La Nueva España en vísperas de su independencia estaba caracterizada por una gran desigualdad social y concentración de la riqueza en manos de los peninsulares. Las reformas borbónicas aumentaron el descontento de los criollos y las castas al fortalecer el control español. A pesar del auge económico, la mayoría de la población, especialmente los indígenas, sufrían gran explotación. Estas condiciones prepararon el terreno para el movimiento de independencia.