En la transición al nuevo milenio y en las actuales circunstancias,
es decir, cuando Ecuador atraviesa por una de las más graves
crisis de su historia, se hacia más que nunca imprescindible
ofrecer al público lector una reflexión seria y renovada del pasado
del país. El propósito fundamental de esta tarea se planteo en
términos de brindarle no sólo un instrumento eficaz de
comprensión de las raíces históricas nacionales que nos son
propios y comunes, sino sobre todo de permitirle encontrar, a la
luz del análisis pretérito, respuestas a muchos de los graves
problemas que nos agobian en el presente.
Y es que en el marco de las profundas transformaciones que ha
experimentado el quehacer historiográfico en el Ecuador en las últimas
décadas, todo ejercicio de análisis retrospectivo exige, por parte del
historiados, un múltiple compromiso y un amplio desempeño que rebasa la
exclusiva aclaración del pasado y se preocupa del presente y del futuro, en
orden a despertar la "memoria histórica", sacudir las conciencias y
encontrar otros y esperanzadores caminos, hechos sobre la base de la
igualdad social, la equitativa distribución de la riqueza y la valoración y
respetuosa aceptación de nuestra diversidad étnica cultural.
Esta obra que ahora presentamos, esfuerzo conjunto de la Universidad
Andina "Simón Bolívar", del Taller de Estudios Históricos y del Diario "La
Hora", es entonces importante, porque estudia la Historia del Ecuador
desde las sociedades aborígenes hasta nuestros días desde esa perspectiva
de análisis renovado, mediante la cual el lector puede reconstruir una
visión crítica del pasado y fundamentalmente reavivar los lazos con su
identidad nacional resultado extraordinario de las varias y heterogéneas
que caracterizan a Ecuador.
En este afán de intentar conducir al lector a través del tiempo, la obra
cuenta a más del contenido, organizado de acuerdo con las grandes
períodos de la historia del país, con un importante y esclarecedor material
gráfico, una serie de recuadros que recogen información complementaria
sobre cada período o tema tratado, y una valiosa bibliografía comentada,
guía idónea para aquellas personas empeñadas en profundizar en
determinado aspecto o tiempo histórico de su interés.
Este trabajo que responde a las nuevas propuestas historiográficas, presta
atención no sólo a los aspectos políticos, económicos y sociales (desde
cuya perspectiva analiza, entre otras cuestiones, como materia
fundamental el papel de los protagonistas históricos colectivos), sino que
reflexiona además sobre otros temas, hasta hace poco tiempo
desatendidos, como la cuestión regional y la evolución de las estructuras
espaciales.
En esta tarea participó un grupo de historiadores, sin cuya colaboración no
hubiera sido posible llevarla a cabo, y si a ellos agradecemos sus
esfuerzos, lo dedicamos profundamente a los profesores consagrados a la
enseñanza de la historia, con quienes los historiadores comparten la gran
responsabilidad de difundirla, pero también a los estudiantes, importante
razón de ser de nuestros esfuerzos comunes.
ESQUELETOS
Mujer y niño de 14 años
Cultura Las Vegas
Elena, de Karen E. Stothert.
BancoCentral Guayaquil, 1988.
*Ernesto Salazar
Introducción
La evidencia arqueológica hoy disponible permite afirmar que nuestra
historia comienza hace unos 11.000 años. Hacia esta fecha el país ha
salido ya de una de las épocas más frías de la glaciación Wisconsin y se
instaura un procesa de mejoramiento climático, que tardará algunos
milenios en alcanzar las condiciones actuales. El hombre ocupa el territorio
nacional y se expande por la Sierra y la costa modificando paulatinamente
el medio ambiente en su beneficio.
Los primeros pobladores practicaban una subsistencia de caza y
recolección, formando bandas dispersas con territorios relativamente fijos,
aunque con cierta periodicidad debieron juntarse para explotar zonas ricas
en recursos y ejercer acciones de cohesión social. La caza recolección
como estrategia adaptativa perduró, en términos generales, hasta el tercer
milenio antes de Cristo, cuando surgieron las primeras manifestaciones de
la agricultura como medio básico de subsistencia.
Este lapso de aproximadamente 6.000 años ha sido denominado por los
arqueólogos período lítico o precerámico. A diferencia de Norteamérica,
donde ha sido subdividido en paleoindio y arcaico, en razón de la
diversidad de recursos explotados y de las estrategias de supervivencia, en
la arqueología ecuatoriana permanente aún sin divisiones,
fundamentalmente por la escasa investigación realizada sobre las
sociedades tempranas del país. En efecto, el registro arqueológico
disponible es muy exiguo y la información proporcionada por los sitios
hasta hoy descubiertos no permite dar una visión clara del desarrollo
cultural en tan largo período.
El poblamiento del Ecuador
El problema del poblamiento inicial del país es bastante complejo, porque
se conoce mal la dinamia de las migraciones prehistóricas. Por ahora el
registro arqueológico permite afirmar que el poblamiento de nuestro país
se hizo por el callejón interandino, acaso con migraciones menores por la
Costa y el Oriente. En esta época los glaciares y el páramo se hallaban en
franca retirada y el bosque montano cubría las profundidades de los valles
interandinos, proporcionando abundantes recursos animales y vegetales.
La Costa gozaba de un clima relativamente estable, con una estación seca
larga y una estación lluviosa corta, que mantenían una sabana abierta con
bosques de galería a lo largo de los ríos, brindando variados recursos,
tanto marinos como del interior.
Los seres humanos parecen haber ocupado rápidamente el callejón
interandino. La Costa, en cambio habría permanecido largamente
deshabitada, a juzgar por la relativa escasez de asentamiento
precerámicos descubiertos (excepto los numerosos sitios de la península
de Santa Elena) en una región que, comparativamente, es una de las más
estudiadas del país. El Oriente habría sido objeto de incursiones
esporádicas desde la Sierra, que apenas rozaban la selva tropical. Si hubo
alguna migración por la selva, las evidencias no han sido aún descubiertas,
por falta de exploraciones sistemáticas de la región.
Restos humanos antiguos
Los vestigios arqueológicos se reducen en su mayoría a conjuntos de
artefactos de piedra abandonados en los campamentos prehistóricos. Mas
los restos humanos se han revelado esquivos a la pala del arqueólogo. En
efecto, las investigaciones han fallado sistemáticamente en encontrarlos
en los niveles de ocupación temprana del país. Por otro lado, los pocos
especímenes conocidos, a los que se dio gran antigüedad, resultaron, para
desilusión de los científicos, demasiado recientes: el famoso cráneo de
Punín datado en 4.950 a C.; los cráneos de Paltacalo, atribuidos una edad
reciente (tal vez el período de Integración), y en el cráneo de Otavalo,
ubicado en el primer milenio antes de Cristo.
De mayor trascendencia para el conocimiento de la población
paleoecuatoriana es el hallazgo de los restos de al menos 192 individuos
en las excavaciones del sitio OGSE-80 de la cultura Las Vegas, en la
península de Santa Elena. Dataciones radio carbónicas ubican estos restos
entre 6.300 y 4.600 a C., constituyendo, por tanto, los vestigios humanos
más antiguos del Ecuador.
*Profesor del Departamento de Antropología, Director del Museo Jacinto Jijón y
Caamaño, de la Universidad Católica del Ecuador.
La evidencia arqueológica
La presencia en el país de cazadores recolectores tempranos viene
atestiguada por la evidencia cultural obtenida de sitios excavados y por
hallazgos superficiales aislados. Puntas de lanza de varios tamaños han
sido encontradas en diferentes lugares del país, particularmente, en las
provincias del Carchi, Imbabura, Pichincha, Cotopaxi, Azuay y Loja.
En una perspectiva global, estos descubrimientos aislados proveen poca
información cultural, pero la procedencia de los artefactos permite
registrar su distribución espacial, dato que puede ser relevante para la
interpretación arqueológica. Desde este punto de vista, los hallazgos
mencionados arriban señalan claramente la presencia de cazadores
tempranos a lo largo de casi todo el callejón interandino del Ecuador.
Naturalmente, la información medular sobre los cazadores tempranos
proviene de investigaciones sistemáticas llevadas a cabo en diferentes
regiones del país. Entre los sitios excavados merecen citarse El Inga y San
José (provincia de Pichincha), la cueva de Chobshi (provincia del Azuay),
los sitios de Cubilán (provincia de Loja), y e sitio de OGSE-80 (provincia de
Guayas).
El sitio de El Inga, y la zona del Ilaló
El Inga se encuentra a 2.500 m. de altura, en la base del cerro Ilaló por su
lado oriental. Las excavaciones de Robert Bell permitieron recuperar una
ingente cantidad de material lítico de obsidiana y rocas basálticas
pertenecientes a tres períodos sucesivos de ocupación. Lamentablemente,
las dataciones radiocárbonicas no han dado una cronología consistente,
debido a que las muestras provenían de un terreno disturbado por labores
agrícolas. En todo caso, la fecha más antigua que se posee para este sitio
es de 7.800 a. C.
Del análisis del material recuperado se infiere que El Inga fue un
campamento paleoindio donde se llevaban a cabo diversas actividades,
incluyendo la manufactura de artefactos. Cabe destacar, entre los
utensilios, la presencia de cuchillos, raspadores, buriles y puntas de
proyectil de diversas formas y tamaños, particularmente la punta de cola
de pescado, característica del horizonte paleoindio mejor conocido de
Sudamérica. El sitio se encuentra ubicado en una zona rica en vestigios
tempranos que yace entre el Ilaló y la cordillera Oriental.
Los yacimientos paleoindios que le son más afines por sus rasgos
generales y su industria lítica se encuentran hacia la base oriental del
cerro, por lo común bajo la cota de 2.600 m. Al respecto vale citar Lazón,
San Cayetano, San Juan, San José, este último excavado por William Mayer
Oakes y datado en 9.350 a.C., por el método de la hidratación de la
obsidiana. Fuera de este sector hay numerosos sitios precerámicos de
filiación aún desconocida, cuya densidad va disminuyendo a medida que se
accede a los páramos de la cordillera Oriental.
Cabe mencionar, en este contexto, el hallazgo de una punta de cola de
pescado por el arqueólogo jesuita padre Porras en el abrigo rocoso de
Petacaurco, al norte de Papallacta. Esta población se encuentra a 3.200 m.
de altura, al otro lado de la cordillera Oriental, en la ruta que descenso a la
selva tropical. Porras hace referencia a "trabajos de excavación", pero no
da indicaciones sobre la naturaleza del resto de utillaje (si es que existe) o
de restos de fauna asociados con la punta de proyectil. Tal como están las
cosas, su establecimiento de la "fase precerámica Papallacta", en base a la
presencia de un solo artefacto, es demasiado prematura y, por lo mismo,
carente de significado cultural.
Otra "fase" precerámica establecida recientemente es la Cotundo Jondachi
en el alto Napo, donde "concentración" de artefactos de obsidiana
"(cuchillos, rapadores, buriles, navajas que guardan fuertes similitudes
con el instrumental lítico de El Inga"). Si la estratigrafía está bien
interpretada (hay un deslave de por medio, que pudo haber disturbado los
depósitos culturales), los artefactos de Jondachi estarían separados por
una capa de 6 m. de espesor, de un depósito de cerámica formativa, lo que
ciertamente les daría un carácter netamente precerámico.
Lamentablemente, Porras es demasiado parco en detalles, circunstancias
que no propicia un análisis objetivo del sitio ni de su pretendida fase
cultura.
Los sitios de Chobshi y Cubilán
En el sur del país hay que mencionar la cueva de Chobshi, ubicada a 2.400
m. de altura en el cantón Sigsig, provincia del Azuay. Depredada por largos
años, la cueva fue finalmente excavada por Thomas F. Lynch, quien logró
recuperar una importante muestra de artefactos de piedra y restos de
fauna. A esto habría que añadir los instrumentos de hueso, principalmente
punzones y leznas, que Reinoso recuperara en distintas ocasiones de la
cueva.
Los artefactos de piedra comprenden 46 tipos de instrumentos, fabricados
en cherts de varios colores, rocas metamórficas y, muy ocasionalmente, en
obsidiana. Hay puntas de proyectil lanceoladas y pedunculadas, cuchillos,
buriles y una gran variedad de raspadores, que en muchos aspectos
parecen guardar relación con la tradición tecnológica de los utillajes del
Ilaló. La fauna comprende especies recientes, cuyo significado carbónicas
indican que la ocupación de la cueva tuvo lugar entre 8.060 y 5.585 a. C.
En el límite entre las provincias del Azuay y Loja, Mathilde Temme excavó
los sitios de Cubilán (Cu-26 y Cu-27), ubicados en la cordillera Oriental a
3.100 m de altura, en una zona ecológica calificada como subpáramo. Cu-
26 es un campamento que ha dado evidencia de, al menos, siete fogones,
aparentemente contemporáneos, asociados a artefactos líticos como
raspadores, puntas de proyectil (pedunculadas y foliáceas), piezas bifaces,
perforadas y restos de talla.
Dataciones radiocarbónicas indican una edad entre 7.110 y 7.150 a. C. Hay
en Cu-27 predominio de actividades de taller, a juzgar por la presencia de
núcleos y restos de talla, además de artefactos elaborados, como puntas
de proyectil, piezas bifaces, raspadores y cuchillos. Muestras de carbón
vegetal indican una antigüedad de 8.550 a. C. y 8.380 a. C., por el método
de análisis radiocárbonico.
El complejo Las Vegas
El complejo Las Vegas comprende alrededor de 31 sitios ubicados a lo
largo de drenajes antiguos, playas y lagunas secas, en la parte occidental
de la península de Santa Elena. El sitio que ha recibido más atención es
OGSE-80, que abarca un área extensa (80 x 20 m) donde hay abundante
material de superficie, pero las excavaciones de Stothert revelaron la
presencia de materiales culturales hasta de 110 cm de profundidad.
El registro arqueológico incluye restos de fauna marina y litoral, así como
del interior, una industria lítica de horsteno en la que no hay instrumentos
bien definidos, y la serie de esqueletos humanos señalados anteriormente.
Algunos artefactos de hueso y concha y concentraciones de ocre,
completan el material recuperado. Fechas de radiocarbono ubican el
complejo Las Vegas entre 9.050 a. C. y 4.650 a. C., con tres fases: Pre-
Vegas (9.050 8.050 a. C.), Las Vegas temprano (7.850 6.050 a.C.), y las
Vegas tardío (6.050 4.650 a.C.)
ILUSTRACION
Mujeres recolectando
Cazadores recolectores
del antiguo Ecuador, de Ernesto
Salazar.
Banco Central del Ecuador,
Cuenca 1984.
Los cazadores recolectores del ecosistema Andino
El hábitat
Reconstruir los antiguos modos de vida es, literalmente, una tarea que
requiere de información mucho mayor de la que actualmente se dispone.
Esto no impide, sin embargo, intentan una aproximación que dé significado
cultural a los hallazgos y esboce los parámetros en torno a los cuales se
debe orientar la investigación antropológica del pasado más remoto del
país.
El poblamiento inicial de Ecuador aborigen parece haber seguido,
principalmente, el derrotero andino. Bandas de cazadores recolectores se
desplazaron desde el norte ocupando territorios que, a menudo, incluían el
bosque montano y el páramo, que desde el comienzo se revelan como
pisos ecológicos complementarios para la subsistencia.
El hábitat del paleoindio de Ilaló nos es desconocido. Si partimos de la
premisa de que, en las épocas de avance glaciar, el nivel de las nieves
descendió en un término medio de 1.300 m, se puede inferir que, en la
época más fría de la glaciación Wisconsin (hacia 19.000 a.C), el límite de
las nieves perpetuas estuvo en la cordillera Oriental a 3.400 m.
aproximadamente, y el límite superior del bosque montano a 2.100 m.
quedando así todo el valle del Ilaló cubierto de vegetación paramuna.
Las evidencias de presencia humana en la zona pertenecen a la época del
Holoceno (que comenzó hace diez mil años aproximadamente), cuando el
deshielo de los glaciares ha "empujado" el límite de las nieves y el páramo
a alturas más elevadas y el bosque montano ha cubierto, probablemente,
todo el valle de Ilaló. Determinar la base de subsistencia de las bandas de
Ilaló es harto difícil por la completa ausencia de restos orgánicos en los
sitios arqueológicos de la zona.
Para complicar las cosas, el valle se encuentra actualmente casi
desprovisto de la flora y la fauna autóctonas, lo que no permite hacer
extrapolaciones válidas para el pasado. Los pocos vestigios que han
quedado se hallan confinados a las paredes de las quebradas y a los
angostos valles que bajan del Ilaló y de la cordillera Oriental, en estado
claramente degenerado respecto al bosque primigenio.
Por razones de espacio me abstengo de hacer una evaluación detallada de
la etnobotánica local.
Quiero señalar, sin embargo, que existe todavía plantas silvestres
comestibles y otras de carácter industrial cuyos usos son conocidos. Sin
duda, existen también otras plantas que fueron utilizadas por los
habitantes tempranos, aunque sus propiedades no sean hoy desconocidas.
De los pisos ecológicos con los que estaban familiarizados los cazadores
recolectores, el bosque montano proveía sin duda el grueso de la
alimentación vegetal.
La recolección incluía, seguramente frutas diversas, como la uvilla
(Physalis peruviana), el taxo (Passiflora mollissima), la mora (Rubus
floribundus), el nogal o "tocte" (Juglans nigra), la "nigua" (Margyricarpus
setosus), el capulí (la especie sudamericana Prunus salicifolia), la joyapa o
hualicón (Ceratostema grandiflorum); granos de amarantáceas, como el
ataco (Amarantbus caudatus), de quenopodiáceas, como la "ashpa quinua"
(Chenopodium, sp.); y de leguminosas, como el "ashpa chocho" (Lupinus
sp.); en fin, hojas de bledo (Amaranthus blitum) y berro (Nasturtim
officinale) y, tal vez, tubérculos silvestres de género Solanum y Sioscorea
("sacha papas").
Comparativamente, el páramo tiene pocos recursos comestibles, siendo su
flora, en buena parte, de carácter medicinal. Sin embargo, este piso
ecológico debió haber sido de gran importancia para los cazadores
tempranos por sus recursos faunísticos: oso de anteojos (Tremarctos
ornatus), venado (Odocoileus virginianus), puma (Felis concolor), "lobo"
de páramo (Dusicyon culpaeus), etc.
Algo similar habría ocurrido con los cazadores de la cueva de Chobshi, que
incidentemente se encuentran a la misma altura que el sitio de El Inga.
Probablemente, las fluctuaciones climáticas afectaron la región de Sigsig
de la misma manera que en la zona de Ilaló, aunque tal vez con menor
intensidad. De todas maneras, a la época de la ocupación de la cueva, el
bosque montano cubría el área circundante, ofrecido al hombre recursos
alimenticios semejantes a los que acabo de mencionar.
El caso de Cubilán es diferente ya que, por su ubicación, los sitios habrían
estado casi siempre en la franja de páramo. La geomorfología de la zona es
claramente glaciar, pero se ignora si su modelado corresponde a la última
glaciación. Gran parte de los Andes meridionales del país no estuvieron
cubiertos de nieve en la glaciación Wisconsin, con excepción, tal vez, de los
altos picachos. De ahí que la línea de nieve perpetua debió ser
grandemente discontinua. Al tiempo de la ocupación de Cubilán, si no
había nieve en las cercanías predominada, al menos, un riguroso páramo
en la zona y mayores recursos vegetales de que aprovecharse, a no ser que
los hubieran traído desde el bosque montano.
Los recursos faunísticos
Un problema debatido desde hace muchos años en Ecuador es el de la
contemporaneidad del hombre con la fauna grande y extinguida del
Pleistoceno (mastodontes, milodontes, caballos antiguos, etc.). El debate
surgió a fines de la década de 1920, a raíz del descubrimiento del
mastodonte de Alangasí (provincia de Pichincha), en asociación con
artefactos de obsidiana y tiestos de cerámica, en un contexto que parecía
"probar" la supervivencia de este proboscidio hasta bien entrada la era
cristiana. Sin embargo, parece que hubo errores de interpretación
geológica y estratigráfica en la evaluación de los hallazgos que, como
podría esperarse, fueron rechazados por la comunidad científica.
El caso del mastodonte de Alangasí es hoy asunto terminado, pero el
descubrimiento de sitios arqueológicos tempranos ha vuelto a poner sobre
la mesa la cuestión de la contemporaneidad del hombre con la megafauna.
Lamentablemente, no se puede avanzar sobre el asunto debido a la
ausencia de restos de fauna extinguida en los sitios paleoindios conocidos,
particularmente en la zona del Ilaló, cuyo subsuelo alberga, para mayor
confusión, muestras de una importante fauna pleistocénica. Sin embargo,
investigaciones recientes realizadas por una misión paleontológica italiana
señalan al menos una especie pleistocénica, el mastodonte, se extinguió
algunos milenios antes de la llegada de los cazadores tempranos.
Una de las contribuciones más importantes que ha hecho la cueva de
Chobshi para la comprensión de la subsistencia del cazador temprano es,
sin duda, el registro de la fauna. En las excavaciones de Lynch (Lynch y
Pollck 1981:98) se recuperaron restos de zarigüeya (Didelphis
albiventris),conejo (Silvilagus brasiiensis), puerco espín o erizo (Coendu
bicolor), sacha cuy (Agouti taczanowskii), perro (Canis familiaris), tapir o
danta (Tapirus pinchque), venados (Odocoileus virginianus y Pudu
mephistopheles), oso de anteojos (Tremarctos ornatus) y perdices
(Tinamidae).
Toda esta fauna es considerada "reciente" u holocénica y su presencia
indicaría que, el tiempo de la ocupación de la cueva, la megafauna había
desaparecido o era tan escasa, que era más rentable la cacería de las
especies modernas. Parece que el énfasis se concentró en la caza del
venado, particularmente la especie paramuna de cola blanca (Odocoileus
virginianus). El hallazgo en la cueva del Chobshi de restos de esta y otras
especias de altura, como el sacha cuy, el oso de anteojos, la perdiz y el
conejo, habla claramente en favor de la explotación sistemática del
páramo como fuente de proteína animal.
Vale destacar, en relación el oso andino y la danta, que aunque a veces se
los encuentra en páramo abierto, prefieren los hábitats boscosos,
particularmente de los estribaciones orientales de los Andes. De ahí que su
presencia en la cueva Chobshi sea un importante indicio de la extensión
máxima del territorio de caza de los habitantes tempranos.
En este contexto, los sitios de Cubilán adquieren la dimensión que les
corresponde como campamentos provisionales para la caza de animales de
altura, incluyendo algunas especies de la Ceja de la Montaña. Su ubicación
es, además, estratégica ya que los sitios se encuentran en una ruta de fácil
acceso a la selva tropical. No se han recuperado restos de fauna en las
excavaciones, pero la presencia de puntas de proyectil indica claramente el
objetivo de los humanos que acamparon allí.
En cuanto a la zona del Ilaló, no hay todavía evidencia arqueológica de que
los paleoindios subieron al páramo a cazar, pero su presencia en este piso
ecológico es indudable, por encontrarse aquí los afloramientos de materia
prima. La explotación de la obsidiana llevó al cazador temprano a una
frecuencia asidua del páramo, con el concomitante conocimiento
progresivo de su potencialidad para la subsistencia humana,
principalmente en recursos faunísticos.
Si la fecha de El Inga es correcta, anticipamos una subsistencia similar a la
de los habitantes de la cueva de Chobshi, es decir, caza menor en el
bosque montano, con recolección de productos vegetales, caza mayor en el
páramo y probablemente en las estribaciones de la Ceja de la Montaña. En
esta perspectiva, la punta de cola de pescado hallada en la cueva de
Petacaurco indicaría, a mi modo de ver, más que la huella de una
migración separada por el este de los Andes --que no niego
categóricamente- una instancia de una incursión lejana de los cazadores el
Ilaló en busca de osos o dantas en la Ceja de la Montaña.
Después de todo, los páramos de la región del Ilaló culminan en la sierra
de Guamaní, una tradicional zona de pasos naturales hacia la selva tropical
lluviosa. Los hallazgos de Jondachi encajan menos en esta hipótesis. Tengo
la impresión de que los cazadores del ecosistema andino incursionaban
más allá del páramo sólo esporádicamente y sólo hasta la periferia de la
selva tropical. En efecto, selva adentro el cazador andino hubiera requerido
de adaptaciones culturales que no poseía para hacer frente a flora y fauna
diferentes de su medio ambiente habitual. Lamentablemente, la escasa
información que se tiene del sitio del Jondachi o permite darle un contexto
regional.
Atrás. en el tiempo
Para viajar en el tiempo no necesitas una máquina.
Simplemente sube conmigo a las faldas del Ilaló, y sueña
Pon tu mente flexible e intenta eliminar los ruidos y las cosas modernas del paisaje,
reemplazándolas por sonidos y visiones del pasado. Haz desaparecer la música del radio
que sale de esa casa campesina, y elimina el automóvil azul, sin escape, que pasa por la
carretera Tumbaco La Merced, justo frente al sitio paleoindio de El Inga. Naturalmente,
los postes de luz deben también desaparecer, y la manada de vacas que cruza la
carretera. Y la carretera misma.
Pero antes de quedarnos sin nada, poblemos el paisaje con visiones antiguas. En vez de
la carretera, pon un sendero angosto que apenas se divise entre las matas, y en vez de la
casa y el radio, pongamos un pequeño bosque con pájaros trinando. Pon bosque por
todas partes, porque aquí todo está erosionando y la cangahua desnuda da un aspecto
deprimente.
A propósito, no pongas cualquier árbol en el bosque: quita los eucaliptos, que no deben
tener aquí más de cien años, y los duraznos que, a pesar de ser antiguos, no son de
aquí. Pon grandes molles, olorosos nogales, pumamaquis
No estaría mal un par de quebradas con agua cristalina saltando entre las piedras. Ah,
elimina las cercas y las chacras y pon matorral, siempre matorral para que los pueblos
de moras, sapos, chochos silvestres, beldos, zarigüeyas. Y elimina ese avión que vuela
sobre la cordillera y transfórmalo en cóndor que vuele sobre las cumbres cubiertas de
neblina
Y entonces se hará el milagro..
Porque verás la naturaleza primigenia, y oirás los sonidos de la vida; ramas que se
mecen, pájaros que picotean, una cervicabra que bebe en el arroyo, y el humo de una
fogata en El Inga. Hay algarabía en ese campamento y no me equivocaría si te digo que
han regresado ya los cazadores.
Oscurece y hace frío, y esta vieja piel de oso cada vez cubre menos. Vamos, recoge tu
lanza y tus utensilios; yo llevaré la obsidiana y el morral de mortiños. ¿Sabes?, desde
que vivo en esta banda, los chicos jamás me perdonan que llegue sin su golosina.
No exagero cuando te digo que, a veces, dejo de cazar sólo por buscarles los mortiños.
Yo lo hago con mucho gusto, pero creo también que ya es tiempo de que les enseñe a
buscar su comida, a perseguir animales pequeños, a tallar utensilios simples. Inclusive
creo que ¿puedes andar más de prisa? Estoy muerto de hambre y huelo ya la carne de
venado asándote en la brasa. Sobre todo, quiero calentarme junto a la fogata y escuchar
cuanto tendrán que contar de su jornada
Así es, señores, el viaje personal del arqueólogo cuando hurga en el pasado. Siempre
con la mirada en años perdidos, cruza los pantanos de la selva amazónica, se pierde en
las neblinas de páramos y punas, se achicharra en los soles de la costa peruana,
siempre buscando huellas, indicios de una vida que solo él puede resucitar de los
escombros. Nadie sabrá nunca las peripecias de este viejo caminante, porque no caben
en los informes académicos ni en las monografías finales.
Pero al fin de su jornada, y desde el polvo de los siglos, emergerán antes el lector
sombras desconocidas u olvidadas agitándose en la penumbra del tiempo y del espacio
(...)
Tomado de Esrnesto Salazar, presentación al libro de Historia de América Andina.
PUNTA DE FLECHA
Tipo Clovis
Tomada de Arte
Ecuatoriano
Tomo I Salvat Editores
Ecuatoriana, Madrid,
1985
Cazadores Especializados
El habitante primigenio de la sierra ecuatoriana era, sin duda, un cazador
especializado. Conocía perfectamente el comportamiento de sus presas
(cómo se desplazaban, a qué hora y por qué lugares) y sabía acercarse,
sigilosamente, para capturarlas. Bonifaz ha publicado un interesante
estudio sobre las técnicas que pudo haber utilizado el habitante temprano
en la caza de algunas especies del ecosistema andino, y no me detendré a
considerarlas.
Baste señalar que sus lanzas con puntas de piedra debieron constituir
formidables armas para la caza de grandes animales, a los que
probablemente se acercaban protegidos por las sombras de la tarde o por
un obstáculo, o camuflados con pieles, avanzando en dirección opuesta a la
del viento, a fin de nos ser percibidos por la presa. En el caso de algunos
animales, o en ciertas circunstancias, habría recurrido a trampas
disimuladas en el follaje o al despeñamiento, si sabían dirigir bien la huida
del animal. La actividad cinegética, a menudo habría requerido la
participación de varios individuos, generalmente hombres; pero en el caso
de algunas especies como el conejo, mujeres y niños pudieron involucrarse
en el acorralamiento de los animales.
En este punto parece necesario hacer una breve consideración sobre un
tema que no ha sido abordado en el estudio del poblamiento del Ecuador:
la participación del perro en la cacería, cuya presencia está confirmada en
la cueva de Chobshi. Cada día se está acumulando más evidencia de que
antes que ningún otro animal, el perro fue domesticado para ayudar al ser
humano en el aprovisionamiento de carne.
En el ecosistema andino la situación no parece ser diferente. Presenciar
una cacería de conejos en el páramo, con ayuda de perros, es un
espectáculo que puede ser fácilmente, extrapolado al pasado. Dos hombres
con varios canes hubieran cobrado, sin mayor esfuerzo, unas cincuenta
piezas por día, lo suficiente para satisfacer las necesidades inmediatas de
una banda. Igualmente efectivos habrían sido los perros para cazar
venados o acosar animales de talla mayor.
Lamentablemente no disponemos de evidencia arqueológica al respecto, lo
que en todo caso no impide postular la utilización del perro, que en ciertos
contextos cinegéticos (p.e. caza de conejos) pudo no solo ser
recomendable sino hasta imprescindible.
La vivienda
La necesidad de protegerse en la intemperie es un postulado básico de la
especie humana. Según las circunstancias, los paleoindios han optado por
varios tipos de vivienda, desde el abrigo natural hasta la casa construida.
Por ciento, la evidencia dejada por los habitantes tempranos es mínima. La
región del Ilaló carece de refugios naturales, con la excepción de cuatro
cuevas ubicadas en el flujo de basalto que pasa cerca del pueblo de Palugo
y que, al parecer, no fueron habitadas.
Por consiguiente hay que postular, para la mayoría de los sitios del Ilaló,
incluyendo el Inga, la construcción de refugios de madera o chozas
cubiertas con ramas o con paja de cerro (Stipa ichu). Los campamentos
bases debieron estar ubicados en el bosque montano, no sólo por la mayor
protección que provee la vegetación sino también por la disponibilidad casi
inmediata de recursos alimenticios alrededor de los mismos.
En el páramo se encuentran, a menudo, abrigos rocosos que fueron
habitados, pero más de una vez el cazador habría recurrido a refugios de
madera en campo abierto que, incidentalmente, se construyen en pocas
horas. Los cazadores de Chobshi encontraron en el bosque montano una de
las pocas cuevas de la zona, razón por la que la ocuparon continuamente.
Los sitios de Cubilán, en cambio, se hallan en campo abierto y es seguro
que tenían alguna estructura de madera, acaso muy precaria, dado que no
han dejado evidencia en el suelo.
La tecnología: Utillaje lítico
La supervivencia de los cazadores dependía de los artefactos que
fabricaban y estos, a su vez, de la calidad de la materia prima disponible.
Era tan importante que, si no se encontraba en afloramientos locales, se
realizaban viajes periódicos para aprovisionarse directamente, o se
recurría a largas cadenas de intercambio para traerla de canteras lejanas.
Desde este punto de vista, parece que una de las razones que llevaron al
habitante temprano a ocupar la zona del Ilaló fue la disponibilidad casi
inmediata de materia prima.
Dos enormes flujos de basalto provenientes de la cordillera Oriental se
hallan ubicados en el centro mismo del valle del Ilaló. El basalto fue
utilizado en la manufactura de artefactos grandes, requeridos para
trabajos duros, probablemente de extracción de maderas. Sin embargo, en
el contexto de los utillajes líticos del Ilaló, es claro que la obsidiana jugaba
un papel más importante por la facilitad que brinda par la talla de
instrumentos. Pequeños depósitos secundarios de este material se
encuentran en el valle, enterrados en la cangahua o al fondo de las
quebradas. Pero los afloramientos primarios yacen en las cumbres de la
cordillera Oriental, a un día o dos de camino a pie desde la base del Ilaló.
A raíz de las excavaciones de El Inga, se generalizó entre los estudiosos la
opinión de que la obsidiana trabajada del Ilaló provenía del volcán
Antisana. Una larga campaña de exploración de los páramos de la
cordillera Oriental nos permitió comprobar, en primer lugar, que la
obsidiana del Antisana es generalmente de mala calidad, llena de
impurezas y no apta para la manufactura de artefactos; y, en segundo
lugar, que los afloramientos más importantes se encuentran un poco más
al norte y en situación de acceso relativamente fácil desde el valle del
Ilaló.
Los principales afloramientos, de sur a norte, son Quiscatola, Yanaurco
Chico y Mullumica, en donde se puede apreciar toda la gana de texturas y
colores que se observan en los artefactos del Ilaló.
Efectivamente, análisis de florescencia de rayos X y de activación
neutrónica indican que los artefactos de la zona del Ilalò fueron
manufacturados con materia prima proveniente de estos afloramientos.
Por otro lado, hay indicios de que los artefactos de obsidiana de la cueva
de Chobshi (que no pasan de la decena) proviene de los afloramientos de
Yanaurco Chico y Quiscatola, lo que sugeriría que las relaciones de
intercambio a larga distancia son tan antiguas como el poblamiento del
país.
Parece que los cazadores de Chobshi se desplazaban menos en busca de
materia prima. Diversos cherts y rocas metamórficas se encuentran
frecuentemente en las cercanías de la cueva,
particularmente en la quebrada de Puente Seco y en el río Santa Bárbara.
Su aprovisionamiento debió ser simple, limitándose el cazador a recogerlas
de las orillas o del interior de los cursos de agua.
Los sitios de Cubilán guardan, en cuanto a la búsqueda de materia prima,
la misma relación que los talleres de Quiscatola y Mullumica en el norte el
país. Es decir, se trata de puestos de avanzada de los cazadores del bosque
montano, que ascendían al páramo para explotar sus materiales preferidos
y realizar caza de altura. Temme señala que toda la zona de Cubilán
abunda en rocas silíceas, particularmente pedernal. Los afloramientos
consisten en pequeñas vetas o depósitos secundarios, donde fragmentos
grandes y nódulos pueden ser fácilmente recogidos y transportados a
zonas más bajas.
Los primeros habitantes del Ecuador
Los cazadores recolectores del ecosistema costero
La tecnología lítica
El precerámico de la Costa difiere notablemente del de la Sierra, no sólo
porque está inmerso en otra ecología, sino porque pertenece a una
cronología más reciente. Por el momento, las únicas manifestaciones han
sido localizadas en la península de Santa Elena, en un contexto claramente
aislado en relación con lo que sucede en la Sierra.
Stothert estima que el sitio 80 en la Península tuvo, originalmente, unos
150 m de largo. Reducido actualmente a la mitad, todavía conserva una
gruesa capa cultural en la que se observa un continuo basural de 80 m de
longitud, aproximadamente, con vestigios de fauna, artefactos y
enterramientos en su interior.
El repertorio cultural de la gente de Vegas incluye una abundante industria
lítica de tecnología simple, en el sentido de que sus instrumentos carecen
de patrones de manufactura claramente definidos, a diferencia de lo que
sucede con los utillajes precerámicos de la Sierra. En su mayor parte, los
artefactos comprenden lascas y láminas con huellas de utilización o
ligeramente retocadas. Ello induce a creer que estamos frente a una
tradición tecnológica desarrollada, independientemente de la tradición
serrana y que según Stothert habría continuado, con algunos hiatos, hasta
la época colonial.
Cabe anotar que la industria lítica no es necesariamente reflejo de una
falta de destreza en los cazadores costeros. La materia prima desempeña,
indudablemente, un papel importante, en el horsteno que explotaba y
utilizaban la gente de Vegas no era, en términos generales, el más idóneo
par ala fabricación de finos artefactos que, en cambio, se obtenían con
facilidad al trabajar la obsidiana.
La tradición tecnológica no es más que un elemento de todo el bagaje
cultural de un pueblo y, por lo tanto, responde a la necesidad de
subsistencia y a las modalidades de explotación del medio ambiente
impuesta por la sociedad. En este sentido, el utillaje de la cultura Vegas se
muestra claramente como de tipo generalizado, reflejando ciertamente la
naturaleza dela explotación del medio circundante.
Una economía de amplio espectro
En efecto, la evidencia arqueológica señala que los habitantes de OGSE-80
capturaban una variada fauna procedente del mar, de los manglares (que
existían, sin duda, a corta distancia del sitio) y del interior. Entre los restos
óseos, se ha determinado la presencia de al menos treinta especies, que
incluyen peces como la corvina, el atún, la lisa, el peje-sapo, el róbalo, el
pargo, etc.; reptiles como la boa y la lagartija.
También figuran mamíferos como el zorro (Dusicyon sechurae), la
cervicabra (Mazama rufina), el conejo (Sylvilagus brasiliensis) y el oso
hormiguero (Tamandua tetradáctila), y moluscos diversos, principalmente
la concha prieta de los manglares (Anadara tuberculosa).
De la fauna terrestre, cabe señalar la importancia de la caza del zorro. El
sitio 80 dio una muestra de dientes de al menos 27 zorros, y en un
enterramiento Stothert descubrió una concentración de dientes de este
animal junto a un esqueleto, lo que significa que, además de consumir esta
especie, la gente de Vegas recogía sus dientes para ofrendas funerarias. En
fin, hay que señalar que la cervicabra, aunque poco representada en el
sitio, pudo haber constituido un importante aporte para la dieta de la gente
de Vegas.
La naturaleza de la caza era, probablemente, similar a la de los cazadores
serranos, pero tal vez se llevaba a cabo con técnicas menos sofisticadas.
No se han encontrado puntas de proyectil líticas en el sitio 80, lo que
sugiere que los cazadores recolectores de Vega las fabricaban de madera,
o simplemente no las fabricaban, porque recurrían a técnicas de caza más
sencillas, como el acorralamiento de animales jóvenes o viejos, uso de
trampas, o ataques sorpresivos a animales dormidos o enfermos.
Stothert estima que la dieta proteínica provenía en un 54% de animales
terrestres, 35% de pescado y 11% de moluscos. No se han conservado
restos de plantas, pero recientemente un análisis de fitolitos en muestras
de suelo del sitio 80 dio como resultado la presencia de maíz. Es de
suponer que la recolección de plantas era similar en variedad a la fauna
consumida, lo que indica una economía generalizada y de amplio espectro,
característica de las sociedades arcaicas.
Orígenes de la Cultura Las Vegas
En 1974 usé los sitios precerámicos de la península de Santa Elena como base para
denominar a una Tradición Noroccidental Sudamericana. Señalé que estos complejos
eran distintos de los asignados a la Tradición Andina de Cazadores y que todos los
grupos constituyentes no estaban adaptados exclusivamente a un ambiente del litoral,
sino a una amplia gama de submedios encontrados en el noroeste de América del Sur y
Centroamérica meridional.
Recientemente me han impresionado las ideas de Ranere, quien ha postulado una
adaptación cultural temprana al bosque tropical, que tuvo su inicio en América Central
durante el Pleistoceno tardío... Es conveniente interpretar a Las Vegas también como
una manifestación de la misma tradición...
Un problema de la interpretación histórica de estos complejos es que la mayor parte del
bosque tropical de Centroamérica, Colombia y Ecuador no ha sido estudiada por los
arqueólogos. Los sitios conocidos los encontramos en zonas tropicales húmedas, pero
también en áreas sin bosques, tierra adentro, como la Sabana de Bogotá.
Aunque la península de Santa Elena jamás fue completamente boscosa, estaba bordeada
de manglares en la época precerámica. Esta ocupación y la de Talara, Perú, se pueden
interpretar como extensiones litorales de la cultura precerámica de los bosques
tropicales de la zona occidental ecuatoriana, ocupados por gente similar a la de La
Vegas, pero aún desconocida.
En resumen, he buscado los orígenes de la cultura Las Vegas en una adaptación
temprana al bosque tropical, lo cual debe haberse iniciado, antes del fin del Pleistoceno,
en el bosque de Centroamérica. Pero existe otra hipótesis relacionada. Lathrap ha
descrito una difusión temprana de horticultores primitivos, que salió de los trópicos
húmedos amazónicos antes delfín del Pleistoceno.
Según este modelo, esta gente se dedicó a cazar y recoger diversas especies de
animales y plantas, además de poseer una tradición de cultivar en sus jardines
domésticos mate (Lagenaria siceraria), algodón (Gossy-pium sp.) y otras plantas de
bosque tropical. En un mapa, Lathrap nos sugirió que esta gente siguió la costa hacia
una ruta norteña, así poblando el noroeste de Sudamérica. A la luz de esta hipótesis, uno
pudiera considerar al complejo La Vegas como una manifestación arqueológica de estos
primitivos cultivadores.
Tomado de Karen Stothert, La Prehistoria Temprana de la Península de Santa Elena,
Ecuador. Cultura Las Vegas.
Origen de la Sedentarización
La economía de amplio espectro es preludio dela domesticación. El ser
humano aprender a manipular las especies preferidas, transportándolas a
otros nichos ecológicos, iniciando así la horticultura. La presencia de maíz
en Vegas indica, claramente, que se había alcanzado esta etapa de control
de los recuso alimenticios, lo que contribuyó, sin duda, a favorecer la
sedentarización.
Sin embargo, es probable que la gente no haya sigo completamente
sedentaria. Las faenas de caza y recolección, el aprovisionamiento de
materia prima en los afloramientos de chert u horsteno, les llevaba
continuamente a los nichos ecológicos que explotaban, aunque siempre
debieron regresar a su comunidad base.
Al respecto, el sitio 80 tiene características de un asentamiento
permanente y, según manifiesta Stothert, fue probablemente habitada a lo
largo de todo el año. En efecto, si se considera la variedad de los recursos
utilizados y su accesibilidad casi inmediata a partir del sitio, es de suponer
que la movilidad de sus ocupantes era más bien restringida, ya que, aun
tomando en cuenta variaciones estacionales en la producción de los
microambientes, siempre habría habido recursos disponibles.
El arraigamiento de la gente de Vegas a su comunidad base se refuerza
más aún por la presencia de numerosas enterramientos y de estructuras
habitacionales, una de las cuales fue excavada por Stothert.
Costumbres funerarias
La gente de Las Vegas enterraba a sus muertos en la misma comunicad.
Los esqueletos recuperados en la excavación del sitio 80 están asignados
cronológicamente a la fase tardía, y se encuentran dispuestos en
enterramientos primarios y secundarios. Los primeros se refieren a
enterramientos individuales o colectivos en los que el cadáver es
depositado, generalmente íntegro, en su tumba, sin ser subsecuentemente
exhumado.
Los entierros secundarios, en cambio, son aquellos cuyas osamentas
fueron exhumadas de una tumba primaria y reenterradas, sin respetar la
articulación original de los huesos. De particular importancia en un
enterramiento de dos individuos jóvenes, hombre y mujer, que yacían con
la cara hacia el Este y con grandes piedras dispuestas encima de ellos.
Aquí tenemos un caso de ritual funerario en que se evidencia, de parte de
los deudos, cierta preocupación por el destino o "bienestar" de sus
difuntos.
Los entierros, en general, están asociados con conchas, bolas de caliza,
percutores de piedra, guijarros diversos, lascas, un hacha pulida, pigmento
rojo, etc., notándose contextos más claros en los entierros primarios.
Stothert cita referencias de costumbres funerarias similares en el
precerámico peruano y en la etnografía de algunos grupos de la selva
tropical.
La vivienda
En cuanto a la vivienda, Stothert sugiere la presencia de una choza de 150
a 180 cm de diámetro, con una "puerta" que se abría hacia el noreste,
construida como una colmena, con ramas flexibles unidas en la cúspide y
con la pared cubierta de hierbas y ramas secas. Fechas radiocarbónicas
indican que este refugio fue construido hacia 7.000 a.C., y construcciones
similares más recientes han sido reportadas en el sitio de Chilca, Perú
(3.800 2.650 a.C.), asociadas en su interior con enterramientos, como
sucede con OGSE-80.
El germen de la agricultura
Sea como fuere, cuando el complejo Vegas surge en la península, está ya
conformada con todas las características de una sociedad arcaica en
transición a la vida agrícola. No está aún delineado el proceso de
domesticación en el Ecuador aborigen. ¿De dónde obtuvo la sociedad
Vegas el maíz? ¿Qué otras especies de plantas manipulaba con miras a la
domesticación? ¿Qué papel desempañaron los valles interandinos en el
desarrollo de la agricultura?
Es de suponer que hacia 7.000 a.C. los cazadores recolectores serranos
iniciaron la manipulación del ecosistema andino transportando plantas de
un piso ecológico a otro, que es la fase decisiva del proceso de
domesticación. Lynch ha señalado que este movimiento de cultígenos en
potencia es aún más importante que el intercambio de recursos entre
grupos humanos. De ahí la importancia del patrón de transhumancia que
se ha postulado para los Andes centrales, ya que en este contexto de
migración cíclica las semillas habrían sido transportadas consciente o
accidentalmente, a otros hábitats, incluyendo la Costa.
Aquí cabría preguntarse en qué medida podría aplicarse el concepto de
transhumancia a las sociedades arcaicas de nuestro país. Es lamentable
que no se disponga de evidencia arqueológica al respecto. Después de la
ocupación de Chobshi, el registro arqueológico señala un hiato de varios
milenios, hasta que surge la sociedad formativa de Cerro Narrío con un
sistema agrícola, al parecer completamente desarrollado.
En Vegas, en cambio, la situación es algo diferente, porque en esta cultura
se vislumbra ya el germen de la sociedad agrícola, que se consolida
después de la cultura Valdivia.
Glosario
Arcaico, período de la época precerámica de América, caracterizado por la intensificación
de la explotación del medio ambiente por los seres humanos. La intensificación se
manifiesta en la apropiación gradual de nuevos microambientes y nuevos recursos, que
desemboca en una economía llamada de "amplio espectro".
Domesticación, proceso mediante el cual plantas y animales se transforman genéticamente,
hasta el punto de que no pueden vivir sin la ayuda de los humanos. Este proceso tuvo lugar
en América entre 7.000 3.000 a.C.
Fauna reciente, llamada también holocénica, por ser característica de este período.
Comprende las especies animales que hoy conocemos.
Fitolito, cuerpo microscópico de sílice que ocurre en ciertas plantas, particularmente
gramíneas. En la cultura Las Vegas se demostró el consumo de maíz por el hallazago de
estos cuerpos en el suelo del sitio OGSE-80
Glaciación, período frío del Pleistoceno caracterizado en los Andes por el descanso del
nivel de las nievas perpetuas. La última glaciación del continente americano se denomina
Wisconsin.
Holoceno, período de la era cuaternaria que comenzó hace 10.00 años, aproximadamente.
Horsteno, variedad de pedernal.
Megafauna, la fauna grande de Pleistoceno, hoy extinguida (i.e. mastodontes, milodontes,
tigre diente de sable, caballo antiguo, etc.)
Pleistoceno, período de la era cuaternaria caracterizado por fuertes fluctuaciones
climáticas. Anterior al Holoceno.
Orientaciones bibliográficas
Sobre el pablamiento de América del sur consúltese:
ARDILA, Gerardo y Gustavo Politis, Nuevos datos para un viejo problema: investigación y
discusiones en torno al poblamiento de América del Sur, Boletín del Museo del Oro, Bogotá,
1989.
ARDILA, Gerardo, "El norte de América del Sur: diversidad y adaptaciones en el final del
Pleistoceno", en Gustavo Politis, Ed., Arqueología en América Latina Hoy, Biblioteca Banco
Popular, Bogotá, 1992, pp. 90-115.
Para una visión de conjunto de poblamiento temprano del Ecuador consúltese los trabajos
de:
HOLM, Olaf, Los primeros hombres del Ecuador, Museo Antropológico del Banco Central,
Guayaquil, 1981.
SALAZAR, Ernesto, Cazadores recolectores del antiguo Ecuador, Museo del Banco Central,
cuenca, 1984.
-------------- "El hombre temprano en el Ecuador aborigen", en Enrique Ayala, Ed., Nueva
Historia del Ecuador, Tomo I, Corporación Editora Nacional / Grijalbo, Quito, 1988.
Acerca de estrategias tradicionales de caza véase:
BONIFAZ, Emilio, Cazadores Prehistóricos del Ilaló, edición del autor, Quito, 1979.
SALAZAR, Ernesto, Tecnología precolombina del Ecuador: algunos temas y reflexiones,
Artesanías de América, 1992.
El problema de la naturaleza y la cronología de los restos humanos más antiguos del país
es discutido en:
SANTIANA, Antonio, Nuevo panorama ecuatoriano del Indio, Editorial Universitaria, Quito,
1966.
--------------- Los cráneos de Punín y Paltacalo, Humanista, 1960.
SALAZAR, Ernesto, Entre mitos y fábulas: el Ecuador aborigen, cap. I, Corporación Editora
Nacional, Quito, 1994.
SALLIVAN, Louis y Milo Hellman, El cráneo de Punín, Anales de la Universidad Central,
1938.
STOTHERT, Karen, La prehistoria temprana de la península de Santa Elena, Ecuador:
Cultura Las Vegas, Miscelánea Antropológica Ecuatoriana, serie monográfica Nro. 10, cap.
V, Guayaquil 1988.
VASQUEZ FULLER, César, 28 mil años de antigüedad de Hombre de Otavalo, edición del
autor, 1976.
Las condiciones climáticas en el Pleistoceno final y el Holoceno son abordadas en:
SALAZAR, Ernesto, El hombre temprano en el Ecuador aborigen (cf. Referencia, arriba).
STOTHERT, Karen, La prehistoria temprana de la península de Santa Elena, Ecuador:
Cultura Las Vegas (cf. Referencia, arriba).
En cuanto a informes arqueológicos se pueden consultar:
BELL, Robert, Investigaciones arqueológicas en el sitio de El Inga, Ecuador, Casa de la
Cultura Ecuatoriana, Quito, 1965.
BONIFAZ, Emilio, Obsidianas del paleoindio de la región del Ilaló, edición del autor, Quito,
1978.
CARLUCI, María A., Puntas de proyectil: tipos, técnicas y distribución en el Ecuador andino,
Humanistas, 1963.
LYNCH, Thomas y Suana Pollck, La arqueología de la Cueva Negra de Chobshi, Miscelánea
Antropológica Ecuatoriana.
REINOSO, Gustavo, Horizonte precerámico de Chopshi, en Revista de Antropología.
SALAZAR, Ernesto, Chinchiloma, análisis tipológico del material de superficie, en Revista
de Antropología, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Cuenca, 1974.
-------------- El hombre temprano en la región de Ilaló, Sierra del Ecuador, Departamento de
Difusión Cultural, Universidad de Cuenca, Cuenca, 1979.
TEMME, Matilde, Excavaciones en el sitio de precerámico de Cubilán, Misceláneas
Antropológica Ecuatoriana, 1982.
Sobre el uso de explotación de la obsidiana, véase:
SALAZAR, Ernesto, Investigaciones arqueológicas en Mullumica, provincia de Pichincha,
Miscelánea Antropológica Ecuatoriana, 1985.
------------- El intercambio de obsidiana en el Ecuador precolombino: perspectivas teóricos-
metadológicas, en Antropología Cuadernos de Investigación, Departamento de
Antropología, PUCE, 1999.
Pedro Porras nunca publicó un informe arqueológico de sus investigaciones paleoindias en
las estribaciones orientales de la Cordillera. Los pocos datos disponibles sobre Petacaurco
y Jondachi se encuentran en:
PORRAS, Pedro, Nuestro ayer: manual de arqueología ecuaotoriana, Centro de
Investigaciones Arqueológicas, Quito, 1987.
El caso de la cultura Valdivia
La cultura prehistórica de más renombre en el Ecuador es Valdivia. Su
fama se debe principalmente a la antiguas del Nuevo Mundo. El
descubrimiento de esta cerámica tan vieja en la costa ecuatoriana, hace
algunos décadas, trajo consigo fama para el Ecuador, que hasta aquella
época había quedado a la sombra (desde el punto de vista arqueológico)
de las grandes civilizaciones prehispánicas de México, de Centroamérica y
de Perú. Fuera del país el renombre del Ecuador dependió principalmente
de una hipótesis que relacionó Valdivia con la transferencia de tecnología
desde Asia a América.
El descubrimiento de esta "alfarería más antigua de América"
probablemente ha sido superado con descubrimientos en Colombia y, más
recientemente, en Brasil. Valdivia no parece ser la primera cerámica de
América. Igualmente la hipótesis de Valdivia como nexo entre Asia y
América unos 4.500 años antes de Cristóbal Colón ya ha sido descartada
por la mayoría de los arqueólogos. Pero esto no quita importancia a
Valdivia ni al Ecuador. En cambio, pone énfasis en lo que realmente
importa: la arqueología no es una competencia por encontrar lo más
antiguo, sino por llegar la comprensión de cómo eran las culturas en la
antigüedad y cómo se desarrollaron [...]
[...] A través de diversas interpretaciones, Valdivia aparece como una
verdadera cultura de Período Formativo que aceleradamente se convierte
en una sociedad compleja muchos siglos antes que las llamadas culturas
matrices de México (Cultura Olmeca) y del Perú (Cultura Chavín). Valdivia
se presenta como una cultura intensamente agrícola con asentamientos
permanentes y bien organizados [...]
Hacia una nueva reconstrucción de Valdivia
Sobre la duración y la extensión de Valdivia se sabe hasta ahora
relativamente poco. Aún no se encuentra el antecedente de Valdivia ni en
el Japón ni en la Amazonía ni en ningún otro lugar [...] Sin embargo, la
mayoría de las fechas para Valdivia Temprano en la costa están en la costa
3.500 a.C. (según las fechas radiocarbónicas calibradas). Entonces se
puede concluir que la cultura Valdivia apareció repentinamente en la costa
ecuatoriana mediados del cuarto milenio antes de Cristo o posiblemente
algunos siglos más temprano.
Si aceptamos por un momento las pocas fechas dudosas más antiguas,
entonces Valdivia podría remontar hasta 4.300 a.C. [...]
[...] El final de Valdivia se dio alrededor de 1.800 a.C. así que esta cultura
tuvo aparentemente una duración de unos dos milenios y medio o más [...]
[...] Algunos aspectos de la Cultura Valdivia han sido aclarados durante
estos años de investigación y otros quedan muy inciertos [...] No obstante
la existencia segura de la agricultura durante este período, aún no existen
pruebas definitivas sobre la magnitud y la intensidad de esta agricultura
temprana. No hay duda de que los valdivianos siguieron las tradiciones
arcaicas de la caza, la pesca y la recolección de moluscos. ¿Hasta qué
punto llegó el cultivo de maíz y de otras plantas a imponerse en la
economía y a reemplazar la subsistencia antigua? Existe uno que otro dato
interesante relacionado con esta pregunta, pero no se encuentran hasta
ahora pruebas claras de que Valdivia fuese una cultura intensamente
agrícola.
Las plantas aparentemente cultivadas por los valdivianos incluyen el maíz,
una especie de habilla (un tipo raro hoy en día llamado Canavalia), el
algodón, y la achira. Se ha sugerido también, a base de evidencia más
indirectas, el cultivo de la coca, el mate y la yuca, aunque no existen
pruebas definitivas. No existe evidencias para este período temprano de la
presencia de animales domesticados como el cuy y camélidos. El perro,
animal domesticado durante el Pleistoceno, sí está presente en más de un
sitio valdiviano.
A pesar de la presencia de plantas domesticadas y una agricultura
incipiente, la dieta valdiviana consistió de grandes cantidades de pescado,
especialmente bagre. Un estudio detallado de los restos de fauna muestra
una dieta bastante variada con venado (de dos especies) saíno, aves
reptiles y otros mamíferos además de varias especies de peces. Los
moluscos también figuran en la dieta, especialmente la concha prieta (la
misma que es la favorita hoy en día en los cebiches), procedente de los
manglares que ya no existen en la costa de la actual provincia del Guayas.
Aunque Real Alto es descrito como un sitio de tierra adentro, está
actualmente a menos de 3 km del mar y hay evidencias que estuvo aún
más cerca del mar durante la ocupación del sitio. Resulta que toda la
Península de Santa Elena ha experimentado levantamiento costanero
desde fines del Pleistoceno.
Estudios realizados sobre las especies de pescados y los artefactos
sugieren que para pescar se utilizaba sobre todo el anzuelo de concha más
que redes u otros métodos. No es seguro pero es más lógico pensar que los
valdivianos que vivían tierra adentro hacían trueque para el pescado y la
concha con moradores de las playas. El intercambio de pescados y conchas
por productos agrícolas y carne hubiera sido lógico. La vivienda valdiviana
es conocida principalmente por el sitio de Real Alto. A principios de la
cultura (Valdivia I) las chozas tuvieron un plano elíptico con dimensiones
de aproximadamente 3 x 4 metro [...]
[...] En la vivienda más tardía (Valdivia III VII) [...] las chozas
conservaron la forma elíptica poro fueron más grandes, con dimensiones
de unos 8 x 12 metros. Estas chozas más grandes tuvieron paredes de
postes gruesos colocados verticalmente en trincheras de plano elíptico. Se
supone que huecos de postes mayores dentro de cada choza sirvieron para
sostener el techo, que probablemente fue de paja. También existen
indicios de bahareque sobre las paredes. Dentro de las chozas hubo
acumulaciones de basura doméstica, especialmente conchas, huesos,
cerámica rota y utensilios de piedra. Análisis muy detallados de la
distribución de resto dentro de la choza indican que una parte se acumuló
durante la ocupación de la choza y el resto después cuando la choza
abandonada se convirtió en basural. También hubo un fogón en el piso de
la choza y hasta indicios de pantallas o muros internos para subdividir la
choza [...]
[...] La forma de la aldea es conocida principalmente en Real Alto, donde se
formó una aldea grande con las chozas elípticas en hileras rectas. En la
parte central del sitio, se estableció el recinto ceremonial, con dos
pequeños montículos y sus estructuras especiales separados por una plaza
pequeña. A pesar de estimaciones del tamaño y de la población de Real
Alto (hasta 1.500 habitantes durante Valdivia III), aún no existen análisis
detallados sobre la contemporaneidad de chozas dentro del período
Valdivia III, que duró varios siglos. Sin esta información, no se puede
confiar mucho en ninguna estimación.
Las sociedades indígenas: desde las culturas Agro-Alfareras hasta el
Incario
FIGURILLA
Tipo Venus
Representa una mujer
adulta
Cultura valdivia -CA.
3500 - 1500 A.C. -
Sala de Arqueología,
Museo Nacional del
banco central del
Ecuador.
Un buen resumen de la arquitectura formativa y de los poblados tempranos
que puede ser de interés para el lector fue escrito hace pocos años por
Echeverría (1998). La presencia de entierros debajo del piso arcilloso de
las chozas residenciales es bastante característico de muchas sociedades
agrícolas. En efecto, los entierros sirven como títulos de propiedad que
indican cual linaje es dueño de la propiedad. Quizás los valdivianos hacían
lo mismo. En muchas sociedades agrícolas en este nivel de desarrollo en el
mundo, la propiedad pertenece a las mujeres y los linajes se definen por el
lado femenino ("sociedad matrilineal"). La presencia de una "matriarca"
en entierro muy especial en el montículo del osario de Real Alto
posiblemente refleje una organización matrilineal para la Cultura Valdivia.
Este mismo entierro sugiere algo más que un simple sistema matrilineal,
porque esta mujer recibió atención muy especial. Primero, su tumba fue
recubierta por piedras de moler. Luego, a los pies fue enterrado un hombre
degollado y descuartizado, evidencia de un posible sacrificio en honor a la
mujer. Tercero, hay evidencia de siete entierros secundarios en la misma
tumba, probablemente realizados durante distintos ritos posteriores. Otro
dato interesando sobre el osario es la presencia de entierros de niños en lo
que parece ser recinto muy especial.
Según estas observaciones, la sociedad valdiviana se estaba
transformando en una sociedad no igualitaria. Uno de los rasgos del
cacicazgo es la concentración de autoridad en manos de herederos, y
arqueológicamente se puede observar esta práctica por medio de entierros
con víctimas sacrificadas. Un niño con atención tan especial probablemente
nació con un rango privilegiado, ya que no tuvo tiempo en la vida para
ganar este estatus. En el sitio OGSE-80 de la Cultura Las Vegas, se
encontraron alrededor de 190 individuos en 61 pozos. A pesar de esta
riqueza de evidencia, no hubo ninguna señal ni de desigualdad social ni de
sacrificios.
Los entierros valdivianos procedentes de distintos asentamientos
generalmente tiene ajuares muy simples (muchas veces un solo utensilio)
como los de Las Vegas. Sin embargo, el montículo del osario de Real Alto
muestra nuevas prácticas funerarias que indican innovaciones sociales. Por
ejemplo, fuera de los entierros ya mencionados, existen varios entierros en
la zanja de la pared del osario. La interpretación más razonable es que
cada uno de estos entierros es una especie de "piedra angular" para
conmemorar algún suceso importante. Los entierros valdivianos por
primera vez toman importancia social dentro de lo que tiene que ser un
culto comunitario.
Se recuperaron alrededor de 100 esqueletos de Real Alto, pero la gran
mayoría pertenecen al período Valdivia III, y éstos fueron utilizados para
las siguientes cifras. Se calcula la estatua del hombre alrededor de 170 cm
y de la mujer, 160 cm. La expectativa de vida para los valdivianos fue
aproximadamente de 21 años, aunque hubo individuos que sobrevivieron
hasta 70 o quizás 80 años. Esto quiere decir que hubo mucha mortalidad
en los primeros años de vida. Incluso se calculó hasta el número de niños
por madre basándose en los datos de los esqueletos y tablas de vida para
otras sociedades. El resultado poco más que seis años por cada mujer
como promedio.
La expectativa de vida para un recién nacido de la Cultura Las Vegas,
según el estudio de los 190 individuos, era de 25 años, un poco mayor que
los 21 años para Valdivia. Aunque la diferencia realmente no es grande es
sorprendente que los agricultores valdivianos vivieran menos. El
sedentario trae consigo un aumento de enfermedades infecciosas, una
acumulación de la basura con la contaminación correspondiente del agua,
y un deterioro de la dieta, entre otros problemas. Hasta qué punto llegaron
los valdivianos a sentir estos males que son producto de la revolución
agrícola, aún no se puede determinar.
Existe poca evidencia para el cultivo del algodón y artefactos hilanderos,
pero no hay evidencia directa sobre el vestuario de los valdivianos.
Los artefactos líticos tallados son bastante irregulares, faltando buenos
ejemplos de cuchillos, puntas de lanzas y otros utensilios, fácilmente
reconocibles. Por lo tanto, se cree que los valdivianos utilizaban mucho
alguna madera dura, como la chonta, para fabricar sus armas de cacería y
otros artefactos. Por lo general la madera no se conserva en el registro
arqueológico.
La producción cerámica parecer ser principalmente utilitaria (para uso
doméstico), con la excepción de los figurines de barro llamados "Venus".
Algunos de estos son obviamente mujeres, otros son bastante abstractos y
algunos tiene apariencia de mujer pero con el perfil fálico (en forma de
órgano masculino). La existencia de algunos de estos figurines con dos
cabezas y hasta con una piedrita a manera de cascabel dentro de la barriga
extendida confunden más la interpretación. No se sabe con certeza si
tuvieron alguna importancia en un culto de fertilidad u otro signo religiosa
o si fueron simplemente juguetes [...]
Tomado de Roland D. Lippi, La Primera Revolución Ecuatorian. El
desarrollo de la Vida Agrícola en el Antiguo Ecuador.
FIGURA
Felino con plato
sobre su cabeza
Utilizado para quemar
alguna sustancia
olorosa, durante los
ritos religiosos.
Cultura La Tolita - CA
600 A.C. - 400 D.C.-
Sala de Arqueología,
Museo Nacional del
Banco Central del
Ecuador
El caso de la Tolita y Atacames
Aunque hasta el momento la fase conocida como La Tolita, isla situada en
el estuario del río Santiago, en el extremo noroccidental del Ecuador, ha
sido considerada como perteneciente al período "Desarrollo Regional" (500
a.C. 500 d.C.), esta periodización, fruto de necesidades metodológicas, no
significa la ruptura brusca del desarrollo de una cultura. La Tolita, en
efecto, fue ocupada durante el período de Integración y su influjo en las
técnicas metalúrgicas se reflejó incluso en la fase. Manteña (Meggers
1996: 102-107, 142; Porras 1980: 169-175, 240) [...]
[...] Parece que la máxima evolución técnica de la metalúrgica de La Tolita
corresponde al período de Integración (500 a.C. 1500 d.C.). A pesar de
que todavía no se han encontrado homos de fundición o crisoles, se puede
aseverar que, además de la fundición de granos de oro sobre pedazos de
carbón, para la fundación de objetos más grandes, los artesanos de La
Tolita usaban hornos y crisoles quizás semejantes a los encontrados en
Colombia y en Mesoamérica. Una tecnología singular es la que se relaciona
con el trabajo en platino. Al no poder alcanzar las altas temperaturas
necesarias para su fundición, los orfebres de La Tolita calentaban el platino
conjuntamente con el oro, para luego martillarlos y recalentarlos
sucesivamente, hasta obtener una aglutinación que aparentaba una
aleación de los dos metales. Aunque se nota una preferencia por las
miniaturas, la metalurgia de esta región ofrece variados ejemplos de
máscaras de oro, martilladas en una sola pieza, cuyos rasgos
frecuentemente expresan serenidad, y que alcanzan su máxima expresión
cuando se ha combinado el oro de la orfebrería en el Ecuador prehistórico,
lo que significa que La Tolita debe ser considerada básicamente como un
centro de artesanos (Holm y Crespo 1981: II, 18-20).
En la "Relación de las provincias de la Esmeraldas" (Jiménez de la Espada
1965: III, 87 y ss), redactada al final de la expedición emprendida en 1569
por Andrés Contero, desde Pasao hacia Caaque y probablemente hasta la
región de Cojimíes, se menciona la existencia de un pueblo grande llamada
"Císcala", que gozaba de paz y era seguro para todas las provincias
circundantes.
Su condición de pacífico enclave y la fama por la actividades mercantiles
que en él tenían lugar, atraían a los mercaderes de su extenso ámbito
entre Passo, el río San Juan. De este modo, los tacames vendían en Císcalo
oro y esmeraldas, los campeces y pidres llevaban sal y pescado y los
beliquiamas intercambiaban ropa y algodón, con otros productos. Los
tacames procedían seguramente de la región de Atacames, los campeces
quizás de la comarca de Campaz, distante de San Mateo 15 lenguas,
mientras que los beliquiamas, la falta de indicios imposibilita todavía su
identificación (Hartamann 1971: 217-218; Rumazó 1949: IV, 33). El centro
de intercambio Císcala quizás corresponde, según algunos autores, al
asentamiento arqueológico de La Tolita, opinión que no puede ser hasta el
momento verificada. Es importante, sin embargo, poner de relieve la
existencia de una red comercial, mediante la cual varias provincias ricas,
bajo el mando de caciques poderosos y belicosos, garantizaba una
convivencia en paz (Holm y Crespo 1981: II, 16) [...]
Las sociedades indígenas: desde las culturas Agro-Alfareras hasta el
Incario
Los señoríos étnicos antes del Incario
Introducción
Las sociedades que habitaron el actual Ecuador en el período preinca
poseyeron formas organizativas sociales, económicas y culturales
complejas y diversas producto de su particular desarrollo histórico.
Documentos tempranos del siglo XVI han dejado un listado de nombres
que responden a un inventario confuso de los grupos existentes antes de la
conquista española; sin embargo, investigaciones recientes muestran que
tal listado no identifica con exactitud a cada grupo étnico.
Así, pues, antes de intentar una caracterización específica de cada uno, es
más apropiado analizar en forma globalizada la economía, las formas
organizativas sociales y políticas y los sistemas religiosos que
caracterizaron a los grupos éticos que se desarrollaron durante esta etapa.
Se conoce que estos grupos se estructuraron bajo dos sistemas de
organización política: el curacazgo o cacicazgo, también denominados
señoríos étnicos de nivel local o supra local, y la tribu. Entre los curacazgos
algunos poseyeron una enorme complejidad organizativa lo que ha llevado
a que algunos investigadores, erróneamente, los hayan considerado como
formas tempranas de Estado, como fue caracterizado el mítico "Reino de
Quito".
Estos curacazgos se desarrollaron a lo largo de toda la región de la sierra;
en buena parte del litoral, de manera preferente en la cuenca del río
Guayas y las costas de Manabí, y probablemente en la ceja de montaña de
la Amazonía. La formas tribales se desarrollaron en las zonas bajas y
húmedas del litoral y de la Amazonía.
Nuestra verdadera historia
Enrique Ayala Mora
La historia antigua
Cuenta el P. Juan de Velasco en la Historia del Reino de Quito, que su
territorio estuvo originariamente poblado por gran cantidad de estados o
pequeños reinos, desde la actual Pasto hasta lo que hoy es Loja. Uno de
ellos, el que llama "primitivo Reino de Quito", ubicado en la actual
provincia de Pichincha, hacia el año 980 fue conquistado por los caras, un
pueblo venido de la costa. Los caras, que tomaron su nombre del de su
líder llamado Carán, habían llegado a la costa años antes y habían
ascendido a la altura, atraídos por las ventajas del clima interandino.
Luego de establecerse en Quito, los caras iniciaron una activa política de
expansión hacia los pueblos circundantes. Bajo la conducción de los
sucesos de Carán, a quienes se llamaba scyris o reyes, extendieron su
dominio hasta el Carchi en el norte y hasta Cotopaxi en el sur. Fueron
detenidos por la resistencia de los aguerridos puruhaes. Conformaron así
un gran estado cuya capital fue Quito, ubicada en el mismo lugar de la
actual capital ecuatoriana. Eran gobernados con régimen monárquico,
adoraban al sol y a la luna, enterraban a sus muertos en montículos o
"tolas", tenían un rudimentario sistema de cuentas, eran buenos tejedores
y curtidores de pieles.
Hacia el año 1300 se extinguió la línea masculina de los scyris. Fue así
como el scyri XI arregló el matrimonio de su hija Toa con Duchicela, el
primogénito de Condorazo, soberano puruhá. Con la unión se extendió el
reino de los scyris, que lograron ampliarlo aún más mediante alianzas con
los cañaris, un importante estado del sur y con varios pueblos de la costa.
Luego del reina de Atauchi Scyri XIII, gobernó su hijo Hualcopo Scyri XIV,
que enfrentó la invasión de los incas liderados por Tupac Yupanqui. Luego
de negociar la incorporación de los cañaris al imperio avanzó a tierras
puruhaes y las ocupó luego de vencer a las fuerzas scyris, dirigidas por el
general Eplicachima. Luego de estos éxitos volvió al Cuzco.
El scyri murió poco después y le sucedió su hijo Cacha, que emprendió la
reconquista de las tierras tomadas por Tupac Yupanqui. El hijo y sucesor
del soberano inca, Huayna Capac, volvió entonces al norte y luego de
consolidar algunas conquistas en la Costa, venció a los ejércitos quiteños
dirigidos por el propio Cacha y por Calicichima. La última gran batalla se
dio en Atuntaqui, en tierras imbayas. Allí murió el rey y su hija Paccha fue
proclamada scyris. Un intento ulterior de resistencia de los caranquis
terminó en una masacre ordenada por el Inca. Fueron tantos los muertos
que la laguna donde fueron arrojados los cadáveres se llamó por ello
Yahuarcocha (lago de sangre). Huayna Capac optó entonces por una
política de conciliación y se casó en Paccha. De este modo incorporó a la
realeza scyri en la familia real inca. De la unión nació Atahualpa, que
cuando murió el inca, heredo el Reino de Quito y se enfrentó con su
hermano Huascar, proclamado heredero en el Cuzco. Atahualpa venció en
el enfrentamiento y terminó como el emperador que afrontó la conquista
española.
La polémica
El Padre Velasco fue un jesuita nacido en Riobamba que, luego de una
amplia labor en la Real Audiencia de Quito, fue expulsado junto con los
demás miembros de la orden en 1767 por disposición del Rey de España.
Refugiados en Italia escribió allí su Historia y la terminó en 1789, pero no
fue editada sino en 1846, cuando el Ecuador ya era un país independiente.
La aparición de la obra fue vista como un soporte del naciente país y su
versión sobre el Reino de Quito se incorporó sin discusiones a los escritos
oficiales hasta fines del siglo. Cuando Federico González Suárez, nuestro
más grande historiados escribió su obra, tuvo ya algunos reparos a la
versión de Velasco sobre el Reino de Quito, pero fue su discípulo, Jacinto
Jijón y Caamaño quien la cuestionó duramente. A él se juntó el español
Jiménez de la Espada. Se inició así una larga polémica.
Los críticos argumentaban que Velasco escribió su obra de memoria, con
muy poca base documental disponible, que su entusiasmo por destacar la
existencia del Quito que el vivió, le había llevado a imaginar un "Reino";
que ningún otro historiados o cronista se refiere a él. La evidencia
arqueológica es contundente. No hay rastros de los scyris en las
excavaciones realizadas. La propia ciudad de Quito anterior a los incas no
existió como tal. Apenas hay poblados muy pequeños, que no podrían
haber sido el centro de un gran estado.
Investigaciones de los últimos años descubren señoríos étnicos de gran
desarrollo en importancia en el actual territorio ecuatoriano, pero no un
estado de alguna manera similar al inca, como lo describe Velasco.
Los defensores de la existencia del Reino de Quito dicen que otras
evidencias documentales fueron destruidas; que posiblemente se trataba
de una confederación permanente, no de un estado estructurado. Dicen
también, que todavía falta mucho por investigar en la Arqueología. Se
argumenta con gran fuerza que la versión de Velasco sobre el tema nos da
una base para el reclamo territorial ante el Perú, puesto que prueba que
nuestro país existía ya antes de la invasión inca. Muchas veces la polémica
ha llegado a acusar al jesuita riobambeño del falsario o a sus
cuestionadores de antipatriotas.
A estas alturas de la investigación histórica nos permite establecer que un
"Reino", como lo describe el P. Velasco no pudo existir. Los señoríos
étnicos del norte andino fueron muy importantes y se aliaron para resistir
la invasión inca, pero fueron distintos al estado que Velasco describe y sus
centros urbanos no estaban en Quito. No hay ninguna base para pensar
como históricos a los scyris o la dinastía Duchicela. Aún más, aunque
hubiera existido, esa no puede ser considerada como base de la "nación
quiteña" y de la nacionalidad ecuatoriana. El Reino de Quito, según el
propio Velasco, abarcó la sierra centro norte. No incluyó en realidad ni a
los cañaris ni a los pueblos de la costa, que tuvieron su identidad propia. El
Ecuador como Estado Nación es más que Quito y su espacio de influencia,
ya que está integrado también por otros espacios regionales que tiene su
propia historia.
Una visión positiva
Juan de Velasco fue un criollo lúcido que escribió su obra para destacar
que el "Reino de Quito" del siglo XVIII, su país, tenía grandes recursos
naturales, raíces y personalidad histórica, como otros del Nuevo y el Viejo
Continente. La Historia fue una de las expresiones más importantes de la
identidad que se iba consolidando en la Hispanoamérica de su tiempo.
Entonces Quito se definía como una entidad política y cultural y fue el eje
más importante del ulterior proyecto nacional ecuatoriana. Pero no fue el
único, ni territorial ni culturalmente. La Historia de Velasco tiene, en
consecuencia, todas las fortalezas y debilidades de una visión centrada en
Quito de una realidad más amplia que luego se concretaría en la vida del
Ecuador como Estado Nacional.
El debate planteado no debe hacernos perder de vista el inmenso mérito de
Velasco al historiar nuestro pasado, al indagar en su evolución y sus
protagonistas. Su obra es un aporte muy amplio al conocimiento del país y
de Hispanoamérica que trata de muchos temas de calidad no discutida,
aparte de su visión del Reino de Quito preincásico. No se debe perpetuar el
error de juzgar una obra rica y amplia por la falta de base empírica de una
de sus partes. Por lo demás, tratar de insistir en que se debe mantener
incuestionada la versión de Velasco sobre este punto, solo demuestra que
no se ha apreciado en sus reales dimensiones el valor histórico de los
grandes avances de los pueblos del norte andino en el desarrollo de la
agricultura y el comercio, así como en la constitución de señoríos étnicos
con características políticas muy avanzadas.
Y en cuanto la versión concreta sobre la naturaleza del Reino de Quito, sus
gobernantes y sus guerras, que el P. Velasco narra con tanto entusiasmo,
tenemos que valorizarla por la calidad literaria y su contenido mitológico.
Allí hay hermosas narraciones que deben ser leídas como leyendas que
alimentan el imaginario nacional. La leyenda de Rómulo y Remo para los
romanos, como la del Rey Arturo para los ingleses, no se valoran por su
precisión histórica, sino porque contiene un mensaje de identidad. La
Historia de Juan de Velasco es una de las obras claves del Ecuador, no solo
porque fue el primer intento de historiar su pasado, sino también porque
con ello puso una de las bases de nuestra identidad como estado nación.
CANASTERO
Cargado con un recipiente en la espalda
Seguramente es una
representación de un 'Mindala' o 'Comerciante - Viajero'
Sala de Arqueología, Museo Nacional del Banco Central del Ecuador.
Organización económica de los Curacazgos
Agricultura multicíclica
La base de la economía de los curacazgos fue la agricultura, sustentada en
un conocimiento amplio del medio ambiente. Este conocimiento permitió a
las sociedades aborígenes desarrollar un sistema de agricultura
multicíclico en diversos pisos altitudinales contiguos, con un
aprovechamiento óptimo de la fuerza de trabajo, debido a que
paralelamente se realizaban varios ciclos productivos.
Esta forma de utilización del espacio agrícola es más evidente entre los
curacazgos que tenían sus centros poblados en la sierra, curacazgos que
utilizaron áreas productivas desde los 3.000 m. sobre el nivel del mar,
hasta zonas en los 2.000 m., propias de los valles interandinos o de las
cejas de montaña.
La explotación y utilización agrícola de estos pisos altitudinales,
localizados contiguos a los centros poblados, se hizo por medio de un tipo
de productores quienes, desde su pueblo de origen se desplazaban
temporalmente a los diferentes pisos ecológicos (llamados islas) con ese
propósito; a ellos se los conoció con el nombre de camayuc.
Es así como los curacazgos caras y pastos mantenían enclaves productivos
en el valle del Chota, los puruháes en la cuenca del río Chanchán, o los
pueblos panzaleos en territorios de los valles de Patate y del
Guayallabamba o de la ceja de montaña de la cordillera occidental, en la
región Yumbo.
En el caso de las sociedades del Litoral se han encontrado evidencias de
modelos similares a los serranos, con núcleos de vivienda cerca del mar,
preferentemente, en los valles fluviales, y con islas en las zonas del
interior, como es el caso de los pueblos de la zona de Agua Blanca, en el
sur de Manabí.
Actividades comerciales
Esta estrategia productiva de autoabastecimiento agrícola (gracias a la
explotación de diferentes pisos ecológicos hecha por una misma
comunidad indígena) se combinó con actividades comerciales de carácter
local y regional, lo que aseguró un abastecimiento regular de diversos
productos. Las actividades comerciales se hicieron bajo dos modalidades:
una libre y otra dirigida.
En el primer caso, se trató de un intercambio comercial en mercados,
llamados "tianguez", realizado por individuos comunes con fines de
abastecimientos de productor básicos de consumo (tubérculos, maíz ,
algodón, etc.). En cambio, el comercio dirigido fue ejecutado por un grupo
de especialistas, llamados "mindala", que actuaban en nombre de un señor
o curuca. Los miembros igualmente comerciaban en los tianguez, pero allí
intercambiaban productor exóticos y de uso ceremonial como la coca, la
sal, el oro y la chaquira.
En la región serrano tuvieron especial importancia económica los valles
interandinos secos como: el Chota, Guayllabamba, Chanchán, Patate y
Paute, entre otros. Estos valles sirvieron para el cultivo y explotación de
variados productos agrícolas tales como el algodón, la coca, la sal, el ají, el
añil y las frutas.
La siembra de estos productos se realizó en las terrazas aluviales de las
cuencas hidrográficas (playas o patas) y su control productivo lo
ejercieron unidades políticas residentes en los mismos valles, pero
también por colonias o enclaves pertenecientes a otros curacazgos del
callejón interandino, de tal manera que estos espacios fueron multiétnicos,
es decir, aprovechados por diversos grupos étnicos.
Las relaciones que surgieron de esta convivencia se dieron sobre la base
de acuerdos en torno al control de la tierra, al uso del agua y a la
disponibilidad de mano dura.
Todo lo señalado dio lugar a una diversidad de relaciones de trabajo sobre
cuya base surgieron diferentes tipos de trabajadores como los ya
mencionados camayac, los llamados "forasteros", que prestaban su fuerza
de trabajo a cambio de una parte de la producción, o los yanas, indios a los
que se les había limitado su libertad.
En la región amazónica y en el litoral se formaron colonias con una
economía especializada principalmente en sitios aptos para la producción o
explotación de algodón, coca, sal y chaquira.
Estos lugar se producción especializada fueron al mismo tiempo centros de
intercambio (tianguez), los cuales tuvieron la condición de mercados
abiertos a donde concurrían vendedores y compradores comunes y
también comerciantes especializados de diversas regiones, quienes
probablemente formaron parte de circuitos de intercambio mayores que
vinculaban comercialmente a pueblos de la sierra con pueblos de la
Amazonía y de la costa.
Los mindalaes debieron conseguir en estos lugares los bienes exóticos que
requerían sus sueños. Bajo este sistema de intercambio, ciertos productos
agrícolas locales adquirieron la condición de moneda, tal es el caso de
chaquira, en algunos pueblos de Guayas y Manabí, y en la sierra el de la
cocla, en lugar como Pimampiro, y el de la sal, en las Salinas, de Imbabura
y Bolívar.
Los curacazgos huancavilcas y manteños, apoyados en una importante
tecnología de navegación marítima, practicaron un importante comercio a
larga distancia que les llevó hasta las costas del Perú y seguramente hasta
las de Colombia. Su principal producto de intercambio era el "mullo" o la
concha Spondylus, considerada importante símbolo de fertilidad entre las
poblaciones nativas.
INCENSARIO
Antropomorfo
Utilizado para quemar
sustancias olorosas durante las ceremonias religiosas.
Cultura Manteña -CA. 500 - 1532 A.C. -
Sala de Antropología, Museo Nacional del Banco
Central del Ecuador.
Organización social y política
Los sistemas de organización social de los pueblos prehispánicos se
sustentaron en grupos de parentesco ampliados. A estos grupos se les
conocer con el nombre de ayllus. Si bien es un vocablo quichua,
probablemente originario de los Andes centrales, los principios básicos de
su organización responde a elaboraciones de los propios grupos
norandinos.
La poliandria (la posibilidad que los hombres tengan varias esposas), las
normas exogámicas (la prohibición de casarse, dentro del mismo grupo
hasta la cuarta generación), o la dualidad en el ordenamiento de sus
territorios o de sus grupos familiares, entre otros, son sus características
básicas.
Cuando el ayllu está relacionado con el territorio y con los medios de
producción básicos, se transforma en llajitacuna.
Ahora bien, cada curacazgo estaba integrado por uno o varios ayllus. En
los Andes septentrionales del actual Ecuador, a diferencia de lo que ocurrió
en los Andes centrales (Perú y Bolivia), los ayllus, como tendencia general,
eran unidades demográficas pequeñas cuyo número fluctuaba entre los
200 y 1200 personas. Aunque generalmente su tamaño mas bien gravitó
alrededor de sólo las 200 personas.
En términos de organización política, cada ayullu tenía su propia autoridad
(a la que los españoles designaron con el nombre de principal), autoridad
que dependía a su vez de un cacique mayor, que ejercía el poder sobre
todo el curacazgo.
En general, los curacazgos se caracterizaron por ser grupos autónomos en
términos políticos y económicos, ya que hay pocas evidencias de
confederaciones o alianzas entre ellos. El poder de la autoridad de los
caciques mayores o señores étnicos se sustentó en la capacidad de
movilización de mano de obra, obtenida como tributo, y en la posibilidad
de redistribuir bienes exóticos entre los miembros de cacicazgo.
Al analizar su comprensión social se evidencia la acentuación de
importantes procesos de diferenciación social, que ya se iniciaron entre los
pueblos indígenas en siglos anteriores.
Estos grupos, tal como lo muestran los estudios de los pueblos del Valle de
los Chillos, en el área Panzaleo, socialmente estaban conformados por una
élite indígena privilegiada compuesta de los señores étnicos y sus
parientes que no sólo percibían un tributo en mano de obra para el trabajo
de sus tierras, sino que a su disposición estaban varios grupos familiares
mindala y yanas; por un sector de especialistas artesanos y comerciantes o
mindales, objeto de trato diferencial al interior del curacazgo, en tanto no
estaban obligados a tributar en fuerza de trabajo como lo hacía la
población común, sino en especies; por la población común mayoritaria, la
cual en cambio generalmente estaba obligada a tributar al cacique en
fuerza de trabajo y sólo en algunos casos en productos, y por los yanas,
población con limitada libertad, que dependía directamente del cacique.
En los cinco pueblos del Valle de los Chillos el 9.2% de la población
correspondía a esta categoría.
Creencias religiosas
De acuerdo con las evidencias documentales, cada grupo étnico poseía su
propio sistema de creencias religiosas. Mas al mismo tiempo, y gracias
seguramente a las relaciones comerciales existentes entre los diferentes
grupos étnicos, compartieron también un conjunto de creaciones religiosas
que asumieron el carácter de supra local. Así pues, entre las poblaciones
indígenas coexistió, por lo tanto, al mismo tiempo un sistema de creencias
religiosas de orden local y, por otro lado, un conjunto de creencias de
orden regional.
Entre estas poblaciones de voz guaca sirvió para referirse a las
divinidades, adoratorios o lugares en donde se colocaban los ídolos. Existió
una jerarquía de guacas con funciones definidas: mayores, menores y
personales.
Entre las mayores tenían más importancia las guacas de origen o
pacarinas, que representaban el origen o inicio; en el panteón andino,
fueron una constante y era de carácter regional y local. Cada grupo étnico
tenía su propia pacarina, que la representaba en diversos objetos de la
naturaleza. Entre los Paltas era la Acancana, representada por un montón
de piedras sobre un cerro, y entre los cañaris era el cero de Guasaynan o
Huacayñan.
Las divinidades mayores más comunes fueron el sol y la Luna
independientemente de su difusión como dioses durante la expansión Inca.
En cuanto las guacas menores, la característica fundamental fue su
difusión regional, es decir, su carácter divino era reconocido por un grupo
étnico o ayllu. Estos dioses eran los nevados, cerros y montañas, piedras y
lagunas, designados con nombres propios.
Los puruhaes tenían como guaca principal Tulapuc, y como guaya menor,
Puna; entre los panzaleos existieron dos guacas principales: el cerro
Piccinca y el nevado Yllinca y una guaca local, representada por un cerro
llamado Andazana.
En cuanto a las guacas personales, se designaban como malquis y
consistían en un culto personal representado por un antepasado o un
objeto que le perteneció.
Las sociedades tribales
A diferencia de los curacazgos las sociedades tribales, que basaron su
sobrevivencia en la recolección y en una incipiente agricultura, se
organizaron bajo un modelo de economía diverso y hasta hoy poco
esclarecido. Lo que mejor se conoce son sus prácticas comerciales, lo que
les permitió a estas sociedades a establecer relaciones entre comunidades
que no pertenecían a la misma región.
Por ejemplo, debido al comercio de larga distancia, los quijos y jíbaros se
vincularon comercialmente con comunidades serranas, utilizando diversas
rutas de intercambio. Por su parte los lachas, chachis y yumbos
mantuvieron tratos comerciales no sólo con pueblos de la sierra, sino
también con algunos de la costa.
INGAPIRCA
Restos de Arquitectura
Incaica en Ingapirca
Provincia del Azuay.
Fotografías de Enrique
Ayala Mora, Ed. Nueva
Historia del Ecuador, Vol.
2, Corporación Editora /
Grijalbo, Quito, 1988.
Los Incas en el actual Ecuador
Juan Fernando Regalado*
Los Incas inicialmente debieron semejar un grupo de ayllu como los que
habitaron los Andes meridionales hace mil años. Acerca de su procedencia
exacta se han obtenido datos diversos que provienen de relatos míticos
muy difíciles de interpretar todavía. La información más precisa que se ha
podido obtener se refiere al asentamiento del pueblo inca en una zona al
norte del lago Titicaca, que hoy se conoce como el valle del Cusco, a unos
3.000 metros de altura. Dicha zona fue compartida entre los ayllu antiguos
del lugar y las comunidades incas que llegaron en búsqueda de nuevos
recursos de subsistencia. No se sabe con claridad de qué manera los Inka
consiguieron supremacía sobre los demás grupos de aquél valle, pero
debió ser un proceso largo que les permitió más tarde abrirse campo en un
círculo regional conformado por etnias vecinas poderosas (Rostworowski,
1988).
A partir de entonces contamos con narraciones menos confusas que
coinciden en situar este momento, de desarrollo incaico y de conflicto con
las etnias grandes, como el inicio del Tawantinsuyu; es decir, el período
durante el cual empezó la constitución de una organización social mucho
más compleja que un grupo inicial de ayllu o que la unidad de
comunidades. Para ello, los primeros jefes Inka implementaron un monto
de bienes sobrantes "para donar", a cambio del cual recibieron de los
kuraka vecinos la mano de obra indispensable para obras de diferente tipo.
Aunque contaban con un prestigio guerrero, les fue imposible disponer
directamente, y en forma coercitiva, de cuotas de trabajo suficientes y
debieron conseguir autoridad a través de las prácticas muy antiguas de
reciprocidad y de minka (minga).
El funcionamiento del estado inca.
El inka Pachacutec, gobernante alrededor del año 1400, logró una
organización interna de acuerdo a las circunstancias nuevas que
aparecieron en el proceso de crecimiento y trazó un plan administrativo
que permitió el funcionamiento de una sociedad de tipo estatal.
El estado inca se apoyó en algunas técnicas y normas de subsistencia
extendidas en la mayor parte del callejón interandino. Así, por ejemplo, los
principios andinos de "reciprocidad" y "redistribución" fueron pautas que
permitieron al Estado en expansión obtener, de las comunidades que se
fueron incorporando, cuotas de trabajo para el Tawantinsuyu. Tanto la
tradición de "obligaciones reciprocas comunales" de trabajo por turnos,
cuanto una "generosidad obligatoria" de la autoridad, fue muy común en el
mundo andino y no pueden equipararse hoy en día a un tipo de tributo; por
ello, las investigaciones aluden mejor a un préstamo acordado de trabajo,
junto a las obligaciones gubernativas. Para conseguir mano de obra el Inca
presentaba una variedad de dádivas a los representantes de las
comunidades y a su vez las etnias acordaban, por ejemplo, ocuparse de
confección de textiles, o de un servicio guerrero, y de la labor de las tierras
estatales y de culto. Al parecer estos medios resultaban menos onerosos
que la coerción.
Debido a esas normas andinas antiguas, en la etnia que aceptaba aquella
modalidad, la organización de tareas y el período de dedicación se
convirtieron en obligaciones comunales acordadas por todos con
anterioridad. Este fue un tipo de prestaciones ordinarias, que cada unidad
familiar al interior de la comunidad otorgó rotativamente al Estado y que
es conocida como mita. Otra forma de prestación fue la dedicación total de
ciertos grupos (kamayuj) a tareas especializadas o eventuales como la
minería, obras públicas y labores textiles. Otra posibilidad -tardía en
instituir- consistió en la provisión de un tipo de mano de obra sin regirse a
las formas de reciprocidad, debido a que fue un grupo de personas (yana)
que perdieron su condición de miembros de una comunidad y que cumplían
exclusivamente objetivos estatales.
El Estado captó el resultado del trabajo de las etnias, de los kamayuj y de
los yana, para obtener reservas que se destinaron en su mayor parte en
actividades guerreras y en la manutención de las demás comunidades que
entregaban otros turnos de trabajo (mita). Otra parte importante de la
producción se utilizó en el funcionamiento y en las dádivas gubernativos.
También se construyó una red vial (Q' apaq ñan) que cubrió unos 4.500
km. de la cordillera de los Andes. Además, la cantidad de mano de obra
vasta facultó al incario para adquirir recursos agropecuarios. En la
conservación de alimentos se aplicaron excelentes técnicas, que
permitieron almacenar cantidades grandes de productos en los depósitos
estatales, mientras que la acumulación de bienes contribuyó para que el
gobierno inka cumpliera, además del gasto administrativo, con la
redistribución a nivel estatal y las exigencias de la reciprocidad,
configurando un sistema de prestaciones rotativas y depósitos estatales (J.
Murra, 1975; 1978).
Este esquema organizativo general implicó formas diferentes de control,
según el tipo de actividad estatal. Si bien hubo funcionarios vinculados al
Inca por parentesco, hubo otros por designación de confianza, junto a
autoridades étnicas locales que conservaron sus funciones antiguas en
beneficio del incario. Una de las actividades más notorias de aquellos
funcionarios fue el registro detallado de la población y de los recursos de
subsistencia, denominado k' ipu.
Otro tipo de funciones con responsabilidad estatal fue los mitmaj. Se trató
de comunidades o etnias enteras que fueron trasladadas desde su lugar de
origen hacia regiones preestablecidas por el gobierno. La finalidad del
traslado fue múltiple, considerando objetivos políticos y económicos. Hay
información acerca de poblaciones que fueron movilizadas bien como
forma de sanción, o como vigilancia de las fronteras del Tawantinsuyu. Los
indicios de objetivos productivos se refieren en su mayoría a la apertura de
nuevas zonas agrícolas para el sustento del estado, donde una parte de la
tierra de los curacazgos fue empleada para usufructo del Inca y del
Tawantinsuyu. Las labores fueron coordinadas con el ciclo agrario de cada
región y consideraron el estilo de trabajo de cada etnia, porque en la época
del Tawantinsuyu los curacazgos locales permanecían sosteniendo el
acceso de los miembros de los ayllu a todos los medios de vida de su
grupo. Sin embargo, algunos historiadores sugieren que al final de la
existencia del incario se ha podido constatar una presión creciente del
Estado para obtener mano de obra, que afectaba la permanencia
autosuficiente de las comunidades locales y que pudo conducir hacia un
control particularizado sobre los recursos económicos.
La presencia Inca en los Andes septentrionales.
La modificación que las culturas andinas hicieron de una geografía con
grandes altitudes y una biodiversidad vasta, como en pocas partes del
mundo, todavía es subvalorada. Aunque la arqueología ha comprobado el
período corto de la ocupación inca, no tiene precedentes en los Andes, y
posiblemente en el resto de "América" nativa, la conformación de una
envergadura estatal tan amplia como el Tawantinsuyu.
La acometida inca se efectuó según las distintas regiones andinas y
produjo niveles diferentes de consentimiento en cada grupo étnico y
también diferencias en los requerimientos estatales. En los Andes del norte
o septentrionales Tupa Inka Yupanki consiguió los primeros vínculos
políticos. Su sucesor, Wayna Q' apaq, debió suplir la modalidad inicial de
"enclaves" inka con el esquema integrador del Tawantinsuyu, y debió
organizar campañas guerreras en algunas zonas del actual Ecuador. La
coexistencia de las especificidades étnicas antiguas junto al modelo inca
de uniformidad fue un problema cuya solución dependió de la condición de
cada sociedad local y de las necesidades del Tawantinsuyu. La relación
política con las etnias de esta región norte se emprendió con una red de
puntos de apoyo, coordinada por una clase de emisario estatal, y con
alianzas a través de algunos "dones"; pues, los jefes Inka debieron
otorgarle mayor interés a la búsqueda de vínculos antes que a campañas
cruentas siempre más onerosas.
Los funcionarios incas no vencieron a los habitantes de la foresta tropical
de la costa y de la Amazonía. Excepto por algunas referencias a la zona
Puná, el Tawantinsuyu marcó sus fronteras en las bocas de montaña que
unen las tierras bajas tropicales del este y oeste con la serranía. En parte,
esa imposibilidad se debió al pensamiento inca que subestimaba las
sociedades del piedemonte y en mayor medida debido a la resistencia
tenaz que presentaron aquellos grupos étnicos a cualquier campaña
guerrera.
El dominio Inca en la región austral.
Resultó un caso muy difundido la huida en dos ocasiones de los guerreros
Inka que intentaron llegar a la región de los "Jivaro" Bracamoros; no
obstante, en la zona del grupo Palta, con una filiación muy cercana a los
"Jivaro", se generó en poco tiempo la presencia de Tupa Inka Yupanki. La
composición social disgregada de los Palta fue propicia para una
incorporación rápida al incario (A. Taylor, 1988). Los rasgos de la zona
Palta, descritos por los primeros españoles, en realidad corresponden a un
modelo incaico -establecido cinco décadas atrás- cuyo efecto conocido fue
el despoblamiento repentino de la zona debido a una huída masiva de los
Palta a la región de sus parientes Bracamoro, abandonando el área del
actual Loja.
Más allá, Tomebamba se convirtió en una residencia preferida de Wayna
Q'apaq; sin embargo tras su muerte los conflictos resurgieron, provocando
el acuerdo de los Cañari con el sector de Huáscar: hasta entonces los Inka
ya habían modificado la organización aborigen en el área. Los Cañari
constituyeron una unidad lingüística y cultural, mas no política. La etnia
estuvo integrada por comunidades de los valles interandinos y de la zona
del río Upano -al oriente- que conformaron un ambiente muy activo de
relaciones sociales. El estado inca incluyó a estos curacazgos en una
estructura política jerarquizada y los especializó regionalmente según el
tipo de producción, cerrando la frontera del Tawantinsuyu en los pasos
hacia la Amazonía.
La región Cañari marcó sin duda el límite de aculturación inca (A. Fresco,
1983; Idrovo, 1992). Este es el único sector donde destacan
construcciones civiles y ceremoniales con un estilo arquitectónico
claramente cusqueño y un conjunto considerable de caminos que recorren
los Andes desde Achupallas (al sur de Chimborazo), pasando por Ingapirca
y Tomebamba, hasta los últimos vestigios en Catamayo.
La región central y la frontera septentrional.
El dominio Inka entre los Puruhá se calcula en cuarenta años más o menos.
Tupa Inka Yupanqui tuvo una presencia leve y el control zonal fue efectivo
sólo cuando se pudieron apaciguar más tarde los conflictos en el norte.
Aquí el régimen estatal contó con la permanencia de kamayuj en la
montaña de la vertiente occidental de la cordillera para cultivos tropicales,
al mismo tiempo que acentuó la organización de las comunidades locales
en unidades cada vez más integradas en un sistema piramidal (F. Salomón,
1990).
En cuanto a Quito, los últimos estudios descartan algún estatus urbano
preincaico. Quito se denominó una zona más amplia que un núcleo
poblacional. Posiblemente su importancia, rápidamente evaluada por los
Inka, consistió en la posición estratégica de intersección de vías de
relación cultural. En el sector de la actual ciudad se estableció un puesto
incaico con características guerreras, defendido por una serie de
fortificaciones levantadas alrededor de los valles en forma de abanico. El
incario además construyó tampu (tambos) siguiendo las rutas antiguas y
situó población mitmaj entre las áreas cercanas (T. Bray, 1993), a la vez
que varios grupos fueron desplazados a otras regiones.
La última incursión en la frontera septentrional del Tawantinsuyu estuvo
planificada por Wayna Q'apaq quien consiguió una sumisión operativa de
la región, que duró entre tres y cuatro décadas.
Inicialmente la presencia inca se efectuó con puestos de avanzada, a
manera de enclaves, empleando mitmaj, y únicamente se obtuvo el control
eficaz después del triunfo en Yahuarcocha. Aún así, en la región de
Otavalo, el dominio de los Inka tuvo una fragilidad evidente en la ausencia
de organización administrativa incaica fija. Así, como parte de la política
estatal, el Inca estableció vínculos personales con el jefe del curacazgo de
Otavalo, otorgándole ventajas zonales importantes a cambio de su
adhesión (Caillavet, 1985). Aunque el uso de la fuerza fue una actitud
usual en las áreas de frontera, el Tawantinsuyu en esta zona dosificó la
asistencia guerrera, presentando una conducta de alianzas y otorgando
privilegios para obtener una autonomía controlada.
Se sabe que en el Otavalo prehispánico funcionó un centro ceremonial
antiguo importante, que sirvió a los Inka para reforzar su relevancia
regional, apoyando su unidad política en torno al jefe étnico y
circunscribiendo, con fronteras, los grupos bajo su influencia. A la vez los
gobernantes incas permitieron aquí el flujo comercial con las regiones de
la costa ecuatorial y la Amazonía, para impulsar las relaciones políticas con
las zonas donde fallaba la coerción, a medida que afianzaban los vínculos
intraestatales. Caranqui (al sur de Ibarra) se erigió como el último
asentamiento relevante de los Inka. En la región de los Pasto, en cambio,
únicamente existen referencias a puntos de apoyo guerrero que duraron
menos de treinta años y que no perturbaron la organización autóctona, ni
su subsistencia muy relacionada a la vida de diversos micro climas
(Landázuri, 1983; Caillavet, 1991; Salomon, 1988).
En este ambiente político a Wayna Q'apaq le sorprendió la muerte, sin que
su voluntad para la sucesión del cargo pudiera definirse. El relevo de su
mando originó una disputa complicada entre dos de los hijos. Tanto
Huáscar como Atahualpa consiguieron apoyo de varios miembros del linaje
inca para asumir el gobierno; además, la decisión se dificultó porque hubo
provincias que tomaron partido y los funcionarios promovieron a uno u
otro de ellos. Por sucesos políticos parece que Huáscar perdió legitimidad y
Atahualpa venció en la disputa. Atahualpa se dirigía hacia los Andes
meridionales cuando se produjo el lapso fatal en Cajamarca.
Aquella disputa, como la mentada actitud de los Cañari a favor de uno u
otro bando, son extraños a un simple enfrentamiento armado como lo
destacan los libros colegiales. En el primer caso había una disputa política
complicada que incluso remitía a una descendencia matrilineal histórica
entre las familias Inka. En el segundo, no se trató de una ligazón de los
cañaris a un inca "peruano" frente a un "quiteño", sino de una actitud
mucho más profunda y contradictoria ante el poder estatal encarnado en
uno u otro Inca, ámbito que a la larga era el tipo de eslabón débil del
Tawantinsuyu.
Las constantes rebeliones dirigidas por varios jefes étnicos y la magnitud
territorial alcanzada en un tiempo corto son una muestra de la constitución
muy compleja del Tawantinsuyu, que disuelve la imagen de un poder
monolítico.
Los investigaciones históricas (Caillavet, 1985; Salomon, 1980; Taylor,
1988) coinciden en describir la estrategia de dominación inca en el actual
Ecuador como una combinación múltiple de estrategias políticas y de
formas coercitivas. Las medidas compulsivas estuvieron reflejadas sobre
todo en la presencia de población mitmaj, mas no en "huestes militares"
que corresponden mejor a una perspectiva bélica insistente en las historias
de límites.
La política de la conquista inca tendió a conservar la autoridad de los jefes
locales y a reducir la dependencia de los curacazgos con las áreas
desligadas del Tawantinsuyu. Específicamente, el Inca señaló entre las
etnias un kuraka que propiciara una congruencia entre los niveles estatal y
autóctono del gobierno; añadió modos disuasivos o privilegios para
preparar una formación jerarquizada y en algunos casos se crearon
estamentos intermedios de interrelación inca y local. Asimismo, el incario
provocó variaciones en la economía de las comunidades, sea reduciendo al
mínimo la dependencia económica extralocal, o sea a través de la
conversión de un recurso, de actividad de subsistencia, en acción delegada
por el Estado. De otro modo, se conservó la explotación pre-inca de
diversos nichos ecológicos e interfirió en la actividad de los mindalaes pero
sin suprimirlos. El saldo de esta manera de dominio resultó menos
disociadora que un andamiaje sin mandato local.
Por tanto, para enraizarse, el Estado buscó estructuras análogas a las de
su propia conformación porque, lejos de trastornar a fondo las culturas
que incorporaba, se ocupó de aparecer como una prolongación de las
organizaciones locales. Así se comprende actualmente que la organización
comunal fuera mejor definida donde hubo una mayor presencia inca, o que
los ámbitos de organización local permitidos por el Inca pudieran
mantenerse o reconstituirse bajo otras condiciones tras la colonización
europea.
Glosario
Ayllu: voz indígena que indica un grupo de parientes con un antepasado
común. Fue la unidad social básica pre-hispánica basada en el parentesco.
Cacique: voz nativa de centroamérica; véase curaca.
Camélidos: una familia de mamífero rumiante nativo de los Andes. Existe la
variedad de alpaca, guanaco, llama, vicuña.
Curaca (curacazgo): en quichua, jefe de la comunidad.
Huaca (Waca): divinidad, adoratorio, o lugar de residencia de las divinidades.
Camayoc (kamayuj): productor especializado, desplazado temporalmente a
nichos de producción contiguos al centro de vivienda.
Llajta (del qhishwa 'llaqta'): pueblo.
Malqui: divinidad personal representada por un antepasado o un objeto que le
perteneció.
Mindalae (voz de lengua desconocida): se refiere a un indígena mercader o
comerciante que actuaba a nombre de un "señor".
Pacarina: representaba el lugar de origen o el "inicio".
Tawantinsuyu (de las voces 'tawantin' y 'suyu'): cuatro regiones unidas entre
sí.
Tianguez: termino nativo de centro América, adoptado por los españoles, que
se refiere a un mercado.
Yana: población dedicada sólo a actividades estatales o de un "señor".
Orientaciones bibliográficas
Para conocer algunos aspectos generales de las sociedades andinas
anteriores a los Incas se pueden revisar los estudios de: John Murra,
Formaciones económicas y políticas del mundo andino, Lima, IEP, 1975. Para
caracterizaciones más precisas de algunas culturas que habitaron el Ecuador
prehispánico, sugerimos los trabajos de: Udo Oberem, "El acceso a recursos
naturales de diferentes ecologías en la sierra ecuatoriana (siglo XVI)",
Contribución a la etnohistoria ecuatoriana, Colección Pendoneros, n. 20,
Otavalo, IOA, 1981; Segundo Moreno, "Formaciones políticas tribales y
señoríos étnicos", Nueva Historia del Ecuador, vol. 2, Quito, Corporación
Editora Nacional-Grijalbo, 1988; Chantal Caillavet, "Las jefaturas
prehispánicas del norte del Ecuador. Formas de hábitat y organización
territorial", Memoria, n.2, Quito, Marka, 1991; Frank Salomon, Los señores
étnicos de Quito en la época de los Incas, Colección Pendoneros, n.10,
Otavalo, IOA, 1980; Cristóbal Landázuri, Los curacazgos Pastos
prehispánicos, Colección Pendoneros, Quito, IOA, 1983; Anne C, Taylor, "Las
vertientes orientales de los Andes septentrionales: de los Bracamoros a los
Quijos", Al este de los Andes. Relaciones entre las sociedades amazónicas y
andinas entre los siglos XV y XVII, tomo II, Quito, Abya Yala - IFEA, 1988.
Para quien desee profundizar su conocimiento y obtener una visión amplia
sobre los Inka, se puede consultar el trabajo efectuado por John Murra, La
organización económica del estado inca, México, Siglo XXI, 1978 (1955)
(incluye un glosario con términos indígenas: pp. 24-26); y del mismo autor
algunos capítulos de Formaciones económicas y políticas del mundo andino,
Lima, IEP, 1975. Recomendamos el libro de María Rostworowski de Diez
Canseco, Historia del Tahuantinsuyu, Lima, IEP, 1988, especialmente los cap.
I y II sobre la configuración del grupo Inka y el cap. III que trae una
interpretación de las disputas entre Huascar y Atahualpa: una ayuda grande
es el glosario (pp. 293-302) que contiene más de 150 voces nativas.
Sobre los incas en el área del actual Ecuador, se puede consultar a: Udo
Oberem, "El periodo incaico en el Ecuador", Nueva Historia del Ecuador, Vol 2,
Quito, Corporación Editora Nacional-Grijalbo, 1988, pp 135-166. Y los
estudios realizados por Frank Salomon: Los señores étnicos de Quito en la
época de los incas, Quito, Colección Pendoneros, 10, Instituto Otavaleño de
Antropología, 1980; F. Salomon, "Un complejo de mercaderes en el norte
andino bajo la dominación de los incas", Revista de Antropología , Vol IV, n.2,
Bogotá, Universidad de los Andes, Dpto. de Antropología, pp 107-125, 1988;
F. Salomon, "La política vertical en las fronteras del Tawantinsuyu", Memoria,
n.1, Quito, Marka Instituto de Historia y Antropología Andinas, pp. 7-41,
1990. También los trabajos de: Chantal Caillavet, "La adaptación de la
dominación incaica a las sociedades autóctonas de la frontera septentrional
del Imperio (territorio Otavalo-Ecuador)", Revista Andina, año 3, n.2, Cusco,
Centro Bartolomé de las Casas, 1985, pp.403-423; Anne C. Taylor, "Las
vertientes orientales de los Andes septentrionales: de los Bracamoros a los
Quijos", Al este de los Andes: relaciones entre las sociedades amazónicas y
andinas entre los siglos XV y XVII, tomo II, Quito, Abya Yala/IFEA, 1988
(este texto ofrece además un glosario con términos indígenas: p.215-18). Y
los estudios arqueológicos efectuados por: Antonio Fresco, "La red vial
incaica en la sierra sur del Ecuador; algunos datos para su estudio", Cultura,
n. 15, Quito, Banco Central, 1983, pp 109-148; el de Jaime Idrovo,
"Culebrillas... una laguna sagrada", Memoria, n.2, Quito, Marka, 1992, y el de
Tamara Bray, "Los incas en el norte del Ecuador: estrategias de incorporación
y control en la frontera imperial", Memoria, n.3, Quito, Marka, 1993.
Sin embargo todos estos textos contienen algunos términos poco conocidos,
que en el caso de los estudiantes deberán ser explicados con detenimiento.
Un aporte grande constituyen los libros de: Lilyan Benítez y Alicia Garcés,
Culturas ecuatorianas. Ayer y hoy, Quito, Ed. Abya Yala, 1990, 5ta edición; el
de Ernesto Salazar, Entre mitos y fábulas. El Ecuador Aborigen, Quito,
Corporación Editora Nacional, 1995; y el de Alba Moya, Atlas de Historia
andina, Cuenca, LAEB, Universidad de Cuenca, 1995.
GRABADO
Resistencia a la Conquista
Grabado de Teodoro de Bry,
1590, tomado del libro América,
de Philip Zigler.
Banco central del Ecuador, Fondo
Jacinto Jijón y Caamaño.
Conquista Española e Inicios del a Epoca Colonial Siglo XVI
Rosemarie Terán Najas*
Introducción
El siglo XVI fue escenario de dos importantes fenómenos históricos: la
conquista española y el complejo proceso de instalación del sistema
colonial. Ninguno de los dos se dio de manera abrupta e inmediata.
Ninguno significó una victoria absoluta de los conquistadores españoles
sobre las sociedades que habitaban los territorios del "Nuevo Mundo". De
hecho, los aborígenes resistieron la conquista y la colonización a veces por
medio de enfrentamientos directos, pero fundamentalmente por medio de
estrategias políticas y culturales que se proyectaron más tarde en la larga
temporalidad colonial.
De otro lado, la misma monarquía española y los conquistadores se
enfrentaron entre sí por el control y el usufructo del proceso de
colonización y por las características que debía tener. Estas diferencias se
ventilaron a lo largo del siglo XVI a través de debates, guerras y
movimientos subversivos. Sólo en las últimas décadas de esa centuria, se
logra la consolidación de un orden colonial y de las instituciones que van a
regir gran parte de la vida colonial y de las instituciones que van a regir
gran parte de la vida colonial en los siglos siguientes.
La exploración del Atlántico durante el siglo XV
América, el gran continente rodeado por los dos océanos más grandes del
planeta, se mantuvo hasta 1492 quinientos y más años atrás como una
tierra desconocida para el resto del mundo. Su historia, protagonizada por
los casi 50 o 60 millones de habitantes que tenía poco antes de aquel año,
transcurría en la soledad a la que le confinaba la distancia y el aislamiento
respecto de los otros continentes.
Por el contrario, Europa, Asia y África mantuvieron durante milenios
vínculos geográficos e históricos muy estrechos, que fueron
incrementándose durante el siglo XV gracias al intercambio comercial de
larga distancia, que se estableció principalmente a través del mar
Mediterráneo, a cuyo alrededor confluían diversas culturas y civilizaciones
del oriente y del occidente del "Viejo Mundo".
Para los europeos de es siglo, la más importantes y cotizadas de las rutas
comerciales intercontinentales era la que les permitía llegar a la India y al
lejano oriente asiático en procura de las famosas "especias", es que
empleaban en la conservación de las carnes que iban a servir de alimento
durante los crudos inviernos. En esos lejanos lugares de Oriente los
comerciantes también obtenían seda y algodón fino, ambos textiles muy
codiciados por las clases pudientes europeas.
La necesidad y el lujo, por consiguientes, influyeron para que eses
comercio de productos exóticos, cuyo monopolio en el Mediterráneo lo
ejercían los mercaderes genoveses y que sufría la amenaza de los turcos
en Constantinopla -punto principal de la ruta por tierra, creciera en
volumen e importancia hasta el punto de incentivar en otros países
similares empresas, los que principalmente se lanzaron a la búsqueda de
oro, indispensable para participar en el tráfico comercial.
Por su privilegiada situación marítima, Portugal fue el país que a partir de
1418, luego de arrebatar Ceuta a los musulmanes, encabezó la iniciativa de
buscar una ruta alternativa hacia la India, esta vez bordeando las costas
atlánticas del continente africano en dirección al océano Indico, con lo cual
se obviaba el obligado paso por el Mediterráneo. Pero en forma paralela a
la expansión atlántica, Portugal fue creando sus primeras colonias
insulares (islas Madeira, Azores), en las que estableció plantaciones de
caña de azúcar con el trabajo de negros africanos que esclavizaba a
medida que avanzaban las exploraciones.
En poco tiempo, los esclavos, el oro y los productos exóticos estimularon
como nunca ante el intercambio comercial y llegaron a ser objeto de la
codicia de varios países europeos, ansiosos por incrementar sus fuentes de
riqueza, tales como España, Holanda, Francia e Inglaterra que se lanzaron
al comercio ultramarino y terminaron por convertirse en las primeras
potencias colonizadoras modernas, con España y Portugal a la cabeza. Ello
iba a estimular la formación de un mercado más integrado y competitivo,
de alcances mundiales, que marcaría el tránsito del feudalismo a la época
capitalista.
¿Cómo se involucró España en la aventura expansionista de ultramar? A la
par que los portugueses, también sus vecinos los marinos andaluces
habían incursionado con fuerza en el Atlántico durante el siglo XV.
Contando con la ventaja de tener establecida una colonia castellana en las
islas Canarias desde 1402, a la que usaron como base de las expediciones,
los andaluces terminaron combinando la pesca de altura con la explotación
de lucrativo comercio de esclavos, oro y especias que ofrecía el noroeste
africano.
Tanto para los españoles como para los portugueses, la expectativa de
encontrar nuevas tierras hacia el Oeste se afirmó en la medida que
aumentaba el conocimiento del océano y de sus probables rutas.
Este fenómeno, unido a la certeza ya bastante difundida entre los
comerciantes y marinos de fines del siglo XV de la esfericidad de la tierra,
creó las condiciones para hacer posible el primer viaje trasatlántico.
De manera que hoy nos parecería inverosímil, la competencia entre España
y Portugal por el control ultramarino se resolvió en 1494 a través de un
tratado llamado de Tordesillas por el cual, con el arbitrio del Papa
Alejandro VI, el mundo que se estaba descubriendo fue repartido entre
ambos países.
El "Descubrimiento de América"
Se podría pensar que le empresa americana fue una prolongación natural
de aquellas primeras experiencias de navegación atlántica. Tarde o
temprano los vientos alisios terminarían empujando las embarcaciones en
dirección al desconocido continente. Sin embargo, la hazaña de la travesía
por el Atlántico no fue tan simple. Tuvieron que confluir una serie de
factores de diverso tipo para hacerla posible.
De un lado, el ansia de exploración de nuevas fuentes de riqueza trajo
aparejado el adelanto tecnológico. Tuvo que aparecer la carabela, buque
creado para surcar el océano, que resumió en sí toda la experiencia náutica
acumulada hasta entonces por el "Viejo Mundo". Además, fue
indispensable el desarrollo de medios de orientación en el mar.
Para fines del siglo XV, el antiguo temo que suscitaba el misterioso y
desconocido océano, llamado Mar Tenebroso durante la Edad Media, había
sido en parte superado por conocimientos más científicos. Entre otras
cosas, los navegantes disponían de rudimentarias cartas marítimas que se
iban completando en las exploraciones y podían calcular la latitud de un
lugar por observaciones de la esfera celeste realizadas a través del
astrolabio y el cuadrante.
No obstante, estos métodos eran insuficientes para la navegación en alta
mar, que también requería experiencia, intuición y una firme convicción en
el rumbo elegido. Y fueron estas cualidades precisamente las que
confluyeron en el genovés Cristóbal Colón, mezcla de diestro marino y
avezado mercader, que se aventuró al encuentro de una ruta hacia la India
por el Oeste (Bustos: 1983: 35-44).
Pese a ser el país más desarrollado en materia de navegación atlántica,
Portugal no apoyó el proyecto de Colón, por hallarse empeñado en la
circunnavegación del África. España, en cambio, sí respaldó la empresa a
través de los Reyes católicos Isabel y Fernando, alentados por la exitosa
culminación de sus guerras de reconquista que concluyeron con la
expulsión de moros y judíos de sus territorios. La toma cristiana del último
reducto moro en Granada se dio justamente en 1492, meses antes de que
Colón efectuara su primer arribo a islas americanas.
* Docente de la Universidad Andina "Simón Bolívar" e investigadora del
Taller de Estudios Históricos.
GRABADO
Desembarco en tierras
Americanas
Grabado de Teodoro de Bry,
1590, tomado del libro
América, de Philip Zigler.
Banco central del Ecuador,
Fondo Jacinto Jijón y
Caamaño.
El asalto a Las Antillas y la crítica de la conquista
Los viajes de Colón a Las Antillas y a la costa continental americana
encendieron rápidamente en los europeos la ambición por las riquezas que
podían ofrecer las nuevas tierras descubiertas, tierras que se consideraron
parte del Asia por lo que se las llamó las "Indias occidentales" hasta las
primeras décadas del siglo XVI, época en la que Américo Vespucio
comenzó a difundir la idea de que se trataba de continentes distintos.
Pero aunque es cierto que las empresas descubridoras de esos años se
mantuvieron en el empeño de encontrar la ruta del a Especiería, la gente
que en ellas participó las aprovechó para saciar su sed de oro y para
justificar, con los envíos de ese codiciado metal a la Corona Española, la
prosecución de las exploraciones.
El rescate del oro en las Antillas se hizo con el trabajo de los nativos
expresamente esclavizados para ese propósito o previamente repartidos
entre los colonos a través de la encomienda, que aparece allí por primera
vez como la institución básica que regularía la relación entre los
dominadores y la población nativa.
De hecho, por medio de ella los conquistadores adquirieron el derecho de
poseer un número determinado de indios para su servicio, a cambio de la
obligación de favorecer el adoctrinamiento de su encomienda. Las
matanzas directas para someter a las poblaciones, características de la
primera fase de la conquista, el cruel e intenso ritmo de trabajo y las
enfermedades transmitidas por los colonos provocan que en menos de
veinte años la población nativa se extinguiera casi en su totalidad.
Sólo en la isla Española (actuales República Dominicana y Haití) los
aproximadamente 500.000 habitantes que existían en 1492 se redujeron a
32.000 para 1514, es decir, 16 años después. La intensidad de la
explotación también se puede advertir en el volumen de oro antillano que
llegó a Sevilla hasta 1520: 14.118 kilos de oro, sin incluir el de
contrabando.
Tan impactantes fueron las atrocidades cometidas en la conquista de Las
Antillas, que las primeras denuncias provinieron del mismo sector español
y terminaron favoreciendo un debate sin precedentes, no igualado por
potencia colonial alguna en la historia, en que se sometió a discusión la
legitimidad misma de la presencia europea en el nuevo mundo.
Asumieron la defensa de los indígenas los religiosos españoles de la Orden
de Santo Domingo, con Bartolomé de la Casas de la cabeza. Su lucha llevó
a que la Corona revisara los fundamentos mismos de la colonización, cuyo
problema central era en ese momento la encomienda. Se procedió
entonces a introducir una modificación sustancial, que iba a causar revuelo
entre los encomenderos: la encomienda no sería perpetua y sólo duraría el
lapso de dos vidas.
El gobierno de las "Indias"
España se atribuyó el gobierno de las Indicas no sólo por supuestos
derechos derivados a la conquista, sino porque los papas favorecieron a los
Reyes Católicos con concesiones en el gobierno de la Iglesia. A través de lo
que se denominó el "Patronato"; por ejemplo, los monarcas se atribuyeron
el derecho de intervenir a el "gobierno espiritual", presentando sus
candidatos a los cargos eclesiásticos, entre ellos los de obispos.
Otro de los beneficios era el de los diezmos eclesiásticos, impuestos que la
Corona se otorgó para sí a cambio de construir y sostener iglesias en
América. Los reyes se preocuparon también de reglamentar desde el
principio los beneficios que iban a obteniendo de la conquista y el control
de las tierras y hombres descubiertos.
Fue por eso que a Colón se le recortaron los privilegios obtenidos a través
de las Capitulaciones de Santa Fe, por las que se le habían concedido
títulos militares, nobiliarios y repartimientos de indios. En adelante, se
procedería de igual forma con todos los conquistadores, cuyas
posibilidades de acción a partir de principios del siglo XVI terminaron
siendo notablemente disminuidas con el envío de funcionarios directos del
rey: los gobernadores.
Su objetivo fue sustituir el poder militar emanado de la Conquista por el
poder civil dependiente de la Corona. Pese a que algunos conquistadores
recibieron como recompensa el título de gobernador, la Corona puso
límites de sus facultades, pues quería evitar que las distintas posesiones
americanas surgieron autoridades patrimoniales locales y poderosas
señores feudales (Kanetske: 1997: 117).
Para regular las relaciones de la metrópoli con Ultramar, la Corona había
establecido ya en 1503 la Casa de Contratación, destinada a controlar el
tráfico comercial entre España y América. Y como primero y máximo
órgano del gobierno civil se creó el Consejo de Indias, derivado del
Consejo de Castilla, que empezó a funcionar alrededor de 1517, sirviendo
además de tribunal de última instancia para las cortes de justicia
americanas.
Pero la creación de estas instituciones no iba a significar que las Indicas
recibieran el mismo tratamiento que los reinos de España. En realidad esa
red de instituciones estaba al servicio de un sistema colonial en proceso de
configuración.
La colonización emprendida por España se sustentó en la creación de
estructuras políticas, económicas e ideológicas de dominación destinadas a
someter un extenso territorio que estaba fuera del suyo, y cuya
apropiación iba a permitir en adelante explotar la fuerza de trabajo nativa
ya organizada y sus variados y ricos recursos naturales.
El intercambio colombino y la transformación de la base
productiva
[] Los españoles trajeron a las nuevas tierras muchos organismos[] que
tuvieron marcados efectos en las estructuras sociales. La presencia de los
caballos revolucionó el arte de al guerra, y el empleo de mulas y burros
aumentó las posibilidades del transporte a larga distancia. Los caballos y
mulas proliferaban en la sierra. En poco tiempo los abundantes pastizales
se convirtieron en criaderos de bestias para la economía minera
panandina. El aumento de recuas y su conducción entre el
"desembarcadero" de Guayaquil y la sierra, comenzaba a ocupar casi
esclavizar a los naturales que habitaban en pueblos a lo largo del antiguo
camino aborigen.
Mayores consecuencias aún produjo la introducción de ganado ovejuno.
Bajo el imperio incaico, se había inculcado la producción de lana de
camélidos (llama y alpaca). [] Con la destrucción del régimen inca y con
las depredaciones de españoles que hurtaron miles de animales para
finalidades de alimentación y transporte, los rebaños imperiales
rápidamente desaparecieron. [] En poco tiempo se notó el fenomenal éxito
de las ovejas españolas en ambientes nor-andinos []
[] El ganado vacuno también se multiplicó a un paso acelerado, ocupando
terrenos cultivables que el reducido grupo de cultivadores indígenas ya no
podían sembrar ni defender militarmente. La tecnología agrícola a base del
arado de buey, posibilitó el uso intensivo de tierras que antes se cultivaban
solamente mediante el método de quema y barbecho.
El efecto del "ganado menor" no fue tan negativo. En pocos años la
población andina asimiló completamente los animales domésticos
menores, importados de Europa. Las gallinas tuvieron éxito casi
instantáneo en el mundo indígena, y los cerdos [] pudieron no solamente
florecer bajo climas de variada altura, sino acompañar a sus dueños en sus
expediciones. Las semillas europeas aumentaron apreciablemente el
potencial productivo de los Andes []. El trigo y la cebada, sin llegar a ser
comidas importantes en la cocina aborigen, se difundieron ampliamente
porque los encomenderos exigieron su producción a modo de tributo. Es
probable que, en cierto grado, la cebada desplazara los tubérculos andinos
(papa, oca, mashua, etc.) y a las chenopodáceas (quinua, cañihua). Las
cosechas tropicales del Nuevo Mundo también se radicaron desde
comienzos de la época colonial. En los territorios del actual Ecuador, el
cultivo de la caña de azúcar comenzó durante principios de la colonia, y el
banano planta de probable origen africano aumentó el potencial productor
de regiones con suelo muy húmedo.
Tomado de Frank Salomon, "Crisis y transformación de la sociedad
aborigen invadida", en Enrique Ayala Mora, Edit., Nueva Historia del
Ecuador, Vol. 3, Corporación Editora Nacional / Grijalba, Quito, 1988, 108-
111
GRABADO
Batalla del Cuzco
Grabado de Teodoro de Bry, 1590,
tomado del libro América, de Philip
Zigler.
Banco Central del Ecuador, Fondo
Jacinto Jijón y Caamaño.
Los conquistadores invaden el continente
Agotados los recursos de Las Antillas y prácticamente exterminada su
población, los conquistadores se dirigieron en busca de nuevas riquezas
hacia el continente. En 1518 Hernán Cortés invadió México, y ya para la
década de 1520 el eje de las campañas conquistadoras había pasado de
Las Antillas a Panamá, que se convirtió en base de las conquistas
emprendidas hacia las tierras del Sur.
En el continente los conquistadores se encontraron con culturas mucho
más complejas, a diferencia de los que ocurría en las islas, donde la
población nativa se organizaba en pequeñas agrupaciones gobernadas por
caciques, y dependían de la caza, la recolección y de una agricultura
elemental para la autosubsistencia.
En las mesetas centrales de México, tal como ocurría también en las
mesetas y valles andinos de los actuales Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia,
existían, en cambio, densos y muy heterogéneos conglomerados
poblacionales, regidos por sistemas políticos estatales y basados en
economías agrícolas altamente desarrolladas que dependían del
intercambio y de sofisticados sistemas hidráulicos.
Se trataba de sociedades muy jerarquizadas, en las que el Estado había
realizado una cuidadosa distribución de funciones económicas y sociales
entre los grupos, lo cual fue mantenido inicialmente por los españoles en
provecho propio.
Para la conquista de estas grandes civilizaciones continentales a los
europeos no les fue suficiente embestir casi por asalto, como ocurrió en las
islas; usaron, sobre todo, la guerra y la estrategia política. Los españoles
aprovecharon el rechazo que los grupos nativos mantenían a las
hegemonías azteca e inca, y les brindaron su apoyo bélico, con lo cual la
conquista se convirtió en una guerra en múltiples direcciones.
Buena parte del éxito obtenido por Hernán Cortés en la conquista de
México, por ejemplo, se debió al apoyo que recibió de los tlaxcaltecas,
grupo indígena que, como otros, vio en el sector español el aliado ideal
para luchar contra el emperador azteca Moctezuma.
La conquista del Tawantinsuyu
Las exploraciones hacia la pare meridional del continente fueron
protagonizadas por veteranos de la conquista americana, que había
llegado entre los primeros grupos europeos que arribaron al Caribe. Ese
fue el caso de Francisco Pizarro y de Diego de Almagro, quienes en
sociedad con Hernando de Luque, emprendieron una larga travesía hacia
del descubrimiento de las inmensas y desconocidas tierras del "Perú",
denominación que derivaba de "birú", nombre nativo de un río en la costa
pacífica (al norte de la actual Colombia), que en la década de 1520
constituía una especie de frontera natural entre la avanzada conquistadora
establecida en Panamá y lo que quedaba por explorar hacia el sur.
Los viajes hacia el sur arrancaron en 1524, inmediatamente después de las
primeras noticias que se tuvieron sobre la existencia del rico y populoso
imperio del Perú.
Bordeando la costa pacífica con bergantines repletos de aventureros, los
expedicionarios recorrieron en aproximadamente seis años su suficientes
millas como para llegar hasta los 8 grados de latitud sur, estos es, más allá
del río Santa en la costa peruana.
Durante el trayecto desembarcaron varias veces, con estadías en Tacámez,
Jama, Portoviejo, Isla Puná y Túmbez y entre escaramuzas, asaltos y
también encuentros pacíficos con los nativos, tuvieron la oportunidad de
confirmar mediante el testimonio de los mismos habitantes de esos
lugares la existencia del gran imperio que buscaban. En esos largos años,
también lograron capturar oro, plata y nativos que luego les sirvieron de
intérpretes.
Pero los seis años de exploraciones europeas en la costa pacífica de los
actuales Colombia, Ecuador y Perú también habrían permitido a las
sociedades de los Andes enterarse en la presencia de los europeos y
elucubrar sobre sus intenciones con suficiente anticipación a las acciones
de conquista que se avecinaban.
Hay que tomar en cuenta que las sociedades aborígenes de América del
Sur estaban vinculadas entre sí por importantes vías de intercambio, que
permitirían el flujo de personas, productos e información. No se entiende
de otra manera que noticias particularmente precisas sobre un imperio
situado mucho más allá de la línea equinoccial, circularan en regiones tan
septentrionales atrayendo la atención de los aventureros instalados en
Panamá.
No obstante, este alto grado de integración sirvió, irónicamente, a los
propósitos de un destino trágico. Por las mismas redes circularon las
mortales enfermedades europeas, que tras los primeros contactos
comenzaron a difundirse entre la población nativa, diezmándola en
proporciones gigantescas, mucho antes de que los conquistadores
penetraran en el territorio (Bustos: 1983: 58; Salomón: 1983: 100).
La intensidad y amplitud del contagio allanó el camino hacia la conquista
no sólo asolando a la población sino que, en parte por acción de azar,
afectando a la misma cúpula del poder inca, entonces encarnada en Hayna-
Capac, quien murió entre 1525 y 1527 en Quito, probablemente de viruela
o de sarampión, ignorando que su mal procedía de los futuros verdugos de
su imperio.
Hayna-Capac fue el autor de la expansión del Tahuantinsuyu hacia la
región de Quito, situada al norte del imperio o Chinchaysuyu. Su muerte
temprana llevó al Tahuantinsuyu a una profunda crisis política, provocada
por problemas de sucesión que terminaron enfrentando encarnizadamente
a Huáscar y Atahualpa, hijos del Inca fallecido.
Atahualpa, manteniendo la preferencia de su padre por la región de Quito,
había consolidado su presencia allí mediante alianzas con los señoríos
locales, cuestión que desafiaba y ponía en peligro la centralidad del
Imperio concentrada en el Cuzco (Valarezo: 1990: 228-231)
En realidad, esto implicaba un cambio sustancial en el esquema político de
organización del Tahuantinsuyu y constituía un poderoso motivo para que
las élites políticas incaicas se vincularon al enfrentamiento entre Huáscar y
Atahualpa. La guerra fraticida que protagonizaron culminó con la derrota
de los ejércitos de Huáscar y el triunfo de Atahualpa.
El nuevo Inca sin embargo, no poseía una situación sólida al inaugurar su
mandato. Estaba rodeado de poderosos adversarios, que provenían no solo
de los grupos partidarios de Huáscar, sino también de los numerosos
pueblos que siempre se habían resistido a la dominación inca, y que veían
en la situación de inestabilidad político del imperio la oportunidad para
enfrentarla. Fue en esos precios momentos que ingresaron al escenario los
conquistadores españoles
De la crisis política que desgarraba al imperio inca se enteró Pizarro
durante su estadía de casi un año en el litoral pacífico del actual Ecuador,
de la cual obtuvo un importante botín de oro y plata, logrado mediante
sangrientos asaltos perpetrados a poblaciones como la de la isla Puná, que
quedó prácticamente arrasada a su paso.
Luego Pizarro arribó a Túmbez, puerta de entrada del Imperio. Conocedor
entonces de la presencia de Atahualpa en Cajamarca en donde el Inca se
había enterado por esos mismos días de la derrota de Huáscar y de su
propia entronización Pizarro decidió marchar a su encuentro (Pólit
Montesdeoca: 1983: 80-81),
Como veterano de guerra, y sobre todo por las lecciones que había
arrojado la conquista de México, Pizarro sabía que eliminar la cabeza del
gobierno y aprovechar la resistencia local frente al imperio serían
estrategias claves para someter al Tahuantinsuyu. Empleando tácticas
ajenas a la tradición guerrera local, Pizarro logró camuflar un plan de
emboscada con encuentros "pacíficos" previos, que iba propiciando entre
los emisarios de ambas partes, a medida que el grupo se aproximaba a su
destino (Rostworowski: 1988: 174)
Subestimado tal vez los alcances de las intenciones de Pizarro, o
probablemente con la idea de impresionar a los intrusos, y medir fuerzas
mediante la exhibición de los símbolos de su poder, Atahualpa se expuso
en la plaza de Cajamarca ante los españoles, con todo el boato posible y
con sus guerreros desarmados. Los casi 200 hombres de Pizarro
emboscaron y, prácticamente, exterminaron a los soldados imperiales.
Inmediatamente, aprovechando la desprotección del Inca, lo conminaron a
aceptar la conversión a la fe cristiana, a través de un insólito ritual llamado
el "Requerimiento" que, en caso de ser rechazado como lo hizo Atahualpa,
les permitiría legitimar cualquier acto de crueldad, siempre justificable en
la mentalidad católica de la época cuando se trataba de "infieles".
Atahualpa fue tomado prisionero y, luego de unos meses, degollado. Esto
ocurrió entre junio y julio de 1533.
Sin embargo, la cúpula del poder inca no desapareció completamente con
la muerte de Atahualpa. Manco Inca, emperador títere que los españoles
proclamaron como sucesor del soberano asesinato, rompió la alianza con
los europeos en 1536 y creó un importante foco de resistencia inca en
Vilcambamba, una región montañosa al noroeste del Cuzco (Stern:
1986:62). Ese reducto se mantuvo hasta 1572, cuando el virrey Toledo
ejecutó a Tupac Amaru I, último Inca de la resistencia.
GRABADO
Enfrentamiento entre
conquistadores
Asesinato de Pedro de Puelles
Grabado de Teodoro de Bry, 1590,
tomado del libro América, de Philip
Zigler.
Banco Central del Ecuador, Fondo
Jacinto Jijón y Caamaño.
La conquista de la Región Morandina
Las alianzas que el Tahuantinsuyu logró establecer con la región norandina
del Imperio se tambalearon luego de la muerte de Atahualpa. El rechazo a
la dominación inca por los pueblos Cañari, Puruhá, Quito y Pasto
permanecía latente pese a que los incas, luego de sus guerras de
conquista, habían adoptado medidas "blandas" para consolidar su poderío
en esas regiones.
En realidad, los pueblos norandinos, organizados en unidades políticas
autónomas los "señoríos", no aceptaban el esquema centralizador del
estado inca (Salomón: 1983:100; Valarezo: 1990:242). La coyuntura
política desatada por la irrupción europea en contra de los incas.
Los cañaris, los caciques de Cayambe, Quito y Latacunga, entre otros,
colaboraron abierta y activamente con el cruel conquistador Sebastián de
Benalcázar en el sometimiento y exterminio de los grupos incas. El último
esfuerzo por contener la oleada anti-inca fue protagonizado por
Rumiñahui, general de Atahualpa, quien queriendo frustrar el avance de
Benalcázar, se anticipó destruyendo Quito y reprimiendo a los rebeldes
anti-incas, cuatro mil de los cuales fueron pasados a cuchillo por órdenes
suyas (Borchart: 1981:181).
Las guerras por el reparto del territorio
El saldo de los primeros años de la conquista española fue trágico y
violento. Y la guerra fue general. El enfrentamiento inicial entre españoles
y nativos derivó en guerras que protagonizaron tanto los nativos entre sí,
como los europeos, divididos en bandas y facciones que luchaban por
obtener tajadas en el reparto de las riquezas y el territorio. Estas últimas
se denominaron las "guerras civiles".
De hecho, una vez finalizada la conquista de Quito, Pizarro y Almagro se
disputaron abiertamente durante aproximadamente cuatro años el control
del Cuzco, situado en la frontera de los dos reinos que la Corona les había
otorgado, respectivamente: Nueva Castilla (Perú) y Nueva Toledo (Chile).
Una vez derrotado y ejecutado Almagro, en 1538, ambos reinos es decir,
prácticamente todas las tierras hasta entonces conquistadores quedaron
en manos de sus verdugos, los Pizarro. Gonzalo Pizarro fue nombrado por
su hermano gobernador de Quito con jurisdicción sobre Popayán, Cali,
Portoviejo y Guayaquil y fue en el ejercicio de ese cargo que organizó la
expedición al oriente en busca del país de la Canela, viaje que culminó con
la llegada de Orellana al gran río Amazonas.
Estas luchas de aventureros insaciables adquirieron una dimensión clánica
evidente (Lavellé: 1997:34). La hegemonía de Francisco Pizarro llegó a su
fin en 1541, cuando un grupo de almagristas lo asesinó en su residencia en
Lima y proclamó "general" del Perú a Diego "el Mozo", hijo de Almagro
nacido en Panamá (Landázuri: 1983:169). Su mandato, sin embargo, duró
sólo un poco más de un año, puesto que fue depuesto y ejecutado por
Cristóbal Vaca de Castro, primer delegados que la Corona envió para frenar
a los conquistadores e implantar la autoridad real.
En esta época la fundación de ciudades jugó un rol decisivo par la
consolidación del avance conquistador. La premura con que se instalaban
tenía el claro objetivo de dotar de un marco jurídico a la ocupación del
territorio y crear puntos de avanzada para nuevas expediciones.
No es coincidencia que las primeras ciudades fundadas en lo que más tarde
sería territorio de la Audiencia de Quito Quito (1534), Guayaquil (1535),
Portoviejo (1535), Popayán (1536) y Pasto (1536) se hayan establecido
precisamente en el contexto de las disputas entre las huestes
conquistadoras. De hecho, Quito fue fundada para detener las aspiraciones
que el gobernador de Guatemala, Pedro de Alvarado, tenía sobre las tierras
que iba conquistador Pizarro.
Las fundaciones de Guayaquil y Portoviejo fueron ordenadas por este
último y puestas en ejecución por Orellana y Francisco Pacheco, para
permitir desde Lima, el control del extenso territorio del litoral amenazado
por las huestes de Benalcázar. Benalcázar, finalmente, logro fundar Cali,
Popayán y Pasto, sentado así las bases de la gobernación de Popayán, que
tanto ambicionó y que le fue otorgada por el emperador Carlos V en 1540
(Landázuri: 1983:182).
La aplicación de las leyes nuevas y la consolidación del poder real
La fuente principal de la riqueza de los conquistadores en el siglo XVI
fueron las encomiendas o "repartimientos de indios". Mediante ellas, los
conquistadores convertidos en "encomenderos" podían dispones de un
número de indios generalmente parcialidades enteras, que no solo les
tributaban en especies o dinero, sino que les servían de mano de obra. La
posesión de encomiendas les proporcionaba prestigio, poder y riqueza,
sobre todo por la posibilidad de acceso a la propiedad de la tierra.
Los encomenderos eran los "vecinos" (o habitantes "principales") de las
ciudades y ocupaban puestos en el cabildo, que era el gobierno municipal
de las urbes. Vivían rodeados de séquitos de sirvientes y su vida estaba
dedicada a la ostentación. Por eso, la sola posibilidad de que la Corona
revisara los términos de la concesión de encomiendas podía causar un
revuelo incontrolable en los "reinos" americanos.
Como se mencionó el inicio, fue el dominico Bartolomé de las Casas,
inspirado en los principios humanistas de otro gran dominico, Francisco de
Vitoria, quien denunció ese sistema de explotación. Y logró que la Corona
promulgara en 1542 las Leyes Nuevas, que ponían límites al maltrato a los
indios y al poder casi ilimitado de los encomenderos, a través de
disposiciones tales como la abolición de la esclavitud india; la prohibición
de que instituciones, clérigos, funcionarios y establecimientos religiosos
poseyeran encomiendas; la prohibición de nuevas encomiendas,
estipulando además que las existentes se revirtieron a la Corona a la
muerte de sus poseedores (Bird Simpson: 1970:152)
El apoyo de la Corona a las restricciones a la encomienda era
perfectamente explicable desde la perspectiva del rey Carlos V, quien las
promulgó. Lejos de revelar una actitud humanista, más bien le permitirá al
monarca consolidar su vasto imperio, sofocando el peligro más inminente:
las aspiraciones feudales de los conquistadores, siempre tentados a cortar
vínculos con la monarquía, tal como quedó evidenciado en las guerras
civiles protagonizadas por Pizarro y Almagro.
El encargado de aplicar las Leyes Nuevas en esta parte del continente fue
Blasco Núñez de Vela, quien vino en 1544 para desempeñar, además, el
cargo de primer Virrey del Perú (Landázuri: 1983:172); es decir,
representaba al rey en las colonias; y , por lo tanto, estaba revestido de
plenos poderes.
La decisión de usar la fuerza para llevar adelante su misión despertó aún
más la oposición de los encomenderos, quienes conformaron un ejército
encabezado por Gonzalo Pizarro, al que había proclamado Capitán General
del Perú. El Virrey contó inicialmente con el respaldo eventual de los
vecinos de Quito para hacer frente a la arremetida de Pizarro.
Sin embargo, el enfrentamiento sólo se concretó en 1546 en el Ejido de
Quito, cuando las tropas del Capitán General se enfrentaron con las Nuñez
de Vela, que entonces contaba con refuerzos de Popayán al mando de
Benálcazar. Los setecientos hombres de Pizarro derrotaron al ejército
virreinal compuesto de 400 soldados y el Virrey fue decapitado en el
campo de batalla (Landázuri: 1983:172-174)
Esta lección que recibió la Corona la llevó a cambiar de táctica; esto es,
considerar una aplicación menos severa de la legislación contra la
encomienda. Además, para entonces varios sectores que años atrás habían
condenado la encomienda, venían ya en ella algunas bondades como la de
brindar facilidades a la evangelización, asegurar el control dirigente militar
compuesta por los encomenderos y favorecer un orden jerárquico,
necesario para la nueva sociedad que se estaba creando (Konetske:
1997:176).
Las Leyes Nuevas desencajaban con este nuevo contexto; por lo tanto, la
Corona optó por enviar otro delegado, el Licenciado Pedro de la Gasca, en
calidad del Presidente de la Audiencia de Lima con instrucciones precisas
para negociar los puntos más polémicos de las Leyes, prometiendo
prácticamente su abolición. Con esa política, no le fue difícil a La Gasca
llegar a acuerdos con los grupos rebeldes y, a la vez, desarmar la
plataforma de lucha de Gonzalo Pizarro.
De todos maneras, el último de los Pizarro contaba todavía con numerosos
grupos leales, que se agruparon en un gran ejército bajo su mando,
concentrado en el Cuzco. El enfrentamiento se dio en la cercana llanura de
Jaquijaguana en marzo de 1548. La victoria estuvo del lado de La Gasca,
gracias a que la gran mayoría de los soldados rebeldes terminado
abrazando la causa de la Corona. Gonzalo Pizarro fue capturado y
ejecutado (Landázuri: 1983:174-178).
La muerte de Gonzalo Pizarro marcó el fin de la época pizarrista. Con el
triunfo de La Gasca, en cambio, se iniciaba la consolidación del poder real
en Virreinato del Perú, lo que daría lugar a un período de estabilidad que,
entre otras cosas, se concretó, por ejemplo, en la iniciativa de la Corona de
promover el establecimiento y crecimiento de las ordenes religiosas y el
clero secular.
Pero estos cambios en el orden político e institucional coincidían también
con cambios a nivel de la economía colonial. Precisamente con cambios a
nivel de la economía colonial. Precisamente en esos momentos se operaba
en el mismo escenario una gran transformación provocada por la
explotación a gran escala de las minas de plata, actividad que el Estado
Metropolitano puso mucho empeño, por los enormes beneficios que podía
reportarle.
Esto significó, de alguna manera, el desplazamiento de la encomienda
como fuente principal de riqueza y generación de otras formas importantes
de enriquecimiento, que se derivaban de la misma explotación de la plata,
como la producción de textiles concentrada en Quito, vinos, cueros, etc.,
para los centros mineros y el comercio en general.
El estado colonial intervino en la dinamización del nuevo sistema
económico a través de dos decisiones importantes: la conversión del
tributo en especies al tributo en moneda y el subsidio de la mano de obra
indígena, que sería canalizada a las áreas productivas mediante el sistema
de la "mita", antigua institución prehispánica que ahora serviría para crear
un sistema de trabajo forzado a gran escala, que incluía toda la población
indígena tributaria comprendida entre los 18 y 50 años de edad.
El mentalizador de la esta política fue el virrey Francisco de Toledo, quien
dispuso en 1574 que anualmente se trasladaran 13.500 mitayos a Potosí
(en el actual Bolivia), principal centro minero del Virreinato peruano
durante el siglo XVI. La mita se generalizó y la distribución de indios
mitayos corrió por cuenta de los mismos caciques, que debían proveer de
fuerza de trabajo indígena a todas las actividades económicas de las élites
coloniales, y en el caso de Quito, a los obrajes y haciendas,
fundamentalmente.
Los indios mitayos trabajaban en turnos de cinco años y sus obligaciones
se extendían también a la provisión de servicios a las ciudades, sobre todo
para la construcción de edificios y la dotación de leña y agua.
Parte de la obra de Toledo fue, además, la concentración de indígenas en
"reducciones" o poblados forzados que brindaron facilidades al
adoctrinamiento, evangelización y control de la población, proyecto que
tuvo en el corto plazo un éxito parcial. Estas iniciativas convirtieron al
virrey Toledo en la figura más sobresaliente del proceso de consolidación
del sistema colonial en los territorios de América del Sur. No hay que
olvidar que fue durante su gobierno se ordenó la captura y ejecución de
Túpac Amaru I, último foco de resistencia del imperio Inca.
La Audiencia de Quito a fines de siglo
Por pedido del cabildo de la Villa de San Francisco, el territorio que había
constituido hasta 1563 la Gobernación de Quito pasó a ser Audiencia,
siempre dependiente del Virreinato del Perú. Este distrito y el del Obispado
de Quito, cuyo establecimiento se había concretado ya en 1550, daban
cuenta, de alguna manera, de la percepción por funcionarios y vecinos, de
un territorio que constituía una suerte de unidad, un espacio norandino
diferencia del resto del virreinato en términos de sus particularidades
geográficas y, posiblemente, históricas y culturas.
La población
Los cambios que el territorio de la nueva Audiencia había experimentado
en los treinta años transcurridos desde la conquista eran verdaderamente
profundos. El paso de las huestes conquistadoras supuso ya en las
primeras décadas una sustancial movilización de la población nativa. Parte
de ella había dejado sus lugares de origen para acompañar a los españoles
en las exploraciones. Otro tanto había huido a zonas de refugio, y muchos
más fueron a movilizarse para alimentar los "repartimientos de indios".
De hecho, se había operado una transformación de los tradicionales
esquemas de concentración poblacional. Una importante baja de población
se produjo en el litoral, cuyos nativos estuvieron entre las primeras
víctimas de las epidemias tempranas desatadas por la proximidad y, luego
por el contacto, con los europeos. De la misma manera ocurría con los
indios de Portoviejo, y los indios de Guayaquil estaban prácticamente
extinguidos ya en 1550, de acuerdo con informes de Cieza de León
(Powers: 1994:45).
La sierra, en cambio, experimentaba un crecimiento sostenido de población
indígena. La gran demanda de mano de obra que tenían fundamentalmente
la sierra central y norcentral, debiendo a que allí estaban instaladas la
mayoría de empresas españolas, determinó una migración de indígenas
desde la periferia, lo que no sólo incrementaba la población tributaria
reclutada por los mismos caciques, sino la población de indios "forasteros"
que migraban precisamente por escapar del tributo (Powers: 1994:82).
Hay que destacar la fuerte migración desde las zonas de ceja de montaña,
que de ser áreas de refugio durante la conquista, estaban pasando a
convertirse en zonas de expulsión de población, tanto por las condiciones
infrahumanas de las encomiendas, como por los antiguos lazos que sus
habitantes mantenían con la sierra (Powers: 1994:49).
Las sociedad indígena entre 1548 1563
La reorientación el proceso colonial durante estos años, tuvo
repercusiones importantes para la sociedad indígena. Durante el dominio
de los Pizarro, las alianzas hispano aborígenes y la encomienda primitiva
habían constituido una red de relaciones bilaterales, tácticas,
relativamente flexibles, caracterizadas por la explotación mutua. Ahora se
imponía un sistema similar al que iba a llamarse (en el imperio británico
siglos después) "mandato indirecto". Por esta frase se entiende un sistema
que dejó en vigencia a los niveles inferiores y medios del gobierno
aborigen, conectándose con la economía política imperial, mediante un
régimen tributario estrechamente regulado por la burocracia real. Bajo
este régimen, la encomienda no desapareció sino que se convirtió en
subsidio administrado por la Corona a favor de las élites coloniales. La
actuación de los señores étnicos, de 1548 en adelante, se definió dentro
del triángulo kurakazgo encomienda burocracia real. Con la caída de la
importancia del poderío militar indígena, las élites aborígenes
frecuentemente tuvieron que buscar su ventaja política en la explotación
de contradicciones entre el estado y el encomendero.
En 1551, las encomiendas del actual Ecuador, fueron redistribuidas por el
presidente Pedro de La Gasca [] a personas que se suponían leales a la
Corona. La reglamentación del tributo se basó en el concepto de que el
encomendero no debía llevar más de los que se había tributado al estado
inca, ni debía lo que el terreno y la condición de sus habitantes
cómodamente podía rendir [] A pesar de respetar superficialmente las
normas incas, las tasaciones, en realidad, introdujeron cambios de enorme
importancia. Bajo el sistema, se había tributado exclusivamente en
trabajo. Las materias primas debían ser aporte del estado. Los españoles,
en primas debían ser aporte del estado. Los españoles, en cambio,
exigieron productos acabados cesto, petacas, diversas comidas, ropa
indígena dejando, frecuentemente, a los tributos de este tipo, el kuraka
obligó a sus súbditos a asumir costas y riesgos que, desde el punto de
vista andino, correspondían al estado. Para satisfacerlo, toda la comunidad
tuvo que dedicar parte de su producto al comercio monetario y, por lo
tanto, disminuyó la proporción disponible para los intercambios, la base de
la reciprocidad o redistribución andinas []
La reforma de las encomiendas en 1551 también propuso una sistemática
penetración del mundo indígena por misioneros católicos []. Pero en
muchos casos el progreso del cristianismo fue lento. En 1559, la mayoría
de los aborígenes residentes cerca de Quito aún no habían sido bautizados
[]. Por otro lado, los españoles buscaban formas de extraer mano de obra
para la construcción de villas y ciudades []. Para estas finalidades y
muchas más, los cabildos y corregidores permitieron la resurrección de la
mita incaica y su paulatina transformación en sistema de trabajo forzado a
escala gigantesca [].
[] A pesar de todas estas presiones, las comunidades indígenas hasta
1550-1560 habían defendido con éxito la mayor parte de sus instituciones
autóctonas, y en su constitución interna conservaban rasgos
fundamentalmente andinos.
(Tomado de Frank Salomon, "Crisis y transformación de la Sociedad
Aborigen Invadida (1528-1573)" en Enrique Ayala, Ed., Nueva Historia
GRABADO
Representación
gráfica
De la ciudad de Cuenca
por Huamán Poma de
Ayala
1526 - 1613, fotografía
de Ayala Mora. Ed,
Nueva Historia del
Ecuador Vol. 3,
Corporación Editora
Nacional/Grijalbo,
1988.
En realidad, el nuevo esquema poblacional estaba rompiendo el patrón de
poblamiento descentralizado y fluido a nivel interregional característico de
la época prehispánica. Pero, además, las fronteras del poblamiento
hispano concentrado fundamentalmente en la sierra reflejaba las propias
limitaciones da la empresas conquistadora.
Desde esta perspectiva, la cédula de 1563, que creó la Audiencia de Quito,
resulta más bien la expresión de una expectativa que de una realidad
territorial. En la última década del siglo, todavía los europeos se
planteaban la idea de emprender la conquista de las comarcas situadas en
las vertientes de las cordilleras oriental (la selva amazónica) y occidental
(Esmeraldas), que no habían ingresado aún en el proceso de colonización
(Lavallé: 1997:53).
La sociedad colonial
De otro lado, la sociedad colonial que se configuraba era definitivamente
variada y heterogénea, pese al proyecto de orden social que la Corona
buscó establecer desde un inicio y que pretendía separar la sociedad nativa
de la hispana, con la creación de dos Repúblicas, una de Indios y otra de
Españoles.
De hecho, los conquistadores no hubieran podido sobrevivir durante las
primeras décadas sin el establecimiento de alianzas con las élites
indígenas, lo que permitió que actuaran de mediadores entre los hispanos
y el común de los indígenas, convirtiéndose así en élites biculturales con
posiciones ventajosas dentro del sistema colonial. Además de las uniones y
matrimonios entre ambos sectores, surgieron tempranas generaciones de
mestizos que en Quito se incrementaron de manera especial respecto a
otras regiones del virreinato.
Hay que señalar que entre los "blancos" la diferencia social era también
muy marcada. La conquista dejó como saldo la existencia de varios
sectores marginales, como soldados sin fortuna, que quedaron de las
guerras civiles, y mestizos desheredados hijos de antiguos encomenderos.
Para ilustrar esta situación, basta señalar que ambos sectores en conjunto
constituían a fines del siglo alrededor de dos tercios de los habitantes de la
ciudad de Quito (Lavallé: 1997:92-99).
El orden político
En este orden, la Audiencia atravesaba desde 1570 finalizado el período de
Hernando de Santillán, primer presidente de la Audiencia una situación de
gran inestabilidad, en parte por la irregularidad con que ejercían la
Presidencia los funcionarios enviados por España (Lavallé: 1997:66). En
ese contexto, los órganos oficiales del gobierno local perdían legitimidad
aceleradamente, lo que contrariaba todo el esfuerzo que se había invertido
hasta los años 50 y 60 en la consolidación del poder real en la región.
En realidad, la Corona Española había estado enfrascada en guerras con las
otras potencias coloniales europeas, que le implicaron catastróficas
derrotas. Esta situación, además de distraerle de los asuntos internos de la
política colonial, llevó al Estado a la total bancarrota. Apremiada entonces
con más impuestos a sus súbditos del otro lado del Atlántico.
El 23 de julio de 1592 llegó a Quito la orden para comenzar la recaudación
del impuesto de alcabala, que consistían en dos por ciento de las
transacciones, sin incluir los artículos de primera necesidad y al por menor
(Landázuri: 1983:200). El Cabildo protestó y la provincia entera estalló en
una célebre sublevación, que ha pasado a la historia como "La rebelión de
las Alcabalas".
En la protesta en Quito se articularon distintos y muy heterogéneos
sectores locales, como el clero, las élites y los marginales de la ciudad,
conformados principalmente por mestizos y soldados. En ese contexto las
expectativas sociales rebasaron ya el simple rechazo al nuevo impuesto.
En realidad, el descontento general también estaba expresando la crisis
provocada por el ocaso de la sociedad de los encomenderos y la
consiguiente pérdida de protagonismo de las generaciones desheredadas
de la conquista, desplazadas por nuevos actores que anunciaban otro tipo
de sociedad (Lavallé: 1997). Estos eran los comerciantes y mercaderes,
fuertemente vinculados al auge de la economía regional que se
desarrollaría en el siguiente siglo.
Doctrinas del obispado de Quito a fines del siglo XVI
Doctrinas servidas por clérigos;
En la ciudad de Quito: San Sebastián, San Blas, Santa Bárbara, Santa
Prisca, San Marcos, Machángara, Machanguilla, Chillo, Conocoto,
Chillogallo, Pelileo, Tisaleo, Patate, Quero, Angamarca, Calpi, Licán y
Yaruquiés, Cumbayá, Pifo y Puembo, Yaruquí, Oyacachi, Guaillabamba,
Cayambe, Pimampiro, Mira y Zámbiza.
En la Villa de Riobamba: Yanaconas de la Villa, Chimbo, Santiago y San
Lorenzo, San Miguel, Guanujo, Canzacoto, Chapacoto y Pallatanga.
En la ciudad de Guayaquil: Pimocha y Yaguache.
En la ciudad de Puerto Viejo: Jipijapa y Manta.
En la ciudad de Pasto: Valle de Pasto, Juanambu, Quina, los Abades,
Yascual, San Sebastián, Madrigal y Las Monjas.
En la ciudad de Mocoa y Ecija: El Beneficio de las propias ciudades y Cuyoy.
En la ciudad de Cuenca: Alausí, Guataisi, Sibambe, Azogues, Yanaconas de
Cuenca, San Sebastián, Paicabamba y Jirón, Cañaribamba, Oña y Nabón.
En la Villa de Zaruma: Beneficios de la Villa y Yanaconas y la Doctrina de
Yauna.
En la ciudad de Loja: Beneficios de la ciudad. Yanaconas y San Juan del
Valle y las Doctrinas de Amboca, Yaguaca y Capellanía de Monjas.
En la ciudad de Zamora: Beneficio de la ciudad y las doctrinas de Zurinanga
y Nambija.
En la ciudad de Jaén: Beneficio de la ciudad y Doctrinas de Lomas y
Copallen, Guambos, Chirinos, Aconipa y otra Guambos.
En San Miguel de Piura: Vicaría de Yanaconas, de Paita y Colán, de
Sechura, de Catacaos, de Olmos, de Matupe, de Jayanca, Pacora,
Guancabamba, Salas y Penachi y Moscalaque.
En la Gobernación de Quijos: Baeza y Coca, Avila y Calientes de Carito,
Archidona.
En la gobernación de Yaguarzongo: Valladolid y Valle, Cumbinamá y
Caballerizas, Santiago de las Montañas, Cangaca, Iranaca, Río de Jaén,
Santa María de Nieva, Sevilla de Oro, Paira y Suña.
Doctrinas servidas por religiosos
A cargo de los Dominios: Alangasí, Píntag, Uyumbicho, Panzaleo, Aloag y
Canzacoto, Ambato, Píllaro, Tomavella, Pupiales, Ipiales, Cibundoy, La
Laguna, Los Ingenios, el Valle, Paccha, Garruchumba, Pozos, Calva,
Cariamanga, Daule, Chongón, Cozanga, Atunquijo, Pachamama y Maspa.
A cargo de los Franciscanos: Cotocollao, Pomasqui, Calacalí, San Antonio,
Perucho, Malchinguí, Otavalo, La Laguna, Cotacachi, Atuntaqui, Urcuquí,
Caranqui, San Antonio de Caranqui, Salinas, Mulahaló, La Tacunga,
Alaques, San Miguel, Pujulí, Saquisilí, San Andrés, Guano, Punín, Chambo,
Calahole, Tungurahua, Quimia, Penipe, Pangua, Chapacual, Angosi,
Yacuanquer, Paute, Gualaceo, Molleturo, Ilapa y Pungalá.
A cargo de los Mercedarios: Caguasquí, Tucar, Puntal, Guacán, Julián,
Gualea, Camoqui, Males, Mallama, Carlosama, el Valle, Túmbez, Frías, Puná
y Picoazá.
A cargo de los Agustinos: Atunsicchos, Cañares, Ingenio, Caliente de
Sicchos, Túquerres, Capuis y Malacatos.
(Tomado de un extracto de un documento original, que reproduce el Padre
José María Vargas en su obra La Conquista espiritual del imperio de los
Incas, la prensa católica, Quito, 1948).
Glosario
Capitulaciones, licencias que la Corona otorgaba para explorar y colonizar
una determinada zona. Consistían en un acuerdo bilateral por el cual el
conquistador asumía los costos de la empresa y la Corona se obligaba a
reconocerle franquicias y mercedes.
Virreinatos, grandes divisiones o circunscripciones de las tierras del Nuevo
Mundo sobre las que ejercía su jurisdicción o mando el Virrey, la autoridad
más alta en la organización política colonial. Los Virreyes no se inmiscuían
personalmente en la administración de la Justicia y sólo supervisaban los
servicios administrativos de la demás provincias. Los Virreinatos
comprendían divisiones inferiores, que eran ministrativos de las demás
provincias. Los Virreinatos comprendían divisiones inferiores, que eran los
distritos de las Audiencias, que sí cumplían funciones jurídicas y
administrativas simultáneamente.
Cabildo, institución representativa del "común", es decir, constituía el órgano
principal de defensa de los derechos de los "vecinos" de las ciudades. Sus
miembros se elegían de entre las personas beneméritas del colectivo, como
encomenderos, comerciantes y hacendados, que representaban los intereses
locales y que llegaron a conformar posteriormente los grupos oligárquicos de
la región.
Orientaciones bibliográficas
- Sobre los Incas véase en:
ROSTWOROWSKI, María, Historia del Tahuantinsuyu, IEP, Lima, 1988.
- Diversos aspectos de la conquista se tratan en:
BORCHART, Christina, "La conquista española", en Moreno, Segundo, Comp.
Pichincha. Monografía Histórica de la región nuclear ecuatoriana, Consejo
provincial de Pichincha, Quito, 1981.
BYRD SIMPSON, Lesley, Los conquistadores y el indio americano, Ediciones
Península, Barcelona, 170
BUSTON L., Guillermo "La conquista en el contexto americano", en Nueva
Historia del Ecuador, Vol, 3, CEN-Grijalbo, Quito, 1983.
- Sobre aspectos relativos al proceso de colonización se puede consultar en
los siguientes trabajos:
KONETZKE, Richard, América Latina II La época colonial, Siglo XXI, México,
1997.
LANDAZURI, Carlos, "De las guerras civiles a la institución de las, Alcabalas",
en Nueva Historia del Ecuador, Vol. 3, CEN-Grijalbo, Quito, 1983.
LAVALLE, Bernard, L América espagnole. De Colombia a Bolívar, Editions
Belin, Paris, 1993.
LAVALLE, Bernard, Quito y la crisis de la Alcabala, IFEA-CEN, Quito, 1997.
POLIT MONTES DE OCA, Vicente, "Conquista del Perú, Quito y descubrimiento
del Río de las Amazonas", en Nueva Historia del Ecuador, Vol. 3 CEN-Grijalbo,
Quito, 1983.
POWERS VIEIRA, Karen, Prendas con pies, Migraciones indígenas y'
supervivencia cultural en la Audiencia de Quito, Ediciones Abya-Yala, Quito,
1994.
SALOMON, Frank, "Crisis y transformación de la sociedad aborigen invalida
(1528-1573)", en Nueva Historial del Ecuador, Vol. 3, CEN-Grijalbo, Quito,
1983.
STERN, Steve, Los pueblos indígenas del Perú y el desafío de la conquista
española, Alianza Editorial, Madrid, 1986.
VALAREZO, Galo Ramón, El Poder y los Norandinos, CAAP, Quito, 1990.
INDIOS
Hurdiendo tela en el obraje
Gráfico tomado de Salvat
Editores, Historia del Ecuador, Vol.
4. Salvat Editores, España, 1988.
El apogeo del orden colonial (Siglo XVII)
Guadalupe Soasti Toscano*
El siglo XVII, en la Audiencia de Quito es el escenario en el cual el Estado
español se consolida y aparece legitimado, a través de una gama compleja
de instancias político administrativas, que van desde la presidencia de la
Audiencia hasta las tenencias pedáneas. Desde el punto de vista
económico, la Audiencia experimentó una gran prosperidad económica,
que influyó en la estructura social colonial. La acumulación de capital
permitió la emergencia de nuevos sectores sociales vinculados al comercio,
sectores que se convirtieron, en última instancia, en miembros
fundamentales de la élite colonial.
Este fenómeno económico permitió la permeabilización de la estructura
social y puso en riesgo a la sociedad estamental del siglo anterior debido a
que facilitó la movilidad social. La irrupción de los mestizos en la sociedad
colonial es también un aspecto relevante. Ya desde entonces reclamaron
un espacio de mayor participación, convirtiéndose en el siguiente siglo de
importantes protagonistas de los procesos históricos.
Representación de la transportación de la plata de Potosí
Grabado de Teodoro de Bry 1590, del libro América, de Philipp Zigler,
Banco Central del Ecuador, Fondo Jacinto Jijón y Caamaño.
Gráfico tomado de Enrique Ayala, Ed., Nueva historia del Ecuador,
Vol. 3, Corporación Editora Nacional / Grijalbo, 1989.
El virreynato peruano
Una vez conquistado el imperio de los Incas por Francisco Pizarro en 1532,
en esos territorios la monarquía española estableció, con fines políticos
administrativos, el Virreinato del Perú, con Lima como sede virreinal y
Blasco Nuñez de Vela como primer virrey. La jurisdicción administrativa del
Virreinato se extendió por gran parte del continente sudamericano y parte
del centroamericano, ocupando un vasto espacio que por el norte incluyó al
actual Panamá y por el sur Chile y Argentina. El territorio de Venezuela,
fundado como Capitanía General, quedó fuera de esta administración
virreinal.
Ya en el siglo XVII, el Virreinato peruano estaba compuesto de siete
audiencias, seis de las cuales se fundaron a lo largo del siglo anterior
(Panamá, 1538; Lima, 1543; Santa Fe de Bogotá, 1548; La Plata de
Charcas, 1549; Quito, 1563; Chile, 1563) y solamente la Audiencia de
Buenos Aires se creó en la segunda mitad del siglo XVII. Vale la pena
indicar que los territorios de estas audiencias sirvieron como referente
para el establecimiento de los espacios nacionales de algunos de los
actuales países sudamericanos.
