Este documento narra la historia de Bernardo de Morlaás, un joven noble francés que sintió el llamado a la vida religiosa. Se unió a la orden dominica y se convirtió en sacristán en el convento de Santarem en Portugal. Allí conoció a dos jóvenes clérigos que solían orar en la capilla del Rosario. Un día, mientras desayunaban, el Niño Jesús bajó del altar y se sentó a comer con ellos, convirtiéndose en un milagroso huésped diario. Finalmente