Valdo se siente atrapado debido a que sufre de deficiencias en su cuerpo que le dificultan comunicarse y controlar sus movimientos. Esto le causa frustración e impotencia. Un día conoce a Alicia, quien con paciencia y cariño le enseña a manejar sus limitaciones. Alicia le muestra que tanto ella como Valdo son personas normales atrapadas por las limitaciones de sus cuerpos imperfectos, pero que ahora pueden abrir las puertas de la prisión gracias a su ayuda.