagogía debe buscar sus fines en una visión amplia de la historia, en una contemplación histórica de esos datos permanentes, a los cuales, quiera o no quiera debe apelar todo concepto de la educación. Se ha tratado con frecuencia, de mostrar que la filosofía era una reflexión sobre la historia, reflexión que, como juzga a la historia y la supera, puede alcanzar al hombre en su corazón en el principio íntimo y constante por el cual se define la humanidad así misma a lo largo de todos sus avatares de las conductas humanas. Asimismo, la educación puede encontrar su fin en esa visión del hombre y del niño que puede resurgir de una consideración histórica o mejor dicho suprahistórica, de la educación. Si el hombre y el niño dependen del medio, presentan, no obstante, cierta constancia por el hecho de que, a lo largo de los siglos, siguen siendo el mismo hombre y el mismo niño, siempre nacidos de una mujer y sometidos a desarrollarse siempre crecientes en un mundo social y yendo hacia un mundo de cosas, siempre en busca de un porvenir mejor y de nuevas realizaciones que proclamen su grandeza. A lo largo de los avatares de la especie, permanece en el hombre algo como un impulso, siempre el mismo en condiciones harto variables, por el cual el niño va hacia el hombre gracias a la educación. De esta manera filosofía y educación se funden en filosofía educativa, y la filosofía y la antropología se convierten en antropología filosófica. Por ende, no se sorprenderá uno de que haya siempre tanto que atender en todos los pensadores, incluso en los más remotos, en los sofistas y podríamos ver más allá así como en los
  9. 9. IIIIIIII más recientes. IIich y, los latinoamericanos y podríamos ver más acá, porque la educación no consiste únicamente en formar a un solo miembro de un grupo, un trabajador en el hormiguero, sino en constituir un ser que supere al presente y se aventaje así mismo, y por tanto conviene observar cómo las técnicas experimentadas en otro tiempo han podido contribuir a facilitar esa superación, y como los diversos pedagogos han concebido, cada uno de acuerdo con su espíritu original, cada uno en la espera que le corresponda, medios para asegurar este desarrollo del niño que constituye la grandeza del hombre.
  10. 10. IIII IIIINTRODUCCIÓNNTRODUCCIÓNNTRODUCCIÓNNTRODUCCIÓN
  11. 11. FFFFILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LA EEEEDUCACIÓNDUCACIÓNDUCACIÓNDUCACIÓN 2222 La filosofía en general y la filosofía educativa en particular nacen en Grecia. La Educación de los nobles, encuentra su fundamentación en: Homero, hombre que abarca a la helade primitiva y que nos sirve para referirnos a la Iliada, la primer epopeya del mundo occidental y a la odisea, tal vez la primera novela de occidente, existen también una serie de obras: la batracomiomaquía, el margites, la iresione, el cercope y los himnos; a Apolo Delio, a Apolo Pitico, a Hermes, a Demeter, a Afrodita, a Dionisio, a Ares, a Pan y a la Tierra, atribuidos a el llamado Homero menor. La serie de poetas cíclicos: la Titanomaquia, la Edipodia, la Tebaida, los Epigonos, la Cipriada, la Etiopica, la pequeña Iliada, el Saqueo de Troya, los regresos, la tecogonia y la miniada, dejan muy precisado en modelo de héroe de la nobleza, así como su concepción peculiar de la mitología, aquí quedan definida la arete de la aristocracia homérica. Toca el turno a los agricultores y será Hesiodo el que defina los valores y la filosofía educativa de los agricultores; este poeta de los campesinos no sólo nos ha precisado la importancia de estos en sus trabajos y los días, en donde además nos da una visión pesimista de la evolución de la humanidad con su mito de las cinco edades: oro, plata, bronce, héroes o semidioses y hierro, sino que además intenta la primera visión “racional” de la mitología griega en la Teogonia. El catálogo de las heroínas nos da el primer atisbo de feminismo y el escudo de Heracles, en el que pretende surgir el modelo homérico, nos describe la sociedad de su tiempo. La filosofía educativa producto del trabajo agrícola queda definida por completo en otras obras de la escuela hesiodica: el Egimio, las bodas de Ceix, el Epitalamio de Peleo y Tetis, la Melampodia, las máximas de Quirón, el Litigio entre Zeus y Hera y el descenso de Teseo a los infiernos. La educación del estado y la filosofía educativa que de ella emana proviene de Esparza, pequeña Polis del Peloponeso a la que su peculiar pauta: reto-respuesta, el reto perene de la población mesenia, a la que se convirtió en ilotas obligó a una militarización de toda su economía, y eso se reflejó en su educación, Esparta, no obstante ser parte del mundo griego permanece en él como un anacronismo y, en un mundo en el que la filosofía se generaliza como el logro más alto del espíritu griego, Esparta, no produce ni un filósofo, he aquí las consecuencias de la educación estatal, y del consiguiente dogmatismo que implica, llevada al extremo, las fuentes para este modelo las encontramos en: la constitución de los Lacedomios de Jenofonte, el libro II de la política de Aristóteles, en vida de Licurgo de Plutarco y en las areangas de sus poetas: Tirteo, Terpando y Alcman. Pitágoras era de Samos, Jonio de origen y fundó en el sur de Italia la magna Grecia de los relatos, en el siglo VI A.C., en la ciudad de Cretons, una curiosa escuela que funcionó como sociedad o comunidad religiosa. Tal vez no fué la primer escuela del mundo Griego, pero indudablemente lo fué en mayor medida que las anteriores, su escuela tuvo influencias políticas en varias ciudades-estado de la magna gracia, además de Cretona, hasta que, según Polibio, sus “logias fueron incendiadas y ellos cruelmente perseguidos. ¡Véase desde que tiempo la educación como proceso auténtico conlleva riesgos!, su enseñanza, era misterica, criptica, hermética, y tenía dos tipos de alumnos: los exotéricos, alumnos externos y los esotéricos, alumnos internos. Los primeros recibían conocimientos importantes, pero los segundos recibían conocimientos secretos, después de una serie de ritos de iniciación, Pitágoras creía que el conocimiento era poder y tenía razón, y por eso no se lo proporcionaba a cualquiera. Los pitagóricos creían que los números eran sagrados, porque capturaban la esencia de las cosas, pero que destacaban en el carácter sagrado especialmente: el uno, representante de la unidad, de lo masculino y de lo positivo; el dos, representante de la dualidad, de lo femenino y de lo negativo; el tres, representante de la trinidad; el cuatro, representante de los cuatro puntos cardinales; y el diez, sagrado entre los sagrados, perfecto entre los perfectos, porque era resultado de la suma, matrimonio o combinación de los anteriores. Dicen algunos Diogenes Laercio entre otros que estas afirmaciones las realizó en obras como: del universo, discurso sagrado, discurso místico, las catascopiadas, y de la física, aunque algunos dicen que el último no es de él, sino de Lisis Tarentino.
  12. 12. UUUUNIDADNIDADNIDADNIDAD IIII :::: IIIINTRODUCCIÓNNTRODUCCIÓNNTRODUCCIÓNNTRODUCCIÓN 3333 Pitágoras y su escuela creían en la metempsicosis, variante de la transmigración de las almas, según esta peculiar concepción, el alma del ser que ocupaba el lugar más alto de la escala de los seres, al morir este, se desplazaba para ocupar el puesto del ser más bajo de la escala mencionada y de ahí iniciaba un movimiento ascendente. Al morir el ser en el que se encontraba, el alma se desplazaba hacia el ser inmediato superior, y así sucesivamente hasta llegar al ser culmen, al ser que ocupaba el lugar más alto. Este viaje total, de la cima a la cima, era llamado por los pitagóricos, el eterno retorno, y cada uno de los desplazamientos del alma, de un cuerpo a otro cuerpo, era llamado metempsicosis. Estas líneas al parecer las externó en obras como: instituciones, política, compendio de Soción, Crotón, Helotal padre de Epicarmo el de Coo, exposición de los símbolos de Pitágoras y en los arcanos filosóficos, aunque no es fácil saberlo con precisión por la serie de leyendas al respecto y porque era costumbre atribuirle a Pitágoras todas las producciones de los miembros de la escuela. Esta concepción religioso-filosófica, o filosófica-religiosa, no sólo se opuso con singular tenacidad al “materialismo creciente” de la escuela jónica, de donde empezaba a surgir la filosofía educativa de: Tales, Anaximandro y Anáxagoras, sino que además su idea de que el alma esta orientada al bien, sirvió y sirve en el presente para fundamentar una filosofía educativa y una antropología filosóficas optimistas. Su idea del alma como armonía, o tal vez, más precisamente, como principio del orden y de la vida en el cuerpo, al dotarla de poder y vigor, es desde luego, superior a la de Homero o los Homeridas, en donde se reduce a sombras, soplos, regazos, disminuidos a producir suspiros, lamentos y a veces indicaciones breves y explica, la importancia que le da a su formación, la cual incluye purificación y ritos ascéticos, con los que sienta las bases de su original filosofía educativa y de su antropología filosófica. Pero la filosofía educativa y la antropología filosófica brotan en el mundo griego, y podría decirse que en el mundo en general con los sofistas. Estos realizan la primera revolución copernicana del conocimiento cuan ponen al hombre como centro de la reflexión de la filosofía educativa y al llegar a este antropocentrismo, también sientan las bases de la antropología filosófica y de toda antropología. Su concepción del hombre como ser incabado es de la máximo importancia para el proceso enseñanza- aprendizaje, pues si el hombre es bueno o malo de nacimiento, y ésta situación es inmodificable ¿para que el magisterio? son también los sofistas los que legitiman y dignifica el papel del pedagogo, el cual, antes de ellos, era un oficio desempeñado por un esclavo al cual se limitaba a llevar y traer al niño del amo del gimnasio. A partir de ellos, el movimiento del pedagogo será provocar el crecimiento interior, quedan además como enseñanzas de estos primeros maestros, su cosmopolitismo, su enciclopedismo, su erudición y su capacidad para convencer a sus alumnos que su trabajo era de la máxima importancia pues se hacían pagar altos salarios, lo cual no ocurre en la actualidad. La filosofía educativa y la antropología filosófica experimentarán un enorme avance con Sócrates, el cual aunque no escribió nada, nos será conocido por las obras de sus discípulos, y a quienes dió un ejemplo de congruencia entre lo que decía y lo que hacía, de tal manera que trascendió a su tiempo. Ese es su mensaje para el magisterio del presente: autenticidad que cuando se vive, nos lleva a la inmortalidad. Platón nos enseña por un lado, el cariño sincero del alumno al maestro, que lo lleva a crear un género literario, el diálogo, para intentar reproducir la enseñanza y también su honestidad y creatividad intelectuales que lo llevan sin prisas pero sin pausas a fundar su propia filosofía educativa y su propia antropología filosófica con el trabajo de su academia, la filosofía educativa de Aristóteles, y su antropología filosófica que promueve en sus escritos y en el Liceo o Peripato, nos deja varias enseñanzas: una sana distancia respecto del poder, un avance cuantitativo y cualitativo que hará surgir las ciencias independientes y un realismo que oscila entre un idealismo y un pragmatismo. La filosofía educativa y la antropología filosófica van a experimentar con la vida y muerte de Jesús, lo que hemos llamado, cristocentrismo, el cual llenara todo el mundo medieval. Ernesto Renan, en su vida de Jesús, primera parte de su obra, los orígenes del cristianismo nos habla de su personaje con admiración, pero lo ubica como un ser humano, si bien el más extraordinario que haya pisado la tierra.
