1 . LOS CONECTORES TEMPORALES
Las acciones de la narración se conectan unas a otras, establecen relaciones entre sí. Los
conectores temporales son uno de los recursos que tenemos en nuestra lengua para indicar esas
relaciones.
Los conectores son aquellas palabras que establecen relaciones entre las diversas
oraciones, párrafos o componentes de una misma oración.
Los conectores temporales permiten organizar la narración de acuerdo con una
cronología (ordenamiento de los acontecimientos según una línea de tiempo).
Algunos conectores temporales son: cuando, mientras, entonces, luego, cada vez que,
apenas, en cuanto, simultáneamente, al principio, después de un tiempo, en esos días, antes
que, después de que, más tarde, de pronto, repentinamente, ahora que, por último.
ACTIVIDADES
1 – Ahora relee la lista anterior de conectores temporales y clasifícalos según indiquen:
- Anterioridad con respecto a otra acción: por ejemplo, antes que.
- Simultaneidad con respecto a otra acción: por ejemplo, mientras.
- Posterioridad con respecto a otra acción: por ejemplo, después de un tiempo.
2 – En el siguiente texto, ¿cuáles son los conectores temporales? ¿Cuáles establecen una relación
de simultaneidad, cuáles de anterioridad y cuáles de posterioridad entre los hechos?
Hace un par de años, mis amigos Javi, Pablo y Damián salieron de su casa un sábado por
la tarde para ir a explorar la fábrica abandonada que está cerca de los bloques. A los pocos
minutos llegaron allí y se dispusieron a entrar, pero entonces apareció un guarda de seguridad y
les preguntó qué hacían merodeando por aquel lugar. Mis amigos estaban buscando una
explicación convincente cuando se oyeron gritos que provenían del interior de la fábrica. En ese
mismo momento se derrumbó una de las paredes. Inmediatamente salieron todos corriendo. Dos
días más tarde me estaban contando emocionados esta historia que te voy a contar yo a ti.
2 - VERBOS DE USO NARRATIVO:
- Verbos de lengua : los que introducen los diálogos de los personajes en la narración.
Ejemplos: decir, preguntar, interrogar, responder, contestar, comunicar, ordenar, llamar,
recordar, añadir, susurrar, murmurar, explicar, replicar, contar, hablar, argumentar,
criticar, comentar, narrar, relatar, insistir, gritar, exclamar, tartamudear, inquirir,
apostillar…
- Verbos de pensamiento: los que expresan lo que hacen mentalmente los personajes
de un relato.
Ejemplos: pensar, meditar, reflexionar, discurrir, razonar, cavilar, recordar, repensar,
recopilar…
- Verbos de tiempo: los que sirven para indicar el paso del tiempo.
Ejemplos: empezar, iniciar, comenzar, reiniciar, continuar, seguir, proseguir, transcurrir,
durar, volver a, pasar, repetir, acabar, terminar, finalizar, concluir…
- Verbos de movimiento: los que se usan para referirse al desplazamiento físico.
Ejemplos: salir, entrar, bajar, descender, subir, ascender, llegar, ir, irse, venir, andar,
caminar, pasear, correr, saltar, moverse, deambular, desplazarse, recorrer, atravesar,
transitar, adelantar, esconderse, agarrarse, levantarse, aproximarse, acercarse, alejarse,
caerse, tirar, lanzar, encaminarse…
FUENTES: apuntes de lengua, materiales de lengua;
http://roble.pntic.mec.es/%7Emsanto1/lengua/1narraci.htm#m3
ACTIVIDADES
3 – Sustituye los verbos dijo o dijeron por otros que indiquen con mayor precisión qué es
lo que hace el personaje cuando habla. Los verbos que puedes utilizar son:
admitir, desaprobar, ofrecer, indicar, observar, preguntar, gritar, protestar (lo puedes
utilizar dos veces), contestar, replicar.
