DE EXPUGNATIONE TERRAE
SANCTAE PER SALADINUM
LIBELLUS
Rerum britannicarum medii aevi scriptores 66,
ed. J. Stevenson, London 1875
Versio digitalis: Brian Smith, Hong Kong
Franciscus Iavier Gil Chica hanc editionem fecit
***

Introducci´n
o
De expugnatione terrae sanctae per Saladinum libellus es el
relato de la campa˜a de Saladino contra Tierra Santa en el ven
rano de 1187. Nosotros hemos usado el texto electr´nico de la
o
1
Bibliotheca Augustana , incorporado por Ulrich Harsch en 2005
y que proviene a su vez de la edici´n inglesa de 1875: Rerum
o
britannicarum medii aevi scriptores 66, ed. J. Stevenson, London 1875, aunque es de notar que en la misma p´gina la versi´n
a
o
electr´nica se atribuye a Brian Smith, de Hong Kong.
o
De mayor inter´s que el autor de la versi´n electr´nica es el aue
o
o
tor del manuscrito, que puede fecharse alrededor de 1190. Mientras que unas fuentes lo consignan como an´nimo, por ejemplo,
o
la misma Bibliotheca Augustana, otras lo atribuyen a Radulphus
1

˜
http://www.hs-augsburg.de/Harsch/Chronologia/Lspost12/Libellus/lib intr.html

1
Coggeshalensis. Es curioso que ´ste sea el caso de la edici´n de
e
o
1875 que es la fuente de los autores de la versi´n electr´nica.
o
o
Id´ntica atribuci´n se encuentra en la Itinera Hierosolymitana
e
o
Crucesignatorum - Vol III 2.
Hasta donde sabemos, ´sta es la primera traducci´n al ese
o
pa˜ol. Existe traducci´n inglesa debida a James Brundage 3 .
n
o
Fragmentos de esta traducci´n pueden encontrarse en Medieval
o
4 5
Sourcebook , pero ignoramos si en el trabajo original de 1962
se encuentra la traducci´n completa. Por otro lado, se encuentra
o
en marcha un proyecto de traducci´n en la Universidad de Leeds
o
6
, inacabado en la fecha en que escribimos estas l´
ıneas, finales
de junio de 2008. En la mencionada Itinera Hierosolymitana se
encuentran fragmentos traducidos al italiano.
De expugnatione... es frecuentemente citado como fuente en
investigaciones medievales, particularmente en aquellas relacionadas con la tercera cruzada, y tambi´n en historia militar e
e
incluso en arquitectura civil. Nuestro prop´sito al acometer esta
o
traducci´n ha sido el puramente literario. En efecto, De expugo
natione... es un relato de particular fuerza y viveza. Est´ escrito
a
con dolor y fe y pueden encontrarse recursos literarios como el
realmente sorprendente flashback del primer p´rrafo, que hoy
a
calificar´
ıamos de ((cinematogr´fico)), o la preciosa met´fora que
a
a
leemos en el tercer cap´
ıtulo, cuando comienzan esas palabras
sobrecogedoras: Stabant sancti quasi agni sine balatu inter rabidissimos lupos... ¿C´mo no destacar tambi´n la angustia en las
o
e
2

http://www.christusrex.org/www2/cruce3/index.html
De Expugnatione Terrae Sanctae per Saladinum, trad. James A. Brundage, en The
Crusades: A Documentary Survey, Marquette University Press, 1962.
4
http://www.fordham.edu/halsall/source/1187hattin.html
5
http://www.fordham.edu/halsall/source/1187saladin.html
6
http://www.leeds.ac.uk/history/weblearning/MedievalHistoryTextCentre
/De %20Expugnatione.doc
3

2
calles de Jerusal´n? Al mismo tiempo, encontramos fragmentos
e
reiterativos, que son poco m´s que enumeraciones de hechos. Pea
ro siempre con los destellos de la autenticidad. El autor no narra
algo que ha o´ o estudiado, algo sobre lo que tenga especial
ıdo
inter´s, sino que nos habla de unos lugares y unos meses que
e
forman dolorosa parte de su vida, y no unicamente en el plano
´
espiritual, pues sabemos que fue herido en la cara por una flecha
que no pudieron extraer los cirujanos.
Nuestra intenci´n ha sido trasladar al espa˜ol este texto, no
o
n
fragmentariamente, sino conservando una unidad de estilo. Hemos llegado hasta donde nuestras posibilidades lo han permitido,
m´xime cuando, al avanzar el trabajo, nos d´bamos cuenta de
a
a
que una traducci´n plenamente satisfactoria estaba quiz´s fueo
a
ra de nuestro alcance. Por varias razones. En primer lugar, por
nuestra limitada maestr´ en la lengua latina. En segundo, por
ıa
las dificultades intr´
ınsecas al texto, de las que citamos a) la traslaci´n de los top´nimos (muchos han cambiado de nombre, otros
o
o
no existen), b) el uso de t´rminos que no hemos podido encone
trar en los diccionarios consultados, c) la traslaci´n de nombres
o
propios de persona e incluso la aparici´n de personajes que no
o
hemos podido identificar. En tercero, porque en algunas ocasiones no hemos podido encontrar un sentido satisfactorio al texto
latino, enfrent´ndonos con el dilema de si dar una traducci´n
a
o
deficiente u omitir algunas palabras o l´
ıneas pero respetando
la continuidad del relato. En unas ocasiones hemos optado por
una traducci´n que no nos satisface completamente, y en otros
o
por la simple omisi´n. Hubi´semos en algunas ocasiones podio
e
do remediar estos defectos acudiendo a una interpretaci´n m´s
o
a
literal; pero en ese caso hubi´semos introducido otro defecto, a
e
saber, la p´rdida de la unidad de estilo al sacrificar el nuestro
e
propio, el que imprimimos a la traducci´n, por el estilo del autor,
o
no siempre claro. En total, pueden faltar una docena de l´
ıneas
3
por traducir. No siempre habremos de cargar con la completa
responsabilidad de estas imperfecciones. El estilo original oscila
entre p´rrafos altamente po´ticos y otros mon´tonamente naa
e
o
rrativos, pasando por frases ambiguas, siempre impregnadas del
estilo personal del autor 7 .
En cualquier caso, el relato siempre est´ vivo y se siente la
a
marca de la autenticidad. Es m´s que nada esa marca la que
a
hemos perseguido. No dejaremos de advertir que el lector puede
tambi´n encontrar algunas dificultades, a´n en el texto traducie
u
do. En efecto, ser´ preciso un contexto general sobre las cruzadas
a
y sobre el desarrollo de los reinos cristianos. Nosotros no podemos suministrar ese contexto, pero el lector interesado puede
encontrar textos tan adecuados como el de Madden 8 .
Para terminar, es muy dif´ reflexionar sobre este texto y
ıcil
no poner en comparaci´n su momento hist´rico con el momento
o
o
actual. El islam llama a las puertas de Europa hoy como lo
ha hecho durante siglos. Pero tiene ahora una quinta columna
dispuesta a abrirlas, encaramada al poder y que ha dado con
un conjuro eficaz para ocultar al mismo tiempo la traici´n y
o
la cobard´ Lo llaman ((tolerancia)). Y son los mismos que la
ıa.
esgrimen quienes acosan sin cesar a los cristianos y conducen
contra ellos una campa˜a de descr´dito y mentira basada sobre
n
e
todo en la ignorancia y el odio. Europa ser´ cristiana o no ser´.
a
a
As´ de claro. Los intentos de la ´lite burocr´tica por recrear
ı
e
a
lo que en otro tiempo fue la cristiandad est´n condenados al
a
fracaso, porque sus bases son falsas. E igual de rid´
ıcula que es
la pretensi´n de construir Europa a capricho de una burocracia
o
7

y ´ste es el punto de vista de un traductor cuya maestr´ en la lengua latina medieval
e
ıa
no es sobresaliente
8
The new concise history of the crusades, Thomas F. Madden, Rowman & Littlefield
Publishers, Inc.; Updated edition (May 25, 2005)

4
engrosada y a menudo corrupta que propone una nueva religi´n,
o
la adoraci´n del Estado, resulta igualmente rid´
o
ıculo pensar que
1200 a˜os de expansionismo isl´mico se van a detener ahora
n
a
porque nos apliquemos a la rendici´n preventiva.
o
”Desde hace mucho tiempo el esp´
ıritu humano viene
notando que se precisa un cambio. Pero la naturaleza
humana est´ hecha de tal manera que para llevar a cabo
a
las cosas necesarias no le basta con la inteligencia, lo
que le proporciona ense˜anzas es ante todo el dolor”.
n
(J¨nger (1996). La paz, p.31)
u
En Alicante, a 23 de Junio de 2008, d´ de San Juan.
ıa

5
1.

Del nombramiento como reina de la condesa de Jaffa y la disensi´n entre los pr´ceres
o
o

¿Qui´n podr´ sin l´grimas ni dolor informar a su excelencia
e
ıa
a
de las calamidades y tribulaciones con que fue oprimida y rota
la Iglesia de Oriente por los paganos? Despu´s que siguiera el
e
camino de toda carne mortal el ni˜o rey Balduino V, s´ptimo
n
e
de los latinos, convinieron en Jerusal´n al mismo tiempo los
e
notables, aunque por separado, para elegir al octavo.
El pr´
ıncipe de los sacerdotes y el maestro de la milicia del
Templo con sus tropas, y el se˜or de la fortaleza de Montreal,
n
Reinaldo de Chatillon, aliado de los condes de Jaffa, cerraron
las puertas de la ciudad, sin permitir a nadie ni entrar ni salir,
y en ausencia de los barones y pr´
ıncipes del reino nombraron
reina a la condesa de Jaffa, de nombre Sibila, hija de Amalarico,
e hicieron rey a su esposo Guido de Lusignan, conde de Jaffa.
Clamaban unos ((¡Es la voluntad de Dios!)) y en contra dec´
ıan
otros que eso ser´ la perdici´n del sepulcro del Se˜or, y de
ıa
o
n
Jerusal´n y todo lo que conten´ Tan grande fue la disensi´n
e
ıa.
o
levantada que dif´
ıcilmente pod´ hallarse dos que estuviesen
ıan
de acuerdo en algo. Unos pocos se adhirieron al rey, otros, la
mayor´ al conde de Tr´
ıa,
ıpoli y sus aliados y estaban preparados
para ir a la lucha los unos contra los otros. Finalmente, aplacada
pero no extinta la disensi´n, qued´ la malicia en los corazones
o
o
de todos, y se hizo un breve silencio.
Y as´ al llegar la tempestad, debilitado el casco, el arca del
ı
Se˜or fue deshecha e irrumpiendo las aguas de la contradicci´n
n
o
aquellos que tan mal velaron por la heredad del Crucificado finalmente la perdieron, junto con sus posesiones y sus propias
vidas.
6
2.

La invasi´n de Galilea
o

Mucho se alegraron Saladino y su corte de que sucediesen
as´ las cosas entre los cristianos, sabiendo que no hay reino diı
vidido que no sea asolado. Congreg´ entonces un copioso ej´rcio
e
to y envi´ mensajeros por sus dominios pidiendo que acudiese
o
todo aquel deseoso de oro, plata, posesiones, casas, esclavos y
esclavas. Acudieron turcos, ´rabes, alanos, cumanos, idumeos,
a
turcomanos, beduinos, sarracenos, egipcios y de otros pueblos
y acamparon en el lugar llamado ((Rasseleme)), que quiere decir
((El nacimiento de las aguas)).
Considerando Saladino la debilidad de los cristianos, envi´ sieo
te mil de entre sus mejores soldados para depredar la tierra de
Galilea, pensando que si estos pocos pod´ expoliar aquella tieıan
rra y volver sin da˜o, excitar´ el ´nimo de otros a la lucha,
n
ıan a
y ellos mismos har´
ıanse m´s fieros. Y as´ fue como los minisa
ı
tros de la iniquidad, sedientos de la sangre de los santos, como
perros rabiosos que corren sobre un cad´ver, se movieron con raa
pidez hasta un lugar llamado Cavan y permanecieron all´ hasta
ı
la ca´ de la tarde. Al ponerse el sol cruzaron el r´ y como hiıda
ıo
jos de la noche y las tinieblas, muy entrada aqu´lla, penetraron
e
silenciosamente en Galilea hasta Cafr´n, asesinando a muchos
a
pobres cristianos, tomando prisioneros a muchos hombres y mujeres y llevando consigo gran cantidad de bestias. Imitaban en
esto a su padre, el diablo, cuando arrebata del lecho a los que
descansan y, durmientes en sus pecados, los deg¨ella y lleva conu
sigo al infierno.
Y como para ellos no luce ni la aurora de la verdad ni el sol
de la justicia, enviando por delante a los cautivos, tendieron
emboscadas a otros cuatro mil en el valle de Sephoris cuando ya
clareaba, y a otros en las llanuras de Can´. Cuando se hizo la
a
7
ma˜ana, los vig´ de la ciudad de Nazaret levantaron los ojos
n
ıas
y vieron a los enemigos de la Cruz de Cristo movi´ndose de un
e
lado a otro por los valles, y llenos de miedo corrieron gritando:
((¡Est´n aqu´ est´n aqu´ Pregonaron entonces por la ciudad:
a
ı,
a
ı!))
((¡Hombres de Nazaret, tomad las armas y preparaos para la
lucha!))

3.

El maestro de la milicia del Templo, y el
maestro de los Hospitalarios

Sucedi´ que aquella noche llegaron all´ el maestro de la milicia
o
ı
del Templo y el maestro de los Hospitalarios, enviados por el rey
y el patriarca junto con dos obispos con objeto de restaurar la
concordia de forma honorable para el conde de Tr´
ıpoli, perjudicado por la coronaci´n de Sibila y Guido como reyes, que en
o
aquel tiempo viv´ cerca de Tiber´
ıa
ıades.
Asombrados por el tumulto ciudadano preguntaron qu´ fuee
se aquello y les dijeron que los sarracenos hab´ ocupado el
ıan
camino que ellos habr´ de seguir. Entonces, el maestro de la
ıan
milicia del Templo habl´ as´ a sus compa˜eros: ((Hermanos dio ı
n
lect´
ısimos y compa˜eros m´ siempre hab´is resistido a estos
n
ıos,
e
jactanciosos y caducos, siempre hab´is rechazado su yugo, sieme
pre les hab´is vencido. Preparaos pues y manteneos firmes en
e
esta batalla y acordaos de vuestros padres los Macabeos con los
que hace tiempo que os compar´is, ya luchando por la Iglesia, ya
a
por la Ley, ya por la heredad del Crucificado. Sabed que vuestros
padres, all´ donde combatieron, vencieron, menos por su multiı
tud y el aparato de sus armas cuanto por la fe y la observaci´n
o
del mandato de Dios, porque cuando la victoria viene del cielo
no es dif´ alcanzarla, ya con pocos, ya con muchos soldados.))
ıcil
Respondieron todos a una: ((Ciertamente estamos preparados
8
para aceptar la muerte en Cristo, porque su muerte preciosa nos
redimi´. Esto sabemos, y as´ vivamos o muramos, en el nombre
o
ı,
de Jes´s siempre seremos victoriosos.))
u
Habl´ entonces el maestro de los Hospitalarios, hombre bueno
o
y piadoso, a sus hermanos y al pueblo all´ presente: ((Querid´
ı
ısimos hermanos y amigos siempre, no os aterroricen estos perros
rugientes que hoy se multiplican, porque ma˜ana ser´n arrojan
a
dos al lago de azufre y fuego. Vosotros sois el linaje elegido, la
gente santa. Vosotros sois eternos, porque reinar´is con quien es
e
Eterno. No tem´is pues, no sint´is pavor, recordad a Abraham,
a
a
que con trescientos de los suyos persigui´ y golpe´ a cuatro
o
o
reyes y recuper´ de ellos el bot´ que hab´ hecho y a cuyo eno
ın
ıan
cuentro sali´ Melquisedec ofreci´ndole pan y vino y d´ndole su
o
e
a
bendici´n. As´ saldr´ a vuestro encuentro el rey de la Justicia,
o
ı
a
el sacerdote verdadero Jesucristo, y os ofrecer´ el pan que os
a
´
saciar´ por siempre y el vino de la redenci´n perpetua. El desde
a
o
el cielo os dar´ su bendici´n para que os libr´is de los gozos de
a
o
e
la carne.))

4.

Del combate entre cristianos y sarracenos

Tomaron todos las armas, animosos, y formando los escasos
efectivos salieron, alegres, contra el enemigo. Al adentrarse en
la llanura los b´rbaros, fingiendo huir atemorizados, arrastraron
a
tras de s´ a nuestra caballer´ que de este modo qued´ separada
ı
ıa,
o
de los infantes. Podr´ los sarracenos entonces lanzar sus flechas
ıan
contra los caballeros, sin miedo a su vez de las flechas de la
infanter´ y atacar a ´sta sin miedo a las lanzas y espadas de la
ıa,
e
caballer´ Cuando hubo bastante distancia entre unos y otros,
ıa.
una parte del enemigo, emboscada, sali´ de sus escondrijos y se
o
interpuso, dividi´ndolos de suerte que no pudiesen ninguno de
e
ellos esperar ayuda del otro.
9
Fue entonces cuando se trab´ el combate, duro y desigual,
o
porque de los nuestros no eran m´s de ciento treinta a cabaa
llo, y unos trescientos o cuatrocientos infantes y estaban ambos
cuerpos miserablemente separados. Pero los nuestros no se arredraron ni por el n´mero de los paganos ni por la lluvia de flechas,
u
antes bien, atacaron a su vez hiriendo con las lanzas y golpeando
con las espadas refulgentes.
Ca´ unos golpeados, lament´banse los heridos, derramaban
ıan
a
la sangre los moribundos y bajaban los muertos al infierno, estupefactos, encogidos el ´nimo y los labios, de que tan pocos
a
caballeros pudiesen sostener combate con semejante turba.
Diezmada la infanter´ sarracena, form´ cu˜a su caballer´ y
ıa
o n
ıa
gritando y aullando arremetieron contra los nuestros, rode´ndoa
los y atac´ndolos todos al mismo tiempo, de suerte que los soldaa
dos de Cristo fueron reducidos, amontonados, sin que pudiesen
los caballos revolverse buscando salida ni abrir brecha a golpe
de lanza. ¡Qu´ cruel espect´culo los lamentos de los cristianos!
e
a
Quedaron los santos como corderos enmudecidos en medio
de rabios´
ısimos lobos, preparados ya para ir con Dios, bajo el
sol ardiente, a la espera del fuego divino que consumiese a las
v´
ıctimas. Era en verdad primavera, acerc´ndose ya el verano,
a
y de la vi˜a de la Iglesia, las flores ofrecieron su aroma y el
n
cierto esposo, del huerto cerrado tom´, de entre la blancura de
o
los lirios, rosas suav´
ısimas y rojas.
Los enemigos de los santos, odiosos a Dios, los her´ desde
ıan
todas las direcciones, asaeteaban a unos, hiriendo en las heridas,
mataban a otros a golpe de espada y quebrantaban a otros con
las f´rreas mazas. Viendo que eran llevados sin remedio a la
e
10
muerte, que no quedaba esperanza alguna, pudo a´n huir el
u
maestro de la milicia del Templo, herido.

5.

De la muerte del maestro de los Hospitalarios

Entretanto, el maestro de la santa casa de los Hospitalarios,
var´n piadoso de coraz´n siempre dispuesto a la caridad, para
o
o
no perder la corona que se le ofrec´ ni para que otros viesen disıa
minuir el premio de la retribuci´n eterna, los animaba intr´pido.
o
e
Y como la caridad perfecta aleja de s´ el temor, como victorioso
ı
atleta no temi´ rodeado de miles, viendo ya con su mente y su
o
esp´
ıritu en el cielo el premio a sus trabajos.
Perforado por multitud de agud´
ısimas flechas, cubierto de su
propia sangre, una lanzada le atraves´ el pecho y cuando fue
o
su cabeza cortada, Dios lo glorific´ como m´rtir victorioso. ¡Oh
o
a
dolor! Mataron al padre de los hu´rfanos, sost´n y alivio de los
e
e
enfermos, dador generoso de limosnas, vencedor de la carne y los
vicios, intendente del mensajero del Se˜or, amigo de Dios y de
n
los santos. Llorad, oh pobres, oh miembros de Cristo: ¿qu´ har´is
e
e
sin vuestro gu´ Hijas de Galilea y Nazaret, de la peregrinaci´n
ıa?
o
y la pureza, asumid el llanto porque en Can´ de Galilea nos
a
dej´ el amador de la castidad.
o
¡Ay de t´ T´
ı ıberis! ¡Ay de t´ Bethsaida que entre los montes de
ı
tu soberbia fue muerto el humilde rector de los humildes! Llorad, que sois vosotros mismos la causa del llanto. ¡Ay! ¿Qui´n
e
podr´ decir, qui´n podr´ pensar cu´nta tristeza y ansiedad se
a
e
a
a
apoder´ del coraz´n de los santos viendo unos aqu´ en pie ensano
o
ı,
grentados, all´ otros oprimidos por los cuerpos de sus hermanos
ı
moribundos, otros, sedientos en aquella aridez, ahogados en su
11
propia sangre, otros en fin que al arrancar de sus cuerpos las
flechas arrancaban con ellas sus vidas?

6.

De la admirable lucha de dos soldados

Muertos cruelmente ya casi todos, entre unos cuantos, dos resist´ m´s firmes, apremiando a los otros, luchando virilmente.
ıan a
Uno de ellos se llamaba Jakelin de Mayli, oficial de la milicia del
Templo, probado en el ejercicio de las armas; el otro se llamaba
Henricus, hermano Hospitalario, soldado y combatiente esforzado. El primero de los dos, nobil´
ısimo luchador, como una leona
furiosa a quien han arrebatado sus cachorros, desgarrando e hiriendo con las u˜as y despedazando con los dientes todo aquello
n
que se le arrojase, as´ nuestro abanderado con furioso esp´
ı
ıritu
arremet´ contra el enemigo arrojando a todos los que alcanzaba
ıa
al precipicio del da˜o y la ruina de la muerte. El otro, como fiero
n
jabal´ rodeado de perros que a dentelladas destroza todo lo que
ı
encuentra, as´ cortando e hiriendo envi´ al infierno a muchos de
ı
o
aquellos homicidas imp´
ıos.
Sorprendidos los enemigos, convencidos de que no podr´
ıan
acercarse sin peligro de muerte, tomaron distancia los hijos de
Sodoma y Babilonia y arrojaron desde todas partes flechas, venablos y lanzas sobre los m´rtires de Cristo, empuj´ndolos a la
a
a
muerte. Ellos aceptaron alegres los impactos, para tomar merecidamente la corona de la vida. Y as´ los dos ilustres combatientes,
ı
amigos de Dios, fatigados por el peso de la lucha y oprimidos
por multitud de proyectiles, glorificando a Cristo en su martirio
alcanzaron por fin el descanso.
Cuando todo acab´, los herederos de Cana´n, a modo de peo
a
rros que ladran, cubriendo el campo con sucias voces clamaban:
12
((Han sido vencidos. Los que venc´ fueron vencidos.)) Y a´n
ıan
u
as´ no se atrev´ a acercarse a los heridos, s´lo a los que yac´
ı
ıan
o
ıan
muertos. Los descuartizaban y dispersaban los restos. Muertos
o cautivos los cristianos, los hijos de Ed´n se retiraron a un luo
gar llamado Til, en la desembocadura del Jord´n, en la costa
a
del mar de Galilea a medio camino entre Tiber´
ıades e Iaphep,
cerca del lugar donde el Se˜or Jesucristo saci´ a quince mil pern
o
sonas con cinco panes y dos peces. Pasaron all´ la noche y con
ı
las manos a´n manchadas de sangre dividieron el expolio de los
u
santos.
Era el d´ primero de Mayo y los hombres de Nazaret, que
ıa
acostumbraban a coger rosas y flores del campo en esa fecha, recog´ los cuerpos de los cristianos, que sepultaron en el cemenıan
terio de Mar´ en Nazaret, gimiendo con gran duelo y diciendo:
ıa,
((¡Ay! ¿Qu´ ser´ de nosotros? Hijas de Nazaret y Galilea, mule
a
tiplicad los golpes de dolor, aumentad el llanto, porque vuestro
dolor es inconsolable. ¡Oh Si´n! espejo del sumo Rey, anuncia lo
o
que viste en Jerusal´n y Judea, y que se extienda all´ tambi´n el
e
ı
e
duelo, porque sobre ellos se ciernen la ruina y la devastaci´n.))
o
Despu´s que hubo acabado el sepelio, Raimundo, conde de
e
Tr´
ıpoli, mortalmente entristecido dec´ ((No vaya a creer alıa:
guien que esto ocurri´ por mi culpa, o que yo mismo tom´ parte
o
e
en ello. Ir´ y me someter´ al rey y a la reina y a los se˜ores
e
e
n
de Jerusal´n y har´ aquello que se me ordene.)) Y as´ los que
e
e
ı
hab´ quedado, los obispos de Tiro y de Nazaret y el maestro
ıan
de la milicia del Templo enviaron mensajeros al rey de Jerusal´n
e
diciendo: ((Ha causado gran dolor al conde la muerte del maestro
de los Hospitalarios y de los que le acompa˜aban; por ese motin
vo viene con nosotros a Jerusal´n, para aplacar con su sumisi´n
e
o
todo motivo de querella; responde t´ a ese acto honroso saliendo
u
a nuestro encuentro.)) Al oir esto, el rey Guido de Lusignan se
13
puso en marcha acompa˜ado de multitud de soldados y turcon
9
polos . Se encontraron en las llanuras de Dotaym, cerca de la
cisterna de Jos´. Descabalgaron los dos y all´ en presencia de los
e
ı,
obispos y de los soldados del Templo, de los Hospitalarios, de los
barones y del pueblo que estaba presente, con alegr´ se abraıa
zaron y se besaron. Se dirigieron a Jerusal´n, cabalgando uno
e
al lado del otro y all´ mostr´ homenaje Raimundo a los reyes y
ı
o
se perdonaron mutuamente las ofensas. Resueltos estos asuntos,
despu´s de visitar la Cruz, Raimundo volvi´ a Tiber´
e
o
ıades. El rey
permaneci´ en Jerusal´n, para congregar al ej´rcito.
o
e
e

7.

De la reuni´n de los ej´rcitos
o
e

En el a˜o de 1187 desde la encarnaci´n del Se˜or, el rey de
n
o
n
Siria congreg´ a un ej´rcito numeroso como las arenas de las
o
e
playas para someter a la tierra de Jud´; se desplaz´ hasta Iaulan,
a
o
al otro lado del r´ y fij´ all´ el campamento.
ıo,
o ı
El rey de la tierra de Jerusal´n congreg´ su ej´rcito llamane
o
e
do a los hombres de Judea y Samar´ y lo condujo hasta los
ıa,
alrededores de la fuente de Sephoris. Los Templarios y los Hospitalarios congregaron a todas las gentes de sus castillos y se
unieron al ej´rcito, al igual que el conde de Tr´
e
ıpoli con los suyos
reunidos de la misma Tr´
ıpoli y de Galilea. As´ tambi´n Reinaldo
ı
e
de Montreal con los suyos: Balisanus de N´poles con su gente;
a
Reginaldo de Sid´n con la suya; el se˜or de Ces´rea de Palestio
n
a
na con la suya. No qued´ un hombre en las ciudades, ni en las
o
villas ni en los castillos que pudiese acudir a la guerra y no fuese
urgido por orden del rey a unirse al ej´rcito. Y como esto no era
e
suficiente, se abri´ el erario del rey ingl´s y se pag´ a todo aqu´l
o
e
o
e
que pudiese portar un arma.
9

cuerpo de caballer´ ligera formado por cristianos nativos de Tierra Santa
ıa

14
Se reunieron de esta forma mil doscientos caballeros, innumerables turcopolos, m´s de dieciocho mil de infanter´ Se gloa
ıa.
riaban de la multitud de hombres, de caballos relinchantes, de
lorigas, cascos, lanzas y escudos dorados. No creyeron en Dios
´
ni esperaron de El salvaci´n, que es el protector de Israel, sino
o
que con la mente en sus propios asuntos se envanecieron.

8.

La reliquia de la cruz, llevada con el ej´rcie
to

Enviaron mensajeros al patriarca de Jerusal´n pidi´ndole que
e
e
´l mismo tomase la reliquia de la Santa Cruz y la llevase al came
pamento; pero los ojos de su coraz´n hac´ tiempo que perdieron
o
ıa
la luz, como ocurriese con Ely Silonites, Ofhni y Finees, y en su
lugar envi´ a sus hijos, obispos de las iglesias de Lidia y Acre,
o
como portadores de la Cruz del Se˜or, en la esperanza de que,
n
siendo todos capturados o muertos, se le ofreciese a ´l la opore
tunidad de huir. La voluntad de Dios sin embargo lo derrib´ de
o
la silla que de forma tan indigna ocupaba.
Entretanto los sirios traspasaron el Jord´n, devastando toa
da la regi´n alrededor del torrente de Cyson, en Tiber´
o
ıades, y
movi´ndose hacia Betania, los montes Gelbos e Iesrae hasta Nae
zaret, y rodeando los montes Tabor. Al encontrar todas estas
tierras desiertas, ya que atemorizados todos hab´ huido, inıan
cendiaron los campos y todo lo que estuvo a su alcance. Ante
sus ojos toda aquella regi´n ard´ como un globo de fuego. No
o
ıa
saciados, ascendieron al monte sagrado y destruyeron el lugar
sant´
ısimo al que se retir´ Jes´s con sus disc´
o
u
ıpulos Pedro, Santiago y Juan 10 y en presencia tambi´n de Mois´s y El´ transe
e
ıas,
figurado, les mostr´ la futura gloria de su resurrecci´n. All´ el
o
o
ı
10

Mateo, XVII

15
pr´
ıncipe de los ap´stoles, viendo la gloria de la claridad etero
na entre alabanzas pronunci´ aquellas palabras que comienzan
o
diciendo: ((Se˜or, es bueno que estemos aqu´
n
ı...)) ignorante del
futuro que ahora se manifestaba.

