El profeta Habacuc expresa su preocupación por la injusticia en el mundo y por qué Dios permite que los impíos castiguen a los justos. Dios responde que usará a los caldeos como instrumento de castigo, aunque también serán castigados por su crueldad. Habacuc aprende a confiar en que, aunque no comprenda los caminos de Dios, al final se establecerá Su justicia.