Durante los siglos XVI y XVII el Virreinato peruano constituyó un espacio
cohesionado económicamente. La explotación minera de Potosí actuó como
polo de desarrollo y eje articulador de la economía virreinal, impulsando
un importante comercio de productos regionales, que se intercambiaban
por la plata que se extraía de sus minas y que se amonedaba con fines
mercantiles.
El intercambio comercial regional determinó la formación de un importante
mercado a su interior. A través de éste, se comerciaban una serie de
productos básicos que autoabastecieron al Virreinato. Así, pues, en este
espacio productivamente autosuficiente la importación de productos
europeos fue poco importante.
Los productos que recorrieron el espacio peruano fueron textiles de la
Audiencia de Quito; manufacturas hechas a base de vidrio, cuero y madera,
de la Audiencia de Chile, de donde también se exportaron a las otras
regiones virreinales vino y frutas; maíz, cacao, ají y tabaco de la Audiencia
de Lima y Charca; yerba mate, caña de azúcar, olivo y uvas del actual
Paraguay; carnes y cecinas de la Audiencia de Buenos Aires (Assadurian:
1984:201-203).
*Docente de la Universidad Andina Simón Bolívar, Investigadora del Taller
de Estudios Históricos.
INDIGENAS
Hilando
Grabado de Martínez
de Compañón, Tomo II,
Lám. XLI.
Características económicas y sociales de la Real Audiencia de Quito
A pesar de que la producción minera de Potosí (en la actual Bolivia), a
partir de 1640 empezó a declinar crisis, por cierto, que se profundizó en el
siguiente siglo, la Audiencia de Quito a lo largo de ese siglo XVII desarrolló
una importante producción textil articulada con ese centro de producción.
Es una etapa durante la cual el orden colonial, con sus instituciones,
alcanzó su máximo apogeo.
El proceso de consolidación colonial se evidencia a través de tres aspectos.
En el social, con la configuración de una sociedad estamental, en la cual los
españoles peninsulares y criollo se encontraban en la cúspide de la
pirámide social, seguidos por los mestizos que irrumpen a la sociedad en
esta etapa, y luego por lo indígenas. En el político, la legitimación y
reconocimiento no sólo de la autoridad real, sino del poder de los cabildos
como instituciones de gobierno local. Y en el religioso, la consolidación de
la Iglesia, a la que el Estico, constituyéndose por lo tanto en una
institución con grandes prerrogativas.
La economía
La principal actividad económica de la Audiencia en los años
inmediatamente posteriores a la conquista española fue la explotación
minera de oro. Empero, a finales del siglo XVI los yacimientos de este
mineral prácticamente se agotaron, de manera que las actividades
económicos debieron canalizarse en otras direcciones: la producción
agropastoril, la de textiles y el comercio.
La economía quiteña del siglo XVII se estructuró alrededor de estas
actividades productivas. Sin embargo, se debe señalar que la manufactura
textil se desarrolló más intensamente que las otras actividades, al punto
de convertirse en el capítulo principal de la economía colonial quiteña, en
este período.
La actividad textil y las otras actividades productivas determinaron la
conformación de subregiones económicas complementarios. De esta
manera, la Sierra Norte (actuales provincias de Chimborazo, Cotopaxi,
Pichincha e Imbabura) se especializó en la producción textil de lana de
oveja. Ahora bien, con vistas a proveer a este sector de materas primas y a
su mano de obra de alimento, la actividad agropecuaria se orientó a su
abastecimiento.
Así , del ganado ovino se obtuvo la lana y muchas tierras se dedicaron al
cultivo del nogal y la cochinilla, de donde se extraían los tintes para las
telas; en cambio, la cabuya y el algodón se utilizaron para la fabricación de
textiles de baja calidad.
La Sierra Sur (actuales provincias de Bolívar, Cañar, Azuay y Loja)
compartió con la Norte la actividad textil. Pero si bien compartió se
fundamentó en el tejido de algodón, también la producción de ganado
mular y la explotación de la cascarilla o quinina fueron importantes. La
zona de Loja fue el centro especializado en la producción de mulas
utilizadas en el comercio de larga distancia. Por su parte, la zona de
Cuenca se especializó en la explotación de quinina.
La costa basó su economía en dos actividades fundamentales: la
producción de cacao y la fabricación de barcos en el astillero de Guayaquil.
A diferencia de la producción textil, estas actividades vincularon a este
región con los mercados de fuera del virreinato. El cacao, que se producía
intensamente desde entonces, se exportaba a Panamá, México y a puertos
del Caribe.
El sector de la manufactura textil
De acuerdo con lo señalado, el siglo XVII es el siglo de auge de los textiles.
Y es que después de su primer boom, ocurrido entre 1580 y 1610, el
segundo se produjo en los años posteriores a 1620.
El desarrollo de la manufactura textil en la Sierra hizo que la Audiencia se
integre al circuito comercial peruano, pero también el granadino
(territorios de la Nueva Granada). Estos vínculos comerciales le
permitieron a la Audiencia de Quito introducir en su territorio plata
amonedada (plata acuñada), indispensable para las transacciones
comerciales internas de menor escala.
Obreros, obrajuelos y chorrillos: unidades de producción textil.
Los textiles se elaboraban con los llamados obrajes, chorillos y obrajuelos.
Se establecieron obedeció a tres razones fundamentales:
1.- El aumento de población indígena que experimentó la Sierra entre
finales del siglo XVI y las primeras décadas del siglo XVII, debido al
regreso de los indios que trabajaban en las minas de Zaruma y Portovelo, a
sus pueblos serranos de origen.
2.- La consolidación de la producción agropastoril, que implementada
desde mediados del siglo XVI experimentó un significativo apogeo desde
principios del siglo XVII, convirtiéndose en la base de la producción textil,
por las razones antes señaladas.
3.- La política del estado español en favor de la encomienda y el tributo,
que convierte al obraje en centro importante de extracción tributaria y, al
mismo tiempo, en centro aglutinador de los pueblos indígenas desde 1570.
Los obrajes se concentraron principalmente en Quito, Latacunga y
Riobamba. En estas zonas funcionaron alrededor de cincuenta obrajes, que
se fueron estableciendo desde 1560.
En lo que se refiere a los obrajes, hubo de dos clases: los de comunidad y
los de particulares. Los obrajes de comunidad fueron unidades productivas
pertenecientes a las comunidades indígenas, que se fundaron con el objeto
de proporcionarles un medio competente a través del cual obtener dinero
para pagar el tributo monetario a los encomenderos.
Los obrajes de particulares, en cambio, fueron unidades productivas de
corte empresarial privado iniciadas por españoles de corte empresarial
privado iniciadas por españoles encomenderos o comerciantes, que vieron
en el comercio de textiles la oportunidad de obtener magníficas ganancias.
Por ejemplo, algunos descendientes de los conquistadores, como los
Ramírez de Arellano, Lorenzo de Cepeda, Bernardino Ruiz y Juan de Vera
Mendoza, entre otros, fueron dueños de obrajes.
Los obrajes de particulares contaron con entregas periódicas de fuerza de
trabajo indígena, concedida por el estado español, preocupado de
incentivar la producción textil. Los obrajes particulares generalmente se
establecieron cerca de los pueblos de indios. Otros se fundaron en centros
urbanos como Quito, Riobamba y Latacunga.
Por su parte los "chorrillos" fueron unidades productivas intermedias entre
los obrajes de comunidad y los grandes obrajes particulares.
Los llamados "obrajuelos" constituyeron unidades productivas de carácter
doméstico, que generalmente se instalaron en las afueras de las ciudades,
aunque también los hubo en los patios de las casonas familiares. Estas
unidades menores trabajaron con mano de obra especializada, es decir,
con indígenas que habían aprendido el oficio previamente y conocían cada
una de las fases productivas del tejido de los paños.
Estos dos tipos de unidades (chorrillos y obrajuelos) se especializaron en
la producción de tejidos de baja calidad para suplir las necesidad del
mercado local, tales como telas bastas, jergas y bayetas. En otros casos, la
función que cumplieron fue la de realizar sólo una fase del producto del
tejido, que luego era terminado en el obraje.
Cada una de estas unidades obrajuelos y chorrillos funcionó con un
número determinado de telares. Para el caso de las obrajuelos entre cuatro
y doce; en cambio, los obrajes contaban a veces hasta con cine telares, lo
que da cuenta de la importancia de la producción textil en la época.
Las comunidades religiosas también incursionaron en la producción textil.
Los jesuitas, mercedarios y dominios fueron propietarios de sendos
obrajes en los valles y alrededores de Quito. La Campaña de Jesús, por
ejemplo, tuvo obrajes en el Valle de los Chillos y en Patete el famoso
obraje de San Ildefonso.
HACIENDA
Pintura mural
del Convento del Carmen en
Cuenca. Fotografía tomada de
Enrique Ayala, Ed., Nueva historia
del Ecuador,
Vol. 3, Corporación Editora
Nacional/Grijalbo, 1989.
La manufacturas de los textiles
La elaboración de paños de lana de oveja fue la producción fundamental de
los obrajes, especialmente el paño de color azul un textil muy cotizado en
el virreinato peruano, por la textura y la calidad de su tejido. Aunque
también se fabricaron paños de otros colores y gas, sayales, lienzos y
tocuyos.
Entre los colores más comunes que se utilizaron para hacer los paños,
encontramos verdes, aceitunas, pardos, capa de duque, mezclas de rojo y
nogal; varios colores de nombres metafóricos como alas de mosca,
almendrucados, hojas de olivo, florentines,
Para conocer, en cifras, algo acerca de los volúmenes de producción de los
obrajes es este período, nos aproximaremos a los cálculos estimativos
realizados por el historiador norteamericano Robson Tyrer. Este autor ha
calculado que a finales del siglo XVII la producción de textiles, sólo en los
obrajes de particulares de la Audiencia de Quito ascendía a 2.964 paños
anuales, es decir, unas 165.894 varas.
En términos monetarios la producción de estos obrajes habría fluctuado
entre 1'150.000 y 1'750.000 pesos, cantidad alta si se compra con la
producción de los obrajes de comunicad que, contradictoriamente, para
entonces no sobrepasó los 760 paños anuales, es decir, unas 42.500 varas,
representando apenas el 25% de la producción generada por los obrajes
particulares. Esto se debe a que la producción de los obrajes de comunidad
para entonces, o sea, para finales del siglo XVII, se encontraba ya en
declive.
Los precios de los textiles
Los precios de los textiles fueron fluctuantes. A lo largo del siglo XVII la
vara de paño costo entre 24 reales en la primera década y 17 a finales del
siglo. Esto dependió principalmente del comportamiento del mercado
peruano (Ver Cuadro 1).
CUADRO 1
Precio de paño por vara Siglo XVII
Año-precio/vara en reales
1610- 24
1630- 20
1635- 22
1650- 17
ELABORACION: GUADALUPE SOASTI
FUENTE: ARCHIVO NACIONAL DE HISTORIA, PROTOCOLOS NOTORIALES.
La fuerza de trabajo
La mano de obra empleada para el trabajo en los obrajes fue
eminentemente indígena. Hubo tres formas de aprovisionamiento de mano
de obra: (a) los indios de entero o tributarios de las comunidades, quienes
obligados a cubrir el peso de la tasa tributaria asignada a la comunidad, se
debieron enrolar como fuerza de trabajo a los obrajes; (b) los indios
mitayos o quintos, asignados a los obrajes particulares y a las actividades
agropastoriles vinculadas; (c) los muchachos entre 12 a 17 años,
asignados también para los obrajes particulares, bajo el nombre de
"aprendices", mientras se familiarizaban con las diferentes fases del
trabajo textil.
Esta fuerza de trabajo compulsiva, legalmente establecida, se
complementó con otra paradójicamente denominada "voluntaria",
compuesta por adolescentes entre 12 y 17 años, mujeres y hombres
indígenas sobre los 50 años. Este grupo servía a los obrajes particulares
cuando los indígenas de entero o tributarios no eran suficientes; por lo
tanto, eran también considerados mano de obra de reserva.
El sector agrario
El proceso de conformación de la propiedad agraria (hacienda) en la
Audiencia empezó a finales del siglo XVI y se fue consolidado a los largo
del siglo XVII. En este período la estructura agraria delineó diferentes
espacios productivos, debido a lo cual la hacienda fue adoptando sus
rasgos característicos.
El uso de la tierra se fue definiendo paulatinamente en tierras par siembra
de cereales; crianza de ganado vacuno y lanar (hatos); cultivo de caña de
azúcar, hortalizas, legumbres, frutales, etc.
Por otro lado, se definió el tipo de relaciones productivas; la mita de
gañanía y el concertaje. A la mita de gañanía de podemos conceptualizar
como el turno de trabajo asignado por el Cabildo que debieron cumplir los
indígenas en las tierras de los españoles y criollos. Esta mita asumió una
determinada denominación, según la labor que desempeñaba el indígena.
En caso de trabajo en la siembra, mita de sembradura; de trabajo en
pastoreo, mita de pastura; en la labor de recolección de leña o agua y otras
actividades, mita de peonaje.
En cambio, el concertaje fue una relación productiva mediante la cual el
propietario de la tierra, a través de un contrato (es decir, jurídicamente)
comprometía al indígena a trabajar para él cambio de un pago
preestablecido, que le servía para cubrir parte del tributo. De esta manera,
el indígena se concertaba "voluntariamente" en las haciendas a trabajar de
forma permanente (Borchart: 1989).
El proceso de apropiación y acumulación de tierras por los blancos
peninsulares y criollos en este siglo, proporcionó un mercado de tierras
bastante activo y lucrativo. La compra y venta de propiedades
agropecuarias se convirtió en una actividad muy corriente en esta etapa.
Por tanto, se puede afirmar que en este siglo se inició la conformación de
los grandes latifundios. Su constitución definitiva va a ocurrir en el
siguiente, cuando las familias propietarias de tierras, luego de legalizar su
tenencia, a través de llamadas "composición", optaron por unir sus
propiedades por medio de los llamados "vínculos y mayorazgos".
Los terratenientes
Los dueños de las tierras fueron los españoles y criollos dedicados también
a diferentes actividades económicas. En el siglo XVII los primigenios
terratenientes fueron al mismo tiempo encomenderos, comerciantes y
obrajeros. Además de los españoles y criollos encomenderos u obrajes,
fueron propietarios de tierras las órdenes religiosas y burócratas o
funcionarios reales de menor categoría.
Estos grupos acumularon tierras por medio de diferentes mecanismos de
orden legal y social, tales como mercedes, es decir, tierras concedidas por
el Cabildo o la Corona a particulares, compra y venta, herencias,
donaciones, matrimonios entre propietarios de tierras y las composiciones,
figura legal, mediante la cual el gobierno español legalizó la posesión de la
tierra en la Audiencia, sobre todo las del callejón interandino.
El proceso de acumulación de tierras generando en este siglo se llevó a
cabo no sólo por el valor económico que representaban, sino por el símbolo
de prestigio social que significó su posesión.
Ahora bien, los repartimientos y las mercedes de tierras realizados por la
Audiencia y el Cabildo fueron los mecanismos más utilizados para obtener
propiedades. Posteriormente, las ventas de tierras, el parentesco y el
compadrazgo constituyeron los medios más recurrentemente utilizados
para ampliar la frontera agrícola.
Hacia finales del siglo XVII, la propiedad agraria en la Audiencia se había
consolidado en torno a la producción de los bienes agropecuarios que
sirvieron para cubrir las demandas de la población (Borchart: 1989).
CIRCUITOS
COMERCIALES
De los Mercaderes
Quiteños
Gráfico tomado de
Enfoques y Estudios,
Quito a través de la
Historia, Dirección y
Planificación Municipio
de Quito, 1992.
El sector comercial
En la sociedad del siglo XVII el comercio fue una actividad muy
generalizada. Lejos de considerar deshonroso el desempeño de este oficio,
quienes dispusieron de medios o de dinero incursionaron en esta actividad.
Así encontramos a encomenderos, mineros, hacendados, autoridades
religiosas y civiles involucrados en el trato y contrato de mercancías, en
especial textiles, con el objetivo de sacar ganancias sobre el capital
invertido.
Dentro de esta actividad hubo personas especializadas, particularmente en
el comercio de textiles entre Quito y Lima. Denominados "mercaderes" y
"tratantes", los primeros , gracias a una trayectoria exitosa en el comercio
regional virreinal, se convirtieron en mayoristas y distribuían sus
productos desde sus tiendas instaladas en Quito y Guayaquil.
Los segundos eran pequeños comerciantes que desarrollaron solo el
comercio interno. Fueron una especie de agentes de los mercaderes,
encargados de vender la "ropa de Castilla" (textiles importados) y de
comprar la "ropa de la tierra" (textiles elaborados en la Audiencia), que
era explotada a Lima, por los mercaderes.
Las rutas del comercio.
Con todo lo dicho, la Audiencia de Quito a finales del siglo XVI ya se había
constituido en una región comercial importante dentro de la red del
comercio virreinal. En particular la ciudad de Quito, por su ubicación
geográfica, constituyó un importante centro de intercambio comercial de
larga y corta distancia, ya que hasta ella llegaron las mercaderías de
Castilla, desde Cartagena y Lima, para ser distribuidas al interior de la
Audiencia. A la vez, desde este espacio salió una gran variedad de
mercancías, destinadas a satisfacer la demanda de las otras regiones
virreinales.
La salida de textiles y la introducción de géneros extranjeros se efectuó
por dos rutas comerciales, que permitieron el acceso de la Audiencia a los
mercados internacionales de Cartagena, Portovelo y Lima: la ruta del norte
terrestre y marítima, la ruta del sur terrestre y marítima.
La ruta del norte terrestre tuvo como puntos intermedios entre Quito y
Cartagena, las ciudades de Ibarra, Pasto, Cali, Bogotá, Cartago, Mariquita,
Honda, y por el curso del río Magdalena, Vare, Mompox y Cartagena. Desde
este puerto la comunicación con Portovelo, importante centro de
intercambio trasatlántico, fue relativamente fácil.
La ruta marítima del norte seguía desde el puerto de Guayaquil hacia
Esmeraldas, Tumaco, Buenaventura y la "Tierra firme" o Ciudad de
Panamá, y desde allí a Portovelo y Cartagena.
La ruta terrestre del sur a la ciudad de Potosí unía, en primer término, la
Sierra Norte con Quito y luego a Quito con Latacunga, Ambato, Riobamba,
Cuenca, Loja y Zamora, y continuaba hacia San Miguel de Piura, Trujillo,
Lambayeque y Lima, y desde esta ciudad de Potosí.
La vía marítima de esta ruta, e cambio, comunicaba primero por vía
terrestre a la Sierra Norte y Centro con Guayaquil. Puntos intermedios eran
Riobamba, San Miguel de Chimbo, Puerto Quilca y Bodegas. Desde
Guayaquil se continuaba por banco hacia Túmbez, luego a Trujillo y
finalmente al puerto del Callao.
Las mercancías
Las mercancías más comunes que circularon para la venta y la compra de
la Audiencia estaban divididas en dos grandes grupos de géneros: "efectos
de la tierra" y "efectos de Castilla". Del primer grupo podemos señalar las
jergas, el lienzo, sayales, sobrecamas, paños de varios colores y texturas,
bayetas, frazadas, cordalletes, sombreros de algodón y lana, además
productos tales como cardobanes, cereales, semovientes, azúcar,
imágenes en bulto, harina, alpargatas, bizcochos, etc.
En el segundo grupo (importados) encontramos géneros procedentes de
diferentes lugares de Europa. Por ejemplo, seda negra, de Italia; tafetán,
de Castilla; ruán, de Holanda; paño fino, de Castilla, y de Londres, hilo rico,
damasco, ruán de cofre, medidas de seda, variada pasamanería, terciopelo
de diferentes colores y texturas, entre otros.
Además, llegaron una variedad de especias: pimienta, azafrán, canela,
clavo, etc., y herramientas e instrumentos como machetes, cuchillos, pailas
y cobre y armas. Otros productos que se introdujeron a la Audiencia fueron
vinos, aguardiente de uva, pescado seco, perlas finas, plata, cuentas de
oro, sortijas y diferente tintes, que se empleaban para la fabricación de
textiles.
Por la vía del contrabando, desde el Lejano Oriente arribaron también una
diversidad de productos denominados con el genérico de "ropa de la
China", de amplia aceptación entre los criollos y peninsulares de la élite.
PROCESION
Detalle de dibujo
tomado del libro Voyage
dans les deux Ameriques, Fotografía tomada de la
revista Cultura Nº 3, Banco Central del Ecuador,
Quito, 1997.
Sociedad y poder colonial
Durante el siglo XVII las instituciones políticas y sociales ya establecidas
en la centuria anterior, responden a un claro proyecto económico y político
de la monarquía española: extraer excedentes monetarios por medio de
exacciones, pero permitiendo, a la vez, que los americanos organicen y
capitalicen sus producciones y comercio regionales.
En decir, ejercer el poder político desde la metrópoli, aceptando al mismo
tiempo que los poderes locales coloniales concentren una enorme
autoridad, al margen de las decisiones del poder peninsular. Todo esto de
acuerdo con aquella fórmula americana de "acto pero no ejecuto".
Poder civil y poder religioso
La Audiencia de Quito estuvo compuesto por tres tipos de "unidades
políticas provinciales: gobiernos, corregimientos de españoles y
corregimientos de indios" (Phelan: 1995:254). Popayán, Quijos y
Yuguarzongo conformaron los gobiernos; Quito, Cuenca, Loja, Zamora y
Guayaquil los corregimientos de españoles; Chimbo, Latacunga, Riobamba
y los Yumbos los corregimientos de indios.
Los gobiernos tenían mayor jerarquía que los corregimientos y estaban
dirigidos por los gobernadores. En cambio, los corregimientos de españoles
eran administrados por los corregidores españoles y los de indios, a su vez,
por corregidores indígenas, nombrados por el Virrey (Phelan: 1995:254).
La máxima autoridad de la Audiencia era el presidente, y con él
colaboraban cuatro oidores y un fiscal, además de un relator, un escribano
y un portero.
En el ámbito de la justicia, como todas las audiencias menores, la de Quito
contó con una Sala para su administración, en la cual se concentró la
jurisdicción de los civil y lo criminal con todas las atribuciones legales para
una pronta administración. En este caso, los oidores ejercieron las
funciones de ministros y alcaldes del crimen. Toda esta estructura estuvo
supeditada a la autoridad del Rey y al Consejo de Indias.
En el ámbito de la administración civil, para el cuidado del "bien común en
lo material y moral" estaban los cabildos y ayuntamientos, corporaciones
de poder local compuestas por alcaldes, regidores, un mayordomo, un
tesorero y un secretario escribano. Estas instituciones funcionaron en las
ciudades y villas coloniales.
Las atribuciones de los cabildos eran diversas: conservar, asear y mejorar
las urbes; velar por la salubridad pública; atender el abastecimiento de
carne, agua y víveres para los habitantes; vigilar el cobro de impuestos y
fijar el precio de los artículos de consumo diario (González Suárez:
1970:386-392).
En lo que hace a la Iglesia, su funcionamiento en la Audiencia se
institucionalizó formalmente a partir de 1545, con la creación de Obispado
de Quito, mediante bula del Papa Paulo III. A lo largo de todo el período
colonial esta institución estuvo supeditado al poder civil de la monarquía, a
través del Patronato Regio.
La creación del Obispado de Quito fue un hecho significativo, pues permitió
la organización más consistente del clero secular y regular, hasta entonces
bajo la jurisdicción del Obispado de Lima. En el siglo XVII, la Iglesia
quiteña posee una estructura político administrativa compleja, compuesta
por el obispado, las parroquias y las doctrinas, ambas supeditadas
administrativamente al primero.
Las órdenes religiosas, establecidas en su mayoría en el siglo XVI, no
permanecieron al margen de esa compleja estructura eclesiástica.
Inicialmente estuvieron también sometidas a la autoridad de sus
superiores en Lima.
Empero, al siglo XVII, algunas de ellas por ejemplo las franciscanos y los
dominios ya se habían erigido como provincias regulares separadas de
Lima, y dependían, por lo mismo, directamente de sus conventos matrices
en España.
En la práctica, las órdenes religiosas se diseminaron por todo el territorio
de la Audiencia. Los franciscanos tuvieron monasterios y guardianías en
muchos pueblos de la Sierra, ya que a ellos se les entregó la
responsabilidad de evangelizar a algunas de las comunidades de indios.
Los dominios, por su parte, fundaron casas conventuales en varias
ciudades de Audiencia, y los agustinos y mercedarios se extendieron
fundamentalmente hacia la Costa y les estribaciones orientales, con
propósitos eminentemente misioneros.
Por otro lado, a los jesuitas, dado su carácter educativo, les cupo la
administración del Colegio de Quito y Seminario de San Luis, colegios que
desde su fundación desempeñaron un papel importante en la formación del
clero secular.
Ahora bien, a pesar de que las atribuciones del clero regular y secular
estaban bastante diferenciadas, el siglo XVII fue una etapa de enorme
conflictividad religiosa. Era frecuente la pugna entre seculares y regulares,
debido al proceso de secularización de las doctrinas que inició a mediados
del siglo XVI el Obispo Fray Pedro de la Peña, y que llevó a los primeros a
los regulares a reclamar por las doctrinas que, paulatinamente, por orden
obispal fueron pasando a poder del clero secular.
Al interior de las órdenes religiosas se vivió también una enorme tensión,
en parte por la pugna tradicional que sostenían entre sí españoles y
criollos y que llevó a la Corona, en los conventos, a establecer "la
alternativa", fórmula de solución transaccional, mediante la cual los
criollos y chapetones (así llamados los blancos peninsulares) se alternaban
sucesivamente en las dignidades de las órdenes (Guerra:1989:79).
La sociedad
No cabe duda que en el siglo XVII se consolidó un sistema social al
carácter profundamente estamental. Sin embargo, contradictoriamente,
esa rígida estructura social colonial en cierta forma se requebrajó, debido
a la prosperidad económica que experimentó la Audiencia. Y es que la
dinámica del comercio permitió, a través de la acumulación de capital,
flexibilizar la sociedad y, por lo tanto, facilitar movilidad social de nuevos
sectores emergentes.
Se debe indicar, sin embargo, que los cambios sociales del siglo XVII
tuvieron no sólo el auge económico como fundamento, sino un importante
movimiento demográfico, protagonizaron por la población aborigen, que en
su afán de insertarse en la economía colonial en expansión, emigró
masivamente desde sus comunidades de origen a los centros urbanos.
Esta situación impactó sobre la organización social anterior de las dos
repúblicas de blancos e indios y propició un orden colonial social más
permeable. La presencia de los indígenas migrantes, conocidos con el
nombre de "forasteros" o vagamundos", en las ciudades facilitó a los
sectores no convencionales de la economía contar con esa fuerza de
trabajo, lo cual coadyuvó a que formara, y al mismo tiempo fortaleciera, un
sector social culturalmente mestizo, resultado de su inserción en el mundo
ideal.
Tenemos que recordar que el sistema de organización social, en la centuria
anterior estuvo basado en la separación de la sociedad indígena y la
española a través de una normatividad organizacional, que suponía un
orden social ideal.
De esta forma las relaciones entre los dos sectores poblacionales que
originalmente conformaron la sociedad colonial los blancos y los indios,
estuvieron mediatizadas por una estructura compleja, creada exprofeso
con fines separatistas: la república de españoles y la república de indios.
Pero esta estructura en la práctica no funcionó.
Productivamente dependientes las españoles de los indígenas, ambos
grupos debieron convivir compartiendo espacios sociales comunes, lo que
propició alianzas matrimoniales y uniones dando lugar al surgimiento de
los mestizos. El proceso de mestizaje biológicos se manifestó abiertamente
en el siglo XVII, irrumpiendo entonces los mestizos como un nuevo sector
social numéricamente importante, aunque asimilado en especial a la
cultura hispánica occidental.
Ahora bien, entre estos tres grupos étnicos surgieron otros grupos,
cohesionados en torno a sus características étnico raciales. Entre ellos
tenemos a los mulatos y zambos, pero también a los llamados
"tercerones", "cuarterones", "salto atrás" y "tente en pie", entre otros.
Nos parece oportuno recoger la visión que González Suárez tiene sobre
esta sociedad colonial:
"La sociedad en la colonia estaba compuesta de gentes de diversas
categorías: lo más noble, lo más importantes se hallaba representado por
los hijos y descendientes de los conquistadores ó primero pobladores de
las ciudades: seguían los vecinos que poseían grandes propiedades ó
gruesos capitales: la mayoría de la población la constituían los mestizos,
los oficiales de las industrias mecánicas ó de algunas artes útiles, y
finalmente, los indios que, tanto entonces como ahora, eran en la sociedad
miembros no solo necesarios, sino verdaderamente indispensables"
(1970:393-394).
Se debe indicar que los mestizos se desenvolvieron en un marco de
situaciones sociales, políticas y económicas muy adversas. A pesar de que
las relaciones interraciales se diversificaron y ampliaron, la sociedad
colonial asistió a la aparición y crecimiento de este importante sector, que
no participó de los privilegios y beneficios de los blancos y de algunos de
los indios, especialmente de la élite.
El mestizo en el contexto colonial fue apartado de posiciones políticas y
administrativas, lo cual redundó en el hecho de que este grupo se
desarrollara en una situación de marginalidad social y que desde entonces
empezara a reclamar la legitimación de su presencia (Capdequi:1965:23).
Así pues, el ideal social legalmente organizado del siglo XVI fue perturbado
no sólo por la convivencia desde el inicio de blancos e indígenas, sino por
el gradual protagonismo que asume el sector mestizo emergente. Esta
situación va a desencadenar en la centuria siguiente una serie de
tensiones sociales, que se revieren en nuevas formas de organización
social durante el siglo XVIII (Terán:1992:66-86).
La vida social
La visa socia en la colonia estaba matizada por la religiosidad. Uno de los
espacios más importantes de sociabilidad y socialización por excelente
fueron las cofradías. Eran el ámbito donde se organizaban las festividades
religiosas, pues conformaban una abigarrada da red corporativa que
articulaba la vida social.
El sistema de cofradías incorporaba el abanico de sectores y grupos
identificables en un todo jerárquico e ilusoriamente funcional: A la sombra
de los templos y convenios se creaban entonces cofradías para españoles,
indios, mulatos y negros; a veces autónomas entre sí y otras integradas
estamentalmente, como las que reunían españoles e indios (Terán:
1992:156).
En la vida social colonial, el Cabildo desempeñó un rol protagónico. Esta
institución se preocupó no sólo de organizar y normar las ceremonias
públicas civiles, sino las del culto católico conjuntamente con la Iglesia.
Precisamente, la organización de la vida social, que por cierto reflejó la
estructura de la sociedad, giró en torno a las celebraciones civiles y
religiosas en las áreas urbanas y en las rurales (Benítez, Costa: 1989:210-
211).
Toda festividad, bien fuera de orden civil o religioso, se hacía de acuerdo
con un rígido formato, en el que cada individuo o grupo social que
participaba en la celebración ocupaba un lugar determinado dentro de la
fiesta en acuerdo con su rango social y político. Por ejemplo, las
procesiones "manifestaciones externa de la religiosidad popular" se hacían
siguiendo un estricto orden, dentro del cual estamento se ubicaba en un
lugar previamente señalado. Entre otros, es en este sentido que las
festividades reflejan el rígido orden colonial estamental.
En toda celebración el presidente de la Audiencia, los oidores y el Obispo
de la diócesis, solían ocupar los sitios preferenciales, para luego seguir,
conforme su importancia, el corregidor, los regidores, los alcaldes del
Cabildo civil y los miembros del cabildo eclesiástico; a seguidas
continuaban los otros miembros de la sociedad. El protocolo que se guardó
fue estricto, y cuando era transgredido surgían grandes pleitos y
disgustos, que a veces terminaron en disputas de orden jurídico.
Las festividades civiles tenían dos dimensiones: la profana (consustancial
con ella) y la religiosa (con la que se le sacralizaba). El nacimiento de un
príncipe a la boda de un monarca español constituyó un buen motivo para
la celebración, según un complejo programa en el que justamente se
entremezclaban eventos mundanos y eventos piadosos.
Tal como señalamos, el cabildo, como representante de la ciudad, era el
responsable de la organización de la fiesta en sus pormenores y estaba en
la obligación de agasajar tanto a las autoridades audienciales como a las
eclesiásticas, que recibían de su parte constantes atenciones: fiambres,
jugo de frutas, dulces y pastas, mientras participaban del espectáculo al
son de flautas, trompetas, sacabuches y chirimías (Descalzi: 1980:41-42).
Pero además de las celebraciones colectivas, que generalmente se hacían
en las plazas de pueblos y ciudades, la vida social urbana de la colonia
tuvo como escenario las casas solariegas, donde se congregaban invitados
y familiares a celebrar suntuosas fiestas: nacimientos, bautizos y
matrimonios. Entonces los portones se abrían de par en par y se ofrecían
saraos y banquetes con viandas a base de carnes, que comprendían doce o
más platos variados, vinos de la tierra y españoles, rica repostería local
hecha a base de confites y dulces.
Pero donde la vida social se expresó con mayor fuerza fue en las tertulias,
que tenían lugar en las primeras horas de noche. A ellas concurrían
personas adultas y jóvenes. Cada uno se divertía a su manera: mientras los
adultos comentaban sobre los últimos acontecimientos, los jóvenes se
entretenían haciendo música con la vihuela y la mandolina o en ejercitar
varios juegos no censurados por el Cabildo.
Características del Barroco Quiteño
[] Los marcados contrastes del siglo del espíritu barraca encontraron su
expresión en la ciudad de Quito. Al mismo tiempo que vivían en libertinaje,
los quiteños produjeron algunos de los ejemplos más perfectos de
arquitectura barroca y algunos de los ejemplos más expresivos y originales
de escultura barroca del mundo hispanohablante. Los talles finamente
trabajados de los imaginarios quiteños, algunos de los cuales fueron
mestizos, aun conservan el patetismo torturado de la emotividad barroca.
La escuela quiteña de pintores fue más académica y menos original que su
arquitectura y escultura. Dentro de media milla cuadrada, la capital
encerrada diez elegantes iglesias e igual número de magníficos
monasterios y conventos de factura tan sólida que siguen utilizándose
hasta el día de hoy, a pesar de los terremotos y conmociones civiles.
Durante el siglo XVII, Quito adquirió la fama de "Claustro de América" y de
'Santuario de Arte Colonial". La deslumbrante arquitectura eclesiástica de
Quito ofrecerá el entorno apropiado para el catolicismo teatral del siglo
XVII []
[] La afición barroca al boato ceremonial y manifestaciones ostentosas,
colocó el telón de fondo de las resplandecientes iglesias, pudo expresarse
cuando Quito supo que la primera esposa de Felipe IV, Isabel de Borbón,
había dado a luz al príncipe Baltasar Carlos. Un mes se demoraron los
preparativos para las fiestas que duraron nueve días, desde el 20 de
febrero de 1631. Mientras se realizaban los preparativos, se celebraron
corridas de toros todas las tardes. Cuando llegó finalmente el día 20 de
febrero, todas las campanas de la iglesia sonaron para anunciar el inicio de
la celebración. Cada balcón de la plaza mayor llevaba festivas decoraciones
de sedas, tafetanes y satenes, todos los cuales fueron en una época
mercancías de contrabando. En cada iglesia de la plaza mayor se había
levantado un altar profusamente decorado. Mil soldados en uniformes de
colores daban un toque marcial a los actos. La ceremonia religiosa se inició
con una espléndida procesión, en la cual los fieles llevaban la imagen de
Nuestra Señora de Copacabana por la plaza mayor. El clero secular, los
seminaristas, el clero regular, el capítulo catedralicio y, por último, el
obispo, marcharon frente a la estatua. Detrás de una imagen, iban las
autoridades civiles en orden ascendente de importancia: el cabildo secular,
los ministros inferiores, los ministros superiores y el presidente de la
audiencia. Una que la procesión entró en la catedral, el obispo Oviedo
cantó una misa mayor, durante la cual el doctor Quiros del capítulo
catedralicio pronunció un florido y largo sermón. Mientras se celebraba la
misa dentro de la catedral, los militares en la plaza dispararon salvas de
artillería.
Durante los siguientes días hubo corridas de toros las tardes. Al atardecer,
cada una de las corporaciones funcionales, como la de los tenderos,
plateros, comerciantes mayoristas, etc., ofrecieron un brillante
espectáculo, costeado por ellos para la multitud. El día viernes 21 de
febrero se celebró un baile de máscaras con disfraces grotescos. Al día
siguientes, los plateros ofrecieron a la capital un desfile de carros
alegóricos con doscientas personas que iban de obispos a cardenales. El
momento culminante de la tarde llegó cuando apareció un actor vestido de
Papa.
El octavo día les tocó a los indios divertir al público. Su mascarada
consistió en una batalla simulada, en la cual las fuerzas del ejército inca
luchaban y vencían a los huestes de la reina Cochasquí. Los indios llevaban
vestimentas, armas e instrumentos musicales incaicos. Poco menos de un
siglo después de la conquista, los nietos y bisnietos de los conquistadores
vieron a los descendientes de los incas y preincas escenificar el pasado
esplendor de la América anterior a la conquista []
[] La pompa y boato de estos ceremoniales no solo cuadraba con la afición
barroca y lo pictórico, sino que también servían fines políticos útiles: eran
la versión hispanoamericana del circo romano; y más importante aun, la
ocasional personificación del monarca, en los lejanos reinos, fortalecía los
lazos de lealtad al rey. La estabilidad del imperio español se basaba, en
gran medida, en la música y carisma del rey [].
Tomado de John Leddy Phelan, el Reino de Quito en el siglo XVII, Quito,
Banco Central del Ecuador, 1995, pp. 272-276.
IGLESIA
De La Compañía de
Jesús
Máximo exponente del
Arte barroco Quiteño.
Tomado de Salvat
Editores, El Arte
Ecuatoriano, Vol. 2
Quito,1985.
La institucionalización de la Iglesia
La estructuración jurídica de la Iglesia dependía, en forma general, del
Derecho Canónico, y en forma más directa del Patronato establecido para
todas las Iglesias de Indias por las tres Bulas de Alejandro VI (la "Inter
Caetera" de 1493, las dos "Eximiae Devotionis" de 1493 y 1501) y la de
Julio II ("Universalis Ecclesiae" de 1508), y por la Recopilación de Leyes
de los Reinos de Indias (su primer libro es totalmente eclesiástico). A
estas bases jurídicas comunes, Quito, añadió elementos propios,
fundamentalmente dos: las Constituciones del Primer Sínodo Quiteño,
convocado por Fray Pedro de la Peña en 1570, y el Itinerario para Párrocos
de Indios, compuesto por el obispo Alonso de la Peña y Montenegro, que
sirvió de guía doctrinal desde su aparición en 1668 hasta la independencia.
Sobre estas bases, la Iglesia quiteña estructuró su actividad pastoral a
través de múltiples códigos, documentos y acción evangelizadora.
La pureza de la fe y las costumbres se garantizó con la promulgación de
Concilio de Trento, los Concilios Provinciales de Lima y los Sínodos
Quiteños (que fueron tres en el transcurso de la segunda mitad del siglo
XVI) [].
[] Un capítulo que no debe olvidarse en la institucionalización de la Iglesia
en Quito, es el de las Misiones. Esforzados misioneros acompañaron a
Gonzalo Pizarro (1541) y a Francisco de Orellana (1542) en sus
expediciones al Oriente. Poco después encontramos a los dominicos del
Sur Oriente; los jesuitas entre los Cofanes, a principios del siglo XVII, y
posteriormente en Mainas; los franciscanos en otros lugares.
Prácticamente todo el Oriente, desde los Andes en el Oeste hasta el Brasil
en el Este, fue cubierto por las Misiones en una labor de esfuerzo pastoral
sin parangón, así como también de esfuerzo civilizatorio y hasta científico
(recordemos solamente la Relación del Nuevo Descubrimiento del Río
Grande por el Capitán Francisco de Orellana de Fray Gaspar de Carvajal y el
Mapa Amazónica del geógrafo jesuita Samuel Fritz). Su entrega total a la
evangelización y culturización cobró varias vidas misioneras, en un medio
inhóspito, poblado por aborígenes no siempre receptivos [...].
Tomado de Samuel Guera Bravo, "La Iglesia en los siglos de Coloniaje
Hispánico", en Enrique Ayala Mora, Ed., Nueva Historia del Ecuador, Vol.
III, Corporación Editora Nacional / Grijalbo, Quito, pp. 65-70.
Glosario
Composición, ajuste, asiento, concierto hecho sobre alguna cosa. En el caso
de la Audiencia de Quito se realizaron en el siglo XVII dos tipos de
composiciones: de obrajes y de tierras.
Patronato, derecho que el Rey tiene como Rey, fundador, erector o protector
de algunas iglesias, monasterio, hospitales o de otras obras país, y el que la
Sede Apostólica le ha concedido, por los servicios que la Corona ha hecho a la
Iglesia Católica. En el caso de la Indias era el derecho de presentar al Obispo
Ministros idóneo para la Iglesia.
Quinia, cáscara del árbol llamado Quarango, muy útil en la medicina,
especialmente para la cura del paludismo.
Orientación bibliográfica
- Sobre diferentes aspectos relativos al período, consúltese a:
ASSADOURIAN, Carlos Sempat, El sistema de la economía colonial, Instituto
de Estudios Peruanos, Lima, 1984.
AYALA MORA, Enrique, Ed., Nueva Historia del Ecuador, V. 3 y 4, Corporación
Editora Nacional / Grijalbo, Quito, 1989.
- La estructura política y social colonial del siglo XVII está tratada en:
GONZALEZ SUAREZ, Federico, Historia General de la República del Ecuador,
VOL II, Quito, Casa de la Cultura, 1970.
PONCE LEIVA, Pilar, Certezas ante la incertidumbre. Elite y cabildo de Quito
en el siglo XVII, Ed. Abya-Yala, Quito, 1998.
VARGAS, José María, Historia del Ecuador. Siglo XVII, Editorial Royal, Quito,
1982.
- Sobre el mestizaje se recomienda revisar:
-------------, Revista Quitumbe, No. 9, Departamento de Historia, Universidad
Católica del Ecuador, Junio 1995.
- La vida cotidiana es analizada en:
BENITEZ, Silvia y Gaby Costa, "La familia, La ciudad y la Vida cotidiana en el
período colonial", en Enrique Ayala Mora, Nueva Historia del Ecuador, V. 5,
Corporación Editora Nacional / Grijalbo, 1989.
DESCALZI, Ricardo, "La vida social y las diversiones públicas en la colonia",
en Salvat, Historia del Ecuador, Vol. 4, Barcelona, Salvat Editores Ecuatoriana,
1980, pp. 41-42.
- Los siguientes libros analizan aspectos concernientes a la cultura:
VARGAS, José María, Historia de la Cultura Ecuatoriana, Guayaquil, Editorial
Ariel, s.a.
GUERRA BRAVO, Samuel "La Cultura en la Epoca Colonial", en Enrique Ayala
Mora Ed., Nueva Historia del Ecuador, V. 5, Corporación Editora Nacional /
Grijalbo, Quito, 1989.
ROIG, Arturo Andrés, Humanismo en la segunda mitad del siglo XVIII, V. 17-
18, Biblioteca Básica de Pensamiento Ecuatoriano, Banco Central del
Ecuador / Corporación Editora Nacional, Quito, 1986.
- Para el estudio de la Sociedad Barroca del siglo XVII se recomienda la
lectura de los artículos de:
ECHEVERRIA, Bolívar "La Compañía de Jesús y la primera modernidad de la
América Latina", en Procesos. Revista Ecuatoriana de Historia, No. 9, segundo
semestre, Quito, Corporación Editora Nacional, 1996, pp. 21-37.
TERAN NAJAS, Rosemarie, "La ciudad Colonial y sus símbolos: una
aproximación a la historia de Quito en el siglo XVII" en Kingman G. Eduardo,
Comp. Ciudades de los Andes, visión historica y contemporánea, IFEA
Ciudad, Quito, 1992, pp. 153-171.
GRABADO
Guayaquil, mediados del siglo
XIX
Colección Castro y Velásquez
Gráfico tomado de Salvat Editores
Ecuatoriana, Historia del Ecuador,
Vol. 4 Salvat Editores Ecuatoriana
Quito, 1988.
La Consolidación de la Sociedad Criolla
Siglo XVIII hasta 1808
Introducción
Al hablar del siglo XVIII en la Real Audiencia de quito es necesario hacer
referencia a los aspectos que determinaron el desarrollo o la decadencia de
sectores económicos, políticos y sociales específicos. A nivel económico se
manifestaron dos procesos diferentes: por un lado, el descenso y la
decadencia de la producción de textiles en los obrajes serranos y, por otro,
el crecimiento económico del litoral como resultado del auge de la
producción de cacao.
El primer aspecto señala el fin de la relación económica establecida a nivel
regional (los Andes) que giraba en torno a la producción de la plata de las
minas de Potosí y el segundo representa el inicio de la inserción del
espacio de la Real Audiencia en el mercado internacional. En cuanto a la
propiedad de la tierra, se produce un proceso paulatino de concentración
de este recurso en manos de unos pocos grupos familiares, que dio como
resultado la consolidación del latifundio.
A nivel político, y como consecuencia de las medidas fiscales
implementadas por los Borbones casa reinante en España desde inicios del
siglo XVIII -, empieza el deterioro del poder de la Corona y de sus
funcionarios en beneficio de los criollos , descendientes de españoles
nacidos en tierras americanas, manifestándose en numerosas ocasiones
vacíos de poder y de legitimidad.
En el plano social, existe una inquietud constante de la población, sobre
todo indígena, ante la posibilidad siempre presente de la aplicación de
nuevas y más duras medidas fiscales. Este descontento desencadenó,
durante todo el siglo, una serie de sublevaciones indígenas y de
levantamientos de los criollos y mestizos que bien pudieron constituir la
base del posterior proceso independentista.
Desarticulación Regional y Reorientación de la economía de la Real
Audiencia de Quito
Durante los siglos XVI y XVII la economía de la Real Audiencia de Quito
formó parte de un sistema integrado a nivel regional, cuyo eje fue la
exploración de las minas de plata de Potosí, en el Alto Perú. La
contribución de Quito a este mercado regional se basó en la producción y
distribución de textiles. Si bien el sector obrajero fue el más dinámico de la
economía colonial, éste a su vez dio vida al sector agrícola y sobre todo al
pecuario con el incremento de la cría de ganado lanar.
La crisis minera de Potosí
En el siglo XVIII, la producción minera de Potosí decayó
considerablemente lo que dio lugar a la desintegración del circuito
mercantil regional. La Real Audiencia de Quito dejó de producir textiles en
la magnitud que lo había venido haciendo y los obrajes vivieron un período
de decadencia. La crisis se agudizó aún más con la introducción de
productos extranjeros en el espacio colonial los mismos que, en razón de
su mejor calidad, compitieron, con mayor ventaja, con la producción
quiteña.
La minería peruana entró en crisis por la conjugación de varios factores.
Entre ellos podemos señalar los siguientes: los yacimientos minerales
intensamente explotados entraron en una etapa de agotamiento; la
población indígena, mano de obra barata, disponible para los trabajos en
las minas, se encontraba en un período de disminución en razón de la
sobre explotación de la que había sido objeto; el mineral se encontraba
cada vez a niveles más profundos y no se contaba con los recursos técnicos
necesarios para explotarlo con eficiencia (Arias: 1989: 1992 y ss).
Crisis del sistema colonial
La crisis económica no afectó únicamente al espacio colonial. En esta
época España se encontraba también en un período de grandes dificultades
económicas el tesoro público había disminuido. La Corona se impuso como
tarea conseguir mayores ingresos, y para lograrlo se implementaron
políticas conocidas en la literatura histórica como las "reformas
borbónicas". Estas reformas intentaron mejorar la economía y su objetivo
central fue conseguir más dinero para el Tesoro Público.
Las medidas consistieron en la emisión de moneda de baja ley (es decir
con mayor contenido de cobre); la legalización de las posesiones de tierras
en la colonias, a través de las "composiciones" (obtención de un título de
propiedad a cambio del pago de una suma de dinero); la venta de cargos
públicos y títulos de nobleza, es decir, dinero a cambio de favores y
privilegios; exigencia de donaciones a la Corona y de préstamos a
particulares a las ciudades y corporaciones; retribución en dinero de
favores, privilegios y otras concesiones; libre circulación de mercancías al
interior del espacio colonial, con la supresión de las aduanas internas; libre
introducción de efectos europeos en América, sobre todo textiles;
organización de un sistema de transporte de mercancías más moderno y
eficiente, para lo cual se suprimieron las flotas de navíos, se introdujeron
naves de registro, más ágiles y autónoma, y se mejoraron los puertos
(Arias: 1989: 199).
Los cambios en la Metrópoli
La toma del poder político de España por los Borbones, en reemplazo de los
Habsburgo, en 1700, determinó un giro en la política económica, dando
lugar a cambio mucho más profundos, en consonancia con el movimiento
de la economía mundial. Se introdujeron medidas destinadas a facilitar y
promover la producción y el comercio, tanto en la metrópoli como en las
colonias, renunciando a la vieja concepción mercantilista. Esta nueva
política implicaba la supresión del monopolio y la participación abierta de
otros países europeos en el comercio con las colonias.
Felipe V (1700 1746), ayudado por Alberoni, emprendió el
restablecimiento de la economía interna: suprimió las aduanas internas
permitiendo la libre circulación de mercaderías; estableció fábricas
estatales a fin de acrecentar la producción industrial; organizó una flota
importante y mejoró los puertos del país. Fernando VI (1746 1759) y
Caros III (1759 1788) continuaron las reformas, sobre todo el último, con
sus ministros Aranda, Floridablanca y Campomanes, todos partidarios de la
libertad industrial y comercial. Esta nueva política había mejorado la
situación interna. La industria y el comercio se triplicaron y la población
hacia caso doblado.
TOMADO DE ARIAS, HUGO, "LA ECONOMIA DE LA REAL AUDIENCIA DE
QUITO", EN ENRIQUE AYALA MORA, ED, NUEVA HISTORIA DEL ECUADOR,
V., 4, CORPORACION EDITORA NACIONAL / GRIJALBO, QUITO, 1989, P.
199
GRABADO
La Casa de las cien
ventanas
Guayaquil
Grabado de Roura
Oxandaberro, Colección
Carlos Fernández.
Felipe V (1700 1746) otorgó a Francia el derecho de introducir esclavos en
América a cambio de mercancías, y en 1713, a través del Tratado e
Utrecht, se otorgó este derecho a Inglaterra. En 1728 se estableció la Casa
de Contratación en Cádiz y se creó la Compañía de Comercio. Más tarde,
Fernando Vas (1746 1759) y Carlos III (1759 1788) se mostraron
también partidarios del libre comercio.
En 1765 se puso fin al monopolio de Cádiz y Sevilla y se autorizó a las
puertos de Barcelona, Santander, Coruña, Málaga, Alicante, Cartagena y
Gijón comerciar con América. En 1778, a través de la "Pragmática de libre
comercio", se amplio esta posibilidad a trece puertos españoles y veinte
americanos. En 1797 se autorizó el comercio entre las colonias y los
Estados Unidos y Francia.
La reducción del comercio de textiles y la introducción de efectos europeos
al territorio de la Audiencia de Quito, afectaron directamente a los centros
de producción de estos artículos conocidos como "obrajes", lo que trajo
como resultado el cierre de muchos de ellos. El comercio de textiles hacia
el polo minero de Potosí se liquidó, pero continuó articulado a los espacios
del norte del Perú y del Virreinato de Santa Fe, lo que evitó la crisis
obrajera total.
Entre 1779 y 1783 ingresaron 4'313.516,6 pesos por concepto de
exportación de textiles al norte, con un crecimiento del 142.14% en
relación con 1700 (Marchán: 1989:257). La articulación con el espacio
norte estuvo también en función de la producción minera de Nueva
Granada. De igual forma, la producción agropecuaria de las haciendas
encontró mercado para sus productos agrícolas en la Costa, cuya economía
se encontraba reactivada gracias a la producción del cacao.
Sin embargo, a pesar del comercio con el norte, la cantidad del dinero que
ingresaba a la Audiencia era reducida, por lo que las autoridades
establecieron otros mecanismos para generar recursos, como el
incremento del cobro de tributos a los indígenas.
La suma de estas circunstancias: importación de mercancías, reducción de
las exportaciones, reducción del comercio regional y envió a España de la
masa de dinero recaudado por concepto de tributo, trajo como
consecuencia inmediata la escasez de moneda en el espacio colonial
quiteño.
Causas de la crisis
La libertad de comercio y la competencia que significó para las
manufacturas textiles la introducción de efectos extranjeros: Los textiles
de Quito eran de inferior calidad y para su producción se empleaban
técnicas poco rentables, se trabajaba en telares de mano y, sobre todo, los
trabajadores en los obrajes se conseguían a la fuerza a través de la mita.
También el sistema de obrajes fue objeto de transformación, cuando en
1704 se suprimió la mita como forma de trabajo en los obras de
comunidad, se los clausuró y pasaron a mano de particulares. Este proceso
generó rentas para la Corona a través del pago de licencias de
funcionamiento (Terán: 1989: 270).
Aumento de la tributación: Según datos proporcionados por González
Suárez, en cuatro años el presidente José García de León y Pizarro logró
recaudar 1'017.300 pesos, mientras que su predecesor en siete años sólo
había recaudado 713.351 pesos (González Suárez: 1970: 1204). En este
hecho intervinieron algunos factores como un nuevo censo de población, la
supresión de los intermediarios en el cobro y la intensificación de la
explotación a la población indígena sujeta al pago del tributo.
La escasez de circulante provocada por varias razones: La salida de
moneda hacia a metrópoli, la falta de exportaciones textiles y la
transferencia de ingresos para los jesuitas exiliados en Italia.
La concentración de la propiedad de la tierra y consolidación del latifundio:
Este proceso no fue un aspecto propio del siglo XVIII. Durante el período
colonial las propiedades de los españoles, y posteriormente de los criollos
y mestizos, se expandieron con la implementación de ciertos mecanismos,
algunos de ellos legales pero muchos arbitrarios. Entre los primeros se
puede mencionar a la distribución de tierras por parte de las autoridades
coloniales; la compra de tierras; las concesiones realizadas por las
autoridades étnicas en favor de personas particulares o comunidades
religiosas. Entre los segundos se puede mencionar sobre todo al constante
despojos de la propiedad indígena, bien por la falta de títulos o por el
abandono de las tierras comunitarias por la disminución de la población y
el forasterismo, es decir, la huida de los indígenas de sus parcialidades con
el fin de evadir las contribuciones. Los indios forasteros no estaban sujetos
al sistema de tributo. En el siglo XVIII la Corona implementó un
mecanismo de legalización de las tierras mal o bien adquiridas, a través de
las "composiciones". Los propietarios tenían que justificar la propiedad por
medio de la presentación de los respectivos títulos. Quienes se
encontraron en mejores condiciones para hacerlo fueron los criollos y los
españoles peninsulares, mediante los documentos otorgados con
anterioridad por la Corona. Muy pocos indígenas aprovecharon de este
recurso, por no poseer los papeles que garantizaran su propiedad.
La concentración de tierras favoreció fundamentalmente a las órdenes
religiosas (en particular a la de los jesuitas) que lograron acumular
enormes extensiones de tierra. Según González Suárez, setenta y siete de
las mejores y más productivas haciendas estuvieron en sus manos.
En 1767 se emitió la orden de expulsión de los jesuitas y sus propiedades
pasaron a manos de algunas familias, lo que dio lugar a que los españoles
y criollos concentraran en sus manos la mayor cantidad de tierras. De esta
manera, el Marqués de Selva Alegre y el corregidor Joaquín Tinajero
(pariente del primero) recibieron ocho latifundios. De diecinueve
haciendas en Imbabura, catorce pasaron a manos de cuatro propietarios y
seis a la familia Calixto Muñoz.
En Pichincha, treinta propiedades pasaron a seis personas, entre ellas
Pedro Ante y el Marqués de Selva Alegre. En Cotopaxi, este último
personaje recibió cuatro haciendas. En Cuenca, de diez haciendas, ocho
pasaron a ser propiedad de Juan Chica y Sánchez y dos de Manuel García.
En Guayas y El Oro, Miguel de Olmedo y Pedro Arteta recibieron también
una buena cantidad de tierras (Arias: 1990 : 206 207).
Por otra parte, el sistema de encomienda entró en un proceso paulatino de
liquidación con su incorporación a la Corona. Se inició este proceso de
liquidación con las encomiendas de personas no residentes en las colonias.
En 1718 la Corona decretó su incorporación total. (Terán: 1989: 270).
La disminución de la propiedad indígena incidió directamente en la
utilización de la fuerza de trabajo por parte de las haciendas. Sin tierras,
los indios se veían precisados a vender "voluntariamente" su energía a
estas unidades de producción. El mecanismo empleado para retenerla fue
el endeudamiento.
Esta forma de trabajo se conoce como "concertaje". El indígena establecía
con el hacendado una relación de trabajo mediatizada por el
endeudamiento. A pesar de estar estipulada la asignación de un salario por
sus servicios y una parcela para sembrar y vivir con su familia, el
concertaje tenía una serie de responsabilidades económicas y sociales, que
lo llevaban a endeudarse constantemente con el patrón, lo que impedía
que en algún momento pudiera dar por terminado su contrato.
De esta manera, la permanencia en la hacienda de la fuerza de trabajo
indígena se prolongaba por generaciones. La deuda era transmitida a los
hijos, por lo que la permanencia del grupo familiar en ella se daba por
tiempo ilimitado.
En algunos casos, la hacienda incluía a comunidades enteras dentro de sus
límites. Dentro de la hacienda, a más del sistema de endeudamiento
funcionaban también sistemas ideológicos de retención de la mano de obra
comunera. El patrón se convertía en una suerte de padre, protector y
otorgador de bienes y servicios.
De esta manera, la consecución de mano de obra era más rentable y menos
represiva que a través de la mita. Este proceso se inicio en el siglo XVII,
cuando la Corona reglamentó la libre oferta de mano de obra. En 1601 se
prohibió la mita de servicios personales y se estimuló a los indios para que
ofrecieran "su trabajo en lugares públicos" (Pérez: 1947: 285).
Catástrofes naturales y epidemias: Otro de los factores que contribuyeron
a agudizar la crisis económica fueron los cambios bruscos de clima, ya que
hubo una época de sequías o excesos de lluvias o heladas. Se sucedieron
también una serie de temblores y terremotos.
Sobreexplotación de la fuerza de trabajo indígena por la carga exagerada
de trabajo y de tributos: Esto condujo a una disminución notable de esta
población y a una importante migración.
En resumen, la crisis económica de la Audiencia de Quito y la crisis de
Potosí no fueron fenómenos aislados; como decíamos, España se debatía
también en un serio proceso de decadencia a nivel económico, político y
social. Las arcas reales estaban vacías y era urgente impulsar una reforma
tributaria en América, con el fin de conseguir un aumento de sus ingresos.
El comercio con las colonias era reducido y España se había convertido en
un mero exportador de mercancías europeas. La guerra que sostenía con
Inglaterra le resultaba demasiado onerosa y sufrió una invasión por parte
de Napoleón, lo que significó el derrumbe de la monarquía.
En el espacio colonial se asistía a un proceso de resquebrajamiento de la
unidad regional y la autosuficiencia económica (Marchán: 1989) . La
producción textil experimentó un duro golpe con la introducción de efectos
europeos.
A nivel de los sectores sociales, se fortalecieron ciertos sectores criollos
(comerciantes y hacendados de la costa) frente a la pérdida de legitimidad
de la Corona. La inquietud social no se hizo esperar y se produjo una ola de
movimientos urbanos y rebeliones indígenas.
GRABADO
El astillero de Guayaquil
De acuerdo a Roura
Oxandaberro
Gráfico tomado de Salvat
Editores Ecuatoriana, Historia
del Ecuador, Vol. 4, Salvat
Editores Ecuatoriana, Quito,
1988.
Reorientación de la actividad económica de la audiencia: La producción de
cacao
Mientras el espacio colonial serrano atravesaba un proceso de crisis y de
decadencia económica, la costa vivía una etapa de prosperidad gracias al
auge de las exportaciones del cacao a partir de 1765. Entre ese año y
1780, las exportaciones se duplicaron respecto del período anterior y entre
1780 y 1810 se volvieron a duplicar (Arias: 1989: 217).
Mientras la Sierra se vio afectada por el libre comercio impulsado por los
Borbones, la Costa se benefició de la legalización de su comercio con
Nueva España, intercambio que ya existía, pero por la vía del contrabando,
en razón del monopolio comercial ejercido por Lima y Caracas.
De la misma manera, en 1774, se redujeron los derechos aduaneros del
8% al 5%. A pesar de las constantes trabas impuestas por Lima y Caracas
al comercio del cacao, entre agosto de 1779 y enero de 1782, se
incrementó: desde Guayaquil se exportaron a México 69.751 fanegas
contra las 12.268 fanegas del cacao venezolano (Arias: 1989: 218).
En junio de 1789, Carlos IV liberó totalmente el comercio de cacao entre
Guayaquil y Nueva España. La bonanza del cacao empezó a ver su fin hacia
1810, cuando se produjo una disminución en las exportaciones y una baja
en los precios.
Guayaquil manifestó un crecimiento económico y demográfico. De una
población de 22.445 habitantes en 1775, pasó en 1825 a 72.492 habitantes
(Hamerly; 1976: 83-84). El auge económico impulsó a los habitantes de la
Sierra a migrar hacia la Costa en busca de mejores oportunidades y
remuneraciones.
El repunte cacaotero implicó también una concentración de la tierra y la
formación de latifundios. Este proceso continúo durante el siglo XIX,
período en el que se consolidó una clase terrateniente vinculada a la
hacienda cacaotera.
Al interior de la misma, la forma de trabajo se transformó. El sistema
esclavista vigente en los dos siglos anteriores entró en un proceso de
franca crisis a nivel local y mundial. Resultaba más rentable contratar
mano de obra, aun a los ex esclavos, en calidad de "conciertos". El
"concertaje" garantizó la permanencia de los trabajadores en la hacienda,
sin la intervención de mecanismos de explotación como los generados por
el esclavismo.
Pérdida de legitimidad de la corona y fortalecimiento de los sectores
criollos
Las reformas "borbonicas"
Como se dijo, las reformas económicas implementadas por los Borbones se
convirtieron en mecanismos para recaudar ingresos, con el fin de salir de
la crisis que consumía a España. Estas medidas fueron la emisión de
moneda de baja ley, con una cantidad mayor de cobre; la venta de tierras
en las colonias a través del mecanismo de las "composiciones"; la venta de
títulos de nobleza y de cargos públicos; la exigencia de donaciones y
préstamos de dinero en beneficio de la Corona, a particulares, a las
ciudades ya las corporaciones; concesión de favores y privilegios a cambio
de dinero; libre circulación de mercaderías, organización de las flotas,
mejoramiento de los puertos y de la industria; aumento de la tributación
(Arias: 1989: 199).
Además de las reformas económicas implementadas por los Borbones en el
siglo XVIII, se dictaron también una serie de medidas de tipo
administrativo con el fin de recuperar el control político colonial. Entre
estas medidas estaba el aumento de funcionarios, cuyo fin era centralizar
la administración y "frenar la autonomía que iban adquiriendo las
instancias locales de poder" (Terán: 1984).
Se creó el Virreinato de Nueva Granada, el 29 de abril de 1717 y se designó
a Santa Fe de Bogotá como su capital. Este Virreinato fue objeto de
muchos cambios. Se suprimió el 5 de noviembre de 1723, ante la
imposibilidad de sostener a los funcionarios y por las presiones del Perú,
que se veía perjudicado en su territorio y temía perder el control sobre el
Istmo de Panamá. Se volvió a crear el 20 de agosto de 1739, ante la
necesidad de defender los puertos de Cartagena y Santa Marta de amenaza
inglesa, provocada por la ruptura de relaciones entre España e Inglaterra.
La campaña de defensa se financiaba en gran medida desde Quito a través
del situado, suma de dinero que se obtenía del comercio de textiles y otros
productos con Cartagena (Terán: 1984). Se puso a cargo del nuevo
Virreinato la administración y control de las provincias del norte y la
defensa de las plazas marítimas de las potencias extranjeras.
La intención política se dirigía a quebrantar el predominio político del
Virreinato del Perú. La Audiencia de Quito sufrió también algunos cambios:
en 1717 fue suprimida, con el fin de remediar los excesos de los Oidores;
en 1720 se restableció dependiente del Perú y en 1735 se la anexó al
Virreinato de Nueva Granada. En 1780 se estableció el sistema de
Intendencias (Terán: 1984).
Los Astilleros de Guayaquil
La importancia de los astilleros de Guayaquil es generalmente reconocida, y
aunque desde luego no eran "superiormente ventajosa a todos los demás de
ambas Américas y a los más célebres de la Europa", como enfáticamente
aseguraba don Dionisio de Alsedo, sí puede afirmarse sin temor a
exageración que durante los dos últimos siglos coloniales fueron los
principales del Pacífico americano: en palabras de Juan y Ulloa, aunque "hay
varios parajes en las costas del Mar del Sur en donde se han fabricado
embarcaciones grandes de gavias (), el de Guayaquil es entre todos el que
por muchos títulos debe gozar la primacía".
El más importante de esos títulos era sin lugar a dudas la extraordinaria
abundancia de maderas y su perfecta adecuación a la industria naval, por
todas ellas "resisten el tiempo, a la corrupción, y muchas a los cinco
principales enemigos: los abejones, la broma, el comején, la polilla y la
carcoma".
Abundancia, calidad y también variedad, que permitían a los carpinteros de
Guayaquil elegir para cada trabajo la madera más apropiada.
El guachapelí era el árbol más utilizado, pues se hacía con él todo el armazón
y cuerpo de navío, las ligazones, pie de roda y codaste, empleándose también
para realizar las gualderas de los cañones. El canelo era "bueno para toda
obra", pero especialmente para baos que consoliden las cubiertas, y para
latas y cintas o refuerzos exteriores de la tablazón. El cañafístolo se
empleaba para las quillas y otros fundamentos; el bálsamo para hacer las
bombas; el pechiche se utilizaba para tablones por ser muy resistente al agua
y al sol, aunque tenía el defecto de levantar astillas; la madera negra era muy
buena para cabrestantes, y en los edificios se utilizaba para puntales, pies
derechos y riostras; el moral, colorado, guayacán y algarrobo eran aptos para
pernos, clavijas y tarugos "que jamás se aflojan"; matapalo, mangle, níspero
y piñuelas, además de emplearse en los edificios eran buenos para juegos de
armas; por último, el roble, amarillo, figueroa, espino y otros muchos palos
"de que por la abundancia no se hace tanto aprecio", se empleaban en las
casas y en hacer gruesas tablas para costados y cubiertas de los navíos.
Recordemos también la idoneidad de los palos de María para arboladuras de
los navíos, y el empleo alternativo de los laureles para arbolar embarcaciones
pequeñas. Finalmente, en los astilleros guayaquileños se utilizaban incluso
las cañas que tanto abundaban en la provincia, y con las que se hacía "forro
en las bodegas de los barcos cuando cargan cacao, para que el calor de ese
fruto no requeme la madera del buque".
TOMADO DE MARIA LUISA MAVIANA CUETOS, GUAYAQUIL EN EL SIGLO
XVIII.
RECURSOS NATURALES Y DESARROLLO ECONOMICO, ESCUELA DE ESTUDIOS
HISPANOAMERICANOS, SEVILLA, 1987, PP. 261 - 262
Iglesia y Conflictos Sociales
Uno de los sectores que se convirtió en objeto de permanente
preocupación de los monarcas borbónicos fue el de la Iglesia, sobre todo
por el gran poder e influencia que habían adquirido las órdenes religiosas.
Justamente en las ordenanzas de gobierno remitidas al virrey Eslava, se
establecían restricciones expresadas a la fundación de nuevos conventos,
como formas de atacar la actividad pastoral de los religiosos y, por lo
tanto, de menoscabar su influencia sobre la población indígena. Pero si
bien la Corona advertía la necesidad de hacerlo, a la vez, comprendía que
la acción del clero era imprescindible para efectuar la pacificación de zonas
no conquistadas, amenazadas por la penetración extranjera.
Es evidente que, paralelamente al fortalecimiento de los sectores privados,
la Iglesia había ido consolidando también una falta cuota de poder
económico y político. Buena parte de la producción textil y de la
producción hacendaria, en su conjunto, había caído bajo su control. Varios
de los acontecimientos más importantes de la primera mitad del siglo la
tuvieron como principal protagonista, revelándose así la gran
trascendencia social que poseía cualquier asunto relacionado con el sector
eclesiástico.
TOMADO DE ROSEMARIE TERAN NAJAS. "SINOPSIS HISTORICAS DEL
SIGLO XVIII", EN ENRIQUE AYALA MORA, NUEVA HISTORIA DEL
ECUADOR, V., 4, QUITO, CORPORACION EDITORA NACIONAL / GRIJALBP,
1989, PP. 273 274.
ENFRENTAMIENTOS
Entre españoles e indígenas
Gráfico tomado de Salvat Editores
Ecuatoriana, Historia del Ecuador,
Vol. 4, Salvat Editores Ecuatoriana,
Quito, 1988.
La rebelión de los estancos
Los cambios políticos y administrativos, sumados a las transformaciones
económicas, dieron lugar al descontento de los criollos. Los criollos,
herederos de la mentalidad aristocratizante de los blancos y limitados en
sus actividades económicas, al no poder dedicarse al trabajo manual y a
otras tareas consideradas como indignas, formaron parte de los dos grupos
sociales: los terratenientes, dueños de grandes extensiones de tierras, y a
la burocracia colonial de menor rango, sin poder político y pauperizada por
la crisis.
Estos sectores manifestaron una gran disposición a levantarse en contra
de la Corona (Quintero: 1991: 9 y ss). Sin embargo, en el movimiento de
descontento, los criollos tuvieron también en apoyo de los sectores
populares.
La estructura de poder se organizaba e acuerdo con un "sistema triangular
débil" (Fontana: 1989:173), conformado por la monarquía y su burocracia
en América, la oligarquía española (nobleza terrateniente). Estos sectores
sociales locales prescindían de la monarquía en el ordenamiento de la vida
económica según sus propios intereses. Las reformas que los Borbones
implementaron intentaban solucionar este debilitamiento del poder. Las
oligarquías locales se vieron obligadas a ceder parte de sus ingresos al
Estado (Fontana: 1989:173).
A nivel local, el antagonismo se manifestaba con la conformación de dos
grupos con intereses divergentes: el primero giraba en torno a lo intereses
locales representados por el Ayuntamiento y el segundo, al poder colonial,
representado por la Audiencia. Los representantes del poder real tenían en
sus manos una serie de poderes y privilegios y prontamente se enriquecían
en América lo que predispuso en su contra a la aristocracia criolla y a los
sectores populares.
La rebelión de los Estancos o de los barrios de Quito de 1765 fue un
enfrentamiento que puso en evidencia la pugna existente entre estos
sectores sociales y los demás que se encontraban excluidos del manejo
político y económico. Por otra parte, "el propósito de los sublevados habría
sido el de retomar la práctica de un gobierno descentralizado, heredado de
los Austria y los primeros Borbones, con la cuota de participación que
tenían los sectores locales en las decisiones estatales" (Terán: 1989:286).
La rebelión tuvo origen en una ordenanza de Felipe V por medio de la cual
se estatizaba la producción y la distribución de aguardiente, cuya venta
libre había sido establecida en 1738. Luego de esta rebelión, los criollos
consiguieron algunos puntos a su favor (abolición de los estancos y
aduanas, indulto y amnistía a los rebeldes, elección de jefes barriales
criollos). Este hecho fortaleció el poder de los criollos en detrimento del
poder colonial ya debilitado.
La rebelión de los estancos constituye el inicio del largo conflicto que
desembocaría en el movimiento de autonomía y años más tarde (1809) en
las luchas por la independencia política y económica respecto de España.
Las sublevaciones indígenas
La población indígena manifestó también su descontento por los malos
tratos y la sobrexplotación de la que había sido víctima desde el inicio del
sistema colonial.
Además de estas circunstancias, vio agravarse su situación con las nuevas
disposiciones y medidas económicas, principalmente la realización de
censos y numeraciones de la población y la exigencia del pago de la
alcabala por la totalidad de víveres que ingresaban a la ciudad. Esta
imposición se la conoció como la "aduana".
En los levantamientos de a relacionó con la numeración y fue interpretada
pro la población indígena "como el despojos de sus hijos y de la mitad de
sus bienes" (Moreno Yánez: 1978:368). Toda la "irritabilidad latente"
contenida en la población por la explotación de la que era objeto estallaba
cuando se presentaba un hecho concreto que alteraba su vida cotidiana.
Este hecho podía ser "la formación de un censo o una numeración, la
mutación de la forma y orden acostumbrados en la recolección del tributo
o de los diezmos, la introducción de reformas en el sistema de impuestos o
() algún maltrato sufrido por un individuo del grupo" (Moreno Yánez;
1978:354). La convocatoria al levantamiento la realizaban uno o varios
caudillos con instrumentos de música, gritos, amenazas o proclamas.
La segunda fase se caracterizaba por los violencia y, en los levantamientos
en los que intervenían únicamente indígenas, los ritos, danzas y espasmos
constituían parte importante de la protesta, "en medio de la cual
renegaban momentáneamente de la religión de los dominadores" (Moreno
Yánez: 1978:355). Luego del paroxismo, la "irritabilidad colectiva"
disminuía lo que era aprovechado por la administración para reprimir la
protesta.
Las penas impuestas a los cabecillas y líderes de los movimientos iban
desde los azotes en público, cortes de pelo, condenas a trabajos forzados,
confiscación de bienes hasta la muerte en la horca (Moreno Yánez: 1978:
376).
Aunque los movimiento fueron limitados temporal y espacialmente, en
algunos de ellos se hicieron propuestas más radicales de cambio como el
caso de Antonio Tandaso quien propuso el reparto de las haciendas a los
indios y la abolición del sistema de tributación. En Riobamba, en 1764, se
pretendía aniquilar a la población blanca, apoderarse de la ciudad y crear
un señorío indígena gobernado por dos reyes o "incas" (Moreno Yánez:
1978:364 y 365).
El movimiento autonomista
El movimiento autonomista se desarrolló entre las dos últimas décadas del
siglo XVIII y las dos primeras del siglo XIX, y se prolongó luego de este
período ya como movimiento independentista. Los criollos constituyeron el
grupo social fundamental en este proceso. Esta evolución política e
ideológica, de la autonomía a la independencia, es el resultado de los
momentos históricos concretos que vivieron entonces.
Cuando los propietarios de haciendas se vieron amenazados por los
levantamientos indígenas o levantamientos mestizos urbanos, plegaron a
la monarquía, expresión de una forma de gobierno fuerte y autoritario
(Roig: 1984:17).
Es por ello que el primer intento de libertad fue un manifiesto de apoyo a
Fernando VII, Rey de España. Los criollos apoyaron la represión de las
sublevaciones indígenas en la Audiencia de Quito y también la liquidación
del movimiento indígena del Alto Perú.
Sin embargo, una vez restablecido el orden, cuando en España se dio "el
paso hacia una monarquía de espíritu constitucionalista integrada por
reinos autónomos" desencadenó un enfrentamiento entre los criollos y el
sector integrado por la burocracia y los comerciantes españoles
peninsulares. Se inició de esta manera el pensamiento liberal dentro del
modelo monárquico y de autonomía regional (Roig: 1984:18).
Uno de los aportes que tuvo una influencia significativa en el inicial
movimiento autonomista, y posteriormente en el movimiento
independentista , fue el ejercido por Eugenio Espejo. De la misma manera
lo fueron la actuación y las ideas de José Mejía Lequerica, quien actuó en
las Cortes de Cádiz; de Juan Pablo Santa Cruz y Espejo, sacerdote, capellán
de las tropas patriotas en la independencia; del presbítero Miguel Antonio
Rodríguez, autor de la Constitución de Quito de 1912 y de Juan Pío
Montúfar, Márques de Selva Alegre, presidente de la Junta Soberana de
Quito, luego del pronunciamiento del 10 de Agosto de 1809 (Roig:
1984:18).
Espejo fue quien inicialmente planteó ciertas ideas políticas que fueron
posteriormente retomadas y trabajadas por sus seguidores. Ideas que
iniciaron más tarde en la generación del proceso independentista
(Paladines: 1978: 209). En suma, los gestores de la independencia fueron
en primer término monárquicos para luego ser republicanos, es decir
pasaron del absolutismo al constitucionalismo (Roig: 1984:19).
ESCRITOR, MEDICO,
PERIODISTA
Eugenio de Santa
Cruz y Espejo
Gráfico tomado de
Salvat Editores
Ecuatoriana, Historia
del Ecuador, Vol. 4,
Salvat Editores
Ecuatoriana, Quito,
1988.
Los Criollos y la Sociedad Colonial
La sociedad colonial se organizó en torno a la pertenencia a una "casta", es
decir a un grupo social en la que el origen racial tenía mucho peso. En el
siglo XVIII, los sectores populares fueron identificados como "castas" o
como "plebe", como una expresión de "la imposibilidad de distinción
social" (Terán: 1995:15) ante la confusión reinante a nivel urbano por las
diferentes mezclas de blancos, indios, negros lo que produjo una amplia
gama de mestizaje.
Este sector carecía de identidad étnica, no era blanco ni indio, tampoco
gozaba de un estatuto legal, nunca se lo reconoció como mestizo sino
como casi blanco o blanco "tenido" como mestizo, o blanco pobre, o gente
de buen color, etc. (Minchon: 1994). Ante las presiones de la
administración para el pago del tributo por parte de los mestizos,
considerados como indígenas, las solicitudes de exoneración abundan así
como también las pruebas para demostrar su parte de sangre blanca.
Aunque, en las sublevaciones indígenas en contra de las exigencias
fiscales, los mestizos, en este caso se convertían en sus aliados.
La sociedad organizada en torno a los elementos étnicos, mantenía una
estratificación social bastante definida aunque no del todo rígida. En el
estrato superior de encontraban los blancos, peninsulares o criollos,
emparentados con la nobleza española o en búsqueda de insertarse en la
misma. Constituía el grupo de propietarios y hacendados.
En un escalón más abajo se encontraban los mestizos (curas,
comerciantes, artesanos). Luego venían los indios y el último peldaño se
encontraban los negros esclavos. Sin embargo, a pesar de la aparente
rigidez existía una cierta movilidad social que permitía que personajes que
emergían de la plebe pudieran ingresar en estratos sociales altos.
Para ello era necesario, en primer lugar, conseguir un apellido español,
acceder a un vestido y a una educación que les permitiera ascender. El
caso de la familia de Eugenio Espejo es uno de los ejemplos claros de este
proceso.
Eugenio de Santa Cruz y Espejo
Eugenio Espejo representa una de las personalidades más importantes
pero conflictiva de una etapa histórica atravesada por los cambios y las
nuevas ideas. Es uno de los "exponentes más notorios de un grupo
humano en ascenso". Es un personaje que no representa a ningún sector
social colonial: sus orígenes maternos indígenas pueden servir para
identificarlo con ese sector, pero al mismo tiempo se lo identifica también
con la clase terrateniente, la de los marqueses criollos herederos del poder
político de los españoles, ya que es mestizo y al mismo tiempo "español
americano", es decir, blanco (Roig: 1984:20-21)
El Escritor, el Médicos, el Periodista
El recorrido de Espejo por la Filosofía y la medicina lo hizo desde temprana
edad, en una época en la que el acceso a la educación fue limitado y bajo
condicionamientos sociales de estratificación bastante rígidos:
"Los hijos de la aristocracia criolla y de los altos funcionarios reales, tenían
tutores; los 'padres de medianas conveniencias', que podían imitar aquel
sistema, pagaban maestros para que enseñaran a sus hijos y familiares en
sus casas; luego venían los que teniendo como vestir a sus niños, no los
enviaban a ninguna escuela y los que, a pesar de aquella situación,
lograban ser aceptados a una de las tres escuelas de caridad existentes"
(Roig: 1984:33).
Los niños que lograban acceder a las escuelas públicas se insertaban luego
en diferentes "oficios ", como el de amanuenses, aunque en el caso de
Espejo, logró entrar en el mundo de las letras. Se contaban también entre
ellos los hijos de los artesanos y pequeños comerciantes, sector en
ascenso social que tuvo luego un papel fundamental en la rebelión de los
Estancos o de los Barrios de Quito, en 1765 a quien le estaba prohibido, sin
embargo, el acceso a las universidades.
La ilustración comenzaba a ejercer alguna influencia a nivel de la
educación y en 1783 se aprobó una ley en la que se declaraba que no era
incompatible la "nobleza" con el ejercicio de profesiones artesanales
(Roig: 1984:35).
La universidad empezó también a sentir la influencia de las nuevas ideas.
Entró en crisis la universidad colonial, de corte misional ligada al sistema
de encomiendas para dar paso a la universidad "hacendaria" apoyada en el
fortalecimiento de la hacienda. "De una universidad plenamente
confesional y fuertemente eclesiástica se daría el paso hacia una
universidad estatal que abriría las puertas a un moderado proceso de
secularización". Este proceso se fortaleció a raíz de la expulsión de los
jesuitas (1767), hecho que dio lugar a la decadencia y al cierre definitivo
de la Universidad de San Gregorio, vino luego la estatización de la
universidad de los dominicos, la de Santo Tomás, en 1787, declarada como
"publica" (Roig: 1984:36).
También la enseñanza de la filosofía cambió. Ya no se seguían las ideas de
un maestro o mentor (Santo Tomás, San Agustín, Escoto) y se comenzó a
hablar de la "libertad filosófica", relacionada con el espíritu ecléctico del
siglo XVIII, "organizado sobre la base del rechazo del principio de
autoridad", producto de la pugna entre el Estado y la Iglesia de donde
había salido debilitada esta última (Roig: 1984:36).
A Espejo le tocó presenciar el inicio de estos cambios. En 1762 obtuvo el
título de Maestro de Artes en la Universidad de San Gregorio, regentada
por los Jesuitas. En 1767, se doctoró en Medicina en la Universidad de
Santo Tomás, de los dominicos, y en 1770 se licenció en Derecho Civil y
Canónico, en la misma Universidad.
A esto se suma su afán por aprender y conocer lo que lo convirtió en un
verdadero autodidacta. De esta manera de introdujo en la literatura
(Ontaneda Pólit; 1986:1175). Tuvo que vivir todavía una época en la que el
ingreso a la universidad, pero sobre todo la obtención de la licencia de
ejercicio profesional, exigía ciertos requisitos como la probatoria de
"limpieza de sangre" o en su lugar una información de "vita et moribus",
de vida ordenada y de buenas costumbres así como la exhibición de
blasones nobiliarios.
Espejo criticó la universidad de su época preparando de esta manera "las
bases para un nuevo proyecto de universidad" colaborando luego para la
renovación general de los estudios desde la secretaría de la Sociedad de
Amigos del País y desde su cargo de bibliotecario público (Roig: 1884:39)
Su primera obra literaria, El Nuevo Luciano de Quito, la escribió en 1779.
En 1785, a petición del Cabildo frente a la emergencia que se vivía por la
epidemia de viruela que asolaba a Quito, Espejo escribió sus Reflexiones
sobre las viruelas. En este tratado, combina el análisis de la enfermedad
con el de la sociedad y de la ideología de su época.
La viruela, enfermedad traída por los colonizadores se difundió, según
Espejo, debido a la miseria y falta de cuidados sanitarios de la población
que daban lugar a que el ambiente estuviera contaminado, como la crianza
de cerdos en la ciudad y la falta de servicios higiénicos. También al a mala
alimentación, desnutrición y debilidad de sus habitantes. Su tratado es en
suma un análisis de la vida cotidiana de Quito.
Orientaciones Bibliográficas
*En relación con la economía de la Audiencia de Quito en el siglo XVIII
consúltese a:
AYALA MORA, Enrique, Resumen de la Historia del Ecuador, Quito,
Corporación Editora Nacional, 1993
MERCHAN, Carlos, "Economía y sociedad durante el siglo XVIII", en Enrique
Ayala Mora, Ed. Nueva Historia del Ecuador, V. 4, Quito, Corporación Editora
Nacional / Grijalbo, 1989, pp. 231 259
En relación con el sistema de tributo, mita y obraje consultar a:
MORENA YANEZ, Segundo, "La Sociedad Indígena y su articulación a la
formación socio económica colonial en la Audiencia de Quito", en Enrique
Ayala Mora, Ed., Nueva Historia del Ecuador, V. 5, Quito, Corporación Editora
Nacional / Grijalbo, 1990, pp. 93 136
Respecto a los cambios económicos, la crisis minera y las reformas
borbónicas véase:
ARIAS, Hugo, "La Economía de la Rea Audiencia de Quito", en Enrique Ayala
Mora, Ed., Nueva Historia del Ecuador, Vol. 4, Quito, Corporación Editora
Nacional / Grijalbo, 1989, pp. 187 229
Sobre las reformas borbónicas y su impacto en América son tratadas por:
FONTANA, Josep, "América y las reformas del siglo XVIII", en Enrique Ayala
Mora, Ed., Nueva Historia del Ecuador, Vol. 4, Quito, Corporación Editora
Nacional / Grijalbo, 1989. Pp. 169 186
En cuanto a la situación y cambios sufridos por Guayaquil consultarse a:
HAMERLY, Michel Hamerly, Historia social y económica de la antigua provincia
de Guayaquil, 1763 1842, Guayaquil, Publicaciones del Archivo Histórico del
Guayaquil, 1976
*Sobre el sistema administrativo y consultar a:
Terán Najas, Rosemarie, El régimen administrativo en al Real Audiencia de
Quito bajo la Dinastía Borbónica, Tesis de Grado, Facultad de Ciencias de la
Educación, PUCE, Quito, 1984
"Sinopsis histórica del siglo XVIII", en Enrique Ayala Mora, Ed., Nueva
Historia del Ecuador, V 4, Quito, Corporación Editora Nacional / Grijalba,
1989, pp. 261 300
Para profundizar en el conocimiento de las sublevaciones indígenas
consúltese a:
MORENO YANEZ, Segundo, Sublevaciones indígenas en la Audiencia de Quito
desde comienzos del siglo XVIII hasta finales de la colonia, Quito, Ediciones
de la Universidad Católica, 1978
En relación con el sistema social y los grupos sociales presentes en la ciudad,
es fundamental el trabajo de:
MITCHON, Martín, The People of Quito, 1690 1810. Change and Unrest un the
Underclass, Boulder, Colorado, Westwiew Press, 1994
*Consúltese también la complicación de estudios sobre mestizaje en el siglo
XVIII publicados en:
Revista Quitumbe de la Asociación Escuela del Departamento de Historia de la
Universidad Católica de Quito, junio de 1995
Sobre Eugenio Espejo consúltese a:
ROIG, Arturo Andrés, Humanismo en la segunda mitad del siglo XVIII, T. II,
Banco Central del Ecuador / Corporación Editora Nacional, Colección
Biblioteca Básica del Pensamiento Ecuatoriano, Quito, 1984
VILLALBA, Jorge S.J., Las prisiones del Doctor Eugenio Espejo, Quito,
Ediciones de la Universidad Católica, 1992.
Para conocer la producción existente sobre Espejo hasta 1975 véase:
GUERRA, Samuel Guerra, "Apuntes para una Crítica a los Estudios sobre
Eugenio Espejo", Revista Quitumbe, Quito, Revista del Departamento de
Historia, Universidad Católica, N. 4, pp. 59 - 83
SEGUN SALAS
Sucre y Bolívar
Con sus generales
Fotografía tomada de mario
Monteforte, Los Signos del
hombre, Plástica y Sociedad en
el Ecuador.
La Independencia y la Etapa Gran colombiana (1809-1830)
Carlos Landázuri Camacho*
El presente artículo estudia el proceso mediante el cual el Ecuador
consiguió su independencia de España, primero formando parte de la Gran
Colombia y luego estableciéndose como república autónoma.
La independencia de España (1809 1822)
La etapa de la independencia, a su vez, tiene dos momentos diferenciados:
el inicial o de la "Revolución Quiteña" (1809-1812) en el cual se declara
pero no se consigue la independencia, y al final, en el cual las fuerzas
patriotas termina por imponerse (1820-1822).
La Revolución Quiteña (1809-1812)
Damos el nombre de "Revolución Quiteña" al primer momento de la lucha
por la independencia ecuatoriana, durante el cual la iniciativa correspondió
a la ciudad de Quito, cuyas clases dirigentes trataron de establecer un
proyecto económico político original, pero fracasaron en su empeño. Para
comprender el sentido y alcance de ese movimiento, así como las razones
de su fracaso, es necesario analizar tres de sus causas más importantes:
los recortes de jurisdicción territorial, la fragmentación interna de la
presidencia y la incapacidad de los gobernantes locales.
Los recortes de jurisdicción territorial
Durante los últimas décadas colonial y en gran parte como consecuencia
de la relativa decencia económica y política de la audiencia quiteña fue a
otras regiones del imperio español, el control de Quito sobre sus provincias
más periféricas se fue debilitando. Concomitantemente, esas provincias
comenzaron a ser gobernadas cada vez más directamente desde Lima o
Bogotá, las capitales virreinales.
Ese fue el caso, por ejemplo, de Tumaco, La Tola, Limones y Atacames, es
decir la actual provincia de Esmeraldas, cuyo gobierno, por lo menos en la
práctica, fue segregando de Quito entre 1764 y 1807 y ejercido desde
Bogotá a través de Popayán.
Algo parecido sucedió a partir de 1802 con la región de Maynas, que
comprendía ambas márgenes del río Amazonas. La Cédula Real del 15 de
julio de 182 creó el Obispado y la Comandancia General de Maynas y los
hizo depender de la autoridades religiosas y militares de Lima y no de las
Quito.
Un tercer problema fue el originado por la Real Orden de 7 de julio de
1803, a consecuencia del cual el gobierno militar y político y los asuntos
comerciales de Guayaquil y su provincia pasaron a depender de Lima.
En síntesis, la autoridad de Quito sobre la Costa y gran parte del Oriente
quedó muy debilitada. Las élites quiteñas jamás se resignaron ante tal
situación y llegaron a proponer que la Presidencia de Quito, con inclusión
de todas sus provincias, fuera elevada a Capitanía General, independiente
de la pesada tutela de Bogotá y Lima. Ese proyecto era viable y
representaba una vieja aspiración de Quito, pero el gobierno de Madrid no
se decidió a aprobarlo. Por eso, cuando ese gobierno entró en crisis por la
invasión de Napoleón a España, las élites quiteñas creyeron que no les
quedaba otro recurso que el de tomar el poder para satisfacer sus
aspiraciones geopolíticas.
La fragmentación interna de la presidencia
De lo dicho ya se puede colegir que la Presidencia de Quito a fines de la
época colonial era un espacio desarticulado en lo geográfico, social,
económico y político. Para comenzar, extensas zonas apenas si estaban
conectadas con la "civilización": tal era el caso de casi todo el Oriente y la
Costa norte, donde la presencia europea era tenue. Pero también la zona
"civilizada" eta profundamente dividida en cuatro regiones, nucleadas por
otras tantas ciudades: La Sierra norte (Popayán), la Sierra centro (Quito),
la Sierra sur (Cuenca) y la Costa centro sur (Guayaquil. Cada región tenía
su propia economía, sus propias relaciones de trabajo, sus propios ritmos
demográficos y la autoridad del gobierno quiteño sobre ellas era limitada.
Quito sentía que el control de su provincias se le iba de las manos y
procuraban reafirmarlo, a la vez que procuraba aflojar los lazos que le
sujetaban a las sedes virreinales. Algo parecido ocurría en cada región:
cada capital veía con desagrado los intentos centralistas de Quito, pero al
mismo tiempo insistía en su propia hegemonía interregional, que a la vez
causaban resentimiento en las ciudades menores.
Dentro de este marco, la Revolución Quiteña de agosto de 1809 puede
entenderse como un intento de la capital por recuperar todos sus
territorios y reafirmar su autoridad en todas sus provincias.
La incapacidad de los gobernantes locales
Al momento de iniciarse la Revolución Quiteña, gobernaba la Audiencia
don Manuel de Urriez, conde Ruiz de Castilla. El Conde era un anciano de
75 años, poco apto para enfrentar las tareas propias de su cargo. Pero el
suyo no era sólo un gobierno ineficaz; a ojos de los nobles quiteños, la
administración del Conde contrastaba bruscamente con la de su antecesor,
el barón de Carondelet. No sólo que la administración del Barón había sido
más eficiente sino que, sobre todo, él había permitido que la nobleza
criolla, y en especial la poderosa familia de los Montúfares, tuviera enorme
influyo y participación en el poder, al punto que el de Carondelet ha sido
llamado "el gobierno criollo". Ruiz de Castilla nunca tuvo la suficiente
visión como para atraerse a la aristocracia local, con la que mantuvo desde
el principio relaciones más bien tensas.
Así, el golpe de 1809 también pretendía quitar de en medio de una
administración abúlica y que no tomaba suficientemente en cuenta los
interesados locales, para entregar el poder a quienes se sentían los líderes
naturales del país.
*Dr. en Historia, Docente de la Universidad Católica del Ecuador.
MONUMENTO
Al 10 de Agosto
1809
El diez de agosto de 1809
La causa inmediata de la independencia hispanoamericana, fue la crisis de
la monarquía española, provocada a su vez por la invasión de Napoleón a
España (1808). Apenas las noticias de esos acontecimientos fueron
llegando a sus oídos, las clases dirigentes quiteñas comenzaron a analizar
las diversas y confusas implicaciones de los acontecimientos de España y
decidieron que había llegado el momento de tomar el poder en sus propias
manos, antes de que Lima o Bogotá tratasen de imponer sus propios
intereses. Así comenzó la Revolución Quiteña.
Después de algunos titubeos iniciales, la conspiración estalló el 10 de
Agosto de 1809. En la noche del 9 de reunieron en casa de doña Manuela
Cañizares algunos patriotas, intelectuales y miembros de las familiares
más destacadas de Quito, y decidieron deponer a las autoridades y en su
lugar formar una Junta Suprema. Consiguieron sin dificultad el apoyo de
las tropas locales y tomaron presos a los miembros del gobierno En
síntesis, el golpe cogió desprevenidos a las autoridades y triunfó sin
oposición.
Pero el fácil triunfo no logró ocultar algunas carencias de la revolución,
que en el breve lapso de menos de tres meses habrían de causar un
fracaso: la falta de apoyo popular, de líderes adecuados y de apoyo de las
demás provincias de la Presidencia.
En efecto, si bien el pueblo de Quito no se opuso al golpe del 10 de Agosto
e incluso participó con alegría en los primeros actos públicos del nuevo
gobierno, no sentía como propia la causa de los insurgentes, ni estaba
dispuesto a arriesgarse demasiado para ella.
De la misma manera, los dirigentes del movimiento de agosto, lejos de ser
revolucionarios convencidos, eran conservadores por nacimiento, vocación
y convicción. Con algunas excepciones, eran sinceramente realistas y
ambiguas. Se atrevieron a dar el golpe ante el peligro de que la prisión de
los reyes legítimos culminara en una independencia de facto, por la
disolución del imperio. En esa posibilidad, consideraban necesario que
Quito se adelantara a organizar su propio espacio, de acuerdo a sus
propios intereses. Pero eso no significaba que estuvieran dispuestos a
tomar decisiones radicales, como el triunfo de la revolución hubiera
exigido.
Por último, la revolución no contó con el apoyo de las demás provincias.
Hubo algunos intentos de respaldarla en Cuenca y Guayaquil, que no
tuvieron ningún resultado concreto y que no fueron más que excepciones
dentro del rechazo generalizado al movimiento quiteño por parte de las
otras regiones de la Audiencia. Guayaquil, Cuenca y Popayán no podían
sentir que la Revolución Quiteña las representaba porque ni había sido
consultadas por ella ni sus intereses habían sido tomados en cuenta por los
patriotas de Quito. Por el contrario, era revolución promovía los intereses
de las clases dominantes de la Sierra central, que no siempre coincidían
con los de las otras provincias.
No les fue muy difícil, pues, a las autoridades provinciales organizar
cuerpos de tropas para someter a los insurrectos quiteños, que se sumaron
a los que enviaron los virreinatos. Las fuerzas de Quito fueron derrotadas
tanto en el norte como en el sur, en pequeños combates que fueron
suficientes para que los soldados desertaron o se pasaron al bando realista
y el ejército patriota se deshiciera.
Los líderes revolucionarios, dándose cuenta de la realidad, capitularon sin
siquiera intentar en serio la defensa armada del movimiento. Juan Pío
Montúfar, marqués de Selva Alegre, renunció a la Presidencia de la Junta el
12 de octubre en favor de Juan José Guerrero y Mateu, conde de Selva
Florida, criollo realista que sirvió de intermediario con Ruiz de Castilla. Las
negociaciones con éste no fueron muy largas y el 24 del mismo mes se
acordó mantener la Junta, pero subordinada a la de Castilla, quien no
tomará represalias. El anciano funcionario asumió de nuevo el mando el 29
de octubre y al principio cumplió lo pactado. Pero cuando llegaron a Quito
las tropas enviadas por el virrey de Lima y comandas por el teniente
coronel Manuel Arredondo, disolvió la Junta y restableció el gobierno
anterior. El primer acto del drama había concluido.
El dos de agosto de 1810
La represión comenzó pronto. El 4 de diciembre fueron apresados muchos
de los que habían participado en la insurrección. El fiscal pidió la pena de
muerte contra 46 personas y las de presidio o destierro contra muchas
más. No se trataba de imponer una justicia abstracta, sino de escarmentar
a los criollos de todo el continente.
Con el paso de los días, la situación se fue volviendo más tensa. Las tropas
de Arredondo se comportaban más como ejército de ocupación que como
custodios del orden. Robos, groserías, atropellos de todo tipo, contra todos
los sectores sociales, en la ciudad y en los lugares circunvecinos, eran
asunto diario. Así, la represión realista logró lo que no había conseguido la
propia revolución: unificar a la población contra el gobierno que tales
abusos cometía. Los presos se convirtieron en símbolo de la ciudad
oprimida y la gente se angustiaba con los rumores de que serían
ejecutados o se consolaba cuando se urdían planes para liberarlos.
Así llegó el 2 de Agosto de 1810. En la tarde de aquel día un grupo de
quiteños atacó los cuarteles para liberar a los presos. Algunos, en efecto,
lograron escapar, pero muchas más fueron asesinados por los soldados en
sus propias celdas. La tropa salió a la calle y la violencia se propagó por
toda la ciudad. Las gentes se armaron de lo que pudieron y resistieron a
sus enemigos. Algunas casa fueron saqueadas por la soldadesca
descontrolada y muchos cadáveres de ambos bandos quedaron tirados en
calles, plazas y quebradas. No se sabe a ciencia cierta el número de los
muertos, pero se calcula que quizá fallecieron entre 100 y 300 personas,
número enorme si se toma en cuenta el tamaño de la ciudad. Quito perdió
de un golpe gran parte de sus líderes y toda Hispanoamérica se conmovió
ante la magnitud de la tragedia.
La violencia de aquel aciago día sobrepasó las intenciones de los
participantes e impresionó vivamente a todos. Ruiz de Castilla se allanó a
la petición del obispo y otros criollos de convocar una reunión ampliada del
Real Acuerdo (la Audiencia en pleno) con delegados de la Iglesia, el
Cabildo civil y demás instituciones representativas. Tal asamblea se
efectuó el 4 de agosto y resolvió: (1) que se corte la causa sobre la
revolución del 10 de Agosto de 1809 y se restituya a todos los implicados
sobrevivientes al goce de su libertad, bienes, cargos, honores, etc.; (2) que
igual actitud se observe con cuantos participaron en los acontecimientos
de las antevíspera; (3) que salgan de Quito las tropas limeñas y de las
otras provincias y que se las reemplace con un batallón reclutado
localmente y, por último (4) que se reciba al "Comisionado Regio", don
Carlos Montúfar y Larrea, hijos del Marqués de Selva Alegre, coronel del
ejército español que peleaba contra los franceses en la Península, quien
había sido enviado por el Consejo de Regencia para pacificar la provincia
quiteña, y cuya autoridad no quería reconocer el gobierno local.
CAMPAÑA
Libertaria de Quito
Foto tomada de Salvat Editores
Ecuatoriana, Historia de Salvat
El comisionado logró la creación de una Junta Superior de Gobierno que,
aunque teóricamente subordinada al Consejo de Regencia y presidida por
Ruiz de Castilla, era en realidad una reencarnación de la Junta anterior,
sólo que ya sin la ingenuidad política que había caracterizado a los
revolucionarios de 1809.
La Junta formó un ejército que salió a combatir a los realistas. Carlos
Montúfar se dirigió al sur, derrotó a Arredondo en Alausí y estuvo a punto
de tomarse Cuenca. Su tío, Pedro Montúfar, avanzó hacia el norte y llegó
en triunfo hasta Popayán. Otro pequeño contingente, al mando del inglés
William B. Stevenson, logró controlar Esmeraldas.
Mientras tanto, el movimiento se fue radicalizando hacia dos ideas que hoy
nos parecen obvias, pero que en aquellos días despertaban desconfianza y
temor: la independencia de España y la adopción de un sistema
republicano de gobierno. Como signos de esa radicalización podemos citar
la adopción de una bandera roja con aspa (cruz en forma de "X") blanca, la
creciente participación popular, la renuncia de Ruiz de Castilla a la
presidencia de la Junta (octubre 11, 1811), cargo que asumió el obispo
Cuero y Caicedo y, sobre todo, la convocatoria de un congreso
constituyente que declaró la independencia de España (diciembre 11,
1811) y promulgó la primer constitución "ecuatoriana" los "Artículos del
Pacto Solemne de Sociedad y Unión entre Provincias que forman el Estado
de Quito" (febrero 15, 1812).
La radicalización de los patriotas significó también su división en dos
grupos antagónicos: los montufaristas o moderados, que aceptaban la
independencia de España pero seguían siendo monárquicos y fieles a
Fernando VII, y los sanchistas (pues su líder era Jacinto Sánchez de
Orellana, marqués de Villa Orellana) o radicales, que exigían la total
independencia de España y de sus reyes y propugnaban un sistema
republicano de gobierno.
La oposición entre sanchistas y montufaristas impidió la continuación de
los éxitos militares de los patriotas y señaló el comienzo del fin de su
causa. Además, el avance de las fuerzas realistas desde el sur, bajo el
comando del mariscal del campo Toribio Montes, resultó incontenible, pese
a los esfuerzos de los insurgentes. Hubo numerosos combates que
favorecieron a uno u otro bando, pero finalmente Montes entró a Quito
(noviembre 8, 1812),
La ciudad estaba desierta. El obispo presidente, los nobles, el pueblo, lo
que quedaba del ejército, habían huido hacia Imbabura. Allá los alcanzó el
coronel Juan Sámano, subordinado de Montes, quien finalmente deshizo lo
que quedaba de las fuerzas patriotas, incluyendo su ejército del norte, que
también había ido retrocediendo desde el sur de la actual Colombia hasta
Ibarra. Unos pocos de los líderes patriotas lograron escapar, pero la
mayoría fueron apresados y varios de ellos murieron fusilados. Era el fin de
la Revolución Quiteña.
El triunfo de la independencia, 1820-1822
El nueve de octubre de 1820
La etapa final de la independencia ecuatoriana se inició en Guayaquil el 9
de Octubre de 1820, cuando los patriotas del puerto destituyeron a las
autoridades realistas y se pronunciaron por la libertad.
Las circunstancias eran de las que enfrentó la Revolución Quiteña en 1809.
Ahora la independencia tenía un carácter continental y parecía que todos
los pueblos debían tomar partido frente a ella. Por el norte, la Nueva
Granada había sellado su libertad en la batalla de Boyacá (7 de agosto de
1819), mientras que por el sur Argentina y Chile eran libres, San Martín
había desembarcado en Paracas (8 de septiembre de 1820) y preparaba
sus operaciones sobre Lima. La marina chilena había roto la supremacía
naval española en el Pacífico. Además, las contribuciones que Guayaquil
venía haciendo para el sostenimiento de la causa realista se hacía cada vez
más pesadas. Por último, un buen número de los puertos con los que
Guayaquil podía comerciar eran ahora patriotas, al revés de 1809.
El golpe, en sí mismo, fue tan exitoso como el de Quito de hacía once años.
Las tropas y el pueblo respaldaron el movimiento y una vez asegurado el
control del poder, se nombró una Junta de Gobierno presidida por José
Joaquín Olmedo. Guayaquil se declaró en libertad para reunirse a
cualquiera de los futuros estados sudamericanos y de hecho se formaron
tres partidos: los que propugnaban la unión con el Perú, los que querían
pertenecer a la Gran Colombia y los que aspiraban a la independencia total,
sea de la antigua Audiencia de Quito o de la antigua Provincia de
Guayaquil.
Como se ve, ya no había ninguna duda respecto a la independencia de
España, pero, en cambio, no existía todavía un proyecto consensual sobre
la organización del nuevo estado.
En todo caso, los patriotas guayaquileños estaban convencidos de su
primer objetivo debía ser la liberación de la Sierra, sin la cual su propia
revolución no podía estar segura. Se enviaron mensajeros tanto a San
Martín como a Bolívar para solicitar ayuda, se reorganizó el ejército y se
creó la División Protectora de Quito, que de inmenso se puso en camino
hacia el interior.
La campaña libertadora de 1820-1822
Al principio pareció que la campaña libertadora iba a ser fácil y rápida. Los
pueblos de la Costa se sumaron con entusiasmo a la revolución; Cuenca
proclamó su independencia el 3 de Noviembre de 1820; el 11 del mismo
mes se dieron parecidos movimientos en Machachi, Latacunga y Riobamba,
el 12 en Ambato y el 13 en Alausí. Más todavía, la División Protectora
venció a los realistas en Camino Real el 9 de noviembre y ocupó Guaranda.
Luego, ya en plena Sierra, llegó hasta Ambato.
Pero allí se detuvo el avance patriota. Los realistas acantonados en Quito
enviaron para contenerlo una división de unos mil veteranos al mando del
coronel Francisco González. Los republicanos quizá llegaban unos 1.800
hombres, pero bisoños. El encuentro se produjo en los campos de Huachi,
al sur de Ambato, y la victoria correspondió a las realistas. La División
Protectora debió retirarse hacia Babahoyo. González no la persiguió, sino
que prefirió continuar por la Sierra hacia el sur, sometiendo a los
insurrectos. El 20 de diciembre derrotó a las fuerzas de Cuenca y ocupó la
ciudad. Toda la Sierra volvió a estar controlada por los realistas, si bien la
Costa se mantuvo independiente.
Mientras tanto habían llegado a Guayaquil los emisarios de San Martín y el
general Antonio José de Sucre, del ejército colombiano. Entonces
revivieron las viejas tensiones entre Perú y Colombia por la posesión de
esa rica provincia. A la larga fue prevalecido Sucre, no sólo por su
habilidad diplomática, sino porque Bolívar les envió armas, municiones y
unos 700 soldados. Así, Guayaquil quedó bajo la protección de Colombia y
Sucre asumió el comando unificado de todas las tropas.
Para entonces los realistas intentaron conquistar la Costa, pero fueron
derrotados en Cone, cerca de Yuguachi, el 19 de agosto de 1821. A su vez,
cuando las fuerzas patriotas intentaron ganar la Sierra fueron también
derrotadas a la segunda batalla de Huachi, el 12 de septiembre del mismo
año. Evidentemente, se había llegado a un punto muerto.
Para romperlo, Sucre tomó dos decisiones difíciles. En primer lugar,
renunció a una marcha directa sobre Quito y subió a la Sierra por el sur,
para irla liberando poco a poco. En segundo lugar, solicitó el auxilio del
general José de San Marín, ya declarado Protector del Perú, auxilio
peligroso dada la antigua rivalidad de los dos países sobre los territorios
quiteños. San Martín envió una división al mando del coronel boliviano
Andrés de Santa Cruz.
Las fuerzas de Sucre y Santa Cruz se reunieron al sur de Cuenca a
mediados de febrero de 1822. Los realistas no tenían posibilidad de resistir
con éxito al ejército unido y abandonaron Cuenca, retirándose hacia el
norte. Sucre, quien había asumido al comando general del ejército
libertador, logró también, tras largas negociaciones, que Cuenca y su
provincia se declarasen parte de la Gran Colombia.
De allí hasta Quito el avance patriota fue relativamente fácil, pues los
realistas se retiraban constantemente, sin presentar batalla. Sólo de
cuando en cuando se daban algunos combates, entre los que sobresale la
batalla de Tapi (21 de abril), que dio libertad a Riobamba.
En Quito, en cambio, se había fortificado todo el período realista, que no
estaba dispuesto a rendirse, pero tampoco a salir a combatir al enemigo,
que se localizó al sur de la capital. Por eso Sucre decidió pasar con su
ejército al norte de la ciudad, para atacarla por su flaco menos defendido y
para interrumpir las comunicaciones con la realista Pasto, que todavía no
había podido ser conquistada por el ejército de Bolívar. Con eses objeto, la
noche del 23 de mayor, el ejército patriota inició el ascenso del Pichincha,
volcán que domina a la ciudad por el occidente. Pero las faldas del monte
son enormes y el amanecer el día 24 las tropas de Sucre se hallaban recién
sobre la parte sur occidental de Quito, donde fueron atacadas por los
realistas, trabándose el combate en condiciones no previstas por ninguno
de los comandantes. La victoria correspondió a los patriotas y Quito fue
liberada. Pasto, en completo aislamiento, no podía resistir y se rindió en
breve. Sólo el Alto y Bajo Perú quedaban bajo el poder español, cada vez
más débil. Parecía que la causa americana había triunfado para siempre.
Abdón Calderón
Entre el mito y la realidad
Carlos Landázuri
Entre los personajes que obtuvieron renombre en las gesta de la
independencia, quizá ninguno ha cautivado tanto la imaginación popular
de los ecuatorianos como Abdón Calderón. Ello se debe a que fue un héroe
nacional, a quien las tres ciudades más importantes pueden considerar
suyo, pues nació en Cuenca, perteneció a una destacada familia
guayaquileña y murió en Quito. Además, su figura tiene el encanto de la
juventud, ya que murió antes de cumplir los 18 años, aureolado por el
inimitable desprendimiento y arrojo de los jóvenes y sin haber participado
en actos de gobierno, en los que es tan difícil obtener la aprobación
general. Se destacó en numerosos combates, pero especialmente en la
Batalla de Pichincha, que selló la Independencia del Ecuador. Por último, la
importancia de su familia y el reconocimiento de Sucre y de Bolívar
impidieron que su heroísmo pasase desapercibido y que él se convirtiera
en un héroe anónimo.
Varios detalles de la vida de Abdón Calderón permanecieron por muchos
años en la penumbra, por falta de una investigación histórica meticulosa.
Ello posibilitó que su figura se fuera embellecimiento y adornando de
muchos detalles románticos no necesariamente verídicos. Tal tendencia
halló más influyente expresión el las Leyendas del Tiempo Heroico (1905)
del afamado periodista Manuel J. Calle, que por muchos años se convirtió
en libro la lectura escolar. Cuando tal versión y sus variantes a veces
deformadas pasaron a los manuales de historia patria sin beneficio de
inventario, se había creado un "héroe niño" con perfiles que rayan en el
ridículo.
Abdón Calderón Garaycoa nació en Cuenca en julio de 1804, seguramente
el día 30, en que se celebraba la fiesta de San Abdón, y fue bautizado el 31
del mismo mes. Fue hijo del matrimonio de Francisco García Calderón,
nacido en Cuba, quien era Contador de las Cajas Reales, es decir,
funcionario del gobierno colonial en Cuenca, y de Manuela de Jesús de
Garaycoa y Llaguno, guayaquileña, quien pertenecía a una de las más
destacadas familias del puerto.
Don Francisco Calderón apoyó el golpe patriota del 10 de Agosto de 1809,
por lo que fue apresado y enviado a Guayaquil y luego a Quito. Libertado al
establecerse la Junta Superior de Gobierno de 1810, se incorporó al
ejército patriota con el grado de coronel. Como tal participó en oda la
campaña de 1810 1812, militando en el bando de las sanchistas o
radicales. Tras la derrota final del ejército patriota, fue fusilado en Ibarra
el primero de diciembre de 1812.
Como los bienes de coronel Calderón fueron confiscados por el gobierno
realista, su viuda y sus hijos fueron a vivir en Guayaquil en 1813. Allí
continuó Abdón sus estudios, contando entre sus maestros a Vicente
Rocafuerte, su pariente lejano, futuro presidente del Ecuador, quien en
1842 habría de contraer matrimonio con Baltasara Calderón, hermana
menor de Abdón, nacida en Cuenca en 1806.
Abdón tenía apenas 16 años cuando estalló en Guayaquil la revolución del
9 de Octubre de 1820 y él se incorporó al ejército patriota con el grado de
subteniente. Se destacó de inmediato por su "valor heroico", según
palabras del coronel patriota Luis Urdaneta, quien pidió para Abdón el
grado de teniente después del triunfo de Camino Real (9 de noviembre de
1820). Con ese grado militar tomó parte en los diversas acciones de la
campaña libertadora de 1820-1822: la primera derrota de Huachi, la de
Tanizagua, la victoria de Cone, la segunda derrota de Huachi, el avance de
Guayaquil a Cuenca y de Cuenca a Quito. Para cuando peleó en Pichincha,
Abdón Calderón, pese a su juventud, era todo un veterano.
Pichincha fue el escenario del máximo sacrificio de Abdón Calderón, el
lugar de su gloria. Sus hechos en aquel memorable 24 de mayo de 1822
han sido narrados innumerables veces con toda suerte de adjetivos
grandilocuentes, que sin embargo no logran superar la fuerza del propio
general Antonio José de Sucre en su escueto parte de la Batalla de
Pichincha, fechado el 28 de mayo del aquel año: " hago una particular
memoria de la conducta del teniente Calderón, que habiendo recibido
sucesivamente cuatro heridas, no quiso retirarse del combate.
Probablemente morirá, pero el Gobierno de la República sabrá compensar
a la familia los servicios de este oficial heroico".
En eso consistió el heroísmo de Abdón Calderón: en que se consagró a
luchar por la libertad de su patria sin escatimar sacrificios. Y en su hora
suprema, en Pichincha, a pesar de haber recibido cuatro heridas que al
final le ocasionarían la muerte, prefirió permanecer en la línea de fuego,
alentando a los suyos para que dieran también su máximo esfuerzo y
consiguieran la victoria. Al terminar el combate fue trasladado a la ciudad,
donde murió al cabo de cinco días, el 29 de mayo de 1822.
Cuando Bolívar llegó a Quito y se enteró de estos hechos, ascendió
póstumamente a Calderón al grado de capitán y decretó que su sueldo
fuera entregado a su madre. La compañía del batallón Yaguachi a la que
perteneció Calderón no tendría capitán y en las revistas, al mencionarse su
nombre, la tropa habría de contestar: "Murió gloriosamente en Pichincha,
pero vive en nuestros corazones".
OLEO DE JUAN
MANOSALVAS
El Libertador
Simón Bolívar
Museo Nacional, Quito.
Fotografía tomada de
Correspondencia del
Libertador con el
General Juan José
Flores 1825 - 1830,
Archivo Juan José
Flores, Banco Central
del Ecuador, Quito,
1977.
La Gran Colombia
La formación de la Gran Colombia
Después del triunfo de Boyacá que selló la Independencia de Nueva
Granada (1819), Bolívar pidió al Congreso reunido en Angostura que
decretara la unión de aquella provincia con la de Venezuela. El Congreso
acogió la idea y el 17 de diciembre de 1819 dictó la Ley Fundamental de la
República de Colombia, por la cual la antigua Capitanía General de
Venezuela y el Virreinato del Nuevo Reino de Granada formaban el nuevo
estado, dividido en tres grandes departamentos: Venezuela, con su capital
Caracas; Quito, capital Quito, y Cundinamarca (la ex Nueva Granada), con
capital en la ciudad de Santa Fe de Bogotá, que lo habría de ser también de
Colombia.
Para entonces tan sólo la Nueva Granada y una parte de Venezuela habían
logrado liderarse del poder español. El resto del flamante estado, y
particularmente Panamá y Quito, ni eran independientes ni tenían
conocimiento de las resoluciones del Congreso. Este, sin embargo, se
sentía con derecho a decidir la suerte de aquellos países basándose en el
principio del Uti possidetis, de acuerdo con el cual los nuevos estados
americanos se habían de formar con los límites de las antiguas
circunscripciones coloniales. Si el antiguo Virreinato del Nuevo Reino de
Granada, del cual formaban con Venezuela la República de Colombia,
parecía obvio que tal determinación incluía a esas dos provincias.
Pero también resultaba natural que en los territorios quiteños las cosas se
vieran desde una perspectiva diferente. Los patriotas quiteños aceptaban
el Uti possidetis, pero como unidad para aplicarlo pensaban en las
audiencias, y particularmente en la Audiencia de Quito, no en los
virreinatos. Por lo mismo, no sentían que el Congreso de Angostura los
representaba ni que sus decisiones fueran obligatorias para ellos. Más
todavía, como hemos visto, el movimiento que comenzaron en 1809 tenía
como propósito, precisamente, librarse de la paralizarte tutela virreinal,
que parecía continuarse en la Gran Colombia.
En las otras regiones de la Audiencia la situación era todavía más
complicada. En Guayaquil, por ejemplo, cuya vida económica, política y
social se había independizado tanto en Quito, y en donde el centralismo
quiteño haría tantas susceptibilidades, parecía perfectamente lógico
analizar si era más convenientes unirse a uno de los grandes estados que
se estaban formando al norte y al sur o mantenerse independiente de ellos.
Por eso le resultó tan difícil a Sucre cumplir su objetivo de incorporar los
territorios quiteños a la Gran Colombia. En Guayaquil debió conformarse
con que esa provincia se declarase bajo la protección de Colombia y dejase
para después la decisión definitiva. En Cuenca, donde también existían
importantes conexiones con el Perú y parecidos temores frente a la
autoridad quiteña, pudo, sin embargo, aprovecharse de su prestigio de
libertador de la provincia y lograr que se declarase parte de Colombia.
Quito, por su parte, en la embriaguez del triunfo después de la batalla de
Pichincha, declaró que el antiguo Reino de Quito formaba parte integrante
de la República de Colombia. En cambio la Sierra Norte, con Popayán a la
cabeza, ni siquiera pudo discutir el tema: liberada por los ejércitos
grancolombianos comandados personalmente por Bolívar, fue
automáticamente incorporada a Colombia.
El triunfo de Pichincha y la capitulación de las fuerzas realistas causaron el
aislamiento de la realista Pasto, que ya no pudo resistir el empuje de las
fuerzas de Bolívar. El libertador entró en esa ciudad el 8 de junio de 1822 y
de allí salió para Quito, donde ingresó el 16 del mismo mes, en medio de
grandes muestras de popularidad en la capital, pues le urgía ir a Guayaquil
y definir de una vez por todas su incorporación a Colombia. Llegó al puerto
12 de julio y en pocos días logró su cometido: externamente consiguió
mantener las apariencias de una decisión democrática, aunque en realidad
el peso de su prestigio y la presión de su ejército fueron los que decidieron
la suerte de Guayaquil en favor de Colombia.
Cuando pocos días después, el 26 de julio, llegó a Guayaquil el general
José de San Martín, Protector del Perú, Bolívar ya había logrado la
incorporación de Guayaquil al Perú, pero en ese y otros temas tuvo que
aceptar las decisiones del Bolívar. Guayaquil era parte de Colombia y el
Perú lo reconoció así. La Gran Colombia, el sueño del Libertador, había
nacido no sólo en la teoría, sino también en la práctica.
Las campañas finales por la independencia
El triunfo de Pichincha no significó el fin de las guerras por la
independencia. Fue necesario organizar nuevas campañas militares, para
vencer definitivamente al realismo de Pasto y para derrotar al poder
español en el Perú.
La provincia de Pasto era realista y había representado un serio obstáculo
para el avance de Bolívar hacia el sur. Después de Pichincha, en octubre de
1822, el realismo pastuso volvió a organizarse, esta vez bajo el mando de
Benito Boves. El propio Libertad dispuso el ataque inmediato a los
insubordinados, que fueron finalmente sometidos por el general Sucre, y
después impuso castigos terribles contra toda la provincia.
Pero la dureza con que lo trataba la República sólo servía para alinear al
pueblo pastuso y para volverlo más apasionadamente realista. En junio de
1823 se produjo una nueva insurrección realista, acaudillada por el
teniente coronel Augusto Agualongo, de origen indígena. Las mal armadas
huestes de Agualongo derrotaron la guarnición colombiana al mando del
general Juan José Flores y avanzaron rápidamente hasta Ibarra. Bolívar
salió de Quito al frente del ejército y dirigió personalmente la batalla de
Ibarra (17 de junio), en la que logró derrotar a los pastusos.
Al día siguiente, las fuerzas colombianas marcharon hacia Pasto bajo el
mando del general Bartolomé Salom, con el propósito de destruir
completamente a los facciosos. Un año duró la ingrata tarea y sólo en junio
de 1824 se logró capturar y fusilar a Agualongo y sus últimos seguidores.
Pasto había sido pacificado, pero también se habían destruido buena parte
de su estructura social y de su economía.
Mientras esto sucedía en el norte, fue también preciso emprender la
liberación del Perú. San Martín había abandonado el país (septiembre de
1822) sin haber logrado independizarlo y el antiguo virreinato se había
sumido en el caos. Por eso Bolívar debió ir a Lima (septiembre de 1823) y
crear un nuevo ejército, exprimiendo los recursos del norte del Perú (la
única parte del país que controlaba) y del actual Ecuador. Sólo después de
lograrlo pudo atacar a los realistas y derrotarlos en Junín (6 de agosto de
1824) y Ayacucho (8 de diciembre).
En costo de todas esas campañas militares para el Ecuador fue enorme.
Hombres, armas, municiones, víveres, vestuario, transporte todo hubo que
destinarlo a las necesidades de la guerra. A veces las contribuciones eran
voluntarias, pero otras se las extraía por la fuerza. El reclutamiento
forzoso de más y más hombres para el ejército, realizando en todas las
regiones del Sur, por ejemplo, llegó a ser percibido como un acto de
violencia del gobierno colombiano. Las campañas de Pasto y del Perú
dejaron hondas heridas en la economía y aun en la demografía del actual
Ecuador.
RETRATO
Manuela Sáenz
según
Oswaldo Viteri
Los años colombianos, 1822 1830
El gobierno de Bogotá
Colombia resultó en la práctica un país difícil de integrar. Las
comunicaciones eran riesgosas y lentas. Los Departamento periféricos, y
muy particularmente el del Sur, estaban subrepresentados en el gobierno
central, porque algunos diputados y otros funcionarios ni siquiera llegaban
a tiempo a la capital para ejercer sus funciones. Así, el Sur percibía el
gobierno bogotano como ajeno a sus intereses, desconocedor de sus
problemas y heredero el centralismo virreinal que tantos resentimientos
había provocado. Muchas veces las decisiones gubernamentales alineaban
profundamente a los habitantes del Sur.
Eso pasó con la orientación de Colombia, liberal en lo político y
librecambista en lo económico, que llevó a tomar una serie de medidas
muy a tono con el liberalismo europeo, pero opuesta a las tradiciones y a
los intereses del Sur. Por ejemplo, la supresión de los vínculos y
mayorazgos, la extinción o disminución de los censos, la supresión del
tributo indígena, la imposición de contribuciones directas, etc., chocaron
con los intereses de la aristocracia local, del clero, de los nuevos
contribuyentes y hasta de las propias rentas fiscales.
Pero todavía fue el efecto de las medidas que pretendían liberalizar el
comercio y abrir los mercados a los productos extranjeros. Algunas
regiones costaneras se beneficiaron a esa política, pero muchas zonas
interandinas, que en el Sur era las más pobladas, poseedoras de una
apreciable producción artesanal y manufacturera, vieron arruinarse sus
industrias de textiles y harinas, por ejemplo, que fueron perdiendo terreno
frente a las mercaderías extranjeras.
Pero donde el gobierno de Bogotá tomó medidas más opuestas a los
intereses del Sur fue en lo relacionado a sus límites. A mediados de 1824
expidió una nueva Ley de División Territorial, que establecía como frontera
entre los Departamento del Cauca y del Ecuador la boca del Ancón en el
Pacífico y el río Carchi en la Sierra. Como es sabido, la antigua Gobernación
de Popayán había pertenecido a la Audiencia de Quito desde 1563.
Posteriormente, el control de esa zona había estado dividido, en la
práctica, entre Santa Fe de Bogotá y Quito, aunque en lo jurídico no se
habían modificado los antiguos límites. Ahora, debido a la nueva ley, no
solo Cali, Popayán y Buenaventura pertenecían a Cundinamarca, sino
también Pasto, la parte meridional de la antigua Gobernación, que nunca
estuvo en disputa. Las protestas del Sur no tuvieron eco y los nuevos
límites quedaron consagrados en la legislación, dando origen a un
problema que sólo lo habían de terminar en el presente siglo, si bien con
tal menoscabo de los intereses ecuatorianos.
La guerra con el Perú
A estas tensiones internas se sumó el peligro externo, representado por la
invasión peruana de 1828, bajo el mando del general José de La Mar y
Cortázar, nacido en Cuenca, pero desde 1827 presidente del Perú.
La invasión de La Mar se inscribe, por una parte, dentro del desarrollo del
nacimiento peruano, tan débil respecto a España y tan fuerte contra sus
vecinos. Por otra parte, también se relaciona con el sentimiento
nacionalista de Cuenca y Guayaquil frente a la idea grancolombina. En todo
caso, el motivo final para la guerra fue la retención por parte del Perú de
las provincias de Jaén y Maynas, que Colombia consideraba suyas. El
conflicto estalló en agosto de 1828, cuando el gobierno peruano decretó el
bloqueo de los puertos colombianos. Unos meses después, en diciembre, el
ejército peruano de unos 8.400 solados invadió la provincia de Loja y
avanzó hasta cerca de Cuenca, contando con la neutralidad y a veces con el
respaldo de muchos terratenientes de esa región, en la cual La Mar tenía
relaciones familiares y era visto como un libertador frente a la dominación
colombiana y posiblemente como el fundador de un nuevo estado
independiente en el territorio de las provincias colombianas Sur.
Contra La Mar se hallaba Flores, quien se había preparado para la guerra,
tanto porque la juzgaba inevitable como porque la veía la oportunidad de
consolidar su propio poder en el Sur. Su ejército, el del Sur de Colombia,
era apenas la mitad del peruano, pero lo superaba ampliamente en
disciplina y experiencia, pues estaba formado por los veteranos de la
independencia. Poco antes del encuentro llegó a la ciudad de Cuenca el
mariscal Antonio José de Sucre, quien había dejado la presidencia de
Bolivia y había sido nombrado nuevo Jefe Superior del Sur: a él
correspondió dirigir las acciones militares.
El encuentro se dio en el Portete de Tarqui, al sur de Cuenca, el 27 de
febrero de 1829. La superior estrategia se Sucre y Flores y la calidad de las
tropas colombianas se impusieron y derrotaron al ejército peruano. Al día
siguiente se firmó el Convenio de Girón, en el que Sucre no quiso
aprovecharse de la victoria y concedió al Perú generosas condiciones.
Por desgracia, eso no puso fin a las hostilidades. En los meses siguiente el
Perú se negó a cumplir las estipulaciones de Girón y a entregar al puerto
de Guayaquil, que había ocupado. Por el contrario, redobló el esfuerzo
militar con miras a continuar la campaña. Pero un golpe de estado en Lima
depuso el gobierno de La Mar y el nuevo gobierno reinició las
negociaciones de paz con Colombia, cuyo fruto fue el Tratado de Guayaquil,
celebrado entre los dos países el 22 de septiembre de 1829.
Los límites entre Perú y Colombia, según el Tratado de Guayaquil, habrían
de ser los mismos de los antiguos virreinatos del Perú y de la Nueva
Granada, con aquellas variaciones que por mutua conveniencia acordaran
las partes. El Tratado fue debidamente ratificado, pero los límites precisos
no llegaron a fijarse: la inestabilidad política de ambos países y la
disolución de la Gran Colombia impidieron el logro de tal objetivo.
El nacimiento de la República del Ecuador
Los años colombianos no fueron particularmente felices para el Sur.
Guerras constantes, continua sangría de hombres y recursos, agudización
de la crisis económica, despojo de los territorios que habían sido quiteños,
desconocimiento de la personalidad histórica del antiguo Reino de Quito,
postergación de sus intereses por parte del gobierno bogotano No hacía
falta tanto para que despertara el viejo nacionalismo quiteño, aquel que
había motivado a los hombres de agosto de 1809, igual que a los de
octubre y noviembre de 1820, a luchar por la independencia, tanto de
Madrid como de Lima y Bogotá.
Así, pues, la separación del Ecuador del a Gran Colombia no se debió
principalmente a la ambición del general Flores, como ingenuamente se ha
repetido tantas veces, sino a causas más profundas, que tomaron fuerza
gracias a las dificultades de los años colombianos. Desde esta perspectiva
es fácil comprender que la separación del Ecuador era inevitable, con o sin
Flores. Es muy posible, incluso, que la sucesión se hubiera dado antes, de
no ser por una serie de asuntos sobre los que era difícil ponerse de
acuerdo y que conviene mencionar, ya que aclaran las condiciones en las
que nacía el nuevo estado.
El primer problema consistía en definir el territorio que lo integraría.
La solución más obvia y más justa hubiera sido la de respetar los límites
históricos de la Audiencia de Quito, que incluían la Gobernación de
Popayán al norte y la de Maynas al sur. Pero, en la práctica, el control de
Quito sobre aquellas provincias casi había desaparecido, mientras que las
pretensiones del Perú y de la Nueva Granada se habían fortalecido. A la
larga el tema desató un conflicto secular en que la República del Ecuador
llevó la peor parte.
POR HONORATO
VASQUEZ
La Ciudad de Cuenca
Museo Camilo Egas
Fotografía tomada de
Mario Monteforte, Los
Signos del Hombre,
Plástica y Sociedad en el
Ecuador.
El segundo tema era el de la integración del territorio. ¿Qué fuerza debía
tener la autoridad quiteña en las demás provincias? Quito pretendía un
estado centralista y unitario, fuertemente cohesionado.
Guayaquil y Cuenca deseaban una unión casi federal entre provincias
iguales y casi soberanas. Los compromisos a que dio lugar este asunto
explican, al menos en parte, por qué el primer congreso constituyente se
reunió en Riobamba, no en Quito; por qué el nuevo estado debió
abandonar su histórico nombre de "Quito", para adoptar una "neutral",
que nada decía, pero que nadie ofendía, "Ecuador", y por qué las primeras
constituciones ecuatorianas concedían igual número de diputados a cada
una de las tres regiones que finalmente integraron el país, sin tener en
cuenta ni el tamaño de su territorio ni el número de sus habitantes.
Por último, quedaba el problema del jefe del estado. Las guerras de la
independencia habían quebrantado seriamente la legitimidad del anterior
sistema de autoridades política y, a la vez, habían creado la figura del
caudillo militar, que se había convertido en el árbitro del poder. Así, pues,
parecía lógico escoger a militar, sin importar que no hubiera nacido en
territorio ecuatoriano: por el contrario, eso podía ser incluso una ventaja,
dada la subyacente rivalidad regional. Los principales candidatos eran tres.
El primero en ser eliminado fue José de La Mar, cuya invasión quedó para
siempre estigmatizada como la de un país enemigo y, lo que es más grave,
fue derrotada. El segundo candidato era posiblemente el más fuerte de
todos: Antonio José de Sucre, uno de los más notables generales de la
independencia, vinculado a los más notables generales de la
independencia, vinculado a la más rancia aristocracia criolla por su
matrimonio con Mariana Carcelén y Larrea, marquesa de Solanda. Tenía
gran experiencia militar y política y aunque no deseaba el mando, le
hubiera sido difícil rehusarlo. Pero su asesinato en las selvas de
Berreuecos, cerca de Pasto (4 de junio de 1830) lo eliminó de la contienda.
La muerte de Sucre despejó el camino para el triunfo de Flores, quien
había ido acrecentando su poder en el Sur durante los daños colombianos.
Una vez de Colombia y que la viabilidad del gran país se había mostrado
prácticamente imposible, Flore movió los resortes que tenía en su manos y
una asamblea de notables reunida en Quito lo proclamó jefe supremo del
Estado del Ecuador el 13 de mayo de 1830. Tal decisión fue ratificada por
similares asambleas de las demás provincias. La Gran Colombia había
pasado a la historia y el Ecuador iniciaba su vida independiente.
Glosario
Alto Perú, nombre con que se designaba a la Audiencia de Charcas o
Chiquisaca, la actual Bolivia, en contraposición al "Bajo Perú", la Audiencia de
Lima.
Audiencia, institución de gobierno en el Imperio Español. En esencia, era una
corte de justicia compuesta de presidente, oidores (jueces) y fiscal. De
acuerdo a la teoría jurídica española, la más importante de las funciones del
estado era la de administrar justicia y las audiencias americanas fueron la
unidad básica del imperio, la inmensa mayoría de las cuales dieron origen a
países independientes. Habían audiencias "virreinales" (presididas por un
virrey), pretoriales o capitanías generales (dirigidas por un "capitán
general") y subordinadas (regidas por un presidente letrado).
Capitanía general, en el imperio español, audiencia regida por un militar con
el título de "capitán general" e independiente, en la práctica del virreinato al
que pertenecía.
Gran Colombia, país creador por el Congreso de Angostura en 1819, a petición
de Simón Bolívar, que incluía los actuales estados de Venezuela, Panamá,
Colombia y Ecuador. Su nombre era simplemente el de "Colombia", peor se la
conoce con tal apelativo para distinguirla del a actual república
sudamericana. La Gran Colombia se disolvió en 1830.
Presidencia, en el Imperio Español, una audiencia "subordinada", regida por
un "presidente", quien usualmente era un "letrado" o profesional
universitario. Ver Audiencia.
Real Audiencia, ver Audiencia.
Uti possidetis ("como poseéis"), locución latina empleada como fórmula
diplomática que basa el derecho territorial en las actuales posesiones de los
estados. En el caso americano, ese principio, aceptado generalmente por las
nuevas repúblicas, supone establecer los límites entre ellas de acuerdo a lo
que poseían las anteriores circunscripciones coloniales. Se opone a otras
formas de establecer fronteras, como, por ejemplo, la "libre determinación de
los pueblos".
Orientación bibliográfica
La bibliografía sobre la independencia, tanto en el Ecuador como en otros
países hispanoamericanos, en muy abundante, si bien algo repetitiva. Se han
publicado no sólo trabajos secundarios sobre el tema (estudios sobre algún
personaje, acontecimiento o proceso) sino también varias colecciones de
documentos primarios, entre las cuales se podría señalar al menos las
siguientes, a manera de ejemplos:
ARCHIVO Juan José Flores, Correspondencia de Libertador con el General
Juan José Flores, 1825-1830, Quito, Pontifica Universidad Católica del
Ecuador / Banco Central del Ecuador, 1997, pp. 579.
PONCE RIBADENEIRA, Alfredo, Quito: 1809-1812, según los documentos del
Archivo Nacional de Madrid, Madrid, 1960, pp. 299.
SALVADOR LARA, Jorge, Ed., La Revolución de Quito, 1809-1822, según los
primero relatos e historias por autores extranjeros, Quito, Corporación
Editora Nacional, pp. 486.
La mejor visión de conjunto del proceso emancipador en hispanoamérica
quizá sigue siendo el siguiente libro:
LYNCH, John, Las revoluciones hispanoamericanas, 1808-1826, Barcelona,
Editorial Ariel, 1976, pp. 430.
En cuanto al caso ecuatoriano, el siguiente trabajo ofrece una visión general
moderna:
--------- Nueva Historia del Ecuador, vol. 6, Quito, Corporación Editora
Nacional / Grijalbo, 1989, pp. 79-126.
El período Grancolombiano puede consultarse en:
NUÑEZ S., Jorge, "El Ecuador en Colombia", en Enrique Ayala Mora, Ed.,
Nueva Historia del Ecuador, vol. 6, Quito, Corporación Editora Nacional /
Grijalbo, 1989, pp. 211-261.
En general, el volumen 6 de la Nueva Historia, que se refiere a la
"Independencia y período Colombiano", en un buen punto de partida para
estudiantes y profesores del período.
Un tratamiento más completo y especializado sobre la independencia
ecuatoriana, dentro de la panorámica del imperio español, puede encontrarse
en:
RAMOS PEREZ, Demetrio, Entre El Plata y Bogotá: Cuatro claves de la
emancipación ecuatoriana, Madrid, Ediciones Cultura Hispánica del Centro
Iberoamericano de Cooperación, 1978, 415 pp.
Diversos otros aspectos de la independencia se enfocan en los siguientes
trabajos:
BORRERO, Alfonso María, Cuenca en Pichincha, 2a. ed., 2 vols., Cuenca, Casa
de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Azuay, 1972.
BORRERO, Manual María, La revolución quiteña, 1809-1912, Quito, Editorial
Espejo, 1962, 458 pp.
DESTRUGE, Camilo, Historia de la revolución de octubre y campaña
libertadora de 1820-22, 2a. ed., Guayaquil, Banco Central del Ecuador, 1982.
FAZIO FERNANDEZ, Mariano, El Guayaquil colombiano, 1822-1830, Guayaquil,
Banco Central del Ecuador, 1988, 453 pp.
HAMERLY, Michael T., Historia social y económica de la antigua Provincia de
Guayaquil, 1763-1842, Guayaquil, Publicaciones del Archivo Histórico del
Guayas, 1973, 212 pp.
NAVARRO, José Gabriel, La Revolución de Quito del 10 de Agosto de 1809,
Quito, Instituto Panamericano de Geografía e Historia, 1962, 532 pp.
NUÑEZ S., Jorge, El mito de la Independencia, Quito, Universidad Central del
Ecuador, 1976.
SALVADOR LARA, Lara, La Patria Heroica: Ensayos críticos sobre la
Independencia, Quito, Ediciones Quitumbe, 1961.
DE LA TORRE REYES, Carlos, La Revolución de Quito del 10 de Agosto de
1809, sus vicisitudes y su significación del proceso general de la
emancipación hispanoamericana, Quito, Talleres Gráficos de Educación, 1961,
721 pp.
PAISAJE
La ciudad de Quito
Sede del Gobierno Central
desde el establecimiento del
Estado Ecuatoriano.
Obra de Rafael Salas.
Introducción
No es fácil hacerse una idea de cómo era el Estado del Ecuador, cuando se
fundó en 1830. Su territorio estaba poco definido y la institucionalidad era
débil. Pero una cosa era clara, se había producido un aumento poblacional,
que continuó y aún se intensificó a o largo del siglo XIX. Habían entonces
alrededor de seiscientos mil habitantes. Su distribución regional estaba
cambiando. Desde fines del siglo XVIII se había producido una elevación
en la población costeña respecto del total del país.
La distribución étnica de la población variaba regionalmente En la sierra, la
gran mayoría de la población era indígena; con una minoría "blanca",
mestiza y mulata y una pequeña cantidad de negros, que vivían en los
valles Bajos interandinos. En la costa, en cambio, los mestizos y mulatos
era más o menos la mitad de la población, seguidos por los indígenas y los
"blancos". Los negros, en igual o parecido número que en la Sierra, eran
proporcionalmente más. En el Oriente, salvo una cantidad mínima de
colonos, la población era indígena, aunque reducida.
Las divisiones étnicas correspondían al complejo hecho social y cultural
que fue la colonización. La gran mayoría de la población era indígena. Los
"blancos" eran los criollos herederos del poder español que, aunque
racialmente descendían también en buena proporción de antecesores
indios, defendían celosamente sus privilegios asentados, entre otras cosas,
en la idea de la superioridad europea y la "limpieza de sangre. Los
«mestizos» y mulatos si bien se habían originado en una mezcla racial, se
consideraban tales más bien por su posición económica. Eran pequeños
productores y artesanos, fundamentalmente. Los negros, aunque no muy
numerosos en el país, representaban una parte importante de la población,
especialmente de la costa norte.
La Economía
Durante la Colonia se habían definido tres regiones o espacios económicos
diferenciados: la sierra centro norte con su eje Quito; la sierra sur con su
eje Cuenca, y la costa con su eje Guayaquil. Los territorios del litoral norte
(actuales provincias de Esmeraldas y Manabí) estaban poco poblados y
eran la periferia de Guayaquil. Los comarcas amazónicas tenían una
relación virtualmente nula con la sierra. A partir de las regiones naturales
se habían definido unidades regionales con caracteres económicos y
sociales específicos.
La sierra centro norte
Cubría desde la actual provincia del Carchi hasta la de Chimborazo. Era la
región donde más definidamente se había consolidado la hacienda como
eje de la economía. El mecanismo más común de expansión del latifundio
fue el desalojo de las comunidades indígenas, o la compra de sus tierras
por presión o fraude. Las enormes extensiones cultivadas en un bajísimo
porcentaje fue la característica más visible del agro serrano. La hacienda
era un complejo de tierras destinadas a la agricultura y al pastoreo, dentro
de cuyos límites se asentaba la población trabajadora. La relación
productiva prevaleciente era el concertaje. El campesino "se concertaba"
(comprometía), en teoría voluntariamente, a trabajar en la hacienda a
cambio de un salario, que en la practica no llegaba a pagarse, porque el
"concertaje" se veía permanentemente obligado a solicitarlo por
adelantado.
El concertaje estaba organizado por la represión y el control ideológico.
Por una parte, el hacendado podía mandar a prisión al concierto que no
trababa para descontar la deuda. Por otra, la Iglesia, también
terrateniente, ofrecía la justificación del sistema con el adoctrinamiento y
mantenía mecanismos de profundización del endeudamiento: "fiestas",
"priostazgos", "derechos" de bautizo, entierro, etc., que demandaban
dinero en efectivo, obtenido mediante nuevos préstamos al patrón de la
hacienda.
El panorama económico de la sierra era complejo. La esclavitud continuó a
lo largo del Siglo XIX, encontró resistencia en la propiedad comunal
indígena. Aunque subordinada a la gran hacienda, la pequeña y mediana
propiedad se mantuvo.
En la sierra existía n artesanado, productor de manufacturas destinadas a
los mercados domésticos y los países vecinos. Trabajos en cuero y textiles
fueron un rubro significativo, aunque conforme avanzaba el siglo XIX, se
fue acentuando una crisis de la producción artesanal. Los obrajes serranos
que sobrevivieron a la crisis XVIII, se insertaron en la hacienda y
continuaron funcionando, aunque cada vez con mayor competencia de los
textiles extranjeros. Los terratenientes más emprendedores sustituyeron
los obrajes por instalaciones modernas, que también funcionaron
integrados al latifundio, compitiendo con los productos de importación. La
región norcentral de la sierra estaba estrechamente conectada con Pasto y
Popayán, por un intercambio que se mantuvo largo tiempo.
VISTA PANORAMICA
De la ciudad de Cuenca
Fotografía tomada de Salvat
Editores Ecuatoriana, Historia del
Ecuador, Vol. 6, Salvat Editores
Ecuatoriana, 1989.
La sierra sur
Esta región (Cañar, Azuay y Loja) tenía las características económicas
generales de la sierra, pero allí la concentración de tierras y el concertaje
tenían menores proporciones. Junto a una mayor fragmentación de la
propiedad rural, se encontraba mayor diversidad en las relaciones
productivas y actividades económicas. Allí, además de los conciertos,
existían "arrimados" y "aparceros". Junto a las actividades agropecuarias,
se hallaban también la artesanía, la recolección de quina y la minería.
Frente a la una virtual inexistencia de comercio con el norte, el intercambio
con el sur era sumamente activo. Así, productos cuencanos se hallaban en
Lima.
La costa
En la región costeña, cuyo eje era Guayaquil, la exportación del cacao
experimentó un notable incremento. De este modo fue creciendo un grupo
de latifundistas y comerciantes. Desde fines del siglo XVIII, en especial
durante la Independencia, se expandió la frontera agrícola. "El latifundio
dice Hamerly comenzó a convertirse en la forma dominante de posesión
de las tierras en las planicies del Guayas y el Litoral sur".
El crecimiento del latifundio en esta región se dio con preponderancia de la
"sembraduría", pero la pequeña propiedad seguía siendo importante.
Tierras pertenecientes a campesinos no indígenas, mestizos, mulatos y
negros libres abastecían una parte del mercado interno. Además del
comercio con Europa, Guayaquil tenía intercambio con Panamá, Perú y
Chile.
Como las comarcas serranas producían poco y en ellas se cultivaba más o
menos lo mismo, el intercambio era reducido. Los productos agrícolas que
se vendían eran maíz, cebada, otros granos, papas, legumbres y trigo. En
algunos valles bajos de la Sierra se hallaban productos tropicales o
semitropicales en cantidades reducidas. Se comerciaba también ganado
mayor y lanar, cueros, panela y aguardiente de caña. Al final de la época
colonial regía en la Sierra un sistema de ferias locales. Después de la
década de 1830, se dio una elevación de los precios agropecuarios. Ciertas
ferias locales cobraron importancia.
Pese a las dificultades de comunicación había intercambio entre Sierra y
Costa. Los principales ejes de comercio eran Quito Riobamba Guayaquil y
Cuenca Guayaquil. Desde el puerto principal se llevaban al altiplano,
además de artículos importados, sal, tabaco, frutas tropicales, ganado y
cera. A su vez, de la sierra se enviaban a la costa legumbres y cereales,
textiles y cueros para el mercado interno y exportación. El estado
desastroso de los caminos, agravado por el clima, las revueltas y los
bandidos, dificultaba el comercio interno. De allí que la Costa fue
abasteciéndose de ciertos alimentos con la importación. Esto se dio en la
medida en que se elevaron las exportaciones.
La costa se volcó a la producción para el mercado externo. Especialmente
la exportación del cacao experimentó ya desde fines de la época colonial
un gran incrementó. Los principales mercados eran México, América
Central y España. Además, se exportaba café y tabaco, "cascarilla"
(corteza de quina) recogida en la sierra sur; cueros y textiles de la sierra
norte. Estos últimos, sin embargo, salían en mayor cantidad por las
fronteras terrestres. Hacia la mitad del siglo XIX, se fue incrementando el
comercio exterior y se fueron también diversificando los mercados y los
proveedores de manufacturas. Luego de la Independencia, varios países
europeos, principalmente Inglaterra, intensificaron sus relaciones
comerciales, aunque en menos volumen de lo que se afirmado. La
pequeñez del Ecuador y su enorme distancia respeto de los centros
europeos del desarrollo capitalista, retardaron su inserción en el mercado
mundial.
Red urbana y actividades económicas
A inicios de la república, existía ya una red urbana en la Sierra. Aunque con
localización y jerarquía desiguales, habían doce ciudades con un total de
setenta a ochenta mil habitantes. Además de la capital, Quito, en cada
valle interandino se asentaba una ciudad (Cuenca, Riobamba, Ibarra, Loja,
Ambato, Latacunga, Guaranda). Eran centros de funcionamiento
administrativo, religioso y comercial. Eran habitadas por los propietarios
agrícolas, comerciantes y oficiales del Gobierno, por mestizos dedicados al
pequeño comercio, la artesanía y la agricultura, y los indígenas que se
dedicaban al servicio doméstico y público.
Los mercados de las ciudades serranas estaban surtidos de productos
agrícolas, que se conseguían por precios bajos. Las tiendas eran activas.
Los artesanos estaban vinculados por "clientela" a los terratenientes y los
conventos, y vendían sus productos en el taller o por intermediarios. Los
artesanos eran un grupo de gran importancia económica y peso social en
las ciudades. Estaban organizadas en gremios, controlados por los cabildos
y por la Iglesia. El "taller" , organizado dentro de la tradición artesana,
estaba dirigido por un maestro que tenía bajo su autoridad a "oficiales" y
"aprendices". Igual que en la agricultura, había un nivel muy bajo de
desarrollo de la producción, que utilizaba gran cantidad de mano de obra
con instrumentos muy elementales. Sin embargo, la habilidad de los
artesanos era reconocida.
A inicios de la República, Quito era la ciudad más grande del país, con
24.939 habitantes, seguida por Cuenca que tenía 18.919. La capital había
crecido sin organización urbanística. Casi los únicos edificios de
significación arquitectónica eran los conventos y las iglesias, que le daban
un aire característico y albergaban un poderoso grupo de clérigos y
monjas. Las casas populares eran de una planta y servían también de taller
artesanal. Las residencias de los aristócratas, grandes y de dos pisos, iban
de acuerdo con la forma de vida de sus ocupantes, que pasaban buena
parte del año en sus propiedades rurales.
Hacia 1830 Guayaquil era todavía una ciudad pequeña, pero en
crecimiento. Su clima era muy fuerte y las condiciones higiénicas y de
salubridad bastante precarias. Las construcciones eran básicamente de
madera, lo cual agudizaba el peligro de incendio. La ciudad fue en poco
tiempo la segunda del país. No terminaría el siglo XIX sin que pasara a ser
la primera, con más de sesenta mil habitantes. Su situación privilegiada
como puerto se complementaba con su ubicación muy favorable en el
centro del sistema fluvial de la Costa Sur. Conectadas con Guayaquil
crecieron Daule, Babahoyo, Machala, Milagro. En la costa norte, crecieron
también, aunque en proporciones más modestas, Manta, Bahía y
Esmeraldas, Portoviejo sufrió por largo tiempo una recesión.
VISTA DEL MALECON
De la ciudad de Guayaquil
Fotografía tomada de Salvat
Editores Ecuatoriana, Historia del Ecuador,
Vol. 5, Salvat Editores Ecuatoriana, 1989.
La Sociedad
La Independencia y el establecimiento de la República del Ecuador trajeron
transformaciones, pero mantuvieron rasgos del orden colonial, entre ellos
la persistencia de la sociedad estamentaria. En la Presidencia de Quito se
había mantenido celosamente la división entre "blancos" o "españoles",
"mestizos" e "indianos". Los primeros participantes en la dirección política
y administrativa, de los monopolios comerciales, la milicia, el alto clero, el
acceso a la educación y hasta el derecho exclusivo de adquirir ciertas
propiedades. Los mestizos, o quienes no pudieran "probar limpieza de
sangre", ocupaban un lugar inferior en la escala social, les estaba vedado
el ingreso a ciertas funciones sociales y políticas, pero podían ejercer las
"artes" y oficios que funcionaban con una rigurosa organización
corporativa, con garantías y privilegios. Los indios vivían sujetos a normas
especiales que consagraban su desigualdad y sometimiento, aunque, como
veremos en párrafos siguientes, también algunos derechos específicos.
La independencia fue un enfrentamiento de "blancos" o criollos contra
peninsulares o "chapetones". Los primeros ganaron, pero hicieron mínimas
concesiones a los demás estamentos sociales colonial. Desde luego que
con la Independencia se removieron barreras estamentarias, pero, en
general, las rígidas normas de la sociedad jerarquizada a base de fortuna y
diferenciación racial se mantuvieron.
La Vida Cotidiana
En ningún otro aspecto se reflejó mejor esta realidad que en la vida
cotidiana. Su eje era la familia. En todos los niveles sociales, los lazos de
parentesco eran fuertes y el matrimonio se realizaba como un
reforzamiento de estos vínculos con fuerte carácter patrimonial. Las
formalidades matrimoniales manejadas por la iglesia eran solemnes, pero
la existencia de hijos nacidos fuera de matrimonio era frecuente y
tolerada. Las uniones de hecho cuando el varón era de estatus superior a
la mujer eran socialmente aceptadas. Los indígenas mantenían también
sus tradicionales ceremonias y costumbres maritales. En el hogar la mujer
estaba sujeta al marido. Carecía de derechos legales para manejar la
fortuna personal, pero sobre todo en las grandes familiares su influencia
en las decisiones económicas y políticas podía ser determinante.
La familia era centro de formación para el trabajo. En el barrio o la
parroquia, era eje de las fiestas, que seguían el calendario religioso y
agrícola. Los hábitos sanitarios eran prácticamente desconocidos, con el
consecuente problema de enfermedades infecciosas. Esta era una
característica que cubría todos los niveles sociales, aunque las diferencias
entre éstos se reflejaban en una diversa y jerarquizada forma de vestir que
diferenciaba a blancos, mestizos e indios. Así como las vinculaciones de
sangre eran fuertes, también lo eran las de patronaje y compadrazgo,
establecidas en todos los niveles sociales.
Los Pueblos Indios
El régimen colonial consagró la inferioridad legal de los pueblos indios,
obligados al pago de tributo e impuestos eclesiásticos; excluidos de
puestos administrativos se mantuvieron sujetos a la "doctrina", al margen
de la educación; tuvieron que cumplir trabajo obligatorio y otras tareas
que en muchos casos los condujeron a la servidumbre. Esta distinción que
consagraba el sometimiento, reforzada por el carácter estamentario de la
sociedad y una ideología racista que defendía la "superioridad" hispánica,
permitía la permanencia de la organización comunal con acceso a la tierra,
la existencia de autoridades indígenas y la defensa de ciertos derechos.
Con la resistencia de los pueblos indios y el uso de la legislación colonial,
se había generado un "espacio étnico" que mantuvo vigente a la sociedad
indígena con su identidad.
Con el establecimiento de la República los pueblos indígenas mantuvieron
rasgos de su situación colonial. Pese a la expansión latifundista se logró
mantener una parte de la tierra en manos comunales. El sistema de
gobierno de los "naturales", el cabildo, siguió funcionando y a veces los
caciques y gobernadores indígenas fueron reconocidos por el Estado como
autoridades con jurisdicción, especialmente en la recaudación de
impuestos.
La Posibilidad del Imaginario
En el año de 1857 dos sucesos conmovieron a la ciudad de Cuenca, en
Ecuador. El primero, ocurrido el 20 de abril, fue el ajustamiento del indio
Tiburcio Lucero, parricida condenado al cadalso. El segundo, el suicidio de
la poetisa quiteña Dolores Veintimilla de Galindo un mes más tarde.
El hecho fue una campanada que resonó en toda la provincia de mi mando
y especialmente en el corazón delicado de la esposa y de la madre (Ella)
extraviada con la lectura de algunos romances perniciosos y nutrido su
espíritu con un alimento puramente novelesco, vio disiparse sobre la tierra
las ilusiones de su fantasía y se envenenó, creyendo hallar reposo en la
obscuridad del sepulcro. 1
¿Que había ocurrido y hacía que los dos sucesos tuvieran relación?
Dolores Veintimilla había asistido a la ejecución de Lucero y en su
"Necrología" (publicada días después) condenó valientemente el sistema
de la pena de muerte. En las frases finales de su escrito decía: "que pronto,
una generación más civilizada y humanitaria que la actual venga a borrar
del Código de la Patricia de tus antepasados la pena de muerte". Las
reacciones en su contra no se hicieron esperar agudizadas, por los ya
enconados sentimientos que despertaba en el medio estrecho y clerical de
Cuenca la creación de la poetisa.
El hecho de que una mujer sola (su marido la había dejado) sea miembro
de una sociedad literaria y recibiera en su casa "en tertulia" a los poetas
de la ciudad y se "atreviera' a haber pública su inconformidad ante la pena
de muerte, defendida aún por la Iglesia Católica, era imperdonable.
En Hojas volantes anónimas (atribuidas por algunos autores a Fray Vicente
Solano) no solamente la fustigaron por defender a Lucero "ya que el
crimen debe ser expirado ante Dios y ante los hombres", sino que
calumniaron su reputación de mujer hasta el punto que acabó con su vida.
Es que el medio social de la época poseía otros canales represivos,
diversos de los legales, pero tan efectivos como éstos, ejercidos desde la
cotidianidad, como micropoderes dirigidos a aislar, acosar y minar las
fuerzas internas de los individuos. La muerte de Dolores Veintimilla debió
provocar en la sociedad cuencana sentimientos parecidos a los del cadalso:
la de un sistema social vindicado en su principios morales y ante el cual las
manifestaciones artísticas y públicas aparecían como transgresoras del
orden social.
Y si el hecho anteriormente descrito revela, en todo su dramatismo, un
suceso que por su trascendencia fue público, en e l discurso civil y
religioso, en las descripciones de costumbres y en la vida cotidiana se
muestra la misma concepción.
Existe un clima moral que determina los ámbitos dentro de los cuales se
puede mover la mujer y que se va formando a través de acciones
cotidianas llegadas a ella a través de las instituciones que la rodean. En el
siglo XIX la religión fue importante como modeladora de costumbres:
dominaba el medio familiar y educativo y controlaba cada espacio y tiempo
libres. Hacia finales del siglo y comienzos del XX se generan nuevos
referentes de vida para la mujer de clase alta y media: la moda, el teatro,
la lectura de novelas, así como las oportunidades abiertas por la educación
laica y por los empleos públicos destinados a mujeres. No obstante,
elementos de la ideología religiosa quedarían "impregnados" en la
subjetividad femenina como un "arquetipo" más o menos fijo de
comportamiento (.).
1 APL, MENSAJES E INFORMES AL CONGRESO DE 1857, EXPOSICION DEL
MINISTRO DEL INTERIOR (MIM 1857 1).
TOMADO DE ANA MARIA GOETSCHEL, MUJERES E IMAGINARIOS. QUITO EN
LOS INICIOS DE LA MODERNIDAD, ABYA YALA, 1999, PP. 13 14
EL GENERAL
Juan José Flores
Primer Presidente
del Ecuador.
Desde los tiempos de la Gran Colombia se intentó vender tierras comunales
y se suprimió el tributo indígena. Pero estas medidas tuvieron poco efecto
o fueron suspendidas, para ser tomadas a mediados del siglo, junto con la
supresión de las "protecturías". Las medidas habían sido resistidas por los
latifundistas, pero también contaron la oposición, o al menos no con el
esperado respaldo, de las comunidades indígenas, que sabían que el
desaparecer el mecanismo que garantizaba su "desigualdad" (el tributo)
también los volvía "iguales" para el pago de alcabalas y el servicio militar.
Los pueblos indígenas, sin embargo, no fueron primariamente amenazados
por aquellas medidas, de todos modos progresistas, sino por el
reforzamiento de regímenes terratenientes que establecieron mecanismos
más drásticos del cobro del diezmo y de aplicación del "trabajo
subsidiario" (especie de conscripción para obras públicas). Conforme el
poder del estado oligárquico terrateniente fue consolidándose, se aumentó
la legislación represiva y se sentía su presión sobre las tierras y la vida
comunal.
El Poder Político
En el naciente Ecuador se consolidaron tres polos económicos y políticos
sujetos al control de latifundistas que, si bien tuvieron motivaciones
comunes en la ruptura independentista, mantuvieron su discrepancia por
el manejo del poder local y regional en Quito, Guayaquil y Cuenca. Las
primeras décadas del nuevo Estado atestiguaron la lucha por la
mantención de ese hecho regional y por su reconocimiento jurídico con la
vigencia de privilegios y autonomías.
A lo largo del siglo XIX, la Costa y su eje Guayaquil fueron desplazados a la
Sierra, en especial a Quito, de su posición de centro de la economía del
país. Este cambio se dio en medio de fuertes tensiones que enfrentaron a
los poderes regionales, especialmente a los notables del Interior y
Guayaquil. Mientras los hacendados serranos trataban de detener la
migración de trabajadores a la Costa, los plantadores del litoral, escasos
de brazos, trataron de atraerlos. La adopción de políticas proteccionistas
fue también motivo de conflicto. Los comerciantes del puerto presionaban
por un abierto librecambismo. Los terratenientes serranos veían en el
proteccionismo una garantía para su productos amenazados por los
artículos importados.
El Estado Ecuatoriano nació caracterizado por profundas diferencias
económico sociales, étnicas y regionales. Se estableció un mecanismo de
representación indirecta por departamentos, con condiciones limitadas
para el sufragio. Además de requisitos de edad o estado civil, así como
saber leer y escribir, se condicionaba la capacidad de elegir a la posesión
de un mínimo de propiedad y a no tener la condición de trabajador
dependiente. Para poder ser elegido para funciones públicas, el requisito
de propiedad era más elevado. Solo podía acceder a ellas un contado
número de propietarios. Detrás de fórmulas democráticas y de soberanía
popular, se daba una restricción del acceso al sufragio.
Frente a la declaratoria de igualdad ante la ley se mantenía la
diferenciación radical y estamentaria, persistían la esclavitud, tributación
de indios, trabajo obligatorio y privilegios corporativos. La opción de un
"estado unitario", proclamado en la Constitución estaba, por otra parte, en
peligro por la dispersión regional. La libertad de comercio y circulación
estaba limitada por la perseverancia de normas coloniales y por la
aplicación de nuevas reglas republicanas destinadas a impedir la
circulación de mano de obra, reforzar la prisión por deudas, someter a los
trabajadores a la hacienda mediante "leyes de vagos" y otros recursos.
En la realidad de desarticulación económica y persistencia de la sociedad
estamentaria y étnicamente discriminatoria, los criollos latifundistas que
lideraron la separación de España tuvieron éxito al fundar el nuevo Estado
y mantenerlo unido en medio de la inestabilidad inicial; pero no lograron
consolidarse como conductores de un Estado Nación. El establecimiento
del Ecuador en 1830 se dio con un divorcio de las clases dominantes y la
mayoría del pueblo. Los criollos veían a la nación ecuatoriana como
continuidad hispánica, como la presencia y la superioridad del "occidente
cristiano" de espaldas a la realidad andina, indígena y mestiza, a su lengua
e identidad. No pudieron, pues, jugar el papel unificador de la comunidad
cultural y social de la que se sintieron parte también las clases subalternas
y dominadas. El Estado consolidó la ruptura entre la oligarquía
terrateniente y el pueblo.
Las definiciones territoriales y la búsqueda de identidad en la raíz colonial,
la persistencia de los pueblos indios en la defensa de su identidad y en su
capacidad de imprimir varios caracteres del mestizaje, las acciones y
expectativas de las luchas independentistas, las formas de religiosidad
popular, la propia experiencia y percepción de la pertenencia regional
estaba presentes en la sociedad ecuatoriana. Pero las clases latifundistas
criollas no integraron esos elementos a su proyecto nacional,
fundamentalmente por el temor de movilizar al pueblo y hacerlo partícipe
del juego del poder. Y aunque ese proyecto nacional criollo logró penetrar
en algunos sectores subalternos mestizos, fundamentalmente artesanos y
pequeños propietarios, no logró expresar al conjunto. Los sectores
dominantes criollos no integraron elementos nacionales populares en el
proyecto y no reconocieron que junto a la "Nación Ecuatoriana" blanco
mestiza reclamaban también derecho a la existencia histórica, pueblos
indígenas, cuya lucha devendría con el paso del tiempo, en reclamo de la
diversidad del país.
1834 - 1839
VIcente Rocafuerte
Gobernante
del Ecuador.
El Carácter del Estado
Asentado sobre esta realidad, el Estado nació en 1830 débil y disperso en
instancias nacionales, regionales y locales. Siguiendo la opción ya tomada
por Colombia, a imagen de Estados Unidos, se adopto el presidencialismo y
la división de poderes, pero el sistema constitucional resultó débil. Los
municipios, herederos de los cabildos coloniales, cumplieron un papel
crucial a lo largo del Siglo XIX.
Reforzada su autonomía con la ruptura con la Corona, robustecido el
control local mediante su integración por elecciones censatorias, fueron
instancias descentralizadas de poder con gran peso.
El poder de los latifundistas y el clero fue grande. Dentro de la propia
hacienda se administraba "justicia" con condena a azotes o prisión. Frente
a esto, en ciertos casos, la fuerza de los cabildos y autoridades indígenas
ejerció efectiva resistencia, pero conforme avanzaba el siglo XIX, el poder
terrateniente tendió a consolidarse.
Las agrias disputas protagonizadas por las clases dominantes y el propio
carácter del Estado del siglo XIX, se inscriben dentro de esta realidad de
dispersión del poder, reforzada por el aislamiento de la Sierra y la Costa, y
por la ausencia de una real interdependencia entre las zonas de producción
interandinas que había que las alianzas terratenientes vivieran una crónica
inestabilidad, plagada de enfrentamientos y contradicciones. Los notables
locales y regionales incidían en la restringida participación política y
ejercían las funciones políticas relevantes. De vuelta, las altas
representaciones servían para consolidar el poder y la influencia a nivel
regional y local.
Al inicio de la historia republicana, y hasta entrado el siglo XX, no
existieron en el Ecuador partidos políticos propiamente tales. Cuando se
usaba ese nombre entonces (y se lo hacía con frecuencia) era para
referirse a clientelas electorales o alianzas caudillistas. Sin embargo, ya
entonces se dio una embrionaria diferenciación en las tendencias
ideológicas, que se definirían con el paso del tiempo. La pugna entre
oligarquías regionales y facciones políticas, no podía resolverse ya que
ninguna podía someter a los otros. Fue así como el ejército se transformó
en árbitro del poder. Los caudillos militares, cuando lograron consolidar su
alianza entre la fuerza armada con un grupo significativo de la clase
dominante, se transformaron en las figuras más poderosas de la política
del país.
Religión, Ideología y Cultura
El Papel de la Iglesia
Uno de los rasgos de la herencia colonial del Ecuador fue la presencia de la
Iglesia Católica como oficial. Así continuó manejando mecanismos de
reproducción ideológica como la educación, la catequización (imprenta,
púlpito). Al mismo tiempo ejercía funciones burocráticas, como registro de
nacimientos, matrimonios, etc. Luego de la independencia, la Iglesia se
había consolidado como parte del Estado, pero al mismo tiempo intentaba
ganar estatus autónomo, dirigida desde Roma, con mínima intervención
gubernamental. Quería acrecentar sus privilegios y su participación
política, librándose al mismo tiempo de la dependencia estatal.
El Congreso Colombiano había declarado en 1842 que el Estado era
heredero del derecho al "Patronato Eclesiástico" ejercido por los reyes de
España. La primera Constitución del Ecuador mantuvo esa interpretación
cuando estableció: "La religión católica, apostólica , romana es la religión
del Estado. Es un deber del gobierno, en ejercicio del Patronato, protegerla
con exclusión de cualquier otra". Se inició así polémica. Los partidarios del
patronato o "regalistas" eran la gran mayoría de los notables de la época.
Fervorosos creyentes, sostenían que era inherente a la soberanía. Un
sector del clero y el Vaticano resistieron, aceptando las designaciones bajo
protesta. La mayoría del clero nacional no tomó partido. El "relajamiento"
provocó un descenso de la disciplina y el manejo ideológico.
Aunque se dieron intentos de evitarlo, el clero usó su condición para
obtener triunfos políticos que lo llevaron a formar parte de los organismos
del Estado, especialmente los congresos. Pero la iglesia no solo mantuvo
su poder ideológico luego de la fundación de la República, sino que
conservó también, y en algunos casos reforzó, su poder económico. Por
diversos títulos (educación, beneficencia, culto) las diócesis y las
comunidades religiosas compraron o recibieron por donación o herencia,
grandes latifundios.