  13. 13. FFFFILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LA EEEEDUCACIÓNDUCACIÓNDUCACIÓNDUCACIÓN 4444 Giovanni Papini, hijo de un padre ateo, hombre que sintió desde niño, repulsión por todas las creencias reconocidas por las iglesias, fue atraído por Cristo por su dignidad moral, y el testimonio nos lo deja en su historia de Cristo, y en particular en su oración por Cristo. Viene después una visión general de la patristica, la cual es rematada por San Agustín, el cual en sus escritos, del maestro, en el tratado de la doctrina cristiana y en la ciudad de Dios, expone su filosofía educativa, su antropología filosófica y su filosofía de la historia. Con esto se cancelan los dos períodos de la patristica en los que, se manifestaron los padres apostólicos, los padres apologistas, los padres teólogos y los padres sistemáticos. Después pasamos a la filosofía educativa y la antropología filosófica de la escolástica: hablamos de su definición nominal y real, de sus años de formación, florecimiento y decadencia, de la escolástica árabe, neoplatónica y aristotélica; de la escolástica cristiana primitiva, desde Erigena, hasta Joaquín de Flores, pasando por la escuela de Chartres; de la baja escolástica posterior desde los franciscanos: Bacon, San Buenaventura y Escoto, hasta Eckhart y de la alta escolástica posterior, desde Ockan, hasta Francisco de Victoria: nos detenemos especialmente en Santo Tomás de Aquino y en su tratado de la ley y en sus cinco razones para demostrar la existencia de Dios, ambas partes de su suma teológica. En el primero para apreciar las implicaciones políticas de la soberanía popular y en lo segundo para visualizar los poderes de la razón cuando se dirigen al conocimiento de Dios. En ambas se marca la importancia que tienen para su filosofía educativa y su antropología filosófica. La filosofía educativa y la antropología filosófica del renacimiento y del humanismo, empieza por señalar las diferentes corrientes de este movimiento. La humanista, y sus representantes en: Italia, España, Portugal, Inglaterra, países bajos y Francia, la Tomista y sus representantes entre los dominios y los jesuitas; la neoplatónica y la neoaristotelica y su impacto en Italia; la científica con sus representantes, tanto ortodoxos, como heterodoxos, en este apartado nos centraremos en Desiderio Erasmo, su elogio de la locura y su humanismo cristiano; en santo Tomás Moro, su utopía y su humanismo utópico; en Juan Luis vives, su tratado de la enseñanza y su humanismo psicológico, en Francois Rabelais, su Gargantua y su humanismo libertino. Con estos autores y con el panorama general ya señalado, queda cubierta la filosofía educativa y la antropología filosófica del renacimiento. La filosofía educativa y la antropología filosófica del realismo y del naturalismo se explican por los esfuerzos metodológicos de hombres como: Francois Bacon, su Novum Organon y su Instauratico Magna, para fundar la inducción, y Renato Descartes, su discurso del método y sus reglas para la dirección del espíritu para fundar la educación, y la lucha que contra ellos establecen, Blas Pascal, en sus pensamientos y Juan Bautista Vico, en su ciencia nueva, en los que oponen el espíritu de Finora, las razones del corazón, la originalidad de la historia y la necesidad del hecho histórico para su comprensión. Para ilustrar estas influencias: Juan Amos comento, su didáctica magna y la consolidación del realismo; Juan Jacobo Rosseau, su Emilio y las grandes posibilidades que le habré a la educación y Juan Enrique Pestalozzi y algunas de las aplicaciones del naturalismo. Con esto cerramos la filosofía educativa y la antropología filosófica del realismo y del naturalismo, tanto teórico como práctico. Vienen después dos grandes teóricos no directamente de la educación, pero si de grandes sistemas de pensamiento, a través de los cuales han influido en la educación. Augusto Comte, fundador del positivismo-evolucionista y Carlos Marx fundador del marxismo-revolucionario. Del primero de ello, Augusto Comte, analizaremos sus escritos fundamentales: curso de filosofía positiva y sistema de política positiva, para en su ley de los tres estados y en su clasificación de las ciencias, dar con su filosofía educativa y su antropología filosófica. De Carlos Marx examinaremos escritos de juventud, de la maduración y de la madurez, para encontrarnos con su filosofía educativa y su antropología filosófica, ambos autores son importantes, sin ser profetas en su tierra ni Comte en Francia, ni Marx en Alemania, en su nombre y en el de sus teorías. Sus seguidores lograron sendos triunfos, los positivistas en México y los marxistas en Rusia.
  14. 14. UUUUNIDADNIDADNIDADNIDAD IIII :::: IIIINTRODUCCIÓNNTRODUCCIÓNNTRODUCCIÓNNTRODUCCIÓN 5555 Después veremos la filosofía educativa y la antropología filosófica de la modernidad, en la que examinaremos a teóricos y prácticos de la educación como: León Tolstoi; John Dewey y su democracia y educación; Emile Chartier (Alain), y sus conversaciones sobre la educación, María Montessori y su método de la pedagogía científica y la casa de los niños; Ovide Decroly y su psicología del infante normal y anormal y Eduard Claparade y su escuela a la medida. Con todos ellos se sientan las bases de la pedagogía de la acción que da de nuevo sentido a la conducta activa del educando y saca de ahí importantes conclusiones. Funda su doctrina no en la mera idea de acto y esfuerzo, advierte que lo fecundo del proceso educativo reside en una especifica acción, en cierta actividad que no exige al alumno desde afuera, a título de una imposición externa, sino de una actividad que surge de modo espontáneo, o sólo es sugerida por el maestro: una actividad que va, de dentro hacia fuera: una autoactividad. La filosofía educativa y la antropología filosófica contemporánea aparecen representadas por teóricos y prácticos de la educación como: Alexander Sutherland Neill y su Sommerhill, Anton Semionovich Makarenko y su poema pedagógico, Celestin Freinet y su escuela del pueblo, Jean Piaget y su psicología y pedagogía, Lev Senienovich Vigotsky y su pensamiento y lenguaje, Pavlo Freire y su educación como practica de la libertad e Ivan Ilich y su sociedad desescolarizada. Con estos teóricos y prácticos de la educación, el movimiento surgió a fines del siglo XIX, el movimiento de las escuelas nuevas crece y se consolida. Las escuelas nuevas que, superando la escuela memorista y libresca y su concepto intelectualista de la educación, extienden la actividad escolar a otras manifestaciones de la vida, mediante trabajos manuales, técnicos y agrícolas, mediante juegos y excursiones, mediante educación moral y artística como principios de acción en la escuela. La filosofía educativa y la antropología filosófica latinoamericana y especialmente de México tendrán sus representantes en pensadores como Gabino Barreda y su oración cívica, Justo Sierra y su evolución política del pueblo mexicano, Francisco Bulnes y las grandes mentiras de nuestra historia, Manuel González Prada y sus horas de lucha, José Martí y su América nuestra, José Enrique Rodo y su Ariel, José Vasconcelos y su raza cósmica, Antonio Caso y sus apuntamientos de cultura patria, Pedro Enriquez Ureña y su utopía de América, Alfonso Reyes y sus notas sobre la inteligencia americana, Samuel Ramos y su perfil del hombre y la cultura en México y finalmente José Carlos Mariategui y sus siete ensayos de interpretación de la realidad peruana.
  15. 15. IIIIIIII SSSSÓCRATESÓCRATESÓCRATESÓCRATES
  16. 16. UUUUNIDADNIDADNIDADNIDAD IIIIIIII :::: SSSSÓCRATESÓCRATESÓCRATESÓCRATES 7777 LA REMINISCENCIA Sócrates.- Dicen que el alma humana es inmortal; que tan pronto desaparece, que es lo que llaman morir, como reaparece; pero que no perece jamás; por esta razón es preciso vivir lo más santamente posible; porque persona, al cabo de nueve años, vuelve a esta vida el alma de aquellos, que ya han pagado la deuda de sus antiguas faltas. De estas armas se forman los reyes ilustres y celebres por su poder y los hombres más famosos por su sabiduría; y en los siglos siguientes, ellos son considerados por los mortales como santos héroes. Así pues el alma, siendo inmortal, renaciendo a la vida muchas veces, y habiendo visto todo lo que pasa, tanto en esta como en la otra, no hay nada que ella no haya aprendido. Por esta razón no es extraño que, respecto a la virtud y a todo lo demás, esté en estado de recordar lo que ha sabido. Porque, como todo se liga en la naturaleza y el alma todo lo ha aprendido, puede, recordando una sola cosa, a los cual los hombres llaman aprender, encontrar en si misma todo lo demás, con tal que tenga valor y que no se canse en sus indagaciones. En efecto; todo lo que se llama buscar y aprender no es otra cosa que recordar, ninguna fe debe darse al tema, fecundo en cuestiones que propusiste antes; porque sólo sirve para engendrar en nosotros la pereza, y no es cosa agradable dar oídos solo a hombres cobardes, mi doctrina, por el contrario, los hace laboriosos e inventivos, así pues, la tengo por verdadera; y quiero en su consecuencia indagar contigo lo que es la virtud. Menón.- Consiento en ello, Sócrates, pero ¿te limitarás a decir simplemente que nosotros nada aprendemos, y lo que se llama aprender no es otra cosa que recordar? ¿podrías enseñarme como se verifica esto? Sócrates.- Ya te dije, Menón, que eres muy astuto, en el acto mismo en que sostengo que no se aprende nada y que no se hace más que acordarse, me preguntas si puedo enseñarte una cosa; para hacer que inmediatamente me ponga así en contradicción conmigo mismo. Menón.- En verdad, Sócrates, no lo he dicho con esa intención, sino por puro hábito, sin embargo, si puedes demostrarme que la cosa es tal como dices, demuéstramela. Sócrates.- Eso no es fácil; pero en tu obsequio haré lo que me sea posible, llama a alguno de los muchos esclavos que están a tu servicio, el que quieras; para que te demuestre en él, que lo que deseas. Menón.- Con gusto, ven aquí. Sócrates.- ¿Es Heleno y sabe el griego? Menón.- Muy bien; como que he nacido en casa. Sócrates.- Atiende y observa si el esclavo recuerda o aprende de mi. Menón.- Fijaré mi atención. Sócrates.- Dime, joven: ¿Sabes que esto es un cuadrado? esclavo.- Si. Sócrates.- El espacio cuadrado, ¿No es aquel que tiene iguales las cuatro líneas que ves?
