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TRIDUO AL SANTÍSIMO SACRAMENTO 2015
DÍA PRIMERO: MISTERIO DE FE.
 Estamos preparando la fiesta del Corpus, una gran fiesta para los cristianos. Hoy fijamos con
más atención nuestra mirada en la Sagrada Hostia, donde Jesús está. Es una suerte, un
regalo de Dios tener a Jesucristo tan cerca realmente, a nuestro lado; y es una suerte, un regalo ver
cuánto nos quiere Dios: hasta el punto de quedarse real y físicamente, bajo los accidentes del pan y
del vino. ¡Dios que se hace pan!... ¡para estar cerca de mí! ¡y para alimentarme a mí!
 Un día de verano mientras celebraba la Misa un padre agustino, una mosca revolotea alrededor del
cáliz, que está sin cubrir. Aunque el sacerdote aleja la mosca con la mano, ésta vuelve una y otra vez
hacia el cáliz, posándose en él de vez en cuando. La mosca es tan insistente, que acaba por distraer
a todos. Cuando termina la Misa, el sacerdote se dirige a los asistentes: quizás os hayáis distraído,
pero yo pensaba que todos nosotros deberíamos ser como esa mosca: buscar la Sangre de
Cristo, su cercanía, una y otra vez, con insistencia.
­ Dile al Señor que durante estos días quieres ser como esa mosca: revolotear a su
alrededor. Y aunque las actividades del día te alejen de Él físicamente, que te ayude a llevar tu
cabeza hacia los sagrarios muchas veces cada día. ¡Búscale!, búscale muchas veces en el
sagrario.
­ Gracias, Dios mío, por amarme tanto. Lógico que me ames porque soy tu hijo. Pero... ¡qué
hayas hecho la locura de hacerte Pan! Y ¿cómo te tratamos los hombres? ¿cómo te trato yo? A
partir de ahora voy a procurar tratarte bien; en serio, Señor, quiero visitarte, adorarte más,...
Y perdona sí hasta ahora no te he hecho el caso que debería. Gracias.
­ Jesucristo no dejó lugar a dudas: “Esto es mi cuerpo”, esto, que sigue pareciendo pan, ya no es
pan: es mi Cuerpo. La transubstanciación es el milagro que ocurre en la consagración: el pan deja
de ser pan aunque siga pareciendo pan; solo cambia la sustancia, lo que es y no se ve.
­ Creo, Jesucristo, pero ayúdame a creer más. Quiero asistir a la Misa, a partir de hoy, con
una fe mucho más grande. Concédemelo Tú. Y que sepas que me duelen las veces que he
asistido con indiferencia, con poca atención o cariño, con rutina. Me duelen todos mis pecados. Te
pido perdón ahora.
­ “Oiga, no tengo fe”, me decía preocupado y contrariado un chaval. Al preguntarle por la causa
de esa inesperada afirmación, contestó: “Porque cuando estoy delante del sagrario no siento
nada y no acabo de ver ahí a Jesucristo”.
­ No. No es eso la fe. La fe no es sentir, es asentir, decir con la cabeza que crees eso. La fe
es un regalo de Dios por el que yo afirmo con mi cabeza (aunque no lo vea y no lo entienda) que
lo que Dios dice es verdad: ¿Cómo no va a ser verdad si Él ha hecho todo?
­ Dame, Dios mío, una fe grande. Yo comeré la Carne de Cristo con cariño y frecuencia
para que permanezcas y crezcas en mí. Pero Tú dame una fe más grande: que esté
convencido de que vale la pena hacer cualquier esfuerzo por mí parte para poder estar contigo
físicamente junto al Sagrario, o recibirte. Quiero visitarte todos los días un momento. Y cuando
pase junto a una Iglesia quiero siempre saludarte, al menos con el corazón, desde fuera,
diciéndote "Hola".
PRIMER DÍA DEL TRIDUO AL SANTÍSIMO SACRAMENTO
MONICIÓN AMBIENTAL
«Hele aquí compañero nuestro en el Santísimo
Sacramento, que no parece fue en su mano apartarse de
nosotros un momento».
Así escribía Santa Teresa de Jesús sobre ti Señor y qué
gran verdad. Tanto nos amas, tan grande es tu corazón para con
nosotros que no te bastó con dar la vida, con derramar tu sangre,
romper tu cuerpo, entregar tu espíritu al Padre, sino que has
querido quedarte permanentemente con nosotros en el
Sacramento de la Eucaristía.
Nuestro corazón desborda de alegría y agradecimiento y
tu Iglesia, tu Cuerpo místico, tu pueblo, organiza esta fiesta anual
para decir en las calles y plazas de nuestro pueblo que tú eres nuestro único Señor, que también
nosotros te amamos, que eres el bendito y alabado por los siglos de los siglos.