Tendencias Ideológicas
La independencia significó para sus principales beneficiarios una ruptura
con la autoridad de la Corona Española y la libertad de comerciar con el
extranjero, establecer impuestos y dictar leyes; pero no el inicio de un
régimen de igualdad. Se daba por hecho que existía un "orden natural" en
el que las desigualdades sociales y el ejercicio de la autoridad tenían
origen en la voluntad del Creador. Los criollos blancos se consideraban
herederos de la hispanidad, lo cual lo volvía predestinados para gobernar a
la mayoría indígena y mestiza.
La tesis sobre el origen divino de la autoridad se vio reforzada por la
acción del clero y el catolicismo militante, que los pensadores monárquicos
europeos habían desarrollado contra el avance del liberalismo y en defensa
de las monarquías autoritarias de entonces. Siguiendo una tendencia que
ya había existido en la antigua Colombia, hubo quienes cuestionaron esa
visión de la realidad. Se dio de este modo un debate entre la mayoría de
los notables que sostenía la necesidad de la autoridad, de gobiernos
fuertes que mantuvieran el "orden", y una minoría cuestionadora que
defendía la vigencia de los valores republicanos y las garantías. Los
primeros, popularmente llamados "godos", se identificaron con el
conservadorismo. Los segundos, los "rojos" comenzaron a identificarse
como liberales.
Entre conservadorismo y liberalismo se dieron también diferencias sobre
garantías regionales y comercio libre. La diferenciación entre tendencias
asumió un sesgo regional. En la sierra, el poder del latifundismo
tradicional, la presencia del artesanado y la fuerza de la iglesia, fueron
identificando a la región con el conservadorismo. En la costa se dieron
afinidades hacia el liberalismo. En la naciente prensa se dio el debate
ideológico.
CLAUSTRO
Convento de la
Merced
En Quito, por Roura
Oxandaberro,
Colección de carlos
Fernández.
Del pensamiento ilustrado a los proyectos nacionales criollos
Donde no existía una nación integrada, no podía desarrollarse una "cultura
nacional". Se dio también en este aspecto un divorcio entre elites y masas.
En la minoría que había tenido acceso a la cultura colonial dominante, las
corrientes ilustradas tuvieron influencia, no tanto como irrupción del
radicalismo europeo, especialmente francés, cuanto como continuidad de
la tradición española. Se han distinguido varios momentos en el desarrollo
de la Ilustración. El de emergencia coincidió con los finales del siglo XVIII
y la crisis del orden colonial. Se desarrollaron entonces las ciencias y la
conciencia histórica, al mismo tiempo que se cuestionaba el predominio
peninsular ibérico. Luego de esta insurgencia y de las luchas
independentistas en las que las ideas ilustradas jugaron un papel
destacado, vino un momento de consolidación en que los enunciados
libertarios dieron paso a la definición de los proyectos nacionales criollos y
a la consolidación del poder.
De la crítica insurgente y el cuestionamiento del orden que ejercieron los
precursores ilustrados, con Espejo como una figura más destacada, se
pasó a la discusión sobre las nuevas formas de ejercicio y la autoridad,
cuyo exponente más importante fue Rocafuerte. Una vez iniciada la vida
autónoma, de la exaltación de la libertad y la crítica, se pasó a la
justificación del poder de las oligarquías criollas con la mitificación de las
luchas independentistas y hasta de las intestinas. José Joaquín de Olmedo,
el poeta del "Canto a Junín", fue la figura más destacada.
La Educación
En el Siglo XIX, la educación tuvo niveles bajos. Estaba dedicada
exclusivamente a los "blancos", puesto que la mayoría de la población se
mantenía analfabeta y recibía el entrenamiento necesario para las labores
agrícolas o artesanales. Frente a la cultura oficial una rica cultura popular
fue desarrollándose con elementos andinos, que habían recogido la
herencia indígena y española y comenzaban a definir una identidad
mestiza. Antiguas prácticas de la vida agraria y artesanal, un gran sentido
de reciprocidad andina y una tradición regional mantenida con gran vigor,
son algunos de los rasgos de esta cultura popular.
Las primeras e inútiles renegociaciones de la deuda externa
() para lograr la independencia de España, los pueblos latinoamericanos
tuvieron que comprar equipos bélicos en el exterior con recursos
contratados en Europa. estos préstamos provenían de países como Gran
Bretaña, interesada en debilitar la presencia española en América, habida
cuenta de que no se consiguió el respaldo buscado en los Estados Unidos
que se habían independizado en 1776.
Los Estados Unidos, según James Monroe "se encontraban en paz con
España y no podían, con ocasión de la lucha que ésta mantiene con sus
diferentes posesiones, dar ningún paso que comprometa su neutralidad"
Es más, los Estados Unidos no solo no apoyaron la emancipación de las
colonias, del sur, sino que procuraron retrasarlas, comprometiéndose a
entregar suministros a los españoles hasta cuando su poderío pudiera
competir con el imperio británico. Ya en 1781, Thomas Jefferson anticipó
esta estrategia norteamericana, cuando dijo que "es necesario
prosponerla, hasta que los Estados Unidos puedan beneficiarse con ella y
no Inglaterra". De esta manera, el presidente Jefferson y luego e
presidente James Madison, subordinaron su posición frente a las colonias
españolas a sus contradicciones con la Gran Bretaña, de cuyo dominio se
habían liberado.
Esta posición explica claramente las razones que hicieron demorar, por
casi doce años, el reconocimiento oficial a los primeros representantes de
la emancipación hispanoamericana. Tal reconocimiento no tuvo lugar sino
en marzo de 1822, cuanto la Junta Suprema de Caracas lo había solicitado
en junio de 1810. Esta actitud se reflejó también en una posición adversa a
la figura de Simón Bolívar; sobre todo cuando Colombia ya había alcanzado
su independencia, en la medida en que su existencia representaba un
escollo para los sueños imperiales del vecino del norte ().
Así las cosas, la deuda contratada en esa época, a través de la cual se
vinculó a la economía mundial, se transformó en n proceso pernicioso de
renegociaciones y moratorias que aún al finalizar el siglo XX redunda en la
hipoteca del país ().
Ya en 1826, cuando aún existía la Gran Colombia, se dejó de servir la
deuda externa como resultado de la quiebra de la casa "B.A. Goldschmidt y
Cía.", en la cual se había depositado valores destinados a pagar algunos de
sus dividendos. Años después, en octubre de 1834, cuando el Ecuador se
había separado de la Gran Colombia, el país no envió su representante a la
reunión que se celebró en Bogotá para discutir los términos del reparto de
dicha deuda. El gobierno del general Juan José Flores se hallaba
complicado con los efectos de la represión y asesinato de los redactores de
"El Quiteño Libre" y con la rebelión de los "chihuahuas". Así, de la deuda
que ascendía a 6'625.950 de libras esterlinas, al Ecuador le tocó el 21.5%
de la deuda total, o sea la suma de 1'424.579 de libras esterlinas y 5
chelines. La negociación fue ratificada en 1837 por el Congreso Nacional y
el gobierno de Vicente Rocafuerte.
Y desde entonces, los continuos arreglos y renegociaciones y las múltiples
suspensiones de pago, dada la permanente carencia de recursos
financieros, hicieron de la deuda externa un escollo casi permanente en la
vida económica y política del país ().
A pesar de que el origen de la deuda inglesa tiene un indiscutible
compromiso de honor, no se puede desconocer sus deficiencias en cuanto
al destino final de los recursos contratados, los términos usurarios en que
fueron negociados dichos empréstitos, los exagerados precios pagados por
los equipos bélicos y la propia distribución de la deuda grancolombiana.
En vista de las necesidades financieras del país y las presiones de los
acreedores, en 1843, la Convención ordenó que el pago de la deuda se
hiciera con los valores recaudados por la venta o el arriendo de las tierras
baldías. El general Flores () propuso un arreglo que establecía el pago de
una tasa de interés adicional por un número determinado de colonos
europeos que viniera a poblar los territorios que se querrían entregar a los
acreedores.
Los tenedores de bonos no aceptaron estas propuestas e insistieron en
tasas de interés más altas y en la emisión de bonos para cubrir los
intereses capitalizados, con lo cual se entorpecieron las negociaciones. En
estas circunstancias, los tenedores de bonos enviaron un negociador tras
otro buscando lograr un arreglo: emisarios que, salvando las distancias en
el tiempo, recuerdan a las misiones del FMI y del Banco Mundial en la
segunda mitad del siglo XX. Este afán de los tenedores de bonos encontró
campo propicio en los gobernantes, en sus representantes en las
negociaciones y hasta en sus familiares dispuestos al peculado y al tráfico
de influencias.
En 1848, bajo la presidencia de Vicente Ramón Roca, el gobierno, en la
más absoluta reserva, llevó a cabo negociaciones con Pedro Conroy,
representante de los acreedores, para que las amortizaciones se hicieran
con la octava parte de los derechos de las aduanas. Se intentó sorprender
al Congreso, cuya intervención se trató de obviar. Sin embargo, no se logró
ese objetivo.
En 1852 llegó al país un nuevo representante de los acreedores, Elías
Mocatta, quien lograría, luego de más de veinte años de moratoria, un
primer arreglo basado en la entrega de terrenos baldíos. Adicionalmente,
se otorgó la parte de los ingresos que correspondían al estado en los
ingresos por concesiones mineras y tasas de peaje. El Congreso, poco
después, atrapado por la inteligencia y el verbo del general José María
Urvina y como si no hubiese habido antecedentes, aprobó el convenio
Espinel Mocatta, en noviembre de 1854.
La cesión para la colonización y explotación de un millón de cuadras a
orillas del río Zamora y de otro millón en las riberas del Bomboná, en la
región de Canelos, motivó la protesta del Perú, que reclamaba como suyas
enormes extensiones de la Amazonía. El vecino del sur sustentó su reclamo
en la cédula real del 15 de julio de 1802. Y ante el conflicto surgido, los
tenedores suspendieron el acuerdo.
() (Con García Moreno en el poder) las condiciones básicas de los
convenios firmados se mantuvieron. Sin embargo, a pesar de todos los
esfuerzos que se hicieron para cumplir con los confusos compromisos
adquiridos, su gobierno tuvo que suspender el pago de los dividendos en
marzo de 1862.
El negociador de entonces, Antonio Flores Jijón (), a principios de 1865
presentó el proyecto para la enajenación de las islas Galápagos en
beneficio de los tenedores de bonos, como pago de la deuda consolidada.
Hasta que, en mayo de 1869, el mismo régimen garciano se vio obligado a
entrar en una nueva moratoria, con el respaldo de la Legislatura.
Con la moratoria no se superaron las dificultades, pero se dejó de realizar
un costoso pago, exclusivamente de intereses ().
TOMADO DE ALBERTO ACOSTO, BREVE HISTORIA ECONOMICA DEL
ECUADOR, CORPORACION EDITORA NACIONAL, QUITO, 1995, PP. 41 46
El Ecuador de 1830 a 1860
El 13 de mayo de 1830, una asamblea de "padres de familia" reunida en
Quito resolvió separar al Distrito del Sur de la República de Colombia. En
septiembre del mismo año, en Riobamba, fue aprobada la primera
Constitución del país. En ese año 1830 fue asesinado el Mariscal Antonio
José de Sucre y murió el Libertador Simón Bolívar. Así nació el Ecuador,
bautizado con ese nombre en un intento por superar las diferencias
regionales, puesto que el tradicional nombre Quito despertaba resistencias
en los antiguos departamentos de Guayaquil y Azuay.
El General Juan José Flores fue designado primer Presidente del Ecuador.
Orquestó una alianza del Ejército con las elites terratenientes y
comerciales, que los contemporáneos llamaban el "floreanismo". Así
controló el poder, directa o indirectamente, hasta 1845. La etapa se
caracterizó por la inestabilidad política permanente, el desbarajuste
administrativo y el abuso de los soldados, dueños del país. Ya desde los
primeros años, Flores tuvo que enfrentar revueltas. La más fuerte de ellas,
la de los "chihuahuas", fue acaudillada desde la Costa por Vicente
Rocafuerte. También enfrento una guerra con Nueva Granada por la
posesión de Pasto, en la que el país del norte venció. En estos años se
incorporó oficialmente al país el Archipiélago de Colón, o Galápagos. Se
realizó también en Bogotá una distribución de la deuda externa de la
antigua Colombia, en el que al Ecuador le fue asignada una alta cuota, cuya
amortización pesaría en toda su historia.
En 1835 Flores dejó el poder y, luego de vencer en una guerra civil, apoyó
a su adversario Rocafuerte para que ocupara la Presidencia de la
República, habiendo sido electo por una Asamblea que expidió la segunda
constitución del país. El gran esfuerzo organizador de Rocafuerte,
realizado con un significativo despliegue de represión, no pudo superar las
realidades de desarticulación de la etapa inicial, pero puso las bases de
algunas reformas fiscales, educativas y de formación castrense, pioneras
en la historia republicana del Ecuador.
Flores ejerció el poder un segundo período desde 1839, pero en esta vez
no quiso dejar la presidencia. Do un golpe de estado y en 1843 convocó a
una Constituyente, la tercera de la historia, que lo eligió por tercera vez
presidente merced a una Constitución redactada ad-hoc, la "Carta de
Esclavitud", que establecía las condiciones de una cuasi dictadura
perpetua. Hubo agitación y protesta pero el gobierno las controló, hasta
que en marzo de 1845, una fuerte reacción acaudillada por la elite
guayaquileña, la llamada "Revolución Marxista" dio un golpe de estado.
Luego de una guerra civil, Flores aceptó alejarse del poder y del país. Los
años subsiguientes los pasó organizando invasiones al Ecuador con
mercenarios extranjeros, para recobrar el poder, al servicio de España y
Perú.
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REPRESENTACION
Gabriel García Moreno
Representado como Don
Quijote con cura en jolgorio, obra
de Joaquín Pinto en alusión a la
reforma religiosa emprendida por
García Moreno.
Museo Jacinto Jijón y Caamaño.
De la "República Católica" hacia la Revolución Liberal (1860-1875)
Sonia Fernández Rueda*
La etapa Garciana (1860-1875)
Introducción
Una vez superada la crisis políticas de 1859, que puso al Ecuador en
peligro de desaparecer como Estado independiente, se inicia en el país una
nueva etapa de su historia se extiende hasta 1875, tras la muerte violenta
de Gabriel García Moreno, la figura política más destacada de estos años.
Esencialmente personalista y controversial, la numerosa producción
historiográfica tradicional que existe sobre la llamada "etapa garciana" nos
ha ofrecido una explicación parcial de sus significados. Entendida la
historia como la suma de la acciones de los protagonistas individuales, se
ha eludido la comprensión de las condiciones económicas, sociales,
políticas y culturales que orientan y dan soporte a la acción de estos
protagonistas.
No es de extrañarse por lo tanto que el centro fundamental del debate
histórico haya constituido la propia existencia de Gabriel García Moreno
sobre la que se han vertido múltiples opiniones contradictorias que han
aportado sólo muy parcialmente a su conocimiento o al de su época.
En los últimos años, sin embargo, una nueva generación de historiadores
ha buscado incursionar en los múltiples aspectos de su realidad,
estudiados ya no de manera aislada, sino como elementos fundamentales
de un todo integrado. Dentro de este nuevo enfoque, la reflexión sobre lo
político, entre otros aspectos, ocupa un lugar primordial, con la intención
de dar respuestas a problemas esenciales vinculados, principalmente, a la
comprensión del carácter y funcionamiento del Estado y a su influencia en
el proceso de integración nacional ecuatoriana.
Panorama histórico del "Garcianismo"
Una vez derrotadas las fuerzas de la dictadura de Guillermo Franco, el 24
de septiembre de 1860 se convocó a una Asamblea Constituyente a
reunirse el 10 de enero de 1861. La Asamblea encargada en la
promulgación de una nueva Constitución y de la elección presidencial,
designó a García Moreno para el gobierno interino del país y, antes de
finalizar sus labores, lo eligió presidente constitucional.
Algunos sectores dominantes jugaron un papel fundamental en su
instalación en el poder. Sus matrimonios con Rosa de Azcásubi y, a la
muerte de ésta, con su sobrina Mariana de Alcázar le permitieron
incorporarse a la aristocracia quiteña, al mismo tiempo que conservaba sus
vínculos con Guayaquil. Una alianza con la aristocracia quiteña y las élites
guayaquileñas lo llevó al gobierno y convertirse, en las condiciones de
descomposición política y social planteada por la crisis de 1859, en el
agente y protagonista de la unificación del Estado ecuatoriano.
El primer período garciano (1861-1865) transcurrió en un ambiente de
constante agitación política, provocado principalmente por la revuelta
popular urvinista que se mantuvo latente hasta 1865, año en el que los
Generales Urvina y Robles (levantados en armas en el Puerto de Guayaquil,
y ya electo Jerónimo Carrión presidente) fueron derrotados en la famosa
batalla naval de Jambelí.
García Moreno y sus colaboradores vieron en la Constitución de 1861 (mal
considerada garciana) la causa del estado de convulsión y anarquía que
reinaba en el país. Inspirada de convulsión y anarquía que reinaba en el
país. Inspirada en los mismos principios semifederalistas de la de 1852,
sancionó un sistema político descentralizado, garantizado a los poderes
seccionales y provinciales una amplia autonomía administrativa con
respecto al poder central, (Maiguashca: 1933:5) pero limitando sus
atribuciones y sujetándose al control de un Consejo de Estado, creado con
ese fin.
Argumentado el principio de la "insuficiencia de las leyes", García Moreno
infringió sistemáticamente la Carta Fundamental, y en nombre del a
religión, la moral y el orden implementó una política represiva y
autoritaria. Ampliamente conocidos son los casos del fusilamiento del
General Maldonado, la flagelación del general Ayarza y la tortura a la que
sometió la liberal Dr. Juan Borja.
Al mismo tiempo, sin embargo, García Moreno desplegó una enorme
actividad organizativa poniendo en marcha un ambicioso programa de
reformas administrativas y económicas, que se cristalizó, definitivamente,
en su segunda administración, con un éxito sin procedentes en la historia
del país.
No fue igualmente exitosa la conducción de su política exterior. Objeto de
una enorme crítica de sus contemporáneos, García Moreno declaró dos
veces la guerra a Colombia con las consiguientes derrotadas para el país. Y
fue calificada de antiamericana su posición con respecto al conflicto
peruano hispano de 1864 y a la invasión napoleónica a México, en ese
mismo año. Una gran controversia desató, igualmente, su conocida
solicitud del protectorado francés, así como su condena al proceso de
unificación italiana en defensa del poder temporal del Papa, en 1870.
Cumplidos sus cuatro años de gobierno, Jerónimo Carrión, con su apoyo y
el de sus partidarios, fue electo presidente en 1865. Carrión duró menos de
dos años en el poder. Abandonado por García Moreno, que esperó
encontrar en él un sucesor, con una oposición antigarciana fortalecida y
tras un conflicto con el Congreso, fue obligado a dimitir en noviembre de
1867. Mediante nuevas elecciones, Javier Espinosa lo reemplazó en la
presidencia.
Como Carrión, Espinosa tampoco terminaría su periodo presidencial. En el
contexto de una nueva crisis política en 1869 (aunque no de las
dimensiones de la de 1859), García Moreno destituyó a Espinosa; se
proclamo Jefe Supremo de la República y convocó a una Asamblea
Constituyente, la octava en lo que va de siglo, que se reunió en Quito en
mayo de ese año.
Los asambleístas, en la mayoría correligionarios de García Moreno, lo
eligieron Presidentes Constitucional e, inspirados en su pensamiento
político, redactaron una nueva Constitución (1869).
A diferencia de la de 1861, esta Constitución o "Carta Negra", como fue
llamada por sus oponentes, fue unitarias y centralistas: sometió a la
provincia y a los municipios a la autoridad del poder central e hizo de la
primera "la unidad fundamental de la división territorial del país"
(Maiguashca: 1993:6). Pero a más de estas disposiciones, que ya daban un
enorme poder al presidente, reimplantó la pena de muerte por delitos
políticos, amplió a seis años el período presidencial, contempló la
reelección inmediata e impuso la religión católica como condición para ser
ciudadano ecuatoriano.
Armado de este instrumento jurídico, fue capaz de controlar (durante su
segunda administración) cualquier intento de movilización política y de
llevar a cabo una serie de reformas, opuestas, en algunos casos, inclusive
a los intereses de los sectores que llevaron a la presidencial, contempló la
reelección e inmediata e impuso la religión católica como condición para
ser ciudadano ecuatoriano.
Armado de este instrumento jurídico, fue capaz de controlar (durante su
segunda administración) cualquier intento de movilización política y de
llevar a cabo una serie de reformas, opuestas, en algunos casos, inclusive
a los intereses de los sectores que le llevaron a la presidencia.
* Presidenta e Investigadora del Taller de Estudios Históricos
SABIOS
Jesuitas Alemanes
Contratados por García
Moreno para trabajar en la Escuela
Politécnica.
Fotografía tomada de Salvat
Editores Ecuatoriana, Historia del
Ecuador Vol. 6.
El proyecto del estado nacional
Heredero de una marcada regionalización, existente desde finales de la
época colonial y agudizada en la Gran Colombia, el Ecuador nació a la vida
independiente profundamente fragmentado, fragmentación que lejos de
disminuir durante las tres primeras décadas republicanas se profundizó
aún más a consecuencia del desarrollo de las diferencias regionales entre
Quito (sierra-centro norte), Guayaquil (costa) y Cuenca (sierra-sur). En
tales circunstancias, y tras la crisis de 1859, el régimen garciano se
enfrentó al reto de la integración nacional. Aunque ésta no era la primera
vez que se hacía un esfuerzo en tal sentido, García Moreno puso en marcha
un peculiar proyecto político organizado sobre la base de los principios,
visiones y formularios religiosas que, en un país tradicionalmente católico
como éste, él considero el recurso más eficaz a través del cual unificar
nacionalmente a la población ecuatoriana.
Indudablemente, el proyecto garciano no fue producto exclusivo de la
decisión personal del Presidente. Por el contrario, fue el resultado de las
particulares condiciones históricas que el país atravesaba en ese momento,
condiciones que demandaron la puesta en marcha de un proceso de
modernización y centralización estatal, cuya materialización y
centralización estatal, cuya materialización dependió, entre otros, de las
alianzas y acuerdo entre las élites regionales, tradicionalmente en pugna,
por el control del poder (Ayala: 1990:77).
En tales circunstancias, la doble procedencia regional de García Moreno -
natural y adquirida le convirtió en el hombre apropiado para establecer ese
necesario puente político entre los generalmente contradictorios intereses
de las élites de la sierra y de la costa, en un momento histórico en el que la
costa miraba más sus intereses vinculados al mercado internacional.
El sector económico
Durante esta etapa, la economía ecuatoriana vivió un importante
despegue, relacionado con el auge de las exportaciones cacaoteras,
consecuencia de la demanda internacional de ese producto, en particular
para el mercado europeo y norteamericano que se hallaba en pleno
proceso de crecimiento.
El aumento de las exportaciones de cacao, que en 1866 "superó la cifra de
cinco millones de dólares" (Acosta: 1998:39), trajo consigo algunos
efectos significativos, de diversa naturaleza: la incorporación definitiva del
Ecuador al mercado internacional, y al mismo tiempo la gestación de un
modelo de economía agroexportadora, modelo que, como veremos más
tarde, se consolidó en la siguiente etapa (1875-1865); la configuración al
interior de la élite costeña "de una nueva clase, la burguesía comercial y
bancaria" (Ayala: 1990:81), pequeño grupo de personas vinculadas a las
actividades agroexportadoras, y también al inicio de una importante
migración campesina de la sierra a la costa, propiciada por los grandes
propietarios de las plantaciones cacaoteras, que gracias a ello pudieron
obtener mano de obra barata, uno de entre otros factores que permitió
estimular la demanda cacaotera.
Sin duda el Ecuador se debatía bajo un régimen de contradictorias
condiciones: al interior del propio aparato productivo, la modernidad (en
parte producto de la inserción de la economía al mercado internacional y
de sus presiones) y el arcaísmo convivían. Y es que tanto en las grandes
plantaciones cacaoteras y de otros productos primarios (tagua, café o
caucho), los campesinos, enrolados a esas actividades productivas,
subsistían bajo relaciones precapitalistas de producción. Cosa parecida,
bajo formas específicas, ocurría en las haciendas serranas.
La "República Católica"
Pero si el sector económico, peses a sus contradicciones, mostraba visos
de modernidad, las instituciones políticas, la infraestructura nacional, la
galopante regionalización y fragmentación no se compadecían con las
nuevas condiciones económicas, que luchaban por radicarse en el país.
Había entonces que replantear el sistema en su conjunto o, como lo señala
Ayala, "racionalizar la estructura, articular las desparramadas regiones en
cierto marco de unidad" (1990:77).
Visionario y consciente de la situación nacional, García Moreno se propuso
emprender la gran tarea de las transformaciones que las condiciones del
país exigían. Así pues, sobre las bases de una ideología retardataria,
emprendió la gran obra de la modernidad requerida.
¿Por qué lo hizo de ese manera? ¿Qué lo llevó a aplicar un plan de gobierno
siu generis que terminó, como lo establecen los más actuales y brillantes
estudios sobre esta etapa, beneficiando a la burguesía de los grandes
propietarios, de la banca y el comercio?
"Hombre de su tiempo, y no solamente une enajenado en el siglo XIX,
demasiado avanzado para él" (Demélas y Saint Geurs: 1988:133), García
Moreno estuvo fuertemente influido del pensamiento europeo más
obstinadamente contestario al pensamiento francés de la revolución: la
tradición española, que defendía el principio de que el poder soberano del
pueblo venía de Dios; la escuela antiiluminista, que sostenía que el voto es
un acto religioso; el pensamiento contrarevolucionario francés, que
propugnaba la indisoluble relación entre "sociedad civil" y "sociedad
religiosa"; el misticismo religiosa del siglo XIX, que popularizó, a las más
clásica costumbre medieval, ciertas devociones religiosas, fueron ideas
que guiaron sus acciones. En contraposición, García Moreno fue un crítico
mordaz del pensamiento más avanzado de su época: el positivismo, el
racionalismo y el socialismo (Demélas y Saint Geours:1988:136-146).
Bajo la égida de esos principios, García Moreno no estableció la República
Católica, es decir un sistema de gobierno democrático en el que las
enseñanzas religiosas debían constituir la ley fundamental del sistema
(Maiguashca:1993:20). Instituciones civiles, al amparo de la religión
católica, no fue el resultado de un simple capricho, tal principio estuvo
encaminado a legitimar un sistema político justamente sobre las bases de
esas ideas, principio que García Moreno defendió como el referente
fundamental de sustentación del sistema. Así, y en oposición de los
defensores del republicanismo como vehículo de cohesión nacional, García
Moreno estaba convencido de que los fundamentos religiosas eran el
medio más eficaz para lograr la unidad nacional, tesis a la que la Iglesia
adhirió y que mantuvo como una de sus banderas de lucha en contra del
liberalismo de entonces y de los años posteriores.
García Moreno fue al mismo tiempo un acerbo partidario de las ideas de
progreso material, orden y desarrollo, formulaciones que en plano
filosófico sostenían aquellas doctrinas que él precisamente repudiaba
(Demélas y Saint-Geours:1988:145). Pese a la aparente contradicción de
estos principios con sus ideas religiosas, se ha encontrado que en realidad
la conjugación de ambas formulaciones se sustentaban en un "ideal de
modernidad católica", es decir en un catolicismo que participaba del
desarrollo individual y colectivo de los pueblos, del que él estaba
profundamente influido (Maiguashca:1994:338).
Sobre tales fundamentos erigió su programa político, cuya puesta en
marcha enfrentó no pocos contratiempos y no poca oposición.
De la "República Católica" hacia la Revolución Liberal
OBSERVATORIO
Astronómico
Construído por García
Moreno
Foto: Taller Visual
Estado unitario y centralizado
Ahora bien, consciente él mismo de las diferencias y divisiones imperantes
en el país (que las comparaba con una especie de caos infernal), y también
de su enorme pobreza, que consideraba el principio de todo desorden
(Demélas y Saint_Geeurs:1988:151), García Moreno defendió, ya como
fórmula la solución, un Estado unitario y centralizado, que con un Ejecutivo
fuerte tuviera gran capacidad de control político administrativo sobre todo
el territorio nacional. Ya en el orden de sus praxis política, él y sus
partidarios, como se mencionó, lograron que el Congreso aprobará una
Constitución (la de 1869) que fue hecha a su medida y que, entre otras
cosas, no sólo reglamentó la sujeción de la provincia al Estado, sino que
suprimió los municipios provinciales y parroquiales y le dio al Ejecutivo la
capacidad "de elegir libremente a los gobernadores"
(Maiguashca:1994:369). De esta manera, procuró debilitar la autonomía
del municipio que, en tanto expresión de los poderes locales, actuaba como
fuerza política desintegradora. Su propósito era posibilitar el
fortalecimiento de la Administración Central.
Reforma educativa
Además emprendió un plan de profunda reforma educativa, tema que ha
merecido mucha atención, y que ha sido exaltado por sus partidarios. Y es
que el garcianismo se empeñó particularmente en transformar y mejorar el
sistema educativo ecuatoriano, que para entonces ciertamente presentaba
serios vacíos y carencias. En este sentido, se preocupó de importar al
Ecuador modelos pedagógicos desarrollados en Europa, por algunas
órdenes religiosas como la de los jesuitas, los Hermanos Cristianos y la de
los Sagrados Corazones, algunos de cuyos miembros, de entre los más
selectos, fueron traídos al país, con la misión de dirigir escuelas, colegios y
universidades.
Se sabe que como producto de su gestión la educación creció
significativamente, no sólo en términos cuantitativos, sino principalmente
cualitativos. Fue una etapa en la que a la luz de un modelo de enseñanza
confesional el número de estudiantes se triplicó; el número de escuelas y
colegios aumentó considerablemente; se fundó la Escuela Politécnica
Nacional, que se convirtió en el más importante centro de educación
superior latinoamericano de le época; se puso empeño en el
reordenamiento curricular; se incrementó el presupuesto educativo; se
reformó la ley de instrucción pública e inclusive, en una sociedad
excluyente como la de entonces, se creó (casi podríamos decir
extraordinariamente) un "Colegio Normal" para la formación de profesores
indígenas, que, por cierto, inauguró el normalismo en el Ecuador sistema
de formación pedagógica que se consolidó sólo en la etapa liberal, y que
constituyó una del as gestiones educativas más destacada de aquel
régimen. Poro a más de lo señalado, se preocupó de establecer
instituciones técnicas y de enseñanza alternativa como la Escuela de Artes
y Oficios, el Conservatorio de Música y la Escuela de Pintura y Escultura.
Educación al servicio de la integración política y del control social, su
intenso accionar pedagógico traía consigo los principios católicos
modernizantes propugnados por el régimen, es decir, por un lado, una
educación ideologizante que intentaba imponer a sus educandos una visión
del mundo basada en los más caros principios religiosos (por ley la
educación fue declarada obligatoriamente confesional) y, por otro lado,
una educación modernizante, es decir técnica, científica y de alguna
manera socialmente inclusora. El normalismo para los indígenas y su plan
de alfabetización masivo son claras evidencias de ello. En este sentido los
indios nacionalmente excluidos, pasan por el programa garciano como
"raza oprimida" a la cual hay que integrar por la vía de la educación, pero
de la educación religiosa (Demélas e Ives Saint-Geours).
Reformas religiosa
¿Pero qué empeños, qué intereses, qué ideas políticas se encuentran
entremezcladas en tan encomiable y gigantesco programa de realizaciones
educativas?. En realidad, éste no fue el resultado de arbitrarias decisiones.
En su realización están involucrados los principios políticos más
característicos del régimen y que han servido a los historiadores para
caracterizar la etapa.
Este modelo político necesitaba de poderosos aliados. En este sentido,
García Moreno intentó hacer de la Iglesia su más ferviente partidaria. Sin
embargo, a pesar de lo que la historiografía tradicional ha venido
sosteniendo, no todos los sectores eclesiásticos se mostraron,
especialmente al inicio de su gestión, incondicionales partidarios de su
proyecto. Algunos miraron con malos ojos no sólo el afán del Presidente
por moralizar el clero disoluto, a través de la implementación de una serie
de medidas conducentes a su reforma, sino también su interés por
neutralizar su participación política, alejándose de su intervención en los
asuntos del Estado, y devolviéndose a sus exclusivos asuntos espirituales
(Ibid:1988:164).
Obstinado moralista y siempre obsesionado defensor de la idea de orden,
García Moreno se encargó de gestionar frente al Vaticano un nuevo
instrumento legal, el Concordato firmado el 26 de septiembre de 1862,
que, en reemplazó de la ley del patronato, instrumentalizó otra forma de
relación entre el poder civil y el poder religioso. De esta manera, García
Moreno buscaba establecer una armónica relación entre ambos poderes, y
de darle a cada cual lo que humana y espiritualmente le correspondía.
A pesar de ello, y aunque la Iglesia recibió amplias prerrogativas en la
esfera ideológica (de tal manera que "ni una cátedra, ni una publicación, ni
una expresión pública del pensamiento quedaron al margen de la
ingerencia clerical" (Ayala: 1990:226) el Estado no perdió muchas de las
atribuciones eclesiásticas que tradicionalmente detentó, entre otras, por
ejemplo, el derecho a sugerir la creación de nuevas diócesis, o a cobrar
impuestos a las personas o bienes eclesiásticos (Demélas e Ives Saint-
Geours:1988:165). Así, esta nueva fórmula de acuerdo con el Estado no le
dio a la Iglesia la autonomía esperada; por el contrario, la mantuvo todavía
sujeta a disposiciones que emanaban del poder civil. De esta manera, la
política centralizadora de García Moreno hizo otra vez su acto de presencia
y la oposición eclesiástica siguió con ella y se incrementó cuando García
Moreno dispuso que el clero extranjero importado se encargue de la
moralización popular y de la reforma del clero nacional, especialmente del
clero de las órdenes religiosas. Y es que si los principios religiosos eran el
eje alrededor del cual estructuraba fundamentalmente el modelo
propuesto, la reforma de la Iglesia constituía un imperativo impostergable
para el garcianismo.
En coherencia con sus ideas religiosas y en orden a legitimarlas
simbólicamente en el ámbito nacional, apoyó la "Consagración de la
República al Corazón de Jesús", que constituyó un espacio de pacto
simbólico nacional con las políticas vaticanas.
Reformas administrativa
Pero si en la esfera ideológica el Estado emprendió tales cambios; con los
fines unitaristas y centralistas señalados, en el plano material y
administrativo el modelo no se salió del guión ya trazado.
Nuevamente, en esta ámbito las realizaciones fueron extraordinarias. La
administración pública es un ejemplo notable en esta sentido, ya que fue
objeto de diversos y profundos cambios, a través de los cuales, en
realidad, lo que intentaba era establecer un ejecutivo fuerte, que para
García Moreno era, asimismo, condición sine qua non para encaminar al
país por el tan ansiado sendero del orden y del progreso. Con este mismo
propósito le imprimió a su política de un marcado carácter autoritario,
autoritarismo que por cierto no se compadeció con el ideal de República
católica que pretendía forjar, pero que por otro lado coadyuvó a consolidar
el tan reclamado gobierno central.
La reforma militar, mereció, por ejemplo, especial atención de su parte.
Hasta entonces incipiente institución, sometida a las veleidades de los
intereses regionales, el garcianismo inició su reestructuración por medio
de la aplicación de dos importantes medidas: la despolitización de sus
miembros y su capacitación e instrucción militar técnica y profesional. De
esta manera, García Moreno pretendía asegurar una milicia que cumpliera
una doble función: por un lado, que fuera instrumento para garantizar el
orden interno del país y, por otro, que defendiera la soberanía territorial
frente a cualquier amenaza externa (Ayala:1990:225).
EDIFICIO
Del Banco del Ecuador
En Guayaquil, fundado por
García Moreno en 1862.
Fotografía tomada de Salvat Editores Ecuatoriana,
Historia del Ecuador Vol. 6.
La obra pública
Su vasto programa de realizaciones materiales también comprendió la
ejecución de una diversidad de obras públicas entre las que se ha resaltado
la construcción de la carretera nacional (que el Congreso de 1875 la
denominó en su honor "García Moreno") vía de comunicación que unió la
sierra con la costa, a Quito con Guayaquil. Desde el punto de vista del
análisis histórico, la ejecución de esta obra contiene diversos aspectos de
interés. Por un lado, su construcción obedeció al afán manifiesto de
vincular las divididas regiones ecuatorianas, separadas geográficamente
por la Cordillera de los Andes, esa gran barrera natural que impedía la libre
comunicación entre la costa y la sierra. En realidad, de esta manera se
estaba posibilitando articular los intereses costeños y serranos a través de
un medio de comunicación interno y externo, cada vez más pujante. Por
otro lado, desde el punto de vista de su proceso constructivo, obra de
semejante envergadura requirió no sólo ingente inversión económica, sino
también de una gran cantidad de mano de obra, que el gobierno obtuvo a
través de la llamada "contribución del trabajo subsidiario", es decir, mano
de obra casi siempre indígena que al servicio de los particulares,
generalmente hacendados de las provincias por donde atravesaba la
carretera, era obligada a laborar en su construcción. Tal medida trajo
consigo no pocos problemas entre el gobierno y los terratenientes, que
vieron afectados sus intereses económicos y también políticos porque, de
esta manera, no sólo que los indígenas sujetos a su control ideológico se
empezaron a liberar de sus tuteles, cuando fueron desplazados de su
tradicional espacio laboral, sino que los terratenientes se resistieron a la
penetración estatal e sus ámbitos de poder local. Así, de medidas como
ésta empezó a surgir la oposición de las élites conservadoras serranas, es
decir del sector que se encargó precisamente de colocar a García Moreno
en el poder.
Reforma fiscal y monetaria
El programa del régimen incluyó por otra parte un plan de reformas
fiscales y monetarias. Entre oras medidas se tomaron las siguientes: la
abolición del tributo indígena, la imposición de un impuesto a los bienes
raíces y una reorganización aduanera, que aseguró el cobro adecuado de
impuestos por es rubro. Este hecho, sumado al crecimiento de las
exportaciones cacaoteras le permitió obtener al Estado un ingreso
significativo de fondos sin precedentes anteriores. Este programa de
reformas incluyó, por otro lado, una apropiada conducción técnica de las
finanzas públicas y en consecuencia una racionalización del manejo de sus
fondos.
Sin embargo, otra vez algunas de estas medidas no satisficieron a los
intereses serranos. Y es que el presidente prefirió optar por las
disposiciones librecambistas que beneficiaban al desarrollo del comercio
exterior, en donde el Estado obtenía sus mayores recursos, a las medidas
proteccionistas que reclamaban los hacendados e industriales, a fin de que
reclamaban los hacendados e industrias, a fin de que desde el ámbito
estatal se protegiera la producción nacional de productos importados. El
modelo garciano, entonces, otra vez apostaba por los intereses costeños
que vinculados al gran auge del a explotación cacaotera atravesaba por su
mejor momento.
Ahora bien, en el aspecto económico el gobierno también experimentó la
necesidad de impulsar la creación de sus sistema bancario acorde con la
vinculación del país al mercado internacional y al creciente ingreso de
capitales. En tal virtud, García Moreno gestionó el establecimiento de
Banco del Ecuador (1862), instituto emisor, al que el Estado terminó por
vincularse estrechamente en razón de los empréstitos bancarios
concedidos. También optó suspender el pago de la deuda inglesa.
La política económica garciana, en virtud de las características que asumió,
ha sido calificada de "económica capitalista católica", de fuerte
inspiración jesuita. Estatalmente intervencionista, nacionalistas y
librecambista, promocionó la vinculación económica interna y externa y se
planteó la necesidad de incorporar a los sectores desposeídos de población
al mercado laboral.
Oposición y fin del Garcianismo
En 1975, cuando el segundo mandato presidencial de García Moreno
llegaba a su fin, sin duda alguna, su proyecto político estaba consolidado.
Para entonces todo hacía pensar que el país entero se movía bajo el peso
del enorme control que venía ejerciendo bajo el amparo legal que el daba
la "Carta Negra" y bajo el cobijo ideológico que le daba la Iglesia. De tal
manera que cuando eses mismo año se convocó a elecciones, fue
nuevamente reelegido presidente, sin ninguna oposición. No obstante, una
tensión política en aumento estaba tomando cuerpo, no sólo entre los
grupos que siempre se le opusieron, sino ente algunos de los que siempre
lo apoyaron.
De hecho, el garcianismo enfrentó desde el inicio una oposición popular
liderada por José María Urvina que, a lo largo de la gestión presidencial,
fue constante y duramente reprimida. En este caso, según Enrique Ayala,
las oligarquías serrana y costeña cerraron filas con García Moreno en
contra del movimiento popular que amenazaba su dominio. Sin embargo,
pese a ese acuerdo inicia, paulatinamente ciertos grupos pertenecientes
principalmente a la élite cuencana (en defensa de sus intereses y en
oposición del autoritarismo gubernamental, que le había dado a la Iglesia
demasiadas prerrogativas) y liberales lideradas por Pedro Carbo, en
Guayaquil, y, en la sierra, por el intelectual Juan Montalvo, se convirtieron
en sus más enérgicos opositores. En el marco de esta creciente oposición
fue tomando cuerpo un complot (que no fue el primero) para acabar con su
vida.
García Moreno fue asesinado el 6 de agosto de 1875 por un grupo de
jóvenes (Faustino Rayo, Roberto Andrade, Abelardo Moncayo y Manuel
Cornejo) que le esperaban al final de la escalera de entrada al palacio de
gobierno. Sus partidarios responsabilizaron al liberalismo masónico del
crimen, quedaron algunas dudas que no pudieron ser resueltas, de tal
manera que hasta ahora no se ha podido determinar quién o quiénes
fueron los autores intelectuales del crimen
La subida al martirio
"Expuesto sobre un estrado, con uniforme de general, coloreadas las
mejillas y la frente, el cuerpo putrefacto del Presidente presentaba un
horrible espectáculo". Así describe la exequias (de García Moreno) el
Cónsul General de Francia. Otros elementos nos ayudan a imaginar las
circunstancias extraordinarias del homicidio y las ceremonias fúnebres: la
camisa ensangrentada, piadosamente conservada en el Museo de
Cotocollao, con otros recursos del mismo género: una vieja foto sepia en la
cual se ve el cadáver embalsamado, vestido de etiqueta con la gran banda
(sobre la cual, como exorcismo, se entiende la divida: "Mi poder en la
Constitución", sentado en su sillón presidencial y rodeado de cinco
ganaderos napoleónicos portando el mandil zapador; el macabro relato de
los funerales: guantes blancos, sombrero de pluma, condecoración papal
en el pecho, está sentado ahí frente al público, ante el altar, en la Catedral.
Es él quien preside: ¿A qué tradición se vincula esta increíble presencia
física del difunto, como si a través de la muerte encarna aún el poder?
Recordemos que en Francia, hasta Enrique II, un maniquí simboliza la
continuidad de la monarquía en el interregno.
El 9 de agosto de 1875, tres días después del drama, el Gobierno, el
Congreso, los Cuerpos Constituidos están ahí para la Misa oficiada por el
Obispo de Riobamba, Ignacio Ordóñez, el hombre del Concordato. El
arzobispo de Quito, monseñor Checa y Barba está ausente: envenenado en
1877 con el vino de Misa, un Viernes Santo, fue el último en ser honrado
del mismo modo que García, embalsamado, revestido de sus atributos
episcopales sobre la cabeza y la cruz en la mano.
Pero una vez terminada la ceremonia, el misterio se apodera del gran
hombre. Salida la multitud, algunos fieles ocultan el cadáver; extraña
preocupación que dice mucho de los temores de sus partidarios frente al
sentimiento popular. Y García desaparece definitivamente hasta el día de
abril de 1975 (para el centenario) en el que vuelto a encontrar e
identificado en el convento de Santa Catalina (las religiosas detrás de los
muros de ese convento fortaleza habían sabido guardar el secreto durante
un siglo). Con gran pompa, los restos fueron depositados en la Catedral, al
lado de Sucre y Flores, y la ceremonia dio lugar a una gran concentración
"conservadora" en las calles de la capital.
Tomado de Marie-Danieaelle Démelas e Ives Saint-Geours, Jerusalén y
Babilonia, Religión y Política en el Ecuador 1780-1880, Corporación Editora
Nacional, Instituto Francés de Estudios Andinos, Quito, 1988, pp. 191-19
RESTAURADORES
Conservadores
Que se opusieron al
Régimen Dictatorial de Ignacio
de Veintimilla.
Foto: Taller Visual
La transición al estado liberal: Veintimilla y los gobierno progresistas
(1875-1895)
Panorama histórico
Veintimilla en el poder
Luego de la muerte de García Moreno, se inicia en el país una nueva etapa
de sus historia conocida tradicionalmente como la "etapa progresista",
porque durante gran parte de la misma gobernó el progresismo,
movimiento político de tendencia centrista conservadora, que en su
momento se opuso al sistema de control rígido del garcianismo, y que
colocó inmediatamente en el poder a Antonio Borrero (1875-1876), rico
propietario cuencano, partidario de García Moreno, durante los primeros
años de su administración. Borrero, luego del breve interinazgo de Manuel
de Ascázubi, Ministro de Interior del gobierno garciano, fue elegido
democráticamente presidente por una amplia mayoría que esperaba
introdujera las reformas legales a la Constitución del régimen anterior.
Legalista en extremo y poco político, se negó a reformar el aparato jurídico
heredado de García Moreno y en consecuencia fue destituido por un golpe
de Estado, liderado por el General Ignacio de Veintimilla, que se proclamó
dictador (1876) con el auspicio de los liberales guayaquileños, entro otros
Pedro Carbo y José María Urvina.
Al poco tiempo y en orden a legitimar su poder, Veintimilla convocó a una
Asamblea Constituyente que reunida en Ambato le nombró Presidente
(marzo de 1878) y redactó una nueva Constitución, la novena del país.
Dos momentos claramente diferenciados caracterizaron el gobierno de
Veintimilla. Durante el primero, el régimen que se proclamó partidario de
las ideas liberales enfrentó una abierta oposición conservadora liderada
por la Iglesia Católica, opuesta a hacer concesiones que comprometieran la
continuidad de su dominio ideológico. El máximo enfrentamiento con la
Iglesia ocurrió cuando fue envenenado al Arzobispo de Quito José Ignacio
Checa y Barba, hecho que aprovecharon sus opositores para levantar
testimonios en su contra y acusarle del crimen. En cambio, durante el
segundo cuando su gobierno empezó a apartarse del contenido ideológico
liberal debió enfrentar la abierta oposición no sólo de los sectores
conservadores sino de los liberales, que se sintieron traicionados por las
ideas personalistas y dictatoriales que el régimen asumió, contra toda
previsión de éstos, sus iniciales aliados. Así, cuando en 1882 Veintimilla
desconoció el orden constitucional proclamándose jefe supremo, ambos
sectores coallegados terminaron por destituirlo, tras una cuenca guerra
civil, conocida como la "Campaña de la Restauración", el 9 de julio de
1883.
Entre otras cosas, el crecimiento económico de país, sin precedentes en el
siglo XIX, le permitió, pese a la oposición, sostenerse por tanto tiempo en
el poder, ya que a través de un gasto público dispendioso, encontró, entre
algunos sectores, especialmente el militar, el respaldo político que
necesitaba. La represión desatada en contra de sus enemigos políticos
también jugó un papel importante en el mismo sentido.
Los gobiernos "Progresistas"
Sin embargo, en el marco de la definitiva inserción del Ecuador a la
economía mundial, la función del Estado debía estar encaminada a
favorecer la continuidad del proceso de modernización iniciado ya por el
régimen de García Moreno. Por lo tanto, otra vez aliadas coyunturalmente
las élites, depusieron a Veintimilla y colocaron en el poder a José María
Plácido Caamaño, guayaquileño, vinculado a los intereses de los grandes
cacaoteros y comerciantes del puerto. Caamaño fue elegido por una
Asamblea Constituyente, que se encargó de redactar otra Constitución, que
introdujo ahora sí importantes reformas legales de sello democrático, en
abierta oposición a la opresora Constitución garciana.
La elección de Caamaño fue el resultado de la estrecha alianza entre
conservadores y liberales moderados quienes, distanciados,
respectivamente, de los conservadores a ultranza y de los liberales
radicales, se organizaron bajo un programa ideológico basado en la
tolerancia religiosa, el republicanismo y las garantías constitucionales.
Con la elección de Caamaño (1883) y posteriormente con la de Antonio
Flores (1888) y la de Luis Cordero (1892) se selló el predominio ideológico
del progresismo, tendencia, opuesta al liberalismo radical, en el sentido de
que rechazó la separación de la Iglesia con el Estado, que aquel defendía.
Durante el gobierno de Caamaño, y pese a su filiación doctrinal, se desató
una dura represión en contra de los liberales radicales, quienes, dirigidos
por Alfaro, organizaron un movimiento insurreccional de carácter
montanero, que actuó principalmente en el litoral (Manabí, Guayas y
Esmeraldas). La llamada "Revolución de los Chapulos", cuyos
protagonistas fueron en su mayoría campesinos y artesanos, no fue
fácilmente sofocada; la contrario, duró los cuatro años de la gestión
presidencial y le significó al gobierno el desembolso de ingentes sumas de
dinero por concepto de gastos militares, que consiguió por la vía del
endeudamiento público con la banca privada, principalmente de Guayaquil.
Población del Ecuador en las últimas décadas del siglo XIX
Un millón de habitantes
Un millón de personas habitaron el Ecuador hacia 1890. A pesar de que un
75% de esa población aún estaba concentrada en la Sierra, la población de
la Costa, que había representado menos del 7% del total un siglo antes,
venían en continuo crecimiento, Guayas era la sexta provincia entre la más
pobladas y Guayaquil tenía ya casi la misma población que Quito (55.000)
y se convertiría antes de fines del siglo en la ciudad más grande del
Ecuador (60.000 habitantes).
Según un dato sobre el Ecuador de 1890 publicado en la época por la
oficina de las Repúblicas Americanas (antecesora de la OEA), sólo 100.000
personas sabían leer y escribir, mientras que un viajero extranjero
ensayaban una clasificación racial de la población en los siguientes
términos: 100.000 personas de raza blanca, 300.000 mestizos ("mezcla de
las razas blancas, india y negra") y 600.000 indígenas puros. Esta
clasificación tradicional de la población ecuatoriana combinada con los
datos del período, nos permiten visualizar particularmente la situación de
"servidumbre y rebajamiento" en que, como dice el mismo viajero, vivía el
indio, atado a la hacienda por la ley inexorable del concertaje.
"El indio es vejado y flagelado como lo eran los siervos de la gleba rusos, y
hoy en día puede verse, colgando de las entradas de las tiendas de la
"cristiana" Quito, manojos de látigos que se venden por diferentes precios,
de acuerdo al tamaño que lo piden las niñas, las mujeres, los niños a los
hombres", dice el mismo observador, George E. Church.
El pequeño grupo blanco concentra la propiedad y el poder político. Al
menos un 75% de la tierra con títulos legales o consuetudinario estaba
concentrado en manos de los grandes propietarios, entre ellos la Iglesia ().
Tomado de: Gonzalo Ortiz Crespo, "Población y Producción en las últimas
décadas del siglo XIX", en Enrique Ayala Mora, Ed., Nueva Historia del
Ecuador, Vol. 7, Corporación Editora Nacional / Grijalbo, Quito, 1990. Pp.
271.
RETRATO
De José María
Plácido Caamaño
Primer Presidente de la
República de la Etapa
"Progresista"
Foto: Taller Visual
En todo caso, con los progresistas en el poder, el Estado retornó la política
de modernización material paralizada durante el gobierno de Veintimilla.
Así, Caamaño se empeñó en impulsar de educación, en desarrollar las
comunicaciones por medio de la instalación de las líneas de telégrafo entre
Guayaquil y Quito, y también en reorganizar la administración pública y el
sistema fiscal nacional.
Pero sin duda alguna, el máximo exponente de esta nueva tendencia fue
Antonio Flores, quien sucedió en el poder democráticamente a Caamaño en
1888. El promovió un programa estatal de reformas liberales, que inclusive
contó con el apoyo de los sectores más radicales de liberalismo. Flores
estructuró su propuesta alrededor de dos ejes de acción fundamental. En
lo político ideológico: tolerancia religiosa y libertad de expresión y prensa,
y en lo económico: promoción de la inversión extranjera y apoyo casi
incondicional a la economía orientada a la agro-exportación.
El arreglo de la deuda externa, que García Moreno rechazó abiertamente,
en la que Flores en cambio se interesó afanosamente, y la supresión del
diezmo ilustran su política económica.
En orden a solucionar el problema de la deuda, Flores reinició las
conversaciones con el Consejo Inglés de Tenedores de Bonos. Por este
medio pretendía sanear el crédito público nacional, con el objeto de abrir al
país la puerta a nuevos empréstitos que debían servir no sólo para
estimular la producción interna, sino para financiar una estructura vial que
acercara la producción agrícola de la costa con la sierra y viceversa. Los
contratos fallidos con el empresario inglés Marcos Kelly, y luego con el
conde Tadeo de Ocksza para la construcción del ferrocarril, que con
empréstitos nacionales se habían ya iniciado durante el régimen garciano,
dan cuenta de lo señalado.
El gobierno de Flores logró que el Congreso ecuatoriano aprobará en 1891
un acuerdo con el Consejo de Tenedores de Bonos mediante el cual el
Ecuador se comprometía a pagar la deuda, por medio del cobro de un
nuevo impuesto del 10% a los derechos aduaneros.
Igualmente, en 1833, logró que la constituyente suprimiera el diezmo,
gravamen mediante al agricultor, desde la época colonial, estaba obligado
a pagar el 10% a la producción agrícola (dos tercera parte el Estado).
Contra el diezmo venían oponiéndose tiempo atrás los indígenas
campesinos, quienes estaban más expuestos a pérdidas agrícolas
ocasionadas por diversos factores (ya que el pago del diezmo no
consideraba deducciones por ningún motivo) y a sufrir los abusos que
cometían en su contra los recolectores del impuesto. Sin embargo, tal
como lo expone Gonzalo Ortiz, a las quejas de los pequeños productores,
se fue sumando el malestar de los grandes propietarios costeños, quienes
obligadamente debían entregar a la Iglesia y al Estado una parte de las
producción cacaotera, que podía ver vendida en el mercado internacional,
con los consiguientes beneficios a percibir.
Pero si su eliminación beneficiaba a los grandes propietarios costeños, en
cambio afectaba a los intereses de los terratenientes serranos e
indudablemente a los de la Iglesia, que, desde el Congreso y otras
instancias, organizaron una abierta oposición en contra de la supresión.
Los terratenientes serranos preferían un gravamen sobre la producción
agrícola, y no sobre sus grandes extensiones de tierra, muchas de ellas
improductivas, sobre las que el Congreso de ese año impuso "un impuesto
anual de tres centavos sobre cada mil pesos del valor de la propiedad"
(Ortiz:1990Ñ260), impuesto diseñado para sustituir al diezmo.
Una vez concluido al mandato presidencial de Flores, el desplazamiento de
eje político volvió a favorecer a la tendencia centrista, ya que convocadas
nuevas elecciones fue elegido Luis Cordero (1892), candidato oficial de
dicha tendencia.
Durante su gobierno, Cordero no obtuvo ni el apoyo de los conservadores
ni el de los liberales, que se distanciaron del régimen, cuando éste, a
diferencia de los que hiciera Flores, intentó limar las asperezas con la
Iglesia y ganarse su respaldo.
En el marco de tales enfrentamientos, un hecho conocido en la historia
ecuatoriana como "la venta de la bandera nacional", le llevó a su
destitución. Los resultados en esta ocasión favorecieron al liberalismo
radical que, con el apoyo de los grandes propietarios guayaquileños,
condujo al poder al General Eloy Alfaro.
El progresismo y su modelo
Las economías regionales y la agro exportación
En esta etapa, la historia del Ecuador se desarrolla en un marco
internacional de profundas transformaciones económicas, principalmente
como resultado del aparecimiento y consolidación de grandes empresas
capitalistas transaccionales, empresas que en la búsqueda de mano de
obra y materia prima abundante y barata se caracterizan por invertir parte
de sus capitales más allá de las fronteras nacionales. Son años durante los
cuales las pequeñas empresas capitalistas, imposibilitadas de competir con
las grandes, van siendo paulatinamente absorbidas por éstas,
produciéndose como resultado una enorme concentración de capitales y en
consecuencia el aparecimiento de monopolio capitalista.
Bajo estas condiciones económicas internacionales, la economía
ecuatoriana durante estos años se incorporó definitivamente a la economía
mundial debido al crecimiento masivo de las exportaciones cacaoteras que
llevó a la consolidación del modelo de economía agroexportadora que
favoreció a la oligarquía guayaquileña.
Fueron años durante los cuales la exportación de este producto, creció
significativamente. En 1890, el Ecuador exportó por este concepto
9'761.100 dólares, la cifra más alta alcanzada durante el siglo XIX
(Acosta:1995:48),
De la "República Católica" hacia la Revolución Liberal
EL PRESIDENTE
Luis Cordero
Y su Gabinete
Foto: Taller Visual
Aunque el cacao influyó necesariamente sobre la vida económica
ecuatoriana en general, el incremento de sus exportaciones condujo, no
cabe duda, a una mayor especialización económica regional. Mientras en la
costa la economía se orientó fundamentalmente a su producción y
exportación, en la sierra (centro-norte y sierra-sur) la hacienda continuó
siendo la forma productiva predominante. Ambas regiones presentaban
rasgos económicos singulares, ya que la producción hacendataria del
centro sirvió fundamentalmente para abastecer las necesidades del
mercado interno, en cambio, el sur logró en algo articular su economía al
mercado internacional, a través de la exportación de productos artesanales
como los sombreros de paja toquilla y la tagua. Estas diferencias muestran
que el país coexistían economías que generaron un desarrollo dispar al
interior del mismo.
Bajo estas circunstancias, las diferencias entre las élites regionales se
polarizaron. Mientras la oligarquía costeña buscaba asegurar condiciones
propias para su articulación con el mercado internacional, los
terratenientes serranos intentaban mantener el predominio hegemónico de
la hacienda e impulsar la incipiente rama artesanal que exigía que desde el
Estado se establezcan políticas proteccionistas, al mismo tiempo que
luchaban por mantener el control de la fuerza de trabajo, en un momento
en que gran cantidad de campesinos serranos, huyendo de la sujeción a la
hacienda, emigraban hacia el litoral a enrolarse como fuerza de trabajo en
las plantaciones cacaoteras.
En esta condiciones, el progresismo favoreció la adecuación de la
estructura económica del país a las exigencias de la economía
agroexportadora costeña, demandadas no sólo por los élites del litoral,
vinculadas a esas actividad, sino por los grandes centros de comercio
internacional. En este sentido, el capital inglés, que a lo largo del siglo XIX
controló gran parte del comercio exterior ecuatoriano, jugó un papel
fundamental. Y es que las empresas financieras inglesas, que se
relacionaron con cosas comerciales de Guayaquil, convirtiéndose en
agentes intermediarios a través de los cuales se revendía el cacao a los
diferentes mercados europeos, obtenían el cacao a los diferentes mercados
europeos, obtenían lucrativos beneficios por el concepto de la reventa del
producto. El capital inglés estaba entones muy empeñado en que se
crearan las condiciones nacionales apropiadas para el desarrollo de esta
lucrativa actividad que no sólo reclamaba que los propietarios de las
grandes haciendas cacaoteras aumentaron la oferta de productos, frente a
la demanda internacional, sino que se creara una estructura vial, comercial
y bancaria que facilitara dicho intercambio con el exterior.
Así, frente a las nuevas condiciones económicas nacionales e
internacionales, y presionado por el capital inglés, los gobiernos
progresistas pusieron en marcha una política económica aperturista y
librecambista, que se concretó durante el gobierno de Flores, en la
supresión de diezmo, el arreglo de la deuda externa y los contratos del
ferrocarril, medidas que no satisfacieron los intereses de los terratenientes
serranos ni de la Iglesia, que se ubicaron en la oposición, en su afán por
detener un proceso que bajo las condiciones nacionales e internacionales
imperantes no podía dar marcha atrás.
El progresismo: aspecto ideológico
Ahora bien, si en el aspecto económica el Ecuador orientó
fundamentalmente su economía al comercio internacional, en el aspecto
político esta fue una fase de consolidación de tendencias ideológicas
fundamentales, cuyos antecedentes están relacionados con el proyecto
cuyos antecedentes están relacionados con el proyecto de la derecha, y en
reacción a su aplicación, la definición ideológica de los sectores de
oposición (Ayala:1978:151). En el marco de este proceso, en 1883, los
conservadores se organizaron bajo la Sociedad Católica Republicana, y, en
1895, bajo el Partido Conservador Ecuatoriano. Por su parte, los liberales
fundaron el Partido Liberal (1889) y los progresistas la Unión Republicana
(1889). Entre los conservadores y los liberales radicales, grupos políticos
inconciliables, estaban ubicados los progresistas, cuyo objetivo
fundamental se planteó en términos de reducir la influencia política
ideológica de la Iglesia, aunque, a diferencia de los liberales radicales, se
oponían al principio de la total separación entre el poder civil y
eclesiástico. En este sentido, la oposición a la supresión del diezmo no
obedeció a exclusivas razones de orden económico; detrás de este medida
la Iglesia y los conservadores vieron con preocupación que se les estaba
quitando el control sobre instancias de poder como la salud y la
beneficencia, sobre las que el diezmo les daba la posibilidad de actuar.
Como vimos, fueron los progresistas los que llevaron sucesivamente al
poder a Caamaño, Flores y Cordero, quienes se declararon
manifiestamente miembros de esta agrupación política.
Una vez en el poder los progresistas intentaron distanciarse del unitarismo
y del centralismo a ultranza promovido por el garcianismo. Fieles a su
centrismo ideológico, optaron por una fórmula media, mediante la cual
dieron al Ejecutivo amplias facultades sobre la provincia, aunque
constitucionalmente limitaron la autoridad presidencial
(Maiguashca:1994:365). En el caso de Flores, ese unitarismo intermedio le
llevó en diversas ocasiones a amenizar al Congreso con su renuncia, sino
se le permitía poner en práctica su programa económico modernizante.
Durante la dictadura militar de Veintimilla las ideas unitarias
prevalecieron, ya que pese a que desde el orden constitucional se intentó
descentralizar las funciones del Estado, bajo las circunstancias políticas
dictatoriales impuestos por el General, ese nuevo orden no fue respetado,
y por lo tanto cualquier nuevo empeño legal tendente a la
descentralización institucional que el Estado garciano logró establecer, en
la práctica, no tuvo ningún resultado (Maiguashca:1994:365).
El progresismo, que como vimos creó condiciones internas favorables hacia
la inserción del Ecuador a la economía mundial, impulsó el surgimiento de
nuevos sectores económicos y sociales la burguesía comercial y bancaria
de Guayaquil quienes, opuestos a las ideas de los conservadores, y bajo las
nuevas condiciones económicas, requerían que en el país se den cambios
estructurales económicos e ideológicos más profundos. Bajo se auspicio
entonces estalló la Revolución Liberal que llevó al poder a Eloy Alfaro. De
esta manera, el Progresismo había también creado las bases para que se
produzca la gran transformación liberal.
Los linderos de la propiedad agraria
En 1890, el grupo de terrateniente en el litoral era pequeño, interrelacionado:
ésto se encuentra ilustrado por la manera casual en que los linderos eran
descritos en los testamentos, transferenciales de propiedades y papeles
hipotecarios. El propietario conocía donde terminaban sus tierras. Su vecino
también. Tiempo atrás, una señal de madera incorruptible había, por
supuesto, ningún sistema de agrimensor a través de líneas determinadas
astronómicamente. Cada uno de las haciendas tenía su nombre. El propietario
conocía y respetaba a su vecino y era suficiente citar el nombre de su vecino
o el nombre de su hacienda en documentos legales. El nombre de la hacienda,
una vez registrado, se volvía parte de la descripción oficial de la tierra. El solo
uso del nombre de la hacienda servía como protección contra la intrusión de
pequeños agricultores en sus inmediaciones. El intruso podía esperar que, al
concluir una ocupación pacífica de 30 años, se le puede reclamar al Juez de
Propiedad que pronuncie un juicio a su favor. Pero, para empezar, los límites
de las haciendas eran imprecisos en los documentos públicos y no bien
delimitados con relación a las tierras del gobierno. Por eso era difícil para un
forastero, alguien ajeno a la "sociedad", probar donde terminaron los límites
de la vieja hacienda y donde comienzan los terrenos baldíos.
Tomado de Lois Crawford de Roberts, el Ecuador en la época cacaotera,
Editorial Universitaria, 1980, Quito pag. 30
Orientaciones bibliográficas
Para la comprensión de los procesos económicos vinculados al auge
cacaotero consúltese a:
CHIRIBOGA, Manuel, Jornaleros y gran propietarios en 153 años de
exportación cacaoteros (1790-1925), Consejo Provincial de Pichincha, Quito,
1980.
CRAWFORD DE ROBERTS, Lois El Ecuador en la época cacotera, Editorial
Universitaria, Quito, 1980.
LOYOLA, David y Jorge Fernández, La economía ecuatoriana en la fase
cacaotera, Cuenca, Idis, 1977.
GUERRERO, Andrés, Los Oligarcas del cacao, Ed. El Conejo, Quito, 1980.
ACOSTA, Alberto, Breve historia económica del Ecuador, Quito, Corporación
Editora Nacional, 1988.
Sobre el Garcianismo consúltese a los siguientes autores:
DEMELAS, Marie-Danille Demelas e Ives Saint-Gours, Jerusalén y Babilonia.
Religión y políticas en el Ecuador 1780-1880, Corporación Editora Nacional,
Instituto Francés de Estudios Andinos, Quito, 1988.
AYALA MORTA, Enrique y Rafael Cordero Aguilera, "El periodo garciano:
panorama histórico (1860-1875)", en Enrique Ayala Mora, Ed., Nueva Historia
del Ecuador, Vol. 7, Corporación Editora Nacional / Grijalbo, Quito, 1990, pp.
197-230.
AYALA MORA, Enrique, "Gabriel García Moreno y la Gestión del Estado
Nacional en el Ecuador", Cultura Revista del Banco Central del Ecuador, No.
10, Quito, 1981.
ROBALINO DAVILA, Luis, Orígenes del Ecuador de Hoy, García Moreno,
Puebla, Ed. Cajica, México, 1967.
Sobre la cuestión regional consúltese a:
MAIGUASHCA, Juan, "La cuestión regional en la historia ecuatoriana (1830-
1972)" en Enrique Ayala Mora, Ed. Nueva Historia del Ecuador, Vol. 12,
Corporación Editora Nacional / Grijalbo, Quito, 1990, 175-226.
MAIGUASHCA, Juan Ed., Historia y Región en el Ecuador 1830-1930,
Corporación Editora Nacional-Flasco, Quito, 1994.
Sobre la etapa progresista consúltese a:
ORTIZ CRESPO, Crespo, Gonzalo, La incorporación del Ecuador al mercado
mundial: la coyuntura socioeconómica 1875-1895, Banco Central del Ecuador,
Quito, 1978.
-------------------, "Panorama Histórico del período 1875-1895", en Enrique
Ayala Mora, Ed., Nueva Historia del Ecuador, Vol. 7, Corporación Editora
Nacional / Grijalbo, Quito, 1990, pp. 237-270.
La Revolución Liberal y la Plutocracia
LA ESTACION
Ferrocarril de Quito
Archivo Biblioteca
Aurelio Espinosa Pólit, Tomado de
Salvat Editores Ecuatorian, Historia
del Ecuador, Tomo 6, Salvat Editores
Ecuatoriana, Quito, 1987.
La Revolución Liberal y la Plutocracia (1895 1924)
*Jorge Núñez Sánchez
Las Montoneras, Alfaro y la Revolución
Las montoneras fueron probablemente el más importante fenómeno de
movilización social del siglo XIX republicano. Surgidas en el agro costeño a
partir de 1825, tuvieron desde su inicio un carácter reivindicativo y de
resistencia popular frente a las violencias cometidas por hacendados o
autoridades del nuevo poder republicano.
Su base social estaba en el campesinado montubio, que incluía a peones de
las haciendas, pequeños propietarios y trabajadores sueltos, como los
"desmonteros" y "sembradores", que hacían desmontes o formaban
nuevas plantaciones para venderlos a las haciendas próximas. A partir de
la época garciana, el surgimiento de las montoneras adquirió una
connotación plenamente política, de carácter liberal militante, bajo la
conducción de los mismos hacendados o "caciques" locales, que se
lanzaban a la lucha a la cabeza de sus peones y casi siempre con el rango
de "coronel", otorgado por la proclama de sus propios hombres. Toda la
tropa montonera o al menos gran parte de ella andaba a caballo.
Estas particulares circunstancias daban a las montoneras una notable
influencia y capacidad de acción en su área y les garantizaban fácil
avituallamiento, gran movilidad, operativa y rápida desmovilización. Por
otra parte, todo ello dificultaba su localización y represión por parte de las
tropas gubernamentales, normalmente de origen serrano, que luchaban en
un medio extraño y contaban con poco respaldo social en la región litoral.
Explotando a fondo esas ventajas, un joven revolucionario manabita,
llamado Eloy Alfaro, se convirtió desde la época garciana en un afamado
insurgente liberal. Hijo de una familia de pequeños comerciantes, su
voluntad, inteligencia y capacidad de mando le granjearon
progresivamente el liderazgo del liberalismo, primero en su provincia y
luego en toda la costa ecuatoriana. Así, para mediados de 1882 se hallaba
ya en capacidad de lanzar desde Esmeraldas una primera campaña militar
contra la dictadura de Veintimilla, que lamentablemente fracasó.
Ello no fue óbice para los liberales ecuatorianos volvieran a la lucha a fines
de ese mismo año y Alfaro fuese proclamado, en 1883, Jefe Supremo de
Manabí y Esmeraldas, posición desde la cual contribuyó decisivamente el
triunfo militar del movimiento nacionalista de "La Restauración" sobre la
dictadura de Veintimilla. Más los revolucionarios liberales, triunfantes en el
campo militar, fueron derrotados en el campo político por una coalición de
hábiles políticos de gabinete, conservadores y liberales, que instauraron lo
que se dio en llamar "Periodo Progresista". Con ello, el viejo régimen
oligárquico logró un nuevo respiro, que habría de durar once largos años,
durante los cuales se sucedieron los gobiernos de José María Plácido
Caamaño, Antonio Flores Jijón y Luis Cordero.
El "Progresismo" logró nuclear a su alrededor a buena parte de la clase
política ecuatoriana de entonces, pero el nivel decisorio quedó reservado a
"La Argolla", nueva alianza oligárquica consolidada en el poder y de la que
formaban parte solo algunas de las grandes familias propietarias, de Quito,
Guayaquil y Cuenca. Ello explica que muchas otras familias poderosas de
cada región, tanto conservadoras como liberales, combatieran activamente
al "Progresismo".
Pese a su proclamada vocación política anti-extremista, el régimen
progresista resulto ser uno de los más represivos y corruptos de nuestra
historia, especialmente durante el gobierno de Caamaño, caracterizado por
el permanente estado de sitio y las turbias negociaciones de la deuda
externa y de la construcción de ferrocarriles.
La Venta de la Bandera
El año de 1894 marcó un nuevo repunte político para las fuerzas
insurgentes del liberalismo, gracias al estallido del escándalo de "La venta
de la bandera", turbio episodio internacional protagonizado por el gobierno
de Luis Cordero y particularmente por su gobernador en la provincia del
Guayas, el ex presidente Caamaño. La opinión pública ecuatoriana se
inflamó de coraje por lo que consideraba una humillación al honor
nacional, que venía a sumarse a los múltiples negociados anteriores del
gobierno de "La Argolla". Fue asó que, bajo la convocatoria liberal, gentes
de las más diversas tendencias empezaron a formar asambleas y juntas
cívicas en varias ciudades del país, para juzgar la conducta oficial y
condenar al gobierno. En la Provincia de Los Ríos surgieron nuevamente
las montoneras liberales, por lo que el ejecutivo declaró al ejército en
"estado de campaña" y otorgó facultades extraordinarias al gobernador de
esa provincia. Para 1895, la protesta popular se volvió irrefrenable.
Caamaño fue obligado a renunciar a su cargo de gobernador del Guayas,
no sin que antes la policía disparará contra los manifestantes.
A partir de ese momento se multiplicaron las protestas y actas populares
en todo los rincones del país. El Consejo Municipal de Quito, controlado por
los conservadores, fue apresado en razón de sus reiteradas denuncias
antigubernamentales. Entre tanto, los grupos radicales empezaron a
utilizar nuevas tácticas de lucha: en febrero ensayaron una huelga general
en Guayaquil, mientras en todo el país adquirían armas y se preparaban
para la lucha, siguiendo la convocatoria hecha por Eloy Alfaro desde
Managua.
El Estallido Revolucionario
Respondiendo al llamado del líder radical, el 12 de febrero se producía en
Milagro el levantamiento armado de Pedro Montero y Enrique Valdez
Concha, cuya montonera atacó el ferrocarril de la costa y se dirigió en él
hacia el interior de la costa. El 17, Vinces proclamaba la Jefatura Suprema
de Alfaro, mientras las montoneras se multiplicaban en toda la cuenca del
Guayas y en Manabí. El 20, los conservadores insurreccionaban a la
guarnición de Ibarra y proclamaban la Jefatura Suprema de Camilo Ponce,
iniciando con ello la lucha en la sierra norte.
Acosado, el gobierno recurrió entonces a la censura de prensa y a una
recluta general en los pueblos de la costa, provocando la fuga de los
campesinos y su incorporación a las montoneras.
Paralelamente, en la sierra central y norte se formaban columnas
insurgentes liberales y conservadoras, que, operando coordinadamente,
ponían en jaque a las fuerzas gubernamentales. El 9 de abril se
insurreccionó Guaranda y una fuerza revolucionaria de liberales y
conservadores venció a la guarnición oficial. Al día siguiente se
insurreccionó en Quito el Batallón Flores, respaldado por fuerzas civiles
conservadoras que vivaban a Camilo Ponce; combatiendo al frente de sus
tropas, Cordero logró derrotar a los alzados, pero quedó políticamente
desequilibrado. Mientras tanto, en la costa progresaba rápidamente la
insurrección: se multiplicaban los pronunciamientos de los pueblos y las
montoneras crecían en número y lograban sucesivos triunfos.
*Doctor en Historia y Geografía, Docente de la Universidad Central del
Ecuador
La Revolución Liberal y la Plutocracia
RETRATO
Don Eloy Alfaro
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El gobierno enfrentó con éxito los primeros alzamientos, pero pronto fue
arrollado por la insurrección popular en las provincias de El Oro,
Esmeraldas y Manabí. En síntesis, la revolución triunfó rápidamente en la
costa, dada la general aceptación que tuvo entre la ciudadanía la Jefatura
Suprema del general Eloy Alfaro y la rapidez y eficiencia con que las
fuerzas liberales vencieron o ahuyentaron a las tropas oficiales.
Para entonces, la revolución iba tomando un progresivo carácter de guerra
civil entre las fuerzas liberales y conservadoras del Ecuador. Cabe precisar
que, inicialmente, el "conservadorismo doctrinario", liderado por Camilo
Ponce Ortiz, participó activamente en la subversión contra el gobierno
"progresista" de Cordero, al punto de que estimuló el alzamiento de la
columna "Flores" en Quito y cooperó en los liberales en la campaña del
Centro. Pero una vez alcanzado su objetivo de lograr la renuncia de
Cordero, el conservadorismo "poncista" cambió radicalmente de actitud y
apoyó al vicepresidente Vicente Lucio Salazar. Esto y la gestión unificadora
de la derecha impulsada por la Iglesia, lograron crear en la Sierra un frente
único conservador católico, para enfrentar el avance del liberalismo
radical que triunfará ya en la Costa.
Para el 15 de junio todas las tropas gubernamentales acantonadas en el
litoral se habían dispersado, pasando al bando revolucionario o retirado
hacia las provincias interandinas. Tres días después arribaba Alfaro a
Guayaquil y asumía la Jefatura Suprema que le habían concedido los
pueblos.
Campaña de la Sierra y Guerra Civil
Alfaro inició su gobierno bajo el lema de "Perdón y Olvido". Pero la
oligarquía clerical terrateniente de la sierra resulto irreductible por
medios pacíficos y, con apoyo de la Iglesia, se preparó afanosamente para
la guerra, haciendo colectas públicas y reclutando tropas en las provincias
serranas para la "guerra santa" contra el liberalismo.
Frustrados todos sus esfuerzos de paz, el "Viejo Luchador" pasó entonces
a prepararse para la guerra. Con una velocidad electrizante y respaldo por
un buen equipo de colaboradores, en apenas tres semanas organizó la
recluta y entrenamiento de los miles de voluntarios costeños y serranos
que acudían a sus cuarteles, movilizó a las Guardias Nacionales para crear
una fuerza de reserva, levantó un empréstito de 200 mil sucres para
financiar los gastos de la campaña, adquirió armas, consiguió
cabalgaduras, puso a punto el sistema logístico y preparó el plan de
operaciones. Y todo esto lo hacía al mismo tiempo que saneaba las
finanzas de la provincia, daba órdenes gubernativas para otras ciudades y
pueblos, atendía reclamos de los ciudadanos y hasta autorizaba por
decreto que las mujeres accedieran a la educación superior.
El 16 de julio, una vez afirmado el poder radical en las provincias de la
costa y puesto a punto el ejército revolucionario, Alfaro inicio la campaña,
que habría de llevarle a conquistar las ciudades interandinas y
principalmente Quito, la lejana capital donde radicaban los tres poderes
del Estado.
Su ejército era una masa variopinta, en la que se entremezclaban hombres
de las más diversas regiones y extracciones sociales. Dividido en varios
cuerpos operativos, esa fuerza logró ascender rápidamente la cordillera
occidental por varias rutas estratégicas y derrotar a los conservadores en
algunas batallas decisivas, que marcaron definitivamente el triunfo militar
de la revolución: San Miguel, en la Provincia de Bolívar (8 de agosto),
Ambato (15 de agosto), Gatazo en la Provincia del Chimborazo (15 de
agosto) y Girón, en la Provincia del Azuay (23 de agosto).
Pro la eclosión revolucionaria no sólo venía de la costa sino que emergía de
todas las provincias del interior, donde ciudades y pueblos seguían
pronunciándose contra el gobierno conservador de Quito y a favor de la
Jefatura Suprema de Eloy Alfaro. De ahí que todos los cuerpos del ejército
radical recibieron a lo largo de su ruta la incorporación de nuevos
voluntarios. El 4 de septiembre, luego de recibir la adhesión entusiasta de
los pueblos del centro del país, "El Viejo Luchador" entraba finalmente en
la capital, en medio de los aplausos de la multitud.
EL ESTADO MAYOR
Del General Eloy Alfaro
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Archivo Histórico del Banco Central
del Ecuador
Los Revolucionarios
Jorge Núñez Sánchez
La revolución es uno de los más supremos actos humanos y, por lo mismo,
está marcada y caracterizada por los hombres que la realizan. En el
"bloque histórico" de la revolución liberal figuraron varios grupos políticos,
cada uno con destacados personajes:
Los Caciques Costeños: Estuvo integrado por un grupo de propietarios y
líderes sociales montubios, que aportaron recursos y organizaron a los
peones de la región para la lucha. Ellos fueron: Manuel Antonio Franco,
Pedro J. Montero, Juan Manuel Triviño y León Valles Francisco (Guayas),
Manuel Serrano y Wenceslao Ugarte (El Oro), Carlos Concha Torres
(Esmeraldas), Zenón Sabando, Dionisio Andrade y José María García
(Manabí), Plutarco Bowen y Emiliano Figueroa (Los Ríos, etc. Igual cosa
podemos decir de ciertos caudillos liberales serranos, que con su acción
fortalecieron la lucha alfarista: Francisco Hipólito Moncayo (Imbabura),
Nicanor y Rafael Arellano (Carchi), Ulpiano Páez (Bolívar) y Julio Román
(Chimborazo), entre otros.
Los Revolucionarios Emigrados. Estuvo integrado por revolucionarios
profesionales, que habían conspirado o luchado en otros países de América
Latina: Eloy Alfaro, Medardo Alfaro, Leonidas Plaza Gutiérrez, Flavio Alfaro
y Plutarco Bowen.
La Burguesía Liberal. Originaria de Guayaquil, estaba integrada por tres
fracciones de clase con distinta función socio económica: el grupo de
grandes propietarios latifundistas denominado "El Gran Cacao",
encabezado por las familias Aspiazu, Seminario, Morla, Durán Ballén y
Rosales; el grupo comercial presidido por los Avilés, Robles, Carbo, García
y Estrada, y el grupo bancario, encabezado por las familias Arosemena,
Roca, Urbina Jado, Baquerizo Moreno y Game. Desde luego, muchas de
éstas y otras grandes familias porteñas (Marcos, Noboa, Icaza,
Santisteban, Huerta y Robles) tenían intereses en dos o más sectores
económicos, por lo que resulta difícil clasificarlas en uno u otro. Otorgó al
gobierno revolucionario en empréstito de 200 mil pesos, que sirvió para
financiar los gastos de guerra. A cambio, asumió desde el comienzo una
trascendental influencia ene l gobierno liberal, cuya política económico
financiera pasó a controlar indiscutidamente, orientándola en sentido
favorable a sus intereses de clase y buscando deshacerse del "liberalismo
machetero", cuyo radicalismo temía y cuya presencia era el único
contrapeso político que se oponía a sus desmesurados apetitos.
La Intelectualidad Radical. Este grupo social, se carácter pequeño
burgués, fue el otro actor fundamental de la revolución. Carecía de la
fuerza social del grupo "machetero" y del poder económico de la burguesía
liberal, pero poseía en cambio el poder de la cultura, indispensable a la
hora de construir un nuevo Estado, sobre las ruinas del viejo régimen. El
dio sustento ideológico a la revolución. En general, sus miembros
provenían de las "buenas familias" de provincia y habían recibido la mejor
educación posible en su medio: Roberto Andrade, Julio Andrade, Felicísimo
López, Abelardo Moncayo, José de Lapierre, los hermanos Augusto, Luis y
Nicólas Martínez, Emilio Arévalo, Belisario Andrade, Miguel Aristizábal,
Luciano Coral, Mariano Cueva, Manuel Benigno Cueva, José Peralta,
Modesto Chávez Franco, José Domingo Elizalde Vera, Julio Fernández,
Adolfo Páez, Aurelio Noboa, Quintiliano Sánchez, Zoila Ugarte de Landívar,
Angel Serrano, Belisario Torres, José Eleodoro Avilés, Miguel Valverde,
Emilio María Terán. Casi todos eran masones y andaban tras la utopía de
construir un mundo basado en la libertad, la igualdad y la fraternidad
humanas.
La Revolución Liberal y la Plutocracia
CONSTRUCCIóN
Del Ferrocarril
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Taller Visual
Los restos del ejército conservado de Quito, encabezado por Aparicio
Ribadeneira, se internaban ese mismo día en territorio colombiano,
recibiendo la protección del gobierno conservador de Bogotá y la
bienvenida de las autoridades locales. Empero, ese acto no marcaba el fin
de la guerra civil ecuatoriana sino el inicio de su segunda fase, que había
de durar varios años más, a través de continuos alzamientos armados de
los conservadores, que incluso llegaron a retomar Cuenca el 5 de julio de
1896, siendo finalmente vencidos por el ejército liberal.
La Configuración del Estado Laico
La toma del poder por Eloy Alfaro fue solo el comienzo de un amplio
esfuerzo de renovación y modernización de la sociedad ecuatoriana. El
programa de la reforma liberal, esbozado en el Registro Oficial del 3 de
septiembre de 1895, incluía los siguientes objetivos:
Regeneración de la República. Paz en el exterior. Orden, honradez y
reorganización en régimen interno. Fomento al comercio y las industrias,
desarrollo de las artes, protección a las ciencias. Mejora y aumento de la
instrucción pública. Arreglo y fiscalización de las finanzas del Estado.
Mesura y equidad en el reparto presupuestario. Régimen de
responsabilidad para los funcionarios públicos. Respecto a las garantías
constitucionales. Fomento de la inmigración. Respeto para la religión
nacional y consideración para las ajenas creencias. Impulso a la
agricultura. Multiplicación de las vías de comunicación y construcción de
ferrocarriles. Perfeccionamiento de las instituciones militares.
Empero, la mejor definición del programa revolucionario fue quizá el
"Decálogo Liberal" redactado por el coronel Aristizábal y publicado en el
periódico "El Pichincha" bajo el seudónimo "Somatén", que planteaba:
1.- Decreto de manos muertos. 2.- Supresión de conventos. 3.- Supresión
de monasterios. 4.- Enseñanza laica y obligatoria.. 5.- Libertad de los
Indios. 6.- Abolición del Concordato. 7- Secularización eclesiástica. 8.-
Expulsión de clero extranjero. 9.- Ejército fuerte y bien remunerado. 10.-
Ferrocarriles al Pacífico.
En síntesis, se trataba de una revolución de carácter laico y con fuerte
acento anticlerical, que se proponía separar radicalmente al Estado de la
Iglesia, refrenar toda intromisión clerical en la política, nacionalizar y
secularizar al clero, nacionalizar los bienes de manos muertas y extirpar
del país a las órdenes religiosas, por considerarlas instituciones
socialmente parasitarias y económicamente acaparadoras de bienes
ajenos. Paralelamente, con la institución de la "educación pública laica y
obligatoria" se buscaba ampliar y democratizar la acción del Estado, limitar
la influencia ideológica de la Iglesia y los sectores conservadores, y crear
una nueva conciencia ciudadana, proclive al libre pensamiento y ala
tolerancia. Adicionalmente, contando, como contaba, con el decidido
respaldo de unos pocos sacerdotes revolucionarios, que actuaban junto al
pueblo y contra los mandatos de su jerarquía, la revolución pretendía
estimular el desarrollo de una "iglesia nacional y popular", que se
levantara como una alternativa frente a la iglesia pro-oligárquica
existente, dominada en buena medida por obispos y sacerdotes
extranjeros.
De otra parte, se trataba de una revolución burguesa y nacionalista, que
pretendía integrar a las aisladas regiones ecuatorianas, fortalecer al país
para su defensa y buscar paralelamente la resolución del secular problema
territorial con el Perú, por medios pacíficos. Sin embargo, tan ambicioso
proyecto nacional debía chocar inevitablemente con muchos intereses
creador, pues que no solo se orientaba a destruir políticamente al régimen
clerical conservador sino que, en lo económico, se enfilaba contra el
sistema terrateniente en su conjunto, afectando por igual a los bienes de la
Iglesia y de los hacendados en general, independientemente e su filiación
política. De ahí que el proyecto revolucionario hallara resistencias inclusive
al interior de las filas progresistas, donde en general lo apoyaban los
radicales y lo resistían los liberales de la vieja escuela, quienes querían a
lo más una tímida reforma política.
Esas resistencias externas y contradicciones internas explican las
limitaciones que tuvo en la práctica la reforma liberal, vista a la luz de sus
propias aspiraciones iniciales o de las metas proclamadas por sus sectores
más radicales. Sin embargo, sus medidas de laicización del Estado y la
sociedad ecuatorianos abarcaron una cantidad de aspectos y contribuyeron
a democratizar la vida social, hasta entonces controlada ideológicamente
por la Iglesia.
La Revolución vista por sus enemigos
Alfaro había entrado a Quito a la cabeza de turbas de la Costa, encausadas
en algún centenar de multitud provinciana, pero en expectativa de surgir,
se hacía liberal; rodeado de gente irresponsable, de esa que con mañas
sectarias insultan creencias religiosas; dirigido por comerciantes
quebrados, por contrabandistas impunes, por asaltadores de Bancos, que
lisonjeando a él, caudillo espiritista masón, con el incesante grito de su
nombre ¡Viva Alfaro!, blasfemaban de Dios y profanaban santuarios; y
odiando al serrano, por su civilización cristiana, en Oficinas de Policía,
flagelaban atormentaban, violando los fueros de la dignidad humana
Todos los conquistadores de la Sierra perseguían un solo ideal, el de
adquirir con prontitud, con facilidad, de cualquier modo que fuese,
riquezas soñadas y contemplarlas luego, en manos del placer. Ningún
propietario se veía seguro, muchos pagaban contribución personal,
acusados de cualquier malquerencia. Se había confiscado las mejores
haciendas. La familia no se consideraba amparada por ley alguna: tropas
del caudillo azuzadas por aventureros, de esos que trajinan por los puertos
de mar, para vivir de audacias y de rapiña, husmeando por calles, entraban
al hogar, y en casos, violaban a la mujer. Oficialmente averiguaban de
reservas de Banco, de depósitos judiciales, de fondos de cofradías, de
tesoros Municipales, de Colegios y Universidades; de legados, donaciones,
herencias, de cuánto constituía el haber de la Capital de la República. Y se
había destruido imprentas; con atropello violento entrados al Palacio
Arzobispal; al golpe de marzo que pedaceaba la "Imprenta del Clero", y a
los reflejos del incendio de los archivos, escarneciendo la dignidad del
Ilustre Arzobispo Pedro Rafael González Calisto, con gestos y algazaras
burdeleros, habíanle forzado a vivar a Alfaro.
Testimonio del Jefe Guerrillero Conservador Miguel Angel González Páez,
en Memorias Históricas, Tipografía Quito, 1934, pp 2241 242
ELOY ALFARO
Con los miembros de
su Primer Gabinete
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La Separación del Estado y la Iglesia
Como herencia de la época colonial, durante el siglo XIX la acción de la
Iglesia siguió entremezclada y confundida con la del Estado en los ámbitos
educativo y tributario, mediante la administración de escuelas y colegios
públicos y el cobro del "diezmo eclesiástico". De otra parte, durante la
época garciana (1960 1875), se fortaleció el vínculo entre la Iglesia y el
Estado hasta un nivel similar al de los últimos tiempos coloniales.
La tristemente célebre Constitución de 1869 o "Carta Negra" estableció
que la religión oficial de la República era "La Católica, Apostólica, Romana
con exclusión de cualquiera otra" y que los poderes públicos estaban
"obligados a protegerla y hacerla respetar". El artículo 10 fijó como primer
requisito de ciudadanía el de "ser católico" y el artículo 13 estableció como
primera causal para la suspención de los derechos de ciudadanía la de
"pertenecer a sociedades prohibidas por la Iglesia". Utilizando en forma
totalitaria esa condición de "religión oficial del Estado", la Iglesia católica
ecuatoriana cometió infinidad de abusos e intervino descaradamente en la
política nacional, en beneficios del bando conservador.
Una vez iniciada la revolución alfarista, fue la jerarquía eclesiástica quien
tomó la bandera de la oposición. El obispo Schumacher, de Manabí,
organizó a las fuerzas católicas para la guerra civil, mientras el Arzobispo
de Quito incitaba a las masas católicas de la Sierra a la "guerra santa". Por
su parte , los obispos de Riobamba y Loja atizaban el fuego de la guerra en
sus jurisdicciones.
Pero el alfarismo no solo tuvo que enfrentar a sus enemigos, nucleados en
el bando clerical conservador, sino también a muchos liberales, que
actuaban como lastre e impedirán el ascenso político de la revolución. Así,
en la Convención Nacional de 1896 1897, el grupo radical buscó consagrar
en la nueva Constitución el principio de la más amplia libertad de cultos,
mientras que el bando liberal defendió el reconocimiento de la religión
católica como la oficial de la república. Lo más que consiguieron los
radicales fue que entre las garantías constitucionales se hiciera constar
ésta: "El Estado respeta las creencias religiosas de los habitantes del
Ecuador y hará respetar las manifestaciones de aquellas. Las creencias
religiosas no obstan para el ejercicio de los derechos políticos y civiles".
Luego, tras tensas y duras negociaciones con el Vaticano, el gobierno
alfarista promulgó la Ley de Patronato, por la que el Estado siguiendo las
huellas de la monarquía española impuso su soberanía sobre la Iglesia,
aunque no rompió del todo el vínculo entre ambas entidades.
Posteriormente, durante el gobierno de Plaza se aprobaron y pusieron en
ejecución algunas avanzadas medidas anticlericales, que fijaron
definitivamente la separación del Estado y la Iglesia en el Ecuador.
Una de ellas fue la creación, en 1900, del "Registro Civil" de las personas,
que vino a sustituir al registro de actos eclesiásticos que la Iglesia había
mantenido tradicionalmente en sus parroquias y en el que se anotaban el
bautizo, matrimonio y defunción de los fieles. Otra fue la Ley de
Matrimonio Civil, expedida el 3 de octubre de 1902, que puso bajo control
del Estado la unión matrimonial de las personas y su separación legal,
cuestiones hasta entonces controladas por la Iglesia y colocadas bajo el
Derecho Canónico. Otra fue la Ley de Cultos, expedida el 12 de octubre de
1904; por la que se permitió el ejercicio de todo culto religioso que no
fuese contrario a las instituciones o a la mortal, se prohibió que las
autoridades eclesiásticas ejercieran cargos de elección popular, se prohibió
la inmigración y creación de comunidades religiosas, se sometió a
conventos y monasterios al control de las Juntas de Sanidad e Higiene, se
estableció que solo los ecuatorianos por nacimiento podían ejercer altas
prelaturas eclesiásticas o presidir órdenes religiosas y se fijaron
disposiciones de control estatal sobre los bienes y rentas eclesiásticos.
Desde luego, todo ello provocó la airada reacción de la jerarquía
eclesiástica, que acusó al Estado de haber instituido el "concubinato
público", de haber legalizado las herejías y falsas doctrinas religiosas y de
pretender aherrojar a la Iglesia bajo la férula de la masonería.
La educación 'Pública, laica y gratuita"
El Estado republicano se interesó desde temprana hora por crear un
sistema educacional público, que sirviese para la educación y la formación
moral y cívica de los ciudadanos. Más la insuficiencia presupuestaria y el
peso ideológico de la Iglesia determinaron que siguiese existiendo un
sistema educativo religioso, que estaba al servicio de los sectores más
pudientes y que reproducía los prejuicios sociales y la ideología de la
colonia. Durante los gobiernos de Rocafuerte, Urbina y Robles hubo ciertos
intentos de reforma, pero en general continuó existiendo un débil sistema
educativo estatal, que contrastaba con el sólido, poderoso y elitista
sistema educativo privado, manejado por la Iglesia
Ese desnivel se acentuó durante el régimen garciano, cuando el mismo
gobierno nacional instituyó como política oficial la entrega de todo el
sistema educacional público a ciertas comunidades religiosas, como las de
los Hermanos de las Escuelas Cristianas y las Hermanas de la Providencia,
traídas expresamente al país con este fin. Inclusive se usaban textos que
abominaban de la independencia nacional y del reconocimiento
constitucional a los Derechos del Hombre y del Ciudadano, a la par que
hacían loas al extinguido colonialismo español y a la Inquisición.
Tras la revolución alfarista, el Estado se abocó finalmente a la creación de
un sistema educativo nacional y democrático. Fue así que la Asamblea
Constituyente de 1896 1897 aprobó una nueva Ley de Instrucción Pública,
el 29 de mayo de 1897, estableciendo la enseñanza primaria gratuita, laica
y obligatoria. Luego se crearon el Instituto Nacional Mejía, de Quito, las
escuelas normales de Quito y Guayaquil, para la formación de los nuevos
maestros laicos, y la Casa de Artes y Oficios, en Manabí. También hubo
especial cuidado en profesionalizar al nuevo ejército surgido de la
revolución, para asegurar la defensa nacional. Así, se fundaron en Quito el
Colegio Militar, para la formación de oficiales, y la Academia de Guerra
para su posterior perfeccionamiento, y también la Escuela de Clases y los
Cursos Militares de Aplicación, para la formación técnica de la tropa.
Durante la segunda administración del general Alfaro, una nueva Asamblea
Constituyente dictó la avanzada Constitución de 1906, en la que se
consagró el verdadero espíritu de la revolución liberal: Separación absoluta
del Estado y la Iglesia y supresión de la religión oficial. Libertad de
enseñanza. Educación Pública laica y gratuita, obligatoria en el nivel
primario. Absoluta libertad de conciencia y amplias garantías individuales.
Prohibición de ser electos legisladores los ministros de cualquier culto.
Protección oficial a la raza india y acción tutelar del Estado "para impedir
los abusos del concertaje".
Si alguna medida de la reforma liberal afectó profundamente a la Iglesia
fue precisamente el establecimiento de la educación pública, laica y
gratuita, que tocaba el punto más sensible de la ideología religiosa, cual es
el del control de las mentes y los espíritus humanos a través de la
educación.
La Supresión del Diezmo Eclesiástico
Otra radical medida del alfarismo fue la supresión del "diezmo", tributo
religioso por el cual todos los productores y producciones de la República
estaban obligados a aportar a la Iglesia el diez por ciento de su productor
anual o un valor equivalente. Era un impuesto ilegal pero tolerado por el
Estado y su producto se destinaba al sostenimiento del aparato eclesiástico
y el enriquecimiento de la Iglesia Católica, que por éste y otros medios
acumulaba ingentes riquezas.
Con estos antecedentes, la Asamblea Nacional Constituyente de 1897
decretó la supresión del diezmo, ese terrible impuesto que los indios y
campesinos en general pagaban para sostener al clero, con lo cual se
asestó un golpe de gracia a la base de sustentación económica del poder
clerical, que con las armas en la mano seguía combatiendo al régimen
liberal. Durante el gobierno del general Leonidas Plaza, se ratificó la
prohibición del cobro del diezmo y se prohibió adicionalmente el cobre de
primicias, derechos mortuorios y otras gabelas religiosas.
HOGUERA
Donde fue quemado Don Eloy
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Archivo Histórico Banco Central del
Ecuador
La Nacionalización de los "Bienes de Manos Muertas"
Existían también otros medios de acumulación de riquezas eclesiásticas, de
origen colonial. Uno eran los capellanías, por el cual ciertas personas
donaban capital o bienes a la Iglesia, para que con su producto se
celebraran misas por el eterno descanso de su alma, luego de su muerte.
Otro eran herencias y legados obtenidos por la Iglesia de los moribundos,
gracias a la labor de acuciosos confesores, que ofrecían al cielo a los
donantes o amenazaban con el infierno a los resistentes. Otro más
radicaba en el manejo monopólico de los cementerios, que permitía a la
Iglesia discriminar a su antojo sobre los difuntos que podían enterrarse en
el "suelos sagrado" o negar sepultura a aquellos de otra religión.
El hecho indubitable es que, por todos estos medios, la Iglesia ecuatoriana
y las órdenes religiosas habían adquirido un poder económico formidable y
se habían convertido en los mayores terratenientes del país y las
principales instituciones crediticias de la economía ecuatoriana, sin pagar
impuesto alguno por sus riquezas ni por los réditos que obtenían de ellas.
Todo ello motivó la idea de la nacionalización de los bienes de manos
muertas, planteada ya por los liberales españoles del siglo XVIII y fue
discutida a fondo en las Cortes Constitucionales de Cádiz, en 1812. Sobre
esos argumentos del liberalismo europeo, los reformadores alfaristas
decretaron e 1908 la nacionalización de esos bienes eclesiásticos, que
fueron asignados por la misma ley a la recién creada Beneficencia Pública,
para el sostenimiento de casas de protección de menores, hospitales y
asilos de ancianos.
La "Hoguera Barbara"
Al acercarse la terminación de su segundo período, Alfaro tropezó otra vez
con el problema de la sucesión. Fracasado su anterior intento d formar un
Consejo Partidario que escogiera al candidato liberal, esta vez se vio
estrechado a escogerlo él mismo y lo hizo en la persona del guayaquileño
Emilio Estrada, antiguo guerrillero liberal y empresario de grandes méritos
personales. Ello le ganó el resentimiento de su sobrino Flavio, que también
aspiraba a la candidatura oficial y que participó de todos modos en las
elecciones, como candidato opositor a Estrada, quien ganó con el favor
oficial.
Poco después, enterado de que Estrada era un enfermo cardíaco y que no
resistiría vivir en la altura de Quito, Alfaro temió que éste muriese pronto y
estallase una nueva guerra civil entre los caudillos militares que aspiraban
a sucederle. Otra vez, como en 1901, quiso corregir su error de
escogitamiento con otro error más grave: pretendió que Estrada
renunciase a su elección, a lo que éste se negó. Siguieron algunas
maniobras para destituir "legalmente" a Estrada, pero todas fracasaron y
finalmente dieron paso a un golpe de Estado preparado por los
"estrafistas" (11 de agosto 1911). Alfaro se asiló en la legación de Chile,
renunció a la presidencia y salió del país luego de comprometerse a no
regresar antes de un año.
Se encargó provisionalmente del mando el Presidente del Senado, Carlos
Freile Zaldumbide, hasta que Estrada asumió el poder, el 1 de septiembre
del 1911. Inicio su mandato con bríos y despliegue de iniciativas, pero
falleció el 22 de diciembre de ese mismo año, a menos de cuatro meses de
asumir el mando. Entonces se realizaron de golpe todos los temores del
"Viejo Luchador": el general Flavio Alfaro se alzó en armas en Esmeraldas,
proclamándose Jefe Supremo del país. Otro tanto hizo en Guayaquil, el
general Pedro J. Montero, quien luego telegrafió a Alfaro y le pidió venir a
encabezar la nueva insurgencia.
Alfaro vino, pero para liderar la insurgencia sino para promover un arreglo
pacífico entre las diversas facciones liberales. Más todos sus esfuerzos de
negociación fueron vanos y la guerra civil estalló una vez más sangrienta,
brutal, incontenible. Flavio Alfaro y Montero unieron sus fuerzas para
enfrentar a las del gobierno, comandadas por los generales Leonidas Plaza
y Julio Andrade, las que bajaron hacia la costa y triunfaron en Huigra,
Naranjito y Yaguachi (11, 14 y 18 de enero de 1912). Pero los insurrectos
tenían todavía en su poder la gran plaza de Guayaquil y vencerlos era
todavía tarea difícil, y más si se considera que era época de invierno y que
los soldados serranos se hallaban agobiados por el calor y las
enfermedades del trópico.
Entonces don Eloy propuso una capitulación, que Plaza y Andrade
aceptaron, garantizando la vida y libertad de los vencidos. Parecía que con
esto se había evitado la continuación de tan sangrienta campaña (sólo en
Yaguachi hubo más de 400 muertos) y que alboreaba ya la paz. Pero el
gobierno de Quito pensaba lo contrario. Estimulado por la reacción clerical
conservadora, desconoció los acuerdos de armisticio firmados por sus
generales en campaña y ordenó el apresamiento y enjuiciamiento de los
jefes insurrectos. Entre ellos incluyó al "Viejo Luchador" que ninguna
participación había tenido en esta revuelta pero que era el símbolo mayor
del radicalismo, tan odiado por la clerecía y la oligarquía. Montero fue
enjuiciado sumariamente en Guayaquil y asesinado durante el juicio; luego
su cadáver fue arrastrado por las turbas. Los demás presos fueron
conducidos a Quito, por órdenes del gobierno, con igual horrendo
propósito. Junto a Flavio Alfaro, autor y líder de la revuelta, figuraban
también todos aquellos líderes radicales a los que la derecha temía y
quería eliminar, aunque fuesen inocentes: los generales Medardo Alfaro,
Manuel Serrano, Ulpiano Páez y el coronel y periodista Luciano Coral, cuyos
artículos causaban escozor a los conservadores.
Los presos llegaron a Quito el 18 de enero y, tras la formalidad de
entregarlos en el panóptico, fueron masacrados por una turba asalariada,
dirigida por el Jefe de la cochera presidencial. Luego sus cuerpos fueron
arrastrados por la chusma fanatizada hasta el parque de el Ejido, donde se
los incineró en esa que Alfredo Pareja llamara "hoguera bárbara".
Entre los autores intelectuales del crimen se destacaron la prensa
conservadora, que desde días atrás clamaba por la sangre de las futuras
víctimas, y muchos beneficiarios de la revolución liberal, que habían
trepado hasta las alturas del poder bajo la sombra generosa del
radicalismo; a la cabeza de estos figuraban el Encargado del Poder, Carlos
Freile Zaldumbide; el Ministro de Gobierno, Octavio Díaz, y el Ministro de
Guerra, general Juan Francisco Navarro.
El Impacto de la Máquina de Vapor en las Comunicaciones del
Siglo XIX (en el Ecuador)
El nacer el siglo XIX, los intercambios interregionales se hacían todavía, en la
joven república del Ecuador, al ritmo lento de la navegación de
embarcaciones fluviales las balsas y el trajinar, a través de las cordilleras,
de caravanas de mulas y/o cargadores indígenas, obligados para la ocasión,
en el marco de la mita. Era una técnica fija desde hace muchos siglos. La
introducción por los conquistadores españoles del caballo y, sobre todo, de la
mula, cuya capacidad de carga era sensiblemente superior a la de la llama, no
había constituido una verdadera ruptura, tanto más cuanto que el uso de la
rueda no había entrado en el espacio andino propiamente dicho; un mundo
colonial, "desconocedor" del carruaje había sucedido al mundo precolombino
que ignoraba la rueda. A decir verdad, además de las restricciones
retrógradas de la reglamentación colonial en la materia, hay que reconocer
que dos factores habían contribuido también a limitar el uso de la rueda: la
topografía desigual del espacio andino, que exigía la construcción costosa de
una infraestructura de vías carrozables y la libre disposición de la fuerza de
trabajo e indios, que se podía movilizar en masa por el transporte.
Pero durante el último tercio del siglo XIX se vio desarrollar, al interior del
país, una verdadera revolución de las condiciones técnicas del transporte
gracias a la introducción de la máquina de vapor. En el lapso de dos
generaciones, el desarrollo de la navegación fluvial a vapor y de ferrocarril
permitieron, a la vez, el estrechamiento de una parte del espacio nacional en
términos de reducción de distancias / tiempos y el establecimiento de un
enlace permanente de transporte de masa, entre la región litoral y una gran
parte de las hoyas andinas. En la red hidrográfica del Guayas, el
funcionamiento de barcos a vapor permitió, en efecto, dividir por cinco el
tiempo del recorrido con relación a la navegación tradicional.
En cuanto al uso del ferrocarril, él permitió reducir más considerablemente
todavía el tiempo del recorrido entre las tierras altas y bajas . Además de la
reducción del tiempo de recorrido, se abrió también para el Ecuador la era del
transporte de grandes cantidades. Esta transformación mayor de las
condiciones técnicas del intercambio regional e interregional se hizo en dos
tiempos: primero (1860 1890), se asistió al desarrollo de la red de
navegación fluvial a vapor que al mismo tiempo contribuyó a la consolidación
de la economía de la cuenca del Guayas y demostró su prosperidad; luego
(1890 1925), la construcción bastante más costosa de vías férreas cuya
pieza maestra, el ferrocarril de Guayaquil a Quito, revistió una importancia
nacional evidente (.).
Tomado de Jean Paul Deler, Ecuador: del Espacio al Estado Nacional, Quito,
Banco Central del Ecuador, 1987, pp. 192
La Revolución Liberal y la Plutocracia
RETRATO
De estudio de
leonidas Plaza
Gutierrez
Foto
Taller Visual
Los Gobiernos Plutocráticos
Segunda Presidencia de Leonidas Plaza
Pero con la masacre de Alfaro y sus tenientes no concluyó la tragedia del
liberalismo. Por el contrario, ello abrió las puertas a nuevos episodios de
sangre, que se extendieron hasta 1916. El primero fue la terrible disputa
de poder que se entabló entre los generales Plaza y Andrade, convertidos
en candidatos presidenciales del bando vencedor, que concluyó con el
misterioso asesinato de Andrade y el nuevo triunfo electoral de Plaza, que
asumió el poder el 1º de septiembre de 1912. El segundo, la "revolución de
Concha" en Esmeraldas, que tuvo como objetivo declarado "vengar la
muerto de los Alfaro" y duró tres años.
A partir del segundo gobierno de Plaza, el régimen liberal, perdida ya su
ruta original, terminó por renegar de su ideología revolucionaria y por
transformarse en un despiadado régimen plutocrático. Ese régimen era el
producto de un nuevo bloque de poder, integrado por la gran burguesía
bancaria, que encabezaba el guayaquileño Francisco Urbina Jado; la
emergente burguesía agro industrial, representada por el coronel Enrique
Valdez Concha, propietario del ingenio Valdez, y el nuevo poder militar,
que lideraba el general Leonidas Plaza Gutiérrez, que a la vez era
representante del sector terrateniente de la sierra.
Si bien el gobierno logró aislar a la "revolución de Concha" en los límites
provinciales de Esmeraldas, no logró aplastarla militarmente dada la
eficiencia de las tácticas guerrilleras usadas por los conchistas; por el
contrario, los revolucionarios causaron terribles pérdidas a los cuerpos
militares gubernamentales, que en ciertos combates Camarones, La
Propicia fueron totalmente exterminados.
La nueva oligarquía en el poder hizo de la guerra de Esmeraldas un
fabuloso negocio financiero. El gobierno de Plaza, carente de recursos para
sostener esa larga campaña, recurrió a préstamos de la banca privada, que
los proveyó mediante grandes emisiones de papel moneda sin respaldo,
obviamente toleradas por las autoridades. Esas emisiones, iniciadas años
atrás y largamente superiores al monto de los préstamos hechos al
gobierno, se convirtieron en un sistema de estafa al país por parte de la
banca y causaron una tremenda inflación. Así, el sucre, que en 1898
equivalía a un dólar, en 1911 se cotizaba a dos por un dólar y en 1914 a
2,12 por dólar.
Más, como legalmente existía libre convertibilidad y los tenedores de papel
moneda empezaron a exigir que éste fuera cambiado por moneda de oro o
plata, el gobierno salvó a la banca mediante la emisión de una "Ley
Moratoria" (30 de agosto de 1914) que suprimió la libre convertibilidad. De
este modo se encubrió y legalizó oficialmente la estafa hecha al país por la
burguesía bancaria y se garantizó la continuación del fraude.
La promulgación de la "Ley Moratoria" fue un hito importante de nuestra
historia, pues marcó la hegemonía política alcanzada por la nueva
oligarquía financiera, ala que el país bautizó acertadamente como
"bancocracia" .
Los Gobiernos de Alfredo Baquerizo Moreno, José Luis Tamayo y Gonzalo
Córdova (1916 1924)
Desde años atrás, la "bancocracia" había ido controlando paulatinamente,
a través del crédito, los mecanismos económicos fundamentales del
Ecuador: agricultura de plantación, comercio exterior y agro industria. A
partir de entonces, pasó a monopolizar también el sistema político : el
Banco Comercial y Agrícola, gerenciado por Urbina Jado, se convirtió en el
gran elector de candidatos a la Presidencia de la República y a las curules
parlamentarias, a los que el gobierno, por su parte, garantizaba el triunfo
electoral a través del consabido método del fraude. Así fueron electos
Alfredo Baquerizo Moreno (1916 1920), José Luis Tamayo (1920 1924) y
Gonzalo Córdova (1924 1925), que contaron con congresos de mayoría
oficialista y sumisa
Baquerizo Moreno, destacado intelectual y uno de los propietarios del
Banco del Estado, desarrolló una política de reconciliación nacional, que
fue muy bien vista por el país. Mediante un arreglo político logró terminar
con la guerra de Esmeraldas. De otro lado, puso fin a la política anticlerical
y logró la colaboración de los conservadores en el campo de las relaciones
exteriores.
También enfrento el problema del concertaje, tan mal manejando por los
gobiernos revolucionarios. Influido por el pensamiento sociológico de
Agustín Cueva Sáenz y presionado por la prensa progresista, Baquerizo
sancionó en 1918 a ley de abolición del concertaje, iniciativa del diputado
Francisco Pérez Borja aprobada por el Congreso en octubre de 1917. La
esencia de esa ley radicaba en la supresión de la prisión por deudas y del
arraigo personal.
El 15 de julio de 1916, durante el gobierno de Plaza y siendo canciller
Alfredo Baquerizo Moreno, se firmó un tratado de límites con Colombia,
negociado por el plenipotenciario ecuatoriano Alberto Muñoz Vernaza (el
antiguo jefe de las montoneras antialfaristas) y el Ministro de Relaciones
Exteriores de Colombia, Marco Fidel Suárez. Para nuestro país fue un
convenio absolutamente oneroso, pues cedió inmensos territorios
orientales a Colombia que no poseía ningún título para reclamarlos a
cambio de nada, pues no obtuvo siquiera un acuerdo de alianza militar que
fortaleciera nuestra posición frente al Perú. Empero, el liberalismo placista
calló, pues voluntariamente había cedido el manejo de las relaciones
exteriores del país a los conservadores, creyendo que ellos tenían mayor
conocimiento de la cuestión. Por su parte, los conservadores, que tanto
combatieron la política exterior de Alfaro, trataron de ocultar el fiasco de la
misión. Muñoz Vernaza, pues el negociador ecuatoriano era un de sus
líderes y había sido, no hay que olvidarlo, uno de los más contumaces jefes
montoneros antialfaristas
Sucedió a Baquerizo Moreno en la Presidencia de la República el abogado
del Banco Comercial y Agrícola, José Luis Tamayo, electo del modo que ya
conocemos.
La Revolución Liberal y la Plutocracia
MURAL
Historia del Ecuador
Obra de Galo Galecio
Mural en la Casa de la Cultura
Ecuatoriana "Benjamín
Carrión"
Fotografía tomada por Mario
Monteforte.
Durante su gobierno, el régimen plutocrático alcanzó los más altos niveles
de corrupción y antipopularidad. La inflación causada por las emisiones sin
respaldo llegó a niveles escandalosos. La producción exportable no lograba
recuperarse y el sucre se depreció tanto que llegó a cotizarse a cinco por
dólar, lo que equivalía a una devaluación de 150 por ciento con relación a
su cotización de 1911. El pueblo, víctima principal de la política
expoliadora de la "bancocracia", sufría el embate conjunto de la inflación,
la desocupación y el hambre, por lo que empezó a protestar masivamente y
a organizarse para la defensa de sus derechos.
A comienzos de noviembre de 1922 comenzaron en Guayaquil las
agitaciones obreras, que culminaron con una gran huelga de trabajadores
que paralizó al puerto. Rápidamente las masas tomaron el control de la
ciudad, con apoyo de sectores burgueses antimonopólicos, y sus
organismos dirigentes empezaron a actuar como un poder paralelo al del
Estado. Más la plutocracia no estaba dispuesta a permitir que continuara
tal situación, que era un reto a su autoridad y devaluada aún más su
imagen política. Así que usó las tropas del ejército y la policía para
masacrar a los huelguistas (15 de noviembre). Luego, los cadáveres de los
miles de huelguistas asesinados fueron echados al río, abriéndose el
vientre para evitar que reflotaran.
Tras ese bautismo de sangre de la clase trabajadora ecuatoriana, el
régimen plutocrático desataría una represión general, contra toda protesta
social. Así, el año siguiente, las tropas masacrarían a los campesinos
huelguistas de la hacienda Leyto, en la provincia del Tungurahua.
En septiembre de 1924 accedió a la Presencia Gonzalo S. Córdova, quien
compitiera antes con Tamayo como candidato popular de oposición, pero,
finalmente, terminará siendo candidato del poderoso Banco Comercial y
Agrícola.
Durante su breve gobierno, la descomposición del régimen liberal llegó a
su clímax. El dirigente conservador Jacinto Jijón y Caamaño, candidato
derrotado, se alzó en armas en la provincia de Imbabura, protestando
contra el fraude electoral; si bien su movimiento fue aplastado
militarmente, contribuyó a deslegitimar a la "bancocracia" en el poder. De
otra parte, una seria enfermedad afectó al Presidente Córdova y lo obligó a
encargar al mando al Presidente del Senado, Alberto Guerrero Martínez. En
esas circunstancias, se desató un crudo invierno, que arrasó con puentes
ferroviarios e incomunicó al país, casi al mismo tiempo que se producía
una crisis de gabinete, a causa de la controvertida adquisición por el
Estado de las acciones de la compañía del ferrocarril Guayaquil Quito.
Al fin, el ejército decidió concluir con tal situación: la noche del 9 de julio
de 1925, una "Liga de Militares Jóvenes" comunicaba al presidente
Córdova su destitución, al tiempo que otras comisiones apresaban al
poderoso gerente del Banco Comercial y Agrícola, Francisco Urbina Jado, y
al general Leonidas Plaza Gutiérrez, cabezas visibles del régimen
plutocráticos. Se iniciaba así la denominada "Revolución Juliana",
experimento militar nacionalista que puso fin al régimen plutocrático y dio
inicio a un proceso de modernización y fortalecimiento del Estado
ecuatoriano.
Orientaciones Bibliográficas
ESTUDIOS ESPECIFICOS SOBRE EL TEMA PUEDE CONSULTARSE EN:
- ALBORNOZ PERALTA, Oswaldo, "El caudillo indígena Alejo Sáes", IDIS /
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José Peralta, Fundación Frierich Nauman, Cuenca, 1988
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PAREDES, Willington, "Economía y sociedad en la costa: siglo XIX", en
Enrique Ayala Mora, Nueva Historia del Ecuador, Vol. 7, Corporación Editora
Nacional / Grijalbo, quito, 1991
VINTIMILLA, María Augusta, Estado, Nación y Cultura. Los proyectos
históricos en el Ecuador, IDIS, Cuenca, 1988
Revolución Juliana, crisis de hegemonía y estabilidad política
GUAYASAMIN
Los trabajadores
1942
Fotografía tomada de
Historia del Arte
Ecuatoriano, tomo 4,
Salvat Editores
Ecuatoriana, 1986
"Revolución Juliana", Crisis de Hegemonía y Estabilidad Política (1925
1960)
El Contexto
En el período 1925 1960 se destacan dos momentos bastantes definidos:
el uno que va de 1925 a 1948 y el otro de 1948 a 1960.
El primer momento, que parte de la revolución "juliana" y culmina con el
inicio del gobierno Galo Plaza, fue un período de la historia ecuatoriana
que estuvo marcado, al menos en sus primeros lustros, por la
preocupación colectiva respecto a los problemas sociales, por la
persistencia de la recesión económica, por las reorientación productiva, la
agitación social y la inestabilidad política. En el segundo, se viviría un
relativo clima de tranquilidad social y estabilidad económica y política,
resultado, en mucho, de las prósperas condiciones creadas por el auge
bananero. De todas formas, en gran parte del período, los ecuatorianos
vivieron turbulentas y traumáticas experiencias como la misma juliana, la
guerra de los cuatro días (1932), la guerra con el Perú (1941) y "la
gloriosa" (144) que marcaron en los más profundo la conciencia colectiva
de los ecuatorianos.
1925 a 1948 fue una etapa que se inicio con una transformación del
aparato estatal, intensa lucha y carencia de hegemonía política de algún
sector de la sociedad que dieron como resultado la ingobernabilidad y una
enorme inestabilidad política. Ciertamente en esta época, es decir, en
veintitrés años, se sucedieron alrededor de veintisiete gobiernos, ente
dictaduras militares y civiles, gobiernos provisionales y regímenes
democráticos.
En cambio ente 1948 a 1960, bajaron las tensiones políticas, los gobiernos
democráticos se sucedieron en el marco constitucional, la planificación
estatal apareció y un nuevo impulso modernizador vivió el Estado.
En todo el período, la gente entre cuartelazos, matanzas, crisis de la
economía mundial y persecuciones vivió nuevas experiencias como la
radio, el cine hablado, la aviación, las novedades del fútbol nacional y la
mayor presencia del automóvil en las estrechas calles de las urbes que
vieron crecer sus espacios. Más adelante experimentó con mayor fuerza la
moda estadounidense y el miedo al nacionalsocialismo. Siguió con atención
las noticias sobre la Segunda Guerra Mundial, y posteriormente, fue testigo
de los primeros efectos de la "Guerra Fría", y de la tímida presencia de la
televisión . Fueron hombres mujeres que se enamoraron al calor del
pasillo, de "Benítez y Valencia", del tango, del bolero y posteriormente de
Elvis y del rock, y se divirtieron con las películas mexicanas, con
Cantinflas, y con las estampas de "Evaristo".
Por otra parte, desde los años veinte de este siglo se potenciaron las
capacidades organizativas y de movilización de viejos grupos humanos
(artesanos y militares) pero también hicieron su ingreso a la escena
nacional nuevos actores sociales (obreros y clases medias) que exigieron
su reconocimiento social y político. Las calles, el espacio público, fue el
territorio donde, en forma generalizada, se expresaron las demandas. La
tranquilidad pueblerina de antaño, alterada de cuando en cuando por los
chismes, por cualquier escándalo social y por las luchas políticas y
armadas de los caudillos y sus huestes vio, con asombro y no menos susto,
la presencia de la organización y movilización popular, de la huelga obrera
y de otras formas de reclamo y de presencia de los de "abajo". El Estado,
las elites sociales, la opinión pública, el Ejército, la Iglesia y los
intelectuales, desde sus particulares visiones, corrieron a explicarse y dar
cuenta de este fenómeno. Prestos dieron nueva forma a los partidos
políticos, reestructuraron la legislación, fundaron organismos estatales y
reflexionaron, escribieron o pintaron retratos novedosos del ambiente
social que les abrumó. En este marco surgió el realismo social y el
indigenismo.
Semejantes percepciones de lo social y las subsecuentes acciones en este
campo y, y sobre todo, los cambios que se dieron en el marco de
representaciones de la gente, en su cosmovisión y en su cultura tuvieron
directa y mayor relación con las transformaciones políticas y jurídicas que
impulsó al Estado y, en menos medida, con las alteraciones surgidas de las
estructuras social y económica del país.
De cualquier manera existieron algunas modificaciones en los aspectos
económicos y social que incidieron en la estructuración de clases sociales,
en sus relaciones y en la producción de las ideas.
La Juliana y la Medicina de la Moneda
El Mayor, Ildefonso Mendoza, en Guayaquil, y el General Francisco Gómez
De la Torre, en Quito, dirigieron el movimiento de la joven oficialidad que
dio al traste con el último gobierno de la Plutocracia. Se formó una Junta
de Gobierno integrada por uno de los más firmes opositores de los
regímenes costeños, Don Luis Napoleón Dillon, liberal de avanzada,
cercano al socialismo y fundador de la fábrica textil más moderna de
entonces, La Internacional. El fue el representante del sector social
dirigente de la sierra que mayores intereses tuvo en una transformación
económica y social. Luchas intestinas, desacuerdos y contradicciones
llevaron a la Junta a su disolución y la proclamación por parte del ejército,
en 1927, del doctor Isidro Ayora como encargado del poder. Este puso en
práctica algunos ideales julianos de democratización de las relaciones
sociales y de modernización del Estado.
Creó el Ministerio de Previsión Social, la Caja de Pensiones y acogió
algunas demandas de los sectores subalternos. Sin embargo, la realización
más firme estuvo en el campo de la economía y la modernización del
Estado. Dictó medidas tendientes a la estabilización monetaria y al control
inflacionario evitando las permanentes devaluaciones mediante las cuales
los agro exportadores habían venido superando la crisis del cacao. Para
esto, en un hecho sin precedentes en el país donde todos los bancos tenían
capacidad de emisión, creó el Banco Central, institución encargada de
emitir billetes y de promover la política monetaria del país. Con esto
descargó un duro golpe contra los agro exportadores que, hasta ese
momento, por su calidad de propietarios de las divisas y de los mayores
bancos, habían impuesto su voluntad al Ecuador entero.
Además, siguiendo con el plan de reformas, creó al Banco Hipotecario para
generar créditos a favor de la agricultura, fundó la Contraloría General del
Estado, la Dirección General de Obras Públicas e instituyó la
Superintendencia de Bancos. Más también, en el campo fiscal impulsó una
Reforma Tributaria y una mejor estructuración del presupuesto.
Ayora, confirmado presidente por el Congreso de 1929, hizo un gobierno
que favoreció los intereses de los industriales al promover una política
proteccionista y dio al mismo tiempo gusto a los importadores al impulsar
un esquema monetario, el patrón oro, que mantenía una "moneda sana".
La salud monetaria, en el marco de la crisis mundial de 1930, derivó en
deflación, perjudicando a los negocios y particularmente a los agro
exportadores que, sintiéndose afectados, decidieron, con el apoyo de otros
sectores, desplazar en 1931 a Ayora del poder. Con este episodio se
inauguró un momento de enorme inestabilidad política en el país.
Revolución Juliana, crisis de hegemonía y estabilidad política
PARTICIPANTES
De la revolución de Julio
de 1925
En Guayaquil
Foto: taller Visual
Sin Cacao: A Producir Café, Arroz y Azúcar
A pesar de la caída del cacao, el país en este nuevo período tuvo una
economía que, en su conjunto, siguió ligada a los ciclos de producción
agrícola para el mercado internacional. La crisis del cacao obligó a los
terratenientes costeños a diversificar sus cultivos y a reorientar la
producción hacia el café, arroz y azúcar, aunque este último, en mucho,
estuvo destinado al consumo nacional.
La industria no se estancó, al contrario tuvo un desarrollo incipiente,
siendo la producción textil a que adquirió un papel importante en este
período. En efecto, medio de la crisis mundial de los treinta, esta actividad
fabril, en participar la de la sierra centro norte, creció en forma
significativa. De igual manera, la exportación de sombreros de paja
toquilla, cuyo centro de producción estaba en la sierra sur, tuvo un rol
importante en el ingreso de divisas.
El sector hegemónico de la economía, el agroexportador, dependiente de
los vaivenes del mercado mundial, en especial el de los Estados Unidos,
nuestro principal abastecedor y comprador desde inicios del siglo, con la
depresión de los países centrales a comienzos de los treinta, experimentó
la reducción de la demanda para sus productos; sin embargo, en los
albores de los cuarenta, la Segunda Guerra Mundial estimuló nuevamente
la producción y exportación de materia prima, como caucho y balsa,
utilizadas para sustentar el esfuerzo bélico, pero también de café, arroz e
incluso cacao.
Terminaba la conflagración mundial (1944) decayó la demanda externa y
aumentó la oferta de bienes de los países centrales, llevando la economía
nativa a una nueva situación de crisis.
En este mismo período se avanzó hacia una mayor conformación de las
clases sociales. Los empresarios fundaron o reconstituyeron sus
organismos de representación, las Cámaras de la Producción; aunque para
esto recibieron una gran presión por parte del Estado, a través del
Ministerio de Previsión Social, Trabajo, Agricultura e Industrias. El
crecimiento del aparato estatal, de la burocracia, del magisterio, del
ejército y de la policía incrementaron la cada vez más creciente clase
media. El aumento del número de industrias, ante todo en la sierra centro
norte, fortaleció a la clase obrera que, sin embargo tuvo, a nivel social, un
peso específico menor al del voluminoso sector artesanal.
La crisis económica y la diversificación de los cultivos de la costa
propiciaron dinámicas en el campo que forzaron a buena cantidad de
campesinos a trasladarse a las ciudades de la región. En ellas, algunos
tendrían acceso a las pocas fábricas; los más, encontrarían cabida en los
más bajos empleos, constituyendo esa gran masa marginal que crecerá
violentamente en décadas venideras.
En esta coyuntura, así como los empresarios lograron construir sus
espacios de identidad, los trabajadores pasaron de la organización de
ayuda mutua a conformar sindicatos, los que sirvieron para canalizar más
eficazmente sus demandas clasistas, sociales y políticas. Consiguieron con
el apoyo de sectores políticos civiles y militares de tinte socialista la
promulgación de un viejo ideal, el Código del Trabajo, (1938), y fundaron,
luego de intensas luchas, su organización nacional como la CTE
Conferencia de Trabajadores del Ecuador, 1944 -. Empero antes, en 1938,
la Iglesia católica y los grupos conservadores, luego de un largo camino
habían promovido la creación de otra central obrera nacional, compuesta
mayoritariamente por artesanos, la CEDOC - Conferencia Ecuatoriana de
Obreros Católicos -, como repuesta al avance del "sindicalismo rojo".
Un presidente después de otro (1930 48).
Derrocado Isidro Ayora se inicio un período de tremenda inestabilidad
política que condujo al país, solo en la década de los treinta, a tener 14
distintos gobiernos. Esta situación, reflejo del momento de reorientación
productiva, de la incidencia de la crisis mundial y del lento proceso, de
constitución de las clases, dio lugar a la inexistencia de un sector
hegemónico, dentro de las familias, grupos o clase dirigentes regionales,
que tenga la capacidad y fuerza política, para articular un proyecto
nacional estable y coherente que arrastre tras de sí a los demás
componentes del bloque de poder. Este ha sido el principal drama del país
desde su fundación: la carencia de un proyecto nacional de largo aliento.
Esta suerte de empate político entre las fracciones derivó en una intensa
lucha que alternativamente llevó, por períodos cortos, a uno y otro sector,
al control del aparato gubernamental.
El coronel Luis Larrea Alba, fundador de Vanguardia Socialista, y ministro
del Gobierno de Ayora, le sucedió en el mando el24 de agosto de 1931;
más pudo mantenerse en el poder hasta el 15 de octubre del mismo año.
Asumió el cargo el presidente de la Cámara del Senado, Alfredo Baquerizo
Moreno, expresidente de la época plutocrática. Baquerizo Moreno actuó en
favor de los intereses de los agroexportadores y financistas costeños que
requerían de reformas monetarias, como la supresión del patrón oro y la
devaluación para compensar las pérdidas que, a raíz de la crisis mundial,
estaban obteniendo. En octubre de 1931 convocó a elecciones que las ganó
Neptalí Bonifaz, liberal moderado, terrateniente serrano, propietario de la
famosa hacienda Guachalá y primer presidente del Banco Central del
Ecuador, en cuya función ganó prestigio nacional.
La Misión Kemmerer
En resumen, la mayoría de los ecuatorianos esperaba con interés la llegada
de Kemmerer, según un periódico, "como los israelitas esperaban con
impaciencia los principios claros de su Moisés".
Demostraban, sin embargo, motivos encontrados al acoger a su Misión. Los
defensores de la Revolución Juliana especialmente Dillon y el ejército
contaban con Kemmerer para remediar los males económicos de la nación,
particularmente las deficiencias en el sistema monetario y bancario.
Los partidarios quiteños, esperaban que la consolidación por Kemmerer del
gobierno central y de su control de los asuntos financieros nacionales,
fortalecerían su posición contra sus rivales de Guayaquil.
El endeble gobierno de Ayora, concebía la visita de Kemmerer como un
mecanismo de legitimidad, tanto interna como externamente. Pedía justificar
la prolongación del autoritarismo hasta que sus reformas se implantaran
plenamente, ayudaría a convencer al Departamento de Estado de los Estados
Unidos a que dejara de negar su reconocimiento a un régimen
inconstitucional, y atraería préstamos extranjeros. Los adversarios del
gobierno, especialmente los banqueros, compartían la esperanza de que la
aprobación de Kemmerer traería inversiones extrajeras. Pero querían que
promoviera la austeridad gubernamental en vez de la expansión. Puesto que
los militares insistieron en la conclusión de las reformas financieras, antes de
cualquier restauración de un régimen constitucional y civil, los dirigentes de
los partidos y la Embajada de los Estados Unidos contaban con Kemmerer
para acelerar ese proceso. Los conservadores, banqueros y costeños, por lo
menos prefirieron cualquier cosa que recomendara Kemmerer a los rayos y
centellas de las juntas. Los empresarios exhortaron a los trabajadores a que
tuvieran fe en Kemmerer, en vez del socialismo, para resolver sus problemas
económicos. Estas elites advirtieron a los obreros que suspendieran su
agitación, a fin de no perturbar sus reformas ni a los inversionistas
extranjeros. Finalmente, el Gobierno de los Estados Unidos y los
representantes del sector comercial norteamericano pensaban que la Misión
mejoraría la estabilidad política y el crecimiento económico del Ecuador,
haciendo más propicio al país para el comercio y las inversiones
norteamericanas.
TOMADO DE PAUL DRAKE, "LA MISION KEMMERER ENE L ECUADOR", EN
REVISTA CULTURA, VOL. VII, NRO. 19
Revolución Juliana, crisis de hegemonía y estabilidad política
HERIDOS
La Guerra de los Cuatro Días
Fotografía tomada de
Historia del Ecuador, Vol. 7, Salvat
Editores Ecuatoriana, Quito, 1988.
La Guerra de los "Cuatro Días"
Bonifaz subió con el apoyo de vastos sectores económicos y sociales de
todas las regiones del país, más la imagen de rico latifundista y debido a su
tendencia despótica y autoritaria, se granjeó rápidamente la oposición de
sectores medios y populares que, con el paso del tiempo, organizaron y
formaron una ola incontenible que arrastró a todas las clases sociales en
su contra y que dieron al traste con su gobierno.
Por disposición constitucional Bonifaz debía asumir la presidencia en
septiembre de 1932, casi un año después de su elección. Este período tan
largo, que creó un vacío de poder, fue fatal para él. En este tiempo se
enfrentaron el presidente electo en una lucha que terminaría con la
blandengue democracia ecuatoriana. Si el Bonifaz de octubre del 31 era
representante del consenso nacional, el de agosto de 32, por la deserción
de los líderes de la costa, fue un abierto portavoz de los grandes intereses
regionales, particularmente, de la sierra centro norte. Este hecho, más la
fuerte oposición popular de todas las regiones, que estuvo azuzada por un
discurso patriotero que acusó a Bonifaz de poseer la nacionalidad peruana,
llevó al Congreso, bajo el argumento de la supuesta nacionalidad peruana
del presidente elegido, a descalificarlo como presidente de la República.
Producto de tales discordias, que habían encendido los ánimos a favor o
contra Bonifaz a niveles inauditos, se produjo en Quito, a fines de agosto e
inicio de septiembre del 21, el enfrentamiento armado interno más
traumático del siglo XX, la llamada guerra de los Cuatro Días
Del Primer Velasquismo al Arroyismo
Derrotados los "compactados" partidarios de Bonifaz organizados en la
Compactación Obrera Nacional (CON), de composición mayoritariamente
artesanal asumió provisionalmente el poder Alberto Guerrero Martínez,
presidente del Senado. Este convocó a elecciones, ganando uno de sus
favorecidos, Juan de Dios Martínez Mera, miembro del Partido Liberal y ex
gerente de la Compañía Agrícola del Litoral, legendaria por la explotación a
miles de pequeños productores de tabaco y caña de azúcar.
José María Velasco Ibarra, joven y fogoso diputado, comandó la oposición
de Martínez Mera. Desde el Parlamento se dedicaría a tumbar ministros
hasta desgastar completamente al régimen.
Depuesto Martínez Mera el 19 de octubre de 1933, se encargó el poder a
Abelardo Montalvo, quien convocó a elecciones de las que saldría ganando
el presidente de la Cámara de Diputados y candidato del conservadorismo,
José María Velasco Ibarra.
Velasco se posesionó de la presidencia el 1 de septiembre de 1934 y fue
derribado el 20 de agosto de 1935. De igual manera que en los casos
anteriores, la oposición, ahora dirigida por un connotado liberal, Alberto
Arroyo del Río, hizo ingobernable el país. La falta de paciencia del
turbulento mandatario dio lugar a que se "precipite sobre las bayonetas" e
intente, en forma fallida, declararse dictador.
Asumió el poder Antonio Pons, último ministro de gobierno, quien, lejos de
someterse a las presiones de liberales y conservadores, declinó ante un
consejo de oficiales que, a su vez, nombró encargado del mando supremo
de la República a un desconocido ingeniero que se había ocupado de la
cartera de Obras Públicas: este fue Federico Páez.
Páez, inicialmente, hizo un gobierno acorde con el socialismo, la tercera
fuerza política que desde la Juliana había crecido en el país. Al calor de tal
revolución, el socialismo organizó en Quito su partido en 1926. En 1931, a
raíz de la posición ecuatoriana respecto a la III Internacional, se dividió en
dos sectores, el denominado Partido Comunista y el Partido Socialista.
Mientras tanto, la joven oficialidad del ejército, ex julianos, y sectores
radicales del liberalismo, decepcionados de su partido, habían estructurado
también una organización que la denominaron Vanguardia Revolucionaria
Socialista. Todos estos partidos, sobre todo los dos primeros, a pesar de su
mecánica comprensión del marxismo y de la realidad nacional, o de su
filiación dogmática de los dictámenes de Moscú, caso del Partido
Comunista, dieron cabida física e intelectual a importantes sectores
medios, intelectuales, artistas, literatos, profesores, oficiales jóvenes,
profesionales, empleados públicos, estudiantes y, en forma escasa, a
trabajadores. Siendo expresión de tales sectores no pudieron sino
impulsar, a nombre de los obreros, medidas de corte reformista que, en
todo caso, ayudaron a empujar la dificultosa modernización del Ecuador y
dotaron a las clases populares de instrumentos políticos y jurídicos para
desplegar sus futuras luchas.
Efectivamente, Páez que se rodeó de elementos socialistas, expidió la Ley
de Control de Cambios, Importaciones, e impidió la devaluación monetaria;
creó el Instituto Nacional de Previsión, dictó reformas a las Leyes de
Contrato y Desahucio de Trabajo, la Ley de Salario Mínimos para algunos
sectores fabriles y el reglamento de asistencia médica. Sin embargo,
después de un corto tiempo de ejercicio dio un viraje de 180 grados,
colocándose contra el socialismo y desatando una feroz represión contra
todo viso de progresismo. Estableció un Estado policíaco, del cual el
ejército pronto se cansó y dejó de apoyarlo. A nombre de la Fuerza
Armada, el 23 de octubre de 1937, el general Alberto Enríquez Galo lo
destituyó y se proclamó jefe supremo.
El general Enríquez, influido por las ideas socialistas, en menos de un año
hizo un corto gobierno de connotaciones democráticas y modernas, siendo
sus fundamentales obras la promulgación del Código del Trabajo, la Ley de
Comunas y la nueva ley de educación. En este campo hizo esfuerzos
grandes a favor de la institucionalización de la educación técnica y del
fortalecimiento de la formación en los maestros. Así, aumentó el
presupuesto para educación; creó la Facultad de Pedagogía de la
Universidad Central, el Instituto de Investigaciones Científicas, el Archivo
Histórico Nacional y la Escuela de Ciencias Económicas de la Universidad
de Guayaquil. En el plano de la seguridad interna profesionalizó a la
Policía. Su compromiso con la democracia le obligó a abandonar el poder
en agosto de 1938, dejando, sin que medie consenso político alguno, la
primera magistratura en manos de Manuel María Borrero.
Este hecho y el evidente vacío de poder que es presentó, desató una crisis
de sucesión avivado por las ambiciones personales y de partido. Con el
fantasma del golpe de Estado, el socialismo ayudó a subir al poder a
Aurelio Mosquera Narváez, jefe del Liberalismo. Este, muy ligado a los
intereses más poderosos de Guayaquil, preparó el terreno para la elección
de Arroyo del Río. Murió Mosquera Narváez en noviembre de 1937,
encargándose de la presencia Arroyo del Río, a la sazón presidente del
Congreso. Como este preparaba su campaña electoral encargó la
presidencia a Andrés F. Córdova, presidente de la Cámara de Diputados y
compañero del partido, quien convocó a elecciones.
REUNION
Carlos Alberto Arroyo del Río
Durante un reunión en
la sede del Partido Liberal, 1935.
Foto: Taller Visual
Carlos Alberto Arroyo del Río, después de un claro fraude electoral contra
José María Velasco Ibarra, subió al poder el 1 de septiembre de 1940. Este
jefe liberal, abogado de empresas extranjeras y elemento relacionado con
los bancos y con los agro exportadores costeños, hizo un gobierno
favorable a estos sectores mediante la desarticulación de las medidas
proteccionistas que durante regímenes anteriores se habían dictado.
El fraude electoral fue el estigma del nuevo gobernante, quien sufrió de
ilegitimidad y aislamiento. Su soledad en el poder le obligó a extremar los
mecanismos represivos y autoritarios para sostenerse frente a una
oposición cada vez más fuerte. Para el efecto fortaleció y utilizó al cuerpo
de carabineros (actual Policía Nacional), que llegó a constituirse en una
suerte de guardia pretoriana del presidente.
Las políticas de seguridad externa e interna no fueron manejadas
adecuadamente, cuestión que llevó al país a negociar en condiciones poco
ventajosas la firma de un protocolo de límites con el Perú, situación que
fue percibida por la población como derrota política y diplomática y como
traición de parte del presidente y de su canciller. Como era de esperarse,
esta situación profundizó la impopularidad del gobierno y su necesidad de
sostenerse restringiendo las libertades públicas.
Es así que, a los pocos meses de asumir la presidencia, se precipitaron las
acciones armadas en la frontera, ante lo cual Arroyo, por medio del sumiso
Congreso, obtuvo facultades especiales que, antes que utilizarlas para
repeler la agresión y organizar la defensa, las utilizó para someter a la
oposición. De esta forma las Fuerzas Armadas mal equipadas,
desguarnecidas e indefensas, sucumbieron ante la superioridad peruana. A
renglón seguid el gobierno, acosado por la ocupación y por las presiones
regionales y continentales, firmó el Protocolo del Río de Janeiro, el 29 de
enero de 1942.
"La Gloriosa"
La firma del Protocolo en las condiciones mencionadas y la derrota militar
desarrolló en el conjunto de ecuatorianos un sentimiento de pérdida
territorial y humillación histórica cuyo responsable fue identificado como el
jefe de Estado. Adicionalmente, la incontrolada represión ejercida por el
Cuerpo de Carabineros, los esquemas fraudulentos del ejercicio electoral,
los negociados, el corte despótico del régimen y el desmejoramiento
notable del nivel de vida en el período generaron un amplio movimiento
social y político en su contra. Ciertamente, desde conservadores hasta
comunistas llegaron a un acuerdo político para echar del poder al
presidente. El movimiento cobró cuerpo y adoptó el nombre de Alianza
Democrática Ecuatoriana (ADE) que, con la fuerza de os empleados
públicos y privados, de la joven oficialidad, de la tropa, de los estudiantes,
de los intelectuales, de los artistas, de los artesanos y obreros derrocaron
al régimen el 28 de mayo de 1944. Esta insurrección popular de corte
democrático y nacionalista, denominada "La Gloriosa", que tuvo el apoyo y
movilización de amplios sectores de la ciudad, del campo y de las
provincias, a la larga fue aprovechada y capitalizada por los
experimentados políticos de la derecha al colocar a José María Velasco
Ibarra como cabeza del movimiento y posteriormente como sucesor de
Arroyo en la presidencia de la república.
Velasco, luego de ser nombrado, en Agosto de 1944 presidente de la
república, por la Convención Nacional mayoritariamente izquierdista,
comenzó su administración con intereses iniciativas democráticas, la
mayoría de ellas restringidas al campo educacional, cultural y laboral. Bajo
estos lineamientos se creó la Casa de la Cultura Ecuatoriana, ideada por el
escritor socialista Benjamín Carrión, y se aprobó el funcionamiento de la
Federación de Estudiantes Universitarios del Ecuador FEUE y de la
Confederación de Trabajadores del Ecuador CTE, organizaciones sociales
ampliamente dirigidas por los partidos socialista y comunista.
La mentada Convención Nacional entregó al país una Carta constitucional
de características democráticas, que se convirtió en camisa de fuerza para
el volátil y temperamental presidente de los ecuatorianos, cuya matriz
ideológica se encontraba más cerca del conservadorismo. Esta situación y
la acción del Congreso tendiente a una mayor democratización del país,
cansó al mandatario que, en marzo de 1945, decidió proclamarse dictador.
Después de un año de sobresaltos en la política, de arrebatos y carencia de
planificación en las obras políticas, Velasco convocó a una Asamblea
Constituyente, mayoritariamente conservadora, que lo nombro presidente
constitucional y dictó una nueva Carta Política.
En agosto de 1947 su ministro de Defensa, coronel Carlos Mancheno, lo
destituyó a la fuerza, a través de un golpe que se lo denominó el
"manchenazo". Durante pocos días este militar asumió el mando y
posteriormente lo entregó al presidente del Congreso, al conservador
Mariano Suárez Veintimilla. Después de trece días en el poder, por
disposición del Congreso entregó la presidencia a Carlos Julio Arosemena
Tola, designado hasta la conclusión del período legal, 31 de agosto de
1948.
A Producir Banano
Después de un largo reacomodo de la producción costeña, desde 1948
hasta los primeros tiempos de los setenta, el Ecuador continuó la vieja
tradición del modelo de agro exportación. Ahora le tocó a un fruto, al
banano, cuya producción y cuya exportación se constituyeron en eje de la
economía durante la mitad de este siglo.
En la presidencia de Galo Plaza Lasso (1948 52), y aprovechando una
caída profunda de la producción bananera centroamericana causada por
las plagas, la costa ecuatoriana comenzó a producir la fruta. Estimuladas
por el mercado, dichas producción y exportación alcanzaron niveles
espectaculares, sobrepasando los cien millones de dólares de exportación
de 1955. Este hecho visiblemente contrasta con el promedio de 7.4
millones de dólares obtenidos por el país por las exportaciones durante la
década de los treinta.
Lamentablemente esta situación se modificó desde fines de los cincuenta,
cuando comenzaron a recuperarse las plantaciones centroamericanas, lo
que devino en mayor competencia y contracción de los mercados para
nuestra fruta. Entonces, los niveles de exportación crecieron lentamente,
en tanto que la producción alcanzaba cifras nunca antes vistas.
Sobrevinieron crisis de sobreproducción que afectaron particularmente a
los pequeños y medianos finqueros, que fueron la base de la primera
expansión del banano. Además de esto, la difusión de plagas y el
agotamiento del suelo tropical afectaron a los productores menos
capitalizados, que no pudieron reaccionar ante la crisis. Resultado de tal
proceso fue el surgimiento de la gran plantación como eje de la producción
bananera y la quiebra de los pequeños productores.
Al finalizar los sesenta, la exportación bananera conservó aún la
hegemonía dentro de la economía ecuatoriana, no obstante había bajado
significativamente su importancia . Empero, a inicios de los setenta, bajo el
mismo modelo primario exportador, el petróleo ocuparía el lugar del "oro
verde".
Vamos a industrializar el País
Los importantes ingresos fiscales provenientes de la tributación por
exportación bananera fueron canalizados para apuntalar proyectos viales
de gran envergadura y para afianzar un nuevo modelo de desarrollo cuyo
eje debía ser la industrialización.
Hasta estos años la economía ecuatoriana había funcionado con un modelo
de producción y exportación de materias primas y de importación de
manufacturas, maquinaria y tecnología. Salvo contados y fugaces casos en
nuestra historia económica, las exportaciones habían superado a las
importaciones; la regla más bien había sido el permanente déficit
comercial y la fuga indiscriminada de nuestros limitados recursos
naturales y monetarios. En fin, el modelo aplicado desde la fundación de la
República reducía al país a una fuerte y peligrosa dependencia del mercado
mundial, de los vaivenes del comercio internacional, cuestión que había
retrasado su desarrollo y agudizado su situación de pobreza.
Desde los cincuenta, por incidencia de la CEPAL Comisión Económica para
América Latina -, organismo de las Naciones Unidas, se empezó a pensar
en posibilidades de desarrollo y crecimiento independiente para la región.
La CEPAL planteó que el camino para nuestro país, como para el resto de
países de América Latina, llamados de la "periferia", era, en una primera
etapa, impulsar un proceso industrial "sustitutivo de importaciones", para
lo cual había que obligadamente desarrollar un mercado interno.
Par la aplicación de este nuevo modelo, el Estado debía tener un rol
protagónico. De esta manera, ya desde 1948, el gobierno ecuatoriano
decidió aplicar el esquema de desarrollo vía industrialización. Así las
autoridades del Estado encontraron el mejor respaldo técnico en el Banco
Central, institución que aportó con varios de sus técnicos, como José
Corsino Cárdenas y Germánico Salgado, para que integraran las misiones
de la CEPAL. El Banco Central, en primera instancia, se dedicó a investigar
la realidad económica y social del Ecuador. Gracias a esto, el Ecuador contó
por vez primera con estudios serios sobre su economía y con series
estadísticas confiables, basadas en varios censos nacionales.
Revolución Juliana, crisis de hegemonía y estabilidad política
REGION AMAZONICA
El Río Napo
Foto tomada del Atlas
Geográfico y Universal y del Ecuador, Grupo
Editorial Océano, España, 1996.
La Región Amazónica (1760 1960)
A partir de 1760 varias fases bien claras marcas el compás de los modos de
inserción de las poblaciones indígenas (amazónicas) en la sociedad
dominante. Después de la expulsión de los jesuitas, la red de colonización (en
la lata amazonía), ya muy debilitada, se reduce considerablemente, mientras
que los indios gozan de una recuperación demográfica a la vez que territorial,
muy notoria, especialmente en los grupos quichua hablantes. El retroceso
económico de los blandos hace que, por primera voz desde el fin de siglo XVI,
por iniciativa de los mismos indios, se establezca contacto entre los colonos y
los indios rebeldes. A pesar de la hostilidad y de la incomprensión que
caracterizan estos encuentros, algunos comerciantes adquieren la costumbre
de relacionarse con los "aucas", estableciendo de esta manera un tipo de
relación generalizada posteriormente por el desarrollo del patronazgo.
A partir de 1850, la progresiva intensificación de las actividades extractivas
en la (amazonía), unida al acelerado desarrollo económico del piedemonte
peruano, provoca un nuevo reflujo de indios rebeldes que se aíslan en zonas
refugio, y un aumento correspondiente del volumen de los intercambios entre
colonos y quichua hablantes, por un lado y entre quichua hablantes y
"aucas" por el otro. Todo esto permite que los "mansos" recuperen su rol de
intermediarios entre el mundo "salvaje" y el universo de los colonos. La
presión económica a la que están sometidos los Quichua, unida a su gran
crecimiento demográfico, les obliga infiltrarse progresivamente en zonas
abandonadas o recorridas por los "infieles".
El boom del caucho marca una ruptura en esta evolución que todavía no es
muy estable: significa el regreso a prácticas esclavistas a gran escala, que
como antaño afectan al conjunto de las poblaciones autónomas, pero al
mismo tiempo comporta la instalación de nuevas formas de articulación más
durables especialmente en la zona de la Amazonía ecuatoriana, donde la
extracción del caucho de segunda clase (la balata) se efectúa en el marco de
pequeñas empresas obligadas por la falta de medios, a transigir con las
sociedades indígenas, quienes le proporcionan su mano de obra. Con el
colapso del ciclo cauchero, los blancos abandonan nuevamente la región,
empero del boom deja sus huellas en una fracción de esa red de pequeños
explotadores, transformados en comerciantes de otros productos de
extracción, red a la cual se incorporan los indios rebelde en forma definitiva.
Implantados en tierras rebeldes, merced al caucho, los patrones van a lograr
mantener su poderío sobre estos grupos, gracias a la conjunción de varios
factores: la creciente dependencia de los indios en las armas de fuego, el
desmantelamiento (consecuencia de los estragos causados por la explotación
del hevea) de ciertos circuitos de intercambio indígenas que caen en manos
de mestizos y finalmente el relativo empobrecimiento de los quichua
hablantes, sometidos a una presión económica y a un control cada vez más
pesado, que les imposibilita proporcionar a los "aucas" todos los bienes
manufacturados que éstos últimos quien obtener. Desde entonces, el trabajo
alienado, más o menos intenso según las regiones, se convierte en un
elemento permanente en la vida de todas las sociedades indias de la Alba
Amazonía ecuatoriana.
Al mismo tiempo se entiende y se consolida el patronazgo, aparecen también
las premisas de nuevas formas de explotación del trabajo indio. A partir de
1920 las compañías extranjeras y luego las multinacionales, sobre todo las
petroleras, comienzan operaciones en la Alba Amazonía. Como consecuencia
de este fenómeno, un creciente número de indios se ve incorporado de
manera episódica en el trabajo asalariado , lo que permite que comience a
circular, aunque lentamente, dinero en la región, con el desarrollo de la cría
ganadera, fomentada por las misiones, la economía monetaria se genera
progresivamente en toda la Amazonía ecuatoriana, y la integración de los
indios a la economía comercial se vuelve definitiva e irreversible a partir de
los años 1950 1960. Correlativamente, las relaciones entre "aucas" e indios
quichua hablantes pierden importancia económica a los largo del siglo XX. En
cambio, y es necesario subrayar este punto, esta relación no pierde ninguna
de sus funciones sociológicas y simbólicas, pues aunque ya no son los únicos
en proveer los bienes occidentales, los Quichua siguen siendo los únicos que
pueden traducir en términos indígenas (fundamentalmente shamánicos) las
relaciones de fuerza entre indios y blancos, lo que les permite mantener el rol
de intermediarios culturales esenciales.
Hay también que hacer hincapié en uno de los aspectos fundamentos de la
historia contemporánea en el piedemonte ecuatoriano, frente a la zona
amazónica de influencia peruana. La precoz y vigorosa expansión peruana no
ocasiona en la alta Amazonía oriental la aparición de un frente de
colonización sostenido por una gran infraestructura misionera, sino más bien
la instalación de una gran red de dependencia económica muy jerarquizada,
controlada a larga distancia por agentes establecidos en ciudades muy
alejadas de la zona de operación de esa red. Por el contrario, el noroeste de
la Alta Amazonía, en el piedemonte ecuatoriano, el deshielo económico y
social, más lento y tardío que en el Perú, manifiesta muy rápidamente con el
nacimiento de un verdadero frente de colonización, concretado en un
continuo tejido de implantaciones mestizas, pero cuyas redes sociales tipo
patronazgo, a excepción de la provincia del Napo, son muchas menos
desarrolladas que en el este.
Esta evolución diferencial tiene consecuencias muy distintas sobre las
poblaciones aborígenes involucradas, puesto que la colonización a distancia
modifica las formas de producción indígenas e indirectamente las estructuras
políticas. Sin embargo, en general, la territorialidad, el tipo de hábitat, y los
grandes lineamientos de la organización social son relativamente poco
afectados. De manera inversa, la creación de un frente de colonización
efectivo, acarrea cambios inmediatos y dramáticos en la reorganización de los
indios expulsados de sus territorios, los que rechazados por los colonos,
fueron sedentarizados por los misioneros en "reservas" cada vez más
reducidas. Por esta razón, los Shuar que hasta las primeras décadas del siglo
XX fueron los menos "aculturados" y los más aislados de los grupos jíbaro, se
encontraron brusca y violentamente atrapados dentro de un conjunto de
presiones, las que en el lapso de treinta años lograron transformar
radicalmente su organización social y cultural; por contraste, los Achuar, a
pesar de haber confrontado diferentes manifestaciones de la presencia
colonizadora desde el siglo XVII, si no antes, escaparon durante largo tiempo
de la brutal aceleración de la historia, porque su inserción en la sociedad
global se hizo siempre del marco de estructuras dispersas que no afectaron
fundamentalmente su organización socio territorial tradicional. En otras
palabras la naturaleza de las luchas entre indios y colonos es absolutamente
distante en el piedemonte, donde la tierra, como en la sierra se ha convertido
en el elemento decisivo; y en el frente oriental de hylea, en el cual el control y
explotación del trabajo indio continua siendo, como antaño, el elemento
estratégico en la articulación de las poblaciones aborígenes a la sociedad
nacional.
TOMADO DE ANNE CHRISTINE TAYLOR, "EL ORIENTE ECUATORIANO EN EL
SIGLO XIX; 'EL OTRO LITORAL'", EN JUAN MAIGUASHCA , ED., HISTORIA Y
REGION EN EL ECUADOR, 1830 1930, CORPORACION EDITORA NACIONAL /
FLACSO, QUITO, 1994
Revolución Juliana, crisis de hegemonía y estabilidad política
GRUPO
Trabajadores de la construcción
en la ciudad de Ambato
Foto: Taller Visual
Modernización o Desarrollo
Este programa económico, cuya base técnica se encontraba en la
planificación y acción estatal, mal o bien asumido por todos los presidentes
del período. En tal sentido, éstos últimos emprendieron en una importante
modernización del aparato estatal para ponerlo a tono con las necesidades
del modelo. Es así que se creó la Junta de Planificación para diseñar las
estrategias industrializadoras; se fundó CENDES para promover y diseñar
proyectos industriales; se instituyó la Comisión Nacional de Valores, que
después adoptaría el nombre de Corporación Financiera Nacional, para
financiar proyectos industriales; se fundó la SECAP para capacitar a la
mano de obra, y se creó e INECEL para establecer un gran sistema
eléctrico a nivel nacional, necesario para el trabajo de las nuevas
industrias.
No sólo por la concepción del modelo, sino por la incapacidad empresarial
de las elites ecuatorianas, tradicionalmente imbuidas por una practica y
mentalidad rentista y premoderna, el Estado, como algunas veces antes,
tuvo que liderar un proceso de cambio en la economía, después de cuya
aplicación, obtuvo resultados positivos. Así, la inversión industrial que
entre 1953 57 fue de un promedio anual de 15.6 millones de sucres,
ascendió a 583 millones de sucres en el período de 1964 68 y a 867
millones de sucres entre 1969 72.
En la misma línea, el Estado, siguiendo con el libreto, desarrolló el mercado
interno, para lo cual, impulsó un agresivo programa de construcción de
carreteras, empero la mayoría de ellas unirían los dos tradicionales polos
Quito Guayaquil, y a sus zonas de influencia. Con esto, de alguna manera,
se ampliarían significativamente el espacio nacional, más también se
consolidaría el Estado bicentralista, que impidió el desarrollo más
equilibrado de todo el territorio nacional.
La modernización también llegó a las zonas rurales atrasadas y
desprotegidas. Algunos terratenientes serranos, con mentalidad moderna,
motivados por un mercado de productos lácteos en expansión,
modernizaron sus haciendas y liquidaron las relaciones tradicionales de
trabajo como el huasipungo; otros también emprendieron por el mismo
camino impulsados por su afán de mediatizar la lucha campesina en su
momento de elevación de la conflictividad social en la zona rural y en los
suburbios de las ciudades.
Sin embargo, la modernización de las relaciones sociales de fines de los
cincuenta e inicios de os sesenta, también fue producto de las políticas
continentales de seguridad impulsadas por los Estados Unidos, como
respuesta de la ola revolucionaria levantada en toda Latinoamérica luego
de la revolución cubana de 1959. Una de estas políticas fue la denominada
Alianza para el Progreso, en el marco de la cual se llevó a cabo la primera
Reforma Agraria en 1964.
Las reformas que se llevaron adelante en el período, aparte de no resolver
problemas fundamentales de la economía, fueron medidas desarrollistas
que no hicieron sino agravar el estado de dependencia y la crisis
económica del país. Las poderosas elites de ambas regiones, rentistas y
mercantilistas, aplicaron el modelo según su conveniencia,
desnaturalizándolo. Así se creó un aparato jurídico que sobreprotegió a la
industria, desarrollando una "falsa industria" y un Estado adiposo y
paternalista.
Ciertamente, la industrialización de sustitución "fácil de importaciones"
fortaleció una industria que importaba con grandes exenciones tributarias
maquinaria, productos semielaborados, elevado número de componentes
del productos a ser "fabricado" y en forma creciente, incluso, materia
prima. Y en lo que respecta a la Reforma Agraria, por su diseño
terrateniente, al repartir tierras, la mayoría de ellas estériles (páramos),
sin crédito ni asistencia técnica, profundizó el minifundio y lanzó a miles de
campesinos a engrosar las filas de los marginales en las grandes ciudades.
Tempranamente, el modelo "ecuatoriano" de "sustitución de
importaciones" comenzó a mostrar sus debilidades. En los sesenta al
reducirse el flujo de dinero proveniente del banano, bajaron los recursos
para financiar el aparato estatal que dinamizaba el proyecto
industrializador. Esto se manifestó en el serio déficit de los presupuestos y
en la subsecuente reducción en la inversión en los programas
modernizadores.
La crisis de los exportadores de banano y la crisis del Estado se la trasladó,
como siempre, y a través de medidas tributarias y monetarias, a los
hombros del pueblo. Esto, en el transcurso de los sesenta, agudizó la
conflictividad social y la lucha política, desatando nuevamente situaciones
de rompimiento de la democracia.
La Sociedad: entre la esperanza y la ira
La relativa prosperidad económica, la aplicación del modelo
industrialización, el crecimiento del estado, la ampliación de oportunidades
de trabajo y el mayor contacto entre las regiones, entre otras razones, en
los cincuenta, fortalecieron a los sectores medios de la sociedad y a los
trabajadores, dando lugar a una baja de tensiones a nivel social y político.
Entre las elites económicas no se dio una mayor diferenciación y
especialización económica, a no ser por la relativa fuerza e independencia
a un pequeño y moderno sector industrial. Las viejas y poderosas familias
del país mantuvieron un carácter regional, una mentalidad mercantilista y
rentista e invirtieron en todos los sectores de la economía.
La expansión de la población estudiantil- especialmente universitaria -, el
crecimiento del magisterio y la ampliación de la burocracia fortalecieron a
la clase media que, en el período, ganó espacios de poder en los gobiernos.
De esta clase, un pequeño grupo de tecnócratas, muchos de ellos de origen
socialista, cumplió un papel destacado en el montaje de los nuevos
proyectos estatales. Sin embargo, de esta misma clase surgió un vigoroso
movimiento estudiantil que, sobre todo en los sesenta, se colocó al frente
del movimiento contestatario popular ecuatoriano. Se fortaleció la FAUE
Federación de Estudiantes Universitarios del Ecuador y se fundó la FESE
Federación de Estudiantes Secundarios del Ecuador, 1966.
El proceso industrializador, ocupado en primer término de la producción de
bienes simples alimentos, bebidas, calzado, vestuario, etc., no sólo que
fortaleció numéricamente a la clase obrera, sino que debilitó al poderoso
artesanado que tradicionalmente se había ocupado de esos menesteres. Se
derrumbaron muchos talleres artesanales, y algunos de sus miembros
fueron absorbidos por el sistema fabril.
La aplicación del agresivo programa vial, la cancelación de las relaciones
precarias de producción en el campo y la ampliación del mercado de
trabajo gracias al "boom bananero" incidieron en el crecimiento de
pequeños finqueros en la costa, en el desarrollo urbano y en la migración
campesina a las urbes. Se expandió un sector marginal en las ciudades que
fue la base social del populismo. Este fenómeno, que se personalizó en
Velasco Ibarra, tuvo más fuerza en la costa, Guayas, Los Ríos, El Oro,
provincias que durante el período 1950 60 recibieron el 80% de las
migraciones internas del Ecuador. Las relaciones tradicionales fueron rotas
entre los sectores hacendatarios; no obstante, algunas prácticas
económicas antiguas se siguieron manteniendo a nivel del campesinado
medio y pequeño en los pueblos del antiplano. De la misma mera, la
organización comunitaria indígena se mantuvo en pie.
La ampliación de la frontera agrícola por la producción del banano, el
trazado de buena cantidad de carreteras y los procesos de colonización
crearon una constelación de nuevos pueblos, algunos de los cuales, por su
posición estratégica por ejemplo Santo Domingo de los Colorados -, se
convirtieron en verdaderos centros de comercio alcanzando en poco
tiempo la condición de ciudades.
Revolución Juliana, crisis de hegemonía y estabilidad política
PRESIDENTES
José María Velasco Ibarra
y Galo Plaza Lasso
Foto: Taller Visual
Al fin la estabilidad política
En los cincuenta, el auge bananero fue el telón de fondo que permitió a las
elites económicas y políticas regionales, llegar a acuerdos para implantar un
proyecto nacional sobre la base de un modelo industrializador, en el que el
Estado tuvo un rol fundamental. Tal acuerdo estratégico sumado a baja de
tensiones sociales resultado de una mejora del nivel de vida de la población,
dio lugar a una relativa estabilidad política, que redundó en el fortalecimiento
de la sucesión presidencial democrática y en la ampliación del espacio y
mercado nacionales, en detrimento de los regionalismos, fuentes también de
las crisis políticas.
En este período de racionalización de la política tuvo inevitable influencia la
creciente presencia de los Estados Unidos y de las Nacionales Unidas a través
del FMI y de la CEPAL.
Galo Plaza Lasso (1948 1952), hijo de un ex presidente liberal y educado en
lo mejor de la tradición democrática norteamericana, puso las bases políticas
y económicas del período. Hizo un gobierno marcado de tolerancia política.
Bajo su gestión impulsó la producción y exportación bananera y, por sus
buenas relaciones con los Estados Unidos, puso establecer canales de
financiamiento para las obras públicas. Apoyó el trabajo de la CEPAL y las
primeras investigaciones estatales serias sobre nuestra realidad, como fue el
primer censo nacional, todas estas acciones para la implantación del modelo
industrializador vía "sustitución de importaciones". Realizó obras de
salubridad y emprendió un programa agresivo de construcciones escolares.
Enfrentó una gran catástrofe natural, el terremoto de Ambato de 1949, que
dejó a la región devastada y un saldo de alrededor 10.000 muertos.
Velasco Ibarra, en su tercera presidencia (1952 1956), fue un continuador
del esquema económico del régimen anterior. En su administración las
exportaciones de banano alcanzaron las cifras más altas; más de aquí en
adelante, paulatinamente, auge perdió terreno.
Con un arca fiscal boyante, desplegó agresivos programas de vialidad que
fueron la característica más significativa de su mandato. Con escasos
contratiempos en su gobierno, por primera y últimas vez concluyó el período
presidencial para el cual fuera designado.
A Camilo Ponce Enríquez (1956 1960), fundador del socialcristianismo, le
tocó vivir el deterioro de las exportaciones bananeras y el inicio de un nuevo
período de intensa lucha social e inestabilidad política. En efecto, ante el
deterioro de las condiciones de vida, la población desató intensos
movimientos que fueron sofocados a punta de fusil. El amotinamiento más
significativo ocurrió en Guayaquil en junio de 1959, levantamiento que fue
violentamente reprimido por el gobierno. A pesar de esto, el gobierno
continúo con el mismo modelo y emprendió con una importante obra de
construcción pública.
El inicio de los sesenta estuvo marcado por una profunda crisis económica,
sobre la cual se montó Velasco Ibarra para ascender al poder en 1960. En
efecto la masa empobrecida de las urbes, principalmente de la costa, siguió
tumultuosamente al viejo caudillo populista, quien trituró verbalmente a los
responsables del deterioro económico y regó de esperanzas las zonas
marginales, cuya población entusiastamente lo colocó en la presidencia de la
República otra vez.
La caída del banano terminó con la luna de miel de las elites del país.
Resurgió la pugna económica, política y regional.
Velasco no pudo contener la crisis económica y, menos aún, canalizar la cada
vez más explosiva situación social avivada por la ola revolucionaria cubana.
Tuvo que ceder ante las presiones de los intereses de los exportadores y
devaluar la moneda. Perdió legitimidad y desató una ola represiva para
contener la creciente explosión social. Sin respaldo político y sin autoridad los
militares lo tumbaron, entregando la primera magistratura al vicepresidente
Carlos Julio Arosemena Monroy el 7 de noviembre de 1961.
Con esto el país retornó al viejo círculo vicioso: crisis del modelo exportador
primario, crisis de la democracia.
Orientaciones Bibliográficas
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Nacional, Quito, 1995.
