El documento denuncia el aumento de la violencia institucional por parte de las fuerzas de seguridad en Argentina, con un incremento alarmante de muertes y abusos en operativos policiales, especialmente hacia jóvenes en barrios pobres. Las políticas de seguridad se orientan hacia un control represivo en lugar de promover la inclusión social, y funcionarios políticos legitiman estas prácticas, lo que agrava la situación de derechos humanos. La falta de reformas estructurales y el endurecimiento de las políticas han llevado al colapso del sistema penitenciario y han socavado cualquier intento de avanzar en una seguridad democrática.