9.

La ca´ de Tiber´
ıda
ıades

Mientras se produc´ esta devastaci´n, Saladino traspas´ el
ıa
o
o
Jord´n con el resto de su ej´rcito, y se dirigi´ hacia Tiber´
a
e
o
ıades,
para capturarla. El segundo d´ del mes de Julio, la ciudad fue
ıa
cercada por arqueros sarracenos, y comenz´ el combate. Como
o
las defensas eran escasas, la condesa de Tr´
ıpoli y los notables de
Galilea enviaron mensajeros al rey y al conde, que se hallaba en
Jerusal´n con el ej´rcito, diciendo. ((Los sarracenos cercaron la
e
e
ciudad, que casi ha ca´
ıdo. Han perforado los muros y es inminente su entrada. Socorrednos, o ma˜ana seremos cautivos.))
n
Lucharon los sirios y vencieron. Conociendo los galileos que no
podr´ resistir el ataque, abandonaron las murallas y huyeron a
ıan
refugiarse a la ciudadela, los paganos ya corriendo por las calles.
As´ fue capturada y destruida la ciudad. Al oir Saladino que el
ı
ej´rcito cristiano se aprestaba a socorrerla, no quiso asediar la
e
ciudadela, diciendo: ((Dej´dlos, son mis cautivos.))
a
Esta es la ciudad tan nombrada en los Evangelios, gloriosa por
haberla recorrido muchas veces el Se˜or, y por los milagros que
n
all´ hizo. All´ tambi´n se mostr´ el verdadero hombre, mientras
ı
ı
e
o
dorm´ en la barca de Pedro, y el verdadero Dios, ordenando
ıa
aplacarse al viento y las olas. All´ el verdadero Dios, en la hora
ı
cuarta de la vigilia nocturna, de forma milagrosa camin´ soo
bre las aguas. All´ Pedro, titubeante en la fe, extendi´ su mano
ı
o
cuando lo sumerg´ las olas, prefigurando las tribulaciones de
ıan
16
la Iglesia en el oleaje de los siglos, rescatada por la gloria de la
resurrecci´n y los milagros. En Tiber´
o
ıades el cuerpo y la carne
verdaderos se mostraron tras la resurrecci´n ante los disc´
o
ıpulos
y comparti´ con ellos el pan y los peces asados. All´ le preo
ı
gunt´ por tres veces a Pedro si lo amaba y respondi´ Pedro:
o
o
((Se˜or, t´ sabes que te amo.)) y el Se˜or le encomend´ el cuidan
u
n
o
do de las ovejas y los corderos y terminando aquella comida le
dijo: ((S´
ıgueme.))

10.

El parecer de los pr´ceres y el del conde
o
de Tr´
ıpoli

El mismo d´ dos de Julio, al anochecer, escuchados los menıa
sajeros, el rey convoc´ a los jefes del ej´rcito y les pidi´ consejo.
o
e
o
Todos estuvieron de acuerdo en armarse, formar las escuadras
y bajo la protecci´n de la Cruz avanzar hacia Tiber´
o
ıades a la
ma˜ana siguiente y entablar combate con los enemigos. Al oir
n
esto, habl´ as´ el conde de Tr´
o ı
ıpoli: ((Tiber´
ıades es mi ciudad, y
all´ se encuentra mi esposa. Ninguno de vosotros tiene tanto que
ı
perder como yo, ninguno tanto inter´s en socorrer y ayudar a
e
la ciudad. Sin embargo, al´jese el rey y alej´monos nosotros de
e
e
la idea de distanciarnos del agua y las provisiones y de todo lo
que es necesario y conducir a tan gran multitud de hombres y
bestias por el desierto, donde morir´
ıamos de hambre y de sed
en estaci´n tan c´lida. Porque somos muchos y con tanto calor,
o
a
sin agua en abundancia, como sab´is, en el centro del d´ es
e
ıa
imposible subsistir, ni le es posible a nuestro enemigo sin grandes p´rdidas de hombres y animales dirigirse contra nosotros.
e
Qued´monos entonces cerca del agua y las provisiones, porque
e
es cierto que habiendo capturado la ciudad los sarracenos se ensoberbecer´n tanto que no se desviar´n a diestra ni a siniestra,
a
a
sino que enderezar´n a trav´s del desierto contra nosotros para
a
e
17
hacernos la guerra. Cuando eso ocurra nosotros, descansados y
saciados de agua y pan, saldremos contra ellos de nuestro campamento. Frescos nosotros y nuestros caballos, con la ayuda y la
protecci´n de la Cruz venceremos a esa gente incr´dula, fatigada
o
e
por la sed y carente de refugio. Sabed que antes de que los enemigos de la Cruz hayan llegado al mar o puedan volver al otro
lado del Jord´n ser´n muertos por nuestras espadas y lanzas, o
a
a
por la sed, o caer´n cautivos, con la ayuda de Dios. Pero si algo
a
saliese mal y tuvi´semos que huir, podremos a´n refugiarnos en
e
u
las fortificaciones cercanas, no lo quiera Dios.))
Iban a ser entregados en manos de lobos, y contra el conde hablaron otros diciendo: ((Todav´ se esconde bajo su piel un lobo.))
ıa
Se cumpli´ as´ lo que est´ escrito: ((¡Ay de la tierra gobernada
o ı
a
por rey joven y cuyo pueblo come de ma˜ana!)) Sigui´ el rey el
n
o
consejo de los m´s j´venes, excitados por sentimientos innobles,
a o
y rechaz´ el que pod´ salvarlos. Fatuos e insensatos perdieron
o
ıa
su tierra, a su pueblo y a ellos mismos.

11.

La marcha del ej´rcito
e

El d´ tercero del mes de Julio, dejando atr´s aquello que
ıa
a
les era preciso, comenzaron a avanzar, divididos en escuadrones.
De acuerdo a su dignidad, el conde de Tr´
ıpoli abr´ la marcha,
ıa
flanqueado a izquierda y derecha. Detr´s, las escuadras del rey
a
y de la santa Cruz. Guardando la retaguardia, los Templarios.
Pasaron Sephoris camino de Tiber´
ıades y llegaron a un caser´
ıo
situado en el tercer miliario desde la ciudad.
Comenzaron all´ a ser acosados por el enemigo y la sed, y no
ı
pudieron avanzar m´s. Y como para llegar al mar de Galilea,
a
un miliario m´s all´, ten´ que atravesar un camino estrecho y
a
a
ıan
18
rocoso, envi´ el conde de Tr´
o
ıpoli un mensaje al rey urgi´ndolo
e
a avanzar: ((Apres´rate y salgamos de este lugar para que pou
damos alcanzar la salvaci´n del agua. Si no, moriremos en esta
o
sequedad.)) ((Enseguida pasaremos)), respondi´ el rey.
o
Entretanto, los sarracenos atacaron la retaguardia hasta el
punto de que los Templarios apenas pod´ contenerlos. Y suıan
cedi´ entonces que el rey orden´ de improviso acampar, enorme
o
o
error que los llev´ a la muerte. Al mirar el conde hacia atr´s y
o
a
ver que el rey hab´ fijado su tienda exclam´: ((¡Dios m´ Dios
ıa
o
ıo,
m´ se ha acabado la guerra, estamos muertos y el reino desıo!
truido.)) Acamp´ pues todo el ej´rcito con gran dolor y angustia
o
e
y sed en medio de aquel campo ´rido. Durante aquella noche
a
corri´ m´s sangre que agua. Noche solitaria, noche indigna de
o a
cualquier alabanza en que la sed consumi´ las fuerzas de los criso
tianos, noche que no se cuente entre las noches del a˜o, que no
n
entre en el n´mero de las noches de los meses, noche en que se
u
oscureci´ la luz de la cristiandad. ¡Qu´ amargo lugar, en que no
o
e
pod´ evitarse a la muerte! Este es el lugar del error y la sed,
ıa
donde el deseo de agua inclin´ a los jefes de Israel.
o
Los hijos de Esa´ rodearon al pueblo de Dios, incendiaron
u
el desierto alrededor y durante toda la noche fueron acosados
los cristianos por el calor, la sed y el humo. ¡Qu´ descanso tan
e
miserable despu´s de tan largo camino! No se acord´ de ellos la
e
o
mano de Dios que liber´ a Israel del poder de sus opresores. Y sin
o
embargo, ten´ cerca la salvaci´n, entre los ´lamos. All´ pod´
ıan
o
a
ı
ıan
haber encontrado refugio contra las flechas, serpientes de metal
que hubiesen quedado suspendidas en las ramas, liber´ndolos de
a
sus mordeduras. Quiz´s no se dieron cuenta o no lo consideraron,
a
cautiva la fe en la oscura noche de la infidelidad y con la mente
enturbiada por la ceguera de la disensi´n.
o
19
Los que no fueron heridos andaban dispersos. Clamaban pero nadie acud´ en su ayuda. Mintieron a Dios y se apartaron
ıa
de Sus caminos y no fueron escuchados porque las s´plicas no
u
son hermosas en boca de pecadores. Dios los aliment´ aquella
o
noche con pan de l´grimas y bebieron sin medida el vino de la
a
compunci´n: los cubri´ un manto de pena y angustia y fueron
o
o
castigados.

12.

Masacre de la infanter´
ıa

Ilumin´ el d´ la sombra de la muerte y lo ocult´, e hizo visio
ıa
o
ble la cobard´ en aquel lugar de aflicci´n. D´ de tribulaci´n y
ıa
o
ıa
o
miseria, d´ de cautividad y angustia, d´ de duelo y perdici´n.
ıa
ıa
o
Al hacerse la ma˜ana, Saladino abandon´ el sitio de Tiber´
n
o
ıades,
y se dirigi´ con el grueso de su ej´rcito a la llanura, para combatir
o
e
a los cristianos. Dispuso sus fuerzas para la batalla. Los nuestros se pusieron en marcha apresuradamente para dejar atr´s
a
aquel lugar y alcanzar el agua, pensando que aliviada la sed
podr´ combatir con m´s brio. Se adelant´ el conde de Tr´
ıan
a
o
ıpoli para capturar el lugar que ya estaba siendo ocupado por los
sarracenos. Formados por sus escuadras, enviaron delante a los
arqueros, para que protegiesen al ej´rcito. La cobertura de flee
chas proteger´ a la caballer´ y ´sta a su vez podr´ ayudar a
ıa
ıa, e
ıa
los arqueros impidiendo con sus lanzas que el enemigo se acercase. Pero he aqu´ que, estando los sarracenos ya cerca, formaron
ı
los infantes una sola escuadra y huyeron a la cima de un monte
cercano, abandonando al ej´rcito pero al mismo tiempo ganane
do su propia perdici´n. Enviaron el rey y los obispos mensajeros
o
rog´ndoles que volviesen a sus puestos para as´ poder defender
a
ı
la reliquia de la Cruz, la heredad del Crucificado, al ej´rcito del
e
Se˜or y a ellos mismos. Se negaron: ((No volvemos, estamos agon
20
tados por la sed y no podemos luchar)) Insistieron los mensajeros
y nuevamente se negaron.
Entretanto, los Templarios, los Hospitalarios y los turcopolos
ya luchaban con crudeza, pero no pudieron prevalecer sobre el
n´mero creciente de los enemigos, que los her´ y los cubr´
u
ıan
ıan
de flechas. Resistieron un poco m´s mientras ped´ auxilio al
a
ıan
rey, ya que no pod´ sostener el peso de combate tan desigual.
ıan
Pero en el ala del rey, abandonados de los arqueros y expuestos
sin defensa a las flechas de los sarracenos decidieron de nuevo
fijar la tienda y proteger a toda costa la reliquia de la Cruz.
Dispersas las formaciones, descendieron alrededor de la Santa Cruz, confundidos unos con otros y mezclados entre s´ moı,
vi´ndose de un lado a otro. Entretanto, los que iban en vanguare
dia con el conde de Tr´
ıpoli, viendo al rey, a los Templarios y a
los Hospitalarios confundidos unos con otros y a su vez con los
enemigos y que entre ellos y el rey se interpon´ una multitud de
ıa
b´rbaros y que no parec´ posible ir ellos hasta la Cruz, exclaa
ıa
maron: ((La batalla est´ perdida, quien pueda escapar, escape,
a
ya que no hay salida.))
Una multitud de miles y miles de sirios se precipitaron sobre
los cristianos, cubri´ndolos de flechas y mat´ndolos.
e
a

13.

La muerte del obispo de Acre

Entretando, el obispo de Acre, que llevaba consigo la reliquia de la Cruz, herido de muerte, la confi´ al obispo de Lidia.
o
Irrumpieron una multitud de paganos sobre los arqueros, precipit´ndolos desde la cima del monte adonde hab´ huido, maa
ıan
tando a unos y tomando cautivos a otros. Fueron ciertamente
21
dignos de tal fin los que abandonaron la Cruz y a tal extremo se
ensoberbecieron. Finalmente el conde y los suyos, Balisanus de
N´poles y Reinaldo de Sid´n y otros que a´n se manten´ soa
o
u
ıan
bre sus monturas viendo esto huyeron y fiados s´lo en la fuerza
o
de sus caballos atravesaron el paso angosto y rocoso antedicho,
atropellando y pisoteando tanto a cristianos como a paganos.
De este modo salvaron sus vidas.

14.

La captura de la Santa Cruz, del rey Guido y de otros

El combate entonces se desplaz´ en torno a la Santa Cruz, los
o
sarracenos rodeando al rey, devastando a la Iglesia 11 . Vencieron los sarracenos y dispusieron a su antojo de los vencidos. ¡Ay
de m´ ¿Qu´ dir´? Mejor llorar y dolerse que a˜adir nada m´s.
ı!
e
e
n
a
¡Ay! ¿Dir´n acaso mis indignos labios la forma en que el prea
cioso madero de nuestra redenci´n fue alcanzado por las manos
o
da˜osas de los condenados? Ay de m´ m´
n
ı, ısero, que en los d´ de
ıas
mi vida hube de ver tal cosa. ¡Ay de la gente pecadora e inicua
por la que sufri´ blasfemia la fe de todos los cristianos y por
o
la que Cristo fue otra vez flagelado y crucificado! ¡Oh dulce y
suave madero enrojecido y lavado con la sangre del hijo de Dios!
¡Oh Cruz nutricia de la que pende nuestra salvaci´n, por la que
o
el contrato con la muerte fue destruido y la vida que perdieron
los primeros hombres fue recuperada! ¿Para qu´ vivir a´n, arree
u
batado el madero de la vida? Y ha sido en verdad arrebatado
porque se desvaneci´ la fe en el Hijo de la cruz y sin fe es impoo
sible complacer a Dios. ¡Ay de nosotros miserables, que hicimos
visibles nuestros pecados despoj´ndonos de nuestra armadura!
a
No es sorprendente que por la fuerza de enemigos visibles se
perdiese la sustancia corporal de la Cruz cuando se hab´ perıa
11

en el doble sentido de instituci´n y de reuni´n de cristianos
o
o

22
dido ya mente y esp´
ıritu, falto de las buenas obras de justicia.
Golpead vuestros pechos y llorad adoradores todos de la Cruz, y
adornad vuestros corazones con la cruz verdadera de la fe recta
e inquebrantable, y reconfortaos en la esperanza, porque la cruz
no abandona a los que creen, si no es ella abandonada primero.
¿Qu´ m´s? Fue capturada la Cruz, el rey, el maestro de la mie a
licia de Templo, el obispo de Lidia, el hermano del rey, Guillermo de Montferrato y los caballeros Templarios y Hospitalarios
que sobreviv´
ıan. El resto, hab´ sido muertos o hechos cautiıan
vos. Qued´ abatido el ej´rcito cristiano en medio de la matanza,
o
e
la cautividad y la huida contemplando c´mo sus enemigos los
o
despojaban y se repart´ el expolio.
ıan
Humill´ Dios a su pueblo, inclin´ el c´liz con su propia mano
o
o
a
y verti´ el vino de la amargura hasta los posos. Pero en verdad
o
que no est´n los posos agotados. Beben los sarracenos del mismo
a
c´liz las impurezas de la condenaci´n hasta el fondo. Se condoa
o
li´ de esto el profeta David cuando escribi´: ((Humillaron a tu
o
o
pueblo Se˜or, acosaron tu heredad, mataron a la viuda y al peren
grino y asesinaron a los imp´beres. ¿Hasta cu´ndo Se˜or persisu
a
n
tir´n? Hasta que la fosa para el pecador sea abierta y la justicia
a
vuelva a los tribunales. Entonces su iniquidad se volver´ contra
a
ellos y su maldad los perder´.)) ¡Oh profeta! ¿Qu´ tienes que
a
e
decirnos? Vosotros que fu´
ısteis sembrados en la casa del Se˜or y
n
florec´is en sus salas. ((Venid, alabemos al Se˜or...)) porque Dios
e
n
es el Se˜or que no repudia a su pueblo ni abandona su heredad.
n
Al d´ siguiente fue ejecutado el pr´
ıa
ıncipe Reinaldo de Montreal, y los supervivientes Templarios y Hospitalarios fueron vendidos o muertos. Envi´ Saladino mensajeros a la condesa y a los
o
varones que se hab´ refugiado en la ciudadela de Tiber´
ıan
ıades
23
para que abandonaran el castillo, con la promesa de que se respetar´ sus vidas y podr´ ir en paz adonde quisiesen, lo que
ıan
ıan
as´ hicieron.
ı
Tom´ entonces Saladino el castillo y despu´s de fortificaro
e
lo sigui´ su marcha hacia Sephoris, hacia el lugar donde sol´
o
ıa
acampar el ej´rcito cristiano, y mand´ fijar all´ su campamene
o
ı
to, tomando tanto el campo de batalla como el lugar mismo
donde los cristianos hab´ levantado su tabern´culo. All´ se deıan
a
ı
mor´ varios d´ celebrando la victoria y dividiendo aquellas
o
ıas,
tierras entre sus jefes nefandos, designando ´l mismo qu´ parte
e
e
correspond´ a cada uno.
ıa
Pero no hablemos m´s de Saladino, que, sabido es, recorri´ y
a
o
someti´ la regi´n de los fenicios. Hablemos de c´mo su hermano
o
o
o
Sephid´ invadi´ la regi´n de Gerar.
ın
o
o

15.

La invasi´n de Saif-Aldin
o

Teniendo notica Saif-Aldin 12 (que anteriormente, conduciendo un ej´rcito desde Egipto, hab´ sido repelido de Jerusal´n y
e
ıa
e
de las regiones de Gerar y Philistim), enseguida volvi´ sobre sus
o
pasos y con gran multitud que hab´ reclutado de Alejandr´
ıa
ıa,
Babilonia y Tafne cay´ sobre las regiones de Daron y Gazar, haso
ta Jerusal´n y m´s all´ hasta Ces´rea de Palestina, destruyendo
e
a
a
a
ciudades y castillos, devastando, matando y haciendo cautivos
a los habitantes de estos lugares, tomando posesi´n de ellos y
o
reparti´ndolos con largueza entre sus oficiales. Y como no pudo
e
tomar la nobil´
ısima ciudad de Ascal´n, en la regi´n de Palestina,
o
o
por estar defendida por s´lidos muros y altas torres, ni tampoco
o
12

nombre que significa ((Espada de la religi´n))
o

24
el castillo de la milicia del Templo en Gazar, fue sobre el castillo
de Ybelim, someti´ndolo e incendi´ndolo.
e
a

16.

La toma de Jaffa

Despu´s de eso se volvi´ contra Jaffa, pero como no estaba
e
o
defendida ni por murallas ni por hombres, pues todos los que
se encontraban sanos y fuertes hab´ huido por mar a Tiro,
ıan
la captur´ con multitud de hombres y mujeres que por falta de
o
medios no hab´ podido procurarse un pasaje. Se hizo un gran
ıan
estrago, se extendi´ la miseria por toda la regi´n; era insoporo
o
table el hedor de los cad´veres de los cristianos, pues no hab´
a
ıa
lugar en toda aquella tierra que no estuviese cubierto de cuerpos hinchados y descompuestos, porque no quedaba nadie para
enterrar a los muertos. Unos pocos, que hab´ escapado a la
ıan
espada abandon´ndolo todo por salvar sus vidas, huyeron hacia
a
Jerusal´n.
e
Recorriendo toda aquella regi´n lleg´ Saif-Aldin al castillo
o
o
llamado Mirabel, que siti´ y, disponiendo las m´quinas de gueo
a
rra, venci´ en pocos d´ la resistencia de los defensores. Viendo
o
ıas
´stos desde las defensas que no podr´ resistir, angustiados por
e
ıan
la suerte de sus mujeres y sus hijos levantaban las diestras 13. Se
dieron seguridades para la evacuaci´n y se dispuso una guardia
o
de cuatrocientos turcos para conducir a los evacuados, no fuesen
a ser asesinados por otros sarracenos durante el camino. Los conducir´ hasta el cenobio de Samuel, que est´ en el monte Sylo,
ıan
a
en el segundo miliario desde Jerusal´n, pero de ah´ pasaron los
e
ı
turcos al monte del Gozo de Jerusal´n, donde los templarios y
e
los hombres de Jerusal´n les hicieron frente y los pusieron en fue
ga, cayendo muchos en el descenso del monte Modin y volviendo
13

indicando que ped´ negociar la rendici´n
ıan
o

25
en desorden.
Perseverante en su maligna arrogancia contra la Iglesia de
Cristo, orden´ a sus nefandos ministros que devastasen toda la
o
zona monta˜osa de Bel´n, al mediod´ y occidente de Jerusal´n.
n
e
ıa
e
Y como la invasi´n de los sarracenos se produjo en diversos freno
tes, nos parece adecuado exponerlo tal como lo vimos y o´
ımos,
sumariamente y sin adornos, para ilustrar a los que ignoran o
no lo vieron.
Vencidos los cristianos, Saladino licenci´ a su ej´rcito, para
o
e
que cada cual ocupase con los suyos la parte de tierra que se le
hab´ dado, expulsando a sus habitantes. Se movieron r´pidaıa
a
mente, ocupando toda la tierra, para que nadie pudiese recibir
ayuda de otros, ni prestarla. Se dispersaron ocupando la tierra
como plaga de langosta. Antes que ningunos, los avaros turcos
y beduinos, deseosos de poseer los bienes de los cristianos, invadieron los campos de Sar´n y, ´vidos de rapi˜a, persiguieron a
o
a
n
los reba˜os que hab´ sido congregados, atacando y matando
n
ıan
a sus due˜os para arrebat´rselos. No usan ellos ciertamente de
n
a
casas ni castillos, sino que viven de la rapi˜a que hacen unos son
bre otros. Y as´ corriendo y devastando los campos alrededor de
ı,
los castillos llegaron desde el monte Carmelo (tambi´n llamado
e
Caif´s, en cuya cima sobre alto pe˜asco se encuentra la iglesia
a
n
del profeta San El´ visible desde el mar por los navegantes)
ıas,
hasta Assur, pasando por Jaffa, Lida y Rama, asesinando a los
siervos de Cristo y saqueando sus bienes.

17.

La ca´ de Nazaret
ıda

En la ciudad de Nazaret (que significa flor o pureza), otros
asaltaron la iglesia de la Virgen Mar´ derramando la sangre
ıa,
26
´
de los cristianos que all´ se hab´ refugiado. Esta era la iglesia
ı
ıan
santa que por la dulzura del Divino Verbo Encarnado era por
todos nombrada y venerada por los fieles. All´ el Verbo del Paı
dre, como atestiguan los evangelios, fue encarnado, tomando la
forma que no hab´ sido antes sin perder su naturaleza. En ese
ıa
lugar comenz´ a habitar quien ning´n lugar puede aprisionar
o
u
y a ser llamado Nazareno, cuyo nombre inefable es reconocido
como medicina de salvaci´n por todas las criaturas del cielo y
o
la tierra. ¡Oh Se˜ora! Tu nombre es suave, luz, seguridad, esn
peranza de indulgencia para los pecadores. Aquel lugar donde
recibiste el saludo de Gabriel, por el que Eva fue elevada a mejor condici´n, por el que el mundo fue redimido y donde tanto
o
beneficio recibiste que fueses llamada Madre de Dios ¿por qu´ lo
e
abandonaste, por qu´ dejaste que los incr´dulos lo profanasen
e
e
y allanasen? Ciertamente no lo dejaste caer, no lo abandonaste,
sino que por ministros infieles fue lavado y purificado de malos custodios hasta que otros id´neos sean elegidos y afirmados
o
seg´n la voluntad y disposici´n de la Virgen gloriosa.
u
o
Una vez destruida la ciudad, profanados los lugares santos,
tomaron su camino los hijos de Sodoma por una parte abrupta
llamada, como se lee en el evangelio, Paso del Se˜or, que fue el
n
camino por el que los fariseos, indignados por las palabras de
Jes´s, lo sacaron de la ciudad y lo condujeron a la cresta del
u
monte donde se asienta la ciudad con intenci´n de precipitarlo.
o
De all´ se desperdigaron por el ancho campo que se extiende
ı
entre el monte Tabor y Legionem, saqueando y corriendo desde
el monte Caim y el castillo de la milicia del Templo, llamado
Faba, hasta Legionem y Gesrael.
Sin resistencia alguna pasaron por estrecha senda en el monte
y por la iglesia del beato Job (que significa doliente), sin saber
27
nada de ´l, que carg´ con su dolor nuestros pecados; quien tame
o
bi´n, obediente al Padre, ofreciendo su propia carne como hostia
e
viva limpi´ los gusanos del vicio que Ad´n gan´ con su desobeo
a
o
diencia, como limpi´ nuestros pecados en la sangre corrompida
o
14
de su cabeza . Subieron de aqu´ a los campos de Dotaym (...?)
ı

18.

De Samar´ y Neapoli
ıa

Devastando la tierra de esta manera llegaron al monte Somer´n, donde se encontraba en otro tiempo Samar´ ciudad
o
ıa,
real de Israel, del cual monte aquella regi´n toma el nombre de
o
Soreod, donde el Se˜or, por medio de un profeta, plant´ la vi˜a
n
o
n
del mismo nombre, y para que nadie tuviese dudas dijo: la vi˜a
n
del Se˜or en Sabeoth es la casa de Israel. Ahora tambi´n el lugar
n
e
se llama Sebasten y se guardan all´ los restos de Juan Bautista,
ı
de sus padres Zacar´ e Isabel y de muchos profetas. Captuıas
raron al obispo de aquel lugar, hombre de gran humanidad y
honradez, quien ofreci´ndoles el tesoro de la iglesia, como quien
e
ofrece perlas a los cerdos, fue cubierto de injurias y amenazas y
enviado desnudo a Accaron.
Avanzaban los hijos de Babilonia hacia Neapoli con la intenci´n de destruirla, pero como todos los hombres hab´ huido
o
ıan
a Jerusal´n abandonando en la ciudad sus posesiones, no ene
contraron a nadie, salvo a unos pocos en el castillo que hab´
ıan
quedado vigilando los ajuares de algunas familias acomodadas,
que all´ los hab´ depositado. Los expulsaron, y tomaron el
ı
ıan
castillo y la ciudad.
Ciertamente no estaban saciados de tantos males como hab´
ıan
perpetrado, sino que ´vidos de bot´ y queriendo ver las mona
ın
14

Job, 2,7

28
ta˜as de Jerusal´n, se movieron r´pidamente pasando por la
n
e
a
iglesia que en nombre del Salvador se levanta a los pies del monte Garizim y que est´ edificada sobre el pozo de Jacob, junto al
a
peque˜o campo que dio a su hijo Jos´, que fue el lugar tambi´n
n
e
e
en que el Se˜or, fatigado tras largo camino, se sent´ a conversar
n
o
con la mujer samaritana y le dijo todo lo que (ella) hab´ hecho
ıa
15
.

Subieron la monta˜a destruyendo todos los castillos y villas de
n
los francos y siguieron d´ y noche hasta Jerusal´n, destruyendo,
ıa
e
saqueando y matando todo ser vivo que encontraron a su paso.
Otros tomaron el camino al otro lado del monte Tabor, por
Endor y Naun y campo a trav´s entre Tabor y Belver, hasta
e
Belsan. Siguieron la orilla del Jord´n hasta Jeric´ y destruyeron
a
o
aquel lugar en que nuestro Salvador ayun´ durante cuarenta
o
d´ y cuarenta noches, ense˜´ndonos suavamente a vencer por
ıas
na
el ayuno las tentaciones del diablo y los vicios de la carne.

