Este poema de Jorge Guillén describe el despertar del sujeto lírico por la mañana. Al abrir los ojos, queda asombrado por la luz y cómo esta va dando forma a las cosas a su alrededor. A medida que avanza la mañana, el poeta contempla maravillado la realidad que le rodea y cómo en ella se funden el pasado y el presente. Siente que todo lo que le rodea, incluido él mismo, ha sido configurado a lo largo de los siglos.