El parroquiano tiene un dolor de muela y no sabe si gastar su dinero en sacársela o comprar pan para comer. Ve al panadero colocando panes en una mesa y se le hace agua la boca. Llega un guardia que lo reta a comerse 100 panes sin parar, apostando que si no lo logra se dejará sacar una muela. El parroquiano acepta la apuesta confiado en ganar.