De all´ ascendieron la monta˜a hasta el castillo de la milicia
ı
n
del Templo que est´ en el lugar llamado Maledoim (que en lat´
a
ın
significa subida roja por la sangre de los ladrones con frecuencia
all´ ajusticiados) y como decimos capturaron la Cisterna Roı
ja sin encontrar resistencia. As´ las cosas en los alrededores de
ı
Jerusal´n, nadie pod´ sin peligro de muerte entrar ni salir de
e
ıa
la ciudad y rodeados por todas partes aunque a´n no hubiese
u
comenzado el asedio, sus habitantes se deshac´ en l´grimas exıan
a
pectantes por la suerte de aquella guerra y el hambre que hab´
ıa
de sobrevenirles.
15

Jn 4,5

29
19.

La ca´ de Accaron
ıda

Despu´s de narrar estos hechos, volvamos la pluma al origen
e
de tanta iniquidad. Tras las matanzas de cristianos, el coraz´n
o
de Saladino se elev´ en su soberbia creyendo, una vez vencido el
o
v´rtice de las fuerzas cristianas, que podr´ tocar hasta los ase
ıa
tros del cielo. Hizo convocar a los jefes y s´trapas de su ej´rcito
a
e
y les habl´ con estas soberbias palabras: ((El gran Dios y Mahoo
ma, a quien sirvo y cuyas leyes observo, ha tra´ a mis manos
ıdo
la fortaleza y la esperanza de los cristianos, su Cruz, su rey, jefes y caballeros, sus arqueros e infantes. He aqu´ que toda esta
ı
tierra, llena de riquezas, se extiende ante vosotros, sin pr´
ıncipe
ni defensa. Levantaos pues valientes guerreros m´ y sometedla
ıos
junto con sus fortalezas a mi imperio.))
A la misma hora, ordenaba el rey de Damasco mover su campamento contra Accaron con el prop´sito de inclinar la cerviz de
o
los cristianos que pudiesen quedar a la autoridad de Mahoma, o
pasarlos a espada. Entretanto, conocidas las ´rdenes, aullaban
o
de alegr´ los persas. Comenz´ a moverse el ej´rcito contra Acıa
o
e
caron. Al acercarse a esta ciudad, los pocos accaronitas que de
entre tantos hab´ quedado en la ciudad, salieron al paso de
ıan
Saladino aclam´ndolo y con las diestras tendidas. Al fin, aprea
ciando el rey de Siria la simplicidad de ´stos, de c´mo inermes le
e
o
entregaban sus vidas, les prometi´ seguridad y protecci´n dicieno
o
do: ((Sepan todos hacia los que se extiende mi dominio que los
accaronitas encontraron clemencia y que cualquiera que, desobedeci´ndome, les causara mal, a ellos o a sus bienes, ser´ muerto.))
e
a
Y as´ capturada la ciudad, dio libertad a los cristianos de
ı,
forma que los que quisiesen se marchasen con los suyos, por
tierra o mar, y que los que quedasen bajo su imperio lo hiciesen
con seguridad. Y a aquellos que quisiesen ¡oh dolor! negar con
30
sucios labios al hijo de Dios y a la Cruz de su victoria, ´l mismo
e
entregar´ vestidos de seda con adornos de oro, un caballo y
ıa
armas, una vez circuncidados.
Borracho por la matanza y a´n sediento de la sangre de los
u
cristianos, Saladino dej´ la ciudad custodiada por uno de sus
o
´ con la mente enajenada, se lanz´ sobre la regi´n de
hijos. El,
o
o
los fenicios para someter sus ciudades, esperando alcanzar gran
utilidad, para ´l y su extrav´ si pudiese borrar el nombre del
e
ıo,
Crucificado y a los cristianos de aquella tierra.

20.

De Tiro y Sid´n
o

Parti´ apresuradamente hacia Tiro, ciudad fortificada por fuero
tes muros y altas torres y ce˜ida por el mar, que con ira y dolor,
n
los cristianos hab´ decidido defender y con prudencia hab´
ıan
ıan
16
preparado la defensa.
All´ encontr´ Saladino al frente a un
ı
o
jefe noble, de gran fortaleza en la guerra, de ´nimo viril tanto
a
en los dichos como en los hechos, que no cedi´ ni ante los ruegos,
o
ni ante el soborno, ni ante las amenazas ni ante las lisonjas. Y
viendo su buena disposici´n para la defensa pas´ hasta la ciudad
o
o
vecina de Sareptam, donde el profeta El´ por consideraci´n a
ıas,
o
una viuda, pas´ un tiempo de hambre con s´lo una peque˜a
o
o
n
cantidad de harina y otra de aceite.
Impuso su ferocidad en Sid´n y en Brito y tambi´n en Biblem,
o
e
y expulsados sus habitantes y reducidos a esclavitud las guarneci´ con sus hombres y volvi´ con rapidez. Se detuvo unos d´ en
o
o
ıas
Accaron, tras los cuales orden´ el reagrupamiento de su ej´rcito,
o
e
16

Es sorprendente que, siendo a esta altura del relato Tiro la unica ciudad que resiste,
´
el an´nimo autor, a´ n glosando las virtudes del jefe cristiano no cite su nombre. Indicio de
o
u
que est´ tratando de ce˜ irse a los hechos y no trata de rellenar las lagunas del relato que
a
n
desconoce. Y este hecho, indirectamente, da mayor credibilidad a aquellos pasajes donde
abunda en detalles

31
que se encontraba disperso por Galilea y Samar´ para que se
ıa,
uniese al de su hermano Saif-Aldin, en los campos de Gerar, cerca de Ascal´n. Parti´ el ej´rcito de Accaron y cubrieron la tierra
o
o
e
como plaga de langosta, desde el gran mar hasta Jerusal´n, tal
e
era la multitud de los sarracenos que, como las arenas a la orilla
del mar, no pod´ contarse.
ıan

21.

La toma de Ascal´n
o

Despu´s de eso, el rey de Egipto puso sitio a la ciudad de
e
Ascal´n. Emplaz´ sus m´quinas de guerra y comenz´ un ataque
o
o
a
o
impetuoso. Los ascalonitas, pocos pero de ´nimo resuelto, cona
fiados en la fortaleza de las murallas, se defendieron virilmente
durante quince d´ Considerando Saladino la animosidad de los
ıas.
defensores, erigi´ diez ballestas 17 para bombardear d´ y noche
o
ıa
las murallas y precipitarlas a tierra, desde distancia segura para
sus fuerzas. Cayeron los proyectiles sin descanso sobre los muros
y las torres de la ciudad, hasta quedar derruidos.
Entretanto, envi´ legados el rey de Babilonia a los Templarios
o
del castillo de Gazar, donde una vez el fort´
ısimo Sans´n triunf´,
o
o
muriendo, sobre la congregaci´n de sus enemigos, cuando recoo
bradas sus fuerzas derrib´ el palacio y pereci´ sepultado bajo
o
o
sus ruinas junto con ellos. Dijeron los legados de Saladino: ((Ved
y considerad diligentemente qu´ v´is a hacer, y tratad con atene a
ci´n pues se trata de vuestra salvaci´n y vuestras vidas. Pues
o
o
hab´is visto con vuestros ojos c´mo Dios trajo esta tierra a mis
e
o
manos. Sin embargo, ser´ misericordioso con vosotros y podr´is
e
e
abandonar el castillo salvos e inc´lumes.)) Pero ellos, confiados
o
en la fortaleza de Ascal´n respondieron: ((Las mismas condicioo
nes queremos que para Ascal´n.))
o
17

La ballista era una m´quina militar de gran tama˜ o dise˜ ada para lanzar piedras. No
a
n
n
se confunda con el arma port´til del mismo nombre
a

32
Para entonces ya los muros de Ascal´n se encontraban queo
brantados y derribados casi hasta la base, de tal forma que los
sarracenos, si hubiesen querido, hubiesen podido llegar hasta los
cristianos. Temiendo Saladino sin embargo que la tardanza en
la toma de la ciudad 18 generase descontento, apel´ a los cristiao
nos por boca del rey, que ten´ encadenado, y de su hermano,
ıa
y de otros tambi´n prisioneros, para que los ascalonitas aceptae
sen condiciones y abandonasen en paz la ciudad, puesto que de
ninguna forma iban a recibir ayuda, ni por tierra ni por mar.

Se congregaron los defensores para tratar de su seguridad y la
de los prisioneros, y puesto que consideraron que, con sus solas
fuerzas, no podr´ defender la ciudad, dieron esta respuesta:
ıan
((Ciertamente sabemos de tu fuerza sobre esta tierra, as´ lo ha
ı
permitido Dios. Para nosotros los cristianos en verdad que la
muerte o las tribulaciones son el vest´
ıbulo del reino celeste. Sin
embargo parece bien, por los todav´ no firmes en la fe, y por
ıa
otros muchos de los que por amor fraterno es oportuno compadecerse, aceptar vuestra diestra en se˜al de acuerdo, a condici´n
n
o
de que liberes al rey, al obispo de Georgia, al hermano del rey y
a doce de los m´s nobles cautivos por tu ferocidad encadenados.
a
Y en cuanto a nosotros, conc´denos cuarenta d´ para que poe
ıas
damos vender o disponer de lo nuestro, y a cien familias que de
momento quieren permanecer bajo tu protecci´n d´jalas partir
o e
a su tiempo y junto con los dem´s que quieran y sus posesiones
a
hazlos llegar salvos a Tr´
ıpoli.)) Complacieron a Saladino estas
condiciones y asinti´ con agrado.
o
18

En efecto, la toma de la ciudad al asalto hubiese podido resultar costosa. Primero,
porque los defensores hubiesen luchado con desesperaci´n por sus vidas. Segundo, porque
o
el terreno hubiese sido poco favorable tanto para la caballer´ como para las formaciones
ıa
de arqueros, forz´ndose la lucha cuerpo a cuerpo.
a

33
El d´ cuatro de septiembre del a˜o 1187 se puso el sol a la
ıa
n
hora nona, y amparados en la oscuridad, los mayores de entre
los ascalonitas se presentaron en el campamento de los egipcios
y all´ en presencia de los sarracenos, los cristianos y los pr´
ı,
ıncipes de Damasco juraron respetar los pactos. Por la ma˜ana, los
n
ascalonitas entregaron a los sarracenos las llaves de la ciudad,
y con los turcos a las puertas Saladino dispuso de ella seg´n
u
su antojo. Y como esta ciudad era estrat´gica en la defensa de
e
Jerusal´n, al llegar la noticia de su captura, estando tan bien
e
amurallada, cundi´ el des´nimo y perdieron las fuerzas los ieroo
a
solomitanos, lament´ndose con dolor y viendo que ocurrir´ con
a
ıa
Jerusal´n lo que hab´ ocurrido con Ascal´n, si no peor.
e
ıa
o

22.

Destrucci´n de Bel´n y asedio de Jeruo
e
sal´n
e

Orden´ Saladino a sus jefes tras disponer de la ciudad que
o
preparasen el ej´rcito para lanzar un ataque impetuoso que llee
vase gran terror a los habitantes de Jerusal´n. As´ el ej´rcito se
e
ı,
e
movi´ campo a trav´s hasta Besigebelim, esto es Bersab´, donde
o
e
e
se encuentra el pozo s´ptimo que toma su nombre de los siete
e
corderos inmolados all´ por Abraham y que tambi´n se llama
ı
e
pozo del juramento porque Abraham y Abimelec, rey de Gerar,
pactaron en ese lugar. Prefigura este pacto el de los fieles sobre
la s´ptima fuente, esto es, el bautismo, que en virtud del Esp´
e
ıritu
Santo se afirma, se bendice y se consagra.
Envi´ Saladino legados a los Hospitalarios que defend´ Beo
ıan
llebem para que por propia voluntad se entregasen, junto con
el castillo, y que en paz los dejar´ marchar con los que se les
ıan
hab´ unido buscando protecci´n. Pero ellos respondieron que
ıan
o
no aceptar´ otra suerte que la de Jerusal´n. Entonces retoıan
e
34
maron los hijos de Babilonia la marcha camino de Jerusal´n,
e
blasfemando entre ellos con sus sucias bocas contra el nombre
de Cristo y la Cruz de nuestra redenci´n.
o
Estos son los lugares santos del territorio de la ciudad santa
de Jerusal´n desolados y destruidos por los paganos. Bel´n, ciue
e
dad de David, noble triclinio donde la Madre Gloriosa, Virgen
en el parto, Virgen tras ´l, sin dolor ni corrupci´n, ni de ella
e
o
ni del Creador de todas las cosas, pari´ con alegr´ al Hijo de
o
ıa
Dios, operante el Esp´
ıritu Santo y exultantes los ´ngeles y con
a
sus castos brazos lo deposit´ envuelto en pa˜ales en el pesebre,
o
n
segunda sede de Dios tras el cielo, de donde se alimentaban el
asno y el buey, esto es, simbolizando a jud´ y gentiles.
ıos
Otros se dirigieron al monte santo Sylo, donde en otro tiempo
los hijos de Israel establecieron aquel admirable tabern´culo con
a
todo lo pertinente al culto. En aquel lugar Samuel, el m´s suave
a
y santo de los profetas, al llamarlo Dios desde el cielo: ((Samuel,
Samuel)), con boca inocente y limpia de toda impureza respondi´: ((Habla Se˜or, que tu siervo escucha)); all´ fue construido
o
n
ı
un cenobio en su honor desde el que se elevan las preces que
con las de Mois´s y Aar´n junto a Dios suplican indulgencia por
e
o
nuestros pecados. De su destrucci´n el profeta David dec´ gio
ıa
miendo en el salmo: ((Se alej´ Dios del tabern´culo de Sylo...)).
o
a
´
Este es un verdadero profeta, cuyas palabras no cayeron a tierra, porque todo lo que anunciaba los hechos lo demostraban.
´
Este tambi´n juzg´ en Masphat a los hijos de Israel, y para que
e
o
sepamos qu´ clase de juicio fue aqu´l, cuentan los hebreos que
e
e
las aguas de Masphat fueron malditas en presencia de Dios, de
forma que cualquier id´latra que se abasteciese de ellas, como
o
las probase en presencia de Dios y del profeta Samuel, quedaban
adheridos sus labios, de forma que era imposible separarlos; as´
ı,
prendido por el pueblo y por orden del profeta, seg´n la ley, era
u
35
lapidado, para que nadie seducido por su ejemplo adorase ´
ıdolos
vanos en lugar de a Dios.
Otros se dieron a la destrucci´n de Betania, que significa cao
sa de obediencia, donde el Se˜or, respondiendo a las humildes
n
s´plicas de Mar´ y su hermana Marta, conmovido por nuestra
u
ıa
mortalidad y miseria llam´ a L´zaro del sepulcro, donde llevao
a
ba ya cuatro d´ donde Mar´ besando y regando los pies del
ıas;
ıa,
Se˜or con sus l´grimas los ungi´ con ung¨ento perfumado de
n
a
o
u
19
nardo . En esa ciudad tambi´n fue donde se dice que el Se˜or
e
n
encontr´ a Marta, que lo recibi´ en su casa, atareada en muchas
o
o
cosas mientras su hermana Mar´ sentada a los pies de Jes´s,
ıa,
u
le escuchaba, y que ´ste atestigu´ c´mo, de entre las dos, Mar´
e
o o
ıa
20
hab´ elegido aquello m´s necesario .
ıa
a
Otros se dieron a la devastaci´n del sant´
o
ısimo monte de los
olivos, donde el Se˜or, como se lee en el Evangelio, acostumbran
ba a orar, ense˜ar las obras de misericordia y reunirse con sus
n
disc´
ıpulos. All´ en el lugar donde nuestro Se˜or Jesucristo, en
ı,
n
presencia de los ap´stoles subi´ a los cielos a los cuarenta d´
o
o
ıas
de su resurrecci´n, se levant´ una iglesia, en medio de la cual
o
o
los fieles cristianos con gran veneraci´n besaban la huella del
o
Salvador. En Josafat los paganos profanaron con sucias manos
la iglesia de la asunci´n de la Virgen Mar´ y ese glorioso lugar
o
ıa
al que los cristianos deben veneraci´n, sepultura de la gloriosa
o
Virgen madre de Cristo, lo destruyeron y llenaron de inmundicia. Sobre el sepulcro hab´ un memorial cuadrado, de oro y
ıa
plata, cincelado, en verdad apropiado por la maravillosa belleza
y variedad de su decoraci´n. Aqu´ est´ aquel lugar llamado Geto
ı a
seman´ al otro lado del torrente Cedr´n, donde se encontraba
ı,
o
el huerto al que se retir´ Jes´s con sus disc´
o
u
ıpulos, una vez cele19
20

Lc 7,36
Lc 10,38

36
brada la cena en que instituy´ el nuevo sacramento y los inst´ a
o
o
orar para mantener alejada la tentaci´n. Fue construida en aquel
o
lugar una iglesia en nombre del Salvador en conmemoraci´n de
o
que all´ el Redentor y Salvador del mundo suplic´ a Dios Padre
ı
o
por la salvaci´n del g´nero humano.
o
e

23.

La indescriptible angustia de los ierosolomitanos

El d´ veinte del mes de septiembre se puso sitio a la ciuıa
dad santa de Jerusal´n. Los incr´dulos la rodearon desde todas
e
e
las direcciones, con estruendo de trompetas, fragor de armas,
estr´pito y aullido de voces, ((¡Hai,Hai!)), y banderas ondeantes
e
por todas partes. Conmovida la ciudad con el tumulto y el bramido de los b´rbaros, clamaban sus habitantes en aquellas horas
a
trascendentes: ((Santa Vera Cruz y Sepulcro de la Resurrecci´n
o
de Jesucristo, protege a la ciudad de Jerusal´n con sus habitane
tes.)) Comenz´ la guerra, y se iniciaron los combates en diversos
o
puntos. Pasaremos por alto los detalles que entorpezcan el relato, ya que no podemos enumerarlos despu´s de quince d´ en
e
ıas
que los cristianos combatieron con los turcos, abatidos de dolor
y tristeza entre tanta miseria. ¿Qui´n en verdad contemplando
e
tanto dolor no romper´, dejando de lado la piedad, en llanto
a
al ver a los monjes, can´nigos, sacerdotes y levitas y anacoreo
tas entrar en combate con las armas en defensa de los lugares
m´s santos y la heredad de la Cruz? ¿O viendo a las viudas y
a
hu´rfanos extendidos los brazos a Dios, en tumulto por las plae
zas e iglesias, los rostros desolados, clamando entre llantos con
sus voces inocentes e implorando sin cesar la divina clemencia?
¿Qu´ lengua podr´ narrar el n´mero de sarracenos atravesados
e
a
u
con lanzas y flechas que abandonados del aliento vital alcanzaron la muerte eterna? ¿Qui´n podr´ decir de aquel nieto de
e
a
37
Saladino, enga˜ado por los fastos, cubierto con vestidos de seda
n
hasta las pezu˜as del caballo, enjaezado de espejos de oro, cun
bierto de condecoraciones por la extrema soberbia de su ´nimo
a
que, golpeado por un sirviente ante la puerta de San Esteban
encontr´ muerte miserable? ¿O qui´n podr´ narrar el n´mero de
o
e
a
u
los cristianos que heridos por las flechas de los adversarios entregaron por Cristo esta vida temporal para ganar aqu´lla eterna?
e
En aquellos d´ en que Dios parec´ regir sobre la ciudad ¿qui´n
ıas
ıa
e
podr´ decir de los heridos que murieron o de los que escaparon
a
con vida?
Ca´ las flechas como gotas de lluvia, hasta el punto de que
ıan
nadie pod´ se˜alar con el dedo hacia las defensas sin resultar
ıa n
herido. Era en verdad tanta la multitud de los heridos que todos
los m´dicos de la ciudad y de los hospitales apenas daban abase
to extrayendo las flechas clavadas en los cuerpos. Este mismo
rostro vuelto hacia vosotros fue herido, atravesada la nariz por
una flecha de la que los m´dicos extrajeron la madera, quedane
do la punta hasta hoy clavada. Durante una semana resistieron
virilmente los ierosolomitanos el ataque contra la torre de David.
Viendo Saladino que nada aprovechaba esta t´ctica ni ciertaa
mente da˜aba a la ciudad, comenz´ con los suyos a recorrerla
n
o
en derredor, escrutando aquellos puntos que pudiesen resultar
d´biles, buscando los lugares en que sin temor a los cristianos
e
pudiese erigir sus m´quinas y atacar la ciudad con facilidad. Y
a
como era hijo de aqu´l que en su execrable soberbia quiso poner
e
´
al norte su trono para reinar no bajo Dios, sino contra El, y hacerse as´ similar al Alt´
ı
ısimo, encontr´ que el flanco norte de la
o
ciudad era d´bil y apto para llevar a cabo sus cr´
e
ımenes. Y as´ un
ı
d´ al clarear, orden´ el rey de Egipto mover el campamento sin
ıa,
o
estr´pito ni tumulto, y fijar las tiendas en el valle de Josafat, el
e
Monte de los Olivos, el monte del Gozo y toda la zona monta˜osa
n
38
de aquella parte. Al hacerse la ma˜ana levantaron los ojos los
n
hombres de Jerusal´n y vieron, una vez que se disip´ la neblie
o
na, que los Sarracenos levantaban las tiendas, como si fuesen a
abandonar el sitio, y dec´ con gran alegr´ ((Huy´ el rey de
ıan
ıa:
o
Siria al no poder como planeaba destruir la ciudad.)) Pero esta
alegr´ se torn´ en luto y lamentaciones enseguida, conocida la
ıa
o
verdadera situaci´n. Pues el tirano orden´ de inmediato conso
o
truir las m´quinas de guerra y levantar las ballestas y al mismo
a
tiempo recoger ramas de olivo y otros ´rboles y plantarlas en el
a
espacio que mediaba entre las m´quinas y los muros; el mismo
a
d´ al crep´sculo, orden´ a su ej´rcito tomar las armas y adeıa,
u
o
e
lantarse a los zapadores hasta las murallas para ocupar all´ a los
ı
cristianos. Form´ tambi´n a diez mil jinetes armados de lanzas
o
e
y arcos, para impedir cualquier salida. Dispuso otra decena de
millar, o m´s, armados con arcos y protegidos hasta los talones
a
´
bajo los escudos y las cotas. El permaneci´ con otra parte y sus
o
jefes junto a las m´quinas.
a
Al mediod´ siguiente comenzaron a romper la torre angular,
ıa
a atacar los muros en diversos puntos, a disparar flechas los arqueros y los que serv´ en las m´quinas a disparar sin descanso.
ıan
a
Pero los defensores, subestimando estos ataques, fatigados y llenos de tedio retiraron la vigilancia y durmieron aquella noche,
hasta la ma˜ana, porque sin la custodia de Dios en vano velan
n
los vigilantes.
Al salir el sol, los que dorm´ en las torres, despertados por
ıan
el estr´pito de los b´rbaros, estupefactos y aterrados corr´
e
a
ıan
por las calles como dementes gritando: ((¡Hombres de Jerusal´n,
e
acudid, socorred, ayudad; han perforado los muros y ya est´n
a
entrando!)) Conmocionados, acudieron cuantos pudieron, pero
no superaron a los damascenos ni con lanzas, dardos, flechas,
piedras, fuego ni plomo liquefacto pudieron rechazarlos de las
39
murallas. Los turcos bombardeaban sin descanso y con vehemencia los baluartes, y entre el muro y la barbacana lanzando piedras y el fuego que llaman griego, maderas y todo lo que
ten´ a mano. Los arqueros entretanto disparaban sin interrupıan
ci´n y sin medida enviaban sus flechas desde todas direcciones;
o
algunos, con audacia rompieron los muros. Tomaron los defensores la determinaci´n de que todos los que tuviesen caballos y
o
armas, saliesen de la ciudad por la puerta de Josafat para, con
la ayuda de Dios, rechazar a los adversarios de los muros. Pero
encontraron la oposici´n de la caballer´ turca, y lamentableo
ıa
mente repelidos, agrupados al pie de los muros y sin encontrar
otra salida clamaban: ((Santa Mar´ Santa Mar´ ay´danos.))
ıa,
ıa, u
Cundi´ entonces el duelo, el llanto y el tumulto de las l´grimas,
o
a
el rasgado de vestiduras en las plazas e iglesias por tanta angustia y dolor. Pues unos se lamentaban de la ciudad santa y
del sepulcro del Se˜or, del sant´
n
ısimo monte del Calvario donde
la sangre propiciatoria se derram´ por la salvaci´n del g´nero
o
o
e
humano; otros lloraban a los hermanos y amigos ya muertos, o
pr´ximos ya a la muerte; otros a los hijos que ser´ arrebatados
o
ıan
por las lanzadas de los b´rbaros y el resto por la inminencia de
a
la muerte o la cautividad, para ellos o los suyos.
Se prolong´ el combate en los muros por algunos d´ y preo
ıas,
valecieron los turcos. Ya los cristianos estaban vencidos hasta el
punto de que no m´s de veinte o treinta acud´ a la defensa
a
ıan
de los muros de la ciudad; ni se encontraba hombre tan audaz
en toda ella que por cien bizancios accediese a pasar la noche
vigilando en las defensas. Con mis propios o´
ıdos o´ al pregonero,
ı
en nombre de los patriarcas y algunos de los notables de la ciudad, anunciar que si se encontrasen cincuenta sirvientes fuertes
y audaces dispuestos a custodiar un ´ngulo ya derruido, por una
a
sola noche, recibir´ cinco mil bizancios, pero no se encontraıan
ron. Era ya casi un´nime la voluntad de los habitantes de morir
a
40
en la ciudad santa en el nombre de Cristo, y as´ cada cual tendr´
ı
ıa
su parte en la tierra de promisi´n, como cad´veres yacentes pio
a
soteados por los incr´dulos. ¡Ay de m´ m´
e
ı ısero, el peor de todos
los pecadores que no tom´ mi parte de Tierra Santa as´ medida!
e
ı
As´ las cosas, otros, llenos de pecado m´s que de amor a Cristo,
ı
a
movidos por el recuerdo de las mujeres hermosas, de los hijos e
hijas y de las riquezas se conjuraron para evadirse con los suyos y sus posesiones, abandonando la ciudad santa y los lugares
sagrados.

24.

Del tributo impuesto a la ciudad

Enviaron legados al rey de Siria, suplicando que aplacase su
´nimo contra ellos y los tuviese como aliados, tal y como ten´ a
a
ıa
otros. Pero ´l, renuente, les dio esta respuesta: ((He o´ frecuene
ıdo
temente de boca de nuestros alfaqu´ que Jerusal´n no puede
ıes
e
ser purificada si no es lav´ndola con sangre de cristianos, y sobre
a
esto quiero consultarles.)) Volvieron los legados con esa incertidumbre. Enviaron otros, Balisano y Rainero de N´poles y Tom´s
a
a
Patricio, ofreciendo cien mil bizancios; no quiso Saladino aceptarlos, y regresaron frustrada esa esperanza. Volvieron los enviados por tercera vez, pidiendo insistentemente a Saladino que
´l mismo estableciese las condiciones; que si pod´ cumplirse,
e
ıan
se cumplir´ y si no les fuese posible, le rogaban que cesase
ıan
en su destrucci´n. Acept´ Saladino el ofrecimiento, imponieno
o
do el siguiente tributo: que cada var´n aportase diez bizancios,
o
cinco cada mujer, uno por cada ni˜o de siete a˜os o menos; de
n
n
esta forma se ver´ libres de la esclavitud, y quienes lo deseaıan
sen podr´ abandonar la ciudad con los suyos. Pero que si esas
ıan
condiciones no eran aceptadas por los ierosolomitanos, o si hab´
ıa
quienes no pod´ satisfacer los diez bizancios, los har´ salir
ıan
ıan
del saqueo y la espada. Placieron estas condiciones al patriarca
de Jerusal´n y a otros que dispon´ del dinero.
e
ıan
41
¡Hecho asombroso! ¿Qui´n oy´ tal alguna vez? Los herederos
e
o
pagaban para enajenarse de sus propiedades 21 . ¿Qui´n pag´ ale
o
guna vez para deshacerse de su herencia? Otros se opon´ con
ıan,
riesgo para sus vidas, para no hacerse con su cobard´ indigıa
nos de sus padres ni abandonar entre la confusi´n y el oprobio
o
la heredad. Se doli´ de esto el profeta Jerem´ lament´ndose
o
ıas,
a
y si fuese posible queriendo resarcir el error diciendo: ((¿C´mo
o
qued´ sola la ciudad de Jerusal´n, llena de gente?)) etc. Cinco coo
e
sas es preciso traer sobre la ciudad: su juicio, su soledad, su plenitud, su viudedad y su se˜or´ Se sienta la ciudad considerando
n ıo.
la injusticia de su causa. Sentada en las cenizas, en la suciedad
de su crimen. Pues si perseverase en la virtud, luchar´ ciertaıa
mente contra los enemigos. Sola se dice de ella porque qued´ sin
o
la protecci´n de Dios y sin verdaderos fieles de Cristo. Abano
donada por Dios y sus aliados, de donde Salom´n: ((¡Ay de los
o
que andan solos, porque si caen, qui´n los levantar´!)). Plena de
e
a
gente, de pueblo inicuo y tumultuoso y ajeno a la penitencia, de
quien Isa´ escribi´: ((Este pueblo me honra de palabra, pero
ıas
o
su coraz´n est´ lejos de m´ Viuda en verdad de la dignidad
o
a
ı.))
pontifical y de la potestad real; viuda que se ha desprendido del
anillo de la fe; viuda porque, entrantes los sarracenos, se deshizo
de su contrato con Cristo. Y sin embargo se˜ora, porque todas
n
las tribus de la tierra se vuelven hacia ella.
El d´ dos de octubre se anunciaron estas condiciones por las
ıa
plazas de Jerusal´n: que cada cual reuniese el tributo por su lie
bertad en el plazo de cuarenta d´ y lo entregase a Saladino.
ıas
Al oir estas condiciones, el pueblo con voz lastimera se condol´
ıa
diciendo: ((¡Ay, ay de nosotros miserables, ¿qu´ haremos quienes
e
no tenemos dinero? Sea mejor para nosotros morir por Cristo
21

Una iron´ tr´gica. Los habitantes pagaban rescate por sus vidas, y el autor est´ interıa a
a
pret´ndolo ir´nicamente como que lo hac´ para deshacerse de sus casas y propiedades,
a
o
ıan
que quedar´ en manos de los sarracenos
ıan

42
en la ciudad santa que, abandon´ndola, servir en onerosa esclaa
vitud bajo los sucios e inmundos turcos y sarracenos.)) ¿Qui´n
e
alguna vez pudo pensar que los cristianos hiciesen tal impiedad?
¿Qui´n pens´ que entregar´ por propia voluntad en manos de
e
o
ıan
los gentiles el Sepulcro de la resurecci´n de Cristo, el noble Temo
plo, el sant´
ısimo monte Si´n y otros lugares de la ciudad santa?
o
¡Oh dolor! No hay otro que pueda igual´rsele. Nunca le´
a
ımos que
los jud´ entregasen los lugares m´s santos sino tras dura lucha
ıos
a
y efusi´n de sangre, mucho menos que los entregasen voluntariao
mente. Perezcan esos p´simos mercaderes que por segunda vez
e
vendieron a Cristo y a la ciudad santa, como aquel otro maligno,
que colgado vomitaba sus malas palabras y, lo que es peor, las
v´
ısceras de cuya malignidad fueron esparcidas entre todos aquellos que exigen pago por la imposici´n de las manos y la ado
ministraci´n de los sacramentos eclesi´sticos. De ellos Jerem´
o
a
ıas
escribe: ((Desnudaron su pecho)), esto es, se comportaban tales
cuales eran. ((Y mamaron sus cachorros)) mala conciencia, conscupiscencia, y en esta regi´n como en tierra extra˜a meditaban
o
n
c´mo defraudar a sus pr´ximos con falsos pesos y sacramentos
o
o
varios. Las lamias 22 en verdad se presentan con rostro humano,
pero tienen cuerpo e instinto animal. ((Sean hu´rfanos sus hijos,
e
y sus mujeres viudas en tierra extra˜a)) para los que no reclaman
ron la heredad del Crucifijo y la suya propia seg´n costumbre y
u
ejemplo de los que les precedieron.

