Científicos han desarrollado un nuevo sensor de frescura de alimentos impreso en papel que puede detectar gases producidos por la descomposición e indicar a los consumidores si los alimentos son seguros para comer, ayudando a reducir el desperdicio de alimentos que actualmente representa un tercio de la producción mundial. Los sensores biodegradables se pueden leer con teléfonos inteligentes y proporcionan una solución económica y eficiente para monitorear la frescura de los alimentos.