Cada verano, cientos de ballenas piloto son conducidas hacia las costas de las Islas Feroe, donde quedan atrapadas por la marea baja y son brutalmente masacradas por adolescentes usando ganchos y sierras, en una tradición llamada "Grindadráp" que tiñe el mar de sangre y ha generado controversia debido a sus métodos inhumanos y la cuestionable necesidad nutricional o socioeconómica de la práctica en la era moderna.