25.

De la entrega de Jerusal´n
e

En el a˜o de 1187 desde la encarnaci´n de Nuestro Se˜or Jen
o
n
sucristo, el d´ tres del mes de octubre (de donde se ha escrito:
ıa
((Trece a˜os antes del 1200 luci´ la tercera luz de octubre, se
n
o
ilumin´ la ciudad sacra, en el quinto idus de octubre, baja la
o
22

monstruo fabuloso

43
letra D del domingo, y fue borrada la ciudad, y se burlaron los
incr´dulos de la observancia en el coraz´n de los cristianos.)))
e
o
Jerusal´n fue entregada, ¡oh dolor! en manos de los imp´ por
e
ıos
nefandos cristianos. Se cerraron las puertas y se puso guardia.
As´ los alfaqu´ y los cassiris 23 , ministros del error abominable,
ı
ıes
obispo y presb´
ıtero para los sarracenos, en primer lugar ascendieron al templo de Nuestro Se˜or, que ellos llaman Beithhalla
n
24
, en el que tienen gran fe de salvaci´n. Subieron como si fuesen
o
a orar, juzgando que purificaban el lugar y con inmundicias y
horribles mugidos lo profanaron vociferando la ley de Mahoma:
((Hala haucaber, halla haucaber)) 25
Mancharon todos los lugares del Templo; el lugar llamado de
la presentaci´n donde la Madre y Virgen Gloriosa al hijo de Dios,
o
como est´ prescrito en la ley de Mois´s, trajo a las manos del
a
e
justo Sime´n. Y el lugar llamado de la confesi´n, orientado hacia
o
o
el p´rtico de Salom´n, donde presentaron a Jes´s a la mujer
o
o
u
´
ad´ltera y El, escribiendo con el dedo en el suelo, cambi´ la
u
o
ley en gracia, en misericordia la dura ley jud´ de la lapidaci´n
ıa
o
diciendo: ((quien est´ libre de pecado, arroje la primera piedra)).
e
Tambi´n el lugar que da al oriente donde los jud´ a causa de
e
ıos,
la palabra y el testimonio de Cristo, arrojaron desde el balc´n
o
del templo al justo Jacobo, que se dec´ hermano del Se˜or por
ıa
n
su gran parecido, y lo asesinaron golpe´ndolo con una estaca de
a
batanero.

26.

´
La ca´ de la Aurea Cruz
ıda

´
Fijaron cuerdas a la Cruz Aurea del pin´culo del templo y la
a
derribaron para oprobio de los cristianos, como otras muchas en
23

v´anse las notas 114 y 125 de la edici´n del texto latino
e
o
Bait Allah, la casa de Dios
25
Allahu Akbar, Dios es m´s grande
a
24

44
la ciudad, burl´ndose y ri´ndose de los adoradores de la cruz en
a
e
tanto ´stos lloraban, se arrancaban el pelo, romp´ sus vestidos,
e
ıan
se golpeaban en el pecho y la cabeza por tan gran dolor y tristeza
y extrema ansiedad en sus corazones, ya casi desfallecidos.

Pusieron guardias para que ning´n cristiano pudiese acceder
u
al templo, cumpli´ndose lo que escribi´ Jerem´ ((Se alej´ Dios
e
o
ıas:
o
de su altar, maldijo lo que estaba santificado)) y en otro lugar:
((Por los pecados de los sacerdotes y la iniquidad del pueblo
los extranjeros hablaron en la casa de Dios, como en los d´
ıas
solemnes)).

Desde otro lugar subi´ Saif-Aldin 26 con los suyos al monte
o
santo Si´n y sin temor se dieron a la comida, la bebida y la
o
lujuria profanando los santos lugares y la iglesia consagrada al
lugar donde se celebr´ el nuevo sacramento, donde oraban con
o
frecuencia los ap´stoles y la gloriosa Virgen Mar´ despu´s de la
o
ıa
e
ascensi´n del Se˜or, donde el d´ de Pentecost´s el Esp´
o
n
ıa
e
ıritu Santo descendi´ sobre los ap´stoles, donde despu´s de la resurreco
o
e
ci´n los salud´ el Se˜or dici´ndoles: ((La paz sea con vosotros)).
o
o
n
e
Tambi´n descubrieron el sepulcro del Se˜or y lo expoliaron de
e
n
todo ornamento, irrumpiendo juntamente cristianos y sarracenos; fue igualmente expoliado el lugar en el monte santo donde
aparecen los restos de la Cruz de nuestra redenci´n y hay a la
o
derecha una profunda grieta en la roca, donde cayeron el agua
y la sangre de nuestro Salvador estando en la Cruz.
26

Espada de la Religi´n
o

45
27.

De c´mo Saladino obtuvo casi toda la tieo
rra de Judea

Los nuestros hab´ tenido la ciudad de Jerusal´n casi por
ıan
e
ochenta y nueve a˜os, y de ah´ junto con la toma de Antioqu´
n
ı,
ıa,
que hab´ estado en manos de gentiles antes por espacio de cuaıa
renta a˜os, se recuper´ la potencia victoriosa de los cristianos.
n
o
En poco tiempo Saladino se apoder´ de casi todo el reino de Jeo
rusal´n, elevando la ley de Mahoma sobre la religi´n cristiana. Y
e
o
mientras esto suced´ el arzobispo de Tiro navegaba para anunıa,
ciar al orbe cristiano la noticia de tan gran matanza, concitando
las l´grimas de incontables cristianos y encendiendo en muchos
a
m´s el deseo de recuperar la ciudad. El primero de todos en toa
mar la se˜al de la cruz para vengar la injuria fue el magn´nimo
n
a
conde Ricardo, adelant´ndose a todos con su ejemplo. Tambi´n
a
e
su padre, el rey Enrique, ya inclinado a la vejez, con el rey Felipe y casi todos los pr´ceres de ambos reinos tomaron la insignia
o
cruzada. Herv´ en todas partes los deseos de unirse a tan gran
ıan
ocasi´n e incluso en los claustros se abandonaban las capuchas
o
y acud´ los monjes a los campamentos. El mismo emperador
ıan
Federico 27 , no muy ferviente, llev´ entre los suyos siete obispos,
o
un arzobispo, dos generales, diecinueve condes, tres comandantes , tres mil caballeros y el resto del ej´rcito, hasta casi ochenta
e
mil, siguiendo la ruta de Hungr´ y Constantinopla. El ej´rcito
ıa
e
encontr´ graves obst´culos en Iconium, hasta que captur´ esta
o
a
o
ciudad 28. De ah´ el ej´rcito pas´ a Armenia, donde al atravesar
ı
e
o
el r´ Saleph pereci´ ahogado el emperador. Su hijo, el duque
ıo
o
de Suavia, tom´ el mando del ej´rcito. El rumor de la muero
e
te del emperador alegr´ sobremanera a los turcos, asediados en
o
Acre por los cristianos, y a ´stos, que atacaban con muy escasos
e
27

Federico I Barbarroja, emperador de Alemania
Federico hab´ pactado con los turcos paso libre hacia Armenia, pero ´stos traicionaron
ıa
e
este acuerdo y le presentaron batalla. Los cristianos vencieron y tomaron la ciudad de
Iconium
28

46
medios, los entristeci´ casi hasta la desesperaci´n.
o
o
El rey Guido, que hab´ permanecido encadenado en Damasıa
co casi por un a˜o, fue liberado por Saladino, a condici´n de que
n
o
abjurase de su reino y marchase desterrado al otro lado del mar.
Al llegar el rey a Tiro no fue recibido por el comandante de la
plaza 29 y de ah´ con un ej´rcito considerable 30 march´ para
ı,
e
o
asediar Acre por tierra y mar. A esta empresa se uni´ en primer
o
lugar una armada de 12.000 hombres. Despu´s se uni´ Jacobo
e
o
de Avennes plantando sus tiendas contra las torres malditas y
poco despu´s se unieron los Templarios. Del reino de los frane
cos y de los anglos se unieron muchos, sin ser esperados. Entre
otros, el obispo belvacense con su hermano Roberto. Tambi´n el
e
conde brenense, el conde de Baro y muchos flandrenses. De Germania lleg´ un cierto Landegrave 31 quien persuadi´ a Conrado
o
o
de Montferrat para que se uniese a la campa˜a.
n
Los cristianos asaltaron el campamento de los gentiles, pero
fueron diezmados por ´stos al tiempo que ellos tambi´n sufr´
e
e
ıan
muchas p´rdidas. Entre los ca´
e
ıdos se encontraba Gerardo de Bedefordia, maestro Templario. Mientras un cierto Alemannus con
sus compa˜eros persegu´ a un caballo desbocado, se levant´ el
n
ıa
o
clamor de que los asediados hab´ salido para deshacer la imıan
pedimenta de los cristianos. De ah´ se produjo una gran conı,
fusi´n, se rompieron las formaciones y sin que nadie obedeciese
o
las ´rdenes los mismos jefes se dieron a la fuga. De esta turbao
ci´n result´ que los turcos retomaron la iniciativa, matando a
o
o
cuantos pudieron de los nuestros. Pero los cristianos, creciendo
29

Tiro estaba en poder de Conrado de Montferrat, quien no estaba dispuesto a entregarla
´
al rey. Este se vio obligado a acampar con sus huestes fuera de las murallas
30
Nada m´s ser liberado, Guido cancel´ su promesa
a
o
31
Ignoramos qui´n pudo ser este jefe. Seg´ n Madden, el 7 de octubre de 1190 el duque
e
u
Federico de Suavia con los restos del ej´rcito de Germania (la mayor´ volvieron a sus
e
ıa
hogares a ra´ de la muerte de Federico I) se uni´ al sitio de Acre
ız
o

47
en n´mero cada d´ se atrincheraron alrededor de la ciudad, al
u
ıa
tiempo que los turcos con frecuencia los molestaban seriamente.

En Acre los turcos comenzaban a padecer hambre y ofrecieron a los sitiadores la entrega de la ciudad cuando se presentaron cincuenta galeras enviadas por Saladino, repletas de armas,
hombres y provisiones que capturaron o pusieron en fuga a las
nuestras, llevando una de ellas que estaba cargada de provisiones violentamente a la ciudad, de cuyos muros colgaron a todos
los tripulantes en el d´ de Todos los Santos.
ıa

Se acercaba ya la Pascua cuando Conrado de Montferrat, que
se hab´ retirado a Tiro para reparar la flota, volv´ con gran
ıa
ıa
aparato de armas, hombres y provisiones. Pero los opidanos,
rompiendo el sitio se hicieron a una mar embravecida para salir
al paso de los nuestros y trabar combate. Dios quiso que la victoria fuese para los cristianos. Entretanto los turcos que desde
fuera bloqueaban a los cristianos allanaban nuestros fosos con
tierra e insultaban ferozmente a los nuestros, que nunca ten´
ıan
descanso ni seguridad. Aumentaban las fuerzas contrarias cada
d´ y los nuestros eran ya vigilados por los sitiados, ya acosaıa
dos desde el exterior por el ej´rcito de Saladino, ya amenazadas
e
las naves. Hab´ levantado los nuestros tres torres de madeıan
ra, y fue atacando con mayor dureza desde las torres que los
sitiados ofrecieron la rendici´n, a condici´n que no se les deo
o
negara abandonar la ciudad con sus pertenencias. Dudaban los
nuestros sobre el particular cuando se produjo la irrupci´n del
o
ej´rcito turco, atacando a nuestra espalda; mientras se trataba
e
de contener el ataque las torres fueron incendiadas, sin que nada
pudiese hacerse por extinguir el fuego y de esta forma desafortunada termin´ toda esperanza de triunfo.
o
48
El hambre entretanto aflig´ a los sitiados, que empezaron
ıa
a comer sus caballos y otras bestias, contraviniendo la ley de
Mahoma. Hab´ cautivos cristianos cuyos cuerpos ex´nimes los
ıa
a
sitiados arrojaban desde la muralla. En este estado de angustia,
tres naves intentaron llevar auxilio a la ciudad, precipit´ndose
a
contra las rocas y naufragando.
Saladino congreg´ a todo su ej´rcito, de todos sus reinos, y
o
e
atac´ a los nuestros con dureza durante ocho d´ en Penteo
ıas,
cost´s. Los cristianos resistieron virilmente dos embestidas, y
e
luego, parte del ej´rcito de los turcos se retir´ a la frontera. Mue
o
ri´ all´ uno de los hijos de Saladino, alcanzado por una balleso ı
ta que silenci´ sus insultos, estremeciendo al ej´rcito enemigo.
o
e
Mientras, estando los sitiados afligidos por el hambre, intentaron hacerles llegar veinticinco balsas con comida, pero las dos
m´s grandes se estrellaron contra las rocas.
a
Cuando nuestro ej´rcito empezaba a caer en la indolencia de
e
la inactividad, una masa de soldados tumultuosa, sin ´rdenes
o
del pr´
ıncipie y contra la advertencia del patriarca, el d´ de San
ıa
Jacobo se lanz´ con audacia contra el campamento enemigo, sin
o
jefe alguno, sin insignias, m´s pensando en el expolio que en
a
la lucha. Los gentiles, viendo la turba que se acercaba, quedaron un momento paralizados, pero enseguida, conducidos por
sus jefes, salieron de sus refugios y atacaron a toda esa plebe
incautamente dispersa y est´pida, consiguiendo f´cil triunfo y
u
a
dejando alrededor de cinco mil quinientos muertos. Acudi´ en
o
ayuda de este ej´rcito, ya casi deshecho, el maestro Radulfo de
e
Alta-ripa, archidi´cono, que despu´s de eso, distingui´ndose con
a
e
e
muchas insignias, pereci´ en el ultimo d´ del asedio.
o
´
ıa
Quebrantados los nuestros por tan largas tribulaciones, condujo Dios desde los confines de la tierra a fuertes auxiliadores,
49
hombres insignes, potentes guerreros, arzobispos, obispos, duques, condes, barones, caballeros y otra multitud incontable de
lejanos lugares. El conde Enrique de Campania fue puesto al
frente del ej´rcito antes de la llegada de los reyes Felipe y Ricare
do, de quien era descendiente, y que tambi´n m´s adelante ser´
e
a
ıa
rey. Tambi´n vino a Acre el duque de Suavia, hijo del emperae
dor Federico, instigado por el de Monteferrato, que aspiraba a
tomar el trono para ´l, sembr´ndose la disensi´n con su llegada.
e
a
o
Ocurrieron muchos hechos asombrosos durante el asedio de
Acre. Una andanada de proyectiles de los defensores da˜´ todas
no
nuestras m´quinas, pero uno de los nuestros, que fue alcanzado,
a
no sufri´ da˜o. Un venablo atraves´ la armadura de otro, pero
o n
o
fue detenido por una c´dula con el nombre de Dios que llevaba
e
sobre el pecho, colgando del cuello. Un soldado inerme, que apenas acababa de cumplir con la naturaleza, fue atacado por un
turco armado con una lanza, y lo derrib´ de una pedrada. Ivo
o
de Veteri-ponte, navegando en una peque˜a embarcaci´n manion
o
brada por s´lo tres marineros, con diez compa˜eros, mat´ hao
n
o
cha en mano a ochenta piratas. A un turco, que hab´ dispuesto
ıa
incendiar nuestras m´quinas, el fuego griego le consumi´ los gea
o
nitales. Otro, que llevaba fuego griego nadando hacia nuestras
naves fue capturado en una red. A otro, que quer´ orinarse soıa
bre la cruz, lo mat´ una flecha que le alcanz´ la ingle. En otra
o
o
ocasi´n, durante un combate naval entre los nuestros y los turo
cos, se incendiaron las m´quinas que iban en nuestras naves. En
a
otra, los opidanos incendiaron los arietes con fuego griego. De
una flota de quince naves que ven´ desde Alejandr´ en auxiıan
ıa
lio de los sitiados, muchos perecieron. Cuando una delegaci´n de
o
los nuestros, encabezada por el arzobispo Balduino quiso parlamentar con Saladino, ´ste huy´ a la monta˜a con los suyos. Un
e
o
n
grupo de los nuestros, que iba y volv´ repetidamente de Caif´s
ıa
a
por provisiones era gravemente atacado por los turcos, que les
50
tend´ emboscadas, pero fueron muertos por la emboscada de
ıan
Gaufrido de Liziniaco, hermano del rey Guido, que con quince
caballeros elegidos se enfrent´ a ellos esper´ndolos en un puente.
o
a
Conrado de Montferrato, deseoso de la corona, cas´ frauduleno
tamente con la heredera del reino (esposa de Remfrido, que a´n
u
viv´ Una vez hechos los votos, volvi´ a Tiro con su esposa,
ıa).
o
prometiendo y jurando enviar comida para el ej´rcito. Pero, ole
vidando pronto su promesa, no envi´ las provisiones, estando ya
o
el ej´rcito desfallecido por el hambre.
e
El arzobispo Balduino, viendo y oyendo la total disoluci´n
o
de un ej´rcito dado a la licencia, las prostitutas y los dados, se
e
acongoj´ su esp´
o
ıritu hasta el punto de sentir tedio de la vida, y
extenuado por la fiebre, en aquel mismo lugar durmi´ en Dios.
o
Entretanto nuestro ej´rcito viv´ mortificado por el hambre.
e
ıa
Una peque˜a medida de trigo se vend´ por cien ´ureos, una
n
ıa
a
gallina por doce s´lidos, un huevo por seis denarios. Algunos,
o
que ya perec´ de hambre, comi´n los cad´veres de los cabaıan
a
a
llos, e incluso los intestinos. Diez s´lidos val´ los intestinos
o
ıan
de un caballo, y se com´ junto con la cabeza. M´s val´ un
ıan
a
ıa
caballo muerto que uno vivo. Los hambrientos ro´ los huesos
ıan
ro´
ıdos ya por los perros, y com´ toda inmundicia. Alrededor
ıan
del horno aparec´ las iras, ri˜as, disputas y peleas. Alguno
ıan
n
corr´ al horno diciendo: ((¡Tengo dinero, pagar´ lo que sea con
ıa
e
tal de que me vendas!)) Qui´n ten´ algo de comida, la com´ a
e
ıa
ıa
escondidas. Los refinados, ten´ por delicias las hierbas que enıan
contraban y los caballeros, como no tuviesen de qu´ alimentarse,
e
robaban o apostaban. Dos soldados compraron por un denario
trece habichuelas. Maldito el causante de esa calamidad. Por
si fuese poco, las lluvias provocaron inundaciones, y ´stas una
e
epidemia. El cuerpo de los enfermos aparec´ hinchado. En reıa
sumen, entre las lluvias y el hambre el ej´rcito perec´ Algunos
e
ıa.
51
obispos hicieron una colecta entre los pudientes para socorrer a
los m´s pobres. Cuando llegaba una nave, lo que ayer costaba
a
cien ´ureos hoy pod´ comprarse por cuatro. Cierto comerciante
a
ıa
pisano quiso reservar sus existencias, para vender m´s caro desa
pu´s, y sucedi´ que ardi´ su casa con la mercanc´ quedando
e
o
o
ıa,
todos hambrientos.
Despu´s de la Pascua del a˜o de 1191 de la Encarnaci´n, el
e
n
o
rey Felipe de Francia se uni´ al asedio, y poco despu´s, alrededor
o
e
32
de Pentecost´s, vino Ricardo , rey de los ingleses. La serie de
e
cuyos viajes, de sus hechos, de la captura de Acre y de cuantos
combates en aquella tierra mantuvo contra Saladino, as´ como de
ı
la vuelta del rey Felipe a Francia, si alguno quiere saber con m´s
a
detalle, lea el libro que el prior de Santa Trinidad en Londres
escribi´ traduciendo de la lengua g´lica al lat´ con estilo tan
o
a
ın
elegante como veraz.

28.

Carta del Emperador Federico a Saladino

Federico, Emperador de los Romanos por la Gracia de Dios
y siempre Augusto, triunfador magn´
ıfico sobre sus enemigos,
a Saladino, ilustre jefe de los sarracenos a imagen del Fara´n,
o
captor de Jerusal´n.
e
Hemos considerado las letras que nos envi´steis hace ya tiema
po, en la medida en que es oportuno a nuestra magnificencia, y
de acuerdo con tu dignidad las hemos sometido a examen. Pero
ahora que hab´is profanado la Tierra Santa, que gobernamos
e
en nombre del Rey eterno, como cabeza de Judea, Samar´ Paıa,
lestina, donde hab´is cometido tantos cr´
e
ımenes con lamentable
audacia y presunci´n, hemos de discernir entre nuestra natural
o
32

Se refiere al Ricardo conocido como Coraz´n de Le´n
o
o

52
animadversi´n y el oficio imperial al que nos debemos. Por cuya
o
raz´n, si no es restituida en su totalidad la tierra ocupada, y
o
satisfecha la indemnizaci´n acorde con la condici´n sagrada de
o
o
esas tierras sobre las que hab´is hecho caer tan excesiva carga,
e
no s´lo consideraremos leg´
o
ıtimo llevaros la guerra, sino que en el
t´rmino de un a˜o, el primer d´ del mes de noviembre, os eme
n
ıa
plazamos en el campo Tathneo 33 para que decidan las armas,
por la virtud de la cruz milagrosa y en el nombre del verdadero
Jos´. Dif´
e
ıcilmente podemos creer que vay´is a rehusar, porque
a
vienen de lejos estas querellas, como atestiguan escritos antiguos
y presentes. ¿Acaso finges ignorar nuestro imperio sobre ambas
Etiop´ Mauritania, Persia, Siria, la tierra de los Partos, Juıas,
dea, Samar´ Arabia mar´
ıa,
ıtima, Caldea y la misma Egipto donde
¡oh dolor! el insigne Antonio, hombre virtuoso, de temperamento austero, predestinado a tan grandes cosas, contra lo que es
digno en un soldado se dej´ arrastrar por los amores de Cleoo
patra? ¿Acaso finges desconocer tambi´n que Armenia y otras
e
tierras innumerables est´n sujetas a nuestra potestad? No reia
nar´s sobre estas tierras, que las espadas de Roma m´s veces
a
a
bebieron la sangre. Y t´ ciertamente, en la misma experiencia
u
de las cosas, lo comprender´s con la ayuda de Dios, y conocer´s
a
a
nuestras ´guilas victoriosas, las cohortes de las diversas nacioa
nes que forman nuestro ej´rcito, el furor teut´nico, que no deja
e
o
las armas ni en tiempos de paz, los ind´mitos pueblos del R´
o
ın,
34
la juventud que nunca conoci´ la derrota,
o
la altura de los
b´varos, la astucia de los suevos, la prudencia de los francos,
a
Saxonia, h´bil con la espada, Turingia, Westfalia, la ´gil Braa
a
bantia, Letaringia, la inquieta Burgundia, Spisania, Bohemia,
Bolenia, Austria, Stiria, Brugensia, las tierras Il´
ıricas, Leonar33

Llanura situada en Egipto
La traducci´n de la enumeraci´n que sigue es incompleta. Hemos eliminado algunos
o
o
adjetivos y precisiones sobre alguna de las regiones al escap´rsenos su significado, ya que
a
no podemos discernir cu´ndo el texto ha de entenderse en forma literal y cu´ndo en forma
a
a
metaf´rica
o
34

53
dia, Tuscia, la Ancarictana Marcia y por fin la forma en que
nuestra diestra aprendi´ a blandir la espada. En ese d´ se˜alao
ıa n
do de completa alegr´ y felicidad y reverencia en el triunfo de
ıa
Cristo, ser´s ense˜ado.
a
n
Por mandato del Emperador en respuesta a la carta de Saladino. Pues de sus propias palabras se sigue su disposici´n a
o
enfrentarse con nosotros, con soberbia y osad´ Y la mandaıa.
mos transcribir con las mismas palabras que pronunciamos, sin
cambiar nada en absoluto.

29.

