Bryan había pasado por un periodo de escepticismo en la escuela secundaria, aunque nunca apoyó plenamente la teoría de la evolución. En su famoso discurso "El príncipe de la paz", Bryan dijo que no aceptaba completamente la teoría de Darwin, pero tampoco criticaría a otros por hacerlo. Aunque él no creía en la teoría de la evolución, demostró ser generoso y pluralista hacia quienes sí lo hacían.