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FISCHER, Sabine, Estado, Clases e industria, Ed. El Conejo, Quito, 1983
LARREA, Carlos, Ed. El banano en el Ecuador, FLACSO, Corporación Editora
Nacional, Quito, 1987
LUNA TAMAYO, Milton, Modernización? Ambigua experiencia en el Ecuador,
IADAP, Quito, 1993
*SOBRE ASPECTOS CULTURAS, HISTORIA URBANA Y ESPACIAL PUEDE
CONSULTARSE LOS SIGUIENTES LIBROS:
ANDRADE, Raúl, El perfil de la Quimera, Colección Básica de Escritores
Ecuatorianos, Tomo 18, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1977
CARRION, Fernando, Las ciudades intermedias en el contexto de la
urbanización ecuatoriana, Documento académico, CIUDAD, Nro. 1, Quito,
1983
CRUZ, Carlos Ermel de la, Quito al Día, Gráficas Cedig, Quito, 1946
DELER, Jean Paul, "Estructuración y consolidación del área central (1930
1942)", en El manejo del espacio en el Ecuador, Etapas Claves, Tomo I,
Geografía Histórica, IGH, CEDIG, Quito, 1983.
SOBRE ASPECTOS POLITICOS CONSÚLTESE:
BARRERA, Ricardo J., Descalificación presidencial, El congreso de 1932,
Talleres Gráficos Minerva, Quito, 1950
CUEVA, Agustín, El Ecuador de 1925 a 1975, América Latina de Medio Siglo,
Siglo XXI, México, 1977
CHIRIBOGA, Manuel, Jornaleros y Gran Propietarios en 135 años de
exportación cacaotera (1790 1925), 1980 Consejo Provincial de Pichincha,
Quito.
QUINTERO, Rafael, El mito del populismo en el Ecuador, FLACSO, Quito, 1980
SOBRE ASPECTOS ECONOMICOS VÉASE:
ALMEIDA, Rebeca, Kemmerer en el Ecuador, FLACSO, Quito, 1993.
BELISLE, Jean Francois, La industria textil ecuatoriana 1920 1980, Ponencia,
Coloquio PUCE, Quito, 1986
DRAKE, Paul, "La misión Kemmerer en el Ecuador: Revolución o
regionalismo", Revista Cultura Nº 19, Banco Central del Ecuador, Quito
ESPINOSA, Roque, El desarrollo de la industria capitalista en el Ecuador 1900
1950, Tesis, Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima, 1976
FISCHER, Sabine, Estado, Clases e industria, Ed. Conejo, Quito, 1983
GONZALES, José Luis, Nuestra gran realidad alrededor del problema de la
tierra su parcelación y producción en el Ecuador, Ed. Labor, Quito, 1936
LUNA TAMAYO, Milton, Modernización, ambigua experiencia en el Ecuador,
IADAP, Quito, 1992
TRUJILLO, Jorge, El sistema de Hacienda y la clase terrateniente serrana a
fines del siglo XIX y las primeras décadas del presente siglo, CÍESE, Quito,
1979
SOBRE ASPECTOS LABORALES Y SOCIALES CONSÚLTESE EN:
BUSTOS, Guillermo, Gremios, sindicatos y política (1931 1938).
Transformaciones ideológicas y redefinición social de artesanos y obreros
fabriles en Quito, Tesis de Licenciatura, Departamento de Ciencias Históricas,
PUCE, Quito, 1989
HURTADO, Osvaldo y HUREDEK, Joachim, La organización popular en el
Ecuador, INEDES, Quito 1974
IBARRA, Hernán, La formación del Movimiento Popular 1925 1936, CEDIS,
Quito, 1984
Indios y cholos en la formación de la clase trabajadora ecuatoriana, CLACSO,
Quito, 1987
LUNA TAMAYO, Milton, Orígenes del movimiento obrero de la sierra
ecuatoriana, 1906 1938, Revista Cultura, Nro. 26, Banco Central del Ecuador,
Quito, 1987
Los movimientos sociales en los treinta: el rol protagónico de la Multitud,
Ecuatoriana de Historia Económica, N. 4, Banco central del Ecuador, Quito,
1988
Historia y conciencia popular, Corporación Editora Nacional, Quito 1989
PAEZ, Alexi, El anarquismo en el Ecuador, INFOC / CEN, Quito, 1986
RAMON, Galo, Los indios en la Constitución del Estado Nacional, CLACSO,
Quito, 1989
YCAZA, Patricio, Historia del Movimiento Obrero ecuatoriano, Casa de la
Cultura Ecuatoriana, Quito, 1983
La Historia Contemporánea
Juan Paz y Miño Cepeda
PENSADOR CONTEMPORANEO
Benjamín Carrión
Uno de los más importantes
pensadores contemporáneos de la
realidad ecuatoriana, ofreciendo un
discurso de agradecimiento por el
premio "Eugenio Espejo"
Fotografía tomada de Historia del
Ecuador. Vol 7, Salvat Editores
Ecuatoriana, Quito, 1988.
La "Década del desarrollo"
Al comenzar la década de los 60 todavía eran visibles en la sierra ecuatoriana
las haciendas tradicionales, organizadas bajo relaciones agrícolas de trabajo
precario (jornales ínfimos o ausencia de salarios). La costa, en cambio, más
dinámica y emprendedora, seguía siendo la base de nuestro crecimiento
agroexportador sustentado en el banano, que, sin embargo, progresivamente
entró en crisis. En mucho, todavía pesaba la ruralidad del país, porque la
mayoría de la población se ocupaba en la agricultura, exista un crecimiento
urbano reducido a unas cuantas ciudades y porque la industria y la
manufactura eran todavía incipientes, así como resultaba escasa la presencia
de capitales extranjeros.
Sin embargo, durante las décadas del 60 y 70 aquellas realidad del Ecuador
se modificó . Durante la primera, se generalizaron en América Latina las
preocupaciones sobre el desarrollo (la de los 60 fue bautizada como década
del desarrollo), provenientes del pensamiento económico elaborado por la
CEPAL (Comisión Económica para América Latina), las propuestas del
programa norteamericano "Alianza para el Progreso", (orientadas a
contrarrestar la influencia la influencia de la Revolución Cubana 1959 en el
continente), y las políticas reformistas impulsadas por diversos gobiernos de
la región. En tales circunstancias, también el Ecuador afirmó las políticas
desarrollistas, cuyo esquema básico todavía continua vigente en la década de
los 70.
Específicamente con la instauración de una Junta Militar (1963 66), fue
posible iniciar las bases de un nuevo modelo de política económica, basado
en el activo papel que se otorgó al Estado como principal agente promotor del
desarrollo económico y de la modernización del sistema de libre empresa. En
efecto, la Junta Militar adoptó, por primera vez, un Plan de Desarrollo y actuó
en favor de tres reformas consideradas imprescindibles: la agraria, la
tributario fiscal y la administración pública. Junto a la reforma agraria,
iniciada en 1964, ante todo se dio prioridad al crecimiento de la industria
sustitutiva de importaciones, a la que se le brindaron recursos, facilidades o
exoneraciones tributarias y leyes de protección. El país alentó la inversión
extranjera y entró a participar en el inicial proceso de integración concretado
en la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio ALALC (1960).
Estas políticas condicionaron la evolución posterior del país. Si bien los
gobiernos sucesores a la Junta Militar no continuaron la reforma agraria con
la misma voluntad política, tampoco pudieron modificar el papel del estado
como orientador de la economía. Al finalizar la década de los 60, al mismo
tiempo que había descendido la participación y el crecimiento de la
agricultura en la producción nacional, se había elevado la contribución de la
industria y de la manufactura y se habían sentado las bases para la
diversificación económica empresarial.
Los cambios en la estructura social
Dinamizada la industrialización, apareció un empresario de nuevo tipo.
También crecieron nuevos núcleo empresariales en las otras esferas
económicas . Incluso el terrateniente tradicional se vio forzado a la
modernización. Y empezó a crecer el capital extranjero. De todos modos, no
hubo diferencias tajantes entre distintas fracciones empresariales y
predominó la concentración de sus intereses en los grupos de mayor poder,
expresados en las Cámaras de la Producción, que sistemáticamente
reaccionaron contra lo que consideraban políticas "estatizantes" y hasta
influidas por el "comunismo", como suponían era el caso de la reforma
agraria.
Se extendió aceleradamente la clase media. Su tendencia general fue hacia el
reformismo político y aún la radicalización. Sectores profesionales,
intelectuales y tecno burocráticos comúnmente sustentaron el
intervencionismo estatal. Exista receptividad para las consignas
transformadoras, los cuestionamientos al poder oligárquico, las reacciones
antiimperialistas y las influencias socialistas. Estos sectores pudieron
expresarse en una obra cultural y literaria renovada y progresista. Entre los
estudiantes, especialmente los universitarios, prendió la creciente influencia
marxista.
Al mismo tiempo crecieron las clases trabajadoras y se activaron su
conciencia y sus luchas. Sin duda, la de los obreros de las nuevas empresas,
pero también las de operarios, migrantes y pobladores urbanos dedicados a
empleos y oficios de diverso orden. Se alteró la condición campesina y
aparecieron nuevas reivindicaciones. Se consolidaron capas de pequeños y
medianos propietarios, jornaleros y comuneros agrícolas. En cambio hubo
poca comprensión de las necesidades culturales y técnicas de los indígenas,
en una sociedad acostumbrada históricamente a los prejuicios y marginación
de este sector.
La década de os 60 se caracterizara, en consecuencia, por la complejidad de
intereses sociales en formación o replanteamiento. y a todo ello contribuirá la
vorágine de los cambios mundiales, la confrontaciones entre capitalismo y
socialismo, las reacciones frente a las influencias de la Revolución Cubana, de
enorme impacto en toda Latinoamérica durante los años 60 y los 70, así como
la renovación de la Iglesia Católica a partir del Concilio Vaticano II (1962), la
Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Medellín (1968) y la difusión
de la Teología de la Liberación, que definieron la opción preferente por los
pobres, bajo un clima cuestionador, al régimen capitalista.
Crisis gubernamental y confrontaciones políticas
La de los 60 fue una década de transición entre las tradicionales formas
oligárquicas y las modernas relaciones capitalistas. Una época de debates
sobre el "intervencionismo estatal", las libertades de la empresa privada, el
papel de los militares en la vida del país y las necesidades de la justicia social
frente al dominio de poderosos grupos minoritarios. Incluso una poca de
reflexiones y cuestionamientos a la dependencia del país, de acercamiento
constante a los postulados y reivindicaciones del Tercer Mundo y de críticas a
la presencia arrogante del "imperialismo norteamericano". Todo ello fue
causa de una profunda inestabilidad social, así como de continuas
confrontaciones políticas, que despertaron los contrapuestos intereses entre
las distintas clases sociales y se reflejaron, de inmediato, en una persistente
inestabilidad constitucional.
En efecto, entre 1960 y 1972 se sucedieron siete gobiernos, pero sólo dos
provinieron de elecciones populares. Así, en las elecciones de 1960 triunfó,
por cuarta vez en la historia, José María Velasco Ibarra, con una votación
superior a la de sus tres adversarios juntos. El viejo caudillo populista
expresaba así las esperanzas de masas interesadas en radicales
transformaciones. Y hasta supo despertar un gran sentimiento cívico al
proclamar la tesis de la nulidad del Protocolo de Río de Janeiro, que tanto
había herido la conciencia nacional desde que fuera suscrito en 1942, a
consecuencia de la invasión de tropas peruanas.
Pero el velasquismo estuvo ligado a un estrecho círculo de agro exportadores
y empresarios costeños, favorecidos aún más desde el Estado (por ejemplo a
través de la devaluación monetaria), mientras se volvía creciente el malestar
social contra los desajustes económicos, la inflación, la corrupción la
ineficacia administrativa. En 1961 a la convulsión política general se unió la
pugna con él Vicepresidente Carlos Julio Arosemena y los enfrentamientos en
el Congreso, que precipitaron un pronunciamiento militar que finalmente
respaldó la salida de Velasco y la sucesión constitucional en favor de Carlos
Julio Arosemena Monroy.
La Historia Contemporánea
EL PRESIDENTE
José Velasco Ibarra
Ofreciendo un discurso.
Junto a él, el vicepresidente
Jorge Zabala Baquerizo.
Foto: Taller Visual.
Por su alianza política con sectores de izquierda, así como por su negativa a
romper con Cuba, el gobierno de Arosemena (1961 - 63) ya no sólo se vio
cercado por la crítica situación económica, sino por la reacción interna de la
derecha y la Iglesia, en medio de un clima de agitación social acusado de
extremista y bajo supuesto aliento del "comunismo internacional" y
particularmente del castrismo cubano. Las encubiertas acciones de os
servicio de inteligencia norteamericanos se unieron a las reacciones políticas
internas, que obligaron a la ruptura con Cuba y crearon un situación
insostenible para el gobierno, hasta que los militares decidieron intervenir.
La Junta Militar (1963 66) que se instauró estuvo integrada por Ramón
Castro Jijón (Marina), Marcos Gándara Enríquez (Ejército), Luis Cabrera
Sevilla (Ejército) y Guillermo Freile Posso (Aviación). En las circunstancias de
la época, el anticomunismo fue uno de los rasgos que caracterizó a la Junta,
influida por las estrategias continentales norteamericanas orientadas con
igual política. En consecuencia fue perseguida la izquierda, reprimidos los
movimientos laborales, sociales y estudiantiles e intervenidos las
universidades. La dictadura acogió, además, el programa norteamericano
"Alianza para el Progreso" e inició las reformas estructurales que otorgaban
al Estado un papel activo en la economía.
Ello desencadenó las resistencias de las oligarquías tradicionales y
principalmente la de los terratenientes, heridos con la reforma agraria. En
abril de 1965, la reacción del gran comercio Guayaquileño produjo la 'guerra
del arancel". Al año siguiente la beligerancia se agudizó. Los comerciantes
decidieron no pagar impuestos, detener importaciones, no sacar sus
mercaderías de la aduana y realizar un paro, que coincidió con la agitación
generalizada. De tal manera, que, cuando en marzo del 66 se produjo la
incursión de fuerzas especiales en la Universidad Central, la indignación
general llegó a sus límites y los militares se vieron forzados a dejar el
gobierno.
Designado Presidente Provisional (29 III 66) por una junta de notables,
Clemente Yerovi Indaburu concentró esfuerzos en un plan de retorno
constitucional, que culminó con la reunión de la Asamblea, en la que fue
designado Otto Arosemena Gómez como Presidente Interino (16 XI 66). El
nuevo gobierno articuló los intereses económicos de las oligarquías serrana y
costeña y se alió políticamente con la derecha de los conservadores y
socialcristianos. Se caracterizó, entonces, por un abierto respaldo a la gran
empresa privada e incluso a las inversiones extranjeras, que condujeron a
lesivas concesiones petroleras para el país (como la explotación del gas del
golfo otorgada al consorcio fantasma ADA) y a la paralización de la reforma
agraria. En consecuencia, fueron meramente publicitarias la negativa de
Arosemena a suscribir el Acta de Punta del Este (Uruguay), sus críticas a la
política estadounidenses y sus cuestionamientos al programa Alianza para el
Progreso.
En 1968 se realizaron las elecciones y triunfó, por quinta vez, José María
Velasco Ibarra, aunque los resultados reflejaban el declive del caudillo.
Nuevamente su administración resultó inestable, conflictiva y vinculada,
como antaño, a poderosos círculos económicos. Aunque el Presidente se
mostró firme en la defensa de las 200 millas de mar territorial (varios
atuneros norteamericanos fueron detenidos) y dio inicio a la participación del
Ecuador en el Pacto Andino (1969, que proyectó la integración subregional
con Venezuela, Colombia, Perú, y Chile), Una vez más acumuló la creciente
reacción interna y la beligerante lucha estudiantil. En mayo de 1970 el
gobierno decretó un presupuesto de emergencia, nuevos tributos, aumentó
los recargos de estabilización monetaria, fijó impuestos a las ventas y eliminó
exoneraciones industriales. Las Cámaras de la producción decidieron acudir
ante la Corte Suprema para suspender tales decretos por inconstitucionales.
Esa segura decisión jurídica anticipó el golpe de estado, que sobrevino tras la
destrucción de la imprenta de la Universidad Central, en medio del
generalizado malestar popular y las encolerizadas protestas estudiantiles,
motivadas incluso por el asesinato de Milton Reyes, presidente de la FEUE
(Federación de Estudiantes Universitarios Ecuatorianos).
El 22 de junio de 1970 Velasco proclamó su dictadura. Las universidades
fueron clausuradas y reorganizada la Corte Suprema. En agosto, se decretó la
devaluación monetaria (S./25.00 por dólar). Más tarde, Guayaquil se
conmocionó con la prisión y deportación del Alcalde Francisco Huerta
Montalvo y del Prefecto Asaad Bucaram. Al año siguiente el gobierno debió
afrontar tanto un levantamiento militar, como la huelga nacional de los
trabajadores. En medio del descalabro económico y del adverso clima político,
el anuncio del retorno al orden constitucional para junio de 1972 pareció
renacer esperanzas. Las candidaturas fueron definiéndose. Pro sólo la de
Asaad Bucaram, caudillo indiscutible de la populista Concentración de
Fuerzas Populares (CFP), preocupó al régimen, que intento descalificarla con
el argumento de que Bucaram no era ecuatoriano. Sin embargo, una vez más
los militares decidieron intervenir para derrocar a Velasco Ibarra, el 15 de
febrero de 1972.
Dictaduras militares y "Petrolerismo"
Entre 1972 y 1979 se sucedieron dos dictaduras. La presidida por el general
Guillermo Rodríguez Lara (1972 1976) se constituyó como gobierno
Nacionalista y Revolucionario de las Fuerzas Armadas, proclamó una Filosofa
y Plan de Acción y adoptó un nuevo Plan de Desarrollo. Además, inauguró una
nueva política petrolera basada en los conceptos de recurso estratégico,
soberanía, nacionalismo y autoridad militar. En consecuencia, el gobierno
militar puso en vigencia la Ley d Hidrocarburos, revirtió al estado antiguas
concesiones, fueron revisadas contratos con las compañías extranjeras, se
crearon CEPE (Corporación Estatal Petrolera Ecuatoriana), TRANSNAVE
(Transportes Navieros Ecuatorianos), FLOPEC (Flora Petrolera Ecuatoriana),
Ecuador ingresó a la OPEP (Organización de Países Exportadores de
Petróleo), se dispuso la participación accionaria en el consorcio Texaco - Gulf,
etc., hasta llegar a una situación en la cual prácticamente el Estado
controlaba el 80% de la actividad petrolera en el país.
Con el inicio de las exportaciones de crudo (agosto de 1972) comenzaron a
crecer los recursos nacionales. Más todavía con el espectacular incremento de
los precios internacionales del petróleo en años posteriores. Sólo las
exportaciones realizadas entre 1972 74 llegaron a equivaler a un monto de
ingresos similar a las exportaciones ecuatorianas de los 140 años anteriores
de vida republicana, pues los precios del barril exportado saltaron de US $
2.56 a US $ 13,9. Semejante riqueza, administrada desde el Estado, permitió
un sólo cierta independencia gubernamental de los grupos de poder
económico (principalmente agroexportadores), sino también la consolidación
del papel intervencionista del Estado en la promoción del desarrollo
económico, esbozado tempranamente con la Junta Militar del año 63. Gracias
a los recursos petroleros, nuevamente se dio prioridad a la industrialización
bajo el esquema proteccionista de sustitución de importaciones y se amparó
el crecimiento empresarial en todos los órdenes de la economía. Se enfatizó
también en la reforma agraria, aunque ya sin las prioridades del proceso de
los 60. Además, el país amplió su participación en el proceso de integración
subregional iniciado con el Pacto Andino.
1963 - 1966
Junta Militar
De izquierda a derecha
Marcos Gándara Enríquez,
Ramón Castro Jijón, Luis
Cabrera Sevilla y Guillermo
Freile Posso.
Foto: Taller Visual
Hubo recursos para atender múltiples necesidades a través de obras de
infraestructura, electrificación, carreteras, transporte y comunicaciones, en la
prospección minera y la exploración de nuevos yacimientos, así como en
programas y servicios de salud, hospitales, educación y en diversidad de
proyectos y acciones de desarrollo. La acción estatal también puso ser
revestida con tintes populistas, mediante el control de precios, los subsidios
de todo orden, las mejoras salariales, las exoneraciones o facilidades
tributarias, en medio de una inflación creciente. El impulso económico
condujo a un crecimiento promedio del 10% anual en el PIB. Pero el
reformismo nacionalista de los militares no pudo evitar una mayor
concentración de la riqueza entre las antiguas y nuevas oligarquías, cuya
situación contrastó, cada vez más, con la de los sectores populares
Pero el "petrolerismo" duró poco. En 1975 comenzaron las dificultades en el
mercado internacional debido a que los precios del crudo cayeron. A los
primeros síntomas de desajuste económico se unieron las reacciones sociales
y políticas, acumuladas desde la instauración de la dictadura, porque el
gobierno de Rodríguez Lara, habiendo mantenido un amplio respaldo en
razón de su nacionalismo en materia petrolera, frustró aspiraciones de
cambio social, proscribió la vida política y convirtió la proclamada "siembra
del petróleo" en quimera. Además, en 1975, importadores y comerciantes se
sintieron afectados con la modificación de listas y aranceles. Todo ello y las
brechas cada vez más profundas de un sector militar con el 'personalismo" de
Rodríguez, crearon las condiciones para una sublevación encabezada por el
general Raúl González Alvear (1 IX 75) que, aunque fracasada, será
determinante para que, en enero del siguiente año, las Fuerzas Armadas
decidieran la salida de Rodríguez Lara, sustituido por un triunvirato.
El Consejo Supremo de Gobierno (1976 79) que sucedió a Rodríguez, estuvo
presidido por Alberto Poveda Burbano (Marina) y Luis Leoro Franco
(Aviación). La nueva dictadura abandonó la filosofía Nacionalista y
Revolucionaria anterior, y, aunque mantuvo el papel promotor del Estado y la
centralización de la política petrolera, abrió puertas al capital extranjero,
flexibilizó las políticas económicas con criterios liberales y, ante la
disminución de ingresos petroleros, inició un agresivo proceso de
endurecimiento externo, cuya acumulación pesara posteriormente, al
iniciarse la etapa de los gobiernos constitucionales, en la década de los 80.
La pérdida del dinamismo económico fue la tónica del segundo quinquenio de
la década de los 70. Y, en ese marco, se reactivó la reacción social general,
incluso porque el triunvirato asumió una franca actitud autoritaria y
represiva, que condujo a hechos como la matanza de zafreros del ingenio
AZTRA y el asesinato del político opositor Abdón Calderón Muñoz, fundador
del Frente Radical Alfarista (FRA), en el que directamente estuvo implicado el
Ministro de Gobierno de la época.
Los síntomas del cambio
Las transformaciones sociales, que todavía resultaron lentas e incipientes en
la década de los 60, se aceleraron y profundizaron durante los años 70. Como
nunca antes, creció tanto el sector monopolista como el de pequeños y
medianos negocios. A su vez, las clases trabajadoras se ampliaron y, sobre
todo, desarrollaron una conciencia reivindicativa que pronto se expresó en la
lucha obrera y campesina. Ya en la época del Triunvirato Militar la búsqueda
de unidad clasista paulatinamente acercó a la CEDOC (Confederación
Ecuatoriana de Organizaciones Clasistas), la CTE (Confederación de
Trabajadores del Ecuador) y la CEOSL (Confederación Ecuatoriana de
Organizaciones Sindicales Libres), las grandes centrales de trabajadores, que
arribaron a plataformas y acciones reinvindicativas comunes. Después
constituirán el Frente Unitario de Trabajadores FUT (1981), cuyas
movilizaciones, huelgas nacionales y programas obrero campesinos, fueron
determinantes en las luchas populares hasta bien entrada la década de los
80. Igualmente importante resultó el desarrollo de las clases medias y de su
creciente demanda y protagonismo políticos.
En dos décadas cambió el esquema partidista del país. Al inicio de los 60 se
contaba con los círculos de los partidos Liberal y Conservador, el populismo
de CFP, el Velasquismo, los partidos Socialista y Comunista, y grupos
menores como ARNE y el Social Cristianismo Poncista. Sobrevendrían,
entonces, importantes cambios en la historia mundial y latinoamericana, así
como renovadas influencias ideológicas, que incidieron en el surgimiento de
nuevos partidos. Tanto la Revolución Cubana, como el conflicto chino
soviético repercutieron en el fraccionamiento de la izquierda marxista.
También se fraccionaron los partidos tradicionales. Entre otras agrupaciones
de significación surgieron la Democracia Cristiana ecuatoriana y la Izquierda
Democrática, influida por los principios socialdemócratas. Varias
organizaciones se sustentaron en los personalismos caudillistas adquirieron
orientación populista o fraccionaron aún más a los viejos partidos, de manera
que, a inicios de los 70, existan una treintena de organizaciones. Sin
embargo, el nuevo esquema partidista del Ecuador quedó constituido al
concluir las dictaduras petroleras, cuando la primera Ley de Partidos reguló
su institucionalidad. Para 1978 79 existan cerca de 20 partidos legalmente
reconocidos, cuya vorágine caracterizar la política ecuatoriana desde el inicio
de los años 80.
Crecimiento del sector privado durante el auge petrolero
Los bancos privados
Más de la mitad de los bandos privados que operan actualmente en el país
fueron creador en la década del70. Su crecimiento es realmente
espectacular y se explica por las enormes utilidades que recibieron. De una
utilidad global de 293 millones de sucres en 1970, llegó a 1.345 en 1979 y,
según informa la Superintendencia de Bancos, a 1.991 millones en 1983. Si
tomamos como base el año de 1970, las utilidades globales de la banca
privada representan más del 460% para el año 1979.
El ser tan buen negocio hizo que no sólo aumentara el número de bancos
sino que además se multiplicara considerablemente su capital. Mientras en
1972 era apenas de 913 millones de sucres, en 1980 éste ascendía a 6.647,
para llegar en 1983 a 10.679 millones.
Si comparamos el capital de los bancos (propio de los accionistas) y las
utilidades constatamos la magnitud del negocio de los banqueros.
Destacamos que sólo en el año de 1977 la utilidad fue del 42% en relación
a la inversión.
Todo este crecimiento y obtención de grandes utilidades se lo hizo con
fondos estatales y del público ().
Las compañías financieras
Menos conocida que la actividad de los bancos es de las compañías
financieras privadas, doce en total.
Aunque su autorización legal se remonta a 1963, recién en 1966 se dictó la
reglamentación para el funcionamiento de la primera compañía de carácter
privado constituida en el país, COFIEC.
Aunque entre 1969 y 1979 la relación entre las ganancias y el capital
invertido es inferior al de la actividad bancaria, el ritmo de crecimiento de
las utilidades es superior en las compañías financieras. Si igualmente
tomamos como base el año 1970 = 100, para 1979 las ganancias eran de
671%.
Fueron los propios bancos los interesados en el crecimiento de este tipo de
compañías, que tenían menos limitaciones legales para su funcionamiento.
Según el economista José Moncada, () el crédito de las financieras "creció
30.6 veces en el período analizado (1970 1979). Mientras el producto
interno bruto nominal sólo creció en 6.7 veces y el crédito otorgado por los
bancos en 5.5 veces" . A excepción de COFIEC todo el resto de compañías
fueron constituidas en la década de los ochenta.
Al igual que la banca privada su rápido crecimiento obedeció al gran apoyo
estatal que recibió.
TOMADO DE EDUARDO PAREDES A., LA OLIGARQUIA Y LA CRISIS, QUITO
CEDIS, 1985, PP 28 30
EL PRESIDENTE
Jaime Roldós Aguilera
Y el dirigente indígena
Luis Macas en el Congreso
Nacional - 1979.
Foto: Taller Visual.
El retorno del régimen constitucional
El Triunvirato Militar concentró sus esfuerzos en un "Plan de
Reestructuración Jurídica del Estado", que finalmente consistió en la
realización de un referéndum para escoger entre dos proyectos de
Constitución (la de 1945 reformada y la Nueva Constitución), la
promulgación de la Ley de Elecciones, por primera vez en la historia una Ley
de Partidos Políticos, y finalmente, la realización de elecciones para la
Presidencia de la República. El proceso dejaba a un lado tradiciones jurídicas
y políticas, por lo que surgió la oposición de la derecha política a
innovaciones tales como el mismo referéndum (realizado el 15 I 78 y en el
que triunfó la Nueva Constitución), la concesión del voto a los analfabetos, la
obligación de los partidos a contar con filosofía, programa, militantes y aún
alcanzar un mínimo electoral para poder subsistir, al exclusivo patrocinio de
los partidos políticos para cualquier candidatura y a la introducción del
sistema de doble vuelta para las elecciones presidenciales.
Como ocurriera en 1970, otra vez apareció el fantasma del eventual triunfo
presidencial de Asaad Bucaram, que los militares se empezaron en evitar
mediante la inhabilitación de su candidatura. Y más adelante, varios de los
Tribunales Electorales nombrados por la dictadura desconocieron partidos y
candidatos, y alguno intentó anular las elecciones de primera vuelta, en las
que triunfó el binomio Jaime Roldós Osvaldo Hurtado. Sin embargo, el
proceso logró salvarse y el 29 de abril de 1979 se realizó la segunda vuelta
electoral, que ratificó el triunfo de Jaimes Roldós y Osvaldo Hurtado.
La crisis económica a partir de los 80
Con el inicio de la década de los 80, fueron concluyendo las dictaduras
militares latinoamericanas y empezó una etapa de difícil afirmación de los
sistemas democráticos, en medio del desarrollo de una crisis económica sin
precedentes, que se agravó conjuntamente con el endeudamiento externo de
la región y las crecientes dificultades para solucionarlo. Además, como
consecuencia de la recesión en los pases capitalistas desarrollados, de las
nuevas estrategias del capital financiera internacional, de los
condicionamientos del FMI (Fondo Monetario Internacional), del BM (Banco
Mundial), de los bancos acreedores y de la "globalización" mundial de la
economía de libre empresa, pronto se difundieron en América Latina las
fórmulas "neoliberales" (defensoras radicales del libre mercado capitalista),
que progresivamente se consolidaron incluso porque los procesos de glasnost
y perestroika soviéticos propiciaron reformas que concluyeron con el
derrumbe definitivo del llamado socialismo real. En consecuencia, al finalizar
la década, por todas partes fueron imponiéndose las políticas en favor de la
"modernización" de los sistemas, la "reducción" del Estado y las
"privatizaciones". La era de la crisis arrastró los otros órdenes de la vida
social. Se habló, entonces, de la "década perdida", para América Latina.
También con el inicio de los 80 sobrevendrían los cambios en Ecuador.
Durante las dos décadas anteriores el empresariado había planteado
demandas y resistencias ante la intervención estatal, con el propósito de
defender la libertad económica y la propiedad privada aunque se beneficio de
la misma atención del Estado y del proteccionismo económico. Además,
exigió apertura al capital extranjero, procuró mayores beneficios en el
comercio exterior, reacción contra aranceles, impuestos o controles de
precios, quiso flexibilizar las leyes del trabajo, etc. De manera que, al
iniciarse la etapa constitucional, las cámaras de la producción presionaron
por el cambio de rumbos en las políticas públicas, profundizando, cada vez
más, sus reacciones contra el intervencionismo estatal del pasado. De hecho,
el modelo de desarrollo basado en el proteccionismo industrial y el amparo
estatal al crecimiento empresarial (modelo estatal nacional desarrollistas)
se volvió insostenible en las circunstancias de la globalización de la economía
de mercado. En medio del cambiante contexto mundial, de las condiciones
sobrevinientes por la crisis económica ecuatoriana, del creciente
endeudamiento externo y a consecuencia de las sucesivas políticas
gubernamentales, cambiaron las perspectivas del desarrollo y se impusieron
los objetivos e intereses de un nuevo modelo de acumulación (modelo
empresarial), que enfatizó en la iniciativa empresarial privada, la
liberalización e los mercados, la apertura al mundo capitalista internacional y
el repliegue del estado como agente de la economía.
Sin embargo, la adopción del modelo empresarial postergó la atención de las
grandes mayorías nacionales, cuyos niveles de vida se deterioraron
permanentemente. La sucesión de medidas económicas, que en Ecuador no
dieron los resultados logrados por otros países, volvió tortuoso el manejo de
la crisis. Tampoco resultó esperanzadora la eficacia y competitividad
atribuidas a la "libre empresa". Sobre todo suele destacarse la rentabilidad a
costa de salarios bajos y también la baja promoción del bienes laboral.
El nuevo esquema social y político
Durante el primer lustro de la década de los 80 hubo un claro protagonismo
de los sectores populares, que encontraron espacio para formular sus
demandas y conquistar varias reivindicaciones. A ellos se unieron partidos y
movimientos de izquierda y, sobre todo, el liderazgo que adquirió el FUT. Pero
en el segundo lustro de los 80 ese protagonismo laboral fue perdiendo
efectividad. Y con el derrumbe del socialismo mundial todo el movimiento
entró en crisis. En cambio, al comenzar los años 90, tomó auge el movimiento
indígena, que reivindicó sus nacionalidades y su identidad étnico cultural.
Organizaciones como la CONAIE, ECUARUNARI y FENOC ampliaron el
escenario de sus luchas y demandaron la atención a los pueblos indígenas y
al campesinado. Todo el país sintió el impacto del levantamiento indígena de
1990 y luego el de su movilización en 1994. De manera que la activación de
las reivindicaciones indígenas país a cuestionar los rumbos tradicionales del
Ecuador.
En todo caso, adquirieron primacía los intereses empresariales, entre cuyas
filas creció al acceso directo a las funciones públicas, el interés por promover
candidaturas políticas y el deseo de establecer gobiernos con influencia
directa propia, hecho que fue particularmente visible tanto en 1984 como en
1992.
Al mismo tiempo, a partir de la década de los 80 y en virtud de las normas
constitucionales que establecieron el régimen institucional de partidos
políticos, se activaron en torno a ellos las luchas electorales, las estrategias
de campaña, las candidaturas y los cabildeos y pactos políticos de todo orden.
El protagonismo de los partidos y de la clase política fue determinante para la
conducción de os sucesivos gobiernos y de la oposición ciudadana. Todo lo
cual no impidió que, en forma paralela, se difundiera en la sociedad la
búsqueda de alternativas de organización, presencia y demanda frente a las
capas que llegaron a concentrar el poder.
Ecuador experimentó, además, significativos cambios no sólo en sus
estructuras económicas y sociales, sino también en las formas de vida
cultural y cotidiana. Uno de los fenómenos más interesantes e influyentes fue
el crecimiento de los medios de comunicación (prensa, radio y televisión),
que penetraron a los hogares y contribuyeron al debate sobre las
circunstancias y rumbos del país. Al mismo tiempo, se fortaleció la educación,
al menos en cuanto al cubrimiento de la demanda, porque hubo serios
cuestionamientos a su calidad, especialmente en cuanto se refiere al papel de
las universidades estatales. Tuvieron renovación las actividades académicas,
literarias e investigativas (como ocurrió particularmente en el área de las
ciencias sociales). Pero decretó la preocupación gubernamental por el
fomento cultural del país, que junto con el creciente deterioro de las políticas
sociales, descuidaron la atención de amplios sectores populares.
La Historia Contemporánea
Los gobiernos de la etapa constitucional
Entre 1979 y 1998 se sucedieron en el Ecuador ocho gobernantes
constitucionales, seis de ellos por elección popular. Cada uno representó una
tendencia partidista distinta, hecho inédito en la historia latinoamericana de
las últimas dos décadas. Y cada uno de tales gobiernos fue desbordado por el
fenómeno de la crisis económica desatada a partir de 1982.
Los "21 Puntos Programáticos" concretaron el proyecto reformista del
gobierno de Jaime Roldós y Osvaldo Hurtado (1979 81), nacido de la alianza
entre CFP y la Democracia Popular (demócrata cristianos y conservadores
progresistas), que inauguró la fase constitucional. Se puso en marcha un plan
que contemplo la consolidación del sector estatal de la economía, en
circunstancias relativamente esperanzadas, porque el barril del petróleo
bordeaba los 40 dólares. Pero Roldós fue cercado, desde el comienzo, por una
serie de reacciones sociales, por las que provenían de la oposición y aún por
la beligerante acción de la Cámara Nacional de Representantes. En 1981 se
produjo un hecho imprevisto: el enfrentamiento fronterizo entre soldados de
Ecuador y Perú, que por poco desemboca en una guerra. Entonces fue preciso
reorientar recursos hacia la defensa nacional. Pocos meses después
sobrevendría otra tragedia: la muerte del Presidente Jaime Roldós, el 24 de
mayo de 1981.
A Jaime Roldós sucedió el Vicepresidente Osvaldo Hurtado (1981 84). De
acuerdo con la inspiración demócrata cristiana del gobierno, se atribuyó al
Estado un papel económico promocional y socialmente redistribuidor de la
riqueza y se valoró la organización popular. Sin embargo, el FUT líder la
protesta popular y el desarrollo de varias huelgas nacionales exigiendo
profundizar las reformas ofrecidas. Además, Hurtado debió afrontar la
beligerante oposición de las Cámaras de la Producción, temerosas de sus
políticas. Y, a partir del 82, el desencadenamiento de la crisis. Coincidieron
las inundaciones (1983), que acabaron con la producción agrícola del litoral y
destruyeron infraestructuras y obras públicas.
Para afrontar los desajustes, Hurtado procuró la austeridad fiscal, la
restricción de importaciones, la limitación de subsidios y la subida de precios.
Tales políticas condujeron a las "minidevaluaciones" monetarias, el
incremento de los intereses, el aumento de tarifas en los servicios públicos y,
a fines de 1983, a la controvertida "sucretización" de la deuda externa
privada (el estado asumió el pago en dólares de la deuda empresarial privada
que fue transformada a sucre). Así, paulatinamente habían adquirido énfasis
las "medidas económicas", que exigieron un cambio de conceptos y políticas,
con los cuales, a su vez, entraba en transición el modelo estatal. Cada vez
más interesaron los enfoques "gradualistas", las búsquedas de equilibrios
macroeconómicos, la vertiente neo liberal de varias medidas y aún las
perspectivas de renegociación de la deuda, en los términos usualmente
exigidos por el FMI en toda Latinoamérica. Pese a las crecientes dificultades,
el gobierno de Hurtado logró mantener la institucionalidad constitucional y
aún recuperar en algo la maltrecha economía del país, en su último año de
gestión.
A Osvaldo Hurtado sucedió León Febres Cordero (1984 88), líder del Partido
Social Cristiano, que triunfó con el apoyo del "Frente de Reconstrucción
Nacional" (una alianza de los partidos de derecha) y un amplio consenso del
empresariado nacional. En consecuencia, durante su gobierno dirigente y
líder de las cámaras de agricultura, comercio, industria y bancos, ocuparon
ministerios y puestos claves de las principales instituciones, de tal manera
que las nuevas políticas, que condenaron las ejecutadas por el gobierno
anterior, se orientaron por el "neoliberalismo" en auge. Así la problemática
económica del país fue reenfocada y el papel del estado definitivamente
cuestionado, afirmándose la apertura al capital externo, la liberalización del
mercado y a fe casi absoluta en los valores desarrollistas de la empresa
privada.
La orientación económica y política del gobierno socialcristiano afectó a los
sectores populares, cuyas condiciones de vida sufrieron el impacto de los
ajustes económicos, motivados incluso por un terremoto ocurrido en la
amazonía (1987), que obligó a paralizar durante un semestre las
exportaciones de petróleo. Además, Febres Cordero imprimió a su gestión un
evidente autoritarismo político, que fue justiciado incluso con el combate al
grupo armando "Alfaro Vive". En medio del reprimido clima de malestar y de
la progresiva orientación del gobierno en torno a intereses regionales
costeños, Febres Cordero debió afrontar un levantamiento del Comandante de
la Fuerza Aérea, Frank Vargas, que impacto en reactivar a la oposición. El
conflictivo ambiente social llegó a tal situación que el Congreso aprobó una
resolución pidiendo la renuncia de su cargo al Presidente de la República (21-
I-87). Pero Febres Cordero continuó su gestión hasta concluirla en medio de
una situación económica muy crítica, una creciente corrupción pública y un
evidente deterioro de la democracia.
Política económica de Roldós y Hurtado
La política económica de los regímenes de Roldós y Hurtado puede
interpretarse como un intento de armonización de intereses de los grupos
tradicionales (exportadores, banqueros, terratenientes, comerciantes) y
los correspondientes a los segmentos burgueses que emergieran en un
primer plano al socaire de la renta petrolera (industriales y financieros).
La referida orientación aunque no se traduce en un respaldo empresaria a
las administraciones determina sin embargo un rápido desgaste del
proyecto reformista por el cual se inclinó el electorado de 1978 y 1979.
Con el telón de fondo de una crisis cada vez más virulenta, la sociedad
ecuatoriana experimenta un retroceso de las fuerzas reformistas y un
notable avance de las posiciones y planteamientos económicos y políticos
del imperialismo y la derecha tradicional.
El gobierno de Jaime Roldós primero y el de Osvaldo Hurtado posterior y
más acentuadamente, reflejan esas realidades cuyos principales afectos
constituyen: el agravamiento de las condiciones del subdesarrollo, el
repliegue del Estado como estratega y promotor del crecimiento, la aguda
crisis de balanza de pagos, como efecto de la transnacionalización
financiera, la traslación del eje de acumulación desde la industria
subsidiada hacia los grupos monopólicos con sustento en las exportaciones
de productos primarios, las crecientes dificultades y la tendencia a la ruina
de mediana y pequeñas industrias, el reforzamiento de las prácticas
especulativas, la institucionalización de la inflación, el parasitismo
financiero, la sobre exploración de los trabajadores y la depauperización
de la mayoría de los ecuatorianos.
Esta realidad exenta de retórica apunta a proyectarse largamente a
remolque del concertaje económico en que se ha iniciado el país respecto a
las altas instancias del capitalismo internacional.
La conducción económica de los últimos años representa los límites y el
fracaso del desarrollismo cepalino y, más aún, la regresión económica y
social que ha significado enfrentar la crisis con la terapéutica
fondomonetarista ().
TOMADO DE RENE BAEZ, ECUADOR: CRISIS Y VIABILIDAD, IESS, QUITO
1984, PP. 88 - 90
La Historia Contemporánea
CONFLICTO
Miembro del Ejército
ecuatoriano, durante el
conflicto bálico con el
Perú, 1995, en la zona
de la cordillera del
Cóndor.
El nuevo gobierno del socialdemócrata Rodrigo Borja (1988 92), patrocinado
por la Izquierda Democrática, fue el resultado de la reacción política contra la
derecha. En consecuencia, se preocupó por restaurar la convivencia
democrática e institucional del país y desconfió del heredero neoliberalismo,
procurando atribuir al Estado alguna gestión en la promoción de la economía.
Sin embargo, tampoco pudo sustraerse al modelo empresarial y a los
condicionamientos internacionales, de manera que adoptó medidas
tendientes a flexibilizar el Código del Trabajo, promocionar la microempresa y
el sistema de "maquilas" (trabajo complementario en la elaboración de
productos finales exportables), así como continuó con los paquetes y medidas
de estabilización económica, la observación de las recomendaciones del FMI,
el inicial debate sobre las "privatizaciones" y la expresa acción ejecutada
para la "reforma del Estado".
Borja contó con mayoría legislativa de su partido. Proclamó el "pago de la
deuda social" y la "concertación social". Pero obró en medio de las herencias
acumuladas por la crisis. A la época, incluso las huelgas nacionales,
promovidas por el FUT, perdieron resonancia. Resultó difícil, en consecuencia,
promover acciones eficaces, a pesar de que se concretaron algunas campañas
de salud, educación y atención indígena. Fue significativa la iniciativa
gubernamental para intentar una solución al diferendo limítrofe con Perú
mediante el arbitraje del Papa, inscrita en una renovada conciencia nacional.
Sin embargo, al concluir el gobierno, las realizaciones liberales del manejo
económico contradecían las definiciones socialdemócratas proclamadas por el
régimen y la "deuda social" quedaba frustrada.
En las elecciones presidenciales de 1992 triunfó Sixto Durán Ballén (1992
96), viejo militante y fundador del Partido Social Cristiano, quien, sin
embargo, fue auspiciado por el Partido Unidad Republicana, rápida y
coyunturalmente formado para el efecto. Su gobierno reafirmó las bases del
modelo empresarial. Políticos ligados a los partidos tradicionales, pero
también administradores o asesores empresariales pasaron a ocupar
importantes funciones públicas. Con ello tomaron impulso las políticas
favorables a la reducción modernización del Estado, quedó definido el interés
estratégico de las "privatizaciones" y se aseguraron las bondades atribuidas
al sistema de mercado y empresa libres. En poco tiempo las reacciones y las
críticas populares se volvieron generales. A ello se sumó la ausencia de
políticas sociales, que demostraron insensibilidad frente a derechos y
demandas provenientes de sectores ciudadanos, laborales, campesinos e
indígenas. Incluso alarmó el avance de la corrupción público, que obligó a la
salida del vicepresidente Alberto Dahik, envuelto en tales escándalos.
Durante los primeros meses de 1995 se produjeron graves enfrentamientos
entre tropas del Ecuador y del Perú en la zona de la cordillera del Cóndor. El
gobierno de Sixto Durán captó de inmediato la unidad nacionales y el ejército
ecuatoriano logró detener la agresión. Con visión realista, Sixto Durán Ballén
reconoció la vigencia del Protocolo de Río de Janeiro y aceptó la concurrencia
de los países garantes del Protocolo (Argentina, Brasil, Chile y los Estados
Unidos) para lograr la pacificación con Perú y la desmilitarización de la zona
en conflicto. Ecuador y Perú iniciaron así un complejo proceso de
negociaciones que culminó en el gobierno de Jamil Mahuad.
En las elecciones de 1996 triunfó el líder populista Abdalá Bucaram,
auspiciado por el PRE (Partido Roldosista Ecuatoriano). Pero su gobierno
apenas se sostuvo seis meses. Durante ellos Bucaram hizo gala de sus
propios espectáculos de tarima. Además , de las acciones de gobierno
aprovecho un estrecho círculo de empresarios, familiares y amigos. La
imagen del Estado como botín político y económico escandalizó a la opinión
pública nacional. La indignación ciudadana creció ante semejante clima de
corrupción (que incluso tuvo trascendencia internacional) y derivó en
masivas marchas y manifestaciones que obligaron al Congreso a destituir al
presidente mediante la declaración constitucional de "incapacidad mental",
hecho inédito en la historia del país. Por algunas horas sucedió a Bucaram su
Vicepresidenta Rosalía Arteaga.
Como consecuencia de los arreglos políticos a su interior, el Congreso designó
finalmente a Fabián Alarcón Rivera, dirigente del FRA, como sucesor
constitucional en calidad de Presidente Interino. Pero el estilo de gobierno
del interinazgo (1997 98) se basó en la habilidad para manejarse con las
distintas fuerzas políticas, pero no en la búsqueda de soluciones eficaces y
duraderas para enfrentar la persistente crisis económica y social.
En enero de 1998 se reunió una Asamblea constituida por miembros elegidos
mediante votación popular, que se transformó en Asamblea Nacional
Constituyente y se funcionó en forma paralela al Congreso. La Asamblea
prácticamente puso en vigencia una nueva Constitución, porque reformó a
fondo la de 1979, y encauzó el nuevo proceso electoral que culminó con el
triunfo de Jamil Mahuad, destacado militante de la Democracia Popular, sobre
Álvaro Noboa, candidatizado por el PRE.
Un nuevo ciclo constitucional
La Constitución Política aprobada en el referéndum de 1978 fue el marco
jurídico bajo el cual se sucedieron los distintos gobiernos hasta 1998. Ella
cerró un ciclo histórico constitucionalista de 19 años, que se caracterizó, en
materia política, por la institucionalización del régimen de partidos. La nueva
Constitución de 1998 inició, por consiguiente, un nuevo ciclo
constitucionalista que, si bien reconoció la actividad de los partidos políticos,
desnaturalizó el régimen institucional de los mismos mediante la introducción
de las candidaturas independientes y la votación unipersonal.
Una vez posesionado (10 VIII 1998) el Presidente Jamil Mahuad dio
prioridad, durante los primeros meses de gobierno, el proceso de
negociaciones limítrofes con el Perú y encaró la definitiva solución del mismo,
contando con el apoyo de la ciudadanía y particularmente con el que provino
de las Fuerzas Armadas. El difícil proceso involucró la actuación mediadora de
los países garantes del Protocolo de Río de Janeiro, con cuyo concurso
Ecuador y Perú arribaron a una fórmula definitiva y a la suscripción de los
Acuerdos el 26 de octubre de 1998, por parte de los presidentes Jamil
Mahuad, del ecuador y Alberto Fujimori, del Perú. Tales Acuerdos fueron
luego ratificados por los Congresos de los dos países. Con ellos y sobre la
base del Protocolo de Río de Janeiro, quedó fijada la línea fronteriza común y
superado un diferendo de larga historia republicana. Además los tratados y
negociaciones adicionales abrieron paso a las todavía insospechadas
posibilidades de integración de dos pueblos que ganaron en identidad
nacional y paz.
La Historia Contemporánea
FIRMA DE LA PAZ
Acuerdo de paz
entre Ecuador y Perú.
Octubre 26 de 1998, por parte de los
presidentes Jamil Mahuad y Alberto
Fujimori.
Este logro de trascendencia histórica y significación internacional para el
gobierno del Presiente Mahuad contrastó, sin embargo, con la atención a los
problemas internos del país. La alianza parlamentaria entre la Democracia
Popular y el Partido Social Cristiano, impensable en otra época, pasó a
sustentar la viabilidad de los proyectos gubernamentales. Al mismo tiempo el
gobierno concentró esfuerzos en la reforma tributaria y el financiamiento de
la calamitosa hacienda pública. En ese marco acogió las propuestas
socialcristianos y a partir de enero de 1999 suspendió la vigencia del
impuesto a la renta e introdujo el impuesto del 1/ a la circulación de
capitales, con lo cual se perdieron las orientaciones redistributivas de la
riqueza. Paralelamente el gobierno implementó el salvataje económico para
algunos bancos del país, cuyas dificultades amenazaron al conjunto del
sistema financiero, mientras la subida del dólar, del tipo de interés y de la
inflación, pasaron a constituirse en fenómenos incontrolables de la
coyuntura.
En marzo de 1999 el gobierno de Mahuad decretó un feriado bancario y la
congelación de depósitos y ahorros de la ciudadanía. Tal medida evidenció a
las políticas de salvataje bancario como fórmulas subordinadas a poderosos
intereses financieros. El sector de la "bancocracia", identificada con
negociados bancarios y banqueros corruptos lució como un beneficiario
privilegiado, mientras la opinión generalizada del país se escandalizó con la
situación financiera, que condujo al cierre de varias instituciones, la
fiscalización de los bancos y la intervención de la creada AGD (Agenda de
Garantía de Depósitos). A fines de año, el descalabro económico y el deterioro
institucional agudizaron las tensiones políticas y sociales. Progresivamente
crecieron las demandas de renuncia del Presidente.
En enero del 2000 los desenlaces ocurrieron en cadena. Mahuad, vencido por
la presión de poderosas élites empresariales y la incapacidad para afrontar el
deterioro del sucre, decretó la "dolarización" de la economía ecuatoriana. Los
movimientos sociales, a cuya cabeza se colocó el movimiento indígena,
cuestionaron el papel de las funciones Ejecutiva, Legislativa y Judicial. Una
masiva presencia indígena en la ciudad de Quito, que incluso llegó a tomar la
sede legislativa, recibió, en forma inesperada, la solidaridad y apoyo de un
grupo de oficiales y tropas del Ejército, que el 21 de enero proclamaron un
Triunvirato de Salvación Nacional integrado finalmente por el General Carlos
Mendoza, el abogado y político Carlos Solórzano Constantine y el líder indio
Antonio Vargas, cuya presencia expresó un hecho inédito en la historia
republicana. Pero el Triunvirato duró pocas horas, pues el 22, el Congreso
destituyó a Jamil Mahuad y designó como nuevo Presidente a Gustavo Noboa.
Sin embargo, el "golpe de estado", que despertó inquietud nacional e
internacional, había precipitado la caída de Mahuad.
El gobierno del Presidente Noboa ha iniciado su gestión con serios desafíos y
con enormes esperanzas.
Sin embargo, la puesta en marcha de la dolarización, bajo las condiciones
más adversas, consolida el modelo neoliberal. Durante dos décadas tal
modelo ha producido un evidente deterioro de los niveles de vida y
remuneración de las amplias mayorías del país y, al mismo tiempo, un abismo
frente ala concentración de la riqueza en sectores sociales minoritarios. Por
ello, el desafío del Ecuador actual se dirige a replantear el modelo de
desarrollo empresarial basado en las concepciones neoliberales, cuyas
recetas han merecido profundos cuestionamientos en América Latina.
Orientaciones Bibliográficas
*Para un conocimiento amplio del período 1960 1990 puede consultarse:
AYALA MORA, Enrique, Ed., Nueva Historia del Ecuador, Vol. 11, Corporación
Editora Nacional / Grijalbo, Quito, 1991
*Para la interpretación de las últimas décadas, desde visiones diferenciadas,
véase:
CUEVA, Agustín, El proceso de dominación política en el Ecuador, Editorial
Planeta, Quito, 1988
CORDES, La ruta de la gobernabilidad, CORDES, Quito, 1999
HURTADO, Oswaldo, El poder político en el Ecuador, 6a. Ed., Ariel, Letraviva,
Ed. Planeta, Quito, 1998,
Política democrática, Los últimos veinte y cinco años, Tomo 1, FESO /
Corporación Editora Nacional, Quito, 1990
MENENDEZ CARRION, Amparo y otros, Ecuador. La Democracia esquiva,
ILDIS, Quito, 1991
QUINTERO, Rafael, Ed., La cuestión regional y el poder, Corporación Editora
Nacional, Quito, 1991
VARIOS, Populismo, Ildis, El duende, Abya Yala Quito, 1992
*Las circunstancias y políticas económicas de los gobiernos iniciados en
1979, son estudiadas en:
ARAUJO, María Caridad, Gobernabilidad durante la crisis y políticas de ajuste,
CORDES, Quito, 1998
SCHULDT, Jürgen, Elecciones y política económica en el Ecuador 1983 1994
THOUMI MERIEE GRINDLE, Francisco, La política de la economía del ajuste:
la actual experiencia ecuatoriana, FLACSO, Quito, 1992, ILDIS, Quito, 1994
VITERI DIAZ, Galo, Las políticas del ajuste. Ecuador 1982 1996, Corporación
Editora Nacional, Quito, 1998
*La historia de la deuda ecuatoriana en:
ACOSTA, Alberto, La deuda eterna, Editorial El Duende, Quito, 1990
*Para una comprensión más amplia de los partidos políticos en Ecuador
consúltese las siguientes obras:
MEJIA COSTA, Andrés, Partidos políticos. El eslabón perdido de la
representación, CORDES, Quito, 1998
TRIBUNAL SUPREMO ELECTORAL, Los Partidos Políticos. Documentos
básicos , TSE / Corporación Editora Nacional, Quito, 1989
TRIBUNAL SUPREMO ELECTORAL, Análisis de los procesos electorales, TSE/
Corporación Editora Nacional Quito, 1990
*Para el movimiento obrero e indígena puede verse:
YCAZA, Patricio, Historia del movimiento obrero ecuatoriano, Tomo II,
CEDIME / CIUDAD, Quito , 1991
VARIOS, Indios, ILDIS El Duende Abya Yala, Quito, 1991
Historia del espacio y el territorio en el Ecuador
GUAYAS
Cinco Cerros
Foto César Franco, Bolo Franco.
Tomado de Ecuador del Pacífico,
Banco central del Ecuador,
Quito, 1998.
Historia del Espacio y el Territorio en el Ecuador
(Desde la época aborigen hasta el siglo XIX)
María Elena Porras Paredes
Hacia una nueva perspectiva de análisis: Los nuevos referentes teóricos
Una nueva lectura de la historia territorial o llamada también "historia de
límites" del Ecuador supone, hoy en día, la utilización de nuevos conceptos y
referentes metodológicos en el tratamiento y comprensión del tema, en
acuerdo con las propuestas desarrolladas por diversos especialistas
nacionales y extranjeros que desde tiempo atrás vienen estudiando el
proceso de la organización del espacio y el territorio en el Ecuador.
Una aproximación al tema de la historia del espacio y el territorio en el
Ecuador exige un manejo apropiado de la noción de espacio, categoría
utilizada especialmente por algunos geógrafos franceses contemporáneos
Olivier Dollfus, Robert Brunet y Jean Paul Deler, entre otros - , quienes han
aplicado este concepto al estudio del espacio andino, en particular. Su interés
primordial radica en caracterizar al espacio en sus diversas manifestaciones y
relaciones con la sociedad que lo produce.
Así, frente al "espacio geográfico", definido como el espacio concreto natural,
se encuentra el "espacio social", organizado y controlado en función de las
necesidades de reproducción de la sociedad. De manera que el espacio
geográfico se convierte en un "espacio social", cuya estructura es reflejo de
la sociedad que o ha organizado.
En cada época de la historia, la sociedad va imprimiendo su sello más menos
profundo en el espacio, en relación con las estructuras económicas y sociales
que le son propias y con sus reglas de funcionamiento. La relación sociedad
espacio va a caracterizar el "espacio geográfico social", definido como un
conjunto apropiado, explotado, recorrido, habilitado y administrado por
cualquier sociedad.
Se trata entonces de comprender cómo se ha organizado ese espacio en esa
geografía tan particular, como es la de los Andes ecuatorianos; conocer
quiénes y cómo lo intervinieron; entender que cuando estos espacios se
superponen, coinciden o se transforman, ello supone también la generación
de conflictos y competencias entre las sociedades, y aceptar que estos
espacios pueden desaparecer o destruirse, por la disgregación de las
sociedades que los crearon, pues al no ser inmutables o variar en su origen,
duran tanto como las sociedades y las intervenciones humanas.
Como categoría ligada a la primera a la del espacio -, está además la de
territorio, cuyo definición contiene un doble significado: primero, como "una
porción cualquiera del espacio terrestre, en general delimitado", y, el
segundo, más objetivo y rico, en tanto contiene una idea de apropiación, de
pertenencia o al menos de uso del espacio. En otras palabras, el territorio "es
el espacio aquel en el que se habita, que se marca (delimita) y por el que se
pelea" (Brunet).
De la manera como los grupos humanos ocupan el territorio y utilizan una
determinada estrategia de reproducción histórica, se puede llegar a definir
con mayor exactitud el significado de las "jurisdicciones" los "límites", las
"fronteras", y también las "regiones". Sólo desde esta perspectiva conceptual
y de análisis se puede configurar una historia de la organización espacial y
del territorio, en su compleja dimensión, opuesta a una "historia de límites",
como se venía haciendo para el caso ecuatoriano sólo hasta sólo hasta hace
poco tiempo.
Herencia espacial del Territorio Ecuatoriano
Los Pueblos aborígenes del Ecuador: La organización de su espacio
En función de estos nuevos referentes teóricos, la nueva perspectiva histórica
que estudia la organización del espacio durante la época aborigen del actual
Ecuador, enfatiza en las grandes transformaciones que se dieron en la
sociedad aborigen, a fin de comprender el carácter que asumió la
organización del espacio durante esa etapa. De allí que los estudiosos han
analizado, en primer lugar, las sociedades de cazadores recolectores; más
tarde a las primeras culturas agro-alfareras, con su concomitante proceso de
sedentarización, que dio lugar al surgimiento de las primeras aldeas; luego
los denominados "señoríos étnicos" y, finalmente, el Tahuantinsuyo, imperio
Inca, al que quedaron sometidos los "señoríos étnicos".
Según las últimas evidencias arqueológicas, el primer poblamiento en el
territorio del actual Ecuador sucedió alrededor de los 12.000 a de C., con los
cazadores recolectores, cuyos asentamientos poblacionales fueron de
carácter temporal y se ubicaron básicamente en los valles altoandinos. En la
costa, la caza y la recolección se unió a la pesca.
Después de varios milenios, se produjo entre las sociedades aborígenes una
transformación de grandes proporciones como resultado de la aparición de la
agricultura. Las comunidades aborígenes aprendieron a domesticar los
animales y las plantas, y a cultivarlas en diferentes pisos ecológicos. A partir
de entonces, el maíz constituyó la base del sometimiento de estos pueblos.
Con el desarrollo de la agricultura, se posibilitó el crecimiento de estas
comunidades, que para entonces ya tenían un cierto nivel de estabilización
espacial, es decir, ya no eran sociedades nómadas, sino grupos que habían
logrado apropiarse de un espacio más estable.
De este modo, surgieron las primeras aldeas agrícolas, con una diferenciación
social y cierto grado de división del trabajo. A su interior se mantuvo una
estructura comunal y una redistribución incipiente. Corresponden a estas
características socioeconómicas las culturas de los llamados por la
arqueología períodos Formativo (6000 5000 a. de C.) y Desarrollo Regional
(500 a.C 500 d.C): Valdivia, Chorrera, Machalilla, en la costa; Cotocollao y
Cerro Narrío, en la Sierra, y en la Amazonía, la Fase Pastaza y los pueblos
vinculados a la misteriosa Cueva de los Tayos, entre las más importantes.
Estas culturas y otras que vinieron posteriormente se desarrollaron ocupando
un mayor ámbito territorial, con una vida urbana estable, agricultura
desarrollada, variedad en la producción de artefactos, inclusive de metal.
Mantuvieron canales de intercambio de productos, especialmente entre zonas
geográficas diversas con climas y posibilidades productivas complementarias.
Los Señoríos étnicos norandinos
Los señoríos étnicos fueron unidades políticas que se desarrollaron en el
Período de Integración (500 d. de C. 1.500 d. de C.), gracias a alianzas
guerreras que luego se consolidaron mediante complejos sistemas de
parentesco y pertenencia étnica. Se denominaron también "cacicazgos", y
contaron con una organización menor basada en unidades menores llamadas
"ayllus", que reprodujeron, a una escala menor, el control de diversas zonas
productivas, lo que hizo posible que sus miembros mantuvieran la estructura
de producción comunitaria.
Historia del espacio y el territorio en el Ecuador
GRAFICO
Complejo Habitacional
Y Ceremonial del Sitio Sangay, ejemplo de
organización espacial de una aldea durante el período
formativo.
La organización cacical no implicó la existencia de un territorio demarcado
con fronteras fijas, pues cuando no se convertía en área de influencia, era
inestable y sujeto a frecuentes cambios, puesto que más importante eran las
relaciones de parentesco y pertenencia étnica que la existencia de una base
territorial delimitada.
La organización económica de los cacicazgos supuso, en primer término, un
buen manejo y conocimiento del medio ambiente, de manera que pudieron
desarrollar en un sistema de "agricultura multicíclica en diversos pisos
altitudinales contiguos", lo que significó el máximo aprovechamiento del
entorno natural y el uso óptimo de la fuerza de trabajo.
Esta forma de utilización del espacio fue mucho más clara entre los
cacicazgos que tenían sus centros poblados en la Sierra, de tal manera que
como lo explica Deler, utilizaron pisos desde los 3.000 m. de altura, hasta
alrededor de los 2.000 m. en los valles interandinos o en las cejas de
montaña. En el callejón interandino se han distinguido dos pisos principales:
el del maíz, entre 2.400 m. y 3.200 m. de altura, y el de la papa, por encima
de dicho límite.
Para la costa, estaría la franja costera, con influencia marina; y la región
interior y los valles de comunicación altos y secos como el Chota, por
ejemplo, y las laderas húmedas o de "ceja de montaña".
Estos señoríos habría organizado su espacio, entonces, en función del
autoabastecimiento y del tipo de intercambio efectuado con productos
cultivados en los diversos pisos ecológicos, los de proximidad (porque la ida y
vuelta entre la comunidad y el piso se hacía en una o dos jornadas); de
distancia mediana o interregional, y de larga distancia, de varios centenares a
miles de kilómetros.
A los dos primeros se los ha calificado como de tipo "vertical", es decir,
entornos a pisos ecológicos de diversas altitudes para obtener una
complementariedad productiva, que permitía aplicar a su vez los principios de
reciprocidad y redistribución (véase fascículo 2). Para el caso ecuatoriano, el
calificativo utilizado por Salomon para explicar este sistema de apropiación
espacial ha sido el de "microverticalidad" en contraposición al de la
macroverticalidad o "archipiélago vertical" incaico del actual Perú, utilizado
por Murra.
Esta definición la ha hecho Salomon en consideración a que en la Cordillera
Norandina o Andes Equinocciales (actual Ecuador) las distancias entre los
diversos pisos ecológicos es menor, tanto en desplazamiento como en altura.
El sistema de asentamiento de los señoríos funcionaban a manera de
"constelación", es decir, sin un núcleo central jerárquico al que se vincularan
otros de manera radical (como es el caso del archipiélago vertical de los
Andes Centrales), sino más bien como una malla, en la que se establecía
múltiples relaciones.
Así, los habitantes de las tierras altas conseguían, mediante este sistema, los
productos que necesitaban y que no tenían: sal, algodón, ají y coca. Por
ejemplo, los otavalos intercambiaban su producción propia con el algodón y
la sal de la parte mediana del valle del río Mira. Los habitantes de Quito
mantenían contacto tradicional con los yumbos de las pendientes
occidentales. Con ellos intercambiaban sus excedentes de maíz y tubérculos
por algodón y ají.
En la Costa, por su lado, los huancavilcas y los manteños, quienes
desarrollaron una especial tecnología con la llamada concha "spondylus" o
"mullo", para la elaboración de la chaquira, practicaron un comercio a larga
distancia apoyados en una importante tecnología de navegación marítima.
Todo esto en un tiempo y con una distancia muchísimo menor de lo que
sucedía entre los habitantes del Cuzco y del resto de los señoríos peruanos
situados en los Andes centrales o en la costa.
Los Incas y su organización espacial
Gracias a una manera muy especial de entender el mundo a un modo
particular de adaptarse a un espacio geográfico para servirse de él, los ayllus
antiguos y las familias incas lograron controlar una vasta región denominada
Tahuantinsuyo (4.500 Km. De largo y 500 Km. De ancho, desde el sur de
Colombia hasta Chile).
El esfuerzo espacial integrador lo iniciaron los incas a partir de la segunda
mitad del siglo XV, cuando lograron dominar una serie de poblaciones con
aproximadamente 10 millones de habitantes, de ascendencia étnica diversa,
es decir, con rasgos raciales y culturales diferentes. Los Incas supieron
recoger las experiencias seculares de los pueblos dominados y las
perfeccionaron, estableciendo una sistema socioeconómico basado también
en el aprovechamiento de los diversos pisos ecológicos, con lo cual
alcanzaron un alto nivel de complementariedad productiva, convirtiéndose en
la principal estrategia de organización del espacio.
La organización de este espacio se complementó con la construcción del
Camino Real o "Qápaq Ñan", que permitía la comunicación entre extensos
territorios; la repartición de poblaciones a través de un sistema próximo al
decimal; la creación de asentamientos jerarquizados denominados "tambos"
y "cuasi Cuzcos", y una organización del poder militar muy eficiente, para
actuar y controlar el espacio político económico, mediante los "mitmaj o
mitmajkunas", migrantes forzosos, conducidos de una región a otra, con
quienes el Estado inca aseguraba los territorios conquistados, además de que
también eran empleados con otros fines.
La concepción del territorio por parte de los Incas fue muy particular, ya que
se asentó en tres aspectos fundamentales: el primero, el agrícola,
concentrando fuerza de trabajo en unidades de espacio (ayllus); el segundo,
el manejo de grandes extensiones de territorio en donde pensaba más su
aprovechamiento que su extensión. De allí el llamado "archipiélago", como un
sistema que incluía a su vez las características de: vertical, porque el control
de los pisos ecológicos se hacía en función de la altitud para aprovechar la
complementariedad de recursos; de horizontal, para que funcione la
reciprocidad y redistribución, y de estructural, porque la sociedad se dividía
en decenas de grupos étnicos que se diferenciaban por sus ritos, creencias y
lenguas.
Un tercer aspecto era el de noción de frontera, muy diferente a como la
entendemos actualmente. Se trataba más bien de "zonas de transición"
(Vargas) entre diferentes tradiciones culturales, en donde se producían
contiendas o fusiones.
Asimismo, esa transición estaba determinada por la ausencia de límites o
linderos, de forma tal que era posible entender la complejidad de las
relaciones intraétnicas e interétnicas, tanto de dominio como de equivalencia.
En otras palabras, y como lo dice el historiador Marco Palacios, "es transición
por excelencia por ser un proceso fluido de formación, transformación y
cristalización de estructuras agrarias, de empuje lento o acelerado hacia la
coherencia socioeconómica y espacial del grupo que la habita".
Historia del espacio y el territorio en el Ecuador
Resulta igualmente inapropiado hablar de "límites" del Tahuantinsuyo, pues
más bien los pueblos o ciudades eran "zonas de contacto más o menos
fluidas", entre las cuales era muy difícil trazar una línea de demarcación. Esto
habría ocurrido justamente en el caso de la zona norandina o Andes
septentrionales, actual Ecuador, en donde se dieron tres áreas de integración
o unificación política. La primera, a partir de la cuenca del río Chira y
siguiendo por el callejón interandino, una zona de auténtica presencia inca,
cuyo eje fue Tomebamba (actual Cuenca), a la que se denominó "otro Cuzco";
la segunda, cuyo eje fue Tacunga (hoy Latacunga), también establecimiento
de tipo otro Cuzco, y, por último, la actual región de Quito hasta el norte de
Ibarra, en que predominaron los llamados mitmaj conocidos en Quito como
mitimaes.
Al mismo tiempo, el Tahuantinsuyo se dividió en dos mitades o sayas: Hanan,
la parte de arriba y Hurin, la parte de abajo, con lo cual se trascendió el nivel
cosmogónico, pues, por un lado, el avance que hicieron los incas se sostuvo
desde el centro, y por otro, porque la dualidad, rasgo de civilizaciones
antiguas que también se dio en los Andes, permitió que la presencia inca
resultara menos odiosa al compartir un principio esencial, mágico y político,
de organización espacial.
El ejemplo del Estado Inca en los Andes ecuatorianos demuestra con claridad
que no obstante haber logrado la incorporación de los territorios norandinos
a su sistema "cuatripartito", los incas encontraron dura resistencia entre los
pueblos aborígenes con los que tuvieron que luchar durante unos diecisiete
años para establecer su presencia. Los incas no lograron terminar con la
resistencia de los señoríos étnicos que iban sometiendo; así sucedió en
Tomebamba y Quito.
La explicación debe buscarse en los conflictos suscitados por la propia
estructura política inca (estado centralizador) y la autonomía que poseían los
señoríos étnicos norandinos. Los incas cortaron, por ejemplo, los vínculos de
intercambio a larga y mediana distancia que los pueblos de los sierra habían
mantenido durante muchos años con las tribus de las selvas occidentales y
amazónicas.
De allí que habrían encontrado dura resistencia entre los yumbos del
noroccidente de Pichincha, los ancestros de los cayapas y los tsatchelas o
colorados; los chonos, lachas y otros grupos más. Los incas debieron llegar a
la región de los Quijos, sin embargo, como existían allí sociedades más
complejas, como los omaguas, no consiguieron ninguna hegemonía.
Casi en vísperas de la invasión europea (1531), el Tahuantinsuyo sufrió
debilidades internas: unas, como consecuencia de la prolongada movilización
militar contra los señoríos étnicos norandinos, lo que provocó motines entre
la aristocracia cuzqueña, y, otras, como consecuencia de la rivalidad entre
Huáscar y Atahualpa, que se disputaban la sucesión del gobierno imperial,
tras la muerte de su padre Túpacyupanqui.
Los sentimientos anti incas entre los señoríos norandinos hicieron posible la
alianza con los españoles, como fue el caso de os cañaris, quienes, aunque en
un principio comprometidos con la causa inca, decidieron finalmente ayudar a
los españoles en la conquista del sur andino. En el norte, también los
españoles encontraron apoyo entre los cayambis, dirigidos por el cacique
Quiamba Puento. En Quito, Rumiñahui reprimiría a los señores de Zámbiza,
Collahuazos y Pillajos, como rebeldes anti incas, encabezados por el curaca
Suquillo, en procura de detener el avance español.
Penetración Colonial Española y Organización Territorial
Desde el inicio, los conquistadores se dieron cuenta de la particularidad
geográfica e histórica que poseían los territorios norandinos. Frente a esta
realidad, que exigía el establecimiento de específicos mecanismos de control
y organización de este vasto espacio, desarrollaron un sistema jurisdiccional
de unidades menores y mayores que biunívocamente se correspondían tanto
en el ámbito temporal civil (gobernaciones, alcaldías, corregimientos,
cabildos, audiencias y virreinatos), como en el espiritual (obispados,
parroquias, curatos y arzobispos).
Este sistema se refería a la jurisdicción como el espacio, no necesariamente
delimitado, en donde una autoridad cualquiera ejercía su mando. En cuanto a
la jurisdicción eclesiástica, ésta se concedía únicamente a través de bulas
pontificias.
La jurisdicción civil y "espiritual" no siempre se cumplió de manera estricta,
ya que muchas veces se combinaron las atribuciones de las autoridades
civiles y eclesiásticas. Por ejemplo, los términos generales que abarcó la
Audiencia de Quito en 1563 acogieron los del Obispado de 1545; sin embargo,
en cuanto a sus límites, mientras que por el norte el Obispado sólo iba hasta
Pasto (pues Popayán era la capital de otra diócesis), Cali, Buenaventura y
Buga. Por el sur, ocurría lo contrario, el Obispado se extendía hasta San
Miguel de Piura, pero en cambio, en lo civil, pertenecía a la Audiencia de
Lima.
En lo que toca a la región amazónica, a pesar de que antes de 1563 se
iniciaron desde Quito las incursiones a esta zona, fue muy difícil para las
autoridades españolas determinar límites fijos a esta jurisdicción, que estaba
bajo la jurisdicción del Presidente de la Audiencia. De ahí que en la propia
cédula de erección de la Audiencia de Quito se hayan fijado como términos
"todos los territorios que se descubrieren y poblaren", por la imposibilidad de
la corona de poseer información suficiente y medios adecuados para
determinar sus linderos.
Juntar para separar: La Ciudad Hispana y las Reducciones
En lo que al ámbito regional y local urbano se refiere, el deseo del Rey
español fue que todos vivieran reunidos, con el fin de ejercer sobre los
aborígenes un mejor control, que era posible si se dispersaban. De allí que en
el asunto de fundar ciudades siempre se obedeció al monarca, debido a
razones defensivas, económicas y políticas.
Defensivas, por que al estar juntos indios y españoles -, los colonos podían
controlarlos mejor, protegerse mejor de un medio social extraño y hostil;
económicas, porque al mantener a una población concentrada, era más fácil
que funcione una economía autosuficiente mediante la división del trabajo y
el control de la mano de obra, y políticas, porque al ser residentes, los
castellanos asumían inmediatamente los derechos de autogobierno.
En cuanto a la organización espacial urbana, los primeros habitantes de las
ciudades iniciaron los procesos de apropiación y control de las tierras de los
aborígenes de la zona, mediante la primera delineación de la urbe o "traza",
así como con la delimitación de ejidos.
Las reducciones
El Estado español proyectó asimismo nuclear al os indígenas en pueblos, de
modo de establecer la "república de blancos", estos últimos establecidos en
calidad de residentes en las ciudades. El mecanismo utilizado con ese
propósito fue el sistema de la encomienda (institución de origen español),
mediante la cual se creó el espacio apropiado para agrupar a los indígenas en
pueblos y desarrollar paralelamente la tarea de evangelización.
Cuando se inició la producción minera, en la segunda mitad del siglo XVI, el
Estado español dio un profundo viraje político con respecto a la población
indígena, con el propósito de aminorarles el grado de explotación a la que
hasta entonces había sido sometida, y promulgó dos ordenanzas (de
corregidores en 1565 y de indios en 1566) que regulaban el proceso de
reducción de los pueblos indígenas, bajo la vigilancia de un corregidor, a
quien se le asignó la tarea de alterar el patrón andino de ocupación del suelo
y del acceso a la tierra.
Se redistribuyó de manera compulsiva a la población indígena, sobre todo en
el territorio de los corregimientos, en donde además de existir una mayor
concentración, se la vinculó a los mercados mineros a través de la producción
textil obrajes, que constituyó no sólo el motor de la economía de la
Audiencia, sino (y más aún) la clave de la organización del espacio.
Simultáneamente, las autoridades eclesiásticas llevaron a cabo la distribución
de parroquias y doctrinas, delimitando territorialmente cada doctrina, de
acuerdo con el número de feligreses y no en función de circunscripciones
geográficas derivadas de las encomiendas, con lo que el encomendero perdió
su poder en la designación de los doctrineros.
Las tres formas históricas: la encomienda, la reducción y el obraje, habrían
constituido la base sobre la cual fueron organizados los pueblos indígenas en
la Audiencia de Quito. En este sentido, un ejemplo típico sería el pueblo
obrajero de Chambo, ubicado en el corregimiento de Riobamba, actual
provincia de Chimborazo.
La Provincia de Mainas y la Cédula Real de 1802
Más tarde, en 1775, la provincia de Mainas fue tomada en cuenta para ser
agregada al nuevo obispo de Cuenca, proyecto que no se llevó a efectivizar.
Este fenómeno no coincidió con la época de mayor agudización del conflicto
limítrofe entre las dos coronas sobre sus territorios en la zona del Río de la
Plata y del Marañón. Para el caso de la primera, la creación del virreinato
rioplatense constituyó el mecanismo adecuado para frenar las invasiones
lusitanas aquellas tierras. Para defender la zona del Marañón, la Presidencia
de Quito organizó expediciones que tuvieron por objeto llegar a un acuerdo
definitivo en la delimitación de fronteras entre las dos monarquías. El
presidente de Quito, José Dibuja y el comisario de límites, Francisco Requera,
participaron muy comprometidamente en este cometido. En la iniciativa de
Dibuja jugaban, al parecer, intereses oficiales como el de vinculara la región
de Mainas con mercados europeos, a través de la construcción de un puerto
en el Marañón Requena, por su parte, en calidad de comisario, consignó el
cargo de gobernador de la provincia. Bajo estas funciones realizó varios
informes sobre la situación de los pueblos de la misión, en los cuales destacó
la necesidad de proporcionar atención espiritual a la provincia a través de la
creación del Obispado y del fortalecimiento militar de la frontera mediante la
conformación de la Comandancia General. La resolución a estas propuestas se
tradujo finalmente en la cédula real de 15 de julio de 1802, por medio de la
cual se legalizó el establecimiento de estos cuerpos gubernamentales de
distinta índole pero con una sola base geográfica como jurisdicción.
María Elena Porras
Historia del espacio y el territorio en el Ecuador
GRAFICO
Territorio Continental
Insular y Marítimo
del Ecuador.
Gráfico tomado de Enrique Ayala
mora, Ed. Nueva Historia del
Ecuador.
Entre Lima y Santa Fe: La organización espacial borbónica
La Audiencia de Quito permaneció como provincia dependiente del Virreinato
de Perú desde su creación en el siglo XVI (1563) hasta el siglo XVIII, época
en la que, frente al adelanto que tuvieron las provincias dependientes de los
virreinatos americanos y la dificultad de ejercer un control más vigoroso en
tal dilatado territorio, la corona decidió crear un nuevo virreinato (mayo de
1717), el de Santa Fe (Nueva Granada), y suprimir la Audiencia de Quito, la
cual pasó a las órdenes de la Audiencia de Santa Fe.
El propósito de fondo de la monarquía fue la administración y control directo
de las provincias marítimas del norte, con una sede de gobierno establecida
en Santa Fe, y la defensa de sus plazas marítimas, constantemente asediadas
por piratas de las potencias extranjeras (Inglaterra y Francia) que pretendían
el dominio de las colonias españolas.
A partir de 1723, la Audiencia de Quito pasó nuevamente a depender del
virreinato del Perú, suprimiéndose entonces el virreinato de Santa Fe y
quedando la Audiencia en los mismos términos en que estuvo antes de su
incorporación a Nueva Granada.
Por esta supresión y frente a los varios y extensos informes que se
elaboraron para su restablecimiento, el rey resolvió años más tarde, en 1739,
refundar dicho Virreinato y determinar que la Audiencia de Quito perteneciera
a él en calidad de "subordinada" y dependiente, de la misma calidad que
tenían el resto de audiencias respecto virreinato del Perú y Nueva España
(México). Frente a los mismos argumentos de política defensiva que se tuvo
en 1717, ahora se aumentaban otros, que más bien tuvieron que ver con la
política y el desarrollo de la economía de estas provincias americanas.
Este constante vaivén por el que atravesó la Audiencia de Quito, entre los
virreinatos del Perú y Santa Fe, posibilita advertir, por un lado, los alcances
de la política jurisdiccional ejercida por los monarcas borbónicos en las
colonias americanas, en general. Por el otro, permite vislumbrar el perfil de
los diversos intereses regionales que poco a poco se va delineando y van
tomando cuerpo en la última década del XVIII y primera del XIX.
De este modo, esta organización colonial lejos de conducir, como dice Deler, a
"una gran integración del espacio y de los hombres, deja establecidos dos
mundos y dos tipos de espacio, y yuxtapuestos, de intereses contradictorios.
Inmensos territorios en la Amazonía y en la región noroccidental, se hallan
más aislados de los centros que anteriormente".
De esta manera, las regiones de la jurisdicción de la Audiencia se articularon
política y económicamente y de manera directa a una determinada
jurisdicción virreinal. En esa medida, y en el ámbito de las economías
regionales y los intereses locales vinculados al comercio, la Sierra Norte, por
ejemplo, se articuló al centro minero de Barbacoas, y en consecuencia al
virreinato de Santa Fe; la Sierra Sur, al virreinato del Perú, y finalmente la
Costa, mediante el auge de su producción cacaotera (1774), se vinculó al
mercado interno interregional, es decir, con las provincias santafereñas o
peruanas.
La región amazónica, por su parte, aún cuando fue objeto de tempranas
exploraciones de conquista dirigidas desde Quito, sólo se constituyó en
región controlada a fines del período colonial, cuando penetraron las
misiones jesuíticas Para entonces estuvo sujeta a una transformación
jurisdiccional, tanto en el ámbito de lo civil como en lo eclesiástico, cuando el
monarca español decidió emitir en 1802 una cédula mediante la cual se
creaba el Obispado y Capitanía General de Mainas.
Esta vez, los intereses de la corona se asentaron en la defensa de sus
dominios frente a la intromisión de los portugueses y a la necesidad de
salvaguardar y administrar los escasos pueblos de misión que aún subsistían.
Constitución del espacio nacional en el siglo XIX
Hacia una búsqueda de espacios independientes
Las vinculaciones que los distintos sectores del espacio quiteño habían
establecido con las regiones de Santa Fe o el Perú, no impidieron que en la
Audiencia de Quito, a inicios del siglo XIX, se revelaran las tendencias
autonomistas respecto a la metrópoli. Los criollos lograron una significativa
ampliación de su poder económico, especialmente con el robustecimiento del
latifundio, pero se hallaron excluidos del poder político.
De allí que, luego de las guerras independentistas, se establecieron las
nuevas condiciones del manejo del espacio para el Estado republicano, como
resultado de ciertas incongruencias surgidas por la aplicación del principio
del Utis possidetis juris de 1810, la incorporación de la Gran Colombia en
1822 y su posterior disolución en 1830.
El Ecuador no nació como un estado nación constituido y con fronteras
definidas, nos dice el historiador Enrique Ayala , sino como una unidad
plagada de conflictos. Las regiones de Quito, Guayaquil y Cuenca se
enfrentaron sistemáticamente y debido a su herencia colonial las relaciones
económicas que establecieron entre ellas, se determinaron por sus
vinculaciones a los dos países vecinos, Colombia y Perú.
Es en este proceso de constitución de la nueva nación, surgieron los
conflictos fronterizos, y la necesidad de fijar límites y resolver los problemas
de soberanía nacional, bajo ciertas modalidades que el nuevo espacio
produce cuando se crea. El territorio cobra un nuevo significado, pues como
dice el diplomático peruano Juan M. Bákula se necesita "avanzar en la
revelación de la respectiva parcela nacional", definiendo su naturaleza,
contenido y contorno del asiento material del Estado.
Historia del espacio y el territorio en el Ecuador
Integración del Espacio Nacional
Bajo estas nuevas condiciones, el Estado ecuatoriano pensó en una
integración de su espacio a escala nacional, esto es, desde el punto de vista
económica y político administrativo. Desde la Ley de división territorial de
1824, se generó el proceso de organización de departamentos, distritos y
provincias que vinieron a reemplazar las antiguas gobernaciones y
corregimientos, modificación del mapa administrativo que siguió los cambios
demográficos, económicos y sociales de un espacio en plena mutación.
Los agentes históricos que participaron en este proceso de consolidación e
integración del espacio nacional, como fuerzas en conflicto, fueron: el poder
central, los poderes regionales y los poderes locales. Se produjo así una
bicefalidad del sistema de organización del espacio nacional, basado en el
desarrollo de dos grandes centros urbanos; Quito (capital de la República y
centro político) y Guayaquil (primer puerto y centro económico).
La implantación de un nuevo modelo económico de tipo agro exportador,
cuyo eje central fue la provincia del Guayas, produjo una transformación
demográfica a escala nacional que generó a su vez en proceso de desarrollo
regional orientado hacia los mercados externos. Mientras tanto, en la Sierra
ocurrió una lenta consolidación del mercado nacional, por cuanto la
articulación interregional no ejerció una influencia homogénea en el conjunto
La reducción desigual del peso demográfico en las diversas regiones de la
Sierra fue en beneficio de la Costa, particularmente de la provincia del
Guayaquil. Por ejemplo, entre 1870 y 1920 Guayaquil de 12.000 habitantes
pasó a 90.000. En Cuenca y Loja, su población en este mismo período se
duplicó. Como consecuencia, se modificó la jerarquía urbana nacional, con
escasas ciudades importantes en la Sierra (Quito, Riobamba, Cuenca) y una
sola en la Costa (Guayaquil).
De otros lado, aunque la Sierra se convirtió únicamente en proveedora de
bienes de consumo para la Costa, est situación posibilitó la mejora de las vías
de comunicación, como la de Quito Ambato, Quito Guaranda Babahoyo.
En el espacio de dos generaciones, el desarrollo de la navegación fluvial a
vapor y la construcción del ferrocarril, además de posibilitar la integración del
espacio nacional, permitió a la vez la reducción de una parte del espacio, en
términos de reducción de distancias y el establecimiento de una
infraestructura permanente de transporte pesado en masa, entre la región
del litoral y una gran parte de las cuencas andinas.
La navegación fluvial a vapor, que funcionó básicamente de 1860 a 1890,
unió las grandes zonas productoras orientadas hacia el mercado internacional
con Guayaquil, lugar de expedición de las cosechas, plaza comercial y
financiera y nervio del sistema agro exportador.
El ferrocarril fue un proyecto que se planteó en términos de interés nacional,
pues no fue comercial ni de colonización. Los presidente Gabriel García
Moreno y Eloy Alfaro buscaron asegurar una unión permanente, a través de la
cordillera occidental, de la región interandina con las provincias costeñas. El
ferrocarril llegó a Riobamba en 1905 y a Quito en 1908. El telégrafo y el
teléfono funcionaron a partir de 1880, el teléfono entre Quito y Guayaquil en
1920 y la primera línea aérea comercial entre estas dos ciudades, en 1929.
Lastimosamente, la región amazónica, no estructurada y débilmente
controlada, constituyó durante todo el siglo XIX un verdadero "ángulo
muerto" en el territorio nacional. El Estado ecuatoriano reivindicó allí una
soberanía de derecho, que contrastó siempre con los interés económicos
peruanos que buscaron la penetración sistemática del territorio de esta
región a lo largo de todo este siglo.
En Estado ecuatoriano, mediante la suscripción de tratados y convenios
internacionales, proyectos viales y de colonización, y la Iglesia católica, por
medio de sus gestaciones ante la Santa Sede para la fundación de vicariatos
en el oriente, hicieron vanos intentos por controlar este espacio que
desagraciadamente, a principios del siglo XX, ya era objeto de graves
problemas fronterizos con el Perú.
Bajo la perspectiva que hemos planteado para trazar una historia del espacio
y el territorio en el Ecuador, coincidimos en lo que ha sostenido el geógrafo
francés Jean Paul Deler: "El espacio realmente poblado, organizado,
integrado y manejo por las sociedades que tienen a Quito por su centro
político, se ha ido agrandando y reforzando sin cesar".
Orientaciones Bibliográficas
*Para aproximarse a las categorías conceptuales de espacio, territorio,
región, frontera, puede consultarse las siguientes obras:
DELER, Jean Paul Deler y otros, El Manejo del Espacio, Quito, Ed. IGM, 1983
--------, Ecuador del espacio al Estado nacional, Quito, Banco Central del
Ecuador, 1987
BRUNET, Robert y Oliver Dollfus, Mondes y Nouveaux, Geographie Universele,
París , Hachette / Reckes, 1990
DOLLFUS, Oliver, Territorios andinos, retos y memoria, Lima, IEP, 1991
VARGAS SARMIENTO, Patricia, "Fronteras fluidas y de dominación en el río
Atrato", en Memorias del I Seminario Internacional de Etnohistoria del norte
del Ecuador y sur de Colombia, Cali, Universidad del Valle, 1995
* La época aborigen del Ecuador y sus principales características está muy
bien tratada en:
SALAZAR, Ernesto, Mitos de nuestro pasado, Quito, BCE, 1988
------------, "El proceso cultural en el Ecuador aborigen y en América", en
Enrique Ayala Mora, Ed., Nueva Historia del Ecuador, Vol. 1, Quito,
Corporación Editora Nacional / Grijalbo, 1983
------------, "El hombre temprano en el Ecuador', en Enrique Ayala Mora, Ed.
Nueva Historia del Ecuador, Vol. 1, Quito, Corporación Editora Nacional /
Grijalbo 1983
MORENO, Segundo, "El proceso histórico en la época aborigen: notas
introductorias", en Enrique Ayala Mora, Ed., Nueva Historia del Ecuador, Vol.
1, Quito, Corporación Editora Nacional / Grijalbo, 1983
----------, "Formaciones políticas triviales y señoríos étnicos", en Enrique
Ayala Mora, Ed., Nueva Historia del Ecuador, Vol. 1., Quito, Corporación
Editora Nacional / Grijalbo, 1983
----------, La Epoca Aborigen", en Monografía histórica de la región nuclear
ecuatoriana, Quito, Consejo Provincial de Pichincha, 1981.
El tema de los señoríos étnicos ha sido estudiado con mucho rigor por:
SALOMON, Frank, Los señores étnicos de Quito en la época de los incas,
Otavalo, Instituto Otavaleño de Antropología, 1980
Para la historia de los incas y las particularidades de un sistema de
organización, se recomienda consultar:
OBEREM, Udo, "El periodo incaico en el Ecuador" en Enrique Ayala Mora, Ed.,
Nueva Historia del Ecuador, Vol. 2, Quito, Corporación Editora Nacional /
Grijalbo, 1988
MURRA, John Murra, Formaciones económicas y políticas del mundo andino,
Lima, IEP, 1975
WACHETEL, Nathan, Sociedad e Ideología, Lima, IEP, 1973
BAKULA, Juan Miguel, Perú y Ecuador, tiempos y testimonios de una
vecindad, Lima, CEPEI / FOMCIENCIAS, 1992
La organización territorial y administrativa en la época hispánica es tratada
por:
DELER, Jean Paul Deler (referencia arriba)
TERAN NAJAS, Rosemarie, Los proyectos del imperio borbónico en la Real
Audiencia de Quito, Quito, Abya Yala / Tehis, 1988
------------, "Sinopsis histórica del siglo XVIII", en Enrique Ayala Mora, Ed.,
Nueva Historia del Ecuador, Vol. 4, Quito, CEN / Grijalbo, 1983
------------, "Factores dinámicos en el desarrollo urbano del Quito colonial",
en Serie Quito 6 Enfoques y estudios históricos, Quito a través de la Historia,
Quito, Ilustre Municipio de Quito, 1992
------------, y Alfonso Ortiz; "Las reducciones de indios en la zona interandina
de la Real Audiencia de Quito", en Pueblos de Indios. Otro urbanismo en la
región andina, Quito, Abya Yala, 1993
RAMON V., Galo, "Quito aborigen: un balance de sus interpretaciones" en
Serie Quito 6 Enfoques estudios históricos, Quito a través del a Historia,
Quito, Ilustre Municipio de Quito, 1992.
El tema de la región amazónica durante este mismo período lo trata:
PORRAS P., María Elena, La Gobernación y el Obispado de Mainas, siglos XVII
y XVIII, Quito, Abya Yala / Tehis, 1987.
sobre la constitución del espacio nacional véase:
AYALA MORA, Enrique, "El conflicto territorial del Ecuador con el Perú", en
Periódico Mensual del Proyecto El Comercio va a las aulas, Nro. 83, 2 de
diciembre de 1998
CARRION, Fernando, "Evolución del espacio urbano ecuatoriano", en Enrique
Ayala Mora, Ed. Nueva Historia del Ecuador, Vol. 12, Quito , CEN / Grijalbo,
1983
DELER, Jean Paul (referencia arriba)
GOMEZ, Nelson Gómez, "Organización del espacio ecuatoriano", en Enrique
Ayala Mora, Ed., Nueva Historia del Ecuador, Vol. 12, Quito, CEN / Grijalbo,
1983
MAIGUASHCA, Juan , "La cuestión regional en la historia ecuatoriana (1830
1972(", en Enrique Ayala Mora, Ed., Nueva Historia del Ecuador, Vol. 12,
Quito, CEN / Grijalbo, 1983
-------------, Historia y Región en el Ecuador, Quito, FLACSO / CEN, 1994
SAINT GEOURS, Ives, "Economía y Sociedad. La Sierra Centro Norte (1830
1875)", en Nueva Historia del Ecuador, Vol. 7, Quito, CEN / Grijalbo, 1990
Vertientes Históricas de la Nación Ecuatoriana
FIGURILLA
Cultura Valdivia
Figurilla tipo "Venus"
Vertientes históricas de la Nación Ecuatoriana
Enrique Ayala Mora*
La cuestión nacional
Estamos acostumbrados a pensar que el Ecuador es un Estado-Nación
constituido. La idea de que existe en el país una comunidad históricamente
asentada sobre el mestizaje o sobre la experiencia, una "cultura nacional"
única y uniforme y una experiencia común de "ser ecuatorianos" no se pone
en tela de duda. La vida de nuestro pueblo, empero, ha ido cuestionando ese
lugar común.
Por ello es importante para el propio desarrollo de la identidad presente y
futura de nuestro país someter a análisis de cuestión nacional, revisar sus
elementos y complejidades. Este esfuerzo crítico debe hacerse, entre otras
perspectivas, desde la dimensión histórica. Este artículo, quiere aportar en
esa línea. Y quiere hacerlo ofreciendo una perspectiva global, aún admitiendo
los riesgos y limitaciones que tiene el desarrollar tan compleja cuestión en
unos pocos párrafos.
Para tratar de esbozar una historia de la conciencia nacional, o de la nación
ecuatoriana como tal, este trabajo parte del estudio de la crisis de disolución
colonial entre fines del Siglo XVIII y la Independencia, para luego estudiar la
Época Republicana dividida en tres grandes períodos caracterizados por la
vigencia de diversas formulaciones prevalecientes del proyecto nacional.
Hay muchas formas de abordar la cuestión nacional, aún cuando se la ve
solamente desde la perspectiva histórica. Al elegir un camino para enfrentar
el tema, los ejes del análisis planteado en este trabajo son aquellos
elementos tradicionalmente considerados como constitutivos de una nación:
territorio, elemento humano, dimensión regional, comunidad cultural, vida
económica, conciencia de identidad. No se podrá agotarlos, desde luego, pero
se intentará mostrarlos en su tránsito histórico en sus interrelacionados en el
tiempo.
Punto de partida
Las raíces de la identidad de la actual sociedad ecuatoriana se pierdan en el
origen de nuestra historia. Arrancan con la ocupación humana del Norte
Andino y el desarrollo de grandes culturas aborígenes que desembocó en la
integración en el Tahuantinsuyo. La crisis de ese gran imperio, la invasión y
conquista hispánica con toda su carga de violencia y atropello, dejaron una
marca indeleble en la vida de los pueblos indios y originaron una nueva
realidad, marcada por el hecho colonial y el mestizaje. Pero la nación como
una comunidad humana con conciencia de su identidad no existió siempre.
Tuvo un inicio histórico al fin de la colonia, y se ha desarrollado de manera
conflictiva a lo largo de varios períodos hasta el presente.
Al cabo de dos siglos de coloniaje en que se fraguó una nueva sociedad, en
las últimas décadas del Siglo XVIII, cuando la Real Audiencia de Quito había
sufrido una aguda crisis que trajo consecuencias recesivas y un reacomodo
de las relaciones sociales y regionales, se dieron los primeros atisbos de
búsqueda expresa de una identidad americana frente a la metrópoli ibérica.
Pero Vicente Maldonado trazó un mapa de la Real Audiencia, buscando un
perfil territorial. El P. Juan de Velasco escribió su Historia del Reino de Quito
que sustentaba su identidad como país. Eugenio Espejo, médico y periodista,
puso las bases de un desarrollo cultural y político que desembocó en la
demanda de autonomía.
Los criollos descendientes de los colonizadores españoles que habían logrado
creciente poder social y económico a base del control de la tierra, afirmaban
la identidad de Quito disputando a los españoles peninsulares y a los
representantes de la Corona la dirección política. Sus iniciales reclamos de
autonomía se fueron radicalizando ante la resistencia realista de la
transacción, hasta que devinieron en guerra abierta por la independencia,
que culminó con la ruptura definitiva con la Metrópoli.
El surgimiento de la identidad quiteña no fue un hecho aislado. Se dio la
manera concomitante con otras ciudades y regiones del Imperio Hispánico en
América. Dentro de los límites jurisdiccionales de la propia Audiencia de
Quito, en espacios como Guayaquil, Cuenca y Loja se desarrollaron también
identidades locales y regionales, cuyo papel sería decisivo en la historia
futura.
Luego de los pronunciamientos autonomistas locales y la derrota de las
"patrias bobas", en toda América surgió un gran movimiento de integración.
El gran desafío de la guerra independiente no pudo ser enfrentado
localmente. Fue un gran esfuerzo continental que trabajo consigo la
colaboración de líderes y ejércitos provenientes de todas las latitudes. Dos
grandes operaciones militares que vinieron desde Venezuela y el Río de la
Plata liberaron Sudamérica y confluyeron en Ayacucho.
En este ambiente de colaboración armada y de movilidad de personas,
recursos e ideas para enfrentar al coloniaje, se fue robusteciendo una
conciencia americana, un sentido de pertencia a una gran patria que luego se
llamaría América Latina. Simón Bolívar fue la más destacada figura, aunque
no la única, de este movimiento. La independencia trajo consigo una
identidad colectiva que se proyecto al futuro con avances y retrocesos, con
afirmaciones y negaciones.
En medio del conflicto bélico por la independencia se constituyó la República
de Colombia, formada por Venezuela, Nueva Granada y Quito. La visión y la
energía de Simón Bolívar alentaron el esfuerzo integrador de ese proyecto
político, que no pudo subsistir más allá de una década, hasta que con su
disolución se formaron varios estados independientes, entre ellos el Ecuador.
Al inicio triunfaron las fuerzas del a dispersión y de la afirmación local. Pero
el sentido de una comunidad hispanoamericana no desapareció. Aunque no
pudo concretarse la soñada unidad, la figura del Libertador fue creciendo
como referente del proyecto republicano y de la voluntad integrada de
nuestros países. Junto a las identidades nacionales pervivió, a veces oculta,
una identidad latinoamericana.
Doctor en Historia, Rector de la Universidad Andina Simón Bolívar
Vertientes Históricas de la Nación Ecuatoriana
Izquierda
Eugenio Espejo
Derecha
Simón Bolívar
El proyecto criollo
Cuando se fundó el Ecuador en 1830, la elección del nombre del nuevo
estado, que dejó de lado el tradicional de Quito, no fue una casualidad o un
descuido. Fue una respuesta a una realidad de fuerte regionalización. Quito,
el antiguo centro político y eje de la región Sierra Centro Norte, tenía al
frente a Guayaquil y Cuenca, centros de regiones con perfiles económicos,
políticos y culturales propios. En medio de las transacciones iniciales, se
mantuvo la desarticulación entre las regiones y surgió un estado débil e
inestable.
El Ecuador no nació con un territorio definido. Desde los primeros años de la
época republicana, los límites internacionales del país quedaron sin
precisarse y sujetos a una larga historia de enfrentamientos, reclamos y
pérdidas. La propia ocupación del territorio fue parcial, ya que cubría
solamente los valles interandinos y las riberas del río tributarios del Guayas.
El poblamiento de zonas extensas como Manabí y Esmeraldas fue marginal, y
amplios sectores de la Costa interna y la Amazonía quedaron fuera de la
jurisdicción estatal. La integración económica de las regiones era
francamente débil y no se había formado un mercado nacional. La propia
definición de "lo ecuatoriano" tenía escasa raíces. La soberanía del nuevo
estado sufrió crónicas situaciones de desequilibrio y desafío.
Los criollos de la antigua Audiencia de Quito que arrebataron el poder las
autoridades coloniales españolas se plantearon un proyecto nacional que
concebía al naciente Ecuador como una continuación de la hispanidad en el
Nuevo Mundo. Estos señores de la tierra que habían subordinado a su poder a
los artesanos, pequeños propietarios y sobre todo a la mayoría de la
población que era indígena, mantuvieron bajo fórmulas republicanas, la
discriminación étnica y la sociedad corporativa del coloniaje; declararon
idioma nacional al Castellano, excluyendo al Quichua, que era entonces el de
la mayoría; mantuvieron una sociedad estamentaria se enfrentaron entre si
en una larga disputa regional, que expresaba la desarticulación prevaleciente.
El proyecto nacional criollo no logró, pues, integrar a los diversos
componentes sociales y regionales del naciente Ecuador en una comunidad
cultural que asumiera una experiencia histórica y un destino común. Desde el
principio, las elites que dirigían el estado central a base de inestables
alianzas regionales y caudillistas, se esforzaron por consolidar el control
administrativo y se esmeraron en buscar reiteradamente una identidad,
acudiendo al uso de varios recursos culturales y políticos. Pero todos los
mecanismos ideológicos fueron muy poco exitosos. En la práctica, el divorcio
de las familias gobernantes "blancas" y el resto del país, "cholo",
"montubio", e indio no pudo superarse. La Identidad del Ecuador criollo era
en realidad la de una minoría.
Al fundarse el estado, la Iglesia Católica cuya prédica había justificado la
Conquista, y con el tiempo se había transformado en crucial elemento de
identidad para amplios grupos de la población, se reconoció como "Religión
de Estado" se afirmó en su papel de vehículos de conservación ideológica de
la precaria unidad y de la dominación socio-económica.
Los primeros años de vida del Ecuador se caracterizaron por la inestabilidad
de la dispersión. A fines de la década de los cincuenta se desató una crisis de
dispersión regional, superada por la voluntad de las elites dominantes de
consolidar el Estado Oligárquico Terrateniente como garantía de la
mantención de la unidad interna y como condición para afrontar las nuevas
situaciones internacionales que se daban en el marco de la expansión del
sistema mundial dominado por el capitalismo. Gabriel García Moreno fue la
gran figura de este proceso de organización y consolidación estatal que, al
mismo tiempo que logró llevar adelante una obra material y educativa
inmensa, agudizó las contradicciones sociales y políticas, especialmente por
el hecho de haber acrecentado el poder de la Iglesia dentro del Estado.
Las últimas décadas del Siglo XIX atestiguaron el agotamiento del proyecto
nacional criollo-latifundista. Las contradicciones del garcianismo afloraron y
nuevos grupos sociales emergieron en la escena social y política. En las
propias filas del garcianismo sucesorio se comenzó a cuestionar la visión
criolla y a buscar raíces populares de la nacional. Juan León Mera, crítico de
la Literatura, ideológico del conservadorismo, autor del Himno Nacional y
estudioso de la cultura popular fue la más destacada figura de esta nueva
actitud. Pero el liberalismo emergente, con su principal ideólogo Juan
Montalvo, fue el movimiento que cuestionó a fondo la denominación
terrateniente, la visión hispanófila criolla y el predominio clerical. El
Liberalismo, que logró un gran desarrollo en Guayaquil y otros espacios
costeños como Manabí y Esmeraldas, reivindicó la identidad mestiza y la
necesidad de democratizar la política y el Estado mismo. La Guerra Civil de
1895, que no solo fue un enfrentamiento político y confesional, sino también
regional, logró echar bajo al gobierno conservador e instauró un nuevo
régimen y con él una nueva formulación del proyecto nacional.
Vertientes Históricas de la Nación Ecuatoriana
Juan Montalvo
El proyecto mestizo
El liberalismo trajo importantes cambios materiales en el país, algunos de
ellos ya iniciados por García Moreno y sus sucesores. Con el predominio de la
burguesía comercial y bancaria de Guayaquil se produjo un cambio en la
dominación política y mayor apertura a la inserción definitiva del Ecuador en
el sistema económica internacional. En este marco se dio un gran salto de
modernización del estado y la sociedad, que vino acompañado de mayor
integración nacional y un gran esfuerzo de centralización política y
económica.
Con el telégrafo, la red de caminos y el ferrocarril trasandino se logró una
mayor integración de la regiones y una inicial consolidación del mercado
nacional. Las fronteras reales del Ecuador se ensancharon en lo interior,
aunque el límite internacional no logró definirse debido a que la disputa
territorial con el Perú por grandes extensiones de la Amazonía se agudizó.
Con la modernización del aparato estatal, el Registro Civil, el Matrimonio Civil
y la separación Estado-Iglesial, se consolidó la autoridad secular y su
soberanía. Con el establecimiento del laicismo, especialmente en la
educación, se logró independizarse del dogma religioso y modernización. El
laicismo de Estado fue la gran conquista del liberalismo.
Junto con estos importantes cambios, el liberalismo trajo consigo nuevos
actores sociales y una nueva forma de ver la patria, un proyecto nacional que
intentaba integrar regionalmente al país e incorporar a la comunidad cultura
del Ecuador a grandes grupos medios y campesinos costeños. En la propia
figura personal del Don Eloy Alfaro, el máximo caudillo del movimiento, se
expresaba esa identidad "chola" o mestiza, que superaba la identidad criolla.
En el proyecto liberal, que movilizó importantes sectores populares pero fue
mercado por los interese de la burguesía comercial y bancaria, se
patentizaron enormes límites. La virulencia antireligiosa del laicismo lo
divorció de los profundos elementos cristianos de la realidad popular. La
fuerte presencia del poder terrateniente ni siquiera permitió cuestionar, pero
reformar, la situación agraria. La mantención del latifundismo tradicional
llevó también a los gobiernos liberales a la permanente manipulación
electoral para sostenerse en el poder. Por los demás, aunque no cabe duda
que la Revolución Liberal fue un decisivo momento de consolidación del
Estado Nacional, de su soberanía y de algunos de sus elementos
democráticos, el auge exportador sobre el que se fundamentó, trajo consigo
una acelerada insercción del país en el sistema económico internacional, que
en esos años había entrado en su fase imperialista.
Mucho de lo que no hizo el liberalismo debido a sus límites económicos y
políticos, fue tarea posterior de la izquierda socialistas que surgió con fuerza
y capacidad crítica en la década de los veinte, en medio de una etapa de
aguda recesión económica e inestabilidad política que duró hasta los
cuarenta. El socialismo profundizó, y en algunos sentidos radicalizó, la visión
mestiza de la nación. A la defensa de los conquistas democráticas del
laicismo, especialmente en la educación y la cultura, añadió la crítica de las
condiciones socio económicas del Ecuador y América Latina. El proyecto
nacional que se había desarrollado a base de la percepción del pueblo como
una comunidad mestiza con una cultura común, lo comenzó a percibir
también como el conjunto de los trabajadores pobres del país que, además
del mestizaje tenían como elemento básico de su identidad, una situación de
explotación y miseria que los enfrentaba a las oligarquías criollas y a los
poderes internacionales. Organizar a los trabajos era entonces no solo buscar
cambio social o la revolución, sino integrar a la nación.
El proyecto nacional mestizo, enriqueciendo con la experiencia de las luchas
por las reivindicaciones sociales, se expresó en una propuesta que veía a la
Patria como víctima de la oligarquías y el imperialismo. Contra ellos habría
que luchar con una propuesta de unidad nacional fuertemente anticlerical y
antioligárquica, que agrupó a heterogéneos grupos sociales alrededor de
consignas patrióticas. Los grupos medios urbanos, los movimientos sindicales
y las incipientes organizaciones campesinas e indígenas fueron una base
social del proyecto que, pese a su desarrollo debido a las diversidades
regionales y a la resistencia de amplios sectores populares vinculados al
catolicismo tradicional, que también esbozó un discurso contestario sobre la
patria y la religión.
El diferendo territorial irresoluto con el Perú devino en una invasión al
Ecuador por su vecino del sur en 1941 y la imposición en Rio de Janeiro, de
un arreglo de límites que dejó al país sin grandes extensiones amazónicas
que había reclamado por más de un siglo. La tragedia territorial generó un
profundo trauma en la identidad nacional. El país desarrollo una idea de
impotencia colectiva, de fracaso nacional y de resentimiento con el Perú. A la
idea de la nación mestiza se agregó la de la "nación pequeña" como elemento
de identidad. Varias generaciones de intelectuales, el más destacado de los
cuales fue quizá Benjamín Carrión; expresó esa tendencia en que la
construcción de la nación ponía énfasis en la reivindicación de figuras como
Atahualpa y Eugenio Espejo, así como en el robustecimiento de un proyecto
cultural que fuera reflejo de la lucha social.
Vertientes Históricas de la Nación Ecuatoriana
NEGROS ESMERALDEÑOS
La espera
San Lorenzo, Esmeraldas
Foto, Bolo Franco tomada de
Ecuador del Pacífico.
El proyecto de la diversidad
Desde medidas del Siglo XIX, especialmente desde la década a los sesenta, el
proyecto nacional mestizo mostró síntomas de agotamiento, junto con la
agudización de una crisis de larga duración que ha afectado desde entonces
el Ecuador como el resto de Latinoamérica. El conflicto territorial con el Perú
mantuvo viva una actitud de impotencia bélica e inestabilidad limítrofe, que
solo comenzaron a ser superadas en la última década de este siglo con la
exitosa resistencia en el conflicto del Cenepa y la ulterior forma de la paz con
el vecino del sur. El Ecuador llega al siglo XVIII con un territorio definido y
sin el trauma de la derrota.
En las últimas décadas, la agresiva colonización ha copado la Costa Interna,
la Amazonía e inclusive las Islas Galápagos ha cambado las condiciones
territoriales y ha despertado la resistencia de los pueblos indígenas, que
reclaman sus territorios ancestrales. La rápida urbanización ha desarraigado
a amplias masas campesinas y ha reforzado la centralización política y
económica en Quito y Guayaquil. La modernización de la sociedad toda ha
impactado en los rasgos de identidad cultural de amplios sectores de la
población. La ampliación del mercado ha liquidado muchos elementos de
producción y organización local. La institucionalización del sistema electoral
ha creado expectativas de una real democracia.
En general, los rápidos cambios de las últimas décadas han cuestionado la
identidad mestiza, uniformante y uniformadora de nuestro país. Sus formas
culturales tradicionalmente se ven amenazadas por influencias foráneas,
especialmente por aquellas que copan los medios masivos de comunicación.
La unidad del país, tal como se la ha visto tradicionalmente desde Quito, es
cuestionadas por las demandas de descentralización que surgen no solo
desde Guayaquil, el otro polo del bicentralismo, sino sobre todo desde
espacios regionales y locales que demandan mayores espacios regionales y
locales que demandan mayores recursos y capacidad de decisión
democrática. Cristianos de izquierda como Mons. Leonidas Proaño han
cuestionado el papel tradicional justificador de la Iglesia y enfrentan al
sistema en demanda de justicia para los pobres. En estas circunstancias, la
idea de una "comunidad nacional" ya no puede sostenerse sobre sus antiguas
bases.
Pero el proyecto nacional mestizo no es solo cuestionado desde el
enfrentamiento clasista, regional y religioso, es también cuestionado desde la
heterogeneidad de la sociedad ecuatoriana y andina. La nación mestiza que
se ha desarrollado como expresión del Estado ecuatoriano no es la única
identidad vigente en el país. Como consecuencia de siglos de resistencia a la
conquista, la colonización hispánica y la explotación republicana, los pueblos
indios han mantenido su identidad en la resistencia y demandan ahora no
solo reivindicaciones económico sociales, fundamentalmente tierra, sino
también el reconocimiento de su realidad propia como pueblos o
nacionalidades. En esos términos se ha dado el reciente proceso de
organización indígena en el Ecuador.
No se trata de negar las raíces étnicas aborígenes e hispánicas, ni la realidad
del mestizaje que identifica a la mayoría de la población nacional con sus
valores y modo de vida históricamente asimilados. Tampoco se trata de
volver al pasado o de intentar reconstruir un Tahuantinsuyo ni el colinaje. La
idea, por lo demás, no es dividir al Ecuador en soberanías étnicas o
regionales. Se trata de superar la percepción de la "nación mestiza" única y
comenzar a asumir al Ecuador como lo que es, un país de grandes
diversidades en el que la construcción nacional pasa por la superación de la
dominación étnica y la discriminación de los indios, lo negros, los cholos y los
montuvios; el desmantelamiento de un sistema social que divide económica y
socialmente a la población; la aceptación de las diferencias regionales como
una riqueza que debe expresarse en un esfuerzo de descentralización, que
todavía no ha comenzado seriamente en el país. El estado centralista llegó a
sus líneas. En los próximos años, atestiguaremos la consolidación de las
autonomías dentro del Ecuador, o una peligrosa situación de enfrentamiento
interno.
Pero esta situación de cambio que se ve en el Ecuador no es aislada. Se da en
el marco de una gran transformación mundial, caracterizada por la caída de
antiguos paradigmas y una globalización económica y cultura que nos hacen
sentir que estamos en medio de un tránsito civilizatorio. Las indudables
ventajas que han traído el avance de las comunicaciones a nivel planetario y
los logros de la ciencia y la tecnología, coexisten con una realidad:
polarización del mundo y los países, entre ricos y pobres. Los primeros
concentran crecientemente la riqueza y el conocimiento. Los segundos se
empobrecen y ven cada vez más abultada su deuda externa. La nueva
situación parece un peligro a un vez más abultada su deuda externa. La
nueva situación parece un peligro a la vez que un desafío que los estados-
nación.
La identidad nacional del Ecuador no solo se ve impactada por la explosión de
las diversidades. Es afectada por el marco internacional de globalización. Y
aunque es falso que los estados nación van a desaparecer en medio de una
unificación planetaria y la reconstrucción de las regiones, es absolutamente
cierto que en los años futuros ya no serán los mismos que fueron a lo que
quisimos que fueran. Y la comunidad internacional cumplirá un papel mucho
más protagónico que hasta ahora. El ser ecuatoriano en el siglo XXI será bien
distinto de lo que implicaba serlo en el siglo XIX o hace diez años.
La inacabada nación ecuatoriana vuelve a ser un gran interrogante. Y su
identidad vuelve a sufrir grandes transformaciones. Junto a ser ecuatorianas
vemos en el futuro a sentirnos más identificados con nuestras localidades,
por una parte, y con la humanidad. Latinoamérica y la Comunidad Andina, por
otra.
Vertientes Históricas de la Nación Ecuatoriana
PESCADOR
Montañita
En la provincia de
Guayas
Tomada de Ecuador del
Pacífico.
Conclusión
El estudio de la historia del Ecuador nos lo demuestra como un sujeto
histórico cambiante al que no es posible entender unilateralmente, ni al
margen de un proceso inacabado en el que se imbrican factores internos y
externos actuando en un mundo en acelerada transformación.
La identidad actual del Ecuador no se dio de una vez y para siempre. Es
producto de un largo proceso histórico en que las continuidades andinas,
aborígenes, hispánicas y mestizas han coexistido con rupturas, con grandes
cambios socioeconómicos, con enfrentamientos de clase, de región y cultura.
El Ecuador es un país pequeño pero complejo. Simplemente es un atentado.
Reconocerlo como tal es entender y asumir su riqueza enorme.
En el reciente enfrentamiento bélico con el Perú en el alto Cenepa fue un hito
en el desarrollo nacional del Ecuador. La defensa exitosa del territorio
realizada por las Fuerzas Armadas, la vigorosa unidad nacional con que
enfrentó el conflicto, generaron un ambiente de seguridad, de aceptación de
la "nación pequeña" y de voluntad de arreglo pacífico y decoroso del
problema territorial, que ya se produjo.
El Ecuador no es un Estado-Nación constituido de una vez, con una sola
identidad congelada. Es un conglomerado heterogéneo en cuyo proceso de
constitución, que todavía está en marcha, la diversidad es una clave
definitoria. La identidad mestiza de la mayoría de la población no es la única.
Por ello los pueblos indios y negros reivindican las suyas y demandan un
papel en un estado que debe expresar a la sociedad diversa.
Esta sociedad diversa, desde luego, se expresa también en otras
dimensiones. La tradición democrática del país defiende al Estado Laico,
siempre amenazado por el oscurantismo, pues logró garantizar el respeto a la
diversidad religiosa y de conciencia. Hoy se levantan movimientos que
reivindican los derechos de las mujeres, de sectores minoritarios y de amplios
de sectores de la población que defienden el medio ambiente. La tradición
constitucional del Ecuador ha consagrado hasta en la última reforma de 1998,
varios derechos a la diversidad étnica, educativa, cultural y de género. Pero
no ha logrado avances significativos en el reconocimiento de la diversidad
regional y local. La descentralización es un problema de construcción
nacional pendiente en el país.
Siempre se dijo en el pasado que los estados-nación debían buscar su
integración interna. Ahora eso ya no es suficiente. Debemos buscar la
integración internacional y articular en ella un nuevo y bien distinto papel
para las comunidades políticas que llamamos naciones o estados nacionales.
Fuera de toda retórica, el ideal integracionista de Simón Bolívar es ahora un
punto crucial de nuestra agenda común.
Reconocer que el Ecuador se construye en la unidad y la diversidad es abrir
un nuevo aspecto a la vigencia de la democracia. Saber que nuestra Patria
tiene futuro es tan importante como saber que hay una patria grande en la
Comunidad Andina y en Latinoamérica, y una comunidad universal más allá
de ella. Nuestro presente y nuestro futuro como país dependen en buena
medida de un adecuada comprensión de esta realidad.
Breve cronología del Ecuador
12000 AC* Primeros rastros del poblamiento ecuatoriano.
3000 AC* Evidencias de poblados agrícolas (Valdivia).
500 DC* Se inicia un período de "integración" que culminó con la formación
de los "señoríos étnicos", incipientes formas de organización estatal.
1460* Túpac-Yupanqui inicia la expansión Inca a los Andes del norte. (Ocupa
el Señorío Cañari).
1487* Hayna-Cápac conquista los señoríos del norte (Caranqui Cochasquí),
culminado con ello la ocupación Inca del actual Ecuador.
1492 (12 de octubre) Llega Colón al Continente Americano.
1513 Vasco Núñez de Balboa llega a Océano Pacífico
1526 El español Bartolomé Ruiz toca costas del actual territorio ecuatoriano.
1530 Muere Huayna-Cápac. Se inicia una guerra por la sucesión entre
Huáscar y Atahulapa, que termina con el triunfo de éste.
1532 Los conquistadores españoles dirigidos por Pizarro penetran en el
Tahuantinsuyu. En Cajamarca toman preso a Atahulapa.
1533 (14 de abril) Los invasores españoles ejecutan a Atahualpa en
Cajamarca.
1534 Los conquistadores dirigidos por Almagro invaden al norte del
Tahuantinsuyu. Fundan la ciudad de Quito cerca de la actual Riobamba (15 de
agosto). Rumiñahui organiza la resistencia y es vencido. Benalcázar ocupa la
ciudad indígena de Quito (6 de diciembre).
1535 (12 de marzo) Fundación de Portoviejo
1538 (25 de julio) Fundación definitiva de Guayaquil
1541 Gonzalo Pizarro junto con Francisco de Orellana dirigen una expedición
al Oriente.
1542 (12 de febrero) Orellana y su expedición llegan al río Marañón o
Amazonas.
Se emiten las "Leyes nuevas" que imponen límites al sistema de encomienda,
que provoca la revuelta de los encomenderos.
1546 Fundación de Loja
Gonzalo Pizarro vence en la Batalla de Iñaquito al Virrey Núñez de Vela.
Posteriormente es derrotado y ejecutado (1548).
1547 Posesión del primer Obispo de Quito, García Díez Arias
1557 (12 de abril) Fundación de Cuenca
1563 Creación de la Real Audiencia de Quito. Hernando de Santillán el primer
Presidente.
1575 El asiento de Riobamba se erige u pueblo.
1586 Los agustinos fundan la primera universidad quiteña de San Fulgencio.
1587 El Virrey Toledo realiza importantes reformas en la administración
colonial.
1589 Los jesuitas fundan el Seminario de San Luis.
1592 En la ciudad de Quito se produce la Rebelión de las Alcabalas.
1606 (28 de septiembre) Fundación de Ibarra.
1622 Se abre en Quito la Universidad de San Gregorio dirigida por los
jesuitas.
1645 Muere Mariana de Jesús Paredes y Flores, que sería declarada en 1950
primera santa ecuatoriana.
1660 Erupción del volcán Pichincha
1684 Guayaquil soporta uno de varios asaltos de corsarios ingleses.
1718 Se suprime la Real Audiencia de Quito. Su territorio pasa ser
dependencia de la Audiencia del Virreinato de Santa Fe de Bogotá.
1722 Se restablece la Real Audiencia de Quito, dependiente del Virreinato del
Perú.
1736 Llega a Quito la Misión Geodésica.
1739 La Audiencia de Quito se incorpora definitivamente al Virreinato de
Santa Fe de Bogotá.
1754 Llega a la Audiencia la primera imprenta.
1765 Se sublevan los barrios de Quito: "Rebelión de los Estancos".
1767 El Rey de España dispone la expulsión de la Compañía de Jesús de la
Península y todos los dominios americanos.
1786 Terremoto en Riobamba.
Se erige al obispado de Cuenca
El Convictorio de San Francisco dirigido por los dominios se convierte en la
Universidad de Santo Tomás de Aquino.
1792 Aparece en Quito el primer periodo de la historia Primicias de la Cultura
de Quito, editado por Eugenio de Santa Cruz y Espejo.
Vertientes Históricas de la Nación Ecuatoriana
Breve cronología del Ecuador - Continuación
1799 Comienza la Administración del Presidente Luis Héctor Barón de
Carondelet.
1809 (10 de Agosto) Los criollos deponen al gobierno español y constituyen
la Junta Soberana presidida por Juan Pío Montúfar, Marqués de Selva Alegre.
1810 (2 de Agosto) Rebelión popular en Quito y masacre de los protagonistas
del 10 de agosto que estaban presos.
1811 Establecimiento de una nueva Junta Soberana.
1812 Se redacta la Primera Constitución de Quito independiente.
1820 (9 de Octubre) Guayaquil proclama su independencia.
(3 de noviembre) Independencia de Cuenca
1821 El Gobierno de Guayaquil pide apoyo a Colombia. Una fuerza
expedicionaria llega al puerto al mando del General Sucre.
1822 (24 de mayo) El Ejército patriota dirigido por Sucre derrota a las fuerzas
españolas en la Batalla de Pichincha. Seguidamente Quito se anexa a la
República Colombia.
Bolívar y San Martín se entrevistan en Guayaquil. Esta ciudad se anexa a
Colombia.
1826 Se establece definitivamente la Universidad Central.
1828 Se inicia la guerra entre Colombia y Perú por diferendo limítrofe. La
flota peruana bombardea Guayaquil.
1829 (27 de febrero) El ejército de Colombia dirigido por Sucre derrota a las
fuerzas peruanas en Tarqui. Posteriormente se firman los Tratados de
Guayaquil.
1830 (13 de mayo) el Distrito del Sur se separa de Colombia para formar un
Estado independiente.
(4 de Junio) Es asesinado en Berruecos el Mariscal Sucre.
(14 de agosto) Se instala la Primera Asamblea Constituyente que emite la
primera Carta Fundamental y nombra presidente al General Juan José Flores.
(17 de diciembre) Muere el Libertador Simón Bolívar.
1832 El Ecuador toma posesión de las Islas Galápagos.
1833 Aparece el periódico de oposición El Quiteño Libre, algunos de cuyos
redactores son asesinados.
1834 Se distribuye la deuda colombiana entre Venezuela, Colombia y
Ecuador. Comienza la "Deuda Inglesa".
1835 Luego de una guerra civil, Flore entrega el poder a Vicente Rocafuerte,
que gobierna hasta 1839.
1845 "Revolución Marcista" en Guayaquil que depone al Presidente Flores.
1851 El General José María Urbina, como Jefe Supremo decreta la
manumisión de los esclavos negros.
1856 Se realiza un primer arreglo de la Deuda Externa. Se entregan
concesiones de tierra como parte de pago.
1858 Perú inicia guerra con Ecuador, bloqueando las costas.
1859 Las fuerzas peruanas realizan varias acciones de guerra y desembarcan
en Guayaquil. El gobierno colapsa y el país se divide entre cuatro gobiernos
regionales.
1860 Una reacción nacional encabezada por Gabriel García Moreno triunfa en
la guerra civil. Fin del conflicto militar con el Perú.
1862 Se suscribe el Concordato con el Vaticano.
1863 Guerra con Colombia: El Ejército Ecuatoriano es derrotado en Cuaspud.
1868 Un terremoto destruye la provincia de Imbabura.
Se funda el Banco del Ecuador
1869 Golpe de Estado encabezado por Gabriel García Moreno, que ejercer el
poder absoluto hasta 1875.
1875 (6 de agosto) García Moreno muere asesinado en Quito.
1877 Muere asesinado en Quito el Arzobispo José Ignacio Checa y Barba.
1883 La restauración echa del poder al dictador Ignacio de Veintimilla. Se
funda la Unión Republicana, primer partido de la historia del Ecuador (Partido
Conservador).
1884 Se inicia la montonera liberal en la Costa.
1885 Se adopta el sucre como unidad monetaria del Ecuador.
1888 Se inicia la publicación de la Historia General de la República del
Ecuador de Federico González Suárez.
1895 (5 de junio) Con el golpe de estado en Guayaquil se inicia la Revolución
Liberal en el Ecuador, liderada por Eloy Alfaro.
1896 Gran incendio de Guayaquil
1897 Se firma el contrato de construcción de Ferrocarril Guayaquil Quito.
1898 Se adopta el patrón oro.
1900 Se agudiza el conflicto liberal-conservador por el establecimiento del
estado laico. Comienza a funcionar el Registro Civil.
1902 Leyes de Matrimonio Civil y Divorcio.
1906 Triunfa una nueva revolución de Alfaro. Se expide la Carta
Constitucional que consagra la reformas liberales y separa el Estado y La
Iglesia.
1908 Se inauguran el Ferrocarril Guayaquil Quito.
Con la Ley de Beneficencia se nacionalizan definitivamente varios bienes
eclesiásticos.
1910 Se produce un conflicto internacional con el Perú al no aceptarse el
Laudo del Rey de España sobre límite.
1911 Alfaro es derrocado (11 de agosto). Luego de pocos meses de gobierno
muere el Presidente Estrada y estalla una revolución radical (23 de
diciembre).
1912 (28 de enero) Eloy Alfaro y varios de sus tenientes son asesinados en
Quito.
1913 Se inicia en Esmeraldas la revuelta "conchista"
1918 Es abolida por Ley la prisión por deudas, base legal del concertaje
indígena.
1920 Se patentizá una gran crisis de producción y comercialización del cacao.
1922 (15 de noviembre) Luego de una huelga general, los trabadores y
pobladores de Guayaquil son reprimidos a bala con saldo de cientos de
muertos.
1925 (9 de julio Una revuelta militar derroca al gobierno e inicia la "reforma
juliana".
1926 (23-26 de mayo) Se constituye el Partido Socialista Ecautoriano.
1927 Se inicia una amplia reforma del Estado. Se crean varios organos de
control, como la Contraloría y el Banco Central.
1928 se expide una nueva Constitución con reformas sociales, entre elias y el
voto femenino.
1932 La descalificación por el Congreso del Presidente electo Neptalí Bonifaz
provoca en Quito la "Guerra de los cuatro días".
1935 El Ecuador ingresa en la Liga de las Naciones.
1937 El Ecuador reanuda relaciones con el Vaticano mediante el Modus
Vivendi.
1938 El Gobierno de Gral. Alberto Enríquez expide el Código del Trabajo.
1941 Tropas peruanas invaden el territorio del Ecuador intentando forzar un
arreglo limítrofe.
1942 (29 de enero) El Ecuador es forzado en Río de Janeiro a firmar un
tratado de límite con el Perú.
1944 Una revuelta popular derroca al Gobierno de Arroyo del Río. Velasco
Ibarra se hace cargo del poder.
Se fundan la Confederación de Trabajadores del Ecuador (CTE) y la Casa de la
Cultura Ecuatoriana.
1945 El Ecuador en la ONU
1949 (5 de agosto) Un terremoto destruye Ambato y varias localidades de
Tungurahua.
Con la visita de varias misiones internacionales se inician una etapa de
modernización.
1952 Se proclaman el derecho de los países del Pacífico Sur a 200 millas de
soberanía.
1957 Se dicta una Ley de Fomento Industrial.
Se inaugura el Ferrocarril del Norte.
1959 Levantamientos populares en Manabí y Guayaquil por la crisis
económica.
1963 Se instaura una dictadura militar que inicia algunas reformas estatales.
1964 Se expide la Ley de Reforma Agraria.
1966 La Universidad Central es invadida por el Ejército.
Cae la dictadura militar.
1967 Se localiza el primer yacimiento petrolífero en el Oriente.
1969 Ingreso del Ecuador al Grupo de Integración Andina.
1972 Se inicia una nueva dictadura militar que gobierna el país en medio del
"auge petrolero".
1975 Se consolida la unidad del Frente Unitario de los Trabajadores, FUT.
1977 Los trabajadores del ingenio AZTRA son reprimidos violentamente con
saldo de decenas de muertos.
1978 Se aprueba por plebiscito la nueva Constitución. Se dispone por primera
vez el voto de los analfabetos.
1979 Con el traspaso del poder, concluye la dictadura y se inicia una fase de
vigencia constitucional.
1981 Se produce un conflicto bélico con el Perú en la Cordillera del Cóndor.
El Presidente Roldós muere en un accidente aviatorio. Es reemplazado por
Osvaldo Hurtado.
1984 Reunión internacional sobre deuda externa.
1985 El Papa Juan Pablo II, visita el Ecuador.
1987 (marzo) Un terremoto destruye varias localidades y daña el oleoducto.
1990 (4 de junio) Se inicia un levantamiento de los pueblos indígenas del
Ecuador.
1991 El Presidente plantea en la ONU un arreglo pacífico del diferendo
territorial con el Perú. Se realizan conversaciones. El presidente de ese país
visita el Ecuador (1992).
1995 Nuevo conflicto bélico con el Perú. Las tropas ecuatorianas defienden
exitosamente al país. Se suscribe una declaración de paz y se inician las
negociaciones para un arreglo definitivo.
1998 Una Asamblea Nacional Constituyente aprueba una reforma integral a la
Constitución, que entra en vigencia el 10 de Agosto.
(26 de octubre) Se firman los acuerdos de paz con el Perú, que permiten
delimitar la frontera común, impulsar el comercio y la navegación amazónica
y la integración fronteriza entre los dos países.
2000 (21 de enero) Golpe de Estado en contra del Presidente Jamil Mahuad.
Una junta de Gobierno integrada por Carlos Solorzano Constante, Antonio
Vargas y el general Carlos Mendoza asume el poder.
(22 de enero) Destitución de la Junta de Gobierno. El Congreso Nacional
nombra a Gustavo Noboa Bejarano presidente constitucional del Ecuador.
Tomado de Enrique Ayala Mora, resumen de Historia del Ecuador, Corporación
Editora Nacional, Quito, 1999, pp. 135-142.
Elaboración: Enrique Ayala Mora.
* Fechas aproximada
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5. Época colonial III: perspectiva general de la colonia; 6. Independencia y
período colombiano; 7. Época republicana I: el Ecuador, 1830-1895; 8. Época
republicana II: perspectiva general del siglo XIX; 9. Época republicana III:
cacao, capitalismo y revolución liberal; 10. Época republicana IV: el Ecuador
entre los veinte y los sesenta; 11. Época republicana V: el Ecuador en el
último período; 12. Ensayos generales I: espacio, población, región; 13.
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Documentos Históricos del Ecuador
Documentos Históricos del Ecuador *
Fundase por Provincia Real La Audiencia de Quito (1563)
A petición de Antonio Morán,
Procurador de la ciudad de Quito, en
1560 se practicaron informaciones
para solicitar del monarca español
Felipe II, la fundación de una Real
Audiencia a establecer en dicha
ciudad.
El documento que reproducimos, la
Cédula Real en virtud de la cual se
fundó en Quito el Tribunal de la
Audiencia, se expidió tres años
después, en Guadalajara, el 29 de
agosto de 1563. De esta manera,
Quito dejó de depender
administrativamente de la Audiencia
de Lima.
Don Felipe, por la gracia de Dios, Rey de Castilla, del León, de Aragón, de las
dos Sicilias, de Jerusalén, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de
Galicia, de Mallorcas, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdova, de Córcega, de
Murcia, de Jaén de los Algarves, de Algecira, de Gribaltar, de las islas de
Canaria, de las Indias, islas y tierra firme, del Mar Océano; Conde de
Barcelona; Señor de Biscaya y de Molina; Archiduque de Austria; Duque de
Borgoña y Bravante y Milán; Conde de Flandes y de Tirol, etc. Por cuanto nos
para la buena gobernación de la provincia del Quito y otras tierras que de
yusi [sic] irán declaradas, habemos acordado de mandar fundar una nuestra
Audiencia y Cancillería Real, que resida en la ciudad de San Francisco de
dicha provincia del Quito, y habemos mandados que el nuestro Presidente y
Oidores de la dicha Audiencia, vayan luego a residir y residan en ella y usen y
ejerzan los dichos sus oficios en los límites que por nos le serán señalados; y
porque es nuestra voluntad que la dicha. Audiencia tenga, son los siguientes:
por la costa, hacia la parte de la Ciudad de los Reyes, hasta el puerto de
Pauta exclusive y la tierra adentro hasta Piura y Cajamarca y Chachapoyas y
Moyobamba y Motilones exclusive, de manera que la dicha Audiencia tenga
por distrito hacia la parte suso dicha, los pueblos de Jaén, Valadolid, Zamora,
Cuenca, la Zarza y Guayaquil, con todos los demás pueblos que estuvieren en
sus comarcas y se poblaren y hacia la parte de los pueblos con lo demás que
descubriere; y por la costa hacia Panamá hasta el puerto de la Buena Ventura
inclusive y por la tierra adentro a Pasto, Popayán, Cali y Buga y Chapanchica
y Querechicona y todos los dichos lugares con sus términos inclusive; y todos
los demás lugares de la provincia de Popayán, han de quedar a la Audiencia
del Nuevo Reino de Granada; y porque las cosas de nuestro servicio y
administración de nuestra justicia y buena gobernación de las dichas tierras y
provincias se hagan como deban y convengan al bien general de las dichas
tierras; y visto por nuestro Consejo de las Indias y conmigo el Rey
consultado, fue acordado que debíamos mandar dar esta nuestra cata en la
dicha razón, y nos hubimos por bien por la cual mandamos a todos los
nuestros Gobernadores y otras Justicias y Jueces cualesquier de la dicha
provincia del Quito y de las otras provincias y tierras y pueblos de suso
declaradas, a quien esta nuestra carta fuere mostrada o su traslado signado
de Escribano Público o de ella, supiéredes en cualquier manera, y a cada uno
de cualquier de vos en los lugares y jurisdicciones que en todo lo que por la
dicha nuestra Audiencia vos fuere mandado, la obedezcáis y acatéis y
cumpláis y ejecutéis y hagáis cumplir y ejecutar sus mandamientos en todo y
por todo según y de la manera que por ella os fuere mandado, y les déis y
hagáis dar todo el favor y ayuda que os pidiere y menester hubiere sin poder
en ello excusa ni dilatación ni interponer apelación ni suplicación ni otro
impedimento alguno so las penas que vos pusieres o mandare poner, las
cuales nos por la presente vos ponemos y habemos por puestas y de damos
poder y facultad para las ejecutar en los que rebeldes e inobedientes fueren y
en sus bienes; y porque podría ser que por algunos impedimentos o por
enfermedad u otras cosas que sucediesen al dicho nuestro Presidente y
Oidores, no pudiesen llegar juntos a la dicha Ciudad de San Francisco del
Quito y a los que llegasen antes que los otros les podría ser puesto
impedimento en el uso y ejercicio de su oficios diciendo que no los podrían
usar sino todos juntos, de que podrían suceder ruidos y diferencias; por ende,
por la presente, queremos y mandamos y damos licencia y facultad a los
dichos nuestro Presidente y Oidores para que cualquier o cualesquier de ellos
que llegasen a la dicha ciudad de San Francisco del Quito, primero que los
otros, no embargante que no lleguen y se juntan todos, puedan hacer y han la
dicha Audiencia y entender y despachar y determinar las causas, pleitos y
negocios de ella, como sí todos juntos estuviesen y residiesen en ella; para lo
cual, por esta nuestra carta, le damos poder cumplido con todas sus
incidencias y dependencias, anexidades y conexidades; y los unos, ni los
otros no fagades, ni fagan en de él so pena de la nuestra merced y de cien mil
maravedís para la nuestra Cámara.
Dada en Guadalajara, en 29 de agosto de mil quinientos sesenta y tres años.
Yo el Rey.
Yo Francisco de Erazo, Secretario de su Majestad Real la hice escribir por su
mandado.
Registrada, Ochoa de Luyando. Canciller, Martín de Ramón. El Licenciado Don
Juan de Sarmiento. El Doctor Vázquez. El Licenciado Don Gómez Zapata. El
Licenciado Alonso Muñoz.
ANH / SERIE CEDULARIOS: CAJA 1; 1563 1612; FS. 11 11 V.
TOMADO DE: MUNICIPIO DE QUITO, COLECCION DE CEDULAS REALES
DIRIGIDAS A LA AUDIENCIA DE QUITO; 1538 1600, TOMO I, QUITO,
TALLERES TIPOGRAFICOS MUNICIPALES, 1935, PP. UNO TRES
*Todos los documentos reproducidos en este capítulo han sido tomados de
Enrique Ayala Mora, Ed. Nueva Historia del Ecuador. Vol. 15, Corporación
Editora Nacional / Grijalbo, Quito, 1995.
Documentos Históricos del Ecuador
Acta de Independencia de Quito (1809)
El 10 de Agosto de 1809 se
considera como el de inicio de la
independencia de lo que hoy es
Ecuador. En Quito cuando los
criollos se revelaron contra el
presidente Ruiz de Castilla,
declararon insubsistente el gobierno
de la Audiencia, y crearon una Junta
de Gobierno. Los diputados
barriales que participaron en los
sucesos del 10 de Agosto de 1809,
suscribieron una acta en la que
confirmaban la rebelión y
organizaban de manera diferente la
administración. En este documento
se insinúa también una invitación a
otras ciudades para aliarse
voluntariamente con el fin de
conformar un Gobierno Supremo
Interino que represente a Fernando
VII, mientras se recupere su libertad.
Nos, los infrascritos diputados del pueblos, atendidas las presentes críticas
circunstancias de la nación, declaramos solemnemente haber cesado en sus
funciones los magistrados actuales de esta capital y sus provincias; en su
virtud, los del barrio del centro o Catedral, elegimos y nombramos por
representantes de el a los Marqueses de Selva Alegres y Solanda, y lo
firmamos. Manuel de Angulo, Antonio Pineda, Manuel Cevallos, Joaquín de la
Barrera, Vicente Paredes, Juan Ante y Valencia. Los del barrio de San
Sebastián elegimos y nombramos por representante de él a don Manuel
Zambrano, y lo firmamos, Nicólas Vélez, Francisco Romero, Juan Pino,
Lorenzo Romero, Manuel Romero, Miguel Donoso. Los del barrio de San
Roque elegimos y nombramos por representante de él al Marqués de Villa
Orellana, y lo firmamos. José Rivadeneira, Ramón Puento, Antonio
Bustamante, José Alvarez, Diego Mideros. Los del barrio de San Blas elegimos
y nombramos por representante de él a don Manuel de Larrea y lo firmamos.
Juan Coello, Gregorio Flor de la Bastida, José Ponce, Mariano Villalobos, José
Bosmediano, Juan Unigarro y Bonilla. Los del barrio de Santa Bárbara
elegimos y nombramos representante de él al Marqués de Miraflores y lo
firmamos. Ramón Maldonado, Luis Vargas, Cristóbal Garcés, Toribio Ortega,
Tadeo Antonio Arellano, Antonio de la Sierra. Los del barrio de San Marcos
elegimos y nombramos por representante de él a don Manuel Matheu y lo
firmaron. Francisco Javier Ascázubi, José Padilla, Nicólas Vélez, Nicólas
Jiménez, Francisco Villalobos, Juan Barreto. Declaramos que los antedichos
individuos unidos con los representantes de los Cabildos de las provincias
sujetas actualmente a esta gobernación y las que se unan voluntariamente a
ella en lo sucesivo, como son Guayaquil, Popayán, Pasto, Barbacoas y
Panamá que ahora dependen de los Virreinatos de Lima y Santa Fe, las cuales
se procurará atraer, compondrán una Junta Suprema que gobernará
interinamente a nombre y como representante de nuestro legítimo soberano,
el señor don Fernando Séptimo, y mientras su Majestad recupere la Península
o viniere a imperar en América, elegimos y nombramos por Ministros o
Secretarios de Estado a don Juan de Dios Morales, don Manuel Quiroga y don
Juan de Larrea, al primero para el despacho de los Negocios extranjeros y de
la Guerra, el segundo para el de Gracia y Justicia y el tercero para el de
Hacienda; los cuales como tales serán individuos natos de la Junta Suprema.
Esta tendrá un Secretario Particular con voto y nombramos de tal a don
Vicente Alvarez. Elegimos y nombramos por Presidente de ella al Márques de
Selva Alegre. La Junta como representante del Monaca tendrá el tratamiento
de Majestad; su Presidente el de Alteza Serenísima; y sus Vocales el de
Excelencia, menos el Secretario Particular a quien se le dará el de Señoría. El
Presidente tendrá por ahora y mientras se organizan las rentas del estado
seis mil pesos de sueldo anual, dos mil cada vocal y mil el Secretario
Particular. Prestará juramento solemne de obediencia y fidelidad al Rey en la
Catedral inmediatamente y lo hará prestar a todos los cuerpos constituidos
así eclesiásticos como seculares. Sostendrá la pureza de la religión, los
derechos del Rey, y los de la patricia y hará guerra mortal a todos sus
enemigos, principalmente franceses, valiéndose de cuantos medios y árbitros
honestos de sugiriesen el valor y la prudencia para lograr el triunfo. Al efecto
y siendo absolutamente necesario una fuerza militar competente para
mantener el Reino en respecto, se levantará prontamente una falange
compuesta de tres batallones de infantería sobre el pie de ordenanza y
montada la primera compañía de granaderos; quedando por consiguiente
reformas las dos de infantería y el piquete de dragones actuales. El jefe de la
falange será Coronel y nombramos tal a Don Juan Salinas, a quien la Junta
hará reconocer inmediatamente. Nombramos de Auditor General de Guerra,
con honores de Teniente Coronel, tratamiento de Señoría y mil quinientos
pesos de sueldo a don Juan Pablo Areas y la Junta le hará reconocer. El
Coronel hará las propuestas de los oficiales, los nombrará la Junta, expedirá
sus patentes y las dará gratitud el Secretario de la Guerra. Para que la
falange sirva gustosa y no le falte lo necesario, se aumentará la tercera parte
sobre el sueldo actual desde soldado arriba. Para la más pronta y recta
administración de justicia, creamos un Senado de ella compuesto de dos
Salas Civil y Criminal con tratamiento de Alteza. Tendrá a su cabeza un
Gobernador con dos mil pesos de sueldo y tratamiento de Usía Ilustrísima. La
sala de lo Criminal un Regente subordinado al Gobernador, con dos mil pesos
de sueldo y tratamiento de Señoría; los demás Ministros con el mismo
tratamiento y mil quinientos pesos de sueldo; agregándose un Protector
General de Indios con honores y sueldo de Senador. El Alguacil Mayor con
tratamiento y sus antiguos emolumentos. Elegimos y nombramos tales en la
forma siguiente: Sala de lo Civil, Gobernador don José Javier Ascázubi,
Decano, don Pedro Jacinto Escobar, don José Salvador, don Ignacio Tenorio,
don Bernardo de León, Fiscal, don Mariano Merizalde. Sala de lo Criminal,
Regente don Felipe Fuertes Amar, Decano, don Luis Quijano, Senadores, don
José del Corral, don Víctor de San Miguel, don Salvador Murgueitio, Fiscal,
don Francisco Xavier de Salazar. Protector General, don Tomás Arechaga,
Alguacil Mayor, don Antonio Solano de la Sala. Si alguno de los sujetos
nombrados por esta soberana diputación renunciare el encargo sin justa y
legítima causa, la Junta le admitirá la renuncia, si lo tuviere por conveniente,
pero se le advertirá antes que será reputado como tal mal patriota y vasallo y
excluido para siempre de todo empleo público. El que disputare la legitimidad
de la Junta Suprema constituida por esta acta tendrá toda libertad bajo la
salvaguardia de las leyes de presentar por escrito sus fundamentos y una vez
que se declaren fútiles, ratificada que sea la autoridad que le es conferida, se
le intimará a prestar obediencia, lo que no haciendo se le tendrá y tratará
como reo de estado.
Dado y firmado en el Palacio Real de Quito, a diez de Agosto de mil
ochocientos nueve, Manuel de Angulo, Antonio Pineda, Manuel Cevallos,
Joaquín de la Barrera, Vicente Paredes, Juan Ante y Valencia, Nicólas Vélez,
Francisco Romero, Juan Pino, Lorenzo Romero, Manuel Romero, Miguel
Donoso, José Rivadeneira, Ramón Puente, Antonio Bustamante, José Alvarez,
Juan Coello, Gregorio Flor de la Bastida, José Ponce, Mariano Villalobos, Diego
Mideros, Vicente Melo, José Ponce, José Bosmediano, Juan Unigarro y Bonilla,
Ramón Maldonado, Luis Vargas, Cristóbal Garcés, Toribio Ortega, Tadeo
Antonio Arellano, Antonio de Sierra, Francisco Javier de Ascázubi, José
Padilla, Nicolás Jiménez, Francisco Villalobos, Juan Barreto.
TOMADO DE: CARLOS DE LA TORRE REYES, LA REVOLUCION DE QUITO DEL 10
DE AGOSTO DE 1809, QUITO, EDITORIAL DEL MINISTERIO DE EDUCACION,
1961, PP. 212 215
Documentos Históricos del Ecuador
Acta de Independencia de Guayaquil (1820)
El 9 de octubre de 1820, el Puerto de
Guayaquil proclamó su
independencia de España. José
Joaquín de Olmedo, designado jefe
político de la provincia convocó a
un cabildo abierto el cual se reunió
el mismo nueve de octubre. Al acto
concurrieron los miembros del
Ayuntamiento y otros ciudadanos
notables. En él se decidió nombrar y
ratificar autoridades, siempre y
cuando juraran lealtad al nuevo
régimen independiente. Se acordó
también enviar noticias sobre esto a
Quito y Cuenca para exhortarlos a
unirse al pronunciamiento.
En la ciudad de Santiago de Guayaquil, a nueve días del mes de octubre de
mil ochocientos veinte años, y primero de su Independencia, reunidos los
señores que lo han compuesto, a saber: los señores Alcaldes, don Manuel
José de Herrera y don Gabriel García Gómez y señores Regidores Dr. José
Joaquín Olmedo.
En la ciudad de Santiago de Guayaquil, a nueve días del mes de octubre de
mil ochocientos veinte años, y primero de su Independencia, reunidos los
señores que lo han compuesto, a saber: los señores Alcaldes, don Manuel
José de Herrera y don Gabriel García Gómez, y señores Regidores Dr. José
Joaquín Olmedo, don Pedro Santander, don José Antonio Espantoso, Dr. D.
José María Maldonado, Dr. D. Bernabé Cornejo, don Jerónimo Zerda, don
Ramón Menéndez, don Manuel Ignacio Aguirre, don Juan José Casilari y Dr. D.
Francisco Marcos, con el señor Procurador General, don José María Villamil;
por ante mí el presente Secretario, dijeron: Que habiéndose declarado la
Independencia, por el voto general del pueblo, al que estaban unidas todas
las tropas acuarteladas; y, debiendo tomar en consecuencia, todas las
medidas que conciernen al orden político, en circunstancias que este necesita
de los auxilios de los principales vecinos, debía primeramente recibirse el
juramento al señor Jefe Político, señor doctor don José Joaquín Olmedo, por
voluntad del pueblo y de las tropas; y, en efecto, hallándose presente dicho
señor en este Excelentísimo Cabildo, prestó el juramento de ser
independiente y fiel a su patria, defenderla, coadyuvar con todo aquello que
concierna a su prosperidad y ejercer bien y legalmente el empleo de Jefe
Político, que se le ha encargado.
En seguida, el referido señor Jefe Político, posesionado del empleo, recibió el
juramento a todos los individuos de este Cuerpo, quienes juraron ser
independientes, fieles a la Patricia, y defenderla con todas las fuerzas que
están a sus alcances; cuyo juramento lo presenció el señor Jefe Militar, don
Gregorio Escobedo.
Con lo que y no habiéndose tratado otra cosa, firmaron esta acta los señores,
por ante mi el presente Secretario.
José Joaquín de Olmedo, Manuel José de Herrera, Gabriel García Gómez, José
Antonio Espantoso, Pedro Santander, José M. Maldonado, Bernabé Cornejo y
Avilés, José Ramón Menéndez, Jerónimo Zerda, Manuel Ignacio de Aguirre,
Francisco de Marcos, José Villamil, Juan José Casilari, José Ramón de Arrieta,
Secretario.
TOMADO DE: CAMILO DESTRUGE, HISTORIA DE LA REVOLUCION DE OCTUBRE
Y CAMPAÑA LIBERTADORA DE 1820 1822, GUAYAQUIL, BANCO CENTRAL DEL
ECUADOR, SUCURSAL MAYOR, 1982, PP. 199 200
Documentos Históricos del Ecuador
Acta por la que el Distrito del Sur se separa de Colombia (1830)
Para el Departamento del Sur, los
dirigentes máximos de la Gran
Colombia resultaban muchas veces
extraños y ajenos al lugar. Esto
provocó el descontento de los
gobernadores, sobre todo de las
clases altas. Por otros lado, las
dificultades de comunicación, la
difícil geografía y la falta de vías,
impidió un gobierno ágil en todo el
territorio que cubría Colombia. En
tales circunstancias, la separación
del gobierno del sur se veía venir
como un hecho inevitable. A estos
motivos se sumaba el interés del
General Juan José Flores por
gobernar el distrito . El acto de
separación se realizó el 13 de mayo
de 1830. Pocos días después fue
asesinado el mariscal Antonio José
de Sucre.
En la ciudad de San Francisco de Quito, a 13de mayo de 1830, congregadas
las Corporaciones y padres de familia por el Sr. General Prefecto del
Departamento, en virtud de la representación que le ha dirigido el Sr.
Procurador General, e instruidos de los puntos que contiene, dijeron: Que
consecuentes con sus principios y amor al orden, han sostenido la integración
nacional hasta la presente crisis, en la que la mayoría de Colombia
pronunciándose las actas de Venezuela, Casanare, Neyva, Popayán y otras
provincias. Que aun el Gobierno, considerando ser éste el voto general, ha
manifestado al Congreso, en su último mensaje, la nulidad de su
representación y la necesidad de cesar en sus funciones. Que no pudiendo
Quito resistir por más tiempo a esta voluntad, ni mostrarse insensible a sus
verdaderos intereses, se ve precisado a unificar sus sentimientos con los
deseos de la Nación, para salvarse de los horrores de la anarquía y organizar
el gobierno más análogo a sus costumbres, circunstancias y necesidades,
declaran:
1.- Que en ejercicio de su soberanía, se pronuncia por constituir un Estado
Libre e Independiente, con los pueblos comprometidos en el Distrito del Sur y
los más que quieran incorporarse, mediante las relaciones de naturaleza y de
recíproca conveniencia.
2.- Que mientras se reúna la Convención del Sur y se nombren los altos
funcionarios, queda encargado del Mando Supremo, Civil y Militar, el Sr.
General de División Juan José Flores, en quien depositan toda su confianza,
convencidos por los repetidos testimonios que les ha dado de su propensión a
conservar el orden y tranquilidad; por hacer salvado tan gloriosamente el Sur,
en las circunstancias más difíciles, por el acierto, integridad y tino con que se
ha conducido en la carrera de su mando, conciliándose con sus talentos y
virtudes el aprecio general de estos pueblos, que le son deudores de
inmensos beneficios.
3.- Que en ejercicio del citado poder que se le confiere, se le autoriza a que
nombre los funcionarios que estime necesarios y haga cuanto crea
conducente al mejor régimen del Estado, manteniendo a los empleados y
leyes vigentes, con aquellas modificaciones que sean indispensables.
4.- Que quince días después de haber recibido las actas de los pueblos que
deben formar con Quito un solo Estado, convocará el Congreso Constituyente
según el Reglamento de Elecciones, que expedirá al efecto.
5.- Que si dentro de cuatro meses no se hubiera instalado la Convención, se
reunirá el Pueblo para deliberar sobre sus destinos.
6.- Que el Ecuador conocerá siempre los eminentes servicios que ha prestado
a la causa de la libertad S.E. el Libertador, cuyas glorias, que son las de
Colombia, se conservarán entre nosotros, como un depósito sagrado y se
transmitirán a la posteridad, para su gratitud y admiración.
7.- Que se eleve esta acta a S.E. el Jefe Supremo, por medio del Señor
Presidente de la Asamblea, para su conocimiento, y a que tenga a bien
dirigirla a los demás departamentos, por medio de una diputación, que
nombrará al efecto. Y lo firmaron: J.M. Sáenz; Federico Quijano; Antonio
Ramón; Luis de Saa; Isidoro Barriga; José Miguel Carrión; Joaquín Chiriboga,
Prebendado de esta Catedral; Dr. Manuel Solano, Prebendado; la Merced;
Francisco de Angulo; Dr. Miguel Alvarado; Manuel de Corral; Juan Antonio
Terán; Antonio Baquero; N. Aguirre; Felipe Viteri; Juan de León; Bartolomé
Donoso; Eugenio y Pyramale; Ramón de la Barrera; Ignacio Veintimilla;
Joaquín de la Barrera; Francisco Rebolledo; Agustín Dávila; Rafael Serrano; el
Provincial de San Francisco, Fray Manuel Ortiz; Joaquín Velasco; Rafael
Morales; Julián Mestanza; Diego Antonio Nieto; Vicente Salazar; José Matías
Valdez; Angel Salazar; Manuel María de Salazar; Miguel Nájera; Francisco de
Arcia; el Director de Facultad Médica, Dr. Juan Manuel de la Sala; José Javier
Valdivieso; el Escribano de Hacienda, Juan Bautista Castrillón; José Matheus;
Francisco de Arboleda; José Antonio Nieto; Carlos de Salas; Mariano Pazmiño;
Mariano Suaste; Angel Sáenz; Pablo de Saa; Francisco Dávila; Carlos Catanco;
Miguel Aristizábal; Andrés Cevallos; Roque Bastida; Vicente Velarde; Fermín
Cevallos; Ignacio Vargas; Antonio Mata; Adolfo Klinger; Mariano Francisco
Miguel Burbano; Joaquín Pareja; José Miguel González; Antonio Fernández
Salvador; ; José de Eloiza; Nicólas Rodríguez; Vicente Murillo; Baltazar
Carrión; José Francisco bayas; Camilo Quijano; Gaspar Maldonado; José María
Lequerica; José Manuel Espinosa; Carlos Fortines; Manuel de Lara; Mauricio
San Miguel; Camilo Echanique; Dr. Agustín de Salazar; Gabriel Gutiérrez;
Francisco Enríquez; Gabriel Arizábal; Ramón Jiménez; Angel Espinosa; Manuel
Corral; Pedro Campana; Alejo Herrera; Manuel Barba; Manuel Vitores; Camilo
Moreno, Fernando Rafael Ortega; Manuel Domínguez; José Enríquez; Mariano
Urrea; Antonio Jaramillo; Dr. Víctor F. de San Miguel; Antonio Ante; José
Valentín Chiriboga; Guillermo Valdivieso; Mauricio Quiñónez; Antonio Pineda;
Francisco de la Torre; Alberto Galárraga; Manuel Moreno; Juan José
Chiriboga; el Coronel de M.J. Nicólas Vásconez; el Jefe de E.M. General Ad. La
Guerra; el Coronel Francisco Montúfar; Felipe Proaño; el primer Comandante
José María Guerrero; el primer Comandante Mariano Cañizares; José de
Vivanco; Dr. Manuel Carrión, Secretario Municipal.
TOMADO DE: OSCAR EFREN REYES; BREVE HISTORIA GENERAL DEL
ECUADROR, VOL. II III, QUITO, 1977, PP. 57 - 59
Documentos Históricos del Ecuador
Acta de posesión de las Islas Galápagos(1832)
A los dos años de establecida la
república y a pesar de que las
condiciones generales en que este
hecho se produjo eran precarias
pues la soberanía era relativa, el
reconocimiento internacional era
poco significativo, no se había
precisado los límites territoriales y
además no se contaba con recursos
económicos suficientes; el gobierno
del general Juan José Flores, en
nombre del Estado, tomó posesión
de las llamadas Islas de Galápagos,
con el nombre de Archipiélago del
ecuador. El mérito de la anexión de
estas islas al territorio ecuatoriano
corresponde a su gobernador el
general Villamil, quien se preocupó
de legitimar la posesión.
Archipiélago del Ecuador
En la Isla de San Carlos, a los doce días del mes de febrero del año de mil
ochocientos treinta y dos; el Coronel Ignacio Hernández, comisionado por el
Gobierno del Ecuador para reconocer las islas del Archipiélago, conocidas
antes con el nombre de Islas de Galápagos, y tomar posesión de ellas en
nombre del Estado del Ecuador, en presencia de los señores Joaquín Villazmil
y Lorenzo Bark, socios de la compañía colonizadora, del señor doctor Eugenio
Ortiz, Capellán de la colonia; de los ciudadanos Miguel Pérez, Andrés Funiel,
Tomás Parra, Lorenzo Quirola, José Chasin, Domingo Soligni, José Manuel
Muñoz y Juan Silva, primeros pobladores, del Capitán Santiago Rugg y
tripulación de la Goleta "Mercedes", y del señor Juan Jokuson, habitante
antiguo de esta isla: hallándose presente los capitanes de las gragatas
norteamericanas "Levante" y Richmond", señores Tomás Rusell y John
Facher, con sus tripulaciones, hago manifiesto: que habiendo arribando a esta
isla el jueves nueve del corriente, en la Goleta Nacional "Mercedes", pisado
felizmente con la ayuda de Dios, procedo a llenar y cumplir la comisión con
que me honró el Gobierno; en su virtud declaró: que en este acto tomo
posesión de esta mencionada isla y de cuantas comprenda el Archipiélago del
Ecuador en nombre del Estado y empezó a ejercer el oficio de Juez d Paz que
se me ha conferido.
Después de esta declaración se hizo tremolar el pabellón del Estado,
saludándole con tres descargas de fusiles y proclamó el nombre del Estado
Ecuatoriano, victorió el de su actual presidente el ilustre General Juan José
Flores.
Con lo cual se concluyó esta acta que firmaron los expresados conmigo.
Ignacio Hernández, Lorenzo Bark, Joaquín Villazmil.
Según mi fuero Eugenio Ortiz.
Juan Jokuson, Domingo Soligni, Miguel Pérez, Tomás Parra, Santiago Rugg.
TOMADO DE: CENTRO DE INVESTIGACIONES
HISTORIACAS: "DOCUMENTOS PARA LA HISTORIA DE LAS ISLAS
GALAPAGOS", EN BOLETIN DEL CENTRO DE INVESTIGACIONES HISTORICAS,
TOMO VI, NOS. VIII, IX, X, XI, GUAYAQUIL, LITOGRAFIA E
IMPRENTA LA REFORMA, 1941, PP. 180 181
Documentos Históricos del Ecuador
Ley de Monedas (1884)
Desde 1830, siguiendo las normas
colombianas, el Estado Ecuatoriano
tuvo como su moneda legal el peso
de a ocho reales, que a su vez se
dividían en medios y calés.
Conforme se fue buscando
racionalizar el régimen monetario,
se vio la necesidad de adoptar un
sistema de uso más racional y
convertible a las monedas
dominantes de la economía de la
época. Luego de varios intentos que
no prosperaron, en 1884 se logró
emitir una ley que estableció un
sistema decimal de base bimetálica
para el país. Sus unidades básicas
se denominaron "doble cóndor de
oro" y "sucre". Este último era una
moneda de plata dividida en cien
centavo. Desde entonces esa ha
sido la denominación de la moneda
nacional del Ecuador .
La Convención Nacional del Ecuador, Considerando:
Que los intereses del comercio y de la industria en general exigen la
regularización del sistema monetario, basa obligada de los cambios; y, en la
actualidad, defectuosa y causa de abusos graves en extremo perjudiciales a
la riqueza pública,
Decreta:
Art. 1. Las monedas nacionales serán:
a) De oro las siguientes:
1. El doble cóndor, que pesará gs. 32,25.806, treinta y dos gramos,
veinticinco mil ochocientos seis cien miligramos con la ley de 900 milésimas y
que valdrá veinte sucres.
2. El cóndor, que pesará gs. 16,12.903 cien miligramos con la ley de 900
milésimos, y que valdrá diez sucres.
3. E doblón, que pesará gs. 6,45.161, con la ley de 900 milésimas, y valdrá
cuatro sucres.
4. El quinto de cóndor, que pesará gs. 3,22.580, con la ley de 900 milésimos,
y que valdrá dos sucres.
5. El décimo de cóndor, que pesará gs. 1,61.290, con la ley de 900 milésimos,
y que valdrá un sucre, o cien centavos.
b) de Plata
a) El Sucre, que pesará gs. 25 con la ley de 900 milésimos, y valdrá un fuerte,
diez décimos o cien centavos.
b) El medio Sucre, que pesará gs. 12,500 con la ley de 900 milésimos, y que
valdrá cinco décimos o cincuenta centavos.
c) Los dos décimos, que pesará gs. 5 con la ley de 900 milésimos, y que
valdrá dos décimos o veinte centavos.
d) El décimo, que pesará gr. 2,500 con la ley de 900 milésimos, y que valdrá
lo que expresa o sea diez centavos.
e) El medio décimo, que pesará gs. 1,250, con la ley de 900 milésimos y
valdrá lo que expresa, o cinco centavos.
c) de Vellón
a) El medio décimo, de nikel
b) El centavo formado de cobre puro, o de cobre en aleación con el nikel u
otro metal.
c) El medio centavo de la misma materia que el centavo
Art. 2. El fuerte o feble permitido en la ley de las monedas, será de dos
milésimos para las de oro, y de tres milésimos para las de plata. El fuerte o
feble en el peso será de dos milésimos, para las de oro y de tres milésimos
para las de plata.
Art. 3. El diámetro de las monedas nacionales, su sello, forma y demás
condiciones de la fabricación, se determinaran por decretó del Poder
Ejecutivo, expedido cuando se tenga todo lo necesario para organizar un
taller o casa de moneda, o cuando arregle en el exterior la acuñación de la
nacional. El mismo Poder Ejecutivo determinará el peso y demás condiciones
de la moneda de vellón.
Art. 4. Circularán como equivalentes a las monedas nacionales, las de oro , de
Francia, Italia, Bélgica, Confederación Helvética, Estados Unidos de América,
Estados Unidos de Colombia, Perú y las de las otras naciones que hayan
adoptado el sistema monetario francés. Se tendrán como equivalentes, en las
de plata, la pieza de cinco francos de las cuatro primeras nacionales arriba
expresadas, los pesos de diez décimos chilenos y colombianos, el sol
peruano, el dollar y submúltiplos de los Estados Unidos de América, y todas
las demás, de oro o de plata, de talla mayor o menor, que no sean inferiores
en peso y ley a las nacionales.
Art. 5. Se entiende por moneda de talla mayor en las de plata el fuerte, y en
las de oro el cóndor y el doble cóndor.
Art. 6. Es absolutamente prohibida la importación de moneda inferior en peso
o ley a la nacional, y la que se introduzca será decomisada y reexportada
como barras por cuenta de la nación.
Art. 7. En monedas de vellón no será obligatorio recibir en pagos, más de
cinco décimos de peso.
Art. 8. La actual moneda circulante de $ 0,835 de ley, solo será de obligatorio
recibo para los particulares, hasta la cantidad de diez y seis pesos en cada
pago, y para las cajas fiscales, hasta el veinte por ciento de las cantidades
que ellas se satisfagan.
Lo dispuesto no comprende la moneda nacional sobre la cual no habría
restricción hasta el Gobierno la amortice.
El Poder Ejecutivo queda facultado para contratar dicha amortización o para
levantar un empréstito aplicando el pago el seis por ciento de los derechos de
introducción.
Art. 9. El gobierno podrá hacer amonedar por contrata con cualquier nación
extranjera hasta cuarenta mil pesos en medios décimos de nikel y en piezas
de un centavo y medio centavo de nikel y cobre puros o de nikel y cobre
aleados.
Llegado el caso determinará el Poder Ejecutivo lo que debe pagarse por
derechos de amonedación.
Art. 10. La unidad monetaria será el sucre dividido en cien centavos. En
consecuencia, las cuentas de las oficinas y establecimientos públicos se
llevarán en sucres y centavos de sucre, según la estimación dada a tales
monedas en la presente ley. Los jefes de oficina o establecimientos públicos,
que no hagan cumplir esta disposición, pagarán una multa de veinticinco o
doscientos sucres que hará efectiva la primera autoridad política del lugar en
donde resida la oficina o establecimiento.
Art. 11. El Poder Ejecutivo nombrará una comisión de monedas permanentes,
son residencia en Guayaquil, y formada de tres miembros elegidos entre las
personas más competentes, la que se ocupará:
El estudiar la circulación monetaria en el país;
En formar los cuadro estadísticos que a ella se refieran; y
En pasar el gobierno, por el órgano respectivo informes anuales o cuando se
los pidan, del estado de la circulación monetaria, reformas de que sea
susceptible y equivocada de las monedas extranjeras con las nacionales,
según la presente ley. Aprobado por el gobierno el cuadro de equivalencias,
se publicará oficialmente para que conforme a él circulen las monedas a que
se refiera.
Art. 12. Esta ley regirá desde a fecha que señale el Poder Ejecutivo, la cual no
podrá pasar del 1 de enero de 185.
Dado en Quito, Capital de la república, a 22 de marzo de 1884.
El Presidente, Francisco J. Salazar. El Diputado Secretario, Honorato Vázquez.
El Diputado Secretario, José María Flor de las Banderas. El Secretario,
Aparicio Ribadeneira.
Palacio de Gobierno en Quito, a 1 de abril de 1884.
