Las teorías lingüísticas surgieron en el siglo XIX con el estudio científico del lenguaje en Occidente. Había dos grandes corrientes: el historicismo, que estudió la evolución de las lenguas a través de la historia, y el comparativismo, que comparó lenguas antiguas desde una perspectiva histórica para descubrir sus orígenes y relaciones. Ambas corrientes influyeron en el panorama lingüístico moderno.