Gracias, Señor.
TEST SOBRE LA SALUD EUCARÍSTICA DE LA COMUNIDAD
PRIMER INDICADOR:
Si vivimos bien la Eucaristía un indicador es cómo nos relacionamos con los demás. A Jesús le
gustaba estar con la gente, compartir sus anhelos, problemas y preocupaciones. En la Santa Misa nos
encontramos con muchas personas, pero ¿las vemos en verdad como hermanos y hermanas? ¿La
Eucaristía nos lleva a salir al encuentro de los pobres, de los enfermos, de los marginados, viendo en
ellos el rostro de Jesús? ¿O más bien cuando salimos de Misa criticamos a uno, al otro por cómo estaba
vestido éste o aquel?
SEGUNDO INDICADOR:
Un segundo indicador es sentirnos perdonados e impulsados a perdonar. Quien celebra la
Eucaristía no lo hace porque sea mejor que los demás, todos somos pecadores y si uno no se siente
pecador es mejor que no vaya a Misa, porque el primer acto que hacemos en la Misa es decir «Confieso
que soy pecador» y pedir el perdón por los pecados. Si no lo siente, no va a vivir bien la Eucaristía y no
va a perdonar a quienes le han ofendido.
TERCER INDICADOR:
Un último indicador es la coherencia entre la liturgia y la vida de nuestras comunidades. La
Eucaristía no es un mero recuerdo de algunos dichos de Jesús. Es la obra y el don de Cristo presente allí
que sale a nuestro encuentro y nos alimenta con su Palabra y con su vida. Por ello, nuestra vida queda
transformada por él, trasluciendo en nuestra existencia sus palabras y obras.
DÍA SEGUNDO: PRESENCIA REAL.
 S. Lewis, es un escritor británico al que se le muere su mujer, Hellen, de la que estaba
profundamente enamorado. Sus primeros días y semanas como viudo son tremendamente duros
para él: vacío, soledad, impotencia, recuerdos, amor y fe. ¡Cuánto echa de menos a su mujer! Y se
da cuenta de que ahora a su mujer solo la tiene en imágenes: en imágenes de fotografías que
conserva en casa, o en imágenes que guarda en el pensamiento. Y que esas imágenes no son
Hellen. Esas imágenes le consuelan poco, porque lo que él necesita es a Hellen, y no imágenes de
ella; esas imágenes no tienen importancia en sí mismas. Y escribe que al día siguiente por la
mañana, un cura le hará comulgar una Hostia fría, pequeña, redonda e insípida. Y se pregunta si es
una desventaja, o acaso en cierto modo una ventaja, que esa Hostia no se parezca nada a lo que
realmente es esa Hostia. Y expresa con fuerza: “necesito a Jesucristo y no a nada que se te
parezca. Quiero a Hellen y no a nada que se le asemeje a ella”.
 Tenemos a Jesucristo en el Sagrario; aunque la Hostia no se parece a Él, es Él. Lo que
tiene importancia es que la Hostia es Cristo, y lo de menos es que la Hostia se parezca a Cristo.
 Santa Teresa afirma sin dudar que es una gran ventaja que en la Hostia no aparezca
Jesucristo en toda su grandeza: “Además, si viéramos tan gran majestad, ¿cómo se atrevería
una pecadorcilla como yo, que tanto le he ofendido, a estar tan cerca de Él?” De hecho cuenta
que cuando se acercaba a comulgar, a veces “se me erizaban los pelos y todo parecía que me
aniquilaba... ¡Quién se atrevería, si le viéramos con tan gran majestad, a acercarse a Él con tanta
tibieza, tan indignamente, con tantas imperfecciones!... ¡Oh Señor mío! Si no encubrierais
vuestra grandeza ¿quién se atrevería a ir tantas veces, cosa tan sucia y miserable con tan gran
majestad?”
 Que cuando entremos en la Iglesia nuestra primera mirada vaya al sagrario.
 Que las primeras palabras se las digamos a Él.
 Que cada vez que pasemos ante el Sagrario hagamos una genuflexión bien hecha, porque
adoramos a Jesucristo que está realmente en el Sagrario, mientras con los ojos se le mira y
con el corazón se le dice algo.
 Que nos movamos por allí con respeto, ¿o a veces se podría decir que estás en la Iglesia
como en un salón de actos, como en el cine?
 Porque allí vive Dios, en la iglesia no hablamos en voz alta, ni comemos, ni fumamos, ni nos
sentamos directamente en el banco al llegar, sino que le saludamos antes poniéndonos un
momento de rodillas,...
 Porque Cristo nos lleva esperando más de dos mil años en la Eucaristía. Es la espera de
Dios, que ama a los hombres, que nos busca, que nos quiere tal como somos, limitados,
egoístas, inconstantes, pero con la capacidad de descubrir su infinito cariño y de entregarnos a Él
enteramente.