Ejecútese,
José María Plácido Caamaño
El Ministro de Hacienda, Vicente Lucio Salazar
TOMADO DE: REPUBLICA DEL ECUADOR, LEYES Y DECRETOS EXPEDIDOS POR
LA CONVENCION NACIONAL DE 1883, QUITO, IMPRENTA DEL GOBIERNO,
1884, PP. 171 175
Documentos Históricos del Ecuador
Ley de Monedas (1884)
Desde 1830, siguiendo las normas
colombianas, el Estado Ecuatoriano
tuvo como su moneda legal el peso
de a ocho reales, que a su vez se
dividían en medios y calés.
Conforme se fue buscando
racionalizar el régimen monetario,
se vio la necesidad de adoptar un
sistema de uso más racional y
convertible a las monedas
dominantes de la economía de la
época. Luego de varios intentos que
no prosperaron, en 1884 se logró
emitir una ley que estableció un
sistema decimal de base bimetálica
para el país. Sus unidades básicas
se denominaron "doble cóndor de
oro" y "sucre". Este último era una
moneda de plata dividida en cien
centavo. Desde entonces esa ha
sido la denominación de la moneda
nacional del Ecuador .
La Convención Nacional del Ecuador, Considerando:
Que los intereses del comercio y de la industria en general exigen la
regularización del sistema monetario, basa obligada de los cambios; y, en la
actualidad, defectuosa y causa de abusos graves en extremo perjudiciales a
la riqueza pública,
Decreta:
Art. 1. Las monedas nacionales serán:
a) De oro las siguientes:
1. El doble cóndor, que pesará gs. 32,25.806, treinta y dos gramos,
veinticinco mil ochocientos seis cien miligramos con la ley de 900 milésimas y
que valdrá veinte sucres.
2. El cóndor, que pesará gs. 16,12.903 cien miligramos con la ley de 900
milésimos, y que valdrá diez sucres.
3. E doblón, que pesará gs. 6,45.161, con la ley de 900 milésimas, y valdrá
cuatro sucres.
4. El quinto de cóndor, que pesará gs. 3,22.580, con la ley de 900 milésimos,
y que valdrá dos sucres.
5. El décimo de cóndor, que pesará gs. 1,61.290, con la ley de 900 milésimos,
y que valdrá un sucre, o cien centavos.
b) de Plata
a) El Sucre, que pesará gs. 25 con la ley de 900 milésimos, y valdrá un fuerte,
diez décimos o cien centavos.
b) El medio Sucre, que pesará gs. 12,500 con la ley de 900 milésimos, y que
valdrá cinco décimos o cincuenta centavos.
c) Los dos décimos, que pesará gs. 5 con la ley de 900 milésimos, y que
valdrá dos décimos o veinte centavos.
d) El décimo, que pesará gr. 2,500 con la ley de 900 milésimos, y que valdrá
lo que expresa o sea diez centavos.
e) El medio décimo, que pesará gs. 1,250, con la ley de 900 milésimos y
valdrá lo que expresa, o cinco centavos.
c) de Vellón
a) El medio décimo, de nikel
b) El centavo formado de cobre puro, o de cobre en aleación con el nikel u
otro metal.
c) El medio centavo de la misma materia que el centavo
Art. 2. El fuerte o feble permitido en la ley de las monedas, será de dos
milésimos para las de oro, y de tres milésimos para las de plata. El fuerte o
feble en el peso será de dos milésimos, para las de oro y de tres milésimos
para las de plata.
Art. 3. El diámetro de las monedas nacionales, su sello, forma y demás
condiciones de la fabricación, se determinaran por decretó del Poder
Ejecutivo, expedido cuando se tenga todo lo necesario para organizar un
taller o casa de moneda, o cuando arregle en el exterior la acuñación de la
nacional. El mismo Poder Ejecutivo determinará el peso y demás condiciones
de la moneda de vellón.
Art. 4. Circularán como equivalentes a las monedas nacionales, las de oro , de
Francia, Italia, Bélgica, Confederación Helvética, Estados Unidos de América,
Estados Unidos de Colombia, Perú y las de las otras naciones que hayan
adoptado el sistema monetario francés. Se tendrán como equivalentes, en las
de plata, la pieza de cinco francos de las cuatro primeras nacionales arriba
expresadas, los pesos de diez décimos chilenos y colombianos, el sol
peruano, el dollar y submúltiplos de los Estados Unidos de América, y todas
las demás, de oro o de plata, de talla mayor o menor, que no sean inferiores
en peso y ley a las nacionales.
Art. 5. Se entiende por moneda de talla mayor en las de plata el fuerte, y en
las de oro el cóndor y el doble cóndor.
Art. 6. Es absolutamente prohibida la importación de moneda inferior en peso
o ley a la nacional, y la que se introduzca será decomisada y reexportada
como barras por cuenta de la nación.
Art. 7. En monedas de vellón no será obligatorio recibir en pagos, más de
cinco décimos de peso.
Art. 8. La actual moneda circulante de $ 0,835 de ley, solo será de obligatorio
recibo para los particulares, hasta la cantidad de diez y seis pesos en cada
pago, y para las cajas fiscales, hasta el veinte por ciento de las cantidades
que ellas se satisfagan.
Lo dispuesto no comprende la moneda nacional sobre la cual no habría
restricción hasta el Gobierno la amortice.
El Poder Ejecutivo queda facultado para contratar dicha amortización o para
levantar un empréstito aplicando el pago el seis por ciento de los derechos de
introducción.
Art. 9. El gobierno podrá hacer amonedar por contrata con cualquier nación
extranjera hasta cuarenta mil pesos en medios décimos de nikel y en piezas
de un centavo y medio centavo de nikel y cobre puros o de nikel y cobre
aleados.
Llegado el caso determinará el Poder Ejecutivo lo que debe pagarse por
derechos de amonedación.
Art. 10. La unidad monetaria será el sucre dividido en cien centavos. En
consecuencia, las cuentas de las oficinas y establecimientos públicos se
llevarán en sucres y centavos de sucre, según la estimación dada a tales
monedas en la presente ley. Los jefes de oficina o establecimientos públicos,
que no hagan cumplir esta disposición, pagarán una multa de veinticinco o
doscientos sucres que hará efectiva la primera autoridad política del lugar en
donde resida la oficina o establecimiento.
Art. 11. El Poder Ejecutivo nombrará una comisión de monedas permanentes,
son residencia en Guayaquil, y formada de tres miembros elegidos entre las
personas más competentes, la que se ocupará:
El estudiar la circulación monetaria en el país;
En formar los cuadro estadísticos que a ella se refieran; y
En pasar el gobierno, por el órgano respectivo informes anuales o cuando se
los pidan, del estado de la circulación monetaria, reformas de que sea
susceptible y equivocada de las monedas extranjeras con las nacionales,
según la presente ley. Aprobado por el gobierno el cuadro de equivalencias,
se publicará oficialmente para que conforme a él circulen las monedas a que
se refiera.
Art. 12. Esta ley regirá desde a fecha que señale el Poder Ejecutivo, la cual no
podrá pasar del 1 de enero de 185.
Dado en Quito, Capital de la república, a 22 de marzo de 1884.
El Presidente, Francisco J. Salazar. El Diputado Secretario, Honorato Vázquez.
El Diputado Secretario, José María Flor de las Banderas. El Secretario,
Aparicio Ribadeneira.
Palacio de Gobierno en Quito, a 1 de abril de 1884.
Ejecútese,
José María Plácido Caamaño
El Ministro de Hacienda, Vicente Lucio Salazar
TOMADO DE: REPUBLICA DEL ECUADOR, LEYES Y DECRETOS EXPEDIDOS POR
LA CONVENCION NACIONAL DE 1883, QUITO, IMPRENTA DEL GOBIERNO,
1884, PP. 171 175
FUENTE BIBLIOGRÀFICA : EXTRAÌDA DEL DIARIO LA HORA
PUBLICACIÒN DE HISTORIA DEL ECUADOR

Historia del ecuador 1

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    En la transiciónal nuevo milenio y en las actuales circunstancias, es decir, cuando Ecuador atraviesa por una de las más graves crisis de su historia, se hacia más que nunca imprescindible ofrecer al público lector una reflexión seria y renovada del pasado del país. El propósito fundamental de esta tarea se planteo en términos de brindarle no sólo un instrumento eficaz de comprensión de las raíces históricas nacionales que nos son propios y comunes, sino sobre todo de permitirle encontrar, a la luz del análisis pretérito, respuestas a muchos de los graves problemas que nos agobian en el presente. Y es que en el marco de las profundas transformaciones que ha experimentado el quehacer historiográfico en el Ecuador en las últimas décadas, todo ejercicio de análisis retrospectivo exige, por parte del historiados, un múltiple compromiso y un amplio desempeño que rebasa la exclusiva aclaración del pasado y se preocupa del presente y del futuro, en orden a despertar la "memoria histórica", sacudir las conciencias y encontrar otros y esperanzadores caminos, hechos sobre la base de la igualdad social, la equitativa distribución de la riqueza y la valoración y respetuosa aceptación de nuestra diversidad étnica cultural. Esta obra que ahora presentamos, esfuerzo conjunto de la Universidad Andina "Simón Bolívar", del Taller de Estudios Históricos y del Diario "La Hora", es entonces importante, porque estudia la Historia del Ecuador desde las sociedades aborígenes hasta nuestros días desde esa perspectiva de análisis renovado, mediante la cual el lector puede reconstruir una visión crítica del pasado y fundamentalmente reavivar los lazos con su identidad nacional resultado extraordinario de las varias y heterogéneas que caracterizan a Ecuador. En este afán de intentar conducir al lector a través del tiempo, la obra cuenta a más del contenido, organizado de acuerdo con las grandes períodos de la historia del país, con un importante y esclarecedor material gráfico, una serie de recuadros que recogen información complementaria sobre cada período o tema tratado, y una valiosa bibliografía comentada, guía idónea para aquellas personas empeñadas en profundizar en determinado aspecto o tiempo histórico de su interés. Este trabajo que responde a las nuevas propuestas historiográficas, presta atención no sólo a los aspectos políticos, económicos y sociales (desde cuya perspectiva analiza, entre otras cuestiones, como materia fundamental el papel de los protagonistas históricos colectivos), sino que reflexiona además sobre otros temas, hasta hace poco tiempo desatendidos, como la cuestión regional y la evolución de las estructuras espaciales. En esta tarea participó un grupo de historiadores, sin cuya colaboración no hubiera sido posible llevarla a cabo, y si a ellos agradecemos sus esfuerzos, lo dedicamos profundamente a los profesores consagrados a la enseñanza de la historia, con quienes los historiadores comparten la gran responsabilidad de difundirla, pero también a los estudiantes, importante razón de ser de nuestros esfuerzos comunes.
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    ESQUELETOS Mujer y niñode 14 años Cultura Las Vegas Elena, de Karen E. Stothert. BancoCentral Guayaquil, 1988. *Ernesto Salazar Introducción La evidencia arqueológica hoy disponible permite afirmar que nuestra historia comienza hace unos 11.000 años. Hacia esta fecha el país ha salido ya de una de las épocas más frías de la glaciación Wisconsin y se instaura un procesa de mejoramiento climático, que tardará algunos milenios en alcanzar las condiciones actuales. El hombre ocupa el territorio nacional y se expande por la Sierra y la costa modificando paulatinamente el medio ambiente en su beneficio. Los primeros pobladores practicaban una subsistencia de caza y recolección, formando bandas dispersas con territorios relativamente fijos, aunque con cierta periodicidad debieron juntarse para explotar zonas ricas en recursos y ejercer acciones de cohesión social. La caza recolección como estrategia adaptativa perduró, en términos generales, hasta el tercer milenio antes de Cristo, cuando surgieron las primeras manifestaciones de la agricultura como medio básico de subsistencia. Este lapso de aproximadamente 6.000 años ha sido denominado por los arqueólogos período lítico o precerámico. A diferencia de Norteamérica, donde ha sido subdividido en paleoindio y arcaico, en razón de la diversidad de recursos explotados y de las estrategias de supervivencia, en la arqueología ecuatoriana permanente aún sin divisiones, fundamentalmente por la escasa investigación realizada sobre las sociedades tempranas del país. En efecto, el registro arqueológico disponible es muy exiguo y la información proporcionada por los sitios hasta hoy descubiertos no permite dar una visión clara del desarrollo cultural en tan largo período. El poblamiento del Ecuador El problema del poblamiento inicial del país es bastante complejo, porque se conoce mal la dinamia de las migraciones prehistóricas. Por ahora el registro arqueológico permite afirmar que el poblamiento de nuestro país se hizo por el callejón interandino, acaso con migraciones menores por la Costa y el Oriente. En esta época los glaciares y el páramo se hallaban en franca retirada y el bosque montano cubría las profundidades de los valles interandinos, proporcionando abundantes recursos animales y vegetales. La Costa gozaba de un clima relativamente estable, con una estación seca larga y una estación lluviosa corta, que mantenían una sabana abierta con
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    bosques de galeríaa lo largo de los ríos, brindando variados recursos, tanto marinos como del interior. Los seres humanos parecen haber ocupado rápidamente el callejón interandino. La Costa, en cambio habría permanecido largamente deshabitada, a juzgar por la relativa escasez de asentamiento precerámicos descubiertos (excepto los numerosos sitios de la península de Santa Elena) en una región que, comparativamente, es una de las más estudiadas del país. El Oriente habría sido objeto de incursiones esporádicas desde la Sierra, que apenas rozaban la selva tropical. Si hubo alguna migración por la selva, las evidencias no han sido aún descubiertas, por falta de exploraciones sistemáticas de la región. Restos humanos antiguos Los vestigios arqueológicos se reducen en su mayoría a conjuntos de artefactos de piedra abandonados en los campamentos prehistóricos. Mas los restos humanos se han revelado esquivos a la pala del arqueólogo. En efecto, las investigaciones han fallado sistemáticamente en encontrarlos en los niveles de ocupación temprana del país. Por otro lado, los pocos especímenes conocidos, a los que se dio gran antigüedad, resultaron, para desilusión de los científicos, demasiado recientes: el famoso cráneo de Punín datado en 4.950 a C.; los cráneos de Paltacalo, atribuidos una edad reciente (tal vez el período de Integración), y en el cráneo de Otavalo, ubicado en el primer milenio antes de Cristo. De mayor trascendencia para el conocimiento de la población paleoecuatoriana es el hallazgo de los restos de al menos 192 individuos en las excavaciones del sitio OGSE-80 de la cultura Las Vegas, en la península de Santa Elena. Dataciones radio carbónicas ubican estos restos entre 6.300 y 4.600 a C., constituyendo, por tanto, los vestigios humanos más antiguos del Ecuador. *Profesor del Departamento de Antropología, Director del Museo Jacinto Jijón y Caamaño, de la Universidad Católica del Ecuador. La evidencia arqueológica La presencia en el país de cazadores recolectores tempranos viene atestiguada por la evidencia cultural obtenida de sitios excavados y por hallazgos superficiales aislados. Puntas de lanza de varios tamaños han sido encontradas en diferentes lugares del país, particularmente, en las provincias del Carchi, Imbabura, Pichincha, Cotopaxi, Azuay y Loja. En una perspectiva global, estos descubrimientos aislados proveen poca información cultural, pero la procedencia de los artefactos permite registrar su distribución espacial, dato que puede ser relevante para la interpretación arqueológica. Desde este punto de vista, los hallazgos mencionados arriban señalan claramente la presencia de cazadores tempranos a lo largo de casi todo el callejón interandino del Ecuador. Naturalmente, la información medular sobre los cazadores tempranos proviene de investigaciones sistemáticas llevadas a cabo en diferentes regiones del país. Entre los sitios excavados merecen citarse El Inga y San José (provincia de Pichincha), la cueva de Chobshi (provincia del Azuay), los sitios de Cubilán (provincia de Loja), y e sitio de OGSE-80 (provincia de Guayas).
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    El sitio deEl Inga, y la zona del Ilaló El Inga se encuentra a 2.500 m. de altura, en la base del cerro Ilaló por su lado oriental. Las excavaciones de Robert Bell permitieron recuperar una ingente cantidad de material lítico de obsidiana y rocas basálticas pertenecientes a tres períodos sucesivos de ocupación. Lamentablemente, las dataciones radiocárbonicas no han dado una cronología consistente, debido a que las muestras provenían de un terreno disturbado por labores agrícolas. En todo caso, la fecha más antigua que se posee para este sitio es de 7.800 a. C. Del análisis del material recuperado se infiere que El Inga fue un campamento paleoindio donde se llevaban a cabo diversas actividades, incluyendo la manufactura de artefactos. Cabe destacar, entre los utensilios, la presencia de cuchillos, raspadores, buriles y puntas de proyectil de diversas formas y tamaños, particularmente la punta de cola de pescado, característica del horizonte paleoindio mejor conocido de Sudamérica. El sitio se encuentra ubicado en una zona rica en vestigios tempranos que yace entre el Ilaló y la cordillera Oriental. Los yacimientos paleoindios que le son más afines por sus rasgos generales y su industria lítica se encuentran hacia la base oriental del cerro, por lo común bajo la cota de 2.600 m. Al respecto vale citar Lazón, San Cayetano, San Juan, San José, este último excavado por William Mayer Oakes y datado en 9.350 a.C., por el método de la hidratación de la obsidiana. Fuera de este sector hay numerosos sitios precerámicos de filiación aún desconocida, cuya densidad va disminuyendo a medida que se accede a los páramos de la cordillera Oriental. Cabe mencionar, en este contexto, el hallazgo de una punta de cola de pescado por el arqueólogo jesuita padre Porras en el abrigo rocoso de Petacaurco, al norte de Papallacta. Esta población se encuentra a 3.200 m. de altura, al otro lado de la cordillera Oriental, en la ruta que descenso a la selva tropical. Porras hace referencia a "trabajos de excavación", pero no da indicaciones sobre la naturaleza del resto de utillaje (si es que existe) o de restos de fauna asociados con la punta de proyectil. Tal como están las cosas, su establecimiento de la "fase precerámica Papallacta", en base a la presencia de un solo artefacto, es demasiado prematura y, por lo mismo, carente de significado cultural. Otra "fase" precerámica establecida recientemente es la Cotundo Jondachi en el alto Napo, donde "concentración" de artefactos de obsidiana "(cuchillos, rapadores, buriles, navajas que guardan fuertes similitudes con el instrumental lítico de El Inga"). Si la estratigrafía está bien interpretada (hay un deslave de por medio, que pudo haber disturbado los depósitos culturales), los artefactos de Jondachi estarían separados por una capa de 6 m. de espesor, de un depósito de cerámica formativa, lo que ciertamente les daría un carácter netamente precerámico. Lamentablemente, Porras es demasiado parco en detalles, circunstancias que no propicia un análisis objetivo del sitio ni de su pretendida fase cultura. Los sitios de Chobshi y Cubilán En el sur del país hay que mencionar la cueva de Chobshi, ubicada a 2.400 m. de altura en el cantón Sigsig, provincia del Azuay. Depredada por largos años, la cueva fue finalmente excavada por Thomas F. Lynch, quien logró recuperar una importante muestra de artefactos de piedra y restos de
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    fauna. A estohabría que añadir los instrumentos de hueso, principalmente punzones y leznas, que Reinoso recuperara en distintas ocasiones de la cueva. Los artefactos de piedra comprenden 46 tipos de instrumentos, fabricados en cherts de varios colores, rocas metamórficas y, muy ocasionalmente, en obsidiana. Hay puntas de proyectil lanceoladas y pedunculadas, cuchillos, buriles y una gran variedad de raspadores, que en muchos aspectos parecen guardar relación con la tradición tecnológica de los utillajes del Ilaló. La fauna comprende especies recientes, cuyo significado carbónicas indican que la ocupación de la cueva tuvo lugar entre 8.060 y 5.585 a. C. En el límite entre las provincias del Azuay y Loja, Mathilde Temme excavó los sitios de Cubilán (Cu-26 y Cu-27), ubicados en la cordillera Oriental a 3.100 m de altura, en una zona ecológica calificada como subpáramo. Cu- 26 es un campamento que ha dado evidencia de, al menos, siete fogones, aparentemente contemporáneos, asociados a artefactos líticos como raspadores, puntas de proyectil (pedunculadas y foliáceas), piezas bifaces, perforadas y restos de talla. Dataciones radiocarbónicas indican una edad entre 7.110 y 7.150 a. C. Hay en Cu-27 predominio de actividades de taller, a juzgar por la presencia de núcleos y restos de talla, además de artefactos elaborados, como puntas de proyectil, piezas bifaces, raspadores y cuchillos. Muestras de carbón vegetal indican una antigüedad de 8.550 a. C. y 8.380 a. C., por el método de análisis radiocárbonico. El complejo Las Vegas El complejo Las Vegas comprende alrededor de 31 sitios ubicados a lo largo de drenajes antiguos, playas y lagunas secas, en la parte occidental de la península de Santa Elena. El sitio que ha recibido más atención es OGSE-80, que abarca un área extensa (80 x 20 m) donde hay abundante material de superficie, pero las excavaciones de Stothert revelaron la presencia de materiales culturales hasta de 110 cm de profundidad. El registro arqueológico incluye restos de fauna marina y litoral, así como del interior, una industria lítica de horsteno en la que no hay instrumentos bien definidos, y la serie de esqueletos humanos señalados anteriormente. Algunos artefactos de hueso y concha y concentraciones de ocre, completan el material recuperado. Fechas de radiocarbono ubican el complejo Las Vegas entre 9.050 a. C. y 4.650 a. C., con tres fases: Pre- Vegas (9.050 8.050 a. C.), Las Vegas temprano (7.850 6.050 a.C.), y las Vegas tardío (6.050 4.650 a.C.)
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    ILUSTRACION Mujeres recolectando Cazadores recolectores delantiguo Ecuador, de Ernesto Salazar. Banco Central del Ecuador, Cuenca 1984. Los cazadores recolectores del ecosistema Andino El hábitat Reconstruir los antiguos modos de vida es, literalmente, una tarea que requiere de información mucho mayor de la que actualmente se dispone. Esto no impide, sin embargo, intentan una aproximación que dé significado cultural a los hallazgos y esboce los parámetros en torno a los cuales se debe orientar la investigación antropológica del pasado más remoto del país. El poblamiento inicial de Ecuador aborigen parece haber seguido, principalmente, el derrotero andino. Bandas de cazadores recolectores se desplazaron desde el norte ocupando territorios que, a menudo, incluían el bosque montano y el páramo, que desde el comienzo se revelan como pisos ecológicos complementarios para la subsistencia. El hábitat del paleoindio de Ilaló nos es desconocido. Si partimos de la premisa de que, en las épocas de avance glaciar, el nivel de las nieves descendió en un término medio de 1.300 m, se puede inferir que, en la época más fría de la glaciación Wisconsin (hacia 19.000 a.C), el límite de las nieves perpetuas estuvo en la cordillera Oriental a 3.400 m. aproximadamente, y el límite superior del bosque montano a 2.100 m. quedando así todo el valle del Ilaló cubierto de vegetación paramuna. Las evidencias de presencia humana en la zona pertenecen a la época del Holoceno (que comenzó hace diez mil años aproximadamente), cuando el deshielo de los glaciares ha "empujado" el límite de las nieves y el páramo a alturas más elevadas y el bosque montano ha cubierto, probablemente, todo el valle de Ilaló. Determinar la base de subsistencia de las bandas de Ilaló es harto difícil por la completa ausencia de restos orgánicos en los sitios arqueológicos de la zona. Para complicar las cosas, el valle se encuentra actualmente casi desprovisto de la flora y la fauna autóctonas, lo que no permite hacer extrapolaciones válidas para el pasado. Los pocos vestigios que han quedado se hallan confinados a las paredes de las quebradas y a los
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    angostos valles quebajan del Ilaló y de la cordillera Oriental, en estado claramente degenerado respecto al bosque primigenio. Por razones de espacio me abstengo de hacer una evaluación detallada de la etnobotánica local. Quiero señalar, sin embargo, que existe todavía plantas silvestres comestibles y otras de carácter industrial cuyos usos son conocidos. Sin duda, existen también otras plantas que fueron utilizadas por los habitantes tempranos, aunque sus propiedades no sean hoy desconocidas. De los pisos ecológicos con los que estaban familiarizados los cazadores recolectores, el bosque montano proveía sin duda el grueso de la alimentación vegetal. La recolección incluía, seguramente frutas diversas, como la uvilla (Physalis peruviana), el taxo (Passiflora mollissima), la mora (Rubus floribundus), el nogal o "tocte" (Juglans nigra), la "nigua" (Margyricarpus setosus), el capulí (la especie sudamericana Prunus salicifolia), la joyapa o hualicón (Ceratostema grandiflorum); granos de amarantáceas, como el ataco (Amarantbus caudatus), de quenopodiáceas, como la "ashpa quinua" (Chenopodium, sp.); y de leguminosas, como el "ashpa chocho" (Lupinus sp.); en fin, hojas de bledo (Amaranthus blitum) y berro (Nasturtim officinale) y, tal vez, tubérculos silvestres de género Solanum y Sioscorea ("sacha papas"). Comparativamente, el páramo tiene pocos recursos comestibles, siendo su flora, en buena parte, de carácter medicinal. Sin embargo, este piso ecológico debió haber sido de gran importancia para los cazadores tempranos por sus recursos faunísticos: oso de anteojos (Tremarctos ornatus), venado (Odocoileus virginianus), puma (Felis concolor), "lobo" de páramo (Dusicyon culpaeus), etc. Algo similar habría ocurrido con los cazadores de la cueva de Chobshi, que incidentemente se encuentran a la misma altura que el sitio de El Inga. Probablemente, las fluctuaciones climáticas afectaron la región de Sigsig de la misma manera que en la zona de Ilaló, aunque tal vez con menor intensidad. De todas maneras, a la época de la ocupación de la cueva, el bosque montano cubría el área circundante, ofrecido al hombre recursos alimenticios semejantes a los que acabo de mencionar. El caso de Cubilán es diferente ya que, por su ubicación, los sitios habrían estado casi siempre en la franja de páramo. La geomorfología de la zona es claramente glaciar, pero se ignora si su modelado corresponde a la última glaciación. Gran parte de los Andes meridionales del país no estuvieron cubiertos de nieve en la glaciación Wisconsin, con excepción, tal vez, de los altos picachos. De ahí que la línea de nieve perpetua debió ser grandemente discontinua. Al tiempo de la ocupación de Cubilán, si no había nieve en las cercanías predominada, al menos, un riguroso páramo en la zona y mayores recursos vegetales de que aprovecharse, a no ser que los hubieran traído desde el bosque montano. Los recursos faunísticos Un problema debatido desde hace muchos años en Ecuador es el de la contemporaneidad del hombre con la fauna grande y extinguida del Pleistoceno (mastodontes, milodontes, caballos antiguos, etc.). El debate surgió a fines de la década de 1920, a raíz del descubrimiento del mastodonte de Alangasí (provincia de Pichincha), en asociación con
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    artefactos de obsidianay tiestos de cerámica, en un contexto que parecía "probar" la supervivencia de este proboscidio hasta bien entrada la era cristiana. Sin embargo, parece que hubo errores de interpretación geológica y estratigráfica en la evaluación de los hallazgos que, como podría esperarse, fueron rechazados por la comunidad científica. El caso del mastodonte de Alangasí es hoy asunto terminado, pero el descubrimiento de sitios arqueológicos tempranos ha vuelto a poner sobre la mesa la cuestión de la contemporaneidad del hombre con la megafauna. Lamentablemente, no se puede avanzar sobre el asunto debido a la ausencia de restos de fauna extinguida en los sitios paleoindios conocidos, particularmente en la zona del Ilaló, cuyo subsuelo alberga, para mayor confusión, muestras de una importante fauna pleistocénica. Sin embargo, investigaciones recientes realizadas por una misión paleontológica italiana señalan al menos una especie pleistocénica, el mastodonte, se extinguió algunos milenios antes de la llegada de los cazadores tempranos. Una de las contribuciones más importantes que ha hecho la cueva de Chobshi para la comprensión de la subsistencia del cazador temprano es, sin duda, el registro de la fauna. En las excavaciones de Lynch (Lynch y Pollck 1981:98) se recuperaron restos de zarigüeya (Didelphis albiventris),conejo (Silvilagus brasiiensis), puerco espín o erizo (Coendu bicolor), sacha cuy (Agouti taczanowskii), perro (Canis familiaris), tapir o danta (Tapirus pinchque), venados (Odocoileus virginianus y Pudu mephistopheles), oso de anteojos (Tremarctos ornatus) y perdices (Tinamidae). Toda esta fauna es considerada "reciente" u holocénica y su presencia indicaría que, el tiempo de la ocupación de la cueva, la megafauna había desaparecido o era tan escasa, que era más rentable la cacería de las especies modernas. Parece que el énfasis se concentró en la caza del venado, particularmente la especie paramuna de cola blanca (Odocoileus virginianus). El hallazgo en la cueva del Chobshi de restos de esta y otras especias de altura, como el sacha cuy, el oso de anteojos, la perdiz y el conejo, habla claramente en favor de la explotación sistemática del páramo como fuente de proteína animal. Vale destacar, en relación el oso andino y la danta, que aunque a veces se los encuentra en páramo abierto, prefieren los hábitats boscosos, particularmente de los estribaciones orientales de los Andes. De ahí que su presencia en la cueva Chobshi sea un importante indicio de la extensión máxima del territorio de caza de los habitantes tempranos. En este contexto, los sitios de Cubilán adquieren la dimensión que les corresponde como campamentos provisionales para la caza de animales de altura, incluyendo algunas especies de la Ceja de la Montaña. Su ubicación es, además, estratégica ya que los sitios se encuentran en una ruta de fácil acceso a la selva tropical. No se han recuperado restos de fauna en las excavaciones, pero la presencia de puntas de proyectil indica claramente el objetivo de los humanos que acamparon allí. En cuanto a la zona del Ilaló, no hay todavía evidencia arqueológica de que los paleoindios subieron al páramo a cazar, pero su presencia en este piso
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    ecológico es indudable,por encontrarse aquí los afloramientos de materia prima. La explotación de la obsidiana llevó al cazador temprano a una frecuencia asidua del páramo, con el concomitante conocimiento progresivo de su potencialidad para la subsistencia humana, principalmente en recursos faunísticos. Si la fecha de El Inga es correcta, anticipamos una subsistencia similar a la de los habitantes de la cueva de Chobshi, es decir, caza menor en el bosque montano, con recolección de productos vegetales, caza mayor en el páramo y probablemente en las estribaciones de la Ceja de la Montaña. En esta perspectiva, la punta de cola de pescado hallada en la cueva de Petacaurco indicaría, a mi modo de ver, más que la huella de una migración separada por el este de los Andes --que no niego categóricamente- una instancia de una incursión lejana de los cazadores el Ilaló en busca de osos o dantas en la Ceja de la Montaña. Después de todo, los páramos de la región del Ilaló culminan en la sierra de Guamaní, una tradicional zona de pasos naturales hacia la selva tropical lluviosa. Los hallazgos de Jondachi encajan menos en esta hipótesis. Tengo la impresión de que los cazadores del ecosistema andino incursionaban más allá del páramo sólo esporádicamente y sólo hasta la periferia de la selva tropical. En efecto, selva adentro el cazador andino hubiera requerido de adaptaciones culturales que no poseía para hacer frente a flora y fauna diferentes de su medio ambiente habitual. Lamentablemente, la escasa información que se tiene del sitio del Jondachi o permite darle un contexto regional. Atrás. en el tiempo Para viajar en el tiempo no necesitas una máquina. Simplemente sube conmigo a las faldas del Ilaló, y sueña Pon tu mente flexible e intenta eliminar los ruidos y las cosas modernas del paisaje, reemplazándolas por sonidos y visiones del pasado. Haz desaparecer la música del radio que sale de esa casa campesina, y elimina el automóvil azul, sin escape, que pasa por la carretera Tumbaco La Merced, justo frente al sitio paleoindio de El Inga. Naturalmente, los postes de luz deben también desaparecer, y la manada de vacas que cruza la carretera. Y la carretera misma. Pero antes de quedarnos sin nada, poblemos el paisaje con visiones antiguas. En vez de la carretera, pon un sendero angosto que apenas se divise entre las matas, y en vez de la casa y el radio, pongamos un pequeño bosque con pájaros trinando. Pon bosque por todas partes, porque aquí todo está erosionando y la cangahua desnuda da un aspecto deprimente. A propósito, no pongas cualquier árbol en el bosque: quita los eucaliptos, que no deben tener aquí más de cien años, y los duraznos que, a pesar de ser antiguos, no son de aquí. Pon grandes molles, olorosos nogales, pumamaquis No estaría mal un par de quebradas con agua cristalina saltando entre las piedras. Ah, elimina las cercas y las chacras y pon matorral, siempre matorral para que los pueblos de moras, sapos, chochos silvestres, beldos, zarigüeyas. Y elimina ese avión que vuela sobre la cordillera y transfórmalo en cóndor que vuele sobre las cumbres cubiertas de neblina Y entonces se hará el milagro.. Porque verás la naturaleza primigenia, y oirás los sonidos de la vida; ramas que se mecen, pájaros que picotean, una cervicabra que bebe en el arroyo, y el humo de una fogata en El Inga. Hay algarabía en ese campamento y no me equivocaría si te digo que han regresado ya los cazadores.
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    Oscurece y hacefrío, y esta vieja piel de oso cada vez cubre menos. Vamos, recoge tu lanza y tus utensilios; yo llevaré la obsidiana y el morral de mortiños. ¿Sabes?, desde que vivo en esta banda, los chicos jamás me perdonan que llegue sin su golosina. No exagero cuando te digo que, a veces, dejo de cazar sólo por buscarles los mortiños. Yo lo hago con mucho gusto, pero creo también que ya es tiempo de que les enseñe a buscar su comida, a perseguir animales pequeños, a tallar utensilios simples. Inclusive creo que ¿puedes andar más de prisa? Estoy muerto de hambre y huelo ya la carne de venado asándote en la brasa. Sobre todo, quiero calentarme junto a la fogata y escuchar cuanto tendrán que contar de su jornada Así es, señores, el viaje personal del arqueólogo cuando hurga en el pasado. Siempre con la mirada en años perdidos, cruza los pantanos de la selva amazónica, se pierde en las neblinas de páramos y punas, se achicharra en los soles de la costa peruana, siempre buscando huellas, indicios de una vida que solo él puede resucitar de los escombros. Nadie sabrá nunca las peripecias de este viejo caminante, porque no caben en los informes académicos ni en las monografías finales. Pero al fin de su jornada, y desde el polvo de los siglos, emergerán antes el lector sombras desconocidas u olvidadas agitándose en la penumbra del tiempo y del espacio (...) Tomado de Esrnesto Salazar, presentación al libro de Historia de América Andina. PUNTA DE FLECHA Tipo Clovis Tomada de Arte Ecuatoriano Tomo I Salvat Editores Ecuatoriana, Madrid, 1985 Cazadores Especializados El habitante primigenio de la sierra ecuatoriana era, sin duda, un cazador especializado. Conocía perfectamente el comportamiento de sus presas (cómo se desplazaban, a qué hora y por qué lugares) y sabía acercarse, sigilosamente, para capturarlas. Bonifaz ha publicado un interesante
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    estudio sobre lastécnicas que pudo haber utilizado el habitante temprano en la caza de algunas especies del ecosistema andino, y no me detendré a considerarlas. Baste señalar que sus lanzas con puntas de piedra debieron constituir formidables armas para la caza de grandes animales, a los que probablemente se acercaban protegidos por las sombras de la tarde o por un obstáculo, o camuflados con pieles, avanzando en dirección opuesta a la del viento, a fin de nos ser percibidos por la presa. En el caso de algunos animales, o en ciertas circunstancias, habría recurrido a trampas disimuladas en el follaje o al despeñamiento, si sabían dirigir bien la huida del animal. La actividad cinegética, a menudo habría requerido la participación de varios individuos, generalmente hombres; pero en el caso de algunas especies como el conejo, mujeres y niños pudieron involucrarse en el acorralamiento de los animales. En este punto parece necesario hacer una breve consideración sobre un tema que no ha sido abordado en el estudio del poblamiento del Ecuador: la participación del perro en la cacería, cuya presencia está confirmada en la cueva de Chobshi. Cada día se está acumulando más evidencia de que antes que ningún otro animal, el perro fue domesticado para ayudar al ser humano en el aprovisionamiento de carne. En el ecosistema andino la situación no parece ser diferente. Presenciar una cacería de conejos en el páramo, con ayuda de perros, es un espectáculo que puede ser fácilmente, extrapolado al pasado. Dos hombres con varios canes hubieran cobrado, sin mayor esfuerzo, unas cincuenta piezas por día, lo suficiente para satisfacer las necesidades inmediatas de una banda. Igualmente efectivos habrían sido los perros para cazar venados o acosar animales de talla mayor. Lamentablemente no disponemos de evidencia arqueológica al respecto, lo que en todo caso no impide postular la utilización del perro, que en ciertos contextos cinegéticos (p.e. caza de conejos) pudo no solo ser recomendable sino hasta imprescindible. La vivienda La necesidad de protegerse en la intemperie es un postulado básico de la especie humana. Según las circunstancias, los paleoindios han optado por varios tipos de vivienda, desde el abrigo natural hasta la casa construida. Por ciento, la evidencia dejada por los habitantes tempranos es mínima. La región del Ilaló carece de refugios naturales, con la excepción de cuatro cuevas ubicadas en el flujo de basalto que pasa cerca del pueblo de Palugo y que, al parecer, no fueron habitadas. Por consiguiente hay que postular, para la mayoría de los sitios del Ilaló, incluyendo el Inga, la construcción de refugios de madera o chozas cubiertas con ramas o con paja de cerro (Stipa ichu). Los campamentos bases debieron estar ubicados en el bosque montano, no sólo por la mayor protección que provee la vegetación sino también por la disponibilidad casi inmediata de recursos alimenticios alrededor de los mismos. En el páramo se encuentran, a menudo, abrigos rocosos que fueron habitados, pero más de una vez el cazador habría recurrido a refugios de madera en campo abierto que, incidentalmente, se construyen en pocas horas. Los cazadores de Chobshi encontraron en el bosque montano una de
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    las pocas cuevasde la zona, razón por la que la ocuparon continuamente. Los sitios de Cubilán, en cambio, se hallan en campo abierto y es seguro que tenían alguna estructura de madera, acaso muy precaria, dado que no han dejado evidencia en el suelo. La tecnología: Utillaje lítico La supervivencia de los cazadores dependía de los artefactos que fabricaban y estos, a su vez, de la calidad de la materia prima disponible. Era tan importante que, si no se encontraba en afloramientos locales, se realizaban viajes periódicos para aprovisionarse directamente, o se recurría a largas cadenas de intercambio para traerla de canteras lejanas. Desde este punto de vista, parece que una de las razones que llevaron al habitante temprano a ocupar la zona del Ilaló fue la disponibilidad casi inmediata de materia prima. Dos enormes flujos de basalto provenientes de la cordillera Oriental se hallan ubicados en el centro mismo del valle del Ilaló. El basalto fue utilizado en la manufactura de artefactos grandes, requeridos para trabajos duros, probablemente de extracción de maderas. Sin embargo, en el contexto de los utillajes líticos del Ilaló, es claro que la obsidiana jugaba un papel más importante por la facilitad que brinda par la talla de instrumentos. Pequeños depósitos secundarios de este material se encuentran en el valle, enterrados en la cangahua o al fondo de las quebradas. Pero los afloramientos primarios yacen en las cumbres de la cordillera Oriental, a un día o dos de camino a pie desde la base del Ilaló. A raíz de las excavaciones de El Inga, se generalizó entre los estudiosos la opinión de que la obsidiana trabajada del Ilaló provenía del volcán Antisana. Una larga campaña de exploración de los páramos de la cordillera Oriental nos permitió comprobar, en primer lugar, que la obsidiana del Antisana es generalmente de mala calidad, llena de impurezas y no apta para la manufactura de artefactos; y, en segundo lugar, que los afloramientos más importantes se encuentran un poco más al norte y en situación de acceso relativamente fácil desde el valle del Ilaló. Los principales afloramientos, de sur a norte, son Quiscatola, Yanaurco Chico y Mullumica, en donde se puede apreciar toda la gana de texturas y colores que se observan en los artefactos del Ilaló. Efectivamente, análisis de florescencia de rayos X y de activación neutrónica indican que los artefactos de la zona del Ilalò fueron manufacturados con materia prima proveniente de estos afloramientos. Por otro lado, hay indicios de que los artefactos de obsidiana de la cueva de Chobshi (que no pasan de la decena) proviene de los afloramientos de Yanaurco Chico y Quiscatola, lo que sugeriría que las relaciones de intercambio a larga distancia son tan antiguas como el poblamiento del país. Parece que los cazadores de Chobshi se desplazaban menos en busca de materia prima. Diversos cherts y rocas metamórficas se encuentran frecuentemente en las cercanías de la cueva, particularmente en la quebrada de Puente Seco y en el río Santa Bárbara. Su aprovisionamiento debió ser simple, limitándose el cazador a recogerlas de las orillas o del interior de los cursos de agua.
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    Los sitios deCubilán guardan, en cuanto a la búsqueda de materia prima, la misma relación que los talleres de Quiscatola y Mullumica en el norte el país. Es decir, se trata de puestos de avanzada de los cazadores del bosque montano, que ascendían al páramo para explotar sus materiales preferidos y realizar caza de altura. Temme señala que toda la zona de Cubilán abunda en rocas silíceas, particularmente pedernal. Los afloramientos consisten en pequeñas vetas o depósitos secundarios, donde fragmentos grandes y nódulos pueden ser fácilmente recogidos y transportados a zonas más bajas. Los primeros habitantes del Ecuador Los cazadores recolectores del ecosistema costero La tecnología lítica El precerámico de la Costa difiere notablemente del de la Sierra, no sólo porque está inmerso en otra ecología, sino porque pertenece a una cronología más reciente. Por el momento, las únicas manifestaciones han sido localizadas en la península de Santa Elena, en un contexto claramente aislado en relación con lo que sucede en la Sierra. Stothert estima que el sitio 80 en la Península tuvo, originalmente, unos 150 m de largo. Reducido actualmente a la mitad, todavía conserva una gruesa capa cultural en la que se observa un continuo basural de 80 m de longitud, aproximadamente, con vestigios de fauna, artefactos y enterramientos en su interior. El repertorio cultural de la gente de Vegas incluye una abundante industria lítica de tecnología simple, en el sentido de que sus instrumentos carecen de patrones de manufactura claramente definidos, a diferencia de lo que sucede con los utillajes precerámicos de la Sierra. En su mayor parte, los artefactos comprenden lascas y láminas con huellas de utilización o ligeramente retocadas. Ello induce a creer que estamos frente a una tradición tecnológica desarrollada, independientemente de la tradición serrana y que según Stothert habría continuado, con algunos hiatos, hasta la época colonial. Cabe anotar que la industria lítica no es necesariamente reflejo de una falta de destreza en los cazadores costeros. La materia prima desempeña, indudablemente, un papel importante, en el horsteno que explotaba y utilizaban la gente de Vegas no era, en términos generales, el más idóneo par ala fabricación de finos artefactos que, en cambio, se obtenían con facilidad al trabajar la obsidiana. La tradición tecnológica no es más que un elemento de todo el bagaje cultural de un pueblo y, por lo tanto, responde a la necesidad de subsistencia y a las modalidades de explotación del medio ambiente impuesta por la sociedad. En este sentido, el utillaje de la cultura Vegas se muestra claramente como de tipo generalizado, reflejando ciertamente la naturaleza dela explotación del medio circundante. Una economía de amplio espectro En efecto, la evidencia arqueológica señala que los habitantes de OGSE-80 capturaban una variada fauna procedente del mar, de los manglares (que existían, sin duda, a corta distancia del sitio) y del interior. Entre los restos
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    óseos, se hadeterminado la presencia de al menos treinta especies, que incluyen peces como la corvina, el atún, la lisa, el peje-sapo, el róbalo, el pargo, etc.; reptiles como la boa y la lagartija. También figuran mamíferos como el zorro (Dusicyon sechurae), la cervicabra (Mazama rufina), el conejo (Sylvilagus brasiliensis) y el oso hormiguero (Tamandua tetradáctila), y moluscos diversos, principalmente la concha prieta de los manglares (Anadara tuberculosa). De la fauna terrestre, cabe señalar la importancia de la caza del zorro. El sitio 80 dio una muestra de dientes de al menos 27 zorros, y en un enterramiento Stothert descubrió una concentración de dientes de este animal junto a un esqueleto, lo que significa que, además de consumir esta especie, la gente de Vegas recogía sus dientes para ofrendas funerarias. En fin, hay que señalar que la cervicabra, aunque poco representada en el sitio, pudo haber constituido un importante aporte para la dieta de la gente de Vegas. La naturaleza de la caza era, probablemente, similar a la de los cazadores serranos, pero tal vez se llevaba a cabo con técnicas menos sofisticadas. No se han encontrado puntas de proyectil líticas en el sitio 80, lo que sugiere que los cazadores recolectores de Vega las fabricaban de madera, o simplemente no las fabricaban, porque recurrían a técnicas de caza más sencillas, como el acorralamiento de animales jóvenes o viejos, uso de trampas, o ataques sorpresivos a animales dormidos o enfermos. Stothert estima que la dieta proteínica provenía en un 54% de animales terrestres, 35% de pescado y 11% de moluscos. No se han conservado restos de plantas, pero recientemente un análisis de fitolitos en muestras de suelo del sitio 80 dio como resultado la presencia de maíz. Es de suponer que la recolección de plantas era similar en variedad a la fauna consumida, lo que indica una economía generalizada y de amplio espectro, característica de las sociedades arcaicas. Orígenes de la Cultura Las Vegas En 1974 usé los sitios precerámicos de la península de Santa Elena como base para denominar a una Tradición Noroccidental Sudamericana. Señalé que estos complejos eran distintos de los asignados a la Tradición Andina de Cazadores y que todos los grupos constituyentes no estaban adaptados exclusivamente a un ambiente del litoral, sino a una amplia gama de submedios encontrados en el noroeste de América del Sur y Centroamérica meridional. Recientemente me han impresionado las ideas de Ranere, quien ha postulado una adaptación cultural temprana al bosque tropical, que tuvo su inicio en América Central durante el Pleistoceno tardío... Es conveniente interpretar a Las Vegas también como una manifestación de la misma tradición... Un problema de la interpretación histórica de estos complejos es que la mayor parte del bosque tropical de Centroamérica, Colombia y Ecuador no ha sido estudiada por los arqueólogos. Los sitios conocidos los encontramos en zonas tropicales húmedas, pero también en áreas sin bosques, tierra adentro, como la Sabana de Bogotá. Aunque la península de Santa Elena jamás fue completamente boscosa, estaba bordeada de manglares en la época precerámica. Esta ocupación y la de Talara, Perú, se pueden interpretar como extensiones litorales de la cultura precerámica de los bosques tropicales de la zona occidental ecuatoriana, ocupados por gente similar a la de La Vegas, pero aún desconocida.
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    En resumen, hebuscado los orígenes de la cultura Las Vegas en una adaptación temprana al bosque tropical, lo cual debe haberse iniciado, antes del fin del Pleistoceno, en el bosque de Centroamérica. Pero existe otra hipótesis relacionada. Lathrap ha descrito una difusión temprana de horticultores primitivos, que salió de los trópicos húmedos amazónicos antes delfín del Pleistoceno. Según este modelo, esta gente se dedicó a cazar y recoger diversas especies de animales y plantas, además de poseer una tradición de cultivar en sus jardines domésticos mate (Lagenaria siceraria), algodón (Gossy-pium sp.) y otras plantas de bosque tropical. En un mapa, Lathrap nos sugirió que esta gente siguió la costa hacia una ruta norteña, así poblando el noroeste de Sudamérica. A la luz de esta hipótesis, uno pudiera considerar al complejo La Vegas como una manifestación arqueológica de estos primitivos cultivadores. Tomado de Karen Stothert, La Prehistoria Temprana de la Península de Santa Elena, Ecuador. Cultura Las Vegas. Origen de la Sedentarización La economía de amplio espectro es preludio dela domesticación. El ser humano aprender a manipular las especies preferidas, transportándolas a otros nichos ecológicos, iniciando así la horticultura. La presencia de maíz en Vegas indica, claramente, que se había alcanzado esta etapa de control de los recuso alimenticios, lo que contribuyó, sin duda, a favorecer la sedentarización. Sin embargo, es probable que la gente no haya sigo completamente sedentaria. Las faenas de caza y recolección, el aprovisionamiento de materia prima en los afloramientos de chert u horsteno, les llevaba continuamente a los nichos ecológicos que explotaban, aunque siempre debieron regresar a su comunidad base. Al respecto, el sitio 80 tiene características de un asentamiento permanente y, según manifiesta Stothert, fue probablemente habitada a lo largo de todo el año. En efecto, si se considera la variedad de los recursos utilizados y su accesibilidad casi inmediata a partir del sitio, es de suponer que la movilidad de sus ocupantes era más bien restringida, ya que, aun tomando en cuenta variaciones estacionales en la producción de los microambientes, siempre habría habido recursos disponibles. El arraigamiento de la gente de Vegas a su comunidad base se refuerza más aún por la presencia de numerosas enterramientos y de estructuras habitacionales, una de las cuales fue excavada por Stothert. Costumbres funerarias La gente de Las Vegas enterraba a sus muertos en la misma comunicad. Los esqueletos recuperados en la excavación del sitio 80 están asignados cronológicamente a la fase tardía, y se encuentran dispuestos en enterramientos primarios y secundarios. Los primeros se refieren a enterramientos individuales o colectivos en los que el cadáver es depositado, generalmente íntegro, en su tumba, sin ser subsecuentemente exhumado. Los entierros secundarios, en cambio, son aquellos cuyas osamentas fueron exhumadas de una tumba primaria y reenterradas, sin respetar la articulación original de los huesos. De particular importancia en un enterramiento de dos individuos jóvenes, hombre y mujer, que yacían con la cara hacia el Este y con grandes piedras dispuestas encima de ellos. Aquí tenemos un caso de ritual funerario en que se evidencia, de parte de
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    los deudos, ciertapreocupación por el destino o "bienestar" de sus difuntos. Los entierros, en general, están asociados con conchas, bolas de caliza, percutores de piedra, guijarros diversos, lascas, un hacha pulida, pigmento rojo, etc., notándose contextos más claros en los entierros primarios. Stothert cita referencias de costumbres funerarias similares en el precerámico peruano y en la etnografía de algunos grupos de la selva tropical. La vivienda En cuanto a la vivienda, Stothert sugiere la presencia de una choza de 150 a 180 cm de diámetro, con una "puerta" que se abría hacia el noreste, construida como una colmena, con ramas flexibles unidas en la cúspide y con la pared cubierta de hierbas y ramas secas. Fechas radiocarbónicas indican que este refugio fue construido hacia 7.000 a.C., y construcciones similares más recientes han sido reportadas en el sitio de Chilca, Perú (3.800 2.650 a.C.), asociadas en su interior con enterramientos, como sucede con OGSE-80. El germen de la agricultura Sea como fuere, cuando el complejo Vegas surge en la península, está ya conformada con todas las características de una sociedad arcaica en transición a la vida agrícola. No está aún delineado el proceso de domesticación en el Ecuador aborigen. ¿De dónde obtuvo la sociedad Vegas el maíz? ¿Qué otras especies de plantas manipulaba con miras a la domesticación? ¿Qué papel desempañaron los valles interandinos en el desarrollo de la agricultura? Es de suponer que hacia 7.000 a.C. los cazadores recolectores serranos iniciaron la manipulación del ecosistema andino transportando plantas de un piso ecológico a otro, que es la fase decisiva del proceso de domesticación. Lynch ha señalado que este movimiento de cultígenos en potencia es aún más importante que el intercambio de recursos entre grupos humanos. De ahí la importancia del patrón de transhumancia que se ha postulado para los Andes centrales, ya que en este contexto de migración cíclica las semillas habrían sido transportadas consciente o accidentalmente, a otros hábitats, incluyendo la Costa. Aquí cabría preguntarse en qué medida podría aplicarse el concepto de transhumancia a las sociedades arcaicas de nuestro país. Es lamentable que no se disponga de evidencia arqueológica al respecto. Después de la ocupación de Chobshi, el registro arqueológico señala un hiato de varios milenios, hasta que surge la sociedad formativa de Cerro Narrío con un sistema agrícola, al parecer completamente desarrollado. En Vegas, en cambio, la situación es algo diferente, porque en esta cultura se vislumbra ya el germen de la sociedad agrícola, que se consolida después de la cultura Valdivia. Glosario Arcaico, período de la época precerámica de América, caracterizado por la intensificación de la explotación del medio ambiente por los seres humanos. La intensificación se manifiesta en la apropiación gradual de nuevos microambientes y nuevos recursos, que desemboca en una economía llamada de "amplio espectro".
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    Domesticación, proceso medianteel cual plantas y animales se transforman genéticamente, hasta el punto de que no pueden vivir sin la ayuda de los humanos. Este proceso tuvo lugar en América entre 7.000 3.000 a.C. Fauna reciente, llamada también holocénica, por ser característica de este período. Comprende las especies animales que hoy conocemos. Fitolito, cuerpo microscópico de sílice que ocurre en ciertas plantas, particularmente gramíneas. En la cultura Las Vegas se demostró el consumo de maíz por el hallazago de estos cuerpos en el suelo del sitio OGSE-80 Glaciación, período frío del Pleistoceno caracterizado en los Andes por el descanso del nivel de las nievas perpetuas. La última glaciación del continente americano se denomina Wisconsin. Holoceno, período de la era cuaternaria que comenzó hace 10.00 años, aproximadamente. Horsteno, variedad de pedernal. Megafauna, la fauna grande de Pleistoceno, hoy extinguida (i.e. mastodontes, milodontes, tigre diente de sable, caballo antiguo, etc.) Pleistoceno, período de la era cuaternaria caracterizado por fuertes fluctuaciones climáticas. Anterior al Holoceno. Orientaciones bibliográficas Sobre el pablamiento de América del sur consúltese: ARDILA, Gerardo y Gustavo Politis, Nuevos datos para un viejo problema: investigación y discusiones en torno al poblamiento de América del Sur, Boletín del Museo del Oro, Bogotá, 1989. ARDILA, Gerardo, "El norte de América del Sur: diversidad y adaptaciones en el final del Pleistoceno", en Gustavo Politis, Ed., Arqueología en América Latina Hoy, Biblioteca Banco Popular, Bogotá, 1992, pp. 90-115. Para una visión de conjunto de poblamiento temprano del Ecuador consúltese los trabajos de: HOLM, Olaf, Los primeros hombres del Ecuador, Museo Antropológico del Banco Central, Guayaquil, 1981. SALAZAR, Ernesto, Cazadores recolectores del antiguo Ecuador, Museo del Banco Central, cuenca, 1984. -------------- "El hombre temprano en el Ecuador aborigen", en Enrique Ayala, Ed., Nueva Historia del Ecuador, Tomo I, Corporación Editora Nacional / Grijalbo, Quito, 1988. Acerca de estrategias tradicionales de caza véase: BONIFAZ, Emilio, Cazadores Prehistóricos del Ilaló, edición del autor, Quito, 1979. SALAZAR, Ernesto, Tecnología precolombina del Ecuador: algunos temas y reflexiones, Artesanías de América, 1992. El problema de la naturaleza y la cronología de los restos humanos más antiguos del país es discutido en: SANTIANA, Antonio, Nuevo panorama ecuatoriano del Indio, Editorial Universitaria, Quito, 1966. --------------- Los cráneos de Punín y Paltacalo, Humanista, 1960. SALAZAR, Ernesto, Entre mitos y fábulas: el Ecuador aborigen, cap. I, Corporación Editora Nacional, Quito, 1994. SALLIVAN, Louis y Milo Hellman, El cráneo de Punín, Anales de la Universidad Central, 1938. STOTHERT, Karen, La prehistoria temprana de la península de Santa Elena, Ecuador: Cultura Las Vegas, Miscelánea Antropológica Ecuatoriana, serie monográfica Nro. 10, cap. V, Guayaquil 1988. VASQUEZ FULLER, César, 28 mil años de antigüedad de Hombre de Otavalo, edición del
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    autor, 1976. Las condicionesclimáticas en el Pleistoceno final y el Holoceno son abordadas en: SALAZAR, Ernesto, El hombre temprano en el Ecuador aborigen (cf. Referencia, arriba). STOTHERT, Karen, La prehistoria temprana de la península de Santa Elena, Ecuador: Cultura Las Vegas (cf. Referencia, arriba). En cuanto a informes arqueológicos se pueden consultar: BELL, Robert, Investigaciones arqueológicas en el sitio de El Inga, Ecuador, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1965. BONIFAZ, Emilio, Obsidianas del paleoindio de la región del Ilaló, edición del autor, Quito, 1978. CARLUCI, María A., Puntas de proyectil: tipos, técnicas y distribución en el Ecuador andino, Humanistas, 1963. LYNCH, Thomas y Suana Pollck, La arqueología de la Cueva Negra de Chobshi, Miscelánea Antropológica Ecuatoriana. REINOSO, Gustavo, Horizonte precerámico de Chopshi, en Revista de Antropología. SALAZAR, Ernesto, Chinchiloma, análisis tipológico del material de superficie, en Revista de Antropología, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Cuenca, 1974. -------------- El hombre temprano en la región de Ilaló, Sierra del Ecuador, Departamento de Difusión Cultural, Universidad de Cuenca, Cuenca, 1979. TEMME, Matilde, Excavaciones en el sitio de precerámico de Cubilán, Misceláneas Antropológica Ecuatoriana, 1982. Sobre el uso de explotación de la obsidiana, véase: SALAZAR, Ernesto, Investigaciones arqueológicas en Mullumica, provincia de Pichincha, Miscelánea Antropológica Ecuatoriana, 1985. ------------- El intercambio de obsidiana en el Ecuador precolombino: perspectivas teóricos- metadológicas, en Antropología Cuadernos de Investigación, Departamento de Antropología, PUCE, 1999. Pedro Porras nunca publicó un informe arqueológico de sus investigaciones paleoindias en las estribaciones orientales de la Cordillera. Los pocos datos disponibles sobre Petacaurco y Jondachi se encuentran en: PORRAS, Pedro, Nuestro ayer: manual de arqueología ecuaotoriana, Centro de Investigaciones Arqueológicas, Quito, 1987. El caso de la cultura Valdivia La cultura prehistórica de más renombre en el Ecuador es Valdivia. Su fama se debe principalmente a la antiguas del Nuevo Mundo. El descubrimiento de esta cerámica tan vieja en la costa ecuatoriana, hace algunos décadas, trajo consigo fama para el Ecuador, que hasta aquella época había quedado a la sombra (desde el punto de vista arqueológico) de las grandes civilizaciones prehispánicas de México, de Centroamérica y de Perú. Fuera del país el renombre del Ecuador dependió principalmente de una hipótesis que relacionó Valdivia con la transferencia de tecnología desde Asia a América. El descubrimiento de esta "alfarería más antigua de América" probablemente ha sido superado con descubrimientos en Colombia y, más recientemente, en Brasil. Valdivia no parece ser la primera cerámica de América. Igualmente la hipótesis de Valdivia como nexo entre Asia y América unos 4.500 años antes de Cristóbal Colón ya ha sido descartada por la mayoría de los arqueólogos. Pero esto no quita importancia a Valdivia ni al Ecuador. En cambio, pone énfasis en lo que realmente importa: la arqueología no es una competencia por encontrar lo más antiguo, sino por llegar la comprensión de cómo eran las culturas en la antigüedad y cómo se desarrollaron [...] [...] A través de diversas interpretaciones, Valdivia aparece como una verdadera cultura de Período Formativo que aceleradamente se convierte
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    en una sociedadcompleja muchos siglos antes que las llamadas culturas matrices de México (Cultura Olmeca) y del Perú (Cultura Chavín). Valdivia se presenta como una cultura intensamente agrícola con asentamientos permanentes y bien organizados [...] Hacia una nueva reconstrucción de Valdivia Sobre la duración y la extensión de Valdivia se sabe hasta ahora relativamente poco. Aún no se encuentra el antecedente de Valdivia ni en el Japón ni en la Amazonía ni en ningún otro lugar [...] Sin embargo, la mayoría de las fechas para Valdivia Temprano en la costa están en la costa 3.500 a.C. (según las fechas radiocarbónicas calibradas). Entonces se puede concluir que la cultura Valdivia apareció repentinamente en la costa ecuatoriana mediados del cuarto milenio antes de Cristo o posiblemente algunos siglos más temprano. Si aceptamos por un momento las pocas fechas dudosas más antiguas, entonces Valdivia podría remontar hasta 4.300 a.C. [...] [...] El final de Valdivia se dio alrededor de 1.800 a.C. así que esta cultura tuvo aparentemente una duración de unos dos milenios y medio o más [...] [...] Algunos aspectos de la Cultura Valdivia han sido aclarados durante estos años de investigación y otros quedan muy inciertos [...] No obstante la existencia segura de la agricultura durante este período, aún no existen pruebas definitivas sobre la magnitud y la intensidad de esta agricultura temprana. No hay duda de que los valdivianos siguieron las tradiciones arcaicas de la caza, la pesca y la recolección de moluscos. ¿Hasta qué punto llegó el cultivo de maíz y de otras plantas a imponerse en la economía y a reemplazar la subsistencia antigua? Existe uno que otro dato interesante relacionado con esta pregunta, pero no se encuentran hasta ahora pruebas claras de que Valdivia fuese una cultura intensamente agrícola. Las plantas aparentemente cultivadas por los valdivianos incluyen el maíz, una especie de habilla (un tipo raro hoy en día llamado Canavalia), el algodón, y la achira. Se ha sugerido también, a base de evidencia más indirectas, el cultivo de la coca, el mate y la yuca, aunque no existen pruebas definitivas. No existe evidencias para este período temprano de la presencia de animales domesticados como el cuy y camélidos. El perro, animal domesticado durante el Pleistoceno, sí está presente en más de un sitio valdiviano. A pesar de la presencia de plantas domesticadas y una agricultura incipiente, la dieta valdiviana consistió de grandes cantidades de pescado, especialmente bagre. Un estudio detallado de los restos de fauna muestra una dieta bastante variada con venado (de dos especies) saíno, aves reptiles y otros mamíferos además de varias especies de peces. Los moluscos también figuran en la dieta, especialmente la concha prieta (la misma que es la favorita hoy en día en los cebiches), procedente de los manglares que ya no existen en la costa de la actual provincia del Guayas. Aunque Real Alto es descrito como un sitio de tierra adentro, está actualmente a menos de 3 km del mar y hay evidencias que estuvo aún más cerca del mar durante la ocupación del sitio. Resulta que toda la Península de Santa Elena ha experimentado levantamiento costanero desde fines del Pleistoceno.
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    Estudios realizados sobrelas especies de pescados y los artefactos sugieren que para pescar se utilizaba sobre todo el anzuelo de concha más que redes u otros métodos. No es seguro pero es más lógico pensar que los valdivianos que vivían tierra adentro hacían trueque para el pescado y la concha con moradores de las playas. El intercambio de pescados y conchas por productos agrícolas y carne hubiera sido lógico. La vivienda valdiviana es conocida principalmente por el sitio de Real Alto. A principios de la cultura (Valdivia I) las chozas tuvieron un plano elíptico con dimensiones de aproximadamente 3 x 4 metro [...] [...] En la vivienda más tardía (Valdivia III VII) [...] las chozas conservaron la forma elíptica poro fueron más grandes, con dimensiones de unos 8 x 12 metros. Estas chozas más grandes tuvieron paredes de postes gruesos colocados verticalmente en trincheras de plano elíptico. Se supone que huecos de postes mayores dentro de cada choza sirvieron para sostener el techo, que probablemente fue de paja. También existen indicios de bahareque sobre las paredes. Dentro de las chozas hubo acumulaciones de basura doméstica, especialmente conchas, huesos, cerámica rota y utensilios de piedra. Análisis muy detallados de la distribución de resto dentro de la choza indican que una parte se acumuló durante la ocupación de la choza y el resto después cuando la choza abandonada se convirtió en basural. También hubo un fogón en el piso de la choza y hasta indicios de pantallas o muros internos para subdividir la choza [...] [...] La forma de la aldea es conocida principalmente en Real Alto, donde se formó una aldea grande con las chozas elípticas en hileras rectas. En la parte central del sitio, se estableció el recinto ceremonial, con dos pequeños montículos y sus estructuras especiales separados por una plaza pequeña. A pesar de estimaciones del tamaño y de la población de Real Alto (hasta 1.500 habitantes durante Valdivia III), aún no existen análisis detallados sobre la contemporaneidad de chozas dentro del período Valdivia III, que duró varios siglos. Sin esta información, no se puede confiar mucho en ninguna estimación. Las sociedades indígenas: desde las culturas Agro-Alfareras hasta el Incario FIGURILLA Tipo Venus Representa una mujer
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    adulta Cultura valdivia -CA. 3500- 1500 A.C. - Sala de Arqueología, Museo Nacional del banco central del Ecuador. Un buen resumen de la arquitectura formativa y de los poblados tempranos que puede ser de interés para el lector fue escrito hace pocos años por Echeverría (1998). La presencia de entierros debajo del piso arcilloso de las chozas residenciales es bastante característico de muchas sociedades agrícolas. En efecto, los entierros sirven como títulos de propiedad que indican cual linaje es dueño de la propiedad. Quizás los valdivianos hacían lo mismo. En muchas sociedades agrícolas en este nivel de desarrollo en el mundo, la propiedad pertenece a las mujeres y los linajes se definen por el lado femenino ("sociedad matrilineal"). La presencia de una "matriarca" en entierro muy especial en el montículo del osario de Real Alto posiblemente refleje una organización matrilineal para la Cultura Valdivia. Este mismo entierro sugiere algo más que un simple sistema matrilineal, porque esta mujer recibió atención muy especial. Primero, su tumba fue recubierta por piedras de moler. Luego, a los pies fue enterrado un hombre degollado y descuartizado, evidencia de un posible sacrificio en honor a la mujer. Tercero, hay evidencia de siete entierros secundarios en la misma tumba, probablemente realizados durante distintos ritos posteriores. Otro dato interesando sobre el osario es la presencia de entierros de niños en lo que parece ser recinto muy especial. Según estas observaciones, la sociedad valdiviana se estaba transformando en una sociedad no igualitaria. Uno de los rasgos del cacicazgo es la concentración de autoridad en manos de herederos, y arqueológicamente se puede observar esta práctica por medio de entierros con víctimas sacrificadas. Un niño con atención tan especial probablemente nació con un rango privilegiado, ya que no tuvo tiempo en la vida para ganar este estatus. En el sitio OGSE-80 de la Cultura Las Vegas, se encontraron alrededor de 190 individuos en 61 pozos. A pesar de esta riqueza de evidencia, no hubo ninguna señal ni de desigualdad social ni de sacrificios. Los entierros valdivianos procedentes de distintos asentamientos generalmente tiene ajuares muy simples (muchas veces un solo utensilio) como los de Las Vegas. Sin embargo, el montículo del osario de Real Alto muestra nuevas prácticas funerarias que indican innovaciones sociales. Por ejemplo, fuera de los entierros ya mencionados, existen varios entierros en la zanja de la pared del osario. La interpretación más razonable es que cada uno de estos entierros es una especie de "piedra angular" para conmemorar algún suceso importante. Los entierros valdivianos por primera vez toman importancia social dentro de lo que tiene que ser un culto comunitario. Se recuperaron alrededor de 100 esqueletos de Real Alto, pero la gran mayoría pertenecen al período Valdivia III, y éstos fueron utilizados para las siguientes cifras. Se calcula la estatua del hombre alrededor de 170 cm y de la mujer, 160 cm. La expectativa de vida para los valdivianos fue
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    aproximadamente de 21años, aunque hubo individuos que sobrevivieron hasta 70 o quizás 80 años. Esto quiere decir que hubo mucha mortalidad en los primeros años de vida. Incluso se calculó hasta el número de niños por madre basándose en los datos de los esqueletos y tablas de vida para otras sociedades. El resultado poco más que seis años por cada mujer como promedio. La expectativa de vida para un recién nacido de la Cultura Las Vegas, según el estudio de los 190 individuos, era de 25 años, un poco mayor que los 21 años para Valdivia. Aunque la diferencia realmente no es grande es sorprendente que los agricultores valdivianos vivieran menos. El sedentario trae consigo un aumento de enfermedades infecciosas, una acumulación de la basura con la contaminación correspondiente del agua, y un deterioro de la dieta, entre otros problemas. Hasta qué punto llegaron los valdivianos a sentir estos males que son producto de la revolución agrícola, aún no se puede determinar. Existe poca evidencia para el cultivo del algodón y artefactos hilanderos, pero no hay evidencia directa sobre el vestuario de los valdivianos. Los artefactos líticos tallados son bastante irregulares, faltando buenos ejemplos de cuchillos, puntas de lanzas y otros utensilios, fácilmente reconocibles. Por lo tanto, se cree que los valdivianos utilizaban mucho alguna madera dura, como la chonta, para fabricar sus armas de cacería y otros artefactos. Por lo general la madera no se conserva en el registro arqueológico. La producción cerámica parecer ser principalmente utilitaria (para uso doméstico), con la excepción de los figurines de barro llamados "Venus". Algunos de estos son obviamente mujeres, otros son bastante abstractos y algunos tiene apariencia de mujer pero con el perfil fálico (en forma de órgano masculino). La existencia de algunos de estos figurines con dos cabezas y hasta con una piedrita a manera de cascabel dentro de la barriga extendida confunden más la interpretación. No se sabe con certeza si tuvieron alguna importancia en un culto de fertilidad u otro signo religiosa o si fueron simplemente juguetes [...] Tomado de Roland D. Lippi, La Primera Revolución Ecuatorian. El desarrollo de la Vida Agrícola en el Antiguo Ecuador. FIGURA
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    Felino con plato sobresu cabeza Utilizado para quemar alguna sustancia olorosa, durante los ritos religiosos. Cultura La Tolita - CA 600 A.C. - 400 D.C.- Sala de Arqueología, Museo Nacional del Banco Central del Ecuador El caso de la Tolita y Atacames Aunque hasta el momento la fase conocida como La Tolita, isla situada en el estuario del río Santiago, en el extremo noroccidental del Ecuador, ha sido considerada como perteneciente al período "Desarrollo Regional" (500 a.C. 500 d.C.), esta periodización, fruto de necesidades metodológicas, no significa la ruptura brusca del desarrollo de una cultura. La Tolita, en efecto, fue ocupada durante el período de Integración y su influjo en las técnicas metalúrgicas se reflejó incluso en la fase. Manteña (Meggers 1996: 102-107, 142; Porras 1980: 169-175, 240) [...] [...] Parece que la máxima evolución técnica de la metalúrgica de La Tolita corresponde al período de Integración (500 a.C. 1500 d.C.). A pesar de que todavía no se han encontrado homos de fundición o crisoles, se puede aseverar que, además de la fundición de granos de oro sobre pedazos de carbón, para la fundación de objetos más grandes, los artesanos de La Tolita usaban hornos y crisoles quizás semejantes a los encontrados en Colombia y en Mesoamérica. Una tecnología singular es la que se relaciona con el trabajo en platino. Al no poder alcanzar las altas temperaturas necesarias para su fundición, los orfebres de La Tolita calentaban el platino conjuntamente con el oro, para luego martillarlos y recalentarlos sucesivamente, hasta obtener una aglutinación que aparentaba una aleación de los dos metales. Aunque se nota una preferencia por las miniaturas, la metalurgia de esta región ofrece variados ejemplos de máscaras de oro, martilladas en una sola pieza, cuyos rasgos frecuentemente expresan serenidad, y que alcanzan su máxima expresión cuando se ha combinado el oro de la orfebrería en el Ecuador prehistórico, lo que significa que La Tolita debe ser considerada básicamente como un centro de artesanos (Holm y Crespo 1981: II, 18-20). En la "Relación de las provincias de la Esmeraldas" (Jiménez de la Espada 1965: III, 87 y ss), redactada al final de la expedición emprendida en 1569 por Andrés Contero, desde Pasao hacia Caaque y probablemente hasta la región de Cojimíes, se menciona la existencia de un pueblo grande llamada "Císcala", que gozaba de paz y era seguro para todas las provincias circundantes. Su condición de pacífico enclave y la fama por la actividades mercantiles que en él tenían lugar, atraían a los mercaderes de su extenso ámbito entre Passo, el río San Juan. De este modo, los tacames vendían en Císcalo oro y esmeraldas, los campeces y pidres llevaban sal y pescado y los beliquiamas intercambiaban ropa y algodón, con otros productos. Los tacames procedían seguramente de la región de Atacames, los campeces
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    quizás de lacomarca de Campaz, distante de San Mateo 15 lenguas, mientras que los beliquiamas, la falta de indicios imposibilita todavía su identificación (Hartamann 1971: 217-218; Rumazó 1949: IV, 33). El centro de intercambio Císcala quizás corresponde, según algunos autores, al asentamiento arqueológico de La Tolita, opinión que no puede ser hasta el momento verificada. Es importante, sin embargo, poner de relieve la existencia de una red comercial, mediante la cual varias provincias ricas, bajo el mando de caciques poderosos y belicosos, garantizaba una convivencia en paz (Holm y Crespo 1981: II, 16) [...] Las sociedades indígenas: desde las culturas Agro-Alfareras hasta el Incario Los señoríos étnicos antes del Incario Introducción Las sociedades que habitaron el actual Ecuador en el período preinca poseyeron formas organizativas sociales, económicas y culturales complejas y diversas producto de su particular desarrollo histórico. Documentos tempranos del siglo XVI han dejado un listado de nombres que responden a un inventario confuso de los grupos existentes antes de la conquista española; sin embargo, investigaciones recientes muestran que tal listado no identifica con exactitud a cada grupo étnico. Así, pues, antes de intentar una caracterización específica de cada uno, es más apropiado analizar en forma globalizada la economía, las formas organizativas sociales y políticas y los sistemas religiosos que caracterizaron a los grupos éticos que se desarrollaron durante esta etapa. Se conoce que estos grupos se estructuraron bajo dos sistemas de organización política: el curacazgo o cacicazgo, también denominados señoríos étnicos de nivel local o supra local, y la tribu. Entre los curacazgos algunos poseyeron una enorme complejidad organizativa lo que ha llevado a que algunos investigadores, erróneamente, los hayan considerado como formas tempranas de Estado, como fue caracterizado el mítico "Reino de Quito". Estos curacazgos se desarrollaron a lo largo de toda la región de la sierra; en buena parte del litoral, de manera preferente en la cuenca del río Guayas y las costas de Manabí, y probablemente en la ceja de montaña de la Amazonía. La formas tribales se desarrollaron en las zonas bajas y húmedas del litoral y de la Amazonía. Nuestra verdadera historia Enrique Ayala Mora La historia antigua Cuenta el P. Juan de Velasco en la Historia del Reino de Quito, que su territorio estuvo originariamente poblado por gran cantidad de estados o pequeños reinos, desde la actual Pasto hasta lo que hoy es Loja. Uno de ellos, el que llama "primitivo Reino de Quito", ubicado en la actual provincia de Pichincha, hacia el año 980 fue conquistado por los caras, un pueblo venido de la costa. Los caras, que tomaron su nombre del de su
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    líder llamado Carán,habían llegado a la costa años antes y habían ascendido a la altura, atraídos por las ventajas del clima interandino. Luego de establecerse en Quito, los caras iniciaron una activa política de expansión hacia los pueblos circundantes. Bajo la conducción de los sucesos de Carán, a quienes se llamaba scyris o reyes, extendieron su dominio hasta el Carchi en el norte y hasta Cotopaxi en el sur. Fueron detenidos por la resistencia de los aguerridos puruhaes. Conformaron así un gran estado cuya capital fue Quito, ubicada en el mismo lugar de la actual capital ecuatoriana. Eran gobernados con régimen monárquico, adoraban al sol y a la luna, enterraban a sus muertos en montículos o "tolas", tenían un rudimentario sistema de cuentas, eran buenos tejedores y curtidores de pieles. Hacia el año 1300 se extinguió la línea masculina de los scyris. Fue así como el scyri XI arregló el matrimonio de su hija Toa con Duchicela, el primogénito de Condorazo, soberano puruhá. Con la unión se extendió el reino de los scyris, que lograron ampliarlo aún más mediante alianzas con los cañaris, un importante estado del sur y con varios pueblos de la costa. Luego del reina de Atauchi Scyri XIII, gobernó su hijo Hualcopo Scyri XIV, que enfrentó la invasión de los incas liderados por Tupac Yupanqui. Luego de negociar la incorporación de los cañaris al imperio avanzó a tierras puruhaes y las ocupó luego de vencer a las fuerzas scyris, dirigidas por el general Eplicachima. Luego de estos éxitos volvió al Cuzco. El scyri murió poco después y le sucedió su hijo Cacha, que emprendió la reconquista de las tierras tomadas por Tupac Yupanqui. El hijo y sucesor del soberano inca, Huayna Capac, volvió entonces al norte y luego de consolidar algunas conquistas en la Costa, venció a los ejércitos quiteños dirigidos por el propio Cacha y por Calicichima. La última gran batalla se dio en Atuntaqui, en tierras imbayas. Allí murió el rey y su hija Paccha fue proclamada scyris. Un intento ulterior de resistencia de los caranquis terminó en una masacre ordenada por el Inca. Fueron tantos los muertos que la laguna donde fueron arrojados los cadáveres se llamó por ello Yahuarcocha (lago de sangre). Huayna Capac optó entonces por una política de conciliación y se casó en Paccha. De este modo incorporó a la realeza scyri en la familia real inca. De la unión nació Atahualpa, que cuando murió el inca, heredo el Reino de Quito y se enfrentó con su hermano Huascar, proclamado heredero en el Cuzco. Atahualpa venció en el enfrentamiento y terminó como el emperador que afrontó la conquista española. La polémica El Padre Velasco fue un jesuita nacido en Riobamba que, luego de una amplia labor en la Real Audiencia de Quito, fue expulsado junto con los demás miembros de la orden en 1767 por disposición del Rey de España. Refugiados en Italia escribió allí su Historia y la terminó en 1789, pero no fue editada sino en 1846, cuando el Ecuador ya era un país independiente. La aparición de la obra fue vista como un soporte del naciente país y su versión sobre el Reino de Quito se incorporó sin discusiones a los escritos oficiales hasta fines del siglo. Cuando Federico González Suárez, nuestro más grande historiados escribió su obra, tuvo ya algunos reparos a la versión de Velasco sobre el Reino de Quito, pero fue su discípulo, Jacinto Jijón y Caamaño quien la cuestionó duramente. A él se juntó el español Jiménez de la Espada. Se inició así una larga polémica.
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    Los críticos argumentabanque Velasco escribió su obra de memoria, con muy poca base documental disponible, que su entusiasmo por destacar la existencia del Quito que el vivió, le había llevado a imaginar un "Reino"; que ningún otro historiados o cronista se refiere a él. La evidencia arqueológica es contundente. No hay rastros de los scyris en las excavaciones realizadas. La propia ciudad de Quito anterior a los incas no existió como tal. Apenas hay poblados muy pequeños, que no podrían haber sido el centro de un gran estado. Investigaciones de los últimos años descubren señoríos étnicos de gran desarrollo en importancia en el actual territorio ecuatoriano, pero no un estado de alguna manera similar al inca, como lo describe Velasco. Los defensores de la existencia del Reino de Quito dicen que otras evidencias documentales fueron destruidas; que posiblemente se trataba de una confederación permanente, no de un estado estructurado. Dicen también, que todavía falta mucho por investigar en la Arqueología. Se argumenta con gran fuerza que la versión de Velasco sobre el tema nos da una base para el reclamo territorial ante el Perú, puesto que prueba que nuestro país existía ya antes de la invasión inca. Muchas veces la polémica ha llegado a acusar al jesuita riobambeño del falsario o a sus cuestionadores de antipatriotas. A estas alturas de la investigación histórica nos permite establecer que un "Reino", como lo describe el P. Velasco no pudo existir. Los señoríos étnicos del norte andino fueron muy importantes y se aliaron para resistir la invasión inca, pero fueron distintos al estado que Velasco describe y sus centros urbanos no estaban en Quito. No hay ninguna base para pensar como históricos a los scyris o la dinastía Duchicela. Aún más, aunque hubiera existido, esa no puede ser considerada como base de la "nación quiteña" y de la nacionalidad ecuatoriana. El Reino de Quito, según el propio Velasco, abarcó la sierra centro norte. No incluyó en realidad ni a los cañaris ni a los pueblos de la costa, que tuvieron su identidad propia. El Ecuador como Estado Nación es más que Quito y su espacio de influencia, ya que está integrado también por otros espacios regionales que tiene su propia historia. Una visión positiva Juan de Velasco fue un criollo lúcido que escribió su obra para destacar que el "Reino de Quito" del siglo XVIII, su país, tenía grandes recursos naturales, raíces y personalidad histórica, como otros del Nuevo y el Viejo Continente. La Historia fue una de las expresiones más importantes de la identidad que se iba consolidando en la Hispanoamérica de su tiempo. Entonces Quito se definía como una entidad política y cultural y fue el eje más importante del ulterior proyecto nacional ecuatoriana. Pero no fue el único, ni territorial ni culturalmente. La Historia de Velasco tiene, en consecuencia, todas las fortalezas y debilidades de una visión centrada en Quito de una realidad más amplia que luego se concretaría en la vida del Ecuador como Estado Nacional. El debate planteado no debe hacernos perder de vista el inmenso mérito de Velasco al historiar nuestro pasado, al indagar en su evolución y sus protagonistas. Su obra es un aporte muy amplio al conocimiento del país y de Hispanoamérica que trata de muchos temas de calidad no discutida, aparte de su visión del Reino de Quito preincásico. No se debe perpetuar el
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    error de juzgaruna obra rica y amplia por la falta de base empírica de una de sus partes. Por lo demás, tratar de insistir en que se debe mantener incuestionada la versión de Velasco sobre este punto, solo demuestra que no se ha apreciado en sus reales dimensiones el valor histórico de los grandes avances de los pueblos del norte andino en el desarrollo de la agricultura y el comercio, así como en la constitución de señoríos étnicos con características políticas muy avanzadas. Y en cuanto la versión concreta sobre la naturaleza del Reino de Quito, sus gobernantes y sus guerras, que el P. Velasco narra con tanto entusiasmo, tenemos que valorizarla por la calidad literaria y su contenido mitológico. Allí hay hermosas narraciones que deben ser leídas como leyendas que alimentan el imaginario nacional. La leyenda de Rómulo y Remo para los romanos, como la del Rey Arturo para los ingleses, no se valoran por su precisión histórica, sino porque contiene un mensaje de identidad. La Historia de Juan de Velasco es una de las obras claves del Ecuador, no solo porque fue el primer intento de historiar su pasado, sino también porque con ello puso una de las bases de nuestra identidad como estado nación. CANASTERO Cargado con un recipiente en la espalda Seguramente es una representación de un 'Mindala' o 'Comerciante - Viajero' Sala de Arqueología, Museo Nacional del Banco Central del Ecuador. Organización económica de los Curacazgos Agricultura multicíclica La base de la economía de los curacazgos fue la agricultura, sustentada en un conocimiento amplio del medio ambiente. Este conocimiento permitió a las sociedades aborígenes desarrollar un sistema de agricultura multicíclico en diversos pisos altitudinales contiguos, con un aprovechamiento óptimo de la fuerza de trabajo, debido a que paralelamente se realizaban varios ciclos productivos. Esta forma de utilización del espacio agrícola es más evidente entre los curacazgos que tenían sus centros poblados en la sierra, curacazgos que utilizaron áreas productivas desde los 3.000 m. sobre el nivel del mar, hasta zonas en los 2.000 m., propias de los valles interandinos o de las cejas de montaña.
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    La explotación yutilización agrícola de estos pisos altitudinales, localizados contiguos a los centros poblados, se hizo por medio de un tipo de productores quienes, desde su pueblo de origen se desplazaban temporalmente a los diferentes pisos ecológicos (llamados islas) con ese propósito; a ellos se los conoció con el nombre de camayuc. Es así como los curacazgos caras y pastos mantenían enclaves productivos en el valle del Chota, los puruháes en la cuenca del río Chanchán, o los pueblos panzaleos en territorios de los valles de Patate y del Guayallabamba o de la ceja de montaña de la cordillera occidental, en la región Yumbo. En el caso de las sociedades del Litoral se han encontrado evidencias de modelos similares a los serranos, con núcleos de vivienda cerca del mar, preferentemente, en los valles fluviales, y con islas en las zonas del interior, como es el caso de los pueblos de la zona de Agua Blanca, en el sur de Manabí. Actividades comerciales Esta estrategia productiva de autoabastecimiento agrícola (gracias a la explotación de diferentes pisos ecológicos hecha por una misma comunidad indígena) se combinó con actividades comerciales de carácter local y regional, lo que aseguró un abastecimiento regular de diversos productos. Las actividades comerciales se hicieron bajo dos modalidades: una libre y otra dirigida. En el primer caso, se trató de un intercambio comercial en mercados, llamados "tianguez", realizado por individuos comunes con fines de abastecimientos de productor básicos de consumo (tubérculos, maíz , algodón, etc.). En cambio, el comercio dirigido fue ejecutado por un grupo de especialistas, llamados "mindala", que actuaban en nombre de un señor o curuca. Los miembros igualmente comerciaban en los tianguez, pero allí intercambiaban productor exóticos y de uso ceremonial como la coca, la sal, el oro y la chaquira. En la región serrano tuvieron especial importancia económica los valles interandinos secos como: el Chota, Guayllabamba, Chanchán, Patate y Paute, entre otros. Estos valles sirvieron para el cultivo y explotación de variados productos agrícolas tales como el algodón, la coca, la sal, el ají, el añil y las frutas. La siembra de estos productos se realizó en las terrazas aluviales de las cuencas hidrográficas (playas o patas) y su control productivo lo ejercieron unidades políticas residentes en los mismos valles, pero también por colonias o enclaves pertenecientes a otros curacazgos del callejón interandino, de tal manera que estos espacios fueron multiétnicos, es decir, aprovechados por diversos grupos étnicos. Las relaciones que surgieron de esta convivencia se dieron sobre la base de acuerdos en torno al control de la tierra, al uso del agua y a la disponibilidad de mano dura. Todo lo señalado dio lugar a una diversidad de relaciones de trabajo sobre cuya base surgieron diferentes tipos de trabajadores como los ya mencionados camayac, los llamados "forasteros", que prestaban su fuerza
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    de trabajo acambio de una parte de la producción, o los yanas, indios a los que se les había limitado su libertad. En la región amazónica y en el litoral se formaron colonias con una economía especializada principalmente en sitios aptos para la producción o explotación de algodón, coca, sal y chaquira. Estos lugar se producción especializada fueron al mismo tiempo centros de intercambio (tianguez), los cuales tuvieron la condición de mercados abiertos a donde concurrían vendedores y compradores comunes y también comerciantes especializados de diversas regiones, quienes probablemente formaron parte de circuitos de intercambio mayores que vinculaban comercialmente a pueblos de la sierra con pueblos de la Amazonía y de la costa. Los mindalaes debieron conseguir en estos lugares los bienes exóticos que requerían sus sueños. Bajo este sistema de intercambio, ciertos productos agrícolas locales adquirieron la condición de moneda, tal es el caso de chaquira, en algunos pueblos de Guayas y Manabí, y en la sierra el de la cocla, en lugar como Pimampiro, y el de la sal, en las Salinas, de Imbabura y Bolívar. Los curacazgos huancavilcas y manteños, apoyados en una importante tecnología de navegación marítima, practicaron un importante comercio a larga distancia que les llevó hasta las costas del Perú y seguramente hasta las de Colombia. Su principal producto de intercambio era el "mullo" o la concha Spondylus, considerada importante símbolo de fertilidad entre las poblaciones nativas. INCENSARIO Antropomorfo Utilizado para quemar sustancias olorosas durante las ceremonias religiosas. Cultura Manteña -CA. 500 - 1532 A.C. - Sala de Antropología, Museo Nacional del Banco Central del Ecuador. Organización social y política Los sistemas de organización social de los pueblos prehispánicos se sustentaron en grupos de parentesco ampliados. A estos grupos se les conocer con el nombre de ayllus. Si bien es un vocablo quichua, probablemente originario de los Andes centrales, los principios básicos de su organización responde a elaboraciones de los propios grupos norandinos.
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    La poliandria (laposibilidad que los hombres tengan varias esposas), las normas exogámicas (la prohibición de casarse, dentro del mismo grupo hasta la cuarta generación), o la dualidad en el ordenamiento de sus territorios o de sus grupos familiares, entre otros, son sus características básicas. Cuando el ayllu está relacionado con el territorio y con los medios de producción básicos, se transforma en llajitacuna. Ahora bien, cada curacazgo estaba integrado por uno o varios ayllus. En los Andes septentrionales del actual Ecuador, a diferencia de lo que ocurrió en los Andes centrales (Perú y Bolivia), los ayllus, como tendencia general, eran unidades demográficas pequeñas cuyo número fluctuaba entre los 200 y 1200 personas. Aunque generalmente su tamaño mas bien gravitó alrededor de sólo las 200 personas. En términos de organización política, cada ayullu tenía su propia autoridad (a la que los españoles designaron con el nombre de principal), autoridad que dependía a su vez de un cacique mayor, que ejercía el poder sobre todo el curacazgo. En general, los curacazgos se caracterizaron por ser grupos autónomos en términos políticos y económicos, ya que hay pocas evidencias de confederaciones o alianzas entre ellos. El poder de la autoridad de los caciques mayores o señores étnicos se sustentó en la capacidad de movilización de mano de obra, obtenida como tributo, y en la posibilidad de redistribuir bienes exóticos entre los miembros de cacicazgo. Al analizar su comprensión social se evidencia la acentuación de importantes procesos de diferenciación social, que ya se iniciaron entre los pueblos indígenas en siglos anteriores. Estos grupos, tal como lo muestran los estudios de los pueblos del Valle de los Chillos, en el área Panzaleo, socialmente estaban conformados por una élite indígena privilegiada compuesta de los señores étnicos y sus parientes que no sólo percibían un tributo en mano de obra para el trabajo de sus tierras, sino que a su disposición estaban varios grupos familiares mindala y yanas; por un sector de especialistas artesanos y comerciantes o mindales, objeto de trato diferencial al interior del curacazgo, en tanto no estaban obligados a tributar en fuerza de trabajo como lo hacía la población común, sino en especies; por la población común mayoritaria, la cual en cambio generalmente estaba obligada a tributar al cacique en fuerza de trabajo y sólo en algunos casos en productos, y por los yanas, población con limitada libertad, que dependía directamente del cacique. En los cinco pueblos del Valle de los Chillos el 9.2% de la población correspondía a esta categoría. Creencias religiosas De acuerdo con las evidencias documentales, cada grupo étnico poseía su propio sistema de creencias religiosas. Mas al mismo tiempo, y gracias seguramente a las relaciones comerciales existentes entre los diferentes grupos étnicos, compartieron también un conjunto de creaciones religiosas que asumieron el carácter de supra local. Así pues, entre las poblaciones indígenas coexistió, por lo tanto, al mismo tiempo un sistema de creencias religiosas de orden local y, por otro lado, un conjunto de creencias de orden regional.
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    Entre estas poblacionesde voz guaca sirvió para referirse a las divinidades, adoratorios o lugares en donde se colocaban los ídolos. Existió una jerarquía de guacas con funciones definidas: mayores, menores y personales. Entre las mayores tenían más importancia las guacas de origen o pacarinas, que representaban el origen o inicio; en el panteón andino, fueron una constante y era de carácter regional y local. Cada grupo étnico tenía su propia pacarina, que la representaba en diversos objetos de la naturaleza. Entre los Paltas era la Acancana, representada por un montón de piedras sobre un cerro, y entre los cañaris era el cero de Guasaynan o Huacayñan. Las divinidades mayores más comunes fueron el sol y la Luna independientemente de su difusión como dioses durante la expansión Inca. En cuanto las guacas menores, la característica fundamental fue su difusión regional, es decir, su carácter divino era reconocido por un grupo étnico o ayllu. Estos dioses eran los nevados, cerros y montañas, piedras y lagunas, designados con nombres propios. Los puruhaes tenían como guaca principal Tulapuc, y como guaya menor, Puna; entre los panzaleos existieron dos guacas principales: el cerro Piccinca y el nevado Yllinca y una guaca local, representada por un cerro llamado Andazana. En cuanto a las guacas personales, se designaban como malquis y consistían en un culto personal representado por un antepasado o un objeto que le perteneció. Las sociedades tribales A diferencia de los curacazgos las sociedades tribales, que basaron su sobrevivencia en la recolección y en una incipiente agricultura, se organizaron bajo un modelo de economía diverso y hasta hoy poco esclarecido. Lo que mejor se conoce son sus prácticas comerciales, lo que les permitió a estas sociedades a establecer relaciones entre comunidades que no pertenecían a la misma región. Por ejemplo, debido al comercio de larga distancia, los quijos y jíbaros se vincularon comercialmente con comunidades serranas, utilizando diversas rutas de intercambio. Por su parte los lachas, chachis y yumbos mantuvieron tratos comerciales no sólo con pueblos de la sierra, sino también con algunos de la costa.
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    INGAPIRCA Restos de Arquitectura Incaicaen Ingapirca Provincia del Azuay. Fotografías de Enrique Ayala Mora, Ed. Nueva Historia del Ecuador, Vol. 2, Corporación Editora / Grijalbo, Quito, 1988. Los Incas en el actual Ecuador Juan Fernando Regalado* Los Incas inicialmente debieron semejar un grupo de ayllu como los que habitaron los Andes meridionales hace mil años. Acerca de su procedencia exacta se han obtenido datos diversos que provienen de relatos míticos muy difíciles de interpretar todavía. La información más precisa que se ha podido obtener se refiere al asentamiento del pueblo inca en una zona al norte del lago Titicaca, que hoy se conoce como el valle del Cusco, a unos 3.000 metros de altura. Dicha zona fue compartida entre los ayllu antiguos del lugar y las comunidades incas que llegaron en búsqueda de nuevos recursos de subsistencia. No se sabe con claridad de qué manera los Inka consiguieron supremacía sobre los demás grupos de aquél valle, pero debió ser un proceso largo que les permitió más tarde abrirse campo en un círculo regional conformado por etnias vecinas poderosas (Rostworowski, 1988). A partir de entonces contamos con narraciones menos confusas que coinciden en situar este momento, de desarrollo incaico y de conflicto con las etnias grandes, como el inicio del Tawantinsuyu; es decir, el período durante el cual empezó la constitución de una organización social mucho más compleja que un grupo inicial de ayllu o que la unidad de comunidades. Para ello, los primeros jefes Inka implementaron un monto de bienes sobrantes "para donar", a cambio del cual recibieron de los kuraka vecinos la mano de obra indispensable para obras de diferente tipo. Aunque contaban con un prestigio guerrero, les fue imposible disponer directamente, y en forma coercitiva, de cuotas de trabajo suficientes y
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    debieron conseguir autoridada través de las prácticas muy antiguas de reciprocidad y de minka (minga). El funcionamiento del estado inca. El inka Pachacutec, gobernante alrededor del año 1400, logró una organización interna de acuerdo a las circunstancias nuevas que aparecieron en el proceso de crecimiento y trazó un plan administrativo que permitió el funcionamiento de una sociedad de tipo estatal. El estado inca se apoyó en algunas técnicas y normas de subsistencia extendidas en la mayor parte del callejón interandino. Así, por ejemplo, los principios andinos de "reciprocidad" y "redistribución" fueron pautas que permitieron al Estado en expansión obtener, de las comunidades que se fueron incorporando, cuotas de trabajo para el Tawantinsuyu. Tanto la tradición de "obligaciones reciprocas comunales" de trabajo por turnos, cuanto una "generosidad obligatoria" de la autoridad, fue muy común en el mundo andino y no pueden equipararse hoy en día a un tipo de tributo; por ello, las investigaciones aluden mejor a un préstamo acordado de trabajo, junto a las obligaciones gubernativas. Para conseguir mano de obra el Inca presentaba una variedad de dádivas a los representantes de las comunidades y a su vez las etnias acordaban, por ejemplo, ocuparse de confección de textiles, o de un servicio guerrero, y de la labor de las tierras estatales y de culto. Al parecer estos medios resultaban menos onerosos que la coerción. Debido a esas normas andinas antiguas, en la etnia que aceptaba aquella modalidad, la organización de tareas y el período de dedicación se convirtieron en obligaciones comunales acordadas por todos con anterioridad. Este fue un tipo de prestaciones ordinarias, que cada unidad familiar al interior de la comunidad otorgó rotativamente al Estado y que es conocida como mita. Otra forma de prestación fue la dedicación total de ciertos grupos (kamayuj) a tareas especializadas o eventuales como la minería, obras públicas y labores textiles. Otra posibilidad -tardía en instituir- consistió en la provisión de un tipo de mano de obra sin regirse a las formas de reciprocidad, debido a que fue un grupo de personas (yana) que perdieron su condición de miembros de una comunidad y que cumplían exclusivamente objetivos estatales. El Estado captó el resultado del trabajo de las etnias, de los kamayuj y de los yana, para obtener reservas que se destinaron en su mayor parte en actividades guerreras y en la manutención de las demás comunidades que entregaban otros turnos de trabajo (mita). Otra parte importante de la producción se utilizó en el funcionamiento y en las dádivas gubernativos. También se construyó una red vial (Q' apaq ñan) que cubrió unos 4.500 km. de la cordillera de los Andes. Además, la cantidad de mano de obra vasta facultó al incario para adquirir recursos agropecuarios. En la conservación de alimentos se aplicaron excelentes técnicas, que permitieron almacenar cantidades grandes de productos en los depósitos estatales, mientras que la acumulación de bienes contribuyó para que el gobierno inka cumpliera, además del gasto administrativo, con la redistribución a nivel estatal y las exigencias de la reciprocidad, configurando un sistema de prestaciones rotativas y depósitos estatales (J. Murra, 1975; 1978). Este esquema organizativo general implicó formas diferentes de control, según el tipo de actividad estatal. Si bien hubo funcionarios vinculados al
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    Inca por parentesco,hubo otros por designación de confianza, junto a autoridades étnicas locales que conservaron sus funciones antiguas en beneficio del incario. Una de las actividades más notorias de aquellos funcionarios fue el registro detallado de la población y de los recursos de subsistencia, denominado k' ipu. Otro tipo de funciones con responsabilidad estatal fue los mitmaj. Se trató de comunidades o etnias enteras que fueron trasladadas desde su lugar de origen hacia regiones preestablecidas por el gobierno. La finalidad del traslado fue múltiple, considerando objetivos políticos y económicos. Hay información acerca de poblaciones que fueron movilizadas bien como forma de sanción, o como vigilancia de las fronteras del Tawantinsuyu. Los indicios de objetivos productivos se refieren en su mayoría a la apertura de nuevas zonas agrícolas para el sustento del estado, donde una parte de la tierra de los curacazgos fue empleada para usufructo del Inca y del Tawantinsuyu. Las labores fueron coordinadas con el ciclo agrario de cada región y consideraron el estilo de trabajo de cada etnia, porque en la época del Tawantinsuyu los curacazgos locales permanecían sosteniendo el acceso de los miembros de los ayllu a todos los medios de vida de su grupo. Sin embargo, algunos historiadores sugieren que al final de la existencia del incario se ha podido constatar una presión creciente del Estado para obtener mano de obra, que afectaba la permanencia autosuficiente de las comunidades locales y que pudo conducir hacia un control particularizado sobre los recursos económicos. La presencia Inca en los Andes septentrionales. La modificación que las culturas andinas hicieron de una geografía con grandes altitudes y una biodiversidad vasta, como en pocas partes del mundo, todavía es subvalorada. Aunque la arqueología ha comprobado el período corto de la ocupación inca, no tiene precedentes en los Andes, y posiblemente en el resto de "América" nativa, la conformación de una envergadura estatal tan amplia como el Tawantinsuyu. La acometida inca se efectuó según las distintas regiones andinas y produjo niveles diferentes de consentimiento en cada grupo étnico y también diferencias en los requerimientos estatales. En los Andes del norte o septentrionales Tupa Inka Yupanki consiguió los primeros vínculos políticos. Su sucesor, Wayna Q' apaq, debió suplir la modalidad inicial de "enclaves" inka con el esquema integrador del Tawantinsuyu, y debió organizar campañas guerreras en algunas zonas del actual Ecuador. La coexistencia de las especificidades étnicas antiguas junto al modelo inca de uniformidad fue un problema cuya solución dependió de la condición de cada sociedad local y de las necesidades del Tawantinsuyu. La relación política con las etnias de esta región norte se emprendió con una red de puntos de apoyo, coordinada por una clase de emisario estatal, y con alianzas a través de algunos "dones"; pues, los jefes Inka debieron otorgarle mayor interés a la búsqueda de vínculos antes que a campañas cruentas siempre más onerosas. Los funcionarios incas no vencieron a los habitantes de la foresta tropical de la costa y de la Amazonía. Excepto por algunas referencias a la zona Puná, el Tawantinsuyu marcó sus fronteras en las bocas de montaña que unen las tierras bajas tropicales del este y oeste con la serranía. En parte, esa imposibilidad se debió al pensamiento inca que subestimaba las sociedades del piedemonte y en mayor medida debido a la resistencia
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    tenaz que presentaronaquellos grupos étnicos a cualquier campaña guerrera. El dominio Inca en la región austral. Resultó un caso muy difundido la huida en dos ocasiones de los guerreros Inka que intentaron llegar a la región de los "Jivaro" Bracamoros; no obstante, en la zona del grupo Palta, con una filiación muy cercana a los "Jivaro", se generó en poco tiempo la presencia de Tupa Inka Yupanki. La composición social disgregada de los Palta fue propicia para una incorporación rápida al incario (A. Taylor, 1988). Los rasgos de la zona Palta, descritos por los primeros españoles, en realidad corresponden a un modelo incaico -establecido cinco décadas atrás- cuyo efecto conocido fue el despoblamiento repentino de la zona debido a una huída masiva de los Palta a la región de sus parientes Bracamoro, abandonando el área del actual Loja. Más allá, Tomebamba se convirtió en una residencia preferida de Wayna Q'apaq; sin embargo tras su muerte los conflictos resurgieron, provocando el acuerdo de los Cañari con el sector de Huáscar: hasta entonces los Inka ya habían modificado la organización aborigen en el área. Los Cañari constituyeron una unidad lingüística y cultural, mas no política. La etnia estuvo integrada por comunidades de los valles interandinos y de la zona del río Upano -al oriente- que conformaron un ambiente muy activo de relaciones sociales. El estado inca incluyó a estos curacazgos en una estructura política jerarquizada y los especializó regionalmente según el tipo de producción, cerrando la frontera del Tawantinsuyu en los pasos hacia la Amazonía. La región Cañari marcó sin duda el límite de aculturación inca (A. Fresco, 1983; Idrovo, 1992). Este es el único sector donde destacan construcciones civiles y ceremoniales con un estilo arquitectónico claramente cusqueño y un conjunto considerable de caminos que recorren los Andes desde Achupallas (al sur de Chimborazo), pasando por Ingapirca y Tomebamba, hasta los últimos vestigios en Catamayo. La región central y la frontera septentrional. El dominio Inka entre los Puruhá se calcula en cuarenta años más o menos. Tupa Inka Yupanqui tuvo una presencia leve y el control zonal fue efectivo sólo cuando se pudieron apaciguar más tarde los conflictos en el norte. Aquí el régimen estatal contó con la permanencia de kamayuj en la montaña de la vertiente occidental de la cordillera para cultivos tropicales, al mismo tiempo que acentuó la organización de las comunidades locales en unidades cada vez más integradas en un sistema piramidal (F. Salomón, 1990). En cuanto a Quito, los últimos estudios descartan algún estatus urbano preincaico. Quito se denominó una zona más amplia que un núcleo poblacional. Posiblemente su importancia, rápidamente evaluada por los
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    Inka, consistió enla posición estratégica de intersección de vías de relación cultural. En el sector de la actual ciudad se estableció un puesto incaico con características guerreras, defendido por una serie de fortificaciones levantadas alrededor de los valles en forma de abanico. El incario además construyó tampu (tambos) siguiendo las rutas antiguas y situó población mitmaj entre las áreas cercanas (T. Bray, 1993), a la vez que varios grupos fueron desplazados a otras regiones. La última incursión en la frontera septentrional del Tawantinsuyu estuvo planificada por Wayna Q'apaq quien consiguió una sumisión operativa de la región, que duró entre tres y cuatro décadas. Inicialmente la presencia inca se efectuó con puestos de avanzada, a manera de enclaves, empleando mitmaj, y únicamente se obtuvo el control eficaz después del triunfo en Yahuarcocha. Aún así, en la región de Otavalo, el dominio de los Inka tuvo una fragilidad evidente en la ausencia de organización administrativa incaica fija. Así, como parte de la política estatal, el Inca estableció vínculos personales con el jefe del curacazgo de Otavalo, otorgándole ventajas zonales importantes a cambio de su adhesión (Caillavet, 1985). Aunque el uso de la fuerza fue una actitud usual en las áreas de frontera, el Tawantinsuyu en esta zona dosificó la asistencia guerrera, presentando una conducta de alianzas y otorgando privilegios para obtener una autonomía controlada. Se sabe que en el Otavalo prehispánico funcionó un centro ceremonial antiguo importante, que sirvió a los Inka para reforzar su relevancia regional, apoyando su unidad política en torno al jefe étnico y circunscribiendo, con fronteras, los grupos bajo su influencia. A la vez los gobernantes incas permitieron aquí el flujo comercial con las regiones de la costa ecuatorial y la Amazonía, para impulsar las relaciones políticas con las zonas donde fallaba la coerción, a medida que afianzaban los vínculos intraestatales. Caranqui (al sur de Ibarra) se erigió como el último asentamiento relevante de los Inka. En la región de los Pasto, en cambio, únicamente existen referencias a puntos de apoyo guerrero que duraron menos de treinta años y que no perturbaron la organización autóctona, ni su subsistencia muy relacionada a la vida de diversos micro climas (Landázuri, 1983; Caillavet, 1991; Salomon, 1988). En este ambiente político a Wayna Q'apaq le sorprendió la muerte, sin que su voluntad para la sucesión del cargo pudiera definirse. El relevo de su mando originó una disputa complicada entre dos de los hijos. Tanto Huáscar como Atahualpa consiguieron apoyo de varios miembros del linaje inca para asumir el gobierno; además, la decisión se dificultó porque hubo provincias que tomaron partido y los funcionarios promovieron a uno u otro de ellos. Por sucesos políticos parece que Huáscar perdió legitimidad y Atahualpa venció en la disputa. Atahualpa se dirigía hacia los Andes meridionales cuando se produjo el lapso fatal en Cajamarca. Aquella disputa, como la mentada actitud de los Cañari a favor de uno u otro bando, son extraños a un simple enfrentamiento armado como lo destacan los libros colegiales. En el primer caso había una disputa política complicada que incluso remitía a una descendencia matrilineal histórica entre las familias Inka. En el segundo, no se trató de una ligazón de los cañaris a un inca "peruano" frente a un "quiteño", sino de una actitud mucho más profunda y contradictoria ante el poder estatal encarnado en uno u otro Inca, ámbito que a la larga era el tipo de eslabón débil del Tawantinsuyu.
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    Las constantes rebelionesdirigidas por varios jefes étnicos y la magnitud territorial alcanzada en un tiempo corto son una muestra de la constitución muy compleja del Tawantinsuyu, que disuelve la imagen de un poder monolítico. Los investigaciones históricas (Caillavet, 1985; Salomon, 1980; Taylor, 1988) coinciden en describir la estrategia de dominación inca en el actual Ecuador como una combinación múltiple de estrategias políticas y de formas coercitivas. Las medidas compulsivas estuvieron reflejadas sobre todo en la presencia de población mitmaj, mas no en "huestes militares" que corresponden mejor a una perspectiva bélica insistente en las historias de límites. La política de la conquista inca tendió a conservar la autoridad de los jefes locales y a reducir la dependencia de los curacazgos con las áreas desligadas del Tawantinsuyu. Específicamente, el Inca señaló entre las etnias un kuraka que propiciara una congruencia entre los niveles estatal y autóctono del gobierno; añadió modos disuasivos o privilegios para preparar una formación jerarquizada y en algunos casos se crearon estamentos intermedios de interrelación inca y local. Asimismo, el incario provocó variaciones en la economía de las comunidades, sea reduciendo al mínimo la dependencia económica extralocal, o sea a través de la conversión de un recurso, de actividad de subsistencia, en acción delegada por el Estado. De otro modo, se conservó la explotación pre-inca de diversos nichos ecológicos e interfirió en la actividad de los mindalaes pero sin suprimirlos. El saldo de esta manera de dominio resultó menos disociadora que un andamiaje sin mandato local. Por tanto, para enraizarse, el Estado buscó estructuras análogas a las de su propia conformación porque, lejos de trastornar a fondo las culturas que incorporaba, se ocupó de aparecer como una prolongación de las organizaciones locales. Así se comprende actualmente que la organización comunal fuera mejor definida donde hubo una mayor presencia inca, o que los ámbitos de organización local permitidos por el Inca pudieran mantenerse o reconstituirse bajo otras condiciones tras la colonización europea. Glosario Ayllu: voz indígena que indica un grupo de parientes con un antepasado común. Fue la unidad social básica pre-hispánica basada en el parentesco. Cacique: voz nativa de centroamérica; véase curaca. Camélidos: una familia de mamífero rumiante nativo de los Andes. Existe la variedad de alpaca, guanaco, llama, vicuña. Curaca (curacazgo): en quichua, jefe de la comunidad. Huaca (Waca): divinidad, adoratorio, o lugar de residencia de las divinidades. Camayoc (kamayuj): productor especializado, desplazado temporalmente a
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    nichos de produccióncontiguos al centro de vivienda. Llajta (del qhishwa 'llaqta'): pueblo. Malqui: divinidad personal representada por un antepasado o un objeto que le perteneció. Mindalae (voz de lengua desconocida): se refiere a un indígena mercader o comerciante que actuaba a nombre de un "señor". Pacarina: representaba el lugar de origen o el "inicio". Tawantinsuyu (de las voces 'tawantin' y 'suyu'): cuatro regiones unidas entre sí. Tianguez: termino nativo de centro América, adoptado por los españoles, que se refiere a un mercado. Yana: población dedicada sólo a actividades estatales o de un "señor". Orientaciones bibliográficas Para conocer algunos aspectos generales de las sociedades andinas anteriores a los Incas se pueden revisar los estudios de: John Murra, Formaciones económicas y políticas del mundo andino, Lima, IEP, 1975. Para caracterizaciones más precisas de algunas culturas que habitaron el Ecuador prehispánico, sugerimos los trabajos de: Udo Oberem, "El acceso a recursos naturales de diferentes ecologías en la sierra ecuatoriana (siglo XVI)", Contribución a la etnohistoria ecuatoriana, Colección Pendoneros, n. 20, Otavalo, IOA, 1981; Segundo Moreno, "Formaciones políticas tribales y señoríos étnicos", Nueva Historia del Ecuador, vol. 2, Quito, Corporación Editora Nacional-Grijalbo, 1988; Chantal Caillavet, "Las jefaturas prehispánicas del norte del Ecuador. Formas de hábitat y organización territorial", Memoria, n.2, Quito, Marka, 1991; Frank Salomon, Los señores étnicos de Quito en la época de los Incas, Colección Pendoneros, n.10, Otavalo, IOA, 1980; Cristóbal Landázuri, Los curacazgos Pastos prehispánicos, Colección Pendoneros, Quito, IOA, 1983; Anne C, Taylor, "Las vertientes orientales de los Andes septentrionales: de los Bracamoros a los Quijos", Al este de los Andes. Relaciones entre las sociedades amazónicas y andinas entre los siglos XV y XVII, tomo II, Quito, Abya Yala - IFEA, 1988. Para quien desee profundizar su conocimiento y obtener una visión amplia sobre los Inka, se puede consultar el trabajo efectuado por John Murra, La organización económica del estado inca, México, Siglo XXI, 1978 (1955) (incluye un glosario con términos indígenas: pp. 24-26); y del mismo autor algunos capítulos de Formaciones económicas y políticas del mundo andino, Lima, IEP, 1975. Recomendamos el libro de María Rostworowski de Diez Canseco, Historia del Tahuantinsuyu, Lima, IEP, 1988, especialmente los cap. I y II sobre la configuración del grupo Inka y el cap. III que trae una interpretación de las disputas entre Huascar y Atahualpa: una ayuda grande es el glosario (pp. 293-302) que contiene más de 150 voces nativas. Sobre los incas en el área del actual Ecuador, se puede consultar a: Udo Oberem, "El periodo incaico en el Ecuador", Nueva Historia del Ecuador, Vol 2, Quito, Corporación Editora Nacional-Grijalbo, 1988, pp 135-166. Y los estudios realizados por Frank Salomon: Los señores étnicos de Quito en la
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    época de losincas, Quito, Colección Pendoneros, 10, Instituto Otavaleño de Antropología, 1980; F. Salomon, "Un complejo de mercaderes en el norte andino bajo la dominación de los incas", Revista de Antropología , Vol IV, n.2, Bogotá, Universidad de los Andes, Dpto. de Antropología, pp 107-125, 1988; F. Salomon, "La política vertical en las fronteras del Tawantinsuyu", Memoria, n.1, Quito, Marka Instituto de Historia y Antropología Andinas, pp. 7-41, 1990. También los trabajos de: Chantal Caillavet, "La adaptación de la dominación incaica a las sociedades autóctonas de la frontera septentrional del Imperio (territorio Otavalo-Ecuador)", Revista Andina, año 3, n.2, Cusco, Centro Bartolomé de las Casas, 1985, pp.403-423; Anne C. Taylor, "Las vertientes orientales de los Andes septentrionales: de los Bracamoros a los Quijos", Al este de los Andes: relaciones entre las sociedades amazónicas y andinas entre los siglos XV y XVII, tomo II, Quito, Abya Yala/IFEA, 1988 (este texto ofrece además un glosario con términos indígenas: p.215-18). Y los estudios arqueológicos efectuados por: Antonio Fresco, "La red vial incaica en la sierra sur del Ecuador; algunos datos para su estudio", Cultura, n. 15, Quito, Banco Central, 1983, pp 109-148; el de Jaime Idrovo, "Culebrillas... una laguna sagrada", Memoria, n.2, Quito, Marka, 1992, y el de Tamara Bray, "Los incas en el norte del Ecuador: estrategias de incorporación y control en la frontera imperial", Memoria, n.3, Quito, Marka, 1993. Sin embargo todos estos textos contienen algunos términos poco conocidos, que en el caso de los estudiantes deberán ser explicados con detenimiento. Un aporte grande constituyen los libros de: Lilyan Benítez y Alicia Garcés, Culturas ecuatorianas. Ayer y hoy, Quito, Ed. Abya Yala, 1990, 5ta edición; el de Ernesto Salazar, Entre mitos y fábulas. El Ecuador Aborigen, Quito, Corporación Editora Nacional, 1995; y el de Alba Moya, Atlas de Historia andina, Cuenca, LAEB, Universidad de Cuenca, 1995. GRABADO Resistencia a la Conquista Grabado de Teodoro de Bry, 1590, tomado del libro América, de Philip Zigler. Banco central del Ecuador, Fondo Jacinto Jijón y Caamaño.
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    Conquista Española eInicios del a Epoca Colonial Siglo XVI Rosemarie Terán Najas* Introducción El siglo XVI fue escenario de dos importantes fenómenos históricos: la conquista española y el complejo proceso de instalación del sistema colonial. Ninguno de los dos se dio de manera abrupta e inmediata. Ninguno significó una victoria absoluta de los conquistadores españoles sobre las sociedades que habitaban los territorios del "Nuevo Mundo". De hecho, los aborígenes resistieron la conquista y la colonización a veces por medio de enfrentamientos directos, pero fundamentalmente por medio de estrategias políticas y culturales que se proyectaron más tarde en la larga temporalidad colonial. De otro lado, la misma monarquía española y los conquistadores se enfrentaron entre sí por el control y el usufructo del proceso de colonización y por las características que debía tener. Estas diferencias se ventilaron a lo largo del siglo XVI a través de debates, guerras y movimientos subversivos. Sólo en las últimas décadas de esa centuria, se logra la consolidación de un orden colonial y de las instituciones que van a regir gran parte de la vida colonial y de las instituciones que van a regir gran parte de la vida colonial en los siglos siguientes. La exploración del Atlántico durante el siglo XV América, el gran continente rodeado por los dos océanos más grandes del planeta, se mantuvo hasta 1492 quinientos y más años atrás como una tierra desconocida para el resto del mundo. Su historia, protagonizada por los casi 50 o 60 millones de habitantes que tenía poco antes de aquel año, transcurría en la soledad a la que le confinaba la distancia y el aislamiento respecto de los otros continentes. Por el contrario, Europa, Asia y África mantuvieron durante milenios vínculos geográficos e históricos muy estrechos, que fueron incrementándose durante el siglo XV gracias al intercambio comercial de larga distancia, que se estableció principalmente a través del mar Mediterráneo, a cuyo alrededor confluían diversas culturas y civilizaciones del oriente y del occidente del "Viejo Mundo". Para los europeos de es siglo, la más importantes y cotizadas de las rutas comerciales intercontinentales era la que les permitía llegar a la India y al lejano oriente asiático en procura de las famosas "especias", es que empleaban en la conservación de las carnes que iban a servir de alimento durante los crudos inviernos. En esos lejanos lugares de Oriente los comerciantes también obtenían seda y algodón fino, ambos textiles muy codiciados por las clases pudientes europeas. La necesidad y el lujo, por consiguientes, influyeron para que eses comercio de productos exóticos, cuyo monopolio en el Mediterráneo lo ejercían los mercaderes genoveses y que sufría la amenaza de los turcos en Constantinopla -punto principal de la ruta por tierra, creciera en volumen e importancia hasta el punto de incentivar en otros países similares empresas, los que principalmente se lanzaron a la búsqueda de oro, indispensable para participar en el tráfico comercial.
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    Por su privilegiadasituación marítima, Portugal fue el país que a partir de 1418, luego de arrebatar Ceuta a los musulmanes, encabezó la iniciativa de buscar una ruta alternativa hacia la India, esta vez bordeando las costas atlánticas del continente africano en dirección al océano Indico, con lo cual se obviaba el obligado paso por el Mediterráneo. Pero en forma paralela a la expansión atlántica, Portugal fue creando sus primeras colonias insulares (islas Madeira, Azores), en las que estableció plantaciones de caña de azúcar con el trabajo de negros africanos que esclavizaba a medida que avanzaban las exploraciones. En poco tiempo, los esclavos, el oro y los productos exóticos estimularon como nunca ante el intercambio comercial y llegaron a ser objeto de la codicia de varios países europeos, ansiosos por incrementar sus fuentes de riqueza, tales como España, Holanda, Francia e Inglaterra que se lanzaron al comercio ultramarino y terminaron por convertirse en las primeras potencias colonizadoras modernas, con España y Portugal a la cabeza. Ello iba a estimular la formación de un mercado más integrado y competitivo, de alcances mundiales, que marcaría el tránsito del feudalismo a la época capitalista. ¿Cómo se involucró España en la aventura expansionista de ultramar? A la par que los portugueses, también sus vecinos los marinos andaluces habían incursionado con fuerza en el Atlántico durante el siglo XV. Contando con la ventaja de tener establecida una colonia castellana en las islas Canarias desde 1402, a la que usaron como base de las expediciones, los andaluces terminaron combinando la pesca de altura con la explotación de lucrativo comercio de esclavos, oro y especias que ofrecía el noroeste africano. Tanto para los españoles como para los portugueses, la expectativa de encontrar nuevas tierras hacia el Oeste se afirmó en la medida que aumentaba el conocimiento del océano y de sus probables rutas. Este fenómeno, unido a la certeza ya bastante difundida entre los comerciantes y marinos de fines del siglo XV de la esfericidad de la tierra, creó las condiciones para hacer posible el primer viaje trasatlántico. De manera que hoy nos parecería inverosímil, la competencia entre España y Portugal por el control ultramarino se resolvió en 1494 a través de un tratado llamado de Tordesillas por el cual, con el arbitrio del Papa Alejandro VI, el mundo que se estaba descubriendo fue repartido entre ambos países. El "Descubrimiento de América" Se podría pensar que le empresa americana fue una prolongación natural de aquellas primeras experiencias de navegación atlántica. Tarde o temprano los vientos alisios terminarían empujando las embarcaciones en dirección al desconocido continente. Sin embargo, la hazaña de la travesía por el Atlántico no fue tan simple. Tuvieron que confluir una serie de factores de diverso tipo para hacerla posible. De un lado, el ansia de exploración de nuevas fuentes de riqueza trajo aparejado el adelanto tecnológico. Tuvo que aparecer la carabela, buque creado para surcar el océano, que resumió en sí toda la experiencia náutica acumulada hasta entonces por el "Viejo Mundo". Además, fue indispensable el desarrollo de medios de orientación en el mar.
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    Para fines delsiglo XV, el antiguo temo que suscitaba el misterioso y desconocido océano, llamado Mar Tenebroso durante la Edad Media, había sido en parte superado por conocimientos más científicos. Entre otras cosas, los navegantes disponían de rudimentarias cartas marítimas que se iban completando en las exploraciones y podían calcular la latitud de un lugar por observaciones de la esfera celeste realizadas a través del astrolabio y el cuadrante. No obstante, estos métodos eran insuficientes para la navegación en alta mar, que también requería experiencia, intuición y una firme convicción en el rumbo elegido. Y fueron estas cualidades precisamente las que confluyeron en el genovés Cristóbal Colón, mezcla de diestro marino y avezado mercader, que se aventuró al encuentro de una ruta hacia la India por el Oeste (Bustos: 1983: 35-44). Pese a ser el país más desarrollado en materia de navegación atlántica, Portugal no apoyó el proyecto de Colón, por hallarse empeñado en la circunnavegación del África. España, en cambio, sí respaldó la empresa a través de los Reyes católicos Isabel y Fernando, alentados por la exitosa culminación de sus guerras de reconquista que concluyeron con la expulsión de moros y judíos de sus territorios. La toma cristiana del último reducto moro en Granada se dio justamente en 1492, meses antes de que Colón efectuara su primer arribo a islas americanas. * Docente de la Universidad Andina "Simón Bolívar" e investigadora del Taller de Estudios Históricos. GRABADO Desembarco en tierras Americanas Grabado de Teodoro de Bry, 1590, tomado del libro América, de Philip Zigler. Banco central del Ecuador, Fondo Jacinto Jijón y Caamaño.
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    El asalto aLas Antillas y la crítica de la conquista Los viajes de Colón a Las Antillas y a la costa continental americana encendieron rápidamente en los europeos la ambición por las riquezas que podían ofrecer las nuevas tierras descubiertas, tierras que se consideraron parte del Asia por lo que se las llamó las "Indias occidentales" hasta las primeras décadas del siglo XVI, época en la que Américo Vespucio comenzó a difundir la idea de que se trataba de continentes distintos. Pero aunque es cierto que las empresas descubridoras de esos años se mantuvieron en el empeño de encontrar la ruta del a Especiería, la gente que en ellas participó las aprovechó para saciar su sed de oro y para justificar, con los envíos de ese codiciado metal a la Corona Española, la prosecución de las exploraciones. El rescate del oro en las Antillas se hizo con el trabajo de los nativos expresamente esclavizados para ese propósito o previamente repartidos entre los colonos a través de la encomienda, que aparece allí por primera vez como la institución básica que regularía la relación entre los dominadores y la población nativa. De hecho, por medio de ella los conquistadores adquirieron el derecho de poseer un número determinado de indios para su servicio, a cambio de la obligación de favorecer el adoctrinamiento de su encomienda. Las matanzas directas para someter a las poblaciones, características de la primera fase de la conquista, el cruel e intenso ritmo de trabajo y las enfermedades transmitidas por los colonos provocan que en menos de veinte años la población nativa se extinguiera casi en su totalidad. Sólo en la isla Española (actuales República Dominicana y Haití) los aproximadamente 500.000 habitantes que existían en 1492 se redujeron a 32.000 para 1514, es decir, 16 años después. La intensidad de la explotación también se puede advertir en el volumen de oro antillano que llegó a Sevilla hasta 1520: 14.118 kilos de oro, sin incluir el de contrabando. Tan impactantes fueron las atrocidades cometidas en la conquista de Las Antillas, que las primeras denuncias provinieron del mismo sector español y terminaron favoreciendo un debate sin precedentes, no igualado por potencia colonial alguna en la historia, en que se sometió a discusión la legitimidad misma de la presencia europea en el nuevo mundo. Asumieron la defensa de los indígenas los religiosos españoles de la Orden de Santo Domingo, con Bartolomé de la Casas de la cabeza. Su lucha llevó a que la Corona revisara los fundamentos mismos de la colonización, cuyo problema central era en ese momento la encomienda. Se procedió entonces a introducir una modificación sustancial, que iba a causar revuelo entre los encomenderos: la encomienda no sería perpetua y sólo duraría el lapso de dos vidas. El gobierno de las "Indias" España se atribuyó el gobierno de las Indicas no sólo por supuestos derechos derivados a la conquista, sino porque los papas favorecieron a los Reyes Católicos con concesiones en el gobierno de la Iglesia. A través de lo que se denominó el "Patronato"; por ejemplo, los monarcas se atribuyeron el derecho de intervenir a el "gobierno espiritual", presentando sus candidatos a los cargos eclesiásticos, entre ellos los de obispos.
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    Otro de losbeneficios era el de los diezmos eclesiásticos, impuestos que la Corona se otorgó para sí a cambio de construir y sostener iglesias en América. Los reyes se preocuparon también de reglamentar desde el principio los beneficios que iban a obteniendo de la conquista y el control de las tierras y hombres descubiertos. Fue por eso que a Colón se le recortaron los privilegios obtenidos a través de las Capitulaciones de Santa Fe, por las que se le habían concedido títulos militares, nobiliarios y repartimientos de indios. En adelante, se procedería de igual forma con todos los conquistadores, cuyas posibilidades de acción a partir de principios del siglo XVI terminaron siendo notablemente disminuidas con el envío de funcionarios directos del rey: los gobernadores. Su objetivo fue sustituir el poder militar emanado de la Conquista por el poder civil dependiente de la Corona. Pese a que algunos conquistadores recibieron como recompensa el título de gobernador, la Corona puso límites de sus facultades, pues quería evitar que las distintas posesiones americanas surgieron autoridades patrimoniales locales y poderosas señores feudales (Kanetske: 1997: 117). Para regular las relaciones de la metrópoli con Ultramar, la Corona había establecido ya en 1503 la Casa de Contratación, destinada a controlar el tráfico comercial entre España y América. Y como primero y máximo órgano del gobierno civil se creó el Consejo de Indias, derivado del Consejo de Castilla, que empezó a funcionar alrededor de 1517, sirviendo además de tribunal de última instancia para las cortes de justicia americanas. Pero la creación de estas instituciones no iba a significar que las Indicas recibieran el mismo tratamiento que los reinos de España. En realidad esa red de instituciones estaba al servicio de un sistema colonial en proceso de configuración. La colonización emprendida por España se sustentó en la creación de estructuras políticas, económicas e ideológicas de dominación destinadas a someter un extenso territorio que estaba fuera del suyo, y cuya apropiación iba a permitir en adelante explotar la fuerza de trabajo nativa ya organizada y sus variados y ricos recursos naturales. El intercambio colombino y la transformación de la base productiva [] Los españoles trajeron a las nuevas tierras muchos organismos[] que tuvieron marcados efectos en las estructuras sociales. La presencia de los caballos revolucionó el arte de al guerra, y el empleo de mulas y burros aumentó las posibilidades del transporte a larga distancia. Los caballos y mulas proliferaban en la sierra. En poco tiempo los abundantes pastizales se convirtieron en criaderos de bestias para la economía minera panandina. El aumento de recuas y su conducción entre el "desembarcadero" de Guayaquil y la sierra, comenzaba a ocupar casi esclavizar a los naturales que habitaban en pueblos a lo largo del antiguo camino aborigen. Mayores consecuencias aún produjo la introducción de ganado ovejuno. Bajo el imperio incaico, se había inculcado la producción de lana de
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    camélidos (llama yalpaca). [] Con la destrucción del régimen inca y con las depredaciones de españoles que hurtaron miles de animales para finalidades de alimentación y transporte, los rebaños imperiales rápidamente desaparecieron. [] En poco tiempo se notó el fenomenal éxito de las ovejas españolas en ambientes nor-andinos [] [] El ganado vacuno también se multiplicó a un paso acelerado, ocupando terrenos cultivables que el reducido grupo de cultivadores indígenas ya no podían sembrar ni defender militarmente. La tecnología agrícola a base del arado de buey, posibilitó el uso intensivo de tierras que antes se cultivaban solamente mediante el método de quema y barbecho. El efecto del "ganado menor" no fue tan negativo. En pocos años la población andina asimiló completamente los animales domésticos menores, importados de Europa. Las gallinas tuvieron éxito casi instantáneo en el mundo indígena, y los cerdos [] pudieron no solamente florecer bajo climas de variada altura, sino acompañar a sus dueños en sus expediciones. Las semillas europeas aumentaron apreciablemente el potencial productivo de los Andes []. El trigo y la cebada, sin llegar a ser comidas importantes en la cocina aborigen, se difundieron ampliamente porque los encomenderos exigieron su producción a modo de tributo. Es probable que, en cierto grado, la cebada desplazara los tubérculos andinos (papa, oca, mashua, etc.) y a las chenopodáceas (quinua, cañihua). Las cosechas tropicales del Nuevo Mundo también se radicaron desde comienzos de la época colonial. En los territorios del actual Ecuador, el cultivo de la caña de azúcar comenzó durante principios de la colonia, y el banano planta de probable origen africano aumentó el potencial productor de regiones con suelo muy húmedo. Tomado de Frank Salomon, "Crisis y transformación de la sociedad aborigen invadida", en Enrique Ayala Mora, Edit., Nueva Historia del Ecuador, Vol. 3, Corporación Editora Nacional / Grijalba, Quito, 1988, 108- 111 GRABADO Batalla del Cuzco Grabado de Teodoro de Bry, 1590, tomado del libro América, de Philip Zigler. Banco Central del Ecuador, Fondo Jacinto Jijón y Caamaño.
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    Los conquistadores invadenel continente Agotados los recursos de Las Antillas y prácticamente exterminada su población, los conquistadores se dirigieron en busca de nuevas riquezas hacia el continente. En 1518 Hernán Cortés invadió México, y ya para la década de 1520 el eje de las campañas conquistadoras había pasado de Las Antillas a Panamá, que se convirtió en base de las conquistas emprendidas hacia las tierras del Sur. En el continente los conquistadores se encontraron con culturas mucho más complejas, a diferencia de los que ocurría en las islas, donde la población nativa se organizaba en pequeñas agrupaciones gobernadas por caciques, y dependían de la caza, la recolección y de una agricultura elemental para la autosubsistencia. En las mesetas centrales de México, tal como ocurría también en las mesetas y valles andinos de los actuales Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia, existían, en cambio, densos y muy heterogéneos conglomerados poblacionales, regidos por sistemas políticos estatales y basados en economías agrícolas altamente desarrolladas que dependían del intercambio y de sofisticados sistemas hidráulicos. Se trataba de sociedades muy jerarquizadas, en las que el Estado había realizado una cuidadosa distribución de funciones económicas y sociales entre los grupos, lo cual fue mantenido inicialmente por los españoles en provecho propio. Para la conquista de estas grandes civilizaciones continentales a los europeos no les fue suficiente embestir casi por asalto, como ocurrió en las islas; usaron, sobre todo, la guerra y la estrategia política. Los españoles aprovecharon el rechazo que los grupos nativos mantenían a las hegemonías azteca e inca, y les brindaron su apoyo bélico, con lo cual la conquista se convirtió en una guerra en múltiples direcciones. Buena parte del éxito obtenido por Hernán Cortés en la conquista de México, por ejemplo, se debió al apoyo que recibió de los tlaxcaltecas, grupo indígena que, como otros, vio en el sector español el aliado ideal para luchar contra el emperador azteca Moctezuma. La conquista del Tawantinsuyu Las exploraciones hacia la pare meridional del continente fueron protagonizadas por veteranos de la conquista americana, que había llegado entre los primeros grupos europeos que arribaron al Caribe. Ese fue el caso de Francisco Pizarro y de Diego de Almagro, quienes en sociedad con Hernando de Luque, emprendieron una larga travesía hacia del descubrimiento de las inmensas y desconocidas tierras del "Perú", denominación que derivaba de "birú", nombre nativo de un río en la costa pacífica (al norte de la actual Colombia), que en la década de 1520 constituía una especie de frontera natural entre la avanzada conquistadora establecida en Panamá y lo que quedaba por explorar hacia el sur. Los viajes hacia el sur arrancaron en 1524, inmediatamente después de las primeras noticias que se tuvieron sobre la existencia del rico y populoso imperio del Perú. Bordeando la costa pacífica con bergantines repletos de aventureros, los expedicionarios recorrieron en aproximadamente seis años su suficientes
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    millas como parallegar hasta los 8 grados de latitud sur, estos es, más allá del río Santa en la costa peruana. Durante el trayecto desembarcaron varias veces, con estadías en Tacámez, Jama, Portoviejo, Isla Puná y Túmbez y entre escaramuzas, asaltos y también encuentros pacíficos con los nativos, tuvieron la oportunidad de confirmar mediante el testimonio de los mismos habitantes de esos lugares la existencia del gran imperio que buscaban. En esos largos años, también lograron capturar oro, plata y nativos que luego les sirvieron de intérpretes. Pero los seis años de exploraciones europeas en la costa pacífica de los actuales Colombia, Ecuador y Perú también habrían permitido a las sociedades de los Andes enterarse en la presencia de los europeos y elucubrar sobre sus intenciones con suficiente anticipación a las acciones de conquista que se avecinaban. Hay que tomar en cuenta que las sociedades aborígenes de América del Sur estaban vinculadas entre sí por importantes vías de intercambio, que permitirían el flujo de personas, productos e información. No se entiende de otra manera que noticias particularmente precisas sobre un imperio situado mucho más allá de la línea equinoccial, circularan en regiones tan septentrionales atrayendo la atención de los aventureros instalados en Panamá. No obstante, este alto grado de integración sirvió, irónicamente, a los propósitos de un destino trágico. Por las mismas redes circularon las mortales enfermedades europeas, que tras los primeros contactos comenzaron a difundirse entre la población nativa, diezmándola en proporciones gigantescas, mucho antes de que los conquistadores penetraran en el territorio (Bustos: 1983: 58; Salomón: 1983: 100). La intensidad y amplitud del contagio allanó el camino hacia la conquista no sólo asolando a la población sino que, en parte por acción de azar, afectando a la misma cúpula del poder inca, entonces encarnada en Hayna- Capac, quien murió entre 1525 y 1527 en Quito, probablemente de viruela o de sarampión, ignorando que su mal procedía de los futuros verdugos de su imperio. Hayna-Capac fue el autor de la expansión del Tahuantinsuyu hacia la región de Quito, situada al norte del imperio o Chinchaysuyu. Su muerte temprana llevó al Tahuantinsuyu a una profunda crisis política, provocada por problemas de sucesión que terminaron enfrentando encarnizadamente a Huáscar y Atahualpa, hijos del Inca fallecido. Atahualpa, manteniendo la preferencia de su padre por la región de Quito, había consolidado su presencia allí mediante alianzas con los señoríos locales, cuestión que desafiaba y ponía en peligro la centralidad del Imperio concentrada en el Cuzco (Valarezo: 1990: 228-231) En realidad, esto implicaba un cambio sustancial en el esquema político de organización del Tahuantinsuyu y constituía un poderoso motivo para que las élites políticas incaicas se vincularon al enfrentamiento entre Huáscar y Atahualpa. La guerra fraticida que protagonizaron culminó con la derrota de los ejércitos de Huáscar y el triunfo de Atahualpa.
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    El nuevo Incasin embargo, no poseía una situación sólida al inaugurar su mandato. Estaba rodeado de poderosos adversarios, que provenían no solo de los grupos partidarios de Huáscar, sino también de los numerosos pueblos que siempre se habían resistido a la dominación inca, y que veían en la situación de inestabilidad político del imperio la oportunidad para enfrentarla. Fue en esos precios momentos que ingresaron al escenario los conquistadores españoles De la crisis política que desgarraba al imperio inca se enteró Pizarro durante su estadía de casi un año en el litoral pacífico del actual Ecuador, de la cual obtuvo un importante botín de oro y plata, logrado mediante sangrientos asaltos perpetrados a poblaciones como la de la isla Puná, que quedó prácticamente arrasada a su paso. Luego Pizarro arribó a Túmbez, puerta de entrada del Imperio. Conocedor entonces de la presencia de Atahualpa en Cajamarca en donde el Inca se había enterado por esos mismos días de la derrota de Huáscar y de su propia entronización Pizarro decidió marchar a su encuentro (Pólit Montesdeoca: 1983: 80-81), Como veterano de guerra, y sobre todo por las lecciones que había arrojado la conquista de México, Pizarro sabía que eliminar la cabeza del gobierno y aprovechar la resistencia local frente al imperio serían estrategias claves para someter al Tahuantinsuyu. Empleando tácticas ajenas a la tradición guerrera local, Pizarro logró camuflar un plan de emboscada con encuentros "pacíficos" previos, que iba propiciando entre los emisarios de ambas partes, a medida que el grupo se aproximaba a su destino (Rostworowski: 1988: 174) Subestimado tal vez los alcances de las intenciones de Pizarro, o probablemente con la idea de impresionar a los intrusos, y medir fuerzas mediante la exhibición de los símbolos de su poder, Atahualpa se expuso en la plaza de Cajamarca ante los españoles, con todo el boato posible y con sus guerreros desarmados. Los casi 200 hombres de Pizarro emboscaron y, prácticamente, exterminaron a los soldados imperiales. Inmediatamente, aprovechando la desprotección del Inca, lo conminaron a aceptar la conversión a la fe cristiana, a través de un insólito ritual llamado el "Requerimiento" que, en caso de ser rechazado como lo hizo Atahualpa, les permitiría legitimar cualquier acto de crueldad, siempre justificable en la mentalidad católica de la época cuando se trataba de "infieles". Atahualpa fue tomado prisionero y, luego de unos meses, degollado. Esto ocurrió entre junio y julio de 1533. Sin embargo, la cúpula del poder inca no desapareció completamente con la muerte de Atahualpa. Manco Inca, emperador títere que los españoles proclamaron como sucesor del soberano asesinato, rompió la alianza con los europeos en 1536 y creó un importante foco de resistencia inca en Vilcambamba, una región montañosa al noroeste del Cuzco (Stern: 1986:62). Ese reducto se mantuvo hasta 1572, cuando el virrey Toledo ejecutó a Tupac Amaru I, último Inca de la resistencia.
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    GRABADO Enfrentamiento entre conquistadores Asesinato dePedro de Puelles Grabado de Teodoro de Bry, 1590, tomado del libro América, de Philip Zigler. Banco Central del Ecuador, Fondo Jacinto Jijón y Caamaño. La conquista de la Región Morandina Las alianzas que el Tahuantinsuyu logró establecer con la región norandina del Imperio se tambalearon luego de la muerte de Atahualpa. El rechazo a la dominación inca por los pueblos Cañari, Puruhá, Quito y Pasto permanecía latente pese a que los incas, luego de sus guerras de conquista, habían adoptado medidas "blandas" para consolidar su poderío en esas regiones. En realidad, los pueblos norandinos, organizados en unidades políticas autónomas los "señoríos", no aceptaban el esquema centralizador del estado inca (Salomón: 1983:100; Valarezo: 1990:242). La coyuntura política desatada por la irrupción europea en contra de los incas. Los cañaris, los caciques de Cayambe, Quito y Latacunga, entre otros, colaboraron abierta y activamente con el cruel conquistador Sebastián de Benalcázar en el sometimiento y exterminio de los grupos incas. El último esfuerzo por contener la oleada anti-inca fue protagonizado por Rumiñahui, general de Atahualpa, quien queriendo frustrar el avance de Benalcázar, se anticipó destruyendo Quito y reprimiendo a los rebeldes anti-incas, cuatro mil de los cuales fueron pasados a cuchillo por órdenes suyas (Borchart: 1981:181). Las guerras por el reparto del territorio El saldo de los primeros años de la conquista española fue trágico y violento. Y la guerra fue general. El enfrentamiento inicial entre españoles y nativos derivó en guerras que protagonizaron tanto los nativos entre sí, como los europeos, divididos en bandas y facciones que luchaban por obtener tajadas en el reparto de las riquezas y el territorio. Estas últimas se denominaron las "guerras civiles". De hecho, una vez finalizada la conquista de Quito, Pizarro y Almagro se disputaron abiertamente durante aproximadamente cuatro años el control del Cuzco, situado en la frontera de los dos reinos que la Corona les había otorgado, respectivamente: Nueva Castilla (Perú) y Nueva Toledo (Chile).
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    Una vez derrotadoy ejecutado Almagro, en 1538, ambos reinos es decir, prácticamente todas las tierras hasta entonces conquistadores quedaron en manos de sus verdugos, los Pizarro. Gonzalo Pizarro fue nombrado por su hermano gobernador de Quito con jurisdicción sobre Popayán, Cali, Portoviejo y Guayaquil y fue en el ejercicio de ese cargo que organizó la expedición al oriente en busca del país de la Canela, viaje que culminó con la llegada de Orellana al gran río Amazonas. Estas luchas de aventureros insaciables adquirieron una dimensión clánica evidente (Lavellé: 1997:34). La hegemonía de Francisco Pizarro llegó a su fin en 1541, cuando un grupo de almagristas lo asesinó en su residencia en Lima y proclamó "general" del Perú a Diego "el Mozo", hijo de Almagro nacido en Panamá (Landázuri: 1983:169). Su mandato, sin embargo, duró sólo un poco más de un año, puesto que fue depuesto y ejecutado por Cristóbal Vaca de Castro, primer delegados que la Corona envió para frenar a los conquistadores e implantar la autoridad real. En esta época la fundación de ciudades jugó un rol decisivo par la consolidación del avance conquistador. La premura con que se instalaban tenía el claro objetivo de dotar de un marco jurídico a la ocupación del territorio y crear puntos de avanzada para nuevas expediciones. No es coincidencia que las primeras ciudades fundadas en lo que más tarde sería territorio de la Audiencia de Quito Quito (1534), Guayaquil (1535), Portoviejo (1535), Popayán (1536) y Pasto (1536) se hayan establecido precisamente en el contexto de las disputas entre las huestes conquistadoras. De hecho, Quito fue fundada para detener las aspiraciones que el gobernador de Guatemala, Pedro de Alvarado, tenía sobre las tierras que iba conquistador Pizarro. Las fundaciones de Guayaquil y Portoviejo fueron ordenadas por este último y puestas en ejecución por Orellana y Francisco Pacheco, para permitir desde Lima, el control del extenso territorio del litoral amenazado por las huestes de Benalcázar. Benalcázar, finalmente, logro fundar Cali, Popayán y Pasto, sentado así las bases de la gobernación de Popayán, que tanto ambicionó y que le fue otorgada por el emperador Carlos V en 1540 (Landázuri: 1983:182). La aplicación de las leyes nuevas y la consolidación del poder real La fuente principal de la riqueza de los conquistadores en el siglo XVI fueron las encomiendas o "repartimientos de indios". Mediante ellas, los conquistadores convertidos en "encomenderos" podían dispones de un número de indios generalmente parcialidades enteras, que no solo les tributaban en especies o dinero, sino que les servían de mano de obra. La posesión de encomiendas les proporcionaba prestigio, poder y riqueza, sobre todo por la posibilidad de acceso a la propiedad de la tierra. Los encomenderos eran los "vecinos" (o habitantes "principales") de las ciudades y ocupaban puestos en el cabildo, que era el gobierno municipal de las urbes. Vivían rodeados de séquitos de sirvientes y su vida estaba dedicada a la ostentación. Por eso, la sola posibilidad de que la Corona revisara los términos de la concesión de encomiendas podía causar un revuelo incontrolable en los "reinos" americanos.
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    Como se mencionóel inicio, fue el dominico Bartolomé de las Casas, inspirado en los principios humanistas de otro gran dominico, Francisco de Vitoria, quien denunció ese sistema de explotación. Y logró que la Corona promulgara en 1542 las Leyes Nuevas, que ponían límites al maltrato a los indios y al poder casi ilimitado de los encomenderos, a través de disposiciones tales como la abolición de la esclavitud india; la prohibición de que instituciones, clérigos, funcionarios y establecimientos religiosos poseyeran encomiendas; la prohibición de nuevas encomiendas, estipulando además que las existentes se revirtieron a la Corona a la muerte de sus poseedores (Bird Simpson: 1970:152) El apoyo de la Corona a las restricciones a la encomienda era perfectamente explicable desde la perspectiva del rey Carlos V, quien las promulgó. Lejos de revelar una actitud humanista, más bien le permitirá al monarca consolidar su vasto imperio, sofocando el peligro más inminente: las aspiraciones feudales de los conquistadores, siempre tentados a cortar vínculos con la monarquía, tal como quedó evidenciado en las guerras civiles protagonizadas por Pizarro y Almagro. El encargado de aplicar las Leyes Nuevas en esta parte del continente fue Blasco Núñez de Vela, quien vino en 1544 para desempeñar, además, el cargo de primer Virrey del Perú (Landázuri: 1983:172); es decir, representaba al rey en las colonias; y , por lo tanto, estaba revestido de plenos poderes. La decisión de usar la fuerza para llevar adelante su misión despertó aún más la oposición de los encomenderos, quienes conformaron un ejército encabezado por Gonzalo Pizarro, al que había proclamado Capitán General del Perú. El Virrey contó inicialmente con el respaldo eventual de los vecinos de Quito para hacer frente a la arremetida de Pizarro. Sin embargo, el enfrentamiento sólo se concretó en 1546 en el Ejido de Quito, cuando las tropas del Capitán General se enfrentaron con las Nuñez de Vela, que entonces contaba con refuerzos de Popayán al mando de Benálcazar. Los setecientos hombres de Pizarro derrotaron al ejército virreinal compuesto de 400 soldados y el Virrey fue decapitado en el campo de batalla (Landázuri: 1983:172-174) Esta lección que recibió la Corona la llevó a cambiar de táctica; esto es, considerar una aplicación menos severa de la legislación contra la encomienda. Además, para entonces varios sectores que años atrás habían condenado la encomienda, venían ya en ella algunas bondades como la de brindar facilidades a la evangelización, asegurar el control dirigente militar compuesta por los encomenderos y favorecer un orden jerárquico, necesario para la nueva sociedad que se estaba creando (Konetske: 1997:176). Las Leyes Nuevas desencajaban con este nuevo contexto; por lo tanto, la Corona optó por enviar otro delegado, el Licenciado Pedro de la Gasca, en calidad del Presidente de la Audiencia de Lima con instrucciones precisas para negociar los puntos más polémicos de las Leyes, prometiendo prácticamente su abolición. Con esa política, no le fue difícil a La Gasca llegar a acuerdos con los grupos rebeldes y, a la vez, desarmar la plataforma de lucha de Gonzalo Pizarro. De todos maneras, el último de los Pizarro contaba todavía con numerosos grupos leales, que se agruparon en un gran ejército bajo su mando,
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    concentrado en elCuzco. El enfrentamiento se dio en la cercana llanura de Jaquijaguana en marzo de 1548. La victoria estuvo del lado de La Gasca, gracias a que la gran mayoría de los soldados rebeldes terminado abrazando la causa de la Corona. Gonzalo Pizarro fue capturado y ejecutado (Landázuri: 1983:174-178). La muerte de Gonzalo Pizarro marcó el fin de la época pizarrista. Con el triunfo de La Gasca, en cambio, se iniciaba la consolidación del poder real en Virreinato del Perú, lo que daría lugar a un período de estabilidad que, entre otras cosas, se concretó, por ejemplo, en la iniciativa de la Corona de promover el establecimiento y crecimiento de las ordenes religiosas y el clero secular. Pero estos cambios en el orden político e institucional coincidían también con cambios a nivel de la economía colonial. Precisamente con cambios a nivel de la economía colonial. Precisamente en esos momentos se operaba en el mismo escenario una gran transformación provocada por la explotación a gran escala de las minas de plata, actividad que el Estado Metropolitano puso mucho empeño, por los enormes beneficios que podía reportarle. Esto significó, de alguna manera, el desplazamiento de la encomienda como fuente principal de riqueza y generación de otras formas importantes de enriquecimiento, que se derivaban de la misma explotación de la plata, como la producción de textiles concentrada en Quito, vinos, cueros, etc., para los centros mineros y el comercio en general. El estado colonial intervino en la dinamización del nuevo sistema económico a través de dos decisiones importantes: la conversión del tributo en especies al tributo en moneda y el subsidio de la mano de obra indígena, que sería canalizada a las áreas productivas mediante el sistema de la "mita", antigua institución prehispánica que ahora serviría para crear un sistema de trabajo forzado a gran escala, que incluía toda la población indígena tributaria comprendida entre los 18 y 50 años de edad. El mentalizador de la esta política fue el virrey Francisco de Toledo, quien dispuso en 1574 que anualmente se trasladaran 13.500 mitayos a Potosí (en el actual Bolivia), principal centro minero del Virreinato peruano durante el siglo XVI. La mita se generalizó y la distribución de indios mitayos corrió por cuenta de los mismos caciques, que debían proveer de fuerza de trabajo indígena a todas las actividades económicas de las élites coloniales, y en el caso de Quito, a los obrajes y haciendas, fundamentalmente. Los indios mitayos trabajaban en turnos de cinco años y sus obligaciones se extendían también a la provisión de servicios a las ciudades, sobre todo para la construcción de edificios y la dotación de leña y agua. Parte de la obra de Toledo fue, además, la concentración de indígenas en "reducciones" o poblados forzados que brindaron facilidades al adoctrinamiento, evangelización y control de la población, proyecto que tuvo en el corto plazo un éxito parcial. Estas iniciativas convirtieron al virrey Toledo en la figura más sobresaliente del proceso de consolidación del sistema colonial en los territorios de América del Sur. No hay que olvidar que fue durante su gobierno se ordenó la captura y ejecución de Túpac Amaru I, último foco de resistencia del imperio Inca.
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    La Audiencia deQuito a fines de siglo Por pedido del cabildo de la Villa de San Francisco, el territorio que había constituido hasta 1563 la Gobernación de Quito pasó a ser Audiencia, siempre dependiente del Virreinato del Perú. Este distrito y el del Obispado de Quito, cuyo establecimiento se había concretado ya en 1550, daban cuenta, de alguna manera, de la percepción por funcionarios y vecinos, de un territorio que constituía una suerte de unidad, un espacio norandino diferencia del resto del virreinato en términos de sus particularidades geográficas y, posiblemente, históricas y culturas. La población Los cambios que el territorio de la nueva Audiencia había experimentado en los treinta años transcurridos desde la conquista eran verdaderamente profundos. El paso de las huestes conquistadoras supuso ya en las primeras décadas una sustancial movilización de la población nativa. Parte de ella había dejado sus lugares de origen para acompañar a los españoles en las exploraciones. Otro tanto había huido a zonas de refugio, y muchos más fueron a movilizarse para alimentar los "repartimientos de indios". De hecho, se había operado una transformación de los tradicionales esquemas de concentración poblacional. Una importante baja de población se produjo en el litoral, cuyos nativos estuvieron entre las primeras víctimas de las epidemias tempranas desatadas por la proximidad y, luego por el contacto, con los europeos. De la misma manera ocurría con los indios de Portoviejo, y los indios de Guayaquil estaban prácticamente extinguidos ya en 1550, de acuerdo con informes de Cieza de León (Powers: 1994:45). La sierra, en cambio, experimentaba un crecimiento sostenido de población indígena. La gran demanda de mano de obra que tenían fundamentalmente la sierra central y norcentral, debiendo a que allí estaban instaladas la mayoría de empresas españolas, determinó una migración de indígenas desde la periferia, lo que no sólo incrementaba la población tributaria reclutada por los mismos caciques, sino la población de indios "forasteros" que migraban precisamente por escapar del tributo (Powers: 1994:82). Hay que destacar la fuerte migración desde las zonas de ceja de montaña, que de ser áreas de refugio durante la conquista, estaban pasando a convertirse en zonas de expulsión de población, tanto por las condiciones infrahumanas de las encomiendas, como por los antiguos lazos que sus habitantes mantenían con la sierra (Powers: 1994:49). Las sociedad indígena entre 1548 1563 La reorientación el proceso colonial durante estos años, tuvo repercusiones importantes para la sociedad indígena. Durante el dominio de los Pizarro, las alianzas hispano aborígenes y la encomienda primitiva habían constituido una red de relaciones bilaterales, tácticas, relativamente flexibles, caracterizadas por la explotación mutua. Ahora se imponía un sistema similar al que iba a llamarse (en el imperio británico siglos después) "mandato indirecto". Por esta frase se entiende un sistema que dejó en vigencia a los niveles inferiores y medios del gobierno aborigen, conectándose con la economía política imperial, mediante un régimen tributario estrechamente regulado por la burocracia real. Bajo este régimen, la encomienda no desapareció sino que se convirtió en
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    subsidio administrado porla Corona a favor de las élites coloniales. La actuación de los señores étnicos, de 1548 en adelante, se definió dentro del triángulo kurakazgo encomienda burocracia real. Con la caída de la importancia del poderío militar indígena, las élites aborígenes frecuentemente tuvieron que buscar su ventaja política en la explotación de contradicciones entre el estado y el encomendero. En 1551, las encomiendas del actual Ecuador, fueron redistribuidas por el presidente Pedro de La Gasca [] a personas que se suponían leales a la Corona. La reglamentación del tributo se basó en el concepto de que el encomendero no debía llevar más de los que se había tributado al estado inca, ni debía lo que el terreno y la condición de sus habitantes cómodamente podía rendir [] A pesar de respetar superficialmente las normas incas, las tasaciones, en realidad, introdujeron cambios de enorme importancia. Bajo el sistema, se había tributado exclusivamente en trabajo. Las materias primas debían ser aporte del estado. Los españoles, en primas debían ser aporte del estado. Los españoles, en cambio, exigieron productos acabados cesto, petacas, diversas comidas, ropa indígena dejando, frecuentemente, a los tributos de este tipo, el kuraka obligó a sus súbditos a asumir costas y riesgos que, desde el punto de vista andino, correspondían al estado. Para satisfacerlo, toda la comunidad tuvo que dedicar parte de su producto al comercio monetario y, por lo tanto, disminuyó la proporción disponible para los intercambios, la base de la reciprocidad o redistribución andinas [] La reforma de las encomiendas en 1551 también propuso una sistemática penetración del mundo indígena por misioneros católicos []. Pero en muchos casos el progreso del cristianismo fue lento. En 1559, la mayoría de los aborígenes residentes cerca de Quito aún no habían sido bautizados []. Por otro lado, los españoles buscaban formas de extraer mano de obra para la construcción de villas y ciudades []. Para estas finalidades y muchas más, los cabildos y corregidores permitieron la resurrección de la mita incaica y su paulatina transformación en sistema de trabajo forzado a escala gigantesca []. [] A pesar de todas estas presiones, las comunidades indígenas hasta 1550-1560 habían defendido con éxito la mayor parte de sus instituciones autóctonas, y en su constitución interna conservaban rasgos fundamentalmente andinos. (Tomado de Frank Salomon, "Crisis y transformación de la Sociedad Aborigen Invadida (1528-1573)" en Enrique Ayala, Ed., Nueva Historia
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    GRABADO Representación gráfica De la ciudadde Cuenca por Huamán Poma de Ayala 1526 - 1613, fotografía de Ayala Mora. Ed, Nueva Historia del Ecuador Vol. 3, Corporación Editora Nacional/Grijalbo, 1988. En realidad, el nuevo esquema poblacional estaba rompiendo el patrón de poblamiento descentralizado y fluido a nivel interregional característico de la época prehispánica. Pero, además, las fronteras del poblamiento hispano concentrado fundamentalmente en la sierra reflejaba las propias limitaciones da la empresas conquistadora. Desde esta perspectiva, la cédula de 1563, que creó la Audiencia de Quito, resulta más bien la expresión de una expectativa que de una realidad territorial. En la última década del siglo, todavía los europeos se planteaban la idea de emprender la conquista de las comarcas situadas en las vertientes de las cordilleras oriental (la selva amazónica) y occidental (Esmeraldas), que no habían ingresado aún en el proceso de colonización (Lavallé: 1997:53). La sociedad colonial De otro lado, la sociedad colonial que se configuraba era definitivamente variada y heterogénea, pese al proyecto de orden social que la Corona buscó establecer desde un inicio y que pretendía separar la sociedad nativa de la hispana, con la creación de dos Repúblicas, una de Indios y otra de Españoles. De hecho, los conquistadores no hubieran podido sobrevivir durante las primeras décadas sin el establecimiento de alianzas con las élites indígenas, lo que permitió que actuaran de mediadores entre los hispanos y el común de los indígenas, convirtiéndose así en élites biculturales con posiciones ventajosas dentro del sistema colonial. Además de las uniones y
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    matrimonios entre ambossectores, surgieron tempranas generaciones de mestizos que en Quito se incrementaron de manera especial respecto a otras regiones del virreinato. Hay que señalar que entre los "blancos" la diferencia social era también muy marcada. La conquista dejó como saldo la existencia de varios sectores marginales, como soldados sin fortuna, que quedaron de las guerras civiles, y mestizos desheredados hijos de antiguos encomenderos. Para ilustrar esta situación, basta señalar que ambos sectores en conjunto constituían a fines del siglo alrededor de dos tercios de los habitantes de la ciudad de Quito (Lavallé: 1997:92-99). El orden político En este orden, la Audiencia atravesaba desde 1570 finalizado el período de Hernando de Santillán, primer presidente de la Audiencia una situación de gran inestabilidad, en parte por la irregularidad con que ejercían la Presidencia los funcionarios enviados por España (Lavallé: 1997:66). En ese contexto, los órganos oficiales del gobierno local perdían legitimidad aceleradamente, lo que contrariaba todo el esfuerzo que se había invertido hasta los años 50 y 60 en la consolidación del poder real en la región. En realidad, la Corona Española había estado enfrascada en guerras con las otras potencias coloniales europeas, que le implicaron catastróficas derrotas. Esta situación, además de distraerle de los asuntos internos de la política colonial, llevó al Estado a la total bancarrota. Apremiada entonces con más impuestos a sus súbditos del otro lado del Atlántico. El 23 de julio de 1592 llegó a Quito la orden para comenzar la recaudación del impuesto de alcabala, que consistían en dos por ciento de las transacciones, sin incluir los artículos de primera necesidad y al por menor (Landázuri: 1983:200). El Cabildo protestó y la provincia entera estalló en una célebre sublevación, que ha pasado a la historia como "La rebelión de las Alcabalas". En la protesta en Quito se articularon distintos y muy heterogéneos sectores locales, como el clero, las élites y los marginales de la ciudad, conformados principalmente por mestizos y soldados. En ese contexto las expectativas sociales rebasaron ya el simple rechazo al nuevo impuesto. En realidad, el descontento general también estaba expresando la crisis provocada por el ocaso de la sociedad de los encomenderos y la consiguiente pérdida de protagonismo de las generaciones desheredadas de la conquista, desplazadas por nuevos actores que anunciaban otro tipo de sociedad (Lavallé: 1997). Estos eran los comerciantes y mercaderes, fuertemente vinculados al auge de la economía regional que se desarrollaría en el siguiente siglo. Doctrinas del obispado de Quito a fines del siglo XVI Doctrinas servidas por clérigos; En la ciudad de Quito: San Sebastián, San Blas, Santa Bárbara, Santa Prisca, San Marcos, Machángara, Machanguilla, Chillo, Conocoto, Chillogallo, Pelileo, Tisaleo, Patate, Quero, Angamarca, Calpi, Licán y Yaruquiés, Cumbayá, Pifo y Puembo, Yaruquí, Oyacachi, Guaillabamba, Cayambe, Pimampiro, Mira y Zámbiza.
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    En la Villade Riobamba: Yanaconas de la Villa, Chimbo, Santiago y San Lorenzo, San Miguel, Guanujo, Canzacoto, Chapacoto y Pallatanga. En la ciudad de Guayaquil: Pimocha y Yaguache. En la ciudad de Puerto Viejo: Jipijapa y Manta. En la ciudad de Pasto: Valle de Pasto, Juanambu, Quina, los Abades, Yascual, San Sebastián, Madrigal y Las Monjas. En la ciudad de Mocoa y Ecija: El Beneficio de las propias ciudades y Cuyoy. En la ciudad de Cuenca: Alausí, Guataisi, Sibambe, Azogues, Yanaconas de Cuenca, San Sebastián, Paicabamba y Jirón, Cañaribamba, Oña y Nabón. En la Villa de Zaruma: Beneficios de la Villa y Yanaconas y la Doctrina de Yauna. En la ciudad de Loja: Beneficios de la ciudad. Yanaconas y San Juan del Valle y las Doctrinas de Amboca, Yaguaca y Capellanía de Monjas. En la ciudad de Zamora: Beneficio de la ciudad y las doctrinas de Zurinanga y Nambija. En la ciudad de Jaén: Beneficio de la ciudad y Doctrinas de Lomas y Copallen, Guambos, Chirinos, Aconipa y otra Guambos. En San Miguel de Piura: Vicaría de Yanaconas, de Paita y Colán, de Sechura, de Catacaos, de Olmos, de Matupe, de Jayanca, Pacora, Guancabamba, Salas y Penachi y Moscalaque. En la Gobernación de Quijos: Baeza y Coca, Avila y Calientes de Carito, Archidona. En la gobernación de Yaguarzongo: Valladolid y Valle, Cumbinamá y Caballerizas, Santiago de las Montañas, Cangaca, Iranaca, Río de Jaén, Santa María de Nieva, Sevilla de Oro, Paira y Suña. Doctrinas servidas por religiosos A cargo de los Dominios: Alangasí, Píntag, Uyumbicho, Panzaleo, Aloag y Canzacoto, Ambato, Píllaro, Tomavella, Pupiales, Ipiales, Cibundoy, La Laguna, Los Ingenios, el Valle, Paccha, Garruchumba, Pozos, Calva, Cariamanga, Daule, Chongón, Cozanga, Atunquijo, Pachamama y Maspa. A cargo de los Franciscanos: Cotocollao, Pomasqui, Calacalí, San Antonio, Perucho, Malchinguí, Otavalo, La Laguna, Cotacachi, Atuntaqui, Urcuquí, Caranqui, San Antonio de Caranqui, Salinas, Mulahaló, La Tacunga, Alaques, San Miguel, Pujulí, Saquisilí, San Andrés, Guano, Punín, Chambo, Calahole, Tungurahua, Quimia, Penipe, Pangua, Chapacual, Angosi, Yacuanquer, Paute, Gualaceo, Molleturo, Ilapa y Pungalá. A cargo de los Mercedarios: Caguasquí, Tucar, Puntal, Guacán, Julián, Gualea, Camoqui, Males, Mallama, Carlosama, el Valle, Túmbez, Frías, Puná y Picoazá. A cargo de los Agustinos: Atunsicchos, Cañares, Ingenio, Caliente de Sicchos, Túquerres, Capuis y Malacatos. (Tomado de un extracto de un documento original, que reproduce el Padre José María Vargas en su obra La Conquista espiritual del imperio de los Incas, la prensa católica, Quito, 1948). Glosario Capitulaciones, licencias que la Corona otorgaba para explorar y colonizar una determinada zona. Consistían en un acuerdo bilateral por el cual el conquistador asumía los costos de la empresa y la Corona se obligaba a reconocerle franquicias y mercedes.
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    Virreinatos, grandes divisioneso circunscripciones de las tierras del Nuevo Mundo sobre las que ejercía su jurisdicción o mando el Virrey, la autoridad más alta en la organización política colonial. Los Virreyes no se inmiscuían personalmente en la administración de la Justicia y sólo supervisaban los servicios administrativos de la demás provincias. Los Virreinatos comprendían divisiones inferiores, que eran ministrativos de las demás provincias. Los Virreinatos comprendían divisiones inferiores, que eran los distritos de las Audiencias, que sí cumplían funciones jurídicas y administrativas simultáneamente. Cabildo, institución representativa del "común", es decir, constituía el órgano principal de defensa de los derechos de los "vecinos" de las ciudades. Sus miembros se elegían de entre las personas beneméritas del colectivo, como encomenderos, comerciantes y hacendados, que representaban los intereses locales y que llegaron a conformar posteriormente los grupos oligárquicos de la región. Orientaciones bibliográficas - Sobre los Incas véase en: ROSTWOROWSKI, María, Historia del Tahuantinsuyu, IEP, Lima, 1988. - Diversos aspectos de la conquista se tratan en: BORCHART, Christina, "La conquista española", en Moreno, Segundo, Comp. Pichincha. Monografía Histórica de la región nuclear ecuatoriana, Consejo provincial de Pichincha, Quito, 1981. BYRD SIMPSON, Lesley, Los conquistadores y el indio americano, Ediciones Península, Barcelona, 170 BUSTON L., Guillermo "La conquista en el contexto americano", en Nueva Historia del Ecuador, Vol, 3, CEN-Grijalbo, Quito, 1983. - Sobre aspectos relativos al proceso de colonización se puede consultar en los siguientes trabajos: KONETZKE, Richard, América Latina II La época colonial, Siglo XXI, México, 1997. LANDAZURI, Carlos, "De las guerras civiles a la institución de las, Alcabalas", en Nueva Historia del Ecuador, Vol. 3, CEN-Grijalbo, Quito, 1983. LAVALLE, Bernard, L América espagnole. De Colombia a Bolívar, Editions Belin, Paris, 1993. LAVALLE, Bernard, Quito y la crisis de la Alcabala, IFEA-CEN, Quito, 1997. POLIT MONTES DE OCA, Vicente, "Conquista del Perú, Quito y descubrimiento del Río de las Amazonas", en Nueva Historia del Ecuador, Vol. 3 CEN-Grijalbo, Quito, 1983. POWERS VIEIRA, Karen, Prendas con pies, Migraciones indígenas y' supervivencia cultural en la Audiencia de Quito, Ediciones Abya-Yala, Quito, 1994. SALOMON, Frank, "Crisis y transformación de la sociedad aborigen invalida (1528-1573)", en Nueva Historial del Ecuador, Vol. 3, CEN-Grijalbo, Quito, 1983. STERN, Steve, Los pueblos indígenas del Perú y el desafío de la conquista española, Alianza Editorial, Madrid, 1986. VALAREZO, Galo Ramón, El Poder y los Norandinos, CAAP, Quito, 1990.