Carta de Saladino al Emperador Federico

Para Federico rey de Alemania, sincero amigo, grande y excelso, en el nombre de Dios misericordioso, por la gracia del
unico Dios, potente, elevado, victorioso y perenne, cuyo reino
´
no tendr´ fin.
a
Le damos gracias perennes, a aqu´l cuya gracia est´ sobre
e
a
todo el mundo. Le rogamos que infunda su doctrina sobre sus
profetas y sobre todo sobre nuestro maestro, nuncio suyo, el
profeta Mahoma, enviado para la recta correcci´n de la ley, que
o
hace aparecer sobre todas las leyes.
Sepa el rey de Alemania, amigo sincero, grande, potente, que
cierto hombre, de nombre Enrique, vino a nosotros diciendo que
era enviado vuestro, y nos entreg´ una carta, que dec´ vuestra.
o
ıa
Hicimos leer la carta, escuchamos sus palabras y con las nuestras
respondimos. No obstante, ´sta es nuestra respuesta escrita.
e
Cont´is el n´mero de vuestros aliados, que vendr´n sobre
a
u
a
nosotros, y los nombr´is y dec´ el rey de tales tierras y el de
a
ıs:
54
aquellas otras, el conde tal y el conde cual, los arzobispos, jefes
y caballeros; pero si nosotros quisi´semos enunciar los nombres
e
de los que est´n a nuestro servicio, los que cumplen nuestras
a
´rdenes, prontos a nuestra palabra y prestos a luchar a nueso
tro lado, no podr´ escribirse. Y si cont´is el n´mero de todos
ıan
a
u
los cristianos, el de los sarracenos es mayor, y est´n mejor pera
trechados. Y si entre los llamados cristianos y nosotros hay un
mar, no hay impedimento alguno entre nosotros y el sinn´mero
u
de los que est´n dispuestos a un´
a
ırsenos; pues con nosotros est´n
a
los beduinos, en tal n´mero que ser´ suficientes para oponeru
ıan
los a nuestros enemigos; y los turcomanos, que si se derramasen
sobre nuestros enemigos los destruir´
ıan; y nuestros campesinos,
que si lo orden´semos luchar´ con valor contra las gentes que
a
ıan
viniesen sobre nuestras tierras, y se enriquecer´ con ellos y los
ıan
exterminar´ ¿Y de qu´ modo? Tenemos con nosotros soldados
ıan.
e
belicosos que han vencido a nuestros enemigos y han incrementado nuestras posesiones. Y ellos y todos los reyes paganos no
tardar´n en venir si los hacemos llamar. Y si vosotros os un´
a
ıs,
como dice vuestra carta, y conduc´ una infinita multitud, como
ıs
cuenta vuestro enviado, por la fuerza de Dios os saldremos al
encuentro y no ser´ suficiente para vosotros que un mar se ina
terponga, ya que lo atravesaremos por la voluntad de Dios y
con su fuerza obtendremos todas vuestras tierras. Pues si ven´
ıs
con todas vuestras fuerzas, sabremos que quedan sin protecci´n
o
vuestras tierras, sin nadie que las defienda. As´ cuando Dios nos
ı,
conceda la victoria sobre vosotros, nada ser´ m´s grande que,
a a
seg´n Su voluntad y fortaleza, tomemos vuestras tierras.
u
La alianza de los cristianos por dos veces vino sobre nosotros.
Una, por dos veces, sobre Damietta, y otra sobre Alejandr´ y
ıa,
estaba en manos de cristianos la zona costera del reino de Jerusal´n. En tierra de los damascenos y de los sarracenos hab´
e
ıa
se˜ores en cada castillo, cada cual buscando su propio provecho.
n
55
Sab´is qu´ ocurri´ en ambas ocasiones, y ahora nuestras gentes
e
e
o
est´n colmadas habiendo tomado aquellas regiones, y Dios trajo
a
en nuestro poder regiones extensas y abundantes, Babilonia con
sus riquezas y la tierra de Damasco, y la costa del reino de Jerusal´n, y la tierra de Gesir´ con sus castillos (...) y la India con
e
a
sus riquezas. Por la gracia de Dios todo ello vino a nuestras manos y todos obedecen a nuestro imperio. Pues si mand´semos a
a
los excelent´
ısimos reyes sarracenos, no se apartar´n de nosotros;
a
y si avis´semos al califa de Bagdad, que Dios salve, se levantar´
a
ıa
del trono de su imperio y acudir´ en nuestro auxilio. Capturaıa
mos por la fuerza y potestad de Dios a Jerusal´n y sus tierras, y
e
permanecen en manos cristianas Tiro, Tr´
ıpoli y Antioqu´ que
ıa,
ser´n ocupadas tambi´n.
a
e
Si dese´is la guerra, y si est´ de Dios, que por su voluntad
a
a
tomemos todas las posesiones cristianas, saldremos a vuestro
encuentro, como hemos escrito antes. Pero si busc´is la paz, ena
viaremos procuradores a los tres sitios antes nombrados para
que sellen la paz, os devolveremos la Santa Cruz, liberaremos a
todos los cautivos cristianos, que est´n en todos nuestros domia
nios, y permitiremos que dispong´is un sacerdote al servicio del
a
Sepulcro, os devolveremos las abad´ permitiendo las peregriıas,
naciones mientras vivamos, y tendremos paz con vosotros.
Si la carta que vino a nosotros de manos del nombrado Enrique es la carta de un rey, sea ´sta la respuesta, y que Dios nos
e
permita hacer su voluntad.
Fue escrita esta carta en el a˜o de la venida de nuestro pron
feta Mahoma 584; Dios salve a nuestro profeta Mahoma y a sus
descendientes (...)