 Es importante sentirse amado por Dios cuando estamos delante de Jesús Sacramentado.
¡Qué bien se está junto al Sagrario cuando se ve su amor, cuando uno sabe que Él le estaba
esperando! “Os diré, continúa el autor, que para mí el sagrario ha sido siempre Betania, el
lugar tranquilo y apacible donde está Cristo, donde podemos contarle nuestras
preocupaciones, nuestros sufrimientos, nuestras ilusiones, nuestras alegrías, con la misma
sencillez y naturalidad con que le hablaban aquellos amigos suyos, Marta, María y Lázaro”.
 Y por otro lado, que Él se sienta amado por ti, especialmente cuando comulgas: debemos
recibirle bien preparados, dignamente. Para comulgar es preciso estar bautizado, darse
cuenta de lo que se hace y estar en gracia de Dios. Y la Iglesia nos pide que guardemos una
hora de ayuno.
 Pero ese es el mínimo. Es bueno que nos preparemos lo mejor posible para un encuentro tan
íntimo con Dios dentro de mí. “Por eso, escribe Santa Teresa, pienso que si nos acercamos al
Santísimo Sacramento con gran fe y amor, que una vez bastaría para hacernos ricas, ¡cuánto
más recibiéndole tantas veces!, pero parece que nos acercamos a Él por cumplido y así nos
luce tan poco”. Yo quisiera Señor recibiros con aquella pureza, humildad y devoción, con que
os recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos.
SEGUNDO DÍA DEL TRIDUO AL SANTÍSIMO SACRAMENTO
1. La Eucaristía nos hace conscientes de nuestra propia dignidad y la de los demás.
Si nuestro culto eucarístico es auténtico, debe hacer aumentar en nosotros la conciencia de la
dignidad de todo hombre», escribe San Juan Pablo II (Dominicae Cenae, 6).
2. La Eucaristía unifica y sana las divisiones.
San Pablo enseñó que la celebración de la Eucaristía no es sincera si existen divisiones en la
comunidad basadas en la clase social (1 Cor 11), en posiciones o privilegios (Rom 12) o si existen
facciones dentro de la comunidad (1 Cor 1). El participar en el sacramento como miembros iguales de la
familia de Cristo nos reta a unirnos como una sola familia.
3. La Eucaristía nos sensibiliza acerca de quienes sufren.
Al meditar sobre la Eucaristía experimentamos el amor que Cristo nos tiene a nosotros y a todos
los demás. «El dolor de una persona, incluso del miembro más pequeño, es el dolor de todos» (San
Agustín).
4. La Eucaristía nos mueve y nos inspira a responder.
Al contemplar el sacrificio de Cristo por un mundo de necesidad, nos sentimos obligados a seguir
su ejemplo. Adentrados «en la dinámica de su entrega» nos sentimos llamados a darnos a nosotros
mismos en solidaridad con los miembros de nuestra familia humana que afrontan injusticias (Benedicto
XVI, Deus Caritas est, 13)
5. El amor inspirado por la Eucaristía nos permite vivir nuestra vocación cristiana.
Juan Pablo II escribió que nuestra habilidad para ir e imitar a Jesús lavando los pies de los
discípulos es el «criterio [en base al cual] se comprobará la autenticidad de nuestras celebraciones
eucarísticas» (Mane Nobiscum Domine, n. 28). «El culto eucarístico» ‒dijo‒ es la expresión del «amor
que nace en nosotros de la Eucaristía» aquel amor que es «la característica auténtica y más profunda de
la vocación cristiana» (Dominicae Cenae, 5).
6. La Eucaristía nos reta a reconocer y confrontar las estructuras de pecado.
Como nos lo recuerda el papa Benedicto XVI, nuestra «comunión entre hermanos y hermanas»
en la Eucaristía hace que nazca en nosotros «la voluntad de transformar también las estructuras injustas
para restablecer el respeto de la dignidad del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios»
(Sacramentum Caritatis, 89).
7. La Eucaristía nos impulsa y envía a transformar el mundo.
La Eucaristía «no debilita, sino que más bien estimula nuestro sentido de responsabilidad
respecto a la tierra presente». Cristo en la Eucaristía nos llama «a la edificación de un mundo habitable
y plenamente conforme al designio de Dios» (Ecclesia de Eucaristía, 20)
PARA LA ORACIÓN Y LA REFLEXIÓN ANTE LA EUCARISTÍA
1. Reflexiona en las distintas ideas que has escuchado.
• ¿Cuál de ellas te inspira?
• ¿Cuál de ellas te reta?
• ¿Cómo puede Dios estar hablándote?
