Este poema de Bécquer describe un arpa olvidada en un rincón oscuro cubierta de polvo. El poeta ve el arpa como una metáfora de la inspiración dormida, esperando ser despertada por un artista. Reflexiona sobre cómo el genio a veces duerme en lo profundo del alma a la espera de una voz que lo inspire, tal como Lázaro esperó ser resucitado. El poema transmite un sentimiento de melancolía y añoranza por la inspiración artística.