  17. 17. FFFFILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LA EEEEDUCACIÓNDUCACIÓNDUCACIÓNDUCACIÓN 8888 esclavo.- Seguramente. Sócrates.- ¿No tiene también estas otras líneas, tiradas por medio, iguales? esclavo.- Si. Sócrates.- ¿No puede haber un espacio semejante más grande o más pequeño? esclavo.- Sin duda. Sócrates.- Si este lado fuese de dos pies y este otro también de dos pies, ¿Cuántos pies tendría el todo? considéralo antes de esta manera, si este lado fuese de dos pies y este de un pie solo, ¿No es cierto que el espacio tendría una vez dos pies? esclavo.- Si, Sócrates. Sócrates.- Pero como este otro lado es igualmente de dos pies, ¿No tendrá el espacio dos veces dos? esclavo.- Si. Sócrates.- ¿Luego el espacio tiene dos veces dos pies? esclavo.- Si. Sócrates.- ¿Cuántos son dos veces dos pies? dímelo después de haberlos contado. esclavo.- Cuatro, Sócrates. Sócrates.- ¿No podría formarse un espacio doble que este y del todo semejante, teniendo como el todas sus líneas iguales? esclavo.- Si. Sócrates.- ¿Cuántos pies tendría? esclavo.- ocho. Sócrates.- Vamos; procura decirme cual es la longitud de cada línea de este cuadrado, las de este son de dos pies, ¿De cuanto serán las de cuadro doble? esclavo.- Es evidente, Sócrates, que serán dobles.
  18. 18. UUUUNIDADNIDADNIDADNIDAD IIIIIIII :::: SSSSÓCRATESÓCRATESÓCRATESÓCRATES 9999 Sócrates.- Ya ves, Menón, que yo no le enseño nada de todo esto, y que no hago más que interrogarle, el imagina ahora saber cual es la línea con que debe formarse el espacio de ocho pies. ¿No te parece así? Menón.- Si. Sócrates.- ¿Lo sabe? Menón.- No, seguramente. Sócrates.- ¿Cree que se forma con una línea doble? Menón.- Si. Sócrates.- Obsérvale a medida que el va recordando, respóndeme tú. ¿No dices que el espacio doble se forma con una línea doble? por esto no entiendo un espacio largo por esta parte y estrecho por aquella; sino que es preciso que sea igual en todos sentidos, como este; y que sea doble, es decir, de ocho pies, mira si crees aún que se forma con una línea doble. esclavo.- si. Sócrates.- Si añadimos a esta línea otra línea tan larga como ella, ¿No será la nueva línea doble que la primera? esclavo.- sin duda Sócrates.- Tiremos cuatro semejantes a esta. ¿No será este el que llamarán espacio de ocho pies? esclavo.- Seguramente. Sócrates.- En este cuadrado, ¿No se encuentran cuatro iguales, a este que es de cuatro pies? esclavo.- Si. Sócrates.- ¿De qué magnitud es? ¿No es de cuatro veces más grande? esclavo.- Sin duda. Sócrates.- Pero ¿lo qué es cuatro veces más grande, es doble? esclavo.- No, ¡por Zeus! Sócrates.- ¿Pues qué es?
  19. 19. FFFFILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LA EEEEDUCACIÓNDUCACIÓNDUCACIÓNDUCACIÓN 10101010 esclavo.- Cuádruplo. Sócrates.- De esta manera, joven con una línea doble no se forma un espacio doble, sino cuádruplo. esclavo.- Es la verdad. Sócrates.- Porque cuatro veces cuatro, hacen dieciséis. ¿no es así? esclavo.- Si. Sócrates.- ¿Con qué línea se forma, pues, el espacio de ocho pies? el espacio cuádruplo, ¿No se forma con esta? esclavo.- convengo en ello. Sócrates.- Y el espacio de cuatro pies, ¿No se forma con esta línea, que es la mitad de la otra? esclavo.- Si. Sócrates.- Sea así, el espacio de ocho pies, ¿No doble que este y la mitad de aquel? esclavo.- Sin duda. Sócrates.- Se formará con una línea más grande que esta, y más pequeña que aquella; ¿No es así? esclavo.- Me parece que si. Sócrates.- Muy bien, responde lo que pienses, dime: ¿No era esta línea de dos pies, y esta otra de cuatro? esclavo.- Si. Sócrates.- Es preciso, por consiguiente, que la línea del espacio de ocho pies sea más grande que la de dos pies, y más pequeña que la de cuatro. esclavo.- así es preciso. Sócrates.- Es preciso, por consiguiente, que la línea del espacio de ocho pies sea más grande que la de dos pies, y más pequeña que la de cuatro. esclavo.- Así es preciso. Sócrates.- Dime de cuanto debe de ser.
  20. 20. UUUUNIDADNIDADNIDADNIDAD IIIIIIII :::: SSSSÓCRATESÓCRATESÓCRATESÓCRATES 11111111 esclavo.- De tres pies. Sócrates.- Si es de tres pies, no tenemos más que añadir a esta línea la mitad de ella misma, y será de tres pies, porque he aquí dos pies, y aquí uno, de este otro lado, en igual forma, he aquí dos pies y aquí uno, y resulta formando el espacio de que hablas. esclavo.- Si Sócrates.- ¿Pero si el espacio tiene tres pies de este lado y tres pies del otro, no es de tres veces tres? esclavo.- Evidentemente. Sócrates.- ¿Cuántos son tres veces tres pies? esclavo.- Nueve. Sócrates.- ¿Y de cuantos pies debe ser el espacio doble? esclavo.- De ocho. Sócrates.- El espacio de ocho pies no se reforma entonces tampoco con la línea de tres pies. esclavo.- no, verdaderamente. Sócrates.- ¿Con qué línea se forma? procura decírnoslo exactamente; y si no quieres calcularla, muéstranosla. esclavo.- ¡por Zeus! no se, Sócrates. Sócrates.- Mira ahora de nuevo, Menón, lo que ha andado el esclavo en el camino de la reminiscencia, no sabia al principio cual es la línea con que se forma el espacio de ocho pies, como ahora no lo sabe; pero entonces creía saberlo, y respondió con confianza, como si lo supiese; y no creía ser ignorante en este punto, ahora reconoce su embarazo, y no lo sabe; pero tampoco cree saberlo. Menón.- Dices verdad. Sócrates.- ¿No esta actualmente en mejor disposición respecto de la cosa que el ignoraba? Menón.- Así me lo parece. Sócrates.- Enseñándole a dudar y adormeciéndole a la manera de torpedo, ¿Le hemos causado algún daño? Menón.- Pienso que no.
  21. 21. FFFFILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LA EEEEDUCACIÓNDUCACIÓNDUCACIÓNDUCACIÓN 12121212 Sócrates.- Por el contrario le hemos puesto, a mi parecer, en mejor disposición para descubrir la verdad, porque ahora, aunque no sepa la cosa, la buscará con gusto; mientras que antes hubiera dicho con mucho desenfado, delante de muchas personas y creyendo explicarse perfectamente, que el espacio doble debe formarse con una línea doble en longitud. Menón.- Así sería. Sócrates.- ¿Piensas que hubiera intentado indagar y aprender lo que el creía saber ya, aunque no lo supiese, antes de haber llegado a dudar; si convencido de su ignorancia, no se le hubiera puesto en posición de desear saberlo? Menón.- Yo no lo pienso. Sócrates.- El adormecimiento le ha sido pues, ventajoso. Menón.- Me parece que sí. Sócrates.- Repara ahora como, partiendo de esta duda, va a descubrir la cosa, indagando conmigo; aunque yo no haré más que interrogarle, sin enseñarle nada, observa bien por si llegas a sorprenderme enseñándole o explicándole algo; en una palabra, haciendo otra cosa que preguntarle lo que piensa. Tu esclavo, dime: ¿Este espacio no es de cuatro pies? ¿Comprendes? esclavo.- Si Sócrates.- ¿No puede añadírsele este otro espacio que es igual? esclavo.- Si Sócrates.- ¿Y este tercero es igual a los otros dos? esclavo.- Si Sócrates.- Para completar el cuadro, ¿No podemos, en fin, colocar este otro en este ángulo? esclavo.- Sin duda. Sócrates.- ¿No resultan así cuatro espacios iguales entre sí? esclavo.- Si Sócrates.- Pero, ¿Qué es todo ese espacio, respecto de este otro? esclavo.- Es cuádruplo.