2. ¿Qué temas que afecta actualmente a tu comunidad y al mundo sientes profundamente en tu
corazón ‒divisiones, no hablarse con los otros, críticas, despreocupación, no servir a los demás,
etc.‒? Dedica algo de tiempo a presentar estas preocupaciones ante el Santísimo Sacramento.
3. Durante tu tiempo frente a Cristo presente en la Eucaristía, ¿sientes su compasión? ¿Su amor?
¿El deseo de transformar todo aquello que se opone a la vida y dignidad humana?
4. ¿Qué dones te ha otorgado Dios Padre? ¿Cómo puede estar pidiéndote que uses esos dones para
servir a los demás?
5. ¿Cómo puede estar el Espíritu Santo inspirándote a unirte a otros para responder a problemas
que puedan existir en tu familia, barrio o comunidad?
DÍA TERCERO: ALIMENTO.
 Imagínate un viaje en el que tienes que recorrer, como en todos los viajes, un camino.
Pero resulta que ese camino no es de tierra, ni de carretera asfaltada, ni de piedras: es un camino
de tiempo. No andas metros, sino que andas tiempo. Al cabo de un rato de empezar ese viaje, en
vez de encontrar señales indicando los kilómetros que has andado, te indican que has andado horas,
días, años,... Pues eso es la vida: un viaje que no para. Todos, por eso, estamos de viaje. La
vida es un viaje, sí; pero ¿a dónde se viaja? A la otra vida, donde ya no hay tiempo y que ya es una
vida para siempre. Los cristianos sabemos que estamos de viaje hacia el Cielo.
 La Iglesia nos dice que la Eucaristía es pan para el camino, el pan de los que están de viaje.
En este viaje largo hacia el Cielo, el alimento que tenemos es la Eucaristía.
 Los ciclistas, en ciertos puntos de las etapas largas, tienen un avituallamiento, donde les dan
alimento, comida, para poder continuar. Si no lo hacen así pueden tener una “pájara”. Así los
cristianos en este largo viaje de tiempo, para poder vivir como cristianos, para poder
amar, perdonar, vencer en las luchas, etc. necesitamos comer a Cristo.
 Teresa de Calcuta decía que el trabajo que hacen las misioneras de la Caridad es muy duro: todo
el día entre los más pobres de entre los pobres. Cuando le preguntan que cómo pueden
aguantar dice que la fuerza la toman cada mañana adorando a Jesús en la Eucaristía, la
Misa y la Comunión. “Si no fuese por eso, dice, no podríamos aguantar”.
 Cuántas veces nos ponemos nerviosos ante situaciones concretas, y nos cuesta darnos cuenta de
que tenemos a Jesucristo a nuestro lado, realmente presente en el Sagrario. Y nos
cuesta acudir a Él llenos de fe. Aceptamos y creemos que está en la Eucaristía, pero a veces
queda como una verdad teórica, y no influye en nuestras vidas: no sentimos su seguridad, su
compañía, su presencia.
 Auméntanos, Señor, la fe. Que te sepamos siempre a nuestro lado. Que recurramos a
Ti espontáneamente. Sé siempre Tú nuestro refugio y nuestra fortaleza, nuestro apoyo,
nuestro Dios cercano, nuestro Amigo, nuestro Médico, nuestro Maestro, nuestra seguridad.
Gracias.
 Jesús, estoy de viaje hacia el Cielo: llevo ya años, no sé cuántos me quedarán. Pero sí sé que Tú
eres mi alimento. Procuraré comulgar con frecuencia para tener vida eterna, más gracia,
más fuerza y así llevar un paso fuerte y seguro. Y si alguna vez me da la pájara... ya sé por qué es y
qué tengo que hacer. Gracias, Señor, porque eres mi Dios y te has hecho mi Pan, el Pan de
mi alma.
 Es un pan partido, signo del amor más grande. El Cuerpo de Cristo que se rompe por nosotros.
 Es un pan comido, para saciar nuestras hambres y hacernos buen pan para los demás.
 Es un pan transformante, pues nos convertimos en Cristo, para entregarnos a los demás.
 Por Cristo los demás entran en nuestra vida, no sólo para amarlos como a uno mismo,
sino como Cristo los ama, hasta dar la vida.
 El prójimo no es una compañía molesta de quien me quiero alejar, un rival al que tengo
que vencer, un objeto o cosa de la que puedo aprovecharme, un desconocido al que no me
interesa conocer.
 El prójimo es una llamada que me interpela, un misterio que nos asombra, una imagen de
Dios que me enriquece, un hermano al que siempre daré la mano, un complemento que me
ayuda a ser y crecer, un sacramento de la presencia de Dios, un Cristo actualizado que
me necesita.
