Este documento presenta varios argumentos a favor del bautismo de niños desde una perspectiva reformada. Argumenta que los niños fueron incluidos en el Antiguo Testamento y que ha sido la práctica histórica de la iglesia. También señala que el Nuevo Testamento no prohíbe explícitamente el bautismo de niños. Reconoce algunos desafíos teológicos pero concluye que el bautismo no garantiza la salvación de un niño sino que es una señal de su inclusión en la comunidad de fe