Cine y filosofía<br />Por Marcos Serrano Galindo - Profesor de Filosofía (Universidad de Huelva)<br />______________<br />...
Cine y filosofía
Cine y filosofía
Cine y filosofía
Cine y filosofía
Próxima SlideShare
Cargando en…5
×

Cine y filosofía

576 visualizaciones

Publicado el

Publicado en: Meditación, Tecnología
0 comentarios
0 recomendaciones
Estadísticas
Notas
  • Sé el primero en comentar

  • Sé el primero en recomendar esto

Sin descargas
Visualizaciones
Visualizaciones totales
576
En SlideShare
0
De insertados
0
Número de insertados
2
Acciones
Compartido
0
Descargas
1
Comentarios
0
Recomendaciones
0
Insertados 0
No insertados

No hay notas en la diapositiva.

Cine y filosofía

  1. 1. Cine y filosofía<br />Por Marcos Serrano Galindo - Profesor de Filosofía (Universidad de Huelva)<br />______________<br />Cine y Filosofía. Por un lado parecen actividades humanas e intelectuales difíciles de unir para un mismo objetivo, a saber: la actividad docente en el aula. Es una tarea difícil, en efecto, pero no imposible.<br />Si se concibe el cine sólo como un espectáculo o como mera vía de entretenimiento, idea que suele tener la persona que conoce poco el cine, y si se concibe la filosofía como una especie de arte de lo confuso y enajenación de lo simple, y por ende, algo engorroso y aburrido, idea que también sostienen los que tienen un conocimiento muy superficial de la filosofía, podría decirse, pues, que la materia de la que trata este trabajo es sencillamente la cuadratura del círculo.<br />Sin embargo, no es así. Basta con que el profesor de Filosofía, o el estudioso sin más, se preocupe de investigar un pocola Historia del Cine, para que vayan surgiendo películas verdaderamente sugerentes desde un punto de vista filosófico que, o bien pueden ser utilizadas como material pedagógico, o bien como objeto de disfrute intelectual de manera más gratuita. Y seguro que es más fácil hacer el recorrido desde la Filosofía al Cine que a la inversa, pues los críticos y estudiosos de la cinematografía suelen saber poco o nada de Filosofía.<br />No es excesivo el número de cineastas que han abordado el mundo de la Filosofía en sus obras y, por ende, tampoco son muchas las películas que puedan ser tenidas en cuenta en este trabajo que reúnan un mínimo de requisitos, tales como un adecuado nivel de calidad y el tratamiento de algún tema o aspecto de la Filosofía, no excesivamente " tomado de los pelos" . Clasifiquémoslas en distintas categorías:<br />1. Películas basadas en la biografía de algún filósofo.<br />El cineasta más prolífico en este apartado es, sin lugar a dudas, el italiano Roberto Rossellini, no tanto en su producción netamente cinematográfica, como en sus trabajos realizados para televisión durante la década de los setenta. Socrate (1970), Blaise Pascal (1971), Agostini de Ippona (1972), Cartesius(1973) y la inacabada Karl Marx de 1977, año en que fallece uno de los más grandes genios del cine europeo. Es evidente que al tratarse de trabajos realizados para la televisión, no han sido proyectados en las salas comerciales y, por tanto, su distribución ha sido nula. Son, pues, obras que en nuestro país no se conocen y que conseguirlas por el medio que sea, no ha de ser nada fácil. No podemos, por esta causa, opinar acerca de su verdadero interés, aunque el director ofrezca todas las garantías; pero sí, al menos, dejar aquí constancia de su existencia.<br />El cine italiano también nos ofrece la obra de la directora Liliana Cavani, en cuya filmografía aparecen dos obras de sumo interés para el tema que nos proponemos. Galileo (1968) es una recreación, con cierta verosimilitud histórica, del proceso de Galileo Galilei, acusado por la Inquisición de ir contra la verdadera fe, simplemente por tratar de demostrar de forma empírica que la hipótesis copernicana de que la Tierra gira en torno al Sol, y no a la inversa, como parece interpretarse de una lectura lineal y plana de las Sagradas Escrituras. El interés de esta película radica en la contraposición razón-fe, muy bien expresada en el