 ¿Qué has hecho con tu hermano? Me solidarizo con él, me acerco a él para
acompañarlo y ayudarle, lo valoro y me dejo ayudar por él, y veo en él la presencia de
Cristo y lo amo como el amor de Cristo.

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TRIDUO AL SANTÍSIMO SACRAMENTO 2015

  • 1. TRIDUO AL SANTÍSIMO SACRAMENTO 2015 DÍA PRIMERO: MISTERIO DE FE.  Estamos preparando la fiesta del Corpus, una gran fiesta para los cristianos. Hoy fijamos con más atención nuestra mirada en la Sagrada Hostia, donde Jesús está. Es una suerte, un regalo de Dios tener a Jesucristo tan cerca realmente, a nuestro lado; y es una suerte, un regalo ver cuánto nos quiere Dios: hasta el punto de quedarse real y físicamente, bajo los accidentes del pan y del vino. ¡Dios que se hace pan!... ¡para estar cerca de mí! ¡y para alimentarme a mí!  Un día de verano mientras celebraba la Misa un padre agustino, una mosca revolotea alrededor del cáliz, que está sin cubrir. Aunque el sacerdote aleja la mosca con la mano, ésta vuelve una y otra vez hacia el cáliz, posándose en él de vez en cuando. La mosca es tan insistente, que acaba por distraer a todos. Cuando termina la Misa, el sacerdote se dirige a los asistentes: quizás os hayáis distraído, pero yo pensaba que todos nosotros deberíamos ser como esa mosca: buscar la Sangre de Cristo, su cercanía, una y otra vez, con insistencia. ­ Dile al Señor que durante estos días quieres ser como esa mosca: revolotear a su alrededor. Y aunque las actividades del día te alejen de Él físicamente, que te ayude a llevar tu cabeza hacia los sagrarios muchas veces cada día. ¡Búscale!, búscale muchas veces en el sagrario. ­ Gracias, Dios mío, por amarme tanto. Lógico que me ames porque soy tu hijo. Pero... ¡qué hayas hecho la locura de hacerte Pan! Y ¿cómo te tratamos los hombres? ¿cómo te trato yo? A partir de ahora voy a procurar tratarte bien; en serio, Señor, quiero visitarte, adorarte más,... Y perdona sí hasta ahora no te he hecho el caso que debería. Gracias. ­ Jesucristo no dejó lugar a dudas: “Esto es mi cuerpo”, esto, que sigue pareciendo pan, ya no es pan: es mi Cuerpo. La transubstanciación es el milagro que ocurre en la consagración: el pan deja de ser pan aunque siga pareciendo pan; solo cambia la sustancia, lo que es y no se ve. ­ Creo, Jesucristo, pero ayúdame a creer más. Quiero asistir a la Misa, a partir de hoy, con una fe mucho más grande. Concédemelo Tú. Y que sepas que me duelen las veces que he asistido con indiferencia, con poca atención o cariño, con rutina. Me duelen todos mis pecados. Te pido perdón ahora. ­ “Oiga, no tengo fe”, me decía preocupado y contrariado un chaval. Al preguntarle por la causa de esa inesperada afirmación, contestó: “Porque cuando estoy delante del sagrario no siento nada y no acabo de ver ahí a Jesucristo”. ­ No. No es eso la fe. La fe no es sentir, es asentir, decir con la cabeza que crees eso. La fe es un regalo de Dios por el que yo afirmo con mi cabeza (aunque no lo vea y no lo entienda) que lo que Dios dice es verdad: ¿Cómo no va a ser verdad si Él ha hecho todo? ­ Dame, Dios mío, una fe grande. Yo comeré la Carne de Cristo con cariño y frecuencia para que permanezcas y crezcas en mí. Pero Tú dame una fe más grande: que esté convencido de que vale la pena hacer cualquier esfuerzo por mí parte para poder estar contigo físicamente junto al Sagrario, o recibirte. Quiero visitarte todos los días un momento. Y cuando pase junto a una Iglesia quiero siempre saludarte, al menos con el corazón, desde fuera, diciéndote "Hola".