  22. 22. UUUUNIDADNIDADNIDADNIDAD IIIIIIII :::: SSSSÓCRATESÓCRATESÓCRATESÓCRATES 13131313 Sócrates.- Pero lo que necesitábamos era formar uno doble; ¿No te acuerdas? esclavo.- Si Sócrates.- Esta línea, que va de un ángulo a otro, ¿No corta en dos cada uno de estos espacios? esclavo.- Si Sócrates.- ¿No ves aquí cuatro líneas iguales que encierran este espacio? esclavo.- Es cierto Sócrates.- Mira cuál es la magnitud de este espacio. esclavo.- Yo no lo veo. Sócrates.- ¿No he separado cada línea de las antes dichas por mitad, cada uno de estos cuatro espacios? ¿no es así? esclavo.- Si. Sócrates.- ¿No ves aquí cuatro líneas iguales que encierran este espacio? esclavo.- Es cierto. Sócrates.- Mira cual es la magnitud de este espacio. esclavo.- Yo no lo veo. Sócrates.- ¿No ha separado cada línea de las antes dichas por mitad, cada uno de estos cuatro espacios? ¿no es así? esclavo.- Si. Sócrates.- ¿Cuántos espacios semejantes aparecen en este? esclavo.- Cuatro Sócrates.- ¿Y en aquel? esclavo.- dos
  23. 23. FFFFILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LA EEEEDUCACIÓNDUCACIÓNDUCACIÓNDUCACIÓN 14141414 Sócrates.- ¿En qué relación está cuatro con dos? esclavo.- Es doble. Sócrates.- ¿Cuántos pies tiene este espacio? esclavo.- Ocho pies. Sócrates.- ¿Con que línea esta formado? esclavo.- Con esta. Sócrates.- ¿Con la línea, que va de uno a otro ángulo del espacio de cuatro pies? esclavo.- Si Sócrates.- Los sofistas llaman a esta línea diámetro, y así, suponiendo que sea este su nombre, el espacio doble, esclavo de Menón, se formará, como dices, con el diámetro. esclavo.- -Verdaderamente si, Sócrates. Sócrates.- ¿Qué te parece, Menón? ¿Ha dado alguna respuesta que no sea suya? Menón.- No; ha hablado siempre por su cuenta. Sócrates.- Sin embargo; como dijimos antes, el no lo sabía. Menón.- Dices la verdad. Sócrates.- El que ignora, tiene, por lo tanto, en si mismo opiniones verdaderas relativas a lo mismo que ignora. Menón.- Al parecer. Sócrates.- Estas opiniones llegan a despertarse, como un sueño; y si se le interroga muchas veces y de diversas maneras sobre los mismos objetos, ¿Crees que al fin no se adquirirá un conocimiento que será lo más exacto posible? Menón.- Es verosímil. Sócrates.- De esta manera sabrá, sin haber aprendido de nadie, por medio de simples interrogaciones, y sacando así la ciencia de su propio fondo. Menón.- Si
  24. 24. UUUUNIDADNIDADNIDADNIDAD IIIIIIII :::: SSSSÓCRATESÓCRATESÓCRATESÓCRATES 15151515 Sócrates.- ¿Pero sacar la ciencia de su propio fondo no es recordar? Menón.- Sin duda. Sócrates.- ¿No es cierto que la ciencia, que tiene hoy tu esclavo, es preciso que la haya recibido en otro tiempo, o que la haya tenido siempre? Menón.- Si Sócrates.- Pero si la hubiera tenido siempre, habría sido siempre sabio; y si la recibió en otro tiempo, no pudo ser en la vida presente, a no ser que alguno le haya enseñado la geometría; porque lo mismo hará respecto de las demás partes de la geometría y de todas las demás ciencias. ¿Le ha enseñado alguien todo esto? tu debes saberlo, tanto más cuanto que ha nacido y se ha criado en tu casa. Menón.- Yo se que nunca le ha enseñado nadie semejantes cosas. Sócrates.- ¿Tiene o no estas opiniones? Menón.- Me parece incontestable que las tiene, Sócrates. Sócrates.- Si no ha recibido estos conocimientos en su vida presente, es claro que los ha recibido antes, y que ha aprendido lo que sabe en algún otro tiempo. Menón.- Al parecer. Sócrates.- ¿Este tiempo no será aquel en que aún no era hombre? Menón.- Si Sócrates.- Por consiguiente; si durante el tiempo que el es hombre y del tiempo en que no lo es, hay en el verdaderas opiniones que se hacen conocimientos, cuando se les despierta con preguntas; ¿no es cierto que en todo el transcurso de los tiempos, su alma ha sido sabia? porque es claro que durante toda extensión del tiempo es o no es hombre. Menón.- Eso es evidente. Sócrates.- Luego, si la verdad de los objetos esta siempre en nuestra alma es inmortal. Por esta razón es preciso intentar con confianza el indagar y traer a la memoria lo que no sabes por el momento, es decir, aquello de que tu no te acuerdas.
  25. 25. IIIIIIIIIIII PPPPLATÓNLATÓNLATÓNLATÓN
  26. 26. UUUUNIDADNIDADNIDADNIDAD IIIIIIIIIIII :::: PPPPLATÓNLATÓNLATÓNLATÓN 17171717 LA REPÚBLICA El mito de la caverna Represéntate ahora el estado de la naturaleza humana respecto de la ciencia y de la ignorancia, según el cuadro que de él voy a trazarte. Imagina un antro subterráneo que tiene todo a lo largo una abertura que deja libre a la luz el paso, y, en ese antro, unos hombres encadenados desde su infancia, de suerte que no puedan cambiar de lugar ni volver la cabeza, por causa de las cadenas que le sujetan las piernas y el cuello, pudiendo solamente ver los objetos que tengan delante, a su espalda, a cierta distancia y a cierta altura, hay un fuego cuyo fulgor les alumbra, y entre ese fuego y los cautivos se halla un camino escarpado. A lo largo de ese camino, imagina un muro semejante a esas vallas que los charlatanes ponen entre ellos y los espectadores, para ocultar a estos el juego y los secretos trucos de las maravillas que les muestran. Todo eso me represento. Figurate unos hombres que pasan a lo largo de ese muro, porteando objetos de todas clases, figuras de hombres y de animales de madera o de piedra, de suerte que todo ello se aparezca por encima del muro. Los que lo portean, unos hablan entre sí, otros pasan sin decir nada. ¡Extraño cuadro y extraños prisioneros! Sin embargo, se nos parece punto por punto y, ante todo, ¿Crees que verán otra cosa, de si mismos y de los que se hallan a su lado, mas que las sombras que van a producirse frente a ellos al fondo de la caverna? ¿Qué más pueden ver, puesto que desde su nacimiento se hallan forzados a tener siempre inmóvil la cabeza? ¿Verán, así mismo, otra cosa que las sombras de los objetos que pasen por detrás de ellos? No. Si pudiesen conversar entre si, ¿No convendrían en dar a las sombras que ven los hombres de esas mismas cosas? Indudablemente. Y si al fondo de su prisión hubiese un eco que repitiese las palabras de los que pasan, ¿no se figurarían que oían hablar a las sombras mismas que pasan por delante de sus oídos? Si. Finalmente, no creerían que existiese nada real fuera de las sombras. Sin duda.
  27. 27. FFFFILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LA EEEEDUCACIÓNDUCACIÓNDUCACIÓNDUCACIÓN 18181818 Mira ahora lo que naturalmente habrá de sucederles, si son libertados de sus hierros y se les cura de su error. Desátese a uno de esos cautivos y oblíguesele inmediatamente a levantársele, a volver la cabeza, a caminar y a mirar hacía la luz; nada de eso harán sin infinito trabajo; la luz les abrasará los ojos, y el deslumbramiento que le produzca le impedirá distinguir los objetos cuyas sombras veían antes. ¿Que crees que responderíais se dijesen que hasta entonces no ha visto más fantasmas, que ahora tienes ante los ojos objetos más reales y más próximos a la verdad? si se le demuestran luego las cosas a medida que vayan presentándose, y se les obliga, en fuerza de preguntas, a decir que es cada una de ellas, ¿no se le sumirá en perplejidad, y no se persuadirá a que lo que antes veía era más real que lo que ahora se le muestra, sin duda, y si le obligase a mirar al fuego, ¿no enfermaría de los ojos? ¿no desviaría sus miradas para dirigirlas a la sombra, que afronta sin esfuerzo? ¿no estimaría que esa sombra posee algo más claro y distinto que todo lo que se le hace ver? Seguramente. Si ahora se le arranca de la caverna, y se le arrastra, por el sendero áspero y escarpado, hasta la claridad del sol, ¡que suplicio no será para él ser así arrastrado! ¡que furor el suyo! y cuando haya llegado a la luz libre, ofuscados con su fulgor los ojos, ¿podría ver nada de la multitud de objetos que llamamos seres reales? Le seria imposible, al primer intento. Necesitaría tiempo, sin duda, para acostumbrarse a ello; lo que mejor distinguirá sería, primero, las sombras; luego, las imágenes de los hombres y de los demás objetos mismos, de ahí dirigiría sus miradas al cielo, cuya vista sostendría con mayor facilidad durante la noche, a lo claro de la luna y de las estrellas, que por el día y a la luz del sol. Sin duda. Finalmente, se hallaría en condiciones, no solo de ver la imagen del sol en las aguas y en todo aquello en que se refleja, sino de fijar en él la mirada, de contemplar al verdadero sol en su verdadero lugar. Naturalmente. Después de todo, dándose a razonar, llegará a concluir que el sol es quien hace las estaciones y los años, quien lo rige todo en el mundo visible, y que es en cierto modo causa de lo que se veía en la caverna. Es evidente que llegaría por grados hasta hacerse esas reflexiones. Si llegas entonces a recordar su primera morada, la idea que en ella se tiene de la sabiduría, y a sus compañeros de esclavitud, ¿no se alborozaría de su mudanza, y no tendría compasión de la desdicha de aquellos? Seguramente. ¿Crees que sintiese todavía celos de los honores, de las alabanzas y recompensas allí otorgadas al que más rápidamente captase las sombras a su paso, al que recordase con mayor seguridad las que iban delante, detrás o juntas, y que por tal razón sería el más hábil en adivinar su aparición, o que envidiase la condición de los que en la prisión eran más poderosos y más honrados? ¿no preferiría, como
  28. 28. UUUUNIDADNIDADNIDADNIDAD IIIIIIIIIIII :::: PPPPLATÓNLATÓNLATÓNLATÓN 19191919 Aquiles en Homero, pasarse la vida al servicio de un pobre labrador y sufrirlo todo, antes que volver a su primer estado y a sus ilusiones primeras? No dudo que estaría dispuesto a soportar todos los males del mundo, mejor que vivir de tal suerte. Pues pon atención a esto otro: si de nuevo tornase a su prisión, para volver a ocupar en ella su antiguo puesto, ¿no se encontraría como enceguecido, en el súbito tránsito de la luz del día a la oscuridad? Si. Y si mientras aún no distingue nada, y antes de que sus ojos se hayan repuesto, cosa que no podría suceder sino después de pasado bastante tiempo, tuviese que discutir con los demás prisioneros sobre esas sombras, ¿no daría que reír a los demás, que dirían de él, que por haber subido a lo alto, ha perdido la vista, añadiendo que seria una locura que ellos quisiesen salir del lugar en que se hallan, y que si alguien se le ocurriese querer sacarlos de allí y llevarlos a la región superior, habría que apoderarse de el y darle muerte? Indiscutiblemente. Pues esa es precisamente, mi querido glaucon, la imagen de la condición humana. El antro subterráneo es este mundo visible; el fuego que lo ilumina, la luz del sol; el cautivo que sube a la región superior y la contempla, es el alma que se eleva hasta la esfera inteligente. He aquí, a lo menos, mi pensamiento, puesto que quieres saberlo. Dios sabe si es cierto, por mi parte, la cosa me parece tal como voy a decir, en los últimos límites del mundo inteligible está la idea del bien, que se percibe con trabajo, pero que no puede ser percibida sin concluir que ella es la causa primera de cuanto hay de bueno y de bello en el universo; que ella, en este mundo visible, produce la luz y el astro de quien la luz viene directamente; que es preciso, en fin, tener puestos los ojos en esa idea, si queremos conducirnos cuerdamente en la vida pública y privada. Soy de tu parecer, en cuanto pude comprender tu pensamiento. Consiente, pues, asimismo, en no extrañarse de que los que han llegado a esa sublime contemplación desdeñan la intervención en los asuntos humanos, y que sus almas aspiren sin tregua a establecerse en ese eminente lugar. La cosa debe ser así, si es conforme a la pintura alegórica que de ella he trazado. Así debe ser. ¿Es de extrañar que un hombre, al pasar de esa divina contemplación a la de los miserables objetos que nos ocupan, se turbe y parezca ridículo cuando, antes de haberse familiarizado con las tinieblas que le rodean, se ve obligado a disputar antes los tribunales, o en algún otro lugar, acerca de sombras o fantasmas de justicia, y a explicar en que forma los concibe ante personas que jamás vieron a la propia justicia? Nada de sorprendente veo en ello. Un hombre sensato se hará la reflexión de que la vista puede ser turbada de dos maneras y por dos causas opuestas: por el paso de la luz a la oscuridad, o por el de la oscuridad a la luz; y aplicando a los ojos del alma lo que acontece a los del cuerpo, cuando la vea turbada y embarazada para distinguir
