En 3 oraciones o menos:
Isaías recibe una visión de Dios sentado en un trono sublime en el templo, rodeado de serafines que proclaman su santidad. Al ver directamente la gloria de Dios, Isaías se da cuenta de su propia pequeñez e imperfección, exclamando "¡Ay de mí!". A pesar de la muerte del rey Uzías, en quien confiaban, la visión de Dios en el trono le muestra que Dios sigue gobernando y brindando estabilidad.