  • 2. PRIMER DÍA DEL TRIDUO AL SANTÍSIMO SACRAMENTO MONICIÓN AMBIENTAL «Hele aquí compañero nuestro en el Santísimo Sacramento, que no parece fue en su mano apartarse de nosotros un momento». Así escribía Santa Teresa de Jesús sobre ti Señor y qué gran verdad. Tanto nos amas, tan grande es tu corazón para con nosotros que no te bastó con dar la vida, con derramar tu sangre, romper tu cuerpo, entregar tu espíritu al Padre, sino que has querido quedarte permanentemente con nosotros en el Sacramento de la Eucaristía. Nuestro corazón desborda de alegría y agradecimiento y tu Iglesia, tu Cuerpo místico, tu pueblo, organiza esta fiesta anual para decir en las calles y plazas de nuestro pueblo que tú eres nuestro único Señor, que también nosotros te amamos, que eres el bendito y alabado por los siglos de los siglos. Gracias, Señor. TEST SOBRE LA SALUD EUCARÍSTICA DE LA COMUNIDAD PRIMER INDICADOR: Si vivimos bien la Eucaristía un indicador es cómo nos relacionamos con los demás. A Jesús le gustaba estar con la gente, compartir sus anhelos, problemas y preocupaciones. En la Santa Misa nos encontramos con muchas personas, pero ¿las vemos en verdad como hermanos y hermanas? ¿La Eucaristía nos lleva a salir al encuentro de los pobres, de los enfermos, de los marginados, viendo en ellos el rostro de Jesús? ¿O más bien cuando salimos de Misa criticamos a uno, al otro por cómo estaba vestido éste o aquel? SEGUNDO INDICADOR: Un segundo indicador es sentirnos perdonados e impulsados a perdonar. Quien celebra la Eucaristía no lo hace porque sea mejor que los demás, todos somos pecadores y si uno no se siente pecador es mejor que no vaya a Misa, porque el primer acto que hacemos en la Misa es decir «Confieso que soy pecador» y pedir el perdón por los pecados. Si no lo siente, no va a vivir bien la Eucaristía y no va a perdonar a quienes le han ofendido. TERCER INDICADOR: Un último indicador es la coherencia entre la liturgia y la vida de nuestras comunidades. La Eucaristía no es un mero recuerdo de algunos dichos de Jesús. Es la obra y el don de Cristo presente allí que sale a nuestro encuentro y nos alimenta con su Palabra y con su vida. Por ello, nuestra vida queda transformada por él, trasluciendo en nuestra existencia sus palabras y obras.
  • 3. DÍA SEGUNDO: PRESENCIA REAL.  S. Lewis, es un escritor británico al que se le muere su mujer, Hellen, de la que estaba profundamente enamorado. Sus primeros días y semanas como viudo son tremendamente duros para él: vacío, soledad, impotencia, recuerdos, amor y fe. ¡Cuánto echa de menos a su mujer! Y se da cuenta de que ahora a su mujer solo la tiene en imágenes: en imágenes de fotografías que conserva en casa, o en imágenes que guarda en el pensamiento. Y que esas imágenes no son Hellen. Esas imágenes le consuelan poco, porque lo que él necesita es a Hellen, y no imágenes de ella; esas imágenes no tienen importancia en sí mismas. Y escribe que al día siguiente por la mañana, un cura le hará comulgar una Hostia fría, pequeña, redonda e insípida. Y se pregunta si es una desventaja, o acaso en cierto modo una ventaja, que esa Hostia no se parezca nada a lo que realmente es esa Hostia. Y expresa con fuerza: “necesito a Jesucristo y no a nada que se te parezca. Quiero a Hellen y no a nada que se le asemeje a ella”.  Tenemos a Jesucristo en el Sagrario; aunque la Hostia no se parece a Él, es Él. Lo que tiene importancia es que la Hostia es Cristo, y lo de menos es que la Hostia se parezca a Cristo.  Santa Teresa afirma sin dudar que es una gran ventaja que en la Hostia no aparezca Jesucristo en toda su grandeza: “Además, si viéramos tan gran majestad, ¿cómo se atrevería una pecadorcilla como yo, que tanto le he ofendido, a estar tan cerca de Él?” De hecho cuenta que cuando se acercaba a comulgar, a veces “se me erizaban los pelos y todo parecía que me aniquilaba... ¡Quién se atrevería, si le viéramos con tan gran majestad, a acercarse a Él con tanta tibieza, tan indignamente, con tantas imperfecciones!... ¡Oh Señor mío! Si no encubrierais vuestra grandeza ¿quién se atrevería a ir tantas veces, cosa tan sucia y miserable con tan gran majestad?”  Que cuando entremos en la Iglesia nuestra primera mirada vaya al sagrario.  Que las primeras palabras se las digamos a Él.  Que cada vez que pasemos ante el Sagrario hagamos una genuflexión bien hecha, porque adoramos a Jesucristo que está realmente en el Sagrario, mientras con los ojos se le mira y con el corazón se le dice algo.  Que nos movamos por allí con respeto, ¿o a veces se podría decir que estás en la Iglesia como en un salón de actos, como en el cine?  Porque allí vive Dios, en la iglesia no hablamos en voz alta, ni comemos, ni fumamos, ni nos sentamos directamente en el banco al llegar, sino que le saludamos antes poniéndonos un momento de rodillas,...  Porque Cristo nos lleva esperando más de dos mil años en la Eucaristía. Es la espera de Dios, que ama a los hombres, que nos busca, que nos quiere tal como somos, limitados, egoístas, inconstantes, pero con la capacidad de descubrir su infinito cariño y de entregarnos a Él enteramente.  