La epístola de Santiago fue escrita entre los años 45-48 d.C. a judíos cristianos que habían sido dispersados de Jerusalén debido a persecuciones. El propósito de Santiago era exhortar a estos creyentes a vivir una fe genuina que se evidenciara a través de obras, especialmente en medio de las dificultades que enfrentaban. A lo largo de la carta, Santiago argumenta que cuando la fe es viva, produce madurez, firmeza, frutos, imparcialidad y sumisión a Dios.