  29. 29. FFFFILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LA EEEEDUCACIÓNDUCACIÓNDUCACIÓNDUCACIÓN 20202020 ciertos objetos, en lugar de reírse sin razón de semejante perplejidad, examinará si proviene de que descienda de un estado más luminoso, o si es porque, pasando de la ignorancia a la luz, quede ofuscada por su fulgor excesivo. En el segundo caso, la felicitara por su perplejidad; en el primero, compadecerá su suerte; o si quiere reírse a costa suya, sus burlas serán menos ridículas que si se dirigiesen al alma que vuelve a descender de la morada de la luz. Sensatisimo es lo que dices. Ahora bien, si todo esto es cierto, fuerza es concluir de ello que la ciencia no enseña en la forma en que cierta gente pretende. Se alaban de hacerla penetrar en un alma en que nada hay de ella, aproximadamente como podría darse vista a unos ojos ciegos. A voz en cuello lo dicen. Pero el presente discurso nos hace ver que todos poseen en su alma la facultad de aprender, con un órgano a ello destinado; que todo el secreto consiste en apartar a ese órgano, con toda el alma, de la visión de lo que nace, hacia la contemplación de lo que es, hasta que pueda fijar sus miradas en lo que hay de más luminoso en el ser; es decir, según nosotros, en el bien; del mismo modo que, si el ojo no estuviese dotado de movimiento propio, ocurriría por pureza que todo el cuerpo habría de girar con el, en el tránsito de las tinieblas a la luz; ¿no es así? En efecto. En esa evolución que se obliga a hacer el alma, todo el arte consiste, pues, en hacerla girar de la manera más fácil y más útil, no se trata de conferirle facultad de ver, que ya tiene; pero su órgano esta orientado en mala dirección, no mira adonde es debido, y eso es lo que hay que corregir. Me parece que no hay otro secreto. Sobre poco más o menos, ocurre a las demás cualidades del alma lo que a las del cuerpo; cuando no han sido dadas por la naturaleza, se adquieren mediante la educación y el cultivo. Más por lo que hace a la facultad de saber, como quiera que es de naturaleza más divina, jamás pierde su virtud; únicamente pasa a ser útil o inútil, ventajosa o nociva, según la dirección que se le imprima. ¿no has observado aún hasta donde llega la sagacidad de esos hombres y a quienes se da el nombre de pícaros redomados, y con que penetración su mísera alma distingue todo aquello que le interesa? su visita no es débil ni se halla turbada, sino que, como la obligan a que sirva de instrumento a su malicia, son tanto más perjudiciales cuanto más sutiles y clarividentes. La observación es justa. Si desde la infancia se hubiesen descuajado esas inclinaciones criminales que, como otros tantos pesos de plomo, arrastran el alma hacia los placeres sensuales y groseros y las fuerzan a que mire siempre a lo bajo; si, después de haberla librado de esos pesos, se hubiere orientado su mirada hacia la verdad, con la misma sagacidad la hubiera distinguido. Así parece. ¿No es consecuencia verosímil, o más bien necesaria, de cuanto queda dicho, que ni los que no han recibido ninguna educación y no tienen ningún conocimiento de la verdad, ni aquellos a quienes se ha dejado pasar toda su vida en estudio y meditación, son propios para la gobernación de los estados; los unos, porque en toda su conducta no tienen en un fin fijo a que puedan referir todo lo que hagan en la vida
  30. 30. UUUUNIDADNIDADNIDADNIDAD IIIIIIIIIIII :::: PPPPLATÓNLATÓNLATÓNLATÓN 21212121 pública o en la vida privada; los otros, porque jamás consentirán en encargarse de semejante fardo, creyéndose ya, en vida, en las islas afortunadas? Tienes razón. Según eso, a nosotros que fundamos una República, nos incumbe obligar a los naturales excelentes a que se apliquen a la más sublime de todas las ciencias, a contemplar el bien en si mismo y a elevarse hasta el por el escarpado camino de que hemos hablado; más después que hayan llegado a el, y cuando lo hayan contemplado durante cierto tiempo, librémonos de permitirles lo que no se les permite. ¿Pues tan duros hemos de ser con ellos? ¿por que condenarlos a vida miserable, cuando pueden gozar de condición más dichosa?. Otra vez olvidas, mi querido amigo, que el legislador no debe proponerse la felicidad de cierto orden de ciudadanos con exclusión de los demás, sino la felicidad de todos; que, con esta mira, debe unir a los ciudadanos en los mismos intereses, induciéndoles por la persuasión o por la autoridad a que unos a otras se den parte en las ventajas que están en condiciones de prestar a la comunidad; y que, al formar con cuidado semejantes ciudadanos, no pretende dejarles libertad para que hagan el uso que les plazca de sus facultades, sino servirse de ellos para robustecer el vínculo del estado. verdad dices, lo había olvidado. Por lo demás, observa, mi querido glaucon, que no seremos culpables de injusticia para con los filósofos que se hayan formado entre nosotros, y que tendremos buenas razones que alegarles para obligarlos a encargarse de la guardia y conducta de los demás. En otros estados, les diremos, es más culpable que los filósofos se sustraigan al peso de los asuntos públicos, porque sólo a si mismos deben su sabiduría, y se forman a pesar del gobierno; justo es que quien no debe más que a si propio su nacimiento y crecimiento no este obligado a guardar reconocimiento alguno a nadie; pero a vosotros os hemos formado en interés del estado tanto como en el propio vuestro, para que seáis en nuestra república, como ocurre en la de las abejas, nuestros jefes y nuestros reyes; con este designio os hemos dado educación más perfecta, que os hiciese más capaces que todos los demás de aliar el estudio de la sabiduría al manejo de los asuntos. Descended, pues, todos y cada uno de vosotros, a la morada común; avezad vuestros ojos a las tinieblas que en ella reinan; cuando os hayáis familiarizado con ellas, juzgareis infinitamente mejor que los demás de las cosas que allí se ven; distinguiréis mejor que ellos los fantasmas de lo bello, de lo justo y de lo bueno, porque en otra parte habéis visto la esencia de lo bello, de lo justo y de lo bueno, así, para vuestro estado será una, y no un sueño como en los más de los otros estados, en que los jefes se pelean por vanas sombras, y se disputan encarnizadamente la autoridad, que estiman como un gran bien, pero la verdad es que todo estado en que los que deben mandar no dejan ver ninguna solicitud por su elevación, es de rigor que este bien gobernado, y que reine en el la concordia, mientras que allí donde el mando es codiciado y disputado, no puede dejar de ocurrir todo lo contrario. Libro VII
  31. 31. IVIVIVIV AAAARISTÓTELESRISTÓTELESRISTÓTELESRISTÓTELES
  32. 32. UUUUNIDADNIDADNIDADNIDAD IVIVIVIV :::: AAAARISTÓTELESRISTÓTELESRISTÓTELESRISTÓTELES 23232323 METAFÍSICA La ciencia del ser Hay una ciencia que estudia el ser en tanto que ser y los accidentes propios del ser. Esta ciencia es diferente de todas las ciencias particulares, porque ninguna de ellas estudia en general el ser tanto que ser. Estas ciencias solo tratan de ser desde cierto punto de vista, y solo desde este punto de vista estudian sus accidentes; en este caso están las ciencias matemáticas, pero puesto que indagamos los principios deben de tener una naturaleza propia, por tanto, si los que han indagado los elementos de los seres buscaban estos principios, debían necesariamente estudiar los elementos del ser, no en tanto que accidentes, sino en tanto que seres, por esta razón debemos nosotros también estudiar las causas primeras del ser en tanto que ser. El ser se entiende de muchas maneras, pero estos diferentes sentidos se refieren a una sola cosa, a una misma naturaleza, no habiendo entre ello sólo comunidad de nombre; más así como por sano se entiende todo aquello que se refiere a la salud, lo que la conserva, lo que la produce, aquello de que es ella señal y aquello que la recibe; y así como por medicinal puede entenderse todo lo que se relaciona con la medicina, y significar ya aquello que posee el arte de la medicina, o bien lo que es propio de ella, o finalmente lo que es obra suya, como acontece con la mayor parte de las cosas; en igual forma el ser tiene muchas significaciones, pero todas se refieren a un principio único. Tal cosa se llama ser, porque es una esencia; tal otra porque es una modificación de la esencia, porque es la dirección hacia la esencia, o bien su destrucción, su privación, su cualidad, porque ella la produce, le da nacimiento, esta en relación con ella; o bien finalmente, porque ella es la negación del ser desde alguno de estos puntos de vista o de la esencia misma. En este sentido decimos que el no ser es, que el es el no ser, todo lo comprendido bajó la palabra general de sano, es del dominio de una sola ciencia, lo mismo sucede con todas las demás cosas: una sola ciencia estudia, ya no lo que comprende en sí mismo un objeto único, sino todo lo que se refiere a una sola naturaleza; pues, en efecto, estos son, desde un punto de vista, atributos del objeto único de la ciencia. Es, pues, evidente, que una sola ciencia estudiara igualmente los seres en tanto que seres. Ahora bien, la ciencia tiene siempre por objeto propio lo que es primero, aquello de que todo lo demás depende, aquello que es la razón de la existencia de las demás cosas. Si la esencia está en este caso, será preciso que el filósofo posea los principios y las causas de las esencias, pero no hay más que un conocimiento sensible, una sola ciencia para un solo género; y así una sola ciencia, la gramática, trata de todas las palabras; y de igual modo una sola ciencia general tratará de todas las especies del ser y de las subdivisiones de estas especies. Si, por otra parte, el ser y la unidad son una misma cosa, si constituyen una sola naturaleza, puesto que se acompañan siempre mutuamente como principio y como causa, sin estar, sin embargo, comprendidos bajo una misma noción, importara poco que nosotros tratemos simultáneamente del ser y de la esencia; y hasta será una ventaja, en efecto, un hombre, ser Hombre y hombre, significan la misma cosa; nada se altera la expresión: el hombre es, por esta duplicación: el hombre es hombre, o el hombre es un hombre, es evidente que el ser no se separa de la unidad, ni en la producción ni en la destrucción. Así mismo la unidad nace y perece con el ser, se ve claramente que la unidad no añade nada al ser por su adjunción, y, por último, que la unidad no es cosa alguna del ser. Además, la sustancia de cada cosa es una en sí y no accidentalmente, y lo mismo sucede con la esencia, de suerte que tantas cuantas especies hay en la unidad, otras cuantas especies correspondientes hay en el ser. Una misma ciencia tratará de lo que son en sí mismas estas diversas especies; estudiará, por ejemplo, la identidad y la semejanza, y todas las cosas de este género, así como sus opuestas; en una palabra, los contrarios; porque demostraremos en el examen de los contrarios, que casi todos se reducen a este principio, la oposición de la unidad con su contrario. La filosofía constará además de tantas partes como esencias hay; y entre estas partes habrá necesariamente una primera, una segunda; la unidad y el ser se subdividen en género, unos anteriores y otros posteriores; y habrá tantas partes de la filosofía como