Es importante sentirse amado por Dios cuando estamos delante de Jesús Sacramentado. ¡Qué bien se está junto al Sagrario cuando se ve su amor, cuando uno sabe que Él le estaba esperando! “Os diré, continúa el autor, que para mí el sagrario ha sido siempre Betania, el lugar tranquilo y apacible donde está Cristo, donde podemos contarle nuestras preocupaciones, nuestros sufrimientos, nuestras ilusiones, nuestras alegrías, con la misma sencillez y naturalidad con que le hablaban aquellos amigos suyos, Marta, María y Lázaro”.  Y por otro lado, que Él se sienta amado por ti, especialmente cuando comulgas: debemos recibirle bien preparados, dignamente. Para comulgar es preciso estar bautizado, darse cuenta de lo que se hace y estar en gracia de Dios. Y la Iglesia nos pide que guardemos una hora de ayuno.  Pero ese es el mínimo. Es bueno que nos preparemos lo mejor posible para un encuentro tan íntimo con Dios dentro de mí. “Por eso, escribe Santa Teresa, pienso que si nos acercamos al Santísimo Sacramento con gran fe y amor, que una vez bastaría para hacernos ricas, ¡cuánto más recibiéndole tantas veces!, pero parece que nos acercamos a Él por cumplido y así nos luce tan poco”. Yo quisiera Señor recibiros con aquella pureza, humildad y devoción, con que os recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos.
  • 4. SEGUNDO DÍA DEL TRIDUO AL SANTÍSIMO SACRAMENTO 1. La Eucaristía nos hace conscientes de nuestra propia dignidad y la de los demás. Si nuestro culto eucarístico es auténtico, debe hacer aumentar en nosotros la conciencia de la dignidad de todo hombre», escribe San Juan Pablo II (Dominicae Cenae, 6). 2. La Eucaristía unifica y sana las divisiones. San Pablo enseñó que la celebración de la Eucaristía no es sincera si existen divisiones en la comunidad basadas en la clase social (1 Cor 11), en posiciones o privilegios (Rom 12) o si existen facciones dentro de la comunidad (1 Cor 1). El participar en el sacramento como miembros iguales de la familia de Cristo nos reta a unirnos como una sola familia. 3. La Eucaristía nos sensibiliza acerca de quienes sufren. Al meditar sobre la Eucaristía experimentamos el amor que Cristo nos tiene a nosotros y a todos los demás. «El dolor de una persona, incluso del miembro más pequeño, es el dolor de todos» (San Agustín). 4. La Eucaristía nos mueve y nos inspira a responder. Al contemplar el sacrificio de Cristo por un mundo de necesidad, nos sentimos obligados a seguir su ejemplo. Adentrados «en la dinámica de su entrega» nos sentimos llamados a darnos a nosotros mismos en solidaridad con los miembros de nuestra familia humana que afrontan injusticias (Benedicto XVI, Deus Caritas est, 13) 5. El amor inspirado por la Eucaristía nos permite vivir nuestra vocación cristiana. Juan Pablo II escribió que nuestra habilidad para ir e imitar a Jesús lavando los pies de los discípulos es el «criterio [en base al cual] se comprobará la autenticidad de nuestras celebraciones eucarísticas» (Mane Nobiscum Domine, n. 28). «El culto eucarístico» ‒dijo‒ es la expresión del «amor que nace en nosotros de la Eucaristía» aquel amor que es «la característica auténtica y más profunda de la vocación cristiana» (Dominicae Cenae, 5). 6. La Eucaristía nos reta a reconocer y confrontar las estructuras de pecado. Como nos lo recuerda el papa Benedicto XVI, nuestra «comunión entre hermanos y hermanas» en la Eucaristía hace que nazca en nosotros «la voluntad de transformar también las estructuras injustas para restablecer el respeto de la dignidad del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios» (Sacramentum Caritatis, 89). 7. La Eucaristía nos impulsa y envía a transformar el mundo. La Eucaristía «no debilita, sino que más bien estimula nuestro sentido de responsabilidad respecto a la tierra presente». Cristo en la Eucaristía nos llama «a la edificación de un mundo habitable y plenamente conforme al designio de Dios» (Ecclesia de Eucaristía, 20) PARA LA ORACIÓN Y LA REFLEXIÓN ANTE LA EUCARISTÍA 1. Reflexiona en las distintas ideas que has escuchado. • ¿Cuál de ellas te inspira? • ¿Cuál de ellas te reta? • ¿Cómo puede Dios estar hablándote? 2. ¿Qué temas que afecta actualmente a tu comunidad y al mundo sientes profundamente en tu corazón ‒divisiones, no hablarse con los otros, críticas, despreocupación, no servir a los demás, etc.‒? Dedica algo de tiempo a presentar estas preocupaciones ante el Santísimo Sacramento. 3. Durante tu tiempo frente a Cristo presente en la Eucaristía, ¿sientes su compasión? ¿Su amor? ¿El deseo de transformar todo aquello que se opone a la vida y dignidad humana? 4. ¿Qué dones te ha otorgado Dios Padre? ¿Cómo puede estar pidiéndote que uses esos dones para servir a los demás? 5. ¿Cómo puede estar el Espíritu Santo inspirándote a unirte a otros para responder a problemas que puedan existir en tu familia, barrio o comunidad?
