La legítima defensa se fundamenta en que el Estado tiene el deber de proteger a las personas, pero puede fallar en situaciones límite, autorizando así el uso de la fuerza en defensa propia, de parientes o de extraños. Para que la legítima defensa sea válida, debe haber una agresión ilegítima, ser estrictamente necesario el medio empleado para repelerla, y no haber provocación por parte del defensor. En casos como impedir un robo con escalamiento, la legítima defensa se presume válida cualquiera sea el daño causado al agres