La mesa estaba puesta delante de la casa, bajo un árbol, y la Liebre de Marzo y el
Sombrerero estaban tomando el té. Entre ellos había un lirón, profundamente dormido, sobre
el cual apoyaban los codos, a modo de cojín, y hablaban por encima de su cabeza. “Muy
incómodo para el lirón” – pensó Alicia- “Claro que, como está dormido, probablemente ni se
entera”
Aunque la mesa era grande, los tres se apretujaban en uno de los extremos.
- ¡No hay sitio! ¡No hay sitio! – dijeron al ver llegar a Alicia.
- ¡Hay sitio de sobra! –dijo indignada Alicia y se sentó en un gran sillón, en un extremo de
la mesa.
- Sírvete algo de vino- dijo la Liebre de Marzo.
Alicia miró por toda la mesa, pero allí sólo había té.
- No veo ningún vino.
- No lo hay –dijo la Liebre de Marzo.
- Pues entonces, tal ofrecimiento es una descortesía de su parte- dijo indignada Alicia.
- También lo es de tu parte sentarte sin ser invitada- dijo la Liebre de Marzo
- No sabía que la mesa era de su propiedad- dijo Alicia- Está servida para más de tres
personas.
- Tú necesitas un buen corte de pelo- dijo el Sombrerero. Había estado examinando a Alicia
con mucha curiosidad y ésta fue su primera intervención.
- Y usted debería aprender a no hacer comentarios personales- dijo Alicia con severidad- :
resulta muy grosero.
El Sombrerero, al oír esto, abrió de par en par los ojos, pero se limitó a decir:
- ¿En qué se parece un cuervo a un escritorio?
4 - Escribe el texto siguiente en tercera persona:
Al empezar septiembre mi madre nos mandó a mi abuelo y a mí a comprar un cuerno
que me faltaba en la trenca. Me lo arrancó el año pasado el Orejones López de un mordisco,
un día que no le quise dar bocadillo. Él se rompió un diente y yo me quedé sin cuerno. A él
le consoló su madre y a mí la mía me dio una colleja de las de efecto retardado, de las que te
duelen a la media hora aproximadamente. Ese día aprendí que si quieres meterte a una madre
en el bote es mucho mejor que te rompas algo de tu propio cuerpo a que te rompas algo de
la ropa. Lo de la ropa lo llevan fatal.
Manolito gafotas. Elvira Lindo
5– Escribe el texto siguiente en primera persona:
Leopoldo José Alberto Enrique Maximiliano de Hernanzgil y Llorenz no era feliz. Y a
menudo tenía la sensación de que su larga lista de nombres era la cusa de su infelicidad.
Lo notó el primer día de colegio cuando el Director lo acompañó a clase, lo presentó a
sus compañeros y le señaló el lugar donde debía sentarse.
Al principio pensó que iban a aplaudirle, como le pasó aquel día que fue al hospital a
visitar a unos niños que habían tenido un accidente. Le dio muchísima vergüenza y hubiera
sido terrible para él que también en el colegio le aplaudieran. Pero nadie lo hizo. Al contrario,
se hizo un gran silencio. Sus compañeros se quedaron callados cuando saludó y se fue al
pupitre.
Me llamo Pipe. Lucía Baquedano
EL ESPEJO DE MATSUYAMA
(Cuento popular japonés)
En Matsuyama, lugar remoto de la provincia japonesa de Echigo, vivía un matrimonio de
jóvenes campesinos que tenían a su pequeña hija como centro y alegría de sus vidas. Un día, el
marido tuvo que viajar a la capital para resolver unos asuntos y, ante el temor de la mujer por un
viaje tan largo y a un mundo tan desconocido, la consoló con la promesa de regresar lo antes
posible y de traerle, a ella y a su hijita, hermosos regalos.
Después de una larga temporada, que a ella se le hizo eterna, vio por fin a su esposo
de vuelta a casa y pudo oír de sus labios lo que le había sucedido y las cosas extraordinarias que
había visto, mientras que la niña jugaba feliz con los juguetes que su padre le había comprado.
-Para ti -le dijo el marido a su mujer- te he traído un regalo muy extraño que sé que te va a
sorprender. Míralo y dime qué ves dentro.