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    INDIOS Hurdiendo tela enel obraje Gráfico tomado de Salvat Editores, Historia del Ecuador, Vol. 4. Salvat Editores, España, 1988. El apogeo del orden colonial (Siglo XVII) Guadalupe Soasti Toscano* El siglo XVII, en la Audiencia de Quito es el escenario en el cual el Estado español se consolida y aparece legitimado, a través de una gama compleja de instancias político administrativas, que van desde la presidencia de la Audiencia hasta las tenencias pedáneas. Desde el punto de vista económico, la Audiencia experimentó una gran prosperidad económica, que influyó en la estructura social colonial. La acumulación de capital permitió la emergencia de nuevos sectores sociales vinculados al comercio, sectores que se convirtieron, en última instancia, en miembros fundamentales de la élite colonial. Este fenómeno económico permitió la permeabilización de la estructura social y puso en riesgo a la sociedad estamental del siglo anterior debido a que facilitó la movilidad social. La irrupción de los mestizos en la sociedad colonial es también un aspecto relevante. Ya desde entonces reclamaron un espacio de mayor participación, convirtiéndose en el siguiente siglo de importantes protagonistas de los procesos históricos. Representación de la transportación de la plata de Potosí Grabado de Teodoro de Bry 1590, del libro América, de Philipp Zigler, Banco Central del Ecuador, Fondo Jacinto Jijón y Caamaño. Gráfico tomado de Enrique Ayala, Ed., Nueva historia del Ecuador, Vol. 3, Corporación Editora Nacional / Grijalbo, 1989.
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    El virreynato peruano Unavez conquistado el imperio de los Incas por Francisco Pizarro en 1532, en esos territorios la monarquía española estableció, con fines políticos administrativos, el Virreinato del Perú, con Lima como sede virreinal y Blasco Nuñez de Vela como primer virrey. La jurisdicción administrativa del Virreinato se extendió por gran parte del continente sudamericano y parte del centroamericano, ocupando un vasto espacio que por el norte incluyó al actual Panamá y por el sur Chile y Argentina. El territorio de Venezuela, fundado como Capitanía General, quedó fuera de esta administración virreinal. Ya en el siglo XVII, el Virreinato peruano estaba compuesto de siete audiencias, seis de las cuales se fundaron a lo largo del siglo anterior (Panamá, 1538; Lima, 1543; Santa Fe de Bogotá, 1548; La Plata de Charcas, 1549; Quito, 1563; Chile, 1563) y solamente la Audiencia de Buenos Aires se creó en la segunda mitad del siglo XVII. Vale la pena indicar que los territorios de estas audiencias sirvieron como referente para el establecimiento de los espacios nacionales de algunos de los actuales países sudamericanos. Durante los siglos XVI y XVII el Virreinato peruano constituyó un espacio cohesionado económicamente. La explotación minera de Potosí actuó como polo de desarrollo y eje articulador de la economía virreinal, impulsando un importante comercio de productos regionales, que se intercambiaban por la plata que se extraía de sus minas y que se amonedaba con fines mercantiles. El intercambio comercial regional determinó la formación de un importante mercado a su interior. A través de éste, se comerciaban una serie de productos básicos que autoabastecieron al Virreinato. Así, pues, en este espacio productivamente autosuficiente la importación de productos europeos fue poco importante. Los productos que recorrieron el espacio peruano fueron textiles de la Audiencia de Quito; manufacturas hechas a base de vidrio, cuero y madera, de la Audiencia de Chile, de donde también se exportaron a las otras regiones virreinales vino y frutas; maíz, cacao, ají y tabaco de la Audiencia de Lima y Charca; yerba mate, caña de azúcar, olivo y uvas del actual Paraguay; carnes y cecinas de la Audiencia de Buenos Aires (Assadurian: 1984:201-203). *Docente de la Universidad Andina Simón Bolívar, Investigadora del Taller de Estudios Históricos.
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    INDIGENAS Hilando Grabado de Martínez deCompañón, Tomo II, Lám. XLI. Características económicas y sociales de la Real Audiencia de Quito A pesar de que la producción minera de Potosí (en la actual Bolivia), a partir de 1640 empezó a declinar crisis, por cierto, que se profundizó en el siguiente siglo, la Audiencia de Quito a lo largo de ese siglo XVII desarrolló una importante producción textil articulada con ese centro de producción. Es una etapa durante la cual el orden colonial, con sus instituciones, alcanzó su máximo apogeo. El proceso de consolidación colonial se evidencia a través de tres aspectos. En el social, con la configuración de una sociedad estamental, en la cual los españoles peninsulares y criollo se encontraban en la cúspide de la pirámide social, seguidos por los mestizos que irrumpen a la sociedad en esta etapa, y luego por lo indígenas. En el político, la legitimación y reconocimiento no sólo de la autoridad real, sino del poder de los cabildos como instituciones de gobierno local. Y en el religioso, la consolidación de la Iglesia, a la que el Estico, constituyéndose por lo tanto en una institución con grandes prerrogativas. La economía La principal actividad económica de la Audiencia en los años inmediatamente posteriores a la conquista española fue la explotación minera de oro. Empero, a finales del siglo XVI los yacimientos de este mineral prácticamente se agotaron, de manera que las actividades económicos debieron canalizarse en otras direcciones: la producción agropastoril, la de textiles y el comercio. La economía quiteña del siglo XVII se estructuró alrededor de estas actividades productivas. Sin embargo, se debe señalar que la manufactura textil se desarrolló más intensamente que las otras actividades, al punto de convertirse en el capítulo principal de la economía colonial quiteña, en este período.
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    La actividad textily las otras actividades productivas determinaron la conformación de subregiones económicas complementarios. De esta manera, la Sierra Norte (actuales provincias de Chimborazo, Cotopaxi, Pichincha e Imbabura) se especializó en la producción textil de lana de oveja. Ahora bien, con vistas a proveer a este sector de materas primas y a su mano de obra de alimento, la actividad agropecuaria se orientó a su abastecimiento. Así , del ganado ovino se obtuvo la lana y muchas tierras se dedicaron al cultivo del nogal y la cochinilla, de donde se extraían los tintes para las telas; en cambio, la cabuya y el algodón se utilizaron para la fabricación de textiles de baja calidad. La Sierra Sur (actuales provincias de Bolívar, Cañar, Azuay y Loja) compartió con la Norte la actividad textil. Pero si bien compartió se fundamentó en el tejido de algodón, también la producción de ganado mular y la explotación de la cascarilla o quinina fueron importantes. La zona de Loja fue el centro especializado en la producción de mulas utilizadas en el comercio de larga distancia. Por su parte, la zona de Cuenca se especializó en la explotación de quinina. La costa basó su economía en dos actividades fundamentales: la producción de cacao y la fabricación de barcos en el astillero de Guayaquil. A diferencia de la producción textil, estas actividades vincularon a este región con los mercados de fuera del virreinato. El cacao, que se producía intensamente desde entonces, se exportaba a Panamá, México y a puertos del Caribe. El sector de la manufactura textil De acuerdo con lo señalado, el siglo XVII es el siglo de auge de los textiles. Y es que después de su primer boom, ocurrido entre 1580 y 1610, el segundo se produjo en los años posteriores a 1620. El desarrollo de la manufactura textil en la Sierra hizo que la Audiencia se integre al circuito comercial peruano, pero también el granadino (territorios de la Nueva Granada). Estos vínculos comerciales le permitieron a la Audiencia de Quito introducir en su territorio plata amonedada (plata acuñada), indispensable para las transacciones comerciales internas de menor escala. Obreros, obrajuelos y chorrillos: unidades de producción textil. Los textiles se elaboraban con los llamados obrajes, chorillos y obrajuelos. Se establecieron obedeció a tres razones fundamentales: 1.- El aumento de población indígena que experimentó la Sierra entre finales del siglo XVI y las primeras décadas del siglo XVII, debido al regreso de los indios que trabajaban en las minas de Zaruma y Portovelo, a sus pueblos serranos de origen. 2.- La consolidación de la producción agropastoril, que implementada desde mediados del siglo XVI experimentó un significativo apogeo desde principios del siglo XVII, convirtiéndose en la base de la producción textil, por las razones antes señaladas. 3.- La política del estado español en favor de la encomienda y el tributo, que convierte al obraje en centro importante de extracción tributaria y, al mismo tiempo, en centro aglutinador de los pueblos indígenas desde 1570.
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    Los obrajes seconcentraron principalmente en Quito, Latacunga y Riobamba. En estas zonas funcionaron alrededor de cincuenta obrajes, que se fueron estableciendo desde 1560. En lo que se refiere a los obrajes, hubo de dos clases: los de comunidad y los de particulares. Los obrajes de comunidad fueron unidades productivas pertenecientes a las comunidades indígenas, que se fundaron con el objeto de proporcionarles un medio competente a través del cual obtener dinero para pagar el tributo monetario a los encomenderos. Los obrajes de particulares, en cambio, fueron unidades productivas de corte empresarial privado iniciadas por españoles de corte empresarial privado iniciadas por españoles encomenderos o comerciantes, que vieron en el comercio de textiles la oportunidad de obtener magníficas ganancias. Por ejemplo, algunos descendientes de los conquistadores, como los Ramírez de Arellano, Lorenzo de Cepeda, Bernardino Ruiz y Juan de Vera Mendoza, entre otros, fueron dueños de obrajes. Los obrajes de particulares contaron con entregas periódicas de fuerza de trabajo indígena, concedida por el estado español, preocupado de incentivar la producción textil. Los obrajes particulares generalmente se establecieron cerca de los pueblos de indios. Otros se fundaron en centros urbanos como Quito, Riobamba y Latacunga. Por su parte los "chorrillos" fueron unidades productivas intermedias entre los obrajes de comunidad y los grandes obrajes particulares. Los llamados "obrajuelos" constituyeron unidades productivas de carácter doméstico, que generalmente se instalaron en las afueras de las ciudades, aunque también los hubo en los patios de las casonas familiares. Estas unidades menores trabajaron con mano de obra especializada, es decir, con indígenas que habían aprendido el oficio previamente y conocían cada una de las fases productivas del tejido de los paños. Estos dos tipos de unidades (chorrillos y obrajuelos) se especializaron en la producción de tejidos de baja calidad para suplir las necesidad del mercado local, tales como telas bastas, jergas y bayetas. En otros casos, la función que cumplieron fue la de realizar sólo una fase del producto del tejido, que luego era terminado en el obraje. Cada una de estas unidades obrajuelos y chorrillos funcionó con un número determinado de telares. Para el caso de las obrajuelos entre cuatro y doce; en cambio, los obrajes contaban a veces hasta con cine telares, lo que da cuenta de la importancia de la producción textil en la época. Las comunidades religiosas también incursionaron en la producción textil. Los jesuitas, mercedarios y dominios fueron propietarios de sendos obrajes en los valles y alrededores de Quito. La Campaña de Jesús, por ejemplo, tuvo obrajes en el Valle de los Chillos y en Patete el famoso obraje de San Ildefonso.
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    HACIENDA Pintura mural del Conventodel Carmen en Cuenca. Fotografía tomada de Enrique Ayala, Ed., Nueva historia del Ecuador, Vol. 3, Corporación Editora Nacional/Grijalbo, 1989. La manufacturas de los textiles La elaboración de paños de lana de oveja fue la producción fundamental de los obrajes, especialmente el paño de color azul un textil muy cotizado en el virreinato peruano, por la textura y la calidad de su tejido. Aunque también se fabricaron paños de otros colores y gas, sayales, lienzos y tocuyos. Entre los colores más comunes que se utilizaron para hacer los paños, encontramos verdes, aceitunas, pardos, capa de duque, mezclas de rojo y nogal; varios colores de nombres metafóricos como alas de mosca, almendrucados, hojas de olivo, florentines, Para conocer, en cifras, algo acerca de los volúmenes de producción de los obrajes es este período, nos aproximaremos a los cálculos estimativos realizados por el historiador norteamericano Robson Tyrer. Este autor ha calculado que a finales del siglo XVII la producción de textiles, sólo en los obrajes de particulares de la Audiencia de Quito ascendía a 2.964 paños anuales, es decir, unas 165.894 varas. En términos monetarios la producción de estos obrajes habría fluctuado entre 1'150.000 y 1'750.000 pesos, cantidad alta si se compra con la producción de los obrajes de comunicad que, contradictoriamente, para entonces no sobrepasó los 760 paños anuales, es decir, unas 42.500 varas, representando apenas el 25% de la producción generada por los obrajes particulares. Esto se debe a que la producción de los obrajes de comunidad para entonces, o sea, para finales del siglo XVII, se encontraba ya en declive. Los precios de los textiles Los precios de los textiles fueron fluctuantes. A lo largo del siglo XVII la vara de paño costo entre 24 reales en la primera década y 17 a finales del siglo. Esto dependió principalmente del comportamiento del mercado peruano (Ver Cuadro 1).
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    CUADRO 1 Precio depaño por vara Siglo XVII Año-precio/vara en reales 1610- 24 1630- 20 1635- 22 1650- 17 ELABORACION: GUADALUPE SOASTI FUENTE: ARCHIVO NACIONAL DE HISTORIA, PROTOCOLOS NOTORIALES. La fuerza de trabajo La mano de obra empleada para el trabajo en los obrajes fue eminentemente indígena. Hubo tres formas de aprovisionamiento de mano de obra: (a) los indios de entero o tributarios de las comunidades, quienes obligados a cubrir el peso de la tasa tributaria asignada a la comunidad, se debieron enrolar como fuerza de trabajo a los obrajes; (b) los indios mitayos o quintos, asignados a los obrajes particulares y a las actividades agropastoriles vinculadas; (c) los muchachos entre 12 a 17 años, asignados también para los obrajes particulares, bajo el nombre de "aprendices", mientras se familiarizaban con las diferentes fases del trabajo textil. Esta fuerza de trabajo compulsiva, legalmente establecida, se complementó con otra paradójicamente denominada "voluntaria", compuesta por adolescentes entre 12 y 17 años, mujeres y hombres indígenas sobre los 50 años. Este grupo servía a los obrajes particulares cuando los indígenas de entero o tributarios no eran suficientes; por lo tanto, eran también considerados mano de obra de reserva. El sector agrario El proceso de conformación de la propiedad agraria (hacienda) en la Audiencia empezó a finales del siglo XVI y se fue consolidado a los largo del siglo XVII. En este período la estructura agraria delineó diferentes espacios productivos, debido a lo cual la hacienda fue adoptando sus rasgos característicos. El uso de la tierra se fue definiendo paulatinamente en tierras par siembra de cereales; crianza de ganado vacuno y lanar (hatos); cultivo de caña de azúcar, hortalizas, legumbres, frutales, etc. Por otro lado, se definió el tipo de relaciones productivas; la mita de gañanía y el concertaje. A la mita de gañanía de podemos conceptualizar como el turno de trabajo asignado por el Cabildo que debieron cumplir los indígenas en las tierras de los españoles y criollos. Esta mita asumió una determinada denominación, según la labor que desempeñaba el indígena. En caso de trabajo en la siembra, mita de sembradura; de trabajo en pastoreo, mita de pastura; en la labor de recolección de leña o agua y otras actividades, mita de peonaje. En cambio, el concertaje fue una relación productiva mediante la cual el propietario de la tierra, a través de un contrato (es decir, jurídicamente) comprometía al indígena a trabajar para él cambio de un pago preestablecido, que le servía para cubrir parte del tributo. De esta manera, el indígena se concertaba "voluntariamente" en las haciendas a trabajar de forma permanente (Borchart: 1989).
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    El proceso deapropiación y acumulación de tierras por los blancos peninsulares y criollos en este siglo, proporcionó un mercado de tierras bastante activo y lucrativo. La compra y venta de propiedades agropecuarias se convirtió en una actividad muy corriente en esta etapa. Por tanto, se puede afirmar que en este siglo se inició la conformación de los grandes latifundios. Su constitución definitiva va a ocurrir en el siguiente, cuando las familias propietarias de tierras, luego de legalizar su tenencia, a través de llamadas "composición", optaron por unir sus propiedades por medio de los llamados "vínculos y mayorazgos". Los terratenientes Los dueños de las tierras fueron los españoles y criollos dedicados también a diferentes actividades económicas. En el siglo XVII los primigenios terratenientes fueron al mismo tiempo encomenderos, comerciantes y obrajeros. Además de los españoles y criollos encomenderos u obrajes, fueron propietarios de tierras las órdenes religiosas y burócratas o funcionarios reales de menor categoría. Estos grupos acumularon tierras por medio de diferentes mecanismos de orden legal y social, tales como mercedes, es decir, tierras concedidas por el Cabildo o la Corona a particulares, compra y venta, herencias, donaciones, matrimonios entre propietarios de tierras y las composiciones, figura legal, mediante la cual el gobierno español legalizó la posesión de la tierra en la Audiencia, sobre todo las del callejón interandino. El proceso de acumulación de tierras generando en este siglo se llevó a cabo no sólo por el valor económico que representaban, sino por el símbolo de prestigio social que significó su posesión. Ahora bien, los repartimientos y las mercedes de tierras realizados por la Audiencia y el Cabildo fueron los mecanismos más utilizados para obtener propiedades. Posteriormente, las ventas de tierras, el parentesco y el compadrazgo constituyeron los medios más recurrentemente utilizados para ampliar la frontera agrícola. Hacia finales del siglo XVII, la propiedad agraria en la Audiencia se había consolidado en torno a la producción de los bienes agropecuarios que sirvieron para cubrir las demandas de la población (Borchart: 1989). CIRCUITOS
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    COMERCIALES De los Mercaderes Quiteños Gráficotomado de Enfoques y Estudios, Quito a través de la Historia, Dirección y Planificación Municipio de Quito, 1992. El sector comercial En la sociedad del siglo XVII el comercio fue una actividad muy generalizada. Lejos de considerar deshonroso el desempeño de este oficio, quienes dispusieron de medios o de dinero incursionaron en esta actividad. Así encontramos a encomenderos, mineros, hacendados, autoridades religiosas y civiles involucrados en el trato y contrato de mercancías, en especial textiles, con el objetivo de sacar ganancias sobre el capital invertido. Dentro de esta actividad hubo personas especializadas, particularmente en el comercio de textiles entre Quito y Lima. Denominados "mercaderes" y "tratantes", los primeros , gracias a una trayectoria exitosa en el comercio regional virreinal, se convirtieron en mayoristas y distribuían sus productos desde sus tiendas instaladas en Quito y Guayaquil. Los segundos eran pequeños comerciantes que desarrollaron solo el comercio interno. Fueron una especie de agentes de los mercaderes, encargados de vender la "ropa de Castilla" (textiles importados) y de comprar la "ropa de la tierra" (textiles elaborados en la Audiencia), que era explotada a Lima, por los mercaderes. Las rutas del comercio. Con todo lo dicho, la Audiencia de Quito a finales del siglo XVI ya se había constituido en una región comercial importante dentro de la red del comercio virreinal. En particular la ciudad de Quito, por su ubicación geográfica, constituyó un importante centro de intercambio comercial de larga y corta distancia, ya que hasta ella llegaron las mercaderías de Castilla, desde Cartagena y Lima, para ser distribuidas al interior de la Audiencia. A la vez, desde este espacio salió una gran variedad de mercancías, destinadas a satisfacer la demanda de las otras regiones virreinales. La salida de textiles y la introducción de géneros extranjeros se efectuó por dos rutas comerciales, que permitieron el acceso de la Audiencia a los mercados internacionales de Cartagena, Portovelo y Lima: la ruta del norte terrestre y marítima, la ruta del sur terrestre y marítima. La ruta del norte terrestre tuvo como puntos intermedios entre Quito y Cartagena, las ciudades de Ibarra, Pasto, Cali, Bogotá, Cartago, Mariquita, Honda, y por el curso del río Magdalena, Vare, Mompox y Cartagena. Desde este puerto la comunicación con Portovelo, importante centro de intercambio trasatlántico, fue relativamente fácil.
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    La ruta marítimadel norte seguía desde el puerto de Guayaquil hacia Esmeraldas, Tumaco, Buenaventura y la "Tierra firme" o Ciudad de Panamá, y desde allí a Portovelo y Cartagena. La ruta terrestre del sur a la ciudad de Potosí unía, en primer término, la Sierra Norte con Quito y luego a Quito con Latacunga, Ambato, Riobamba, Cuenca, Loja y Zamora, y continuaba hacia San Miguel de Piura, Trujillo, Lambayeque y Lima, y desde esta ciudad de Potosí. La vía marítima de esta ruta, e cambio, comunicaba primero por vía terrestre a la Sierra Norte y Centro con Guayaquil. Puntos intermedios eran Riobamba, San Miguel de Chimbo, Puerto Quilca y Bodegas. Desde Guayaquil se continuaba por banco hacia Túmbez, luego a Trujillo y finalmente al puerto del Callao. Las mercancías Las mercancías más comunes que circularon para la venta y la compra de la Audiencia estaban divididas en dos grandes grupos de géneros: "efectos de la tierra" y "efectos de Castilla". Del primer grupo podemos señalar las jergas, el lienzo, sayales, sobrecamas, paños de varios colores y texturas, bayetas, frazadas, cordalletes, sombreros de algodón y lana, además productos tales como cardobanes, cereales, semovientes, azúcar, imágenes en bulto, harina, alpargatas, bizcochos, etc. En el segundo grupo (importados) encontramos géneros procedentes de diferentes lugares de Europa. Por ejemplo, seda negra, de Italia; tafetán, de Castilla; ruán, de Holanda; paño fino, de Castilla, y de Londres, hilo rico, damasco, ruán de cofre, medidas de seda, variada pasamanería, terciopelo de diferentes colores y texturas, entre otros. Además, llegaron una variedad de especias: pimienta, azafrán, canela, clavo, etc., y herramientas e instrumentos como machetes, cuchillos, pailas y cobre y armas. Otros productos que se introdujeron a la Audiencia fueron vinos, aguardiente de uva, pescado seco, perlas finas, plata, cuentas de oro, sortijas y diferente tintes, que se empleaban para la fabricación de textiles. Por la vía del contrabando, desde el Lejano Oriente arribaron también una diversidad de productos denominados con el genérico de "ropa de la China", de amplia aceptación entre los criollos y peninsulares de la élite. PROCESION Detalle de dibujo tomado del libro Voyage dans les deux Ameriques, Fotografía tomada de la revista Cultura Nº 3, Banco Central del Ecuador, Quito, 1997. Sociedad y poder colonial
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    Durante el sigloXVII las instituciones políticas y sociales ya establecidas en la centuria anterior, responden a un claro proyecto económico y político de la monarquía española: extraer excedentes monetarios por medio de exacciones, pero permitiendo, a la vez, que los americanos organicen y capitalicen sus producciones y comercio regionales. En decir, ejercer el poder político desde la metrópoli, aceptando al mismo tiempo que los poderes locales coloniales concentren una enorme autoridad, al margen de las decisiones del poder peninsular. Todo esto de acuerdo con aquella fórmula americana de "acto pero no ejecuto". Poder civil y poder religioso La Audiencia de Quito estuvo compuesto por tres tipos de "unidades políticas provinciales: gobiernos, corregimientos de españoles y corregimientos de indios" (Phelan: 1995:254). Popayán, Quijos y Yuguarzongo conformaron los gobiernos; Quito, Cuenca, Loja, Zamora y Guayaquil los corregimientos de españoles; Chimbo, Latacunga, Riobamba y los Yumbos los corregimientos de indios. Los gobiernos tenían mayor jerarquía que los corregimientos y estaban dirigidos por los gobernadores. En cambio, los corregimientos de españoles eran administrados por los corregidores españoles y los de indios, a su vez, por corregidores indígenas, nombrados por el Virrey (Phelan: 1995:254). La máxima autoridad de la Audiencia era el presidente, y con él colaboraban cuatro oidores y un fiscal, además de un relator, un escribano y un portero. En el ámbito de la justicia, como todas las audiencias menores, la de Quito contó con una Sala para su administración, en la cual se concentró la jurisdicción de los civil y lo criminal con todas las atribuciones legales para una pronta administración. En este caso, los oidores ejercieron las funciones de ministros y alcaldes del crimen. Toda esta estructura estuvo supeditada a la autoridad del Rey y al Consejo de Indias. En el ámbito de la administración civil, para el cuidado del "bien común en lo material y moral" estaban los cabildos y ayuntamientos, corporaciones de poder local compuestas por alcaldes, regidores, un mayordomo, un tesorero y un secretario escribano. Estas instituciones funcionaron en las ciudades y villas coloniales. Las atribuciones de los cabildos eran diversas: conservar, asear y mejorar las urbes; velar por la salubridad pública; atender el abastecimiento de carne, agua y víveres para los habitantes; vigilar el cobro de impuestos y fijar el precio de los artículos de consumo diario (González Suárez: 1970:386-392). En lo que hace a la Iglesia, su funcionamiento en la Audiencia se institucionalizó formalmente a partir de 1545, con la creación de Obispado de Quito, mediante bula del Papa Paulo III. A lo largo de todo el período colonial esta institución estuvo supeditado al poder civil de la monarquía, a través del Patronato Regio. La creación del Obispado de Quito fue un hecho significativo, pues permitió la organización más consistente del clero secular y regular, hasta entonces bajo la jurisdicción del Obispado de Lima. En el siglo XVII, la Iglesia
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    quiteña posee unaestructura político administrativa compleja, compuesta por el obispado, las parroquias y las doctrinas, ambas supeditadas administrativamente al primero. Las órdenes religiosas, establecidas en su mayoría en el siglo XVI, no permanecieron al margen de esa compleja estructura eclesiástica. Inicialmente estuvieron también sometidas a la autoridad de sus superiores en Lima. Empero, al siglo XVII, algunas de ellas por ejemplo las franciscanos y los dominios ya se habían erigido como provincias regulares separadas de Lima, y dependían, por lo mismo, directamente de sus conventos matrices en España. En la práctica, las órdenes religiosas se diseminaron por todo el territorio de la Audiencia. Los franciscanos tuvieron monasterios y guardianías en muchos pueblos de la Sierra, ya que a ellos se les entregó la responsabilidad de evangelizar a algunas de las comunidades de indios. Los dominios, por su parte, fundaron casas conventuales en varias ciudades de Audiencia, y los agustinos y mercedarios se extendieron fundamentalmente hacia la Costa y les estribaciones orientales, con propósitos eminentemente misioneros. Por otro lado, a los jesuitas, dado su carácter educativo, les cupo la administración del Colegio de Quito y Seminario de San Luis, colegios que desde su fundación desempeñaron un papel importante en la formación del clero secular. Ahora bien, a pesar de que las atribuciones del clero regular y secular estaban bastante diferenciadas, el siglo XVII fue una etapa de enorme conflictividad religiosa. Era frecuente la pugna entre seculares y regulares, debido al proceso de secularización de las doctrinas que inició a mediados del siglo XVI el Obispo Fray Pedro de la Peña, y que llevó a los primeros a los regulares a reclamar por las doctrinas que, paulatinamente, por orden obispal fueron pasando a poder del clero secular. Al interior de las órdenes religiosas se vivió también una enorme tensión, en parte por la pugna tradicional que sostenían entre sí españoles y criollos y que llevó a la Corona, en los conventos, a establecer "la alternativa", fórmula de solución transaccional, mediante la cual los criollos y chapetones (así llamados los blancos peninsulares) se alternaban sucesivamente en las dignidades de las órdenes (Guerra:1989:79). La sociedad No cabe duda que en el siglo XVII se consolidó un sistema social al carácter profundamente estamental. Sin embargo, contradictoriamente, esa rígida estructura social colonial en cierta forma se requebrajó, debido a la prosperidad económica que experimentó la Audiencia. Y es que la dinámica del comercio permitió, a través de la acumulación de capital, flexibilizar la sociedad y, por lo tanto, facilitar movilidad social de nuevos sectores emergentes. Se debe indicar, sin embargo, que los cambios sociales del siglo XVII tuvieron no sólo el auge económico como fundamento, sino un importante movimiento demográfico, protagonizaron por la población aborigen, que en
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    su afán deinsertarse en la economía colonial en expansión, emigró masivamente desde sus comunidades de origen a los centros urbanos. Esta situación impactó sobre la organización social anterior de las dos repúblicas de blancos e indios y propició un orden colonial social más permeable. La presencia de los indígenas migrantes, conocidos con el nombre de "forasteros" o vagamundos", en las ciudades facilitó a los sectores no convencionales de la economía contar con esa fuerza de trabajo, lo cual coadyuvó a que formara, y al mismo tiempo fortaleciera, un sector social culturalmente mestizo, resultado de su inserción en el mundo ideal. Tenemos que recordar que el sistema de organización social, en la centuria anterior estuvo basado en la separación de la sociedad indígena y la española a través de una normatividad organizacional, que suponía un orden social ideal. De esta forma las relaciones entre los dos sectores poblacionales que originalmente conformaron la sociedad colonial los blancos y los indios, estuvieron mediatizadas por una estructura compleja, creada exprofeso con fines separatistas: la república de españoles y la república de indios. Pero esta estructura en la práctica no funcionó. Productivamente dependientes las españoles de los indígenas, ambos grupos debieron convivir compartiendo espacios sociales comunes, lo que propició alianzas matrimoniales y uniones dando lugar al surgimiento de los mestizos. El proceso de mestizaje biológicos se manifestó abiertamente en el siglo XVII, irrumpiendo entonces los mestizos como un nuevo sector social numéricamente importante, aunque asimilado en especial a la cultura hispánica occidental. Ahora bien, entre estos tres grupos étnicos surgieron otros grupos, cohesionados en torno a sus características étnico raciales. Entre ellos tenemos a los mulatos y zambos, pero también a los llamados "tercerones", "cuarterones", "salto atrás" y "tente en pie", entre otros. Nos parece oportuno recoger la visión que González Suárez tiene sobre esta sociedad colonial: "La sociedad en la colonia estaba compuesta de gentes de diversas categorías: lo más noble, lo más importantes se hallaba representado por los hijos y descendientes de los conquistadores ó primero pobladores de las ciudades: seguían los vecinos que poseían grandes propiedades ó gruesos capitales: la mayoría de la población la constituían los mestizos, los oficiales de las industrias mecánicas ó de algunas artes útiles, y finalmente, los indios que, tanto entonces como ahora, eran en la sociedad miembros no solo necesarios, sino verdaderamente indispensables" (1970:393-394). Se debe indicar que los mestizos se desenvolvieron en un marco de situaciones sociales, políticas y económicas muy adversas. A pesar de que las relaciones interraciales se diversificaron y ampliaron, la sociedad colonial asistió a la aparición y crecimiento de este importante sector, que no participó de los privilegios y beneficios de los blancos y de algunos de los indios, especialmente de la élite. El mestizo en el contexto colonial fue apartado de posiciones políticas y administrativas, lo cual redundó en el hecho de que este grupo se
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    desarrollara en unasituación de marginalidad social y que desde entonces empezara a reclamar la legitimación de su presencia (Capdequi:1965:23). Así pues, el ideal social legalmente organizado del siglo XVI fue perturbado no sólo por la convivencia desde el inicio de blancos e indígenas, sino por el gradual protagonismo que asume el sector mestizo emergente. Esta situación va a desencadenar en la centuria siguiente una serie de tensiones sociales, que se revieren en nuevas formas de organización social durante el siglo XVIII (Terán:1992:66-86). La vida social La visa socia en la colonia estaba matizada por la religiosidad. Uno de los espacios más importantes de sociabilidad y socialización por excelente fueron las cofradías. Eran el ámbito donde se organizaban las festividades religiosas, pues conformaban una abigarrada da red corporativa que articulaba la vida social. El sistema de cofradías incorporaba el abanico de sectores y grupos identificables en un todo jerárquico e ilusoriamente funcional: A la sombra de los templos y convenios se creaban entonces cofradías para españoles, indios, mulatos y negros; a veces autónomas entre sí y otras integradas estamentalmente, como las que reunían españoles e indios (Terán: 1992:156). En la vida social colonial, el Cabildo desempeñó un rol protagónico. Esta institución se preocupó no sólo de organizar y normar las ceremonias públicas civiles, sino las del culto católico conjuntamente con la Iglesia. Precisamente, la organización de la vida social, que por cierto reflejó la estructura de la sociedad, giró en torno a las celebraciones civiles y religiosas en las áreas urbanas y en las rurales (Benítez, Costa: 1989:210- 211). Toda festividad, bien fuera de orden civil o religioso, se hacía de acuerdo con un rígido formato, en el que cada individuo o grupo social que participaba en la celebración ocupaba un lugar determinado dentro de la fiesta en acuerdo con su rango social y político. Por ejemplo, las procesiones "manifestaciones externa de la religiosidad popular" se hacían siguiendo un estricto orden, dentro del cual estamento se ubicaba en un lugar previamente señalado. Entre otros, es en este sentido que las festividades reflejan el rígido orden colonial estamental. En toda celebración el presidente de la Audiencia, los oidores y el Obispo de la diócesis, solían ocupar los sitios preferenciales, para luego seguir, conforme su importancia, el corregidor, los regidores, los alcaldes del Cabildo civil y los miembros del cabildo eclesiástico; a seguidas continuaban los otros miembros de la sociedad. El protocolo que se guardó fue estricto, y cuando era transgredido surgían grandes pleitos y disgustos, que a veces terminaron en disputas de orden jurídico. Las festividades civiles tenían dos dimensiones: la profana (consustancial con ella) y la religiosa (con la que se le sacralizaba). El nacimiento de un príncipe a la boda de un monarca español constituyó un buen motivo para la celebración, según un complejo programa en el que justamente se entremezclaban eventos mundanos y eventos piadosos.
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    Tal como señalamos,el cabildo, como representante de la ciudad, era el responsable de la organización de la fiesta en sus pormenores y estaba en la obligación de agasajar tanto a las autoridades audienciales como a las eclesiásticas, que recibían de su parte constantes atenciones: fiambres, jugo de frutas, dulces y pastas, mientras participaban del espectáculo al son de flautas, trompetas, sacabuches y chirimías (Descalzi: 1980:41-42). Pero además de las celebraciones colectivas, que generalmente se hacían en las plazas de pueblos y ciudades, la vida social urbana de la colonia tuvo como escenario las casas solariegas, donde se congregaban invitados y familiares a celebrar suntuosas fiestas: nacimientos, bautizos y matrimonios. Entonces los portones se abrían de par en par y se ofrecían saraos y banquetes con viandas a base de carnes, que comprendían doce o más platos variados, vinos de la tierra y españoles, rica repostería local hecha a base de confites y dulces. Pero donde la vida social se expresó con mayor fuerza fue en las tertulias, que tenían lugar en las primeras horas de noche. A ellas concurrían personas adultas y jóvenes. Cada uno se divertía a su manera: mientras los adultos comentaban sobre los últimos acontecimientos, los jóvenes se entretenían haciendo música con la vihuela y la mandolina o en ejercitar varios juegos no censurados por el Cabildo. Características del Barroco Quiteño [] Los marcados contrastes del siglo del espíritu barraca encontraron su expresión en la ciudad de Quito. Al mismo tiempo que vivían en libertinaje, los quiteños produjeron algunos de los ejemplos más perfectos de arquitectura barroca y algunos de los ejemplos más expresivos y originales de escultura barroca del mundo hispanohablante. Los talles finamente trabajados de los imaginarios quiteños, algunos de los cuales fueron mestizos, aun conservan el patetismo torturado de la emotividad barroca. La escuela quiteña de pintores fue más académica y menos original que su arquitectura y escultura. Dentro de media milla cuadrada, la capital encerrada diez elegantes iglesias e igual número de magníficos monasterios y conventos de factura tan sólida que siguen utilizándose hasta el día de hoy, a pesar de los terremotos y conmociones civiles. Durante el siglo XVII, Quito adquirió la fama de "Claustro de América" y de 'Santuario de Arte Colonial". La deslumbrante arquitectura eclesiástica de Quito ofrecerá el entorno apropiado para el catolicismo teatral del siglo XVII [] [] La afición barroca al boato ceremonial y manifestaciones ostentosas, colocó el telón de fondo de las resplandecientes iglesias, pudo expresarse cuando Quito supo que la primera esposa de Felipe IV, Isabel de Borbón, había dado a luz al príncipe Baltasar Carlos. Un mes se demoraron los preparativos para las fiestas que duraron nueve días, desde el 20 de febrero de 1631. Mientras se realizaban los preparativos, se celebraron corridas de toros todas las tardes. Cuando llegó finalmente el día 20 de febrero, todas las campanas de la iglesia sonaron para anunciar el inicio de la celebración. Cada balcón de la plaza mayor llevaba festivas decoraciones de sedas, tafetanes y satenes, todos los cuales fueron en una época mercancías de contrabando. En cada iglesia de la plaza mayor se había levantado un altar profusamente decorado. Mil soldados en uniformes de colores daban un toque marcial a los actos. La ceremonia religiosa se inició con una espléndida procesión, en la cual los fieles llevaban la imagen de
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    Nuestra Señora deCopacabana por la plaza mayor. El clero secular, los seminaristas, el clero regular, el capítulo catedralicio y, por último, el obispo, marcharon frente a la estatua. Detrás de una imagen, iban las autoridades civiles en orden ascendente de importancia: el cabildo secular, los ministros inferiores, los ministros superiores y el presidente de la audiencia. Una que la procesión entró en la catedral, el obispo Oviedo cantó una misa mayor, durante la cual el doctor Quiros del capítulo catedralicio pronunció un florido y largo sermón. Mientras se celebraba la misa dentro de la catedral, los militares en la plaza dispararon salvas de artillería. Durante los siguientes días hubo corridas de toros las tardes. Al atardecer, cada una de las corporaciones funcionales, como la de los tenderos, plateros, comerciantes mayoristas, etc., ofrecieron un brillante espectáculo, costeado por ellos para la multitud. El día viernes 21 de febrero se celebró un baile de máscaras con disfraces grotescos. Al día siguientes, los plateros ofrecieron a la capital un desfile de carros alegóricos con doscientas personas que iban de obispos a cardenales. El momento culminante de la tarde llegó cuando apareció un actor vestido de Papa. El octavo día les tocó a los indios divertir al público. Su mascarada consistió en una batalla simulada, en la cual las fuerzas del ejército inca luchaban y vencían a los huestes de la reina Cochasquí. Los indios llevaban vestimentas, armas e instrumentos musicales incaicos. Poco menos de un siglo después de la conquista, los nietos y bisnietos de los conquistadores vieron a los descendientes de los incas y preincas escenificar el pasado esplendor de la América anterior a la conquista [] [] La pompa y boato de estos ceremoniales no solo cuadraba con la afición barroca y lo pictórico, sino que también servían fines políticos útiles: eran la versión hispanoamericana del circo romano; y más importante aun, la ocasional personificación del monarca, en los lejanos reinos, fortalecía los lazos de lealtad al rey. La estabilidad del imperio español se basaba, en gran medida, en la música y carisma del rey []. Tomado de John Leddy Phelan, el Reino de Quito en el siglo XVII, Quito, Banco Central del Ecuador, 1995, pp. 272-276. IGLESIA De La Compañía de Jesús Máximo exponente del Arte barroco Quiteño.
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    Tomado de Salvat Editores,El Arte Ecuatoriano, Vol. 2 Quito,1985. La institucionalización de la Iglesia La estructuración jurídica de la Iglesia dependía, en forma general, del Derecho Canónico, y en forma más directa del Patronato establecido para todas las Iglesias de Indias por las tres Bulas de Alejandro VI (la "Inter Caetera" de 1493, las dos "Eximiae Devotionis" de 1493 y 1501) y la de Julio II ("Universalis Ecclesiae" de 1508), y por la Recopilación de Leyes de los Reinos de Indias (su primer libro es totalmente eclesiástico). A estas bases jurídicas comunes, Quito, añadió elementos propios, fundamentalmente dos: las Constituciones del Primer Sínodo Quiteño, convocado por Fray Pedro de la Peña en 1570, y el Itinerario para Párrocos de Indios, compuesto por el obispo Alonso de la Peña y Montenegro, que sirvió de guía doctrinal desde su aparición en 1668 hasta la independencia. Sobre estas bases, la Iglesia quiteña estructuró su actividad pastoral a través de múltiples códigos, documentos y acción evangelizadora. La pureza de la fe y las costumbres se garantizó con la promulgación de Concilio de Trento, los Concilios Provinciales de Lima y los Sínodos Quiteños (que fueron tres en el transcurso de la segunda mitad del siglo XVI) []. [] Un capítulo que no debe olvidarse en la institucionalización de la Iglesia en Quito, es el de las Misiones. Esforzados misioneros acompañaron a Gonzalo Pizarro (1541) y a Francisco de Orellana (1542) en sus expediciones al Oriente. Poco después encontramos a los dominicos del Sur Oriente; los jesuitas entre los Cofanes, a principios del siglo XVII, y posteriormente en Mainas; los franciscanos en otros lugares. Prácticamente todo el Oriente, desde los Andes en el Oeste hasta el Brasil en el Este, fue cubierto por las Misiones en una labor de esfuerzo pastoral sin parangón, así como también de esfuerzo civilizatorio y hasta científico (recordemos solamente la Relación del Nuevo Descubrimiento del Río Grande por el Capitán Francisco de Orellana de Fray Gaspar de Carvajal y el Mapa Amazónica del geógrafo jesuita Samuel Fritz). Su entrega total a la evangelización y culturización cobró varias vidas misioneras, en un medio inhóspito, poblado por aborígenes no siempre receptivos [...]. Tomado de Samuel Guera Bravo, "La Iglesia en los siglos de Coloniaje Hispánico", en Enrique Ayala Mora, Ed., Nueva Historia del Ecuador, Vol. III, Corporación Editora Nacional / Grijalbo, Quito, pp. 65-70. Glosario Composición, ajuste, asiento, concierto hecho sobre alguna cosa. En el caso de la Audiencia de Quito se realizaron en el siglo XVII dos tipos de composiciones: de obrajes y de tierras. Patronato, derecho que el Rey tiene como Rey, fundador, erector o protector de algunas iglesias, monasterio, hospitales o de otras obras país, y el que la Sede Apostólica le ha concedido, por los servicios que la Corona ha hecho a la Iglesia Católica. En el caso de la Indias era el derecho de presentar al Obispo
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    Ministros idóneo parala Iglesia. Quinia, cáscara del árbol llamado Quarango, muy útil en la medicina, especialmente para la cura del paludismo. Orientación bibliográfica - Sobre diferentes aspectos relativos al período, consúltese a: ASSADOURIAN, Carlos Sempat, El sistema de la economía colonial, Instituto de Estudios Peruanos, Lima, 1984. AYALA MORA, Enrique, Ed., Nueva Historia del Ecuador, V. 3 y 4, Corporación Editora Nacional / Grijalbo, Quito, 1989. - La estructura política y social colonial del siglo XVII está tratada en: GONZALEZ SUAREZ, Federico, Historia General de la República del Ecuador, VOL II, Quito, Casa de la Cultura, 1970. PONCE LEIVA, Pilar, Certezas ante la incertidumbre. Elite y cabildo de Quito en el siglo XVII, Ed. Abya-Yala, Quito, 1998. VARGAS, José María, Historia del Ecuador. Siglo XVII, Editorial Royal, Quito, 1982. - Sobre el mestizaje se recomienda revisar: -------------, Revista Quitumbe, No. 9, Departamento de Historia, Universidad Católica del Ecuador, Junio 1995. - La vida cotidiana es analizada en: BENITEZ, Silvia y Gaby Costa, "La familia, La ciudad y la Vida cotidiana en el período colonial", en Enrique Ayala Mora, Nueva Historia del Ecuador, V. 5, Corporación Editora Nacional / Grijalbo, 1989. DESCALZI, Ricardo, "La vida social y las diversiones públicas en la colonia", en Salvat, Historia del Ecuador, Vol. 4, Barcelona, Salvat Editores Ecuatoriana, 1980, pp. 41-42. - Los siguientes libros analizan aspectos concernientes a la cultura: VARGAS, José María, Historia de la Cultura Ecuatoriana, Guayaquil, Editorial Ariel, s.a. GUERRA BRAVO, Samuel "La Cultura en la Epoca Colonial", en Enrique Ayala Mora Ed., Nueva Historia del Ecuador, V. 5, Corporación Editora Nacional / Grijalbo, Quito, 1989. ROIG, Arturo Andrés, Humanismo en la segunda mitad del siglo XVIII, V. 17- 18, Biblioteca Básica de Pensamiento Ecuatoriano, Banco Central del Ecuador / Corporación Editora Nacional, Quito, 1986. - Para el estudio de la Sociedad Barroca del siglo XVII se recomienda la lectura de los artículos de: ECHEVERRIA, Bolívar "La Compañía de Jesús y la primera modernidad de la América Latina", en Procesos. Revista Ecuatoriana de Historia, No. 9, segundo semestre, Quito, Corporación Editora Nacional, 1996, pp. 21-37. TERAN NAJAS, Rosemarie, "La ciudad Colonial y sus símbolos: una aproximación a la historia de Quito en el siglo XVII" en Kingman G. Eduardo, Comp. Ciudades de los Andes, visión historica y contemporánea, IFEA Ciudad, Quito, 1992, pp. 153-171.
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    GRABADO Guayaquil, mediados delsiglo XIX Colección Castro y Velásquez Gráfico tomado de Salvat Editores Ecuatoriana, Historia del Ecuador, Vol. 4 Salvat Editores Ecuatoriana Quito, 1988. La Consolidación de la Sociedad Criolla Siglo XVIII hasta 1808 Introducción Al hablar del siglo XVIII en la Real Audiencia de quito es necesario hacer referencia a los aspectos que determinaron el desarrollo o la decadencia de sectores económicos, políticos y sociales específicos. A nivel económico se manifestaron dos procesos diferentes: por un lado, el descenso y la decadencia de la producción de textiles en los obrajes serranos y, por otro, el crecimiento económico del litoral como resultado del auge de la producción de cacao. El primer aspecto señala el fin de la relación económica establecida a nivel regional (los Andes) que giraba en torno a la producción de la plata de las minas de Potosí y el segundo representa el inicio de la inserción del espacio de la Real Audiencia en el mercado internacional. En cuanto a la propiedad de la tierra, se produce un proceso paulatino de concentración de este recurso en manos de unos pocos grupos familiares, que dio como resultado la consolidación del latifundio. A nivel político, y como consecuencia de las medidas fiscales implementadas por los Borbones casa reinante en España desde inicios del siglo XVIII -, empieza el deterioro del poder de la Corona y de sus funcionarios en beneficio de los criollos , descendientes de españoles nacidos en tierras americanas, manifestándose en numerosas ocasiones vacíos de poder y de legitimidad. En el plano social, existe una inquietud constante de la población, sobre todo indígena, ante la posibilidad siempre presente de la aplicación de nuevas y más duras medidas fiscales. Este descontento desencadenó, durante todo el siglo, una serie de sublevaciones indígenas y de levantamientos de los criollos y mestizos que bien pudieron constituir la base del posterior proceso independentista.
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    Desarticulación Regional yReorientación de la economía de la Real Audiencia de Quito Durante los siglos XVI y XVII la economía de la Real Audiencia de Quito formó parte de un sistema integrado a nivel regional, cuyo eje fue la exploración de las minas de plata de Potosí, en el Alto Perú. La contribución de Quito a este mercado regional se basó en la producción y distribución de textiles. Si bien el sector obrajero fue el más dinámico de la economía colonial, éste a su vez dio vida al sector agrícola y sobre todo al pecuario con el incremento de la cría de ganado lanar. La crisis minera de Potosí En el siglo XVIII, la producción minera de Potosí decayó considerablemente lo que dio lugar a la desintegración del circuito mercantil regional. La Real Audiencia de Quito dejó de producir textiles en la magnitud que lo había venido haciendo y los obrajes vivieron un período de decadencia. La crisis se agudizó aún más con la introducción de productos extranjeros en el espacio colonial los mismos que, en razón de su mejor calidad, compitieron, con mayor ventaja, con la producción quiteña. La minería peruana entró en crisis por la conjugación de varios factores. Entre ellos podemos señalar los siguientes: los yacimientos minerales intensamente explotados entraron en una etapa de agotamiento; la población indígena, mano de obra barata, disponible para los trabajos en las minas, se encontraba en un período de disminución en razón de la sobre explotación de la que había sido objeto; el mineral se encontraba cada vez a niveles más profundos y no se contaba con los recursos técnicos necesarios para explotarlo con eficiencia (Arias: 1989: 1992 y ss). Crisis del sistema colonial La crisis económica no afectó únicamente al espacio colonial. En esta época España se encontraba también en un período de grandes dificultades económicas el tesoro público había disminuido. La Corona se impuso como tarea conseguir mayores ingresos, y para lograrlo se implementaron políticas conocidas en la literatura histórica como las "reformas borbónicas". Estas reformas intentaron mejorar la economía y su objetivo central fue conseguir más dinero para el Tesoro Público. Las medidas consistieron en la emisión de moneda de baja ley (es decir con mayor contenido de cobre); la legalización de las posesiones de tierras en la colonias, a través de las "composiciones" (obtención de un título de propiedad a cambio del pago de una suma de dinero); la venta de cargos públicos y títulos de nobleza, es decir, dinero a cambio de favores y privilegios; exigencia de donaciones a la Corona y de préstamos a particulares a las ciudades y corporaciones; retribución en dinero de favores, privilegios y otras concesiones; libre circulación de mercancías al interior del espacio colonial, con la supresión de las aduanas internas; libre introducción de efectos europeos en América, sobre todo textiles; organización de un sistema de transporte de mercancías más moderno y eficiente, para lo cual se suprimieron las flotas de navíos, se introdujeron naves de registro, más ágiles y autónoma, y se mejoraron los puertos (Arias: 1989: 199). Los cambios en la Metrópoli La toma del poder político de España por los Borbones, en reemplazo de los Habsburgo, en 1700, determinó un giro en la política económica, dando
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    lugar a cambiomucho más profundos, en consonancia con el movimiento de la economía mundial. Se introdujeron medidas destinadas a facilitar y promover la producción y el comercio, tanto en la metrópoli como en las colonias, renunciando a la vieja concepción mercantilista. Esta nueva política implicaba la supresión del monopolio y la participación abierta de otros países europeos en el comercio con las colonias. Felipe V (1700 1746), ayudado por Alberoni, emprendió el restablecimiento de la economía interna: suprimió las aduanas internas permitiendo la libre circulación de mercaderías; estableció fábricas estatales a fin de acrecentar la producción industrial; organizó una flota importante y mejoró los puertos del país. Fernando VI (1746 1759) y Caros III (1759 1788) continuaron las reformas, sobre todo el último, con sus ministros Aranda, Floridablanca y Campomanes, todos partidarios de la libertad industrial y comercial. Esta nueva política había mejorado la situación interna. La industria y el comercio se triplicaron y la población hacia caso doblado. TOMADO DE ARIAS, HUGO, "LA ECONOMIA DE LA REAL AUDIENCIA DE QUITO", EN ENRIQUE AYALA MORA, ED, NUEVA HISTORIA DEL ECUADOR, V., 4, CORPORACION EDITORA NACIONAL / GRIJALBO, QUITO, 1989, P. 199 GRABADO La Casa de las cien ventanas Guayaquil Grabado de Roura Oxandaberro, Colección
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    Carlos Fernández. Felipe V(1700 1746) otorgó a Francia el derecho de introducir esclavos en América a cambio de mercancías, y en 1713, a través del Tratado e Utrecht, se otorgó este derecho a Inglaterra. En 1728 se estableció la Casa de Contratación en Cádiz y se creó la Compañía de Comercio. Más tarde, Fernando Vas (1746 1759) y Carlos III (1759 1788) se mostraron también partidarios del libre comercio. En 1765 se puso fin al monopolio de Cádiz y Sevilla y se autorizó a las puertos de Barcelona, Santander, Coruña, Málaga, Alicante, Cartagena y Gijón comerciar con América. En 1778, a través de la "Pragmática de libre comercio", se amplio esta posibilidad a trece puertos españoles y veinte americanos. En 1797 se autorizó el comercio entre las colonias y los Estados Unidos y Francia. La reducción del comercio de textiles y la introducción de efectos europeos al territorio de la Audiencia de Quito, afectaron directamente a los centros de producción de estos artículos conocidos como "obrajes", lo que trajo como resultado el cierre de muchos de ellos. El comercio de textiles hacia el polo minero de Potosí se liquidó, pero continuó articulado a los espacios del norte del Perú y del Virreinato de Santa Fe, lo que evitó la crisis obrajera total. Entre 1779 y 1783 ingresaron 4'313.516,6 pesos por concepto de exportación de textiles al norte, con un crecimiento del 142.14% en relación con 1700 (Marchán: 1989:257). La articulación con el espacio norte estuvo también en función de la producción minera de Nueva Granada. De igual forma, la producción agropecuaria de las haciendas encontró mercado para sus productos agrícolas en la Costa, cuya economía se encontraba reactivada gracias a la producción del cacao. Sin embargo, a pesar del comercio con el norte, la cantidad del dinero que ingresaba a la Audiencia era reducida, por lo que las autoridades establecieron otros mecanismos para generar recursos, como el incremento del cobro de tributos a los indígenas. La suma de estas circunstancias: importación de mercancías, reducción de las exportaciones, reducción del comercio regional y envió a España de la masa de dinero recaudado por concepto de tributo, trajo como consecuencia inmediata la escasez de moneda en el espacio colonial quiteño. Causas de la crisis La libertad de comercio y la competencia que significó para las manufacturas textiles la introducción de efectos extranjeros: Los textiles de Quito eran de inferior calidad y para su producción se empleaban técnicas poco rentables, se trabajaba en telares de mano y, sobre todo, los trabajadores en los obrajes se conseguían a la fuerza a través de la mita. También el sistema de obrajes fue objeto de transformación, cuando en 1704 se suprimió la mita como forma de trabajo en los obras de comunidad, se los clausuró y pasaron a mano de particulares. Este proceso generó rentas para la Corona a través del pago de licencias de funcionamiento (Terán: 1989: 270).
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    Aumento de latributación: Según datos proporcionados por González Suárez, en cuatro años el presidente José García de León y Pizarro logró recaudar 1'017.300 pesos, mientras que su predecesor en siete años sólo había recaudado 713.351 pesos (González Suárez: 1970: 1204). En este hecho intervinieron algunos factores como un nuevo censo de población, la supresión de los intermediarios en el cobro y la intensificación de la explotación a la población indígena sujeta al pago del tributo. La escasez de circulante provocada por varias razones: La salida de moneda hacia a metrópoli, la falta de exportaciones textiles y la transferencia de ingresos para los jesuitas exiliados en Italia. La concentración de la propiedad de la tierra y consolidación del latifundio: Este proceso no fue un aspecto propio del siglo XVIII. Durante el período colonial las propiedades de los españoles, y posteriormente de los criollos y mestizos, se expandieron con la implementación de ciertos mecanismos, algunos de ellos legales pero muchos arbitrarios. Entre los primeros se puede mencionar a la distribución de tierras por parte de las autoridades coloniales; la compra de tierras; las concesiones realizadas por las autoridades étnicas en favor de personas particulares o comunidades religiosas. Entre los segundos se puede mencionar sobre todo al constante despojos de la propiedad indígena, bien por la falta de títulos o por el abandono de las tierras comunitarias por la disminución de la población y el forasterismo, es decir, la huida de los indígenas de sus parcialidades con el fin de evadir las contribuciones. Los indios forasteros no estaban sujetos al sistema de tributo. En el siglo XVIII la Corona implementó un mecanismo de legalización de las tierras mal o bien adquiridas, a través de las "composiciones". Los propietarios tenían que justificar la propiedad por medio de la presentación de los respectivos títulos. Quienes se encontraron en mejores condiciones para hacerlo fueron los criollos y los españoles peninsulares, mediante los documentos otorgados con anterioridad por la Corona. Muy pocos indígenas aprovecharon de este recurso, por no poseer los papeles que garantizaran su propiedad. La concentración de tierras favoreció fundamentalmente a las órdenes religiosas (en particular a la de los jesuitas) que lograron acumular enormes extensiones de tierra. Según González Suárez, setenta y siete de las mejores y más productivas haciendas estuvieron en sus manos. En 1767 se emitió la orden de expulsión de los jesuitas y sus propiedades pasaron a manos de algunas familias, lo que dio lugar a que los españoles y criollos concentraran en sus manos la mayor cantidad de tierras. De esta manera, el Marqués de Selva Alegre y el corregidor Joaquín Tinajero (pariente del primero) recibieron ocho latifundios. De diecinueve haciendas en Imbabura, catorce pasaron a manos de cuatro propietarios y seis a la familia Calixto Muñoz. En Pichincha, treinta propiedades pasaron a seis personas, entre ellas Pedro Ante y el Marqués de Selva Alegre. En Cotopaxi, este último personaje recibió cuatro haciendas. En Cuenca, de diez haciendas, ocho pasaron a ser propiedad de Juan Chica y Sánchez y dos de Manuel García. En Guayas y El Oro, Miguel de Olmedo y Pedro Arteta recibieron también una buena cantidad de tierras (Arias: 1990 : 206 207).
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    Por otra parte,el sistema de encomienda entró en un proceso paulatino de liquidación con su incorporación a la Corona. Se inició este proceso de liquidación con las encomiendas de personas no residentes en las colonias. En 1718 la Corona decretó su incorporación total. (Terán: 1989: 270). La disminución de la propiedad indígena incidió directamente en la utilización de la fuerza de trabajo por parte de las haciendas. Sin tierras, los indios se veían precisados a vender "voluntariamente" su energía a estas unidades de producción. El mecanismo empleado para retenerla fue el endeudamiento. Esta forma de trabajo se conoce como "concertaje". El indígena establecía con el hacendado una relación de trabajo mediatizada por el endeudamiento. A pesar de estar estipulada la asignación de un salario por sus servicios y una parcela para sembrar y vivir con su familia, el concertaje tenía una serie de responsabilidades económicas y sociales, que lo llevaban a endeudarse constantemente con el patrón, lo que impedía que en algún momento pudiera dar por terminado su contrato. De esta manera, la permanencia en la hacienda de la fuerza de trabajo indígena se prolongaba por generaciones. La deuda era transmitida a los hijos, por lo que la permanencia del grupo familiar en ella se daba por tiempo ilimitado. En algunos casos, la hacienda incluía a comunidades enteras dentro de sus límites. Dentro de la hacienda, a más del sistema de endeudamiento funcionaban también sistemas ideológicos de retención de la mano de obra comunera. El patrón se convertía en una suerte de padre, protector y otorgador de bienes y servicios. De esta manera, la consecución de mano de obra era más rentable y menos represiva que a través de la mita. Este proceso se inicio en el siglo XVII, cuando la Corona reglamentó la libre oferta de mano de obra. En 1601 se prohibió la mita de servicios personales y se estimuló a los indios para que ofrecieran "su trabajo en lugares públicos" (Pérez: 1947: 285). Catástrofes naturales y epidemias: Otro de los factores que contribuyeron a agudizar la crisis económica fueron los cambios bruscos de clima, ya que hubo una época de sequías o excesos de lluvias o heladas. Se sucedieron también una serie de temblores y terremotos. Sobreexplotación de la fuerza de trabajo indígena por la carga exagerada de trabajo y de tributos: Esto condujo a una disminución notable de esta población y a una importante migración. En resumen, la crisis económica de la Audiencia de Quito y la crisis de Potosí no fueron fenómenos aislados; como decíamos, España se debatía también en un serio proceso de decadencia a nivel económico, político y social. Las arcas reales estaban vacías y era urgente impulsar una reforma tributaria en América, con el fin de conseguir un aumento de sus ingresos. El comercio con las colonias era reducido y España se había convertido en un mero exportador de mercancías europeas. La guerra que sostenía con Inglaterra le resultaba demasiado onerosa y sufrió una invasión por parte de Napoleón, lo que significó el derrumbe de la monarquía. En el espacio colonial se asistía a un proceso de resquebrajamiento de la unidad regional y la autosuficiencia económica (Marchán: 1989) . La
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    producción textil experimentóun duro golpe con la introducción de efectos europeos. A nivel de los sectores sociales, se fortalecieron ciertos sectores criollos (comerciantes y hacendados de la costa) frente a la pérdida de legitimidad de la Corona. La inquietud social no se hizo esperar y se produjo una ola de movimientos urbanos y rebeliones indígenas. GRABADO El astillero de Guayaquil De acuerdo a Roura Oxandaberro Gráfico tomado de Salvat Editores Ecuatoriana, Historia del Ecuador, Vol. 4, Salvat Editores Ecuatoriana, Quito, 1988. Reorientación de la actividad económica de la audiencia: La producción de cacao Mientras el espacio colonial serrano atravesaba un proceso de crisis y de decadencia económica, la costa vivía una etapa de prosperidad gracias al auge de las exportaciones del cacao a partir de 1765. Entre ese año y 1780, las exportaciones se duplicaron respecto del período anterior y entre 1780 y 1810 se volvieron a duplicar (Arias: 1989: 217). Mientras la Sierra se vio afectada por el libre comercio impulsado por los Borbones, la Costa se benefició de la legalización de su comercio con Nueva España, intercambio que ya existía, pero por la vía del contrabando, en razón del monopolio comercial ejercido por Lima y Caracas. De la misma manera, en 1774, se redujeron los derechos aduaneros del 8% al 5%. A pesar de las constantes trabas impuestas por Lima y Caracas al comercio del cacao, entre agosto de 1779 y enero de 1782, se incrementó: desde Guayaquil se exportaron a México 69.751 fanegas contra las 12.268 fanegas del cacao venezolano (Arias: 1989: 218). En junio de 1789, Carlos IV liberó totalmente el comercio de cacao entre Guayaquil y Nueva España. La bonanza del cacao empezó a ver su fin hacia
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    1810, cuando seprodujo una disminución en las exportaciones y una baja en los precios. Guayaquil manifestó un crecimiento económico y demográfico. De una población de 22.445 habitantes en 1775, pasó en 1825 a 72.492 habitantes (Hamerly; 1976: 83-84). El auge económico impulsó a los habitantes de la Sierra a migrar hacia la Costa en busca de mejores oportunidades y remuneraciones. El repunte cacaotero implicó también una concentración de la tierra y la formación de latifundios. Este proceso continúo durante el siglo XIX, período en el que se consolidó una clase terrateniente vinculada a la hacienda cacaotera. Al interior de la misma, la forma de trabajo se transformó. El sistema esclavista vigente en los dos siglos anteriores entró en un proceso de franca crisis a nivel local y mundial. Resultaba más rentable contratar mano de obra, aun a los ex esclavos, en calidad de "conciertos". El "concertaje" garantizó la permanencia de los trabajadores en la hacienda, sin la intervención de mecanismos de explotación como los generados por el esclavismo. Pérdida de legitimidad de la corona y fortalecimiento de los sectores criollos Las reformas "borbonicas" Como se dijo, las reformas económicas implementadas por los Borbones se convirtieron en mecanismos para recaudar ingresos, con el fin de salir de la crisis que consumía a España. Estas medidas fueron la emisión de moneda de baja ley, con una cantidad mayor de cobre; la venta de tierras en las colonias a través del mecanismo de las "composiciones"; la venta de títulos de nobleza y de cargos públicos; la exigencia de donaciones y préstamos de dinero en beneficio de la Corona, a particulares, a las ciudades ya las corporaciones; concesión de favores y privilegios a cambio de dinero; libre circulación de mercaderías, organización de las flotas, mejoramiento de los puertos y de la industria; aumento de la tributación (Arias: 1989: 199). Además de las reformas económicas implementadas por los Borbones en el siglo XVIII, se dictaron también una serie de medidas de tipo administrativo con el fin de recuperar el control político colonial. Entre estas medidas estaba el aumento de funcionarios, cuyo fin era centralizar la administración y "frenar la autonomía que iban adquiriendo las instancias locales de poder" (Terán: 1984). Se creó el Virreinato de Nueva Granada, el 29 de abril de 1717 y se designó a Santa Fe de Bogotá como su capital. Este Virreinato fue objeto de muchos cambios. Se suprimió el 5 de noviembre de 1723, ante la imposibilidad de sostener a los funcionarios y por las presiones del Perú, que se veía perjudicado en su territorio y temía perder el control sobre el Istmo de Panamá. Se volvió a crear el 20 de agosto de 1739, ante la necesidad de defender los puertos de Cartagena y Santa Marta de amenaza inglesa, provocada por la ruptura de relaciones entre España e Inglaterra. La campaña de defensa se financiaba en gran medida desde Quito a través del situado, suma de dinero que se obtenía del comercio de textiles y otros productos con Cartagena (Terán: 1984). Se puso a cargo del nuevo Virreinato la administración y control de las provincias del norte y la defensa de las plazas marítimas de las potencias extranjeras.
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    La intención políticase dirigía a quebrantar el predominio político del Virreinato del Perú. La Audiencia de Quito sufrió también algunos cambios: en 1717 fue suprimida, con el fin de remediar los excesos de los Oidores; en 1720 se restableció dependiente del Perú y en 1735 se la anexó al Virreinato de Nueva Granada. En 1780 se estableció el sistema de Intendencias (Terán: 1984). Los Astilleros de Guayaquil La importancia de los astilleros de Guayaquil es generalmente reconocida, y aunque desde luego no eran "superiormente ventajosa a todos los demás de ambas Américas y a los más célebres de la Europa", como enfáticamente aseguraba don Dionisio de Alsedo, sí puede afirmarse sin temor a exageración que durante los dos últimos siglos coloniales fueron los principales del Pacífico americano: en palabras de Juan y Ulloa, aunque "hay varios parajes en las costas del Mar del Sur en donde se han fabricado embarcaciones grandes de gavias (), el de Guayaquil es entre todos el que por muchos títulos debe gozar la primacía". El más importante de esos títulos era sin lugar a dudas la extraordinaria abundancia de maderas y su perfecta adecuación a la industria naval, por todas ellas "resisten el tiempo, a la corrupción, y muchas a los cinco principales enemigos: los abejones, la broma, el comején, la polilla y la carcoma". Abundancia, calidad y también variedad, que permitían a los carpinteros de Guayaquil elegir para cada trabajo la madera más apropiada. El guachapelí era el árbol más utilizado, pues se hacía con él todo el armazón y cuerpo de navío, las ligazones, pie de roda y codaste, empleándose también para realizar las gualderas de los cañones. El canelo era "bueno para toda obra", pero especialmente para baos que consoliden las cubiertas, y para latas y cintas o refuerzos exteriores de la tablazón. El cañafístolo se empleaba para las quillas y otros fundamentos; el bálsamo para hacer las bombas; el pechiche se utilizaba para tablones por ser muy resistente al agua y al sol, aunque tenía el defecto de levantar astillas; la madera negra era muy buena para cabrestantes, y en los edificios se utilizaba para puntales, pies derechos y riostras; el moral, colorado, guayacán y algarrobo eran aptos para pernos, clavijas y tarugos "que jamás se aflojan"; matapalo, mangle, níspero y piñuelas, además de emplearse en los edificios eran buenos para juegos de armas; por último, el roble, amarillo, figueroa, espino y otros muchos palos "de que por la abundancia no se hace tanto aprecio", se empleaban en las casas y en hacer gruesas tablas para costados y cubiertas de los navíos. Recordemos también la idoneidad de los palos de María para arboladuras de los navíos, y el empleo alternativo de los laureles para arbolar embarcaciones pequeñas. Finalmente, en los astilleros guayaquileños se utilizaban incluso las cañas que tanto abundaban en la provincia, y con las que se hacía "forro en las bodegas de los barcos cuando cargan cacao, para que el calor de ese fruto no requeme la madera del buque". TOMADO DE MARIA LUISA MAVIANA CUETOS, GUAYAQUIL EN EL SIGLO XVIII. RECURSOS NATURALES Y DESARROLLO ECONOMICO, ESCUELA DE ESTUDIOS HISPANOAMERICANOS, SEVILLA, 1987, PP. 261 - 262
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    Iglesia y ConflictosSociales Uno de los sectores que se convirtió en objeto de permanente preocupación de los monarcas borbónicos fue el de la Iglesia, sobre todo por el gran poder e influencia que habían adquirido las órdenes religiosas. Justamente en las ordenanzas de gobierno remitidas al virrey Eslava, se establecían restricciones expresadas a la fundación de nuevos conventos, como formas de atacar la actividad pastoral de los religiosos y, por lo tanto, de menoscabar su influencia sobre la población indígena. Pero si bien la Corona advertía la necesidad de hacerlo, a la vez, comprendía que la acción del clero era imprescindible para efectuar la pacificación de zonas no conquistadas, amenazadas por la penetración extranjera. Es evidente que, paralelamente al fortalecimiento de los sectores privados, la Iglesia había ido consolidando también una falta cuota de poder económico y político. Buena parte de la producción textil y de la producción hacendaria, en su conjunto, había caído bajo su control. Varios de los acontecimientos más importantes de la primera mitad del siglo la tuvieron como principal protagonista, revelándose así la gran trascendencia social que poseía cualquier asunto relacionado con el sector eclesiástico. TOMADO DE ROSEMARIE TERAN NAJAS. "SINOPSIS HISTORICAS DEL SIGLO XVIII", EN ENRIQUE AYALA MORA, NUEVA HISTORIA DEL ECUADOR, V., 4, QUITO, CORPORACION EDITORA NACIONAL / GRIJALBP, 1989, PP. 273 274. ENFRENTAMIENTOS Entre españoles e indígenas Gráfico tomado de Salvat Editores Ecuatoriana, Historia del Ecuador, Vol. 4, Salvat Editores Ecuatoriana, Quito, 1988. La rebelión de los estancos Los cambios políticos y administrativos, sumados a las transformaciones económicas, dieron lugar al descontento de los criollos. Los criollos, herederos de la mentalidad aristocratizante de los blancos y limitados en
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    sus actividades económicas,al no poder dedicarse al trabajo manual y a otras tareas consideradas como indignas, formaron parte de los dos grupos sociales: los terratenientes, dueños de grandes extensiones de tierras, y a la burocracia colonial de menor rango, sin poder político y pauperizada por la crisis. Estos sectores manifestaron una gran disposición a levantarse en contra de la Corona (Quintero: 1991: 9 y ss). Sin embargo, en el movimiento de descontento, los criollos tuvieron también en apoyo de los sectores populares. La estructura de poder se organizaba e acuerdo con un "sistema triangular débil" (Fontana: 1989:173), conformado por la monarquía y su burocracia en América, la oligarquía española (nobleza terrateniente). Estos sectores sociales locales prescindían de la monarquía en el ordenamiento de la vida económica según sus propios intereses. Las reformas que los Borbones implementaron intentaban solucionar este debilitamiento del poder. Las oligarquías locales se vieron obligadas a ceder parte de sus ingresos al Estado (Fontana: 1989:173). A nivel local, el antagonismo se manifestaba con la conformación de dos grupos con intereses divergentes: el primero giraba en torno a lo intereses locales representados por el Ayuntamiento y el segundo, al poder colonial, representado por la Audiencia. Los representantes del poder real tenían en sus manos una serie de poderes y privilegios y prontamente se enriquecían en América lo que predispuso en su contra a la aristocracia criolla y a los sectores populares. La rebelión de los Estancos o de los barrios de Quito de 1765 fue un enfrentamiento que puso en evidencia la pugna existente entre estos sectores sociales y los demás que se encontraban excluidos del manejo político y económico. Por otra parte, "el propósito de los sublevados habría sido el de retomar la práctica de un gobierno descentralizado, heredado de los Austria y los primeros Borbones, con la cuota de participación que tenían los sectores locales en las decisiones estatales" (Terán: 1989:286). La rebelión tuvo origen en una ordenanza de Felipe V por medio de la cual se estatizaba la producción y la distribución de aguardiente, cuya venta libre había sido establecida en 1738. Luego de esta rebelión, los criollos consiguieron algunos puntos a su favor (abolición de los estancos y aduanas, indulto y amnistía a los rebeldes, elección de jefes barriales criollos). Este hecho fortaleció el poder de los criollos en detrimento del poder colonial ya debilitado. La rebelión de los estancos constituye el inicio del largo conflicto que desembocaría en el movimiento de autonomía y años más tarde (1809) en las luchas por la independencia política y económica respecto de España. Las sublevaciones indígenas La población indígena manifestó también su descontento por los malos tratos y la sobrexplotación de la que había sido víctima desde el inicio del sistema colonial. Además de estas circunstancias, vio agravarse su situación con las nuevas disposiciones y medidas económicas, principalmente la realización de censos y numeraciones de la población y la exigencia del pago de la
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    alcabala por latotalidad de víveres que ingresaban a la ciudad. Esta imposición se la conoció como la "aduana". En los levantamientos de a relacionó con la numeración y fue interpretada pro la población indígena "como el despojos de sus hijos y de la mitad de sus bienes" (Moreno Yánez: 1978:368). Toda la "irritabilidad latente" contenida en la población por la explotación de la que era objeto estallaba cuando se presentaba un hecho concreto que alteraba su vida cotidiana. Este hecho podía ser "la formación de un censo o una numeración, la mutación de la forma y orden acostumbrados en la recolección del tributo o de los diezmos, la introducción de reformas en el sistema de impuestos o () algún maltrato sufrido por un individuo del grupo" (Moreno Yánez; 1978:354). La convocatoria al levantamiento la realizaban uno o varios caudillos con instrumentos de música, gritos, amenazas o proclamas. La segunda fase se caracterizaba por los violencia y, en los levantamientos en los que intervenían únicamente indígenas, los ritos, danzas y espasmos constituían parte importante de la protesta, "en medio de la cual renegaban momentáneamente de la religión de los dominadores" (Moreno Yánez: 1978:355). Luego del paroxismo, la "irritabilidad colectiva" disminuía lo que era aprovechado por la administración para reprimir la protesta. Las penas impuestas a los cabecillas y líderes de los movimientos iban desde los azotes en público, cortes de pelo, condenas a trabajos forzados, confiscación de bienes hasta la muerte en la horca (Moreno Yánez: 1978: 376). Aunque los movimiento fueron limitados temporal y espacialmente, en algunos de ellos se hicieron propuestas más radicales de cambio como el caso de Antonio Tandaso quien propuso el reparto de las haciendas a los indios y la abolición del sistema de tributación. En Riobamba, en 1764, se pretendía aniquilar a la población blanca, apoderarse de la ciudad y crear un señorío indígena gobernado por dos reyes o "incas" (Moreno Yánez: 1978:364 y 365). El movimiento autonomista El movimiento autonomista se desarrolló entre las dos últimas décadas del siglo XVIII y las dos primeras del siglo XIX, y se prolongó luego de este período ya como movimiento independentista. Los criollos constituyeron el grupo social fundamental en este proceso. Esta evolución política e ideológica, de la autonomía a la independencia, es el resultado de los momentos históricos concretos que vivieron entonces. Cuando los propietarios de haciendas se vieron amenazados por los levantamientos indígenas o levantamientos mestizos urbanos, plegaron a la monarquía, expresión de una forma de gobierno fuerte y autoritario (Roig: 1984:17). Es por ello que el primer intento de libertad fue un manifiesto de apoyo a Fernando VII, Rey de España. Los criollos apoyaron la represión de las sublevaciones indígenas en la Audiencia de Quito y también la liquidación del movimiento indígena del Alto Perú. Sin embargo, una vez restablecido el orden, cuando en España se dio "el paso hacia una monarquía de espíritu constitucionalista integrada por
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    reinos autónomos" desencadenóun enfrentamiento entre los criollos y el sector integrado por la burocracia y los comerciantes españoles peninsulares. Se inició de esta manera el pensamiento liberal dentro del modelo monárquico y de autonomía regional (Roig: 1984:18). Uno de los aportes que tuvo una influencia significativa en el inicial movimiento autonomista, y posteriormente en el movimiento independentista , fue el ejercido por Eugenio Espejo. De la misma manera lo fueron la actuación y las ideas de José Mejía Lequerica, quien actuó en las Cortes de Cádiz; de Juan Pablo Santa Cruz y Espejo, sacerdote, capellán de las tropas patriotas en la independencia; del presbítero Miguel Antonio Rodríguez, autor de la Constitución de Quito de 1912 y de Juan Pío Montúfar, Márques de Selva Alegre, presidente de la Junta Soberana de Quito, luego del pronunciamiento del 10 de Agosto de 1809 (Roig: 1984:18). Espejo fue quien inicialmente planteó ciertas ideas políticas que fueron posteriormente retomadas y trabajadas por sus seguidores. Ideas que iniciaron más tarde en la generación del proceso independentista (Paladines: 1978: 209). En suma, los gestores de la independencia fueron en primer término monárquicos para luego ser republicanos, es decir pasaron del absolutismo al constitucionalismo (Roig: 1984:19). ESCRITOR, MEDICO, PERIODISTA Eugenio de Santa Cruz y Espejo Gráfico tomado de Salvat Editores Ecuatoriana, Historia del Ecuador, Vol. 4, Salvat Editores Ecuatoriana, Quito, 1988. Los Criollos y la Sociedad Colonial La sociedad colonial se organizó en torno a la pertenencia a una "casta", es decir a un grupo social en la que el origen racial tenía mucho peso. En el siglo XVIII, los sectores populares fueron identificados como "castas" o como "plebe", como una expresión de "la imposibilidad de distinción social" (Terán: 1995:15) ante la confusión reinante a nivel urbano por las
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    diferentes mezclas deblancos, indios, negros lo que produjo una amplia gama de mestizaje. Este sector carecía de identidad étnica, no era blanco ni indio, tampoco gozaba de un estatuto legal, nunca se lo reconoció como mestizo sino como casi blanco o blanco "tenido" como mestizo, o blanco pobre, o gente de buen color, etc. (Minchon: 1994). Ante las presiones de la administración para el pago del tributo por parte de los mestizos, considerados como indígenas, las solicitudes de exoneración abundan así como también las pruebas para demostrar su parte de sangre blanca. Aunque, en las sublevaciones indígenas en contra de las exigencias fiscales, los mestizos, en este caso se convertían en sus aliados. La sociedad organizada en torno a los elementos étnicos, mantenía una estratificación social bastante definida aunque no del todo rígida. En el estrato superior de encontraban los blancos, peninsulares o criollos, emparentados con la nobleza española o en búsqueda de insertarse en la misma. Constituía el grupo de propietarios y hacendados. En un escalón más abajo se encontraban los mestizos (curas, comerciantes, artesanos). Luego venían los indios y el último peldaño se encontraban los negros esclavos. Sin embargo, a pesar de la aparente rigidez existía una cierta movilidad social que permitía que personajes que emergían de la plebe pudieran ingresar en estratos sociales altos. Para ello era necesario, en primer lugar, conseguir un apellido español, acceder a un vestido y a una educación que les permitiera ascender. El caso de la familia de Eugenio Espejo es uno de los ejemplos claros de este proceso. Eugenio de Santa Cruz y Espejo Eugenio Espejo representa una de las personalidades más importantes pero conflictiva de una etapa histórica atravesada por los cambios y las nuevas ideas. Es uno de los "exponentes más notorios de un grupo humano en ascenso". Es un personaje que no representa a ningún sector social colonial: sus orígenes maternos indígenas pueden servir para identificarlo con ese sector, pero al mismo tiempo se lo identifica también con la clase terrateniente, la de los marqueses criollos herederos del poder político de los españoles, ya que es mestizo y al mismo tiempo "español americano", es decir, blanco (Roig: 1984:20-21) El Escritor, el Médicos, el Periodista El recorrido de Espejo por la Filosofía y la medicina lo hizo desde temprana edad, en una época en la que el acceso a la educación fue limitado y bajo condicionamientos sociales de estratificación bastante rígidos: "Los hijos de la aristocracia criolla y de los altos funcionarios reales, tenían tutores; los 'padres de medianas conveniencias', que podían imitar aquel sistema, pagaban maestros para que enseñaran a sus hijos y familiares en sus casas; luego venían los que teniendo como vestir a sus niños, no los enviaban a ninguna escuela y los que, a pesar de aquella situación, lograban ser aceptados a una de las tres escuelas de caridad existentes" (Roig: 1984:33). Los niños que lograban acceder a las escuelas públicas se insertaban luego en diferentes "oficios ", como el de amanuenses, aunque en el caso de Espejo, logró entrar en el mundo de las letras. Se contaban también entre
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    ellos los hijosde los artesanos y pequeños comerciantes, sector en ascenso social que tuvo luego un papel fundamental en la rebelión de los Estancos o de los Barrios de Quito, en 1765 a quien le estaba prohibido, sin embargo, el acceso a las universidades. La ilustración comenzaba a ejercer alguna influencia a nivel de la educación y en 1783 se aprobó una ley en la que se declaraba que no era incompatible la "nobleza" con el ejercicio de profesiones artesanales (Roig: 1984:35). La universidad empezó también a sentir la influencia de las nuevas ideas. Entró en crisis la universidad colonial, de corte misional ligada al sistema de encomiendas para dar paso a la universidad "hacendaria" apoyada en el fortalecimiento de la hacienda. "De una universidad plenamente confesional y fuertemente eclesiástica se daría el paso hacia una universidad estatal que abriría las puertas a un moderado proceso de secularización". Este proceso se fortaleció a raíz de la expulsión de los jesuitas (1767), hecho que dio lugar a la decadencia y al cierre definitivo de la Universidad de San Gregorio, vino luego la estatización de la universidad de los dominicos, la de Santo Tomás, en 1787, declarada como "publica" (Roig: 1984:36). También la enseñanza de la filosofía cambió. Ya no se seguían las ideas de un maestro o mentor (Santo Tomás, San Agustín, Escoto) y se comenzó a hablar de la "libertad filosófica", relacionada con el espíritu ecléctico del siglo XVIII, "organizado sobre la base del rechazo del principio de autoridad", producto de la pugna entre el Estado y la Iglesia de donde había salido debilitada esta última (Roig: 1984:36). A Espejo le tocó presenciar el inicio de estos cambios. En 1762 obtuvo el título de Maestro de Artes en la Universidad de San Gregorio, regentada por los Jesuitas. En 1767, se doctoró en Medicina en la Universidad de Santo Tomás, de los dominicos, y en 1770 se licenció en Derecho Civil y Canónico, en la misma Universidad. A esto se suma su afán por aprender y conocer lo que lo convirtió en un verdadero autodidacta. De esta manera de introdujo en la literatura (Ontaneda Pólit; 1986:1175). Tuvo que vivir todavía una época en la que el ingreso a la universidad, pero sobre todo la obtención de la licencia de ejercicio profesional, exigía ciertos requisitos como la probatoria de "limpieza de sangre" o en su lugar una información de "vita et moribus", de vida ordenada y de buenas costumbres así como la exhibición de blasones nobiliarios. Espejo criticó la universidad de su época preparando de esta manera "las bases para un nuevo proyecto de universidad" colaborando luego para la renovación general de los estudios desde la secretaría de la Sociedad de Amigos del País y desde su cargo de bibliotecario público (Roig: 1884:39) Su primera obra literaria, El Nuevo Luciano de Quito, la escribió en 1779. En 1785, a petición del Cabildo frente a la emergencia que se vivía por la epidemia de viruela que asolaba a Quito, Espejo escribió sus Reflexiones sobre las viruelas. En este tratado, combina el análisis de la enfermedad con el de la sociedad y de la ideología de su época. La viruela, enfermedad traída por los colonizadores se difundió, según Espejo, debido a la miseria y falta de cuidados sanitarios de la población
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    que daban lugara que el ambiente estuviera contaminado, como la crianza de cerdos en la ciudad y la falta de servicios higiénicos. También al a mala alimentación, desnutrición y debilidad de sus habitantes. Su tratado es en suma un análisis de la vida cotidiana de Quito. Orientaciones Bibliográficas *En relación con la economía de la Audiencia de Quito en el siglo XVIII consúltese a: AYALA MORA, Enrique, Resumen de la Historia del Ecuador, Quito, Corporación Editora Nacional, 1993 MERCHAN, Carlos, "Economía y sociedad durante el siglo XVIII", en Enrique Ayala Mora, Ed. Nueva Historia del Ecuador, V. 4, Quito, Corporación Editora Nacional / Grijalbo, 1989, pp. 231 259 En relación con el sistema de tributo, mita y obraje consultar a: MORENA YANEZ, Segundo, "La Sociedad Indígena y su articulación a la formación socio económica colonial en la Audiencia de Quito", en Enrique Ayala Mora, Ed., Nueva Historia del Ecuador, V. 5, Quito, Corporación Editora Nacional / Grijalbo, 1990, pp. 93 136 Respecto a los cambios económicos, la crisis minera y las reformas borbónicas véase: ARIAS, Hugo, "La Economía de la Rea Audiencia de Quito", en Enrique Ayala Mora, Ed., Nueva Historia del Ecuador, Vol. 4, Quito, Corporación Editora Nacional / Grijalbo, 1989, pp. 187 229 Sobre las reformas borbónicas y su impacto en América son tratadas por: FONTANA, Josep, "América y las reformas del siglo XVIII", en Enrique Ayala Mora, Ed., Nueva Historia del Ecuador, Vol. 4, Quito, Corporación Editora Nacional / Grijalbo, 1989. Pp. 169 186 En cuanto a la situación y cambios sufridos por Guayaquil consultarse a: HAMERLY, Michel Hamerly, Historia social y económica de la antigua provincia de Guayaquil, 1763 1842, Guayaquil, Publicaciones del Archivo Histórico del Guayaquil, 1976 *Sobre el sistema administrativo y consultar a: Terán Najas, Rosemarie, El régimen administrativo en al Real Audiencia de Quito bajo la Dinastía Borbónica, Tesis de Grado, Facultad de Ciencias de la Educación, PUCE, Quito, 1984 "Sinopsis histórica del siglo XVIII", en Enrique Ayala Mora, Ed., Nueva Historia del Ecuador, V 4, Quito, Corporación Editora Nacional / Grijalba, 1989, pp. 261 300 Para profundizar en el conocimiento de las sublevaciones indígenas consúltese a: MORENO YANEZ, Segundo, Sublevaciones indígenas en la Audiencia de Quito desde comienzos del siglo XVIII hasta finales de la colonia, Quito, Ediciones de la Universidad Católica, 1978 En relación con el sistema social y los grupos sociales presentes en la ciudad, es fundamental el trabajo de: MITCHON, Martín, The People of Quito, 1690 1810. Change and Unrest un the Underclass, Boulder, Colorado, Westwiew Press, 1994
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    *Consúltese también lacomplicación de estudios sobre mestizaje en el siglo XVIII publicados en: Revista Quitumbe de la Asociación Escuela del Departamento de Historia de la Universidad Católica de Quito, junio de 1995 Sobre Eugenio Espejo consúltese a: ROIG, Arturo Andrés, Humanismo en la segunda mitad del siglo XVIII, T. II, Banco Central del Ecuador / Corporación Editora Nacional, Colección Biblioteca Básica del Pensamiento Ecuatoriano, Quito, 1984 VILLALBA, Jorge S.J., Las prisiones del Doctor Eugenio Espejo, Quito, Ediciones de la Universidad Católica, 1992. Para conocer la producción existente sobre Espejo hasta 1975 véase: GUERRA, Samuel Guerra, "Apuntes para una Crítica a los Estudios sobre Eugenio Espejo", Revista Quitumbe, Quito, Revista del Departamento de Historia, Universidad Católica, N. 4, pp. 59 - 83 SEGUN SALAS Sucre y Bolívar Con sus generales Fotografía tomada de mario Monteforte, Los Signos del hombre, Plástica y Sociedad en el Ecuador. La Independencia y la Etapa Gran colombiana (1809-1830) Carlos Landázuri Camacho* El presente artículo estudia el proceso mediante el cual el Ecuador consiguió su independencia de España, primero formando parte de la Gran Colombia y luego estableciéndose como república autónoma. La independencia de España (1809 1822) La etapa de la independencia, a su vez, tiene dos momentos diferenciados: el inicial o de la "Revolución Quiteña" (1809-1812) en el cual se declara pero no se consigue la independencia, y al final, en el cual las fuerzas patriotas termina por imponerse (1820-1822).
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    La Revolución Quiteña(1809-1812) Damos el nombre de "Revolución Quiteña" al primer momento de la lucha por la independencia ecuatoriana, durante el cual la iniciativa correspondió a la ciudad de Quito, cuyas clases dirigentes trataron de establecer un proyecto económico político original, pero fracasaron en su empeño. Para comprender el sentido y alcance de ese movimiento, así como las razones de su fracaso, es necesario analizar tres de sus causas más importantes: los recortes de jurisdicción territorial, la fragmentación interna de la presidencia y la incapacidad de los gobernantes locales. Los recortes de jurisdicción territorial Durante los últimas décadas colonial y en gran parte como consecuencia de la relativa decencia económica y política de la audiencia quiteña fue a otras regiones del imperio español, el control de Quito sobre sus provincias más periféricas se fue debilitando. Concomitantemente, esas provincias comenzaron a ser gobernadas cada vez más directamente desde Lima o Bogotá, las capitales virreinales. Ese fue el caso, por ejemplo, de Tumaco, La Tola, Limones y Atacames, es decir la actual provincia de Esmeraldas, cuyo gobierno, por lo menos en la práctica, fue segregando de Quito entre 1764 y 1807 y ejercido desde Bogotá a través de Popayán. Algo parecido sucedió a partir de 1802 con la región de Maynas, que comprendía ambas márgenes del río Amazonas. La Cédula Real del 15 de julio de 182 creó el Obispado y la Comandancia General de Maynas y los hizo depender de la autoridades religiosas y militares de Lima y no de las Quito. Un tercer problema fue el originado por la Real Orden de 7 de julio de 1803, a consecuencia del cual el gobierno militar y político y los asuntos comerciales de Guayaquil y su provincia pasaron a depender de Lima. En síntesis, la autoridad de Quito sobre la Costa y gran parte del Oriente quedó muy debilitada. Las élites quiteñas jamás se resignaron ante tal situación y llegaron a proponer que la Presidencia de Quito, con inclusión de todas sus provincias, fuera elevada a Capitanía General, independiente de la pesada tutela de Bogotá y Lima. Ese proyecto era viable y representaba una vieja aspiración de Quito, pero el gobierno de Madrid no se decidió a aprobarlo. Por eso, cuando ese gobierno entró en crisis por la invasión de Napoleón a España, las élites quiteñas creyeron que no les quedaba otro recurso que el de tomar el poder para satisfacer sus aspiraciones geopolíticas. La fragmentación interna de la presidencia De lo dicho ya se puede colegir que la Presidencia de Quito a fines de la época colonial era un espacio desarticulado en lo geográfico, social, económico y político. Para comenzar, extensas zonas apenas si estaban conectadas con la "civilización": tal era el caso de casi todo el Oriente y la Costa norte, donde la presencia europea era tenue. Pero también la zona "civilizada" eta profundamente dividida en cuatro regiones, nucleadas por otras tantas ciudades: La Sierra norte (Popayán), la Sierra centro (Quito), la Sierra sur (Cuenca) y la Costa centro sur (Guayaquil. Cada región tenía su propia economía, sus propias relaciones de trabajo, sus propios ritmos demográficos y la autoridad del gobierno quiteño sobre ellas era limitada.
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    Quito sentía queel control de su provincias se le iba de las manos y procuraban reafirmarlo, a la vez que procuraba aflojar los lazos que le sujetaban a las sedes virreinales. Algo parecido ocurría en cada región: cada capital veía con desagrado los intentos centralistas de Quito, pero al mismo tiempo insistía en su propia hegemonía interregional, que a la vez causaban resentimiento en las ciudades menores. Dentro de este marco, la Revolución Quiteña de agosto de 1809 puede entenderse como un intento de la capital por recuperar todos sus territorios y reafirmar su autoridad en todas sus provincias. La incapacidad de los gobernantes locales Al momento de iniciarse la Revolución Quiteña, gobernaba la Audiencia don Manuel de Urriez, conde Ruiz de Castilla. El Conde era un anciano de 75 años, poco apto para enfrentar las tareas propias de su cargo. Pero el suyo no era sólo un gobierno ineficaz; a ojos de los nobles quiteños, la administración del Conde contrastaba bruscamente con la de su antecesor, el barón de Carondelet. No sólo que la administración del Barón había sido más eficiente sino que, sobre todo, él había permitido que la nobleza criolla, y en especial la poderosa familia de los Montúfares, tuviera enorme influyo y participación en el poder, al punto que el de Carondelet ha sido llamado "el gobierno criollo". Ruiz de Castilla nunca tuvo la suficiente visión como para atraerse a la aristocracia local, con la que mantuvo desde el principio relaciones más bien tensas. Así, el golpe de 1809 también pretendía quitar de en medio de una administración abúlica y que no tomaba suficientemente en cuenta los interesados locales, para entregar el poder a quienes se sentían los líderes naturales del país. *Dr. en Historia, Docente de la Universidad Católica del Ecuador. MONUMENTO Al 10 de Agosto 1809 El diez de agosto de 1809
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    La causa inmediatade la independencia hispanoamericana, fue la crisis de la monarquía española, provocada a su vez por la invasión de Napoleón a España (1808). Apenas las noticias de esos acontecimientos fueron llegando a sus oídos, las clases dirigentes quiteñas comenzaron a analizar las diversas y confusas implicaciones de los acontecimientos de España y decidieron que había llegado el momento de tomar el poder en sus propias manos, antes de que Lima o Bogotá tratasen de imponer sus propios intereses. Así comenzó la Revolución Quiteña. Después de algunos titubeos iniciales, la conspiración estalló el 10 de Agosto de 1809. En la noche del 9 de reunieron en casa de doña Manuela Cañizares algunos patriotas, intelectuales y miembros de las familiares más destacadas de Quito, y decidieron deponer a las autoridades y en su lugar formar una Junta Suprema. Consiguieron sin dificultad el apoyo de las tropas locales y tomaron presos a los miembros del gobierno En síntesis, el golpe cogió desprevenidos a las autoridades y triunfó sin oposición. Pero el fácil triunfo no logró ocultar algunas carencias de la revolución, que en el breve lapso de menos de tres meses habrían de causar un fracaso: la falta de apoyo popular, de líderes adecuados y de apoyo de las demás provincias de la Presidencia. En efecto, si bien el pueblo de Quito no se opuso al golpe del 10 de Agosto e incluso participó con alegría en los primeros actos públicos del nuevo gobierno, no sentía como propia la causa de los insurgentes, ni estaba dispuesto a arriesgarse demasiado para ella. De la misma manera, los dirigentes del movimiento de agosto, lejos de ser revolucionarios convencidos, eran conservadores por nacimiento, vocación y convicción. Con algunas excepciones, eran sinceramente realistas y ambiguas. Se atrevieron a dar el golpe ante el peligro de que la prisión de los reyes legítimos culminara en una independencia de facto, por la disolución del imperio. En esa posibilidad, consideraban necesario que Quito se adelantara a organizar su propio espacio, de acuerdo a sus propios intereses. Pero eso no significaba que estuvieran dispuestos a tomar decisiones radicales, como el triunfo de la revolución hubiera exigido. Por último, la revolución no contó con el apoyo de las demás provincias. Hubo algunos intentos de respaldarla en Cuenca y Guayaquil, que no tuvieron ningún resultado concreto y que no fueron más que excepciones dentro del rechazo generalizado al movimiento quiteño por parte de las otras regiones de la Audiencia. Guayaquil, Cuenca y Popayán no podían sentir que la Revolución Quiteña las representaba porque ni había sido consultadas por ella ni sus intereses habían sido tomados en cuenta por los patriotas de Quito. Por el contrario, era revolución promovía los intereses de las clases dominantes de la Sierra central, que no siempre coincidían con los de las otras provincias. No les fue muy difícil, pues, a las autoridades provinciales organizar cuerpos de tropas para someter a los insurrectos quiteños, que se sumaron a los que enviaron los virreinatos. Las fuerzas de Quito fueron derrotadas tanto en el norte como en el sur, en pequeños combates que fueron suficientes para que los soldados desertaron o se pasaron al bando realista y el ejército patriota se deshiciera.
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    Los líderes revolucionarios,dándose cuenta de la realidad, capitularon sin siquiera intentar en serio la defensa armada del movimiento. Juan Pío Montúfar, marqués de Selva Alegre, renunció a la Presidencia de la Junta el 12 de octubre en favor de Juan José Guerrero y Mateu, conde de Selva Florida, criollo realista que sirvió de intermediario con Ruiz de Castilla. Las negociaciones con éste no fueron muy largas y el 24 del mismo mes se acordó mantener la Junta, pero subordinada a la de Castilla, quien no tomará represalias. El anciano funcionario asumió de nuevo el mando el 29 de octubre y al principio cumplió lo pactado. Pero cuando llegaron a Quito las tropas enviadas por el virrey de Lima y comandas por el teniente coronel Manuel Arredondo, disolvió la Junta y restableció el gobierno anterior. El primer acto del drama había concluido. El dos de agosto de 1810 La represión comenzó pronto. El 4 de diciembre fueron apresados muchos de los que habían participado en la insurrección. El fiscal pidió la pena de muerte contra 46 personas y las de presidio o destierro contra muchas más. No se trataba de imponer una justicia abstracta, sino de escarmentar a los criollos de todo el continente. Con el paso de los días, la situación se fue volviendo más tensa. Las tropas de Arredondo se comportaban más como ejército de ocupación que como custodios del orden. Robos, groserías, atropellos de todo tipo, contra todos los sectores sociales, en la ciudad y en los lugares circunvecinos, eran asunto diario. Así, la represión realista logró lo que no había conseguido la propia revolución: unificar a la población contra el gobierno que tales abusos cometía. Los presos se convirtieron en símbolo de la ciudad oprimida y la gente se angustiaba con los rumores de que serían ejecutados o se consolaba cuando se urdían planes para liberarlos. Así llegó el 2 de Agosto de 1810. En la tarde de aquel día un grupo de quiteños atacó los cuarteles para liberar a los presos. Algunos, en efecto, lograron escapar, pero muchas más fueron asesinados por los soldados en sus propias celdas. La tropa salió a la calle y la violencia se propagó por toda la ciudad. Las gentes se armaron de lo que pudieron y resistieron a sus enemigos. Algunas casa fueron saqueadas por la soldadesca descontrolada y muchos cadáveres de ambos bandos quedaron tirados en calles, plazas y quebradas. No se sabe a ciencia cierta el número de los muertos, pero se calcula que quizá fallecieron entre 100 y 300 personas, número enorme si se toma en cuenta el tamaño de la ciudad. Quito perdió de un golpe gran parte de sus líderes y toda Hispanoamérica se conmovió ante la magnitud de la tragedia. La violencia de aquel aciago día sobrepasó las intenciones de los participantes e impresionó vivamente a todos. Ruiz de Castilla se allanó a la petición del obispo y otros criollos de convocar una reunión ampliada del Real Acuerdo (la Audiencia en pleno) con delegados de la Iglesia, el Cabildo civil y demás instituciones representativas. Tal asamblea se efectuó el 4 de agosto y resolvió: (1) que se corte la causa sobre la revolución del 10 de Agosto de 1809 y se restituya a todos los implicados sobrevivientes al goce de su libertad, bienes, cargos, honores, etc.; (2) que igual actitud se observe con cuantos participaron en los acontecimientos de las antevíspera; (3) que salgan de Quito las tropas limeñas y de las otras provincias y que se las reemplace con un batallón reclutado localmente y, por último (4) que se reciba al "Comisionado Regio", don Carlos Montúfar y Larrea, hijos del Marqués de Selva Alegre, coronel del ejército español que peleaba contra los franceses en la Península, quien
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    había sido enviadopor el Consejo de Regencia para pacificar la provincia quiteña, y cuya autoridad no quería reconocer el gobierno local. CAMPAÑA Libertaria de Quito Foto tomada de Salvat Editores Ecuatoriana, Historia de Salvat El comisionado logró la creación de una Junta Superior de Gobierno que, aunque teóricamente subordinada al Consejo de Regencia y presidida por Ruiz de Castilla, era en realidad una reencarnación de la Junta anterior, sólo que ya sin la ingenuidad política que había caracterizado a los revolucionarios de 1809. La Junta formó un ejército que salió a combatir a los realistas. Carlos Montúfar se dirigió al sur, derrotó a Arredondo en Alausí y estuvo a punto de tomarse Cuenca. Su tío, Pedro Montúfar, avanzó hacia el norte y llegó en triunfo hasta Popayán. Otro pequeño contingente, al mando del inglés William B. Stevenson, logró controlar Esmeraldas. Mientras tanto, el movimiento se fue radicalizando hacia dos ideas que hoy nos parecen obvias, pero que en aquellos días despertaban desconfianza y temor: la independencia de España y la adopción de un sistema republicano de gobierno. Como signos de esa radicalización podemos citar la adopción de una bandera roja con aspa (cruz en forma de "X") blanca, la creciente participación popular, la renuncia de Ruiz de Castilla a la presidencia de la Junta (octubre 11, 1811), cargo que asumió el obispo Cuero y Caicedo y, sobre todo, la convocatoria de un congreso constituyente que declaró la independencia de España (diciembre 11, 1811) y promulgó la primer constitución "ecuatoriana" los "Artículos del Pacto Solemne de Sociedad y Unión entre Provincias que forman el Estado de Quito" (febrero 15, 1812). La radicalización de los patriotas significó también su división en dos grupos antagónicos: los montufaristas o moderados, que aceptaban la independencia de España pero seguían siendo monárquicos y fieles a Fernando VII, y los sanchistas (pues su líder era Jacinto Sánchez de
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    Orellana, marqués deVilla Orellana) o radicales, que exigían la total independencia de España y de sus reyes y propugnaban un sistema republicano de gobierno. La oposición entre sanchistas y montufaristas impidió la continuación de los éxitos militares de los patriotas y señaló el comienzo del fin de su causa. Además, el avance de las fuerzas realistas desde el sur, bajo el comando del mariscal del campo Toribio Montes, resultó incontenible, pese a los esfuerzos de los insurgentes. Hubo numerosos combates que favorecieron a uno u otro bando, pero finalmente Montes entró a Quito (noviembre 8, 1812), La ciudad estaba desierta. El obispo presidente, los nobles, el pueblo, lo que quedaba del ejército, habían huido hacia Imbabura. Allá los alcanzó el coronel Juan Sámano, subordinado de Montes, quien finalmente deshizo lo que quedaba de las fuerzas patriotas, incluyendo su ejército del norte, que también había ido retrocediendo desde el sur de la actual Colombia hasta Ibarra. Unos pocos de los líderes patriotas lograron escapar, pero la mayoría fueron apresados y varios de ellos murieron fusilados. Era el fin de la Revolución Quiteña. El triunfo de la independencia, 1820-1822 El nueve de octubre de 1820 La etapa final de la independencia ecuatoriana se inició en Guayaquil el 9 de Octubre de 1820, cuando los patriotas del puerto destituyeron a las autoridades realistas y se pronunciaron por la libertad. Las circunstancias eran de las que enfrentó la Revolución Quiteña en 1809. Ahora la independencia tenía un carácter continental y parecía que todos los pueblos debían tomar partido frente a ella. Por el norte, la Nueva Granada había sellado su libertad en la batalla de Boyacá (7 de agosto de 1819), mientras que por el sur Argentina y Chile eran libres, San Martín había desembarcado en Paracas (8 de septiembre de 1820) y preparaba sus operaciones sobre Lima. La marina chilena había roto la supremacía naval española en el Pacífico. Además, las contribuciones que Guayaquil venía haciendo para el sostenimiento de la causa realista se hacía cada vez más pesadas. Por último, un buen número de los puertos con los que Guayaquil podía comerciar eran ahora patriotas, al revés de 1809. El golpe, en sí mismo, fue tan exitoso como el de Quito de hacía once años. Las tropas y el pueblo respaldaron el movimiento y una vez asegurado el control del poder, se nombró una Junta de Gobierno presidida por José Joaquín Olmedo. Guayaquil se declaró en libertad para reunirse a cualquiera de los futuros estados sudamericanos y de hecho se formaron tres partidos: los que propugnaban la unión con el Perú, los que querían pertenecer a la Gran Colombia y los que aspiraban a la independencia total, sea de la antigua Audiencia de Quito o de la antigua Provincia de Guayaquil. Como se ve, ya no había ninguna duda respecto a la independencia de España, pero, en cambio, no existía todavía un proyecto consensual sobre la organización del nuevo estado. En todo caso, los patriotas guayaquileños estaban convencidos de su primer objetivo debía ser la liberación de la Sierra, sin la cual su propia revolución no podía estar segura. Se enviaron mensajeros tanto a San Martín como a Bolívar para solicitar ayuda, se reorganizó el ejército y se
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    creó la DivisiónProtectora de Quito, que de inmenso se puso en camino hacia el interior. La campaña libertadora de 1820-1822 Al principio pareció que la campaña libertadora iba a ser fácil y rápida. Los pueblos de la Costa se sumaron con entusiasmo a la revolución; Cuenca proclamó su independencia el 3 de Noviembre de 1820; el 11 del mismo mes se dieron parecidos movimientos en Machachi, Latacunga y Riobamba, el 12 en Ambato y el 13 en Alausí. Más todavía, la División Protectora venció a los realistas en Camino Real el 9 de noviembre y ocupó Guaranda. Luego, ya en plena Sierra, llegó hasta Ambato. Pero allí se detuvo el avance patriota. Los realistas acantonados en Quito enviaron para contenerlo una división de unos mil veteranos al mando del coronel Francisco González. Los republicanos quizá llegaban unos 1.800 hombres, pero bisoños. El encuentro se produjo en los campos de Huachi, al sur de Ambato, y la victoria correspondió a las realistas. La División Protectora debió retirarse hacia Babahoyo. González no la persiguió, sino que prefirió continuar por la Sierra hacia el sur, sometiendo a los insurrectos. El 20 de diciembre derrotó a las fuerzas de Cuenca y ocupó la ciudad. Toda la Sierra volvió a estar controlada por los realistas, si bien la Costa se mantuvo independiente. Mientras tanto habían llegado a Guayaquil los emisarios de San Martín y el general Antonio José de Sucre, del ejército colombiano. Entonces revivieron las viejas tensiones entre Perú y Colombia por la posesión de esa rica provincia. A la larga fue prevalecido Sucre, no sólo por su habilidad diplomática, sino porque Bolívar les envió armas, municiones y unos 700 soldados. Así, Guayaquil quedó bajo la protección de Colombia y Sucre asumió el comando unificado de todas las tropas. Para entonces los realistas intentaron conquistar la Costa, pero fueron derrotados en Cone, cerca de Yuguachi, el 19 de agosto de 1821. A su vez, cuando las fuerzas patriotas intentaron ganar la Sierra fueron también derrotadas a la segunda batalla de Huachi, el 12 de septiembre del mismo año. Evidentemente, se había llegado a un punto muerto. Para romperlo, Sucre tomó dos decisiones difíciles. En primer lugar, renunció a una marcha directa sobre Quito y subió a la Sierra por el sur, para irla liberando poco a poco. En segundo lugar, solicitó el auxilio del general José de San Marín, ya declarado Protector del Perú, auxilio peligroso dada la antigua rivalidad de los dos países sobre los territorios quiteños. San Martín envió una división al mando del coronel boliviano Andrés de Santa Cruz. Las fuerzas de Sucre y Santa Cruz se reunieron al sur de Cuenca a mediados de febrero de 1822. Los realistas no tenían posibilidad de resistir con éxito al ejército unido y abandonaron Cuenca, retirándose hacia el norte. Sucre, quien había asumido al comando general del ejército libertador, logró también, tras largas negociaciones, que Cuenca y su provincia se declarasen parte de la Gran Colombia. De allí hasta Quito el avance patriota fue relativamente fácil, pues los realistas se retiraban constantemente, sin presentar batalla. Sólo de cuando en cuando se daban algunos combates, entre los que sobresale la batalla de Tapi (21 de abril), que dio libertad a Riobamba.
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    En Quito, encambio, se había fortificado todo el período realista, que no estaba dispuesto a rendirse, pero tampoco a salir a combatir al enemigo, que se localizó al sur de la capital. Por eso Sucre decidió pasar con su ejército al norte de la ciudad, para atacarla por su flaco menos defendido y para interrumpir las comunicaciones con la realista Pasto, que todavía no había podido ser conquistada por el ejército de Bolívar. Con eses objeto, la noche del 23 de mayor, el ejército patriota inició el ascenso del Pichincha, volcán que domina a la ciudad por el occidente. Pero las faldas del monte son enormes y el amanecer el día 24 las tropas de Sucre se hallaban recién sobre la parte sur occidental de Quito, donde fueron atacadas por los realistas, trabándose el combate en condiciones no previstas por ninguno de los comandantes. La victoria correspondió a los patriotas y Quito fue liberada. Pasto, en completo aislamiento, no podía resistir y se rindió en breve. Sólo el Alto y Bajo Perú quedaban bajo el poder español, cada vez más débil. Parecía que la causa americana había triunfado para siempre. Abdón Calderón Entre el mito y la realidad Carlos Landázuri Entre los personajes que obtuvieron renombre en las gesta de la independencia, quizá ninguno ha cautivado tanto la imaginación popular de los ecuatorianos como Abdón Calderón. Ello se debe a que fue un héroe nacional, a quien las tres ciudades más importantes pueden considerar suyo, pues nació en Cuenca, perteneció a una destacada familia guayaquileña y murió en Quito. Además, su figura tiene el encanto de la juventud, ya que murió antes de cumplir los 18 años, aureolado por el inimitable desprendimiento y arrojo de los jóvenes y sin haber participado en actos de gobierno, en los que es tan difícil obtener la aprobación general. Se destacó en numerosos combates, pero especialmente en la Batalla de Pichincha, que selló la Independencia del Ecuador. Por último, la importancia de su familia y el reconocimiento de Sucre y de Bolívar impidieron que su heroísmo pasase desapercibido y que él se convirtiera en un héroe anónimo. Varios detalles de la vida de Abdón Calderón permanecieron por muchos años en la penumbra, por falta de una investigación histórica meticulosa. Ello posibilitó que su figura se fuera embellecimiento y adornando de muchos detalles románticos no necesariamente verídicos. Tal tendencia halló más influyente expresión el las Leyendas del Tiempo Heroico (1905) del afamado periodista Manuel J. Calle, que por muchos años se convirtió en libro la lectura escolar. Cuando tal versión y sus variantes a veces deformadas pasaron a los manuales de historia patria sin beneficio de inventario, se había creado un "héroe niño" con perfiles que rayan en el ridículo. Abdón Calderón Garaycoa nació en Cuenca en julio de 1804, seguramente el día 30, en que se celebraba la fiesta de San Abdón, y fue bautizado el 31 del mismo mes. Fue hijo del matrimonio de Francisco García Calderón, nacido en Cuba, quien era Contador de las Cajas Reales, es decir, funcionario del gobierno colonial en Cuenca, y de Manuela de Jesús de Garaycoa y Llaguno, guayaquileña, quien pertenecía a una de las más destacadas familias del puerto.
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    Don Francisco Calderónapoyó el golpe patriota del 10 de Agosto de 1809, por lo que fue apresado y enviado a Guayaquil y luego a Quito. Libertado al establecerse la Junta Superior de Gobierno de 1810, se incorporó al ejército patriota con el grado de coronel. Como tal participó en oda la campaña de 1810 1812, militando en el bando de las sanchistas o radicales. Tras la derrota final del ejército patriota, fue fusilado en Ibarra el primero de diciembre de 1812. Como los bienes de coronel Calderón fueron confiscados por el gobierno realista, su viuda y sus hijos fueron a vivir en Guayaquil en 1813. Allí continuó Abdón sus estudios, contando entre sus maestros a Vicente Rocafuerte, su pariente lejano, futuro presidente del Ecuador, quien en 1842 habría de contraer matrimonio con Baltasara Calderón, hermana menor de Abdón, nacida en Cuenca en 1806. Abdón tenía apenas 16 años cuando estalló en Guayaquil la revolución del 9 de Octubre de 1820 y él se incorporó al ejército patriota con el grado de subteniente. Se destacó de inmediato por su "valor heroico", según palabras del coronel patriota Luis Urdaneta, quien pidió para Abdón el grado de teniente después del triunfo de Camino Real (9 de noviembre de 1820). Con ese grado militar tomó parte en los diversas acciones de la campaña libertadora de 1820-1822: la primera derrota de Huachi, la de Tanizagua, la victoria de Cone, la segunda derrota de Huachi, el avance de Guayaquil a Cuenca y de Cuenca a Quito. Para cuando peleó en Pichincha, Abdón Calderón, pese a su juventud, era todo un veterano. Pichincha fue el escenario del máximo sacrificio de Abdón Calderón, el lugar de su gloria. Sus hechos en aquel memorable 24 de mayo de 1822 han sido narrados innumerables veces con toda suerte de adjetivos grandilocuentes, que sin embargo no logran superar la fuerza del propio general Antonio José de Sucre en su escueto parte de la Batalla de Pichincha, fechado el 28 de mayo del aquel año: " hago una particular memoria de la conducta del teniente Calderón, que habiendo recibido sucesivamente cuatro heridas, no quiso retirarse del combate. Probablemente morirá, pero el Gobierno de la República sabrá compensar a la familia los servicios de este oficial heroico". En eso consistió el heroísmo de Abdón Calderón: en que se consagró a luchar por la libertad de su patria sin escatimar sacrificios. Y en su hora suprema, en Pichincha, a pesar de haber recibido cuatro heridas que al final le ocasionarían la muerte, prefirió permanecer en la línea de fuego, alentando a los suyos para que dieran también su máximo esfuerzo y consiguieran la victoria. Al terminar el combate fue trasladado a la ciudad, donde murió al cabo de cinco días, el 29 de mayo de 1822. Cuando Bolívar llegó a Quito y se enteró de estos hechos, ascendió póstumamente a Calderón al grado de capitán y decretó que su sueldo fuera entregado a su madre. La compañía del batallón Yaguachi a la que perteneció Calderón no tendría capitán y en las revistas, al mencionarse su nombre, la tropa habría de contestar: "Murió gloriosamente en Pichincha, pero vive en nuestros corazones".
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    OLEO DE JUAN MANOSALVAS ElLibertador Simón Bolívar Museo Nacional, Quito. Fotografía tomada de Correspondencia del Libertador con el General Juan José Flores 1825 - 1830, Archivo Juan José Flores, Banco Central del Ecuador, Quito, 1977. La Gran Colombia La formación de la Gran Colombia Después del triunfo de Boyacá que selló la Independencia de Nueva Granada (1819), Bolívar pidió al Congreso reunido en Angostura que decretara la unión de aquella provincia con la de Venezuela. El Congreso acogió la idea y el 17 de diciembre de 1819 dictó la Ley Fundamental de la República de Colombia, por la cual la antigua Capitanía General de Venezuela y el Virreinato del Nuevo Reino de Granada formaban el nuevo estado, dividido en tres grandes departamentos: Venezuela, con su capital Caracas; Quito, capital Quito, y Cundinamarca (la ex Nueva Granada), con capital en la ciudad de Santa Fe de Bogotá, que lo habría de ser también de Colombia. Para entonces tan sólo la Nueva Granada y una parte de Venezuela habían logrado liderarse del poder español. El resto del flamante estado, y particularmente Panamá y Quito, ni eran independientes ni tenían conocimiento de las resoluciones del Congreso. Este, sin embargo, se sentía con derecho a decidir la suerte de aquellos países basándose en el principio del Uti possidetis, de acuerdo con el cual los nuevos estados americanos se habían de formar con los límites de las antiguas circunscripciones coloniales. Si el antiguo Virreinato del Nuevo Reino de Granada, del cual formaban con Venezuela la República de Colombia, parecía obvio que tal determinación incluía a esas dos provincias. Pero también resultaba natural que en los territorios quiteños las cosas se vieran desde una perspectiva diferente. Los patriotas quiteños aceptaban
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    el Uti possidetis,pero como unidad para aplicarlo pensaban en las audiencias, y particularmente en la Audiencia de Quito, no en los virreinatos. Por lo mismo, no sentían que el Congreso de Angostura los representaba ni que sus decisiones fueran obligatorias para ellos. Más todavía, como hemos visto, el movimiento que comenzaron en 1809 tenía como propósito, precisamente, librarse de la paralizarte tutela virreinal, que parecía continuarse en la Gran Colombia. En las otras regiones de la Audiencia la situación era todavía más complicada. En Guayaquil, por ejemplo, cuya vida económica, política y social se había independizado tanto en Quito, y en donde el centralismo quiteño haría tantas susceptibilidades, parecía perfectamente lógico analizar si era más convenientes unirse a uno de los grandes estados que se estaban formando al norte y al sur o mantenerse independiente de ellos. Por eso le resultó tan difícil a Sucre cumplir su objetivo de incorporar los territorios quiteños a la Gran Colombia. En Guayaquil debió conformarse con que esa provincia se declarase bajo la protección de Colombia y dejase para después la decisión definitiva. En Cuenca, donde también existían importantes conexiones con el Perú y parecidos temores frente a la autoridad quiteña, pudo, sin embargo, aprovecharse de su prestigio de libertador de la provincia y lograr que se declarase parte de Colombia. Quito, por su parte, en la embriaguez del triunfo después de la batalla de Pichincha, declaró que el antiguo Reino de Quito formaba parte integrante de la República de Colombia. En cambio la Sierra Norte, con Popayán a la cabeza, ni siquiera pudo discutir el tema: liberada por los ejércitos grancolombianos comandados personalmente por Bolívar, fue automáticamente incorporada a Colombia. El triunfo de Pichincha y la capitulación de las fuerzas realistas causaron el aislamiento de la realista Pasto, que ya no pudo resistir el empuje de las fuerzas de Bolívar. El libertador entró en esa ciudad el 8 de junio de 1822 y de allí salió para Quito, donde ingresó el 16 del mismo mes, en medio de grandes muestras de popularidad en la capital, pues le urgía ir a Guayaquil y definir de una vez por todas su incorporación a Colombia. Llegó al puerto 12 de julio y en pocos días logró su cometido: externamente consiguió mantener las apariencias de una decisión democrática, aunque en realidad el peso de su prestigio y la presión de su ejército fueron los que decidieron la suerte de Guayaquil en favor de Colombia. Cuando pocos días después, el 26 de julio, llegó a Guayaquil el general José de San Martín, Protector del Perú, Bolívar ya había logrado la incorporación de Guayaquil al Perú, pero en ese y otros temas tuvo que aceptar las decisiones del Bolívar. Guayaquil era parte de Colombia y el Perú lo reconoció así. La Gran Colombia, el sueño del Libertador, había nacido no sólo en la teoría, sino también en la práctica. Las campañas finales por la independencia El triunfo de Pichincha no significó el fin de las guerras por la independencia. Fue necesario organizar nuevas campañas militares, para vencer definitivamente al realismo de Pasto y para derrotar al poder español en el Perú. La provincia de Pasto era realista y había representado un serio obstáculo para el avance de Bolívar hacia el sur. Después de Pichincha, en octubre de 1822, el realismo pastuso volvió a organizarse, esta vez bajo el mando de
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    Benito Boves. Elpropio Libertad dispuso el ataque inmediato a los insubordinados, que fueron finalmente sometidos por el general Sucre, y después impuso castigos terribles contra toda la provincia. Pero la dureza con que lo trataba la República sólo servía para alinear al pueblo pastuso y para volverlo más apasionadamente realista. En junio de 1823 se produjo una nueva insurrección realista, acaudillada por el teniente coronel Augusto Agualongo, de origen indígena. Las mal armadas huestes de Agualongo derrotaron la guarnición colombiana al mando del general Juan José Flores y avanzaron rápidamente hasta Ibarra. Bolívar salió de Quito al frente del ejército y dirigió personalmente la batalla de Ibarra (17 de junio), en la que logró derrotar a los pastusos. Al día siguiente, las fuerzas colombianas marcharon hacia Pasto bajo el mando del general Bartolomé Salom, con el propósito de destruir completamente a los facciosos. Un año duró la ingrata tarea y sólo en junio de 1824 se logró capturar y fusilar a Agualongo y sus últimos seguidores. Pasto había sido pacificado, pero también se habían destruido buena parte de su estructura social y de su economía. Mientras esto sucedía en el norte, fue también preciso emprender la liberación del Perú. San Martín había abandonado el país (septiembre de 1822) sin haber logrado independizarlo y el antiguo virreinato se había sumido en el caos. Por eso Bolívar debió ir a Lima (septiembre de 1823) y crear un nuevo ejército, exprimiendo los recursos del norte del Perú (la única parte del país que controlaba) y del actual Ecuador. Sólo después de lograrlo pudo atacar a los realistas y derrotarlos en Junín (6 de agosto de 1824) y Ayacucho (8 de diciembre). En costo de todas esas campañas militares para el Ecuador fue enorme. Hombres, armas, municiones, víveres, vestuario, transporte todo hubo que destinarlo a las necesidades de la guerra. A veces las contribuciones eran voluntarias, pero otras se las extraía por la fuerza. El reclutamiento forzoso de más y más hombres para el ejército, realizando en todas las regiones del Sur, por ejemplo, llegó a ser percibido como un acto de violencia del gobierno colombiano. Las campañas de Pasto y del Perú dejaron hondas heridas en la economía y aun en la demografía del actual Ecuador. RETRATO
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    Manuela Sáenz según Oswaldo Viteri Losaños colombianos, 1822 1830 El gobierno de Bogotá Colombia resultó en la práctica un país difícil de integrar. Las comunicaciones eran riesgosas y lentas. Los Departamento periféricos, y muy particularmente el del Sur, estaban subrepresentados en el gobierno central, porque algunos diputados y otros funcionarios ni siquiera llegaban a tiempo a la capital para ejercer sus funciones. Así, el Sur percibía el gobierno bogotano como ajeno a sus intereses, desconocedor de sus problemas y heredero el centralismo virreinal que tantos resentimientos había provocado. Muchas veces las decisiones gubernamentales alineaban profundamente a los habitantes del Sur. Eso pasó con la orientación de Colombia, liberal en lo político y librecambista en lo económico, que llevó a tomar una serie de medidas muy a tono con el liberalismo europeo, pero opuesta a las tradiciones y a los intereses del Sur. Por ejemplo, la supresión de los vínculos y mayorazgos, la extinción o disminución de los censos, la supresión del tributo indígena, la imposición de contribuciones directas, etc., chocaron con los intereses de la aristocracia local, del clero, de los nuevos contribuyentes y hasta de las propias rentas fiscales. Pero todavía fue el efecto de las medidas que pretendían liberalizar el comercio y abrir los mercados a los productos extranjeros. Algunas regiones costaneras se beneficiaron a esa política, pero muchas zonas interandinas, que en el Sur era las más pobladas, poseedoras de una apreciable producción artesanal y manufacturera, vieron arruinarse sus industrias de textiles y harinas, por ejemplo, que fueron perdiendo terreno frente a las mercaderías extranjeras. Pero donde el gobierno de Bogotá tomó medidas más opuestas a los intereses del Sur fue en lo relacionado a sus límites. A mediados de 1824 expidió una nueva Ley de División Territorial, que establecía como frontera entre los Departamento del Cauca y del Ecuador la boca del Ancón en el Pacífico y el río Carchi en la Sierra. Como es sabido, la antigua Gobernación de Popayán había pertenecido a la Audiencia de Quito desde 1563. Posteriormente, el control de esa zona había estado dividido, en la práctica, entre Santa Fe de Bogotá y Quito, aunque en lo jurídico no se habían modificado los antiguos límites. Ahora, debido a la nueva ley, no solo Cali, Popayán y Buenaventura pertenecían a Cundinamarca, sino también Pasto, la parte meridional de la antigua Gobernación, que nunca estuvo en disputa. Las protestas del Sur no tuvieron eco y los nuevos límites quedaron consagrados en la legislación, dando origen a un problema que sólo lo habían de terminar en el presente siglo, si bien con tal menoscabo de los intereses ecuatorianos. La guerra con el Perú A estas tensiones internas se sumó el peligro externo, representado por la invasión peruana de 1828, bajo el mando del general José de La Mar y Cortázar, nacido en Cuenca, pero desde 1827 presidente del Perú.
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    La invasión deLa Mar se inscribe, por una parte, dentro del desarrollo del nacimiento peruano, tan débil respecto a España y tan fuerte contra sus vecinos. Por otra parte, también se relaciona con el sentimiento nacionalista de Cuenca y Guayaquil frente a la idea grancolombina. En todo caso, el motivo final para la guerra fue la retención por parte del Perú de las provincias de Jaén y Maynas, que Colombia consideraba suyas. El conflicto estalló en agosto de 1828, cuando el gobierno peruano decretó el bloqueo de los puertos colombianos. Unos meses después, en diciembre, el ejército peruano de unos 8.400 solados invadió la provincia de Loja y avanzó hasta cerca de Cuenca, contando con la neutralidad y a veces con el respaldo de muchos terratenientes de esa región, en la cual La Mar tenía relaciones familiares y era visto como un libertador frente a la dominación colombiana y posiblemente como el fundador de un nuevo estado independiente en el territorio de las provincias colombianas Sur. Contra La Mar se hallaba Flores, quien se había preparado para la guerra, tanto porque la juzgaba inevitable como porque la veía la oportunidad de consolidar su propio poder en el Sur. Su ejército, el del Sur de Colombia, era apenas la mitad del peruano, pero lo superaba ampliamente en disciplina y experiencia, pues estaba formado por los veteranos de la independencia. Poco antes del encuentro llegó a la ciudad de Cuenca el mariscal Antonio José de Sucre, quien había dejado la presidencia de Bolivia y había sido nombrado nuevo Jefe Superior del Sur: a él correspondió dirigir las acciones militares. El encuentro se dio en el Portete de Tarqui, al sur de Cuenca, el 27 de febrero de 1829. La superior estrategia se Sucre y Flores y la calidad de las tropas colombianas se impusieron y derrotaron al ejército peruano. Al día siguiente se firmó el Convenio de Girón, en el que Sucre no quiso aprovecharse de la victoria y concedió al Perú generosas condiciones. Por desgracia, eso no puso fin a las hostilidades. En los meses siguiente el Perú se negó a cumplir las estipulaciones de Girón y a entregar al puerto de Guayaquil, que había ocupado. Por el contrario, redobló el esfuerzo militar con miras a continuar la campaña. Pero un golpe de estado en Lima depuso el gobierno de La Mar y el nuevo gobierno reinició las negociaciones de paz con Colombia, cuyo fruto fue el Tratado de Guayaquil, celebrado entre los dos países el 22 de septiembre de 1829. Los límites entre Perú y Colombia, según el Tratado de Guayaquil, habrían de ser los mismos de los antiguos virreinatos del Perú y de la Nueva Granada, con aquellas variaciones que por mutua conveniencia acordaran las partes. El Tratado fue debidamente ratificado, pero los límites precisos no llegaron a fijarse: la inestabilidad política de ambos países y la disolución de la Gran Colombia impidieron el logro de tal objetivo. El nacimiento de la República del Ecuador Los años colombianos no fueron particularmente felices para el Sur. Guerras constantes, continua sangría de hombres y recursos, agudización de la crisis económica, despojo de los territorios que habían sido quiteños, desconocimiento de la personalidad histórica del antiguo Reino de Quito, postergación de sus intereses por parte del gobierno bogotano No hacía falta tanto para que despertara el viejo nacionalismo quiteño, aquel que había motivado a los hombres de agosto de 1809, igual que a los de octubre y noviembre de 1820, a luchar por la independencia, tanto de Madrid como de Lima y Bogotá.
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    Así, pues, laseparación del Ecuador del a Gran Colombia no se debió principalmente a la ambición del general Flores, como ingenuamente se ha repetido tantas veces, sino a causas más profundas, que tomaron fuerza gracias a las dificultades de los años colombianos. Desde esta perspectiva es fácil comprender que la separación del Ecuador era inevitable, con o sin Flores. Es muy posible, incluso, que la sucesión se hubiera dado antes, de no ser por una serie de asuntos sobre los que era difícil ponerse de acuerdo y que conviene mencionar, ya que aclaran las condiciones en las que nacía el nuevo estado. El primer problema consistía en definir el territorio que lo integraría. La solución más obvia y más justa hubiera sido la de respetar los límites históricos de la Audiencia de Quito, que incluían la Gobernación de Popayán al norte y la de Maynas al sur. Pero, en la práctica, el control de Quito sobre aquellas provincias casi había desaparecido, mientras que las pretensiones del Perú y de la Nueva Granada se habían fortalecido. A la larga el tema desató un conflicto secular en que la República del Ecuador llevó la peor parte. POR HONORATO VASQUEZ La Ciudad de Cuenca Museo Camilo Egas Fotografía tomada de Mario Monteforte, Los Signos del Hombre, Plástica y Sociedad en el Ecuador. El segundo tema era el de la integración del territorio. ¿Qué fuerza debía tener la autoridad quiteña en las demás provincias? Quito pretendía un estado centralista y unitario, fuertemente cohesionado.
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    Guayaquil y Cuencadeseaban una unión casi federal entre provincias iguales y casi soberanas. Los compromisos a que dio lugar este asunto explican, al menos en parte, por qué el primer congreso constituyente se reunió en Riobamba, no en Quito; por qué el nuevo estado debió abandonar su histórico nombre de "Quito", para adoptar una "neutral", que nada decía, pero que nadie ofendía, "Ecuador", y por qué las primeras constituciones ecuatorianas concedían igual número de diputados a cada una de las tres regiones que finalmente integraron el país, sin tener en cuenta ni el tamaño de su territorio ni el número de sus habitantes. Por último, quedaba el problema del jefe del estado. Las guerras de la independencia habían quebrantado seriamente la legitimidad del anterior sistema de autoridades política y, a la vez, habían creado la figura del caudillo militar, que se había convertido en el árbitro del poder. Así, pues, parecía lógico escoger a militar, sin importar que no hubiera nacido en territorio ecuatoriano: por el contrario, eso podía ser incluso una ventaja, dada la subyacente rivalidad regional. Los principales candidatos eran tres. El primero en ser eliminado fue José de La Mar, cuya invasión quedó para siempre estigmatizada como la de un país enemigo y, lo que es más grave, fue derrotada. El segundo candidato era posiblemente el más fuerte de todos: Antonio José de Sucre, uno de los más notables generales de la independencia, vinculado a los más notables generales de la independencia, vinculado a la más rancia aristocracia criolla por su matrimonio con Mariana Carcelén y Larrea, marquesa de Solanda. Tenía gran experiencia militar y política y aunque no deseaba el mando, le hubiera sido difícil rehusarlo. Pero su asesinato en las selvas de Berreuecos, cerca de Pasto (4 de junio de 1830) lo eliminó de la contienda. La muerte de Sucre despejó el camino para el triunfo de Flores, quien había ido acrecentando su poder en el Sur durante los daños colombianos. Una vez de Colombia y que la viabilidad del gran país se había mostrado prácticamente imposible, Flore movió los resortes que tenía en su manos y una asamblea de notables reunida en Quito lo proclamó jefe supremo del Estado del Ecuador el 13 de mayo de 1830. Tal decisión fue ratificada por similares asambleas de las demás provincias. La Gran Colombia había pasado a la historia y el Ecuador iniciaba su vida independiente. Glosario Alto Perú, nombre con que se designaba a la Audiencia de Charcas o Chiquisaca, la actual Bolivia, en contraposición al "Bajo Perú", la Audiencia de Lima. Audiencia, institución de gobierno en el Imperio Español. En esencia, era una corte de justicia compuesta de presidente, oidores (jueces) y fiscal. De acuerdo a la teoría jurídica española, la más importante de las funciones del estado era la de administrar justicia y las audiencias americanas fueron la unidad básica del imperio, la inmensa mayoría de las cuales dieron origen a países independientes. Habían audiencias "virreinales" (presididas por un virrey), pretoriales o capitanías generales (dirigidas por un "capitán general") y subordinadas (regidas por un presidente letrado). Capitanía general, en el imperio español, audiencia regida por un militar con el título de "capitán general" e independiente, en la práctica del virreinato al que pertenecía. Gran Colombia, país creador por el Congreso de Angostura en 1819, a petición
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    de Simón Bolívar,que incluía los actuales estados de Venezuela, Panamá, Colombia y Ecuador. Su nombre era simplemente el de "Colombia", peor se la conoce con tal apelativo para distinguirla del a actual república sudamericana. La Gran Colombia se disolvió en 1830. Presidencia, en el Imperio Español, una audiencia "subordinada", regida por un "presidente", quien usualmente era un "letrado" o profesional universitario. Ver Audiencia. Real Audiencia, ver Audiencia. Uti possidetis ("como poseéis"), locución latina empleada como fórmula diplomática que basa el derecho territorial en las actuales posesiones de los estados. En el caso americano, ese principio, aceptado generalmente por las nuevas repúblicas, supone establecer los límites entre ellas de acuerdo a lo que poseían las anteriores circunscripciones coloniales. Se opone a otras formas de establecer fronteras, como, por ejemplo, la "libre determinación de los pueblos". Orientación bibliográfica La bibliografía sobre la independencia, tanto en el Ecuador como en otros países hispanoamericanos, en muy abundante, si bien algo repetitiva. Se han publicado no sólo trabajos secundarios sobre el tema (estudios sobre algún personaje, acontecimiento o proceso) sino también varias colecciones de documentos primarios, entre las cuales se podría señalar al menos las siguientes, a manera de ejemplos: ARCHIVO Juan José Flores, Correspondencia de Libertador con el General Juan José Flores, 1825-1830, Quito, Pontifica Universidad Católica del Ecuador / Banco Central del Ecuador, 1997, pp. 579. PONCE RIBADENEIRA, Alfredo, Quito: 1809-1812, según los documentos del Archivo Nacional de Madrid, Madrid, 1960, pp. 299. SALVADOR LARA, Jorge, Ed., La Revolución de Quito, 1809-1822, según los primero relatos e historias por autores extranjeros, Quito, Corporación Editora Nacional, pp. 486. La mejor visión de conjunto del proceso emancipador en hispanoamérica quizá sigue siendo el siguiente libro: LYNCH, John, Las revoluciones hispanoamericanas, 1808-1826, Barcelona, Editorial Ariel, 1976, pp. 430. En cuanto al caso ecuatoriano, el siguiente trabajo ofrece una visión general moderna: --------- Nueva Historia del Ecuador, vol. 6, Quito, Corporación Editora Nacional / Grijalbo, 1989, pp. 79-126. El período Grancolombiano puede consultarse en: NUÑEZ S., Jorge, "El Ecuador en Colombia", en Enrique Ayala Mora, Ed., Nueva Historia del Ecuador, vol. 6, Quito, Corporación Editora Nacional / Grijalbo, 1989, pp. 211-261. En general, el volumen 6 de la Nueva Historia, que se refiere a la "Independencia y período Colombiano", en un buen punto de partida para estudiantes y profesores del período. Un tratamiento más completo y especializado sobre la independencia ecuatoriana, dentro de la panorámica del imperio español, puede encontrarse en:
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    RAMOS PEREZ, Demetrio,Entre El Plata y Bogotá: Cuatro claves de la emancipación ecuatoriana, Madrid, Ediciones Cultura Hispánica del Centro Iberoamericano de Cooperación, 1978, 415 pp. Diversos otros aspectos de la independencia se enfocan en los siguientes trabajos: BORRERO, Alfonso María, Cuenca en Pichincha, 2a. ed., 2 vols., Cuenca, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Azuay, 1972. BORRERO, Manual María, La revolución quiteña, 1809-1912, Quito, Editorial Espejo, 1962, 458 pp. DESTRUGE, Camilo, Historia de la revolución de octubre y campaña libertadora de 1820-22, 2a. ed., Guayaquil, Banco Central del Ecuador, 1982. FAZIO FERNANDEZ, Mariano, El Guayaquil colombiano, 1822-1830, Guayaquil, Banco Central del Ecuador, 1988, 453 pp. HAMERLY, Michael T., Historia social y económica de la antigua Provincia de Guayaquil, 1763-1842, Guayaquil, Publicaciones del Archivo Histórico del Guayas, 1973, 212 pp. NAVARRO, José Gabriel, La Revolución de Quito del 10 de Agosto de 1809, Quito, Instituto Panamericano de Geografía e Historia, 1962, 532 pp. NUÑEZ S., Jorge, El mito de la Independencia, Quito, Universidad Central del Ecuador, 1976. SALVADOR LARA, Lara, La Patria Heroica: Ensayos críticos sobre la Independencia, Quito, Ediciones Quitumbe, 1961. DE LA TORRE REYES, Carlos, La Revolución de Quito del 10 de Agosto de 1809, sus vicisitudes y su significación del proceso general de la emancipación hispanoamericana, Quito, Talleres Gráficos de Educación, 1961, 721 pp. PAISAJE La ciudad de Quito Sede del Gobierno Central desde el establecimiento del Estado Ecuatoriano. Obra de Rafael Salas. Introducción No es fácil hacerse una idea de cómo era el Estado del Ecuador, cuando se fundó en 1830. Su territorio estaba poco definido y la institucionalidad era
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    débil. Pero unacosa era clara, se había producido un aumento poblacional, que continuó y aún se intensificó a o largo del siglo XIX. Habían entonces alrededor de seiscientos mil habitantes. Su distribución regional estaba cambiando. Desde fines del siglo XVIII se había producido una elevación en la población costeña respecto del total del país. La distribución étnica de la población variaba regionalmente En la sierra, la gran mayoría de la población era indígena; con una minoría "blanca", mestiza y mulata y una pequeña cantidad de negros, que vivían en los valles Bajos interandinos. En la costa, en cambio, los mestizos y mulatos era más o menos la mitad de la población, seguidos por los indígenas y los "blancos". Los negros, en igual o parecido número que en la Sierra, eran proporcionalmente más. En el Oriente, salvo una cantidad mínima de colonos, la población era indígena, aunque reducida. Las divisiones étnicas correspondían al complejo hecho social y cultural que fue la colonización. La gran mayoría de la población era indígena. Los "blancos" eran los criollos herederos del poder español que, aunque racialmente descendían también en buena proporción de antecesores indios, defendían celosamente sus privilegios asentados, entre otras cosas, en la idea de la superioridad europea y la "limpieza de sangre. Los «mestizos» y mulatos si bien se habían originado en una mezcla racial, se consideraban tales más bien por su posición económica. Eran pequeños productores y artesanos, fundamentalmente. Los negros, aunque no muy numerosos en el país, representaban una parte importante de la población, especialmente de la costa norte. La Economía Durante la Colonia se habían definido tres regiones o espacios económicos diferenciados: la sierra centro norte con su eje Quito; la sierra sur con su eje Cuenca, y la costa con su eje Guayaquil. Los territorios del litoral norte (actuales provincias de Esmeraldas y Manabí) estaban poco poblados y eran la periferia de Guayaquil. Los comarcas amazónicas tenían una relación virtualmente nula con la sierra. A partir de las regiones naturales se habían definido unidades regionales con caracteres económicos y sociales específicos. La sierra centro norte Cubría desde la actual provincia del Carchi hasta la de Chimborazo. Era la región donde más definidamente se había consolidado la hacienda como eje de la economía. El mecanismo más común de expansión del latifundio fue el desalojo de las comunidades indígenas, o la compra de sus tierras por presión o fraude. Las enormes extensiones cultivadas en un bajísimo porcentaje fue la característica más visible del agro serrano. La hacienda era un complejo de tierras destinadas a la agricultura y al pastoreo, dentro de cuyos límites se asentaba la población trabajadora. La relación productiva prevaleciente era el concertaje. El campesino "se concertaba" (comprometía), en teoría voluntariamente, a trabajar en la hacienda a cambio de un salario, que en la practica no llegaba a pagarse, porque el "concertaje" se veía permanentemente obligado a solicitarlo por adelantado. El concertaje estaba organizado por la represión y el control ideológico. Por una parte, el hacendado podía mandar a prisión al concierto que no trababa para descontar la deuda. Por otra, la Iglesia, también terrateniente, ofrecía la justificación del sistema con el adoctrinamiento y
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    mantenía mecanismos deprofundización del endeudamiento: "fiestas", "priostazgos", "derechos" de bautizo, entierro, etc., que demandaban dinero en efectivo, obtenido mediante nuevos préstamos al patrón de la hacienda. El panorama económico de la sierra era complejo. La esclavitud continuó a lo largo del Siglo XIX, encontró resistencia en la propiedad comunal indígena. Aunque subordinada a la gran hacienda, la pequeña y mediana propiedad se mantuvo. En la sierra existía n artesanado, productor de manufacturas destinadas a los mercados domésticos y los países vecinos. Trabajos en cuero y textiles fueron un rubro significativo, aunque conforme avanzaba el siglo XIX, se fue acentuando una crisis de la producción artesanal. Los obrajes serranos que sobrevivieron a la crisis XVIII, se insertaron en la hacienda y continuaron funcionando, aunque cada vez con mayor competencia de los textiles extranjeros. Los terratenientes más emprendedores sustituyeron los obrajes por instalaciones modernas, que también funcionaron integrados al latifundio, compitiendo con los productos de importación. La región norcentral de la sierra estaba estrechamente conectada con Pasto y Popayán, por un intercambio que se mantuvo largo tiempo. VISTA PANORAMICA De la ciudad de Cuenca Fotografía tomada de Salvat Editores Ecuatoriana, Historia del Ecuador, Vol. 6, Salvat Editores Ecuatoriana, 1989. La sierra sur Esta región (Cañar, Azuay y Loja) tenía las características económicas generales de la sierra, pero allí la concentración de tierras y el concertaje tenían menores proporciones. Junto a una mayor fragmentación de la propiedad rural, se encontraba mayor diversidad en las relaciones productivas y actividades económicas. Allí, además de los conciertos, existían "arrimados" y "aparceros". Junto a las actividades agropecuarias, se hallaban también la artesanía, la recolección de quina y la minería. Frente a la una virtual inexistencia de comercio con el norte, el intercambio con el sur era sumamente activo. Así, productos cuencanos se hallaban en Lima.
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    La costa En laregión costeña, cuyo eje era Guayaquil, la exportación del cacao experimentó un notable incremento. De este modo fue creciendo un grupo de latifundistas y comerciantes. Desde fines del siglo XVIII, en especial durante la Independencia, se expandió la frontera agrícola. "El latifundio dice Hamerly comenzó a convertirse en la forma dominante de posesión de las tierras en las planicies del Guayas y el Litoral sur". El crecimiento del latifundio en esta región se dio con preponderancia de la "sembraduría", pero la pequeña propiedad seguía siendo importante. Tierras pertenecientes a campesinos no indígenas, mestizos, mulatos y negros libres abastecían una parte del mercado interno. Además del comercio con Europa, Guayaquil tenía intercambio con Panamá, Perú y Chile. Como las comarcas serranas producían poco y en ellas se cultivaba más o menos lo mismo, el intercambio era reducido. Los productos agrícolas que se vendían eran maíz, cebada, otros granos, papas, legumbres y trigo. En algunos valles bajos de la Sierra se hallaban productos tropicales o semitropicales en cantidades reducidas. Se comerciaba también ganado mayor y lanar, cueros, panela y aguardiente de caña. Al final de la época colonial regía en la Sierra un sistema de ferias locales. Después de la década de 1830, se dio una elevación de los precios agropecuarios. Ciertas ferias locales cobraron importancia. Pese a las dificultades de comunicación había intercambio entre Sierra y Costa. Los principales ejes de comercio eran Quito Riobamba Guayaquil y Cuenca Guayaquil. Desde el puerto principal se llevaban al altiplano, además de artículos importados, sal, tabaco, frutas tropicales, ganado y cera. A su vez, de la sierra se enviaban a la costa legumbres y cereales, textiles y cueros para el mercado interno y exportación. El estado desastroso de los caminos, agravado por el clima, las revueltas y los bandidos, dificultaba el comercio interno. De allí que la Costa fue abasteciéndose de ciertos alimentos con la importación. Esto se dio en la medida en que se elevaron las exportaciones. La costa se volcó a la producción para el mercado externo. Especialmente la exportación del cacao experimentó ya desde fines de la época colonial un gran incrementó. Los principales mercados eran México, América Central y España. Además, se exportaba café y tabaco, "cascarilla" (corteza de quina) recogida en la sierra sur; cueros y textiles de la sierra norte. Estos últimos, sin embargo, salían en mayor cantidad por las fronteras terrestres. Hacia la mitad del siglo XIX, se fue incrementando el comercio exterior y se fueron también diversificando los mercados y los proveedores de manufacturas. Luego de la Independencia, varios países europeos, principalmente Inglaterra, intensificaron sus relaciones comerciales, aunque en menos volumen de lo que se afirmado. La pequeñez del Ecuador y su enorme distancia respeto de los centros europeos del desarrollo capitalista, retardaron su inserción en el mercado mundial. Red urbana y actividades económicas A inicios de la república, existía ya una red urbana en la Sierra. Aunque con localización y jerarquía desiguales, habían doce ciudades con un total de setenta a ochenta mil habitantes. Además de la capital, Quito, en cada valle interandino se asentaba una ciudad (Cuenca, Riobamba, Ibarra, Loja,
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    Ambato, Latacunga, Guaranda).Eran centros de funcionamiento administrativo, religioso y comercial. Eran habitadas por los propietarios agrícolas, comerciantes y oficiales del Gobierno, por mestizos dedicados al pequeño comercio, la artesanía y la agricultura, y los indígenas que se dedicaban al servicio doméstico y público. Los mercados de las ciudades serranas estaban surtidos de productos agrícolas, que se conseguían por precios bajos. Las tiendas eran activas. Los artesanos estaban vinculados por "clientela" a los terratenientes y los conventos, y vendían sus productos en el taller o por intermediarios. Los artesanos eran un grupo de gran importancia económica y peso social en las ciudades. Estaban organizadas en gremios, controlados por los cabildos y por la Iglesia. El "taller" , organizado dentro de la tradición artesana, estaba dirigido por un maestro que tenía bajo su autoridad a "oficiales" y "aprendices". Igual que en la agricultura, había un nivel muy bajo de desarrollo de la producción, que utilizaba gran cantidad de mano de obra con instrumentos muy elementales. Sin embargo, la habilidad de los artesanos era reconocida. A inicios de la República, Quito era la ciudad más grande del país, con 24.939 habitantes, seguida por Cuenca que tenía 18.919. La capital había crecido sin organización urbanística. Casi los únicos edificios de significación arquitectónica eran los conventos y las iglesias, que le daban un aire característico y albergaban un poderoso grupo de clérigos y monjas. Las casas populares eran de una planta y servían también de taller artesanal. Las residencias de los aristócratas, grandes y de dos pisos, iban de acuerdo con la forma de vida de sus ocupantes, que pasaban buena parte del año en sus propiedades rurales. Hacia 1830 Guayaquil era todavía una ciudad pequeña, pero en crecimiento. Su clima era muy fuerte y las condiciones higiénicas y de salubridad bastante precarias. Las construcciones eran básicamente de madera, lo cual agudizaba el peligro de incendio. La ciudad fue en poco tiempo la segunda del país. No terminaría el siglo XIX sin que pasara a ser la primera, con más de sesenta mil habitantes. Su situación privilegiada como puerto se complementaba con su ubicación muy favorable en el centro del sistema fluvial de la Costa Sur. Conectadas con Guayaquil crecieron Daule, Babahoyo, Machala, Milagro. En la costa norte, crecieron también, aunque en proporciones más modestas, Manta, Bahía y Esmeraldas, Portoviejo sufrió por largo tiempo una recesión. VISTA DEL MALECON De la ciudad de Guayaquil Fotografía tomada de Salvat Editores Ecuatoriana, Historia del Ecuador, Vol. 5, Salvat Editores Ecuatoriana, 1989.
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    La Sociedad La Independenciay el establecimiento de la República del Ecuador trajeron transformaciones, pero mantuvieron rasgos del orden colonial, entre ellos la persistencia de la sociedad estamentaria. En la Presidencia de Quito se había mantenido celosamente la división entre "blancos" o "españoles", "mestizos" e "indianos". Los primeros participantes en la dirección política y administrativa, de los monopolios comerciales, la milicia, el alto clero, el acceso a la educación y hasta el derecho exclusivo de adquirir ciertas propiedades. Los mestizos, o quienes no pudieran "probar limpieza de sangre", ocupaban un lugar inferior en la escala social, les estaba vedado el ingreso a ciertas funciones sociales y políticas, pero podían ejercer las "artes" y oficios que funcionaban con una rigurosa organización corporativa, con garantías y privilegios. Los indios vivían sujetos a normas especiales que consagraban su desigualdad y sometimiento, aunque, como veremos en párrafos siguientes, también algunos derechos específicos. La independencia fue un enfrentamiento de "blancos" o criollos contra peninsulares o "chapetones". Los primeros ganaron, pero hicieron mínimas concesiones a los demás estamentos sociales colonial. Desde luego que con la Independencia se removieron barreras estamentarias, pero, en general, las rígidas normas de la sociedad jerarquizada a base de fortuna y diferenciación racial se mantuvieron. La Vida Cotidiana En ningún otro aspecto se reflejó mejor esta realidad que en la vida cotidiana. Su eje era la familia. En todos los niveles sociales, los lazos de parentesco eran fuertes y el matrimonio se realizaba como un reforzamiento de estos vínculos con fuerte carácter patrimonial. Las formalidades matrimoniales manejadas por la iglesia eran solemnes, pero la existencia de hijos nacidos fuera de matrimonio era frecuente y tolerada. Las uniones de hecho cuando el varón era de estatus superior a la mujer eran socialmente aceptadas. Los indígenas mantenían también sus tradicionales ceremonias y costumbres maritales. En el hogar la mujer estaba sujeta al marido. Carecía de derechos legales para manejar la fortuna personal, pero sobre todo en las grandes familiares su influencia en las decisiones económicas y políticas podía ser determinante. La familia era centro de formación para el trabajo. En el barrio o la parroquia, era eje de las fiestas, que seguían el calendario religioso y agrícola. Los hábitos sanitarios eran prácticamente desconocidos, con el consecuente problema de enfermedades infecciosas. Esta era una característica que cubría todos los niveles sociales, aunque las diferencias entre éstos se reflejaban en una diversa y jerarquizada forma de vestir que diferenciaba a blancos, mestizos e indios. Así como las vinculaciones de sangre eran fuertes, también lo eran las de patronaje y compadrazgo, establecidas en todos los niveles sociales. Los Pueblos Indios El régimen colonial consagró la inferioridad legal de los pueblos indios, obligados al pago de tributo e impuestos eclesiásticos; excluidos de puestos administrativos se mantuvieron sujetos a la "doctrina", al margen de la educación; tuvieron que cumplir trabajo obligatorio y otras tareas que en muchos casos los condujeron a la servidumbre. Esta distinción que
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    consagraba el sometimiento,reforzada por el carácter estamentario de la sociedad y una ideología racista que defendía la "superioridad" hispánica, permitía la permanencia de la organización comunal con acceso a la tierra, la existencia de autoridades indígenas y la defensa de ciertos derechos. Con la resistencia de los pueblos indios y el uso de la legislación colonial, se había generado un "espacio étnico" que mantuvo vigente a la sociedad indígena con su identidad. Con el establecimiento de la República los pueblos indígenas mantuvieron rasgos de su situación colonial. Pese a la expansión latifundista se logró mantener una parte de la tierra en manos comunales. El sistema de gobierno de los "naturales", el cabildo, siguió funcionando y a veces los caciques y gobernadores indígenas fueron reconocidos por el Estado como autoridades con jurisdicción, especialmente en la recaudación de impuestos. La Posibilidad del Imaginario En el año de 1857 dos sucesos conmovieron a la ciudad de Cuenca, en Ecuador. El primero, ocurrido el 20 de abril, fue el ajustamiento del indio Tiburcio Lucero, parricida condenado al cadalso. El segundo, el suicidio de la poetisa quiteña Dolores Veintimilla de Galindo un mes más tarde. El hecho fue una campanada que resonó en toda la provincia de mi mando y especialmente en el corazón delicado de la esposa y de la madre (Ella) extraviada con la lectura de algunos romances perniciosos y nutrido su espíritu con un alimento puramente novelesco, vio disiparse sobre la tierra las ilusiones de su fantasía y se envenenó, creyendo hallar reposo en la obscuridad del sepulcro. 1 ¿Que había ocurrido y hacía que los dos sucesos tuvieran relación? Dolores Veintimilla había asistido a la ejecución de Lucero y en su "Necrología" (publicada días después) condenó valientemente el sistema de la pena de muerte. En las frases finales de su escrito decía: "que pronto, una generación más civilizada y humanitaria que la actual venga a borrar del Código de la Patricia de tus antepasados la pena de muerte". Las reacciones en su contra no se hicieron esperar agudizadas, por los ya enconados sentimientos que despertaba en el medio estrecho y clerical de Cuenca la creación de la poetisa. El hecho de que una mujer sola (su marido la había dejado) sea miembro de una sociedad literaria y recibiera en su casa "en tertulia" a los poetas de la ciudad y se "atreviera' a haber pública su inconformidad ante la pena de muerte, defendida aún por la Iglesia Católica, era imperdonable. En Hojas volantes anónimas (atribuidas por algunos autores a Fray Vicente Solano) no solamente la fustigaron por defender a Lucero "ya que el crimen debe ser expirado ante Dios y ante los hombres", sino que calumniaron su reputación de mujer hasta el punto que acabó con su vida. Es que el medio social de la época poseía otros canales represivos, diversos de los legales, pero tan efectivos como éstos, ejercidos desde la cotidianidad, como micropoderes dirigidos a aislar, acosar y minar las fuerzas internas de los individuos. La muerte de Dolores Veintimilla debió provocar en la sociedad cuencana sentimientos parecidos a los del cadalso: la de un sistema social vindicado en su principios morales y ante el cual las manifestaciones artísticas y públicas aparecían como transgresoras del orden social.
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    Y si elhecho anteriormente descrito revela, en todo su dramatismo, un suceso que por su trascendencia fue público, en e l discurso civil y religioso, en las descripciones de costumbres y en la vida cotidiana se muestra la misma concepción. Existe un clima moral que determina los ámbitos dentro de los cuales se puede mover la mujer y que se va formando a través de acciones cotidianas llegadas a ella a través de las instituciones que la rodean. En el siglo XIX la religión fue importante como modeladora de costumbres: dominaba el medio familiar y educativo y controlaba cada espacio y tiempo libres. Hacia finales del siglo y comienzos del XX se generan nuevos referentes de vida para la mujer de clase alta y media: la moda, el teatro, la lectura de novelas, así como las oportunidades abiertas por la educación laica y por los empleos públicos destinados a mujeres. No obstante, elementos de la ideología religiosa quedarían "impregnados" en la subjetividad femenina como un "arquetipo" más o menos fijo de comportamiento (.). 1 APL, MENSAJES E INFORMES AL CONGRESO DE 1857, EXPOSICION DEL MINISTRO DEL INTERIOR (MIM 1857 1). TOMADO DE ANA MARIA GOETSCHEL, MUJERES E IMAGINARIOS. QUITO EN LOS INICIOS DE LA MODERNIDAD, ABYA YALA, 1999, PP. 13 14 EL GENERAL Juan José Flores Primer Presidente del Ecuador. Desde los tiempos de la Gran Colombia se intentó vender tierras comunales y se suprimió el tributo indígena. Pero estas medidas tuvieron poco efecto o fueron suspendidas, para ser tomadas a mediados del siglo, junto con la supresión de las "protecturías". Las medidas habían sido resistidas por los latifundistas, pero también contaron la oposición, o al menos no con el esperado respaldo, de las comunidades indígenas, que sabían que el desaparecer el mecanismo que garantizaba su "desigualdad" (el tributo) también los volvía "iguales" para el pago de alcabalas y el servicio militar. Los pueblos indígenas, sin embargo, no fueron primariamente amenazados por aquellas medidas, de todos modos progresistas, sino por el
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    reforzamiento de regímenesterratenientes que establecieron mecanismos más drásticos del cobro del diezmo y de aplicación del "trabajo subsidiario" (especie de conscripción para obras públicas). Conforme el poder del estado oligárquico terrateniente fue consolidándose, se aumentó la legislación represiva y se sentía su presión sobre las tierras y la vida comunal. El Poder Político En el naciente Ecuador se consolidaron tres polos económicos y políticos sujetos al control de latifundistas que, si bien tuvieron motivaciones comunes en la ruptura independentista, mantuvieron su discrepancia por el manejo del poder local y regional en Quito, Guayaquil y Cuenca. Las primeras décadas del nuevo Estado atestiguaron la lucha por la mantención de ese hecho regional y por su reconocimiento jurídico con la vigencia de privilegios y autonomías. A lo largo del siglo XIX, la Costa y su eje Guayaquil fueron desplazados a la Sierra, en especial a Quito, de su posición de centro de la economía del país. Este cambio se dio en medio de fuertes tensiones que enfrentaron a los poderes regionales, especialmente a los notables del Interior y Guayaquil. Mientras los hacendados serranos trataban de detener la migración de trabajadores a la Costa, los plantadores del litoral, escasos de brazos, trataron de atraerlos. La adopción de políticas proteccionistas fue también motivo de conflicto. Los comerciantes del puerto presionaban por un abierto librecambismo. Los terratenientes serranos veían en el proteccionismo una garantía para su productos amenazados por los artículos importados. El Estado Ecuatoriano nació caracterizado por profundas diferencias económico sociales, étnicas y regionales. Se estableció un mecanismo de representación indirecta por departamentos, con condiciones limitadas para el sufragio. Además de requisitos de edad o estado civil, así como saber leer y escribir, se condicionaba la capacidad de elegir a la posesión de un mínimo de propiedad y a no tener la condición de trabajador dependiente. Para poder ser elegido para funciones públicas, el requisito de propiedad era más elevado. Solo podía acceder a ellas un contado número de propietarios. Detrás de fórmulas democráticas y de soberanía popular, se daba una restricción del acceso al sufragio. Frente a la declaratoria de igualdad ante la ley se mantenía la diferenciación radical y estamentaria, persistían la esclavitud, tributación de indios, trabajo obligatorio y privilegios corporativos. La opción de un "estado unitario", proclamado en la Constitución estaba, por otra parte, en peligro por la dispersión regional. La libertad de comercio y circulación estaba limitada por la perseverancia de normas coloniales y por la aplicación de nuevas reglas republicanas destinadas a impedir la circulación de mano de obra, reforzar la prisión por deudas, someter a los trabajadores a la hacienda mediante "leyes de vagos" y otros recursos. En la realidad de desarticulación económica y persistencia de la sociedad estamentaria y étnicamente discriminatoria, los criollos latifundistas que lideraron la separación de España tuvieron éxito al fundar el nuevo Estado y mantenerlo unido en medio de la inestabilidad inicial; pero no lograron consolidarse como conductores de un Estado Nación. El establecimiento del Ecuador en 1830 se dio con un divorcio de las clases dominantes y la mayoría del pueblo. Los criollos veían a la nación ecuatoriana como
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    continuidad hispánica, comola presencia y la superioridad del "occidente cristiano" de espaldas a la realidad andina, indígena y mestiza, a su lengua e identidad. No pudieron, pues, jugar el papel unificador de la comunidad cultural y social de la que se sintieron parte también las clases subalternas y dominadas. El Estado consolidó la ruptura entre la oligarquía terrateniente y el pueblo. Las definiciones territoriales y la búsqueda de identidad en la raíz colonial, la persistencia de los pueblos indios en la defensa de su identidad y en su capacidad de imprimir varios caracteres del mestizaje, las acciones y expectativas de las luchas independentistas, las formas de religiosidad popular, la propia experiencia y percepción de la pertenencia regional estaba presentes en la sociedad ecuatoriana. Pero las clases latifundistas criollas no integraron esos elementos a su proyecto nacional, fundamentalmente por el temor de movilizar al pueblo y hacerlo partícipe del juego del poder. Y aunque ese proyecto nacional criollo logró penetrar en algunos sectores subalternos mestizos, fundamentalmente artesanos y pequeños propietarios, no logró expresar al conjunto. Los sectores dominantes criollos no integraron elementos nacionales populares en el proyecto y no reconocieron que junto a la "Nación Ecuatoriana" blanco mestiza reclamaban también derecho a la existencia histórica, pueblos indígenas, cuya lucha devendría con el paso del tiempo, en reclamo de la diversidad del país. 1834 - 1839 VIcente Rocafuerte Gobernante del Ecuador. El Carácter del Estado Asentado sobre esta realidad, el Estado nació en 1830 débil y disperso en instancias nacionales, regionales y locales. Siguiendo la opción ya tomada por Colombia, a imagen de Estados Unidos, se adopto el presidencialismo y la división de poderes, pero el sistema constitucional resultó débil. Los municipios, herederos de los cabildos coloniales, cumplieron un papel crucial a lo largo del Siglo XIX. Reforzada su autonomía con la ruptura con la Corona, robustecido el control local mediante su integración por elecciones censatorias, fueron instancias descentralizadas de poder con gran peso.
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    El poder delos latifundistas y el clero fue grande. Dentro de la propia hacienda se administraba "justicia" con condena a azotes o prisión. Frente a esto, en ciertos casos, la fuerza de los cabildos y autoridades indígenas ejerció efectiva resistencia, pero conforme avanzaba el siglo XIX, el poder terrateniente tendió a consolidarse. Las agrias disputas protagonizadas por las clases dominantes y el propio carácter del Estado del siglo XIX, se inscriben dentro de esta realidad de dispersión del poder, reforzada por el aislamiento de la Sierra y la Costa, y por la ausencia de una real interdependencia entre las zonas de producción interandinas que había que las alianzas terratenientes vivieran una crónica inestabilidad, plagada de enfrentamientos y contradicciones. Los notables locales y regionales incidían en la restringida participación política y ejercían las funciones políticas relevantes. De vuelta, las altas representaciones servían para consolidar el poder y la influencia a nivel regional y local. Al inicio de la historia republicana, y hasta entrado el siglo XX, no existieron en el Ecuador partidos políticos propiamente tales. Cuando se usaba ese nombre entonces (y se lo hacía con frecuencia) era para referirse a clientelas electorales o alianzas caudillistas. Sin embargo, ya entonces se dio una embrionaria diferenciación en las tendencias ideológicas, que se definirían con el paso del tiempo. La pugna entre oligarquías regionales y facciones políticas, no podía resolverse ya que ninguna podía someter a los otros. Fue así como el ejército se transformó en árbitro del poder. Los caudillos militares, cuando lograron consolidar su alianza entre la fuerza armada con un grupo significativo de la clase dominante, se transformaron en las figuras más poderosas de la política del país. Religión, Ideología y Cultura El Papel de la Iglesia Uno de los rasgos de la herencia colonial del Ecuador fue la presencia de la Iglesia Católica como oficial. Así continuó manejando mecanismos de reproducción ideológica como la educación, la catequización (imprenta, púlpito). Al mismo tiempo ejercía funciones burocráticas, como registro de nacimientos, matrimonios, etc. Luego de la independencia, la Iglesia se había consolidado como parte del Estado, pero al mismo tiempo intentaba ganar estatus autónomo, dirigida desde Roma, con mínima intervención gubernamental. Quería acrecentar sus privilegios y su participación política, librándose al mismo tiempo de la dependencia estatal. El Congreso Colombiano había declarado en 1842 que el Estado era heredero del derecho al "Patronato Eclesiástico" ejercido por los reyes de España. La primera Constitución del Ecuador mantuvo esa interpretación cuando estableció: "La religión católica, apostólica , romana es la religión del Estado. Es un deber del gobierno, en ejercicio del Patronato, protegerla con exclusión de cualquier otra". Se inició así polémica. Los partidarios del patronato o "regalistas" eran la gran mayoría de los notables de la época. Fervorosos creyentes, sostenían que era inherente a la soberanía. Un sector del clero y el Vaticano resistieron, aceptando las designaciones bajo protesta. La mayoría del clero nacional no tomó partido. El "relajamiento" provocó un descenso de la disciplina y el manejo ideológico.
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    Aunque se dieronintentos de evitarlo, el clero usó su condición para obtener triunfos políticos que lo llevaron a formar parte de los organismos del Estado, especialmente los congresos. Pero la iglesia no solo mantuvo su poder ideológico luego de la fundación de la República, sino que conservó también, y en algunos casos reforzó, su poder económico. Por diversos títulos (educación, beneficencia, culto) las diócesis y las comunidades religiosas compraron o recibieron por donación o herencia, grandes latifundios. Tendencias Ideológicas La independencia significó para sus principales beneficiarios una ruptura con la autoridad de la Corona Española y la libertad de comerciar con el extranjero, establecer impuestos y dictar leyes; pero no el inicio de un régimen de igualdad. Se daba por hecho que existía un "orden natural" en el que las desigualdades sociales y el ejercicio de la autoridad tenían origen en la voluntad del Creador. Los criollos blancos se consideraban herederos de la hispanidad, lo cual lo volvía predestinados para gobernar a la mayoría indígena y mestiza. La tesis sobre el origen divino de la autoridad se vio reforzada por la acción del clero y el catolicismo militante, que los pensadores monárquicos europeos habían desarrollado contra el avance del liberalismo y en defensa de las monarquías autoritarias de entonces. Siguiendo una tendencia que ya había existido en la antigua Colombia, hubo quienes cuestionaron esa visión de la realidad. Se dio de este modo un debate entre la mayoría de los notables que sostenía la necesidad de la autoridad, de gobiernos fuertes que mantuvieran el "orden", y una minoría cuestionadora que defendía la vigencia de los valores republicanos y las garantías. Los primeros, popularmente llamados "godos", se identificaron con el conservadorismo. Los segundos, los "rojos" comenzaron a identificarse como liberales. Entre conservadorismo y liberalismo se dieron también diferencias sobre garantías regionales y comercio libre. La diferenciación entre tendencias asumió un sesgo regional. En la sierra, el poder del latifundismo tradicional, la presencia del artesanado y la fuerza de la iglesia, fueron identificando a la región con el conservadorismo. En la costa se dieron afinidades hacia el liberalismo. En la naciente prensa se dio el debate ideológico. CLAUSTRO Convento de la Merced
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    En Quito, porRoura Oxandaberro, Colección de carlos Fernández. Del pensamiento ilustrado a los proyectos nacionales criollos Donde no existía una nación integrada, no podía desarrollarse una "cultura nacional". Se dio también en este aspecto un divorcio entre elites y masas. En la minoría que había tenido acceso a la cultura colonial dominante, las corrientes ilustradas tuvieron influencia, no tanto como irrupción del radicalismo europeo, especialmente francés, cuanto como continuidad de la tradición española. Se han distinguido varios momentos en el desarrollo de la Ilustración. El de emergencia coincidió con los finales del siglo XVIII y la crisis del orden colonial. Se desarrollaron entonces las ciencias y la conciencia histórica, al mismo tiempo que se cuestionaba el predominio peninsular ibérico. Luego de esta insurgencia y de las luchas independentistas en las que las ideas ilustradas jugaron un papel destacado, vino un momento de consolidación en que los enunciados libertarios dieron paso a la definición de los proyectos nacionales criollos y a la consolidación del poder. De la crítica insurgente y el cuestionamiento del orden que ejercieron los precursores ilustrados, con Espejo como una figura más destacada, se pasó a la discusión sobre las nuevas formas de ejercicio y la autoridad, cuyo exponente más importante fue Rocafuerte. Una vez iniciada la vida autónoma, de la exaltación de la libertad y la crítica, se pasó a la justificación del poder de las oligarquías criollas con la mitificación de las luchas independentistas y hasta de las intestinas. José Joaquín de Olmedo, el poeta del "Canto a Junín", fue la figura más destacada. La Educación En el Siglo XIX, la educación tuvo niveles bajos. Estaba dedicada exclusivamente a los "blancos", puesto que la mayoría de la población se mantenía analfabeta y recibía el entrenamiento necesario para las labores agrícolas o artesanales. Frente a la cultura oficial una rica cultura popular fue desarrollándose con elementos andinos, que habían recogido la herencia indígena y española y comenzaban a definir una identidad mestiza. Antiguas prácticas de la vida agraria y artesanal, un gran sentido de reciprocidad andina y una tradición regional mantenida con gran vigor, son algunos de los rasgos de esta cultura popular. Las primeras e inútiles renegociaciones de la deuda externa () para lograr la independencia de España, los pueblos latinoamericanos tuvieron que comprar equipos bélicos en el exterior con recursos contratados en Europa. estos préstamos provenían de países como Gran Bretaña, interesada en debilitar la presencia española en América, habida cuenta de que no se consiguió el respaldo buscado en los Estados Unidos que se habían independizado en 1776. Los Estados Unidos, según James Monroe "se encontraban en paz con España y no podían, con ocasión de la lucha que ésta mantiene con sus diferentes posesiones, dar ningún paso que comprometa su neutralidad" Es más, los Estados Unidos no solo no apoyaron la emancipación de las colonias, del sur, sino que procuraron retrasarlas, comprometiéndose a
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    entregar suministros alos españoles hasta cuando su poderío pudiera competir con el imperio británico. Ya en 1781, Thomas Jefferson anticipó esta estrategia norteamericana, cuando dijo que "es necesario prosponerla, hasta que los Estados Unidos puedan beneficiarse con ella y no Inglaterra". De esta manera, el presidente Jefferson y luego e presidente James Madison, subordinaron su posición frente a las colonias españolas a sus contradicciones con la Gran Bretaña, de cuyo dominio se habían liberado. Esta posición explica claramente las razones que hicieron demorar, por casi doce años, el reconocimiento oficial a los primeros representantes de la emancipación hispanoamericana. Tal reconocimiento no tuvo lugar sino en marzo de 1822, cuanto la Junta Suprema de Caracas lo había solicitado en junio de 1810. Esta actitud se reflejó también en una posición adversa a la figura de Simón Bolívar; sobre todo cuando Colombia ya había alcanzado su independencia, en la medida en que su existencia representaba un escollo para los sueños imperiales del vecino del norte (). Así las cosas, la deuda contratada en esa época, a través de la cual se vinculó a la economía mundial, se transformó en n proceso pernicioso de renegociaciones y moratorias que aún al finalizar el siglo XX redunda en la hipoteca del país (). Ya en 1826, cuando aún existía la Gran Colombia, se dejó de servir la deuda externa como resultado de la quiebra de la casa "B.A. Goldschmidt y Cía.", en la cual se había depositado valores destinados a pagar algunos de sus dividendos. Años después, en octubre de 1834, cuando el Ecuador se había separado de la Gran Colombia, el país no envió su representante a la reunión que se celebró en Bogotá para discutir los términos del reparto de dicha deuda. El gobierno del general Juan José Flores se hallaba complicado con los efectos de la represión y asesinato de los redactores de "El Quiteño Libre" y con la rebelión de los "chihuahuas". Así, de la deuda que ascendía a 6'625.950 de libras esterlinas, al Ecuador le tocó el 21.5% de la deuda total, o sea la suma de 1'424.579 de libras esterlinas y 5 chelines. La negociación fue ratificada en 1837 por el Congreso Nacional y el gobierno de Vicente Rocafuerte. Y desde entonces, los continuos arreglos y renegociaciones y las múltiples suspensiones de pago, dada la permanente carencia de recursos financieros, hicieron de la deuda externa un escollo casi permanente en la vida económica y política del país (). A pesar de que el origen de la deuda inglesa tiene un indiscutible compromiso de honor, no se puede desconocer sus deficiencias en cuanto al destino final de los recursos contratados, los términos usurarios en que fueron negociados dichos empréstitos, los exagerados precios pagados por los equipos bélicos y la propia distribución de la deuda grancolombiana. En vista de las necesidades financieras del país y las presiones de los acreedores, en 1843, la Convención ordenó que el pago de la deuda se hiciera con los valores recaudados por la venta o el arriendo de las tierras baldías. El general Flores () propuso un arreglo que establecía el pago de una tasa de interés adicional por un número determinado de colonos europeos que viniera a poblar los territorios que se querrían entregar a los acreedores.
