Este capítulo trata sobre lo que constituye una buena vida. Señala que una vida buena no se basa solo en cosas materiales, sino que requiere comprender la complejidad de la vida y las relaciones humanas. Al centrarse solo en lo material, las personas tratan a los demás como objetos que pueden usar y desechar, perdiendo su humanidad. Para tener una buena vida, hay que concentrarse en el afecto, la comprensión y la compañía con los demás, ya que esas son las cosas que nos hacen seres humanos.