Era un objeto redondo, blanco por un lado, con adornos de pájaros y flores, y, por el otro,
muy brillante y terso. Al mirarlo, la mujer, que nunca había visto un espejo, quedó fascinada y
sorprendida al contemplar a una joven y alegre muchacha a la que no conocía. El marido se echó
a reír al ver la cara de sorpresa de su esposa.
-¿Qué ves? -le preguntó con guasa.
-Veo a una hermosa joven que me mira y mueve los labios como si quisiera hablarme.
-Querida -le dijo el marido-, lo que ves es tu propia cara reflejada en ese lámina de cristal. Se
llama espejo y en la ciudad es un objeto muy corriente.
La mujer quedó encantada con aquel maravilloso regalo; lo guardó con sumo cuidado en
una cajita y sólo, de vez en cuando, lo sacaba para contemplarse.
Pasó el tiempo y la niña se había convertido en una linda muchacha, buena y cariñosa,
que cada vez se parecía más a su madre; pero ella nunca le enseñó ni le habló del espejo para
que no se vanagloriase de su propia hermosura. De esta manera, hasta el padre se olvidó de aquel
espejo tan bien guardado y escondido.
Un día, la madre enfermó y, a pesar de los cuidados de padre e hija, fue empeorando de
tal manera que ella misma comprendió que la muerte se le acercaba. Entonces, llamó a su hija, le
pidió que le trajera la caja en donde guardaba el espejo, y le dijo:
-Hija mía, sé que pronto voy a morir, pero no te entristezcas. Cuando ya no esté con vosotros,
prométeme que mirarás en este espejo todos los días. Me verás en él y te darás cuenta de que,
aunque desde muy lejos, siempre estaré velando por ti.
Al morir la madre, la muchacha abrió la caja del espejo y cada día, como se lo había
prometido, lo miraba y en él veía la cara de su madre, tan hermosa y sonriente como antes de la
enfermedad. Con ella hablaba y a ella le confiaba sus penas y sus alegrías; y, aunque su madre no
le decía ni una palabra, siempre le parecía que estaba cercana, atenta y comprensiva.
Un día el padre la vio delante del espejo, como si conversara con él. Y, ante su sorpresa,
la muchacha contestó:
-Padre, todos los días miro en este espejo y veo a mi querida madre y hablo con ella.
Y le contó el regalo y el ruego que su madre la había hecho antes de morir, lo que ella no
había dejado de cumplir ni un solo día.
El padre quedó tan impresionado y emocionado que nunca se atrevió a decirle que lo
que contemplaba todos los días en el espejo era ella misma y que, tal vez por la fuerza del amor,
se había convertido en la fiel imagen del hermoso rostro de su madre.
EL PESCADORCITO URASHIMA
(Cuento popular japonés)
Hace muchos y muchos años, vivía Urashima en una isla del Japón. Era el único hijo de
un matrimonio de pescadores muy pobres cuyas únicas pertenencias eran una red, una pequeña
barca y una casita cerca de la playa. Pese a ser tan pobres, los padres de Urashima querían mucho
a su hijo, un muchacho sencillo y muy bueno.
Un día, cuando Urashima volvía de pescar vió como unos niños estaban pegando a una
enorme tortuga. En ese momento Urashima se enfadó muchísimo y fue hacía los críos para
reprenderlos y salvar la tortuga. Cuando acabó de hablar con los niños y estos se fueron
cabizbajos, cogió la tortuga y la llevó al mar. Cuando vio que la tortuga reaccionaba al contacto
con el agua y se podía mover y nadar, regresó a casa la mar de conteto.
