la nena
    carabajo
la nena
la nena tuvo una infancia pobre. Nada faltaba pero nada sobraba. Digamos que
alcanzaba para vivir y nada más. Eran tiempos de 1940 y la realidad era otra. Ella era
caprichosa. Como toda nena. Se enojaba. Como toda nena. Y se sentía sola. También
como toda nena. Las nenas de entonces no eran como las de ahora. O sí. Solo que
menos consentidas. Es que en el mundo todo había menos para darles. Eran épocas
distintas y nada de lo que a una nena la satisface hoy se había inventado. Las nenas de
entonces veían a sus madres cocinar y tejer y lavar ropa o hacer compras. Compras en
mercaditos. Huevos, verdura, carne y pasta. Los trabajos masculinos eran duros. No
existía la oficina que hoy conocemos. Eran empleados sobrepasados por organizar los
papeles de trámites y documentos primitivos. La nena llegó a terminar su colegio
secundario y entró a la universidad. Por fin las nenas se podían dar ese gusto. El capital
avistaba su horizonte. La nena y sus amigos formaban centros de estudiantes. La
política entraba en la universidad. Hasta que la nena se recibió de ser pensante.
Entonces él su marido ya trabajaba en oficinas de verdad. Ella formada en el gusto por
crecer quedaba con la mirada de nena en el decir yo quiero. Entonces iba usando su
influencia de nena estudiosa en pinchar a su marido. El entonces crecía y tenía más
responsabilidades y mejor sueldo. Ya tocando el cielo ambos pudieron viajar y conocer
Europa y América. Sus hijos eran cuidados por tías y niñeras. La nena ya quería mejores
autos y lujos y el capital del mundo inventaba millones de gustos para probar. El
hombre compraba todo lo que se le ofrecía. Las nenas marcaron una época en la que no
había techo. Planeaban las conquistas aliadas a ellos y a las demás nenas. Llegadas a
viejas tienen tanto que siguen conquistando y hasta sus hijos que aprendieron la lección
siguieron el mismo camino. Al mismo tiempo el mundo cambió conforme las nenas del
mundo, y la miseria está en donde debe estar. No en las nenas. Es que mientras los niños
padecen tantas desgracias las nenas están donde deben estar. Aunque quizá no debieran.
Es que hoy en las universidades se planea otra cosa. Solucionar lo que dejaron las
nenas. Sin embargo hay muchas estudiando para ser nenas y sueñan con ello. Hijas y
nietas. Las primeras afianzan esta realidad que ya obtuvieron. Difícil lucha contra tres
generaciones y toda la construcción a su servicio. El servicio de inteligencia femenino
que obtiene lo que quiere para las nenas. Una pirámide de complicidades a cambio de
favores, derechos y promesas o realidades. ¿No será que hay más nenas que pobres? O
que esta pirámide y sus jerarquías es un juego de nenas. Pobres y ricas. Al fin y al cabo
qué es la pobreza cuando ellos trabajan para las que menos tienen. ¿Para qué pedir más
si se vive gratis? La pobreza sube y baja por la pirámide y todo se decanta en arreglos
de nenas y de mujeres que también las aceptan. Ellos en cambio tocan ritmos folklóricos
en Plaza de Mayo y la llenan con sus llantos de bebés. Es que todas las mujeres son
nenas aunque vivan de ello en la fantasía. Serviciales a sostener el proyecto que
conocen en esta película de amor que todas ven emocionadas y astutamente tenaces. Las
nenas y su reinado de abejas sostienen el decorado. Las actrices de reparto se reparten
todo lo que queda. Hay nena para rato. Pero un tal Francisco no tiene mujer. Solo una
que ¡es VIRGEN! La señal de alarma es disimulada por expresiones de afecto y
patriotismo entre las nenas. Hay quienes dicen que en el exterior ya las nenas lo
mencionan como suyo. Y los bombos con fe dicen en cambio de que él es prueba de la
pobreza. La plaza es un confesionario. Están sus mujeres que les retan aplaudiendo
nenas y no los pesados conflictos con el pasado de mano dura que las nenas y sus
secuaces siempre avalaron. El hombre está solo. Ellas ya no le ceban mate. Ni siquiera
cuando pide justicia. Justicia?, dicen ellas. ¿Para qué? : ¡mirá la péli y callate!. La
primera dama no sabía que había pobreza tampoco. Pero le encanta que le canten
folklore. En plazas suyas. Es que ella siempre fue una nena. La mano izquierda y la
derecha es una cosa entre mujeres. Y las nenas lo saben. En la facultad hacen que
estudian pero los estudian a ellos. El servicio de inteligencia sigue vigente. Está intacto.
Y ya tiene cedes en el Vaticano. Los bomberos se van de la plaza con una nueva zamba:
¨ palomita no me olvides ¨.

