Este documento de la iglesia trata sobre la celebración de la misa dominical sin la presencia de un sacerdote. Señala que en ausencia temporal de un sacerdote, los laicos pueden dirigir la oración de la comunidad, aunque esto solo debe ser provisional. También destaca la importancia de la Eucaristía como culminación de los sacramentos y la posibilidad de recibirla espiritualmente a través de la oración, aunque la comunión plena requiere la presencia real de Cristo a través del sacerdote