Al cabo de un tiempo, Urashima se fue a pescar. Todo estaba tranquilo en el mar y
Urasima tiraba al agua y recogía su red con entusiasmo. Una de las veces, al subir la red vio que
estaba la tortuga que el había echado al mar unos días antes. Ésta le dijo: "Urashima, el gran señor
de los mares se ha maravillado con la buena acción que hiciste conmigo, y me ha enviado para
que te conduzca a su palacio. Además te quiere dar la mano de su hija, la hermosa princesa
Otohime". Urashima accedió gustoso y juntos se fueron mar adentro, hasta que llegaron a Riugú,
la ciudad del reino del mar. Era maravillosa. Sus casas eran de esmeralda y los tejidos de oro; el
suelo estaba cubierto de perlas y grandes árboles de coraldaban sombra en los jardines; sus hojas
eran de nácar y sus frutos de las más bellas pedrería.
Urashima se casó con Otohime, la hija del rey del mar, y pasaron una semana de una
felicidad completa. Pero al cabo de esos días, Urashima pensó que sus padre debían de estar
preocupados por él, y decidió subir a la superficie para decirles que se encontraba bien y que se
había casado. Otohime comprendió a su marido, y dio un pequeña caja de laca atada con un
cordón de seda. Cuando se la dio, le dijo que si quería volver a verla no la abriera.
Cuando Urashima llegó al pueblo, todo había cambiado, ya no reconocía ni las casas ni
a las personas. Y cuando busco la casita de sus padres sólo vio un gran edificio en el que nadie
sabía nada de unos ancianos. Finalmente, un señor viajo, viendo la desesperación de Urashima
empezó a recordar y le explicó que no lo recordaba muy bien, porque había pasado mucho
tiempo atrás, pero que recordaba a su madre explicarle la desdichada suerte de un par de
ancianitos cuyo único hijo salió a pescar y no regresó jamás. Urashima empezó a comprender:
mientras vivió en la ciudad del mar había perdido la noción del tiempo. Lo que le había parecido
sólo unos cuantos días habían sido más de cien años.
Se dirigió a la playa, y sin saber que hacer abrió la caja que le había dado su mujer. Al
instante un viento frío salió de la caja y envolvió a Urashima. Éste recordó lo que le había dicho
su mujer pero de pronto se sintió muy cansado, sus cabellos se volvieron blancos y cayó al suelo.
Cuando a la mañana siguiente fueron los muchachos a bañarse, vieron tendido en la arena a un
anciano sin vida. Era Urashima que había muerto de viejo.

El texto narrativo

  • 2.
    1 . LOSCONECTORES TEMPORALES Las acciones de la narración se conectan unas a otras, establecen relaciones entre sí. Los conectores temporales son uno de los recursos que tenemos en nuestra lengua para indicar esas relaciones. Los conectores son aquellas palabras que establecen relaciones entre las diversas oraciones, párrafos o componentes de una misma oración. Los conectores temporales permiten organizar la narración de acuerdo con una cronología (ordenamiento de los acontecimientos según una línea de tiempo). Algunos conectores temporales son: cuando, mientras, entonces, luego, cada vez que, apenas, en cuanto, simultáneamente, al principio, después de un tiempo, en esos días, antes que, después de que, más tarde, de pronto, repentinamente, ahora que, por último. ACTIVIDADES 1 – Ahora relee la lista anterior de conectores temporales y clasifícalos según indiquen: - Anterioridad con respecto a otra acción: por ejemplo, antes que. - Simultaneidad con respecto a otra acción: por ejemplo, mientras. - Posterioridad con respecto a otra acción: por ejemplo, después de un tiempo. 2 – En el siguiente texto, ¿cuáles son los conectores temporales? ¿Cuáles establecen una relación de simultaneidad, cuáles de anterioridad y cuáles de posterioridad entre los hechos? Hace un par de años, mis amigos Javi, Pablo y Damián salieron de su casa un sábado por la tarde para ir a explorar la fábrica abandonada que está cerca de los bloques. A los pocos minutos llegaron allí y se dispusieron a entrar, pero entonces apareció un guarda de seguridad y les preguntó qué hacían merodeando por aquel lugar. Mis amigos estaban buscando una explicación convincente cuando se oyeron gritos que provenían del interior de la fábrica. En ese mismo momento se derrumbó una de las paredes. Inmediatamente salieron todos corriendo. Dos días más tarde me estaban contando emocionados esta historia que te voy a contar yo a ti. 2 - VERBOS DE USO NARRATIVO: - Verbos de lengua : los que introducen los diálogos de los personajes en la narración. Ejemplos: decir, preguntar, interrogar, responder, contestar, comunicar, ordenar, llamar, recordar, añadir, susurrar, murmurar, explicar, replicar, contar, hablar, argumentar, criticar, comentar, narrar, relatar, insistir, gritar, exclamar, tartamudear, inquirir, apostillar… - Verbos de pensamiento: los que expresan lo que hacen mentalmente los personajes de un relato. Ejemplos: pensar, meditar, reflexionar, discurrir, razonar, cavilar, recordar, repensar, recopilar…
  • 3.
