Microrrelatos
quijotescos
Lengua Castellana y Literatura
2º ESO
Profesora: Rocío Bautista Bravo
Micorrelatos quijotescos
¿Qué pasaría si lanzáramos unos dados al aire para crear nuevas historias protagonizadas por don Quijote y
Sancho?
Esto es precisamente lo que han hecho los alumnos y alumnas de 2º de ESO. Escogimos tres voluntarios para tirar
los dados pictóricos para, a partir de ahí, crear nuevas aventuras quijotescas.
Los ingredientes necesarios:
una flecha, una carita triste y una linterna.
Los resultados han sido muy satisfactorios. En las siguientes
dispositivas podéis leer tres microrrelatos muy ingeniosos
protagonizados por nuestro hidalgo don Quijote y su fiel escudero
Sancho Panza.
¡Buen trabajo!
Una dama en apuros
Me dirigía hacia el norte, en busca de una dama en apuros a la que pudiera rescatar. Como siempre, a mi lado estaba mi compañero de
viajes y mi buen y fiel amigo Sancho. Cuando desvié la vista del camino hacia el cielo vi algo poco común; volaba rápido, parecía ser de
color oscuro y era enorme, pero sobre todo me atemorizó el fuego que emanaba de su boca. Sancho no podía entender la cara de terror
con la que lo miraba. Como siempre, era yo quien veía aquellas criaturas tales como los gigantes, los duendes y en este caso aquel
maravilloso y espeluznante dragón.
–¡Pero, Don Quijote, no se asuste, es sólo un inofensivo pajarillo!–gritaba Sancho.
–¿Un pajarillo, Sancho?, el miedo a la realidad te está dejando ciego y creo que soy el único que puede salvarte. Corramos y alejémonos
de esa bestia, amigo mío.
Cuando por fin Sancho empezó a correr, aunque poco convencido debo decir, una piedra se cruzó en mi camino y caí.
Al despertar, encontré la linterna, aquella que con un rayo de luz iluminó la oscuridad que albergaba y me permitió encontrar la
esperanza. Sentí una flecha clavada en mi corazón, pero no dolía, no era la muerte que quería llevarme, sino más bien el amor que llegó
para sorprenderme.
Sentí la mano de aquella muchacha que intentaba curarme las heridas y que me sonreía como nunca nadie lo había hecho. No lograba
encontrar a Sancho, aunque algo en mi cabeza decía que estaría bien. Entonces, de repente, el dragón volvió a alzarse en el aire y con
sus grandes garras atrapó a la dama, a la que la felicidad abandonó, dándole paso al pánico.
Días más tarde Sancho y yo aún seguíamos buscándola y noté cómo mi linterna se estaba apagando y la esperanza volvía a escabullirse y
perderse en la penumbra. Fue entonces cuando le conté a Sancho que fue el dragón quien se la llevó.
–Don Quijote, le aprecio mucho pero no puedo dejar que su locura me afecte, algún día volveremos a vernos y espero que ese día esté
totalmente recuperado.
–Sancho, tú, mi fiel amigo, me decepciona ver que te asuste esa bestia cuando la vida de la dama a la que estaría dispuesto a entregarle
el corazón corre peligro.
–¿Es que no se da cuenta, Don Quijote?, los duendes, los gigantes, el dragón e, incluso, la muchacha son solo producto de su
imaginación.
–Vete ahora mismo si es que me vas a abandonar, no puedo permitir que difames mi cordura.
Tras esas palabras vi cómo Sancho me abandonaba y ahora lo único que me quedaba era rescatar a la doncella.
Pasaron semanas o incluso meses, tiempo que dediqué a pensar en las palabras de Sancho. ¿Y si era verdad? Entonces, como de la
nada, la muchacha volvió a aparecer.
–¿Todo esto es real o está pasado solo en mi cabeza? –pregunté lleno de dudas y con temor en los labios.
Claro que está pasando en tu cabeza, pero, ¿por qué iba a significar eso que no es real?
María Moreno Córdoba (2º A)
La historia de Sancho
Un día en el que no sabía lo que hacer, el delgado, pálido y descuidado don Quijote decidió proponerle a Sancho una aventura en la que
adentrarse. Le dijo:
–Sancho, ¿qué te parece si vamos a las tierras del Norte a enfrentarnos a algunos maleantes?
