La leyenda cuenta que en la comunidad de San Simón de la Laguna, una madre estaba lavando ropa afuera de su casa mientras su bebé recién nacido lloraba dentro. Una vecina corrió a avisarle que un guajolote estaba en el techo tratando de acercarse al bebé, pues según la leyenda las brujas se convertían en guajolotes para chupar la sangre de los bebés. Cuando llegaron, otra vecina vio un delgado hilo pegado al bebé que se extendía hacia la ventana.