    - Verbos detiempo: los que sirven para indicar el paso del tiempo. Ejemplos: empezar, iniciar, comenzar, reiniciar, continuar, seguir, proseguir, transcurrir, durar, volver a, pasar, repetir, acabar, terminar, finalizar, concluir… - Verbos de movimiento: los que se usan para referirse al desplazamiento físico. Ejemplos: salir, entrar, bajar, descender, subir, ascender, llegar, ir, irse, venir, andar, caminar, pasear, correr, saltar, moverse, deambular, desplazarse, recorrer, atravesar, transitar, adelantar, esconderse, agarrarse, levantarse, aproximarse, acercarse, alejarse, caerse, tirar, lanzar, encaminarse… FUENTES: apuntes de lengua, materiales de lengua; http://roble.pntic.mec.es/%7Emsanto1/lengua/1narraci.htm#m3 ACTIVIDADES 3 – Sustituye los verbos dijo o dijeron por otros que indiquen con mayor precisión qué es lo que hace el personaje cuando habla. Los verbos que puedes utilizar son: admitir, desaprobar, ofrecer, indicar, observar, preguntar, gritar, protestar (lo puedes utilizar dos veces), contestar, replicar. La mesa estaba puesta delante de la casa, bajo un árbol, y la Liebre de Marzo y el Sombrerero estaban tomando el té. Entre ellos había un lirón, profundamente dormido, sobre el cual apoyaban los codos, a modo de cojín, y hablaban por encima de su cabeza. “Muy incómodo para el lirón” – pensó Alicia- “Claro que, como está dormido, probablemente ni se entera” Aunque la mesa era grande, los tres se apretujaban en uno de los extremos. - ¡No hay sitio! ¡No hay sitio! – dijeron al ver llegar a Alicia. - ¡Hay sitio de sobra! –dijo indignada Alicia y se sentó en un gran sillón, en un extremo de la mesa. - Sírvete algo de vino- dijo la Liebre de Marzo. Alicia miró por toda la mesa, pero allí sólo había té. - No veo ningún vino. - No lo hay –dijo la Liebre de Marzo. - Pues entonces, tal ofrecimiento es una descortesía de su parte- dijo indignada Alicia. - También lo es de tu parte sentarte sin ser invitada- dijo la Liebre de Marzo - No sabía que la mesa era de su propiedad- dijo Alicia- Está servida para más de tres personas. - Tú necesitas un buen corte de pelo- dijo el Sombrerero. Había estado examinando a Alicia con mucha curiosidad y ésta fue su primera intervención. - Y usted debería aprender a no hacer comentarios personales- dijo Alicia con severidad- : resulta muy grosero. El Sombrerero, al oír esto, abrió de par en par los ojos, pero se limitó a decir: - ¿En qué se parece un cuervo a un escritorio?
  • 4.