  • 5. DÍA TERCERO: ALIMENTO.  Imagínate un viaje en el que tienes que recorrer, como en todos los viajes, un camino. Pero resulta que ese camino no es de tierra, ni de carretera asfaltada, ni de piedras: es un camino de tiempo. No andas metros, sino que andas tiempo. Al cabo de un rato de empezar ese viaje, en vez de encontrar señales indicando los kilómetros que has andado, te indican que has andado horas, días, años,... Pues eso es la vida: un viaje que no para. Todos, por eso, estamos de viaje. La vida es un viaje, sí; pero ¿a dónde se viaja? A la otra vida, donde ya no hay tiempo y que ya es una vida para siempre. Los cristianos sabemos que estamos de viaje hacia el Cielo.  La Iglesia nos dice que la Eucaristía es pan para el camino, el pan de los que están de viaje. En este viaje largo hacia el Cielo, el alimento que tenemos es la Eucaristía.  Los ciclistas, en ciertos puntos de las etapas largas, tienen un avituallamiento, donde les dan alimento, comida, para poder continuar. Si no lo hacen así pueden tener una “pájara”. Así los cristianos en este largo viaje de tiempo, para poder vivir como cristianos, para poder amar, perdonar, vencer en las luchas, etc. necesitamos comer a Cristo.  Teresa de Calcuta decía que el trabajo que hacen las misioneras de la Caridad es muy duro: todo el día entre los más pobres de entre los pobres. Cuando le preguntan que cómo pueden aguantar dice que la fuerza la toman cada mañana adorando a Jesús en la Eucaristía, la Misa y la Comunión. “Si no fuese por eso, dice, no podríamos aguantar”.  Cuántas veces nos ponemos nerviosos ante situaciones concretas, y nos cuesta darnos cuenta de que tenemos a Jesucristo a nuestro lado, realmente presente en el Sagrario. Y nos cuesta acudir a Él llenos de fe. Aceptamos y creemos que está en la Eucaristía, pero a veces queda como una verdad teórica, y no influye en nuestras vidas: no sentimos su seguridad, su compañía, su presencia.  Auméntanos, Señor, la fe. Que te sepamos siempre a nuestro lado. Que recurramos a Ti espontáneamente. Sé siempre Tú nuestro refugio y nuestra fortaleza, nuestro apoyo, nuestro Dios cercano, nuestro Amigo, nuestro Médico, nuestro Maestro, nuestra seguridad. Gracias.  Jesús, estoy de viaje hacia el Cielo: llevo ya años, no sé cuántos me quedarán. Pero sí sé que Tú eres mi alimento. Procuraré comulgar con frecuencia para tener vida eterna, más gracia, más fuerza y así llevar un paso fuerte y seguro. Y si alguna vez me da la pájara... ya sé por qué es y qué tengo que hacer. Gracias, Señor, porque eres mi Dios y te has hecho mi Pan, el Pan de mi alma.  Es un pan partido, signo del amor más grande. El Cuerpo de Cristo que se rompe por nosotros.  Es un pan comido, para saciar nuestras hambres y hacernos buen pan para los demás.  Es un pan transformante, pues nos convertimos en Cristo, para entregarnos a los demás.  Por Cristo los demás entran en nuestra vida, no sólo para amarlos como a uno mismo, sino como Cristo los ama, hasta dar la vida.  El prójimo no es una compañía molesta de quien me quiero alejar, un rival al que tengo que vencer, un objeto o cosa de la que puedo aprovecharme, un desconocido al que no me interesa conocer.  El prójimo es una llamada que me interpela, un misterio que nos asombra, una imagen de Dios que me enriquece, un hermano al que siempre daré la mano, un complemento que me ayuda a ser y crecer, un sacramento de la presencia de Dios, un Cristo actualizado que me necesita.  ¿Qué has hecho con tu hermano? Me solidarizo con él, me acerco a él para acompañarlo y ayudarle, lo valoro y me dejo ayudar por él, y veo en él la presencia de Cristo y lo amo como el amor de Cristo.