carabajo

La nena

  • 1.
    la nena carabajo
  • 2.
    la nena la nenatuvo una infancia pobre. Nada faltaba pero nada sobraba. Digamos que alcanzaba para vivir y nada más. Eran tiempos de 1940 y la realidad era otra. Ella era caprichosa. Como toda nena. Se enojaba. Como toda nena. Y se sentía sola. También como toda nena. Las nenas de entonces no eran como las de ahora. O sí. Solo que menos consentidas. Es que en el mundo todo había menos para darles. Eran épocas distintas y nada de lo que a una nena la satisface hoy se había inventado. Las nenas de entonces veían a sus madres cocinar y tejer y lavar ropa o hacer compras. Compras en mercaditos. Huevos, verdura, carne y pasta. Los trabajos masculinos eran duros. No existía la oficina que hoy conocemos. Eran empleados sobrepasados por organizar los papeles de trámites y documentos primitivos. La nena llegó a terminar su colegio secundario y entró a la universidad. Por fin las nenas se podían dar ese gusto. El capital avistaba su horizonte. La nena y sus amigos formaban centros de estudiantes. La política entraba en la universidad. Hasta que la nena se recibió de ser pensante. Entonces él su marido ya trabajaba en oficinas de verdad. Ella formada en el gusto por crecer quedaba con la mirada de nena en el decir yo quiero. Entonces iba usando su influencia de nena estudiosa en pinchar a su marido. El entonces crecía y tenía más responsabilidades y mejor sueldo. Ya tocando el cielo ambos pudieron viajar y conocer Europa y América. Sus hijos eran cuidados por tías y niñeras. La nena ya quería mejores autos y lujos y el capital del mundo inventaba millones de gustos para probar. El hombre compraba todo lo que se le ofrecía. Las nenas marcaron una época en la que no había techo. Planeaban las conquistas aliadas a ellos y a las demás nenas. Llegadas a viejas tienen tanto que siguen conquistando y hasta sus hijos que aprendieron la lección siguieron el mismo camino. Al mismo tiempo el mundo cambió conforme las nenas del mundo, y la miseria está en donde debe estar. No en las nenas. Es que mientras los niños padecen tantas desgracias las nenas están donde deben estar. Aunque quizá no debieran. Es que hoy en las universidades se planea otra cosa. Solucionar lo que dejaron las nenas. Sin embargo hay muchas estudiando para ser nenas y sueñan con ello. Hijas y nietas. Las primeras afianzan esta realidad que ya obtuvieron. Difícil lucha contra tres generaciones y toda la construcción a su servicio. El servicio de inteligencia femenino que obtiene lo que quiere para las nenas. Una pirámide de complicidades a cambio de favores, derechos y promesas o realidades. ¿No será que hay más nenas que pobres? O que esta pirámide y sus jerarquías es un juego de nenas. Pobres y ricas. Al fin y al cabo qué es la pobreza cuando ellos trabajan para las que menos tienen. ¿Para qué pedir más si se vive gratis? La pobreza sube y baja por la pirámide y todo se decanta en arreglos de nenas y de mujeres que también las aceptan. Ellos en cambio tocan ritmos folklóricos en Plaza de Mayo y la llenan con sus llantos de bebés. Es que todas las mujeres son nenas aunque vivan de ello en la fantasía. Serviciales a sostener el proyecto que conocen en esta película de amor que todas ven emocionadas y astutamente tenaces. Las nenas y su reinado de abejas sostienen el decorado. Las actrices de reparto se reparten todo lo que queda. Hay nena para rato. Pero un tal Francisco no tiene mujer. Solo una que ¡es VIRGEN! La señal de alarma es disimulada por expresiones de afecto y patriotismo entre las nenas. Hay quienes dicen que en el exterior ya las nenas lo mencionan como suyo. Y los bombos con fe dicen en cambio de que él es prueba de la pobreza. La plaza es un confesionario. Están sus mujeres que les retan aplaudiendo nenas y no los pesados conflictos con el pasado de mano dura que las nenas y sus secuaces siempre avalaron. El hombre está solo. Ellas ya no le ceban mate. Ni siquiera cuando pide justicia. Justicia?, dicen ellas. ¿Para qué? : ¡mirá la péli y callate!. La primera dama no sabía que había pobreza tampoco. Pero le encanta que le canten
  • 3.
    folklore. En plazassuyas. Es que ella siempre fue una nena. La mano izquierda y la derecha es una cosa entre mujeres. Y las nenas lo saben. En la facultad hacen que estudian pero los estudian a ellos. El servicio de inteligencia sigue vigente. Está intacto. Y ya tiene cedes en el Vaticano. Los bomberos se van de la plaza con una nueva zamba: ¨ palomita no me olvides ¨. carabajo