El documento reflexiona sobre dónde están las manos de Dios ante el sufrimiento en el mundo, como la destrucción natural, la injusticia, el abandono de los ancianos y enfermos. El autor se enfrenta a Dios y le pregunta por sus manos. Dios responde que las manos de Dios somos nosotros, y que debemos usar nuestras manos para dar amor y ser instrumentos de justicia. El autor comprende que debe usar sus manos para amar y honrar la creación de Dios.