56

De expugnatione terrae

  • 1.
    DE EXPUGNATIONE TERRAE SANCTAEPER SALADINUM LIBELLUS Rerum britannicarum medii aevi scriptores 66, ed. J. Stevenson, London 1875 Versio digitalis: Brian Smith, Hong Kong Franciscus Iavier Gil Chica hanc editionem fecit *** Introducci´n o De expugnatione terrae sanctae per Saladinum libellus es el relato de la campa˜a de Saladino contra Tierra Santa en el ven rano de 1187. Nosotros hemos usado el texto electr´nico de la o 1 Bibliotheca Augustana , incorporado por Ulrich Harsch en 2005 y que proviene a su vez de la edici´n inglesa de 1875: Rerum o britannicarum medii aevi scriptores 66, ed. J. Stevenson, London 1875, aunque es de notar que en la misma p´gina la versi´n a o electr´nica se atribuye a Brian Smith, de Hong Kong. o De mayor inter´s que el autor de la versi´n electr´nica es el aue o o tor del manuscrito, que puede fecharse alrededor de 1190. Mientras que unas fuentes lo consignan como an´nimo, por ejemplo, o la misma Bibliotheca Augustana, otras lo atribuyen a Radulphus 1 ˜ http://www.hs-augsburg.de/Harsch/Chronologia/Lspost12/Libellus/lib intr.html 1
  • 2.
    Coggeshalensis. Es curiosoque ´ste sea el caso de la edici´n de e o 1875 que es la fuente de los autores de la versi´n electr´nica. o o Id´ntica atribuci´n se encuentra en la Itinera Hierosolymitana e o Crucesignatorum - Vol III 2. Hasta donde sabemos, ´sta es la primera traducci´n al ese o pa˜ol. Existe traducci´n inglesa debida a James Brundage 3 . n o Fragmentos de esta traducci´n pueden encontrarse en Medieval o 4 5 Sourcebook , pero ignoramos si en el trabajo original de 1962 se encuentra la traducci´n completa. Por otro lado, se encuentra o en marcha un proyecto de traducci´n en la Universidad de Leeds o 6 , inacabado en la fecha en que escribimos estas l´ ıneas, finales de junio de 2008. En la mencionada Itinera Hierosolymitana se encuentran fragmentos traducidos al italiano. De expugnatione... es frecuentemente citado como fuente en investigaciones medievales, particularmente en aquellas relacionadas con la tercera cruzada, y tambi´n en historia militar e e incluso en arquitectura civil. Nuestro prop´sito al acometer esta o traducci´n ha sido el puramente literario. En efecto, De expugo natione... es un relato de particular fuerza y viveza. Est´ escrito a con dolor y fe y pueden encontrarse recursos literarios como el realmente sorprendente flashback del primer p´rrafo, que hoy a calificar´ ıamos de ((cinematogr´fico)), o la preciosa met´fora que a a leemos en el tercer cap´ ıtulo, cuando comienzan esas palabras sobrecogedoras: Stabant sancti quasi agni sine balatu inter rabidissimos lupos... ¿C´mo no destacar tambi´n la angustia en las o e 2 http://www.christusrex.org/www2/cruce3/index.html De Expugnatione Terrae Sanctae per Saladinum, trad. James A. Brundage, en The Crusades: A Documentary Survey, Marquette University Press, 1962. 4 http://www.fordham.edu/halsall/source/1187hattin.html 5 http://www.fordham.edu/halsall/source/1187saladin.html 6 http://www.leeds.ac.uk/history/weblearning/MedievalHistoryTextCentre /De %20Expugnatione.doc 3 2
  • 3.
    calles de Jerusal´n?Al mismo tiempo, encontramos fragmentos e reiterativos, que son poco m´s que enumeraciones de hechos. Pea ro siempre con los destellos de la autenticidad. El autor no narra algo que ha o´ o estudiado, algo sobre lo que tenga especial ıdo inter´s, sino que nos habla de unos lugares y unos meses que e forman dolorosa parte de su vida, y no unicamente en el plano ´ espiritual, pues sabemos que fue herido en la cara por una flecha que no pudieron extraer los cirujanos. Nuestra intenci´n ha sido trasladar al espa˜ol este texto, no o n fragmentariamente, sino conservando una unidad de estilo. Hemos llegado hasta donde nuestras posibilidades lo han permitido, m´xime cuando, al avanzar el trabajo, nos d´bamos cuenta de a a que una traducci´n plenamente satisfactoria estaba quiz´s fueo a ra de nuestro alcance. Por varias razones. En primer lugar, por nuestra limitada maestr´ en la lengua latina. En segundo, por ıa las dificultades intr´ ınsecas al texto, de las que citamos a) la traslaci´n de los top´nimos (muchos han cambiado de nombre, otros o o no existen), b) el uso de t´rminos que no hemos podido encone trar en los diccionarios consultados, c) la traslaci´n de nombres o propios de persona e incluso la aparici´n de personajes que no o hemos podido identificar. En tercero, porque en algunas ocasiones no hemos podido encontrar un sentido satisfactorio al texto latino, enfrent´ndonos con el dilema de si dar una traducci´n a o deficiente u omitir algunas palabras o l´ ıneas pero respetando la continuidad del relato. En unas ocasiones hemos optado por una traducci´n que no nos satisface completamente, y en otros o por la simple omisi´n. Hubi´semos en algunas ocasiones podio e do remediar estos defectos acudiendo a una interpretaci´n m´s o a literal; pero en ese caso hubi´semos introducido otro defecto, a e saber, la p´rdida de la unidad de estilo al sacrificar el nuestro e propio, el que imprimimos a la traducci´n, por el estilo del autor, o no siempre claro. En total, pueden faltar una docena de l´ ıneas 3
  • 4.
    por traducir. Nosiempre habremos de cargar con la completa responsabilidad de estas imperfecciones. El estilo original oscila entre p´rrafos altamente po´ticos y otros mon´tonamente naa e o rrativos, pasando por frases ambiguas, siempre impregnadas del estilo personal del autor 7 . En cualquier caso, el relato siempre est´ vivo y se siente la a marca de la autenticidad. Es m´s que nada esa marca la que a hemos perseguido. No dejaremos de advertir que el lector puede tambi´n encontrar algunas dificultades, a´n en el texto traducie u do. En efecto, ser´ preciso un contexto general sobre las cruzadas a y sobre el desarrollo de los reinos cristianos. Nosotros no podemos suministrar ese contexto, pero el lector interesado puede encontrar textos tan adecuados como el de Madden 8 . Para terminar, es muy dif´ reflexionar sobre este texto y ıcil no poner en comparaci´n su momento hist´rico con el momento o o actual. El islam llama a las puertas de Europa hoy como lo ha hecho durante siglos. Pero tiene ahora una quinta columna dispuesta a abrirlas, encaramada al poder y que ha dado con un conjuro eficaz para ocultar al mismo tiempo la traici´n y o la cobard´ Lo llaman ((tolerancia)). Y son los mismos que la ıa. esgrimen quienes acosan sin cesar a los cristianos y conducen contra ellos una campa˜a de descr´dito y mentira basada sobre n e todo en la ignorancia y el odio. Europa ser´ cristiana o no ser´. a a As´ de claro. Los intentos de la ´lite burocr´tica por recrear ı e a lo que en otro tiempo fue la cristiandad est´n condenados al a fracaso, porque sus bases son falsas. E igual de rid´ ıcula que es la pretensi´n de construir Europa a capricho de una burocracia o 7 y ´ste es el punto de vista de un traductor cuya maestr´ en la lengua latina medieval e ıa no es sobresaliente 8 The new concise history of the crusades, Thomas F. Madden, Rowman & Littlefield Publishers, Inc.; Updated edition (May 25, 2005) 4
  • 5.
    engrosada y amenudo corrupta que propone una nueva religi´n, o la adoraci´n del Estado, resulta igualmente rid´ o ıculo pensar que 1200 a˜os de expansionismo isl´mico se van a detener ahora n a porque nos apliquemos a la rendici´n preventiva. o ”Desde hace mucho tiempo el esp´ ıritu humano viene notando que se precisa un cambio. Pero la naturaleza humana est´ hecha de tal manera que para llevar a cabo a las cosas necesarias no le basta con la inteligencia, lo que le proporciona ense˜anzas es ante todo el dolor”. n (J¨nger (1996). La paz, p.31) u En Alicante, a 23 de Junio de 2008, d´ de San Juan. ıa 5
  • 6.
    1. Del nombramiento comoreina de la condesa de Jaffa y la disensi´n entre los pr´ceres o o ¿Qui´n podr´ sin l´grimas ni dolor informar a su excelencia e ıa a de las calamidades y tribulaciones con que fue oprimida y rota la Iglesia de Oriente por los paganos? Despu´s que siguiera el e camino de toda carne mortal el ni˜o rey Balduino V, s´ptimo n e de los latinos, convinieron en Jerusal´n al mismo tiempo los e notables, aunque por separado, para elegir al octavo. El pr´ ıncipe de los sacerdotes y el maestro de la milicia del Templo con sus tropas, y el se˜or de la fortaleza de Montreal, n Reinaldo de Chatillon, aliado de los condes de Jaffa, cerraron las puertas de la ciudad, sin permitir a nadie ni entrar ni salir, y en ausencia de los barones y pr´ ıncipes del reino nombraron reina a la condesa de Jaffa, de nombre Sibila, hija de Amalarico, e hicieron rey a su esposo Guido de Lusignan, conde de Jaffa. Clamaban unos ((¡Es la voluntad de Dios!)) y en contra dec´ ıan otros que eso ser´ la perdici´n del sepulcro del Se˜or, y de ıa o n Jerusal´n y todo lo que conten´ Tan grande fue la disensi´n e ıa. o levantada que dif´ ıcilmente pod´ hallarse dos que estuviesen ıan de acuerdo en algo. Unos pocos se adhirieron al rey, otros, la mayor´ al conde de Tr´ ıa, ıpoli y sus aliados y estaban preparados para ir a la lucha los unos contra los otros. Finalmente, aplacada pero no extinta la disensi´n, qued´ la malicia en los corazones o o de todos, y se hizo un breve silencio. Y as´ al llegar la tempestad, debilitado el casco, el arca del ı Se˜or fue deshecha e irrumpiendo las aguas de la contradicci´n n o aquellos que tan mal velaron por la heredad del Crucificado finalmente la perdieron, junto con sus posesiones y sus propias vidas. 6
  • 7.
    2. La invasi´n deGalilea o Mucho se alegraron Saladino y su corte de que sucediesen as´ las cosas entre los cristianos, sabiendo que no hay reino diı vidido que no sea asolado. Congreg´ entonces un copioso ej´rcio e to y envi´ mensajeros por sus dominios pidiendo que acudiese o todo aquel deseoso de oro, plata, posesiones, casas, esclavos y esclavas. Acudieron turcos, ´rabes, alanos, cumanos, idumeos, a turcomanos, beduinos, sarracenos, egipcios y de otros pueblos y acamparon en el lugar llamado ((Rasseleme)), que quiere decir ((El nacimiento de las aguas)). Considerando Saladino la debilidad de los cristianos, envi´ sieo te mil de entre sus mejores soldados para depredar la tierra de Galilea, pensando que si estos pocos pod´ expoliar aquella tieıan rra y volver sin da˜o, excitar´ el ´nimo de otros a la lucha, n ıan a y ellos mismos har´ ıanse m´s fieros. Y as´ fue como los minisa ı tros de la iniquidad, sedientos de la sangre de los santos, como perros rabiosos que corren sobre un cad´ver, se movieron con raa pidez hasta un lugar llamado Cavan y permanecieron all´ hasta ı la ca´ de la tarde. Al ponerse el sol cruzaron el r´ y como hiıda ıo jos de la noche y las tinieblas, muy entrada aqu´lla, penetraron e silenciosamente en Galilea hasta Cafr´n, asesinando a muchos a pobres cristianos, tomando prisioneros a muchos hombres y mujeres y llevando consigo gran cantidad de bestias. Imitaban en esto a su padre, el diablo, cuando arrebata del lecho a los que descansan y, durmientes en sus pecados, los deg¨ella y lleva conu sigo al infierno. Y como para ellos no luce ni la aurora de la verdad ni el sol de la justicia, enviando por delante a los cautivos, tendieron emboscadas a otros cuatro mil en el valle de Sephoris cuando ya clareaba, y a otros en las llanuras de Can´. Cuando se hizo la a 7
  • 8.
    ma˜ana, los vig´de la ciudad de Nazaret levantaron los ojos n ıas y vieron a los enemigos de la Cruz de Cristo movi´ndose de un e lado a otro por los valles, y llenos de miedo corrieron gritando: ((¡Est´n aqu´ est´n aqu´ Pregonaron entonces por la ciudad: a ı, a ı!)) ((¡Hombres de Nazaret, tomad las armas y preparaos para la lucha!)) 3. El maestro de la milicia del Templo, y el maestro de los Hospitalarios Sucedi´ que aquella noche llegaron all´ el maestro de la milicia o ı del Templo y el maestro de los Hospitalarios, enviados por el rey y el patriarca junto con dos obispos con objeto de restaurar la concordia de forma honorable para el conde de Tr´ ıpoli, perjudicado por la coronaci´n de Sibila y Guido como reyes, que en o aquel tiempo viv´ cerca de Tiber´ ıa ıades. Asombrados por el tumulto ciudadano preguntaron qu´ fuee se aquello y les dijeron que los sarracenos hab´ ocupado el ıan camino que ellos habr´ de seguir. Entonces, el maestro de la ıan milicia del Templo habl´ as´ a sus compa˜eros: ((Hermanos dio ı n lect´ ısimos y compa˜eros m´ siempre hab´is resistido a estos n ıos, e jactanciosos y caducos, siempre hab´is rechazado su yugo, sieme pre les hab´is vencido. Preparaos pues y manteneos firmes en e esta batalla y acordaos de vuestros padres los Macabeos con los que hace tiempo que os compar´is, ya luchando por la Iglesia, ya a por la Ley, ya por la heredad del Crucificado. Sabed que vuestros padres, all´ donde combatieron, vencieron, menos por su multiı tud y el aparato de sus armas cuanto por la fe y la observaci´n o del mandato de Dios, porque cuando la victoria viene del cielo no es dif´ alcanzarla, ya con pocos, ya con muchos soldados.)) ıcil Respondieron todos a una: ((Ciertamente estamos preparados 8
  • 9.
    para aceptar lamuerte en Cristo, porque su muerte preciosa nos redimi´. Esto sabemos, y as´ vivamos o muramos, en el nombre o ı, de Jes´s siempre seremos victoriosos.)) u Habl´ entonces el maestro de los Hospitalarios, hombre bueno o y piadoso, a sus hermanos y al pueblo all´ presente: ((Querid´ ı ısimos hermanos y amigos siempre, no os aterroricen estos perros rugientes que hoy se multiplican, porque ma˜ana ser´n arrojan a dos al lago de azufre y fuego. Vosotros sois el linaje elegido, la gente santa. Vosotros sois eternos, porque reinar´is con quien es e Eterno. No tem´is pues, no sint´is pavor, recordad a Abraham, a a que con trescientos de los suyos persigui´ y golpe´ a cuatro o o reyes y recuper´ de ellos el bot´ que hab´ hecho y a cuyo eno ın ıan cuentro sali´ Melquisedec ofreci´ndole pan y vino y d´ndole su o e a bendici´n. As´ saldr´ a vuestro encuentro el rey de la Justicia, o ı a el sacerdote verdadero Jesucristo, y os ofrecer´ el pan que os a ´ saciar´ por siempre y el vino de la redenci´n perpetua. El desde a o el cielo os dar´ su bendici´n para que os libr´is de los gozos de a o e la carne.)) 4. Del combate entre cristianos y sarracenos Tomaron todos las armas, animosos, y formando los escasos efectivos salieron, alegres, contra el enemigo. Al adentrarse en la llanura los b´rbaros, fingiendo huir atemorizados, arrastraron a tras de s´ a nuestra caballer´ que de este modo qued´ separada ı ıa, o de los infantes. Podr´ los sarracenos entonces lanzar sus flechas ıan contra los caballeros, sin miedo a su vez de las flechas de la infanter´ y atacar a ´sta sin miedo a las lanzas y espadas de la ıa, e caballer´ Cuando hubo bastante distancia entre unos y otros, ıa. una parte del enemigo, emboscada, sali´ de sus escondrijos y se o interpuso, dividi´ndolos de suerte que no pudiesen ninguno de e ellos esperar ayuda del otro. 9
  • 10.
    Fue entonces cuandose trab´ el combate, duro y desigual, o porque de los nuestros no eran m´s de ciento treinta a cabaa llo, y unos trescientos o cuatrocientos infantes y estaban ambos cuerpos miserablemente separados. Pero los nuestros no se arredraron ni por el n´mero de los paganos ni por la lluvia de flechas, u antes bien, atacaron a su vez hiriendo con las lanzas y golpeando con las espadas refulgentes. Ca´ unos golpeados, lament´banse los heridos, derramaban ıan a la sangre los moribundos y bajaban los muertos al infierno, estupefactos, encogidos el ´nimo y los labios, de que tan pocos a caballeros pudiesen sostener combate con semejante turba. Diezmada la infanter´ sarracena, form´ cu˜a su caballer´ y ıa o n ıa gritando y aullando arremetieron contra los nuestros, rode´ndoa los y atac´ndolos todos al mismo tiempo, de suerte que los soldaa dos de Cristo fueron reducidos, amontonados, sin que pudiesen los caballos revolverse buscando salida ni abrir brecha a golpe de lanza. ¡Qu´ cruel espect´culo los lamentos de los cristianos! e a Quedaron los santos como corderos enmudecidos en medio de rabios´ ısimos lobos, preparados ya para ir con Dios, bajo el sol ardiente, a la espera del fuego divino que consumiese a las v´ ıctimas. Era en verdad primavera, acerc´ndose ya el verano, a y de la vi˜a de la Iglesia, las flores ofrecieron su aroma y el n cierto esposo, del huerto cerrado tom´, de entre la blancura de o los lirios, rosas suav´ ısimas y rojas. Los enemigos de los santos, odiosos a Dios, los her´ desde ıan todas las direcciones, asaeteaban a unos, hiriendo en las heridas, mataban a otros a golpe de espada y quebrantaban a otros con las f´rreas mazas. Viendo que eran llevados sin remedio a la e 10
  • 11.
    muerte, que noquedaba esperanza alguna, pudo a´n huir el u maestro de la milicia del Templo, herido. 5. De la muerte del maestro de los Hospitalarios Entretanto, el maestro de la santa casa de los Hospitalarios, var´n piadoso de coraz´n siempre dispuesto a la caridad, para o o no perder la corona que se le ofrec´ ni para que otros viesen disıa minuir el premio de la retribuci´n eterna, los animaba intr´pido. o e Y como la caridad perfecta aleja de s´ el temor, como victorioso ı atleta no temi´ rodeado de miles, viendo ya con su mente y su o esp´ ıritu en el cielo el premio a sus trabajos. Perforado por multitud de agud´ ısimas flechas, cubierto de su propia sangre, una lanzada le atraves´ el pecho y cuando fue o su cabeza cortada, Dios lo glorific´ como m´rtir victorioso. ¡Oh o a dolor! Mataron al padre de los hu´rfanos, sost´n y alivio de los e e enfermos, dador generoso de limosnas, vencedor de la carne y los vicios, intendente del mensajero del Se˜or, amigo de Dios y de n los santos. Llorad, oh pobres, oh miembros de Cristo: ¿qu´ har´is e e sin vuestro gu´ Hijas de Galilea y Nazaret, de la peregrinaci´n ıa? o y la pureza, asumid el llanto porque en Can´ de Galilea nos a dej´ el amador de la castidad. o ¡Ay de t´ T´ ı ıberis! ¡Ay de t´ Bethsaida que entre los montes de ı tu soberbia fue muerto el humilde rector de los humildes! Llorad, que sois vosotros mismos la causa del llanto. ¡Ay! ¿Qui´n e podr´ decir, qui´n podr´ pensar cu´nta tristeza y ansiedad se a e a a apoder´ del coraz´n de los santos viendo unos aqu´ en pie ensano o ı, grentados, all´ otros oprimidos por los cuerpos de sus hermanos ı moribundos, otros, sedientos en aquella aridez, ahogados en su 11
  • 12.
    propia sangre, otrosen fin que al arrancar de sus cuerpos las flechas arrancaban con ellas sus vidas? 6. De la admirable lucha de dos soldados Muertos cruelmente ya casi todos, entre unos cuantos, dos resist´ m´s firmes, apremiando a los otros, luchando virilmente. ıan a Uno de ellos se llamaba Jakelin de Mayli, oficial de la milicia del Templo, probado en el ejercicio de las armas; el otro se llamaba Henricus, hermano Hospitalario, soldado y combatiente esforzado. El primero de los dos, nobil´ ısimo luchador, como una leona furiosa a quien han arrebatado sus cachorros, desgarrando e hiriendo con las u˜as y despedazando con los dientes todo aquello n que se le arrojase, as´ nuestro abanderado con furioso esp´ ı ıritu arremet´ contra el enemigo arrojando a todos los que alcanzaba ıa al precipicio del da˜o y la ruina de la muerte. El otro, como fiero n jabal´ rodeado de perros que a dentelladas destroza todo lo que ı encuentra, as´ cortando e hiriendo envi´ al infierno a muchos de ı o aquellos homicidas imp´ ıos. Sorprendidos los enemigos, convencidos de que no podr´ ıan acercarse sin peligro de muerte, tomaron distancia los hijos de Sodoma y Babilonia y arrojaron desde todas partes flechas, venablos y lanzas sobre los m´rtires de Cristo, empuj´ndolos a la a a muerte. Ellos aceptaron alegres los impactos, para tomar merecidamente la corona de la vida. Y as´ los dos ilustres combatientes, ı amigos de Dios, fatigados por el peso de la lucha y oprimidos por multitud de proyectiles, glorificando a Cristo en su martirio alcanzaron por fin el descanso. Cuando todo acab´, los herederos de Cana´n, a modo de peo a rros que ladran, cubriendo el campo con sucias voces clamaban: 12
  • 13.
    ((Han sido vencidos.Los que venc´ fueron vencidos.)) Y a´n ıan u as´ no se atrev´ a acercarse a los heridos, s´lo a los que yac´ ı ıan o ıan muertos. Los descuartizaban y dispersaban los restos. Muertos o cautivos los cristianos, los hijos de Ed´n se retiraron a un luo gar llamado Til, en la desembocadura del Jord´n, en la costa a del mar de Galilea a medio camino entre Tiber´ ıades e Iaphep, cerca del lugar donde el Se˜or Jesucristo saci´ a quince mil pern o sonas con cinco panes y dos peces. Pasaron all´ la noche y con ı las manos a´n manchadas de sangre dividieron el expolio de los u santos. Era el d´ primero de Mayo y los hombres de Nazaret, que ıa acostumbraban a coger rosas y flores del campo en esa fecha, recog´ los cuerpos de los cristianos, que sepultaron en el cemenıan terio de Mar´ en Nazaret, gimiendo con gran duelo y diciendo: ıa, ((¡Ay! ¿Qu´ ser´ de nosotros? Hijas de Nazaret y Galilea, mule a tiplicad los golpes de dolor, aumentad el llanto, porque vuestro dolor es inconsolable. ¡Oh Si´n! espejo del sumo Rey, anuncia lo o que viste en Jerusal´n y Judea, y que se extienda all´ tambi´n el e ı e duelo, porque sobre ellos se ciernen la ruina y la devastaci´n.)) o Despu´s que hubo acabado el sepelio, Raimundo, conde de e Tr´ ıpoli, mortalmente entristecido dec´ ((No vaya a creer alıa: guien que esto ocurri´ por mi culpa, o que yo mismo tom´ parte o e en ello. Ir´ y me someter´ al rey y a la reina y a los se˜ores e e n de Jerusal´n y har´ aquello que se me ordene.)) Y as´ los que e e ı hab´ quedado, los obispos de Tiro y de Nazaret y el maestro ıan de la milicia del Templo enviaron mensajeros al rey de Jerusal´n e diciendo: ((Ha causado gran dolor al conde la muerte del maestro de los Hospitalarios y de los que le acompa˜aban; por ese motin vo viene con nosotros a Jerusal´n, para aplacar con su sumisi´n e o todo motivo de querella; responde t´ a ese acto honroso saliendo u a nuestro encuentro.)) Al oir esto, el rey Guido de Lusignan se 13
  • 14.
    puso en marchaacompa˜ado de multitud de soldados y turcon 9 polos . Se encontraron en las llanuras de Dotaym, cerca de la cisterna de Jos´. Descabalgaron los dos y all´ en presencia de los e ı, obispos y de los soldados del Templo, de los Hospitalarios, de los barones y del pueblo que estaba presente, con alegr´ se abraıa zaron y se besaron. Se dirigieron a Jerusal´n, cabalgando uno e al lado del otro y all´ mostr´ homenaje Raimundo a los reyes y ı o se perdonaron mutuamente las ofensas. Resueltos estos asuntos, despu´s de visitar la Cruz, Raimundo volvi´ a Tiber´ e o ıades. El rey permaneci´ en Jerusal´n, para congregar al ej´rcito. o e e 7. De la reuni´n de los ej´rcitos o e En el a˜o de 1187 desde la encarnaci´n del Se˜or, el rey de n o n Siria congreg´ a un ej´rcito numeroso como las arenas de las o e playas para someter a la tierra de Jud´; se desplaz´ hasta Iaulan, a o al otro lado del r´ y fij´ all´ el campamento. ıo, o ı El rey de la tierra de Jerusal´n congreg´ su ej´rcito llamane o e do a los hombres de Judea y Samar´ y lo condujo hasta los ıa, alrededores de la fuente de Sephoris. Los Templarios y los Hospitalarios congregaron a todas las gentes de sus castillos y se unieron al ej´rcito, al igual que el conde de Tr´ e ıpoli con los suyos reunidos de la misma Tr´ ıpoli y de Galilea. As´ tambi´n Reinaldo ı e de Montreal con los suyos: Balisanus de N´poles con su gente; a Reginaldo de Sid´n con la suya; el se˜or de Ces´rea de Palestio n a na con la suya. No qued´ un hombre en las ciudades, ni en las o villas ni en los castillos que pudiese acudir a la guerra y no fuese urgido por orden del rey a unirse al ej´rcito. Y como esto no era e suficiente, se abri´ el erario del rey ingl´s y se pag´ a todo aqu´l o e o e que pudiese portar un arma. 9 cuerpo de caballer´ ligera formado por cristianos nativos de Tierra Santa ıa 14
  • 15.
    Se reunieron deesta forma mil doscientos caballeros, innumerables turcopolos, m´s de dieciocho mil de infanter´ Se gloa ıa. riaban de la multitud de hombres, de caballos relinchantes, de lorigas, cascos, lanzas y escudos dorados. No creyeron en Dios ´ ni esperaron de El salvaci´n, que es el protector de Israel, sino o que con la mente en sus propios asuntos se envanecieron. 8. La reliquia de la cruz, llevada con el ej´rcie to Enviaron mensajeros al patriarca de Jerusal´n pidi´ndole que e e ´l mismo tomase la reliquia de la Santa Cruz y la llevase al came pamento; pero los ojos de su coraz´n hac´ tiempo que perdieron o ıa la luz, como ocurriese con Ely Silonites, Ofhni y Finees, y en su lugar envi´ a sus hijos, obispos de las iglesias de Lidia y Acre, o como portadores de la Cruz del Se˜or, en la esperanza de que, n siendo todos capturados o muertos, se le ofreciese a ´l la opore tunidad de huir. La voluntad de Dios sin embargo lo derrib´ de o la silla que de forma tan indigna ocupaba. Entretanto los sirios traspasaron el Jord´n, devastando toa da la regi´n alrededor del torrente de Cyson, en Tiber´ o ıades, y movi´ndose hacia Betania, los montes Gelbos e Iesrae hasta Nae zaret, y rodeando los montes Tabor. Al encontrar todas estas tierras desiertas, ya que atemorizados todos hab´ huido, inıan cendiaron los campos y todo lo que estuvo a su alcance. Ante sus ojos toda aquella regi´n ard´ como un globo de fuego. No o ıa saciados, ascendieron al monte sagrado y destruyeron el lugar sant´ ısimo al que se retir´ Jes´s con sus disc´ o u ıpulos Pedro, Santiago y Juan 10 y en presencia tambi´n de Mois´s y El´ transe e ıas, figurado, les mostr´ la futura gloria de su resurrecci´n. All´ el o o ı 10 Mateo, XVII 15
  • 16.
    pr´ ıncipe de losap´stoles, viendo la gloria de la claridad etero na entre alabanzas pronunci´ aquellas palabras que comienzan o diciendo: ((Se˜or, es bueno que estemos aqu´ n ı...)) ignorante del futuro que ahora se manifestaba. 9. La ca´ de Tiber´ ıda ıades Mientras se produc´ esta devastaci´n, Saladino traspas´ el ıa o o Jord´n con el resto de su ej´rcito, y se dirigi´ hacia Tiber´ a e o ıades, para capturarla. El segundo d´ del mes de Julio, la ciudad fue ıa cercada por arqueros sarracenos, y comenz´ el combate. Como o las defensas eran escasas, la condesa de Tr´ ıpoli y los notables de Galilea enviaron mensajeros al rey y al conde, que se hallaba en Jerusal´n con el ej´rcito, diciendo. ((Los sarracenos cercaron la e e ciudad, que casi ha ca´ ıdo. Han perforado los muros y es inminente su entrada. Socorrednos, o ma˜ana seremos cautivos.)) n Lucharon los sirios y vencieron. Conociendo los galileos que no podr´ resistir el ataque, abandonaron las murallas y huyeron a ıan refugiarse a la ciudadela, los paganos ya corriendo por las calles. As´ fue capturada y destruida la ciudad. Al oir Saladino que el ı ej´rcito cristiano se aprestaba a socorrerla, no quiso asediar la e ciudadela, diciendo: ((Dej´dlos, son mis cautivos.)) a Esta es la ciudad tan nombrada en los Evangelios, gloriosa por haberla recorrido muchas veces el Se˜or, y por los milagros que n all´ hizo. All´ tambi´n se mostr´ el verdadero hombre, mientras ı ı e o dorm´ en la barca de Pedro, y el verdadero Dios, ordenando ıa aplacarse al viento y las olas. All´ el verdadero Dios, en la hora ı cuarta de la vigilia nocturna, de forma milagrosa camin´ soo bre las aguas. All´ Pedro, titubeante en la fe, extendi´ su mano ı o cuando lo sumerg´ las olas, prefigurando las tribulaciones de ıan 16
  • 17.
    la Iglesia enel oleaje de los siglos, rescatada por la gloria de la resurrecci´n y los milagros. En Tiber´ o ıades el cuerpo y la carne verdaderos se mostraron tras la resurrecci´n ante los disc´ o ıpulos y comparti´ con ellos el pan y los peces asados. All´ le preo ı gunt´ por tres veces a Pedro si lo amaba y respondi´ Pedro: o o ((Se˜or, t´ sabes que te amo.)) y el Se˜or le encomend´ el cuidan u n o do de las ovejas y los corderos y terminando aquella comida le dijo: ((S´ ıgueme.)) 10. El parecer de los pr´ceres y el del conde o de Tr´ ıpoli El mismo d´ dos de Julio, al anochecer, escuchados los menıa sajeros, el rey convoc´ a los jefes del ej´rcito y les pidi´ consejo. o e o Todos estuvieron de acuerdo en armarse, formar las escuadras y bajo la protecci´n de la Cruz avanzar hacia Tiber´ o ıades a la ma˜ana siguiente y entablar combate con los enemigos. Al oir n esto, habl´ as´ el conde de Tr´ o ı ıpoli: ((Tiber´ ıades es mi ciudad, y all´ se encuentra mi esposa. Ninguno de vosotros tiene tanto que ı perder como yo, ninguno tanto inter´s en socorrer y ayudar a e la ciudad. Sin embargo, al´jese el rey y alej´monos nosotros de e e la idea de distanciarnos del agua y las provisiones y de todo lo que es necesario y conducir a tan gran multitud de hombres y bestias por el desierto, donde morir´ ıamos de hambre y de sed en estaci´n tan c´lida. Porque somos muchos y con tanto calor, o a sin agua en abundancia, como sab´is, en el centro del d´ es e ıa imposible subsistir, ni le es posible a nuestro enemigo sin grandes p´rdidas de hombres y animales dirigirse contra nosotros. e Qued´monos entonces cerca del agua y las provisiones, porque e es cierto que habiendo capturado la ciudad los sarracenos se ensoberbecer´n tanto que no se desviar´n a diestra ni a siniestra, a a sino que enderezar´n a trav´s del desierto contra nosotros para a e 17
  • 18.
    hacernos la guerra.Cuando eso ocurra nosotros, descansados y saciados de agua y pan, saldremos contra ellos de nuestro campamento. Frescos nosotros y nuestros caballos, con la ayuda y la protecci´n de la Cruz venceremos a esa gente incr´dula, fatigada o e por la sed y carente de refugio. Sabed que antes de que los enemigos de la Cruz hayan llegado al mar o puedan volver al otro lado del Jord´n ser´n muertos por nuestras espadas y lanzas, o a a por la sed, o caer´n cautivos, con la ayuda de Dios. Pero si algo a saliese mal y tuvi´semos que huir, podremos a´n refugiarnos en e u las fortificaciones cercanas, no lo quiera Dios.)) Iban a ser entregados en manos de lobos, y contra el conde hablaron otros diciendo: ((Todav´ se esconde bajo su piel un lobo.)) ıa Se cumpli´ as´ lo que est´ escrito: ((¡Ay de la tierra gobernada o ı a por rey joven y cuyo pueblo come de ma˜ana!)) Sigui´ el rey el n o consejo de los m´s j´venes, excitados por sentimientos innobles, a o y rechaz´ el que pod´ salvarlos. Fatuos e insensatos perdieron o ıa su tierra, a su pueblo y a ellos mismos. 11. La marcha del ej´rcito e El d´ tercero del mes de Julio, dejando atr´s aquello que ıa a les era preciso, comenzaron a avanzar, divididos en escuadrones. De acuerdo a su dignidad, el conde de Tr´ ıpoli abr´ la marcha, ıa flanqueado a izquierda y derecha. Detr´s, las escuadras del rey a y de la santa Cruz. Guardando la retaguardia, los Templarios. Pasaron Sephoris camino de Tiber´ ıades y llegaron a un caser´ ıo situado en el tercer miliario desde la ciudad. Comenzaron all´ a ser acosados por el enemigo y la sed, y no ı pudieron avanzar m´s. Y como para llegar al mar de Galilea, a un miliario m´s all´, ten´ que atravesar un camino estrecho y a a ıan 18
  • 19.
    rocoso, envi´ elconde de Tr´ o ıpoli un mensaje al rey urgi´ndolo e a avanzar: ((Apres´rate y salgamos de este lugar para que pou damos alcanzar la salvaci´n del agua. Si no, moriremos en esta o sequedad.)) ((Enseguida pasaremos)), respondi´ el rey. o Entretanto, los sarracenos atacaron la retaguardia hasta el punto de que los Templarios apenas pod´ contenerlos. Y suıan cedi´ entonces que el rey orden´ de improviso acampar, enorme o o error que los llev´ a la muerte. Al mirar el conde hacia atr´s y o a ver que el rey hab´ fijado su tienda exclam´: ((¡Dios m´ Dios ıa o ıo, m´ se ha acabado la guerra, estamos muertos y el reino desıo! truido.)) Acamp´ pues todo el ej´rcito con gran dolor y angustia o e y sed en medio de aquel campo ´rido. Durante aquella noche a corri´ m´s sangre que agua. Noche solitaria, noche indigna de o a cualquier alabanza en que la sed consumi´ las fuerzas de los criso tianos, noche que no se cuente entre las noches del a˜o, que no n entre en el n´mero de las noches de los meses, noche en que se u oscureci´ la luz de la cristiandad. ¡Qu´ amargo lugar, en que no o e pod´ evitarse a la muerte! Este es el lugar del error y la sed, ıa donde el deseo de agua inclin´ a los jefes de Israel. o Los hijos de Esa´ rodearon al pueblo de Dios, incendiaron u el desierto alrededor y durante toda la noche fueron acosados los cristianos por el calor, la sed y el humo. ¡Qu´ descanso tan e miserable despu´s de tan largo camino! No se acord´ de ellos la e o mano de Dios que liber´ a Israel del poder de sus opresores. Y sin o embargo, ten´ cerca la salvaci´n, entre los ´lamos. All´ pod´ ıan o a ı ıan haber encontrado refugio contra las flechas, serpientes de metal que hubiesen quedado suspendidas en las ramas, liber´ndolos de a sus mordeduras. Quiz´s no se dieron cuenta o no lo consideraron, a cautiva la fe en la oscura noche de la infidelidad y con la mente enturbiada por la ceguera de la disensi´n. o 19
  • 20.
    Los que nofueron heridos andaban dispersos. Clamaban pero nadie acud´ en su ayuda. Mintieron a Dios y se apartaron ıa de Sus caminos y no fueron escuchados porque las s´plicas no u son hermosas en boca de pecadores. Dios los aliment´ aquella o noche con pan de l´grimas y bebieron sin medida el vino de la a compunci´n: los cubri´ un manto de pena y angustia y fueron o o castigados. 12. Masacre de la infanter´ ıa Ilumin´ el d´ la sombra de la muerte y lo ocult´, e hizo visio ıa o ble la cobard´ en aquel lugar de aflicci´n. D´ de tribulaci´n y ıa o ıa o miseria, d´ de cautividad y angustia, d´ de duelo y perdici´n. ıa ıa o Al hacerse la ma˜ana, Saladino abandon´ el sitio de Tiber´ n o ıades, y se dirigi´ con el grueso de su ej´rcito a la llanura, para combatir o e a los cristianos. Dispuso sus fuerzas para la batalla. Los nuestros se pusieron en marcha apresuradamente para dejar atr´s a aquel lugar y alcanzar el agua, pensando que aliviada la sed podr´ combatir con m´s brio. Se adelant´ el conde de Tr´ ıan a o ıpoli para capturar el lugar que ya estaba siendo ocupado por los sarracenos. Formados por sus escuadras, enviaron delante a los arqueros, para que protegiesen al ej´rcito. La cobertura de flee chas proteger´ a la caballer´ y ´sta a su vez podr´ ayudar a ıa ıa, e ıa los arqueros impidiendo con sus lanzas que el enemigo se acercase. Pero he aqu´ que, estando los sarracenos ya cerca, formaron ı los infantes una sola escuadra y huyeron a la cima de un monte cercano, abandonando al ej´rcito pero al mismo tiempo ganane do su propia perdici´n. Enviaron el rey y los obispos mensajeros o rog´ndoles que volviesen a sus puestos para as´ poder defender a ı la reliquia de la Cruz, la heredad del Crucificado, al ej´rcito del e Se˜or y a ellos mismos. Se negaron: ((No volvemos, estamos agon 20