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    Los tenedores debonos no aceptaron estas propuestas e insistieron en tasas de interés más altas y en la emisión de bonos para cubrir los intereses capitalizados, con lo cual se entorpecieron las negociaciones. En estas circunstancias, los tenedores de bonos enviaron un negociador tras otro buscando lograr un arreglo: emisarios que, salvando las distancias en el tiempo, recuerdan a las misiones del FMI y del Banco Mundial en la segunda mitad del siglo XX. Este afán de los tenedores de bonos encontró campo propicio en los gobernantes, en sus representantes en las negociaciones y hasta en sus familiares dispuestos al peculado y al tráfico de influencias. En 1848, bajo la presidencia de Vicente Ramón Roca, el gobierno, en la más absoluta reserva, llevó a cabo negociaciones con Pedro Conroy, representante de los acreedores, para que las amortizaciones se hicieran con la octava parte de los derechos de las aduanas. Se intentó sorprender al Congreso, cuya intervención se trató de obviar. Sin embargo, no se logró ese objetivo. En 1852 llegó al país un nuevo representante de los acreedores, Elías Mocatta, quien lograría, luego de más de veinte años de moratoria, un primer arreglo basado en la entrega de terrenos baldíos. Adicionalmente, se otorgó la parte de los ingresos que correspondían al estado en los ingresos por concesiones mineras y tasas de peaje. El Congreso, poco después, atrapado por la inteligencia y el verbo del general José María Urvina y como si no hubiese habido antecedentes, aprobó el convenio Espinel Mocatta, en noviembre de 1854. La cesión para la colonización y explotación de un millón de cuadras a orillas del río Zamora y de otro millón en las riberas del Bomboná, en la región de Canelos, motivó la protesta del Perú, que reclamaba como suyas enormes extensiones de la Amazonía. El vecino del sur sustentó su reclamo en la cédula real del 15 de julio de 1802. Y ante el conflicto surgido, los tenedores suspendieron el acuerdo. () (Con García Moreno en el poder) las condiciones básicas de los convenios firmados se mantuvieron. Sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos que se hicieron para cumplir con los confusos compromisos adquiridos, su gobierno tuvo que suspender el pago de los dividendos en marzo de 1862. El negociador de entonces, Antonio Flores Jijón (), a principios de 1865 presentó el proyecto para la enajenación de las islas Galápagos en beneficio de los tenedores de bonos, como pago de la deuda consolidada. Hasta que, en mayo de 1869, el mismo régimen garciano se vio obligado a entrar en una nueva moratoria, con el respaldo de la Legislatura. Con la moratoria no se superaron las dificultades, pero se dejó de realizar un costoso pago, exclusivamente de intereses (). TOMADO DE ALBERTO ACOSTO, BREVE HISTORIA ECONOMICA DEL ECUADOR, CORPORACION EDITORA NACIONAL, QUITO, 1995, PP. 41 46 El Ecuador de 1830 a 1860 El 13 de mayo de 1830, una asamblea de "padres de familia" reunida en Quito resolvió separar al Distrito del Sur de la República de Colombia. En septiembre del mismo año, en Riobamba, fue aprobada la primera Constitución del país. En ese año 1830 fue asesinado el Mariscal Antonio José de Sucre y murió el Libertador Simón Bolívar. Así nació el Ecuador,
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    bautizado con esenombre en un intento por superar las diferencias regionales, puesto que el tradicional nombre Quito despertaba resistencias en los antiguos departamentos de Guayaquil y Azuay. El General Juan José Flores fue designado primer Presidente del Ecuador. Orquestó una alianza del Ejército con las elites terratenientes y comerciales, que los contemporáneos llamaban el "floreanismo". Así controló el poder, directa o indirectamente, hasta 1845. La etapa se caracterizó por la inestabilidad política permanente, el desbarajuste administrativo y el abuso de los soldados, dueños del país. Ya desde los primeros años, Flores tuvo que enfrentar revueltas. La más fuerte de ellas, la de los "chihuahuas", fue acaudillada desde la Costa por Vicente Rocafuerte. También enfrento una guerra con Nueva Granada por la posesión de Pasto, en la que el país del norte venció. En estos años se incorporó oficialmente al país el Archipiélago de Colón, o Galápagos. Se realizó también en Bogotá una distribución de la deuda externa de la antigua Colombia, en el que al Ecuador le fue asignada una alta cuota, cuya amortización pesaría en toda su historia. En 1835 Flores dejó el poder y, luego de vencer en una guerra civil, apoyó a su adversario Rocafuerte para que ocupara la Presidencia de la República, habiendo sido electo por una Asamblea que expidió la segunda constitución del país. El gran esfuerzo organizador de Rocafuerte, realizado con un significativo despliegue de represión, no pudo superar las realidades de desarticulación de la etapa inicial, pero puso las bases de algunas reformas fiscales, educativas y de formación castrense, pioneras en la historia republicana del Ecuador. Flores ejerció el poder un segundo período desde 1839, pero en esta vez no quiso dejar la presidencia. Do un golpe de estado y en 1843 convocó a una Constituyente, la tercera de la historia, que lo eligió por tercera vez presidente merced a una Constitución redactada ad-hoc, la "Carta de Esclavitud", que establecía las condiciones de una cuasi dictadura perpetua. Hubo agitación y protesta pero el gobierno las controló, hasta que en marzo de 1845, una fuerte reacción acaudillada por la elite guayaquileña, la llamada "Revolución Marxista" dio un golpe de estado. Luego de una guerra civil, Flores aceptó alejarse del poder y del país. Los años subsiguientes los pasó organizando invasiones al Ecuador con mercenarios extranjeros, para recobrar el poder, al servicio de España y Perú. Orientaciones Bibliográficas ALBORNOZ, Osvaldo, Las luchas indígenas en el Ecuador, Guayaquil, Edit. Claridad, 1976 ALBORNOZ, Víctor Manuel, La Independencia de Cuenca, Cuenca, Tipografía Municipal, 1943 ANDRADE, Roberto, Montalvo y García Moreno, Puebla, Edit. Cajica, 1907 AYALA MORA, Enrique, Lucha política y origen de los partidos en Ecuador, Quito, Edit. Universidad Católica 1978 AVENDAÑO, Joaquín de, Imagen del Ecuador, economía y sociedad vistas por un viajero del siglo XIX, Quito, Corporación Editora Nacional, 1985 BANCO DEL ECUADOR, Crónica comercial e industrial de Guayaquil en el
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    primer siglo dela Independencia 1920 1920, Guayaquil, Edit. Facultad de Economía de la Universidad de Guayaquil 1977 CEVALLOS, García, Gabriel, Historia del Ecuador, Cuenca, Edit. Don Bosco, 1976 CEVALLOS, Pedro Fermín, Historia del Ecuador, Vol. XIV XVII, Ambato, Edt. Tungurahua, 1975 CHAVEZ FRANCO, Modesto, Crónica del Guayaquil Antiguo, vol. I, Guayaquil, Imprenta y talleres municipales, 1944. CHIRIBGA, Manuel, Jornaleros y grandes propietarios en 135 años de exportación cacaotera (1790 1925), Quito, CIESE Consejo Provincial de Pichincha, 1980 CARDOSO, Ciro F.S., y Pérez Brignoli, Héctor, Historia Económica de América Latina, vol. 2, Barcelona, Edit. Crítica, 1979 CUEVA, Agustín, Entre la ira y la esperanza, Quito, C.C.E., 1967 ---------, El desarrollo del capitalismo en América Latina, México, Edit. Siglo XXI, 1978 DOBB, Maurice, Estudios sobre el desarrollo del capitalismo, La Habana, Edit, Ciencias Sociales del Instituto del Libro, 1969 HALPERIN DONGHI, Tulio, Historia contemporánea de América Latina, Barcelona, 1979 HAMERLY, Michael, Historia social y económica de la antigua Provincia de Guayaquil, 1973 1842, Guayaquil Publicaciones del Archivo Histórico del Guayas, 1973 HOBSBAWM, Eric, J., Las revoluciones burguesas, Madrid, Edit. Guadarrama, 1971 JARAMILLO ALVARDO, Pío, Historia de Loja y su provincia, Quito, Casa de la Cultura Ecuatoriana 1955 MAIGUASHCA, Juan, El desplazamiento regional y la burguesía en el Ecuador, Segundo Encuentro de Historia y Realidad Económica del Ecuador, Cuenca, IDIS Banco Central, 1978 MONCAYO, Pedro, El Ecuador de 1825 a 1875, sus hombres, sus instituciones y sus leyes, Quito, Imp. Nacional, 1906 MUÑOZ VERNAZA, Alberto, Orígenes de la Nacionalidad Ecuatoriana, Quito, Corporación Editora Nacional, 1984 REYES, Oscar Efrén, Breve Historia del Ecuador, Tomos II y III, quito, Edit. Fray Jodoco Rickie, 1974 TOBAR DONOSO, Julio, Monografías históricas, Quito, Edit. Ecuatoriana, 1938
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    REPRESENTACION Gabriel García Moreno Representadocomo Don Quijote con cura en jolgorio, obra de Joaquín Pinto en alusión a la reforma religiosa emprendida por García Moreno. Museo Jacinto Jijón y Caamaño. De la "República Católica" hacia la Revolución Liberal (1860-1875) Sonia Fernández Rueda* La etapa Garciana (1860-1875) Introducción Una vez superada la crisis políticas de 1859, que puso al Ecuador en peligro de desaparecer como Estado independiente, se inicia en el país una nueva etapa de su historia se extiende hasta 1875, tras la muerte violenta de Gabriel García Moreno, la figura política más destacada de estos años. Esencialmente personalista y controversial, la numerosa producción historiográfica tradicional que existe sobre la llamada "etapa garciana" nos ha ofrecido una explicación parcial de sus significados. Entendida la historia como la suma de la acciones de los protagonistas individuales, se ha eludido la comprensión de las condiciones económicas, sociales, políticas y culturales que orientan y dan soporte a la acción de estos protagonistas. No es de extrañarse por lo tanto que el centro fundamental del debate histórico haya constituido la propia existencia de Gabriel García Moreno sobre la que se han vertido múltiples opiniones contradictorias que han aportado sólo muy parcialmente a su conocimiento o al de su época. En los últimos años, sin embargo, una nueva generación de historiadores ha buscado incursionar en los múltiples aspectos de su realidad, estudiados ya no de manera aislada, sino como elementos fundamentales
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    de un todointegrado. Dentro de este nuevo enfoque, la reflexión sobre lo político, entre otros aspectos, ocupa un lugar primordial, con la intención de dar respuestas a problemas esenciales vinculados, principalmente, a la comprensión del carácter y funcionamiento del Estado y a su influencia en el proceso de integración nacional ecuatoriana. Panorama histórico del "Garcianismo" Una vez derrotadas las fuerzas de la dictadura de Guillermo Franco, el 24 de septiembre de 1860 se convocó a una Asamblea Constituyente a reunirse el 10 de enero de 1861. La Asamblea encargada en la promulgación de una nueva Constitución y de la elección presidencial, designó a García Moreno para el gobierno interino del país y, antes de finalizar sus labores, lo eligió presidente constitucional. Algunos sectores dominantes jugaron un papel fundamental en su instalación en el poder. Sus matrimonios con Rosa de Azcásubi y, a la muerte de ésta, con su sobrina Mariana de Alcázar le permitieron incorporarse a la aristocracia quiteña, al mismo tiempo que conservaba sus vínculos con Guayaquil. Una alianza con la aristocracia quiteña y las élites guayaquileñas lo llevó al gobierno y convertirse, en las condiciones de descomposición política y social planteada por la crisis de 1859, en el agente y protagonista de la unificación del Estado ecuatoriano. El primer período garciano (1861-1865) transcurrió en un ambiente de constante agitación política, provocado principalmente por la revuelta popular urvinista que se mantuvo latente hasta 1865, año en el que los Generales Urvina y Robles (levantados en armas en el Puerto de Guayaquil, y ya electo Jerónimo Carrión presidente) fueron derrotados en la famosa batalla naval de Jambelí. García Moreno y sus colaboradores vieron en la Constitución de 1861 (mal considerada garciana) la causa del estado de convulsión y anarquía que reinaba en el país. Inspirada de convulsión y anarquía que reinaba en el país. Inspirada en los mismos principios semifederalistas de la de 1852, sancionó un sistema político descentralizado, garantizado a los poderes seccionales y provinciales una amplia autonomía administrativa con respecto al poder central, (Maiguashca: 1933:5) pero limitando sus atribuciones y sujetándose al control de un Consejo de Estado, creado con ese fin. Argumentado el principio de la "insuficiencia de las leyes", García Moreno infringió sistemáticamente la Carta Fundamental, y en nombre del a religión, la moral y el orden implementó una política represiva y autoritaria. Ampliamente conocidos son los casos del fusilamiento del General Maldonado, la flagelación del general Ayarza y la tortura a la que sometió la liberal Dr. Juan Borja. Al mismo tiempo, sin embargo, García Moreno desplegó una enorme actividad organizativa poniendo en marcha un ambicioso programa de reformas administrativas y económicas, que se cristalizó, definitivamente, en su segunda administración, con un éxito sin procedentes en la historia del país. No fue igualmente exitosa la conducción de su política exterior. Objeto de una enorme crítica de sus contemporáneos, García Moreno declaró dos veces la guerra a Colombia con las consiguientes derrotadas para el país. Y fue calificada de antiamericana su posición con respecto al conflicto peruano hispano de 1864 y a la invasión napoleónica a México, en ese
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    mismo año. Unagran controversia desató, igualmente, su conocida solicitud del protectorado francés, así como su condena al proceso de unificación italiana en defensa del poder temporal del Papa, en 1870. Cumplidos sus cuatro años de gobierno, Jerónimo Carrión, con su apoyo y el de sus partidarios, fue electo presidente en 1865. Carrión duró menos de dos años en el poder. Abandonado por García Moreno, que esperó encontrar en él un sucesor, con una oposición antigarciana fortalecida y tras un conflicto con el Congreso, fue obligado a dimitir en noviembre de 1867. Mediante nuevas elecciones, Javier Espinosa lo reemplazó en la presidencia. Como Carrión, Espinosa tampoco terminaría su periodo presidencial. En el contexto de una nueva crisis política en 1869 (aunque no de las dimensiones de la de 1859), García Moreno destituyó a Espinosa; se proclamo Jefe Supremo de la República y convocó a una Asamblea Constituyente, la octava en lo que va de siglo, que se reunió en Quito en mayo de ese año. Los asambleístas, en la mayoría correligionarios de García Moreno, lo eligieron Presidentes Constitucional e, inspirados en su pensamiento político, redactaron una nueva Constitución (1869). A diferencia de la de 1861, esta Constitución o "Carta Negra", como fue llamada por sus oponentes, fue unitarias y centralistas: sometió a la provincia y a los municipios a la autoridad del poder central e hizo de la primera "la unidad fundamental de la división territorial del país" (Maiguashca: 1993:6). Pero a más de estas disposiciones, que ya daban un enorme poder al presidente, reimplantó la pena de muerte por delitos políticos, amplió a seis años el período presidencial, contempló la reelección inmediata e impuso la religión católica como condición para ser ciudadano ecuatoriano. Armado de este instrumento jurídico, fue capaz de controlar (durante su segunda administración) cualquier intento de movilización política y de llevar a cabo una serie de reformas, opuestas, en algunos casos, inclusive a los intereses de los sectores que llevaron a la presidencial, contempló la reelección e inmediata e impuso la religión católica como condición para ser ciudadano ecuatoriano. Armado de este instrumento jurídico, fue capaz de controlar (durante su segunda administración) cualquier intento de movilización política y de llevar a cabo una serie de reformas, opuestas, en algunos casos, inclusive a los intereses de los sectores que le llevaron a la presidencia. * Presidenta e Investigadora del Taller de Estudios Históricos
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    SABIOS Jesuitas Alemanes Contratados porGarcía Moreno para trabajar en la Escuela Politécnica. Fotografía tomada de Salvat Editores Ecuatoriana, Historia del Ecuador Vol. 6. El proyecto del estado nacional Heredero de una marcada regionalización, existente desde finales de la época colonial y agudizada en la Gran Colombia, el Ecuador nació a la vida independiente profundamente fragmentado, fragmentación que lejos de disminuir durante las tres primeras décadas republicanas se profundizó aún más a consecuencia del desarrollo de las diferencias regionales entre Quito (sierra-centro norte), Guayaquil (costa) y Cuenca (sierra-sur). En tales circunstancias, y tras la crisis de 1859, el régimen garciano se enfrentó al reto de la integración nacional. Aunque ésta no era la primera vez que se hacía un esfuerzo en tal sentido, García Moreno puso en marcha un peculiar proyecto político organizado sobre la base de los principios, visiones y formularios religiosas que, en un país tradicionalmente católico como éste, él considero el recurso más eficaz a través del cual unificar nacionalmente a la población ecuatoriana. Indudablemente, el proyecto garciano no fue producto exclusivo de la decisión personal del Presidente. Por el contrario, fue el resultado de las particulares condiciones históricas que el país atravesaba en ese momento, condiciones que demandaron la puesta en marcha de un proceso de modernización y centralización estatal, cuya materialización y centralización estatal, cuya materialización dependió, entre otros, de las alianzas y acuerdo entre las élites regionales, tradicionalmente en pugna, por el control del poder (Ayala: 1990:77). En tales circunstancias, la doble procedencia regional de García Moreno - natural y adquirida le convirtió en el hombre apropiado para establecer ese necesario puente político entre los generalmente contradictorios intereses de las élites de la sierra y de la costa, en un momento histórico en el que la costa miraba más sus intereses vinculados al mercado internacional. El sector económico
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    Durante esta etapa,la economía ecuatoriana vivió un importante despegue, relacionado con el auge de las exportaciones cacaoteras, consecuencia de la demanda internacional de ese producto, en particular para el mercado europeo y norteamericano que se hallaba en pleno proceso de crecimiento. El aumento de las exportaciones de cacao, que en 1866 "superó la cifra de cinco millones de dólares" (Acosta: 1998:39), trajo consigo algunos efectos significativos, de diversa naturaleza: la incorporación definitiva del Ecuador al mercado internacional, y al mismo tiempo la gestación de un modelo de economía agroexportadora, modelo que, como veremos más tarde, se consolidó en la siguiente etapa (1875-1865); la configuración al interior de la élite costeña "de una nueva clase, la burguesía comercial y bancaria" (Ayala: 1990:81), pequeño grupo de personas vinculadas a las actividades agroexportadoras, y también al inicio de una importante migración campesina de la sierra a la costa, propiciada por los grandes propietarios de las plantaciones cacaoteras, que gracias a ello pudieron obtener mano de obra barata, uno de entre otros factores que permitió estimular la demanda cacaotera. Sin duda el Ecuador se debatía bajo un régimen de contradictorias condiciones: al interior del propio aparato productivo, la modernidad (en parte producto de la inserción de la economía al mercado internacional y de sus presiones) y el arcaísmo convivían. Y es que tanto en las grandes plantaciones cacaoteras y de otros productos primarios (tagua, café o caucho), los campesinos, enrolados a esas actividades productivas, subsistían bajo relaciones precapitalistas de producción. Cosa parecida, bajo formas específicas, ocurría en las haciendas serranas. La "República Católica" Pero si el sector económico, peses a sus contradicciones, mostraba visos de modernidad, las instituciones políticas, la infraestructura nacional, la galopante regionalización y fragmentación no se compadecían con las nuevas condiciones económicas, que luchaban por radicarse en el país. Había entonces que replantear el sistema en su conjunto o, como lo señala Ayala, "racionalizar la estructura, articular las desparramadas regiones en cierto marco de unidad" (1990:77). Visionario y consciente de la situación nacional, García Moreno se propuso emprender la gran tarea de las transformaciones que las condiciones del país exigían. Así pues, sobre las bases de una ideología retardataria, emprendió la gran obra de la modernidad requerida. ¿Por qué lo hizo de ese manera? ¿Qué lo llevó a aplicar un plan de gobierno siu generis que terminó, como lo establecen los más actuales y brillantes estudios sobre esta etapa, beneficiando a la burguesía de los grandes propietarios, de la banca y el comercio? "Hombre de su tiempo, y no solamente une enajenado en el siglo XIX, demasiado avanzado para él" (Demélas y Saint Geurs: 1988:133), García Moreno estuvo fuertemente influido del pensamiento europeo más obstinadamente contestario al pensamiento francés de la revolución: la tradición española, que defendía el principio de que el poder soberano del pueblo venía de Dios; la escuela antiiluminista, que sostenía que el voto es un acto religioso; el pensamiento contrarevolucionario francés, que propugnaba la indisoluble relación entre "sociedad civil" y "sociedad religiosa"; el misticismo religiosa del siglo XIX, que popularizó, a las más clásica costumbre medieval, ciertas devociones religiosas, fueron ideas que guiaron sus acciones. En contraposición, García Moreno fue un crítico
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    mordaz del pensamientomás avanzado de su época: el positivismo, el racionalismo y el socialismo (Demélas y Saint Geours:1988:136-146). Bajo la égida de esos principios, García Moreno no estableció la República Católica, es decir un sistema de gobierno democrático en el que las enseñanzas religiosas debían constituir la ley fundamental del sistema (Maiguashca:1993:20). Instituciones civiles, al amparo de la religión católica, no fue el resultado de un simple capricho, tal principio estuvo encaminado a legitimar un sistema político justamente sobre las bases de esas ideas, principio que García Moreno defendió como el referente fundamental de sustentación del sistema. Así, y en oposición de los defensores del republicanismo como vehículo de cohesión nacional, García Moreno estaba convencido de que los fundamentos religiosas eran el medio más eficaz para lograr la unidad nacional, tesis a la que la Iglesia adhirió y que mantuvo como una de sus banderas de lucha en contra del liberalismo de entonces y de los años posteriores. García Moreno fue al mismo tiempo un acerbo partidario de las ideas de progreso material, orden y desarrollo, formulaciones que en plano filosófico sostenían aquellas doctrinas que él precisamente repudiaba (Demélas y Saint-Geours:1988:145). Pese a la aparente contradicción de estos principios con sus ideas religiosas, se ha encontrado que en realidad la conjugación de ambas formulaciones se sustentaban en un "ideal de modernidad católica", es decir en un catolicismo que participaba del desarrollo individual y colectivo de los pueblos, del que él estaba profundamente influido (Maiguashca:1994:338). Sobre tales fundamentos erigió su programa político, cuya puesta en marcha enfrentó no pocos contratiempos y no poca oposición. De la "República Católica" hacia la Revolución Liberal OBSERVATORIO Astronómico Construído por García Moreno Foto: Taller Visual Estado unitario y centralizado Ahora bien, consciente él mismo de las diferencias y divisiones imperantes en el país (que las comparaba con una especie de caos infernal), y también de su enorme pobreza, que consideraba el principio de todo desorden (Demélas y Saint_Geeurs:1988:151), García Moreno defendió, ya como
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    fórmula la solución,un Estado unitario y centralizado, que con un Ejecutivo fuerte tuviera gran capacidad de control político administrativo sobre todo el territorio nacional. Ya en el orden de sus praxis política, él y sus partidarios, como se mencionó, lograron que el Congreso aprobará una Constitución (la de 1869) que fue hecha a su medida y que, entre otras cosas, no sólo reglamentó la sujeción de la provincia al Estado, sino que suprimió los municipios provinciales y parroquiales y le dio al Ejecutivo la capacidad "de elegir libremente a los gobernadores" (Maiguashca:1994:369). De esta manera, procuró debilitar la autonomía del municipio que, en tanto expresión de los poderes locales, actuaba como fuerza política desintegradora. Su propósito era posibilitar el fortalecimiento de la Administración Central. Reforma educativa Además emprendió un plan de profunda reforma educativa, tema que ha merecido mucha atención, y que ha sido exaltado por sus partidarios. Y es que el garcianismo se empeñó particularmente en transformar y mejorar el sistema educativo ecuatoriano, que para entonces ciertamente presentaba serios vacíos y carencias. En este sentido, se preocupó de importar al Ecuador modelos pedagógicos desarrollados en Europa, por algunas órdenes religiosas como la de los jesuitas, los Hermanos Cristianos y la de los Sagrados Corazones, algunos de cuyos miembros, de entre los más selectos, fueron traídos al país, con la misión de dirigir escuelas, colegios y universidades. Se sabe que como producto de su gestión la educación creció significativamente, no sólo en términos cuantitativos, sino principalmente cualitativos. Fue una etapa en la que a la luz de un modelo de enseñanza confesional el número de estudiantes se triplicó; el número de escuelas y colegios aumentó considerablemente; se fundó la Escuela Politécnica Nacional, que se convirtió en el más importante centro de educación superior latinoamericano de le época; se puso empeño en el reordenamiento curricular; se incrementó el presupuesto educativo; se reformó la ley de instrucción pública e inclusive, en una sociedad excluyente como la de entonces, se creó (casi podríamos decir extraordinariamente) un "Colegio Normal" para la formación de profesores indígenas, que, por cierto, inauguró el normalismo en el Ecuador sistema de formación pedagógica que se consolidó sólo en la etapa liberal, y que constituyó una del as gestiones educativas más destacada de aquel régimen. Poro a más de lo señalado, se preocupó de establecer instituciones técnicas y de enseñanza alternativa como la Escuela de Artes y Oficios, el Conservatorio de Música y la Escuela de Pintura y Escultura. Educación al servicio de la integración política y del control social, su intenso accionar pedagógico traía consigo los principios católicos modernizantes propugnados por el régimen, es decir, por un lado, una educación ideologizante que intentaba imponer a sus educandos una visión del mundo basada en los más caros principios religiosos (por ley la educación fue declarada obligatoriamente confesional) y, por otro lado, una educación modernizante, es decir técnica, científica y de alguna manera socialmente inclusora. El normalismo para los indígenas y su plan de alfabetización masivo son claras evidencias de ello. En este sentido los indios nacionalmente excluidos, pasan por el programa garciano como "raza oprimida" a la cual hay que integrar por la vía de la educación, pero de la educación religiosa (Demélas e Ives Saint-Geours). Reformas religiosa
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    ¿Pero qué empeños,qué intereses, qué ideas políticas se encuentran entremezcladas en tan encomiable y gigantesco programa de realizaciones educativas?. En realidad, éste no fue el resultado de arbitrarias decisiones. En su realización están involucrados los principios políticos más característicos del régimen y que han servido a los historiadores para caracterizar la etapa. Este modelo político necesitaba de poderosos aliados. En este sentido, García Moreno intentó hacer de la Iglesia su más ferviente partidaria. Sin embargo, a pesar de lo que la historiografía tradicional ha venido sosteniendo, no todos los sectores eclesiásticos se mostraron, especialmente al inicio de su gestión, incondicionales partidarios de su proyecto. Algunos miraron con malos ojos no sólo el afán del Presidente por moralizar el clero disoluto, a través de la implementación de una serie de medidas conducentes a su reforma, sino también su interés por neutralizar su participación política, alejándose de su intervención en los asuntos del Estado, y devolviéndose a sus exclusivos asuntos espirituales (Ibid:1988:164). Obstinado moralista y siempre obsesionado defensor de la idea de orden, García Moreno se encargó de gestionar frente al Vaticano un nuevo instrumento legal, el Concordato firmado el 26 de septiembre de 1862, que, en reemplazó de la ley del patronato, instrumentalizó otra forma de relación entre el poder civil y el poder religioso. De esta manera, García Moreno buscaba establecer una armónica relación entre ambos poderes, y de darle a cada cual lo que humana y espiritualmente le correspondía. A pesar de ello, y aunque la Iglesia recibió amplias prerrogativas en la esfera ideológica (de tal manera que "ni una cátedra, ni una publicación, ni una expresión pública del pensamiento quedaron al margen de la ingerencia clerical" (Ayala: 1990:226) el Estado no perdió muchas de las atribuciones eclesiásticas que tradicionalmente detentó, entre otras, por ejemplo, el derecho a sugerir la creación de nuevas diócesis, o a cobrar impuestos a las personas o bienes eclesiásticos (Demélas e Ives Saint- Geours:1988:165). Así, esta nueva fórmula de acuerdo con el Estado no le dio a la Iglesia la autonomía esperada; por el contrario, la mantuvo todavía sujeta a disposiciones que emanaban del poder civil. De esta manera, la política centralizadora de García Moreno hizo otra vez su acto de presencia y la oposición eclesiástica siguió con ella y se incrementó cuando García Moreno dispuso que el clero extranjero importado se encargue de la moralización popular y de la reforma del clero nacional, especialmente del clero de las órdenes religiosas. Y es que si los principios religiosos eran el eje alrededor del cual estructuraba fundamentalmente el modelo propuesto, la reforma de la Iglesia constituía un imperativo impostergable para el garcianismo. En coherencia con sus ideas religiosas y en orden a legitimarlas simbólicamente en el ámbito nacional, apoyó la "Consagración de la República al Corazón de Jesús", que constituyó un espacio de pacto simbólico nacional con las políticas vaticanas. Reformas administrativa Pero si en la esfera ideológica el Estado emprendió tales cambios; con los fines unitaristas y centralistas señalados, en el plano material y administrativo el modelo no se salió del guión ya trazado.
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    Nuevamente, en estaámbito las realizaciones fueron extraordinarias. La administración pública es un ejemplo notable en esta sentido, ya que fue objeto de diversos y profundos cambios, a través de los cuales, en realidad, lo que intentaba era establecer un ejecutivo fuerte, que para García Moreno era, asimismo, condición sine qua non para encaminar al país por el tan ansiado sendero del orden y del progreso. Con este mismo propósito le imprimió a su política de un marcado carácter autoritario, autoritarismo que por cierto no se compadeció con el ideal de República católica que pretendía forjar, pero que por otro lado coadyuvó a consolidar el tan reclamado gobierno central. La reforma militar, mereció, por ejemplo, especial atención de su parte. Hasta entonces incipiente institución, sometida a las veleidades de los intereses regionales, el garcianismo inició su reestructuración por medio de la aplicación de dos importantes medidas: la despolitización de sus miembros y su capacitación e instrucción militar técnica y profesional. De esta manera, García Moreno pretendía asegurar una milicia que cumpliera una doble función: por un lado, que fuera instrumento para garantizar el orden interno del país y, por otro, que defendiera la soberanía territorial frente a cualquier amenaza externa (Ayala:1990:225). EDIFICIO Del Banco del Ecuador En Guayaquil, fundado por García Moreno en 1862. Fotografía tomada de Salvat Editores Ecuatoriana, Historia del Ecuador Vol. 6. La obra pública Su vasto programa de realizaciones materiales también comprendió la ejecución de una diversidad de obras públicas entre las que se ha resaltado la construcción de la carretera nacional (que el Congreso de 1875 la denominó en su honor "García Moreno") vía de comunicación que unió la sierra con la costa, a Quito con Guayaquil. Desde el punto de vista del análisis histórico, la ejecución de esta obra contiene diversos aspectos de interés. Por un lado, su construcción obedeció al afán manifiesto de vincular las divididas regiones ecuatorianas, separadas geográficamente por la Cordillera de los Andes, esa gran barrera natural que impedía la libre comunicación entre la costa y la sierra. En realidad, de esta manera se estaba posibilitando articular los intereses costeños y serranos a través de un medio de comunicación interno y externo, cada vez más pujante. Por
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    otro lado, desdeel punto de vista de su proceso constructivo, obra de semejante envergadura requirió no sólo ingente inversión económica, sino también de una gran cantidad de mano de obra, que el gobierno obtuvo a través de la llamada "contribución del trabajo subsidiario", es decir, mano de obra casi siempre indígena que al servicio de los particulares, generalmente hacendados de las provincias por donde atravesaba la carretera, era obligada a laborar en su construcción. Tal medida trajo consigo no pocos problemas entre el gobierno y los terratenientes, que vieron afectados sus intereses económicos y también políticos porque, de esta manera, no sólo que los indígenas sujetos a su control ideológico se empezaron a liberar de sus tuteles, cuando fueron desplazados de su tradicional espacio laboral, sino que los terratenientes se resistieron a la penetración estatal e sus ámbitos de poder local. Así, de medidas como ésta empezó a surgir la oposición de las élites conservadoras serranas, es decir del sector que se encargó precisamente de colocar a García Moreno en el poder. Reforma fiscal y monetaria El programa del régimen incluyó por otra parte un plan de reformas fiscales y monetarias. Entre oras medidas se tomaron las siguientes: la abolición del tributo indígena, la imposición de un impuesto a los bienes raíces y una reorganización aduanera, que aseguró el cobro adecuado de impuestos por es rubro. Este hecho, sumado al crecimiento de las exportaciones cacaoteras le permitió obtener al Estado un ingreso significativo de fondos sin precedentes anteriores. Este programa de reformas incluyó, por otro lado, una apropiada conducción técnica de las finanzas públicas y en consecuencia una racionalización del manejo de sus fondos. Sin embargo, otra vez algunas de estas medidas no satisficieron a los intereses serranos. Y es que el presidente prefirió optar por las disposiciones librecambistas que beneficiaban al desarrollo del comercio exterior, en donde el Estado obtenía sus mayores recursos, a las medidas proteccionistas que reclamaban los hacendados e industriales, a fin de que reclamaban los hacendados e industrias, a fin de que desde el ámbito estatal se protegiera la producción nacional de productos importados. El modelo garciano, entonces, otra vez apostaba por los intereses costeños que vinculados al gran auge del a explotación cacaotera atravesaba por su mejor momento. Ahora bien, en el aspecto económico el gobierno también experimentó la necesidad de impulsar la creación de sus sistema bancario acorde con la vinculación del país al mercado internacional y al creciente ingreso de capitales. En tal virtud, García Moreno gestionó el establecimiento de Banco del Ecuador (1862), instituto emisor, al que el Estado terminó por vincularse estrechamente en razón de los empréstitos bancarios concedidos. También optó suspender el pago de la deuda inglesa. La política económica garciana, en virtud de las características que asumió, ha sido calificada de "económica capitalista católica", de fuerte inspiración jesuita. Estatalmente intervencionista, nacionalistas y librecambista, promocionó la vinculación económica interna y externa y se planteó la necesidad de incorporar a los sectores desposeídos de población al mercado laboral. Oposición y fin del Garcianismo
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    En 1975, cuandoel segundo mandato presidencial de García Moreno llegaba a su fin, sin duda alguna, su proyecto político estaba consolidado. Para entonces todo hacía pensar que el país entero se movía bajo el peso del enorme control que venía ejerciendo bajo el amparo legal que el daba la "Carta Negra" y bajo el cobijo ideológico que le daba la Iglesia. De tal manera que cuando eses mismo año se convocó a elecciones, fue nuevamente reelegido presidente, sin ninguna oposición. No obstante, una tensión política en aumento estaba tomando cuerpo, no sólo entre los grupos que siempre se le opusieron, sino ente algunos de los que siempre lo apoyaron. De hecho, el garcianismo enfrentó desde el inicio una oposición popular liderada por José María Urvina que, a lo largo de la gestión presidencial, fue constante y duramente reprimida. En este caso, según Enrique Ayala, las oligarquías serrana y costeña cerraron filas con García Moreno en contra del movimiento popular que amenazaba su dominio. Sin embargo, pese a ese acuerdo inicia, paulatinamente ciertos grupos pertenecientes principalmente a la élite cuencana (en defensa de sus intereses y en oposición del autoritarismo gubernamental, que le había dado a la Iglesia demasiadas prerrogativas) y liberales lideradas por Pedro Carbo, en Guayaquil, y, en la sierra, por el intelectual Juan Montalvo, se convirtieron en sus más enérgicos opositores. En el marco de esta creciente oposición fue tomando cuerpo un complot (que no fue el primero) para acabar con su vida. García Moreno fue asesinado el 6 de agosto de 1875 por un grupo de jóvenes (Faustino Rayo, Roberto Andrade, Abelardo Moncayo y Manuel Cornejo) que le esperaban al final de la escalera de entrada al palacio de gobierno. Sus partidarios responsabilizaron al liberalismo masónico del crimen, quedaron algunas dudas que no pudieron ser resueltas, de tal manera que hasta ahora no se ha podido determinar quién o quiénes fueron los autores intelectuales del crimen La subida al martirio "Expuesto sobre un estrado, con uniforme de general, coloreadas las mejillas y la frente, el cuerpo putrefacto del Presidente presentaba un horrible espectáculo". Así describe la exequias (de García Moreno) el Cónsul General de Francia. Otros elementos nos ayudan a imaginar las circunstancias extraordinarias del homicidio y las ceremonias fúnebres: la camisa ensangrentada, piadosamente conservada en el Museo de Cotocollao, con otros recursos del mismo género: una vieja foto sepia en la cual se ve el cadáver embalsamado, vestido de etiqueta con la gran banda (sobre la cual, como exorcismo, se entiende la divida: "Mi poder en la Constitución", sentado en su sillón presidencial y rodeado de cinco ganaderos napoleónicos portando el mandil zapador; el macabro relato de los funerales: guantes blancos, sombrero de pluma, condecoración papal en el pecho, está sentado ahí frente al público, ante el altar, en la Catedral. Es él quien preside: ¿A qué tradición se vincula esta increíble presencia física del difunto, como si a través de la muerte encarna aún el poder? Recordemos que en Francia, hasta Enrique II, un maniquí simboliza la continuidad de la monarquía en el interregno. El 9 de agosto de 1875, tres días después del drama, el Gobierno, el Congreso, los Cuerpos Constituidos están ahí para la Misa oficiada por el Obispo de Riobamba, Ignacio Ordóñez, el hombre del Concordato. El arzobispo de Quito, monseñor Checa y Barba está ausente: envenenado en
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    1877 con elvino de Misa, un Viernes Santo, fue el último en ser honrado del mismo modo que García, embalsamado, revestido de sus atributos episcopales sobre la cabeza y la cruz en la mano. Pero una vez terminada la ceremonia, el misterio se apodera del gran hombre. Salida la multitud, algunos fieles ocultan el cadáver; extraña preocupación que dice mucho de los temores de sus partidarios frente al sentimiento popular. Y García desaparece definitivamente hasta el día de abril de 1975 (para el centenario) en el que vuelto a encontrar e identificado en el convento de Santa Catalina (las religiosas detrás de los muros de ese convento fortaleza habían sabido guardar el secreto durante un siglo). Con gran pompa, los restos fueron depositados en la Catedral, al lado de Sucre y Flores, y la ceremonia dio lugar a una gran concentración "conservadora" en las calles de la capital. Tomado de Marie-Danieaelle Démelas e Ives Saint-Geours, Jerusalén y Babilonia, Religión y Política en el Ecuador 1780-1880, Corporación Editora Nacional, Instituto Francés de Estudios Andinos, Quito, 1988, pp. 191-19 RESTAURADORES Conservadores Que se opusieron al Régimen Dictatorial de Ignacio de Veintimilla. Foto: Taller Visual La transición al estado liberal: Veintimilla y los gobierno progresistas (1875-1895) Panorama histórico Veintimilla en el poder Luego de la muerte de García Moreno, se inicia en el país una nueva etapa de sus historia conocida tradicionalmente como la "etapa progresista", porque durante gran parte de la misma gobernó el progresismo, movimiento político de tendencia centrista conservadora, que en su momento se opuso al sistema de control rígido del garcianismo, y que colocó inmediatamente en el poder a Antonio Borrero (1875-1876), rico propietario cuencano, partidario de García Moreno, durante los primeros años de su administración. Borrero, luego del breve interinazgo de Manuel de Ascázubi, Ministro de Interior del gobierno garciano, fue elegido democráticamente presidente por una amplia mayoría que esperaba introdujera las reformas legales a la Constitución del régimen anterior. Legalista en extremo y poco político, se negó a reformar el aparato jurídico heredado de García Moreno y en consecuencia fue destituido por un golpe de Estado, liderado por el General Ignacio de Veintimilla, que se proclamó dictador (1876) con el auspicio de los liberales guayaquileños, entro otros Pedro Carbo y José María Urvina.
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    Al poco tiempoy en orden a legitimar su poder, Veintimilla convocó a una Asamblea Constituyente que reunida en Ambato le nombró Presidente (marzo de 1878) y redactó una nueva Constitución, la novena del país. Dos momentos claramente diferenciados caracterizaron el gobierno de Veintimilla. Durante el primero, el régimen que se proclamó partidario de las ideas liberales enfrentó una abierta oposición conservadora liderada por la Iglesia Católica, opuesta a hacer concesiones que comprometieran la continuidad de su dominio ideológico. El máximo enfrentamiento con la Iglesia ocurrió cuando fue envenenado al Arzobispo de Quito José Ignacio Checa y Barba, hecho que aprovecharon sus opositores para levantar testimonios en su contra y acusarle del crimen. En cambio, durante el segundo cuando su gobierno empezó a apartarse del contenido ideológico liberal debió enfrentar la abierta oposición no sólo de los sectores conservadores sino de los liberales, que se sintieron traicionados por las ideas personalistas y dictatoriales que el régimen asumió, contra toda previsión de éstos, sus iniciales aliados. Así, cuando en 1882 Veintimilla desconoció el orden constitucional proclamándose jefe supremo, ambos sectores coallegados terminaron por destituirlo, tras una cuenca guerra civil, conocida como la "Campaña de la Restauración", el 9 de julio de 1883. Entre otras cosas, el crecimiento económico de país, sin precedentes en el siglo XIX, le permitió, pese a la oposición, sostenerse por tanto tiempo en el poder, ya que a través de un gasto público dispendioso, encontró, entre algunos sectores, especialmente el militar, el respaldo político que necesitaba. La represión desatada en contra de sus enemigos políticos también jugó un papel importante en el mismo sentido. Los gobiernos "Progresistas" Sin embargo, en el marco de la definitiva inserción del Ecuador a la economía mundial, la función del Estado debía estar encaminada a favorecer la continuidad del proceso de modernización iniciado ya por el régimen de García Moreno. Por lo tanto, otra vez aliadas coyunturalmente las élites, depusieron a Veintimilla y colocaron en el poder a José María Plácido Caamaño, guayaquileño, vinculado a los intereses de los grandes cacaoteros y comerciantes del puerto. Caamaño fue elegido por una Asamblea Constituyente, que se encargó de redactar otra Constitución, que introdujo ahora sí importantes reformas legales de sello democrático, en abierta oposición a la opresora Constitución garciana. La elección de Caamaño fue el resultado de la estrecha alianza entre conservadores y liberales moderados quienes, distanciados, respectivamente, de los conservadores a ultranza y de los liberales radicales, se organizaron bajo un programa ideológico basado en la tolerancia religiosa, el republicanismo y las garantías constitucionales. Con la elección de Caamaño (1883) y posteriormente con la de Antonio Flores (1888) y la de Luis Cordero (1892) se selló el predominio ideológico del progresismo, tendencia, opuesta al liberalismo radical, en el sentido de que rechazó la separación de la Iglesia con el Estado, que aquel defendía. Durante el gobierno de Caamaño, y pese a su filiación doctrinal, se desató una dura represión en contra de los liberales radicales, quienes, dirigidos por Alfaro, organizaron un movimiento insurreccional de carácter montanero, que actuó principalmente en el litoral (Manabí, Guayas y
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    Esmeraldas). La llamada"Revolución de los Chapulos", cuyos protagonistas fueron en su mayoría campesinos y artesanos, no fue fácilmente sofocada; la contrario, duró los cuatro años de la gestión presidencial y le significó al gobierno el desembolso de ingentes sumas de dinero por concepto de gastos militares, que consiguió por la vía del endeudamiento público con la banca privada, principalmente de Guayaquil. Población del Ecuador en las últimas décadas del siglo XIX Un millón de habitantes Un millón de personas habitaron el Ecuador hacia 1890. A pesar de que un 75% de esa población aún estaba concentrada en la Sierra, la población de la Costa, que había representado menos del 7% del total un siglo antes, venían en continuo crecimiento, Guayas era la sexta provincia entre la más pobladas y Guayaquil tenía ya casi la misma población que Quito (55.000) y se convertiría antes de fines del siglo en la ciudad más grande del Ecuador (60.000 habitantes). Según un dato sobre el Ecuador de 1890 publicado en la época por la oficina de las Repúblicas Americanas (antecesora de la OEA), sólo 100.000 personas sabían leer y escribir, mientras que un viajero extranjero ensayaban una clasificación racial de la población en los siguientes términos: 100.000 personas de raza blanca, 300.000 mestizos ("mezcla de las razas blancas, india y negra") y 600.000 indígenas puros. Esta clasificación tradicional de la población ecuatoriana combinada con los datos del período, nos permiten visualizar particularmente la situación de "servidumbre y rebajamiento" en que, como dice el mismo viajero, vivía el indio, atado a la hacienda por la ley inexorable del concertaje. "El indio es vejado y flagelado como lo eran los siervos de la gleba rusos, y hoy en día puede verse, colgando de las entradas de las tiendas de la "cristiana" Quito, manojos de látigos que se venden por diferentes precios, de acuerdo al tamaño que lo piden las niñas, las mujeres, los niños a los hombres", dice el mismo observador, George E. Church. El pequeño grupo blanco concentra la propiedad y el poder político. Al menos un 75% de la tierra con títulos legales o consuetudinario estaba concentrado en manos de los grandes propietarios, entre ellos la Iglesia (). Tomado de: Gonzalo Ortiz Crespo, "Población y Producción en las últimas décadas del siglo XIX", en Enrique Ayala Mora, Ed., Nueva Historia del Ecuador, Vol. 7, Corporación Editora Nacional / Grijalbo, Quito, 1990. Pp. 271.
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    RETRATO De José María PlácidoCaamaño Primer Presidente de la República de la Etapa "Progresista" Foto: Taller Visual En todo caso, con los progresistas en el poder, el Estado retornó la política de modernización material paralizada durante el gobierno de Veintimilla. Así, Caamaño se empeñó en impulsar de educación, en desarrollar las comunicaciones por medio de la instalación de las líneas de telégrafo entre Guayaquil y Quito, y también en reorganizar la administración pública y el sistema fiscal nacional. Pero sin duda alguna, el máximo exponente de esta nueva tendencia fue Antonio Flores, quien sucedió en el poder democráticamente a Caamaño en 1888. El promovió un programa estatal de reformas liberales, que inclusive contó con el apoyo de los sectores más radicales de liberalismo. Flores estructuró su propuesta alrededor de dos ejes de acción fundamental. En lo político ideológico: tolerancia religiosa y libertad de expresión y prensa, y en lo económico: promoción de la inversión extranjera y apoyo casi incondicional a la economía orientada a la agro-exportación. El arreglo de la deuda externa, que García Moreno rechazó abiertamente, en la que Flores en cambio se interesó afanosamente, y la supresión del diezmo ilustran su política económica. En orden a solucionar el problema de la deuda, Flores reinició las conversaciones con el Consejo Inglés de Tenedores de Bonos. Por este medio pretendía sanear el crédito público nacional, con el objeto de abrir al país la puerta a nuevos empréstitos que debían servir no sólo para estimular la producción interna, sino para financiar una estructura vial que acercara la producción agrícola de la costa con la sierra y viceversa. Los contratos fallidos con el empresario inglés Marcos Kelly, y luego con el conde Tadeo de Ocksza para la construcción del ferrocarril, que con empréstitos nacionales se habían ya iniciado durante el régimen garciano, dan cuenta de lo señalado. El gobierno de Flores logró que el Congreso ecuatoriano aprobará en 1891 un acuerdo con el Consejo de Tenedores de Bonos mediante el cual el Ecuador se comprometía a pagar la deuda, por medio del cobro de un nuevo impuesto del 10% a los derechos aduaneros.
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    Igualmente, en 1833,logró que la constituyente suprimiera el diezmo, gravamen mediante al agricultor, desde la época colonial, estaba obligado a pagar el 10% a la producción agrícola (dos tercera parte el Estado). Contra el diezmo venían oponiéndose tiempo atrás los indígenas campesinos, quienes estaban más expuestos a pérdidas agrícolas ocasionadas por diversos factores (ya que el pago del diezmo no consideraba deducciones por ningún motivo) y a sufrir los abusos que cometían en su contra los recolectores del impuesto. Sin embargo, tal como lo expone Gonzalo Ortiz, a las quejas de los pequeños productores, se fue sumando el malestar de los grandes propietarios costeños, quienes obligadamente debían entregar a la Iglesia y al Estado una parte de las producción cacaotera, que podía ver vendida en el mercado internacional, con los consiguientes beneficios a percibir. Pero si su eliminación beneficiaba a los grandes propietarios costeños, en cambio afectaba a los intereses de los terratenientes serranos e indudablemente a los de la Iglesia, que, desde el Congreso y otras instancias, organizaron una abierta oposición en contra de la supresión. Los terratenientes serranos preferían un gravamen sobre la producción agrícola, y no sobre sus grandes extensiones de tierra, muchas de ellas improductivas, sobre las que el Congreso de ese año impuso "un impuesto anual de tres centavos sobre cada mil pesos del valor de la propiedad" (Ortiz:1990Ñ260), impuesto diseñado para sustituir al diezmo. Una vez concluido al mandato presidencial de Flores, el desplazamiento de eje político volvió a favorecer a la tendencia centrista, ya que convocadas nuevas elecciones fue elegido Luis Cordero (1892), candidato oficial de dicha tendencia. Durante su gobierno, Cordero no obtuvo ni el apoyo de los conservadores ni el de los liberales, que se distanciaron del régimen, cuando éste, a diferencia de los que hiciera Flores, intentó limar las asperezas con la Iglesia y ganarse su respaldo. En el marco de tales enfrentamientos, un hecho conocido en la historia ecuatoriana como "la venta de la bandera nacional", le llevó a su destitución. Los resultados en esta ocasión favorecieron al liberalismo radical que, con el apoyo de los grandes propietarios guayaquileños, condujo al poder al General Eloy Alfaro. El progresismo y su modelo Las economías regionales y la agro exportación En esta etapa, la historia del Ecuador se desarrolla en un marco internacional de profundas transformaciones económicas, principalmente como resultado del aparecimiento y consolidación de grandes empresas capitalistas transaccionales, empresas que en la búsqueda de mano de obra y materia prima abundante y barata se caracterizan por invertir parte de sus capitales más allá de las fronteras nacionales. Son años durante los cuales las pequeñas empresas capitalistas, imposibilitadas de competir con las grandes, van siendo paulatinamente absorbidas por éstas, produciéndose como resultado una enorme concentración de capitales y en consecuencia el aparecimiento de monopolio capitalista.
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    Bajo estas condicioneseconómicas internacionales, la economía ecuatoriana durante estos años se incorporó definitivamente a la economía mundial debido al crecimiento masivo de las exportaciones cacaoteras que llevó a la consolidación del modelo de economía agroexportadora que favoreció a la oligarquía guayaquileña. Fueron años durante los cuales la exportación de este producto, creció significativamente. En 1890, el Ecuador exportó por este concepto 9'761.100 dólares, la cifra más alta alcanzada durante el siglo XIX (Acosta:1995:48), De la "República Católica" hacia la Revolución Liberal EL PRESIDENTE Luis Cordero Y su Gabinete Foto: Taller Visual Aunque el cacao influyó necesariamente sobre la vida económica ecuatoriana en general, el incremento de sus exportaciones condujo, no cabe duda, a una mayor especialización económica regional. Mientras en la costa la economía se orientó fundamentalmente a su producción y exportación, en la sierra (centro-norte y sierra-sur) la hacienda continuó siendo la forma productiva predominante. Ambas regiones presentaban rasgos económicos singulares, ya que la producción hacendataria del centro sirvió fundamentalmente para abastecer las necesidades del mercado interno, en cambio, el sur logró en algo articular su economía al mercado internacional, a través de la exportación de productos artesanales como los sombreros de paja toquilla y la tagua. Estas diferencias muestran que el país coexistían economías que generaron un desarrollo dispar al interior del mismo. Bajo estas circunstancias, las diferencias entre las élites regionales se polarizaron. Mientras la oligarquía costeña buscaba asegurar condiciones propias para su articulación con el mercado internacional, los terratenientes serranos intentaban mantener el predominio hegemónico de la hacienda e impulsar la incipiente rama artesanal que exigía que desde el Estado se establezcan políticas proteccionistas, al mismo tiempo que luchaban por mantener el control de la fuerza de trabajo, en un momento
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    en que grancantidad de campesinos serranos, huyendo de la sujeción a la hacienda, emigraban hacia el litoral a enrolarse como fuerza de trabajo en las plantaciones cacaoteras. En esta condiciones, el progresismo favoreció la adecuación de la estructura económica del país a las exigencias de la economía agroexportadora costeña, demandadas no sólo por los élites del litoral, vinculadas a esas actividad, sino por los grandes centros de comercio internacional. En este sentido, el capital inglés, que a lo largo del siglo XIX controló gran parte del comercio exterior ecuatoriano, jugó un papel fundamental. Y es que las empresas financieras inglesas, que se relacionaron con cosas comerciales de Guayaquil, convirtiéndose en agentes intermediarios a través de los cuales se revendía el cacao a los diferentes mercados europeos, obtenían el cacao a los diferentes mercados europeos, obtenían lucrativos beneficios por el concepto de la reventa del producto. El capital inglés estaba entones muy empeñado en que se crearan las condiciones nacionales apropiadas para el desarrollo de esta lucrativa actividad que no sólo reclamaba que los propietarios de las grandes haciendas cacaoteras aumentaron la oferta de productos, frente a la demanda internacional, sino que se creara una estructura vial, comercial y bancaria que facilitara dicho intercambio con el exterior. Así, frente a las nuevas condiciones económicas nacionales e internacionales, y presionado por el capital inglés, los gobiernos progresistas pusieron en marcha una política económica aperturista y librecambista, que se concretó durante el gobierno de Flores, en la supresión de diezmo, el arreglo de la deuda externa y los contratos del ferrocarril, medidas que no satisfacieron los intereses de los terratenientes serranos ni de la Iglesia, que se ubicaron en la oposición, en su afán por detener un proceso que bajo las condiciones nacionales e internacionales imperantes no podía dar marcha atrás. El progresismo: aspecto ideológico Ahora bien, si en el aspecto económica el Ecuador orientó fundamentalmente su economía al comercio internacional, en el aspecto político esta fue una fase de consolidación de tendencias ideológicas fundamentales, cuyos antecedentes están relacionados con el proyecto cuyos antecedentes están relacionados con el proyecto de la derecha, y en reacción a su aplicación, la definición ideológica de los sectores de oposición (Ayala:1978:151). En el marco de este proceso, en 1883, los conservadores se organizaron bajo la Sociedad Católica Republicana, y, en 1895, bajo el Partido Conservador Ecuatoriano. Por su parte, los liberales fundaron el Partido Liberal (1889) y los progresistas la Unión Republicana (1889). Entre los conservadores y los liberales radicales, grupos políticos inconciliables, estaban ubicados los progresistas, cuyo objetivo fundamental se planteó en términos de reducir la influencia política ideológica de la Iglesia, aunque, a diferencia de los liberales radicales, se oponían al principio de la total separación entre el poder civil y eclesiástico. En este sentido, la oposición a la supresión del diezmo no obedeció a exclusivas razones de orden económico; detrás de este medida la Iglesia y los conservadores vieron con preocupación que se les estaba quitando el control sobre instancias de poder como la salud y la beneficencia, sobre las que el diezmo les daba la posibilidad de actuar. Como vimos, fueron los progresistas los que llevaron sucesivamente al poder a Caamaño, Flores y Cordero, quienes se declararon manifiestamente miembros de esta agrupación política.
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    Una vez enel poder los progresistas intentaron distanciarse del unitarismo y del centralismo a ultranza promovido por el garcianismo. Fieles a su centrismo ideológico, optaron por una fórmula media, mediante la cual dieron al Ejecutivo amplias facultades sobre la provincia, aunque constitucionalmente limitaron la autoridad presidencial (Maiguashca:1994:365). En el caso de Flores, ese unitarismo intermedio le llevó en diversas ocasiones a amenizar al Congreso con su renuncia, sino se le permitía poner en práctica su programa económico modernizante. Durante la dictadura militar de Veintimilla las ideas unitarias prevalecieron, ya que pese a que desde el orden constitucional se intentó descentralizar las funciones del Estado, bajo las circunstancias políticas dictatoriales impuestos por el General, ese nuevo orden no fue respetado, y por lo tanto cualquier nuevo empeño legal tendente a la descentralización institucional que el Estado garciano logró establecer, en la práctica, no tuvo ningún resultado (Maiguashca:1994:365). El progresismo, que como vimos creó condiciones internas favorables hacia la inserción del Ecuador a la economía mundial, impulsó el surgimiento de nuevos sectores económicos y sociales la burguesía comercial y bancaria de Guayaquil quienes, opuestos a las ideas de los conservadores, y bajo las nuevas condiciones económicas, requerían que en el país se den cambios estructurales económicos e ideológicos más profundos. Bajo se auspicio entonces estalló la Revolución Liberal que llevó al poder a Eloy Alfaro. De esta manera, el Progresismo había también creado las bases para que se produzca la gran transformación liberal. Los linderos de la propiedad agraria En 1890, el grupo de terrateniente en el litoral era pequeño, interrelacionado: ésto se encuentra ilustrado por la manera casual en que los linderos eran descritos en los testamentos, transferenciales de propiedades y papeles hipotecarios. El propietario conocía donde terminaban sus tierras. Su vecino también. Tiempo atrás, una señal de madera incorruptible había, por supuesto, ningún sistema de agrimensor a través de líneas determinadas astronómicamente. Cada uno de las haciendas tenía su nombre. El propietario conocía y respetaba a su vecino y era suficiente citar el nombre de su vecino o el nombre de su hacienda en documentos legales. El nombre de la hacienda, una vez registrado, se volvía parte de la descripción oficial de la tierra. El solo uso del nombre de la hacienda servía como protección contra la intrusión de pequeños agricultores en sus inmediaciones. El intruso podía esperar que, al concluir una ocupación pacífica de 30 años, se le puede reclamar al Juez de Propiedad que pronuncie un juicio a su favor. Pero, para empezar, los límites de las haciendas eran imprecisos en los documentos públicos y no bien delimitados con relación a las tierras del gobierno. Por eso era difícil para un forastero, alguien ajeno a la "sociedad", probar donde terminaron los límites de la vieja hacienda y donde comienzan los terrenos baldíos. Tomado de Lois Crawford de Roberts, el Ecuador en la época cacaotera, Editorial Universitaria, 1980, Quito pag. 30 Orientaciones bibliográficas Para la comprensión de los procesos económicos vinculados al auge cacaotero consúltese a:
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    CHIRIBOGA, Manuel, Jornalerosy gran propietarios en 153 años de exportación cacaoteros (1790-1925), Consejo Provincial de Pichincha, Quito, 1980. CRAWFORD DE ROBERTS, Lois El Ecuador en la época cacotera, Editorial Universitaria, Quito, 1980. LOYOLA, David y Jorge Fernández, La economía ecuatoriana en la fase cacaotera, Cuenca, Idis, 1977. GUERRERO, Andrés, Los Oligarcas del cacao, Ed. El Conejo, Quito, 1980. ACOSTA, Alberto, Breve historia económica del Ecuador, Quito, Corporación Editora Nacional, 1988. Sobre el Garcianismo consúltese a los siguientes autores: DEMELAS, Marie-Danille Demelas e Ives Saint-Gours, Jerusalén y Babilonia. Religión y políticas en el Ecuador 1780-1880, Corporación Editora Nacional, Instituto Francés de Estudios Andinos, Quito, 1988. AYALA MORTA, Enrique y Rafael Cordero Aguilera, "El periodo garciano: panorama histórico (1860-1875)", en Enrique Ayala Mora, Ed., Nueva Historia del Ecuador, Vol. 7, Corporación Editora Nacional / Grijalbo, Quito, 1990, pp. 197-230. AYALA MORA, Enrique, "Gabriel García Moreno y la Gestión del Estado Nacional en el Ecuador", Cultura Revista del Banco Central del Ecuador, No. 10, Quito, 1981. ROBALINO DAVILA, Luis, Orígenes del Ecuador de Hoy, García Moreno, Puebla, Ed. Cajica, México, 1967. Sobre la cuestión regional consúltese a: MAIGUASHCA, Juan, "La cuestión regional en la historia ecuatoriana (1830- 1972)" en Enrique Ayala Mora, Ed. Nueva Historia del Ecuador, Vol. 12, Corporación Editora Nacional / Grijalbo, Quito, 1990, 175-226. MAIGUASHCA, Juan Ed., Historia y Región en el Ecuador 1830-1930, Corporación Editora Nacional-Flasco, Quito, 1994. Sobre la etapa progresista consúltese a: ORTIZ CRESPO, Crespo, Gonzalo, La incorporación del Ecuador al mercado mundial: la coyuntura socioeconómica 1875-1895, Banco Central del Ecuador, Quito, 1978. -------------------, "Panorama Histórico del período 1875-1895", en Enrique Ayala Mora, Ed., Nueva Historia del Ecuador, Vol. 7, Corporación Editora Nacional / Grijalbo, Quito, 1990, pp. 237-270. La Revolución Liberal y la Plutocracia LA ESTACION Ferrocarril de Quito
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    Archivo Biblioteca Aurelio EspinosaPólit, Tomado de Salvat Editores Ecuatorian, Historia del Ecuador, Tomo 6, Salvat Editores Ecuatoriana, Quito, 1987. La Revolución Liberal y la Plutocracia (1895 1924) *Jorge Núñez Sánchez Las Montoneras, Alfaro y la Revolución Las montoneras fueron probablemente el más importante fenómeno de movilización social del siglo XIX republicano. Surgidas en el agro costeño a partir de 1825, tuvieron desde su inicio un carácter reivindicativo y de resistencia popular frente a las violencias cometidas por hacendados o autoridades del nuevo poder republicano. Su base social estaba en el campesinado montubio, que incluía a peones de las haciendas, pequeños propietarios y trabajadores sueltos, como los "desmonteros" y "sembradores", que hacían desmontes o formaban nuevas plantaciones para venderlos a las haciendas próximas. A partir de la época garciana, el surgimiento de las montoneras adquirió una connotación plenamente política, de carácter liberal militante, bajo la conducción de los mismos hacendados o "caciques" locales, que se lanzaban a la lucha a la cabeza de sus peones y casi siempre con el rango de "coronel", otorgado por la proclama de sus propios hombres. Toda la tropa montonera o al menos gran parte de ella andaba a caballo. Estas particulares circunstancias daban a las montoneras una notable influencia y capacidad de acción en su área y les garantizaban fácil avituallamiento, gran movilidad, operativa y rápida desmovilización. Por otra parte, todo ello dificultaba su localización y represión por parte de las tropas gubernamentales, normalmente de origen serrano, que luchaban en un medio extraño y contaban con poco respaldo social en la región litoral. Explotando a fondo esas ventajas, un joven revolucionario manabita, llamado Eloy Alfaro, se convirtió desde la época garciana en un afamado insurgente liberal. Hijo de una familia de pequeños comerciantes, su voluntad, inteligencia y capacidad de mando le granjearon progresivamente el liderazgo del liberalismo, primero en su provincia y luego en toda la costa ecuatoriana. Así, para mediados de 1882 se hallaba ya en capacidad de lanzar desde Esmeraldas una primera campaña militar contra la dictadura de Veintimilla, que lamentablemente fracasó. Ello no fue óbice para los liberales ecuatorianos volvieran a la lucha a fines de ese mismo año y Alfaro fuese proclamado, en 1883, Jefe Supremo de Manabí y Esmeraldas, posición desde la cual contribuyó decisivamente el triunfo militar del movimiento nacionalista de "La Restauración" sobre la dictadura de Veintimilla. Más los revolucionarios liberales, triunfantes en el campo militar, fueron derrotados en el campo político por una coalición de hábiles políticos de gabinete, conservadores y liberales, que instauraron lo que se dio en llamar "Periodo Progresista". Con ello, el viejo régimen oligárquico logró un nuevo respiro, que habría de durar once largos años, durante los cuales se sucedieron los gobiernos de José María Plácido Caamaño, Antonio Flores Jijón y Luis Cordero.
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    El "Progresismo" logrónuclear a su alrededor a buena parte de la clase política ecuatoriana de entonces, pero el nivel decisorio quedó reservado a "La Argolla", nueva alianza oligárquica consolidada en el poder y de la que formaban parte solo algunas de las grandes familias propietarias, de Quito, Guayaquil y Cuenca. Ello explica que muchas otras familias poderosas de cada región, tanto conservadoras como liberales, combatieran activamente al "Progresismo". Pese a su proclamada vocación política anti-extremista, el régimen progresista resulto ser uno de los más represivos y corruptos de nuestra historia, especialmente durante el gobierno de Caamaño, caracterizado por el permanente estado de sitio y las turbias negociaciones de la deuda externa y de la construcción de ferrocarriles. La Venta de la Bandera El año de 1894 marcó un nuevo repunte político para las fuerzas insurgentes del liberalismo, gracias al estallido del escándalo de "La venta de la bandera", turbio episodio internacional protagonizado por el gobierno de Luis Cordero y particularmente por su gobernador en la provincia del Guayas, el ex presidente Caamaño. La opinión pública ecuatoriana se inflamó de coraje por lo que consideraba una humillación al honor nacional, que venía a sumarse a los múltiples negociados anteriores del gobierno de "La Argolla". Fue asó que, bajo la convocatoria liberal, gentes de las más diversas tendencias empezaron a formar asambleas y juntas cívicas en varias ciudades del país, para juzgar la conducta oficial y condenar al gobierno. En la Provincia de Los Ríos surgieron nuevamente las montoneras liberales, por lo que el ejecutivo declaró al ejército en "estado de campaña" y otorgó facultades extraordinarias al gobernador de esa provincia. Para 1895, la protesta popular se volvió irrefrenable. Caamaño fue obligado a renunciar a su cargo de gobernador del Guayas, no sin que antes la policía disparará contra los manifestantes. A partir de ese momento se multiplicaron las protestas y actas populares en todo los rincones del país. El Consejo Municipal de Quito, controlado por los conservadores, fue apresado en razón de sus reiteradas denuncias antigubernamentales. Entre tanto, los grupos radicales empezaron a utilizar nuevas tácticas de lucha: en febrero ensayaron una huelga general en Guayaquil, mientras en todo el país adquirían armas y se preparaban para la lucha, siguiendo la convocatoria hecha por Eloy Alfaro desde Managua. El Estallido Revolucionario Respondiendo al llamado del líder radical, el 12 de febrero se producía en Milagro el levantamiento armado de Pedro Montero y Enrique Valdez Concha, cuya montonera atacó el ferrocarril de la costa y se dirigió en él hacia el interior de la costa. El 17, Vinces proclamaba la Jefatura Suprema de Alfaro, mientras las montoneras se multiplicaban en toda la cuenca del Guayas y en Manabí. El 20, los conservadores insurreccionaban a la guarnición de Ibarra y proclamaban la Jefatura Suprema de Camilo Ponce, iniciando con ello la lucha en la sierra norte.
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    Acosado, el gobiernorecurrió entonces a la censura de prensa y a una recluta general en los pueblos de la costa, provocando la fuga de los campesinos y su incorporación a las montoneras. Paralelamente, en la sierra central y norte se formaban columnas insurgentes liberales y conservadoras, que, operando coordinadamente, ponían en jaque a las fuerzas gubernamentales. El 9 de abril se insurreccionó Guaranda y una fuerza revolucionaria de liberales y conservadores venció a la guarnición oficial. Al día siguiente se insurreccionó en Quito el Batallón Flores, respaldado por fuerzas civiles conservadoras que vivaban a Camilo Ponce; combatiendo al frente de sus tropas, Cordero logró derrotar a los alzados, pero quedó políticamente desequilibrado. Mientras tanto, en la costa progresaba rápidamente la insurrección: se multiplicaban los pronunciamientos de los pueblos y las montoneras crecían en número y lograban sucesivos triunfos. *Doctor en Historia y Geografía, Docente de la Universidad Central del Ecuador La Revolución Liberal y la Plutocracia RETRATO Don Eloy Alfaro Foto Taller Visual El gobierno enfrentó con éxito los primeros alzamientos, pero pronto fue arrollado por la insurrección popular en las provincias de El Oro, Esmeraldas y Manabí. En síntesis, la revolución triunfó rápidamente en la costa, dada la general aceptación que tuvo entre la ciudadanía la Jefatura Suprema del general Eloy Alfaro y la rapidez y eficiencia con que las fuerzas liberales vencieron o ahuyentaron a las tropas oficiales. Para entonces, la revolución iba tomando un progresivo carácter de guerra civil entre las fuerzas liberales y conservadoras del Ecuador. Cabe precisar que, inicialmente, el "conservadorismo doctrinario", liderado por Camilo Ponce Ortiz, participó activamente en la subversión contra el gobierno "progresista" de Cordero, al punto de que estimuló el alzamiento de la columna "Flores" en Quito y cooperó en los liberales en la campaña del Centro. Pero una vez alcanzado su objetivo de lograr la renuncia de Cordero, el conservadorismo "poncista" cambió radicalmente de actitud y
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    apoyó al vicepresidenteVicente Lucio Salazar. Esto y la gestión unificadora de la derecha impulsada por la Iglesia, lograron crear en la Sierra un frente único conservador católico, para enfrentar el avance del liberalismo radical que triunfará ya en la Costa. Para el 15 de junio todas las tropas gubernamentales acantonadas en el litoral se habían dispersado, pasando al bando revolucionario o retirado hacia las provincias interandinas. Tres días después arribaba Alfaro a Guayaquil y asumía la Jefatura Suprema que le habían concedido los pueblos. Campaña de la Sierra y Guerra Civil Alfaro inició su gobierno bajo el lema de "Perdón y Olvido". Pero la oligarquía clerical terrateniente de la sierra resulto irreductible por medios pacíficos y, con apoyo de la Iglesia, se preparó afanosamente para la guerra, haciendo colectas públicas y reclutando tropas en las provincias serranas para la "guerra santa" contra el liberalismo. Frustrados todos sus esfuerzos de paz, el "Viejo Luchador" pasó entonces a prepararse para la guerra. Con una velocidad electrizante y respaldo por un buen equipo de colaboradores, en apenas tres semanas organizó la recluta y entrenamiento de los miles de voluntarios costeños y serranos que acudían a sus cuarteles, movilizó a las Guardias Nacionales para crear una fuerza de reserva, levantó un empréstito de 200 mil sucres para financiar los gastos de la campaña, adquirió armas, consiguió cabalgaduras, puso a punto el sistema logístico y preparó el plan de operaciones. Y todo esto lo hacía al mismo tiempo que saneaba las finanzas de la provincia, daba órdenes gubernativas para otras ciudades y pueblos, atendía reclamos de los ciudadanos y hasta autorizaba por decreto que las mujeres accedieran a la educación superior. El 16 de julio, una vez afirmado el poder radical en las provincias de la costa y puesto a punto el ejército revolucionario, Alfaro inicio la campaña, que habría de llevarle a conquistar las ciudades interandinas y principalmente Quito, la lejana capital donde radicaban los tres poderes del Estado. Su ejército era una masa variopinta, en la que se entremezclaban hombres de las más diversas regiones y extracciones sociales. Dividido en varios cuerpos operativos, esa fuerza logró ascender rápidamente la cordillera occidental por varias rutas estratégicas y derrotar a los conservadores en algunas batallas decisivas, que marcaron definitivamente el triunfo militar de la revolución: San Miguel, en la Provincia de Bolívar (8 de agosto), Ambato (15 de agosto), Gatazo en la Provincia del Chimborazo (15 de agosto) y Girón, en la Provincia del Azuay (23 de agosto). Pro la eclosión revolucionaria no sólo venía de la costa sino que emergía de todas las provincias del interior, donde ciudades y pueblos seguían pronunciándose contra el gobierno conservador de Quito y a favor de la Jefatura Suprema de Eloy Alfaro. De ahí que todos los cuerpos del ejército radical recibieron a lo largo de su ruta la incorporación de nuevos voluntarios. El 4 de septiembre, luego de recibir la adhesión entusiasta de los pueblos del centro del país, "El Viejo Luchador" entraba finalmente en la capital, en medio de los aplausos de la multitud.
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    EL ESTADO MAYOR DelGeneral Eloy Alfaro Foto Archivo Histórico del Banco Central del Ecuador Los Revolucionarios Jorge Núñez Sánchez La revolución es uno de los más supremos actos humanos y, por lo mismo, está marcada y caracterizada por los hombres que la realizan. En el "bloque histórico" de la revolución liberal figuraron varios grupos políticos, cada uno con destacados personajes: Los Caciques Costeños: Estuvo integrado por un grupo de propietarios y líderes sociales montubios, que aportaron recursos y organizaron a los peones de la región para la lucha. Ellos fueron: Manuel Antonio Franco, Pedro J. Montero, Juan Manuel Triviño y León Valles Francisco (Guayas), Manuel Serrano y Wenceslao Ugarte (El Oro), Carlos Concha Torres (Esmeraldas), Zenón Sabando, Dionisio Andrade y José María García (Manabí), Plutarco Bowen y Emiliano Figueroa (Los Ríos, etc. Igual cosa podemos decir de ciertos caudillos liberales serranos, que con su acción fortalecieron la lucha alfarista: Francisco Hipólito Moncayo (Imbabura), Nicanor y Rafael Arellano (Carchi), Ulpiano Páez (Bolívar) y Julio Román (Chimborazo), entre otros. Los Revolucionarios Emigrados. Estuvo integrado por revolucionarios profesionales, que habían conspirado o luchado en otros países de América Latina: Eloy Alfaro, Medardo Alfaro, Leonidas Plaza Gutiérrez, Flavio Alfaro y Plutarco Bowen.
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    La Burguesía Liberal.Originaria de Guayaquil, estaba integrada por tres fracciones de clase con distinta función socio económica: el grupo de grandes propietarios latifundistas denominado "El Gran Cacao", encabezado por las familias Aspiazu, Seminario, Morla, Durán Ballén y Rosales; el grupo comercial presidido por los Avilés, Robles, Carbo, García y Estrada, y el grupo bancario, encabezado por las familias Arosemena, Roca, Urbina Jado, Baquerizo Moreno y Game. Desde luego, muchas de éstas y otras grandes familias porteñas (Marcos, Noboa, Icaza, Santisteban, Huerta y Robles) tenían intereses en dos o más sectores económicos, por lo que resulta difícil clasificarlas en uno u otro. Otorgó al gobierno revolucionario en empréstito de 200 mil pesos, que sirvió para financiar los gastos de guerra. A cambio, asumió desde el comienzo una trascendental influencia ene l gobierno liberal, cuya política económico financiera pasó a controlar indiscutidamente, orientándola en sentido favorable a sus intereses de clase y buscando deshacerse del "liberalismo machetero", cuyo radicalismo temía y cuya presencia era el único contrapeso político que se oponía a sus desmesurados apetitos. La Intelectualidad Radical. Este grupo social, se carácter pequeño burgués, fue el otro actor fundamental de la revolución. Carecía de la fuerza social del grupo "machetero" y del poder económico de la burguesía liberal, pero poseía en cambio el poder de la cultura, indispensable a la hora de construir un nuevo Estado, sobre las ruinas del viejo régimen. El dio sustento ideológico a la revolución. En general, sus miembros provenían de las "buenas familias" de provincia y habían recibido la mejor educación posible en su medio: Roberto Andrade, Julio Andrade, Felicísimo López, Abelardo Moncayo, José de Lapierre, los hermanos Augusto, Luis y Nicólas Martínez, Emilio Arévalo, Belisario Andrade, Miguel Aristizábal, Luciano Coral, Mariano Cueva, Manuel Benigno Cueva, José Peralta, Modesto Chávez Franco, José Domingo Elizalde Vera, Julio Fernández, Adolfo Páez, Aurelio Noboa, Quintiliano Sánchez, Zoila Ugarte de Landívar, Angel Serrano, Belisario Torres, José Eleodoro Avilés, Miguel Valverde, Emilio María Terán. Casi todos eran masones y andaban tras la utopía de construir un mundo basado en la libertad, la igualdad y la fraternidad humanas. La Revolución Liberal y la Plutocracia CONSTRUCCIóN Del Ferrocarril Foto Taller Visual
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    Los restos delejército conservado de Quito, encabezado por Aparicio Ribadeneira, se internaban ese mismo día en territorio colombiano, recibiendo la protección del gobierno conservador de Bogotá y la bienvenida de las autoridades locales. Empero, ese acto no marcaba el fin de la guerra civil ecuatoriana sino el inicio de su segunda fase, que había de durar varios años más, a través de continuos alzamientos armados de los conservadores, que incluso llegaron a retomar Cuenca el 5 de julio de 1896, siendo finalmente vencidos por el ejército liberal. La Configuración del Estado Laico La toma del poder por Eloy Alfaro fue solo el comienzo de un amplio esfuerzo de renovación y modernización de la sociedad ecuatoriana. El programa de la reforma liberal, esbozado en el Registro Oficial del 3 de septiembre de 1895, incluía los siguientes objetivos: Regeneración de la República. Paz en el exterior. Orden, honradez y reorganización en régimen interno. Fomento al comercio y las industrias, desarrollo de las artes, protección a las ciencias. Mejora y aumento de la instrucción pública. Arreglo y fiscalización de las finanzas del Estado. Mesura y equidad en el reparto presupuestario. Régimen de responsabilidad para los funcionarios públicos. Respecto a las garantías constitucionales. Fomento de la inmigración. Respeto para la religión nacional y consideración para las ajenas creencias. Impulso a la agricultura. Multiplicación de las vías de comunicación y construcción de ferrocarriles. Perfeccionamiento de las instituciones militares. Empero, la mejor definición del programa revolucionario fue quizá el "Decálogo Liberal" redactado por el coronel Aristizábal y publicado en el periódico "El Pichincha" bajo el seudónimo "Somatén", que planteaba: 1.- Decreto de manos muertos. 2.- Supresión de conventos. 3.- Supresión de monasterios. 4.- Enseñanza laica y obligatoria.. 5.- Libertad de los Indios. 6.- Abolición del Concordato. 7- Secularización eclesiástica. 8.- Expulsión de clero extranjero. 9.- Ejército fuerte y bien remunerado. 10.- Ferrocarriles al Pacífico. En síntesis, se trataba de una revolución de carácter laico y con fuerte acento anticlerical, que se proponía separar radicalmente al Estado de la Iglesia, refrenar toda intromisión clerical en la política, nacionalizar y secularizar al clero, nacionalizar los bienes de manos muertas y extirpar del país a las órdenes religiosas, por considerarlas instituciones socialmente parasitarias y económicamente acaparadoras de bienes ajenos. Paralelamente, con la institución de la "educación pública laica y obligatoria" se buscaba ampliar y democratizar la acción del Estado, limitar la influencia ideológica de la Iglesia y los sectores conservadores, y crear una nueva conciencia ciudadana, proclive al libre pensamiento y ala tolerancia. Adicionalmente, contando, como contaba, con el decidido respaldo de unos pocos sacerdotes revolucionarios, que actuaban junto al pueblo y contra los mandatos de su jerarquía, la revolución pretendía estimular el desarrollo de una "iglesia nacional y popular", que se levantara como una alternativa frente a la iglesia pro-oligárquica existente, dominada en buena medida por obispos y sacerdotes extranjeros.
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    De otra parte,se trataba de una revolución burguesa y nacionalista, que pretendía integrar a las aisladas regiones ecuatorianas, fortalecer al país para su defensa y buscar paralelamente la resolución del secular problema territorial con el Perú, por medios pacíficos. Sin embargo, tan ambicioso proyecto nacional debía chocar inevitablemente con muchos intereses creador, pues que no solo se orientaba a destruir políticamente al régimen clerical conservador sino que, en lo económico, se enfilaba contra el sistema terrateniente en su conjunto, afectando por igual a los bienes de la Iglesia y de los hacendados en general, independientemente e su filiación política. De ahí que el proyecto revolucionario hallara resistencias inclusive al interior de las filas progresistas, donde en general lo apoyaban los radicales y lo resistían los liberales de la vieja escuela, quienes querían a lo más una tímida reforma política. Esas resistencias externas y contradicciones internas explican las limitaciones que tuvo en la práctica la reforma liberal, vista a la luz de sus propias aspiraciones iniciales o de las metas proclamadas por sus sectores más radicales. Sin embargo, sus medidas de laicización del Estado y la sociedad ecuatorianos abarcaron una cantidad de aspectos y contribuyeron a democratizar la vida social, hasta entonces controlada ideológicamente por la Iglesia. La Revolución vista por sus enemigos Alfaro había entrado a Quito a la cabeza de turbas de la Costa, encausadas en algún centenar de multitud provinciana, pero en expectativa de surgir, se hacía liberal; rodeado de gente irresponsable, de esa que con mañas sectarias insultan creencias religiosas; dirigido por comerciantes quebrados, por contrabandistas impunes, por asaltadores de Bancos, que lisonjeando a él, caudillo espiritista masón, con el incesante grito de su nombre ¡Viva Alfaro!, blasfemaban de Dios y profanaban santuarios; y odiando al serrano, por su civilización cristiana, en Oficinas de Policía, flagelaban atormentaban, violando los fueros de la dignidad humana Todos los conquistadores de la Sierra perseguían un solo ideal, el de adquirir con prontitud, con facilidad, de cualquier modo que fuese, riquezas soñadas y contemplarlas luego, en manos del placer. Ningún propietario se veía seguro, muchos pagaban contribución personal, acusados de cualquier malquerencia. Se había confiscado las mejores haciendas. La familia no se consideraba amparada por ley alguna: tropas del caudillo azuzadas por aventureros, de esos que trajinan por los puertos de mar, para vivir de audacias y de rapiña, husmeando por calles, entraban al hogar, y en casos, violaban a la mujer. Oficialmente averiguaban de reservas de Banco, de depósitos judiciales, de fondos de cofradías, de tesoros Municipales, de Colegios y Universidades; de legados, donaciones, herencias, de cuánto constituía el haber de la Capital de la República. Y se había destruido imprentas; con atropello violento entrados al Palacio Arzobispal; al golpe de marzo que pedaceaba la "Imprenta del Clero", y a los reflejos del incendio de los archivos, escarneciendo la dignidad del Ilustre Arzobispo Pedro Rafael González Calisto, con gestos y algazaras burdeleros, habíanle forzado a vivar a Alfaro. Testimonio del Jefe Guerrillero Conservador Miguel Angel González Páez, en Memorias Históricas, Tipografía Quito, 1934, pp 2241 242
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    ELOY ALFARO Con losmiembros de su Primer Gabinete Foto Taller Visual La Separación del Estado y la Iglesia Como herencia de la época colonial, durante el siglo XIX la acción de la Iglesia siguió entremezclada y confundida con la del Estado en los ámbitos educativo y tributario, mediante la administración de escuelas y colegios públicos y el cobro del "diezmo eclesiástico". De otra parte, durante la época garciana (1960 1875), se fortaleció el vínculo entre la Iglesia y el Estado hasta un nivel similar al de los últimos tiempos coloniales. La tristemente célebre Constitución de 1869 o "Carta Negra" estableció que la religión oficial de la República era "La Católica, Apostólica, Romana con exclusión de cualquiera otra" y que los poderes públicos estaban "obligados a protegerla y hacerla respetar". El artículo 10 fijó como primer requisito de ciudadanía el de "ser católico" y el artículo 13 estableció como primera causal para la suspención de los derechos de ciudadanía la de "pertenecer a sociedades prohibidas por la Iglesia". Utilizando en forma totalitaria esa condición de "religión oficial del Estado", la Iglesia católica ecuatoriana cometió infinidad de abusos e intervino descaradamente en la política nacional, en beneficios del bando conservador. Una vez iniciada la revolución alfarista, fue la jerarquía eclesiástica quien tomó la bandera de la oposición. El obispo Schumacher, de Manabí, organizó a las fuerzas católicas para la guerra civil, mientras el Arzobispo de Quito incitaba a las masas católicas de la Sierra a la "guerra santa". Por su parte , los obispos de Riobamba y Loja atizaban el fuego de la guerra en sus jurisdicciones. Pero el alfarismo no solo tuvo que enfrentar a sus enemigos, nucleados en el bando clerical conservador, sino también a muchos liberales, que actuaban como lastre e impedirán el ascenso político de la revolución. Así, en la Convención Nacional de 1896 1897, el grupo radical buscó consagrar en la nueva Constitución el principio de la más amplia libertad de cultos, mientras que el bando liberal defendió el reconocimiento de la religión católica como la oficial de la república. Lo más que consiguieron los
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    radicales fue queentre las garantías constitucionales se hiciera constar ésta: "El Estado respeta las creencias religiosas de los habitantes del Ecuador y hará respetar las manifestaciones de aquellas. Las creencias religiosas no obstan para el ejercicio de los derechos políticos y civiles". Luego, tras tensas y duras negociaciones con el Vaticano, el gobierno alfarista promulgó la Ley de Patronato, por la que el Estado siguiendo las huellas de la monarquía española impuso su soberanía sobre la Iglesia, aunque no rompió del todo el vínculo entre ambas entidades. Posteriormente, durante el gobierno de Plaza se aprobaron y pusieron en ejecución algunas avanzadas medidas anticlericales, que fijaron definitivamente la separación del Estado y la Iglesia en el Ecuador. Una de ellas fue la creación, en 1900, del "Registro Civil" de las personas, que vino a sustituir al registro de actos eclesiásticos que la Iglesia había mantenido tradicionalmente en sus parroquias y en el que se anotaban el bautizo, matrimonio y defunción de los fieles. Otra fue la Ley de Matrimonio Civil, expedida el 3 de octubre de 1902, que puso bajo control del Estado la unión matrimonial de las personas y su separación legal, cuestiones hasta entonces controladas por la Iglesia y colocadas bajo el Derecho Canónico. Otra fue la Ley de Cultos, expedida el 12 de octubre de 1904; por la que se permitió el ejercicio de todo culto religioso que no fuese contrario a las instituciones o a la mortal, se prohibió que las autoridades eclesiásticas ejercieran cargos de elección popular, se prohibió la inmigración y creación de comunidades religiosas, se sometió a conventos y monasterios al control de las Juntas de Sanidad e Higiene, se estableció que solo los ecuatorianos por nacimiento podían ejercer altas prelaturas eclesiásticas o presidir órdenes religiosas y se fijaron disposiciones de control estatal sobre los bienes y rentas eclesiásticos. Desde luego, todo ello provocó la airada reacción de la jerarquía eclesiástica, que acusó al Estado de haber instituido el "concubinato público", de haber legalizado las herejías y falsas doctrinas religiosas y de pretender aherrojar a la Iglesia bajo la férula de la masonería. La educación 'Pública, laica y gratuita" El Estado republicano se interesó desde temprana hora por crear un sistema educacional público, que sirviese para la educación y la formación moral y cívica de los ciudadanos. Más la insuficiencia presupuestaria y el peso ideológico de la Iglesia determinaron que siguiese existiendo un sistema educativo religioso, que estaba al servicio de los sectores más pudientes y que reproducía los prejuicios sociales y la ideología de la colonia. Durante los gobiernos de Rocafuerte, Urbina y Robles hubo ciertos intentos de reforma, pero en general continuó existiendo un débil sistema educativo estatal, que contrastaba con el sólido, poderoso y elitista sistema educativo privado, manejado por la Iglesia Ese desnivel se acentuó durante el régimen garciano, cuando el mismo gobierno nacional instituyó como política oficial la entrega de todo el sistema educacional público a ciertas comunidades religiosas, como las de los Hermanos de las Escuelas Cristianas y las Hermanas de la Providencia, traídas expresamente al país con este fin. Inclusive se usaban textos que abominaban de la independencia nacional y del reconocimiento constitucional a los Derechos del Hombre y del Ciudadano, a la par que hacían loas al extinguido colonialismo español y a la Inquisición.
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    Tras la revoluciónalfarista, el Estado se abocó finalmente a la creación de un sistema educativo nacional y democrático. Fue así que la Asamblea Constituyente de 1896 1897 aprobó una nueva Ley de Instrucción Pública, el 29 de mayo de 1897, estableciendo la enseñanza primaria gratuita, laica y obligatoria. Luego se crearon el Instituto Nacional Mejía, de Quito, las escuelas normales de Quito y Guayaquil, para la formación de los nuevos maestros laicos, y la Casa de Artes y Oficios, en Manabí. También hubo especial cuidado en profesionalizar al nuevo ejército surgido de la revolución, para asegurar la defensa nacional. Así, se fundaron en Quito el Colegio Militar, para la formación de oficiales, y la Academia de Guerra para su posterior perfeccionamiento, y también la Escuela de Clases y los Cursos Militares de Aplicación, para la formación técnica de la tropa. Durante la segunda administración del general Alfaro, una nueva Asamblea Constituyente dictó la avanzada Constitución de 1906, en la que se consagró el verdadero espíritu de la revolución liberal: Separación absoluta del Estado y la Iglesia y supresión de la religión oficial. Libertad de enseñanza. Educación Pública laica y gratuita, obligatoria en el nivel primario. Absoluta libertad de conciencia y amplias garantías individuales. Prohibición de ser electos legisladores los ministros de cualquier culto. Protección oficial a la raza india y acción tutelar del Estado "para impedir los abusos del concertaje". Si alguna medida de la reforma liberal afectó profundamente a la Iglesia fue precisamente el establecimiento de la educación pública, laica y gratuita, que tocaba el punto más sensible de la ideología religiosa, cual es el del control de las mentes y los espíritus humanos a través de la educación. La Supresión del Diezmo Eclesiástico Otra radical medida del alfarismo fue la supresión del "diezmo", tributo religioso por el cual todos los productores y producciones de la República estaban obligados a aportar a la Iglesia el diez por ciento de su productor anual o un valor equivalente. Era un impuesto ilegal pero tolerado por el Estado y su producto se destinaba al sostenimiento del aparato eclesiástico y el enriquecimiento de la Iglesia Católica, que por éste y otros medios acumulaba ingentes riquezas. Con estos antecedentes, la Asamblea Nacional Constituyente de 1897 decretó la supresión del diezmo, ese terrible impuesto que los indios y campesinos en general pagaban para sostener al clero, con lo cual se asestó un golpe de gracia a la base de sustentación económica del poder clerical, que con las armas en la mano seguía combatiendo al régimen liberal. Durante el gobierno del general Leonidas Plaza, se ratificó la prohibición del cobro del diezmo y se prohibió adicionalmente el cobre de primicias, derechos mortuorios y otras gabelas religiosas. HOGUERA
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    Donde fue quemadoDon Eloy Foto Archivo Histórico Banco Central del Ecuador La Nacionalización de los "Bienes de Manos Muertas" Existían también otros medios de acumulación de riquezas eclesiásticas, de origen colonial. Uno eran los capellanías, por el cual ciertas personas donaban capital o bienes a la Iglesia, para que con su producto se celebraran misas por el eterno descanso de su alma, luego de su muerte. Otro eran herencias y legados obtenidos por la Iglesia de los moribundos, gracias a la labor de acuciosos confesores, que ofrecían al cielo a los donantes o amenazaban con el infierno a los resistentes. Otro más radicaba en el manejo monopólico de los cementerios, que permitía a la Iglesia discriminar a su antojo sobre los difuntos que podían enterrarse en el "suelos sagrado" o negar sepultura a aquellos de otra religión. El hecho indubitable es que, por todos estos medios, la Iglesia ecuatoriana y las órdenes religiosas habían adquirido un poder económico formidable y se habían convertido en los mayores terratenientes del país y las principales instituciones crediticias de la economía ecuatoriana, sin pagar impuesto alguno por sus riquezas ni por los réditos que obtenían de ellas. Todo ello motivó la idea de la nacionalización de los bienes de manos muertas, planteada ya por los liberales españoles del siglo XVIII y fue discutida a fondo en las Cortes Constitucionales de Cádiz, en 1812. Sobre esos argumentos del liberalismo europeo, los reformadores alfaristas decretaron e 1908 la nacionalización de esos bienes eclesiásticos, que fueron asignados por la misma ley a la recién creada Beneficencia Pública, para el sostenimiento de casas de protección de menores, hospitales y asilos de ancianos. La "Hoguera Barbara" Al acercarse la terminación de su segundo período, Alfaro tropezó otra vez con el problema de la sucesión. Fracasado su anterior intento d formar un Consejo Partidario que escogiera al candidato liberal, esta vez se vio estrechado a escogerlo él mismo y lo hizo en la persona del guayaquileño Emilio Estrada, antiguo guerrillero liberal y empresario de grandes méritos personales. Ello le ganó el resentimiento de su sobrino Flavio, que también aspiraba a la candidatura oficial y que participó de todos modos en las elecciones, como candidato opositor a Estrada, quien ganó con el favor oficial. Poco después, enterado de que Estrada era un enfermo cardíaco y que no resistiría vivir en la altura de Quito, Alfaro temió que éste muriese pronto y estallase una nueva guerra civil entre los caudillos militares que aspiraban a sucederle. Otra vez, como en 1901, quiso corregir su error de escogitamiento con otro error más grave: pretendió que Estrada renunciase a su elección, a lo que éste se negó. Siguieron algunas maniobras para destituir "legalmente" a Estrada, pero todas fracasaron y finalmente dieron paso a un golpe de Estado preparado por los "estrafistas" (11 de agosto 1911). Alfaro se asiló en la legación de Chile, renunció a la presidencia y salió del país luego de comprometerse a no regresar antes de un año.
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    Se encargó provisionalmentedel mando el Presidente del Senado, Carlos Freile Zaldumbide, hasta que Estrada asumió el poder, el 1 de septiembre del 1911. Inicio su mandato con bríos y despliegue de iniciativas, pero falleció el 22 de diciembre de ese mismo año, a menos de cuatro meses de asumir el mando. Entonces se realizaron de golpe todos los temores del "Viejo Luchador": el general Flavio Alfaro se alzó en armas en Esmeraldas, proclamándose Jefe Supremo del país. Otro tanto hizo en Guayaquil, el general Pedro J. Montero, quien luego telegrafió a Alfaro y le pidió venir a encabezar la nueva insurgencia. Alfaro vino, pero para liderar la insurgencia sino para promover un arreglo pacífico entre las diversas facciones liberales. Más todos sus esfuerzos de negociación fueron vanos y la guerra civil estalló una vez más sangrienta, brutal, incontenible. Flavio Alfaro y Montero unieron sus fuerzas para enfrentar a las del gobierno, comandadas por los generales Leonidas Plaza y Julio Andrade, las que bajaron hacia la costa y triunfaron en Huigra, Naranjito y Yaguachi (11, 14 y 18 de enero de 1912). Pero los insurrectos tenían todavía en su poder la gran plaza de Guayaquil y vencerlos era todavía tarea difícil, y más si se considera que era época de invierno y que los soldados serranos se hallaban agobiados por el calor y las enfermedades del trópico. Entonces don Eloy propuso una capitulación, que Plaza y Andrade aceptaron, garantizando la vida y libertad de los vencidos. Parecía que con esto se había evitado la continuación de tan sangrienta campaña (sólo en Yaguachi hubo más de 400 muertos) y que alboreaba ya la paz. Pero el gobierno de Quito pensaba lo contrario. Estimulado por la reacción clerical conservadora, desconoció los acuerdos de armisticio firmados por sus generales en campaña y ordenó el apresamiento y enjuiciamiento de los jefes insurrectos. Entre ellos incluyó al "Viejo Luchador" que ninguna participación había tenido en esta revuelta pero que era el símbolo mayor del radicalismo, tan odiado por la clerecía y la oligarquía. Montero fue enjuiciado sumariamente en Guayaquil y asesinado durante el juicio; luego su cadáver fue arrastrado por las turbas. Los demás presos fueron conducidos a Quito, por órdenes del gobierno, con igual horrendo propósito. Junto a Flavio Alfaro, autor y líder de la revuelta, figuraban también todos aquellos líderes radicales a los que la derecha temía y quería eliminar, aunque fuesen inocentes: los generales Medardo Alfaro, Manuel Serrano, Ulpiano Páez y el coronel y periodista Luciano Coral, cuyos artículos causaban escozor a los conservadores. Los presos llegaron a Quito el 18 de enero y, tras la formalidad de entregarlos en el panóptico, fueron masacrados por una turba asalariada, dirigida por el Jefe de la cochera presidencial. Luego sus cuerpos fueron arrastrados por la chusma fanatizada hasta el parque de el Ejido, donde se los incineró en esa que Alfredo Pareja llamara "hoguera bárbara". Entre los autores intelectuales del crimen se destacaron la prensa conservadora, que desde días atrás clamaba por la sangre de las futuras víctimas, y muchos beneficiarios de la revolución liberal, que habían trepado hasta las alturas del poder bajo la sombra generosa del radicalismo; a la cabeza de estos figuraban el Encargado del Poder, Carlos Freile Zaldumbide; el Ministro de Gobierno, Octavio Díaz, y el Ministro de Guerra, general Juan Francisco Navarro.
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    El Impacto dela Máquina de Vapor en las Comunicaciones del Siglo XIX (en el Ecuador) El nacer el siglo XIX, los intercambios interregionales se hacían todavía, en la joven república del Ecuador, al ritmo lento de la navegación de embarcaciones fluviales las balsas y el trajinar, a través de las cordilleras, de caravanas de mulas y/o cargadores indígenas, obligados para la ocasión, en el marco de la mita. Era una técnica fija desde hace muchos siglos. La introducción por los conquistadores españoles del caballo y, sobre todo, de la mula, cuya capacidad de carga era sensiblemente superior a la de la llama, no había constituido una verdadera ruptura, tanto más cuanto que el uso de la rueda no había entrado en el espacio andino propiamente dicho; un mundo colonial, "desconocedor" del carruaje había sucedido al mundo precolombino que ignoraba la rueda. A decir verdad, además de las restricciones retrógradas de la reglamentación colonial en la materia, hay que reconocer que dos factores habían contribuido también a limitar el uso de la rueda: la topografía desigual del espacio andino, que exigía la construcción costosa de una infraestructura de vías carrozables y la libre disposición de la fuerza de trabajo e indios, que se podía movilizar en masa por el transporte. Pero durante el último tercio del siglo XIX se vio desarrollar, al interior del país, una verdadera revolución de las condiciones técnicas del transporte gracias a la introducción de la máquina de vapor. En el lapso de dos generaciones, el desarrollo de la navegación fluvial a vapor y de ferrocarril permitieron, a la vez, el estrechamiento de una parte del espacio nacional en términos de reducción de distancias / tiempos y el establecimiento de un enlace permanente de transporte de masa, entre la región litoral y una gran parte de las hoyas andinas. En la red hidrográfica del Guayas, el funcionamiento de barcos a vapor permitió, en efecto, dividir por cinco el tiempo del recorrido con relación a la navegación tradicional. En cuanto al uso del ferrocarril, él permitió reducir más considerablemente todavía el tiempo del recorrido entre las tierras altas y bajas . Además de la reducción del tiempo de recorrido, se abrió también para el Ecuador la era del transporte de grandes cantidades. Esta transformación mayor de las condiciones técnicas del intercambio regional e interregional se hizo en dos tiempos: primero (1860 1890), se asistió al desarrollo de la red de navegación fluvial a vapor que al mismo tiempo contribuyó a la consolidación de la economía de la cuenca del Guayas y demostró su prosperidad; luego (1890 1925), la construcción bastante más costosa de vías férreas cuya pieza maestra, el ferrocarril de Guayaquil a Quito, revistió una importancia nacional evidente (.). Tomado de Jean Paul Deler, Ecuador: del Espacio al Estado Nacional, Quito, Banco Central del Ecuador, 1987, pp. 192 La Revolución Liberal y la Plutocracia
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    RETRATO De estudio de leonidasPlaza Gutierrez Foto Taller Visual Los Gobiernos Plutocráticos Segunda Presidencia de Leonidas Plaza Pero con la masacre de Alfaro y sus tenientes no concluyó la tragedia del liberalismo. Por el contrario, ello abrió las puertas a nuevos episodios de sangre, que se extendieron hasta 1916. El primero fue la terrible disputa de poder que se entabló entre los generales Plaza y Andrade, convertidos en candidatos presidenciales del bando vencedor, que concluyó con el misterioso asesinato de Andrade y el nuevo triunfo electoral de Plaza, que asumió el poder el 1º de septiembre de 1912. El segundo, la "revolución de Concha" en Esmeraldas, que tuvo como objetivo declarado "vengar la muerto de los Alfaro" y duró tres años. A partir del segundo gobierno de Plaza, el régimen liberal, perdida ya su ruta original, terminó por renegar de su ideología revolucionaria y por transformarse en un despiadado régimen plutocrático. Ese régimen era el producto de un nuevo bloque de poder, integrado por la gran burguesía bancaria, que encabezaba el guayaquileño Francisco Urbina Jado; la emergente burguesía agro industrial, representada por el coronel Enrique Valdez Concha, propietario del ingenio Valdez, y el nuevo poder militar, que lideraba el general Leonidas Plaza Gutiérrez, que a la vez era representante del sector terrateniente de la sierra. Si bien el gobierno logró aislar a la "revolución de Concha" en los límites provinciales de Esmeraldas, no logró aplastarla militarmente dada la eficiencia de las tácticas guerrilleras usadas por los conchistas; por el contrario, los revolucionarios causaron terribles pérdidas a los cuerpos militares gubernamentales, que en ciertos combates Camarones, La Propicia fueron totalmente exterminados. La nueva oligarquía en el poder hizo de la guerra de Esmeraldas un fabuloso negocio financiero. El gobierno de Plaza, carente de recursos para sostener esa larga campaña, recurrió a préstamos de la banca privada, que
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    los proveyó mediantegrandes emisiones de papel moneda sin respaldo, obviamente toleradas por las autoridades. Esas emisiones, iniciadas años atrás y largamente superiores al monto de los préstamos hechos al gobierno, se convirtieron en un sistema de estafa al país por parte de la banca y causaron una tremenda inflación. Así, el sucre, que en 1898 equivalía a un dólar, en 1911 se cotizaba a dos por un dólar y en 1914 a 2,12 por dólar. Más, como legalmente existía libre convertibilidad y los tenedores de papel moneda empezaron a exigir que éste fuera cambiado por moneda de oro o plata, el gobierno salvó a la banca mediante la emisión de una "Ley Moratoria" (30 de agosto de 1914) que suprimió la libre convertibilidad. De este modo se encubrió y legalizó oficialmente la estafa hecha al país por la burguesía bancaria y se garantizó la continuación del fraude. La promulgación de la "Ley Moratoria" fue un hito importante de nuestra historia, pues marcó la hegemonía política alcanzada por la nueva oligarquía financiera, ala que el país bautizó acertadamente como "bancocracia" . Los Gobiernos de Alfredo Baquerizo Moreno, José Luis Tamayo y Gonzalo Córdova (1916 1924) Desde años atrás, la "bancocracia" había ido controlando paulatinamente, a través del crédito, los mecanismos económicos fundamentales del Ecuador: agricultura de plantación, comercio exterior y agro industria. A partir de entonces, pasó a monopolizar también el sistema político : el Banco Comercial y Agrícola, gerenciado por Urbina Jado, se convirtió en el gran elector de candidatos a la Presidencia de la República y a las curules parlamentarias, a los que el gobierno, por su parte, garantizaba el triunfo electoral a través del consabido método del fraude. Así fueron electos Alfredo Baquerizo Moreno (1916 1920), José Luis Tamayo (1920 1924) y Gonzalo Córdova (1924 1925), que contaron con congresos de mayoría oficialista y sumisa Baquerizo Moreno, destacado intelectual y uno de los propietarios del Banco del Estado, desarrolló una política de reconciliación nacional, que fue muy bien vista por el país. Mediante un arreglo político logró terminar con la guerra de Esmeraldas. De otro lado, puso fin a la política anticlerical y logró la colaboración de los conservadores en el campo de las relaciones exteriores. También enfrento el problema del concertaje, tan mal manejando por los gobiernos revolucionarios. Influido por el pensamiento sociológico de Agustín Cueva Sáenz y presionado por la prensa progresista, Baquerizo sancionó en 1918 a ley de abolición del concertaje, iniciativa del diputado Francisco Pérez Borja aprobada por el Congreso en octubre de 1917. La esencia de esa ley radicaba en la supresión de la prisión por deudas y del arraigo personal. El 15 de julio de 1916, durante el gobierno de Plaza y siendo canciller Alfredo Baquerizo Moreno, se firmó un tratado de límites con Colombia, negociado por el plenipotenciario ecuatoriano Alberto Muñoz Vernaza (el antiguo jefe de las montoneras antialfaristas) y el Ministro de Relaciones Exteriores de Colombia, Marco Fidel Suárez. Para nuestro país fue un convenio absolutamente oneroso, pues cedió inmensos territorios orientales a Colombia que no poseía ningún título para reclamarlos a cambio de nada, pues no obtuvo siquiera un acuerdo de alianza militar que
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    fortaleciera nuestra posiciónfrente al Perú. Empero, el liberalismo placista calló, pues voluntariamente había cedido el manejo de las relaciones exteriores del país a los conservadores, creyendo que ellos tenían mayor conocimiento de la cuestión. Por su parte, los conservadores, que tanto combatieron la política exterior de Alfaro, trataron de ocultar el fiasco de la misión. Muñoz Vernaza, pues el negociador ecuatoriano era un de sus líderes y había sido, no hay que olvidarlo, uno de los más contumaces jefes montoneros antialfaristas Sucedió a Baquerizo Moreno en la Presidencia de la República el abogado del Banco Comercial y Agrícola, José Luis Tamayo, electo del modo que ya conocemos. La Revolución Liberal y la Plutocracia MURAL Historia del Ecuador Obra de Galo Galecio Mural en la Casa de la Cultura Ecuatoriana "Benjamín Carrión" Fotografía tomada por Mario Monteforte. Durante su gobierno, el régimen plutocrático alcanzó los más altos niveles de corrupción y antipopularidad. La inflación causada por las emisiones sin respaldo llegó a niveles escandalosos. La producción exportable no lograba recuperarse y el sucre se depreció tanto que llegó a cotizarse a cinco por dólar, lo que equivalía a una devaluación de 150 por ciento con relación a su cotización de 1911. El pueblo, víctima principal de la política expoliadora de la "bancocracia", sufría el embate conjunto de la inflación, la desocupación y el hambre, por lo que empezó a protestar masivamente y a organizarse para la defensa de sus derechos. A comienzos de noviembre de 1922 comenzaron en Guayaquil las agitaciones obreras, que culminaron con una gran huelga de trabajadores que paralizó al puerto. Rápidamente las masas tomaron el control de la ciudad, con apoyo de sectores burgueses antimonopólicos, y sus organismos dirigentes empezaron a actuar como un poder paralelo al del Estado. Más la plutocracia no estaba dispuesta a permitir que continuara tal situación, que era un reto a su autoridad y devaluada aún más su imagen política. Así que usó las tropas del ejército y la policía para masacrar a los huelguistas (15 de noviembre). Luego, los cadáveres de los miles de huelguistas asesinados fueron echados al río, abriéndose el vientre para evitar que reflotaran.
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    Tras ese bautismode sangre de la clase trabajadora ecuatoriana, el régimen plutocrático desataría una represión general, contra toda protesta social. Así, el año siguiente, las tropas masacrarían a los campesinos huelguistas de la hacienda Leyto, en la provincia del Tungurahua. En septiembre de 1924 accedió a la Presencia Gonzalo S. Córdova, quien compitiera antes con Tamayo como candidato popular de oposición, pero, finalmente, terminará siendo candidato del poderoso Banco Comercial y Agrícola. Durante su breve gobierno, la descomposición del régimen liberal llegó a su clímax. El dirigente conservador Jacinto Jijón y Caamaño, candidato derrotado, se alzó en armas en la provincia de Imbabura, protestando contra el fraude electoral; si bien su movimiento fue aplastado militarmente, contribuyó a deslegitimar a la "bancocracia" en el poder. De otra parte, una seria enfermedad afectó al Presidente Córdova y lo obligó a encargar al mando al Presidente del Senado, Alberto Guerrero Martínez. En esas circunstancias, se desató un crudo invierno, que arrasó con puentes ferroviarios e incomunicó al país, casi al mismo tiempo que se producía una crisis de gabinete, a causa de la controvertida adquisición por el Estado de las acciones de la compañía del ferrocarril Guayaquil Quito. Al fin, el ejército decidió concluir con tal situación: la noche del 9 de julio de 1925, una "Liga de Militares Jóvenes" comunicaba al presidente Córdova su destitución, al tiempo que otras comisiones apresaban al poderoso gerente del Banco Comercial y Agrícola, Francisco Urbina Jado, y al general Leonidas Plaza Gutiérrez, cabezas visibles del régimen plutocráticos. Se iniciaba así la denominada "Revolución Juliana", experimento militar nacionalista que puso fin al régimen plutocrático y dio inicio a un proceso de modernización y fortalecimiento del Estado ecuatoriano. Orientaciones Bibliográficas ESTUDIOS ESPECIFICOS SOBRE EL TEMA PUEDE CONSULTARSE EN: - ALBORNOZ PERALTA, Oswaldo, "El caudillo indígena Alejo Sáes", IDIS / ADHIEC, Cuenca, 1988 , Ecuador: luces y sombras del liberalismo, El Duende, Quito , 1989 - ARISTIZABAL, Armando, ¿Quienes mataron a los Alfaros?, CDS, Quito, 1995 - AYALA MORA, Enrique, Historia de la Revolución Liberal Ecuatoriana, Corporación Editorial Nacional / Taller de Estudios Históricos, Quito, 1994 CARDENAS REYES, María Cristina, José Peralta y el liberalismo, Banco Central del Ecuador, Quito, 1988 - LOOR, Wilfrido, Eloy Alfaro, Talleres Gráficos Minerva, Quito, 1982 - NUÑEZ SANCHEZ, Jorge, José Peralta y "La Esclavitud de la América Latina", Ed. CEDEP, Quito, 1991, La revolución alfarista de 1895, Editorial CDS, Quito, 1995 - OCHOA ANTICH, Nancy, La mujer en el pensamiento liberal, Ed. El Conejo, Quito 1988 - OSPINA, Pablo, "Nueve preguntas a la historia de la gesta liberal", en Revista Procesos, Nº 7, Quito, 1995 - PAREDES, Willington, "Economía y sociedad en la costa: siglo XIX", en Enrique Ayala Mora, Ed., Nueva Historia del Ecuador, Vol. 7, Corporación Editora Nacional / Grijalbo, Quito, 1991. "La historia de la Revolución Liberal Ecuatoriana: itinerario fundamental de la Nueva Historia", en Revista Procesos, Nº 7, Quito, 1995
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    PAREJA DIEZCANSECO, Alfredo,La hoguera bárbara, Ediciones de la Comisión Nacional de Conmemoraciones Cívicas, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1990 * ESTUDIOS GENERALES SOBRE EL TEMA PUEDE CONSULTARSE EN: ACOSTA, Alberto, La deuda eterna. Una historia de la deuda ecuatoriana, Grupo de Trabajo sobre deuda externa y desarrollo, Quito, 1990 AROSEMENA AROSEMENA, Guillermo, El fruto de los dioses. El cacao en el Ecuador (1630 1983), Editorial Graba, Guayaquil, 1991 Ecuador, evolución y búsqueda del despegue económico 1830 1939, Banco Central del Ecuador, 1992 Nuestros males crónicos. La crisis económicas en el Ecuador, Edición del autor, Guayaquil, 1995 BOLOÑA RODRIGUEZ, Enrique, Origen y actualidad de la Junta de Beneficencia, Edic. De la Junta de Beneficencia, Guayaquil, 1988. Historia y desarrollo del comercio en Guayaquil, Edic. de la Cámara de Comercio, Guayaquil, 1989 CARRASCO, Adrián y otros, Sociedad, cultura y proyectos políticos en el Ecuador en el período 1895 1925, Memorias del Seminario Nacional sobre José Peralta, Fundación Frierich Nauman, Cuenca, 1988 MOLINA, Alberto, Crnel., Las Fuerzas Armadas Ecuatorianas: Paz y Desarrollo, Ediciones ALDHU, Quito, 1993 MONCAYO, Paco, Gral., Fuerzas Armadas y Sociedad, Universidad Andina / CEN, Quito, 1995 PAREDES, Willington, "Economía y sociedad en la costa: siglo XIX", en Enrique Ayala Mora, Nueva Historia del Ecuador, Vol. 7, Corporación Editora Nacional / Grijalbo, quito, 1991 VINTIMILLA, María Augusta, Estado, Nación y Cultura. Los proyectos históricos en el Ecuador, IDIS, Cuenca, 1988 Revolución Juliana, crisis de hegemonía y estabilidad política
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    GUAYASAMIN Los trabajadores 1942 Fotografía tomadade Historia del Arte Ecuatoriano, tomo 4, Salvat Editores Ecuatoriana, 1986 "Revolución Juliana", Crisis de Hegemonía y Estabilidad Política (1925 1960) El Contexto En el período 1925 1960 se destacan dos momentos bastantes definidos: el uno que va de 1925 a 1948 y el otro de 1948 a 1960. El primer momento, que parte de la revolución "juliana" y culmina con el inicio del gobierno Galo Plaza, fue un período de la historia ecuatoriana que estuvo marcado, al menos en sus primeros lustros, por la preocupación colectiva respecto a los problemas sociales, por la persistencia de la recesión económica, por las reorientación productiva, la agitación social y la inestabilidad política. En el segundo, se viviría un relativo clima de tranquilidad social y estabilidad económica y política, resultado, en mucho, de las prósperas condiciones creadas por el auge bananero. De todas formas, en gran parte del período, los ecuatorianos vivieron turbulentas y traumáticas experiencias como la misma juliana, la guerra de los cuatro días (1932), la guerra con el Perú (1941) y "la gloriosa" (144) que marcaron en los más profundo la conciencia colectiva de los ecuatorianos. 1925 a 1948 fue una etapa que se inicio con una transformación del aparato estatal, intensa lucha y carencia de hegemonía política de algún sector de la sociedad que dieron como resultado la ingobernabilidad y una enorme inestabilidad política. Ciertamente en esta época, es decir, en veintitrés años, se sucedieron alrededor de veintisiete gobiernos, ente dictaduras militares y civiles, gobiernos provisionales y regímenes democráticos. En cambio ente 1948 a 1960, bajaron las tensiones políticas, los gobiernos democráticos se sucedieron en el marco constitucional, la planificación estatal apareció y un nuevo impulso modernizador vivió el Estado.
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    En todo elperíodo, la gente entre cuartelazos, matanzas, crisis de la economía mundial y persecuciones vivió nuevas experiencias como la radio, el cine hablado, la aviación, las novedades del fútbol nacional y la mayor presencia del automóvil en las estrechas calles de las urbes que vieron crecer sus espacios. Más adelante experimentó con mayor fuerza la moda estadounidense y el miedo al nacionalsocialismo. Siguió con atención las noticias sobre la Segunda Guerra Mundial, y posteriormente, fue testigo de los primeros efectos de la "Guerra Fría", y de la tímida presencia de la televisión . Fueron hombres mujeres que se enamoraron al calor del pasillo, de "Benítez y Valencia", del tango, del bolero y posteriormente de Elvis y del rock, y se divirtieron con las películas mexicanas, con Cantinflas, y con las estampas de "Evaristo". Por otra parte, desde los años veinte de este siglo se potenciaron las capacidades organizativas y de movilización de viejos grupos humanos (artesanos y militares) pero también hicieron su ingreso a la escena nacional nuevos actores sociales (obreros y clases medias) que exigieron su reconocimiento social y político. Las calles, el espacio público, fue el territorio donde, en forma generalizada, se expresaron las demandas. La tranquilidad pueblerina de antaño, alterada de cuando en cuando por los chismes, por cualquier escándalo social y por las luchas políticas y armadas de los caudillos y sus huestes vio, con asombro y no menos susto, la presencia de la organización y movilización popular, de la huelga obrera y de otras formas de reclamo y de presencia de los de "abajo". El Estado, las elites sociales, la opinión pública, el Ejército, la Iglesia y los intelectuales, desde sus particulares visiones, corrieron a explicarse y dar cuenta de este fenómeno. Prestos dieron nueva forma a los partidos políticos, reestructuraron la legislación, fundaron organismos estatales y reflexionaron, escribieron o pintaron retratos novedosos del ambiente social que les abrumó. En este marco surgió el realismo social y el indigenismo. Semejantes percepciones de lo social y las subsecuentes acciones en este campo y, y sobre todo, los cambios que se dieron en el marco de representaciones de la gente, en su cosmovisión y en su cultura tuvieron directa y mayor relación con las transformaciones políticas y jurídicas que impulsó al Estado y, en menos medida, con las alteraciones surgidas de las estructuras social y económica del país. De cualquier manera existieron algunas modificaciones en los aspectos económicos y social que incidieron en la estructuración de clases sociales, en sus relaciones y en la producción de las ideas. La Juliana y la Medicina de la Moneda El Mayor, Ildefonso Mendoza, en Guayaquil, y el General Francisco Gómez De la Torre, en Quito, dirigieron el movimiento de la joven oficialidad que dio al traste con el último gobierno de la Plutocracia. Se formó una Junta de Gobierno integrada por uno de los más firmes opositores de los regímenes costeños, Don Luis Napoleón Dillon, liberal de avanzada, cercano al socialismo y fundador de la fábrica textil más moderna de entonces, La Internacional. El fue el representante del sector social dirigente de la sierra que mayores intereses tuvo en una transformación económica y social. Luchas intestinas, desacuerdos y contradicciones llevaron a la Junta a su disolución y la proclamación por parte del ejército, en 1927, del doctor Isidro Ayora como encargado del poder. Este puso en práctica algunos ideales julianos de democratización de las relaciones sociales y de modernización del Estado.
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    Creó el Ministeriode Previsión Social, la Caja de Pensiones y acogió algunas demandas de los sectores subalternos. Sin embargo, la realización más firme estuvo en el campo de la economía y la modernización del Estado. Dictó medidas tendientes a la estabilización monetaria y al control inflacionario evitando las permanentes devaluaciones mediante las cuales los agro exportadores habían venido superando la crisis del cacao. Para esto, en un hecho sin precedentes en el país donde todos los bancos tenían capacidad de emisión, creó el Banco Central, institución encargada de emitir billetes y de promover la política monetaria del país. Con esto descargó un duro golpe contra los agro exportadores que, hasta ese momento, por su calidad de propietarios de las divisas y de los mayores bancos, habían impuesto su voluntad al Ecuador entero. Además, siguiendo con el plan de reformas, creó al Banco Hipotecario para generar créditos a favor de la agricultura, fundó la Contraloría General del Estado, la Dirección General de Obras Públicas e instituyó la Superintendencia de Bancos. Más también, en el campo fiscal impulsó una Reforma Tributaria y una mejor estructuración del presupuesto. Ayora, confirmado presidente por el Congreso de 1929, hizo un gobierno que favoreció los intereses de los industriales al promover una política proteccionista y dio al mismo tiempo gusto a los importadores al impulsar un esquema monetario, el patrón oro, que mantenía una "moneda sana". La salud monetaria, en el marco de la crisis mundial de 1930, derivó en deflación, perjudicando a los negocios y particularmente a los agro exportadores que, sintiéndose afectados, decidieron, con el apoyo de otros sectores, desplazar en 1931 a Ayora del poder. Con este episodio se inauguró un momento de enorme inestabilidad política en el país. Revolución Juliana, crisis de hegemonía y estabilidad política PARTICIPANTES De la revolución de Julio de 1925 En Guayaquil Foto: taller Visual Sin Cacao: A Producir Café, Arroz y Azúcar A pesar de la caída del cacao, el país en este nuevo período tuvo una economía que, en su conjunto, siguió ligada a los ciclos de producción agrícola para el mercado internacional. La crisis del cacao obligó a los terratenientes costeños a diversificar sus cultivos y a reorientar la producción hacia el café, arroz y azúcar, aunque este último, en mucho, estuvo destinado al consumo nacional.
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    La industria nose estancó, al contrario tuvo un desarrollo incipiente, siendo la producción textil a que adquirió un papel importante en este período. En efecto, medio de la crisis mundial de los treinta, esta actividad fabril, en participar la de la sierra centro norte, creció en forma significativa. De igual manera, la exportación de sombreros de paja toquilla, cuyo centro de producción estaba en la sierra sur, tuvo un rol importante en el ingreso de divisas. El sector hegemónico de la economía, el agroexportador, dependiente de los vaivenes del mercado mundial, en especial el de los Estados Unidos, nuestro principal abastecedor y comprador desde inicios del siglo, con la depresión de los países centrales a comienzos de los treinta, experimentó la reducción de la demanda para sus productos; sin embargo, en los albores de los cuarenta, la Segunda Guerra Mundial estimuló nuevamente la producción y exportación de materia prima, como caucho y balsa, utilizadas para sustentar el esfuerzo bélico, pero también de café, arroz e incluso cacao. Terminaba la conflagración mundial (1944) decayó la demanda externa y aumentó la oferta de bienes de los países centrales, llevando la economía nativa a una nueva situación de crisis. En este mismo período se avanzó hacia una mayor conformación de las clases sociales. Los empresarios fundaron o reconstituyeron sus organismos de representación, las Cámaras de la Producción; aunque para esto recibieron una gran presión por parte del Estado, a través del Ministerio de Previsión Social, Trabajo, Agricultura e Industrias. El crecimiento del aparato estatal, de la burocracia, del magisterio, del ejército y de la policía incrementaron la cada vez más creciente clase media. El aumento del número de industrias, ante todo en la sierra centro norte, fortaleció a la clase obrera que, sin embargo tuvo, a nivel social, un peso específico menor al del voluminoso sector artesanal. La crisis económica y la diversificación de los cultivos de la costa propiciaron dinámicas en el campo que forzaron a buena cantidad de campesinos a trasladarse a las ciudades de la región. En ellas, algunos tendrían acceso a las pocas fábricas; los más, encontrarían cabida en los más bajos empleos, constituyendo esa gran masa marginal que crecerá violentamente en décadas venideras. En esta coyuntura, así como los empresarios lograron construir sus espacios de identidad, los trabajadores pasaron de la organización de ayuda mutua a conformar sindicatos, los que sirvieron para canalizar más eficazmente sus demandas clasistas, sociales y políticas. Consiguieron con el apoyo de sectores políticos civiles y militares de tinte socialista la promulgación de un viejo ideal, el Código del Trabajo, (1938), y fundaron, luego de intensas luchas, su organización nacional como la CTE Conferencia de Trabajadores del Ecuador, 1944 -. Empero antes, en 1938, la Iglesia católica y los grupos conservadores, luego de un largo camino habían promovido la creación de otra central obrera nacional, compuesta mayoritariamente por artesanos, la CEDOC - Conferencia Ecuatoriana de Obreros Católicos -, como repuesta al avance del "sindicalismo rojo". Un presidente después de otro (1930 48). Derrocado Isidro Ayora se inicio un período de tremenda inestabilidad política que condujo al país, solo en la década de los treinta, a tener 14
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    distintos gobiernos. Estasituación, reflejo del momento de reorientación productiva, de la incidencia de la crisis mundial y del lento proceso, de constitución de las clases, dio lugar a la inexistencia de un sector hegemónico, dentro de las familias, grupos o clase dirigentes regionales, que tenga la capacidad y fuerza política, para articular un proyecto nacional estable y coherente que arrastre tras de sí a los demás componentes del bloque de poder. Este ha sido el principal drama del país desde su fundación: la carencia de un proyecto nacional de largo aliento. Esta suerte de empate político entre las fracciones derivó en una intensa lucha que alternativamente llevó, por períodos cortos, a uno y otro sector, al control del aparato gubernamental. El coronel Luis Larrea Alba, fundador de Vanguardia Socialista, y ministro del Gobierno de Ayora, le sucedió en el mando el24 de agosto de 1931; más pudo mantenerse en el poder hasta el 15 de octubre del mismo año. Asumió el cargo el presidente de la Cámara del Senado, Alfredo Baquerizo Moreno, expresidente de la época plutocrática. Baquerizo Moreno actuó en favor de los intereses de los agroexportadores y financistas costeños que requerían de reformas monetarias, como la supresión del patrón oro y la devaluación para compensar las pérdidas que, a raíz de la crisis mundial, estaban obteniendo. En octubre de 1931 convocó a elecciones que las ganó Neptalí Bonifaz, liberal moderado, terrateniente serrano, propietario de la famosa hacienda Guachalá y primer presidente del Banco Central del Ecuador, en cuya función ganó prestigio nacional. La Misión Kemmerer En resumen, la mayoría de los ecuatorianos esperaba con interés la llegada de Kemmerer, según un periódico, "como los israelitas esperaban con impaciencia los principios claros de su Moisés". Demostraban, sin embargo, motivos encontrados al acoger a su Misión. Los defensores de la Revolución Juliana especialmente Dillon y el ejército contaban con Kemmerer para remediar los males económicos de la nación, particularmente las deficiencias en el sistema monetario y bancario. Los partidarios quiteños, esperaban que la consolidación por Kemmerer del gobierno central y de su control de los asuntos financieros nacionales, fortalecerían su posición contra sus rivales de Guayaquil. El endeble gobierno de Ayora, concebía la visita de Kemmerer como un mecanismo de legitimidad, tanto interna como externamente. Pedía justificar la prolongación del autoritarismo hasta que sus reformas se implantaran plenamente, ayudaría a convencer al Departamento de Estado de los Estados Unidos a que dejara de negar su reconocimiento a un régimen inconstitucional, y atraería préstamos extranjeros. Los adversarios del gobierno, especialmente los banqueros, compartían la esperanza de que la aprobación de Kemmerer traería inversiones extrajeras. Pero querían que promoviera la austeridad gubernamental en vez de la expansión. Puesto que los militares insistieron en la conclusión de las reformas financieras, antes de cualquier restauración de un régimen constitucional y civil, los dirigentes de los partidos y la Embajada de los Estados Unidos contaban con Kemmerer para acelerar ese proceso. Los conservadores, banqueros y costeños, por lo menos prefirieron cualquier cosa que recomendara Kemmerer a los rayos y centellas de las juntas. Los empresarios exhortaron a los trabajadores a que tuvieran fe en Kemmerer, en vez del socialismo, para resolver sus problemas económicos. Estas elites advirtieron a los obreros que suspendieran su agitación, a fin de no perturbar sus reformas ni a los inversionistas
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    extranjeros. Finalmente, elGobierno de los Estados Unidos y los representantes del sector comercial norteamericano pensaban que la Misión mejoraría la estabilidad política y el crecimiento económico del Ecuador, haciendo más propicio al país para el comercio y las inversiones norteamericanas. TOMADO DE PAUL DRAKE, "LA MISION KEMMERER ENE L ECUADOR", EN REVISTA CULTURA, VOL. VII, NRO. 19 Revolución Juliana, crisis de hegemonía y estabilidad política HERIDOS La Guerra de los Cuatro Días Fotografía tomada de Historia del Ecuador, Vol. 7, Salvat Editores Ecuatoriana, Quito, 1988. La Guerra de los "Cuatro Días" Bonifaz subió con el apoyo de vastos sectores económicos y sociales de todas las regiones del país, más la imagen de rico latifundista y debido a su tendencia despótica y autoritaria, se granjeó rápidamente la oposición de sectores medios y populares que, con el paso del tiempo, organizaron y formaron una ola incontenible que arrastró a todas las clases sociales en su contra y que dieron al traste con su gobierno. Por disposición constitucional Bonifaz debía asumir la presidencia en septiembre de 1932, casi un año después de su elección. Este período tan largo, que creó un vacío de poder, fue fatal para él. En este tiempo se enfrentaron el presidente electo en una lucha que terminaría con la blandengue democracia ecuatoriana. Si el Bonifaz de octubre del 31 era representante del consenso nacional, el de agosto de 32, por la deserción de los líderes de la costa, fue un abierto portavoz de los grandes intereses regionales, particularmente, de la sierra centro norte. Este hecho, más la fuerte oposición popular de todas las regiones, que estuvo azuzada por un discurso patriotero que acusó a Bonifaz de poseer la nacionalidad peruana, llevó al Congreso, bajo el argumento de la supuesta nacionalidad peruana del presidente elegido, a descalificarlo como presidente de la República. Producto de tales discordias, que habían encendido los ánimos a favor o contra Bonifaz a niveles inauditos, se produjo en Quito, a fines de agosto e inicio de septiembre del 21, el enfrentamiento armado interno más traumático del siglo XX, la llamada guerra de los Cuatro Días
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    Del Primer Velasquismoal Arroyismo Derrotados los "compactados" partidarios de Bonifaz organizados en la Compactación Obrera Nacional (CON), de composición mayoritariamente artesanal asumió provisionalmente el poder Alberto Guerrero Martínez, presidente del Senado. Este convocó a elecciones, ganando uno de sus favorecidos, Juan de Dios Martínez Mera, miembro del Partido Liberal y ex gerente de la Compañía Agrícola del Litoral, legendaria por la explotación a miles de pequeños productores de tabaco y caña de azúcar. José María Velasco Ibarra, joven y fogoso diputado, comandó la oposición de Martínez Mera. Desde el Parlamento se dedicaría a tumbar ministros hasta desgastar completamente al régimen. Depuesto Martínez Mera el 19 de octubre de 1933, se encargó el poder a Abelardo Montalvo, quien convocó a elecciones de las que saldría ganando el presidente de la Cámara de Diputados y candidato del conservadorismo, José María Velasco Ibarra. Velasco se posesionó de la presidencia el 1 de septiembre de 1934 y fue derribado el 20 de agosto de 1935. De igual manera que en los casos anteriores, la oposición, ahora dirigida por un connotado liberal, Alberto Arroyo del Río, hizo ingobernable el país. La falta de paciencia del turbulento mandatario dio lugar a que se "precipite sobre las bayonetas" e intente, en forma fallida, declararse dictador. Asumió el poder Antonio Pons, último ministro de gobierno, quien, lejos de someterse a las presiones de liberales y conservadores, declinó ante un consejo de oficiales que, a su vez, nombró encargado del mando supremo de la República a un desconocido ingeniero que se había ocupado de la cartera de Obras Públicas: este fue Federico Páez. Páez, inicialmente, hizo un gobierno acorde con el socialismo, la tercera fuerza política que desde la Juliana había crecido en el país. Al calor de tal revolución, el socialismo organizó en Quito su partido en 1926. En 1931, a raíz de la posición ecuatoriana respecto a la III Internacional, se dividió en dos sectores, el denominado Partido Comunista y el Partido Socialista. Mientras tanto, la joven oficialidad del ejército, ex julianos, y sectores radicales del liberalismo, decepcionados de su partido, habían estructurado también una organización que la denominaron Vanguardia Revolucionaria Socialista. Todos estos partidos, sobre todo los dos primeros, a pesar de su mecánica comprensión del marxismo y de la realidad nacional, o de su filiación dogmática de los dictámenes de Moscú, caso del Partido Comunista, dieron cabida física e intelectual a importantes sectores medios, intelectuales, artistas, literatos, profesores, oficiales jóvenes, profesionales, empleados públicos, estudiantes y, en forma escasa, a trabajadores. Siendo expresión de tales sectores no pudieron sino impulsar, a nombre de los obreros, medidas de corte reformista que, en todo caso, ayudaron a empujar la dificultosa modernización del Ecuador y dotaron a las clases populares de instrumentos políticos y jurídicos para desplegar sus futuras luchas. Efectivamente, Páez que se rodeó de elementos socialistas, expidió la Ley de Control de Cambios, Importaciones, e impidió la devaluación monetaria; creó el Instituto Nacional de Previsión, dictó reformas a las Leyes de Contrato y Desahucio de Trabajo, la Ley de Salario Mínimos para algunos sectores fabriles y el reglamento de asistencia médica. Sin embargo,
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    después de uncorto tiempo de ejercicio dio un viraje de 180 grados, colocándose contra el socialismo y desatando una feroz represión contra todo viso de progresismo. Estableció un Estado policíaco, del cual el ejército pronto se cansó y dejó de apoyarlo. A nombre de la Fuerza Armada, el 23 de octubre de 1937, el general Alberto Enríquez Galo lo destituyó y se proclamó jefe supremo. El general Enríquez, influido por las ideas socialistas, en menos de un año hizo un corto gobierno de connotaciones democráticas y modernas, siendo sus fundamentales obras la promulgación del Código del Trabajo, la Ley de Comunas y la nueva ley de educación. En este campo hizo esfuerzos grandes a favor de la institucionalización de la educación técnica y del fortalecimiento de la formación en los maestros. Así, aumentó el presupuesto para educación; creó la Facultad de Pedagogía de la Universidad Central, el Instituto de Investigaciones Científicas, el Archivo Histórico Nacional y la Escuela de Ciencias Económicas de la Universidad de Guayaquil. En el plano de la seguridad interna profesionalizó a la Policía. Su compromiso con la democracia le obligó a abandonar el poder en agosto de 1938, dejando, sin que medie consenso político alguno, la primera magistratura en manos de Manuel María Borrero. Este hecho y el evidente vacío de poder que es presentó, desató una crisis de sucesión avivado por las ambiciones personales y de partido. Con el fantasma del golpe de Estado, el socialismo ayudó a subir al poder a Aurelio Mosquera Narváez, jefe del Liberalismo. Este, muy ligado a los intereses más poderosos de Guayaquil, preparó el terreno para la elección de Arroyo del Río. Murió Mosquera Narváez en noviembre de 1937, encargándose de la presencia Arroyo del Río, a la sazón presidente del Congreso. Como este preparaba su campaña electoral encargó la presidencia a Andrés F. Córdova, presidente de la Cámara de Diputados y compañero del partido, quien convocó a elecciones. REUNION Carlos Alberto Arroyo del Río Durante un reunión en la sede del Partido Liberal, 1935. Foto: Taller Visual Carlos Alberto Arroyo del Río, después de un claro fraude electoral contra José María Velasco Ibarra, subió al poder el 1 de septiembre de 1940. Este jefe liberal, abogado de empresas extranjeras y elemento relacionado con los bancos y con los agro exportadores costeños, hizo un gobierno favorable a estos sectores mediante la desarticulación de las medidas proteccionistas que durante regímenes anteriores se habían dictado.
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    El fraude electoralfue el estigma del nuevo gobernante, quien sufrió de ilegitimidad y aislamiento. Su soledad en el poder le obligó a extremar los mecanismos represivos y autoritarios para sostenerse frente a una oposición cada vez más fuerte. Para el efecto fortaleció y utilizó al cuerpo de carabineros (actual Policía Nacional), que llegó a constituirse en una suerte de guardia pretoriana del presidente. Las políticas de seguridad externa e interna no fueron manejadas adecuadamente, cuestión que llevó al país a negociar en condiciones poco ventajosas la firma de un protocolo de límites con el Perú, situación que fue percibida por la población como derrota política y diplomática y como traición de parte del presidente y de su canciller. Como era de esperarse, esta situación profundizó la impopularidad del gobierno y su necesidad de sostenerse restringiendo las libertades públicas. Es así que, a los pocos meses de asumir la presidencia, se precipitaron las acciones armadas en la frontera, ante lo cual Arroyo, por medio del sumiso Congreso, obtuvo facultades especiales que, antes que utilizarlas para repeler la agresión y organizar la defensa, las utilizó para someter a la oposición. De esta forma las Fuerzas Armadas mal equipadas, desguarnecidas e indefensas, sucumbieron ante la superioridad peruana. A renglón seguid el gobierno, acosado por la ocupación y por las presiones regionales y continentales, firmó el Protocolo del Río de Janeiro, el 29 de enero de 1942. "La Gloriosa" La firma del Protocolo en las condiciones mencionadas y la derrota militar desarrolló en el conjunto de ecuatorianos un sentimiento de pérdida territorial y humillación histórica cuyo responsable fue identificado como el jefe de Estado. Adicionalmente, la incontrolada represión ejercida por el Cuerpo de Carabineros, los esquemas fraudulentos del ejercicio electoral, los negociados, el corte despótico del régimen y el desmejoramiento notable del nivel de vida en el período generaron un amplio movimiento social y político en su contra. Ciertamente, desde conservadores hasta comunistas llegaron a un acuerdo político para echar del poder al presidente. El movimiento cobró cuerpo y adoptó el nombre de Alianza Democrática Ecuatoriana (ADE) que, con la fuerza de os empleados públicos y privados, de la joven oficialidad, de la tropa, de los estudiantes, de los intelectuales, de los artistas, de los artesanos y obreros derrocaron al régimen el 28 de mayo de 1944. Esta insurrección popular de corte democrático y nacionalista, denominada "La Gloriosa", que tuvo el apoyo y movilización de amplios sectores de la ciudad, del campo y de las provincias, a la larga fue aprovechada y capitalizada por los experimentados políticos de la derecha al colocar a José María Velasco Ibarra como cabeza del movimiento y posteriormente como sucesor de Arroyo en la presidencia de la república. Velasco, luego de ser nombrado, en Agosto de 1944 presidente de la república, por la Convención Nacional mayoritariamente izquierdista, comenzó su administración con intereses iniciativas democráticas, la mayoría de ellas restringidas al campo educacional, cultural y laboral. Bajo estos lineamientos se creó la Casa de la Cultura Ecuatoriana, ideada por el escritor socialista Benjamín Carrión, y se aprobó el funcionamiento de la Federación de Estudiantes Universitarios del Ecuador FEUE y de la Confederación de Trabajadores del Ecuador CTE, organizaciones sociales ampliamente dirigidas por los partidos socialista y comunista.
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    La mentada ConvenciónNacional entregó al país una Carta constitucional de características democráticas, que se convirtió en camisa de fuerza para el volátil y temperamental presidente de los ecuatorianos, cuya matriz ideológica se encontraba más cerca del conservadorismo. Esta situación y la acción del Congreso tendiente a una mayor democratización del país, cansó al mandatario que, en marzo de 1945, decidió proclamarse dictador. Después de un año de sobresaltos en la política, de arrebatos y carencia de planificación en las obras políticas, Velasco convocó a una Asamblea Constituyente, mayoritariamente conservadora, que lo nombro presidente constitucional y dictó una nueva Carta Política. En agosto de 1947 su ministro de Defensa, coronel Carlos Mancheno, lo destituyó a la fuerza, a través de un golpe que se lo denominó el "manchenazo". Durante pocos días este militar asumió el mando y posteriormente lo entregó al presidente del Congreso, al conservador Mariano Suárez Veintimilla. Después de trece días en el poder, por disposición del Congreso entregó la presidencia a Carlos Julio Arosemena Tola, designado hasta la conclusión del período legal, 31 de agosto de 1948. A Producir Banano Después de un largo reacomodo de la producción costeña, desde 1948 hasta los primeros tiempos de los setenta, el Ecuador continuó la vieja tradición del modelo de agro exportación. Ahora le tocó a un fruto, al banano, cuya producción y cuya exportación se constituyeron en eje de la economía durante la mitad de este siglo. En la presidencia de Galo Plaza Lasso (1948 52), y aprovechando una caída profunda de la producción bananera centroamericana causada por las plagas, la costa ecuatoriana comenzó a producir la fruta. Estimuladas por el mercado, dichas producción y exportación alcanzaron niveles espectaculares, sobrepasando los cien millones de dólares de exportación de 1955. Este hecho visiblemente contrasta con el promedio de 7.4 millones de dólares obtenidos por el país por las exportaciones durante la década de los treinta. Lamentablemente esta situación se modificó desde fines de los cincuenta, cuando comenzaron a recuperarse las plantaciones centroamericanas, lo que devino en mayor competencia y contracción de los mercados para nuestra fruta. Entonces, los niveles de exportación crecieron lentamente, en tanto que la producción alcanzaba cifras nunca antes vistas. Sobrevinieron crisis de sobreproducción que afectaron particularmente a los pequeños y medianos finqueros, que fueron la base de la primera expansión del banano. Además de esto, la difusión de plagas y el agotamiento del suelo tropical afectaron a los productores menos capitalizados, que no pudieron reaccionar ante la crisis. Resultado de tal proceso fue el surgimiento de la gran plantación como eje de la producción bananera y la quiebra de los pequeños productores. Al finalizar los sesenta, la exportación bananera conservó aún la hegemonía dentro de la economía ecuatoriana, no obstante había bajado significativamente su importancia . Empero, a inicios de los setenta, bajo el mismo modelo primario exportador, el petróleo ocuparía el lugar del "oro verde".
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    Vamos a industrializarel País Los importantes ingresos fiscales provenientes de la tributación por exportación bananera fueron canalizados para apuntalar proyectos viales de gran envergadura y para afianzar un nuevo modelo de desarrollo cuyo eje debía ser la industrialización. Hasta estos años la economía ecuatoriana había funcionado con un modelo de producción y exportación de materias primas y de importación de manufacturas, maquinaria y tecnología. Salvo contados y fugaces casos en nuestra historia económica, las exportaciones habían superado a las importaciones; la regla más bien había sido el permanente déficit comercial y la fuga indiscriminada de nuestros limitados recursos naturales y monetarios. En fin, el modelo aplicado desde la fundación de la República reducía al país a una fuerte y peligrosa dependencia del mercado mundial, de los vaivenes del comercio internacional, cuestión que había retrasado su desarrollo y agudizado su situación de pobreza. Desde los cincuenta, por incidencia de la CEPAL Comisión Económica para América Latina -, organismo de las Naciones Unidas, se empezó a pensar en posibilidades de desarrollo y crecimiento independiente para la región. La CEPAL planteó que el camino para nuestro país, como para el resto de países de América Latina, llamados de la "periferia", era, en una primera etapa, impulsar un proceso industrial "sustitutivo de importaciones", para lo cual había que obligadamente desarrollar un mercado interno. Par la aplicación de este nuevo modelo, el Estado debía tener un rol protagónico. De esta manera, ya desde 1948, el gobierno ecuatoriano decidió aplicar el esquema de desarrollo vía industrialización. Así las autoridades del Estado encontraron el mejor respaldo técnico en el Banco Central, institución que aportó con varios de sus técnicos, como José Corsino Cárdenas y Germánico Salgado, para que integraran las misiones de la CEPAL. El Banco Central, en primera instancia, se dedicó a investigar la realidad económica y social del Ecuador. Gracias a esto, el Ecuador contó por vez primera con estudios serios sobre su economía y con series estadísticas confiables, basadas en varios censos nacionales. Revolución Juliana, crisis de hegemonía y estabilidad política
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    REGION AMAZONICA El RíoNapo Foto tomada del Atlas Geográfico y Universal y del Ecuador, Grupo Editorial Océano, España, 1996. La Región Amazónica (1760 1960) A partir de 1760 varias fases bien claras marcas el compás de los modos de inserción de las poblaciones indígenas (amazónicas) en la sociedad dominante. Después de la expulsión de los jesuitas, la red de colonización (en la lata amazonía), ya muy debilitada, se reduce considerablemente, mientras que los indios gozan de una recuperación demográfica a la vez que territorial, muy notoria, especialmente en los grupos quichua hablantes. El retroceso económico de los blandos hace que, por primera voz desde el fin de siglo XVI, por iniciativa de los mismos indios, se establezca contacto entre los colonos y los indios rebeldes. A pesar de la hostilidad y de la incomprensión que caracterizan estos encuentros, algunos comerciantes adquieren la costumbre de relacionarse con los "aucas", estableciendo de esta manera un tipo de relación generalizada posteriormente por el desarrollo del patronazgo. A partir de 1850, la progresiva intensificación de las actividades extractivas en la (amazonía), unida al acelerado desarrollo económico del piedemonte peruano, provoca un nuevo reflujo de indios rebeldes que se aíslan en zonas refugio, y un aumento correspondiente del volumen de los intercambios entre colonos y quichua hablantes, por un lado y entre quichua hablantes y "aucas" por el otro. Todo esto permite que los "mansos" recuperen su rol de intermediarios entre el mundo "salvaje" y el universo de los colonos. La presión económica a la que están sometidos los Quichua, unida a su gran crecimiento demográfico, les obliga infiltrarse progresivamente en zonas abandonadas o recorridas por los "infieles". El boom del caucho marca una ruptura en esta evolución que todavía no es muy estable: significa el regreso a prácticas esclavistas a gran escala, que como antaño afectan al conjunto de las poblaciones autónomas, pero al mismo tiempo comporta la instalación de nuevas formas de articulación más durables especialmente en la zona de la Amazonía ecuatoriana, donde la extracción del caucho de segunda clase (la balata) se efectúa en el marco de pequeñas empresas obligadas por la falta de medios, a transigir con las sociedades indígenas, quienes le proporcionan su mano de obra. Con el colapso del ciclo cauchero, los blancos abandonan nuevamente la región, empero del boom deja sus huellas en una fracción de esa red de pequeños explotadores, transformados en comerciantes de otros productos de extracción, red a la cual se incorporan los indios rebelde en forma definitiva.
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    Implantados en tierrasrebeldes, merced al caucho, los patrones van a lograr mantener su poderío sobre estos grupos, gracias a la conjunción de varios factores: la creciente dependencia de los indios en las armas de fuego, el desmantelamiento (consecuencia de los estragos causados por la explotación del hevea) de ciertos circuitos de intercambio indígenas que caen en manos de mestizos y finalmente el relativo empobrecimiento de los quichua hablantes, sometidos a una presión económica y a un control cada vez más pesado, que les imposibilita proporcionar a los "aucas" todos los bienes manufacturados que éstos últimos quien obtener. Desde entonces, el trabajo alienado, más o menos intenso según las regiones, se convierte en un elemento permanente en la vida de todas las sociedades indias de la Alba Amazonía ecuatoriana. Al mismo tiempo se entiende y se consolida el patronazgo, aparecen también las premisas de nuevas formas de explotación del trabajo indio. A partir de 1920 las compañías extranjeras y luego las multinacionales, sobre todo las petroleras, comienzan operaciones en la Alba Amazonía. Como consecuencia de este fenómeno, un creciente número de indios se ve incorporado de manera episódica en el trabajo asalariado , lo que permite que comience a circular, aunque lentamente, dinero en la región, con el desarrollo de la cría ganadera, fomentada por las misiones, la economía monetaria se genera progresivamente en toda la Amazonía ecuatoriana, y la integración de los indios a la economía comercial se vuelve definitiva e irreversible a partir de los años 1950 1960. Correlativamente, las relaciones entre "aucas" e indios quichua hablantes pierden importancia económica a los largo del siglo XX. En cambio, y es necesario subrayar este punto, esta relación no pierde ninguna de sus funciones sociológicas y simbólicas, pues aunque ya no son los únicos en proveer los bienes occidentales, los Quichua siguen siendo los únicos que pueden traducir en términos indígenas (fundamentalmente shamánicos) las relaciones de fuerza entre indios y blancos, lo que les permite mantener el rol de intermediarios culturales esenciales. Hay también que hacer hincapié en uno de los aspectos fundamentos de la historia contemporánea en el piedemonte ecuatoriano, frente a la zona amazónica de influencia peruana. La precoz y vigorosa expansión peruana no ocasiona en la alta Amazonía oriental la aparición de un frente de colonización sostenido por una gran infraestructura misionera, sino más bien la instalación de una gran red de dependencia económica muy jerarquizada, controlada a larga distancia por agentes establecidos en ciudades muy alejadas de la zona de operación de esa red. Por el contrario, el noroeste de la Alta Amazonía, en el piedemonte ecuatoriano, el deshielo económico y social, más lento y tardío que en el Perú, manifiesta muy rápidamente con el nacimiento de un verdadero frente de colonización, concretado en un continuo tejido de implantaciones mestizas, pero cuyas redes sociales tipo patronazgo, a excepción de la provincia del Napo, son muchas menos desarrolladas que en el este. Esta evolución diferencial tiene consecuencias muy distintas sobre las poblaciones aborígenes involucradas, puesto que la colonización a distancia modifica las formas de producción indígenas e indirectamente las estructuras políticas. Sin embargo, en general, la territorialidad, el tipo de hábitat, y los grandes lineamientos de la organización social son relativamente poco afectados. De manera inversa, la creación de un frente de colonización efectivo, acarrea cambios inmediatos y dramáticos en la reorganización de los indios expulsados de sus territorios, los que rechazados por los colonos,
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    fueron sedentarizados porlos misioneros en "reservas" cada vez más reducidas. Por esta razón, los Shuar que hasta las primeras décadas del siglo XX fueron los menos "aculturados" y los más aislados de los grupos jíbaro, se encontraron brusca y violentamente atrapados dentro de un conjunto de presiones, las que en el lapso de treinta años lograron transformar radicalmente su organización social y cultural; por contraste, los Achuar, a pesar de haber confrontado diferentes manifestaciones de la presencia colonizadora desde el siglo XVII, si no antes, escaparon durante largo tiempo de la brutal aceleración de la historia, porque su inserción en la sociedad global se hizo siempre del marco de estructuras dispersas que no afectaron fundamentalmente su organización socio territorial tradicional. En otras palabras la naturaleza de las luchas entre indios y colonos es absolutamente distante en el piedemonte, donde la tierra, como en la sierra se ha convertido en el elemento decisivo; y en el frente oriental de hylea, en el cual el control y explotación del trabajo indio continua siendo, como antaño, el elemento estratégico en la articulación de las poblaciones aborígenes a la sociedad nacional. TOMADO DE ANNE CHRISTINE TAYLOR, "EL ORIENTE ECUATORIANO EN EL SIGLO XIX; 'EL OTRO LITORAL'", EN JUAN MAIGUASHCA , ED., HISTORIA Y REGION EN EL ECUADOR, 1830 1930, CORPORACION EDITORA NACIONAL / FLACSO, QUITO, 1994 Revolución Juliana, crisis de hegemonía y estabilidad política GRUPO Trabajadores de la construcción en la ciudad de Ambato Foto: Taller Visual Modernización o Desarrollo Este programa económico, cuya base técnica se encontraba en la planificación y acción estatal, mal o bien asumido por todos los presidentes del período. En tal sentido, éstos últimos emprendieron en una importante modernización del aparato estatal para ponerlo a tono con las necesidades del modelo. Es así que se creó la Junta de Planificación para diseñar las estrategias industrializadoras; se fundó CENDES para promover y diseñar proyectos industriales; se instituyó la Comisión Nacional de Valores, que después adoptaría el nombre de Corporación Financiera Nacional, para financiar proyectos industriales; se fundó la SECAP para capacitar a la mano de obra, y se creó e INECEL para establecer un gran sistema eléctrico a nivel nacional, necesario para el trabajo de las nuevas industrias. No sólo por la concepción del modelo, sino por la incapacidad empresarial de las elites ecuatorianas, tradicionalmente imbuidas por una practica y
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    mentalidad rentista ypremoderna, el Estado, como algunas veces antes, tuvo que liderar un proceso de cambio en la economía, después de cuya aplicación, obtuvo resultados positivos. Así, la inversión industrial que entre 1953 57 fue de un promedio anual de 15.6 millones de sucres, ascendió a 583 millones de sucres en el período de 1964 68 y a 867 millones de sucres entre 1969 72. En la misma línea, el Estado, siguiendo con el libreto, desarrolló el mercado interno, para lo cual, impulsó un agresivo programa de construcción de carreteras, empero la mayoría de ellas unirían los dos tradicionales polos Quito Guayaquil, y a sus zonas de influencia. Con esto, de alguna manera, se ampliarían significativamente el espacio nacional, más también se consolidaría el Estado bicentralista, que impidió el desarrollo más equilibrado de todo el territorio nacional. La modernización también llegó a las zonas rurales atrasadas y desprotegidas. Algunos terratenientes serranos, con mentalidad moderna, motivados por un mercado de productos lácteos en expansión, modernizaron sus haciendas y liquidaron las relaciones tradicionales de trabajo como el huasipungo; otros también emprendieron por el mismo camino impulsados por su afán de mediatizar la lucha campesina en su momento de elevación de la conflictividad social en la zona rural y en los suburbios de las ciudades. Sin embargo, la modernización de las relaciones sociales de fines de los cincuenta e inicios de os sesenta, también fue producto de las políticas continentales de seguridad impulsadas por los Estados Unidos, como respuesta de la ola revolucionaria levantada en toda Latinoamérica luego de la revolución cubana de 1959. Una de estas políticas fue la denominada Alianza para el Progreso, en el marco de la cual se llevó a cabo la primera Reforma Agraria en 1964. Las reformas que se llevaron adelante en el período, aparte de no resolver problemas fundamentales de la economía, fueron medidas desarrollistas que no hicieron sino agravar el estado de dependencia y la crisis económica del país. Las poderosas elites de ambas regiones, rentistas y mercantilistas, aplicaron el modelo según su conveniencia, desnaturalizándolo. Así se creó un aparato jurídico que sobreprotegió a la industria, desarrollando una "falsa industria" y un Estado adiposo y paternalista. Ciertamente, la industrialización de sustitución "fácil de importaciones" fortaleció una industria que importaba con grandes exenciones tributarias maquinaria, productos semielaborados, elevado número de componentes del productos a ser "fabricado" y en forma creciente, incluso, materia prima. Y en lo que respecta a la Reforma Agraria, por su diseño terrateniente, al repartir tierras, la mayoría de ellas estériles (páramos), sin crédito ni asistencia técnica, profundizó el minifundio y lanzó a miles de campesinos a engrosar las filas de los marginales en las grandes ciudades. Tempranamente, el modelo "ecuatoriano" de "sustitución de importaciones" comenzó a mostrar sus debilidades. En los sesenta al reducirse el flujo de dinero proveniente del banano, bajaron los recursos para financiar el aparato estatal que dinamizaba el proyecto industrializador. Esto se manifestó en el serio déficit de los presupuestos y
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    en la subsecuentereducción en la inversión en los programas modernizadores. La crisis de los exportadores de banano y la crisis del Estado se la trasladó, como siempre, y a través de medidas tributarias y monetarias, a los hombros del pueblo. Esto, en el transcurso de los sesenta, agudizó la conflictividad social y la lucha política, desatando nuevamente situaciones de rompimiento de la democracia. La Sociedad: entre la esperanza y la ira La relativa prosperidad económica, la aplicación del modelo industrialización, el crecimiento del estado, la ampliación de oportunidades de trabajo y el mayor contacto entre las regiones, entre otras razones, en los cincuenta, fortalecieron a los sectores medios de la sociedad y a los trabajadores, dando lugar a una baja de tensiones a nivel social y político. Entre las elites económicas no se dio una mayor diferenciación y especialización económica, a no ser por la relativa fuerza e independencia a un pequeño y moderno sector industrial. Las viejas y poderosas familias del país mantuvieron un carácter regional, una mentalidad mercantilista y rentista e invirtieron en todos los sectores de la economía. La expansión de la población estudiantil- especialmente universitaria -, el crecimiento del magisterio y la ampliación de la burocracia fortalecieron a la clase media que, en el período, ganó espacios de poder en los gobiernos. De esta clase, un pequeño grupo de tecnócratas, muchos de ellos de origen socialista, cumplió un papel destacado en el montaje de los nuevos proyectos estatales. Sin embargo, de esta misma clase surgió un vigoroso movimiento estudiantil que, sobre todo en los sesenta, se colocó al frente del movimiento contestatario popular ecuatoriano. Se fortaleció la FAUE Federación de Estudiantes Universitarios del Ecuador y se fundó la FESE Federación de Estudiantes Secundarios del Ecuador, 1966. El proceso industrializador, ocupado en primer término de la producción de bienes simples alimentos, bebidas, calzado, vestuario, etc., no sólo que fortaleció numéricamente a la clase obrera, sino que debilitó al poderoso artesanado que tradicionalmente se había ocupado de esos menesteres. Se derrumbaron muchos talleres artesanales, y algunos de sus miembros fueron absorbidos por el sistema fabril. La aplicación del agresivo programa vial, la cancelación de las relaciones precarias de producción en el campo y la ampliación del mercado de trabajo gracias al "boom bananero" incidieron en el crecimiento de pequeños finqueros en la costa, en el desarrollo urbano y en la migración campesina a las urbes. Se expandió un sector marginal en las ciudades que fue la base social del populismo. Este fenómeno, que se personalizó en Velasco Ibarra, tuvo más fuerza en la costa, Guayas, Los Ríos, El Oro, provincias que durante el período 1950 60 recibieron el 80% de las migraciones internas del Ecuador. Las relaciones tradicionales fueron rotas entre los sectores hacendatarios; no obstante, algunas prácticas económicas antiguas se siguieron manteniendo a nivel del campesinado medio y pequeño en los pueblos del antiplano. De la misma mera, la organización comunitaria indígena se mantuvo en pie. La ampliación de la frontera agrícola por la producción del banano, el trazado de buena cantidad de carreteras y los procesos de colonización crearon una constelación de nuevos pueblos, algunos de los cuales, por su posición estratégica por ejemplo Santo Domingo de los Colorados -, se
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    convirtieron en verdaderoscentros de comercio alcanzando en poco tiempo la condición de ciudades. Revolución Juliana, crisis de hegemonía y estabilidad política PRESIDENTES José María Velasco Ibarra y Galo Plaza Lasso Foto: Taller Visual Al fin la estabilidad política En los cincuenta, el auge bananero fue el telón de fondo que permitió a las elites económicas y políticas regionales, llegar a acuerdos para implantar un proyecto nacional sobre la base de un modelo industrializador, en el que el Estado tuvo un rol fundamental. Tal acuerdo estratégico sumado a baja de tensiones sociales resultado de una mejora del nivel de vida de la población, dio lugar a una relativa estabilidad política, que redundó en el fortalecimiento de la sucesión presidencial democrática y en la ampliación del espacio y mercado nacionales, en detrimento de los regionalismos, fuentes también de las crisis políticas. En este período de racionalización de la política tuvo inevitable influencia la creciente presencia de los Estados Unidos y de las Nacionales Unidas a través del FMI y de la CEPAL. Galo Plaza Lasso (1948 1952), hijo de un ex presidente liberal y educado en lo mejor de la tradición democrática norteamericana, puso las bases políticas y económicas del período. Hizo un gobierno marcado de tolerancia política. Bajo su gestión impulsó la producción y exportación bananera y, por sus buenas relaciones con los Estados Unidos, puso establecer canales de financiamiento para las obras públicas. Apoyó el trabajo de la CEPAL y las primeras investigaciones estatales serias sobre nuestra realidad, como fue el primer censo nacional, todas estas acciones para la implantación del modelo industrializador vía "sustitución de importaciones". Realizó obras de salubridad y emprendió un programa agresivo de construcciones escolares. Enfrentó una gran catástrofe natural, el terremoto de Ambato de 1949, que dejó a la región devastada y un saldo de alrededor 10.000 muertos. Velasco Ibarra, en su tercera presidencia (1952 1956), fue un continuador del esquema económico del régimen anterior. En su administración las exportaciones de banano alcanzaron las cifras más altas; más de aquí en adelante, paulatinamente, auge perdió terreno.
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    Con un arcafiscal boyante, desplegó agresivos programas de vialidad que fueron la característica más significativa de su mandato. Con escasos contratiempos en su gobierno, por primera y últimas vez concluyó el período presidencial para el cual fuera designado. A Camilo Ponce Enríquez (1956 1960), fundador del socialcristianismo, le tocó vivir el deterioro de las exportaciones bananeras y el inicio de un nuevo período de intensa lucha social e inestabilidad política. En efecto, ante el deterioro de las condiciones de vida, la población desató intensos movimientos que fueron sofocados a punta de fusil. El amotinamiento más significativo ocurrió en Guayaquil en junio de 1959, levantamiento que fue violentamente reprimido por el gobierno. A pesar de esto, el gobierno continúo con el mismo modelo y emprendió con una importante obra de construcción pública. El inicio de los sesenta estuvo marcado por una profunda crisis económica, sobre la cual se montó Velasco Ibarra para ascender al poder en 1960. En efecto la masa empobrecida de las urbes, principalmente de la costa, siguió tumultuosamente al viejo caudillo populista, quien trituró verbalmente a los responsables del deterioro económico y regó de esperanzas las zonas marginales, cuya población entusiastamente lo colocó en la presidencia de la República otra vez. La caída del banano terminó con la luna de miel de las elites del país. Resurgió la pugna económica, política y regional. Velasco no pudo contener la crisis económica y, menos aún, canalizar la cada vez más explosiva situación social avivada por la ola revolucionaria cubana. Tuvo que ceder ante las presiones de los intereses de los exportadores y devaluar la moneda. Perdió legitimidad y desató una ola represiva para contener la creciente explosión social. Sin respaldo político y sin autoridad los militares lo tumbaron, entregando la primera magistratura al vicepresidente Carlos Julio Arosemena Monroy el 7 de noviembre de 1961. Con esto el país retornó al viejo círculo vicioso: crisis del modelo exportador primario, crisis de la democracia. Orientaciones Bibliográficas ACOSTA, Alberto, Breve Historia Económica del Ecuador, Corporación Editora Nacional, Quito, 1995. Historia Económica del Ecuador. Ed. El Conejo, Quito, 1983 FISCHER, Sabine, Estado, Clases e industria, Ed. El Conejo, Quito, 1983 LARREA, Carlos, Ed. El banano en el Ecuador, FLACSO, Corporación Editora Nacional, Quito, 1987 LUNA TAMAYO, Milton, Modernización? Ambigua experiencia en el Ecuador, IADAP, Quito, 1993 *SOBRE ASPECTOS CULTURAS, HISTORIA URBANA Y ESPACIAL PUEDE CONSULTARSE LOS SIGUIENTES LIBROS: ANDRADE, Raúl, El perfil de la Quimera, Colección Básica de Escritores Ecuatorianos, Tomo 18, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1977 CARRION, Fernando, Las ciudades intermedias en el contexto de la urbanización ecuatoriana, Documento académico, CIUDAD, Nro. 1, Quito, 1983 CRUZ, Carlos Ermel de la, Quito al Día, Gráficas Cedig, Quito, 1946
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    DELER, Jean Paul,"Estructuración y consolidación del área central (1930 1942)", en El manejo del espacio en el Ecuador, Etapas Claves, Tomo I, Geografía Histórica, IGH, CEDIG, Quito, 1983. SOBRE ASPECTOS POLITICOS CONSÚLTESE: BARRERA, Ricardo J., Descalificación presidencial, El congreso de 1932, Talleres Gráficos Minerva, Quito, 1950 CUEVA, Agustín, El Ecuador de 1925 a 1975, América Latina de Medio Siglo, Siglo XXI, México, 1977 CHIRIBOGA, Manuel, Jornaleros y Gran Propietarios en 135 años de exportación cacaotera (1790 1925), 1980 Consejo Provincial de Pichincha, Quito. QUINTERO, Rafael, El mito del populismo en el Ecuador, FLACSO, Quito, 1980 SOBRE ASPECTOS ECONOMICOS VÉASE: ALMEIDA, Rebeca, Kemmerer en el Ecuador, FLACSO, Quito, 1993. BELISLE, Jean Francois, La industria textil ecuatoriana 1920 1980, Ponencia, Coloquio PUCE, Quito, 1986 DRAKE, Paul, "La misión Kemmerer en el Ecuador: Revolución o regionalismo", Revista Cultura Nº 19, Banco Central del Ecuador, Quito ESPINOSA, Roque, El desarrollo de la industria capitalista en el Ecuador 1900 1950, Tesis, Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima, 1976 FISCHER, Sabine, Estado, Clases e industria, Ed. Conejo, Quito, 1983 GONZALES, José Luis, Nuestra gran realidad alrededor del problema de la tierra su parcelación y producción en el Ecuador, Ed. Labor, Quito, 1936 LUNA TAMAYO, Milton, Modernización, ambigua experiencia en el Ecuador, IADAP, Quito, 1992 TRUJILLO, Jorge, El sistema de Hacienda y la clase terrateniente serrana a fines del siglo XIX y las primeras décadas del presente siglo, CÍESE, Quito, 1979 SOBRE ASPECTOS LABORALES Y SOCIALES CONSÚLTESE EN: BUSTOS, Guillermo, Gremios, sindicatos y política (1931 1938). Transformaciones ideológicas y redefinición social de artesanos y obreros fabriles en Quito, Tesis de Licenciatura, Departamento de Ciencias Históricas, PUCE, Quito, 1989 HURTADO, Osvaldo y HUREDEK, Joachim, La organización popular en el Ecuador, INEDES, Quito 1974 IBARRA, Hernán, La formación del Movimiento Popular 1925 1936, CEDIS, Quito, 1984 Indios y cholos en la formación de la clase trabajadora ecuatoriana, CLACSO, Quito, 1987 LUNA TAMAYO, Milton, Orígenes del movimiento obrero de la sierra ecuatoriana, 1906 1938, Revista Cultura, Nro. 26, Banco Central del Ecuador, Quito, 1987 Los movimientos sociales en los treinta: el rol protagónico de la Multitud, Ecuatoriana de Historia Económica, N. 4, Banco central del Ecuador, Quito, 1988 Historia y conciencia popular, Corporación Editora Nacional, Quito 1989 PAEZ, Alexi, El anarquismo en el Ecuador, INFOC / CEN, Quito, 1986 RAMON, Galo, Los indios en la Constitución del Estado Nacional, CLACSO, Quito, 1989 YCAZA, Patricio, Historia del Movimiento Obrero ecuatoriano, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1983 La Historia Contemporánea Juan Paz y Miño Cepeda
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    PENSADOR CONTEMPORANEO Benjamín Carrión Unode los más importantes pensadores contemporáneos de la realidad ecuatoriana, ofreciendo un discurso de agradecimiento por el premio "Eugenio Espejo" Fotografía tomada de Historia del Ecuador. Vol 7, Salvat Editores Ecuatoriana, Quito, 1988. La "Década del desarrollo" Al comenzar la década de los 60 todavía eran visibles en la sierra ecuatoriana las haciendas tradicionales, organizadas bajo relaciones agrícolas de trabajo precario (jornales ínfimos o ausencia de salarios). La costa, en cambio, más dinámica y emprendedora, seguía siendo la base de nuestro crecimiento agroexportador sustentado en el banano, que, sin embargo, progresivamente entró en crisis. En mucho, todavía pesaba la ruralidad del país, porque la mayoría de la población se ocupaba en la agricultura, exista un crecimiento urbano reducido a unas cuantas ciudades y porque la industria y la manufactura eran todavía incipientes, así como resultaba escasa la presencia de capitales extranjeros. Sin embargo, durante las décadas del 60 y 70 aquellas realidad del Ecuador se modificó . Durante la primera, se generalizaron en América Latina las preocupaciones sobre el desarrollo (la de los 60 fue bautizada como década del desarrollo), provenientes del pensamiento económico elaborado por la CEPAL (Comisión Económica para América Latina), las propuestas del programa norteamericano "Alianza para el Progreso", (orientadas a contrarrestar la influencia la influencia de la Revolución Cubana 1959 en el continente), y las políticas reformistas impulsadas por diversos gobiernos de la región. En tales circunstancias, también el Ecuador afirmó las políticas desarrollistas, cuyo esquema básico todavía continua vigente en la década de los 70. Específicamente con la instauración de una Junta Militar (1963 66), fue posible iniciar las bases de un nuevo modelo de política económica, basado en el activo papel que se otorgó al Estado como principal agente promotor del desarrollo económico y de la modernización del sistema de libre empresa. En efecto, la Junta Militar adoptó, por primera vez, un Plan de Desarrollo y actuó en favor de tres reformas consideradas imprescindibles: la agraria, la tributario fiscal y la administración pública. Junto a la reforma agraria, iniciada en 1964, ante todo se dio prioridad al crecimiento de la industria sustitutiva de importaciones, a la que se le brindaron recursos, facilidades o
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    exoneraciones tributarias yleyes de protección. El país alentó la inversión extranjera y entró a participar en el inicial proceso de integración concretado en la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio ALALC (1960). Estas políticas condicionaron la evolución posterior del país. Si bien los gobiernos sucesores a la Junta Militar no continuaron la reforma agraria con la misma voluntad política, tampoco pudieron modificar el papel del estado como orientador de la economía. Al finalizar la década de los 60, al mismo tiempo que había descendido la participación y el crecimiento de la agricultura en la producción nacional, se había elevado la contribución de la industria y de la manufactura y se habían sentado las bases para la diversificación económica empresarial. Los cambios en la estructura social Dinamizada la industrialización, apareció un empresario de nuevo tipo. También crecieron nuevos núcleo empresariales en las otras esferas económicas . Incluso el terrateniente tradicional se vio forzado a la modernización. Y empezó a crecer el capital extranjero. De todos modos, no hubo diferencias tajantes entre distintas fracciones empresariales y predominó la concentración de sus intereses en los grupos de mayor poder, expresados en las Cámaras de la Producción, que sistemáticamente reaccionaron contra lo que consideraban políticas "estatizantes" y hasta influidas por el "comunismo", como suponían era el caso de la reforma agraria. Se extendió aceleradamente la clase media. Su tendencia general fue hacia el reformismo político y aún la radicalización. Sectores profesionales, intelectuales y tecno burocráticos comúnmente sustentaron el intervencionismo estatal. Exista receptividad para las consignas transformadoras, los cuestionamientos al poder oligárquico, las reacciones antiimperialistas y las influencias socialistas. Estos sectores pudieron expresarse en una obra cultural y literaria renovada y progresista. Entre los estudiantes, especialmente los universitarios, prendió la creciente influencia marxista. Al mismo tiempo crecieron las clases trabajadoras y se activaron su conciencia y sus luchas. Sin duda, la de los obreros de las nuevas empresas, pero también las de operarios, migrantes y pobladores urbanos dedicados a empleos y oficios de diverso orden. Se alteró la condición campesina y aparecieron nuevas reivindicaciones. Se consolidaron capas de pequeños y medianos propietarios, jornaleros y comuneros agrícolas. En cambio hubo poca comprensión de las necesidades culturales y técnicas de los indígenas, en una sociedad acostumbrada históricamente a los prejuicios y marginación de este sector. La década de os 60 se caracterizara, en consecuencia, por la complejidad de intereses sociales en formación o replanteamiento. y a todo ello contribuirá la vorágine de los cambios mundiales, la confrontaciones entre capitalismo y socialismo, las reacciones frente a las influencias de la Revolución Cubana, de enorme impacto en toda Latinoamérica durante los años 60 y los 70, así como la renovación de la Iglesia Católica a partir del Concilio Vaticano II (1962), la Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Medellín (1968) y la difusión de la Teología de la Liberación, que definieron la opción preferente por los pobres, bajo un clima cuestionador, al régimen capitalista.