guión, representada por el lado de la razón por Giordano Bruno, cuyo proceso y posterior ejecución también aparece en el film, y por Galileo, protagonista absoluto de la película, y por el lado de la fe por el cardenal Bellarmino, martillo de herejes y defensor de un concepto de fe, ya trasnochado en el siglo XVII y sólo sostenido por el imperio del terror de la Orden, así como por el Papa Urbano VIII, personaje que en su juventud cultivó cierta amistad con Galileo y lo defendió ante sus opositores dentro de la Iglesia, pero que una vez accede al Papado, cae en la cuenta del enorme peligro que encierra para los intereses mundanos de la religión católica la difusión de determinadas ideas que ponen en tela de juicio los dogmas de la fe, desde ese momento se convierte en uno de los principales responsables de la condena del inventor del telescopio.<br />De la misma directora Más allá del bien y del mal (Al di là del bene e del male, 1977) es una película maldita, cuyo título nos recuerda la obra del más ácido y despiadado crítico de la civilización occidental: Friedrich Nietzsche, nombre que por sí sólo ya despierta las opiniones y sentimientos más encontrados. Efectivamente este film gira en torno aalgunos pasajes supuestamente biográficos del filósofo alemán, sobre todo a las tormentosas relaciones sentimentales entre el propio Nietzsche, el amor de su vida Lou von Salomey uno de los amantes de ésta, el psicólogo Paul Ree. Quizá la directora pierda el pulso narrativo de la sugerente historia por escarbar, sin demasiado recato, en los aspectos más escabrosos de la relación entre los personajes, perdiéndose por ello interesantes matices de los que puede aportar, tanto a nivel psicológico como filosófico, un personaje tan inmensamente complejo como Nietzsche. Esta fue quizá una de las causas por las que la carrera comercial de esta película fuera breve y no demasiado exitosa, injustamente pues se trata de un film estimable, y pasara por nuestras pantallas durante la transición disfrazada de uno de aquellos subproductos catalogados con la vergonzosa " S" .<br />Si los títulos mencionados hasta ahora no han sido muy conocidos por el gran público, no puede decirse lo mismo de la película del célebre John Huston Freud, pasión secreta (Freud, the secret passion, 1962). En ésta el padre del psicoanálisis es interpretado eficazmente por una de las mayores estrellas de Hollywood: el atormentado Montgomery Clift. La película resulta interesante desde el punto de vista biográfico y doctrinal, pues retrata magníficamente al personaje y muestra con claridad algunas de sus más representativas ideas, por lo que algunos críticos la tratan de excesivamente didáctica, lo que para nuestro interés es un valor añadido. Quizá la causa de esto sea el hecho de que Huston encargara el guión a Jean Paul Sartre y éste se esmeró tanto en ello que el texto requería un metraje de 16 horas, razón por el que fue desechado, aunque se aprovecharan algunas de sus brillantes aportaciones en el guión definitivo.<br />Mayor reconocimiento tuvo aún Un hombre para la eternidad (A man for all seasons, 1966) del también prestigioso Fred Zinnemann, pues fue la triunfadora en los Oscars de ese año al conseguir seis estatuillas, entre ellas las más importantes a la película, al director y al mejor actor, el británico Paul Scofield que interpreta genialmente al personaje que nos interesa: el autor de " Utopía" , Tomás Moro. Aunque aparece en otros filmes, lo hace como personaje secundario, ya que en ellos el protagonismo lo recaba Enrique VIII, pero en el mencionado el relato se refiere fundamentalmente a su postura de integridad moral y religiosa. Frente a la pretensión del monarca de que, como canciller suyo, liderara la Iglesia Anglicana tras separarse de Roma, Moro, debido a su profunda convicción católica, se niega a reconocer la validez del divorcio de Enrique VIII y Catalina de Aragón, lo que le supone la enemistad del rey (magníficos los diálogos que recogen esta controversia entre ambos personajes), y como consecuencia de ella, un proceso, auténtica pieza maestra de lo que se conoce como " cine judicial" , que termina con el presidio y decapitación de nuestrofilósofo. La película es un inmejorable ejemplo del tema recurrente en la Historia del Pensamiento de como la integridad moral de insignes personajes, incapaces de doblegarse a los intereses bastardos de los poderosos y los conspiradores, desprecian su propia seguridad, dando ejemplo de una heroicidad sin límites, lo que les hace ganarse a pulso la inmortalidad histórica.