  33. 33. FFFFILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LA EEEEDUCACIÓNDUCACIÓNDUCACIÓNDUCACIÓN 24242424 subdivisiones hay. El filósofo se encuentra, en efecto, en el mismo caso que el matemático, en las matemáticas hay partes; hay una primera, una segunda, y así sucesivamente. Una sola ciencia se ocupa de los puestos, y la pluralidad es lo opuesto a la unidad; una sola y misma ciencia tratará de la negación y de la privación, porque en estos dos casos es tratar de la unidad, como que respecto de ella tiene lugar la negación o privación de la unidad en un género particular. La unidad tiene, por lo tanto, su contrario, lo mismo en la privación que en la negación: la negación es la ausencia de tal cosa particular: bajo la privación hay igualmente alguna naturaleza particular, de la que se dice que hay privación, por otra parte, la pluralidad es, como hemos dicho, opuesta a la unidad. La ciencia de que se tratará se ocupará de lo que es opuesto a las cosas de que hemos hablado: a saber, de la diferencia, de la desemejanza, de la desigualdad y de los demás modos de este género, considerados, o en sí mismos, o con relación a la unidad y a la pluralidad, entre esos modos será preciso colocar también la contrariedad, porque la contrariedad es una diferencia, y la diferencia, y sus contrarios. Cuando se ha examinado en particular en cuantas aceptaciones se toma una cosa es indispensable referir luego estas diversas acepciones a lo que es primero en cada categoría del ser; es preciso ver como cada una se liga con la significación primera, y así, ciertas cosas reciben el nombre de ser y de unidad, porque los tienen en sí mismas; otras, porque lo producen, y otras por alguna razón análoga. Es por lo tanto evidente, como hemos dicho en el planteamiento de las dificultades, que una sola ciencia debe tratar de la sustancia y de sus diferentes modos; está era una de las cuestiones que nos habíamos propuesto. El filósofo debe poder tratar todos estos puntos, porque si no perteneciera y fuera todo esto propio del filósofo, ¿quién ha de examinar, si Sócrates y Sócrates sentados son la misma cosa; si la unidad es opuesta a la unidad; que es la oposición; de cuántas maneras debe entenderse, y una multitud de cuestiones de este género? puesto que los modos, de que hemos hablado, son modificaciones propias de la unidad en tanto que unidad, del ser en tanto que ser y no en tanto que números, líneas o fuego, es evidente que nuestra ciencia deberá estudiarlos en su esencia y en sus accidentes. El error de los que hablan de ellos no consiste en ocuparse de seres extraños a la filosofía, y si en no decir nada de la esencia, la cual es anterior a estos modos. Hay en los contrarios dos series opuestas, una de las caudales es la privación, y todos los contrarios pueden reducirse al ser y al no ser, a la unidad y a la pluralidad, el reposo, por ejemplo, pertenece a la unidad, el movimiento a la pluralidad, por lo demás, casi todos los filósofos están de acuerdo en decir que los seres y la sustancia están formados de contrario, todos dicen que los principios son contrarios, adoptando los unos el impar y el par, otros lo caliente y lo frío, otros lo finito y lo infinito, otros la amistad y la discordia. Todos sus demás principios se reducen, al parecer, como aquellos, a la unidad y a la pluralidad, admitimos que efectivamente se reducen a esto, es tal caso, la unidad y la pluralidad son en cierto modo géneros bajo los cuales vienen a colocarse sin excepción alguna los principios reconocidos por los filósofos que nos han precedido. De aquí resulta evidente que una sola ciencia debe ocuparse del ser en tanto que ser, porque todos los seres son o contrarios o compuestos de contrarios; y los principios de los contrarios son la unidad y la pluralidad, las cuales entran en una misma ciencia, sea que se apliquen, o, como probablemente debe decirse con más verdad, que no se aplique cada una de ellas a una naturaleza única. Aunque la unidad se tome en diferentes sentidos se refieren, sin embargo, a la unidad primitiva. Lo mismo sucede respecto a los contrarios; y por esta razón, aún no concediendo que el ser y la unidad son algo de universal que se encuentra igualmente en todos los individuos o que se da fuera de los individuos (y quizá no estén separados realmente de ellos), será siempre exacto que ciertas cosas se refieren a la unidad, y otras se derivan de la unidad. Por consiguiente, no es al geómetra a quien toca estudiar lo contrario, lo perfecto, el ser, la unidad, la identidad, lo diferente; el habrá de limitarse a reconocer la existencia de
  34. 34. UUUUNIDADNIDADNIDADNIDAD IVIVIVIV :::: AAAARISTÓTELESRISTÓTELESRISTÓTELESRISTÓTELES 25252525 estos principios. Por lo tanto, es muy claro que pertenece a una ciencia única estudiar el ser tanto que ser, y los modos del ser en tanto que ser; y está ciencia es una ciencia teórica, no sólo de las sustancias, sino también de la prioridad y de la posterioridad, del género y de la especie, del todo y de la parte, y de las demás cosas análogas. g, 1 y 2
  35. 35. VVVV EEEERNESTORNESTORNESTORNESTO RRRRENÁNENÁNENÁNENÁN
  36. 36. UUUUNIDADNIDADNIDADNIDAD VVVV :::: EEEERNESTORNESTORNESTORNESTO RRRRENÁNENÁNENÁNENÁN 27272727 VIDA DE JESÚS Carácter esencial de la obra de Jesús La acción de Jesús no salió nunca del circulo judío, aunque sus simpatías por todos aquellos que la ortodoxia despreciaba le impulsase a admitir a los paganos en el Reino de Dios, y no obstante haber residido más de una vez en tierra de gentiles y haberse hallado en una o dos ocasiones en relaciones benévolas con infieles (1), puede decidirse que su vida entera se deslizó en el reducido mundo en que sus ojos vieron la luz, en los países griegos y romanos, ni siquiera oyeron hablar de él; su nombre no figura en los autores profanos sino cien años después y de una mera directa indirecta; esto es, a propósito de los movimientos sediciosos provocados por su doctrina o de las persecuciones de que eran objeto sus discípulos (2), aún en el mismo seno del judaísmo no fue muy durable la impresión que Jesús produjo: Filón, muerto en el año 50, ni siquiera sospechaba su existencia, Josefo, que nació en el año 37 y escribía hacia a fines del primer siglo, menciona su ejecución en algunas líneas (3), como si fuera un acontecimiento de importancia secundaria, y en la numeración de las sectas de su tiempo omite a los cristianos (4), por su parte, la Mischna no ofrece ningún indicio de la nueva escuela, los pasajes de las dos gemaras en que se nombra al fundador del cristianismo no alcanzan más allá del siglo cuarto o quinto (5), la obra esencial de Jesús consistió en crearse alrededor suyo un círculo de discípulos a quienes inspiró un efecto sin límites y en cuyo seno depositó del germen de su nueva doctrina. Hacerse amar “hasta el extremo de no cesar de amarle después de su muerte”; he allí la obra maestra de Jesús, la que más admiración causo a sus contemporáneos (6), su doctrina era tan poco dogmáticas, que jamás se le ocurrió escribirla, ni mandar que la escribiesen, para ser discípulo de Jesús no se necesitaba creer en tal o cual cosa, lo que necesitaba era adherirse a él, amarle entrañablemente, lo que después de su muerte quedo de él, fueron algunas sentencias que desde muy temprano se recogieron de memoria, y, sobre todo, su tipo moral y la impresión que había producido. Jesús no era un fundador de dogmas, ni un inventor de símbolos; es iniciador del nuevo espíritu llamado a regenerar el mundo. Los hombres menos cristianos de cuantos han pretendido merecer ese título fueron los doctores de la iglesia griega que, a partir del siglo cuarto, empeñaron al cristianismo en una senda de pueriles discusiones metafísicas, y los escolásticos de la edad media latina que quisieron deducir del evangelio millares de artículos de una “suma” colosal, adherirse a Jesús con la esperanza del Reino de Dios: - tal fue lo que en un principio se llamó ser cristiano. Así es como se comprende que, por una especie de destino excepcional, se conserve todavía el cristianismo puro, al cabo de dieciocho siglos, con el carácter de una religión universal eterna, y es porque, en efecto, la religión de Jesús contiene en sí el germen de la realidad definitiva. El cristianismo, producto de un movimiento de las almas perfectamente espontáneo, desprendido en su cuna de toda presión dogmática, y habiendo luchado trescientos años por la libertad de la conciencia, recojo todavía los frutos de su excelente origen, a pesar de las caídas que ha sufrido. Para renovarse no necesita sino volver al evangelio. El Reino de Dios, tal como nosotros le concebimos difiere notablemente de la aparición sobrenatural sobre las nubes que los primeros cristianos esperaban; pero el sentimiento que Jesús introdujo en el mundo es el nuestro, y su perfecto idealismo de la más elevada norma de la vida pura y virtuosa, Jesús creo el cielo de las almas, ese refugio donde se halla lo que en vano se busca en la tierra, creo la pureza absoluta, la total absolución de la mancilla del mundo, y, por último la libertad que las sociedades excluyen de su seno; como un imposible, y que no tiene entera amplitud sino en el dominio de la idea. Para los que se refugian en ese ideal Reino de Dios, Jesús es todavía el gran maestro, el fue el primero que proclamó la soberanía del espíritu, el primero que dijo, dando ejemplo con sus hechos: “mi Reino no es de este mundo”. El fundamento de la religión verdadera es pues, obra suya, y después de él, sólo falta fecundar y cultivar la divina semilla que su mano arrojó al mundo.