    4 - Escribeel texto siguiente en tercera persona: Al empezar septiembre mi madre nos mandó a mi abuelo y a mí a comprar un cuerno que me faltaba en la trenca. Me lo arrancó el año pasado el Orejones López de un mordisco, un día que no le quise dar bocadillo. Él se rompió un diente y yo me quedé sin cuerno. A él le consoló su madre y a mí la mía me dio una colleja de las de efecto retardado, de las que te duelen a la media hora aproximadamente. Ese día aprendí que si quieres meterte a una madre en el bote es mucho mejor que te rompas algo de tu propio cuerpo a que te rompas algo de la ropa. Lo de la ropa lo llevan fatal. Manolito gafotas. Elvira Lindo 5– Escribe el texto siguiente en primera persona: Leopoldo José Alberto Enrique Maximiliano de Hernanzgil y Llorenz no era feliz. Y a menudo tenía la sensación de que su larga lista de nombres era la cusa de su infelicidad. Lo notó el primer día de colegio cuando el Director lo acompañó a clase, lo presentó a sus compañeros y le señaló el lugar donde debía sentarse. Al principio pensó que iban a aplaudirle, como le pasó aquel día que fue al hospital a visitar a unos niños que habían tenido un accidente. Le dio muchísima vergüenza y hubiera sido terrible para él que también en el colegio le aplaudieran. Pero nadie lo hizo. Al contrario, se hizo un gran silencio. Sus compañeros se quedaron callados cuando saludó y se fue al pupitre. Me llamo Pipe. Lucía Baquedano
  • 5.
    EL ESPEJO DEMATSUYAMA (Cuento popular japonés) En Matsuyama, lugar remoto de la provincia japonesa de Echigo, vivía un matrimonio de jóvenes campesinos que tenían a su pequeña hija como centro y alegría de sus vidas. Un día, el marido tuvo que viajar a la capital para resolver unos asuntos y, ante el temor de la mujer por un viaje tan largo y a un mundo tan desconocido, la consoló con la promesa de regresar lo antes posible y de traerle, a ella y a su hijita, hermosos regalos. Después de una larga temporada, que a ella se le hizo eterna, vio por fin a su esposo de vuelta a casa y pudo oír de sus labios lo que le había sucedido y las cosas extraordinarias que había visto, mientras que la niña jugaba feliz con los juguetes que su padre le había comprado. -Para ti -le dijo el marido a su mujer- te he traído un regalo muy extraño que sé que te va a sorprender. Míralo y dime qué ves dentro. Era un objeto redondo, blanco por un lado, con adornos de pájaros y flores, y, por el otro, muy brillante y terso. Al mirarlo, la mujer, que nunca había visto un espejo, quedó fascinada y sorprendida al contemplar a una joven y alegre muchacha a la que no conocía. El marido se echó a reír al ver la cara de sorpresa de su esposa. -¿Qué ves? -le preguntó con guasa. -Veo a una hermosa joven que me mira y mueve los labios como si quisiera hablarme. -Querida -le dijo el marido-, lo que ves es tu propia cara reflejada en ese lámina de cristal. Se llama espejo y en la ciudad es un objeto muy corriente. La mujer quedó encantada con aquel maravilloso regalo; lo guardó con sumo cuidado en una cajita y sólo, de vez en cuando, lo sacaba para contemplarse. Pasó el tiempo y la niña se había convertido en una linda muchacha, buena y cariñosa, que cada vez se parecía más a su madre; pero ella nunca le enseñó ni le habló del espejo para que no se vanagloriase de su propia hermosura. De esta manera, hasta el padre se olvidó de aquel espejo tan bien guardado y escondido. Un día, la madre enfermó y, a pesar de los cuidados de padre e hija, fue empeorando de tal manera que ella misma comprendió que la muerte se le acercaba. Entonces, llamó a su hija, le pidió que le trajera la caja en donde guardaba el espejo, y le dijo: -Hija mía, sé que pronto voy a morir, pero no te entristezcas. Cuando ya no esté con vosotros, prométeme que mirarás en este espejo todos los días. Me verás en él y te darás cuenta de que, aunque desde muy lejos, siempre estaré velando por ti. Al morir la madre, la muchacha abrió la caja del espejo y cada día, como se lo había prometido, lo miraba y en él veía la cara de su madre, tan hermosa y sonriente como antes de la enfermedad. Con ella hablaba y a ella le confiaba sus penas y sus alegrías; y, aunque su madre no le decía ni una palabra, siempre le parecía que estaba cercana, atenta y comprensiva. Un día el padre la vio delante del espejo, como si conversara con él. Y, ante su sorpresa, la muchacha contestó: -Padre, todos los días miro en este espejo y veo a mi querida madre y hablo con ella. Y le contó el regalo y el ruego que su madre la había hecho antes de morir, lo que ella no había dejado de cumplir ni un solo día. El padre quedó tan impresionado y emocionado que nunca se atrevió a decirle que lo que contemplaba todos los días en el espejo era ella misma y que, tal vez por la fuerza del amor, se había convertido en la fiel imagen del hermoso rostro de su madre.
