El documento aborda la evolución del concepto de ciudadanía desde la antigua Grecia, destacando modelos políticos como la democracia ateniense y la timocracia espartana, hasta la caída del Imperio Romano y la influencia del cristianismo en la estructura política. A partir del siglo XVIII, se relaciona la ciudadanía con la nacionalidad, impulsada por revoluciones como la estadounidense y la francesa, que establecieron derechos civiles fundamentales. La lucha por los derechos de los afroamericanos y las mujeres, culminando en la eliminación de la esclavitud y la obtención del derecho al voto, refleja la transformación gradual de la ciudadanía hacia una inclusión más equitativa.