<br />Para concluir este apartado incluiremos una curiosidad cinematográfica que, en su momento, pasó completamente desapercibida: la producción española de 1992 La última frontera del catalán Manuel Cussó-Ferrer. A medio camino entre el documental y la ficción, relata la huida del terror nazi de Walter Benjamin, filósofo alemán de origen judío y miembro destacado de la Escuela de Frankfurt. En esta huida pasa por los Pirineos en 1940 y en la travesía, mediante una serie de flash-backs, la película nos sitúa en algunos elementos biográficos y del pensamiento de este autor. La huida termina de forma trágica en Port-Bou el 26 de Septiembre de este año con el suicidio de Benjamin, al saber que iba a ser repatriado. La película es un arriesgado experimento cinematográfico, que no acaba de ser ni un documental, aunque en él aparecen testimonios reales, ni una recreación más convencional de su biografía. Lo cierto es que estos ejercicios de estilo cinematográfico suelen pasar desapercibidos para el público e incluso para buena parte de la crítica, aunque no quepa duda de que es una aportación interesante para el trabajo que proponemos.<br />2. Películas que suponen la interpretación de algún sistema filosófico.<br />Dentro de este apartado se proponen unos pocos ejemplos de películas que, sin una pretensión claramente filosófica, son buenos recursos didácticos para hacer " ver" , y nunca mejor dicho, al alumno determinadas ideas fundamentales de un determinado autor o corriente de pensamiento. La interpretación que desde aquí damos a estos obras será siempre en un sentido amplio y, por tanto, discutible; pero pretendemos que sea, al menos, sugerente.<br />Un ejemplo claro y sin necesidad de hacer grandes alardes interpretativos es El nombre de la rosa (Le nom de la rose, 1986) de Jean-Jacques Annaud, basado en el best-seller homónimo de Umberto Eco y que, sin alcanzar en toda su amplitud la hondura filosófica de la novela, recoge bastante bien el espíritu de la época en que se ambienta, así como, por encima del trasunto detectivesco, el salto cualitativo que supone en la historia del pensamiento la aparición del nominalismo (no perdamos de vista el título) frente a las desgastadas disputas escolásticas, lo que significa una auténtica revolución filosófica que comienza a socavar los cimientos de la Edad Media y todo lo que ella conlleva, muy bien reflejada de un modo simbólico con el incendio de la Abadía. No olvidemos tampoco el guiño que Eco hace al lector jugando con el nombre del protagonista: Guillermo de Baskerville, en clara alusión a Guillermo de Ockam, iniciador del nominalismo y a Conan Doyle, creador del personaje de Sherlock Holmes en una de sus más famosas aventuras: El mastín de los Baskerville.<br />Una segunda oportunidad (Regarding Henry, 1991) de Mike Nichols es el relato de un brillante y frío abogado, protagonizado por Harrison Ford, que tras un disparo en la cabeza, pierde toda noción del pasado, incluso las funciones elementales de psicomotricidad, por lo que tras su recuperación tiene que comenzar " una nueva vida" a nivel psíquico. El argumento de la película es una extraordinaria ocasión de acercar al alumno a la teoría del conocimiento empirista, así como a la escéptica idea de Hume acerca de la supuesta sustancia " yo" que éste interpreta simplemente como la acumulación de recuerdos. A pesar de que se pueda criticar el planteamiento de la película, por no llegar al fondo de la situación y quedarse en un edulcorada y falsa seudocomedia muy al estilo americano, podemos obtener un buen resultado pedagógica de la misma pues presenta una impecable realización y se ve con bastante agrado.