El documento aborda la necesidad de reconocer que los problemas internos son causados por el yo carnal, instando a una transformación personal a través de la crucifixión del viejo yo. Se enfatiza la importancia de someterse a la autoridad divina y a los tutores asignados por Dios para cruzar hacia la madurez espiritual. La experiencia de muerte y resurrección espiritual es presentada como un viaje que requiere renuncia y fe, donde la nada permite al individuo encontrarse con el todo en Dios.