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    Crisis gubernamental yconfrontaciones políticas La de los 60 fue una década de transición entre las tradicionales formas oligárquicas y las modernas relaciones capitalistas. Una época de debates sobre el "intervencionismo estatal", las libertades de la empresa privada, el papel de los militares en la vida del país y las necesidades de la justicia social frente al dominio de poderosos grupos minoritarios. Incluso una poca de reflexiones y cuestionamientos a la dependencia del país, de acercamiento constante a los postulados y reivindicaciones del Tercer Mundo y de críticas a la presencia arrogante del "imperialismo norteamericano". Todo ello fue causa de una profunda inestabilidad social, así como de continuas confrontaciones políticas, que despertaron los contrapuestos intereses entre las distintas clases sociales y se reflejaron, de inmediato, en una persistente inestabilidad constitucional. En efecto, entre 1960 y 1972 se sucedieron siete gobiernos, pero sólo dos provinieron de elecciones populares. Así, en las elecciones de 1960 triunfó, por cuarta vez en la historia, José María Velasco Ibarra, con una votación superior a la de sus tres adversarios juntos. El viejo caudillo populista expresaba así las esperanzas de masas interesadas en radicales transformaciones. Y hasta supo despertar un gran sentimiento cívico al proclamar la tesis de la nulidad del Protocolo de Río de Janeiro, que tanto había herido la conciencia nacional desde que fuera suscrito en 1942, a consecuencia de la invasión de tropas peruanas. Pero el velasquismo estuvo ligado a un estrecho círculo de agro exportadores y empresarios costeños, favorecidos aún más desde el Estado (por ejemplo a través de la devaluación monetaria), mientras se volvía creciente el malestar social contra los desajustes económicos, la inflación, la corrupción la ineficacia administrativa. En 1961 a la convulsión política general se unió la pugna con él Vicepresidente Carlos Julio Arosemena y los enfrentamientos en el Congreso, que precipitaron un pronunciamiento militar que finalmente respaldó la salida de Velasco y la sucesión constitucional en favor de Carlos Julio Arosemena Monroy. La Historia Contemporánea
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    EL PRESIDENTE José VelascoIbarra Ofreciendo un discurso. Junto a él, el vicepresidente Jorge Zabala Baquerizo. Foto: Taller Visual. Por su alianza política con sectores de izquierda, así como por su negativa a romper con Cuba, el gobierno de Arosemena (1961 - 63) ya no sólo se vio cercado por la crítica situación económica, sino por la reacción interna de la derecha y la Iglesia, en medio de un clima de agitación social acusado de extremista y bajo supuesto aliento del "comunismo internacional" y particularmente del castrismo cubano. Las encubiertas acciones de os servicio de inteligencia norteamericanos se unieron a las reacciones políticas internas, que obligaron a la ruptura con Cuba y crearon un situación insostenible para el gobierno, hasta que los militares decidieron intervenir. La Junta Militar (1963 66) que se instauró estuvo integrada por Ramón Castro Jijón (Marina), Marcos Gándara Enríquez (Ejército), Luis Cabrera Sevilla (Ejército) y Guillermo Freile Posso (Aviación). En las circunstancias de la época, el anticomunismo fue uno de los rasgos que caracterizó a la Junta, influida por las estrategias continentales norteamericanas orientadas con igual política. En consecuencia fue perseguida la izquierda, reprimidos los movimientos laborales, sociales y estudiantiles e intervenidos las universidades. La dictadura acogió, además, el programa norteamericano "Alianza para el Progreso" e inició las reformas estructurales que otorgaban al Estado un papel activo en la economía. Ello desencadenó las resistencias de las oligarquías tradicionales y principalmente la de los terratenientes, heridos con la reforma agraria. En abril de 1965, la reacción del gran comercio Guayaquileño produjo la 'guerra del arancel". Al año siguiente la beligerancia se agudizó. Los comerciantes decidieron no pagar impuestos, detener importaciones, no sacar sus mercaderías de la aduana y realizar un paro, que coincidió con la agitación generalizada. De tal manera, que, cuando en marzo del 66 se produjo la incursión de fuerzas especiales en la Universidad Central, la indignación general llegó a sus límites y los militares se vieron forzados a dejar el gobierno. Designado Presidente Provisional (29 III 66) por una junta de notables, Clemente Yerovi Indaburu concentró esfuerzos en un plan de retorno constitucional, que culminó con la reunión de la Asamblea, en la que fue designado Otto Arosemena Gómez como Presidente Interino (16 XI 66). El nuevo gobierno articuló los intereses económicos de las oligarquías serrana y costeña y se alió políticamente con la derecha de los conservadores y
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    socialcristianos. Se caracterizó,entonces, por un abierto respaldo a la gran empresa privada e incluso a las inversiones extranjeras, que condujeron a lesivas concesiones petroleras para el país (como la explotación del gas del golfo otorgada al consorcio fantasma ADA) y a la paralización de la reforma agraria. En consecuencia, fueron meramente publicitarias la negativa de Arosemena a suscribir el Acta de Punta del Este (Uruguay), sus críticas a la política estadounidenses y sus cuestionamientos al programa Alianza para el Progreso. En 1968 se realizaron las elecciones y triunfó, por quinta vez, José María Velasco Ibarra, aunque los resultados reflejaban el declive del caudillo. Nuevamente su administración resultó inestable, conflictiva y vinculada, como antaño, a poderosos círculos económicos. Aunque el Presidente se mostró firme en la defensa de las 200 millas de mar territorial (varios atuneros norteamericanos fueron detenidos) y dio inicio a la participación del Ecuador en el Pacto Andino (1969, que proyectó la integración subregional con Venezuela, Colombia, Perú, y Chile), Una vez más acumuló la creciente reacción interna y la beligerante lucha estudiantil. En mayo de 1970 el gobierno decretó un presupuesto de emergencia, nuevos tributos, aumentó los recargos de estabilización monetaria, fijó impuestos a las ventas y eliminó exoneraciones industriales. Las Cámaras de la producción decidieron acudir ante la Corte Suprema para suspender tales decretos por inconstitucionales. Esa segura decisión jurídica anticipó el golpe de estado, que sobrevino tras la destrucción de la imprenta de la Universidad Central, en medio del generalizado malestar popular y las encolerizadas protestas estudiantiles, motivadas incluso por el asesinato de Milton Reyes, presidente de la FEUE (Federación de Estudiantes Universitarios Ecuatorianos). El 22 de junio de 1970 Velasco proclamó su dictadura. Las universidades fueron clausuradas y reorganizada la Corte Suprema. En agosto, se decretó la devaluación monetaria (S./25.00 por dólar). Más tarde, Guayaquil se conmocionó con la prisión y deportación del Alcalde Francisco Huerta Montalvo y del Prefecto Asaad Bucaram. Al año siguiente el gobierno debió afrontar tanto un levantamiento militar, como la huelga nacional de los trabajadores. En medio del descalabro económico y del adverso clima político, el anuncio del retorno al orden constitucional para junio de 1972 pareció renacer esperanzas. Las candidaturas fueron definiéndose. Pro sólo la de Asaad Bucaram, caudillo indiscutible de la populista Concentración de Fuerzas Populares (CFP), preocupó al régimen, que intento descalificarla con el argumento de que Bucaram no era ecuatoriano. Sin embargo, una vez más los militares decidieron intervenir para derrocar a Velasco Ibarra, el 15 de febrero de 1972. Dictaduras militares y "Petrolerismo" Entre 1972 y 1979 se sucedieron dos dictaduras. La presidida por el general Guillermo Rodríguez Lara (1972 1976) se constituyó como gobierno Nacionalista y Revolucionario de las Fuerzas Armadas, proclamó una Filosofa y Plan de Acción y adoptó un nuevo Plan de Desarrollo. Además, inauguró una nueva política petrolera basada en los conceptos de recurso estratégico, soberanía, nacionalismo y autoridad militar. En consecuencia, el gobierno militar puso en vigencia la Ley d Hidrocarburos, revirtió al estado antiguas concesiones, fueron revisadas contratos con las compañías extranjeras, se crearon CEPE (Corporación Estatal Petrolera Ecuatoriana), TRANSNAVE
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    (Transportes Navieros Ecuatorianos),FLOPEC (Flora Petrolera Ecuatoriana), Ecuador ingresó a la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), se dispuso la participación accionaria en el consorcio Texaco - Gulf, etc., hasta llegar a una situación en la cual prácticamente el Estado controlaba el 80% de la actividad petrolera en el país. Con el inicio de las exportaciones de crudo (agosto de 1972) comenzaron a crecer los recursos nacionales. Más todavía con el espectacular incremento de los precios internacionales del petróleo en años posteriores. Sólo las exportaciones realizadas entre 1972 74 llegaron a equivaler a un monto de ingresos similar a las exportaciones ecuatorianas de los 140 años anteriores de vida republicana, pues los precios del barril exportado saltaron de US $ 2.56 a US $ 13,9. Semejante riqueza, administrada desde el Estado, permitió un sólo cierta independencia gubernamental de los grupos de poder económico (principalmente agroexportadores), sino también la consolidación del papel intervencionista del Estado en la promoción del desarrollo económico, esbozado tempranamente con la Junta Militar del año 63. Gracias a los recursos petroleros, nuevamente se dio prioridad a la industrialización bajo el esquema proteccionista de sustitución de importaciones y se amparó el crecimiento empresarial en todos los órdenes de la economía. Se enfatizó también en la reforma agraria, aunque ya sin las prioridades del proceso de los 60. Además, el país amplió su participación en el proceso de integración subregional iniciado con el Pacto Andino. 1963 - 1966 Junta Militar De izquierda a derecha Marcos Gándara Enríquez, Ramón Castro Jijón, Luis Cabrera Sevilla y Guillermo Freile Posso. Foto: Taller Visual Hubo recursos para atender múltiples necesidades a través de obras de infraestructura, electrificación, carreteras, transporte y comunicaciones, en la prospección minera y la exploración de nuevos yacimientos, así como en programas y servicios de salud, hospitales, educación y en diversidad de proyectos y acciones de desarrollo. La acción estatal también puso ser revestida con tintes populistas, mediante el control de precios, los subsidios de todo orden, las mejoras salariales, las exoneraciones o facilidades tributarias, en medio de una inflación creciente. El impulso económico condujo a un crecimiento promedio del 10% anual en el PIB. Pero el reformismo nacionalista de los militares no pudo evitar una mayor
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    concentración de lariqueza entre las antiguas y nuevas oligarquías, cuya situación contrastó, cada vez más, con la de los sectores populares Pero el "petrolerismo" duró poco. En 1975 comenzaron las dificultades en el mercado internacional debido a que los precios del crudo cayeron. A los primeros síntomas de desajuste económico se unieron las reacciones sociales y políticas, acumuladas desde la instauración de la dictadura, porque el gobierno de Rodríguez Lara, habiendo mantenido un amplio respaldo en razón de su nacionalismo en materia petrolera, frustró aspiraciones de cambio social, proscribió la vida política y convirtió la proclamada "siembra del petróleo" en quimera. Además, en 1975, importadores y comerciantes se sintieron afectados con la modificación de listas y aranceles. Todo ello y las brechas cada vez más profundas de un sector militar con el 'personalismo" de Rodríguez, crearon las condiciones para una sublevación encabezada por el general Raúl González Alvear (1 IX 75) que, aunque fracasada, será determinante para que, en enero del siguiente año, las Fuerzas Armadas decidieran la salida de Rodríguez Lara, sustituido por un triunvirato. El Consejo Supremo de Gobierno (1976 79) que sucedió a Rodríguez, estuvo presidido por Alberto Poveda Burbano (Marina) y Luis Leoro Franco (Aviación). La nueva dictadura abandonó la filosofía Nacionalista y Revolucionaria anterior, y, aunque mantuvo el papel promotor del Estado y la centralización de la política petrolera, abrió puertas al capital extranjero, flexibilizó las políticas económicas con criterios liberales y, ante la disminución de ingresos petroleros, inició un agresivo proceso de endurecimiento externo, cuya acumulación pesara posteriormente, al iniciarse la etapa de los gobiernos constitucionales, en la década de los 80. La pérdida del dinamismo económico fue la tónica del segundo quinquenio de la década de los 70. Y, en ese marco, se reactivó la reacción social general, incluso porque el triunvirato asumió una franca actitud autoritaria y represiva, que condujo a hechos como la matanza de zafreros del ingenio AZTRA y el asesinato del político opositor Abdón Calderón Muñoz, fundador del Frente Radical Alfarista (FRA), en el que directamente estuvo implicado el Ministro de Gobierno de la época. Los síntomas del cambio Las transformaciones sociales, que todavía resultaron lentas e incipientes en la década de los 60, se aceleraron y profundizaron durante los años 70. Como nunca antes, creció tanto el sector monopolista como el de pequeños y medianos negocios. A su vez, las clases trabajadoras se ampliaron y, sobre todo, desarrollaron una conciencia reivindicativa que pronto se expresó en la lucha obrera y campesina. Ya en la época del Triunvirato Militar la búsqueda de unidad clasista paulatinamente acercó a la CEDOC (Confederación Ecuatoriana de Organizaciones Clasistas), la CTE (Confederación de Trabajadores del Ecuador) y la CEOSL (Confederación Ecuatoriana de Organizaciones Sindicales Libres), las grandes centrales de trabajadores, que arribaron a plataformas y acciones reinvindicativas comunes. Después constituirán el Frente Unitario de Trabajadores FUT (1981), cuyas movilizaciones, huelgas nacionales y programas obrero campesinos, fueron determinantes en las luchas populares hasta bien entrada la década de los 80. Igualmente importante resultó el desarrollo de las clases medias y de su creciente demanda y protagonismo políticos. En dos décadas cambió el esquema partidista del país. Al inicio de los 60 se contaba con los círculos de los partidos Liberal y Conservador, el populismo
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    de CFP, elVelasquismo, los partidos Socialista y Comunista, y grupos menores como ARNE y el Social Cristianismo Poncista. Sobrevendrían, entonces, importantes cambios en la historia mundial y latinoamericana, así como renovadas influencias ideológicas, que incidieron en el surgimiento de nuevos partidos. Tanto la Revolución Cubana, como el conflicto chino soviético repercutieron en el fraccionamiento de la izquierda marxista. También se fraccionaron los partidos tradicionales. Entre otras agrupaciones de significación surgieron la Democracia Cristiana ecuatoriana y la Izquierda Democrática, influida por los principios socialdemócratas. Varias organizaciones se sustentaron en los personalismos caudillistas adquirieron orientación populista o fraccionaron aún más a los viejos partidos, de manera que, a inicios de los 70, existan una treintena de organizaciones. Sin embargo, el nuevo esquema partidista del Ecuador quedó constituido al concluir las dictaduras petroleras, cuando la primera Ley de Partidos reguló su institucionalidad. Para 1978 79 existan cerca de 20 partidos legalmente reconocidos, cuya vorágine caracterizar la política ecuatoriana desde el inicio de los años 80. Crecimiento del sector privado durante el auge petrolero Los bancos privados Más de la mitad de los bandos privados que operan actualmente en el país fueron creador en la década del70. Su crecimiento es realmente espectacular y se explica por las enormes utilidades que recibieron. De una utilidad global de 293 millones de sucres en 1970, llegó a 1.345 en 1979 y, según informa la Superintendencia de Bancos, a 1.991 millones en 1983. Si tomamos como base el año de 1970, las utilidades globales de la banca privada representan más del 460% para el año 1979. El ser tan buen negocio hizo que no sólo aumentara el número de bancos sino que además se multiplicara considerablemente su capital. Mientras en 1972 era apenas de 913 millones de sucres, en 1980 éste ascendía a 6.647, para llegar en 1983 a 10.679 millones. Si comparamos el capital de los bancos (propio de los accionistas) y las utilidades constatamos la magnitud del negocio de los banqueros. Destacamos que sólo en el año de 1977 la utilidad fue del 42% en relación a la inversión. Todo este crecimiento y obtención de grandes utilidades se lo hizo con fondos estatales y del público (). Las compañías financieras Menos conocida que la actividad de los bancos es de las compañías financieras privadas, doce en total. Aunque su autorización legal se remonta a 1963, recién en 1966 se dictó la reglamentación para el funcionamiento de la primera compañía de carácter privado constituida en el país, COFIEC. Aunque entre 1969 y 1979 la relación entre las ganancias y el capital invertido es inferior al de la actividad bancaria, el ritmo de crecimiento de las utilidades es superior en las compañías financieras. Si igualmente tomamos como base el año 1970 = 100, para 1979 las ganancias eran de 671%.
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    Fueron los propiosbancos los interesados en el crecimiento de este tipo de compañías, que tenían menos limitaciones legales para su funcionamiento. Según el economista José Moncada, () el crédito de las financieras "creció 30.6 veces en el período analizado (1970 1979). Mientras el producto interno bruto nominal sólo creció en 6.7 veces y el crédito otorgado por los bancos en 5.5 veces" . A excepción de COFIEC todo el resto de compañías fueron constituidas en la década de los ochenta. Al igual que la banca privada su rápido crecimiento obedeció al gran apoyo estatal que recibió. TOMADO DE EDUARDO PAREDES A., LA OLIGARQUIA Y LA CRISIS, QUITO CEDIS, 1985, PP 28 30 EL PRESIDENTE Jaime Roldós Aguilera Y el dirigente indígena Luis Macas en el Congreso Nacional - 1979. Foto: Taller Visual. El retorno del régimen constitucional El Triunvirato Militar concentró sus esfuerzos en un "Plan de Reestructuración Jurídica del Estado", que finalmente consistió en la realización de un referéndum para escoger entre dos proyectos de Constitución (la de 1945 reformada y la Nueva Constitución), la promulgación de la Ley de Elecciones, por primera vez en la historia una Ley de Partidos Políticos, y finalmente, la realización de elecciones para la Presidencia de la República. El proceso dejaba a un lado tradiciones jurídicas y políticas, por lo que surgió la oposición de la derecha política a innovaciones tales como el mismo referéndum (realizado el 15 I 78 y en el que triunfó la Nueva Constitución), la concesión del voto a los analfabetos, la obligación de los partidos a contar con filosofía, programa, militantes y aún alcanzar un mínimo electoral para poder subsistir, al exclusivo patrocinio de los partidos políticos para cualquier candidatura y a la introducción del sistema de doble vuelta para las elecciones presidenciales. Como ocurriera en 1970, otra vez apareció el fantasma del eventual triunfo presidencial de Asaad Bucaram, que los militares se empezaron en evitar mediante la inhabilitación de su candidatura. Y más adelante, varios de los Tribunales Electorales nombrados por la dictadura desconocieron partidos y candidatos, y alguno intentó anular las elecciones de primera vuelta, en las
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    que triunfó elbinomio Jaime Roldós Osvaldo Hurtado. Sin embargo, el proceso logró salvarse y el 29 de abril de 1979 se realizó la segunda vuelta electoral, que ratificó el triunfo de Jaimes Roldós y Osvaldo Hurtado. La crisis económica a partir de los 80 Con el inicio de la década de los 80, fueron concluyendo las dictaduras militares latinoamericanas y empezó una etapa de difícil afirmación de los sistemas democráticos, en medio del desarrollo de una crisis económica sin precedentes, que se agravó conjuntamente con el endeudamiento externo de la región y las crecientes dificultades para solucionarlo. Además, como consecuencia de la recesión en los pases capitalistas desarrollados, de las nuevas estrategias del capital financiera internacional, de los condicionamientos del FMI (Fondo Monetario Internacional), del BM (Banco Mundial), de los bancos acreedores y de la "globalización" mundial de la economía de libre empresa, pronto se difundieron en América Latina las fórmulas "neoliberales" (defensoras radicales del libre mercado capitalista), que progresivamente se consolidaron incluso porque los procesos de glasnost y perestroika soviéticos propiciaron reformas que concluyeron con el derrumbe definitivo del llamado socialismo real. En consecuencia, al finalizar la década, por todas partes fueron imponiéndose las políticas en favor de la "modernización" de los sistemas, la "reducción" del Estado y las "privatizaciones". La era de la crisis arrastró los otros órdenes de la vida social. Se habló, entonces, de la "década perdida", para América Latina. También con el inicio de los 80 sobrevendrían los cambios en Ecuador. Durante las dos décadas anteriores el empresariado había planteado demandas y resistencias ante la intervención estatal, con el propósito de defender la libertad económica y la propiedad privada aunque se beneficio de la misma atención del Estado y del proteccionismo económico. Además, exigió apertura al capital extranjero, procuró mayores beneficios en el comercio exterior, reacción contra aranceles, impuestos o controles de precios, quiso flexibilizar las leyes del trabajo, etc. De manera que, al iniciarse la etapa constitucional, las cámaras de la producción presionaron por el cambio de rumbos en las políticas públicas, profundizando, cada vez más, sus reacciones contra el intervencionismo estatal del pasado. De hecho, el modelo de desarrollo basado en el proteccionismo industrial y el amparo estatal al crecimiento empresarial (modelo estatal nacional desarrollistas) se volvió insostenible en las circunstancias de la globalización de la economía de mercado. En medio del cambiante contexto mundial, de las condiciones sobrevinientes por la crisis económica ecuatoriana, del creciente endeudamiento externo y a consecuencia de las sucesivas políticas gubernamentales, cambiaron las perspectivas del desarrollo y se impusieron los objetivos e intereses de un nuevo modelo de acumulación (modelo empresarial), que enfatizó en la iniciativa empresarial privada, la liberalización e los mercados, la apertura al mundo capitalista internacional y el repliegue del estado como agente de la economía. Sin embargo, la adopción del modelo empresarial postergó la atención de las grandes mayorías nacionales, cuyos niveles de vida se deterioraron permanentemente. La sucesión de medidas económicas, que en Ecuador no dieron los resultados logrados por otros países, volvió tortuoso el manejo de la crisis. Tampoco resultó esperanzadora la eficacia y competitividad atribuidas a la "libre empresa". Sobre todo suele destacarse la rentabilidad a costa de salarios bajos y también la baja promoción del bienes laboral. El nuevo esquema social y político
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    Durante el primerlustro de la década de los 80 hubo un claro protagonismo de los sectores populares, que encontraron espacio para formular sus demandas y conquistar varias reivindicaciones. A ellos se unieron partidos y movimientos de izquierda y, sobre todo, el liderazgo que adquirió el FUT. Pero en el segundo lustro de los 80 ese protagonismo laboral fue perdiendo efectividad. Y con el derrumbe del socialismo mundial todo el movimiento entró en crisis. En cambio, al comenzar los años 90, tomó auge el movimiento indígena, que reivindicó sus nacionalidades y su identidad étnico cultural. Organizaciones como la CONAIE, ECUARUNARI y FENOC ampliaron el escenario de sus luchas y demandaron la atención a los pueblos indígenas y al campesinado. Todo el país sintió el impacto del levantamiento indígena de 1990 y luego el de su movilización en 1994. De manera que la activación de las reivindicaciones indígenas país a cuestionar los rumbos tradicionales del Ecuador. En todo caso, adquirieron primacía los intereses empresariales, entre cuyas filas creció al acceso directo a las funciones públicas, el interés por promover candidaturas políticas y el deseo de establecer gobiernos con influencia directa propia, hecho que fue particularmente visible tanto en 1984 como en 1992. Al mismo tiempo, a partir de la década de los 80 y en virtud de las normas constitucionales que establecieron el régimen institucional de partidos políticos, se activaron en torno a ellos las luchas electorales, las estrategias de campaña, las candidaturas y los cabildeos y pactos políticos de todo orden. El protagonismo de los partidos y de la clase política fue determinante para la conducción de os sucesivos gobiernos y de la oposición ciudadana. Todo lo cual no impidió que, en forma paralela, se difundiera en la sociedad la búsqueda de alternativas de organización, presencia y demanda frente a las capas que llegaron a concentrar el poder. Ecuador experimentó, además, significativos cambios no sólo en sus estructuras económicas y sociales, sino también en las formas de vida cultural y cotidiana. Uno de los fenómenos más interesantes e influyentes fue el crecimiento de los medios de comunicación (prensa, radio y televisión), que penetraron a los hogares y contribuyeron al debate sobre las circunstancias y rumbos del país. Al mismo tiempo, se fortaleció la educación, al menos en cuanto al cubrimiento de la demanda, porque hubo serios cuestionamientos a su calidad, especialmente en cuanto se refiere al papel de las universidades estatales. Tuvieron renovación las actividades académicas, literarias e investigativas (como ocurrió particularmente en el área de las ciencias sociales). Pero decretó la preocupación gubernamental por el fomento cultural del país, que junto con el creciente deterioro de las políticas sociales, descuidaron la atención de amplios sectores populares. La Historia Contemporánea Los gobiernos de la etapa constitucional Entre 1979 y 1998 se sucedieron en el Ecuador ocho gobernantes constitucionales, seis de ellos por elección popular. Cada uno representó una tendencia partidista distinta, hecho inédito en la historia latinoamericana de las últimas dos décadas. Y cada uno de tales gobiernos fue desbordado por el fenómeno de la crisis económica desatada a partir de 1982. Los "21 Puntos Programáticos" concretaron el proyecto reformista del gobierno de Jaime Roldós y Osvaldo Hurtado (1979 81), nacido de la alianza entre CFP y la Democracia Popular (demócrata cristianos y conservadores
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    progresistas), que inauguróla fase constitucional. Se puso en marcha un plan que contemplo la consolidación del sector estatal de la economía, en circunstancias relativamente esperanzadas, porque el barril del petróleo bordeaba los 40 dólares. Pero Roldós fue cercado, desde el comienzo, por una serie de reacciones sociales, por las que provenían de la oposición y aún por la beligerante acción de la Cámara Nacional de Representantes. En 1981 se produjo un hecho imprevisto: el enfrentamiento fronterizo entre soldados de Ecuador y Perú, que por poco desemboca en una guerra. Entonces fue preciso reorientar recursos hacia la defensa nacional. Pocos meses después sobrevendría otra tragedia: la muerte del Presidente Jaime Roldós, el 24 de mayo de 1981. A Jaime Roldós sucedió el Vicepresidente Osvaldo Hurtado (1981 84). De acuerdo con la inspiración demócrata cristiana del gobierno, se atribuyó al Estado un papel económico promocional y socialmente redistribuidor de la riqueza y se valoró la organización popular. Sin embargo, el FUT líder la protesta popular y el desarrollo de varias huelgas nacionales exigiendo profundizar las reformas ofrecidas. Además, Hurtado debió afrontar la beligerante oposición de las Cámaras de la Producción, temerosas de sus políticas. Y, a partir del 82, el desencadenamiento de la crisis. Coincidieron las inundaciones (1983), que acabaron con la producción agrícola del litoral y destruyeron infraestructuras y obras públicas. Para afrontar los desajustes, Hurtado procuró la austeridad fiscal, la restricción de importaciones, la limitación de subsidios y la subida de precios. Tales políticas condujeron a las "minidevaluaciones" monetarias, el incremento de los intereses, el aumento de tarifas en los servicios públicos y, a fines de 1983, a la controvertida "sucretización" de la deuda externa privada (el estado asumió el pago en dólares de la deuda empresarial privada que fue transformada a sucre). Así, paulatinamente habían adquirido énfasis las "medidas económicas", que exigieron un cambio de conceptos y políticas, con los cuales, a su vez, entraba en transición el modelo estatal. Cada vez más interesaron los enfoques "gradualistas", las búsquedas de equilibrios macroeconómicos, la vertiente neo liberal de varias medidas y aún las perspectivas de renegociación de la deuda, en los términos usualmente exigidos por el FMI en toda Latinoamérica. Pese a las crecientes dificultades, el gobierno de Hurtado logró mantener la institucionalidad constitucional y aún recuperar en algo la maltrecha economía del país, en su último año de gestión. A Osvaldo Hurtado sucedió León Febres Cordero (1984 88), líder del Partido Social Cristiano, que triunfó con el apoyo del "Frente de Reconstrucción Nacional" (una alianza de los partidos de derecha) y un amplio consenso del empresariado nacional. En consecuencia, durante su gobierno dirigente y líder de las cámaras de agricultura, comercio, industria y bancos, ocuparon ministerios y puestos claves de las principales instituciones, de tal manera que las nuevas políticas, que condenaron las ejecutadas por el gobierno anterior, se orientaron por el "neoliberalismo" en auge. Así la problemática económica del país fue reenfocada y el papel del estado definitivamente cuestionado, afirmándose la apertura al capital externo, la liberalización del mercado y a fe casi absoluta en los valores desarrollistas de la empresa privada. La orientación económica y política del gobierno socialcristiano afectó a los sectores populares, cuyas condiciones de vida sufrieron el impacto de los ajustes económicos, motivados incluso por un terremoto ocurrido en la amazonía (1987), que obligó a paralizar durante un semestre las
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    exportaciones de petróleo.Además, Febres Cordero imprimió a su gestión un evidente autoritarismo político, que fue justiciado incluso con el combate al grupo armando "Alfaro Vive". En medio del reprimido clima de malestar y de la progresiva orientación del gobierno en torno a intereses regionales costeños, Febres Cordero debió afrontar un levantamiento del Comandante de la Fuerza Aérea, Frank Vargas, que impacto en reactivar a la oposición. El conflictivo ambiente social llegó a tal situación que el Congreso aprobó una resolución pidiendo la renuncia de su cargo al Presidente de la República (21- I-87). Pero Febres Cordero continuó su gestión hasta concluirla en medio de una situación económica muy crítica, una creciente corrupción pública y un evidente deterioro de la democracia. Política económica de Roldós y Hurtado La política económica de los regímenes de Roldós y Hurtado puede interpretarse como un intento de armonización de intereses de los grupos tradicionales (exportadores, banqueros, terratenientes, comerciantes) y los correspondientes a los segmentos burgueses que emergieran en un primer plano al socaire de la renta petrolera (industriales y financieros). La referida orientación aunque no se traduce en un respaldo empresaria a las administraciones determina sin embargo un rápido desgaste del proyecto reformista por el cual se inclinó el electorado de 1978 y 1979. Con el telón de fondo de una crisis cada vez más virulenta, la sociedad ecuatoriana experimenta un retroceso de las fuerzas reformistas y un notable avance de las posiciones y planteamientos económicos y políticos del imperialismo y la derecha tradicional. El gobierno de Jaime Roldós primero y el de Osvaldo Hurtado posterior y más acentuadamente, reflejan esas realidades cuyos principales afectos constituyen: el agravamiento de las condiciones del subdesarrollo, el repliegue del Estado como estratega y promotor del crecimiento, la aguda crisis de balanza de pagos, como efecto de la transnacionalización financiera, la traslación del eje de acumulación desde la industria subsidiada hacia los grupos monopólicos con sustento en las exportaciones de productos primarios, las crecientes dificultades y la tendencia a la ruina de mediana y pequeñas industrias, el reforzamiento de las prácticas especulativas, la institucionalización de la inflación, el parasitismo financiero, la sobre exploración de los trabajadores y la depauperización de la mayoría de los ecuatorianos. Esta realidad exenta de retórica apunta a proyectarse largamente a remolque del concertaje económico en que se ha iniciado el país respecto a las altas instancias del capitalismo internacional. La conducción económica de los últimos años representa los límites y el fracaso del desarrollismo cepalino y, más aún, la regresión económica y social que ha significado enfrentar la crisis con la terapéutica fondomonetarista (). TOMADO DE RENE BAEZ, ECUADOR: CRISIS Y VIABILIDAD, IESS, QUITO 1984, PP. 88 - 90 La Historia Contemporánea
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    CONFLICTO Miembro del Ejército ecuatoriano,durante el conflicto bálico con el Perú, 1995, en la zona de la cordillera del Cóndor. El nuevo gobierno del socialdemócrata Rodrigo Borja (1988 92), patrocinado por la Izquierda Democrática, fue el resultado de la reacción política contra la derecha. En consecuencia, se preocupó por restaurar la convivencia democrática e institucional del país y desconfió del heredero neoliberalismo, procurando atribuir al Estado alguna gestión en la promoción de la economía. Sin embargo, tampoco pudo sustraerse al modelo empresarial y a los condicionamientos internacionales, de manera que adoptó medidas tendientes a flexibilizar el Código del Trabajo, promocionar la microempresa y el sistema de "maquilas" (trabajo complementario en la elaboración de productos finales exportables), así como continuó con los paquetes y medidas de estabilización económica, la observación de las recomendaciones del FMI, el inicial debate sobre las "privatizaciones" y la expresa acción ejecutada para la "reforma del Estado". Borja contó con mayoría legislativa de su partido. Proclamó el "pago de la deuda social" y la "concertación social". Pero obró en medio de las herencias acumuladas por la crisis. A la época, incluso las huelgas nacionales, promovidas por el FUT, perdieron resonancia. Resultó difícil, en consecuencia, promover acciones eficaces, a pesar de que se concretaron algunas campañas de salud, educación y atención indígena. Fue significativa la iniciativa gubernamental para intentar una solución al diferendo limítrofe con Perú mediante el arbitraje del Papa, inscrita en una renovada conciencia nacional. Sin embargo, al concluir el gobierno, las realizaciones liberales del manejo económico contradecían las definiciones socialdemócratas proclamadas por el régimen y la "deuda social" quedaba frustrada. En las elecciones presidenciales de 1992 triunfó Sixto Durán Ballén (1992 96), viejo militante y fundador del Partido Social Cristiano, quien, sin embargo, fue auspiciado por el Partido Unidad Republicana, rápida y coyunturalmente formado para el efecto. Su gobierno reafirmó las bases del modelo empresarial. Políticos ligados a los partidos tradicionales, pero también administradores o asesores empresariales pasaron a ocupar importantes funciones públicas. Con ello tomaron impulso las políticas
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    favorables a lareducción modernización del Estado, quedó definido el interés estratégico de las "privatizaciones" y se aseguraron las bondades atribuidas al sistema de mercado y empresa libres. En poco tiempo las reacciones y las críticas populares se volvieron generales. A ello se sumó la ausencia de políticas sociales, que demostraron insensibilidad frente a derechos y demandas provenientes de sectores ciudadanos, laborales, campesinos e indígenas. Incluso alarmó el avance de la corrupción público, que obligó a la salida del vicepresidente Alberto Dahik, envuelto en tales escándalos. Durante los primeros meses de 1995 se produjeron graves enfrentamientos entre tropas del Ecuador y del Perú en la zona de la cordillera del Cóndor. El gobierno de Sixto Durán captó de inmediato la unidad nacionales y el ejército ecuatoriano logró detener la agresión. Con visión realista, Sixto Durán Ballén reconoció la vigencia del Protocolo de Río de Janeiro y aceptó la concurrencia de los países garantes del Protocolo (Argentina, Brasil, Chile y los Estados Unidos) para lograr la pacificación con Perú y la desmilitarización de la zona en conflicto. Ecuador y Perú iniciaron así un complejo proceso de negociaciones que culminó en el gobierno de Jamil Mahuad. En las elecciones de 1996 triunfó el líder populista Abdalá Bucaram, auspiciado por el PRE (Partido Roldosista Ecuatoriano). Pero su gobierno apenas se sostuvo seis meses. Durante ellos Bucaram hizo gala de sus propios espectáculos de tarima. Además , de las acciones de gobierno aprovecho un estrecho círculo de empresarios, familiares y amigos. La imagen del Estado como botín político y económico escandalizó a la opinión pública nacional. La indignación ciudadana creció ante semejante clima de corrupción (que incluso tuvo trascendencia internacional) y derivó en masivas marchas y manifestaciones que obligaron al Congreso a destituir al presidente mediante la declaración constitucional de "incapacidad mental", hecho inédito en la historia del país. Por algunas horas sucedió a Bucaram su Vicepresidenta Rosalía Arteaga. Como consecuencia de los arreglos políticos a su interior, el Congreso designó finalmente a Fabián Alarcón Rivera, dirigente del FRA, como sucesor constitucional en calidad de Presidente Interino. Pero el estilo de gobierno del interinazgo (1997 98) se basó en la habilidad para manejarse con las distintas fuerzas políticas, pero no en la búsqueda de soluciones eficaces y duraderas para enfrentar la persistente crisis económica y social. En enero de 1998 se reunió una Asamblea constituida por miembros elegidos mediante votación popular, que se transformó en Asamblea Nacional Constituyente y se funcionó en forma paralela al Congreso. La Asamblea prácticamente puso en vigencia una nueva Constitución, porque reformó a fondo la de 1979, y encauzó el nuevo proceso electoral que culminó con el triunfo de Jamil Mahuad, destacado militante de la Democracia Popular, sobre Álvaro Noboa, candidatizado por el PRE. Un nuevo ciclo constitucional La Constitución Política aprobada en el referéndum de 1978 fue el marco jurídico bajo el cual se sucedieron los distintos gobiernos hasta 1998. Ella cerró un ciclo histórico constitucionalista de 19 años, que se caracterizó, en materia política, por la institucionalización del régimen de partidos. La nueva Constitución de 1998 inició, por consiguiente, un nuevo ciclo constitucionalista que, si bien reconoció la actividad de los partidos políticos, desnaturalizó el régimen institucional de los mismos mediante la introducción de las candidaturas independientes y la votación unipersonal.
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    Una vez posesionado(10 VIII 1998) el Presidente Jamil Mahuad dio prioridad, durante los primeros meses de gobierno, el proceso de negociaciones limítrofes con el Perú y encaró la definitiva solución del mismo, contando con el apoyo de la ciudadanía y particularmente con el que provino de las Fuerzas Armadas. El difícil proceso involucró la actuación mediadora de los países garantes del Protocolo de Río de Janeiro, con cuyo concurso Ecuador y Perú arribaron a una fórmula definitiva y a la suscripción de los Acuerdos el 26 de octubre de 1998, por parte de los presidentes Jamil Mahuad, del ecuador y Alberto Fujimori, del Perú. Tales Acuerdos fueron luego ratificados por los Congresos de los dos países. Con ellos y sobre la base del Protocolo de Río de Janeiro, quedó fijada la línea fronteriza común y superado un diferendo de larga historia republicana. Además los tratados y negociaciones adicionales abrieron paso a las todavía insospechadas posibilidades de integración de dos pueblos que ganaron en identidad nacional y paz. La Historia Contemporánea FIRMA DE LA PAZ Acuerdo de paz entre Ecuador y Perú. Octubre 26 de 1998, por parte de los presidentes Jamil Mahuad y Alberto Fujimori. Este logro de trascendencia histórica y significación internacional para el gobierno del Presiente Mahuad contrastó, sin embargo, con la atención a los problemas internos del país. La alianza parlamentaria entre la Democracia Popular y el Partido Social Cristiano, impensable en otra época, pasó a sustentar la viabilidad de los proyectos gubernamentales. Al mismo tiempo el gobierno concentró esfuerzos en la reforma tributaria y el financiamiento de la calamitosa hacienda pública. En ese marco acogió las propuestas socialcristianos y a partir de enero de 1999 suspendió la vigencia del impuesto a la renta e introdujo el impuesto del 1/ a la circulación de capitales, con lo cual se perdieron las orientaciones redistributivas de la riqueza. Paralelamente el gobierno implementó el salvataje económico para algunos bancos del país, cuyas dificultades amenazaron al conjunto del sistema financiero, mientras la subida del dólar, del tipo de interés y de la inflación, pasaron a constituirse en fenómenos incontrolables de la coyuntura. En marzo de 1999 el gobierno de Mahuad decretó un feriado bancario y la
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    congelación de depósitosy ahorros de la ciudadanía. Tal medida evidenció a las políticas de salvataje bancario como fórmulas subordinadas a poderosos intereses financieros. El sector de la "bancocracia", identificada con negociados bancarios y banqueros corruptos lució como un beneficiario privilegiado, mientras la opinión generalizada del país se escandalizó con la situación financiera, que condujo al cierre de varias instituciones, la fiscalización de los bancos y la intervención de la creada AGD (Agenda de Garantía de Depósitos). A fines de año, el descalabro económico y el deterioro institucional agudizaron las tensiones políticas y sociales. Progresivamente crecieron las demandas de renuncia del Presidente. En enero del 2000 los desenlaces ocurrieron en cadena. Mahuad, vencido por la presión de poderosas élites empresariales y la incapacidad para afrontar el deterioro del sucre, decretó la "dolarización" de la economía ecuatoriana. Los movimientos sociales, a cuya cabeza se colocó el movimiento indígena, cuestionaron el papel de las funciones Ejecutiva, Legislativa y Judicial. Una masiva presencia indígena en la ciudad de Quito, que incluso llegó a tomar la sede legislativa, recibió, en forma inesperada, la solidaridad y apoyo de un grupo de oficiales y tropas del Ejército, que el 21 de enero proclamaron un Triunvirato de Salvación Nacional integrado finalmente por el General Carlos Mendoza, el abogado y político Carlos Solórzano Constantine y el líder indio Antonio Vargas, cuya presencia expresó un hecho inédito en la historia republicana. Pero el Triunvirato duró pocas horas, pues el 22, el Congreso destituyó a Jamil Mahuad y designó como nuevo Presidente a Gustavo Noboa. Sin embargo, el "golpe de estado", que despertó inquietud nacional e internacional, había precipitado la caída de Mahuad. El gobierno del Presidente Noboa ha iniciado su gestión con serios desafíos y con enormes esperanzas. Sin embargo, la puesta en marcha de la dolarización, bajo las condiciones más adversas, consolida el modelo neoliberal. Durante dos décadas tal modelo ha producido un evidente deterioro de los niveles de vida y remuneración de las amplias mayorías del país y, al mismo tiempo, un abismo frente ala concentración de la riqueza en sectores sociales minoritarios. Por ello, el desafío del Ecuador actual se dirige a replantear el modelo de desarrollo empresarial basado en las concepciones neoliberales, cuyas recetas han merecido profundos cuestionamientos en América Latina. Orientaciones Bibliográficas *Para un conocimiento amplio del período 1960 1990 puede consultarse: AYALA MORA, Enrique, Ed., Nueva Historia del Ecuador, Vol. 11, Corporación Editora Nacional / Grijalbo, Quito, 1991 *Para la interpretación de las últimas décadas, desde visiones diferenciadas, véase: CUEVA, Agustín, El proceso de dominación política en el Ecuador, Editorial Planeta, Quito, 1988 CORDES, La ruta de la gobernabilidad, CORDES, Quito, 1999 HURTADO, Oswaldo, El poder político en el Ecuador, 6a. Ed., Ariel, Letraviva, Ed. Planeta, Quito, 1998, Política democrática, Los últimos veinte y cinco años, Tomo 1, FESO / Corporación Editora Nacional, Quito, 1990 MENENDEZ CARRION, Amparo y otros, Ecuador. La Democracia esquiva,
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    ILDIS, Quito, 1991 QUINTERO,Rafael, Ed., La cuestión regional y el poder, Corporación Editora Nacional, Quito, 1991 VARIOS, Populismo, Ildis, El duende, Abya Yala Quito, 1992 *Las circunstancias y políticas económicas de los gobiernos iniciados en 1979, son estudiadas en: ARAUJO, María Caridad, Gobernabilidad durante la crisis y políticas de ajuste, CORDES, Quito, 1998 SCHULDT, Jürgen, Elecciones y política económica en el Ecuador 1983 1994 THOUMI MERIEE GRINDLE, Francisco, La política de la economía del ajuste: la actual experiencia ecuatoriana, FLACSO, Quito, 1992, ILDIS, Quito, 1994 VITERI DIAZ, Galo, Las políticas del ajuste. Ecuador 1982 1996, Corporación Editora Nacional, Quito, 1998 *La historia de la deuda ecuatoriana en: ACOSTA, Alberto, La deuda eterna, Editorial El Duende, Quito, 1990 *Para una comprensión más amplia de los partidos políticos en Ecuador consúltese las siguientes obras: MEJIA COSTA, Andrés, Partidos políticos. El eslabón perdido de la representación, CORDES, Quito, 1998 TRIBUNAL SUPREMO ELECTORAL, Los Partidos Políticos. Documentos básicos , TSE / Corporación Editora Nacional, Quito, 1989 TRIBUNAL SUPREMO ELECTORAL, Análisis de los procesos electorales, TSE/ Corporación Editora Nacional Quito, 1990 *Para el movimiento obrero e indígena puede verse: YCAZA, Patricio, Historia del movimiento obrero ecuatoriano, Tomo II, CEDIME / CIUDAD, Quito , 1991 VARIOS, Indios, ILDIS El Duende Abya Yala, Quito, 1991 Historia del espacio y el territorio en el Ecuador
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    GUAYAS Cinco Cerros Foto CésarFranco, Bolo Franco. Tomado de Ecuador del Pacífico, Banco central del Ecuador, Quito, 1998. Historia del Espacio y el Territorio en el Ecuador (Desde la época aborigen hasta el siglo XIX) María Elena Porras Paredes Hacia una nueva perspectiva de análisis: Los nuevos referentes teóricos Una nueva lectura de la historia territorial o llamada también "historia de límites" del Ecuador supone, hoy en día, la utilización de nuevos conceptos y referentes metodológicos en el tratamiento y comprensión del tema, en acuerdo con las propuestas desarrolladas por diversos especialistas nacionales y extranjeros que desde tiempo atrás vienen estudiando el proceso de la organización del espacio y el territorio en el Ecuador. Una aproximación al tema de la historia del espacio y el territorio en el Ecuador exige un manejo apropiado de la noción de espacio, categoría utilizada especialmente por algunos geógrafos franceses contemporáneos Olivier Dollfus, Robert Brunet y Jean Paul Deler, entre otros - , quienes han aplicado este concepto al estudio del espacio andino, en particular. Su interés primordial radica en caracterizar al espacio en sus diversas manifestaciones y relaciones con la sociedad que lo produce. Así, frente al "espacio geográfico", definido como el espacio concreto natural, se encuentra el "espacio social", organizado y controlado en función de las necesidades de reproducción de la sociedad. De manera que el espacio geográfico se convierte en un "espacio social", cuya estructura es reflejo de la sociedad que o ha organizado. En cada época de la historia, la sociedad va imprimiendo su sello más menos profundo en el espacio, en relación con las estructuras económicas y sociales que le son propias y con sus reglas de funcionamiento. La relación sociedad espacio va a caracterizar el "espacio geográfico social", definido como un conjunto apropiado, explotado, recorrido, habilitado y administrado por cualquier sociedad. Se trata entonces de comprender cómo se ha organizado ese espacio en esa geografía tan particular, como es la de los Andes ecuatorianos; conocer quiénes y cómo lo intervinieron; entender que cuando estos espacios se
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    superponen, coinciden ose transforman, ello supone también la generación de conflictos y competencias entre las sociedades, y aceptar que estos espacios pueden desaparecer o destruirse, por la disgregación de las sociedades que los crearon, pues al no ser inmutables o variar en su origen, duran tanto como las sociedades y las intervenciones humanas. Como categoría ligada a la primera a la del espacio -, está además la de territorio, cuyo definición contiene un doble significado: primero, como "una porción cualquiera del espacio terrestre, en general delimitado", y, el segundo, más objetivo y rico, en tanto contiene una idea de apropiación, de pertenencia o al menos de uso del espacio. En otras palabras, el territorio "es el espacio aquel en el que se habita, que se marca (delimita) y por el que se pelea" (Brunet). De la manera como los grupos humanos ocupan el territorio y utilizan una determinada estrategia de reproducción histórica, se puede llegar a definir con mayor exactitud el significado de las "jurisdicciones" los "límites", las "fronteras", y también las "regiones". Sólo desde esta perspectiva conceptual y de análisis se puede configurar una historia de la organización espacial y del territorio, en su compleja dimensión, opuesta a una "historia de límites", como se venía haciendo para el caso ecuatoriano sólo hasta sólo hasta hace poco tiempo. Herencia espacial del Territorio Ecuatoriano Los Pueblos aborígenes del Ecuador: La organización de su espacio En función de estos nuevos referentes teóricos, la nueva perspectiva histórica que estudia la organización del espacio durante la época aborigen del actual Ecuador, enfatiza en las grandes transformaciones que se dieron en la sociedad aborigen, a fin de comprender el carácter que asumió la organización del espacio durante esa etapa. De allí que los estudiosos han analizado, en primer lugar, las sociedades de cazadores recolectores; más tarde a las primeras culturas agro-alfareras, con su concomitante proceso de sedentarización, que dio lugar al surgimiento de las primeras aldeas; luego los denominados "señoríos étnicos" y, finalmente, el Tahuantinsuyo, imperio Inca, al que quedaron sometidos los "señoríos étnicos". Según las últimas evidencias arqueológicas, el primer poblamiento en el territorio del actual Ecuador sucedió alrededor de los 12.000 a de C., con los cazadores recolectores, cuyos asentamientos poblacionales fueron de carácter temporal y se ubicaron básicamente en los valles altoandinos. En la costa, la caza y la recolección se unió a la pesca. Después de varios milenios, se produjo entre las sociedades aborígenes una transformación de grandes proporciones como resultado de la aparición de la agricultura. Las comunidades aborígenes aprendieron a domesticar los animales y las plantas, y a cultivarlas en diferentes pisos ecológicos. A partir de entonces, el maíz constituyó la base del sometimiento de estos pueblos. Con el desarrollo de la agricultura, se posibilitó el crecimiento de estas comunidades, que para entonces ya tenían un cierto nivel de estabilización espacial, es decir, ya no eran sociedades nómadas, sino grupos que habían logrado apropiarse de un espacio más estable. De este modo, surgieron las primeras aldeas agrícolas, con una diferenciación social y cierto grado de división del trabajo. A su interior se mantuvo una estructura comunal y una redistribución incipiente. Corresponden a estas características socioeconómicas las culturas de los llamados por la
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    arqueología períodos Formativo(6000 5000 a. de C.) y Desarrollo Regional (500 a.C 500 d.C): Valdivia, Chorrera, Machalilla, en la costa; Cotocollao y Cerro Narrío, en la Sierra, y en la Amazonía, la Fase Pastaza y los pueblos vinculados a la misteriosa Cueva de los Tayos, entre las más importantes. Estas culturas y otras que vinieron posteriormente se desarrollaron ocupando un mayor ámbito territorial, con una vida urbana estable, agricultura desarrollada, variedad en la producción de artefactos, inclusive de metal. Mantuvieron canales de intercambio de productos, especialmente entre zonas geográficas diversas con climas y posibilidades productivas complementarias. Los Señoríos étnicos norandinos Los señoríos étnicos fueron unidades políticas que se desarrollaron en el Período de Integración (500 d. de C. 1.500 d. de C.), gracias a alianzas guerreras que luego se consolidaron mediante complejos sistemas de parentesco y pertenencia étnica. Se denominaron también "cacicazgos", y contaron con una organización menor basada en unidades menores llamadas "ayllus", que reprodujeron, a una escala menor, el control de diversas zonas productivas, lo que hizo posible que sus miembros mantuvieran la estructura de producción comunitaria. Historia del espacio y el territorio en el Ecuador GRAFICO Complejo Habitacional Y Ceremonial del Sitio Sangay, ejemplo de organización espacial de una aldea durante el período formativo. La organización cacical no implicó la existencia de un territorio demarcado con fronteras fijas, pues cuando no se convertía en área de influencia, era inestable y sujeto a frecuentes cambios, puesto que más importante eran las relaciones de parentesco y pertenencia étnica que la existencia de una base territorial delimitada. La organización económica de los cacicazgos supuso, en primer término, un buen manejo y conocimiento del medio ambiente, de manera que pudieron desarrollar en un sistema de "agricultura multicíclica en diversos pisos altitudinales contiguos", lo que significó el máximo aprovechamiento del entorno natural y el uso óptimo de la fuerza de trabajo. Esta forma de utilización del espacio fue mucho más clara entre los
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    cacicazgos que teníansus centros poblados en la Sierra, de tal manera que como lo explica Deler, utilizaron pisos desde los 3.000 m. de altura, hasta alrededor de los 2.000 m. en los valles interandinos o en las cejas de montaña. En el callejón interandino se han distinguido dos pisos principales: el del maíz, entre 2.400 m. y 3.200 m. de altura, y el de la papa, por encima de dicho límite. Para la costa, estaría la franja costera, con influencia marina; y la región interior y los valles de comunicación altos y secos como el Chota, por ejemplo, y las laderas húmedas o de "ceja de montaña". Estos señoríos habría organizado su espacio, entonces, en función del autoabastecimiento y del tipo de intercambio efectuado con productos cultivados en los diversos pisos ecológicos, los de proximidad (porque la ida y vuelta entre la comunidad y el piso se hacía en una o dos jornadas); de distancia mediana o interregional, y de larga distancia, de varios centenares a miles de kilómetros. A los dos primeros se los ha calificado como de tipo "vertical", es decir, entornos a pisos ecológicos de diversas altitudes para obtener una complementariedad productiva, que permitía aplicar a su vez los principios de reciprocidad y redistribución (véase fascículo 2). Para el caso ecuatoriano, el calificativo utilizado por Salomon para explicar este sistema de apropiación espacial ha sido el de "microverticalidad" en contraposición al de la macroverticalidad o "archipiélago vertical" incaico del actual Perú, utilizado por Murra. Esta definición la ha hecho Salomon en consideración a que en la Cordillera Norandina o Andes Equinocciales (actual Ecuador) las distancias entre los diversos pisos ecológicos es menor, tanto en desplazamiento como en altura. El sistema de asentamiento de los señoríos funcionaban a manera de "constelación", es decir, sin un núcleo central jerárquico al que se vincularan otros de manera radical (como es el caso del archipiélago vertical de los Andes Centrales), sino más bien como una malla, en la que se establecía múltiples relaciones. Así, los habitantes de las tierras altas conseguían, mediante este sistema, los productos que necesitaban y que no tenían: sal, algodón, ají y coca. Por ejemplo, los otavalos intercambiaban su producción propia con el algodón y la sal de la parte mediana del valle del río Mira. Los habitantes de Quito mantenían contacto tradicional con los yumbos de las pendientes occidentales. Con ellos intercambiaban sus excedentes de maíz y tubérculos por algodón y ají. En la Costa, por su lado, los huancavilcas y los manteños, quienes desarrollaron una especial tecnología con la llamada concha "spondylus" o "mullo", para la elaboración de la chaquira, practicaron un comercio a larga distancia apoyados en una importante tecnología de navegación marítima. Todo esto en un tiempo y con una distancia muchísimo menor de lo que sucedía entre los habitantes del Cuzco y del resto de los señoríos peruanos situados en los Andes centrales o en la costa. Los Incas y su organización espacial Gracias a una manera muy especial de entender el mundo a un modo particular de adaptarse a un espacio geográfico para servirse de él, los ayllus antiguos y las familias incas lograron controlar una vasta región denominada Tahuantinsuyo (4.500 Km. De largo y 500 Km. De ancho, desde el sur de
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    Colombia hasta Chile). Elesfuerzo espacial integrador lo iniciaron los incas a partir de la segunda mitad del siglo XV, cuando lograron dominar una serie de poblaciones con aproximadamente 10 millones de habitantes, de ascendencia étnica diversa, es decir, con rasgos raciales y culturales diferentes. Los Incas supieron recoger las experiencias seculares de los pueblos dominados y las perfeccionaron, estableciendo una sistema socioeconómico basado también en el aprovechamiento de los diversos pisos ecológicos, con lo cual alcanzaron un alto nivel de complementariedad productiva, convirtiéndose en la principal estrategia de organización del espacio. La organización de este espacio se complementó con la construcción del Camino Real o "Qápaq Ñan", que permitía la comunicación entre extensos territorios; la repartición de poblaciones a través de un sistema próximo al decimal; la creación de asentamientos jerarquizados denominados "tambos" y "cuasi Cuzcos", y una organización del poder militar muy eficiente, para actuar y controlar el espacio político económico, mediante los "mitmaj o mitmajkunas", migrantes forzosos, conducidos de una región a otra, con quienes el Estado inca aseguraba los territorios conquistados, además de que también eran empleados con otros fines. La concepción del territorio por parte de los Incas fue muy particular, ya que se asentó en tres aspectos fundamentales: el primero, el agrícola, concentrando fuerza de trabajo en unidades de espacio (ayllus); el segundo, el manejo de grandes extensiones de territorio en donde pensaba más su aprovechamiento que su extensión. De allí el llamado "archipiélago", como un sistema que incluía a su vez las características de: vertical, porque el control de los pisos ecológicos se hacía en función de la altitud para aprovechar la complementariedad de recursos; de horizontal, para que funcione la reciprocidad y redistribución, y de estructural, porque la sociedad se dividía en decenas de grupos étnicos que se diferenciaban por sus ritos, creencias y lenguas. Un tercer aspecto era el de noción de frontera, muy diferente a como la entendemos actualmente. Se trataba más bien de "zonas de transición" (Vargas) entre diferentes tradiciones culturales, en donde se producían contiendas o fusiones. Asimismo, esa transición estaba determinada por la ausencia de límites o linderos, de forma tal que era posible entender la complejidad de las relaciones intraétnicas e interétnicas, tanto de dominio como de equivalencia. En otras palabras, y como lo dice el historiador Marco Palacios, "es transición por excelencia por ser un proceso fluido de formación, transformación y cristalización de estructuras agrarias, de empuje lento o acelerado hacia la coherencia socioeconómica y espacial del grupo que la habita". Historia del espacio y el territorio en el Ecuador Resulta igualmente inapropiado hablar de "límites" del Tahuantinsuyo, pues más bien los pueblos o ciudades eran "zonas de contacto más o menos fluidas", entre las cuales era muy difícil trazar una línea de demarcación. Esto habría ocurrido justamente en el caso de la zona norandina o Andes septentrionales, actual Ecuador, en donde se dieron tres áreas de integración o unificación política. La primera, a partir de la cuenca del río Chira y siguiendo por el callejón interandino, una zona de auténtica presencia inca,
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    cuyo eje fueTomebamba (actual Cuenca), a la que se denominó "otro Cuzco"; la segunda, cuyo eje fue Tacunga (hoy Latacunga), también establecimiento de tipo otro Cuzco, y, por último, la actual región de Quito hasta el norte de Ibarra, en que predominaron los llamados mitmaj conocidos en Quito como mitimaes. Al mismo tiempo, el Tahuantinsuyo se dividió en dos mitades o sayas: Hanan, la parte de arriba y Hurin, la parte de abajo, con lo cual se trascendió el nivel cosmogónico, pues, por un lado, el avance que hicieron los incas se sostuvo desde el centro, y por otro, porque la dualidad, rasgo de civilizaciones antiguas que también se dio en los Andes, permitió que la presencia inca resultara menos odiosa al compartir un principio esencial, mágico y político, de organización espacial. El ejemplo del Estado Inca en los Andes ecuatorianos demuestra con claridad que no obstante haber logrado la incorporación de los territorios norandinos a su sistema "cuatripartito", los incas encontraron dura resistencia entre los pueblos aborígenes con los que tuvieron que luchar durante unos diecisiete años para establecer su presencia. Los incas no lograron terminar con la resistencia de los señoríos étnicos que iban sometiendo; así sucedió en Tomebamba y Quito. La explicación debe buscarse en los conflictos suscitados por la propia estructura política inca (estado centralizador) y la autonomía que poseían los señoríos étnicos norandinos. Los incas cortaron, por ejemplo, los vínculos de intercambio a larga y mediana distancia que los pueblos de los sierra habían mantenido durante muchos años con las tribus de las selvas occidentales y amazónicas. De allí que habrían encontrado dura resistencia entre los yumbos del noroccidente de Pichincha, los ancestros de los cayapas y los tsatchelas o colorados; los chonos, lachas y otros grupos más. Los incas debieron llegar a la región de los Quijos, sin embargo, como existían allí sociedades más complejas, como los omaguas, no consiguieron ninguna hegemonía. Casi en vísperas de la invasión europea (1531), el Tahuantinsuyo sufrió debilidades internas: unas, como consecuencia de la prolongada movilización militar contra los señoríos étnicos norandinos, lo que provocó motines entre la aristocracia cuzqueña, y, otras, como consecuencia de la rivalidad entre Huáscar y Atahualpa, que se disputaban la sucesión del gobierno imperial, tras la muerte de su padre Túpacyupanqui. Los sentimientos anti incas entre los señoríos norandinos hicieron posible la alianza con los españoles, como fue el caso de os cañaris, quienes, aunque en un principio comprometidos con la causa inca, decidieron finalmente ayudar a los españoles en la conquista del sur andino. En el norte, también los españoles encontraron apoyo entre los cayambis, dirigidos por el cacique Quiamba Puento. En Quito, Rumiñahui reprimiría a los señores de Zámbiza, Collahuazos y Pillajos, como rebeldes anti incas, encabezados por el curaca Suquillo, en procura de detener el avance español. Penetración Colonial Española y Organización Territorial Desde el inicio, los conquistadores se dieron cuenta de la particularidad geográfica e histórica que poseían los territorios norandinos. Frente a esta realidad, que exigía el establecimiento de específicos mecanismos de control y organización de este vasto espacio, desarrollaron un sistema jurisdiccional de unidades menores y mayores que biunívocamente se correspondían tanto
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    en el ámbitotemporal civil (gobernaciones, alcaldías, corregimientos, cabildos, audiencias y virreinatos), como en el espiritual (obispados, parroquias, curatos y arzobispos). Este sistema se refería a la jurisdicción como el espacio, no necesariamente delimitado, en donde una autoridad cualquiera ejercía su mando. En cuanto a la jurisdicción eclesiástica, ésta se concedía únicamente a través de bulas pontificias. La jurisdicción civil y "espiritual" no siempre se cumplió de manera estricta, ya que muchas veces se combinaron las atribuciones de las autoridades civiles y eclesiásticas. Por ejemplo, los términos generales que abarcó la Audiencia de Quito en 1563 acogieron los del Obispado de 1545; sin embargo, en cuanto a sus límites, mientras que por el norte el Obispado sólo iba hasta Pasto (pues Popayán era la capital de otra diócesis), Cali, Buenaventura y Buga. Por el sur, ocurría lo contrario, el Obispado se extendía hasta San Miguel de Piura, pero en cambio, en lo civil, pertenecía a la Audiencia de Lima. En lo que toca a la región amazónica, a pesar de que antes de 1563 se iniciaron desde Quito las incursiones a esta zona, fue muy difícil para las autoridades españolas determinar límites fijos a esta jurisdicción, que estaba bajo la jurisdicción del Presidente de la Audiencia. De ahí que en la propia cédula de erección de la Audiencia de Quito se hayan fijado como términos "todos los territorios que se descubrieren y poblaren", por la imposibilidad de la corona de poseer información suficiente y medios adecuados para determinar sus linderos. Juntar para separar: La Ciudad Hispana y las Reducciones En lo que al ámbito regional y local urbano se refiere, el deseo del Rey español fue que todos vivieran reunidos, con el fin de ejercer sobre los aborígenes un mejor control, que era posible si se dispersaban. De allí que en el asunto de fundar ciudades siempre se obedeció al monarca, debido a razones defensivas, económicas y políticas. Defensivas, por que al estar juntos indios y españoles -, los colonos podían controlarlos mejor, protegerse mejor de un medio social extraño y hostil; económicas, porque al mantener a una población concentrada, era más fácil que funcione una economía autosuficiente mediante la división del trabajo y el control de la mano de obra, y políticas, porque al ser residentes, los castellanos asumían inmediatamente los derechos de autogobierno. En cuanto a la organización espacial urbana, los primeros habitantes de las ciudades iniciaron los procesos de apropiación y control de las tierras de los aborígenes de la zona, mediante la primera delineación de la urbe o "traza", así como con la delimitación de ejidos. Las reducciones El Estado español proyectó asimismo nuclear al os indígenas en pueblos, de modo de establecer la "república de blancos", estos últimos establecidos en calidad de residentes en las ciudades. El mecanismo utilizado con ese propósito fue el sistema de la encomienda (institución de origen español), mediante la cual se creó el espacio apropiado para agrupar a los indígenas en pueblos y desarrollar paralelamente la tarea de evangelización. Cuando se inició la producción minera, en la segunda mitad del siglo XVI, el
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    Estado español dioun profundo viraje político con respecto a la población indígena, con el propósito de aminorarles el grado de explotación a la que hasta entonces había sido sometida, y promulgó dos ordenanzas (de corregidores en 1565 y de indios en 1566) que regulaban el proceso de reducción de los pueblos indígenas, bajo la vigilancia de un corregidor, a quien se le asignó la tarea de alterar el patrón andino de ocupación del suelo y del acceso a la tierra. Se redistribuyó de manera compulsiva a la población indígena, sobre todo en el territorio de los corregimientos, en donde además de existir una mayor concentración, se la vinculó a los mercados mineros a través de la producción textil obrajes, que constituyó no sólo el motor de la economía de la Audiencia, sino (y más aún) la clave de la organización del espacio. Simultáneamente, las autoridades eclesiásticas llevaron a cabo la distribución de parroquias y doctrinas, delimitando territorialmente cada doctrina, de acuerdo con el número de feligreses y no en función de circunscripciones geográficas derivadas de las encomiendas, con lo que el encomendero perdió su poder en la designación de los doctrineros. Las tres formas históricas: la encomienda, la reducción y el obraje, habrían constituido la base sobre la cual fueron organizados los pueblos indígenas en la Audiencia de Quito. En este sentido, un ejemplo típico sería el pueblo obrajero de Chambo, ubicado en el corregimiento de Riobamba, actual provincia de Chimborazo. La Provincia de Mainas y la Cédula Real de 1802 Más tarde, en 1775, la provincia de Mainas fue tomada en cuenta para ser agregada al nuevo obispo de Cuenca, proyecto que no se llevó a efectivizar. Este fenómeno no coincidió con la época de mayor agudización del conflicto limítrofe entre las dos coronas sobre sus territorios en la zona del Río de la Plata y del Marañón. Para el caso de la primera, la creación del virreinato rioplatense constituyó el mecanismo adecuado para frenar las invasiones lusitanas aquellas tierras. Para defender la zona del Marañón, la Presidencia de Quito organizó expediciones que tuvieron por objeto llegar a un acuerdo definitivo en la delimitación de fronteras entre las dos monarquías. El presidente de Quito, José Dibuja y el comisario de límites, Francisco Requera, participaron muy comprometidamente en este cometido. En la iniciativa de Dibuja jugaban, al parecer, intereses oficiales como el de vinculara la región de Mainas con mercados europeos, a través de la construcción de un puerto en el Marañón Requena, por su parte, en calidad de comisario, consignó el cargo de gobernador de la provincia. Bajo estas funciones realizó varios informes sobre la situación de los pueblos de la misión, en los cuales destacó la necesidad de proporcionar atención espiritual a la provincia a través de la creación del Obispado y del fortalecimiento militar de la frontera mediante la conformación de la Comandancia General. La resolución a estas propuestas se tradujo finalmente en la cédula real de 15 de julio de 1802, por medio de la cual se legalizó el establecimiento de estos cuerpos gubernamentales de distinta índole pero con una sola base geográfica como jurisdicción. María Elena Porras Historia del espacio y el territorio en el Ecuador
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    GRAFICO Territorio Continental Insular yMarítimo del Ecuador. Gráfico tomado de Enrique Ayala mora, Ed. Nueva Historia del Ecuador. Entre Lima y Santa Fe: La organización espacial borbónica La Audiencia de Quito permaneció como provincia dependiente del Virreinato de Perú desde su creación en el siglo XVI (1563) hasta el siglo XVIII, época en la que, frente al adelanto que tuvieron las provincias dependientes de los virreinatos americanos y la dificultad de ejercer un control más vigoroso en tal dilatado territorio, la corona decidió crear un nuevo virreinato (mayo de 1717), el de Santa Fe (Nueva Granada), y suprimir la Audiencia de Quito, la cual pasó a las órdenes de la Audiencia de Santa Fe. El propósito de fondo de la monarquía fue la administración y control directo de las provincias marítimas del norte, con una sede de gobierno establecida en Santa Fe, y la defensa de sus plazas marítimas, constantemente asediadas por piratas de las potencias extranjeras (Inglaterra y Francia) que pretendían el dominio de las colonias españolas. A partir de 1723, la Audiencia de Quito pasó nuevamente a depender del virreinato del Perú, suprimiéndose entonces el virreinato de Santa Fe y quedando la Audiencia en los mismos términos en que estuvo antes de su incorporación a Nueva Granada. Por esta supresión y frente a los varios y extensos informes que se elaboraron para su restablecimiento, el rey resolvió años más tarde, en 1739, refundar dicho Virreinato y determinar que la Audiencia de Quito perteneciera a él en calidad de "subordinada" y dependiente, de la misma calidad que tenían el resto de audiencias respecto virreinato del Perú y Nueva España (México). Frente a los mismos argumentos de política defensiva que se tuvo en 1717, ahora se aumentaban otros, que más bien tuvieron que ver con la política y el desarrollo de la economía de estas provincias americanas. Este constante vaivén por el que atravesó la Audiencia de Quito, entre los virreinatos del Perú y Santa Fe, posibilita advertir, por un lado, los alcances de la política jurisdiccional ejercida por los monarcas borbónicos en las colonias americanas, en general. Por el otro, permite vislumbrar el perfil de los diversos intereses regionales que poco a poco se va delineando y van
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    tomando cuerpo enla última década del XVIII y primera del XIX. De este modo, esta organización colonial lejos de conducir, como dice Deler, a "una gran integración del espacio y de los hombres, deja establecidos dos mundos y dos tipos de espacio, y yuxtapuestos, de intereses contradictorios. Inmensos territorios en la Amazonía y en la región noroccidental, se hallan más aislados de los centros que anteriormente". De esta manera, las regiones de la jurisdicción de la Audiencia se articularon política y económicamente y de manera directa a una determinada jurisdicción virreinal. En esa medida, y en el ámbito de las economías regionales y los intereses locales vinculados al comercio, la Sierra Norte, por ejemplo, se articuló al centro minero de Barbacoas, y en consecuencia al virreinato de Santa Fe; la Sierra Sur, al virreinato del Perú, y finalmente la Costa, mediante el auge de su producción cacaotera (1774), se vinculó al mercado interno interregional, es decir, con las provincias santafereñas o peruanas. La región amazónica, por su parte, aún cuando fue objeto de tempranas exploraciones de conquista dirigidas desde Quito, sólo se constituyó en región controlada a fines del período colonial, cuando penetraron las misiones jesuíticas Para entonces estuvo sujeta a una transformación jurisdiccional, tanto en el ámbito de lo civil como en lo eclesiástico, cuando el monarca español decidió emitir en 1802 una cédula mediante la cual se creaba el Obispado y Capitanía General de Mainas. Esta vez, los intereses de la corona se asentaron en la defensa de sus dominios frente a la intromisión de los portugueses y a la necesidad de salvaguardar y administrar los escasos pueblos de misión que aún subsistían. Constitución del espacio nacional en el siglo XIX Hacia una búsqueda de espacios independientes Las vinculaciones que los distintos sectores del espacio quiteño habían establecido con las regiones de Santa Fe o el Perú, no impidieron que en la Audiencia de Quito, a inicios del siglo XIX, se revelaran las tendencias autonomistas respecto a la metrópoli. Los criollos lograron una significativa ampliación de su poder económico, especialmente con el robustecimiento del latifundio, pero se hallaron excluidos del poder político. De allí que, luego de las guerras independentistas, se establecieron las nuevas condiciones del manejo del espacio para el Estado republicano, como resultado de ciertas incongruencias surgidas por la aplicación del principio del Utis possidetis juris de 1810, la incorporación de la Gran Colombia en 1822 y su posterior disolución en 1830. El Ecuador no nació como un estado nación constituido y con fronteras definidas, nos dice el historiador Enrique Ayala , sino como una unidad plagada de conflictos. Las regiones de Quito, Guayaquil y Cuenca se enfrentaron sistemáticamente y debido a su herencia colonial las relaciones económicas que establecieron entre ellas, se determinaron por sus vinculaciones a los dos países vecinos, Colombia y Perú. Es en este proceso de constitución de la nueva nación, surgieron los conflictos fronterizos, y la necesidad de fijar límites y resolver los problemas
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    de soberanía nacional,bajo ciertas modalidades que el nuevo espacio produce cuando se crea. El territorio cobra un nuevo significado, pues como dice el diplomático peruano Juan M. Bákula se necesita "avanzar en la revelación de la respectiva parcela nacional", definiendo su naturaleza, contenido y contorno del asiento material del Estado. Historia del espacio y el territorio en el Ecuador Integración del Espacio Nacional Bajo estas nuevas condiciones, el Estado ecuatoriano pensó en una integración de su espacio a escala nacional, esto es, desde el punto de vista económica y político administrativo. Desde la Ley de división territorial de 1824, se generó el proceso de organización de departamentos, distritos y provincias que vinieron a reemplazar las antiguas gobernaciones y corregimientos, modificación del mapa administrativo que siguió los cambios demográficos, económicos y sociales de un espacio en plena mutación. Los agentes históricos que participaron en este proceso de consolidación e integración del espacio nacional, como fuerzas en conflicto, fueron: el poder central, los poderes regionales y los poderes locales. Se produjo así una bicefalidad del sistema de organización del espacio nacional, basado en el desarrollo de dos grandes centros urbanos; Quito (capital de la República y centro político) y Guayaquil (primer puerto y centro económico). La implantación de un nuevo modelo económico de tipo agro exportador, cuyo eje central fue la provincia del Guayas, produjo una transformación demográfica a escala nacional que generó a su vez en proceso de desarrollo regional orientado hacia los mercados externos. Mientras tanto, en la Sierra ocurrió una lenta consolidación del mercado nacional, por cuanto la articulación interregional no ejerció una influencia homogénea en el conjunto La reducción desigual del peso demográfico en las diversas regiones de la Sierra fue en beneficio de la Costa, particularmente de la provincia del Guayaquil. Por ejemplo, entre 1870 y 1920 Guayaquil de 12.000 habitantes pasó a 90.000. En Cuenca y Loja, su población en este mismo período se duplicó. Como consecuencia, se modificó la jerarquía urbana nacional, con escasas ciudades importantes en la Sierra (Quito, Riobamba, Cuenca) y una sola en la Costa (Guayaquil). De otros lado, aunque la Sierra se convirtió únicamente en proveedora de bienes de consumo para la Costa, est situación posibilitó la mejora de las vías de comunicación, como la de Quito Ambato, Quito Guaranda Babahoyo. En el espacio de dos generaciones, el desarrollo de la navegación fluvial a vapor y la construcción del ferrocarril, además de posibilitar la integración del espacio nacional, permitió a la vez la reducción de una parte del espacio, en términos de reducción de distancias y el establecimiento de una infraestructura permanente de transporte pesado en masa, entre la región del litoral y una gran parte de las cuencas andinas. La navegación fluvial a vapor, que funcionó básicamente de 1860 a 1890, unió las grandes zonas productoras orientadas hacia el mercado internacional con Guayaquil, lugar de expedición de las cosechas, plaza comercial y financiera y nervio del sistema agro exportador. El ferrocarril fue un proyecto que se planteó en términos de interés nacional, pues no fue comercial ni de colonización. Los presidente Gabriel García Moreno y Eloy Alfaro buscaron asegurar una unión permanente, a través de la cordillera occidental, de la región interandina con las provincias costeñas. El ferrocarril llegó a Riobamba en 1905 y a Quito en 1908. El telégrafo y el teléfono funcionaron a partir de 1880, el teléfono entre Quito y Guayaquil en 1920 y la primera línea aérea comercial entre estas dos ciudades, en 1929. Lastimosamente, la región amazónica, no estructurada y débilmente controlada, constituyó durante todo el siglo XIX un verdadero "ángulo
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    muerto" en elterritorio nacional. El Estado ecuatoriano reivindicó allí una soberanía de derecho, que contrastó siempre con los interés económicos peruanos que buscaron la penetración sistemática del territorio de esta región a lo largo de todo este siglo. En Estado ecuatoriano, mediante la suscripción de tratados y convenios internacionales, proyectos viales y de colonización, y la Iglesia católica, por medio de sus gestaciones ante la Santa Sede para la fundación de vicariatos en el oriente, hicieron vanos intentos por controlar este espacio que desagraciadamente, a principios del siglo XX, ya era objeto de graves problemas fronterizos con el Perú. Bajo la perspectiva que hemos planteado para trazar una historia del espacio y el territorio en el Ecuador, coincidimos en lo que ha sostenido el geógrafo francés Jean Paul Deler: "El espacio realmente poblado, organizado, integrado y manejo por las sociedades que tienen a Quito por su centro político, se ha ido agrandando y reforzando sin cesar". Orientaciones Bibliográficas *Para aproximarse a las categorías conceptuales de espacio, territorio, región, frontera, puede consultarse las siguientes obras: DELER, Jean Paul Deler y otros, El Manejo del Espacio, Quito, Ed. IGM, 1983 --------, Ecuador del espacio al Estado nacional, Quito, Banco Central del Ecuador, 1987 BRUNET, Robert y Oliver Dollfus, Mondes y Nouveaux, Geographie Universele, París , Hachette / Reckes, 1990 DOLLFUS, Oliver, Territorios andinos, retos y memoria, Lima, IEP, 1991 VARGAS SARMIENTO, Patricia, "Fronteras fluidas y de dominación en el río Atrato", en Memorias del I Seminario Internacional de Etnohistoria del norte del Ecuador y sur de Colombia, Cali, Universidad del Valle, 1995 * La época aborigen del Ecuador y sus principales características está muy bien tratada en: SALAZAR, Ernesto, Mitos de nuestro pasado, Quito, BCE, 1988 ------------, "El proceso cultural en el Ecuador aborigen y en América", en Enrique Ayala Mora, Ed., Nueva Historia del Ecuador, Vol. 1, Quito, Corporación Editora Nacional / Grijalbo, 1983 ------------, "El hombre temprano en el Ecuador', en Enrique Ayala Mora, Ed. Nueva Historia del Ecuador, Vol. 1, Quito, Corporación Editora Nacional / Grijalbo 1983 MORENO, Segundo, "El proceso histórico en la época aborigen: notas introductorias", en Enrique Ayala Mora, Ed., Nueva Historia del Ecuador, Vol. 1, Quito, Corporación Editora Nacional / Grijalbo, 1983 ----------, "Formaciones políticas triviales y señoríos étnicos", en Enrique Ayala Mora, Ed., Nueva Historia del Ecuador, Vol. 1., Quito, Corporación Editora Nacional / Grijalbo, 1983 ----------, La Epoca Aborigen", en Monografía histórica de la región nuclear ecuatoriana, Quito, Consejo Provincial de Pichincha, 1981. El tema de los señoríos étnicos ha sido estudiado con mucho rigor por: SALOMON, Frank, Los señores étnicos de Quito en la época de los incas, Otavalo, Instituto Otavaleño de Antropología, 1980 Para la historia de los incas y las particularidades de un sistema de organización, se recomienda consultar: OBEREM, Udo, "El periodo incaico en el Ecuador" en Enrique Ayala Mora, Ed., Nueva Historia del Ecuador, Vol. 2, Quito, Corporación Editora Nacional / Grijalbo, 1988 MURRA, John Murra, Formaciones económicas y políticas del mundo andino, Lima, IEP, 1975
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    WACHETEL, Nathan, Sociedade Ideología, Lima, IEP, 1973 BAKULA, Juan Miguel, Perú y Ecuador, tiempos y testimonios de una vecindad, Lima, CEPEI / FOMCIENCIAS, 1992 La organización territorial y administrativa en la época hispánica es tratada por: DELER, Jean Paul Deler (referencia arriba) TERAN NAJAS, Rosemarie, Los proyectos del imperio borbónico en la Real Audiencia de Quito, Quito, Abya Yala / Tehis, 1988 ------------, "Sinopsis histórica del siglo XVIII", en Enrique Ayala Mora, Ed., Nueva Historia del Ecuador, Vol. 4, Quito, CEN / Grijalbo, 1983 ------------, "Factores dinámicos en el desarrollo urbano del Quito colonial", en Serie Quito 6 Enfoques y estudios históricos, Quito a través de la Historia, Quito, Ilustre Municipio de Quito, 1992 ------------, y Alfonso Ortiz; "Las reducciones de indios en la zona interandina de la Real Audiencia de Quito", en Pueblos de Indios. Otro urbanismo en la región andina, Quito, Abya Yala, 1993 RAMON V., Galo, "Quito aborigen: un balance de sus interpretaciones" en Serie Quito 6 Enfoques estudios históricos, Quito a través del a Historia, Quito, Ilustre Municipio de Quito, 1992. El tema de la región amazónica durante este mismo período lo trata: PORRAS P., María Elena, La Gobernación y el Obispado de Mainas, siglos XVII y XVIII, Quito, Abya Yala / Tehis, 1987. sobre la constitución del espacio nacional véase: AYALA MORA, Enrique, "El conflicto territorial del Ecuador con el Perú", en Periódico Mensual del Proyecto El Comercio va a las aulas, Nro. 83, 2 de diciembre de 1998 CARRION, Fernando, "Evolución del espacio urbano ecuatoriano", en Enrique Ayala Mora, Ed. Nueva Historia del Ecuador, Vol. 12, Quito , CEN / Grijalbo, 1983 DELER, Jean Paul (referencia arriba) GOMEZ, Nelson Gómez, "Organización del espacio ecuatoriano", en Enrique Ayala Mora, Ed., Nueva Historia del Ecuador, Vol. 12, Quito, CEN / Grijalbo, 1983 MAIGUASHCA, Juan , "La cuestión regional en la historia ecuatoriana (1830 1972(", en Enrique Ayala Mora, Ed., Nueva Historia del Ecuador, Vol. 12, Quito, CEN / Grijalbo, 1983 -------------, Historia y Región en el Ecuador, Quito, FLACSO / CEN, 1994 SAINT GEOURS, Ives, "Economía y Sociedad. La Sierra Centro Norte (1830 1875)", en Nueva Historia del Ecuador, Vol. 7, Quito, CEN / Grijalbo, 1990 Vertientes Históricas de la Nación Ecuatoriana
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    FIGURILLA Cultura Valdivia Figurilla tipo"Venus" Vertientes históricas de la Nación Ecuatoriana Enrique Ayala Mora* La cuestión nacional Estamos acostumbrados a pensar que el Ecuador es un Estado-Nación constituido. La idea de que existe en el país una comunidad históricamente asentada sobre el mestizaje o sobre la experiencia, una "cultura nacional" única y uniforme y una experiencia común de "ser ecuatorianos" no se pone en tela de duda. La vida de nuestro pueblo, empero, ha ido cuestionando ese lugar común. Por ello es importante para el propio desarrollo de la identidad presente y futura de nuestro país someter a análisis de cuestión nacional, revisar sus elementos y complejidades. Este esfuerzo crítico debe hacerse, entre otras perspectivas, desde la dimensión histórica. Este artículo, quiere aportar en esa línea. Y quiere hacerlo ofreciendo una perspectiva global, aún admitiendo los riesgos y limitaciones que tiene el desarrollar tan compleja cuestión en unos pocos párrafos. Para tratar de esbozar una historia de la conciencia nacional, o de la nación ecuatoriana como tal, este trabajo parte del estudio de la crisis de disolución colonial entre fines del Siglo XVIII y la Independencia, para luego estudiar la Época Republicana dividida en tres grandes períodos caracterizados por la vigencia de diversas formulaciones prevalecientes del proyecto nacional. Hay muchas formas de abordar la cuestión nacional, aún cuando se la ve solamente desde la perspectiva histórica. Al elegir un camino para enfrentar el tema, los ejes del análisis planteado en este trabajo son aquellos elementos tradicionalmente considerados como constitutivos de una nación: territorio, elemento humano, dimensión regional, comunidad cultural, vida económica, conciencia de identidad. No se podrá agotarlos, desde luego, pero se intentará mostrarlos en su tránsito histórico en sus interrelacionados en el tiempo. Punto de partida
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    Las raíces dela identidad de la actual sociedad ecuatoriana se pierdan en el origen de nuestra historia. Arrancan con la ocupación humana del Norte Andino y el desarrollo de grandes culturas aborígenes que desembocó en la integración en el Tahuantinsuyo. La crisis de ese gran imperio, la invasión y conquista hispánica con toda su carga de violencia y atropello, dejaron una marca indeleble en la vida de los pueblos indios y originaron una nueva realidad, marcada por el hecho colonial y el mestizaje. Pero la nación como una comunidad humana con conciencia de su identidad no existió siempre. Tuvo un inicio histórico al fin de la colonia, y se ha desarrollado de manera conflictiva a lo largo de varios períodos hasta el presente. Al cabo de dos siglos de coloniaje en que se fraguó una nueva sociedad, en las últimas décadas del Siglo XVIII, cuando la Real Audiencia de Quito había sufrido una aguda crisis que trajo consecuencias recesivas y un reacomodo de las relaciones sociales y regionales, se dieron los primeros atisbos de búsqueda expresa de una identidad americana frente a la metrópoli ibérica. Pero Vicente Maldonado trazó un mapa de la Real Audiencia, buscando un perfil territorial. El P. Juan de Velasco escribió su Historia del Reino de Quito que sustentaba su identidad como país. Eugenio Espejo, médico y periodista, puso las bases de un desarrollo cultural y político que desembocó en la demanda de autonomía. Los criollos descendientes de los colonizadores españoles que habían logrado creciente poder social y económico a base del control de la tierra, afirmaban la identidad de Quito disputando a los españoles peninsulares y a los representantes de la Corona la dirección política. Sus iniciales reclamos de autonomía se fueron radicalizando ante la resistencia realista de la transacción, hasta que devinieron en guerra abierta por la independencia, que culminó con la ruptura definitiva con la Metrópoli. El surgimiento de la identidad quiteña no fue un hecho aislado. Se dio la manera concomitante con otras ciudades y regiones del Imperio Hispánico en América. Dentro de los límites jurisdiccionales de la propia Audiencia de Quito, en espacios como Guayaquil, Cuenca y Loja se desarrollaron también identidades locales y regionales, cuyo papel sería decisivo en la historia futura. Luego de los pronunciamientos autonomistas locales y la derrota de las "patrias bobas", en toda América surgió un gran movimiento de integración. El gran desafío de la guerra independiente no pudo ser enfrentado localmente. Fue un gran esfuerzo continental que trabajo consigo la colaboración de líderes y ejércitos provenientes de todas las latitudes. Dos grandes operaciones militares que vinieron desde Venezuela y el Río de la Plata liberaron Sudamérica y confluyeron en Ayacucho. En este ambiente de colaboración armada y de movilidad de personas, recursos e ideas para enfrentar al coloniaje, se fue robusteciendo una conciencia americana, un sentido de pertencia a una gran patria que luego se llamaría América Latina. Simón Bolívar fue la más destacada figura, aunque no la única, de este movimiento. La independencia trajo consigo una identidad colectiva que se proyecto al futuro con avances y retrocesos, con afirmaciones y negaciones. En medio del conflicto bélico por la independencia se constituyó la República de Colombia, formada por Venezuela, Nueva Granada y Quito. La visión y la energía de Simón Bolívar alentaron el esfuerzo integrador de ese proyecto
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    político, que nopudo subsistir más allá de una década, hasta que con su disolución se formaron varios estados independientes, entre ellos el Ecuador. Al inicio triunfaron las fuerzas del a dispersión y de la afirmación local. Pero el sentido de una comunidad hispanoamericana no desapareció. Aunque no pudo concretarse la soñada unidad, la figura del Libertador fue creciendo como referente del proyecto republicano y de la voluntad integrada de nuestros países. Junto a las identidades nacionales pervivió, a veces oculta, una identidad latinoamericana. Doctor en Historia, Rector de la Universidad Andina Simón Bolívar Vertientes Históricas de la Nación Ecuatoriana Izquierda Eugenio Espejo Derecha Simón Bolívar El proyecto criollo Cuando se fundó el Ecuador en 1830, la elección del nombre del nuevo estado, que dejó de lado el tradicional de Quito, no fue una casualidad o un descuido. Fue una respuesta a una realidad de fuerte regionalización. Quito, el antiguo centro político y eje de la región Sierra Centro Norte, tenía al frente a Guayaquil y Cuenca, centros de regiones con perfiles económicos, políticos y culturales propios. En medio de las transacciones iniciales, se mantuvo la desarticulación entre las regiones y surgió un estado débil e inestable. El Ecuador no nació con un territorio definido. Desde los primeros años de la época republicana, los límites internacionales del país quedaron sin precisarse y sujetos a una larga historia de enfrentamientos, reclamos y pérdidas. La propia ocupación del territorio fue parcial, ya que cubría solamente los valles interandinos y las riberas del río tributarios del Guayas. El poblamiento de zonas extensas como Manabí y Esmeraldas fue marginal, y amplios sectores de la Costa interna y la Amazonía quedaron fuera de la jurisdicción estatal. La integración económica de las regiones era francamente débil y no se había formado un mercado nacional. La propia definición de "lo ecuatoriano" tenía escasa raíces. La soberanía del nuevo estado sufrió crónicas situaciones de desequilibrio y desafío. Los criollos de la antigua Audiencia de Quito que arrebataron el poder las
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    autoridades coloniales españolasse plantearon un proyecto nacional que concebía al naciente Ecuador como una continuación de la hispanidad en el Nuevo Mundo. Estos señores de la tierra que habían subordinado a su poder a los artesanos, pequeños propietarios y sobre todo a la mayoría de la población que era indígena, mantuvieron bajo fórmulas republicanas, la discriminación étnica y la sociedad corporativa del coloniaje; declararon idioma nacional al Castellano, excluyendo al Quichua, que era entonces el de la mayoría; mantuvieron una sociedad estamentaria se enfrentaron entre si en una larga disputa regional, que expresaba la desarticulación prevaleciente. El proyecto nacional criollo no logró, pues, integrar a los diversos componentes sociales y regionales del naciente Ecuador en una comunidad cultural que asumiera una experiencia histórica y un destino común. Desde el principio, las elites que dirigían el estado central a base de inestables alianzas regionales y caudillistas, se esforzaron por consolidar el control administrativo y se esmeraron en buscar reiteradamente una identidad, acudiendo al uso de varios recursos culturales y políticos. Pero todos los mecanismos ideológicos fueron muy poco exitosos. En la práctica, el divorcio de las familias gobernantes "blancas" y el resto del país, "cholo", "montubio", e indio no pudo superarse. La Identidad del Ecuador criollo era en realidad la de una minoría. Al fundarse el estado, la Iglesia Católica cuya prédica había justificado la Conquista, y con el tiempo se había transformado en crucial elemento de identidad para amplios grupos de la población, se reconoció como "Religión de Estado" se afirmó en su papel de vehículos de conservación ideológica de la precaria unidad y de la dominación socio-económica. Los primeros años de vida del Ecuador se caracterizaron por la inestabilidad de la dispersión. A fines de la década de los cincuenta se desató una crisis de dispersión regional, superada por la voluntad de las elites dominantes de consolidar el Estado Oligárquico Terrateniente como garantía de la mantención de la unidad interna y como condición para afrontar las nuevas situaciones internacionales que se daban en el marco de la expansión del sistema mundial dominado por el capitalismo. Gabriel García Moreno fue la gran figura de este proceso de organización y consolidación estatal que, al mismo tiempo que logró llevar adelante una obra material y educativa inmensa, agudizó las contradicciones sociales y políticas, especialmente por el hecho de haber acrecentado el poder de la Iglesia dentro del Estado. Las últimas décadas del Siglo XIX atestiguaron el agotamiento del proyecto nacional criollo-latifundista. Las contradicciones del garcianismo afloraron y nuevos grupos sociales emergieron en la escena social y política. En las propias filas del garcianismo sucesorio se comenzó a cuestionar la visión criolla y a buscar raíces populares de la nacional. Juan León Mera, crítico de la Literatura, ideológico del conservadorismo, autor del Himno Nacional y estudioso de la cultura popular fue la más destacada figura de esta nueva actitud. Pero el liberalismo emergente, con su principal ideólogo Juan Montalvo, fue el movimiento que cuestionó a fondo la denominación terrateniente, la visión hispanófila criolla y el predominio clerical. El Liberalismo, que logró un gran desarrollo en Guayaquil y otros espacios costeños como Manabí y Esmeraldas, reivindicó la identidad mestiza y la necesidad de democratizar la política y el Estado mismo. La Guerra Civil de 1895, que no solo fue un enfrentamiento político y confesional, sino también regional, logró echar bajo al gobierno conservador e instauró un nuevo régimen y con él una nueva formulación del proyecto nacional.
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    Vertientes Históricas dela Nación Ecuatoriana Juan Montalvo El proyecto mestizo El liberalismo trajo importantes cambios materiales en el país, algunos de ellos ya iniciados por García Moreno y sus sucesores. Con el predominio de la burguesía comercial y bancaria de Guayaquil se produjo un cambio en la dominación política y mayor apertura a la inserción definitiva del Ecuador en el sistema económica internacional. En este marco se dio un gran salto de modernización del estado y la sociedad, que vino acompañado de mayor integración nacional y un gran esfuerzo de centralización política y económica. Con el telégrafo, la red de caminos y el ferrocarril trasandino se logró una mayor integración de la regiones y una inicial consolidación del mercado nacional. Las fronteras reales del Ecuador se ensancharon en lo interior, aunque el límite internacional no logró definirse debido a que la disputa territorial con el Perú por grandes extensiones de la Amazonía se agudizó. Con la modernización del aparato estatal, el Registro Civil, el Matrimonio Civil y la separación Estado-Iglesial, se consolidó la autoridad secular y su soberanía. Con el establecimiento del laicismo, especialmente en la educación, se logró independizarse del dogma religioso y modernización. El laicismo de Estado fue la gran conquista del liberalismo. Junto con estos importantes cambios, el liberalismo trajo consigo nuevos actores sociales y una nueva forma de ver la patria, un proyecto nacional que intentaba integrar regionalmente al país e incorporar a la comunidad cultura del Ecuador a grandes grupos medios y campesinos costeños. En la propia figura personal del Don Eloy Alfaro, el máximo caudillo del movimiento, se expresaba esa identidad "chola" o mestiza, que superaba la identidad criolla. En el proyecto liberal, que movilizó importantes sectores populares pero fue mercado por los interese de la burguesía comercial y bancaria, se patentizaron enormes límites. La virulencia antireligiosa del laicismo lo divorció de los profundos elementos cristianos de la realidad popular. La fuerte presencia del poder terrateniente ni siquiera permitió cuestionar, pero reformar, la situación agraria. La mantención del latifundismo tradicional
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    llevó también alos gobiernos liberales a la permanente manipulación electoral para sostenerse en el poder. Por los demás, aunque no cabe duda que la Revolución Liberal fue un decisivo momento de consolidación del Estado Nacional, de su soberanía y de algunos de sus elementos democráticos, el auge exportador sobre el que se fundamentó, trajo consigo una acelerada insercción del país en el sistema económico internacional, que en esos años había entrado en su fase imperialista. Mucho de lo que no hizo el liberalismo debido a sus límites económicos y políticos, fue tarea posterior de la izquierda socialistas que surgió con fuerza y capacidad crítica en la década de los veinte, en medio de una etapa de aguda recesión económica e inestabilidad política que duró hasta los cuarenta. El socialismo profundizó, y en algunos sentidos radicalizó, la visión mestiza de la nación. A la defensa de los conquistas democráticas del laicismo, especialmente en la educación y la cultura, añadió la crítica de las condiciones socio económicas del Ecuador y América Latina. El proyecto nacional que se había desarrollado a base de la percepción del pueblo como una comunidad mestiza con una cultura común, lo comenzó a percibir también como el conjunto de los trabajadores pobres del país que, además del mestizaje tenían como elemento básico de su identidad, una situación de explotación y miseria que los enfrentaba a las oligarquías criollas y a los poderes internacionales. Organizar a los trabajos era entonces no solo buscar cambio social o la revolución, sino integrar a la nación. El proyecto nacional mestizo, enriqueciendo con la experiencia de las luchas por las reivindicaciones sociales, se expresó en una propuesta que veía a la Patria como víctima de la oligarquías y el imperialismo. Contra ellos habría que luchar con una propuesta de unidad nacional fuertemente anticlerical y antioligárquica, que agrupó a heterogéneos grupos sociales alrededor de consignas patrióticas. Los grupos medios urbanos, los movimientos sindicales y las incipientes organizaciones campesinas e indígenas fueron una base social del proyecto que, pese a su desarrollo debido a las diversidades regionales y a la resistencia de amplios sectores populares vinculados al catolicismo tradicional, que también esbozó un discurso contestario sobre la patria y la religión. El diferendo territorial irresoluto con el Perú devino en una invasión al Ecuador por su vecino del sur en 1941 y la imposición en Rio de Janeiro, de un arreglo de límites que dejó al país sin grandes extensiones amazónicas que había reclamado por más de un siglo. La tragedia territorial generó un profundo trauma en la identidad nacional. El país desarrollo una idea de impotencia colectiva, de fracaso nacional y de resentimiento con el Perú. A la idea de la nación mestiza se agregó la de la "nación pequeña" como elemento de identidad. Varias generaciones de intelectuales, el más destacado de los cuales fue quizá Benjamín Carrión; expresó esa tendencia en que la construcción de la nación ponía énfasis en la reivindicación de figuras como Atahualpa y Eugenio Espejo, así como en el robustecimiento de un proyecto cultural que fuera reflejo de la lucha social. Vertientes Históricas de la Nación Ecuatoriana
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    NEGROS ESMERALDEÑOS La espera SanLorenzo, Esmeraldas Foto, Bolo Franco tomada de Ecuador del Pacífico. El proyecto de la diversidad Desde medidas del Siglo XIX, especialmente desde la década a los sesenta, el proyecto nacional mestizo mostró síntomas de agotamiento, junto con la agudización de una crisis de larga duración que ha afectado desde entonces el Ecuador como el resto de Latinoamérica. El conflicto territorial con el Perú mantuvo viva una actitud de impotencia bélica e inestabilidad limítrofe, que solo comenzaron a ser superadas en la última década de este siglo con la exitosa resistencia en el conflicto del Cenepa y la ulterior forma de la paz con el vecino del sur. El Ecuador llega al siglo XVIII con un territorio definido y sin el trauma de la derrota. En las últimas décadas, la agresiva colonización ha copado la Costa Interna, la Amazonía e inclusive las Islas Galápagos ha cambado las condiciones territoriales y ha despertado la resistencia de los pueblos indígenas, que reclaman sus territorios ancestrales. La rápida urbanización ha desarraigado a amplias masas campesinas y ha reforzado la centralización política y económica en Quito y Guayaquil. La modernización de la sociedad toda ha impactado en los rasgos de identidad cultural de amplios sectores de la población. La ampliación del mercado ha liquidado muchos elementos de producción y organización local. La institucionalización del sistema electoral ha creado expectativas de una real democracia. En general, los rápidos cambios de las últimas décadas han cuestionado la identidad mestiza, uniformante y uniformadora de nuestro país. Sus formas culturales tradicionalmente se ven amenazadas por influencias foráneas, especialmente por aquellas que copan los medios masivos de comunicación. La unidad del país, tal como se la ha visto tradicionalmente desde Quito, es cuestionadas por las demandas de descentralización que surgen no solo desde Guayaquil, el otro polo del bicentralismo, sino sobre todo desde espacios regionales y locales que demandan mayores espacios regionales y locales que demandan mayores recursos y capacidad de decisión democrática. Cristianos de izquierda como Mons. Leonidas Proaño han cuestionado el papel tradicional justificador de la Iglesia y enfrentan al sistema en demanda de justicia para los pobres. En estas circunstancias, la idea de una "comunidad nacional" ya no puede sostenerse sobre sus antiguas bases. Pero el proyecto nacional mestizo no es solo cuestionado desde el
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    enfrentamiento clasista, regionaly religioso, es también cuestionado desde la heterogeneidad de la sociedad ecuatoriana y andina. La nación mestiza que se ha desarrollado como expresión del Estado ecuatoriano no es la única identidad vigente en el país. Como consecuencia de siglos de resistencia a la conquista, la colonización hispánica y la explotación republicana, los pueblos indios han mantenido su identidad en la resistencia y demandan ahora no solo reivindicaciones económico sociales, fundamentalmente tierra, sino también el reconocimiento de su realidad propia como pueblos o nacionalidades. En esos términos se ha dado el reciente proceso de organización indígena en el Ecuador. No se trata de negar las raíces étnicas aborígenes e hispánicas, ni la realidad del mestizaje que identifica a la mayoría de la población nacional con sus valores y modo de vida históricamente asimilados. Tampoco se trata de volver al pasado o de intentar reconstruir un Tahuantinsuyo ni el colinaje. La idea, por lo demás, no es dividir al Ecuador en soberanías étnicas o regionales. Se trata de superar la percepción de la "nación mestiza" única y comenzar a asumir al Ecuador como lo que es, un país de grandes diversidades en el que la construcción nacional pasa por la superación de la dominación étnica y la discriminación de los indios, lo negros, los cholos y los montuvios; el desmantelamiento de un sistema social que divide económica y socialmente a la población; la aceptación de las diferencias regionales como una riqueza que debe expresarse en un esfuerzo de descentralización, que todavía no ha comenzado seriamente en el país. El estado centralista llegó a sus líneas. En los próximos años, atestiguaremos la consolidación de las autonomías dentro del Ecuador, o una peligrosa situación de enfrentamiento interno. Pero esta situación de cambio que se ve en el Ecuador no es aislada. Se da en el marco de una gran transformación mundial, caracterizada por la caída de antiguos paradigmas y una globalización económica y cultura que nos hacen sentir que estamos en medio de un tránsito civilizatorio. Las indudables ventajas que han traído el avance de las comunicaciones a nivel planetario y los logros de la ciencia y la tecnología, coexisten con una realidad: polarización del mundo y los países, entre ricos y pobres. Los primeros concentran crecientemente la riqueza y el conocimiento. Los segundos se empobrecen y ven cada vez más abultada su deuda externa. La nueva situación parece un peligro a un vez más abultada su deuda externa. La nueva situación parece un peligro a la vez que un desafío que los estados- nación. La identidad nacional del Ecuador no solo se ve impactada por la explosión de las diversidades. Es afectada por el marco internacional de globalización. Y aunque es falso que los estados nación van a desaparecer en medio de una unificación planetaria y la reconstrucción de las regiones, es absolutamente cierto que en los años futuros ya no serán los mismos que fueron a lo que quisimos que fueran. Y la comunidad internacional cumplirá un papel mucho más protagónico que hasta ahora. El ser ecuatoriano en el siglo XXI será bien distinto de lo que implicaba serlo en el siglo XIX o hace diez años. La inacabada nación ecuatoriana vuelve a ser un gran interrogante. Y su identidad vuelve a sufrir grandes transformaciones. Junto a ser ecuatorianas vemos en el futuro a sentirnos más identificados con nuestras localidades, por una parte, y con la humanidad. Latinoamérica y la Comunidad Andina, por otra. Vertientes Históricas de la Nación Ecuatoriana
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    PESCADOR Montañita En la provinciade Guayas Tomada de Ecuador del Pacífico. Conclusión El estudio de la historia del Ecuador nos lo demuestra como un sujeto histórico cambiante al que no es posible entender unilateralmente, ni al margen de un proceso inacabado en el que se imbrican factores internos y externos actuando en un mundo en acelerada transformación. La identidad actual del Ecuador no se dio de una vez y para siempre. Es producto de un largo proceso histórico en que las continuidades andinas, aborígenes, hispánicas y mestizas han coexistido con rupturas, con grandes cambios socioeconómicos, con enfrentamientos de clase, de región y cultura. El Ecuador es un país pequeño pero complejo. Simplemente es un atentado. Reconocerlo como tal es entender y asumir su riqueza enorme. En el reciente enfrentamiento bélico con el Perú en el alto Cenepa fue un hito en el desarrollo nacional del Ecuador. La defensa exitosa del territorio realizada por las Fuerzas Armadas, la vigorosa unidad nacional con que enfrentó el conflicto, generaron un ambiente de seguridad, de aceptación de la "nación pequeña" y de voluntad de arreglo pacífico y decoroso del problema territorial, que ya se produjo. El Ecuador no es un Estado-Nación constituido de una vez, con una sola identidad congelada. Es un conglomerado heterogéneo en cuyo proceso de constitución, que todavía está en marcha, la diversidad es una clave definitoria. La identidad mestiza de la mayoría de la población no es la única. Por ello los pueblos indios y negros reivindican las suyas y demandan un papel en un estado que debe expresar a la sociedad diversa. Esta sociedad diversa, desde luego, se expresa también en otras dimensiones. La tradición democrática del país defiende al Estado Laico, siempre amenazado por el oscurantismo, pues logró garantizar el respeto a la diversidad religiosa y de conciencia. Hoy se levantan movimientos que reivindican los derechos de las mujeres, de sectores minoritarios y de amplios de sectores de la población que defienden el medio ambiente. La tradición constitucional del Ecuador ha consagrado hasta en la última reforma de 1998, varios derechos a la diversidad étnica, educativa, cultural y de género. Pero no ha logrado avances significativos en el reconocimiento de la diversidad
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    regional y local.La descentralización es un problema de construcción nacional pendiente en el país. Siempre se dijo en el pasado que los estados-nación debían buscar su integración interna. Ahora eso ya no es suficiente. Debemos buscar la integración internacional y articular en ella un nuevo y bien distinto papel para las comunidades políticas que llamamos naciones o estados nacionales. Fuera de toda retórica, el ideal integracionista de Simón Bolívar es ahora un punto crucial de nuestra agenda común. Reconocer que el Ecuador se construye en la unidad y la diversidad es abrir un nuevo aspecto a la vigencia de la democracia. Saber que nuestra Patria tiene futuro es tan importante como saber que hay una patria grande en la Comunidad Andina y en Latinoamérica, y una comunidad universal más allá de ella. Nuestro presente y nuestro futuro como país dependen en buena medida de un adecuada comprensión de esta realidad. Breve cronología del Ecuador 12000 AC* Primeros rastros del poblamiento ecuatoriano. 3000 AC* Evidencias de poblados agrícolas (Valdivia). 500 DC* Se inicia un período de "integración" que culminó con la formación de los "señoríos étnicos", incipientes formas de organización estatal. 1460* Túpac-Yupanqui inicia la expansión Inca a los Andes del norte. (Ocupa el Señorío Cañari). 1487* Hayna-Cápac conquista los señoríos del norte (Caranqui Cochasquí), culminado con ello la ocupación Inca del actual Ecuador. 1492 (12 de octubre) Llega Colón al Continente Americano. 1513 Vasco Núñez de Balboa llega a Océano Pacífico 1526 El español Bartolomé Ruiz toca costas del actual territorio ecuatoriano. 1530 Muere Huayna-Cápac. Se inicia una guerra por la sucesión entre Huáscar y Atahulapa, que termina con el triunfo de éste. 1532 Los conquistadores españoles dirigidos por Pizarro penetran en el Tahuantinsuyu. En Cajamarca toman preso a Atahulapa. 1533 (14 de abril) Los invasores españoles ejecutan a Atahualpa en Cajamarca. 1534 Los conquistadores dirigidos por Almagro invaden al norte del Tahuantinsuyu. Fundan la ciudad de Quito cerca de la actual Riobamba (15 de agosto). Rumiñahui organiza la resistencia y es vencido. Benalcázar ocupa la ciudad indígena de Quito (6 de diciembre). 1535 (12 de marzo) Fundación de Portoviejo 1538 (25 de julio) Fundación definitiva de Guayaquil 1541 Gonzalo Pizarro junto con Francisco de Orellana dirigen una expedición al Oriente. 1542 (12 de febrero) Orellana y su expedición llegan al río Marañón o Amazonas. Se emiten las "Leyes nuevas" que imponen límites al sistema de encomienda, que provoca la revuelta de los encomenderos. 1546 Fundación de Loja Gonzalo Pizarro vence en la Batalla de Iñaquito al Virrey Núñez de Vela. Posteriormente es derrotado y ejecutado (1548). 1547 Posesión del primer Obispo de Quito, García Díez Arias 1557 (12 de abril) Fundación de Cuenca 1563 Creación de la Real Audiencia de Quito. Hernando de Santillán el primer Presidente. 1575 El asiento de Riobamba se erige u pueblo. 1586 Los agustinos fundan la primera universidad quiteña de San Fulgencio. 1587 El Virrey Toledo realiza importantes reformas en la administración
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    colonial. 1589 Los jesuitasfundan el Seminario de San Luis. 1592 En la ciudad de Quito se produce la Rebelión de las Alcabalas. 1606 (28 de septiembre) Fundación de Ibarra. 1622 Se abre en Quito la Universidad de San Gregorio dirigida por los jesuitas. 1645 Muere Mariana de Jesús Paredes y Flores, que sería declarada en 1950 primera santa ecuatoriana. 1660 Erupción del volcán Pichincha 1684 Guayaquil soporta uno de varios asaltos de corsarios ingleses. 1718 Se suprime la Real Audiencia de Quito. Su territorio pasa ser dependencia de la Audiencia del Virreinato de Santa Fe de Bogotá. 1722 Se restablece la Real Audiencia de Quito, dependiente del Virreinato del Perú. 1736 Llega a Quito la Misión Geodésica. 1739 La Audiencia de Quito se incorpora definitivamente al Virreinato de Santa Fe de Bogotá. 1754 Llega a la Audiencia la primera imprenta. 1765 Se sublevan los barrios de Quito: "Rebelión de los Estancos". 1767 El Rey de España dispone la expulsión de la Compañía de Jesús de la Península y todos los dominios americanos. 1786 Terremoto en Riobamba. Se erige al obispado de Cuenca El Convictorio de San Francisco dirigido por los dominios se convierte en la Universidad de Santo Tomás de Aquino. 1792 Aparece en Quito el primer periodo de la historia Primicias de la Cultura de Quito, editado por Eugenio de Santa Cruz y Espejo. Vertientes Históricas de la Nación Ecuatoriana Breve cronología del Ecuador - Continuación 1799 Comienza la Administración del Presidente Luis Héctor Barón de Carondelet. 1809 (10 de Agosto) Los criollos deponen al gobierno español y constituyen la Junta Soberana presidida por Juan Pío Montúfar, Marqués de Selva Alegre. 1810 (2 de Agosto) Rebelión popular en Quito y masacre de los protagonistas del 10 de agosto que estaban presos. 1811 Establecimiento de una nueva Junta Soberana. 1812 Se redacta la Primera Constitución de Quito independiente. 1820 (9 de Octubre) Guayaquil proclama su independencia. (3 de noviembre) Independencia de Cuenca 1821 El Gobierno de Guayaquil pide apoyo a Colombia. Una fuerza expedicionaria llega al puerto al mando del General Sucre. 1822 (24 de mayo) El Ejército patriota dirigido por Sucre derrota a las fuerzas españolas en la Batalla de Pichincha. Seguidamente Quito se anexa a la República Colombia. Bolívar y San Martín se entrevistan en Guayaquil. Esta ciudad se anexa a Colombia. 1826 Se establece definitivamente la Universidad Central. 1828 Se inicia la guerra entre Colombia y Perú por diferendo limítrofe. La flota peruana bombardea Guayaquil. 1829 (27 de febrero) El ejército de Colombia dirigido por Sucre derrota a las fuerzas peruanas en Tarqui. Posteriormente se firman los Tratados de Guayaquil. 1830 (13 de mayo) el Distrito del Sur se separa de Colombia para formar un
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    Estado independiente. (4 deJunio) Es asesinado en Berruecos el Mariscal Sucre. (14 de agosto) Se instala la Primera Asamblea Constituyente que emite la primera Carta Fundamental y nombra presidente al General Juan José Flores. (17 de diciembre) Muere el Libertador Simón Bolívar. 1832 El Ecuador toma posesión de las Islas Galápagos. 1833 Aparece el periódico de oposición El Quiteño Libre, algunos de cuyos redactores son asesinados. 1834 Se distribuye la deuda colombiana entre Venezuela, Colombia y Ecuador. Comienza la "Deuda Inglesa". 1835 Luego de una guerra civil, Flore entrega el poder a Vicente Rocafuerte, que gobierna hasta 1839. 1845 "Revolución Marcista" en Guayaquil que depone al Presidente Flores. 1851 El General José María Urbina, como Jefe Supremo decreta la manumisión de los esclavos negros. 1856 Se realiza un primer arreglo de la Deuda Externa. Se entregan concesiones de tierra como parte de pago. 1858 Perú inicia guerra con Ecuador, bloqueando las costas. 1859 Las fuerzas peruanas realizan varias acciones de guerra y desembarcan en Guayaquil. El gobierno colapsa y el país se divide entre cuatro gobiernos regionales. 1860 Una reacción nacional encabezada por Gabriel García Moreno triunfa en la guerra civil. Fin del conflicto militar con el Perú. 1862 Se suscribe el Concordato con el Vaticano. 1863 Guerra con Colombia: El Ejército Ecuatoriano es derrotado en Cuaspud. 1868 Un terremoto destruye la provincia de Imbabura. Se funda el Banco del Ecuador 1869 Golpe de Estado encabezado por Gabriel García Moreno, que ejercer el poder absoluto hasta 1875. 1875 (6 de agosto) García Moreno muere asesinado en Quito. 1877 Muere asesinado en Quito el Arzobispo José Ignacio Checa y Barba. 1883 La restauración echa del poder al dictador Ignacio de Veintimilla. Se funda la Unión Republicana, primer partido de la historia del Ecuador (Partido Conservador). 1884 Se inicia la montonera liberal en la Costa. 1885 Se adopta el sucre como unidad monetaria del Ecuador. 1888 Se inicia la publicación de la Historia General de la República del Ecuador de Federico González Suárez. 1895 (5 de junio) Con el golpe de estado en Guayaquil se inicia la Revolución Liberal en el Ecuador, liderada por Eloy Alfaro. 1896 Gran incendio de Guayaquil 1897 Se firma el contrato de construcción de Ferrocarril Guayaquil Quito. 1898 Se adopta el patrón oro. 1900 Se agudiza el conflicto liberal-conservador por el establecimiento del estado laico. Comienza a funcionar el Registro Civil. 1902 Leyes de Matrimonio Civil y Divorcio. 1906 Triunfa una nueva revolución de Alfaro. Se expide la Carta Constitucional que consagra la reformas liberales y separa el Estado y La Iglesia. 1908 Se inauguran el Ferrocarril Guayaquil Quito. Con la Ley de Beneficencia se nacionalizan definitivamente varios bienes eclesiásticos. 1910 Se produce un conflicto internacional con el Perú al no aceptarse el Laudo del Rey de España sobre límite. 1911 Alfaro es derrocado (11 de agosto). Luego de pocos meses de gobierno muere el Presidente Estrada y estalla una revolución radical (23 de diciembre).
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    1912 (28 deenero) Eloy Alfaro y varios de sus tenientes son asesinados en Quito. 1913 Se inicia en Esmeraldas la revuelta "conchista" 1918 Es abolida por Ley la prisión por deudas, base legal del concertaje indígena. 1920 Se patentizá una gran crisis de producción y comercialización del cacao. 1922 (15 de noviembre) Luego de una huelga general, los trabadores y pobladores de Guayaquil son reprimidos a bala con saldo de cientos de muertos. 1925 (9 de julio Una revuelta militar derroca al gobierno e inicia la "reforma juliana". 1926 (23-26 de mayo) Se constituye el Partido Socialista Ecautoriano. 1927 Se inicia una amplia reforma del Estado. Se crean varios organos de control, como la Contraloría y el Banco Central. 1928 se expide una nueva Constitución con reformas sociales, entre elias y el voto femenino. 1932 La descalificación por el Congreso del Presidente electo Neptalí Bonifaz provoca en Quito la "Guerra de los cuatro días". 1935 El Ecuador ingresa en la Liga de las Naciones. 1937 El Ecuador reanuda relaciones con el Vaticano mediante el Modus Vivendi. 1938 El Gobierno de Gral. Alberto Enríquez expide el Código del Trabajo. 1941 Tropas peruanas invaden el territorio del Ecuador intentando forzar un arreglo limítrofe. 1942 (29 de enero) El Ecuador es forzado en Río de Janeiro a firmar un tratado de límite con el Perú. 1944 Una revuelta popular derroca al Gobierno de Arroyo del Río. Velasco Ibarra se hace cargo del poder. Se fundan la Confederación de Trabajadores del Ecuador (CTE) y la Casa de la Cultura Ecuatoriana. 1945 El Ecuador en la ONU 1949 (5 de agosto) Un terremoto destruye Ambato y varias localidades de Tungurahua. Con la visita de varias misiones internacionales se inician una etapa de modernización. 1952 Se proclaman el derecho de los países del Pacífico Sur a 200 millas de soberanía. 1957 Se dicta una Ley de Fomento Industrial. Se inaugura el Ferrocarril del Norte. 1959 Levantamientos populares en Manabí y Guayaquil por la crisis económica. 1963 Se instaura una dictadura militar que inicia algunas reformas estatales. 1964 Se expide la Ley de Reforma Agraria. 1966 La Universidad Central es invadida por el Ejército. Cae la dictadura militar. 1967 Se localiza el primer yacimiento petrolífero en el Oriente. 1969 Ingreso del Ecuador al Grupo de Integración Andina. 1972 Se inicia una nueva dictadura militar que gobierna el país en medio del "auge petrolero". 1975 Se consolida la unidad del Frente Unitario de los Trabajadores, FUT. 1977 Los trabajadores del ingenio AZTRA son reprimidos violentamente con saldo de decenas de muertos. 1978 Se aprueba por plebiscito la nueva Constitución. Se dispone por primera vez el voto de los analfabetos. 1979 Con el traspaso del poder, concluye la dictadura y se inicia una fase de vigencia constitucional. 1981 Se produce un conflicto bélico con el Perú en la Cordillera del Cóndor.
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    El Presidente Roldósmuere en un accidente aviatorio. Es reemplazado por Osvaldo Hurtado. 1984 Reunión internacional sobre deuda externa. 1985 El Papa Juan Pablo II, visita el Ecuador. 1987 (marzo) Un terremoto destruye varias localidades y daña el oleoducto. 1990 (4 de junio) Se inicia un levantamiento de los pueblos indígenas del Ecuador. 1991 El Presidente plantea en la ONU un arreglo pacífico del diferendo territorial con el Perú. Se realizan conversaciones. El presidente de ese país visita el Ecuador (1992). 1995 Nuevo conflicto bélico con el Perú. Las tropas ecuatorianas defienden exitosamente al país. Se suscribe una declaración de paz y se inician las negociaciones para un arreglo definitivo. 1998 Una Asamblea Nacional Constituyente aprueba una reforma integral a la Constitución, que entra en vigencia el 10 de Agosto. (26 de octubre) Se firman los acuerdos de paz con el Perú, que permiten delimitar la frontera común, impulsar el comercio y la navegación amazónica y la integración fronteriza entre los dos países. 2000 (21 de enero) Golpe de Estado en contra del Presidente Jamil Mahuad. Una junta de Gobierno integrada por Carlos Solorzano Constante, Antonio Vargas y el general Carlos Mendoza asume el poder. (22 de enero) Destitución de la Junta de Gobierno. El Congreso Nacional nombra a Gustavo Noboa Bejarano presidente constitucional del Ecuador. Tomado de Enrique Ayala Mora, resumen de Historia del Ecuador, Corporación Editora Nacional, Quito, 1999, pp. 135-142. Elaboración: Enrique Ayala Mora. * Fechas aproximada Orientación bibliográficas ACOSTA, Alberto, La deuda eterna: una historia de la deuda externa ecuatoriana, 4a. edición, Libresa, Quito, 1994. ------------, Breve historia económica del Ecuador, Corporación Editora Nacional, Quito, 1998. ADOUM, Jorge Enrique, Ecuador: señas particulares (ensayo), 1ª. Edición, Eskeletra, Quito, 1997. ALBORNOZ PERALTA, Oswaldo, Historia de la acción clerical en el Ecuador, Ediciones Soltierra, Quito, s.f. ANDRADE, Roberto, Historia del Ecuador, tomos I-IV, Corporación Editora Nacional, Quito, 1984. AYALA MORA, Enrique, Lucha política y origen de los partidos en Ecuador, 4ta. Edición, Corporación Editora Nacional / THEIS, Quito, 1988. -------------, Historia de la Revolución Liberal ecuatoriana, Corporación Editora Nacional / TEHIS, Quito, 1994. AYALA MORA, Enrique, Ed., Nueva Historia del Ecuador, 15 volúmenes (1. Época aborigen I; 2. Época aborigen II; 3. Época colonial I: conquista y primera etapa colonial; 4. Época colonial II: segunda y tercera etapa colonial; 5. Época colonial III: perspectiva general de la colonia; 6. Independencia y período colombiano; 7. Época republicana I: el Ecuador, 1830-1895; 8. Época republicana II: perspectiva general del siglo XIX; 9. Época republicana III: cacao, capitalismo y revolución liberal; 10. Época republicana IV: el Ecuador entre los veinte y los sesenta; 11. Época republicana V: el Ecuador en el último período; 12. Ensayos generales I: espacio, población, región; 13. Ensayos generales II; nación, Estado y sistema político; 14. Cronología Editora Nacional / Grijalbo, Quito, 1988-1995. BAEZ, René, Dialéctica de la economía ecuatoriana, Banco Central del
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    Documentos Históricos delEcuador * Fundase por Provincia Real La Audiencia de Quito (1563) A petición de Antonio Morán, Procurador de la ciudad de Quito, en 1560 se practicaron informaciones para solicitar del monarca español Felipe II, la fundación de una Real Audiencia a establecer en dicha ciudad. El documento que reproducimos, la Cédula Real en virtud de la cual se fundó en Quito el Tribunal de la Audiencia, se expidió tres años después, en Guadalajara, el 29 de agosto de 1563. De esta manera, Quito dejó de depender administrativamente de la Audiencia de Lima. Don Felipe, por la gracia de Dios, Rey de Castilla, del León, de Aragón, de las dos Sicilias, de Jerusalén, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorcas, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdova, de Córcega, de Murcia, de Jaén de los Algarves, de Algecira, de Gribaltar, de las islas de Canaria, de las Indias, islas y tierra firme, del Mar Océano; Conde de Barcelona; Señor de Biscaya y de Molina; Archiduque de Austria; Duque de Borgoña y Bravante y Milán; Conde de Flandes y de Tirol, etc. Por cuanto nos para la buena gobernación de la provincia del Quito y otras tierras que de yusi [sic] irán declaradas, habemos acordado de mandar fundar una nuestra Audiencia y Cancillería Real, que resida en la ciudad de San Francisco de dicha provincia del Quito, y habemos mandados que el nuestro Presidente y Oidores de la dicha Audiencia, vayan luego a residir y residan en ella y usen y ejerzan los dichos sus oficios en los límites que por nos le serán señalados; y porque es nuestra voluntad que la dicha. Audiencia tenga, son los siguientes: por la costa, hacia la parte de la Ciudad de los Reyes, hasta el puerto de Pauta exclusive y la tierra adentro hasta Piura y Cajamarca y Chachapoyas y Moyobamba y Motilones exclusive, de manera que la dicha Audiencia tenga por distrito hacia la parte suso dicha, los pueblos de Jaén, Valadolid, Zamora, Cuenca, la Zarza y Guayaquil, con todos los demás pueblos que estuvieren en sus comarcas y se poblaren y hacia la parte de los pueblos con lo demás que descubriere; y por la costa hacia Panamá hasta el puerto de la Buena Ventura inclusive y por la tierra adentro a Pasto, Popayán, Cali y Buga y Chapanchica y Querechicona y todos los dichos lugares con sus términos inclusive; y todos los demás lugares de la provincia de Popayán, han de quedar a la Audiencia del Nuevo Reino de Granada; y porque las cosas de nuestro servicio y
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    administración de nuestrajusticia y buena gobernación de las dichas tierras y provincias se hagan como deban y convengan al bien general de las dichas tierras; y visto por nuestro Consejo de las Indias y conmigo el Rey consultado, fue acordado que debíamos mandar dar esta nuestra cata en la dicha razón, y nos hubimos por bien por la cual mandamos a todos los nuestros Gobernadores y otras Justicias y Jueces cualesquier de la dicha provincia del Quito y de las otras provincias y tierras y pueblos de suso declaradas, a quien esta nuestra carta fuere mostrada o su traslado signado de Escribano Público o de ella, supiéredes en cualquier manera, y a cada uno de cualquier de vos en los lugares y jurisdicciones que en todo lo que por la dicha nuestra Audiencia vos fuere mandado, la obedezcáis y acatéis y cumpláis y ejecutéis y hagáis cumplir y ejecutar sus mandamientos en todo y por todo según y de la manera que por ella os fuere mandado, y les déis y hagáis dar todo el favor y ayuda que os pidiere y menester hubiere sin poder en ello excusa ni dilatación ni interponer apelación ni suplicación ni otro impedimento alguno so las penas que vos pusieres o mandare poner, las cuales nos por la presente vos ponemos y habemos por puestas y de damos poder y facultad para las ejecutar en los que rebeldes e inobedientes fueren y en sus bienes; y porque podría ser que por algunos impedimentos o por enfermedad u otras cosas que sucediesen al dicho nuestro Presidente y Oidores, no pudiesen llegar juntos a la dicha Ciudad de San Francisco del Quito y a los que llegasen antes que los otros les podría ser puesto impedimento en el uso y ejercicio de su oficios diciendo que no los podrían usar sino todos juntos, de que podrían suceder ruidos y diferencias; por ende, por la presente, queremos y mandamos y damos licencia y facultad a los dichos nuestro Presidente y Oidores para que cualquier o cualesquier de ellos que llegasen a la dicha ciudad de San Francisco del Quito, primero que los otros, no embargante que no lleguen y se juntan todos, puedan hacer y han la dicha Audiencia y entender y despachar y determinar las causas, pleitos y negocios de ella, como sí todos juntos estuviesen y residiesen en ella; para lo cual, por esta nuestra carta, le damos poder cumplido con todas sus incidencias y dependencias, anexidades y conexidades; y los unos, ni los otros no fagades, ni fagan en de él so pena de la nuestra merced y de cien mil maravedís para la nuestra Cámara. Dada en Guadalajara, en 29 de agosto de mil quinientos sesenta y tres años. Yo el Rey. Yo Francisco de Erazo, Secretario de su Majestad Real la hice escribir por su mandado. Registrada, Ochoa de Luyando. Canciller, Martín de Ramón. El Licenciado Don Juan de Sarmiento. El Doctor Vázquez. El Licenciado Don Gómez Zapata. El Licenciado Alonso Muñoz. ANH / SERIE CEDULARIOS: CAJA 1; 1563 1612; FS. 11 11 V. TOMADO DE: MUNICIPIO DE QUITO, COLECCION DE CEDULAS REALES DIRIGIDAS A LA AUDIENCIA DE QUITO; 1538 1600, TOMO I, QUITO, TALLERES TIPOGRAFICOS MUNICIPALES, 1935, PP. UNO TRES *Todos los documentos reproducidos en este capítulo han sido tomados de Enrique Ayala Mora, Ed. Nueva Historia del Ecuador. Vol. 15, Corporación Editora Nacional / Grijalbo, Quito, 1995. Documentos Históricos del Ecuador
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    Acta de Independenciade Quito (1809) El 10 de Agosto de 1809 se considera como el de inicio de la independencia de lo que hoy es Ecuador. En Quito cuando los criollos se revelaron contra el presidente Ruiz de Castilla, declararon insubsistente el gobierno de la Audiencia, y crearon una Junta de Gobierno. Los diputados barriales que participaron en los sucesos del 10 de Agosto de 1809, suscribieron una acta en la que confirmaban la rebelión y organizaban de manera diferente la administración. En este documento se insinúa también una invitación a otras ciudades para aliarse voluntariamente con el fin de conformar un Gobierno Supremo Interino que represente a Fernando VII, mientras se recupere su libertad. Nos, los infrascritos diputados del pueblos, atendidas las presentes críticas circunstancias de la nación, declaramos solemnemente haber cesado en sus funciones los magistrados actuales de esta capital y sus provincias; en su virtud, los del barrio del centro o Catedral, elegimos y nombramos por representantes de el a los Marqueses de Selva Alegres y Solanda, y lo firmamos. Manuel de Angulo, Antonio Pineda, Manuel Cevallos, Joaquín de la Barrera, Vicente Paredes, Juan Ante y Valencia. Los del barrio de San Sebastián elegimos y nombramos por representante de él a don Manuel Zambrano, y lo firmamos, Nicólas Vélez, Francisco Romero, Juan Pino, Lorenzo Romero, Manuel Romero, Miguel Donoso. Los del barrio de San Roque elegimos y nombramos por representante de él al Marqués de Villa Orellana, y lo firmamos. José Rivadeneira, Ramón Puento, Antonio Bustamante, José Alvarez, Diego Mideros. Los del barrio de San Blas elegimos y nombramos por representante de él a don Manuel de Larrea y lo firmamos. Juan Coello, Gregorio Flor de la Bastida, José Ponce, Mariano Villalobos, José Bosmediano, Juan Unigarro y Bonilla. Los del barrio de Santa Bárbara elegimos y nombramos representante de él al Marqués de Miraflores y lo firmamos. Ramón Maldonado, Luis Vargas, Cristóbal Garcés, Toribio Ortega, Tadeo Antonio Arellano, Antonio de la Sierra. Los del barrio de San Marcos elegimos y nombramos por representante de él a don Manuel Matheu y lo
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    firmaron. Francisco JavierAscázubi, José Padilla, Nicólas Vélez, Nicólas Jiménez, Francisco Villalobos, Juan Barreto. Declaramos que los antedichos individuos unidos con los representantes de los Cabildos de las provincias sujetas actualmente a esta gobernación y las que se unan voluntariamente a ella en lo sucesivo, como son Guayaquil, Popayán, Pasto, Barbacoas y Panamá que ahora dependen de los Virreinatos de Lima y Santa Fe, las cuales se procurará atraer, compondrán una Junta Suprema que gobernará interinamente a nombre y como representante de nuestro legítimo soberano, el señor don Fernando Séptimo, y mientras su Majestad recupere la Península o viniere a imperar en América, elegimos y nombramos por Ministros o Secretarios de Estado a don Juan de Dios Morales, don Manuel Quiroga y don Juan de Larrea, al primero para el despacho de los Negocios extranjeros y de la Guerra, el segundo para el de Gracia y Justicia y el tercero para el de Hacienda; los cuales como tales serán individuos natos de la Junta Suprema. Esta tendrá un Secretario Particular con voto y nombramos de tal a don Vicente Alvarez. Elegimos y nombramos por Presidente de ella al Márques de Selva Alegre. La Junta como representante del Monaca tendrá el tratamiento de Majestad; su Presidente el de Alteza Serenísima; y sus Vocales el de Excelencia, menos el Secretario Particular a quien se le dará el de Señoría. El Presidente tendrá por ahora y mientras se organizan las rentas del estado seis mil pesos de sueldo anual, dos mil cada vocal y mil el Secretario Particular. Prestará juramento solemne de obediencia y fidelidad al Rey en la Catedral inmediatamente y lo hará prestar a todos los cuerpos constituidos así eclesiásticos como seculares. Sostendrá la pureza de la religión, los derechos del Rey, y los de la patricia y hará guerra mortal a todos sus enemigos, principalmente franceses, valiéndose de cuantos medios y árbitros honestos de sugiriesen el valor y la prudencia para lograr el triunfo. Al efecto y siendo absolutamente necesario una fuerza militar competente para mantener el Reino en respecto, se levantará prontamente una falange compuesta de tres batallones de infantería sobre el pie de ordenanza y montada la primera compañía de granaderos; quedando por consiguiente reformas las dos de infantería y el piquete de dragones actuales. El jefe de la falange será Coronel y nombramos tal a Don Juan Salinas, a quien la Junta hará reconocer inmediatamente. Nombramos de Auditor General de Guerra, con honores de Teniente Coronel, tratamiento de Señoría y mil quinientos pesos de sueldo a don Juan Pablo Areas y la Junta le hará reconocer. El Coronel hará las propuestas de los oficiales, los nombrará la Junta, expedirá sus patentes y las dará gratitud el Secretario de la Guerra. Para que la falange sirva gustosa y no le falte lo necesario, se aumentará la tercera parte sobre el sueldo actual desde soldado arriba. Para la más pronta y recta administración de justicia, creamos un Senado de ella compuesto de dos Salas Civil y Criminal con tratamiento de Alteza. Tendrá a su cabeza un Gobernador con dos mil pesos de sueldo y tratamiento de Usía Ilustrísima. La sala de lo Criminal un Regente subordinado al Gobernador, con dos mil pesos de sueldo y tratamiento de Señoría; los demás Ministros con el mismo tratamiento y mil quinientos pesos de sueldo; agregándose un Protector General de Indios con honores y sueldo de Senador. El Alguacil Mayor con tratamiento y sus antiguos emolumentos. Elegimos y nombramos tales en la forma siguiente: Sala de lo Civil, Gobernador don José Javier Ascázubi, Decano, don Pedro Jacinto Escobar, don José Salvador, don Ignacio Tenorio, don Bernardo de León, Fiscal, don Mariano Merizalde. Sala de lo Criminal, Regente don Felipe Fuertes Amar, Decano, don Luis Quijano, Senadores, don José del Corral, don Víctor de San Miguel, don Salvador Murgueitio, Fiscal, don Francisco Xavier de Salazar. Protector General, don Tomás Arechaga, Alguacil Mayor, don Antonio Solano de la Sala. Si alguno de los sujetos
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    nombrados por estasoberana diputación renunciare el encargo sin justa y legítima causa, la Junta le admitirá la renuncia, si lo tuviere por conveniente, pero se le advertirá antes que será reputado como tal mal patriota y vasallo y excluido para siempre de todo empleo público. El que disputare la legitimidad de la Junta Suprema constituida por esta acta tendrá toda libertad bajo la salvaguardia de las leyes de presentar por escrito sus fundamentos y una vez que se declaren fútiles, ratificada que sea la autoridad que le es conferida, se le intimará a prestar obediencia, lo que no haciendo se le tendrá y tratará como reo de estado. Dado y firmado en el Palacio Real de Quito, a diez de Agosto de mil ochocientos nueve, Manuel de Angulo, Antonio Pineda, Manuel Cevallos, Joaquín de la Barrera, Vicente Paredes, Juan Ante y Valencia, Nicólas Vélez, Francisco Romero, Juan Pino, Lorenzo Romero, Manuel Romero, Miguel Donoso, José Rivadeneira, Ramón Puente, Antonio Bustamante, José Alvarez, Juan Coello, Gregorio Flor de la Bastida, José Ponce, Mariano Villalobos, Diego Mideros, Vicente Melo, José Ponce, José Bosmediano, Juan Unigarro y Bonilla, Ramón Maldonado, Luis Vargas, Cristóbal Garcés, Toribio Ortega, Tadeo Antonio Arellano, Antonio de Sierra, Francisco Javier de Ascázubi, José Padilla, Nicolás Jiménez, Francisco Villalobos, Juan Barreto. TOMADO DE: CARLOS DE LA TORRE REYES, LA REVOLUCION DE QUITO DEL 10 DE AGOSTO DE 1809, QUITO, EDITORIAL DEL MINISTERIO DE EDUCACION, 1961, PP. 212 215 Documentos Históricos del Ecuador Acta de Independencia de Guayaquil (1820) El 9 de octubre de 1820, el Puerto de Guayaquil proclamó su independencia de España. José Joaquín de Olmedo, designado jefe político de la provincia convocó a un cabildo abierto el cual se reunió el mismo nueve de octubre. Al acto concurrieron los miembros del Ayuntamiento y otros ciudadanos notables. En él se decidió nombrar y ratificar autoridades, siempre y cuando juraran lealtad al nuevo régimen independiente. Se acordó también enviar noticias sobre esto a Quito y Cuenca para exhortarlos a unirse al pronunciamiento. En la ciudad de Santiago de Guayaquil, a nueve días del mes de octubre de mil ochocientos veinte años, y primero de su Independencia, reunidos los señores que lo han compuesto, a saber: los señores Alcaldes, don Manuel José de Herrera y don Gabriel García Gómez y señores Regidores Dr. José
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    Joaquín Olmedo. En laciudad de Santiago de Guayaquil, a nueve días del mes de octubre de mil ochocientos veinte años, y primero de su Independencia, reunidos los señores que lo han compuesto, a saber: los señores Alcaldes, don Manuel José de Herrera y don Gabriel García Gómez, y señores Regidores Dr. José Joaquín Olmedo, don Pedro Santander, don José Antonio Espantoso, Dr. D. José María Maldonado, Dr. D. Bernabé Cornejo, don Jerónimo Zerda, don Ramón Menéndez, don Manuel Ignacio Aguirre, don Juan José Casilari y Dr. D. Francisco Marcos, con el señor Procurador General, don José María Villamil; por ante mí el presente Secretario, dijeron: Que habiéndose declarado la Independencia, por el voto general del pueblo, al que estaban unidas todas las tropas acuarteladas; y, debiendo tomar en consecuencia, todas las medidas que conciernen al orden político, en circunstancias que este necesita de los auxilios de los principales vecinos, debía primeramente recibirse el juramento al señor Jefe Político, señor doctor don José Joaquín Olmedo, por voluntad del pueblo y de las tropas; y, en efecto, hallándose presente dicho señor en este Excelentísimo Cabildo, prestó el juramento de ser independiente y fiel a su patria, defenderla, coadyuvar con todo aquello que concierna a su prosperidad y ejercer bien y legalmente el empleo de Jefe Político, que se le ha encargado. En seguida, el referido señor Jefe Político, posesionado del empleo, recibió el juramento a todos los individuos de este Cuerpo, quienes juraron ser independientes, fieles a la Patricia, y defenderla con todas las fuerzas que están a sus alcances; cuyo juramento lo presenció el señor Jefe Militar, don Gregorio Escobedo. Con lo que y no habiéndose tratado otra cosa, firmaron esta acta los señores, por ante mi el presente Secretario. José Joaquín de Olmedo, Manuel José de Herrera, Gabriel García Gómez, José Antonio Espantoso, Pedro Santander, José M. Maldonado, Bernabé Cornejo y Avilés, José Ramón Menéndez, Jerónimo Zerda, Manuel Ignacio de Aguirre, Francisco de Marcos, José Villamil, Juan José Casilari, José Ramón de Arrieta, Secretario. TOMADO DE: CAMILO DESTRUGE, HISTORIA DE LA REVOLUCION DE OCTUBRE Y CAMPAÑA LIBERTADORA DE 1820 1822, GUAYAQUIL, BANCO CENTRAL DEL ECUADOR, SUCURSAL MAYOR, 1982, PP. 199 200 Documentos Históricos del Ecuador
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    Acta por laque el Distrito del Sur se separa de Colombia (1830) Para el Departamento del Sur, los dirigentes máximos de la Gran Colombia resultaban muchas veces extraños y ajenos al lugar. Esto provocó el descontento de los gobernadores, sobre todo de las clases altas. Por otros lado, las dificultades de comunicación, la difícil geografía y la falta de vías, impidió un gobierno ágil en todo el territorio que cubría Colombia. En tales circunstancias, la separación del gobierno del sur se veía venir como un hecho inevitable. A estos motivos se sumaba el interés del General Juan José Flores por gobernar el distrito . El acto de separación se realizó el 13 de mayo de 1830. Pocos días después fue asesinado el mariscal Antonio José de Sucre. En la ciudad de San Francisco de Quito, a 13de mayo de 1830, congregadas las Corporaciones y padres de familia por el Sr. General Prefecto del Departamento, en virtud de la representación que le ha dirigido el Sr. Procurador General, e instruidos de los puntos que contiene, dijeron: Que consecuentes con sus principios y amor al orden, han sostenido la integración nacional hasta la presente crisis, en la que la mayoría de Colombia pronunciándose las actas de Venezuela, Casanare, Neyva, Popayán y otras provincias. Que aun el Gobierno, considerando ser éste el voto general, ha manifestado al Congreso, en su último mensaje, la nulidad de su representación y la necesidad de cesar en sus funciones. Que no pudiendo Quito resistir por más tiempo a esta voluntad, ni mostrarse insensible a sus verdaderos intereses, se ve precisado a unificar sus sentimientos con los deseos de la Nación, para salvarse de los horrores de la anarquía y organizar el gobierno más análogo a sus costumbres, circunstancias y necesidades, declaran: 1.- Que en ejercicio de su soberanía, se pronuncia por constituir un Estado Libre e Independiente, con los pueblos comprometidos en el Distrito del Sur y los más que quieran incorporarse, mediante las relaciones de naturaleza y de
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    recíproca conveniencia. 2.- Quemientras se reúna la Convención del Sur y se nombren los altos funcionarios, queda encargado del Mando Supremo, Civil y Militar, el Sr. General de División Juan José Flores, en quien depositan toda su confianza, convencidos por los repetidos testimonios que les ha dado de su propensión a conservar el orden y tranquilidad; por hacer salvado tan gloriosamente el Sur, en las circunstancias más difíciles, por el acierto, integridad y tino con que se ha conducido en la carrera de su mando, conciliándose con sus talentos y virtudes el aprecio general de estos pueblos, que le son deudores de inmensos beneficios. 3.- Que en ejercicio del citado poder que se le confiere, se le autoriza a que nombre los funcionarios que estime necesarios y haga cuanto crea conducente al mejor régimen del Estado, manteniendo a los empleados y leyes vigentes, con aquellas modificaciones que sean indispensables. 4.- Que quince días después de haber recibido las actas de los pueblos que deben formar con Quito un solo Estado, convocará el Congreso Constituyente según el Reglamento de Elecciones, que expedirá al efecto. 5.- Que si dentro de cuatro meses no se hubiera instalado la Convención, se reunirá el Pueblo para deliberar sobre sus destinos. 6.- Que el Ecuador conocerá siempre los eminentes servicios que ha prestado a la causa de la libertad S.E. el Libertador, cuyas glorias, que son las de Colombia, se conservarán entre nosotros, como un depósito sagrado y se transmitirán a la posteridad, para su gratitud y admiración. 7.- Que se eleve esta acta a S.E. el Jefe Supremo, por medio del Señor Presidente de la Asamblea, para su conocimiento, y a que tenga a bien dirigirla a los demás departamentos, por medio de una diputación, que nombrará al efecto. Y lo firmaron: J.M. Sáenz; Federico Quijano; Antonio Ramón; Luis de Saa; Isidoro Barriga; José Miguel Carrión; Joaquín Chiriboga, Prebendado de esta Catedral; Dr. Manuel Solano, Prebendado; la Merced; Francisco de Angulo; Dr. Miguel Alvarado; Manuel de Corral; Juan Antonio Terán; Antonio Baquero; N. Aguirre; Felipe Viteri; Juan de León; Bartolomé Donoso; Eugenio y Pyramale; Ramón de la Barrera; Ignacio Veintimilla; Joaquín de la Barrera; Francisco Rebolledo; Agustín Dávila; Rafael Serrano; el Provincial de San Francisco, Fray Manuel Ortiz; Joaquín Velasco; Rafael Morales; Julián Mestanza; Diego Antonio Nieto; Vicente Salazar; José Matías Valdez; Angel Salazar; Manuel María de Salazar; Miguel Nájera; Francisco de Arcia; el Director de Facultad Médica, Dr. Juan Manuel de la Sala; José Javier Valdivieso; el Escribano de Hacienda, Juan Bautista Castrillón; José Matheus; Francisco de Arboleda; José Antonio Nieto; Carlos de Salas; Mariano Pazmiño; Mariano Suaste; Angel Sáenz; Pablo de Saa; Francisco Dávila; Carlos Catanco; Miguel Aristizábal; Andrés Cevallos; Roque Bastida; Vicente Velarde; Fermín Cevallos; Ignacio Vargas; Antonio Mata; Adolfo Klinger; Mariano Francisco Miguel Burbano; Joaquín Pareja; José Miguel González; Antonio Fernández Salvador; ; José de Eloiza; Nicólas Rodríguez; Vicente Murillo; Baltazar Carrión; José Francisco bayas; Camilo Quijano; Gaspar Maldonado; José María Lequerica; José Manuel Espinosa; Carlos Fortines; Manuel de Lara; Mauricio San Miguel; Camilo Echanique; Dr. Agustín de Salazar; Gabriel Gutiérrez; Francisco Enríquez; Gabriel Arizábal; Ramón Jiménez; Angel Espinosa; Manuel Corral; Pedro Campana; Alejo Herrera; Manuel Barba; Manuel Vitores; Camilo
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    Moreno, Fernando RafaelOrtega; Manuel Domínguez; José Enríquez; Mariano Urrea; Antonio Jaramillo; Dr. Víctor F. de San Miguel; Antonio Ante; José Valentín Chiriboga; Guillermo Valdivieso; Mauricio Quiñónez; Antonio Pineda; Francisco de la Torre; Alberto Galárraga; Manuel Moreno; Juan José Chiriboga; el Coronel de M.J. Nicólas Vásconez; el Jefe de E.M. General Ad. La Guerra; el Coronel Francisco Montúfar; Felipe Proaño; el primer Comandante José María Guerrero; el primer Comandante Mariano Cañizares; José de Vivanco; Dr. Manuel Carrión, Secretario Municipal. TOMADO DE: OSCAR EFREN REYES; BREVE HISTORIA GENERAL DEL ECUADROR, VOL. II III, QUITO, 1977, PP. 57 - 59 Documentos Históricos del Ecuador Acta de posesión de las Islas Galápagos(1832) A los dos años de establecida la república y a pesar de que las condiciones generales en que este hecho se produjo eran precarias pues la soberanía era relativa, el reconocimiento internacional era poco significativo, no se había precisado los límites territoriales y además no se contaba con recursos económicos suficientes; el gobierno del general Juan José Flores, en nombre del Estado, tomó posesión de las llamadas Islas de Galápagos, con el nombre de Archipiélago del ecuador. El mérito de la anexión de estas islas al territorio ecuatoriano corresponde a su gobernador el general Villamil, quien se preocupó de legitimar la posesión. Archipiélago del Ecuador En la Isla de San Carlos, a los doce días del mes de febrero del año de mil ochocientos treinta y dos; el Coronel Ignacio Hernández, comisionado por el Gobierno del Ecuador para reconocer las islas del Archipiélago, conocidas
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    antes con elnombre de Islas de Galápagos, y tomar posesión de ellas en nombre del Estado del Ecuador, en presencia de los señores Joaquín Villazmil y Lorenzo Bark, socios de la compañía colonizadora, del señor doctor Eugenio Ortiz, Capellán de la colonia; de los ciudadanos Miguel Pérez, Andrés Funiel, Tomás Parra, Lorenzo Quirola, José Chasin, Domingo Soligni, José Manuel Muñoz y Juan Silva, primeros pobladores, del Capitán Santiago Rugg y tripulación de la Goleta "Mercedes", y del señor Juan Jokuson, habitante antiguo de esta isla: hallándose presente los capitanes de las gragatas norteamericanas "Levante" y Richmond", señores Tomás Rusell y John Facher, con sus tripulaciones, hago manifiesto: que habiendo arribando a esta isla el jueves nueve del corriente, en la Goleta Nacional "Mercedes", pisado felizmente con la ayuda de Dios, procedo a llenar y cumplir la comisión con que me honró el Gobierno; en su virtud declaró: que en este acto tomo posesión de esta mencionada isla y de cuantas comprenda el Archipiélago del Ecuador en nombre del Estado y empezó a ejercer el oficio de Juez d Paz que se me ha conferido. Después de esta declaración se hizo tremolar el pabellón del Estado, saludándole con tres descargas de fusiles y proclamó el nombre del Estado Ecuatoriano, victorió el de su actual presidente el ilustre General Juan José Flores. Con lo cual se concluyó esta acta que firmaron los expresados conmigo. Ignacio Hernández, Lorenzo Bark, Joaquín Villazmil. Según mi fuero Eugenio Ortiz. Juan Jokuson, Domingo Soligni, Miguel Pérez, Tomás Parra, Santiago Rugg. TOMADO DE: CENTRO DE INVESTIGACIONES HISTORIACAS: "DOCUMENTOS PARA LA HISTORIA DE LAS ISLAS GALAPAGOS", EN BOLETIN DEL CENTRO DE INVESTIGACIONES HISTORICAS, TOMO VI, NOS. VIII, IX, X, XI, GUAYAQUIL, LITOGRAFIA E IMPRENTA LA REFORMA, 1941, PP. 180 181 Documentos Históricos del Ecuador
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    Ley de Monedas(1884) Desde 1830, siguiendo las normas colombianas, el Estado Ecuatoriano tuvo como su moneda legal el peso de a ocho reales, que a su vez se dividían en medios y calés. Conforme se fue buscando racionalizar el régimen monetario, se vio la necesidad de adoptar un sistema de uso más racional y convertible a las monedas dominantes de la economía de la época. Luego de varios intentos que no prosperaron, en 1884 se logró emitir una ley que estableció un sistema decimal de base bimetálica para el país. Sus unidades básicas se denominaron "doble cóndor de oro" y "sucre". Este último era una moneda de plata dividida en cien centavo. Desde entonces esa ha sido la denominación de la moneda nacional del Ecuador . La Convención Nacional del Ecuador, Considerando: Que los intereses del comercio y de la industria en general exigen la regularización del sistema monetario, basa obligada de los cambios; y, en la actualidad, defectuosa y causa de abusos graves en extremo perjudiciales a la riqueza pública, Decreta: Art. 1. Las monedas nacionales serán: a) De oro las siguientes: 1. El doble cóndor, que pesará gs. 32,25.806, treinta y dos gramos, veinticinco mil ochocientos seis cien miligramos con la ley de 900 milésimas y que valdrá veinte sucres. 2. El cóndor, que pesará gs. 16,12.903 cien miligramos con la ley de 900 milésimos, y que valdrá diez sucres. 3. E doblón, que pesará gs. 6,45.161, con la ley de 900 milésimas, y valdrá cuatro sucres. 4. El quinto de cóndor, que pesará gs. 3,22.580, con la ley de 900 milésimos, y que valdrá dos sucres. 5. El décimo de cóndor, que pesará gs. 1,61.290, con la ley de 900 milésimos,
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    y que valdráun sucre, o cien centavos. b) de Plata a) El Sucre, que pesará gs. 25 con la ley de 900 milésimos, y valdrá un fuerte, diez décimos o cien centavos. b) El medio Sucre, que pesará gs. 12,500 con la ley de 900 milésimos, y que valdrá cinco décimos o cincuenta centavos. c) Los dos décimos, que pesará gs. 5 con la ley de 900 milésimos, y que valdrá dos décimos o veinte centavos. d) El décimo, que pesará gr. 2,500 con la ley de 900 milésimos, y que valdrá lo que expresa o sea diez centavos. e) El medio décimo, que pesará gs. 1,250, con la ley de 900 milésimos y valdrá lo que expresa, o cinco centavos. c) de Vellón a) El medio décimo, de nikel b) El centavo formado de cobre puro, o de cobre en aleación con el nikel u otro metal. c) El medio centavo de la misma materia que el centavo Art. 2. El fuerte o feble permitido en la ley de las monedas, será de dos milésimos para las de oro, y de tres milésimos para las de plata. El fuerte o feble en el peso será de dos milésimos, para las de oro y de tres milésimos para las de plata. Art. 3. El diámetro de las monedas nacionales, su sello, forma y demás condiciones de la fabricación, se determinaran por decretó del Poder Ejecutivo, expedido cuando se tenga todo lo necesario para organizar un taller o casa de moneda, o cuando arregle en el exterior la acuñación de la nacional. El mismo Poder Ejecutivo determinará el peso y demás condiciones de la moneda de vellón. Art. 4. Circularán como equivalentes a las monedas nacionales, las de oro , de Francia, Italia, Bélgica, Confederación Helvética, Estados Unidos de América, Estados Unidos de Colombia, Perú y las de las otras naciones que hayan adoptado el sistema monetario francés. Se tendrán como equivalentes, en las de plata, la pieza de cinco francos de las cuatro primeras nacionales arriba expresadas, los pesos de diez décimos chilenos y colombianos, el sol peruano, el dollar y submúltiplos de los Estados Unidos de América, y todas las demás, de oro o de plata, de talla mayor o menor, que no sean inferiores en peso y ley a las nacionales. Art. 5. Se entiende por moneda de talla mayor en las de plata el fuerte, y en las de oro el cóndor y el doble cóndor.
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    Art. 6. Esabsolutamente prohibida la importación de moneda inferior en peso o ley a la nacional, y la que se introduzca será decomisada y reexportada como barras por cuenta de la nación. Art. 7. En monedas de vellón no será obligatorio recibir en pagos, más de cinco décimos de peso. Art. 8. La actual moneda circulante de $ 0,835 de ley, solo será de obligatorio recibo para los particulares, hasta la cantidad de diez y seis pesos en cada pago, y para las cajas fiscales, hasta el veinte por ciento de las cantidades que ellas se satisfagan. Lo dispuesto no comprende la moneda nacional sobre la cual no habría restricción hasta el Gobierno la amortice. El Poder Ejecutivo queda facultado para contratar dicha amortización o para levantar un empréstito aplicando el pago el seis por ciento de los derechos de introducción. Art. 9. El gobierno podrá hacer amonedar por contrata con cualquier nación extranjera hasta cuarenta mil pesos en medios décimos de nikel y en piezas de un centavo y medio centavo de nikel y cobre puros o de nikel y cobre aleados. Llegado el caso determinará el Poder Ejecutivo lo que debe pagarse por derechos de amonedación. Art. 10. La unidad monetaria será el sucre dividido en cien centavos. En consecuencia, las cuentas de las oficinas y establecimientos públicos se llevarán en sucres y centavos de sucre, según la estimación dada a tales monedas en la presente ley. Los jefes de oficina o establecimientos públicos, que no hagan cumplir esta disposición, pagarán una multa de veinticinco o doscientos sucres que hará efectiva la primera autoridad política del lugar en donde resida la oficina o establecimiento. Art. 11. El Poder Ejecutivo nombrará una comisión de monedas permanentes, son residencia en Guayaquil, y formada de tres miembros elegidos entre las personas más competentes, la que se ocupará: El estudiar la circulación monetaria en el país; En formar los cuadro estadísticos que a ella se refieran; y En pasar el gobierno, por el órgano respectivo informes anuales o cuando se los pidan, del estado de la circulación monetaria, reformas de que sea susceptible y equivocada de las monedas extranjeras con las nacionales, según la presente ley. Aprobado por el gobierno el cuadro de equivalencias, se publicará oficialmente para que conforme a él circulen las monedas a que se refiera. Art. 12. Esta ley regirá desde a fecha que señale el Poder Ejecutivo, la cual no podrá pasar del 1 de enero de 185.
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    Dado en Quito,Capital de la república, a 22 de marzo de 1884. El Presidente, Francisco J. Salazar. El Diputado Secretario, Honorato Vázquez. El Diputado Secretario, José María Flor de las Banderas. El Secretario, Aparicio Ribadeneira. Palacio de Gobierno en Quito, a 1 de abril de 1884. Ejecútese, José María Plácido Caamaño El Ministro de Hacienda, Vicente Lucio Salazar TOMADO DE: REPUBLICA DEL ECUADOR, LEYES Y DECRETOS EXPEDIDOS POR LA CONVENCION NACIONAL DE 1883, QUITO, IMPRENTA DEL GOBIERNO, 1884, PP. 171 175 Documentos Históricos del Ecuador Ley de Monedas (1884) Desde 1830, siguiendo las normas colombianas, el Estado Ecuatoriano tuvo como su moneda legal el peso de a ocho reales, que a su vez se dividían en medios y calés. Conforme se fue buscando racionalizar el régimen monetario, se vio la necesidad de adoptar un sistema de uso más racional y convertible a las monedas dominantes de la economía de la época. Luego de varios intentos que no prosperaron, en 1884 se logró emitir una ley que estableció un sistema decimal de base bimetálica para el país. Sus unidades básicas se denominaron "doble cóndor de oro" y "sucre". Este último era una moneda de plata dividida en cien centavo. Desde entonces esa ha sido la denominación de la moneda nacional del Ecuador .
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    La Convención Nacionaldel Ecuador, Considerando: Que los intereses del comercio y de la industria en general exigen la regularización del sistema monetario, basa obligada de los cambios; y, en la actualidad, defectuosa y causa de abusos graves en extremo perjudiciales a la riqueza pública, Decreta: Art. 1. Las monedas nacionales serán: a) De oro las siguientes: 1. El doble cóndor, que pesará gs. 32,25.806, treinta y dos gramos, veinticinco mil ochocientos seis cien miligramos con la ley de 900 milésimas y que valdrá veinte sucres. 2. El cóndor, que pesará gs. 16,12.903 cien miligramos con la ley de 900 milésimos, y que valdrá diez sucres. 3. E doblón, que pesará gs. 6,45.161, con la ley de 900 milésimas, y valdrá cuatro sucres. 4. El quinto de cóndor, que pesará gs. 3,22.580, con la ley de 900 milésimos, y que valdrá dos sucres. 5. El décimo de cóndor, que pesará gs. 1,61.290, con la ley de 900 milésimos, y que valdrá un sucre, o cien centavos. b) de Plata a) El Sucre, que pesará gs. 25 con la ley de 900 milésimos, y valdrá un fuerte, diez décimos o cien centavos. b) El medio Sucre, que pesará gs. 12,500 con la ley de 900 milésimos, y que valdrá cinco décimos o cincuenta centavos. c) Los dos décimos, que pesará gs. 5 con la ley de 900 milésimos, y que valdrá dos décimos o veinte centavos. d) El décimo, que pesará gr. 2,500 con la ley de 900 milésimos, y que valdrá lo que expresa o sea diez centavos. e) El medio décimo, que pesará gs. 1,250, con la ley de 900 milésimos y valdrá lo que expresa, o cinco centavos. c) de Vellón a) El medio décimo, de nikel b) El centavo formado de cobre puro, o de cobre en aleación con el nikel u
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    otro metal. c) Elmedio centavo de la misma materia que el centavo Art. 2. El fuerte o feble permitido en la ley de las monedas, será de dos milésimos para las de oro, y de tres milésimos para las de plata. El fuerte o feble en el peso será de dos milésimos, para las de oro y de tres milésimos para las de plata. Art. 3. El diámetro de las monedas nacionales, su sello, forma y demás condiciones de la fabricación, se determinaran por decretó del Poder Ejecutivo, expedido cuando se tenga todo lo necesario para organizar un taller o casa de moneda, o cuando arregle en el exterior la acuñación de la nacional. El mismo Poder Ejecutivo determinará el peso y demás condiciones de la moneda de vellón. Art. 4. Circularán como equivalentes a las monedas nacionales, las de oro , de Francia, Italia, Bélgica, Confederación Helvética, Estados Unidos de América, Estados Unidos de Colombia, Perú y las de las otras naciones que hayan adoptado el sistema monetario francés. Se tendrán como equivalentes, en las de plata, la pieza de cinco francos de las cuatro primeras nacionales arriba expresadas, los pesos de diez décimos chilenos y colombianos, el sol peruano, el dollar y submúltiplos de los Estados Unidos de América, y todas las demás, de oro o de plata, de talla mayor o menor, que no sean inferiores en peso y ley a las nacionales. Art. 5. Se entiende por moneda de talla mayor en las de plata el fuerte, y en las de oro el cóndor y el doble cóndor. Art. 6. Es absolutamente prohibida la importación de moneda inferior en peso o ley a la nacional, y la que se introduzca será decomisada y reexportada como barras por cuenta de la nación. Art. 7. En monedas de vellón no será obligatorio recibir en pagos, más de cinco décimos de peso. Art. 8. La actual moneda circulante de $ 0,835 de ley, solo será de obligatorio recibo para los particulares, hasta la cantidad de diez y seis pesos en cada pago, y para las cajas fiscales, hasta el veinte por ciento de las cantidades que ellas se satisfagan. Lo dispuesto no comprende la moneda nacional sobre la cual no habría restricción hasta el Gobierno la amortice. El Poder Ejecutivo queda facultado para contratar dicha amortización o para levantar un empréstito aplicando el pago el seis por ciento de los derechos de introducción. Art. 9. El gobierno podrá hacer amonedar por contrata con cualquier nación extranjera hasta cuarenta mil pesos en medios décimos de nikel y en piezas de un centavo y medio centavo de nikel y cobre puros o de nikel y cobre aleados. Llegado el caso determinará el Poder Ejecutivo lo que debe pagarse por
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    derechos de amonedación. Art.10. La unidad monetaria será el sucre dividido en cien centavos. En consecuencia, las cuentas de las oficinas y establecimientos públicos se llevarán en sucres y centavos de sucre, según la estimación dada a tales monedas en la presente ley. Los jefes de oficina o establecimientos públicos, que no hagan cumplir esta disposición, pagarán una multa de veinticinco o doscientos sucres que hará efectiva la primera autoridad política del lugar en donde resida la oficina o establecimiento. Art. 11. El Poder Ejecutivo nombrará una comisión de monedas permanentes, son residencia en Guayaquil, y formada de tres miembros elegidos entre las personas más competentes, la que se ocupará: El estudiar la circulación monetaria en el país; En formar los cuadro estadísticos que a ella se refieran; y En pasar el gobierno, por el órgano respectivo informes anuales o cuando se los pidan, del estado de la circulación monetaria, reformas de que sea susceptible y equivocada de las monedas extranjeras con las nacionales, según la presente ley. Aprobado por el gobierno el cuadro de equivalencias, se publicará oficialmente para que conforme a él circulen las monedas a que se refiera. Art. 12. Esta ley regirá desde a fecha que señale el Poder Ejecutivo, la cual no podrá pasar del 1 de enero de 185. Dado en Quito, Capital de la república, a 22 de marzo de 1884. El Presidente, Francisco J. Salazar. El Diputado Secretario, Honorato Vázquez. El Diputado Secretario, José María Flor de las Banderas. El Secretario, Aparicio Ribadeneira. Palacio de Gobierno en Quito, a 1 de abril de 1884. Ejecútese, José María Plácido Caamaño El Ministro de Hacienda, Vicente Lucio Salazar TOMADO DE: REPUBLICA DEL ECUADOR, LEYES Y DECRETOS EXPEDIDOS POR LA CONVENCION NACIONAL DE 1883, QUITO, IMPRENTA DEL GOBIERNO, 1884, PP. 171 175 FUENTE BIBLIOGRÀFICA : EXTRAÌDA DEL DIARIO LA HORA PUBLICACIÒN DE HISTORIA DEL ECUADOR