  • 6.
    EL PESCADORCITO URASHIMA (Cuentopopular japonés) Hace muchos y muchos años, vivía Urashima en una isla del Japón. Era el único hijo de un matrimonio de pescadores muy pobres cuyas únicas pertenencias eran una red, una pequeña barca y una casita cerca de la playa. Pese a ser tan pobres, los padres de Urashima querían mucho a su hijo, un muchacho sencillo y muy bueno. Un día, cuando Urashima volvía de pescar vió como unos niños estaban pegando a una enorme tortuga. En ese momento Urashima se enfadó muchísimo y fue hacía los críos para reprenderlos y salvar la tortuga. Cuando acabó de hablar con los niños y estos se fueron cabizbajos, cogió la tortuga y la llevó al mar. Cuando vio que la tortuga reaccionaba al contacto con el agua y se podía mover y nadar, regresó a casa la mar de conteto. Al cabo de un tiempo, Urashima se fue a pescar. Todo estaba tranquilo en el mar y Urasima tiraba al agua y recogía su red con entusiasmo. Una de las veces, al subir la red vio que estaba la tortuga que el había echado al mar unos días antes. Ésta le dijo: "Urashima, el gran señor de los mares se ha maravillado con la buena acción que hiciste conmigo, y me ha enviado para que te conduzca a su palacio. Además te quiere dar la mano de su hija, la hermosa princesa Otohime". Urashima accedió gustoso y juntos se fueron mar adentro, hasta que llegaron a Riugú, la ciudad del reino del mar. Era maravillosa. Sus casas eran de esmeralda y los tejidos de oro; el suelo estaba cubierto de perlas y grandes árboles de coraldaban sombra en los jardines; sus hojas eran de nácar y sus frutos de las más bellas pedrería. Urashima se casó con Otohime, la hija del rey del mar, y pasaron una semana de una felicidad completa. Pero al cabo de esos días, Urashima pensó que sus padre debían de estar preocupados por él, y decidió subir a la superficie para decirles que se encontraba bien y que se había casado. Otohime comprendió a su marido, y dio un pequeña caja de laca atada con un cordón de seda. Cuando se la dio, le dijo que si quería volver a verla no la abriera. Cuando Urashima llegó al pueblo, todo había cambiado, ya no reconocía ni las casas ni a las personas. Y cuando busco la casita de sus padres sólo vio un gran edificio en el que nadie sabía nada de unos ancianos. Finalmente, un señor viajo, viendo la desesperación de Urashima empezó a recordar y le explicó que no lo recordaba muy bien, porque había pasado mucho tiempo atrás, pero que recordaba a su madre explicarle la desdichada suerte de un par de ancianitos cuyo único hijo salió a pescar y no regresó jamás. Urashima empezó a comprender: mientras vivió en la ciudad del mar había perdido la noción del tiempo. Lo que le había parecido sólo unos cuantos días habían sido más de cien años. Se dirigió a la playa, y sin saber que hacer abrió la caja que le había dado su mujer. Al instante un viento frío salió de la caja y envolvió a Urashima. Éste recordó lo que le había dicho su mujer pero de pronto se sintió muy cansado, sus cabellos se volvieron blancos y cayó al suelo. Cuando a la mañana siguiente fueron los muchachos a bañarse, vieron tendido en la arena a un anciano sin vida. Era Urashima que había muerto de viejo.