La historia narra el sacrificio de un hermano de Albrecht Dürer, quien trabajó en minas para financiar los estudios de su hermano artista, mientras él se destacó en la academia. Tras su graduación, Albrecht propuso que su hermano persiguiera sus propios sueños, pero este reveló que su arduo trabajo había dañado sus manos, impidiéndole convertirse en artista. La obra 'manos que oran', dedicada a su hermano, se convirtió en un símbolo de sacrificio y amor fraternal, y perdura en museos de todo el mundo.