Entre 1898 y 1931, la industria española experimentó cambios importantes como la transición de la energía de vapor a la electricidad, la diversificación de sectores industriales y el aumento de la productividad minera. Sin embargo, también hubo factores negativos como la debilidad del mercado interior y los altos costos que dificultaban la competencia. El movimiento obrero creció durante este periodo y luchó por mejorar las precarias condiciones laborales, lo que llevó a frecuentes huelgas y conflictos sociales.