La niña oraba diariamente para agradecer a Dios. Cuando su madre fue diagnosticada con una enfermedad grave, la niña y sus amigas organizaron una cadena de oración en la capilla. Con el paso de los días, la madre experimentó una recuperación leve que les permitió tener fe en una mejoría definitiva. En primavera, la madre abandonó el hospital, devolviendo la alegría al hogar.