  • 21.
    tados por lased y no podemos luchar)) Insistieron los mensajeros y nuevamente se negaron. Entretanto, los Templarios, los Hospitalarios y los turcopolos ya luchaban con crudeza, pero no pudieron prevalecer sobre el n´mero creciente de los enemigos, que los her´ y los cubr´ u ıan ıan de flechas. Resistieron un poco m´s mientras ped´ auxilio al a ıan rey, ya que no pod´ sostener el peso de combate tan desigual. ıan Pero en el ala del rey, abandonados de los arqueros y expuestos sin defensa a las flechas de los sarracenos decidieron de nuevo fijar la tienda y proteger a toda costa la reliquia de la Cruz. Dispersas las formaciones, descendieron alrededor de la Santa Cruz, confundidos unos con otros y mezclados entre s´ moı, vi´ndose de un lado a otro. Entretanto, los que iban en vanguare dia con el conde de Tr´ ıpoli, viendo al rey, a los Templarios y a los Hospitalarios confundidos unos con otros y a su vez con los enemigos y que entre ellos y el rey se interpon´ una multitud de ıa b´rbaros y que no parec´ posible ir ellos hasta la Cruz, exclaa ıa maron: ((La batalla est´ perdida, quien pueda escapar, escape, a ya que no hay salida.)) Una multitud de miles y miles de sirios se precipitaron sobre los cristianos, cubri´ndolos de flechas y mat´ndolos. e a 13. La muerte del obispo de Acre Entretando, el obispo de Acre, que llevaba consigo la reliquia de la Cruz, herido de muerte, la confi´ al obispo de Lidia. o Irrumpieron una multitud de paganos sobre los arqueros, precipit´ndolos desde la cima del monte adonde hab´ huido, maa ıan tando a unos y tomando cautivos a otros. Fueron ciertamente 21
  • 22.
    dignos de talfin los que abandonaron la Cruz y a tal extremo se ensoberbecieron. Finalmente el conde y los suyos, Balisanus de N´poles y Reinaldo de Sid´n y otros que a´n se manten´ soa o u ıan bre sus monturas viendo esto huyeron y fiados s´lo en la fuerza o de sus caballos atravesaron el paso angosto y rocoso antedicho, atropellando y pisoteando tanto a cristianos como a paganos. De este modo salvaron sus vidas. 14. La captura de la Santa Cruz, del rey Guido y de otros El combate entonces se desplaz´ en torno a la Santa Cruz, los o sarracenos rodeando al rey, devastando a la Iglesia 11 . Vencieron los sarracenos y dispusieron a su antojo de los vencidos. ¡Ay de m´ ¿Qu´ dir´? Mejor llorar y dolerse que a˜adir nada m´s. ı! e e n a ¡Ay! ¿Dir´n acaso mis indignos labios la forma en que el prea cioso madero de nuestra redenci´n fue alcanzado por las manos o da˜osas de los condenados? Ay de m´ m´ n ı, ısero, que en los d´ de ıas mi vida hube de ver tal cosa. ¡Ay de la gente pecadora e inicua por la que sufri´ blasfemia la fe de todos los cristianos y por o la que Cristo fue otra vez flagelado y crucificado! ¡Oh dulce y suave madero enrojecido y lavado con la sangre del hijo de Dios! ¡Oh Cruz nutricia de la que pende nuestra salvaci´n, por la que o el contrato con la muerte fue destruido y la vida que perdieron los primeros hombres fue recuperada! ¿Para qu´ vivir a´n, arree u batado el madero de la vida? Y ha sido en verdad arrebatado porque se desvaneci´ la fe en el Hijo de la cruz y sin fe es impoo sible complacer a Dios. ¡Ay de nosotros miserables, que hicimos visibles nuestros pecados despoj´ndonos de nuestra armadura! a No es sorprendente que por la fuerza de enemigos visibles se perdiese la sustancia corporal de la Cruz cuando se hab´ perıa 11 en el doble sentido de instituci´n y de reuni´n de cristianos o o 22
  • 23.
    dido ya mentey esp´ ıritu, falto de las buenas obras de justicia. Golpead vuestros pechos y llorad adoradores todos de la Cruz, y adornad vuestros corazones con la cruz verdadera de la fe recta e inquebrantable, y reconfortaos en la esperanza, porque la cruz no abandona a los que creen, si no es ella abandonada primero. ¿Qu´ m´s? Fue capturada la Cruz, el rey, el maestro de la mie a licia de Templo, el obispo de Lidia, el hermano del rey, Guillermo de Montferrato y los caballeros Templarios y Hospitalarios que sobreviv´ ıan. El resto, hab´ sido muertos o hechos cautiıan vos. Qued´ abatido el ej´rcito cristiano en medio de la matanza, o e la cautividad y la huida contemplando c´mo sus enemigos los o despojaban y se repart´ el expolio. ıan Humill´ Dios a su pueblo, inclin´ el c´liz con su propia mano o o a y verti´ el vino de la amargura hasta los posos. Pero en verdad o que no est´n los posos agotados. Beben los sarracenos del mismo a c´liz las impurezas de la condenaci´n hasta el fondo. Se condoa o li´ de esto el profeta David cuando escribi´: ((Humillaron a tu o o pueblo Se˜or, acosaron tu heredad, mataron a la viuda y al peren grino y asesinaron a los imp´beres. ¿Hasta cu´ndo Se˜or persisu a n tir´n? Hasta que la fosa para el pecador sea abierta y la justicia a vuelva a los tribunales. Entonces su iniquidad se volver´ contra a ellos y su maldad los perder´.)) ¡Oh profeta! ¿Qu´ tienes que a e decirnos? Vosotros que fu´ ısteis sembrados en la casa del Se˜or y n florec´is en sus salas. ((Venid, alabemos al Se˜or...)) porque Dios e n es el Se˜or que no repudia a su pueblo ni abandona su heredad. n Al d´ siguiente fue ejecutado el pr´ ıa ıncipe Reinaldo de Montreal, y los supervivientes Templarios y Hospitalarios fueron vendidos o muertos. Envi´ Saladino mensajeros a la condesa y a los o varones que se hab´ refugiado en la ciudadela de Tiber´ ıan ıades 23
  • 24.
    para que abandonaranel castillo, con la promesa de que se respetar´ sus vidas y podr´ ir en paz adonde quisiesen, lo que ıan ıan as´ hicieron. ı Tom´ entonces Saladino el castillo y despu´s de fortificaro e lo sigui´ su marcha hacia Sephoris, hacia el lugar donde sol´ o ıa acampar el ej´rcito cristiano, y mand´ fijar all´ su campamene o ı to, tomando tanto el campo de batalla como el lugar mismo donde los cristianos hab´ levantado su tabern´culo. All´ se deıan a ı mor´ varios d´ celebrando la victoria y dividiendo aquellas o ıas, tierras entre sus jefes nefandos, designando ´l mismo qu´ parte e e correspond´ a cada uno. ıa Pero no hablemos m´s de Saladino, que, sabido es, recorri´ y a o someti´ la regi´n de los fenicios. Hablemos de c´mo su hermano o o o Sephid´ invadi´ la regi´n de Gerar. ın o o 15. La invasi´n de Saif-Aldin o Teniendo notica Saif-Aldin 12 (que anteriormente, conduciendo un ej´rcito desde Egipto, hab´ sido repelido de Jerusal´n y e ıa e de las regiones de Gerar y Philistim), enseguida volvi´ sobre sus o pasos y con gran multitud que hab´ reclutado de Alejandr´ ıa ıa, Babilonia y Tafne cay´ sobre las regiones de Daron y Gazar, haso ta Jerusal´n y m´s all´ hasta Ces´rea de Palestina, destruyendo e a a a ciudades y castillos, devastando, matando y haciendo cautivos a los habitantes de estos lugares, tomando posesi´n de ellos y o reparti´ndolos con largueza entre sus oficiales. Y como no pudo e tomar la nobil´ ısima ciudad de Ascal´n, en la regi´n de Palestina, o o por estar defendida por s´lidos muros y altas torres, ni tampoco o 12 nombre que significa ((Espada de la religi´n)) o 24
  • 25.
    el castillo dela milicia del Templo en Gazar, fue sobre el castillo de Ybelim, someti´ndolo e incendi´ndolo. e a 16. La toma de Jaffa Despu´s de eso se volvi´ contra Jaffa, pero como no estaba e o defendida ni por murallas ni por hombres, pues todos los que se encontraban sanos y fuertes hab´ huido por mar a Tiro, ıan la captur´ con multitud de hombres y mujeres que por falta de o medios no hab´ podido procurarse un pasaje. Se hizo un gran ıan estrago, se extendi´ la miseria por toda la regi´n; era insoporo o table el hedor de los cad´veres de los cristianos, pues no hab´ a ıa lugar en toda aquella tierra que no estuviese cubierto de cuerpos hinchados y descompuestos, porque no quedaba nadie para enterrar a los muertos. Unos pocos, que hab´ escapado a la ıan espada abandon´ndolo todo por salvar sus vidas, huyeron hacia a Jerusal´n. e Recorriendo toda aquella regi´n lleg´ Saif-Aldin al castillo o o llamado Mirabel, que siti´ y, disponiendo las m´quinas de gueo a rra, venci´ en pocos d´ la resistencia de los defensores. Viendo o ıas ´stos desde las defensas que no podr´ resistir, angustiados por e ıan la suerte de sus mujeres y sus hijos levantaban las diestras 13. Se dieron seguridades para la evacuaci´n y se dispuso una guardia o de cuatrocientos turcos para conducir a los evacuados, no fuesen a ser asesinados por otros sarracenos durante el camino. Los conducir´ hasta el cenobio de Samuel, que est´ en el monte Sylo, ıan a en el segundo miliario desde Jerusal´n, pero de ah´ pasaron los e ı turcos al monte del Gozo de Jerusal´n, donde los templarios y e los hombres de Jerusal´n les hicieron frente y los pusieron en fue ga, cayendo muchos en el descenso del monte Modin y volviendo 13 indicando que ped´ negociar la rendici´n ıan o 25
  • 26.
    en desorden. Perseverante ensu maligna arrogancia contra la Iglesia de Cristo, orden´ a sus nefandos ministros que devastasen toda la o zona monta˜osa de Bel´n, al mediod´ y occidente de Jerusal´n. n e ıa e Y como la invasi´n de los sarracenos se produjo en diversos freno tes, nos parece adecuado exponerlo tal como lo vimos y o´ ımos, sumariamente y sin adornos, para ilustrar a los que ignoran o no lo vieron. Vencidos los cristianos, Saladino licenci´ a su ej´rcito, para o e que cada cual ocupase con los suyos la parte de tierra que se le hab´ dado, expulsando a sus habitantes. Se movieron r´pidaıa a mente, ocupando toda la tierra, para que nadie pudiese recibir ayuda de otros, ni prestarla. Se dispersaron ocupando la tierra como plaga de langosta. Antes que ningunos, los avaros turcos y beduinos, deseosos de poseer los bienes de los cristianos, invadieron los campos de Sar´n y, ´vidos de rapi˜a, persiguieron a o a n los reba˜os que hab´ sido congregados, atacando y matando n ıan a sus due˜os para arrebat´rselos. No usan ellos ciertamente de n a casas ni castillos, sino que viven de la rapi˜a que hacen unos son bre otros. Y as´ corriendo y devastando los campos alrededor de ı, los castillos llegaron desde el monte Carmelo (tambi´n llamado e Caif´s, en cuya cima sobre alto pe˜asco se encuentra la iglesia a n del profeta San El´ visible desde el mar por los navegantes) ıas, hasta Assur, pasando por Jaffa, Lida y Rama, asesinando a los siervos de Cristo y saqueando sus bienes. 17. La ca´ de Nazaret ıda En la ciudad de Nazaret (que significa flor o pureza), otros asaltaron la iglesia de la Virgen Mar´ derramando la sangre ıa, 26
  • 27.
    ´ de los cristianosque all´ se hab´ refugiado. Esta era la iglesia ı ıan santa que por la dulzura del Divino Verbo Encarnado era por todos nombrada y venerada por los fieles. All´ el Verbo del Paı dre, como atestiguan los evangelios, fue encarnado, tomando la forma que no hab´ sido antes sin perder su naturaleza. En ese ıa lugar comenz´ a habitar quien ning´n lugar puede aprisionar o u y a ser llamado Nazareno, cuyo nombre inefable es reconocido como medicina de salvaci´n por todas las criaturas del cielo y o la tierra. ¡Oh Se˜ora! Tu nombre es suave, luz, seguridad, esn peranza de indulgencia para los pecadores. Aquel lugar donde recibiste el saludo de Gabriel, por el que Eva fue elevada a mejor condici´n, por el que el mundo fue redimido y donde tanto o beneficio recibiste que fueses llamada Madre de Dios ¿por qu´ lo e abandonaste, por qu´ dejaste que los incr´dulos lo profanasen e e y allanasen? Ciertamente no lo dejaste caer, no lo abandonaste, sino que por ministros infieles fue lavado y purificado de malos custodios hasta que otros id´neos sean elegidos y afirmados o seg´n la voluntad y disposici´n de la Virgen gloriosa. u o Una vez destruida la ciudad, profanados los lugares santos, tomaron su camino los hijos de Sodoma por una parte abrupta llamada, como se lee en el evangelio, Paso del Se˜or, que fue el n camino por el que los fariseos, indignados por las palabras de Jes´s, lo sacaron de la ciudad y lo condujeron a la cresta del u monte donde se asienta la ciudad con intenci´n de precipitarlo. o De all´ se desperdigaron por el ancho campo que se extiende ı entre el monte Tabor y Legionem, saqueando y corriendo desde el monte Caim y el castillo de la milicia del Templo, llamado Faba, hasta Legionem y Gesrael. Sin resistencia alguna pasaron por estrecha senda en el monte y por la iglesia del beato Job (que significa doliente), sin saber 27
  • 28.
    nada de ´l,que carg´ con su dolor nuestros pecados; quien tame o bi´n, obediente al Padre, ofreciendo su propia carne como hostia e viva limpi´ los gusanos del vicio que Ad´n gan´ con su desobeo a o diencia, como limpi´ nuestros pecados en la sangre corrompida o 14 de su cabeza . Subieron de aqu´ a los campos de Dotaym (...?) ı 18. De Samar´ y Neapoli ıa Devastando la tierra de esta manera llegaron al monte Somer´n, donde se encontraba en otro tiempo Samar´ ciudad o ıa, real de Israel, del cual monte aquella regi´n toma el nombre de o Soreod, donde el Se˜or, por medio de un profeta, plant´ la vi˜a n o n del mismo nombre, y para que nadie tuviese dudas dijo: la vi˜a n del Se˜or en Sabeoth es la casa de Israel. Ahora tambi´n el lugar n e se llama Sebasten y se guardan all´ los restos de Juan Bautista, ı de sus padres Zacar´ e Isabel y de muchos profetas. Captuıas raron al obispo de aquel lugar, hombre de gran humanidad y honradez, quien ofreci´ndoles el tesoro de la iglesia, como quien e ofrece perlas a los cerdos, fue cubierto de injurias y amenazas y enviado desnudo a Accaron. Avanzaban los hijos de Babilonia hacia Neapoli con la intenci´n de destruirla, pero como todos los hombres hab´ huido o ıan a Jerusal´n abandonando en la ciudad sus posesiones, no ene contraron a nadie, salvo a unos pocos en el castillo que hab´ ıan quedado vigilando los ajuares de algunas familias acomodadas, que all´ los hab´ depositado. Los expulsaron, y tomaron el ı ıan castillo y la ciudad. Ciertamente no estaban saciados de tantos males como hab´ ıan perpetrado, sino que ´vidos de bot´ y queriendo ver las mona ın 14 Job, 2,7 28
  • 29.
    ta˜as de Jerusal´n,se movieron r´pidamente pasando por la n e a iglesia que en nombre del Salvador se levanta a los pies del monte Garizim y que est´ edificada sobre el pozo de Jacob, junto al a peque˜o campo que dio a su hijo Jos´, que fue el lugar tambi´n n e e en que el Se˜or, fatigado tras largo camino, se sent´ a conversar n o con la mujer samaritana y le dijo todo lo que (ella) hab´ hecho ıa 15 . Subieron la monta˜a destruyendo todos los castillos y villas de n los francos y siguieron d´ y noche hasta Jerusal´n, destruyendo, ıa e saqueando y matando todo ser vivo que encontraron a su paso. Otros tomaron el camino al otro lado del monte Tabor, por Endor y Naun y campo a trav´s entre Tabor y Belver, hasta e Belsan. Siguieron la orilla del Jord´n hasta Jeric´ y destruyeron a o aquel lugar en que nuestro Salvador ayun´ durante cuarenta o d´ y cuarenta noches, ense˜´ndonos suavamente a vencer por ıas na el ayuno las tentaciones del diablo y los vicios de la carne. De all´ ascendieron la monta˜a hasta el castillo de la milicia ı n del Templo que est´ en el lugar llamado Maledoim (que en lat´ a ın significa subida roja por la sangre de los ladrones con frecuencia all´ ajusticiados) y como decimos capturaron la Cisterna Roı ja sin encontrar resistencia. As´ las cosas en los alrededores de ı Jerusal´n, nadie pod´ sin peligro de muerte entrar ni salir de e ıa la ciudad y rodeados por todas partes aunque a´n no hubiese u comenzado el asedio, sus habitantes se deshac´ en l´grimas exıan a pectantes por la suerte de aquella guerra y el hambre que hab´ ıa de sobrevenirles. 15 Jn 4,5 29
  • 30.
    19. La ca´ deAccaron ıda Despu´s de narrar estos hechos, volvamos la pluma al origen e de tanta iniquidad. Tras las matanzas de cristianos, el coraz´n o de Saladino se elev´ en su soberbia creyendo, una vez vencido el o v´rtice de las fuerzas cristianas, que podr´ tocar hasta los ase ıa tros del cielo. Hizo convocar a los jefes y s´trapas de su ej´rcito a e y les habl´ con estas soberbias palabras: ((El gran Dios y Mahoo ma, a quien sirvo y cuyas leyes observo, ha tra´ a mis manos ıdo la fortaleza y la esperanza de los cristianos, su Cruz, su rey, jefes y caballeros, sus arqueros e infantes. He aqu´ que toda esta ı tierra, llena de riquezas, se extiende ante vosotros, sin pr´ ıncipe ni defensa. Levantaos pues valientes guerreros m´ y sometedla ıos junto con sus fortalezas a mi imperio.)) A la misma hora, ordenaba el rey de Damasco mover su campamento contra Accaron con el prop´sito de inclinar la cerviz de o los cristianos que pudiesen quedar a la autoridad de Mahoma, o pasarlos a espada. Entretanto, conocidas las ´rdenes, aullaban o de alegr´ los persas. Comenz´ a moverse el ej´rcito contra Acıa o e caron. Al acercarse a esta ciudad, los pocos accaronitas que de entre tantos hab´ quedado en la ciudad, salieron al paso de ıan Saladino aclam´ndolo y con las diestras tendidas. Al fin, aprea ciando el rey de Siria la simplicidad de ´stos, de c´mo inermes le e o entregaban sus vidas, les prometi´ seguridad y protecci´n dicieno o do: ((Sepan todos hacia los que se extiende mi dominio que los accaronitas encontraron clemencia y que cualquiera que, desobedeci´ndome, les causara mal, a ellos o a sus bienes, ser´ muerto.)) e a Y as´ capturada la ciudad, dio libertad a los cristianos de ı, forma que los que quisiesen se marchasen con los suyos, por tierra o mar, y que los que quedasen bajo su imperio lo hiciesen con seguridad. Y a aquellos que quisiesen ¡oh dolor! negar con 30
  • 31.
    sucios labios alhijo de Dios y a la Cruz de su victoria, ´l mismo e entregar´ vestidos de seda con adornos de oro, un caballo y ıa armas, una vez circuncidados. Borracho por la matanza y a´n sediento de la sangre de los u cristianos, Saladino dej´ la ciudad custodiada por uno de sus o ´ con la mente enajenada, se lanz´ sobre la regi´n de hijos. El, o o los fenicios para someter sus ciudades, esperando alcanzar gran utilidad, para ´l y su extrav´ si pudiese borrar el nombre del e ıo, Crucificado y a los cristianos de aquella tierra. 20. De Tiro y Sid´n o Parti´ apresuradamente hacia Tiro, ciudad fortificada por fuero tes muros y altas torres y ce˜ida por el mar, que con ira y dolor, n los cristianos hab´ decidido defender y con prudencia hab´ ıan ıan 16 preparado la defensa. All´ encontr´ Saladino al frente a un ı o jefe noble, de gran fortaleza en la guerra, de ´nimo viril tanto a en los dichos como en los hechos, que no cedi´ ni ante los ruegos, o ni ante el soborno, ni ante las amenazas ni ante las lisonjas. Y viendo su buena disposici´n para la defensa pas´ hasta la ciudad o o vecina de Sareptam, donde el profeta El´ por consideraci´n a ıas, o una viuda, pas´ un tiempo de hambre con s´lo una peque˜a o o n cantidad de harina y otra de aceite. Impuso su ferocidad en Sid´n y en Brito y tambi´n en Biblem, o e y expulsados sus habitantes y reducidos a esclavitud las guarneci´ con sus hombres y volvi´ con rapidez. Se detuvo unos d´ en o o ıas Accaron, tras los cuales orden´ el reagrupamiento de su ej´rcito, o e 16 Es sorprendente que, siendo a esta altura del relato Tiro la unica ciudad que resiste, ´ el an´nimo autor, a´ n glosando las virtudes del jefe cristiano no cite su nombre. Indicio de o u que est´ tratando de ce˜ irse a los hechos y no trata de rellenar las lagunas del relato que a n desconoce. Y este hecho, indirectamente, da mayor credibilidad a aquellos pasajes donde abunda en detalles 31
  • 32.
    que se encontrabadisperso por Galilea y Samar´ para que se ıa, uniese al de su hermano Saif-Aldin, en los campos de Gerar, cerca de Ascal´n. Parti´ el ej´rcito de Accaron y cubrieron la tierra o o e como plaga de langosta, desde el gran mar hasta Jerusal´n, tal e era la multitud de los sarracenos que, como las arenas a la orilla del mar, no pod´ contarse. ıan 21. La toma de Ascal´n o Despu´s de eso, el rey de Egipto puso sitio a la ciudad de e Ascal´n. Emplaz´ sus m´quinas de guerra y comenz´ un ataque o o a o impetuoso. Los ascalonitas, pocos pero de ´nimo resuelto, cona fiados en la fortaleza de las murallas, se defendieron virilmente durante quince d´ Considerando Saladino la animosidad de los ıas. defensores, erigi´ diez ballestas 17 para bombardear d´ y noche o ıa las murallas y precipitarlas a tierra, desde distancia segura para sus fuerzas. Cayeron los proyectiles sin descanso sobre los muros y las torres de la ciudad, hasta quedar derruidos. Entretanto, envi´ legados el rey de Babilonia a los Templarios o del castillo de Gazar, donde una vez el fort´ ısimo Sans´n triunf´, o o muriendo, sobre la congregaci´n de sus enemigos, cuando recoo bradas sus fuerzas derrib´ el palacio y pereci´ sepultado bajo o o sus ruinas junto con ellos. Dijeron los legados de Saladino: ((Ved y considerad diligentemente qu´ v´is a hacer, y tratad con atene a ci´n pues se trata de vuestra salvaci´n y vuestras vidas. Pues o o hab´is visto con vuestros ojos c´mo Dios trajo esta tierra a mis e o manos. Sin embargo, ser´ misericordioso con vosotros y podr´is e e abandonar el castillo salvos e inc´lumes.)) Pero ellos, confiados o en la fortaleza de Ascal´n respondieron: ((Las mismas condicioo nes queremos que para Ascal´n.)) o 17 La ballista era una m´quina militar de gran tama˜ o dise˜ ada para lanzar piedras. No a n n se confunda con el arma port´til del mismo nombre a 32
  • 33.
    Para entonces yalos muros de Ascal´n se encontraban queo brantados y derribados casi hasta la base, de tal forma que los sarracenos, si hubiesen querido, hubiesen podido llegar hasta los cristianos. Temiendo Saladino sin embargo que la tardanza en la toma de la ciudad 18 generase descontento, apel´ a los cristiao nos por boca del rey, que ten´ encadenado, y de su hermano, ıa y de otros tambi´n prisioneros, para que los ascalonitas aceptae sen condiciones y abandonasen en paz la ciudad, puesto que de ninguna forma iban a recibir ayuda, ni por tierra ni por mar. Se congregaron los defensores para tratar de su seguridad y la de los prisioneros, y puesto que consideraron que, con sus solas fuerzas, no podr´ defender la ciudad, dieron esta respuesta: ıan ((Ciertamente sabemos de tu fuerza sobre esta tierra, as´ lo ha ı permitido Dios. Para nosotros los cristianos en verdad que la muerte o las tribulaciones son el vest´ ıbulo del reino celeste. Sin embargo parece bien, por los todav´ no firmes en la fe, y por ıa otros muchos de los que por amor fraterno es oportuno compadecerse, aceptar vuestra diestra en se˜al de acuerdo, a condici´n n o de que liberes al rey, al obispo de Georgia, al hermano del rey y a doce de los m´s nobles cautivos por tu ferocidad encadenados. a Y en cuanto a nosotros, conc´denos cuarenta d´ para que poe ıas damos vender o disponer de lo nuestro, y a cien familias que de momento quieren permanecer bajo tu protecci´n d´jalas partir o e a su tiempo y junto con los dem´s que quieran y sus posesiones a hazlos llegar salvos a Tr´ ıpoli.)) Complacieron a Saladino estas condiciones y asinti´ con agrado. o 18 En efecto, la toma de la ciudad al asalto hubiese podido resultar costosa. Primero, porque los defensores hubiesen luchado con desesperaci´n por sus vidas. Segundo, porque o el terreno hubiese sido poco favorable tanto para la caballer´ como para las formaciones ıa de arqueros, forz´ndose la lucha cuerpo a cuerpo. a 33
  • 34.
    El d´ cuatrode septiembre del a˜o 1187 se puso el sol a la ıa n hora nona, y amparados en la oscuridad, los mayores de entre los ascalonitas se presentaron en el campamento de los egipcios y all´ en presencia de los sarracenos, los cristianos y los pr´ ı, ıncipes de Damasco juraron respetar los pactos. Por la ma˜ana, los n ascalonitas entregaron a los sarracenos las llaves de la ciudad, y con los turcos a las puertas Saladino dispuso de ella seg´n u su antojo. Y como esta ciudad era estrat´gica en la defensa de e Jerusal´n, al llegar la noticia de su captura, estando tan bien e amurallada, cundi´ el des´nimo y perdieron las fuerzas los ieroo a solomitanos, lament´ndose con dolor y viendo que ocurrir´ con a ıa Jerusal´n lo que hab´ ocurrido con Ascal´n, si no peor. e ıa o 22. Destrucci´n de Bel´n y asedio de Jeruo e sal´n e Orden´ Saladino a sus jefes tras disponer de la ciudad que o preparasen el ej´rcito para lanzar un ataque impetuoso que llee vase gran terror a los habitantes de Jerusal´n. As´ el ej´rcito se e ı, e movi´ campo a trav´s hasta Besigebelim, esto es Bersab´, donde o e e se encuentra el pozo s´ptimo que toma su nombre de los siete e corderos inmolados all´ por Abraham y que tambi´n se llama ı e pozo del juramento porque Abraham y Abimelec, rey de Gerar, pactaron en ese lugar. Prefigura este pacto el de los fieles sobre la s´ptima fuente, esto es, el bautismo, que en virtud del Esp´ e ıritu Santo se afirma, se bendice y se consagra. Envi´ Saladino legados a los Hospitalarios que defend´ Beo ıan llebem para que por propia voluntad se entregasen, junto con el castillo, y que en paz los dejar´ marchar con los que se les ıan hab´ unido buscando protecci´n. Pero ellos respondieron que ıan o no aceptar´ otra suerte que la de Jerusal´n. Entonces retoıan e 34
  • 35.
    maron los hijosde Babilonia la marcha camino de Jerusal´n, e blasfemando entre ellos con sus sucias bocas contra el nombre de Cristo y la Cruz de nuestra redenci´n. o Estos son los lugares santos del territorio de la ciudad santa de Jerusal´n desolados y destruidos por los paganos. Bel´n, ciue e dad de David, noble triclinio donde la Madre Gloriosa, Virgen en el parto, Virgen tras ´l, sin dolor ni corrupci´n, ni de ella e o ni del Creador de todas las cosas, pari´ con alegr´ al Hijo de o ıa Dios, operante el Esp´ ıritu Santo y exultantes los ´ngeles y con a sus castos brazos lo deposit´ envuelto en pa˜ales en el pesebre, o n segunda sede de Dios tras el cielo, de donde se alimentaban el asno y el buey, esto es, simbolizando a jud´ y gentiles. ıos Otros se dirigieron al monte santo Sylo, donde en otro tiempo los hijos de Israel establecieron aquel admirable tabern´culo con a todo lo pertinente al culto. En aquel lugar Samuel, el m´s suave a y santo de los profetas, al llamarlo Dios desde el cielo: ((Samuel, Samuel)), con boca inocente y limpia de toda impureza respondi´: ((Habla Se˜or, que tu siervo escucha)); all´ fue construido o n ı un cenobio en su honor desde el que se elevan las preces que con las de Mois´s y Aar´n junto a Dios suplican indulgencia por e o nuestros pecados. De su destrucci´n el profeta David dec´ gio ıa miendo en el salmo: ((Se alej´ Dios del tabern´culo de Sylo...)). o a ´ Este es un verdadero profeta, cuyas palabras no cayeron a tierra, porque todo lo que anunciaba los hechos lo demostraban. ´ Este tambi´n juzg´ en Masphat a los hijos de Israel, y para que e o sepamos qu´ clase de juicio fue aqu´l, cuentan los hebreos que e e las aguas de Masphat fueron malditas en presencia de Dios, de forma que cualquier id´latra que se abasteciese de ellas, como o las probase en presencia de Dios y del profeta Samuel, quedaban adheridos sus labios, de forma que era imposible separarlos; as´ ı, prendido por el pueblo y por orden del profeta, seg´n la ley, era u 35
  • 36.
    lapidado, para quenadie seducido por su ejemplo adorase ´ ıdolos vanos en lugar de a Dios. Otros se dieron a la destrucci´n de Betania, que significa cao sa de obediencia, donde el Se˜or, respondiendo a las humildes n s´plicas de Mar´ y su hermana Marta, conmovido por nuestra u ıa mortalidad y miseria llam´ a L´zaro del sepulcro, donde llevao a ba ya cuatro d´ donde Mar´ besando y regando los pies del ıas; ıa, Se˜or con sus l´grimas los ungi´ con ung¨ento perfumado de n a o u 19 nardo . En esa ciudad tambi´n fue donde se dice que el Se˜or e n encontr´ a Marta, que lo recibi´ en su casa, atareada en muchas o o cosas mientras su hermana Mar´ sentada a los pies de Jes´s, ıa, u le escuchaba, y que ´ste atestigu´ c´mo, de entre las dos, Mar´ e o o ıa 20 hab´ elegido aquello m´s necesario . ıa a Otros se dieron a la devastaci´n del sant´ o ısimo monte de los olivos, donde el Se˜or, como se lee en el Evangelio, acostumbran ba a orar, ense˜ar las obras de misericordia y reunirse con sus n disc´ ıpulos. All´ en el lugar donde nuestro Se˜or Jesucristo, en ı, n presencia de los ap´stoles subi´ a los cielos a los cuarenta d´ o o ıas de su resurrecci´n, se levant´ una iglesia, en medio de la cual o o los fieles cristianos con gran veneraci´n besaban la huella del o Salvador. En Josafat los paganos profanaron con sucias manos la iglesia de la asunci´n de la Virgen Mar´ y ese glorioso lugar o ıa al que los cristianos deben veneraci´n, sepultura de la gloriosa o Virgen madre de Cristo, lo destruyeron y llenaron de inmundicia. Sobre el sepulcro hab´ un memorial cuadrado, de oro y ıa plata, cincelado, en verdad apropiado por la maravillosa belleza y variedad de su decoraci´n. Aqu´ est´ aquel lugar llamado Geto ı a seman´ al otro lado del torrente Cedr´n, donde se encontraba ı, o el huerto al que se retir´ Jes´s con sus disc´ o u ıpulos, una vez cele19 20 Lc 7,36 Lc 10,38 36
  • 37.
    brada la cenaen que instituy´ el nuevo sacramento y los inst´ a o o orar para mantener alejada la tentaci´n. Fue construida en aquel o lugar una iglesia en nombre del Salvador en conmemoraci´n de o que all´ el Redentor y Salvador del mundo suplic´ a Dios Padre ı o por la salvaci´n del g´nero humano. o e 23. La indescriptible angustia de los ierosolomitanos El d´ veinte del mes de septiembre se puso sitio a la ciuıa dad santa de Jerusal´n. Los incr´dulos la rodearon desde todas e e las direcciones, con estruendo de trompetas, fragor de armas, estr´pito y aullido de voces, ((¡Hai,Hai!)), y banderas ondeantes e por todas partes. Conmovida la ciudad con el tumulto y el bramido de los b´rbaros, clamaban sus habitantes en aquellas horas a trascendentes: ((Santa Vera Cruz y Sepulcro de la Resurrecci´n o de Jesucristo, protege a la ciudad de Jerusal´n con sus habitane tes.)) Comenz´ la guerra, y se iniciaron los combates en diversos o puntos. Pasaremos por alto los detalles que entorpezcan el relato, ya que no podemos enumerarlos despu´s de quince d´ en e ıas que los cristianos combatieron con los turcos, abatidos de dolor y tristeza entre tanta miseria. ¿Qui´n en verdad contemplando e tanto dolor no romper´, dejando de lado la piedad, en llanto a al ver a los monjes, can´nigos, sacerdotes y levitas y anacoreo tas entrar en combate con las armas en defensa de los lugares m´s santos y la heredad de la Cruz? ¿O viendo a las viudas y a hu´rfanos extendidos los brazos a Dios, en tumulto por las plae zas e iglesias, los rostros desolados, clamando entre llantos con sus voces inocentes e implorando sin cesar la divina clemencia? ¿Qu´ lengua podr´ narrar el n´mero de sarracenos atravesados e a u con lanzas y flechas que abandonados del aliento vital alcanzaron la muerte eterna? ¿Qui´n podr´ decir de aquel nieto de e a 37
  • 38.
    Saladino, enga˜ado porlos fastos, cubierto con vestidos de seda n hasta las pezu˜as del caballo, enjaezado de espejos de oro, cun bierto de condecoraciones por la extrema soberbia de su ´nimo a que, golpeado por un sirviente ante la puerta de San Esteban encontr´ muerte miserable? ¿O qui´n podr´ narrar el n´mero de o e a u los cristianos que heridos por las flechas de los adversarios entregaron por Cristo esta vida temporal para ganar aqu´lla eterna? e En aquellos d´ en que Dios parec´ regir sobre la ciudad ¿qui´n ıas ıa e podr´ decir de los heridos que murieron o de los que escaparon a con vida? Ca´ las flechas como gotas de lluvia, hasta el punto de que ıan nadie pod´ se˜alar con el dedo hacia las defensas sin resultar ıa n herido. Era en verdad tanta la multitud de los heridos que todos los m´dicos de la ciudad y de los hospitales apenas daban abase to extrayendo las flechas clavadas en los cuerpos. Este mismo rostro vuelto hacia vosotros fue herido, atravesada la nariz por una flecha de la que los m´dicos extrajeron la madera, quedane do la punta hasta hoy clavada. Durante una semana resistieron virilmente los ierosolomitanos el ataque contra la torre de David. Viendo Saladino que nada aprovechaba esta t´ctica ni ciertaa mente da˜aba a la ciudad, comenz´ con los suyos a recorrerla n o en derredor, escrutando aquellos puntos que pudiesen resultar d´biles, buscando los lugares en que sin temor a los cristianos e pudiese erigir sus m´quinas y atacar la ciudad con facilidad. Y a como era hijo de aqu´l que en su execrable soberbia quiso poner e ´ al norte su trono para reinar no bajo Dios, sino contra El, y hacerse as´ similar al Alt´ ı ısimo, encontr´ que el flanco norte de la o ciudad era d´bil y apto para llevar a cabo sus cr´ e ımenes. Y as´ un ı d´ al clarear, orden´ el rey de Egipto mover el campamento sin ıa, o estr´pito ni tumulto, y fijar las tiendas en el valle de Josafat, el e Monte de los Olivos, el monte del Gozo y toda la zona monta˜osa n 38
  • 39.
