La guerra era vital para la sociedad mexica debido a que impulsaba tanto la economía a través de la expansión territorial y cobro de tributos, como la religión mediante el sacrificio de prisioneros de guerra. Todos los hombres capacitados debían participar en el ejército, y los nobles recibían una educación militar avanzada para liderar como generales. La sociedad distinguía varios rangos de guerreros de acuerdo a su éxito en la batalla y número de cautivos obtenidos.