<br />Mencionar Blade Runner (1982) intelectual a propósito de temas tan claramente explícitos en ella como la bioética. Lo que quizás pueda pasar más inadvertido al espectador, obnubilado por el alucinante esteticismo de la película precursor de la postmodernidad, es que en ella se esconden interesantes aspectos del más puro vitalismo nietzscheano: La decadencia de la civilización occidental, como producto del " envenenamiento de la sangre que ha mezclado las razas entre sí" ; la pletórica superioridad de la naturaleza del superhombre, representada por el replicante Nexus 6, y su infinito amor a la vida que le lleva a matar a su dios/creador en una impactante secuencia en la que este personaje asesina al ingeniero genético y dueño de la Tyrrell Co., único amo de su vida y su muerte; la resistencia del hombre a ser sólo puente de un destino mejor y que por ello teme al hombre superior y pretende su aniquilación, misión encomendada al detective Deckard; y también el sentido de la verdad nietzscheana en el que el valor de la vida es lo determinante, expresado en la secuencia, cargada de simbolismo, de la muerte del replicante interpretado magníficamente por Rutger Hauer. Se trata, en definitiva, de una película que cada vez que se revisa sugiere nuevas interpretaciones y que, desde luego, fascina a todo tipo de espectadores.<br />De Abre los ojos, la segunda película del joven prodigio Alejandro Amenábar se ha escrito y discutido largo y tendido. La película parece haber avivado una cierta polémica entre los que asisten boquiabiertos a su pase y pretenden encontrarle tal o cual sentido henchidos de un furor intelectual sin límites y los que, mucho más críticos, la califican de pretencioso artificio, ni tan siquiera original, pues reproduce viejos esquemas de lo que podríamos llamar el subgénero de " los efectos de la manipulación del cerebro" . No pretendemos dar una definitiva solución a esta polémica, sino simplemente establecer un cierto paralelismo entre su argumento, si obviamos el trasunto de la realidad virtual, y la cuarta parte del " Discurso del Método" cartesiano: " ...podemos asimismo, imaginar en sueños que tenemos otro cuerpo, y vemos otros astros y otra tierra sin que ello sea cierto, pues ¿cómo sabremos que los pensamientos que se nos ocurren durante el sueño son más falsos que los demás si con frecuencia no son menos vivos y precisos? Y por mucho que lo estudien los mejores ingenios, no creo que puedan dar ninguna razón suficiente para desvanecer esta duda sin suponer previamente la existencia de Dios" . Sólo el análisis de este texto, que muy bien podría pasar como una sinopsis del argumento de la película, podría dar lugar a un trabajo más detenido y concienzudo para establecer el paralelismo mencionado. Pero es que, además, en distintos personajes y situaciones pueden verse, con cierta facilidad, los conceptos claves del racionalismo de Descartes: la duda metódica, el " genio maligno" , el " cogito, ergo sum" , la realidad del mundo, la libertad, la necesidad lógica y ontológica de Dios, etc.<br />Otros filmes que podrían caber en este apartado son, por ejemplo, ¡Qué bello es vivir! (It´s a wonderful life!, 1946), el inmortal clásico de Frank Capra, que constituye un magnifico ejemplo de qué es el humanismo cristiano. La mirada providencialista de Dios, la insustituible existencia del individuo, cuya vida no pertenece más que a su Creador, la apología de la familia y de la comunidad basada en los buenos sentimientos y en la fe inquebrantable en que todo va hacia lo mejor, todo ello con un inconfundible halo de desmesurado optimismo con respecto a la naturaleza y el destino del hombre, son elementos que hacen de esta película un canto a todo lo que representa la doctrina cristiana.<br />El cine del maestro Hitchcock tiene dos estupendas muestras de acercamiento al psicoanálisis freudiano: Cuéntame tu vida (Spellbound, 1945) y Marnie, la ladrona (Marnie, 1964), ambas obras maestras y que aúnan su intrínseco interés cinéfilo con una de las más sugerentes teorías acerca de la naturaleza psíquica, por lo que su validez como instrumento pedagógico está fuera de toda duda.