    de aquella parte.Al hacerse la ma˜ana levantaron los ojos los n hombres de Jerusal´n y vieron, una vez que se disip´ la neblie o na, que los Sarracenos levantaban las tiendas, como si fuesen a abandonar el sitio, y dec´ con gran alegr´ ((Huy´ el rey de ıan ıa: o Siria al no poder como planeaba destruir la ciudad.)) Pero esta alegr´ se torn´ en luto y lamentaciones enseguida, conocida la ıa o verdadera situaci´n. Pues el tirano orden´ de inmediato conso o truir las m´quinas de guerra y levantar las ballestas y al mismo a tiempo recoger ramas de olivo y otros ´rboles y plantarlas en el a espacio que mediaba entre las m´quinas y los muros; el mismo a d´ al crep´sculo, orden´ a su ej´rcito tomar las armas y adeıa, u o e lantarse a los zapadores hasta las murallas para ocupar all´ a los ı cristianos. Form´ tambi´n a diez mil jinetes armados de lanzas o e y arcos, para impedir cualquier salida. Dispuso otra decena de millar, o m´s, armados con arcos y protegidos hasta los talones a ´ bajo los escudos y las cotas. El permaneci´ con otra parte y sus o jefes junto a las m´quinas. a Al mediod´ siguiente comenzaron a romper la torre angular, ıa a atacar los muros en diversos puntos, a disparar flechas los arqueros y los que serv´ en las m´quinas a disparar sin descanso. ıan a Pero los defensores, subestimando estos ataques, fatigados y llenos de tedio retiraron la vigilancia y durmieron aquella noche, hasta la ma˜ana, porque sin la custodia de Dios en vano velan n los vigilantes. Al salir el sol, los que dorm´ en las torres, despertados por ıan el estr´pito de los b´rbaros, estupefactos y aterrados corr´ e a ıan por las calles como dementes gritando: ((¡Hombres de Jerusal´n, e acudid, socorred, ayudad; han perforado los muros y ya est´n a entrando!)) Conmocionados, acudieron cuantos pudieron, pero no superaron a los damascenos ni con lanzas, dardos, flechas, piedras, fuego ni plomo liquefacto pudieron rechazarlos de las 39
  • 40.
    murallas. Los turcosbombardeaban sin descanso y con vehemencia los baluartes, y entre el muro y la barbacana lanzando piedras y el fuego que llaman griego, maderas y todo lo que ten´ a mano. Los arqueros entretanto disparaban sin interrupıan ci´n y sin medida enviaban sus flechas desde todas direcciones; o algunos, con audacia rompieron los muros. Tomaron los defensores la determinaci´n de que todos los que tuviesen caballos y o armas, saliesen de la ciudad por la puerta de Josafat para, con la ayuda de Dios, rechazar a los adversarios de los muros. Pero encontraron la oposici´n de la caballer´ turca, y lamentableo ıa mente repelidos, agrupados al pie de los muros y sin encontrar otra salida clamaban: ((Santa Mar´ Santa Mar´ ay´danos.)) ıa, ıa, u Cundi´ entonces el duelo, el llanto y el tumulto de las l´grimas, o a el rasgado de vestiduras en las plazas e iglesias por tanta angustia y dolor. Pues unos se lamentaban de la ciudad santa y del sepulcro del Se˜or, del sant´ n ısimo monte del Calvario donde la sangre propiciatoria se derram´ por la salvaci´n del g´nero o o e humano; otros lloraban a los hermanos y amigos ya muertos, o pr´ximos ya a la muerte; otros a los hijos que ser´ arrebatados o ıan por las lanzadas de los b´rbaros y el resto por la inminencia de a la muerte o la cautividad, para ellos o los suyos. Se prolong´ el combate en los muros por algunos d´ y preo ıas, valecieron los turcos. Ya los cristianos estaban vencidos hasta el punto de que no m´s de veinte o treinta acud´ a la defensa a ıan de los muros de la ciudad; ni se encontraba hombre tan audaz en toda ella que por cien bizancios accediese a pasar la noche vigilando en las defensas. Con mis propios o´ ıdos o´ al pregonero, ı en nombre de los patriarcas y algunos de los notables de la ciudad, anunciar que si se encontrasen cincuenta sirvientes fuertes y audaces dispuestos a custodiar un ´ngulo ya derruido, por una a sola noche, recibir´ cinco mil bizancios, pero no se encontraıan ron. Era ya casi un´nime la voluntad de los habitantes de morir a 40
  • 41.
    en la ciudadsanta en el nombre de Cristo, y as´ cada cual tendr´ ı ıa su parte en la tierra de promisi´n, como cad´veres yacentes pio a soteados por los incr´dulos. ¡Ay de m´ m´ e ı ısero, el peor de todos los pecadores que no tom´ mi parte de Tierra Santa as´ medida! e ı As´ las cosas, otros, llenos de pecado m´s que de amor a Cristo, ı a movidos por el recuerdo de las mujeres hermosas, de los hijos e hijas y de las riquezas se conjuraron para evadirse con los suyos y sus posesiones, abandonando la ciudad santa y los lugares sagrados. 24. Del tributo impuesto a la ciudad Enviaron legados al rey de Siria, suplicando que aplacase su ´nimo contra ellos y los tuviese como aliados, tal y como ten´ a a ıa otros. Pero ´l, renuente, les dio esta respuesta: ((He o´ frecuene ıdo temente de boca de nuestros alfaqu´ que Jerusal´n no puede ıes e ser purificada si no es lav´ndola con sangre de cristianos, y sobre a esto quiero consultarles.)) Volvieron los legados con esa incertidumbre. Enviaron otros, Balisano y Rainero de N´poles y Tom´s a a Patricio, ofreciendo cien mil bizancios; no quiso Saladino aceptarlos, y regresaron frustrada esa esperanza. Volvieron los enviados por tercera vez, pidiendo insistentemente a Saladino que ´l mismo estableciese las condiciones; que si pod´ cumplirse, e ıan se cumplir´ y si no les fuese posible, le rogaban que cesase ıan en su destrucci´n. Acept´ Saladino el ofrecimiento, imponieno o do el siguiente tributo: que cada var´n aportase diez bizancios, o cinco cada mujer, uno por cada ni˜o de siete a˜os o menos; de n n esta forma se ver´ libres de la esclavitud, y quienes lo deseaıan sen podr´ abandonar la ciudad con los suyos. Pero que si esas ıan condiciones no eran aceptadas por los ierosolomitanos, o si hab´ ıa quienes no pod´ satisfacer los diez bizancios, los har´ salir ıan ıan del saqueo y la espada. Placieron estas condiciones al patriarca de Jerusal´n y a otros que dispon´ del dinero. e ıan 41
  • 42.
    ¡Hecho asombroso! ¿Qui´noy´ tal alguna vez? Los herederos e o pagaban para enajenarse de sus propiedades 21 . ¿Qui´n pag´ ale o guna vez para deshacerse de su herencia? Otros se opon´ con ıan, riesgo para sus vidas, para no hacerse con su cobard´ indigıa nos de sus padres ni abandonar entre la confusi´n y el oprobio o la heredad. Se doli´ de esto el profeta Jerem´ lament´ndose o ıas, a y si fuese posible queriendo resarcir el error diciendo: ((¿C´mo o qued´ sola la ciudad de Jerusal´n, llena de gente?)) etc. Cinco coo e sas es preciso traer sobre la ciudad: su juicio, su soledad, su plenitud, su viudedad y su se˜or´ Se sienta la ciudad considerando n ıo. la injusticia de su causa. Sentada en las cenizas, en la suciedad de su crimen. Pues si perseverase en la virtud, luchar´ ciertaıa mente contra los enemigos. Sola se dice de ella porque qued´ sin o la protecci´n de Dios y sin verdaderos fieles de Cristo. Abano donada por Dios y sus aliados, de donde Salom´n: ((¡Ay de los o que andan solos, porque si caen, qui´n los levantar´!)). Plena de e a gente, de pueblo inicuo y tumultuoso y ajeno a la penitencia, de quien Isa´ escribi´: ((Este pueblo me honra de palabra, pero ıas o su coraz´n est´ lejos de m´ Viuda en verdad de la dignidad o a ı.)) pontifical y de la potestad real; viuda que se ha desprendido del anillo de la fe; viuda porque, entrantes los sarracenos, se deshizo de su contrato con Cristo. Y sin embargo se˜ora, porque todas n las tribus de la tierra se vuelven hacia ella. El d´ dos de octubre se anunciaron estas condiciones por las ıa plazas de Jerusal´n: que cada cual reuniese el tributo por su lie bertad en el plazo de cuarenta d´ y lo entregase a Saladino. ıas Al oir estas condiciones, el pueblo con voz lastimera se condol´ ıa diciendo: ((¡Ay, ay de nosotros miserables, ¿qu´ haremos quienes e no tenemos dinero? Sea mejor para nosotros morir por Cristo 21 Una iron´ tr´gica. Los habitantes pagaban rescate por sus vidas, y el autor est´ interıa a a pret´ndolo ir´nicamente como que lo hac´ para deshacerse de sus casas y propiedades, a o ıan que quedar´ en manos de los sarracenos ıan 42
  • 43.
    en la ciudadsanta que, abandon´ndola, servir en onerosa esclaa vitud bajo los sucios e inmundos turcos y sarracenos.)) ¿Qui´n e alguna vez pudo pensar que los cristianos hiciesen tal impiedad? ¿Qui´n pens´ que entregar´ por propia voluntad en manos de e o ıan los gentiles el Sepulcro de la resurecci´n de Cristo, el noble Temo plo, el sant´ ısimo monte Si´n y otros lugares de la ciudad santa? o ¡Oh dolor! No hay otro que pueda igual´rsele. Nunca le´ a ımos que los jud´ entregasen los lugares m´s santos sino tras dura lucha ıos a y efusi´n de sangre, mucho menos que los entregasen voluntariao mente. Perezcan esos p´simos mercaderes que por segunda vez e vendieron a Cristo y a la ciudad santa, como aquel otro maligno, que colgado vomitaba sus malas palabras y, lo que es peor, las v´ ısceras de cuya malignidad fueron esparcidas entre todos aquellos que exigen pago por la imposici´n de las manos y la ado ministraci´n de los sacramentos eclesi´sticos. De ellos Jerem´ o a ıas escribe: ((Desnudaron su pecho)), esto es, se comportaban tales cuales eran. ((Y mamaron sus cachorros)) mala conciencia, conscupiscencia, y en esta regi´n como en tierra extra˜a meditaban o n c´mo defraudar a sus pr´ximos con falsos pesos y sacramentos o o varios. Las lamias 22 en verdad se presentan con rostro humano, pero tienen cuerpo e instinto animal. ((Sean hu´rfanos sus hijos, e y sus mujeres viudas en tierra extra˜a)) para los que no reclaman ron la heredad del Crucifijo y la suya propia seg´n costumbre y u ejemplo de los que les precedieron. 25. De la entrega de Jerusal´n e En el a˜o de 1187 desde la encarnaci´n de Nuestro Se˜or Jen o n sucristo, el d´ tres del mes de octubre (de donde se ha escrito: ıa ((Trece a˜os antes del 1200 luci´ la tercera luz de octubre, se n o ilumin´ la ciudad sacra, en el quinto idus de octubre, baja la o 22 monstruo fabuloso 43
  • 44.
    letra D deldomingo, y fue borrada la ciudad, y se burlaron los incr´dulos de la observancia en el coraz´n de los cristianos.))) e o Jerusal´n fue entregada, ¡oh dolor! en manos de los imp´ por e ıos nefandos cristianos. Se cerraron las puertas y se puso guardia. As´ los alfaqu´ y los cassiris 23 , ministros del error abominable, ı ıes obispo y presb´ ıtero para los sarracenos, en primer lugar ascendieron al templo de Nuestro Se˜or, que ellos llaman Beithhalla n 24 , en el que tienen gran fe de salvaci´n. Subieron como si fuesen o a orar, juzgando que purificaban el lugar y con inmundicias y horribles mugidos lo profanaron vociferando la ley de Mahoma: ((Hala haucaber, halla haucaber)) 25 Mancharon todos los lugares del Templo; el lugar llamado de la presentaci´n donde la Madre y Virgen Gloriosa al hijo de Dios, o como est´ prescrito en la ley de Mois´s, trajo a las manos del a e justo Sime´n. Y el lugar llamado de la confesi´n, orientado hacia o o el p´rtico de Salom´n, donde presentaron a Jes´s a la mujer o o u ´ ad´ltera y El, escribiendo con el dedo en el suelo, cambi´ la u o ley en gracia, en misericordia la dura ley jud´ de la lapidaci´n ıa o diciendo: ((quien est´ libre de pecado, arroje la primera piedra)). e Tambi´n el lugar que da al oriente donde los jud´ a causa de e ıos, la palabra y el testimonio de Cristo, arrojaron desde el balc´n o del templo al justo Jacobo, que se dec´ hermano del Se˜or por ıa n su gran parecido, y lo asesinaron golpe´ndolo con una estaca de a batanero. 26. ´ La ca´ de la Aurea Cruz ıda ´ Fijaron cuerdas a la Cruz Aurea del pin´culo del templo y la a derribaron para oprobio de los cristianos, como otras muchas en 23 v´anse las notas 114 y 125 de la edici´n del texto latino e o Bait Allah, la casa de Dios 25 Allahu Akbar, Dios es m´s grande a 24 44
  • 45.
    la ciudad, burl´ndosey ri´ndose de los adoradores de la cruz en a e tanto ´stos lloraban, se arrancaban el pelo, romp´ sus vestidos, e ıan se golpeaban en el pecho y la cabeza por tan gran dolor y tristeza y extrema ansiedad en sus corazones, ya casi desfallecidos. Pusieron guardias para que ning´n cristiano pudiese acceder u al templo, cumpli´ndose lo que escribi´ Jerem´ ((Se alej´ Dios e o ıas: o de su altar, maldijo lo que estaba santificado)) y en otro lugar: ((Por los pecados de los sacerdotes y la iniquidad del pueblo los extranjeros hablaron en la casa de Dios, como en los d´ ıas solemnes)). Desde otro lugar subi´ Saif-Aldin 26 con los suyos al monte o santo Si´n y sin temor se dieron a la comida, la bebida y la o lujuria profanando los santos lugares y la iglesia consagrada al lugar donde se celebr´ el nuevo sacramento, donde oraban con o frecuencia los ap´stoles y la gloriosa Virgen Mar´ despu´s de la o ıa e ascensi´n del Se˜or, donde el d´ de Pentecost´s el Esp´ o n ıa e ıritu Santo descendi´ sobre los ap´stoles, donde despu´s de la resurreco o e ci´n los salud´ el Se˜or dici´ndoles: ((La paz sea con vosotros)). o o n e Tambi´n descubrieron el sepulcro del Se˜or y lo expoliaron de e n todo ornamento, irrumpiendo juntamente cristianos y sarracenos; fue igualmente expoliado el lugar en el monte santo donde aparecen los restos de la Cruz de nuestra redenci´n y hay a la o derecha una profunda grieta en la roca, donde cayeron el agua y la sangre de nuestro Salvador estando en la Cruz. 26 Espada de la Religi´n o 45
  • 46.
    27. De c´mo Saladinoobtuvo casi toda la tieo rra de Judea Los nuestros hab´ tenido la ciudad de Jerusal´n casi por ıan e ochenta y nueve a˜os, y de ah´ junto con la toma de Antioqu´ n ı, ıa, que hab´ estado en manos de gentiles antes por espacio de cuaıa renta a˜os, se recuper´ la potencia victoriosa de los cristianos. n o En poco tiempo Saladino se apoder´ de casi todo el reino de Jeo rusal´n, elevando la ley de Mahoma sobre la religi´n cristiana. Y e o mientras esto suced´ el arzobispo de Tiro navegaba para anunıa, ciar al orbe cristiano la noticia de tan gran matanza, concitando las l´grimas de incontables cristianos y encendiendo en muchos a m´s el deseo de recuperar la ciudad. El primero de todos en toa mar la se˜al de la cruz para vengar la injuria fue el magn´nimo n a conde Ricardo, adelant´ndose a todos con su ejemplo. Tambi´n a e su padre, el rey Enrique, ya inclinado a la vejez, con el rey Felipe y casi todos los pr´ceres de ambos reinos tomaron la insignia o cruzada. Herv´ en todas partes los deseos de unirse a tan gran ıan ocasi´n e incluso en los claustros se abandonaban las capuchas o y acud´ los monjes a los campamentos. El mismo emperador ıan Federico 27 , no muy ferviente, llev´ entre los suyos siete obispos, o un arzobispo, dos generales, diecinueve condes, tres comandantes , tres mil caballeros y el resto del ej´rcito, hasta casi ochenta e mil, siguiendo la ruta de Hungr´ y Constantinopla. El ej´rcito ıa e encontr´ graves obst´culos en Iconium, hasta que captur´ esta o a o ciudad 28. De ah´ el ej´rcito pas´ a Armenia, donde al atravesar ı e o el r´ Saleph pereci´ ahogado el emperador. Su hijo, el duque ıo o de Suavia, tom´ el mando del ej´rcito. El rumor de la muero e te del emperador alegr´ sobremanera a los turcos, asediados en o Acre por los cristianos, y a ´stos, que atacaban con muy escasos e 27 Federico I Barbarroja, emperador de Alemania Federico hab´ pactado con los turcos paso libre hacia Armenia, pero ´stos traicionaron ıa e este acuerdo y le presentaron batalla. Los cristianos vencieron y tomaron la ciudad de Iconium 28 46
  • 47.
    medios, los entristeci´casi hasta la desesperaci´n. o o El rey Guido, que hab´ permanecido encadenado en Damasıa co casi por un a˜o, fue liberado por Saladino, a condici´n de que n o abjurase de su reino y marchase desterrado al otro lado del mar. Al llegar el rey a Tiro no fue recibido por el comandante de la plaza 29 y de ah´ con un ej´rcito considerable 30 march´ para ı, e o asediar Acre por tierra y mar. A esta empresa se uni´ en primer o lugar una armada de 12.000 hombres. Despu´s se uni´ Jacobo e o de Avennes plantando sus tiendas contra las torres malditas y poco despu´s se unieron los Templarios. Del reino de los frane cos y de los anglos se unieron muchos, sin ser esperados. Entre otros, el obispo belvacense con su hermano Roberto. Tambi´n el e conde brenense, el conde de Baro y muchos flandrenses. De Germania lleg´ un cierto Landegrave 31 quien persuadi´ a Conrado o o de Montferrat para que se uniese a la campa˜a. n Los cristianos asaltaron el campamento de los gentiles, pero fueron diezmados por ´stos al tiempo que ellos tambi´n sufr´ e e ıan muchas p´rdidas. Entre los ca´ e ıdos se encontraba Gerardo de Bedefordia, maestro Templario. Mientras un cierto Alemannus con sus compa˜eros persegu´ a un caballo desbocado, se levant´ el n ıa o clamor de que los asediados hab´ salido para deshacer la imıan pedimenta de los cristianos. De ah´ se produjo una gran conı, fusi´n, se rompieron las formaciones y sin que nadie obedeciese o las ´rdenes los mismos jefes se dieron a la fuga. De esta turbao ci´n result´ que los turcos retomaron la iniciativa, matando a o o cuantos pudieron de los nuestros. Pero los cristianos, creciendo 29 Tiro estaba en poder de Conrado de Montferrat, quien no estaba dispuesto a entregarla ´ al rey. Este se vio obligado a acampar con sus huestes fuera de las murallas 30 Nada m´s ser liberado, Guido cancel´ su promesa a o 31 Ignoramos qui´n pudo ser este jefe. Seg´ n Madden, el 7 de octubre de 1190 el duque e u Federico de Suavia con los restos del ej´rcito de Germania (la mayor´ volvieron a sus e ıa hogares a ra´ de la muerte de Federico I) se uni´ al sitio de Acre ız o 47
  • 48.
    en n´mero cadad´ se atrincheraron alrededor de la ciudad, al u ıa tiempo que los turcos con frecuencia los molestaban seriamente. En Acre los turcos comenzaban a padecer hambre y ofrecieron a los sitiadores la entrega de la ciudad cuando se presentaron cincuenta galeras enviadas por Saladino, repletas de armas, hombres y provisiones que capturaron o pusieron en fuga a las nuestras, llevando una de ellas que estaba cargada de provisiones violentamente a la ciudad, de cuyos muros colgaron a todos los tripulantes en el d´ de Todos los Santos. ıa Se acercaba ya la Pascua cuando Conrado de Montferrat, que se hab´ retirado a Tiro para reparar la flota, volv´ con gran ıa ıa aparato de armas, hombres y provisiones. Pero los opidanos, rompiendo el sitio se hicieron a una mar embravecida para salir al paso de los nuestros y trabar combate. Dios quiso que la victoria fuese para los cristianos. Entretanto los turcos que desde fuera bloqueaban a los cristianos allanaban nuestros fosos con tierra e insultaban ferozmente a los nuestros, que nunca ten´ ıan descanso ni seguridad. Aumentaban las fuerzas contrarias cada d´ y los nuestros eran ya vigilados por los sitiados, ya acosaıa dos desde el exterior por el ej´rcito de Saladino, ya amenazadas e las naves. Hab´ levantado los nuestros tres torres de madeıan ra, y fue atacando con mayor dureza desde las torres que los sitiados ofrecieron la rendici´n, a condici´n que no se les deo o negara abandonar la ciudad con sus pertenencias. Dudaban los nuestros sobre el particular cuando se produjo la irrupci´n del o ej´rcito turco, atacando a nuestra espalda; mientras se trataba e de contener el ataque las torres fueron incendiadas, sin que nada pudiese hacerse por extinguir el fuego y de esta forma desafortunada termin´ toda esperanza de triunfo. o 48
  • 49.
    El hambre entretantoaflig´ a los sitiados, que empezaron ıa a comer sus caballos y otras bestias, contraviniendo la ley de Mahoma. Hab´ cautivos cristianos cuyos cuerpos ex´nimes los ıa a sitiados arrojaban desde la muralla. En este estado de angustia, tres naves intentaron llevar auxilio a la ciudad, precipit´ndose a contra las rocas y naufragando. Saladino congreg´ a todo su ej´rcito, de todos sus reinos, y o e atac´ a los nuestros con dureza durante ocho d´ en Penteo ıas, cost´s. Los cristianos resistieron virilmente dos embestidas, y e luego, parte del ej´rcito de los turcos se retir´ a la frontera. Mue o ri´ all´ uno de los hijos de Saladino, alcanzado por una balleso ı ta que silenci´ sus insultos, estremeciendo al ej´rcito enemigo. o e Mientras, estando los sitiados afligidos por el hambre, intentaron hacerles llegar veinticinco balsas con comida, pero las dos m´s grandes se estrellaron contra las rocas. a Cuando nuestro ej´rcito empezaba a caer en la indolencia de e la inactividad, una masa de soldados tumultuosa, sin ´rdenes o del pr´ ıncipie y contra la advertencia del patriarca, el d´ de San ıa Jacobo se lanz´ con audacia contra el campamento enemigo, sin o jefe alguno, sin insignias, m´s pensando en el expolio que en a la lucha. Los gentiles, viendo la turba que se acercaba, quedaron un momento paralizados, pero enseguida, conducidos por sus jefes, salieron de sus refugios y atacaron a toda esa plebe incautamente dispersa y est´pida, consiguiendo f´cil triunfo y u a dejando alrededor de cinco mil quinientos muertos. Acudi´ en o ayuda de este ej´rcito, ya casi deshecho, el maestro Radulfo de e Alta-ripa, archidi´cono, que despu´s de eso, distingui´ndose con a e e muchas insignias, pereci´ en el ultimo d´ del asedio. o ´ ıa Quebrantados los nuestros por tan largas tribulaciones, condujo Dios desde los confines de la tierra a fuertes auxiliadores, 49
  • 50.
    hombres insignes, potentesguerreros, arzobispos, obispos, duques, condes, barones, caballeros y otra multitud incontable de lejanos lugares. El conde Enrique de Campania fue puesto al frente del ej´rcito antes de la llegada de los reyes Felipe y Ricare do, de quien era descendiente, y que tambi´n m´s adelante ser´ e a ıa rey. Tambi´n vino a Acre el duque de Suavia, hijo del emperae dor Federico, instigado por el de Monteferrato, que aspiraba a tomar el trono para ´l, sembr´ndose la disensi´n con su llegada. e a o Ocurrieron muchos hechos asombrosos durante el asedio de Acre. Una andanada de proyectiles de los defensores da˜´ todas no nuestras m´quinas, pero uno de los nuestros, que fue alcanzado, a no sufri´ da˜o. Un venablo atraves´ la armadura de otro, pero o n o fue detenido por una c´dula con el nombre de Dios que llevaba e sobre el pecho, colgando del cuello. Un soldado inerme, que apenas acababa de cumplir con la naturaleza, fue atacado por un turco armado con una lanza, y lo derrib´ de una pedrada. Ivo o de Veteri-ponte, navegando en una peque˜a embarcaci´n manion o brada por s´lo tres marineros, con diez compa˜eros, mat´ hao n o cha en mano a ochenta piratas. A un turco, que hab´ dispuesto ıa incendiar nuestras m´quinas, el fuego griego le consumi´ los gea o nitales. Otro, que llevaba fuego griego nadando hacia nuestras naves fue capturado en una red. A otro, que quer´ orinarse soıa bre la cruz, lo mat´ una flecha que le alcanz´ la ingle. En otra o o ocasi´n, durante un combate naval entre los nuestros y los turo cos, se incendiaron las m´quinas que iban en nuestras naves. En a otra, los opidanos incendiaron los arietes con fuego griego. De una flota de quince naves que ven´ desde Alejandr´ en auxiıan ıa lio de los sitiados, muchos perecieron. Cuando una delegaci´n de o los nuestros, encabezada por el arzobispo Balduino quiso parlamentar con Saladino, ´ste huy´ a la monta˜a con los suyos. Un e o n grupo de los nuestros, que iba y volv´ repetidamente de Caif´s ıa a por provisiones era gravemente atacado por los turcos, que les 50
  • 51.
    tend´ emboscadas, perofueron muertos por la emboscada de ıan Gaufrido de Liziniaco, hermano del rey Guido, que con quince caballeros elegidos se enfrent´ a ellos esper´ndolos en un puente. o a Conrado de Montferrato, deseoso de la corona, cas´ frauduleno tamente con la heredera del reino (esposa de Remfrido, que a´n u viv´ Una vez hechos los votos, volvi´ a Tiro con su esposa, ıa). o prometiendo y jurando enviar comida para el ej´rcito. Pero, ole vidando pronto su promesa, no envi´ las provisiones, estando ya o el ej´rcito desfallecido por el hambre. e El arzobispo Balduino, viendo y oyendo la total disoluci´n o de un ej´rcito dado a la licencia, las prostitutas y los dados, se e acongoj´ su esp´ o ıritu hasta el punto de sentir tedio de la vida, y extenuado por la fiebre, en aquel mismo lugar durmi´ en Dios. o Entretanto nuestro ej´rcito viv´ mortificado por el hambre. e ıa Una peque˜a medida de trigo se vend´ por cien ´ureos, una n ıa a gallina por doce s´lidos, un huevo por seis denarios. Algunos, o que ya perec´ de hambre, comi´n los cad´veres de los cabaıan a a llos, e incluso los intestinos. Diez s´lidos val´ los intestinos o ıan de un caballo, y se com´ junto con la cabeza. M´s val´ un ıan a ıa caballo muerto que uno vivo. Los hambrientos ro´ los huesos ıan ro´ ıdos ya por los perros, y com´ toda inmundicia. Alrededor ıan del horno aparec´ las iras, ri˜as, disputas y peleas. Alguno ıan n corr´ al horno diciendo: ((¡Tengo dinero, pagar´ lo que sea con ıa e tal de que me vendas!)) Qui´n ten´ algo de comida, la com´ a e ıa ıa escondidas. Los refinados, ten´ por delicias las hierbas que enıan contraban y los caballeros, como no tuviesen de qu´ alimentarse, e robaban o apostaban. Dos soldados compraron por un denario trece habichuelas. Maldito el causante de esa calamidad. Por si fuese poco, las lluvias provocaron inundaciones, y ´stas una e epidemia. El cuerpo de los enfermos aparec´ hinchado. En reıa sumen, entre las lluvias y el hambre el ej´rcito perec´ Algunos e ıa. 51
  • 52.
    obispos hicieron unacolecta entre los pudientes para socorrer a los m´s pobres. Cuando llegaba una nave, lo que ayer costaba a cien ´ureos hoy pod´ comprarse por cuatro. Cierto comerciante a ıa pisano quiso reservar sus existencias, para vender m´s caro desa pu´s, y sucedi´ que ardi´ su casa con la mercanc´ quedando e o o ıa, todos hambrientos. Despu´s de la Pascua del a˜o de 1191 de la Encarnaci´n, el e n o rey Felipe de Francia se uni´ al asedio, y poco despu´s, alrededor o e 32 de Pentecost´s, vino Ricardo , rey de los ingleses. La serie de e cuyos viajes, de sus hechos, de la captura de Acre y de cuantos combates en aquella tierra mantuvo contra Saladino, as´ como de ı la vuelta del rey Felipe a Francia, si alguno quiere saber con m´s a detalle, lea el libro que el prior de Santa Trinidad en Londres escribi´ traduciendo de la lengua g´lica al lat´ con estilo tan o a ın elegante como veraz. 28. Carta del Emperador Federico a Saladino Federico, Emperador de los Romanos por la Gracia de Dios y siempre Augusto, triunfador magn´ ıfico sobre sus enemigos, a Saladino, ilustre jefe de los sarracenos a imagen del Fara´n, o captor de Jerusal´n. e Hemos considerado las letras que nos envi´steis hace ya tiema po, en la medida en que es oportuno a nuestra magnificencia, y de acuerdo con tu dignidad las hemos sometido a examen. Pero ahora que hab´is profanado la Tierra Santa, que gobernamos e en nombre del Rey eterno, como cabeza de Judea, Samar´ Paıa, lestina, donde hab´is cometido tantos cr´ e ımenes con lamentable audacia y presunci´n, hemos de discernir entre nuestra natural o 32 Se refiere al Ricardo conocido como Coraz´n de Le´n o o 52
  • 53.
    animadversi´n y eloficio imperial al que nos debemos. Por cuya o raz´n, si no es restituida en su totalidad la tierra ocupada, y o satisfecha la indemnizaci´n acorde con la condici´n sagrada de o o esas tierras sobre las que hab´is hecho caer tan excesiva carga, e no s´lo consideraremos leg´ o ıtimo llevaros la guerra, sino que en el t´rmino de un a˜o, el primer d´ del mes de noviembre, os eme n ıa plazamos en el campo Tathneo 33 para que decidan las armas, por la virtud de la cruz milagrosa y en el nombre del verdadero Jos´. Dif´ e ıcilmente podemos creer que vay´is a rehusar, porque a vienen de lejos estas querellas, como atestiguan escritos antiguos y presentes. ¿Acaso finges ignorar nuestro imperio sobre ambas Etiop´ Mauritania, Persia, Siria, la tierra de los Partos, Juıas, dea, Samar´ Arabia mar´ ıa, ıtima, Caldea y la misma Egipto donde ¡oh dolor! el insigne Antonio, hombre virtuoso, de temperamento austero, predestinado a tan grandes cosas, contra lo que es digno en un soldado se dej´ arrastrar por los amores de Cleoo patra? ¿Acaso finges desconocer tambi´n que Armenia y otras e tierras innumerables est´n sujetas a nuestra potestad? No reia nar´s sobre estas tierras, que las espadas de Roma m´s veces a a bebieron la sangre. Y t´ ciertamente, en la misma experiencia u de las cosas, lo comprender´s con la ayuda de Dios, y conocer´s a a nuestras ´guilas victoriosas, las cohortes de las diversas nacioa nes que forman nuestro ej´rcito, el furor teut´nico, que no deja e o las armas ni en tiempos de paz, los ind´mitos pueblos del R´ o ın, 34 la juventud que nunca conoci´ la derrota, o la altura de los b´varos, la astucia de los suevos, la prudencia de los francos, a Saxonia, h´bil con la espada, Turingia, Westfalia, la ´gil Braa a bantia, Letaringia, la inquieta Burgundia, Spisania, Bohemia, Bolenia, Austria, Stiria, Brugensia, las tierras Il´ ıricas, Leonar33 Llanura situada en Egipto La traducci´n de la enumeraci´n que sigue es incompleta. Hemos eliminado algunos o o adjetivos y precisiones sobre alguna de las regiones al escap´rsenos su significado, ya que a no podemos discernir cu´ndo el texto ha de entenderse en forma literal y cu´ndo en forma a a metaf´rica o 34 53
  • 54.
    dia, Tuscia, laAncarictana Marcia y por fin la forma en que nuestra diestra aprendi´ a blandir la espada. En ese d´ se˜alao ıa n do de completa alegr´ y felicidad y reverencia en el triunfo de ıa Cristo, ser´s ense˜ado. a n Por mandato del Emperador en respuesta a la carta de Saladino. Pues de sus propias palabras se sigue su disposici´n a o enfrentarse con nosotros, con soberbia y osad´ Y la mandaıa. mos transcribir con las mismas palabras que pronunciamos, sin cambiar nada en absoluto. 29. Carta de Saladino al Emperador Federico Para Federico rey de Alemania, sincero amigo, grande y excelso, en el nombre de Dios misericordioso, por la gracia del unico Dios, potente, elevado, victorioso y perenne, cuyo reino ´ no tendr´ fin. a Le damos gracias perennes, a aqu´l cuya gracia est´ sobre e a todo el mundo. Le rogamos que infunda su doctrina sobre sus profetas y sobre todo sobre nuestro maestro, nuncio suyo, el profeta Mahoma, enviado para la recta correcci´n de la ley, que o hace aparecer sobre todas las leyes. Sepa el rey de Alemania, amigo sincero, grande, potente, que cierto hombre, de nombre Enrique, vino a nosotros diciendo que era enviado vuestro, y nos entreg´ una carta, que dec´ vuestra. o ıa Hicimos leer la carta, escuchamos sus palabras y con las nuestras respondimos. No obstante, ´sta es nuestra respuesta escrita. e Cont´is el n´mero de vuestros aliados, que vendr´n sobre a u a nosotros, y los nombr´is y dec´ el rey de tales tierras y el de a ıs: 54
  • 55.
    aquellas otras, elconde tal y el conde cual, los arzobispos, jefes y caballeros; pero si nosotros quisi´semos enunciar los nombres e de los que est´n a nuestro servicio, los que cumplen nuestras a ´rdenes, prontos a nuestra palabra y prestos a luchar a nueso tro lado, no podr´ escribirse. Y si cont´is el n´mero de todos ıan a u los cristianos, el de los sarracenos es mayor, y est´n mejor pera trechados. Y si entre los llamados cristianos y nosotros hay un mar, no hay impedimento alguno entre nosotros y el sinn´mero u de los que est´n dispuestos a un´ a ırsenos; pues con nosotros est´n a los beduinos, en tal n´mero que ser´ suficientes para oponeru ıan los a nuestros enemigos; y los turcomanos, que si se derramasen sobre nuestros enemigos los destruir´ ıan; y nuestros campesinos, que si lo orden´semos luchar´ con valor contra las gentes que a ıan viniesen sobre nuestras tierras, y se enriquecer´ con ellos y los ıan exterminar´ ¿Y de qu´ modo? Tenemos con nosotros soldados ıan. e belicosos que han vencido a nuestros enemigos y han incrementado nuestras posesiones. Y ellos y todos los reyes paganos no tardar´n en venir si los hacemos llamar. Y si vosotros os un´ a ıs, como dice vuestra carta, y conduc´ una infinita multitud, como ıs cuenta vuestro enviado, por la fuerza de Dios os saldremos al encuentro y no ser´ suficiente para vosotros que un mar se ina terponga, ya que lo atravesaremos por la voluntad de Dios y con su fuerza obtendremos todas vuestras tierras. Pues si ven´ ıs con todas vuestras fuerzas, sabremos que quedan sin protecci´n o vuestras tierras, sin nadie que las defienda. As´ cuando Dios nos ı, conceda la victoria sobre vosotros, nada ser´ m´s grande que, a a seg´n Su voluntad y fortaleza, tomemos vuestras tierras. u La alianza de los cristianos por dos veces vino sobre nosotros. Una, por dos veces, sobre Damietta, y otra sobre Alejandr´ y ıa, estaba en manos de cristianos la zona costera del reino de Jerusal´n. En tierra de los damascenos y de los sarracenos hab´ e ıa se˜ores en cada castillo, cada cual buscando su propio provecho. n 55
  • 56.
    Sab´is qu´ ocurri´en ambas ocasiones, y ahora nuestras gentes e e o est´n colmadas habiendo tomado aquellas regiones, y Dios trajo a en nuestro poder regiones extensas y abundantes, Babilonia con sus riquezas y la tierra de Damasco, y la costa del reino de Jerusal´n, y la tierra de Gesir´ con sus castillos (...) y la India con e a sus riquezas. Por la gracia de Dios todo ello vino a nuestras manos y todos obedecen a nuestro imperio. Pues si mand´semos a a los excelent´ ısimos reyes sarracenos, no se apartar´n de nosotros; a y si avis´semos al califa de Bagdad, que Dios salve, se levantar´ a ıa del trono de su imperio y acudir´ en nuestro auxilio. Capturaıa mos por la fuerza y potestad de Dios a Jerusal´n y sus tierras, y e permanecen en manos cristianas Tiro, Tr´ ıpoli y Antioqu´ que ıa, ser´n ocupadas tambi´n. a e Si dese´is la guerra, y si est´ de Dios, que por su voluntad a a tomemos todas las posesiones cristianas, saldremos a vuestro encuentro, como hemos escrito antes. Pero si busc´is la paz, ena viaremos procuradores a los tres sitios antes nombrados para que sellen la paz, os devolveremos la Santa Cruz, liberaremos a todos los cautivos cristianos, que est´n en todos nuestros domia nios, y permitiremos que dispong´is un sacerdote al servicio del a Sepulcro, os devolveremos las abad´ permitiendo las peregriıas, naciones mientras vivamos, y tendremos paz con vosotros. Si la carta que vino a nosotros de manos del nombrado Enrique es la carta de un rey, sea ´sta la respuesta, y que Dios nos e permita hacer su voluntad. Fue escrita esta carta en el a˜o de la venida de nuestro pron feta Mahoma 584; Dios salve a nuestro profeta Mahoma y a sus descendientes (...) 56