–Vale, pero tendremos que llevar junto a nosotros este candil, ya que simboliza mi vida, y un día un brujo me dijo que en viajes
importantes siempre lo llevara junto a mí.
Un soleado y cálido día emprendieron su viaje hacia las tierras del Sur, se encontraron con numerosos peligros, pero estos dos valientes
hombres los superaron sin dificultad alguna. Al llegar a su destino, Sierra Nevada, se encontraron con una tribu perdida.
De repente, estos empezaron a golpearlos y a lanzarles cosas, pero con suerte pudieron escapar corriendo. Asustados, decidieron buscar
un pueblo en el que refugiarse. Al caer la noche, Sancho revisó su candil y se dio cuenta de que se estaba apagando, lo cual significaba
que algo le iba a pasar. Sancho, asustado, decidió bajar del caballo, pero pisó una flecha que se encontraba enterrada en el suelo.
Sancho hubiera muerto aquella misma noche, si no hubieran encontrado un médico en aquel pequeño poblado, ya que la punta de la
flecha estaba infectada. Tras la recuperación de Sancho, el candil volvió a brillar como siempre y Sancho y Don Quijote emprendieron su
camino de vuelta.
Manuel Córdoba Ramos (2º A)
El ataque de las flechas
En una tarde soleada, don Quijote y su fiel compañero Sancho Panza iban paseando por el campo buscando aventuras. Era de noche y
don Quijote llevaba una antorcha en su mano. Por el camino se encontraron un avispero. Don Quijote no vio el avispero y le dio con la
antorcha sin darse cuenta. Al momento, todas las avispas salieron revoloteando y empezaron a picarles por todos partes. Don Quijote
dijo:
–¡Sancho, nos están atacando unos arqueros, dame mi escudo para protegerme de sus flechas! Sancho Panza respondió:
–Pero, don Quijote, si solo son unas avispas de nada, sólo te pican y ya está. Don Quijote, no dándose por vencido, ordenó a su
escudero:
–¡Pásame el escudo, Sancho, que me van a matar!
Cuando Don Quijote logró escaparse de esas pequeñas avispas se puso a llorar porque no había podido vencer a las avispas que para él
eran los arqueros y al final Don Quijote y Sancho panza siguieron buscando aventuras como esta.
Alejandro Montoro Podadera (2ºA)

Microrrelatos quijotescos

  • 1.
    Microrrelatos quijotescos Lengua Castellana yLiteratura 2º ESO Profesora: Rocío Bautista Bravo
  • 2.
    Micorrelatos quijotescos ¿Qué pasaríasi lanzáramos unos dados al aire para crear nuevas historias protagonizadas por don Quijote y Sancho? Esto es precisamente lo que han hecho los alumnos y alumnas de 2º de ESO. Escogimos tres voluntarios para tirar los dados pictóricos para, a partir de ahí, crear nuevas aventuras quijotescas. Los ingredientes necesarios: una flecha, una carita triste y una linterna. Los resultados han sido muy satisfactorios. En las siguientes dispositivas podéis leer tres microrrelatos muy ingeniosos protagonizados por nuestro hidalgo don Quijote y su fiel escudero Sancho Panza. ¡Buen trabajo!
  • 3.
