Las primeras comunidades cristianas se caracterizaron por (1) la comunión entre sus miembros basada en la fe en Jesús, (2) la oración y celebración de ritos como la eucaristía y el bautismo para fortalecer su relación con Dios, y (3) la predicación del evangelio a judíos y paganos como parte de su misión. Al crecer en número, se hizo necesario organizar los roles y ministerios dentro de cada comunidad con figuras como obispos, presbíteros y diáconos. Además,