  37. 37. FFFFILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LA EEEEDUCACIÓNDUCACIÓNDUCACIÓNDUCACIÓN 28282828 Y de tal manera es así, que la palabra “cristianismo” ha llegado a ser sinónima de religión. Todo, cuanto se practique prescindiendo de esa grande y hermosa tradición cristiana, sería estéril, esús fundó la religión de la humanidad, así como Sócrates fundó la filosofía, como Aristóteles fundó la ciencia. Antes de Aristóteles y de Sócrates hubo ciencia y filosofía; después de ellos la filosofía y la ciencia han hecho inmensos progresos; pero todos sus adelantos descansan en la ancha base establecida por aquellos grandes hombres, de igual manera, la idea religiosa había atravesado antes de Jesús muchas revoluciones; después de Jesús ha hecho grandes conquistas pero ni se ha salido ni podrá salirse nunca de la nación creada por el mártir del Golgota, porque el fue quien fijó para siempre la idea del culto puro. Bajo este punto de vista, la religión de Jesús es ilimitada, la iglesia ha tenido sus épocas y sus diferentes fases; los símbolos en que frecuentemente se ha encerrado fueron o serán pasajeros: Jesús fundó la religión absoluta, religión que nada excluye, que nada determina si no es del sentimiento, sus símbolos no son dogmas fijos, sino imágenes susceptibles de infinitas interpretaciones. En vano se buscara en el evangelio una proposición teológica, todas las profesiones de fe desfiguran y falsean el pensamiento de Jesús, así como la escolástica de la edad media, al proclamar a Aristóteles único maestro de una ciencia perfeccionada, falseaba el pensamiento de aquel sabio. Si Aristóteles hubiera asistido a los debates de la escuela, de seguro habría rechazado aquella raquítica doctrina y aplaudido a sus contradictores pasándose a las filas de los progresistas para combatir a los rutinarios que se escudaban con su autoridad. De igual modo si Jesús volviese hoy al mundo reconocería como sus discípulos, no a los que pretenden encerrarle completamente en algunas frases de catecismo, sino a los que trabajan en continuar su obra. En todas las ordenes de grandeza, la mayor gloria, la inmortal consiste en poner la primera piedra, posible es que en la “física” y en la “meteorología” de las ciencias modernas no se halle ni una sola palabra de los tratados de Aristóteles el fundador de la ciencia de la naturaleza, cualesquiera que sean las transformaciones del dogma, Jesús permanecerá siendo en religión el creador del sentimiento puro, y no habrá nada más allá del sermón sobre la montaña. Ninguna revolución podrá impedir que sigamos en materia religiosa la gran línea intelectual y moral a cuyo frente brilla el nombre de Jesús. Bajo este concepto somos cristianos aún separándonos sobre casi todos los puntos de la tradición que nos han precedido. Esa gran fundación fue obra personal de Jesús, para hacerse adorar hasta ese punto menester es que fuese adorable. El amor no existe sin objeto digno de inspirarle, y aunque nada supiéramos de la vida de Jesús, la pasión que supo inspirar a las personas que le rodearon nos bastaría para creer que fue grande y puro. La fe, el entusiasmo y la constancia de la primera generación cristiana no se explican sino suponiendo en el origen del movimiento un hombre de proporciones colosales. Cuando se examinan las maravillosas creaciones de las edades de fe, experimenta el animo dos impresiones igualmente funestas a la buena critica histórica. Por una parte, se inclina uno a suponer esas creencias demasiado impersonales, atribuyendo a una acción colectiva lo que a menudo fue obra de una voluntad poderosa y de un espíritu superior, y por otra, cuesta trabajo imaginarse de que los autores de esos movimientos extraordinarios que han decidido el destino de la humanidad fueron hombres como nosotros. Tengamos, pues, un sentimiento más alto de los poderes que la naturaleza abriga en su seno, en nuestras civilizaciones regidas por una minuciosa política no podemos tener idea de lo que valía el hombre en épocas en que la originalidad de cada uno tenía un campo más libre en que desarrollar su acción. Supongamos por un momento que en las canteras vecinas a nuestras capitales vive un solitario que de cuando en cuando sale de su guarida para presentarse, forzando la consigna, en los palacios de los reyes y anunciarles con voz de trueno revoluciones cuyo promotor ha sido él. Esta sola idea no hace
  38. 38. UUUUNIDADNIDADNIDADNIDAD VVVV :::: EEEERNESTORNESTORNESTORNESTO RRRRENÁNENÁNENÁNENÁN 29292929 sonreír pues, sin embargo, tal fue el profeta Elías. Hoy Elías el Thesbita no podría franquear ni la verja de las Tullerías. La predicción de Jesús y su libre actitud en galilea se separan también completamente de las condiciones sociales a que nos hallamos acostumbrados. Exentas de nuestras pulcras invenciones y de la educación uniforme que al paso que nos pule disminuye en gran manera nuestra individualidad, aquellas almas llenas de entereza demostraban en la acción sorprendente energía. Ellas se nos parecen, vistas a distancia, como gigantes de una edad heroica de fabulosa existencia. ¡Profundo error! aquellos hombres eran nuestros hermanos, tuvieron nuestra talla, y sintieron y pensaron como nosotros, pero el soplo de Dios se hallaba libre en ellos, mientras que en otros está encadenado por los férreos lazos de una sociedad mezquina y condenada a irremisible medianía. Coloquemos, pues, la personalidad de Jesús en la cima de la grandeza, sin dejarnos extraviar por exagerada desconfianza, hija de una leyenda que nos tiene siempre en un mundo sobrehumano. También la vida de San Francisco de Asís es un tejido de milagros, y sin embargo, ni su existencia ni el papel que desempeñó se han puesto nunca en duda. Tampoco se diga que la gloria de la fundación del cristianismo pertenece a la primera generación cristiana, y no aquel a quien deifico la leyenda. En oriente, la desigualdad de los hombres es mucho más notable que entre nosotros; con frecuencia descuellan allí, en medio de una atmósfera general de malicia, caracteres cuya grandeza nos causa admiración. Jesús, lejos de haber sido creación de sus discípulos, aparece siempre superior a todos ellos, exceptuando a San Pablo y a San Juan, los otros apóstoles eran hombres vulgares, sin genio y sin invención. El mismo San Pablo no puede de ninguna manera compararse con el mismo Jesús, y en cuanto a San Juan, en otro lugar demostrare que su misión, aunque en cierto modo, estuvo muy lejos de ser irreprochable. De ahí la inmensa superioridad que tienen los evangelios sobre los demás escritos del nuevo testamento. De ahí el penoso descenso que se experimenta al pasar de la historia de Jesús a la de los apóstoles. Los mismos evangelistas que nos legaron la imagen de Jesús son tan inferiores al maestro, que, no pudiendo comprender su grandeza, le desfiguran a cada paso y le rebajan a su propio nivel. Sus escritos están plagados de errores y de contrasentidos: a cada línea se echa de ver que los redactores, no pudiendo comprender la belleza divina de ciertos discursos, los transforman con arreglo a sus propias ideas. En suma, el carácter de Jesús, lejos de haber sido embellecido por sus biógrafos, aparece en ellos más inferior. Para volver a encontrarle tal como fue, la crítica necesita prescindir de ciertos errores originados de la medianía de los discípulos. Estos lo pintaron tal como concebían, pero, muchas veces, creyendo engrandecerle, no hicieron sino rebajarle extraordinariamente. No se me oculta que esa leyenda, concebida para otra raza, bajo otro cielo y en medio de otras necesidades sociales, tiene cosas que lastiman a veces nuestras ideas modernas. Hay virtudes que, en cierto modo, se hallan mas en armonía con nuestros gustos. El honrado y suave Marco Aurelio y el humilde y dulce Espinosa, no habiendo creído en los milagros, estuvieron exentos de algunos errores de que participo Jesús. En su profunda oscuridad, el segundo de esos personajes tuvo una ventaja que
  39. 39. FFFFILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LA EEEEDUCACIÓNDUCACIÓNDUCACIÓNDUCACIÓN 30303030 Jesús no solicito. Por nuestra delicadeza extrema en el ejemplo de los medios de convicción y por nuestra sinceridad absoluta y nuestro amor desinteresado de la idea pura, todos los que consagramos nuestra vida a la ciencia hemos fundado un nuevo ideal de moralidad. Pero las apreciaciones de la historia no deben encerrarse en consideraciones de mérito personal. Marco Aurelio y sus nobles maestros no ejercieron sobre el mundo una acción durable. Marco Aurelio dejó en pos de si libros lindísimos, un hijo execrable, un mundo execrable, un mundo que desaparecía: Jesús continúa siendo en la humanidad un principio inagotable de morales renacimientos. Para la gran mayoría de las personas no basta la filosofía; es preciso que la acompañe la santidad. Un Apolonio de Tiana debía alcanzar más éxito con su leyenda milagrosa, que un Sócrates en su fría razón. “Sócrates, decían, deja a los hombres en la tierra, mientras que Apolonio los transporta al cielo, Sócrates no es más que un sabio, Apolonio es un Dios” (7). Hasta hoy, la religión no ha podido existir sin una parte de ascetismo, de piedad, de maravillosos. Cuando después de los antónimos, se pretendió establecer la religión de la filosofía, necesario fue transformar a los filósofos en santos, escribir la “vida edificantes” de Pitágoras y de Plotonio, arreglarles una leyenda, y concederles virtudes de abstinencia y de contemplación y poderes sobrenaturales, sin cuyos requisitos no hubieran tenido ni crédito ni autoridad. ¡Guardemos, pues, de militar la historia para satisfacer nuestras mezquinas susceptibles! ¿quién de nosotros, miserables pigmeos, podrá realizar lo que realizó el extravagante Francisco de Asís, o la histérica Santa Teresa? ¿Que importa que la medicina posea nombres para explicar esos grandes extravíos de la naturaleza humana? ¿Que importa que sostenga que el genio es una enfermedad del cerebro, que no vea en cierta delicadeza de moralidad sino un principio de tisis y que clasifique el entusiasmo y el amor entre los accidentes nerviosos? las palabras sano y enfermo son hasta cierto punto relativas. ¿Quién no prefiere hallarse enfermo como Pascal o estar saludable como el vulgo? las mezquinas ideas que acerca de la locura se han propagado en nuestra época, extravían de una manera gravisíma, en las cuestiones de este género, nuestros juicios históricos. Hoy, el hombre que dijese cosas no tuviera conciencia, o expusiera pensamientos sin que los relaje la voluntad, se expondría a que lo encerraran por alucinado en alguna casa de orates. Pues bien, ese estado se llamaba en otro tiempo inspiración profética. Las más grandes cosas del mundo se han hecho bajo el imperio de la fiebre; toda creación eminente implica en el ser un estado violento, una ruptura de equilibrio. También hay que tener presente, y nosotros lo reconocemos sin dificultad, que el cristianismo es una obra demasiado compleja para ser el hecho de un solo hombre. Puede decirse, que, en cierto modo, la humanidad entera ha colaborado en el. No hay en el mundo comarca, por aislada que sea, que no reciba algunas impresiones del exterior. La historia del espíritu humano esta llena de extraños sincronismos, los cuales patentizan que, muchas veces, diferentes fracciones de la especie humana, situadas lejos una de otra y sin haber comunicado entre sí, producen ideas casi idénticas y llegan a resultados semejantes. En el siglo décimo tercero, y desde Yorek a Samarkand, los latinos, los griegos, los siriacos, los musulmanes y los judíos se entregan compasión a disputas escolásticas, casi del mismo género: en el siglo décimo cuarto, Italia, Persia, la India, todo el mundo se siente acometido por la fiebre de la alegoría mística; en el décimo sexto, se desarrolla el arte de una manera análoga en Italia, en el monte-athos, en la corte de los grandes Mogoles, y esto sin que entre Santo Tomás, Barhebraeaus, los Rabinos de Narbona y los Montecalenim de Bagdad hubiese ninguna relación, sin que Dante y Petrarca hubiesen visto a ningún Sofi, sin que ningún discípulo de las escuelas de Perusa o de Florencia hubiese pasado a Delhi. Diriase que la manera que recorren el mundo de polo a polo, sin reparar en razas ni en fronteras.