<br />Quizás menos conexión filosófica, que no valor cinematográfico, tienen dos obras cumbres de la historia del cine: El ciudadano (Citizen Kane, 1940) del genio Orson Welles y Rashomon (1950) de Akira Kurosawa, como muestras ejemplares de la teoría perspectivista, una de los logros filosóficos más representativos de D. José Ortega y Gasset. En ambas piezas maestras se relata un mismo hecho desde distintos puntos de vista encarnados en diversos personajes, constituyendo así las dos historias magníficos mosaicos que llegan al espectador como realidades globales correspondientes a un punto de vista ubicuo que sólo es posible en el cine.<br />3. Películas que tratan temas filosóficos.<br />Son varios los cineastas cuya filmografía es un verdadero legado filosófico. Sus obras constituyen tratados en los que se reflexiona acerca de los temas fundamentales que siempre han supuesto motivo de reflexión intelectual: Dios, el sentido de la existencia, la muerte, la necesidad ética de encontrar un porqué al comportamiento humano, etc. De entre éstos vamos a destacar a tres figuras indiscutibles: Carl Theodor Dreyer, Ingmar Bergman y Woody Allen.<br />Del primero, el genial cineasta danés, autor de una breve pero magistral obra, en la que se vislumbra una visión luterana del cristianismo que supone un grito angustioso del hombre desde su soledad ontológica que reclama la búsqueda de un sentido religioso y ético de la vida, destacamos La pasión de Juana de Arco (La passion et la mort de Jeanne d¨Arc, 1928), Dies Irae (Vredens Dag, 1943), la maravillosa La palabra (Ordet, 1955) y su obra postrera Gertrud (1964). Significamos, no obstante, que al tratarse de un cine de culto, muy denso en contenido y presupuestos estéticos, puede suponer para el alumno no avezado una difícil aproximación a cualquiera de estas películas, pero si se supera esa primera fase, serán experiencias imposibles de olvidar.<br />Parecidas características tiene el cine del sueco Bergman, hijo de un pastor protestante ydotado de un profundo sentido religioso y filosófico, en el que sus reflexiones sobre la incomunicación, la muerte o las debilidades de la naturaleza humana le dan a su extensa e irrepetible obra un sello de autor inconfundible. Resulta difícil destacar un ramillete de sus películas, pero nadie discutirá como obras maestras: El séptimo sello (Det sjunde inseglet, 1956), Cuando huye el día (Smultronstället, 1956), La fuente de la doncella (Jungfrukällan, 1959), Luz de invierno (Nattavardsgästerna, 1962) o Fanny y Alexander (Fanny och Alexander, 1982).<br />Y ¿qué decir del neoyorquino, judío, ateo e iconoclasta Woody Allen? Su filmografía, afortunadamente aún viva y gozosamente saludable, ha pasado por diversas etapas,entre la comedia más bufa y la reflexión más sesuda, pero esto sólo en apariencia, su filmografía es extraordinariamente coherente y los temas que en ella se tratan son siempre recurrentes: la soledad, la culpa, el sexo, la muerte, el absurdo, el dilema ético y la irreverente omnipresencia de los ritos y las creencias del judaísmo. Se podría decir que el genio creativo de Allen es el epítome de todos los cineastas de culto de una clase de espectadores demasiado intelectualizados, pero que sus películas, sabiamente edulcoradas con un inagotable sentido del humor cínicamente crítico han llegado y siguen llegando al gran público. Podemos destacar de entre otras muchas obras maestras La última noche de Boris Grushenko (Love and Death, 1975),Annie Hall (1977), Interiores (Interiors, 1978), Manhattan (1979), Zelig (quizás su mejor película, del año 1983), Crímenes y pecados (Crimes and misdemeanors, 1989) o la más reciente Misterioso asesinato en Manhattan (Manhatan murder mistery, 1993)<br />Afortunadamente, el cine sigue goteando muestras de este matrimonio y el trabajo queda abierto para futuras reflexiones.<br />España, 1998<br />

×