El documento argumenta que la alimentación es una cultura de consumo definida por valores, preferencias y conductas arraigadas. Propone que las empresas deben adoptar un enfoque de "gestión activa del cambio cultural" para anticipar y dirigir los cambios en las culturas alimentarias, en lugar de simplemente reaccionar a ellos. Esto permitirá identificar y aprovechar oportunidades emergentes de manera proactiva.