  40. 40. UUUUNIDADNIDADNIDADNIDAD VVVV :::: EEEERNESTORNESTORNESTORNESTO RRRRENÁNENÁNENÁNENÁN 31313131 En la espacie humana, el comercio de las ideas no se opera únicamente por medio de los libros y de la enseñanza directa. Jesús hasta ignoraba los nombres de Budha, de Zoroastro y de Platón; no había leído ningún libro griego, ningún sutra budico, y sin embargo, se hallan en él muchos elementos que, sin que Jesús lo sospechase, procedían del budismo, del parsismo y de la sabiduría griega. Esas corrientes se operan por conductos misteriosos, por esa especie de simpatía que existe entre las diferentes porciones de la humanidad. Los grandes hombres, si bien dominan la época en que viven, también reflejan hasta cierto punto las ideas que en ella circulan. Demostrar que la religión fundada por Jesús fue la consecuencia natural de lo que antes había existido, no es disminuir sus excelencia, sino probar que tuvo su razón de ser, que fue legítima, esto es, conforme con los instintos y con las necesidades del corazón en un siglo determinado. ¿Sería justo decir por eso que Jesús lo debe todo al judaísmo y que su grandeza no es sino la grandeza del pueblo judío? yo soy el primero en reconocerla grande elevación de ese pueblo único en la tierra, cuyo don particular parece haber sido contener en su seno los opuestos gérmenes del bien y del mal. Jesús salió sin duda del judaísmo; pero salió de él como Sócrates salió de las escuelas de sofistas, como Lutero de la edad media, como Lamennais del catoliciso, como Rousseau del siglo dieciocho. El hombre pertenece a su siglo y a su raza, aunque su acción se dirija contra su raza y contra su siglo. Jesús, lejos de continuar el judaísmo, representa por el contrario la ruptura con el espíritu judío. Aún suponiendo que sobre este punto pudiera su pensamiento presentarse a algún equivoco, la dirección general del cristianismo no dejaría ninguna duda, puesto que le vemos, desde su cuna, alejándose más y más del judaísmo. Su perfeccionamiento consistiría en volver a Jesús, pero no al espíritu judaico, la grande originalidad del fundador permanece, pues, entera, sin que su gloria admita ningún participante legitimo. Es indudable que las circunstancias contribuyeron mucho al éxito de esa maravillosa revolución; pero también lo es que las circunstancias no secundan sino lo que es justo y verdadero. Cada ramo del desarrollo de la humanidad tiene una época determinada, en la cual, por una especie de instinto espontáneo, llega sin violencia a adquirir de instinto espontáneo, llega sin violencia a adquirir su mayor perfeccionamiento. Ningún trabajo de reflexión consigue producir inmediatamente las obras maestras que en esos momentos de fiebre crea la naturaleza por medio de genios inspirados. El siglo de Jesús fue a la religión lo que fueron a las artes y las letras profanas los hermosos siglos de la Grecia. La sociedad judaica ofrecía entonces el más extraordinario estado moral e intelectual que haya conocido la especie humana. Aquella fue verdaderamente una de esas horas divinas en que mil fuerzas ocultas conspiran a la producción de lo grande y lo sublime, en que brotan por doquiera raudales de admiración y simpatía para servir de apoyo a las almas elevadas. El mundo, rescatado de la menguada tiranía de las repúblicas municipales, gozaba entonces de gran libertad. El despotismo romano no se dejó sentir de una manera
  41. 41. FFFFILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LAILOSOFÍA DE LA EEEEDUCACIÓNDUCACIÓNDUCACIÓNDUCACIÓN 32323232 fatal sino mucho después, y además, en aquellas lejanas provincias, fue siempre menos abrumador que en el centro de su imperio. Nuestras mezquinas y suspicaces medidas preventivas (mucho más perjudiciales para las cosas del espíritu que la misma muerte) no existían en aquella época. La vida que Jesús hizo por espacio de tres años’ le habría conducido veinte veces, en nuestra sociedad, ante los tribunales de justicia. Sólo nuestras leyes sobre el ejercicio ilegal de la medicina habrían bastado para detenerle al principio de su carrera. Por otra parte, la incrédula dinastía de los herodes miraba con indiferencia los movimientos religiosos; bajo los asmoneos, es muy probable que Jesús no hubiese ido más allá de sus primeras tentativas. En semejante estado social un innovador no arriesgaba sino la vida; más ¿no es la muerte la que facilita el caminó a los que trabajan por el porvenir? ¡que cualquiera se imagine a Jesús reducido a soportar hasta sesenta o setenta años el peso de su divinidad, perdiendo la celeste llama que en el ardía y gastándose poco a poco bajo las necesidades de un papel inaudito! aquellos que nacen marcados con un sello de grandeza, van a la gloria por una especie de atracción irresistible, de orden fatal, y todo conspira a facilitarles el camino. Permitido es, pues, llamar divina a esa personalidad sublime que todavía preside los destinos del mundo: más no porque Jesús haya absorbido en si todo lo divino, o (para emplear los términos de la escolástica) porque le haya sido adecuado; sino porque él es el individuo que ha hecho dar a su especie el paso más avanzado hacia la divina religión. La humanidad, considera en globo, ofrece un conjunto de seres abyectos, egoístas, que son superiores al animal, por cuanto a que su egoísmo es más reflexionado. Pero en medio de esa uniforme vulgaridad se elevan hacia el cielo columnas cuya excelsitud da testimonio de un destino más noble. De todas esas columnas que enseñan al hombre de donde procede y a donde debe dirigirse, Jesús es la más elevada, la más grandiosa. En él se reconcentro cuanto de noble y bueno se contiene en nuestra naturaleza. Jesús no fue impecable, y tuvo que vencer las mismas pasiones que nosotros combatimos; si algún ángel le conforto, fue el de su buena conciencia; si algún Satanás se llego a tentarle, fue el que cada uno abriga en su propio corazón. Posible es que muchas de sus faltas hayan quedado ocultas, así como ha desaparecido una parte su grandeza a causa de la pobre interpretación de sus discípulos. Pero nadie como él supo en su vida someter las pequeñeces del amor propio al interés de la humanidad. Consagrado sin reserva a su idea, se lo subordinó todo a tal extremo, que, hacia el fin de su vida, el universo no existía ya para el, ese acceso de voluntad heroica fue el que le conquisto el cielo. No ha habido ningún hombre (exceptuando quizás a Sakia-Muni) que haya despreciado hasta este punto los lazos de la familia, los goces del mundo, todas las preocupaciones terrenales. Jesús no vivía sino para su padre y para la misión divina cuyo intimo convencimiento abrigaba. En cuanto a nosotros, niños sempiternos condenados a la impotencia, nosotros, que trabajamos sin cosechar y que no veremos nunca el fruto de nuestra siembra. ¡Inclinémonos con respeto ante la grande figura de esos semidioses! ellos supieron lo que nosotros ignoramos, esto es crear, afirmar y obrar. ¿Renacerá otra vez la grande originalidad o se contentará el mundo en adelante con seguir marchando por las vías que trazaron los audaces creadores de las antiguas edades? lo ignoramos; pero cualesquiera que sean los fenómenos que se produzcan en el porvenir, nadie sobrepujara a Jesús.
  42. 42. UUUUNIDADNIDADNIDADNIDAD VVVV :::: EEEERNESTORNESTORNESTORNESTO RRRRENÁNENÁNENÁNENÁN 33333333 Su culto se rejuvenecerá incesantemente; su leyenda provocará lágrimas sin cuento; su martirio enternecerá los mejores corazones, y todos los siglos proclamaran que entre los hijos de los hombres no ha nacido ninguno que pueda comparársele.
  43. 43. VIVIVIVI GGGGIOVANNIIOVANNIIOVANNIIOVANNI PPPPAPINIAPINIAPINIAPINI

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