    Una dama enapuros Me dirigía hacia el norte, en busca de una dama en apuros a la que pudiera rescatar. Como siempre, a mi lado estaba mi compañero de viajes y mi buen y fiel amigo Sancho. Cuando desvié la vista del camino hacia el cielo vi algo poco común; volaba rápido, parecía ser de color oscuro y era enorme, pero sobre todo me atemorizó el fuego que emanaba de su boca. Sancho no podía entender la cara de terror con la que lo miraba. Como siempre, era yo quien veía aquellas criaturas tales como los gigantes, los duendes y en este caso aquel maravilloso y espeluznante dragón. –¡Pero, Don Quijote, no se asuste, es sólo un inofensivo pajarillo!–gritaba Sancho. –¿Un pajarillo, Sancho?, el miedo a la realidad te está dejando ciego y creo que soy el único que puede salvarte. Corramos y alejémonos de esa bestia, amigo mío. Cuando por fin Sancho empezó a correr, aunque poco convencido debo decir, una piedra se cruzó en mi camino y caí. Al despertar, encontré la linterna, aquella que con un rayo de luz iluminó la oscuridad que albergaba y me permitió encontrar la esperanza. Sentí una flecha clavada en mi corazón, pero no dolía, no era la muerte que quería llevarme, sino más bien el amor que llegó para sorprenderme. Sentí la mano de aquella muchacha que intentaba curarme las heridas y que me sonreía como nunca nadie lo había hecho. No lograba encontrar a Sancho, aunque algo en mi cabeza decía que estaría bien. Entonces, de repente, el dragón volvió a alzarse en el aire y con sus grandes garras atrapó a la dama, a la que la felicidad abandonó, dándole paso al pánico. Días más tarde Sancho y yo aún seguíamos buscándola y noté cómo mi linterna se estaba apagando y la esperanza volvía a escabullirse y perderse en la penumbra. Fue entonces cuando le conté a Sancho que fue el dragón quien se la llevó. –Don Quijote, le aprecio mucho pero no puedo dejar que su locura me afecte, algún día volveremos a vernos y espero que ese día esté totalmente recuperado. –Sancho, tú, mi fiel amigo, me decepciona ver que te asuste esa bestia cuando la vida de la dama a la que estaría dispuesto a entregarle el corazón corre peligro. –¿Es que no se da cuenta, Don Quijote?, los duendes, los gigantes, el dragón e, incluso, la muchacha son solo producto de su imaginación. –Vete ahora mismo si es que me vas a abandonar, no puedo permitir que difames mi cordura. Tras esas palabras vi cómo Sancho me abandonaba y ahora lo único que me quedaba era rescatar a la doncella. Pasaron semanas o incluso meses, tiempo que dediqué a pensar en las palabras de Sancho. ¿Y si era verdad? Entonces, como de la nada, la muchacha volvió a aparecer. –¿Todo esto es real o está pasado solo en mi cabeza? –pregunté lleno de dudas y con temor en los labios. Claro que está pasando en tu cabeza, pero, ¿por qué iba a significar eso que no es real? María Moreno Córdoba (2º A)
  • 4.
    La historia deSancho Un día en el que no sabía lo que hacer, el delgado, pálido y descuidado don Quijote decidió proponerle a Sancho una aventura en la que adentrarse. Le dijo: –Sancho, ¿qué te parece si vamos a las tierras del Norte a enfrentarnos a algunos maleantes? –Vale, pero tendremos que llevar junto a nosotros este candil, ya que simboliza mi vida, y un día un brujo me dijo que en viajes importantes siempre lo llevara junto a mí. Un soleado y cálido día emprendieron su viaje hacia las tierras del Sur, se encontraron con numerosos peligros, pero estos dos valientes hombres los superaron sin dificultad alguna. Al llegar a su destino, Sierra Nevada, se encontraron con una tribu perdida. De repente, estos empezaron a golpearlos y a lanzarles cosas, pero con suerte pudieron escapar corriendo. Asustados, decidieron buscar un pueblo en el que refugiarse. Al caer la noche, Sancho revisó su candil y se dio cuenta de que se estaba apagando, lo cual significaba que algo le iba a pasar. Sancho, asustado, decidió bajar del caballo, pero pisó una flecha que se encontraba enterrada en el suelo. Sancho hubiera muerto aquella misma noche, si no hubieran encontrado un médico en aquel pequeño poblado, ya que la punta de la flecha estaba infectada. Tras la recuperación de Sancho, el candil volvió a brillar como siempre y Sancho y Don Quijote emprendieron su camino de vuelta. Manuel Córdoba Ramos (2º A)
  • 5.
    El ataque delas flechas En una tarde soleada, don Quijote y su fiel compañero Sancho Panza iban paseando por el campo buscando aventuras. Era de noche y don Quijote llevaba una antorcha en su mano. Por el camino se encontraron un avispero. Don Quijote no vio el avispero y le dio con la antorcha sin darse cuenta. Al momento, todas las avispas salieron revoloteando y empezaron a picarles por todos partes. Don Quijote dijo: –¡Sancho, nos están atacando unos arqueros, dame mi escudo para protegerme de sus flechas! Sancho Panza respondió: –Pero, don Quijote, si solo son unas avispas de nada, sólo te pican y ya está. Don Quijote, no dándose por vencido, ordenó a su escudero: –¡Pásame el escudo, Sancho, que me van a matar! Cuando Don Quijote logró escaparse de esas pequeñas avispas se puso a llorar porque no había podido vencer a las avispas que para él eran los arqueros y al final Don Quijote y Sancho panza siguieron buscando aventuras como esta. Alejandro Montoro Podadera (2ºA)